La dura ‘carta’ del Defensor del Pueblo sobre Madrid Central


 

Respuesta a las quejas ciudadanas por la eliminación o ‘rebaja’ de las restricciones en Madrid Central

ROSA M. TRISTÁN

Soy de una de esas miles de ciudadanas y ciudadanos que al enterarse de que la Corporación municipal de Madrid planeaba eliminar las restricciones de tráfico en Madrid Central envió una queja a la Oficina del Defensor del Pueblo. Ayer, finalmente, recibí una carta de Francisco Fernández Marugán, que ocupa el cargo en funciones, en la que queda claro que la respuesta que ha recibido de la Comunidad de Madrid, a la que ha exigido información dado que tiene una Estrategia de calidad del Aire y Cambio Climático 2013-2020, deja mucho que desear. En la dura misiva, el Defensor del Pueblo recuerda que dicha estrategia, aprobada por un Gobierno del PP, incluye crear “zona de bajas emisiones y áreas de prioridad residencial” en núcleos urbanos y menciona también un decreto de 2017 en el que se insta a los municipios con más de 75.000 habitantes a elaborar protocolos de actuación para ello (protocolos que sólo tienen aprobados Madrid y Alcobendas).

De la carta, sorprende especialmente que la Consejería de Sanidad madrileña considere que la calidad del aire es un asunto es ajeno a sus competencias, si bien según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la contaminación atmosférica provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras en el mundo y que numerosos estudios científicos, como el publicado en ScienceDirect , demuestran sus efectos en la salud respiratoria, sobre todo en los niños, ancianos y enfermos. Por si no lo conoce, Fernández Marugán recuerda al consejero Enrique Ruiz Escudero que el informe del Ministerio de Transición Ecológica analiza con detalle el impacto en la calidad del aire de partículas PM10 y PM2,5, ozono y dióxido de carbono. “Se concluye que numerosos estudios atribuyen un amplio abanico de enfermedades y efectos adversos en la salud por exposición a mala calidad del aire”, indica, por lo que insiste en que “al menos, dicha Consejería debería poner proporcionar estadísticas sobre este asunto”, algo que no hace. Es más, recuerda al consejero que parte de su trabajo es “la vigilancia epidemiológica y la información al sistema sanitario y a la población de las medidas preventivas oportunas a aplicar” cuando se superan los niveles de contaminantes.

También ha respondido al Consorcio Regional de Transportes, que le había indicado que no tiene datos sobre impacto de Madrid Central porque lleva poco tiempo en activo y que se queja de que el anterior Consistorio no pidió un informe sobre cómo afectaban las restricciones en el centro de la capital al conjunto de la movilidad regional. Dado que el alcalde José Luis Martínez-Almeida insiste en ‘rebajar’ las restricciones, el Defensor del Pueblo cree que habrá que esperar a ver qué pasa. Por lo pronto, se sabe que sigue habiendo menos contaminación que años anteriores, aunque la bajada se ha frenado desde que se lanzaron dudas sobre su eficacia, por cierto, sin datos objetivos de ningún tipo.

Más crítico es con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Si bien valora positivamente que exista una estrategia de calidad del aire, critica que se base en simulaciones en lugar de datos reales, que si existen en la Red de Calidad del Aire, “como sería lo deseable”. Y recuerda, en este caso a la consejera Paloma Martín, que según su propia estrategia, su responsabilidad es coordinar la implatación de medidas para limitar el tráfico de coches muy contaminantes en municipios de más de 100.000 habitantes, entre los que está Madrid, pero también otros nueve (Móstoles, Fuenlabrada, Alcalá de Henares, Leganés, Getafe, Alcorcón, Torrejón de Ardoz y Alcobendas). ¿Y qué hace la Comunidad? Pues, según el Defensor del Pueblo sólo recoger información, pero de coordinar nada, por lo que le exige un informe al respecto.

En resumen, que Fernández Marugán vuelve a pedir a la Consejería de Presidencia que haga el favor de ordenar al resto de consejerías del gobierno madrileños que informen de forma adecuada, porque no lo hacen.

En todo caso, en la carta queda en evidencia que tenemos en la Comunidad de Madrid una estrategia que es evidente que no se toma en serio. Que esta Comunidad, en cuya ciudad capital, además de eliminar restricciones al tráfico rodado (que generan el 41% de las emisiones), se supriman carriles-bici, se eliminen zonas peatonales para poner más coches y se tiene amenazas de multas de la UE por ello, vaya a ser sede de la COP 25 , la cita mundial para luchar contra el cambio climático, no deja de ser irónico. No se sabe si el alcalde Martínez-Almeida y la presidenta Isabel Díaz Ayuso se pasarán por allí, si finalmente España es la sede, aunque igual les venía bien.

Mientras, mi queja , como la de miles y miles de residentes en Madrid, sigue su trámite…. y seguiremos informando.

LOS ‘CHANCHULLOS’ DE LOS PAÍSES CON EL ACUERDO DE PARIS


ROSA M. TRISTÁN

Hace tres años que se firmaron los Acuerdos de Paris sobre reducciones de emisiones. Lo han firmado 195 países y hoy es el único instrumento que trata de poner freno a una #EmergenciaClimática global que moviliza a millones de personas estos días. Fue de lo más nombrado en la Asamblea General de la ONU esta semana…

Pero ¿cómo se controla lo que cada país hace con el mismo acuerdo? Esto es lo que se preguntaron dos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaban de publicar la respuesta en la revista Environmental Research Letters. En su trabajo, los dirigentes que hemos visto en la ONU hablando de cambio climático quedan bastante mal parados. Y es que de seguir así, apuntan, como otros mucho miles, estos científicos, vamos de cabeza a una nefasta subida de la temperatura global de más de 2ºC para 2050, con todo lo que implica. La falta de trasparencia en los datos, las manipulaciones interesadas de lo que se contabiliza como emisiones, en definitiva, los ‘chanchullos’ para quedar bien en los foros mientras se hace poco, o nada, están convirtiendo el que fuera esperado Acuerdo de Paris en papel mojado. ‘Inoperante’, indican.

