Viviendas que contaminan: el reto pendiente


ROSA M. TRISTÁN

Siete millones de casas por rehabilitar para que dejen de derrochar energía. La sociedad está muy lejos de conocer y valorar lo que supone habitar en hogares con ventanas que no cierran bien, paredes que no aislan y agujeros por los que se escapa una energía que es cara, tanto para el bolsillo como para el medio ambiente. Y las instituciones tienen planes y propuestas, pero no acaban de llegar y convencer. Falta comunicación y falta formación entre nosotros, los ‘habitantes’. Esta es la principal conclusión de una jornada (Vivienda, Energía y Sostenibilidad) organizada por CECU (Confederación Española de Consumidores y Usuarios) a la que fue invitada como ‘relatora’ y en la que estuvieron presentes representantes de administraciones pero también de la ciudadanía.

Empezaré por lo más positivo. Es gran noticia la apuesta del Gobierno -que explicó Paula Santos, asesora del Ministerio de Transición Ecológica- por la eficiencia energética de las viviendas. Allí, en casa, consumimos el 30% de la energía y, por tanto, es muy positivo que por fin haya un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que, entre otras cosas, pretender reformar casi 500.000 viviendas en tres años para que contaminen lo menos posible. Otra cosa es cómo conseguirlo, porque de momento son muy pocos los concienciados que quieran invertir en un cambio que, efectivamente, puede ser muy bueno para el planeta, pero que ahora no ven tan claro que lo sea para sus bolsillos. Eva García Sempere, asesora en el Ministerio de Consumo, destacaba que sólo entre los jóvenes (de 25 a 35 años) se considera un aspecto positivo tener una casa menos ‘derrochona’ de energía, aunque otra cosa es que quieran gastar los ahorros en aislarla convenientemente cuando la que se tiene es vieja. Una reforma para hacerla más bonita, si. Ahora, meterse en obras para que sea más sostenible es otra cosa.

Quienes vivimos en una comunidad de vecinos conocemos bien lo difícil que resulta llegar a consensos hasta para reformas imprescindibles cuando se trata de poner dinero. Y más en tiempos de crisis. Koldo Navascués, de la asociación de consumidores EKA-CECU, en Euskadi, puso un ejemplo que resume las dificultades: “En mi edificio somos 25 hogares, con 14 ancianos de más de 70 años. En la cubierta podríamos poner paneles solares, y se revalorizaría la casa, pero son inversiones que no van a hacer. Se necesitan ayudas, y no sólo subvenciones, sino para hacer estudios, presupuestos de cada caso, porque son distintos. En general, el 90% de los edificios son anteriores a las certificaciones vigentes sobre eficiencia. No estamos preparados y según la UE para el 31 de diciembre de este año las emisiones contaminantes de las viviendas debería ser casi nula”, destacaba.

Por contra, ese mercado de la rehabilitación de viviendas para que quienes las habitan utilicen energías limpias o al menos gasten menos en sus facturas de gas y luz, sería un gran mercado que generaría muchos puestos de trabajo en la construcción, como destaca Inés Leal, de la consultora especializada Tecmared. Leal defendía que “los usuarios son inteligentes si les explican las cosas” pero también comentó que “falta valentía” para obligar por normativa a hacer las reparaciones que son imprescindibles si queremos descarbonizar nuestra vida antes de 2030: la realidad, señaló, es que ahora no hay demanda de los ciudadanos. ¿Y no habría que provocarla, como cuando nos ‘meten por los ojos’ el último modelo de coche o de ordenador?

Aurora Blanco, de la empresa Ecoo, explicó que el paso hacia una tercera revolución renovable está dando sus primeros pasos. “La primera llegó con las primeras placas solares en 2005; la segunda, con la expansión del autoconsumo en casas individuales en 2017, pero la tercera es ahora implantarse en las ciudades con ‘comunidades energéticas’, es decir, que se compartan las cubiertas de los edificios para poner placas solares y se creen redes entre vecinos”. Leal recordaba que, precisamente, en los presupuestos para 2021 (si se aprueban como están) hay 1.690 millones de euros para estos temas. Pero es un reto complejo, porque como recordaba el científico Fernando Martín-Consuegra (CSIC), “la demanda de energía hoy es tan alta que no hay azotea que soporte tanta calefacción como usamos (es el 55% de todo el consumo en el hogar), así que el primer paso sería acabar con el derroche”.

