La ‘guerra invisible’ contra 370 millones de personas: los indígenas


Entrevista con el indigenista brasileño Sydney Possuelo, que denuncia el desmantelamiento de la protección de los indígenas que sobrevivieron 500 años aislados en unos meses

ROSA M. TRISTÁN

La ‘guerra invisible’ no es noticia aunque causa miles de muertes directas, e indirectas. La ‘guerra invisible’ nunca es portada aunque en uno de sus bandos hay más de 370 millones de personas. Y ‘la guerra invisible’ la perdemos todos, más de 8.000 millones, porque somos nuestro peor enemigo. Esa ‘guerra invisible’ nos llega, si acaso, como un goteo de muertes que cae por el grifo abierto de la indiferencia globalizada. También, muy de cuando en cuando, como un susurro inaudible cuyas voces se pierden en el ‘ruido’ de sociedades inmersas en su abrumador ego. Rara vez, como el grito de desesperación de quien ya no puede más. La ‘guerra invisible’ es por la Tierra, y sus guardianes desaparecen a ojos vista en batallas que no se ven porque habitan un mundo paralelo: el de la conservación ambiental porque si. Cada asesinato de líderes y lideresas indígenas en Colombia, cada apresamiento en Guatemala, cada agresión, cada expolio, cada gran empresa con grandes proyectos que llega a sus tierras, son heridas de una batalla contra el futuro de los que ya, desde su juventud, nos gritan ‘basta’.

Hace ya muchos años que conocí a Sydney Possuelo. Es un indigenista brasileño de referencia en el mundo. Gracias a él han sobrevivido hasta nuestros días un grupo de esos indígenas que apenas suman unos miles: los pocos indígenas aislados que existen (porque así lo quieren) al margen del mundo que hemos creado. Con casi 80 años, Possuelo sigue transmitiendo la misma energía que hace décadas le llevó a la selva amazónica. Ahora lo hace desde los bosques tropicales del río Yavarí, donde ejerce aún de altavoz de esos grupos y comunidades indígenas, aislados o no, cuyas voces no se escuchan más allá de la tierra que pisan y que, día a día, desaparece bajo sus pies por ‘un agujero negro’, que no es otro que la avaricia del mundo.

Hoy, Sydney Possuelo es director del Instituto Brasileño Indigenista, pero si miran su historial figura que fue quien creó hace más de 30 años, el departamento de Indios Isolados (aislados) en la Fundación Nacional del Indio (FUNAI). Hasta la selva, en la que pasó décadas, se fue siguiendo los pasos de los hermanos Vilas Boas, los sertanistas que crearon la reserva del Parque Nacional Xingú en 1960, a quienes acompañó en infinidad de expediciones. No sin esfuerzo, Possuelo consiguió que el Gobierno brasileño comenzara a demarcar territorios para que nadie pudiera entrar en una Amazonía que les pertenece y que, por más que algunos se empeñen, no quieren abandonar. Hoy, cuando alguno es detectado, con sus flechas y sus pinturas de guerra o de paz, siguen siendo noticia mundial, como si fueran una anacronía de un espacio/tiempo que, sin embargo, también les pertenece. Ahora, este indigenista incansable presencia, entre la perplejidad y la indignación, como a su alrededor se desmorona todo lo que se preservó durante décadas con un gobierno, el de Jair Bolsonaro. Donde él ve futuro, cultura y vida, el presidente y su equipo sólo vislumbran ‘salvajes’ a evangelizar y tierras por cultivar.

Tras estar desconectados varios años, recientemente nos reencontramos para mantener una entrevista, vía Skype, que ha puesto en conexión mi mundo y el suyo.

Sydney, veo que es imposible jubilarse de la defensa del mundo indígena.

Si, lo es. Yo en teoría estoy jubilado de la FUNAI pero sigo trabajando en el Instituto Brasileño Indigenista (IBI) que creé tras dejar la Fundación. Ahora tengo proyectos en el Valle de Yavarí, entre Perú y Colombia, centrados en la defensa de la tierra y empoderamiento de los pueblos, porque hay quye reforzarles para que puedan decidir sobre su vida frente a las amenazas externas.

Apenas cinco meses después de la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, ¿en qué se nota ya el deterioro de la situación para ellos en Brasil?