El análisis, firmado por Lewis King y Jeroen van den Bergh, es exhaustivo. Para empezar, niegan la mayor: con los compromisos nacionales de emisiones fijados en Paris no se impedirá que la temperatura suba 2ºC. ¿Y cómo lo han hecho? Porque han recogido las emisiones de CO2 que cada país tenía en 2015 y han comprobado las que, según los compromisos adoptados por cada país, tendrán en 2030. De hecho, ya estudios previos indicaban que si todos esos compromisos se cumplieran, la temperatura global subiría entre 2,6º y 3,1ºC, según fuéramos capaces, no ya de no contaminar, sino de recoger de nuestra atmósfera lo que ya está ahí, es decir, capturando el CO2, algo aún más teórico que práctico. ¿Demasiado poca ambición?. Eso parece…

Las manipulaciones o disfunciones detectadas son variopintas, si bien King y Bergh las clasifican en cuatro categorías, según los compromisos nacionales de emisiones (NDC). Hay que recordar que cuando elaboraban la investigación, un total de 147 firmantes (incluidos los 28 de la UE) tenían ya sus NDC concretos.

Lo primero que encontraron es que casi el 80% de los compromisos nacionales de reducción de emisiones están condicionados a factores como el acceso a las finanzas internacionales, la transferencia de tecnología y la cooperación internacional, y ni aunque esto fuera favorable, que ya es difícil, sería probable que las emisiones permitieran mantenernos bajo esos 2ºC. Ademas, ocurre que como los países pueden elegir qué gases del Protocolo de Kyoto incluyen en sus descuentos, los hay que excluyen de sus cuentas contaminantes gases como hidrofluorocarburos, perfluorocarbonos e incluso el metano y el óxido de nitrógeno. China, por ejemplo, sólo incluye el CO2 en sus compromisos, lo que significa que excluye al 4.9% de las emisiones globales con efecto invernadero. El Acuerdo también permite que los países decidan qué sectores económicos incluyen en sus NDC, y ahí están los que suelen excluir el uso de la tierra y la silvicultura (explotación de bosques). Es otro 1% de las emisiones globales sin contabilizar.

Con todo ello, la primera categoría para los científicos de la UAB serían la de los países que presentan reducciones absolutas de emisiones para un año objetivo en términos porcentuales en relación con un año base histórico. La cuestión es que ese base lo establece el país y oscila entre 1990 y 2014, mientras que el año objetivo es típicamente 2030 y, en algunos casos, 2025. Ahí está la UE.

Luego están los países que indican que la reducción estará al albur ‘un escenario de negocios habitual’, escenario que cada cual decide y que causará una gran variación en las emisiones. Son categoría 2 e incluye también a unos pocos países  (Bután, Etiopía, Omán y Sudáfrica) que se han fijado un objetivo de emisión fija.

El tercer grupo sería el que se ha fijado en el PIB para hablar de reducir su contaminación, es decir, si su PIB crece, disminuirán sus objetivos . Y, por último, los que ni siquiera  fijan un límite de emisiones determinado, aunque mencionen programas de energías verdes a poner en marcha.

Con este ‘batiburrillo’, los dos investigadores optaron por unificar y tomar como año base de contaminación para todos el año 2015, que es el anterior a la firma del Acuerdo, y compararlo con porcentajes emisiones previstas para 2030. Comprobaron así que las promesas de los de la categoría 1 (reducción absoluta de emisiones con condicionantes) son más ambiciosos que el resto (ahí están Norteamérica y la UE), mientras que se esperan aumentos de contaminación en Oriente Medio, Norte de África y el sur de Asia. Bien es verdad que también recuerdan que  aún con esos ‘recortes’ los de categoría 1 contaminarán más que los demás e incluso más que los que ni siquiera marcan un límite (la 4).

Resultado: en términos globales, auguran un aumento de las toneladas de CO2 de un 23.8% entre 2015 y 2030 . Es decir, en nuestra atmósfera terrestre habría en 10 años más unas 892 gigatoneladas de CO2, suficiente para un calentamiento global superior a los 2ºC, teniendo en cuanta la estimación máxima de los compromisos de los países, que si no se cumplen aún sería peor…

Toman como ejemplo cinco países para ver cómo ha hecho las cuentas:  Australia, India, México, Pakistán y Rusia. Australia y Rusia presentaron promesas similares de límites pero resulta que Rusia habla de reducciones de un 25% respecto a 1990, cuando contaminaba mucho más que ahora comparable. Australia, por su parte, se compromete una reducción de 26% a 28%, pero en relación con 2005. Al unificar los datos de ambos, tomando como base 2015, se descubre que las emisiones de Australia caerán el 9%, mientras que aumentarán en Rusia en un 13%, por más que Putin acabe de ratificar este acuerdo en Nueva York.

Y otro caso más: México y Pakistán, que han anunciado que reducirán emisiones según les vaya la economía, parecen en situación similar (20% y 22%, respectivamente) pero con la referencia del 2015, resulta que las emisiones en México disminuirán un 11%, mientras que en Pakistán aumentarían en un 182%, dado su escenario de crecimiento económico

Algo parecido pasa con países de la categoría 3 (emisiones según PIB), donde están China e India, entre ambas un tercio de las emisiones globales. Los investigadores reconocen que “el resultado de sus objetivos es difícil de predecir porque a más crecimiento, mayores son las emisiones”, pero usando proyecciones económicas de la OCDE, estiman que  sólo la India aumentaría un 229% las emisiones desde 2015.

Los autores mencionan también algunos fenómenos que pueden darse para ‘escurrir el bulto’, como es trasladar las empresas contaminantes a países en desarrollo con políticas climáticas menos rígidas, o un mayor trasiego mundial de importaciones de productos que son más baratos de unas zonas que en otras, sobre todo en países donde no han fijado ningún límite.

En vista de esto, nuestro consejo sería evitar que los países presenten sus promesas en un marco que parece más ambicioso que su verdadero efecto. Probablemente sea un desafío lograrlo políticamente, ya que uno de los factores que atrajo a los países al Acuerdo de París fue la libertad de poder establecer sus propios objetivos en un formato de su elección. Sin embargo, lo que estamos proponiendo no es un cambio radical. Para la mayoría de los países  esto implicaría una conversión simple basada en datos ya disponibles, como lo hemos hecho en este análisis. En cambio, será importante lograr el objetivo del Acuerdo de París”, apuntan.

