Hallan un revolucionario ‘kit’ de herramientas de hace 1,7 millones de años


El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai

El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai. @ROSA M. TRISTÁN

Científicos españoles descubren los bifaces de piedra (hachas de mano) más antiguos que se conocen

Un yacimiento de la Garganta de Olduvai contenía más de 2.200 piezas de piedra tallada y fósiles de animales que sirvieron de alimento a los homínidos

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

ROSA M. TRISTÁN

El equipo hispano-tanzano que trabaja en la Garganta de Olduvai, bajo la dirección de los arqueólogo Manuel Dominguez-Rodrigo y Enrique Baquedano, por parte española, sigue haciendo historia. Esta semana han publicado en la revista Nature (ScientificReports) el hallazgo de las herramientas achelenses mejor talladas, más antiguas que se conocen: tienen 1,7 millones de años.

 El achelense, también llamado Modo 2, es fundamental en la historia humana, pues es un modo de tallar la piedras, una tecnología, que supone la aparición de un comportamiento complejo, que es capaz de realizar grandes herramientas en las que se seguía un modelo previo. Su aparición significó un cambio trascendental respecto a lo anterior, el Modo 1 u Olduvayense, en el que ancestros más primitivos se limitaban a hacer utensilios con filo, sin seguir un estándar. Una revolución mayor que la invención de internet.
La especie que los fabricaba era, posiblemente, el Homo erectus, o ergaster africano, aunque también se han encontrado restos de estos humanos primitivos junto a herramientas mucho más sencillas, que habían sido atribuidas hasta ahora a Homo habilis, y que ahora se ha puesto en duda.
Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Los arqueólogos firmantes, del Instituto de Evolución en África (IDEA), creado en 2010, han localizado un total de 2.120 piezas diferentes en un solo yacimiento de Olduvai, el FLK West. Estaban en seis unidades estatigráficas diferentes cuando salieron a la luz en 2012. La inmensa mayoría (más del 73%) son de cuarzo, pero también las hay de materiales volcánicos y de esquistos. Entre ellas, había 28 hachas de mano, algunas bifaciales (que se denominan bifaces) de gran tamaño: una de ellas tiene 30 centímetros de longitud. Algo similar no se ha encontrado hasta 700.000 años más tarde. También había decenas de lascas y los restos que dejaron al fabricarlas. Entre estas últimas, la mayoría no son simétricas, pero si que fueron retocadas varias veces para conseguir cuchillos eficaces . Como  están junto a los bifaces, que si tienen simetría, no hay duda de que la técnica la conocían, aunque no siempre la utilizaban.

Ciertamente, no es la primera vez que se encuentran herramientas achelenses tan antiguas.. Antes de este hallazgo, cuyo trabajo ha dirigido Fernando Díez Martín, ya se habían descubierto algunos utensilios con 1,7 millones en Kokiselei (Kenia) y en Konso (Etiopía), pero las  de FLK West están talladas con más habilidad, lo que demuestra que aquellos humanos desde los inicios tenían la capacidad cognitiva suficiente como para producirlas;  otra cosa es que a unos  erectus les salieran mejor que a otros, como ocurre hoy en día: no todos somos igual de hábiles con los trabajos manuales, aunque nuestro cerebro sea igual. También es posible que hubiera una gran diversidad de formas de hacer las herramientas en función del lugar. “Lo que está claro es que el cerebro complejo ya existía hace 1,7 millones de años y que esta tecnología puede ser incluso anterior”, señala Domínguez Rodrigo a este Laboratorio. Y tiene razón… ¿Por qué iban a haber encontrado justamente las primeras?

Pero si esto es importante, no lo es menos que FLK West es el primer yacimiento en que los utensilios de piedra aparecen junto a los restos de los animales para los que se utilizaron, cosa que no se encontró en Kenia ni en Etiopía, por lo que era difícil saber para qué las habían fabricado.  Es el mismo problema que había en otros yacimiento (como Koobi Fora o Peninj, algo posteriores). Y es que una piedra cortante podía servirles para desmembrar y sacar la carne de la presa, para trabajar la madera, para machacar una planta o para excavar la tierra y conseguir un tubérculo…. En Peninj, se concluyó que las usaban para la madera y en Konso (Etiopía) que el objetivo era cortar la carne. Sólo FLK W no deja lugar a interpretaciones: allí los homínidos se dedican a la explotación de los animales que conseguían; descuartizaban los cadáveres y al hacerlo dejaban marcas de cortes en los huesos.

Entre los animales identificados por sus fósiles, hay un mínimo de 2o bóvidos (antílopes de tamaño grande), jabalíes y équidos, de los que se conservan huesos largos, dientes y costillas. Y son muchos los que tenían cortes, señales de haber sido machacados para sacar el tétano o marcas de dientes. Al menos en dos niveles estatigráficos (el 5 y el 6) se ha confirmado que herramientas y restos de animales estaban juntos. Saber para qué usaban cada pieza es algo que aún no se ha averiguado, pero será objeto de un estudio posterior.

