Científicas: ¿Techo de cristal o de “cemento armado”?


ROSA M. TRISTÁN

Tengo la fortuna de conocer excelentes biólogas, arqueólogas, geólogas, astrofísicas o filólogas. Sin embargo, ninguna ocupa un alto cargo de responsabilidad en su centro. Una cosa es que veamos muchas ‘batas blancas’ con rostro de mujer cuando visitamos un centro de investigación, o muchas esforzadas doctorandas en las universidades, y otra muy distinta que estén en puestos desde los que se ejerce una dirección efectiva. De ahí que a la que le toca, como María Blasco, por ejemplo, se la requiera continuamente para cumplir la cuota en los medios (sin detrimento de su valía) o que se busque a Margarita Salas, que lleva décadas ocupando ese papel mediático. El resto, parece no existir. Digo todo esto al hilo de los datos del informe “Científicas en Cifras 2015”, presentado por la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela.

Para empezar, resulta cuando menos curioso que ella solita represente el 75% de mujeres en el cargo de la presidencia o dirección de consejos rectores en centros de investigación, mediante la fórmula de ocupar varios puestos de ese calibre a la vez  y que ese sea el único una significativa presencia femenina). Los otros datos, lejos de ser positivos, en general son sonrojantes. (SIGUE)

El grado A es el de mayor categoría profesional, y donde más diferencia hay entre sexos. Informe ‘Científicas en cifras”

Y es que el porcentaje de científicas respecto a científicos no está mal, y ronda el 39% (incluso más que en Europa, que anda por el 33% por culpa de Alemania) pero también resulta que es un porcentaje que sigue estancado desde hace una década. Si es cierto que, como Vela señalaba, se cumple “la norma del 60-40”, es decir 60% de hombres y 40% de mujeres, si bien en nuestra población general los primeros son el 49% y las segundas el 51%. Luego es una norma que parece poco igualitaria, aunque quiero entender que es un pasito más en una brecha que viene de siglos. Ahora bien, este 39% se refiere a los organismos públicos de investigación (OPIS) y las universidades porque lo que es la empresa privada es puro patriarcado: menos de un tercio de sus investigadoras en áreas de innovación y ciencia es mujer, el 31%.

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Este panorama empeora a medida que subimos en el escalafón. Si bien el informe refleja que las doctorandas leen ahora muchas más tesis que antes (ya son el 50% del total) -luego hay un aumento del interés por seguir la carrera investigadora-, lo cierto es que esta carrera se topa con un techo, no ya “de cristal”, sino de cemento armado, porque parece que no hay forma de acabar con él desde hace décadas ni a corto plazo.  A estas alturas del siglo XXI, tenemos  tres rectoras de 50 universidades públicas (en las privadas van mejor, y llegan a ser el 29%), ni una sola directora de un OPI (leasé, CSIC, INTA, CIEMAT, IGME) y un escuálido 18% en las direcciones del centenar centros o institutos de investigación pública o en los de las universidades. Además, sólo 2 de cada 10 investigadores de alto rango son mujeres en esos OPIS, aunque sin embargo son inmensa mayoría entre técnicas, auxiliares y becarias.

Si acercamos más la ‘lupa’ a la universidad nos encontramos otro dato para la reflexión:  si bien el informe refleja que el 50% de las tesis aprobadas las firman “ellas”, apenas suponen el 27% de las directoras de departamentos universitarios públicos o de las directoras de escuelas. ¿Está ahi el primer  gran ‘agujero negro’ que las succiona hacia el ostracismo?. Ana Guil, investigadora de género de la Universidad de Sevilla, en un estudio reciente señalaba: “De seguir la evolución en este sentido, habríamos de esperar hasta casi el 2040 para llegar al 50% no ya de catedráticas, sino tan sólo de docentes universitarias. Ello siempre que no sucediera algo que ralentizara su crecimiento, como parece que ya ha empezado a pasar con la crisis económica. Pues las crisis siempre han perjudicado en mayor medida a las mujeres y por diversos motivos, que no pasan necesariamente –aunque también- por la pérdida de empleo femenino”.

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Efectivamente, son ellas las que acaban dejando su empelo aunque sean investigadoras de primera, al mismo nivel que sus compañeros, porque otro dato nos dice que presentaron la mitad de las solicitudes de ayudas públicas para sus proyectos y las consiguieron con éxito en el mismo ratio que sus colegas, un buen dato que nos indica que eran buenos proyectos y que al menos ahí no hay un sesgo de sexo.

Pero otro cantar es contar con esas excelentes científicas para dirigir equipos. Ana Puy, de la Unidad de Mujeres y Ciencia y coordinadora de esta trabajo, me reconocía que “hay mucho catedrático que no se mueve del sitio” y Carmen Vela argumentaba que debido a las pocas plazas convocadas en los últimos años para el sistema científico, no ha sido posible que cambie la tendencia, y lanzaba al aire una pregunta: ¿Son pocas porque no se selecciona a mujeres o porque no se presentan a esos puestos?”. La propia Puy me diría luego que “lo normal es que a ‘ellos’ sus compañeros les animen a presentarse a un cargo y lo hacen conscientes del apoyo que tienen, lo que no ocurre al contrario”. “La respuesta es complicada. Hay casos en los que la mujer decide no seguir con su carrera, pero lo cierto es que tiene lastres sociales, personales y del entorno que lo impiden”, apuntaría Carmen Vela. (SIGUE)

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Rosa Huguet, paleobtóloga en el proyecto de Atapuerca, estudiando unos fósiles. @ROSA M. TRISTÁN

Por cierto, de la posición de las investigadoras en el mundo empresarial el informe no cuenta casi nada. No hay datos de la posición que ocupan en esos departamentos de innovación privados, por más que se han pedido. “Las empresas ocultan el género porque saben que el dato es malo”, reconocía  Puy.  No información, si un ostracismo fantasmagórico a nivel social.