Añaden que este Acuerdo de Paris, que a algunos les parece tan avanzado, tanto que incluso se quieren salir de él, en su forma actual, es “inadecuado en el mejor de los casos y, en el peor, extremadamente ineficaz porque la sociedad civil tiene el derecho de poder comprender y comparar claramente los compromisos de cambio climático de los países, incluso si son justos, ambiciosos y se suman a los objetivos climáticos internacionales”.

Aseguran que cada país debería convertir sus promesas en objetivos claros de emisión en relación con el año más reciente disponible en los datos, pero sin trampas: incluyendo todos los gases y sectores importantes, no los que les vengan bien. Apuntan que, en el futuro, a medida que los países actualicen sus NDC, este año base debe actualizarse para mantener las promesas relevantes para el próximo período.

Con ello creen que se ayudará a producir objetivos de mayor ambición y más abiertos al escrutinio externo, a la vez que, una vez uniformizadas las promesas de todos, habrá más presión para ser más ambiciosos  cada cinco años bajo el mecanismo del Acuerdo de París.

Epidemia de grandes ‘charcos’ en Groenlandia


ROSA M. TRISTÁN

Desde hace días, fotos de turistas que pasean por Groenlandia en manga corta hacían presagiar lo peor: una vez más la capa de hielo ártica alcanza límites de deshielo insospechados hace apenas una década. Hace unos días, el 31 de julio, tuvo lugar en la gran isla blanca del hemisferio norte el deshielo más grande registrado en un solo día: hasta el 56% de su superficie blanca perdió al menos un milímetro de hielo. Esa fusión superficial, según el Polar Portal de Dinamarca, que monitoriza la situación vía satélite, han llegado al mar ese día 10.000 millones de toneladas de hielo, cantidad que no incluye la masa generada cuando se desprenden icebergs de los glaciares. Al día siguiente, ayer día 1 de agosto, la situación ha vuelto a repetirse, como indican las estaciones meteorológicas PROMICE, que se han establecido para monitorear los procesos de fusión. Los inmensos ‘charcos’ (en realidad grandes lagos), proliferan por el ‘plateau’ ártico como una plaga. 

El científico danés Jason Box, desde el suroeste de Groenlandia, informa que ha detectado un 1,3 veces más deshielo que en 2010 en el mismo punto y 1,4 veces más que en 2012. Los expertos creían que derretimientos de este tipo sólo se daban cada 150 años. “A medida que el CO2 continúe aumentando, cada paso en la escalera de calor causará una nueva normalidad”, ha señalado Box en sus redes sociales. Podría ser, según Box, el segundo episodio de deshielo más grave desde 1950, tras del de 2012, cuando el 97% de la superficie sufrió deshielo

Muchos son los modelos climáticos que auguran lo que pasará en el planeta con ese deshielo, pero se van quedando obsoletos con una rapidez pasmosa. El último estudio publicado, en junio en Science Advance, por científicos del Geophysical Institute at the University of Alaska Fairbanks , indica que en 200 años el nivel de los océanos podría subir entre 48 centímetros y 1,60 metros sólo por el deshielo de Groenlandia, un espectro tan grande como desolador que aumentan al menos en un 80% las estimaciones previas, que atribuían a Groenlandia un futuro aumento del nivel del mar de 89 centímetros como máximo.

VIDEO: https://twitter.com/i/status/1157015875276464129

El equipo prevé tres escenarios climáticos según la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en los próximos años. En el escenario sin reducción de emisiones, toda la capa de hielo de Groenlandia probablemente se derretirá en un milenio, causando un aumento del nivel del mar de 5 a 7 metros. En el escenario dos, donde las emisiones se estabilizan para fines de siglo, la pérdida de hielo para el año 3000 sería del entre el 26% y el 57% . Y si hay una limitación drástica de las emisiones podría limitarse entre el 8% y el 25% (dos metros de aumento del nivel del mar). Piensen el el mapamundi, e incluso más cerca: piensen en el mapa español e imaginen a qué quedará reducido el territorio habitable. 

Sin embargo, ante esta emergencia climática, el mundo aún discute las reducciones de emisiones contaminantes aprobadas en el Acuerdo de Paris de 2016, con previsiones más favorables que las actuales.

Es más, aumentan la presiones a nivel internacional de gobiernos de grandes países como el de Donald Trump (EEUU) o Jair Bolsonaro (Brasil), negacionistas de lo evidente, como también lo son partidos europeos, como el de Marie Le Pen (Francia), Matteo Salvini (Italia) o Vox (España). Incluiría a políticos del PP , como el alcalde de Madrid, José Luis Rodríguez-Almeida, incapaz de ver la relación entre el uso del transporte privado en grandes ciudades (que no quiere limitar) y los ‘inmensos charcos’ que proliferan por el Ártico.

Y mientras todo esto ocurre, a la vez grandes incendios han asolado este mes de julio el norte de Canadá y Siberia, e incluso en Groenlandia (ver foto inferior) fruto de olas de calor que, por repetidas, son ya tempestades. Es más combustible para el ennegrecimiento de la impoluta nieve que tanto me sorprendió cuando visité Groenlandia hace unos años.

 

 

 

 

 

Manu San Félix: “¿Quién ‘siembra’ en los mares? Nadie. Y se vacían de vida”


Manu San Félix @NATIONAL GEOGRAPHIC

El biólogo Manu San Félix @NATIONAL GEOGRAPHIC

ROSA M TRISTÁN

Hace año y medio coincidía con el biólogo marino Manu San Félix en Formentera… Se celebraban las jornadas #SavePosidonia y él estaba junto a Pierre-Ives Cousteau, buceando, registrando la situación de una planta milenaria amenazada por los yates de lujo . San Félix, como todos aquellos que se asoman a las profundidades para ver y mostrar lo que no vemos, salvo si miramos dentro del agua, con los años está cada vez más alarmado. El Mar Mediterráneo, cuna de civilizaciones, se vacía a pasos agigantados de vida. En estos dos millones y medio de kilómetros cuadrados se suman tantos desastres ambientales que prácticamente no entran en los 45 minutos que dura el documental que ha realizado para el canal de National Geographic: “Salvemos el Mediterráneo” (estreno el 3 de junio, a las 22 horas). Pero Manu también quiere dejar claro que hay soluciones y estamos a tiempo.  Y se va a visitar a quienes están trabajando en ellas, como Carlos Duarte (proyecto Pristina), Enric Sala o el chef sevillano Angel León, que aprovecha en sus cocinas los descartes de pesca.

