Científicos de Europa: “Han elegido la ignorancia”


ROSA M. TRISTÁN
Hace unos días, se daban a conocer los funestos presupuestos para 2015 que exprimen hasta dejar bajo mínimos a la investigación en España. Ahora, una carta publicada en la revista Nature, y firmada por un grupo de científicos europeos, encabezados por la astrofísica española Amaya Moro-Martín, contextualiza la debacle en nuestro país en un entorno europeo en el que la situación es igualmente preocupante. Se titula Han elegido la ignorancia (y aquí en inglés)  y en ella piden la firma de todos los ciudadanos en apoyo de la ciencia, que vive sus horas más bajas en el continente.

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La ciencia, ‘fuera de agenda’


“Con estos presupuestos para la Ciencia estamos abocados a nuevos ‘rescates’ o aportaciones ‘extras’ antes de que acabe el año”. La frase es del profesor Carlos Andradas, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), una entidad que representa a miles de investigadores y que los últimos años hace un excelente trabajo de análisis de las inversiones que se hacen en este maltratado asunto. La dijo en una rueda de prensa, en la que por cierto no había más que una radio y ninguna cámara de televisión. Y es que la ciencia no está en la agenda.

Presentación del informe de COSCE. |ROSA M. TRISTAN

Presentación del informe de COSCE. |ROSA M. TRISTAN

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Indignados de todos los colores vuelven antes de Navidad…


ROSA M. TRISTÁN

Empezaron cada una por su lado, tomando fuerza, mostrando sus colores al albur de los ‘recortes que les daban de lleno, pero han acabado juntándose porque del verde al rojo y del rojo al blanco, no hay más distancia que la cromática: sin Educación (verde) no hay Ciencia (rojo) que ayuda a mejorar la Sanidad (blanco). Y las tres comenzarán el año con unos raquíticos presupuestos, como destacan la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP) o Marea Blanca, la Asablema General de Ciencia y la Asamblea Marea Verde de Madrid.

Última manifestación por la ciencia, en septiembre.|ROSA M. TRISTÁN

Última manifestación por la ciencia, en septiembre.|ROSA M. TRISTÁN

Como no se trata de mayorías silenciosas, sino que quieren dar la batalla, el domingo 15 de diciembre han salido a la calle  para inundar de esos tres colores las calles de Madrid. Da igual cuál ponerse, porque si unas demandas parecen justas otras también lo son. En su nota de prensa, los convocantes aluden a que “nos han arrebatado los derechos democráticos a través de los servicios públicos”, y son tantos los ejemplos que dan  (subida de tasas, las fusiones de centros, la supresión de las becas de comedor, los despidos, la recentralización, la segregación, el mercantilismo, la desatención a la infancia y la discapacidad, el hundimiento de proyectos punteros, el exilio económico de los científicos, la venta a trozos de los servicios sanitarios…) que resulta imposible no identificarse con lo uno o lo otro.

Sin ir más lejos, el otro día presencié como una médica del Hospital Ramón y Cajal clamaba, indignada: “¡Qué cara dura! Nos llaman de un hopital ‘privatizado’ para pedirnos todas las pruebas diagnósticas de un paciente. ¡Lo que faltaba! Nosotros las hacemos con dinero público y ellos las utilizan gratis. ¡Así también me salen a mí las cuentas!”  Su hartura, voceada en los pasillos, no es más que un pequeño ejemplo de que esa privatización ‘más rentable’ es un cuento infumable.

Y es  una pena que una empresa acabe haciendo negocio con nuestra sangre (con la privatización del Centro de Transfusiones); que personas con problemas de salud mental o con graves adicciones, acaben abandonados a su suerte, con semanas de espera para conseguir cita, mientras su equilibrio vital pende del frágil hilo del apoyo de un especialista que no da más de sí; que el puntero Hospital Carlos III acabe siendo un geriátrico.