Para empezar han destrozado la Fundación Nacional del Indio. La han puesto al servicio del agronegocio y de los protestantes. Nunca ví algo tan peligroso para los pueblos indígenas y el medio ambiente global, pues ambas cosas son lo mismo. Debo decir que históricamente los militares fueron favorables a los indígenas. El primer servicio de protección indígenas en Brasil lo organizó el mariscal Rondó en 1910. Por desgracia, a su muerte el servicio se deterioró y llegó a convertirse en algo terrible, corrompido. En 1967, los militares lo extinguieron y crearon la FUNAI. Fue el periodo más prolífico y lo comandaban generales, por increíble que parezca. Teníamos recursos, dinero y autoridad. Pero ya no es así. Muchos militares que apoyan ahora a Bolsonaro son contrarios a los indígenas. No comprendo por qué una tradición de protección que demostró al mundo el interés del Gobierno de Brasil con todos sus pueblos, de repente cambió del blanco al negro.

¿A qué atribuye este cambio?

Es verdad que siempre hubo militares, principalmente de la Escuela Superior de Guerra, que tenían una visión negativa de la tierra indígena y de su participación en nuestra sociedad, así que creo que los de hoy vienen de esta línea militar. Pero yo trabajé más de 40 años en la Amazonía y hubo oficiales me ayudaron en mis expediciones, en proteger la tierra… El cambio es desconcertante. Y los indígenas también están perplejos. En su día, la FUNAI demarcó mucha tierra indígena. Y ahora esa Fundación está dividida en trozos que dirigen ideologías, que no personas, contrarias a sus intereses. Es impresentable que la cuestión de las tierras indígenas sea competencia del Ministerio de Agricultura, que es el enemigo, el agronegocio. Y la cuestión de los indios aislados, que requieren de especial protección, está en manos de los protestantes.. Quieren desmontar todo un complejo de protección que existía.

¿Cómo la Amazonía ha ido a parar a parar a los protestantes?

Porque con el Gobierno de Bolsonaro, los aislados han pasado a depender del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que dirige Damares Alves, una pastora protestante, que da sermones cada domingo y que dice claramente que no hay que tener indios aislados, que les llegó el momento de la Iglesia, de evangelizarlos. Es muy triste ver que quieren destruir todo lo que se conservó durante 500 años y  lo que se construyó hasta convertir a Brasil en un faro de la defensa del mundo  indígena. Ahora no somos nada. Acabamos con ellos y, de paso, con la Amazonía.

¿Cómo, en cuatro meses, lo notan en sus vidas?

En todo. De hecho, a finales de abril han comenzando a movilizarse con los pocos medios que tienen. Son conscientes de los cambios, que quieren revertir. Y es difícil, pero no imposible. Al menos, a ver si podemos reducir el impacto del Gobierno. Un ejemplo claro de lo que está pasando es que el Ministro de la Salud quiere acabar con departamento de salud especial para los indígenas. Dicen que deben ser atendidos como los demás ciudadanos, pero eso es una falacia porque ellos viven en comunidades distantes, en la selva; es más, incluso en las ciudades necesitan grupos de atención especiales, una conquista que tenían, que se va a terminar y que para ellos es muy importante.

¿Están llegando invasores de tierras indígenas?

Ya antes de tomar posesión Bolsonaro hubo agresiones. En el valle del Yavari tuvimos ataques de hombres armados y también en Mato Grosso. Imagínese ahora que está en el poder. La situación se ha agravado. Nosotros hacemos reuniones, campañas y hay entidades internacionales que nos apoyan. Pero es patético. Pasé toda mi vida tratando de protegerlos,  evitar contactos, que pudieran vivir con su cultura, su lengua y su forma de vida tradicional, y ahora miro para atrás y veo todo destruido, como en una guerra. Como si fuera una ciudad bombardeada. Y es verdad: es una guerra contra los pueblos indígenas y contra el medio ambiente invisible al mundo.

¿Hay alguna respuesta de la sociedad brasileña?

De un modo general, a la sociedad brasileña no le importan nada los indígenas amazónicos. Y respecto a los gobiernos, hubo alguno menos malo, pero ninguno bueno. Nunca se les respetó históricamente. Igual aquí que en el resto del mundo. En realidad, la visión de la sociedad occidental va contra ellos. Muchos hablan en su apoyo pero no hacen ni la mitad de lo que se podría hacer. Bartolomé de las Casas si que luchó toda su vida por los indígenas, pero sus pensamientos se perdieron. Ahora hay un ‘agujero negro’ que hace desaparecer todas las conquistas. Aún así creo que nunca es tarde para recomenzar. Bolsonaro apenas lleva unos meses, así que aún puede humanizarse.