El biólogo asegura que si lo dejamos el paz, nuestro Mare Nostrum volverá a ser lo que era hace apenas unas décadas, cuando comenzó a sumergirse en las aguas verdiazules que son si segundo hogar.

En este documental se tocan muchos de los temas que más preocupan sobre los mares: sobrepesca, plásticos, destrucción de la posidonia… ¿Algo se cree que se ha quedado en el tintero?

Creo que hemos tocado lo principal. En el Mediterráneo, para mí lo más grave es la sobrepesca y la contaminación. No podemos seguir sacando y sacando sin fin. Hay que crear verdaderas áreas protegidas y veremos que se recuperará enseguida. También se notará enseguida la explosión de vida si dejamos de intoxicarlo, porque lo estamos intoxicando cada día del año con nuestras aguas residuales. Tiramos de la cadena y nadie piensa donde van ese agua, pero ese agua, insuficientemente depurada o lo que es peor, sin depurar, acaba en los mares como el Mediterráneo. Es un problema que he visto crecer. Llevo viviendo en Baleares 30 años y conozco aeropuertos mejoras, más los hospitales, más puertos…pero las  instalaciónes de depuración del agua siguen igual aunque la población es mucho mayor.   Si mañana mismo dejáramos de echar nuestras aguas residuales al mar, en meses florecería la vida. Lo malo es que hablamos de algo que no se ve, que la mayoría de la gente no verá en toda su vida. Pero hay que parar. El mar es como una persona que fuma, bebe, no hace deporte, come mal… Si lo deja todo, su organismo mejora.

Ese proceso de recuperación, entonces, es mucho más rápido en el mar que en la tierra

Si, porque el mar tiene una capacidad de absorción y disolución mayor.  Las recuperación de poblaciones de peces es espectacular, mucho más rápida que con animales o flora terrestres porque los ciclos de reproducción son más rápidos y, además, la contaminación se elimina a más velocidad.. Quizás no es así con la posidonia porque es de crecimiento lento. Pero, en general, así como un bosque primario tarda décadas o siglos en recuperarse, los mares son más agradecidos.

¿Y de todo ello, qué es lo más urgente?

Que para el año 2020, España cumpla el compromiso que firmó y tenga el 10% de sus áreas marinas protegidas. Nosotros no estamos ni en 1%, en Baleares aún menos, en el 0,16%. Pero protegido es tener zonas donde no se pueda pescar, #NoTake, y en España hacemos reservas protegidas pero sin prohibir la pesca. Entonces ¿Cuál es la protección?. Ninguna. Es una figura de papel. Nos engañamos a nosotros mismos y es ridículo. Es preciso una protección que permita la recuperación, para que luego se pueda pescar. Recuerda lo que pasó con la veda de la anchoa: cuando finalmente se abrió en un día capturaron toda la anchoa que podían.

Hay muchas presiones contra las vedas del sector pesquero..

Si, pero es como con minería: todos sabían que era un barco que se hundía, que era una economía de ficción. Se cobraba por subvenciones. Y lo mismo pasa con la pesca, es ruinosa,. Si quitaran todas las subvenciones que reciben, muchos barcos dejarían de salir a pescar. Pero es ruinosa porque hay pocos peces en el mar. Esa es la verdad.

¿La solución es la acuicultura?

Es una solución, pero no única. Tendrían que aparecer otras formulas para sacar alimentos del mar. Pero es que somos muchos. Y si llegamos a los 20.000 millones, no habrá ni mar para tanta acuicultura. Hay que poner un límite. El planeta tiene un tamaño. Y la acuicultura también requiere del mar y tiene su impacto. Igual pasa en tierra, que a medida que somos más necesitamos más cultivos y se arrasan los bosques cuando falta superficie. Pero al menos con la agricultura se abona, se siembra, se riega… Pero en el mar ¿quién siembra? Nadie. Todo el mundo tiene derecho a sacar y sacar y  lo único que ponemos dentro son plásticos. Está claro que no puede funcionar sólo recolectar donde nadie ingresa. Es insostenible.

Llevas 40 años buceando, ¿qué sensación tienes ahora cuando te sumerges?

Me siento profundamente triste. Sobre todo en temporada de verano. Tengo la percepción de ver cómo algo bellísimo se muere y es deprimente. En el mundo no hay nada mejor que la naturaleza. Y es porque genere recursos económicos o porque nos de oxígeno, sino porque nos hace felices. Siempre buscamos intereses materiales en lo que nos rodea, pero lo cierto es que cuando vemos naturaleza somos más felices. Estás en una playa y sale una tortuga a desovar  y todo el que lo ve se emociona y se va feliz a casa. Podríamos vivir en un planeta asfaltado, pero está claro que eso no seduce a nadie. Hasta en nuestras casas ponemos plantas como decoración.

Plásticos recogidos con un filtro desde un barco en el Mediterráneo. @ROSA M. TRISTÁN

Ahora que por fin se habla del tema los plásticos, en un mar cerrado como éste, ¿cómo se ve desde abajo? Estuve en el barco Toftevaag, del Centro Alnitak, y parece una sopa de plástico.