Las visiones más generalistas de la jornada las aportaron el catedrático Carlos Montes (UAM) y Fidel García Berlanga, de la plataforma Mundo Rural. Para el primero, las viviendas conforman ciudades y es fundamental que esas ciudades “sean más verdes y más humanas, porque en ese reencuentro con la naturaleza puede cambiar el estilo de vida”, mientras que Fidel mencionaba que en este camino de transición cada pueblo requiere un plan específico, en el que es importante contar con los materiales tradicionales de construcción (como el adobe, la madera…) y añadía que debe ser un cambio energético “en alianza con la conservación de la biodiversidad” y no la contra, mencionando a empresas locales, pequeñas, frente a grandes corporaciones como las que están creando la actual ‘burbuja eólica’ en algunas comunidades autónomas (recomiendo leer mi artículo en Público.es) .

Conclusión: Hay posibilidades de que nuestras viviendas sean menos contaminantes, pero vamos muy lentos. Mucho más lentos que en el mundo transporte (que ya es decir) y a este ritmo mucho me temo que llegaremos a 2050 con los indeseables 1,5ºC más de temperatura media global en la puerta. Un 1,5º que en el caso de España supondrán muchas más olas de calor, más sequías, más megaincendios, más inundaciones en Levante, más conflictos por la cada vez más escasa agua de los ríos, más gasto público que saldrá de nuestros impuestos… Y pese a todo: ¿seguiremos con nuestra casa vieja, la ventana que no encaja, las puertas sin burletes y en mangas de camisa en invierno o con chaqueta en casa en el infernal verano?

Para que algo cambie, y así quedó claro en esta jornada, hace falta invertir mucho en grandes campaña de comunicación, con datos claros que expliquen factura en mano las ventajas del cambio, y también serán precisas muchas ayudas públicas para convencer de lo que se puede conseguir poniendo placas solares en azoteas que están desaprovechadas. Y también en las de los edificios públicos (colegios, centros culturales, oficinas…), como la iniciativa que ECODES está promoviendo en un barrio de Zaragoza (El Asombrario, julio 2020).

Tampoco conviene obviar las presiones que las grandes compañías eléctricas harán a medida que este modelo avance para no perder clientes por el autoconsumo, porque a fin de cuentas la energía es el gran negocio. Pero estamos en ruta a la transición. No queda otra para afrontar este reto pendiente.

Biocultura y los riesgo de la masificación de lo ‘eco’


Biocultura, la feria ecológica en Madrid. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Este próximo fin de semana, como desde hace 35 años, vuelve a celebrarse en Madrid la Feria de Biolcultura. Comenzó el jueves y hasta el domingo más de 750 stands buscan acerca a los consumidores a esas iniciativas de consumo que se escapan de los grandes agronegocios y sus monopolios, y que intentan sobrevivir a la velocidad de los cambios, como reconocía en la presentación la directora de la feria, Angeles Parra. En otras palabras ¿Basta consumir ecológico, al margen de cómo se produzca?

Hay que remontarse a los años 80 para recordar aquella pequeña feria de productos, casi todos agrícolas, en la Casa de Campo, en la que  unos pocos jóvenes se reunían a vender sus productos, en plena vorágine de la expansión de pesticidas y herbicidas para aumentar de la producción. Los daños ambientales quedaban en el olvido absoluto. Pero como ‘hormiguitas’, siguieron creciendo y hoy el 8,7 % de la superficie agraria útil en España se dedica a la producción ecológica, frente al 7% de media en la UE. Cataluña gana por goleada, con un 15’8%. En total, 2,2 millones de hectáreas que nos sitúan, según datos proporcionados por la Asociación Vida Sana, a la cabeza de europea.

Instalación de Greenpeace sobre plásticos en Biocultura 2018. @Rosa M. Tristán

En consumo, tampoco vamos mal, y la gran confianza son los jóvenes. El Ministerio de Agricultura señaña que el 30% de los consumidores de productos bio tienen menos de 35 años, los ‘millennials’, más concienciados con hábitos más saludables, como es de esperar que lo sea la generación que sale con Friday For Future a la calle para denunciar el cambio climático y la situación del planeta. El resultado es que el consumo per cápita nacional ronda los 46’5 euros al año por habitante.

Bien es verdad, y así lo reconocía Angeles Parra, que todo indica que las grandes cadenas de alimentación han visto el negocio y se han lanzado de lleno al mercado ‘ecológico’, lo que ha dejado a las pequeñas empresas que iniciaron este mercado muy ‘tocadas’ al no poder competir en precios. Conozco varias que han tenido que cerrar… “No hemos estado preparados evolucionar en el sector agroecológico y ahora viene la gran empresa y se come el pastel . A ver superamos este paso porque ahora nos arrastra velocidad del sector”, señalaba la directora de Biolcultura.