¿La solución puede venir con presiones desde el exterior? Recientemente, científicos y activistas reclamaron en la UE el cese de determinadas importaciones…

Con la globalización, sabemos la implicaciones que tienen los cambios ambientales, que todo funciona con interdependencia. Pero tengo claro que sólo si pones la mano en la parte más sensible del ser humano, el bolsillo, la gente se preocupa. Brasil exporta mucha carne al resto de la humanidad y grano para ganado. Y es verdad que se pueden hacer presiones comerciales, disminuyendo compra de carne que viene de estas zonas. A mí me gustaría que Brasil retomara su protección a los bosques sin presiones externas pero ¿será posible? Hasta ahora, se que es un sueño fuera de la realidad. Y lo cierto es que tenemos 8,5 millones de kilómetros cuadrados, que hay espacio para todo: ganado, cereales, cerdos y tierras de protección permanente, porque esas tierras no están vacías sino habitadas por personas con una forma de ver el mundo y sentirlo mucho menos invasiva que la nuestra. Los indígenas no destruyen nada ni nos amenazan. Al contrario, su presencia demuestra que existen porque se les dejó en paz. Pero el proceso económico va avanzando cada vez más lejos y está llegando adonde están ellos. Los demás, no somos conscientes de que con su fin, nos perjudicamos todos. Los jóvenes del Friday for Futuro si lo están viendo y ojalá lleguen a ser activos en Brasil. Yo miro atrás y no veo que seamos más felices que padres y abuelos, veo que la tecnología que debiera haber servido para tener más tiempo para pensar, amar, estudiar, escuchar música, al final nos ha hecho menos humanos. Y eso es algo que tenemos que combatir globalmente.

¿Cómo logra en ese contexto que el Instituto Brasileiro Indigenista salga adelante?

En Yavarí estamos en cuatro puntos de interés, con un convenio UNIVALLA, la organización que representa a las comunidades indígenas del valle. El dinero lo pone una Ong norteamericana. Gracias a ello, hacemos proyectos en la tierra, de refuerzo institucional y también les ayudamos en temas de salud.

Por esa zona está habiendo problemas entre indios contactados y aislados ¿Este tipo de casos están aumentando?

Fue algo que provocó la FUNAI y al final envió una expedición diciendo que iban a arreglarlo. Yo personalmente estoy en contra del contacto que han efectuado porque es consecuencia de errores anteriores de la FUNAI. El contacto, una vez que se hace, es irreversible, modifica para siempre a los pueblos, y a peor en el caso de la vida de los aislados, creando una dependencia que acaba con ellos. Sigo defendiendo que lo mejor es que estén en su espacio y si un día quieren contactarnos, ya saben donde estamos. Ir a ellos no es bueno; sólo les ofrecemos una sociedad deshumanizada. En ese caso, hablé con la FUNAI para  encaminar el problema de otra forma, pero los que ahora están en el departamento que yo creé tienen visiones distintas. Si que es bueno que se sepa lo que aquí está pasando, a ver si reaccionamos.

 

 

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#ElRíoNoSeToca: Campaña contra una hidroeléctrica ‘marca España’ en Guatemala


ROSA M. TRISTÁN

Los rostros de los y las líderes de Santa Cruz de Barillas están marcados por sus años de lucha. Este pequeño municipio al norte de Guatemala batalla desde hace años contra una empresa española, una hidroeléctrica, que sigue empeñada en sacar adelante un proyecto al que se opone el 90% de la población, y para el que, según aseguran, la compañía no ha dudado en valerse de estrategias violentas que han vulnerado gravemente los derechos humanos. La disputa es por un río, el Cambalan, un cauce salvaje cerca de la frontera mexicana que las comunidades indígenas de Barillas consideran sagrado y no quieren ver convertido en una presa que genere luz para iluminar otras vidas. Las suyas, insisten, se oscurecerán con esa herida a “la madre Tierra”.

Su enemigo tiene nombre: Hidro Santa Cruz, o lo que es lo mismo Ecoener-Hidralia. Ahora, tres organizaciones españolas (Alianza por la Solidaridad, Amigos de la Tierra y Mujeres de Guatemala) han unido fuerzas para que este caso traspase las fronteras y ponga sobre el tapete el asunto de lo que hacen las empresas españolas cuando invierten en el extranjero. Su objetivo: recoger miles de firmas (FIRMA AQUÍ) y presionar para que exigir que la ética y la responsabilidad social primen sobre los beneficios, aún cuando la normativa y el control internacional se quedan cortos sobre este asunto.

