Antonio Quesada (Comité Polar): España en el reto geoestratégico del Ártico (entrevista)


ROSA M. TRISTÁN

El biólogo Antonio Quesada ha sido nombrado, recientemente, secretario técnico del Comité Polar Español, máximo responsable ejecutivo de un organismo poco conocido pero en cuyas manos está la presencia de España en los territorios polares del Ártico y la Antártida. Llega a este puesto tras encargarse durante los últimos años del Programa Polar, subdirección desde la que se coordinan los proyectos científicos. Ahora, desde su nuevo puesto quiere dar un impulso a la actividad polar española, especialmente en el Ártico, una zona que considera que está en una situación “muy peligrosa” desde el punto de vista de la política geoestratégica mundial.

¿Qué es exactamente el Comité Polar Español?

Es un organismo que depende administrativamente del Ministerio de Economía y Hacienda pero del que forman parte el de Exteriores, Defensa, Medio Ambiente y también la Armada, el Ejército de Tierra, el CSIC, la Unidad de Tecnología Marina (UTM), el IGME, del que depende el Centro Nacional de Datos Polares, el IEO. La presidenta es la secretaria de Estado Carmen Vela, si bien ejerce Marina Villegas, directora de la Agencia Estatal de Investigación. Todos sus miembros se reunían dos veces al año, pero desde ahora lo hará cuatro porque hay mucho trabajo ejecutivo que hacer. El Comité coordina toda la actividad polar española, en tres partes: la ciencia, la logística y la legislación. Es un organismo técnico, aunque tiene influencia política, sobre todo a nivel internacional. Somos miembros como observadores del Arctic Council (https://www.arctic-council.org/index.php/en/), el organismo del que forman parte todos los países árticos para promover su cooperación y coordinación en esta zona polar. Y para mantener ese status no sólo hay que hacer una ciencia de calidad, sino tener presencia. No se trata de tener infraestructuras en el Ártico, como las bases que tenemos en la Antártida, sino de llegar a acuerdos con otros países para que nuestros científicos puedan utilizar las suyas y estar presentes en foros internacionales. Estamos ya preparando acuerdos con Canadá, Noruega y Japón.

¿Y su papel en la Antártida?

España es miembro del Tratado Antártico y tenemos dos bases allí: la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla. El Comité Polar es el responsable de dar los permisos para que funcionen, de los protocolos que deben seguir. En general, de hacer que se cumpla la ley e informar al sistema antártico, especialmente en todo lo que se refiere al impacto ambiental. También coordinamos las inversiones en las infraestructuras. Ahora, por ejemplo, en la base Gabriel de Castilla hay que arreglar un módulo científico que está en muy malas condiciones. El Comité lo comunica al Ejército, que es quien lleva la gestión, a la UTM y a las instituciones deben poner el dinero. Y lo mismo en cuanto a los buques. Necesitamos dos: un nuevo buque oceanográfico como el Hespérides, que en unos años cumplirá su vida útil, y otro para la logística, como el que hubo que jubilar (Las Palmas). El Hespérides es un buque muy caro y debes ser utilizado para hacer ciencia, no funciones de taxi. Estoy contento porque la comisión de trabajo sobre este tema va para adelante.

¿Cree que el Comité requiere un cambio respecto a lo que ha venido siendo?

Ha funcionado, pero ahora quiero que sea más participativo. Antes el secretario técnico, que además no vivía en Madrid, se tenía que encargar de todo y creo que es preciso crear un comité de gestión, otro ejecutivo… Implicar a más miembros, más allá de las reuniones. Veo que hay interés en mejorarlo y en destinar recursos para que los técnicos y profesionales que trabajan para este organismo lo vean remunerado, no puede ser algo altruista, como hasta ahora porque hasta ahora no hemos tenido ningún presupuesto. Así es difícil mantener el nivel que deseo, para el que requiero colaboradores cuyo trabajo se reconozca. También es importante mejorar la difusión de nuestras actividades y crear un Observatorio Antártico Español.