Una cuestión añadida es que en ese momento África vivía un momento de grandes cambios climáticos, como han revelado los estudios que también ha realizado los investigadores. El paisaje tendía a la aridez, abriendo grandes espacios en los bosques, tanto en Olduvai como en otros lugares, como la cuenca etíope del río Omo. Para los autores “la coincidencia en el tiempo de estos cambios y la aparición de las primeras industrias achelenses sugiere que hubo un disparador climático para esta innovación tecnológica y su impacto en la evolución humana”.

 

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La mano ‘humana’ que cambia dos millones de años de evolución humana


La falange Olduvai Hominin 86 (OH86), comparada con la nuestra. |Nature Communication

La falange Olduvai Hominin 86 (OH86), comparada con la nuestra. |Nature Communications

ROSA M. TRISTÁN

Un hueso de apenas dos centímetro de longitud, enterrado en una fina capa de lodos carbonatados, pueden dar la vuelta a la historia de la Humanidad. Perteneció a una mano, la izquierda, de un individuo que vivió hace casi dos millones de años en África, un primate que podría medir más de 1,70 de altura y que era capaz de fabricar herramientas con cierta soltura y, posiblemente, cazar animales que eran cientos de kilos más pesados que su cuerpo. Todo ello podría no significar nada, si no fuera porque hasta ahora se pensaba que en ese pasado remoto sólo vivía en este planeta un ser ‘habilidoso’ con las piedras, que precisamente fue bautizado como el Homo habilis; la verdad es que era más bien bajito -apenas 1,60-  y que aún tenía querencia por andar por los árboles, pero fue el primero en clasificarse como ‘humano’.

Manuel Domínguez-Rodrigo, junto a los excavadores del yacimiento PTK. | Javier Trueba

Manuel Domínguez-Rodrigo, junto a los excavadores del yacimiento PTK. | Javier Trueba

Hace dos años, un equipo español, que trabaja en la Garganta de Olduvai (Tanzania) desde hace unos años, se topó en un nuevo yacimiento con un pequeño fósil que resultó ser la falange proximal (la primera) de un meñique y, con tan poco material, los científicos dirigidos por Manuel Domínguez-Rodrigo, Enrique Baquedano y Audax Mabulla, quizás revolucionen nuestro pasado: ¿Quienes eran aquellos seres con manos tan similares a las nuestras, tan esbeltos y fuertes que habitaron esas tierras tanzanas hace 1.840.000 años? “No sabemos, nunca se encontró un hueso similar tan antiguo, pero sólo hay dos posibilidades: o era un Homo erectus o era de otra especie que no conocemos aún. Fuera quien fuera, revoluciona lo que sabemos de evolución humana”, me asegura Domínguez-Rodrigo, uno de los firmantes del hallazgo en la revista Nature Communications.

Tengo fresco en la memoria el viaje que hice en 2010 a este proyecto científico del Instituto de Evolución en África (IDEA), un tanto maltratado en este país por las administraciones. Por ello, a medida que el arqueólogo me relata cómo se encontró, puedo imaginarme al geólogo David Uribelarrea prospectando la Garganta en busca de sedimentos ricos en fósiles, con su pico en ristre y su sombrero de alas, y también el momento en el que tropezó -en el punto donde se une esta garganta con otra secundaria- con el yacimiento PTK,  un lugar que escondía “una orgía de fósiles”, como la describe ahora. Sabía que tenía la misma antigüedad que otro yacimiento bien conocido: el ZINJ, en el que Mary Leakey en 1969 y otros después que ella, localizaron restos del famoso habilis, a no más de 500 metros de distancia.

La falange OH86, en sus diferentes caras: de frente, de lado y por abajo. |Nature Communications

La falange OH86, en sus diferentes caras: de frente, de lado y por abajo. |Nature Communications

Enseguida se pusieron a excavar. Entre huesos de waterbucks y otros grandes antílopes, en un sedimento donde también había utensilios de piedra de la tecnología Olduvayense (o Modo 1), estaba la falange. Indiscutiblemente era de un primate. Y un primate muy parecido a nosotros.

En el trabajo publicado, que no fue aceptado en Nature por considerar que no es de interés general, según uno de los editores, diseccionan meticulosamente cada rasgo de ese pequeño fósil y lo comparan con los de otros simios bípedos que por entonces vivían en la sabana. Y es distinto: “Los dedos del Paranthropus boisei, del Australopithecus afansesis, incluso del Homo habilis, son alargados, estrechos y curvos porque hace dos millones de años todos subían y bajaban de los árboles y necesitaban esos dedos para agarrarse bien. Pero los de este individuo son más cortos, y más anchos, y rectos. Son manos para manipular objetos, no para trepar. Hasta ahora, la falange moderna más antigua de una mano era la que se encontró en la Sima del Elefante de Atapuerca, con 1,2 millones de años. Esta tiene casi 1,9 millones”, explica Domínguez-Rodrigo.

