Javier Cacho: “La ciencia es una gran aventura”


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ROSA M. TRISTÁN

Javier Cacho no sólo es uno de los científicos españoles que más tiempo han vivido en la Antártida. También es un gran divulgador. Experto en estudios atmosféricos, en 2011 sorprendió con el relato de la conquista del Polo Sur en su libro ‘Scott-Amundsen: duelo en la Antártida’. Ahora, ha vuelto a editar, pero en este caso el protagonista es ‘Shackleton, el indomable’ (Ed. Fórcola), otro gran explorador polar.

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Julio Llamazares: “Al Gobierno no le interesa la cultura porque cree que es cosa de rojos”


Julio Llamazares, en su casa. |Rosa M. Tristán

Julio Llamazares, en su casa. |Rosa M. Tristán

Publicado en ESCUELA

“Para la derecha española la cultura es un adorno que se suprime de un plumazo”

“A mayor nivel educativo no hay mayor nivel cultural”

“Los profesores deben despertar en los niños las ganas de saber, sentir y pensar”

 

ROSA M. TRISTÁN

Julio Llamazares está inmerso ya en su próxima novela. El escritor leonés, el poeta en prosa que con tanta maestría nos describe la memoria, la soledad, la vida rural, el paisaje y la tierra, reconoce que a menudo se pregunta: “¿Qué pinto aquí?” Y el aquí es que habita en una sociedad que considera incapaz de valorar la cultura, con un Gobierno que cree que es “algo de rojos” y un pueblo que le sigue y prefiere leer literatura basura.

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Eudald Carbonell: “Dejamos una herencia nefasta a nuestros hijos”


Eudald Carbonell, camino de la Sima de los Huesos, en Atapuerca. |ROSA M. TIRSTÁN

Eudald Carbonell, camino de la Sima de los Huesos, en Atapuerca. |ROSA M. TIRSTÁN

PUBLICADO EN ESCUELA

EUDALD CARBONELL, codirector del Proyecto Atapuerca y director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)

“Espero que en el futuro gobierne gente que ha vivido la libertad como pensamiento social”

“Escribir pensando en mi  hijo pequeño para trasmitirle mi visión del mundo y que la lea cuando sea adolescente porque es necesario que tenga una visión global de lo que pasa en la Tierra”. Este es, en sus propias palabras, el objetivo que busca el arqueólogo y director de la Fundación Atapuerca, Eudald Carbonell con su último libro ‘El arqueólogo y el futuro” (Ed. Now). Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca, en el que lleva implicado 41 años, dedica su obra más personal a su hijo Olopte, de poco más de tres años, consciente de que es un padre tardío. Son páginas en las que le plantea cuestiones como la pobreza, la energía, la política o el sexo. En definitiva, un resumen personal de cómo entiende el mundo, y de la tremenda tarea que nuestra generación deja a la siguiente.

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Las voces de nuestros ancianos sabios


La abuela Margarita, entrevistada por Elena García Quevedo.|@CARLOS PÉREZ MORALES

La abuela Margarita, entrevistada por Elena García Quevedo.|@CARLOS PÉREZ MORALES

ROSA M. TRISTÁN

Pertenezco a esa generación que creció en una gran ciudad, pero cuyas las raíces están bien ancladas en el mundo rural. Una pareja, la de mis padres, nacida y crecida en un pueblo castellano, Fuentenebro (Burgos), que en los años 60 inició la aventura de la migración. Pertenezco pues a esa generación acabó desligándose de la tierra, a veces ocultando ese pasado campesino y pobre tan alejado de la modernidad. No es mi caso. Cuando era cría siempre que tenía ocasión contestaba que era ‘de Fuentenebro’ porque ser de Madrid me resultaba insulso,aburrido, porque donde realmente disfrutaba era en ese pequeño pueblo de la Ribera del Duero en el que pasaba los veranos con mi abuela. Ese lugar donde se iba a por agua a la fuente con un botijo y se montaba en burro.