¿Considera que la ciencia polar española se difunde lo suficiente?

Creo que es una de las actividades científicas que más difusión tienen. No obstante, quiero aclarar que el Comité Polar no se encarga de los proyectos científicos. Eso depende del Programa Polar, que tiene su gestor, justo el puesto que antes ocupaba yo. Es ahí donde se envían las propuestas científicas y se evalúa en paneles su calidad, las posibilidades logísticas para realizarlas y su legalidad. Nadie puede ser autorizado a cazar ballenas aunque sea para investigar, por ejemplo. En general, son para la Antártida pero este año ha habido dos solicitudes para el Ártico, así que si se aprueban, el Comité si deberá buscar colaboraciones con otros países que tienen allí instalaciones. Cada año, el Programa, en función del dinero que hay disponible, aprueba más o menos proyectos, pero el Comité no entra en ello, sólo en que el trabajo se desempeñe como debe hacerlo.

Existen unas directrices sobre los objetivos del Comité Polar que hablan de promover la investigación, del seguimiento de las pesquerías, de que la presencia polar sea asunto de Estado. ¿Cuál es su importancia real?

Es un documento que comenzó a trabajarse hace dos años porque no había nada al respecto. Y ha despertado el debate, porque son solo directrices cuando algunos esperaban más. En realidad, no tenemos una estrategia científica polar, algo que me hubiera gustado diseñar con todos los científicos polares españoles, de abajo a arriba. Ahora es un trabajo que depende de mi sucesor en el Programa. Pero estas directrices son importantes y quiero llevarlas a Comisión Parlamentaria para que la estudien, hagan enmiendas y se apruebe. Es el modo de que no dependan de un gobierno y puedan perdurar.

El Comité controla pero ¿quién castiga los delitos en la Antártida?

Nosotros tenemos que salvaguardar que se cumple el Tratado Antártico al que España se adhirió en 1988, pero lo que ocurre es que 30 años después aún no se ha desarrollado en Ley, como debiera. A veces detectamos veleros que atracan sin permiso. Si son de otros países, lo comunicamos al Sistema del Tratado y si no hacen caso o reinciden, pasan a una lista negra. En algunos países, hay penas de cárcel. Pero en España la falta de ley complica la situación.

Mencionaba antes un Observatorio Antártico Español ¿En qué consistirá?

Forma parte de la mejora de la comunicación. Tenemos mucha información que difundir. Llevamos 30 años recogiendo datos en la Antártida, series temporales para las que es difícil conseguir fondos porque generan impacto científico a muy largo plazo, pero que son importantes. Tenemos series de geomagnetismo, geodesia, permafrost y vulcanismo. Me gustaría que todos estos datos estuvieran en un canal, un Observatorio Antártico Español. También es importante la información de vulcanología, pues estamos en una isla antártica, Isla Decepción, donde hay un volcán con actividad. Del Comité Polar depende el ‘semáforo’ que dice cuando se puede ir o no. Ahora es un servicio que realizan los vulcanólogos que van a la Antártida con sus proyectos. Cuando barcos de otros países quieren acceder, llaman y preguntan, pero sería bueno que ese semáforo estuviera disponible como servicio oficial y que se pagara a alguien por mantenerlo. Luego está la divulgación a la sociedad, que debemos mejorarla.

¿Cómo de grande es la comunidad científica polar española?

Cada año van unos 80 científicos a la Antártida y en total seremos unos 200. No es fácil serlo porque para que se apruebe un proyecto hay que tener una buena memoria técnica, presupuesto y hasta siete documentos más, lo que es complejo para los nuevos. Pero es bueno que los haya. En el Ártico somos menos. El Hespérides no puede hacer largas distancias durante seis meses, así que no puede viajar en el verano boreal. Otro problema es que los científicos sólo pueden dirigir un proyecto financiado por el Plan Nacional y si lo tienen en la Antártida no pueden tenerlo en el Ártico, salvo que haya financiación internacional.