Entre los firmantes, un gran especialista en autópodos de homínidos, el paleontólogo Segio Almécija, que hizo su tesis doctoral sobre estas las manos y pies de los primates del Mioceno de Cataluña, que tuvo una beca postdoctoral en el American Museum of Natural History de Nueva York y que desde este verano tiene ya plaza fija en la Universidad George Washington, con Bernard Wood. ¿Otro cerebro fugado?

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Excavando en PTK con ‘palillos chinos’. O eso parecen. | Nature Communications

La pregunta siguiente respecto a este hallazgo es inevitable. ¿Y a quién pertenece esa mano izquierda que de un sopetón puede cambiar lo que sabemos de nuestro pasado? Pues como pasa con el fósil de Atapuerca, este “tercer hombre” (en alusión al Parántropos y al H. habilis con los que convivió) es un misterio. Un nuevo agujero negro que fue bípedo, alto y fuerte, con una mano similar a la del Niño de Turkana, casi medio millón de años más joven. Así que quizás es un Homo erectus, como él, o algo nuevo, desconocido, relacionado con ese otro pedazo de humano hallado en Etiopía con 2,8 millones de años (una mandíbula), o con esas discutidas herramientas aún más primitivas datadas hace la friolera de 3,3 millones de años. Esa es la disyuntiva del arqueólogo.

Así que, ¿y si el Homo habilis, con ese pequeño cerebro de 600 gramos, poco más que un chimpancé, no era tan listo como lo hemos pintado? ¿Y si fue otro homínido el autor de las herramientas que estaban cerca de sus fósiles y se le atribuyeron por error? A Manuel nunca le cuadró que aparecieran animales cazados por habilis de 300 kilos de peso. Esa caza requería estrategia de grupo, armas eficaces.. ¿Podía hacerlo ese animal pequeño y de pocas neuronas, aunque ya supiera caminar como nosotros? “Yo tenía muchas dudas”, me reconoce, aunque entonces, hace cinco años, cuando paseábamos por Olduvai recorriendo la Garganta, me argumentaba explicaciones que aún andaban bajo tierra.

¡Y lo que queda por sacar! Porque, aunque tardará en estar publicado, en la campaña de este año, que aún continúa en Tanzania, han descubierto otro yacimiento aún mejor que el PTK, y también con restos humanos de la misma cronología. Son fósiles de un pie. “Es otro lugar que ocuparon los homínidos y en el que también dejaron herramientas de Modo 1 y restos de animales. Lo encontramos porque lo afloraron las lluvias, así que tuvimos que ponernos a sacar lo que había para que no se deteriorara. Es espectacular. Si en Zinj el 80% de los fósiles están en 20 metros cuadrados, aquí tenemos esa misma concentración en 30o. Hay para muchos años de trabajo”, apunta.

Afortunadamente, el proyecto cuenta, además de con la escasa ayuda pública española, con financiación privada de EEUU, a través de la Universidad de Carolina del Norte, cuyos alumnos pagan cada verano por ir a aprender a Olduvai con el equipo. En total, unas 50 personas desplazadas y unas dos decenas de africanos han colaborado este año en una campaña que no deja de crecer año tras año. Ese ‘tercer hombre, o mujer, africano’ va a dar mucho que hablar.

Científicos españoles…camino de África


El equipo, camino de los yacimientos de Olduvai, al fondo. |R.M.T.

El equipo, camino de los yacimientos de Olduvai, al fondo. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

Camino de África… El equipo de investigadores españoles del Olduvai Gorge Project ya han iniciado la ruta a la Garganta en la que el ser humano inició su recorrido. En esta ocasión, 22 científicos de diferentes áreas del saber, bajo la batuta de los arqueólogos españoles Manuel Domínguez-Rodrigo y Enrique Baquedano y el tanzano Ausdax Mabulla, pasarán cuatro largas semanas en el campamento que desde hace ocho años organizan cada verano en la Cuna de la Humanidad, un lugar que les ha deparado tantas sorpresas que ya han publicado un monográfico en la prestigiosa revista ‘Quaternary Internacional’: “La evolución del comportamiento de los homínidos durante la transición del Olduvaiense al Achelense: evidencias recientes de Olduvai Gorge y Peninj (Tanzania)” .

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La Cuna de la Humanidad viaja de Tanzania a España


Recreación Garganta de Olduvai, según Mauricio Antón. |ROSA M. TRISTÁN

Recreación Garganta de Olduvai, según Mauricio Antón.