Pero si eso es grave, no lo es menos lo que pasa con la Educación. Ya no son solo los recortes, que son brutales. Es la intromisión ideológica. Da vergüenza oír a un grupo de chavales de 16 años del Instituto Beatriz Galindo, en Madrid, contar  que su ‘nuevo’ director lo primero que hizo fue redecorar su despacho de diseño, mientras los alumnos se pelan de frío y calor, según la estación. Antes, en la elección de estos puestos intervenía la comunidad educativa (profesores, padres y madres, alumnos) y ahora no, lo ‘fichan’ desde la Administración, y por tanto puede ser cualquiera tan impresentable como este señor.

Y qué decir de la ciencia. Nunca antes hubo tantas protestas de científicos ni aquí ni en ningún país del mundo. Pero es que nunca se la ha dado un ‘hachazo’ presupuestario como en España (un 40% en tres años)…. y no mejorará mucho en 2014. En el manifiesto, recuerdan los portavoces de la Marea Roja que para el PP ahora la ciencia “tiene que dejar de ser contemplativa para ser competitiva, es decir, al servicio del sistema económico”. ¿Realmente será competitivo para el sistema económico investigar en enfermedades tan raras como la fibrosis quística? ¿o dejamos que los afectados se busquen la vida ‘por caridad televisiva’ , como en ese impresentable programa de La 1 de RTVE llamado ‘Entre todos’? Claro, que aún es peor cuando ves a científicos en la tele pidiendo para sacar adelante un proyecto que es mucho más útil para todos que el viaje de Rajoy a Sudáfrica (total, para decir que en el estadio de Johannesburgo ganamos un Mundial), que seguro que nos ha costado un riñón.

Está claro que la unión hace la fuerza…. Da igual el color, lo importante es que se vean.

El Centro Nacional de Evolución Humana, a la búsqueda de ‘clientes’


José María Bermúdez de Castro, director del flamante Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, deja su cargo. Conozco al investigador, codirector del proyecto Atapuerca, desde hace muchos años y me ha transmitido muchas veces su ilusión porque el CENIEH se convirtiera en un centro de referencia internacional en el estudio del pasado de nuestra especie, enmarcado dentro de los yacimientos más prolíficos del mundo en fósiles humanos.  Ahora quieren convertirlo…. en un ¿centro de servicios?

José María Bermúdez de castro, en Atapuerca

José María Bermúdez de castro, en Atapuerca

Le llamo y me confirma la noticia de su dimisión. “Estoy cansado. Quiero volver a investigar y dirigir el centro me lleva mucho tiempo”, me comenta el premio Príncipe de Asturias de Investigación. Y entiendo el cansancio, aunque en estos ocho años no ha dejado de investigar ni publicar en prestigiosas revistas ni un momento, aunque acaba de publicar un gran libro de divulgación y, sobre todo, aunque logró sobrevivir a un gerente que no tenía ni idea de ciencia y boicoteaba su trabajo.

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España también pierde órbita en el espacio


Ni siquiera se ha molestado en ir a Nápoles. El ministro de Indutria, José Manuel Soria, no ha querido estar presente en reunión interministerial de los países miembros de la Agencia Espacial Europea (ESA), en donde se deciden los programas para los próximos años y la financiación que aportara cada Gobierno. Total, el presupuesto para 2013 da un tijeretazo brutal a la participación española y con ello a las pocas expectativas que tenía la industria espacial española de que  reconsiderara esta decisión.

España desde el espacio

El Gobierno deja así claro que ni siquiera la investigación y el desarrollo que tiene aplicación inmediata y genera riqueza tiene interés para el futuro este país. Porque no  invertir en programas espaciales de la ESA no significa únicamente  no  participar en futuras misiones, sino dejar en la estacada a empresas que durante la última década han generado un gran retorno industrial, con profesionales de alta cualificación, logrando un lugar muy respetable a nivel internacional. Así me lo comentaban los directivos de algunas de las principales empresas del sector, en la presentación del satélite Gaia, hace un mes escaso.

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