Como medidas para paliar estas cifras, Vela señaló que su ‘hoja de ruta’ incluye recomendaciones para que todos los tribunales cumplan la regla del 60% hombres y 40% mujeres (los de la Secretaria de Estado ya lo son, pero en otros no tiene una competencia), revisar que no haya sesgos de género en las convocatorias de ayudas a proyectos científicos (y parece que ahí no está el problema), continuar investigando sobre el tema y elaborar directrices de buenas prácticas, a ver si universidades, centros de investigación y empresas tienen a bien ponerlas en marcha. (SIGUE)

Jóvenes investigadoras, en una manifestación de apoyo a la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Jóvenes investigadoras, en una manifestación por la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Pero lucha contra esos lastres que las mantienen “pegadas al suelo”, como señala Guil, también esta relacionada con liberarlas de su labores de cuidados (familia, allegados, enfermos…) gracias a un mayor apoyo de servicios que están de capa caída, o canales efectivos de denuncia de las ‘microdiscriminaciones sexistas’ a las que muchas se ven sometidas, así como de esas presiones para elegir entre la familia y la ‘carrera científica’ que suelen darse dentro de los despachos.

Mientras no haya más investigadoras en cargos de responsabilidad, el sistema científico español estará cojo. “La mayor incorporación de las mujeres a las más altas posiciones académicas, sin duda redundaría en la calidad de la docencia y la investigación, al aportar éstas no sólo su demostrada excelencia, sino también nuevos puntos de vista que ayuden a construir un conocimiento menos androcéntrico y en consecuencia más universal”, afirma Guil en su informe.

Pues bien, eso es lo que estamos perdiendo.

INFORME COMPLETO: “CIENTÍFICAS EN CIFRAS 2015”

INFORME SOBRE SALARIO DE LAS MUJERES RESPECTO A LOS HOMBRES (CCOO): “BRECHA SALARIAL: EL PEAJE DE LA DISCRIMINACIÓN

 

Canfranc: en busca del silencio “cósmico”


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ROSA M. TRISTÁN

Estratos_Nº 115. PDF 

Sólo hay una docena de lugares en la Tierra comparables al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un puñado de recónditos espacios en los que es posible conseguir el ‘silencio cósmico’. Es la condición necesaria para llevar cabo sofisticados experimentos de la denominada física de Astropartículas. En otras palabras, para tratar de resolver algunas de las grandes preguntas que traen de cabeza a los investigadores de medio mundo: ¿qué es la materia oscura que compone un cuarto del Cosmos y que no vemos? ¿cómo son esas partículas llamadas neutrinos que nos atraviesan y somos incapaces de atrapar?

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Una campaña preparando el futuro…para rescatar el pasado en Atapuerca


Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

ROSA M. TRISTÁN

Una máquina con un enorme taladro va extrayendo de las entrañas de la tierra un perfecto cilindro de arcillas de diferentes tonalidades. Estamos a las puertas de lo que fue la Cueva Fantasma, llamada así, probablemente, porque se sabe que existió, pero lleva hundida mucho tiempo y nadie la ha visto. El trabajo, cuando ya el sol cae, tiene lugar en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, justo encima de la Gran Dolina, en el repecho que hay a su espalda. El Equipo de Investigación, en este caso bajo la batuta del arqueólogo Eudald Carbonell, quiere saber en potencial de sedimentos que tiene este lugar hasta la base de roca.

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Estamos a 35ªC en la sierra. No recuerdan un verano con estas temperaturas, hasta el punto que días antes de mi llegada hubo algunas bajas por un “golpe de calor”. A medida que salen catas del agujero, aumenta la euforia de Carbonell. El arqueólogo Josep Valverdú y la geóloga Ana Isabel Ortega van recogiendo en cajas las ristras de material, anotando sus características para su análisis posterior. El taladro toca fondo a los 11 metros, que sumados a los casi cuatro que hay en la parte superior, suponen 15 metros de relleno a los que un día habrá que meter mano, pues corresponden con la parte superior de Gran Dolina, con unos 400.000 años de antigüedad. ¿Esconde Fantasma pistas de quienes fueron los sucesores de los caníbales de ese yacimiento emblemático?