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El mundo líquido de Zygmunt Bauman, que nos ahoga


Un auditorio a rebosar. De lujo. Un público variopinto, en el que predominan los hombres trajeados y las mujeres muy puestas. Y enfrente, un anciano menudo, de pelo blanco y aspecto frágil, pero capaz de remover al auditorio en pleno por dentro. Algunos, comprenden su discurso, lo mal que vamos, y lo apoyan, incluso han venido con sus libros por si hay ocasión de que los firme. Otros, no, otros  mueven la cabeza, negando, cuando el anciano habla de la igualdad, del absurdo crecimiento, de la insolidaridad y la falta de ética. No dicen nada, pero se les nota nerviosos en el asiento. Estoy en la conferencia de Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco, ha ofrecido en la Fundación Rafael del Pino. Es uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, autor de más de 50 libros y más de un centenar de ensayos. Premio Príncipe de Asturias en 2010. Un cerebro privilegiado.

Zygmunt Bauman, en la Fundación Rafael del Pino. |@Fund. Rafael del Pino

Zygmunt Bauman, en la Fundación Rafael del Pino. |@Fund. Rafael del Pino

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Atlas de islas remotas: de Isla Socorro a Isla Utopía


PIngelap, Islas Carolinas.

Pingelap, Islas Carolinas.

Hasta que no abrí el libro ‘Atlas de las Islas Remotas’, de Judith Schalansky, nunca había oído hablar de Pingelap, una diminuta isla del Océano Pacífico donde muchos de sus habitantes son daltónicos. La culpa de que no puedan ver el color esmeralda del agua en sus costas, el verdor de sus bosques, el rojo atardecer reflejado sobre las olas, al parecer la tiene una mutación genética que se extendió como el fuego con la yesca, que ha condenado a uno de cada 10 a una vida gris en un mundo de colores.

 

Así lo cuenta la autora, Judith, en este fascinante tratado geográfico sobre 50 pedazos de tierra, que son 50 historias maravillosas. Lo presentó, hace unos días, el catedrático de Geografía Eduardo Martínez de Pisón, junto con el aventurero y escritor Sebastián Alvaro (ex director de ‘Al filo de lo imposible’) en la librería Desnivel. “Una isla es lo pequeño, asilado como dice su nombre, pero también es un oasis en un desierto, un fortín o un planeta en un cielo lleno de estrellas”, fue desgranando el profesor, mientras la audiencia se rendía al embrujo de  sabiduría que emanaba de sus palabras.

Eduardo Martínez de Pisón, en Desnivel. |ROSA M. TRISTÁN

Eduardo Martínez de Pisón, en Desnivel. |ROSA M. TRISTÁN

Martínez de Pisón nos habló de la isla fantasmagórica de San Borondón, en Canarias, de Islandia (cuando aún no figuraba en los mapas), de la Isla Livingston, en la Antártida, la única del Atlas que ha pisado, porque allí hay una base científica española, y de otras muchas tan inexploradas como desconocidas: Isla Socorro, Isla Navidad, Isla Posesión..

De todo lo que nos contó, me llamó especialmente la atención el caso de un usurpador, cosmógrafo y alto cargo durante el reinado de Felipe III (siglo XVII) llamado Andrés García de Céspedes. Al parecer, este asesor científico de la Corte se aprovechó de su acceso a las bibliotecas reales para hacerse con el ejemplar de un ‘Islario general de todas las islas del mundo’ que en el siglo  anterior había realizado Alonso de Santa Cruz para Felipe II. Ni corto ni perezoso, García de Céspedes ‘raspó’ el nombre de Alonso y de este monarca, para poner el suyo y el de su Rey, un chanchullo bastante chapucero que dio el pego en su época. Un usurpador, un tramposo, o como diríamos hoy, un ‘manipulador’.

Según nos lo relataba el catedrático, la figura de García de Céspedes, sobre quien, por cierto, escribí hace unos meses un guión para CON CIENCIA de RTVE, se me transmutando en la de algunos políticos de nuestro tiempo que andan tratando de borrar, o hacer desaparecer, sus nombres de algunos papeles comprometedores donde si estaban en el pasado; de otros que los ponen con mayúsculas en leyes que, por contra, son del siglo pasado y de algunos más que quisieran poner su nombre en lo más alto, aunque sea ‘raspando’ al mismísimo jefe. Diría que habitamos en nuestra particular Isla Socorro.