Efectivamente, el Mediterráneo es un mar cerrado y muy poblado alrededor, lo que favorece la concentración. Pero con ser muy preocupante , soy optimista porque veo que la respuesta está siendo muy potente y creo que hay ya presiones sociales importantes para que se solucione. Cada vez somos más los que nos horrorizamos con acumulación de envases, así que creo que habrá cambios, que saldrán nuevos materiales biodegradables. Ayer mismo, en un restaurante balear ya me dieron todos los utensilios para comer, que me llevaba, con materiales de fécula de maíz. No dudo de que aparecerá la alternativa sustitutiva y se impondrá. Pero hay que reaccionar ya. Cada litro de agua mineral tiene 15.000 micropartículas de plástico, según la OMS. Y nos las estamos bebiendo. La ventaja es que el plástico es algo que tocamos cada día, que podemos ver alrededor, pero la gente no ve cómo nuestras heces van por grandes tuberías, llamadas ‘emisarios’, y acaban en el mar, y no ve los efectos de la sobrepesca.

En la batalla por la posidonia se ha implicado mucho y parece que hay esperanza también. 

En este tema he trabajado mucho y estoy muy contento. Ya hay un cambio en Ibiza y Formentera unánime. Todo el mundo sabe  que hay que cuidarla y protegerla. De hecho, fue por este tema que comencé el proyecto Posidonia Maps, para identificar las áreas donde está y protegerla. Es una aplicación para el móvil que permite saber dónde hay posidonia para no fondear el barco o el yate sobre ella. Ahora Google Maps y el Govern Balear la va a copiar, así que he inspirado una solución. Y creo que se va a extender por todo el Mediterráneo. En todo caso, creo que en 10 años los barcos no usaran anclas para fondear. Ya muchos llevan ya una hélice en el medio, eléctricas, con placa solar, y el barco se queda quieto.

¿Y cuánto tiempo nos queda para reaccionar? 

Pues muy poco tiempo. La filosofía del documental es positiva, no quedarse en lo malo y recoger propuestas, pero yo no soy optimista respecto al tiempo. Hay que actuar ya porque tenemos ahí la espada sobre la cabeza y nos saltan las alarmas. Desde hace un par de años, casi el 100% de las nacras han muerto por una epidemia, y no se sabe bien la causa, pero estoy casi seguro que detrás estamos nosotros. Hemos creado un ambiente marino insano que favorece que virus y bacterias que proliferen. Si unes el calentamiento del agua con materia orgánica estás creando el caldo de virus y bacterias.

A nivel europeo ¿hay propuestas para salvar el Mediterráneo?

No he visto casi nada y lo que he visto, no me ha gustado. No se habla de protección, ni de sobrepesca. La atención de los partidos está en la economía, y no son conscientes de que detrás  de ella está la buena gestión ambiental. Por ejemplo, en España tenemos mucho turismo porque tenemos la suerte de que las naturaleza nos ha dado un clima, playas… Para mi el tema ambiental es fundamental y yo me veo muy preocupado y a los demás muy tranquilos.

 

Semana de la Ciencia: Los plásticos, la vida, los mares… ¿Te apuntas?


Con motivo de la Semana de la Ciencia en Madrid he organizado, en colaboración con el Ateneo de Madrid, un encuentro sobre el impacto de los plásticos en la biodiversidad del Mar Mediterráneo y otros mares y océanos, bajo el título “Cambios biológicos y daños en los ecosistemas generados por los vertidos plásticos en el Mediterráneo”.

¿POR QUÉ TE INTERESA VENIR?

Porque tras un siglo de ‘plastificación’ es hora de hacer balance de cómo destruyendo nuestro entorno con unos materiales que nos rodean por todas las partes, que vestimos, comemos, respiramos… Es importante conocer hasta dónde llegan los cambios para actuar en consecuencia. ¿Sabes lo que ocurre con las redes que caen en el fondo del mar? ¿Qué impacto tiene un globo? ¿Echas plásticos por el desagüe?

Pero hay alternativas y soluciones a la era del plástico-ceno.

¿QUIÉNES ESTAREMOS?

José Templado es biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Lleva más de 30 años especializado en la investigación de la biodivdersidad marina, la conservación y estudio de especies y espacios marinos protegidos, el estudio de especies invasoras. Vamos, que sabe muchísimo.

Elvira Jiménez, bióloga y responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace España desde hace ocho años. Con anterioridad trabajó en reservas naturales en México y Costa Rica. Una luchadora.

Vicente Leal es submarinista y camarógrafo. Primer premio Barandilla de Oro en el Ciclo Internacional de Cine Submarino  de San Sebastián 2015 con su corto “Tiny World” y Barandilla de Plata en 2017 con ‘Khelone’ sobre el impacto de la contaminación de los océanos en la vida subterránea. Desde luego, el que mejor conoce la profundidad de los mares de todos…

Rosa M. Tristán, yo misma, periodista ambiental y de divulgación científica con más de 30 años de profesión en diferentes medios. Últimamente he navegado por el Mediterráneo y he podido ver que ese mar es como una ‘sopa’ de polietileno.

¿CUÁNDO Y DÓNDE?

14 de Noviembre de 2017 (martes) en la Sala Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid (Calle Prado, 21).  19 horas. Entrada libre. Para todos los públicos.

COPIAR INVITACIÓN Y COMPARTID.

¡¡¡OS ESPERAMOS!!!

La sopa de plástico del Mediterráneo, controlada desde el móvil


Así está el agua del Mediterráneo en Menorca. @ROSA M. TRISTÁN

Campaña para liberar de basura mares y playas gracias a la ‘ciencia ciudadana’

ROSA M. TRISTÁN

Cada segundo 200 kilos acaban en los oceános, unos ocho millones de toneladas al año. Plásticos que perduran hasta que se descomponen y algún cetáceo o tortuga o pez o ave marina se los traga o los estrangula o los apresa hasta la muerte. Plásticos que viajan por el globo terráqueo hasta llegar a zonas inhóspitas como el Polo Norte (allí lo ha detectado una expedición al Polo Norte de la Universidad de Exeter), que causan daño cerebral en los peces (Universidad de Lund) y que se cuelan en la sal de la ensalada (Universidad de Alicante). Plásticos que hacen daño a la vista si se ven, pero que también envenenan si no se ven. Flotando a medias aguas en alta mar o varados en los fondos.

