El veneno de los monocultivos, en el carro de la compra


Biodiversidad del maíz en Alta Verapaz, Guatemala… Ahora sólo nos venden del amarillo. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Hubo un tiempo en el que la Tierra era tan biodiversa que varias especies de humanos la habitaban. Y así fue cientos de miles de años, hasta que en un pasado reciente quedó solo una y, tras un lento caminar, comenzó a domesticar cultivos. Los ‘sapiens’ cambiamos nuestra alimentación, comenzó a crecer nuestra población y sin pausa, y en el último siglo con prisa, llegamos a un nuevo ciclo en el que decidimos cambiar cada rincón del planeta: era un mundo de ‘recursos’ o, en su defecto, molestos seres vivos. En ese nuevo ciclo, el sistema creado no tiene como objetivo aquello que nos movió en nuestro pasado, COMER; de hecho, muchos cientos de millones de humanos no pueden garantizar su digna subsistencia. Nos movió, en realidad movió a unos pocos, obtener beneficios. Hoy, metidos en esa vorágine se arrasan selvas, se permite cazar impunemente cientos de lobos, se contaminan aguas de nitratos, se esquilman acuíferos de agua dulce y se socavan tierras en busca de minerales, que tampoco se comen.

Son tantos los impactos a diestro y siniestro que cada nueva investigación científica, deprime, y cada estudio de los impacto sociales que se generan, desesperan. Pero hay que saber, como me decía en una entrevista reciente el autor del libro “El planeta inhóspito’, David Wallace-Well. No podemos mirar a otro lado.

Campesinas de Kenia, cultivando té para exportar. Apenas subsisten con lo que ganan. |ROSA M. TRISTÁN

Campesinas de Kenia, cultivando té para exportar.  |ROSA M. TRISTÁN

Y precisamente ‘saber’ en profundidad es lo que movío a las tres periodistas que componen el equipo de Carro de Combate: Nazaret Castro (que vive en Argentina), Aurora Moreno (ha vivido en varios países de África) y Laura Villadiego (en Tailandia). Acaban de publicar con la editorial Akal un compendio de todo su trabajo bajo el título de “Los monocultivos que conquistaron el mundo”, un retrato de esa historia en la que un día dejamos de cultivar lo que nos daba la tierra que pisábamos para hacerlo a nivel industrial, de lo que venía de lejos, y así exportar lo que manda el ‘mercado’. Eso si, bajo ese argumento ‘paraguas’ de que aquello acabaría con el hambre en el mundo, tristemente irónico porque resulta que sigue habiendo hambre pero gran parte de esa comida ‘industrial’ (más de un 30%) va a la basura y otra gran parte a alimentar coches, no estómagos.

El libro de Nazaret, Aurora y Laura, que os recomiendo, se centra en tres de los cultivos más dañinos a nivel socioambiental: la caña de azúcar, la soja y la palma aceitera. Aportan muchos datos, y mucha historia, pero también numerosos testimonios de quienes padecen las consecuencias estos ‘mono-desastres’ de los que como consumidores no tenemos fácil escapar. “Ni siquiera los certificados de ecológico son completos si no incluyen el impacto social de usar mano de obra esclava o del cambio del uso del suelo”, como recordaba Laura.

Bien es cierto que da apuro demonizar lo poco que hay que se sale de la explotación más impune (léase, etiquetas que garantizan cierto nivel de sostenibilidad del consumo) pero los humanos somos especialistas en pensar más en el bolsillo que en las consecuencias, así que comparto la idea de que habría que mejorar un sistema para que calibre los impactos reales de los productos.

De lo que no hay duda, visto su exhaustivo trabajo de investigación, es que estos tres cultivos son tres graves problemas. Nazaret, que ha vivido en Brasil antes de llegar a Argentina, recordaba el día de la presentación que el 60% de los cultivos en el Cono Sur ya son de soja y un 90% de soja transgénica, es decir, que a su alrededor la biodiversidad de insectos y aves que comen insectos ha desaparecido… Los llaman ‘fitosanitarios’, explica Nazaret en su capítulo, pero son ‘agrotóxicos’ porque envenenan. ¿Y adónde va tanta soja? En realidad, va a alimentar al ganado (carne) cuyo consumo es cada día más exagerado y cuestionado, pero sin visos de cambiar pese a la alarma lanzada por el IPCC en su último informe. Y también va a alimentar vehículos, como biocombustible. “Pero no se exporta sola, con la soja Argentina exporta también agua, biodiversidad, nutrientes de la tierra…”, recordaba la periodista.

