Los fármacos ‘falsificados’ que intoxican en África


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Puesto callejero en el que se venden fármacos en Senegal. @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Una investigación publicada en la revista The Lancet Global Health (17 de enero de 2017), y divulgada por Médicos Sin Fronteras (MSF) ha revelado que entre finales de 2014 y 2015, más de un millar de personas en el remoto distrito de Ituri (República Democrática del Congo, RDC) fueron intoxicadas por fármacos que eran falsificados o que tenían mal su etiquetado. En  concreto, los médicos, sin saberlo, les estaban suministrando un tratamiento contra la esquizofrenia en lugar de un medicamento contra la ansiedad o los trastornos del sueño, patologías extendidas en una zona azotada por una guerra civil desde 1997, donde proliferan los casos de ‘niños soldados’ y una minería del oro que solamente genera miseria y destrucción.

En ese contexto, fue a finales de 2014 cuando comenzaron a llegar a los centros de salud de Ituri personas con el cuello rígido y con contracciones musculares incontroladas que alertaron a los profesionales de la ONG MSF y del Ministerio de Salud congoleño. De los 930 pacientes con los síntomas, 11 acabaron muriendo, entre ellos cinco menores de cinco años. Por los síntomas, al principio pensaron que se trataba de un brote de meningitis, pero más tarde comprobaron que se debía a que habían ingerido una sustancia tóxica.

El pediatra Nicolas Peyraud, examinando a un niño en Berberati, República Centroafricana. @MSF

MSF Paediatrician Nicolas Peyraud examining kid at Berberati Regional University Hospital

¿Cómo lo descubrieron? Algunos facultativos detectaron síntomas de intoxicación (como son espasmos faciales o retracción de la lengua) en los enfermos, por lo que decidieron analizar algunas muestras de su orina y también de los 39 medicamentos que eran prescritos con más frecuencia en las farmacias de Ituri. Para sus sorpresa, detectaron un compuesto farmacológico denominado haloperidol, un antipsicótico que se emplea para tratar la esquizofrenia, pero en unos comprimidos que se vendían como diazepam.  “El diazepam se usa generalmente para tratar una serie de patologías relacionadsa con la ansiedad y convulsiones, pero en la región de Ituri su uso está aún más extendido. Con mucha frecuencia, los pacientes reciben este fármaco para tratar una amplia gama de enfermedades, desde trastornos del sueño a dolores de cabeza e incluso malaria”, explica Nicolas Peyraud, pediatra de MSF. Por contra, el haloperidol causa reacciones distónicas graves.  “Aunque estas contracciones musculares del rostro, los ojos, la lengua, el cuello o los brazos rara vez suponen un riesgo para la vida, a menudo causan angustia, pánico y vergüenza para los pacientes”, afirma el Dr. Peyraud de MSF.

Los investigadores descubrieron que los fármacos falsificados se comercializaban en botes bajo dos nombres comerciales: AGOG “Centaur Solina” y AGOG ‘Diazpam’. En África es muy frecuente que los medicamentos se entreguen por unidades a los pacientes, lo que abarata el coste. En este caso, los investigadores detectaron que en Uganda y otros países de la región también se estaban distribuyendo ambos productos y que había relación con una empresa de la India llamada  AGOG Pharma Ltd, si bien sus responsables señalaron que no fabrica diazepam, sino haloperidol en ampollas etiquetadas como “AGOHAL, Haloperidol tableta BP 10 mg”. La otra empresa india relacionada con esos nombres, Centaur Pharmaceuticals (Mumbai), confirmó, a su ve, que ellos si fabrican diazepam, pero no el otro compuesto.  Está claro que alguien falseo ambas marcas, si bien no se señala al culpable.

El estudio de Lancet recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe de 2010, ya detectó que de los 26 reglamentos sobre medicamentos en países africanos, 14 carecían de un programa de control de la calidad. De hecho, no hay más que viajar por África para comprobar cómo las medicinas se venden en cualquier puesto callejero, expuestas al sol o la lluvia, sin ningún tipo de prospecto ni control. “La existencia de medicamentos deficientes daña tanto a pacientes individuales como a sistemas de salud en su conjunto. Los débiles sistemas de regulación de los medicamentos, combinados con sanciones inadecuadas, corrupción y fronteras porosas, exponen a especialmente a comunidades pobres, extremadamente vulnerables, a fármacos tóxicos y de mala calidad.Hay una gran necesidad de apoyo nacional e internacional para la autoridades reguladoras de medicamentos  en países económicamente pobres. Este brote toxicidad grave debe ser un llamado de atención porque todo el mundo tiene derecho a recibir medicamentos de calidad”, denuncian los autores de este trabajo.

 

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