Máquinas de Ecoener-Hidralia, en Santa Cruz de Barillas.

El río Cambalan, Santa Cruz de Barillas. @PedroArmestre

Para conocer la historia de la Hidralia hay que remontarse a los tiempos de Fraga en la Xunta de Galicia, cuando esta empresa de Luis Castro Valdivia comenzó a acumular concesiones de hidroeléctricas en ríos de toda la comunidad. Su cuñado, en ese tiempo, era director general de Industria, Energía y Minas, un caso que llegó a la Fiscalía.

Poco después de aquel asunto, la familia Castro Valdivia dio el salto a Centroamérica, instalándose en Guatemala con el nombre de Hidro Santa Cruz, que no es sino la suma de dos empresas familiares: Ecoener e Hidralia. Su intención: trasladar su modelo de pequeñas presas a ríos del país. Tras comprobar que el Gobierno del presidente Otto Pérez Molina (hoy encarcelado por corrupción) no pondría trabas, se iniciaron los trámites en 2008 para instalar la primera de ellas en el río Canbalam, en una cascada de 272 metros de altura que las comunidades indígenas de la zona consideran sagrada desde tiempos inmemoriales.

Nadie informó a los q’anjob’al, los chuj, los akateko o los popti de la zona de los planes de Castro Valdivia, que no tardó en conseguir los permisos ambientales. La primera noticia de la presa la tuvieron, afirman, cuando gentes extrañas comenzaron a tomar medidas en la zona, y después a comprar tierras y más tarde a talar árboles… Con la tensión mascándose en el ambiente, poco ayudó a relajarla que en 2010 Ecoener-Hidralia contratara a un ex militar y narcotraficante como responsable de las “relaciones con las comunidades”.

Una mujer maya, junto a las máquinas de Ecoener-Hidralia.

Una mujer maya, junto a las máquinas de Ecoener-Hidralia.@PedroArmestre

Cuando en 2012 llegaron a la zona las primeras grandes máquinas, el conflicto estalló. Los vecinos dañaron las máquinas y la empresa respondió, denuncian los afectados, con intimaciones, amenazas, dividiendo en dos bandos a la sociedad civil, comprando voluntades, extorsionando… La escalada de violencia llegó al máximo cuando en mayo de ese año tres de los líderes opositores sufrieron un atentado. Uno murió asesinado. El Gobierno instauró el Estado de Sitio en la zona, que duró 18 días.

Pero aquello no echó para atrás a Ecoener-Hidralia. Si bien no continuaron la obra, tampoco la desestimaron, pese al campamento permanente que se instaló en el acceso a su terreno.

Desde entonces, el conflicto no ha cesado. El informe elaborado recientemente por Alianza por la Solidaridad recoge que hasta 2014 hubo 52 órdenes de captura. Aún hoy aún quedan nueve personas en la cárcel de Huehuetenango por oponerse a las hidroeléctricas y hace apenas unos días dos fueron absueltas por falta de pruebas.

“La hidroeléctrica sigue adelante. Tienen muchos más recursos para abogados que nosotros, y mientras nuestros familiares malviven en celdas masificadas, a menudo sin luz”, aseguraba Astrid Villatoro, hija de uno de los presos, durante la presentación de la campaña en Madrid, donde intervino por Skype.

Acto en Madrid, en el que intervinieron los guatemaltecos por Skype, Joaquín Araújo, Luis Miguel Domínguez y las ONGs.

Acto en Madrid, en el que intervinieron los guatemaltecos por Skype, Joaquín Araújo, Luis Miguel Domínguez y las ONGs.

Ya hace ya algún tiempo, el caso Hidralia llegó al Congreso español de la mano del Bloque Nacionalista Galego; también a la oficina del Defensor del Pueblo; y la semana pasada, la eurodiputada de IU Marina Albiol pudo visitar a los líderes encarcelados y está previsto que se hable de ello en el Parlamento Europeo… Pero de momento, Ecoener-Hidralia sigue adelante y para las ONGs es ya urgente “liberar” el río y a sus defensores recurriendo a la ciudadanía española. “No puede ser esta la ‘marca España’, insisten. “Que sepan que nosotros no queremos nada a cambio, sólo que se vayan, que dejen nuestro territorio como está”, asegura Alba Cecilia Abad, unas de las muchas mujeres luchadoras de Huehuetenango.