Lo mismo ocurre con la palma aceitera africana. Su cultivo se ha extendido por muchos países, como personalmente he podido ver en Ecuador (sobre todo en Esmeraldas), en Colombia (500.000 hectáreas hay ya en este país), en Guatemala (165.000 hectáreas)… Hoy está en casi todo lo que comemos y, además, se ‘vendió’ como un energía renovable, hasta que ocurrio lo que algunos predecían: un brutal aumento de la deforestación de bosques tropicales: Malasia e Indonesia son el gran ejemplo, pues producen el 86% del aceite de palma, pero también aumenta en Camerún. En los tres países, las selvas viajan en camiones para convertirse en plantaciones. En marzo de este mismo año, visto lo visto, la UE decidió poner medio-freno a las importaciones de este producto, pero no basta y su ‘plaga’ sigue extendiéndose a diestro y siniestro por el mapamundi.

Deforestación en Borneo @Forest News

Y qué decir de la caña de azúcar. Los ‘ingenios’ (así se llamaban las fábricas en las plantaciones decimonónicas) han generado capital desde los tiempos de las colonias europeas porque españoles, portugueses e ingleses enseguida vieron las ventajas de producir el preciado endulzante a precio de ganga con mano de obra esclava. Hoy, como señalan las autoras, es una ‘amarga dulzura’ porque es un monocultivo más en pocas manos y las condiciones de sus trabajadores siguen siendo de esclavismo. Da igual que sea en Latinoamérica o en Camboya, que de ese país también dan muchos detalles.

En todo caso, no es culpa del producto, como insisten Nazaret, Laura y Aurora. Es culpa de un sistema que premia la concentración de la producción y penaliza a los pequeños agricultores, en contra de lo que dicen los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de lo que se defiende desde el ámbito científico, de lo que viven en el terreno los líderes sociales y comunitarios, que pierden la vida y la libertad si se niegan a entrar en ‘la rueda’, de lo que denuncian infinidad de ONGs. No es culpa ni de una caña, ni de una palmera o ni de una planta con vainas.

Pero como consumidores debemos saber lo que esconden nuestros alimentos y por ello, ese libro de Carro de Combate es necesario. Y seguir apoyando su trabajo, también.

Libro editado por Foca (Akal)

 

 

La basura electrónica, alta tecnología que envenena


Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos acaban en el mar sin ningún tratamiento. |@ROSA M. TRISTÁN

Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos y electrónicos acaban en el mar Ártico sin ningún tipo de tratamiento. Asi lo ví hace un año. Y así sigue. |@ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Cuando hace un año estuve en Groenlandia hubo una imagen que me dejó tan impactada como su fascinante belleza. Junto a un fiordo espectacular se acumulaban toneladas de residuos: coches, bidones de combustible (cuyos restos fluían hacia el agua por el que navegaban los icebergs) y centenares de aparatos eléctricos (lavadoras, frigoríficos, planchas, ordenadores…) cuyos componentes ensuciaban la prístina majestuosidad del entorno. Casi 12 meses más tarde, conocí a la documentalista Cosima Dannonitzer, pues tuve la suerte de presentar su documental ‘Comprar, tirar, comprar’ sobre la obsolescencia programada en unas jornadas de Mediapro en el Matadero de Madrid. Allí me habló de su último trabajo, sobre el que conversamos en esta entrevista, y la imagen de aquel lugar hermoso y trágico me volvió a la mente.

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La voz de los indígenas quiere oírse en los bosques ‘sostenibles’


Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo...|ROSA M. TRISTÁN

Un bosque tropical al norte de Vietnam, que se va río abajo…|ROSA M. TRISTÁN

EN 20 AÑOS EL PLANETA HA PERDIDO EL 7% DE SUS ÁRBOLES:  ¿HACIA UN MUNDO SIN SOMBRA?

ROSA M. TRISTÁN (Sevilla)

Cuando los humanos salimos de África, cuentan los investigadores que los bosques escaseaban y la sequía se hacía dueña de buena parte del continente, así que, con muchos otros animales,  fuimos en busca de mejores territorios que habitar. La madera formaba parte de nuestra especie porque las ramas de los árboles servían para hacernos lanzas, o nos cobijaban de la lluvia, o nos calentaban en un fuego que logramos dominar. Hoy, sin embargo, prácticamente todos los bosques de la Tierra forman parte de un negocio que no sabe de fronteras  y que ha ido arrinconando a quienes nunca salieron de la frondosidad de su sombra: los pueblos indígenas del trópico.