El velero de Alnitak, en aguas de Menorca, en la campaña #Libera1m2. @ROSA M. TRISTÁN

En la foto que preside este artículo hay un frasco lleno de fragmentos plásticos, casi todos de polietileno. Se recogieron hace unos días en menos media hora desde el barco Toftevaag, perteneciente al Centro Alnitak, de la superficie del Mediterráneo, cerca de Menorca. Es un lugar reserva de la biosfera desde hace un cuarto de siglo y zona ZEPA, de especial protección de aves. La imagen contrasta con el mar color esmeralda que hay en esa costa. Es el mismo y engañoso agua.

Alnitak, entidad dedicada a la investigación y educación marina, trabaja en la campaña lanzada por SEO/BirdLife, en colaboración con Ecoembes, con dos fines muy claros: concienciar de que ‘basta ya’ de convertir océanos en vertederos y a la vez hacer ‘ciencia ciudadana’, que consiste en implicar a la sociedad para recoger residuos de playas y océanos y así obtener datos que nos digan qué es lo que hay, en qué cantidad y, gracias a las etiquetas, de donde viene. Es la campaña #Libera1m2  y  se desarrolla en al menos 70 puntos costeros estos días con diferentes organizaciones. En principio dura una semana, aunque debiera extenderse meses y años, hasta que ese ‘consomé’ fruto del petróleo desaparezca.

Filtro del agua, en el que se recogen muestras de plásticos. @RMT

Antes de partir del puerto de Mahón a bordo del velero, Pilar Corzo nos explica en qué consiste la app Marnoba para móviles y tabletas que se ha desarrollado desde la plataforma, del mismo nombre, para extender esa ciencia ciudadana: la aplicación permite que los residuos plásticos marinos queden clasificados y registrados en una base de datos del Ministerio de Medio Ambiente. “Es importante saber qué hay para que se tomen las medidas adecuadas, un estudio que es novedoso y se realiza a nivel europeo”, señala Corzo, mientras el capitán prepara el barco para la salida.

Para que los datos recopilados sean  útiles se dividen en cuatro módulos dentro de la app: playas, fondos para buceadores, barcos arrastreros y basuras flotantes, según donde se recoja la basura, que queda totalmente ‘fichada’ en su localización.  “El impacto de esta basura es tremendo y no sólo dentro del agua, también en aves marinas, aunque es más difícil de determinar; las aves los confunden con alimento y se los tragan, o se enredan en rafias y redes. En un estudio reciente se detectó que el 90% de las aves tenían microplásticos en el estómago. Ahora, queremos más datos para profundizar en estos impactos”, afirma Pep Arcos, el especialista de SEO/BirdLife en aves marinas. 

Lo mismo ocurre con las tortugas, que  los ingieren pensando que son medusas, una delicatessen para su dieta. Es para pensárselo dos veces: las bolsitas inútiles que nos dan en las farmacias y tantas otras tiendas, el flotador que olvidamos, un globo o el tapón de esa botella de agua están detrás de la regresión de las poblaciones de un buen número de fauna en el ‘vertedero’ que es el Mediterráneo. Así lo ha comprobado Ricardo Sagarminaga, propietario Toftevaag y fundador de Alnitak, que colabora con instituciones como el NOAA de Estados Unidos y que acaba de terminar una expedición de dos meses para el seguimiento de ballenas, delfines, tortugas, además de los muestreos y filtrados de basuras. “Todo lo que lleva etiqueta lo fotografiamos para saber de dónde viene y qué es, pues es el único modo de poder  tomar medidas preventivas. Otra cosa es recoger todo este plásticos, eso es imposible. Sólo disminuyendo el consumo es posible acabar con esto”, reconoce el experimentado navegante.

Ya iniciada la singladura con el velero de Alnitak (nombre de una estrella de la constelación Orión), el paisaje va abriéndose a la mirada: las calas costeras, algunas pardelas en el horizonte, delfines saltando. Un paraíso aparentemente inmaculado. Mientras Pep Arcos otea el horizonte en busca de aves, Sagarminaga pone en marcha el ‘transecto’, un filtro de agua que echa al agua y, como la cola de una cometa, flotando, nos va siguiendo la estela. En media hora, el resultado es sobrecogedor: un frasco en el que flotan infinidad de  bolas pelet y otros restos de colores, pequeños fragmentos que no llegan a la categoría de microplásticos, como los que genera nuestra ropa al lavarse, pero que ya están en proceso de descomposición, hasta confundirse  con el placton que alimenta los peces que nos alimentan a los humanos.

A proa, no lejos de los delfines, de repente aparece un besugo. Azul brillante. Con el ojo muy abierto. “Otro globo. No sabes cómo detesto los globos infantiles”, comenta el capitán Juan Manuel Arestre mientras lo ensarta desde la quilla. Son globos de colores, con formas de perros, gatos y soles que salen volando a miles de cientos de cumpleaños. El besugo pasa a formar parte del montón de bolsas que se acumula en la cubierta. Las han recogido con una zodiac en apenas 10 minutos, restos de paquetería de supermercados, envíos, sacos, algunos con etiquetas casi ilegibles en árabe. A saber de dónde vienen. “Si es que lo de cobrar 5 céntimos por una bolsa, no sirve. Mientras no controlemos el consumo, esto no tiene solución. Y reciclar, claro”, apuntan los tripulantes.

El  Toftevaag, con las velas al viento, se acerca a la Isla del Aire, en realidad un islote rocoso en el que solo hay un faro y donde nidifican aves como la pardela cenicienta o el paíño europeo. Desembarcamos. Allí también vive una lagartija negra (subespecie de Podarcis lilfordi lilfordi)  única en el mundo.Una capa de posidonias secas nos indica que allí cerca hay grandes praderas de estas algas que son nichos de biodiversidad. Basta fijar la mirada para que la belleza se trunque. El suelo es una alfombra sembrada de mini-plásticos y otros no tan ‘mini’ traídos por las corrientes. Proliferan los tapones de botellas: “Es que las botellas se llenan  de agua y van al fondo”, señala Pilar. En apenas unos minutos, me hago con más de 50 tapones. Otros muchos plásticos son difíciles de identificar. En realidad, la escena no es original: se repite en muchas costas españolas del Levante.