Todo indica que el salto diferencial debería llegar desde el concepto de soberanía alimentaria, de cumplimiento de los ODS (Objetivos de Desarrollo del Milenio) para la Agenda 2030, un paso más allá en el que a la salud ambiental se sume la justicia social. “Tenemos principios que con las grandes empresas pueden perderse porque ven los productos ecológicos sólo como una oportunidad de negocio. Un craso error. Cada uno de nosotros, con sus hábitos de compra, puede decantar el mundo hacia una sociedad más justa y respetuosa con la  naturaleza. El carro de la compra ya es una forma de carro de combate, como dicen algunos, que sirve para plantarle cara a un sistema que está destrozando el planeta y las sociedades humanas”, argumentaba Parra, para quien ser consumidores conscientes implica proteger la biodiversidad, repoblar los entornos rurales, cuidar la salud propia y la ajena, proteger al campesinado, conservar tradiciones y economías locales “.

Con más de 400 actividades programadas, estos días Biocultura (en Ifema, pabellones 8 y 10) el escaparate es inmenso y unas 75.000 personas se espera que se asomen por allí. Esta edición, con especial dedicación al peliagudo asunto de los envases, pero  también a la moda sostenible y los cosméticos.

Inevitable será este año mi visita  al stand de La Rueda Natural, porque es mi objetivo adquirir productos 100% limpios para mi próximo viaje a la Antártida. Y también por los ‘ShowCooking’, la presentación del libro ‘Libérate de Tóxicos’ del científico Nicolás Olea, el espacio del supermercado participativo de La OSA o la cata de cerveza artesana.

 

La voz de los indígenas quiere oírse en los bosques ‘sostenibles’


Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo...|ROSA M. TRISTÁN

Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo…|ROSA M. TRISTÁN

EN 20 AÑOS EL PLANETA HA PERDIDO EL 7% DE SUS ÁRBOLES:  ¿HACIA UN MUNDO SIN SOMBRA?

ROSA M. TRISTÁN (Sevilla)

Cuando los humanos salimos de África, cuentan los investigadores que los bosques escaseaban y la sequía se hacía dueña de buena parte del continente, así que, con muchos otros animales,  fuimos en busca de mejores territorios que habitar. La madera formaba parte de nuestra especie porque las ramas de los árboles servían para hacernos lanzas, o nos cobijaban de la lluvia, o nos calentaban en un fuego que logramos dominar. Hoy, sin embargo, prácticamente todos los bosques de la Tierra forman parte de un negocio que no sabe de fronteras  y que ha ido arrinconando a quienes nunca salieron de la frondosidad de su sombra: los pueblos indígenas del trópico.

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Alan Weisman y la cuenta atrás para el planeta Tierra


ROSA M. TRISTÁN (Publicado en ESCUELA)

El escritor y periodista norteamericano Alan Weisman. |ROSA M. TRISTÁN

El escritor y periodista norteamericano Alan Weisman. |ROSA M. TRISTÁN

“EL MEJOR ANTICONCEPTIVO ES LA EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS” “ESTAMOS EN LA CUENTA ATRÁS DE LA BOMBA DE LA SUPERPOBLACIÓN”

El escritor de investigación norteamericano Alan Weisman convirtió  ‘El mundo sin nosotros’ en un ‘best seller’ mundial.  Aquel libro, publicado en 2007, recogía los testimonios de cientos de expertos de todo el mundo para retratar lo que pasaría en este planeta si nuestra especie dejara de existir. Ahora, en su nueva obra, vuelve a plantear una propuesta que no dejará: la solución a la ‘bomba’ que supone la superpoblación mundial. Se titula ‘La cuenta atrás’ (Editorial Debate) y en ella plantea que la desactivación de ese ‘arma’ de destrucción pasa por la educación, sobre todo de las mujeres. Así lo destaca en esta entrevista con ESCUELA, a su paso por Madrid.

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‘Hoja de ruta’ hacia un planeta sostenible


El Cairo, desde el aire. |Rosa M. Tristán

El Cairo, desde el aire. |Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Hace escasas semanas, se presentaba en Madrid el Informe del Instituto WorldWatch, como siempre tan crítico con nuestra forma de entender la vida en este pequeño mundo. Con ocasión de este hecho, tuve la oportunidad de entrevistar a uno de los investigadores senior de este Instituto, Erik Assaodurian.

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