Un merecido descanso de los 'paleo-guerreros" en la Trinchera. |@RosaMTristán

Un merecido descanso de los ‘paleo-guerreros” en la Trinchera. |@RosaMTristán

No es la única novedad de la campaña de 2015, en la que no han dejado de salir fósiles. “No tenemos ningún fósil humano espectacular, como los que buscan las cámaras, y sin ellos parece que entonces no ha sido buena campaña, pero no es así. ¡Todo es muy valioso! Hay años más de transición que son fundamentales”, reconoce José María Bermúdez de Castro, codirector del proyecto con Carbonell y Juan Luis Arsuaga, al que no se le ve el pelo: pasa la mañana en el interior de la Sima de los Huesos, a 14 metros de profundidad bajo la sierra. Ignacio Martínez, su compañero desde casi media vida, si tiene tiempo para compartir un café. “Estar ahí abajo une mucho, es algo especial”, confiesa.

Mandíbula de oso de la Gran Dolina, TD4, un millón de años casi, con su colmillo y todo. |@RosaMTristán

No son huesos humanos, como los restos craneales que Arsuaga ha presentado al final de la campaña (un más para el puzzle que cada vez tiene más piezas) pero los restos de un oso ‘Ursus dolinensis’ y un cérvido, que asoman entre los sedimentos del nivel TD4 de la Gran Dolina, me llaman poderosamente la atención. Tienen casi un millón de años, como la herramienta que apareció en 2013 en el mismo lugar. Jordi Rosell, que coordina al equipo de este yacimiento, me lo enseña con entusiasmo. Allí, encorvados, picando con extremo cuidado, están los paleontólogos Jan Van der Made y María Martinón-Torres, que anda preparando ya su equipaje para su traslado a Gran Bretaña. “Esto era una cavidad con pendiente a la que los osos venían a hibernar, pero también entraban otros animales y homínidos, quizás para conseguir comida. Este año sacamos fósiles fantásticos, incluso en conexión anatómica. Ya nos queda trabajo para poco tiempo, después de años de trabajo”, me explica Rosell.

Su interés en las marcas que se encuentran en los fósiles de los animales, y muy especialmente los osos, le ha llevado a participar en un grupo pirenáico de seguimiento de estos animales. Les dejan carnaza y luego recogen lo que dejan para analizar sus señales y compararlas con las que aparecen en Atapuerca. Pero para cuando acabe con TD4, ya tiene el ojo en otro lado, justo en el espacio hoy sin actividad junto a este nivel, espacio que hace años que no tocan.

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Por otro lado, Gran Dolina fue partida en dos por la Trinchera, así que en la pared de enfrente sigue la cueva rellena, quien sabe con qué tesoros prehistóricos. El Equipo este año ha empezado a preparar el terreno para instalar andamios y un puente que de acceso a ese lugar. Es el yacimiento “Penal”, que nunca se ha excavado en la larga historia de este proyecto. “Estamos seguros de que ahí está la entrada a la cueva y que habrá trabajo para muchos años”, me explica Carbonell, mientras unos obreros alrededor colocan las chapas que ponen suelo al gran agujero donde en 2014 localizaron el subcrón Olduvai.

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

“Para eso necesitamos mucha gente joven en el equipo y ahora mismo las perspectivas no son buenas”, me comenta Bermúdez de Castro durante el descanso de las 11, cuando el equipo cesa por 30 minutos la tarea para hacerse con las vituallas que Jimmy les prepara desde hace décadas, y hasta este año, que se jubila con desgana.

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

No puedo dejar de visitar la Cueva Mayor, hoy un gran foso en el que, como hormigas con casco, el personal labora sin cesar… Quizás algún día pueda traspasar esa puerta metálica que da acceso a la Cueva del Sílex, aunque José Miguel Carretero me explica que hay que retorcese por una estrecha garita para llegar a la gran sala. Como consuelo, me enseña el famoso caballo en ocre que dio origen a todo lo que veo a mi alrededor, y que resultó ser falso. A decir verdad, no logro distinguirlo entre las sombras y oquedades de la roca.

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

Tampoco puedo evitar bajar a la Sima del Elefante, fascinada con el tremendo boquete que , año tras años, ahora nos lleva a hace 1,2 millones de años, y aún más atrás. “¿Qué? ¿Impresiona verdad?”, pregunta la paleontóloga Rosa Huguet. Cómo no, respondo, porque aún recuerdo que nada de esto existía la primera vez que visité ese lugar, hace ahora 10 años.

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Y, así, entre idas y venidas. Entre capítulo y capítulo de esa historia que poco a poco va tomando forma, se acaba el viaje, un año más. En esta ocasión, con la certeza de que he presenciado los primeros mimbres del futuro de Atapuerca, que es su pasado.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

 

 

¿Debe la ciencia financiarse por crowdfunding?


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ROSA M. TRISTÁN

El auditorio de CaixaForum en Madrid estaba muy vacío para el interés que tiene el tema que se planteaba: ¿Debe la ciencia financiarse por crowdfunding, por financiaciones colectivas y solidarias? ¿Es sólo un recurso que se ha hecho necesario ante el brutal agujero causado por la crisis en el I+D español? ¿Ayuda a la divulgación científica? Muchas preguntas por responder en el debate organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) entre quienes defienden esta nueva fórmula de financiarse al margen del Estado para tapar “agujeros”  y quienes creen que se están pervirtiendo las obligaciones de “lo público” promoviendo la precariedad de lo voluntario.