ROSA M.  TRISTÁN 

“La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento” (Charles Darwin, que nació un 12 de febrero, 1809)

Que un equipo español haya logrado traer a España más de 200 piezas del Museo Nacional de Tanzania, uno de los que más tienen del rompecabezas que es el pasado de la especie humana, es un acontecimiento sin precedentes. Que, además, algunas de las piezas más importantes hayan sido encontradas, precisamente, por ese equipo, sin prácticamente  ningún apoyo oficial, es una heroicidad.  Y que la exposición ya esté siendo demandada por museos de toda Europa es el resultado de su excepcional calidad. Se trata de ‘La cuna de la Humanidad’, que esta semana ha sido presentada oficialmente en el Museo Arqueológico Regional de Madrid, una cita imprescindible para todos aquellos que quieran saber de dónde venimos y por qué somos como somos. Son cuatro millones de años de historia resumidos en una hora.

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“Bienvenido Mr. Marshall”… para la ciencia española


ROSA M. TRISTÁN (Publicado en EL HUFFINGTON POST)

Los fósiles de ‘Homo ergaster’ hallados en Olduvai envejecen  200.000 años este ancestro humano. 

Apuntan un nuevo escenario evolutivo de la especie

Un equipo de investigadores españoles ha encontrado restos de un ‘Homo ergaster’  en la Garganta de Olduvai (Tanzania) que son los más antiguos que se conocen hasta ahora. El hallazgo, que será publicado en unos meses, es de un individuo 200.000 años más antiguo que el congénere más viejo que se conocía hasta ahora, acercándose a los dos millones de años. La noticia del hallazgo la podéis leer en el link de El HUFFINGTON POST, pero en este Laboratorio para Sapiens quiero resaltar la situación de este proyecto…y la ‘ayuda americana’.

Investigadores de IDEA, en el yacimiento PTK, en la Garganta de Olduvai,  donde se encontró el 'Homo ergaster' más antiguo. |IDEA

Investigadores de IDEA, en el yacimiento PTK, en la Garganta de Olduvai, donde se encontró el ‘Homo ergaster’ más antiguo. |IDEA

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Fósiles humanos, en el ojo del huracán


ROSA M. TRISTÁN

Revuelta anda la Paleontología estos días. “Si Louis Leakey levantara la cabeza, le daba un soponcio“, me comentaba recientemente un amigo paleontólogo. Y seguramente tiene razón porque la publicación de la portada en ‘Science’ del yacimiento de Dmanisi (en Georgia) y su espectacular Cráneo 5 (como el Miguelón de Atapuerca) con 1,8 millones de años está levantando mucha polvareda. Que la ciencia es debate y discusión, que las premisas se tumban cada día y que las hipótesis deben ser arriesgadas, es innegable Pero cada vez son más los que denuncian que en ocasiones el sensacionalismo en revistas que tiene un gran prestigio prima sobre el rigor, haciendo un flaco favor a la Ciencia. Algunos, incluso, prefieren publicar en otras menos ‘famosas’ pero en las que todo lo publicado está ‘atado y bien atado’.

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El reto de excavar en Olduvai sin dinero, o cómo pelear por un proyecto


Vista de los yacimientos de la Garganta de Olduvai, por la mañaña.|ROSA M. TRISTÁN

Vista de los yacimientos de la Garganta de Olduvai, por la mañaña.|ROSA M. TRISTÁN

Por más que lo intente, no logro acostumbrarme a ver cómo este país se va al garete. Es algo que en el caso de la investigación raya el absurdo. No sólo no hay fondos para investigar en España, no sólo nos permitimos rechazar fondos europeos, no sólo dejamos que los mejores investigadores se vayan, sino que desaprovechamos aquello que ya está funcionando y tiene un futuro prometedor y brillante. Es lo que está pasando con el Proyecto Olduvai, codirigido por dos arqueólogos españoles: Manuel Domínguez-Rodrigo (profesor en la Universidad Complutense) y Enrique Baquedano (director del Museo Arqueológico de Madrid).

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El niño más primitivo hallado en África, anémico


Fragmentos del cráneo del niño de hace 1,5 millones de años.|PLoS ONE

Fragmentos del cráneo del niño de hace 1,5 millones de años.|PLoS ONE

 

BLOG EN: THE HUFFINGTON POST (pincha aquí)

Investigadores españoles, liderados por los responsables del Instituto de Evolución en África (IDEA), ha encontrado restos fósiles de un niño que vivió hace 1,5 millones de años en la Garganta de Olduvai (Tanzania), el primero que se halla de esa cronología. Aquel pequeño era anémico, como tantos otros hoy en ese continente. Sin embargo, gracias a esta patología los investigadores han averiguado que ya entonces su fisiología era exactamente como la nuestra, todo un paso en el estudio de la evolución humana.

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