Muchas son las metáforas que el geógrafo nos puso en su conferencia: isla-cárcel, isla-parque, isla-Tierra… Pero  a mí se me ocurren otras que tampoco está en el Atlas, pero que cada día nos rodean más:  los responsables políticos que hoy rigen nuestros destinos son también  ‘islas’, pues viven separados por un gran océano de la realidad social; islas a la deriva que se alejan cada día un poco más de los continentes, que somos todos; islas de poder que, como le pasa a la isla Takuu (en Papúa Nueva Guinea), se van hundiendo a medida que aumentan las mareas, que ahora son verdes, y blancas, y rojas y violetas… Muchos de los habitantes de Pingelap no las podrían ver.

Al final del acto, nos acabó hablando de la isla más remota y deseable, que es la Isla Utopía. La que siempre está dos pasos más allá, como nos recuerda Eduardo Galeano.  La que siempre tenemos que ver en el horizonte, sin perder el rumbo.

Javier Reverte: “El ministro Wert es un genocida de la cultura”


Fdo: Teresa Rodríguez

Fdo: Teresa Rodríguez

ROSA M. TRISTÁN (Publicado en ESCUELA)

PÁGINA 1, ENTREVISTA 

PÁGINA 2 ENTREVISTA 

Javier Reverte anda preparando la mochila para una nueva aventura en África cuando nos encontramos en el centro de Madrid. El escritor, uno de los autores de más éxito de nuestro país, de los más viajeros y de los más prolíficos, acaba de regresar de Roma, donde ha estado escribiendo durante los tres últimos meses un diario de su estancia, trufado de historias, que aún tardará en ver la luz. Reverte, de 69 años, no se cansa de recorrer mundos, casi siempre situados en el espacio geográfico, a miles de kilómetros; otros ubicados en el tiempo, décadas atrás. Así es su última novela, ‘Tiempo de Héroes’, dedicada a un miliciano de la Guerra Civil española.

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Marcos Ana: “La vida debe ser un activismo permanente”


Publicado en ESCUELA

“ME PREOCUPA QUE AUMENTE LA INDIFERENCIA DE LA GENTE”

“EL INDIVIDUALISMO ACABA CON LA CONCIENCIA SOCIAL”

Marcos Ana, en su casa, durante la entrevista. |R.M.T.

Marcos Ana, en su casa, durante la entrevista. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

PDF PÁG. 1 ENTREVISTA

PDF. PÁG 2 ENTREVISTA

Si alguien sabe lo que es la lucha éste es Marcos Ana que, a sus 93 años, aún sigue en la brecha. Poeta de la clase obrera, Marcos Ana pasó 23 años de su vida en la cárcel, durante la dictadura franquista: es el preso político que más tiempo ha estado entre rejas en este país. Hijo de una pareja de los que lleva su nombre (su verdadero nombre es Fernando Macarro), acaba de publicar ahora “Vale la pena luchar” (Editorial Espasa), una obra en la que entrelaza sus experiencias personales con la situación política y social actual en España. Muy crítico con la apatía social, con esta nueva obra viene a dar continuidad a su autobiografía, “Decidme como es un árbol”, publicada en 2010. Su especial recorrido vital despertó el interés del director de cine Pedro Almodóvar, que adquirió los derechos de autor sobre su historia con la intención de rodar una película, un proyecto que aún guarda el extremeño en la cartera.

Marcos Ana recibe a ESCUELA en su casa, en el centro de Madrid, la misma vivienda que le prepararon sus compañeros del Partido Comunista cuando, con la llegada de la democracia, volvió del exilio en el que no paró de denunciar por el mundo la represión política que se sufría en su país. Muchos libros en las estanterías, en las paredes premios concedidos por su defensa de los derechos humanos, una bici estática, un ordenador que echa humo, fotos antiguas, recuerdos de sus viajes… Es el espacio de alguien que conserva bien viva la memoria del pasado, pero que sigue peleando en el presente para que no haya marcha atrás en el futuro.