Después de introducir los datos de la recogida en la app Marnoba volvemos a bordo. El azul esmeralda del mar ya nos parece más turbio. Hemos estado cinco horas de travesía. 18.000 segundos. En ese tiempo, 3.800 toneladas de plásticos han llegado a los mares… Campañas como Libera deberían ser obligatorias.

@ROSA M. TRISTÁN

Tu ‘forro polar’, un peligro para los océanos: las microfibras


ROSA M. TRISTÁN

En los mares de la Tierra aparecen nuevas islas ‘artificiales’, grandes extensiones hechas con pedazos de plásticos diminutos, incluso microscópicos, que cambian de lugar y que acaban transformando a los organismos vivos que los ingieren. Se calcula que cada segundo 200 kilos acaban en los océanos, una cantidad que ha aumentado hasta un 450% en tan sólo medio siglo y, lo más preocupante, que no deja de incrementarse debido a las microfibras de la ropa o las microesferas de los cosméticos. Acabar con ellas es un reto pendiente para la ciencia y no seguir abusando de su uso el objetivo pendiente de la Humanidad.

@Discovery

Habitamos un planeta en el que el 23% de la población vive cerca de mares de los que, en buena medida, depende para su alimentación. Sin embargo, ese masa de agua que ocupa el l 75% de la superficie terrestre en el último siglo han sufrido una transformación insospechada. Recientes estudios científicos estiman que cada año ocho millones de toneladas de plásticos acaban en los océanos, y que el 80% proviene de tierra, cifras que no son fáciles de probar. El ser humano ha encontrado en el plástico la bicoca de un material resistente al paso del tiempo que, sin embargo, ha convertido del consumo de ‘usar y tirar’. De momento, según los científicos consultados por Estratos, la única solución factible pasa por reducir la cantidad de los vertidos mediante la concienciación ambiental, pues las alternativas factibles o no dan abasto o requieren desarrollos tecnológicos que están muy lejos en el horizonte.

Salud Deudero.

Así lo defiende, entre otros investigadores, la bióloga Salud Deudero, del Centro Oceanográfico de Baleares, que lleva muchos años navegando por uno de los mares más contaminados del planeta, el Mediterráneo. “En realidad, ni siquiera sabemos con exactitud la cantidad de fibras micro-plásticas que hay, pues lo que hacemos los investigadoes son muestreos que se extrapolan, pero lo de lo que no hay duda es que los polímeros del petróleo están en todos los lados, desde los polos a las aguas profundas, en los sedimentos. No hay un lugar en la Tierra libre de esta contaminación”, asegura.

El impacto más evidente tiene que ver con envases de plástico, desde botellas a bolsas. Ya antes de degradarse hasta convertirse en pequeñas partículas, acaban con la vida de seres como las tortugas marinas -que los confunden con medusas o se enredan entre ellos-. Cada año se calcula que mueren 300.000. Este tipo de residuos se están convirtiendo en grandes acumulaciones en costas y playas paradisíacas de Senegal, Haití o de la India, donde no existen sistemas de recogida. “Todos los productos envasados que nos llegan acaban en los ríos y el mar. Aquí no hay sistemas de reciclaje ni educación ambiental por falta de recursos, y los envases nos colapsan los sistemas de alcantarillado, generando inundaciones”, reconoce a ESTRATOS el responsable de Medio Ambiente en el sudeste de Haití, Pierre Debrousse.

Playa en Jacmel (Haití). @Rosa Tristán

Con todo, es el plástico ‘menos visible’ el que más preocupa hoy a muchos investigadores, las ‘micro-fibras’ y ‘microesferas’ de polietileno, polyester (PET), polipropileno (PP) o cloruro de polivinilo (PVC), partículas tan diminutas que las depuradoras no son capaces de detectarlas, y tan persistentes que han acabado formando cinco grandes islas de basura, en su mayor parte microscópica, que navegan a la deriva por el Pacífico (2), el Atlántico (2) y el Índico (2). “También las hemos visto en el Mediterráneo, pues las corrientes tienden a concentrarlos en algunos puntos y ni siquiera conocemos bien cuánto tiempo perduran. A veces, lo calculamos por la fecha que pone en una etiqueta, pero ¿cómo saberlo en un micro-plástico?”, señala la bióloga, quien ha publicado en la revista Marine Pollution Bulletin un estudio que identifica efectos de estos materiales en 137 especies.

El origen de estas pequeñas partículas, que no miden más de un milímetro de diámetro, no sólo está en la desintegración -debido a las mareas, los rayos ultravioletas o las olas- de los residuos visibles, que pueden tardar en degradarse de meses a cientos de años, sino también en muchos productos de uso cotidiano que ya, desde su fabricación, utilizan microfragmentos de este material. Son los cosméticos, los detergentes, los dentríficos y también la ropa sintética. Basten dos ejemplos para hacerse idea de su volumen: una crema ‘peeling’ para la piel puede contener más de 150.000 micro-perlas plásticas -lo que se puede probar en casa cogiendo una pequeña muestra, agitándola con agua y colándola a continuación- y un único forro polar libera en cada lavado hasta 1.900 partículas de fibra. Todo ello puede acabar en el estómago de una ballena, como probó en 2015 Mark Anthony Browne, de la Universidad de New South Wales (Australia), dada su capacidad para mezclarse con el placton que es la base de su alimento.

Mark Anthony Browne, recogiendo muestras en la costa americana.

Browne determinó el impacto que tiene nuestra ropa después de visitar 15 playas en los cinco continentes para muestrear la arena. Descubrió que en las zonas más cercanas a las depuradoras había un 250% más de micro-plásticos que donde no había vertidos, y que la mayoría eran partículas de polyester (56%) y acrílico (23%). Teniendo en cuenta que la industria textil transforma cada año 70 millones métricos de fibras en 400.000 millones de metros cuadrados de tela -con las que se hacen unos 15.000 millones de prendas de vestir-, las islas flotantes de nylon no tienen visos de desaparecer a corto plazo. “En este estudio comprobé que eran seis veces más abundantes en número que la gran basura plástica, como son bolsas, botellas o envases”, ha señalado Browne en artículo en The New York Times, en el que reclama más responsabilidad a las autoridades y las empresas para limitar este tipo de desechos. De momento, el Congreso de Estados Unidos es el único que ha dado un primer paso, al prohibir en enero de 2016 la utilización de las microperlas. De las micro-fibras, de momento, no se habla.