Apuntaba antes que hay que estar en el Ártico ¿Cómo ve la situación en esa compleja zona del planeta?

Está cambiando mucho. Ahora los caladeros de pesca están más al norte y en todo el Ártico sólo hay dos pequeños pedazos que son aguas internacionales, y que reclaman Rusia y Noruega. Si se abre con el deshielo el Paso del Nordeste, el transporte entre Asia y Europa llevará menos tiempo y combustible que ahora por el Canal de Suez y el Mediterráneo. Eso nos afecta directamente. Y Rusia ya está haciendo puertos, aunque aún el riesgo para la navegación es alto. Es preocupante. En 2016, Obama convocó una reunión mundial para un Tratado Ártico, para que fuera un lugar para la ciencia y la paz. Este verano, la comisaria de la UE Federica Mogherini reconocía que el problema del Ártico es de seguridad. Es una ‘patata caliente’, con una situación peligrosa. Por ello es importante desde la ‘diplomacia científica’ hacer lo que podamos. A veces la ciencia ayuda a relajar tensiones y abrir puertas y en el Comité Polar Español sabemos que es parte de trabajo.

¿Cómo será la próxima campaña antártica?

Está previsto realizar dos campañas oceanográficas y que vayan 20 proyectos. Esperemos que el Hespérides salga en Noviembre porque tarda un mes en llegar y, así, comenzar hacia el 8 de Diciembre hasta marzo.

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La ciencia, hermana pobre: no llega ni ‘su’ dinero


ROSA M. TRISTÁN

En la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España), que representa a unos 80.000 investigadores de todo el país, no acaban de ver por ningún lado la cacareada recuperación económica en España (aunque estos días anda en caída libre), al menos en lo que se refiere a la ciencia. Es más, la ven en unos números rojos cada vez más altos, creciendo al mismo ritmo que las grúas-torre en las costas. Esos números rojos son los 20.000 millones de euros que tiene de déficit el sistema científico español. Pero es que, además, constatan un desinterés profundo de los políticos respecto a la realidad que se vive en los laboratorios. “Antes nos veíamos con algunos políticos cuando se planteaba la negociación de los presupuestos, aunque no nos hacían mucho caso. Ahora ni eso”, reconocen.

LINK a “Informe COSCE PGE 2017”

(sigue)

La lista de agravios contra la investigación y el desarrollo de los gobernantes tiene tantos puntos negros que la presentación de su último informe sobre los Presupuestos Generales del Estado 2017 es como un pozo sin fondo. Entre todos los datos, llama la atención que un seis de cada 10 euros públicos (el 61,7%) destinados a la ciencia no se hayan gastado en 2016. Pareciera que los científicos no necesitan dinero. Sin embargo, resulta que un año más (porque esto viene de lejos) la mayoría de los fondos presupuestados eran créditos (en concreto, el 60%) y el minoritario resto son las subvenciones (2.612,11 M€), que son las que realmente utilizan los investigadores. Ahora bien, también sorprende mucho que un 18% de esas subvenciones se quedara en las arcas del Estado (230 millones), cuando tan bien habrían venido a los investigadores. ¿Cómo es posible? Pues porque el año presupuestario 2016  lo cerró el ministro Montoro en  julio, dejando a muchos científicos en la estacada.

El informe también entra en el asunto de si las cifras confirman que la “ciencia es una prioridad” . Si partimos de que el dinero total disponible es de 6.513,7 millones y de que sólo ha habido para este año 84,18 más que el anterior (un 1,3%) es fácil de entender su desesperación. Ese aumento es menos que la inflación prevista (1,9%), por lo que en realidad no es un aumento sino una disminución. “Es otro año perdido”, señalaba José de Nó, tras mostrar una sucesión de gráficos en las que se veían en caída los recursos públicos.