La primera historia que presentó la periodista y moderadora Natalia Ruiz Zelmanovitch es la de la bióloga Luisa Botella, del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC), que tuvo que acudir al programa de Antena 3 “Atrapa un millón” para financiar su investigación sobre una enfermedad rara (la Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria, HHT. “En esta enfermedad lo que ha sacado adelante la investigación es que las asociaciones de pacientes afectados se han empoderado, a medida que los fondos públicos diminuían. Antes de la crisis, en el laboratorio éramos cuatro personas, pero en 2012 ya estaba yo sola y fueron los pacientes los que impulsaron la búsqueda de fondos en concursos, con conciertos, con lotería… Ahora tengo un técnico y una investigadora doctora de nuevo y han sido pagados así”, señalaba.

También el investigador Joan Cornella, del Hospital Vall d’Hebrón, ha recurrido a la financiación colectiva, por crowdfunding, como sistema para captar fondos. Y su satisfacción era absoluta: “Debería hacerse siempre, al margen de las crisis, porque nos obliga a ser más transparentes e implica a la sociedad en nuestro trabajo”, aseguraba.

Similares argumentos a los que expuso Belén Gilarranz, de la plataforma Precipita, de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología, del Ministerio de Economía y Competitividad, que en sólo ocho meses ha recaudado 190.000 euros para 25 proyectos, de los que 13 han cumplido sus objetivos en 90 días gracias a donaciones de particulares. “La salud gana por goleada”, reconocía Belén. “Con otras áreas de la ciencia es más difícil”.

Por terminar con el bando del SI a esta fórmula que busca el dinero solidario de las donaciones, las palabras de Daniel Oliver, presidente de la Asociación Española de Crowdfunding, que lo defendió como “el sistema mas participativo que hay, porque cada individuo decide donde va su dinero,  y eso es casi más importante que el voto” en unas elecciones. Bien es cierto que plataformas como la suya, Creoentuproyecto.com, cobran una comisión que oscila entre el 5% y el 10% por cada proyecto promocionado.

Pero frente a esta avalancha de positivismo, estaba la voz de Angel Goñi, del colectivo Ciencia para el Pueblo, quien rechaza tajantemente que este sistema pueda tener espacio en la ciencia. “Defiendo el crowdfundig para determinadas iniciativas particulares, pero no para la ciencia porque lo que se consigue es poco, quizás para un año o dos de un salario, y a cambio perpetúa la precariedad laboral investigadora; también porque la financiación no puede ser sólo para quien la pueda pagar; y porque de este modo la ciencia se banaliza, se convierte en mercancía para poder vender el proyecto más atractivo, en detrimento de los que tienen menos posibilidad de márketing. Pero sobre todo me opongo porque la ciencia se paga con los impuestos, como la sanidad o la educación. Que una Fundación pública promueva el crowdfunding  científico (dijo en alusión a Precipita) suena como el repago farmacéutico”, argumentó Goñi. “¿Se imaginan recaudando fondos de la solidaridad social para operar a alguien en un hospital?”, denunció.

Encendió así la forma en el que salió a relucir la necesidad de un código ético que regule este tipo de financiación privada, algo por lo que también abogó Roi Villar, de la plataforma ILoveScience.

Por su parte, algunos de los científicos presentes reconocieron que en general, lo que consiguen financiándose con crownfunding “son migajas”, algo simbólico en proyectos de gran envergadura. De hecho, en el Hospital Vall  d’Hebron, por ejemplo, se han conseguido 50.000 euros de un presupuesto total de 40 millones. Suficiente para financiar algunas tesis, eso sí. Otros, como Enrique de la Rosa (compañero de Luisa Redondo en el CIB-CSIC) mostraba su preocupación por la creación de faltas expectativas entre la población a la que se dirigen los mensajes, porque se le vende que con poco dinero se pueden conseguir mucho. “Si usamos el márketing para decir que con 25.000 euros solucionamos un problema grave, mal favor hacemos a ciencia, porque cuando pide mucho más pueden decirle: ¿y para qué quiere tanto?”, indicó.

“¿Realmente es necesario que sepamos bailar y cantar para tener financiación para nuestro trabajo?”, señaló otro de los presentes, en relación al exitoso vídeo del Institut de Recerca Biomédica (IRB) .“En el fondo más que conseguir fondos, el sistema sirve para visibilizar lo que hacen los científicos, genera conocimiento sobre la investigación entre la sociedad, que es el objetivo de FECYT”, argumentaba Gilarranz ante las críticas.

En definitiva, un tema controvertido en cuyo debate quedó claro que pedir donaciones a los ciudadanos, como lo hacen las ONG, no es el camino para financiar el desarrollo científico de un país. Muy al contrario, debe ser una apuesta del Gobierno, aunque del actual no lo ha sido, por lo cual coyunturalmente el sistema “tapa agujeros” que genera esa falta de interés oficial.

Por otro lado, una pregunta me quedó en el aire. ¿la visibilización de la ciencia española debe hacerse pidiendo dinero a quienes queremos que la conozca? ¿No hay otros caminos?  Ahí lo dejo…

Una cosa más:  en el debate participó también Sara Acosta, de la revista Ballena Blanca, un medio de comunicación de información ambiental independiente, que se ha puesto en marcha gracias a la financiación de los lectores que quieren información de calidad y apuestan por ella con sus suscripciones. Pero el encuentro tomó otros derroteros distintos.