También en el estrecho de Vancouver (Canadá-Estados Unidos), el biólogo Peter Ross detectó en 2014 hasta 9.200 partículas de plástico en cada metro cúblico de agua marina, no lejos del lugar por donde pasan las ballenas. “Zooplancton que las ingiere, a su vez, es el alimento de muchos peces, como el salmón y de mamíferos marinos, para las que son un grave riesgo porque pueden bloquear su intestino o genera la lixiviación de sustancias químicas en su cuerpos”, afirma en la presentación de su trabajo.

Isla artificial de plásticos en el Pacífico detectada en junio de 2017. @UNAM

En España, incluso Parques Naturales como la Isla de Cabrera, que lleva décadas protegida como reserva integral, han sido ‘colonizados’ hasta los sedimentos marinos, como ha comprobado Daudera con sus investigaciones. “El peligro añadido es que es un material al que, por sus características químicas, se adhieren bacterias, virus y otros compuestos tóxicos, incrementando el daño que causa a los ecosistemas”, apunta la investigadora balear.

En los últimos años, abundan los estudios que ya han probado los cambios biológicos generados en peces y mariscos: en el Mediterráneo, Daudera y otros colegas compilaron trabajos europeos sobre la interacción con el plástico de 17.334 ejemplares de 134 especies diferentes, detectado el grave peligro de su ingestión, variable según la especie; en el Mar del Norte se han visto micro-plásticos en el intestino del 5,5% de los peces (Rummeel et al. 2016); en el Pacífico Norte, ya están contaminados el 9,2% (Davison y Asch, 2011) y también lo están los organismos de los mejillones o en las ostras del Atlántico (Cauwenberghe y Janssen 2014).

“No es fácil determinar qué cambios biológicos generan porque hay otros muchos factores que pueden influir y hacen falta más”, reconoce Salud Deudero. La alternativa ha sido realizar estudios de laboratorio, cuyas conclusiones no son halagüeñas. En un ensayo con lubinas realizado en Francia por David Mazurais, se probó que la mitad de los peces contaminados sufrían alteraciones intestinales; otro trabajo sobre el cangrejo común de mar ha determinado que al ingerir plásticos eclosionaban menos huevos; y también se ha visto que estos compuestos provocan la perdida de energía en gusanos ‘Arenicola marina’, un pequeño ser vivo fundamental porque remueve el sedimento oceánico.

Si estos cambios tienen lugar con esos ocho millones de basura plástica que echamos a los mares al año ¿hasta cuando podrán soportar los océanos el reinado de este material? ¿Cómo eliminar las microfibras de los jerseys sintéticos antes de que se incorporen a la cadena trófica?

El problema ya está sobre la mesa, pero las soluciones tecnológicas van lentas. En Estados Unidos, las empresas que venden ropa deportiva para el aire libre apenas han comenzado a recopilar información sobre su impacto ambiental; tampoco las de electrodomésticos parecen mostrar interés por el desarrollo de máquinas que eviten estos ‘microvertidos’, centradas como están en el ahorro de agua y de electricidad. Y las depuradoras capaces de detectarlos, aún son muy costosas.

Otro tipo de soluciones son las científicas, como la del hongo que ‘come’ plásticos parecen poco realistas: “Es tan poco el material que son capaces de depredar que no darían abasto”, afirma Decausa. De momento la única solución pasa por la sensibilización y la reducción del consumo, algo en lo que coinciden los científicos de todo el mundo con las organizaciones ecologistas. “En países en desarrollo no hay normas, ni conciencia social que impida que tiren su basura plástica a ríos y mares, pero aquí si la hay y no somos conscientes de que generamos microfibras continuamente, cada vez que lavamos o usamos una crema.

 

La basura electrónica, alta tecnología que envenena


Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos acaban en el mar sin ningún tratamiento. |@ROSA M. TRISTÁN

Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos y electrónicos acaban en el mar Ártico sin ningún tipo de tratamiento. Asi lo ví hace un año. Y así sigue. |@ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Cuando hace un año estuve en Groenlandia hubo una imagen que me dejó tan impactada como su fascinante belleza. Junto a un fiordo espectacular se acumulaban toneladas de residuos: coches, bidones de combustible (cuyos restos fluían hacia el agua por el que navegaban los icebergs) y centenares de aparatos eléctricos (lavadoras, frigoríficos, planchas, ordenadores…) cuyos componentes ensuciaban la prístina majestuosidad del entorno. Casi 12 meses más tarde, conocí a la documentalista Cosima Dannonitzer, pues tuve la suerte de presentar su documental ‘Comprar, tirar, comprar’ sobre la obsolescencia programada en unas jornadas de Mediapro en el Matadero de Madrid. Allí me habló de su último trabajo, sobre el que conversamos en esta entrevista, y la imagen de aquel lugar hermoso y trágico me volvió a la mente.

Sigue leyendo

Porquería química irrespirable en el Ebro


Así hay que entrar en la planta de descontaminación de AcuaMed, donde se 'limpian' los tóxicos del río Ebro.

Así hay que entrar en la planta de descontaminación de AcuaMed, donde se ‘limpian’ los tóxicos del río Ebro.

Crónica Huffington Post: http://www.huffingtonpost.es/2014/03/28/ebro-supura-toxicos_n_5042376.html?utm_hp_ref=es-ciencia-y-tecnologia

En el enlace anterior podéis leer el resultado de la visita que, organizada por AcuaMed, realicé el 24 de marzo de 2014 a las instalaciones de esta empresa en el municipio de Flix, con la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

 

 

 

¡Por una vida sin tóxicos!


Productos prohibidos fuera de España, pero que aquí se consumen sin ser conscientes de los problemas que conllevan para la salud. Este es el tema del reportaje que he publicado en la revista MÍA y que pretende informar de cómo está la situación legal de productos que son tóxicos (al menos así lo estipulan normativas en otros países de nuestro entorno), pero que aquí las autoridades no se deciden por vetarlos.

Sigue leyendo