Pero no sólo los proyectos tienen menos, sino que los organismos públicos de investigación (OPIS) también han sufrido recortes. El que más el INIA, de un 32%, pero también el Instituto Español de Oceanografía (un 7%), el IGME (un 4,1%), el Ciemat (un 2,7%)… y otros muchos aparentemente se han quedado como estaban en 2016, lo que quiere decir que también pierden. Crecer en fondo, no crecen en ninguno. Sin ir más lejos, el CSIC, que representa casi la mitad de todos, vió desaparecer este año casi 6 millones de euros (un 0,95%) de su ya escuálida cuenta presupuestaria.

Más allá  de las funestas cifras, COSCE no oculta el desencanto con la ansiada Agencia Estatal de Investigación, que iba a librar a la ciencia de una burocracia con la que casa tan mal la ciencia y la innovación. De momento, parece que no es ese su objetivo. Las sociedades científicas denuncian que el organismo, cuya función es gestionar los fondos y paliar los trámites administrativos al sistema, se ha quedado en  “una sección más de la Administración, con las mismas limitaciones que otros órganos administrativos”. Total, la ciencia sigue como estaba. “El problema es que ni siquiera se detalla cuánto del presupuesto va a gestión de esa agencia y cuánto es para proyectos. Y seguimos sometiendo a la investigación a plazos que van de año en año, sin contar con que hay proyectos financiados a varios años. Si la agencia no sirve y sigue el descontrol, entonces mal vamos”, reconocía otro de los autores del informe en su presentación, José Molero.

La preocupación se extiende al ámbito de la formación de investigadores. “Realmente, no hay forma de saber el presupuesto que se destina a este asunto. En cuanto a la formación de profesorado universitario (FPU) si vemos una caída del 2,2% , que aún es más grave si echamos la vista atrás y vemos de donde venimos”, señalaban los representantes de COSCE tras poner otro gráfico. En él se veía como la formación  de investigadores dispone hoy de  23,46 M€ menos que en 2011. “Tendríamos que recordar que es ahí donde está el futuro del país si queremos ser competitivos. Y también poner mecanismos para atraer a científicos que están fuera y “para contratar a investigadores punteros, pero no es así”, reconocía Molero. “Para solucionar este panorama sería necesario que los presupuestos crecieran al año un 5%, que no es tanto si pensamos que la media del PIB destinado en la OCDE es del 3%”, concluía.

Entre las soluciones, desde COSCE siguen apostando por un pacto por la ciencia, como aquel que se quiso firmar en 2013 y al que no se apuntó el PP, para que se saque a la ciencia del enfrentamiento político. Pero para ello hay que tener políticos que sepan algo de ciencia y de la gestión que lleva detrás, y eso de momento si que es ‘ciencia-ficción’ a tenor de los resultados. Por ello, otra propuesta es que en el Parlamento y en el Gobierno haya asesores científicos, al estilo del que tuvo Barak Obama (seguramente despedido por Trump) y del que tienen otros muchos dirigentes europeos. “España no asiste a foros internacionales porque no tiene esa figura que sería muy necesaria. Nosotros no queremos que los partidos pongan ideología y utilicen la ciencia para enfrentarse, como ocurre a veces, sino de que dispongan soluciones para que ésta avance en nuestro país”, apuntan.

De momento, todo indica que no les tienen en cuenta ni para aquello que les afecta.

 

 

 

 

 

Becas National Geographic, ayuda a la ciencia sin burocracia


ROSA M. TRISTÁN

Hace unos días visitaba España David Schacht, vicepresidente de la National Geographic Society y quien desarrolla las estrategias de futuro de una institución que tiene ya 129 años de historia y que está relacionada con todo aquello que tiene que ver con la exploración y la ciencia en el amplio sentido de la palabra. En ese tiempo, nos contó Schacht a un grupo de periodistas, National Geographic ha otorgado 12.500 becas para diferentes investigaciones. “La premisa para conseguirlas es que nos presentes ideas transformadoras y audaces, que sirvan para un mejor entendimiento del mundo y que supongan avances hacia los desafíos que tenemos para conseguir un planeta más sostenible”, explicaba.