 

 

 

 

 

 

 

Reabrir o no la cueva de Altamira, una historia para no dormir…


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ROSA M. TRISTÁN

Leo estupefacta una nota de prensa del Ministerio de Educación, CULTURA y Deportes de este país, el departamento en manos de José Ignacio Wert. En este PDF adjunto en mi correo se indica que las investigaciones realizadas por el equipo del ingeniero suizo Gäel de Guichen, desde agosto
de 2012, y que han costado UN MILLÓN DE EUROS, trataban de “garantizar su conservación sostenible” y que aunque se ha estudiado la influencia de la presencia humana en la cueva, cerrada desde 2002, “por ello no se puede deducir que el estudio estuviera dirigido a abrir la cueva al público”.

Lo leo y no doy crédito, pues hete aquí que en su misma página web publica lo contrario (Programa de Investigación para la Conservación Preventiva y Régimen de Acceso de la Cueva de Altamira) y porque ya es escandaloso la forma que tiene este Ministerio de tomar el pelo a los ciudadanos, aunque éstos sean prestigiosos investigadores, como los que han  enviado una carta a la Unesco esta semana, o como los que se reunieron en un Workshop sobre Arqueología en abril del año pasado en Sevilla, que ya se quejaban de la posible apertura.

Gäel de Guichen, durante la presentación de los resultados en el Museo Arqueologico Nacional.|ROSA M. TRISTÁN

Gäel de Guichen, en la presentación de  resultados en el Museo Arqueologico Nacional.|ROSA M. TRISTÁN

Es más, ¿a cuenta de qué dejaron entrar en la cueva a cinco personas todas las semanas, desde febrero de 2014 hasta febrero de 2015, si no se quería abrir? Ya entonces publicaba en este blog mi extrañeza ante esa medida, cuando poco antes se me aseguraba desde el Museo de Altamira que no se podía entrar a grabar una película en 3D, una propuesta que se lanzó también en este Laboratorio,  porque con la copia era más que suficiente… Y aumentaba mi extrañeza el hecho de que se contratara a un científico extranjero como director del equipo de investigación, cuando investigadores españoles, del CSIC para más señas, llevaban 10 años dentro de la cueva investigando. Eso sí,  ellos eran firmes defensores de que no se abriera. Había que quitárselos de encima…

Con aquellas primeras visitas experimentales hice la cuenta: a cinco a la semana, para que el 10% de los españoles pudieran entrar en la cueva se necesitarían 800.000 semanas (14.000 años), ni más ni menos. ¡Gran medida para fomentar el turismo a Cantabria! Sin sonrojo alguno, la futura apertura se vendió a “bombo y platillo” en la Feria FITUR 2014, cuando aún faltaba para tener las conclusiones. Es lo que se llama vender la piel del oso antes de cazarlo. A no ser que lo dieran por hecho…

Y llegó la primavera pasada y en una jornada en el Museo Arqueológico Nacional, De Guichen por fin presentó, casi dos años después del inicio de su trabajo, los primeros resultados, que hasta entonces eran un misterio. Allí fuí a ver qué nos contaba. Y allí pude escuchar al  director general de Bellas Artes del Ministerio, Jesús Prieto, asegurar literalmente: “Hay una tensión social grande reclamando la apertura de Altamira“. No hay más que salir a la calle para verlo, es lo que más pide la sociedad española Y añadía que “el Patrimonio debe favorecer el enriquecimiento”, como podéis leer en esa crónica.

Por cierto, ese día el investigador suizo ya adelantaba que el mal de las cuevas, cerradas en 2002 porque las visitas las perjudicaban, se debía a factores naturales, pero a la vez reconocía que faltaban datos para probar el impacto de las visitas.

EL PLAN DE REAPERTURA, ENTREGADO

El caso es que la UNESCO recibió en noviembre pasado el plan del Gobierno de España de reabrir ‘controladamente’ las cuevas, que por cierto son Patrimonio de la Humanidad. Y lo hizo aunque apenas un mes antes la institución de la ONU había avisado que reabrir Altamira era un riesgo  para su conservación. Es la misma razón por la que están cerradas las de Chauvet o Laxcaux (Francia), y curiosamente en la última trabajó De Gäel.

Hace unos días, y temiéndose que las elecciones autonómicas podían acelerar el proceso de apertura, un grupo de prehistoriadores de la Universidad Complutense publicaba una carta dirigida a la UNESCO, que en buena parte recoge todo lo anterior y que abunda en el escaso prestigio científico del suizo, conocido por promover siempre aperturas públicas de monumentos. Esa misiva era la expresión de una indignación monumental, larvada pero real, que desde 2012 he podido captar en cuantos arqueólogos e historiadores he preguntado… Salvo entre los de Cantabria, debo reconocer.

DONDE DIJE DIGO….

Tras la carta, el presidente cántabro no ha tardado en señalar que los científicos españoles son irrespetuosos con sus colegas. Qué patético que trate de conseguir votos jugándose el futuro de algo que no le pertenece…  Y , en todo caso ¿no fue irrespetuoso el Ministerio de Cultura con los investigadores del CSIC que estuvieron 10 años trabajando en la cueva, cuyo informe no ha querido hacerse público, y que fueron desplazados por otros, más proclives a hacer lo que los políticos quieren? ¿Y no lo fue su gobierno cuando en FITUR vendía en el stand de Cantabria la apertura de Altamira a todo trapo, aún antes de tener las conclusiones?