Pero con la ley en la mano, “hoy, nada obliga a las empresas transnacionales a respetar los derechos humanos, por lo que es algo que la ciudadanía puede cambiar exigiéndolo”, recordaba Almudena Moreno, de Alianza, organización que tiene en marcha una campaña, TieRRRa, a favor de las inversiones responsables. “Las empresas eléctricas españolas son las segundas del mundo con más conflictos ambientales, según la organización EJOLT”, denunció Jorge Lozano, de Equo. “Es el resultado de la arquitectura de la impunidad”, destacaba Víctor Barro, presidente de Amigos de la Tierra.

Los participantes en la presentación de la campaña de #ElRioNoSeToca. @RosaTristán

Los participantes en la presentación de la campaña de #ElRioNoSeToca. @RosaTristán

Como colofón del acto, hasta Guatemala, departamento de Huehuetenango, territorio de Barillas, llegó el aplauso largo y solidario. Y los rostros de quienes llevan peleando por la madre Tierra desde que Pedro de Alvarado llegó a sus puertas, se emocionaron, brillantes los ojos. Todos a una clamaron por un deseo que ya suma cientos de firmas: “El río no se toca”.

 

La voz de los indígenas quiere oírse en los bosques ‘sostenibles’


Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo...|ROSA M. TRISTÁN

Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo…|ROSA M. TRISTÁN

EN 20 AÑOS EL PLANETA HA PERDIDO EL 7% DE SUS ÁRBOLES:  ¿HACIA UN MUNDO SIN SOMBRA?

ROSA M. TRISTÁN (Sevilla)

Cuando los humanos salimos de África, cuentan los investigadores que los bosques escaseaban y la sequía se hacía dueña de buena parte del continente, así que, con muchos otros animales,  fuimos en busca de mejores territorios que habitar. La madera formaba parte de nuestra especie porque las ramas de los árboles servían para hacernos lanzas, o nos cobijaban de la lluvia, o nos calentaban en un fuego que logramos dominar. Hoy, sin embargo, prácticamente todos los bosques de la Tierra forman parte de un negocio que no sabe de fronteras  y que ha ido arrinconando a quienes nunca salieron de la frondosidad de su sombra: los pueblos indígenas del trópico.

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Adictos a la aventura humana que ‘agrandan’ el planeta


Albert Casals, Premio Viajero del 2013, a sus 21 años. |ROSA M. TRISTÁN

Albert Casals, Premio Viajero del 2013, a sus 21 años. |ROSA M. TRISTÁN

Son adictos a la aventura. Seres humanos que optaron por platearse retos personales que acabaron enriqueciendo la sabiduría global, como aquellos primeros ‘sapiens’ que dejaron África hace 80.000 años en busca de nuevos horizontes. Ese esfuerzo, físico e intelectual, ha sido reconocido, una vez más, por los Premios de la Sociedad Geográfica Española 2013, que acaban de entregarse. Los hay viajeros del tiempo (como Polly Wiesser), del hielo (Adolfo Eraso), que viven inmersos en el pasado (Salima Ikram) o que hacen de su vida una ruta de superación tan excepcional que los convierte en pequeños (por edad)-grandes héroes (Albert Casals).

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Un ‘museo viviente’ en Groenlandia (3)


Hablar de ‘museos’ vivientes suena muy extraño, pero en este mundo globalizado, que camina sin inmutarse a la uniformización, lograr que haya gentes que quieran y puedan vivir como siempre lo han hecho, durante miles o cientos de años, es algo que debiera ser un derecho inalienable, porque la alternativa que se les ofrece, el otro mundo desarrollado-consumista que hemos creado, es una vía directa hacia el desastre en la mayoría de los casos.

Expedición en Thule, Groenlandia. |Tierras Polares

Expedición en Thule, Groenlandia. |Tierras Polares

Recientemente, el director ejecutivo de Survival Internacional, Stephen Corry, defendía estos derechos en un artículo en El Huffington Post, y cuanto más viajo por este planeta y más contacto tengo con indígenas, más cerca estoy de sus planteamientos.

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Jatari Unancha o la lucha quichua por la educación


ROSA M. TRISTÁN

COTOPAXI (ECUADOR): Este reportaje ha sido publicado en el periódico ESCUELA y en el mismo se narra la historia de un colegio indígena en la provincia ecuatoriana de Cotopaxi. Un colegio fruto de la lucha de los indígenas quíchua  por la propiedad de la tierra, la dignidad y su futuro. Lo conocí recientemente, en un viaje organizado por MANOS UNIDAS, que colabora en su financiación.

LINKS:

EcuadorPÁGINA 1(31enero13)

EcuadorPÁGINA 2(31enero13)

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