En los últimos tiempos estamos viendo cómo las manifestaciones van siendo menos multitudinarias y más sectoriales.  ¿Nos estamos rindiendo a la fatalidad de la crisis? ¿Se está desinflando la movilización social?

Continúa habiendo protestas, pero sí que es cierto que muchas veces me encuentro con gente que dice que ya no vale la pena seguir batallando porque por más que los indignemos todo sigue igual. Pero eso no es cierto. Por supuesto que merece la pena movilizarse. Es más, yo creo que es urgente y necesario hacerlo si queremos conseguir un mundo mejor y más justo. Todos los que estamos en contra de lo que está ocurriendo debemos salir a las calles, visibilizar nuestra lucha.

¿Cómo hemos llegado a esta situación de apatía?

Este es un caldo que ha sido fomentado por el capitalismo, porque es un sistema que ha potenciado el culto a la persona, al individualismo, que siempre realza los valores personales, y al final lo que se consigue es que se rompan los cables que pueden unir a un ser humano con otro, que desaparezcan los colectivos. Con ese discurso personalista, al final nos creemos dioses y luchamos sólo por lo que nos afecta personalmente. Estamos únicamente preocupados por conservar nuestro trabajo, porque los hijos tengan lo necesario, pero se pierde la conciencia social. Es un individualismo que nos resta fuerza. Además, es una falacia porque nadie puede sentirse feliz en su pequeña libertad, por tener un coche o una casa, mientras se extiende la esclavitud entre los que le rodean, sin tener un proyecto de vida. En esta época en la que la tecnología ha acabado con las distancias, en la que todo está globalizado, cualquiera nos podemos enterar de lo que ocurre en el rincón más alejado del planeta. Y creo que es algo que debemos aprovechar porque nos da una visión más global de los problemas de la Humanidad. Yo siempre intento estar informado por internet de lo que ocurre, veo ahí una posibilidad de unirnos para cambiar las cosas. Y como digo en el libro, si aun así creemos que no hay motivos para salir a la calle y exigir lo que es nuestro, basta mirar la tristeza de los rostros de la gente, la huella de la pobreza, para comprobar que no es así. Solos haremos poco, pero somos muchos los que pensamos lo mismo.

Parece que la globalización tiene también otros intereses ¿Detecta usted esa globalización de la solidaridad entre la juventud?

Creo que sí, pero falta un ritmo histórico. Ahí tenemos la actitud de los jóvenes del movimiento 15-m, que fue muy bonito, un chispazo, como un terremoto que ha quedado en la conciencia de todos. Hoy muchos jóvenes saben que tienen que jugar su papel, aunque necesitan saber cómo. Cuando el 15-M era desalojado de la Puerta del Sol vi un cartel que me gustó mucho y decía: “No nos vamos, nos mudamos a tu conciencia”, y de hecho aún se habla de ello. Pero la historia tiene altibajos y las medidas humanas no son históricas. A muchos nos gustaría que en trascurso de una vida hubiera más transformaciones, mil revoluciones, pero son procesos que deben madurar, llevan su tiempo.

¿Cómo compaginar los rápidos cambios socio-económicos que se están imponiendo, los recortes sociales y de derechos, con esa ralentización de la respuesta social?

Pues debemos seguir combatiendo y el camino es concienciando a la los que nos rodean. No callando. El error, incluso de los comunistas, ha sido que en las asambleas que se organizan se toman resoluciones importantes, pero se olvidan en cuanto cada uno se mete en su casa y se encierran en sus problemas. La vida debe ser un activismo permanente. Yo vivo en un barrio pequeño-burgués, en el centro de Madrid, pero todos saben que soy comunista. Quiero que se vea, no me oculto. Y creo que la gente de izquierdas que está en la sobra, deberíamos visibilizarnos más para que los jóvenes vieran que estamos aquí, dispuestos a luchar, sería una fuerza de atracción. Yo confío mucho en la juventud, sé que en ellos hay una gran fuerza, pero hay que saber encauzarla, encaminarla hacia el futuro. A mí vienen a verme muchos jóvenes que se han enterado ahora de que sus abuelos estuvieron en la cárcel durante el Franquismo; con tantos años de democracia como llevamos y sus familias aún no han perdido el miedo a hacer público ese pasado. Lo tienen enterrado como si fuera un estigma, incluso para sus hijos y sus nietos, lo callan por miedo. A una colaboradora mía, una joven que viene a ayudarme, su madre aún le dice: “Hija, no te signifiques, mira lo que le pasó a tu abuelo”. Esos 40 años de dictadura ha marcado mucho a la gente.