Por eso, cuando leo la nota de prensa con la “Postura Ministerio sobre Altamira“, no doy crédito a tanta desfachatez. Porque ahora resulta, dicen, que los trabajos últimos que, repito, han costado un millón de euros, no se destinaban para abrirlas sino para conocerlas mejor. Y es curioso que con el equipo de Gäel de Guichen igual las conocemos mejor, pero ha sido en el que ha realizado recientemente otro grupo de investigadores españoles donde se ha revelado que Altamira es un 20% más grande de lo que se pensaba, y eso sin llevarse ese dineral.

 

Los genios españoles se reúnen en la nueva mansión de la ciencia


ROSA M. TRISTÁN 

(Publicado en ESCUELA).

La sede madrileña del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ha abierto recientemente sus puertas en Alcobendas (Madrid). En el mismo espacio que antes ocupó CosmoCaixa, que sucumbió a la crisis económica. Hasta entonces, el Museo Nacional se ‘escondía’ en los aledaños de una antigua estación de tren en el centro de la capital. Era un museo desconocido, obsoleto, más un almacén de piezas de nuestra historia científica que otra cosa. Fuimos de los últimos países del entorno en tener una institución dedicada a nuestros investigadores, pero fue abrirlo y prácticamente abandonarlo… Ahora ha cambiado de sede en Madrid (tiene otra en La Coruña) y aunque se ha alejado, de la ciudad, lo que evidentemente no facilita las cosas, al menos se ha puesto al día.

Recientemente publiqué este reportaje sobre las nuevas instalaciones en ESCUELA, que comparto con vosotros sobre ese espacio donde los genios del pasado y el presente de este país se encuentran. Abajo, los links a los PDF.

Ahora si merece la pena una visita!

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Un ciervo paleolítico que emigró de Asia a Getafe y un yacimiento abandonado


Un neandertal, con un ciervo 'H. mediterraneus' al hombro, en Getafe. |ILUSTRACIÓN CEDIDA POR MAURICIO ANTÓN.

Un neandertal, con un ciervo ‘H. mediterraneus’ al hombro, en Getafe. |ILUSTRACIÓN CEDIDA POR MAURICIO ANTÓN.

ROSA M. TRISTÁN

Hace unos día se presentaba en el Museo Arqueológico de Madrid un ciervo paleolítico madrileño. Sus huesos, enterrados hace 84.000 años junto al cauce el Jarama, a su paso por Getafe, lucen recién restaurados en el Museo Arqueológico Regional de Madrid. Se trata de un ‘Haploidoceros mediterraneus‘, una especie asiática que llegó a Europa en dos oleadas, hace 300.000 y unos 100.000, según los expertos, y que ahora el director del Museo, el arqueólogo Enrique Baquedano, utiliza para que los estudiantes y el público sean conscientes de lo que supone el trabajo científico en un contexto arqueológico. El rico yacimiento donde se encontró lleva 10 años sin excavar por falta de fondos para su investigación.

IMG_7905La exposición no es de grandes dimensiones: una vitrina en la que lucen los fósiles, que suponen casi el 100% del esqueleto, lascas utilizadas por los humanos que vivían por la zona, una foto de la excavación, y dos fantásticas ilustraciones de Mauricio Antón en la que se puede ver a un neandertal cargando con uno de estos ciervos, de unos 120 kilos, echando la gota gorda.

El ciervo, que inaugura un espacio bautizado como El presente de la arqueología Madrileña en el museo, estará expuesto hasta octubre y Baquedano confía en que “despierte vocaciones  paleontológicas porque explica el descubrimiento, restauración y estudio”; por ello ha llamado la exposición con el nombre científico del cérvido.

Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional, en la presentación. |ROSA M. TRISTÁN

Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional, en la presentación. |ROSA M. TRISTÁN

El paleontólogo Jan van der Made, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y el tafónomo José Yravedra, profesor en la Universidad Complutense (al menos hasta febrero, que acaba su actual contrato) han sido  los responsables del estudio del cérvido, que desde que se encontró, en 2005, ya se adivinaba distinto a los conocidos en Europa. “Lo encontramos en una gravera, en Preresa, hace casi 10 años, cuando se puso en marcha un proyecto para buscar yacimientos en la Comunidad, pues se conocían los mismos desde los años 70”, recuerda Yravedra para este Laboratorio.

Eran otros tiempos. Cuando había dinero para estas cosas de la ciencia. El primer año en este lugar ya encontraron un posible uro en conexión anatómica y restos de un elefante ‘comidos’ por humanos, que publiqué en EL MUNDO. Al siguiente, en 2005, apareció el ‘Haploidoceros‘, que por entonces era el primero del continente. Años después se localizó otro en Cataluña y también restos en Francia que se acabaron publicando en una revista científica antes. “Nosotros aún no hemos publicado un artículo sobre este ejemplar, siendo el más completo, porque la mayor parte del equipo está en precario y hemos tenido que dejarlo para buscarnos la vida con otros trabajos”, apunta el arqueólogo Yravedra.