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‘No vamos a tragar’ o el camino de vuelta al campo


ROSA M. TRISTÁN

Recuerda Gustavo Duch que con la globalización, la alimentación humana dejó de ser un derecho humano para convertirse en un negocio. Recuerda que más de 40 millones de hectáreas (la mitad de África) han cambiado de manos por no más de 100.000 millones de euros, y que los precios de la comida, y por tanto el hambre, no depende de la escasez o abundancia tanto como de la manipulación en los mercados. Que hoy muere más gente por comer mal que por no comer…. y entre unos y otros suman un tercio de la Humanidad.

Gustavo Duch, junto a la periodista Olga Rodríguez. |RMT

Gustavo Duch, junto a la periodista Olga Rodríguez. |RMT

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José Esquinas: “El hambre no es contagiosa, pero sí peligrosa”


ROSA M. TRISTÁN

Hace años que conocí a  José Esquinas. Entonces estaba en la Organización Mundial de la Alimentación y la Agricultura (FAO), tratando de evitar que el mundo perdiera biodiversidad alimentaria. Seguimos en ello desgraciadamente, pero mucho menos gracias a su trabajo. José Esquinas es ahora el único catedrático de Estudios contra el Hambre y la Pobreza que hay un España, un puesto que ocupa en la Universidad de Córdoba.

José Esquinas, catedrático de Estudios contra el Hambre.| Teresa Rodríguez

José Esquinas, catedrático de Estudios contra el Hambre.| Teresa Rodríguez

Es lo que hasta, antes de ayer, llamábamos primer mundo, frente a los que vivían al sur y llegaban a nuestras fronteras en busca de un futuro. Exactamente lo mismo que buscan hoy miles de españoles en el extranjero, los mejor formados, los más listos, los dispuestos a cambiar para mejorar. Y eso es todo lo contrario que bueno, pese a lo que hemos tenido que oír a una política, de esas que salieron un día elegidas para dirigir este país. 

Esquinas no ha sido elegido por nadie con votos democráticos, ni lo será nunca porque no es político, pero mantiene intacta su conexión con quienes peor lo están pasando. Por eso sabe que no hay futuro si seguimos consumiendo sin sentido, si no nos importa que nuestra ropa huela a muertos de Bangladesh, ni que nuestra comida viaje 10.000 kilómetros para acabar en el cubo de la basura. Y sobre todo si no cambiamos a una clase política que es incapaz de asomarse al balcón de su despacho para ver que pasa por ahí fuera, no sea que un hambriento le pida limosna.

De todo ello y mucho más me habló en la reciente entrevista que le hice para el periódico ESCUELA, que aquí comparto con vosotros…. “El hambre no es contagiosa, pero si peligrosa”, asegura. El mensaje de un sabio que no debiera caer en saco roto.

AQUÍ VAN LOS LINKS. ABAJO LA ENTREVISTA ENTERA, PRIMERO, Y EL TEXTO DESPUÉS

Entrevista José Esquinas 1  

Entrevista José Esquinas 2

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El menú ‘atraganta’ a la Tierra


ROSA M. TRISTÁN

A la Tierra se le ha ‘atrangatado el menú que servimos a la mesa. Garbanzos, trigo, piensos, frutas, hasta los ajos vienen de regiones a miles de kilómetros de nuestros platos. ¿Podemos permitirnos el lujo de que un trago de vino viaje desde Chile hasta España en avión, que el de España viaje a Sudáfrica, que el de Sudáfrica se consuma en Londres? En la Hora del Planeta apagamos la luz durante 60 minutos en protesta por el calentamiento global que genera la contaminación por CO2. ¿Nos preguntamos luego de dónde viene nuestra comida’ ¿Cuál es su impacto? En este artículo en la revista MÍA de esta semana, podéis obtener algunas respuestas.

Al final he incluido el texto completo.

 

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La crisis no seca al sector ‘verde’


Nada más hay que ver las estanterías de los supermercados. No todos, desgraciadamente, pero si en muchos comienzan a tener presencia los productos de consumo ecológico. Es la economía ‘verde’, la única que parece crecer en estos tiempos de crisis. La Feria de Biolcultura, que estos días (del jueves 8 al domingo 11) se celebra en Madrid es un ejemplo de ello, como destaca su directora Ángeles Parra. Pese al coste de los stand y lo que supone trasladar personas y productos desde todos los rincones del país, un año más Biocultura ha aumentado el número de participantes en un 7%.

En esta España de ERES y cierres empresariales, cada semana se abre un pequeño negocio relacionado con el consumo y la producción ecológica y cada semana aumenta la cantidad de hectáreas dedicadas a producir hortalizas y frutas sin pesticidas ni otros contaminantes. En la presentación de la Feria se destacabaque somos líderes en cultivos ecológicos en toda la Unión Europea, y no se me ocurre ahora en qué otra cosa podemos seguir ahora siendo los primeros.

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