Portada

En estos momentos aumenta el rechazo a la política, y por tanto a etiquetarse en una ideología concreta. El ‘todos son iguales’ se oye por todos los lados. En su libro también es muy crítico con los políticos, pero ¿qué opinión le merece esta postura anti-ideología?

Tiene su explicación porque en este país no siempre se ha hecho  buena política. Es comprensible que ahora los jóvenes la rechacen, aunque en el fondo también están expresando una postura política. Pero es más bien rechazo a los políticos. Son demasiados los que han cambiado de bando o los que han cambiado sus principios ideológicos por el dinero. Se entiende que cada vez sean más los jóvenes que están en contra de este sistema bipartidista en manos de intereses económicos capitalistas, pero detrás de los desahucios que han logrado parar, de la oposición a las ayudas a la banca privada o de la defensa de lo público frente a lo privado, hay también acción política.

Cuenta en su libro que va a veces a los colegios a hablarles de su experiencia ¿qué les cuenta a los niños?

Depende de su edad. En un colegio donde fui hace unos meses a charlar con chicos de 10 años les conté el cuento de Caperucita Roja como una metáfora. Caperucita, la niña que recoge flores, era como la libertad y la República y el lobo negro y feroz era la dictadura franquista que quería comérsela. Pero cuando son más mayores el tema es más profundo. Los adolescentes están deseosos de aprender y me preguntan mucho por mi vida en la cárcel y las razones que me llevaron a pasar allí 24 años. Entonces aprovecho para contarles cómo nos organizamos y cómo acabamos convirtiendo la prisión en una universidad para aprender unos de otros. También les explico lo importante que es estar unidos para conseguir las metas que nos propongamos.

¿Cree que se les está contando a las próximas generaciones bien la Historia de España?

Para nada. La están falsificando. Y lo mismo pasa con la memoria histórica. En España la Transición no sirvió para nada, los culpables de la represión siguieron viviendo con absoluta impunidad. No fue como la revolución de los Claveles en Portugal o como en Argentina… Aquí se pasó de la noche al día sin depurar a nadie. Los policías que me torturaron siguen ahí, jubilados. Y no es que quiera que se mueran de hambre, pero ahí están. Y si un juez como Jorge Garzón trata de escarbar en el pasado y de encontrar situaciones que eran punitivas, acaba siendo procesado. Eso nos demuestra que la izquierda en este país no tiene fuerza y que necesitamos de la unidad para avanzar. Por ello, creo que los partidos requieren una renovación. De vez en cuando, si que hacen un esfuerzo por implicar a los jóvenes, intentan que se sientan responsables, pero no es suficiente.

¿Hemos estado en algún momento en el buen camino?

En el camino hacia el Estado de Bienestar no hemos llegado a estar. Tenemos libertad, pero la libertad sin Justicia no sirve de mucho. Elegir entre morir de hambre y morir por ser perseguido. Lo que hay que conseguir es que la libertad vaya de manos de la Justicia y sirvan ambas para cambiar las cosas. Hay muchos abuelos que han perdido las pensiones por ser de izquierdas, por haber estado represaliados… Y, sin embargo, también hay muchas familias que hoy viven de esas pensiones porque no hay trabajo para los hijos. En este país, ha habido una Guerra Civil y eso marca, deja buenos y malos. Pero hay que seguir luchando  poco a poco. No vale decir que ganan los de siempre. Es cierto que los ricos son más ricos, aún con la crisis económica, y los pobres también son más pobres, pero eso es un acicate para la acción.