Afortunadamente Van der Made, especialista en macrofauna del CSIC, si pudo dedicarle tiempo y averiguó que sus extrañas astas tenían un pariente muy lejano: en Asia, de donde llegó en las dos oleadas mencionadas aprovechando un clima cálido. También averiguaron que vivía en zonas pantanosas y que su muerte fue natural, probablemente arrastrado por el río hasta quedar sepultado tal cual en un terreno limoso. Para su sopresa, carecía de marcas de corte hechas por herramientas de piedra, que sí había en otros animales en el mismo lugar. “Lo importante”, comentaba Baquedano, “no es sacar una pieza y punto, sino que se entienda el contexto en el que vivió y el proceso científico”.

Mauricio Antón y Jan Van Der Made, en la exposición. |@RosaTristán

Mauricio Antón y Jan Van Der Made, en la exposición. |@RosaTristán

Claro que de ese contexto hay muchas más preguntas pendientes que respuestas, asegura Yravedra, que participó en la excavación con sus responsables, Joaquín Panera y Susana Rubio.  “Sabemos que los humanos estuvieron allí y que comieron elefante, lo que no se ha visto en ningún otro lugar. También encontramos en Preresa el único diente de león que existe en Madrid, pero la investigación está parada fdesde hace una década; por desgracia, somos una generación en la que casi nadie tiene un contrato y si nadie paga, parece evidente que no podemos dedicarnos toda la vida a investigar gratis, aunque a menudo lo hacemos”, apunta el arqueólogo.

Yravedra ha sentido no poder ir a la inauguración, al estar dando clase, y haber aprovechado para pedir recursos  para reabrir este yacimeinto al director general de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, Fernando Carrión, que estuvo en la inauguración, en la que la que había muchas cámaras y fotógrafos. Podría interpretarse como interés por la ciencia, pero todo parece indicar que no es eso lo que llevó a Carrión a Alcalá de Henares, habida cuenta de que el dinero en esta comunidad ha ido para otros asuntos: candidaturas olímpicas, el proyecto retomado de la Ciudad de la Justicia, etcétera, etcétera.

Ahora bien. Que a un científico, cansado de que no le hagan caso desde las instituciones, no se le ocurra contar alguna noticia importante a un periodista sin foto de por medio, porque entonces le montan ‘la de San Quintín’ .

 

 

 

 

 

Campaña de cerebros científicos ‘fugados’: “Yo soy leyenda urbana”


 

Leyenda

ROSA M. TRISTÁN

De nuevo los científicos del CSIC recurren a la plataforma CHANGE.ORG para intentar salvar la institución científica más grande del país. Si en julio de 2013 lograron casi 300.000 firmas para evitar el colapso del Consejo, al que se le había dejado con un presupuesto irrisorio (tanto que tuvo que ser ‘rescatado’ con una inyección de dinero) y en marzo de 2014 lanzaban otra campaña para evitar el cierre del Observatorio El Calar Alto, ahora vuelven con una nueva petición bajo el título: NO A LA DISCRIMINACIÓN DE TRABAJADORES EN EL CSIC. Además, la
Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España acaba de lanzar la campaña: “Yo también soy una leyenda urbana”, en relación con las declaraciones del presidente del CSIC sobre la fuga de cerebros.

 

csic

Para empezar, la denuncia surge del autodenominado grupo de los Afectados Bolsa de Empleo CSIC,  tras conocer que éste quiere dar un giro al sentido de esta Bolsa, en la que se encuentran los profesionales a los que se les acaban los contratos, por obra o por servicio, y que hasta ahora volvían a ‘engancharse’ cuando había una oferta. En adelante, se pretende prohibir esta posibilidad a quienes hayan estado contratados durante más de dos años en los últimos 30 meses. Sólo podrán acceder a un nuevo contrato en el mismo lugar una vez que hayan transcurrido cuatro meses desde que dejaron su puesto.

Según Comiones Obreras e IU, que ha hecho público un comunicado, esta medida vulnera los derechos recogidos en el Estatuto Básico del Empleado Público (Artículos 55.1 y 55.2 del EBEP) y tiene su origen en las sentencias que han ganado unas 280 personas que encadenaban contratos y a la que se ha reconocido como personal indefinido no fijo en el CSIC. Un desastre vamos. Un trabajo fijo. Dónde vamos a parar…

Jordi Bascompte, del CSIC. |CSIC

Jordi Bascompte, del CSIC. |CSIC

La realidad es que en la actualidad hasta el 38% del personal de esta institución está contratado, y dado que no se convocan prácticamente plazas, que los mayores se jubilan, que algunos de los que si tienen plaza se están yendo porque en otros países tienen más dinero para investigar y que becas hay muy pocas, la única posibilidad de sacar adelante muchos proyectos es contratar, y a ser posible al personal más cualificado y que conoce mejor un área de investigación determinada. “Son estos contratos los que han permitido a los grupos funcionar, crecer y seguir formando científicos y técnicos”, aseguran en su comunicado.

La petición de Change.org, con la que piden apoyo ciudadano, la dirigen al presidente del Consejo, Emilio Lora-Tamayo quien, como señalaba, durante la celebración del 75 aniversario de esta institución señaló que la fuga de cerebros en España “es una leyenda urbana”,  declaraciones que no sentaron nada bien en la comunidad científica. Tanto es así que ha dado origen a la campaña de la Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España (AACTE), en la que piden a los científicos que trabajan en el extranjero que se hagan una foto con el cartel que encabeza este artículo y lo envíen a un email  (aactes@gmail.com) con el nombre, especialidad y centro de trabajo.

 

Uno de los que se podrían hacer la foto con el cartel es el Premio Nacional de Investigación Jordi Bascompte, que denunciaba en EL PAIS, la descapitalizaciòn del CSIC a la que está llevando la falta de medios y una burocracia que poco casa con la ciencia. Y es que este ecólogo, al que entrevisté para el Anuario de Caja Burgos hace algún tiempo, y que logró 1,7 millones de fondos europeos para su proyecto, es uno de los protagonistas de esa ‘leyenda urbana’, pues es un cerebro que se va a la Universidad de Zurich (Suiza), porque aquí no puede trabajar. Y porque, según explica en este artículo, en este país ara contratar a un joven de la Universidad de Oxford (la sexta más prestigiosa del mundo) tiene que esperar meses de trámites, total para que al final concluyan que no tiene convalidada su carrera. De traca, pues en ese mismo ránking la primera universidad española ocupa el puesto 177. Y añade que, además, le obligan a especificar cada una de las funciones que va a desempeñar ese joven investigador, no sea que un día se le ocurra encargarle algo que no le corresponde y haya una demanda de las que ponen de uñas al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Carlos Andradas, en un acto por la ciencia.@RosaTristán

Carlos Andradas, en un acto por la ciencia.@RosaTristán

Pero es que la situación del Consejo no mejorará tampoco en 2015, a tenor de los presupuestos previstos. El Pacto por la Ciencia, firmado hace ahora un año, sigue siendo el acuerdo al que se agarran los investigadores para tratar de regresar al pasado, al 2009.  Pero, ay, no lo firmó el PP. Carlos Andradas, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) me decía en una reciente manifestación por la ciencia: “En ese acuerdo queríamos recuperar las inversiones de ese año, pero a lo largo de cuatro años, queríamos que hubiera un plan en el capítulo de subvenciones, que es lo que realmente financia la ciencia pública, los OPIS como el CSIC, la investigación en las universidades. En este país, hemos perdido 1.800 millones de euros en cinco años. Y se podrían recuperar, a razón de unos 400 millones por año si, como nos dicen, la economía comienza a crecer, y, como nos dicen también, hay que apostar por el I+D. Pero los presupuestos para 2015 han sido una gran decepción. Se dijo que se iba a hacer esa apuesta en cuanto se pudiera, y resulta que las subvenciones son menos que en 2014. Si estos son presupuestos de consolidación de la recuperación, pues la apuesta por la I+D de este gobierno es muy pobre”.

Con este panorama, parece que la única alternativa que queda a los investigadores españoles es irse o reclamar en plataformas públicas y conseguir fondos por sistemas de donación pública como el crowfunding. Una de esta plataformas para conseguir medios, Precipita, ha sido lanzada, precisamente, desde una Fundación pública, la FECYT, que depende la Secretaria de Estado de I+D+i. Vamos, que el Gobierno pide a los ciudadanos un compromiso que sus representantes no tienen. Y la verdad, por el éxito que suelen tener estos métodos, responden mejor los segundos que el primero, y que la inmensa mayoría de los empresarios. Ah, que esos también se lo están llevando fuera…

 

 

 

Mujeres negras en batas blancas: la ciencia en África


La científica congoleña Thérese Kirongozi. |AFP Getty

La científica congoleña Thérese Kirongozi. |AFP Getty

ROSA M. TRISTÁN

África, el continente de la miseria, del expolio y los virus más mortíferos, es también un espacio de crecimiento, de nuevas artes en ebullición, de diseño, y de ciencia. Y eso es lo que quieren descubrir, a quienes solo ven su lado oscuro, en la Fundación Mujeres por África, presidida por María Teresa Fernández de la Vega.  Hacia esa cara luminosa del progreso se dirige su último proyecto: “Ellas investigan”. Y ‘ellas’ son mujeres negras con batas blancas. Astrofísicas, genetistas, expertas en robótica, biomédicas… Africanas que, sin salir de sus países, andan metidas en precarios laboratorios de los que salen hallazgos que ayudan a mejorar la vida subcontinente.  Mujeres negras en batas blancas que saben muy bien qué es lo más urgente y necesario para los africanos.

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Ciencia en España: cada día más vieja y más pobre


 

Manifestación por la ciencia. |ROSA M. TRISTÁN

Manifestación por la ciencia. |ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Ayer, una amiga expresaba su indignación porque su sobrino, una joven promesa de la Biología, cogía por la tarde un avión con destino a Suecia. Apenas unas horas antes, otra se quejaba de que su hijo, que se llevó el Premio Nacional de Jóvenes Investigadores con 14 años, lleva ya un año viviendo en Suiza, y casi no le ve…Una tercera me recomendaba ver el documental ‘En tierra extraña’ de Iciar Bollaín, porque resulta que muchos de esos guantes desparejados que aparecen oerdidos en Escocia, en Australia o en Berlín son ingenieros, químicos, licenciados en ciencias ambientales…

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