Marcos Ana.

De la situación actual en España ¿qué le preocupa más?

Que aumente la indiferencia de la gente, que se conformen con un mínimo bienestar personal, porque eso es lo que fomenta el sistema capitalista para alejarnos de la unión de fuerzas. Por ello la educación es importante, aunque las escuelas se están vaciando de contenido. A los alumnos no se les enseña lo que es la injusticia, la igualdad de oportunidades, la libertad. En definitiva, a ser ciudadanos. Ahora con la Reforma educativa de Wert incluso han quitado la asignatura donde podían tratarse esos temas, que son los que permiten a los jóvenes aprender a no ser manipulados. Es muy triste.

A estas alturas del siglo XXI, ¿imaginaba un recorte en derechos como el que se está llevando a cabo desde el Gobierno?

A estas alturas ya nos conocemos todos, pero es cierto que hemos perdido mucho de lo que ganamos en el pasado, por lo que pelearon nuestros compañeros. Es un retroceso brutal de lo público para beneficiar a lo privado. El capitalismo tiene poder para mover conciencias a su antojo. Y por ello parece que ahora tener un trabajo es lo único que nos mueve, e incluso nos incomoda la lucha de quienes pelean por lo suyo, como ha ocurrido con la huelga de la basura en Madrid. Nos venden la idea de que pensar genera poco beneficio y luchar no es rentable. Pero los ciudadanos no somos mercancía y debemos organizarnos para combatir.

Comentaba  antes que crearon una universidad en la cárcel, bajo vigilancia. Era un entorno difícil para organizar algo así ¿cómo lo hicieron?

Allí dedicábamos mucho tiempo a la educación. Depende de la prisión que fuera, lo hacíamos de una u otra forma. En la de Ocaña eran celdas de cuatro o cinco personas; sólo nos veíamos en el patio, y aprovechábamos para tener clases ambulantes. Los carceleros intentaron boicotearnos y nos prohibieron estar en grupos de más de tres personas, lo que complicaba las clases. Aun así, intentábamos pasarnos los temas. Pero la cárcel de Porlier, en Madrid, estaba en un colegio sin celdas, mucho más grande. En cada galería éramos 600 juntos y siempre estábamos estudiando. Había muchos catedráticos y maestros que enseñaban a los campesinos. Lo hacíamos para formarnos, pero también para tener la cabeza ocupada y no pensar en la familia, en las penurias de los hijos que estaban fuera. Pero eso era durante el día, por la noche esas tristezas aparecían bajo la manta cada noche.

¿Cuándo empezó a escribir?

En la cárcel escribía porque me salía de dentro. Ponía mucha pasión. Allí les enseñaba mis cosas a algunos poetas y escritores ya consagrados y les gustaba. Eso me animaba a seguir aprendiendo. Me decían que sólo me faltaba conocer la arquitectura de los poemas, pero que el contenido era bueno. Allí monté una tertulia que se llamaba La Aldaba, que llegó a editar libros clandestinos, como uno dedicado a Miguel Hernández que aún conservo. También hicimos obras de teatro, como el llamado el ‘Homenaje a voz ahogada’, también a Miguel Hernández. Le pusimos así  porque era emocionante, pero también porque lo hacíamos muy bajo para que no se enteraran los guardias. Cuando montábamos el escenario, con mantas y sábanas, siempre había un preso vigilando; si venía un guardia, nos avisaba diciendo: ‘¡Acércame el botijo!”. Y lo desmontábamos todo rápidamente. Hacíamos muchas actividades culturales a escondidas. Luego me trasladaron a Ocaña, y había menos posibilidades. Aún así, los guardias tenían la ‘filosofía de los haraganes’ y acabábamos ganándoles la partida.

Usted entró en la cárcel con 19 años y salió con 41. Después de tanto tiempo ¿Qué sentimiento le provoca el haber pasado toda su juventud encerrado?

No guardo ningún rencor, no sirve para nada. Ni la venganza. Si quiero ver triunfantes los ideales por los que he luchado y por los que tanta gente perdió su vida, pero no me mueve un sentimiento vengativo. Yo he vivido la vida que elegí, la de un revolucionario. Y eso tiene que pagar su peaje. La consecuencia natural en aquel momento era acabar ahí. Aún hay gente que está dispuesta a acabar en la cárcel por sus ideas, pero ahora no es como en la época de Franco, afortunadamente. La situación respecto a la juventud sí es la misma. Siguen con ganas de acción, y los culpables de que no la haya somos los que tenemos cierto poder de reunirles; eso sí, siempre sin que tengan la sensación de que les están manipulando, porque son muy independientes y deben serlo. Otro problema es que muchos se están yendo del país, porque el capitalismo que ha generado esta crisis les impide trabajar.

¿Tiene alternativa este sistema?

No, no la tienen. Su única ley es la del máximo beneficio, y los partidos, los movimientos sociales, etcétera, son sus herramientas, aún sin ser conscientes de ello. Les dan un poco y ya se consideran con poder, cuando no lo tienen. Pero el comunismo no es alternativa, hoy es una solución utópica para el ser humano, un sistema para una sociedad más igualitaria de la que hemos conocido. El  socialismo si puede serlo; lo que pasa es que está viciado porque lo que ha ocurrido en los países socialistas has sido muy negativo. La primera vez que viajé a la URSS hubiera pisado el suelo, pero luego me di cuenta de que había maleza en los engranajes del Estado y del partido, que habían dejado de ser socialistas. Perdí la pasión por ese país, no era verdadero comunismo. Luego, queriendo limpiar lo que había, acabaron tirando el cubo del agua sucia a la calle con el niño dentro. Así pasó con Gorbachov. Y mire lo que es ahora la Rusia de Putin.

¿No quiso dedicarse a la política nunca?

No, yo tengo mis espacios personales. Ahora doy muchas conferencias para hablar de mi vida, para presentar mis libros. Viajo también mucho al extranjero. Y me gusta, no me canso de ir de un lado a otro porque son encuentros muy vivos. Es mi forma de seguir en la lucha, sin necesidad de tener un cargo determinado en un partido. Los cargos te atan demasiado. Si me llaman de colegios, también iré.

¿Qué les pediría a los docentes?

Que sin convertir las aulas en una atalaya política,  colaboren para que los niños de hoy se conviertan en ciudadanos en el futuro. Les diría que deben enseñarles contenidos que ayuden a desarrollar su conciencia de denuncia de las desigualdades sociales, que sean conscientes de  lo que supone el dejar tu país para poder vivir por tus ideas o por una necesidad económica. Y que lo hagan con cuidado, para que no le acusen de ideologizar las clases, pero sin olvidar que transmitiendo esos valores les están encaminando a conseguir un mundo más justo e igualitario.

Carbonell y Agustí: La crisis de ‘una evolución sin sentido’


Eudald Carbonell y Jordi Agustí, los autores. |IPHES

Eudald Carbonell y Jordi Agustí, los autores. |IPHES


Cuentan los investigadores catalanes Eudald Carbonell y Jordi Agustí que estamos en un momento de crisis estructural, de un sistema, el capitalista, que está al borde del colapso. Pero a diferencia con las crisis del pasado, ahora nuestra especie tiene la responsabilidad y, sobre todo, la capacidad para que el resultado sea distinto al que se avecina. Este es el tema central de ocho apasionantes conversaciones entre ambos recogidas en el libro que comparten ambos científicos: “La evolución sin sentido” (Ed. Península), que acaban de presentar. Las mantuvieron en 2009, pero son de plena actualidad. Como si hubieran tenido acceso a una máquina del tiempo…

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Historia de dos aventuras científicas, de genes y piedras.


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Tengo entre manos dos libros sobre neandertales. Recién sacados del horno. Dos historias de científicos españoles que en estos tiempos turbulentos para la ciencia han decidido recapitular, contar su aventura vital y dejar constancia de lo mucho que todavía queda por saber del su paso por el mundo, si es que la ciencia básica, sigue teniendo hueco.

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