Todo aquello que tenga que ver con el cambio del planeta, el viaje humano y la vida salvaje es susceptible de conseguir unos fondos que están disponibles a lo largo de todo el año (cuatro veces al año un tribunal revisa los proyectos recibidos y se seleccionan) y, de hecho, en España 122 proyectos los han conseguido a lo largo de la historia, 13 de ellos en los últimos cinco años (por valor de 1,7 millone de euros).

Schacht también nos contó que hay ayudas de tres tipos (para estudiantes, las llamadas ‘standard’ de unos 30.000 dólares al año, y las de ‘repuesta rápida’ , de unos 15.000 dólares, destinadas a catástrofes naturales. Eso si, si National Geographic puede pedir que los exploradore y científicos se conviertan a cambio en reporteros y fotógrafos para que sus trabajos lleguen al público a través de su revista, que tiene 750 millones de seguidores en 130 países. De hecho, me encuentro entre ellos, y es la única publicación, junto con Quercus, que he guardado durante años acumulando polvo en las estanterías.

Pero lo que más me llamó la atención son las diferencias entre la forma de conseguir una ayuda para la investigación en Estados Unidos y en España. Para explicarlo, reunieron a cuatro españoles que han conseguido una de estas ‘golosas’ becas.

Una de ellas es la geóloga Soledad Domingo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), a la que conocí hace algún tiempo, cuando visité el yacimiento de Cerro Batallones, en Torrejón de Velasco (Madrid), un lugar que fue África en Madrid, como podéis leer en ese reportaje. “Conseguí la beca en 2016 para estudiar cómo se había formado este yacimiento. Lo mejor de todo fue que pude ir adaptando aquello para lo que había pedido el dinero a medida que surgían nuevos hallazgos y necesidades. Eso es algo que en España es imposible. Ellos, sin embargo, adaptaban la burocracia a la ciencia, y no al contrario”, comentaba Domingo.

Yacimiento Cerro Batallones. @RosaTristán

Curiosamente, otra de las becadas fue su hermana Laura Domingo, también geóloga del CSIC, en su caso para el estudo de un yacimiento argentino de hace entre 18.000 y 10.000 años. “Es un lugar con un gran registro fósil y se trataba de entender cómo fue la invasión de especies de Norteamérica a Suramérica, incluida la especie humana.

También el biólogo David Velázquez, de la Universidad Autónoma de Madrid, consiguió ser seleccionado con un proyecto polar que dirige Antonio Quesada: el estudio de las comunidades microbianas en las zonas polares, tanto el Ártico como la Antártida. Gracias al dinero de National Geographic, en 2012 pudo viajar a Resolute Bay y otros puntos del Ártico en un helicóptero, único modo de transporte posible para su trabajo. “Ahora estamos pensando presentar un nuevo proyecto para desarrollarlo en una expedición a la Antártida en 2018 con el Trineo de Viento que ha diseñado el explorador Ramón Larramendi. De hecho, ya colaboramos en la expedición Río de Hielo Groenlandia 2017 y queremos seguir adelante”.

El cuarto proyecto español seleccionado, entre el 10% de los más de 5.000 que se presentan al año, del que nos hablaron fue el de la ingeniera de Montes Reyes Alejano, que es capaz extraer información de la madera de gran utilidad para la historia. En este caso, su proyecto consistía en averiguar lo acontecido en la ribera del Guadalquivir estudiando la madera utilizada en edificios antiguos, dado que nos hemos cargado buena parte de los bosques antiguos. Alejano descubrió, por ejemplo, que había inmuebles en Sevilla construidos con madera del Báltico, lo que da idea de las rutas comerciales en la zona.

Después de este encuentro, me puse a pensar a qué institución nacional puede acudir un científico español para pedir este tipo de ayuda o beca, en competencia con otros colegas y en una cantidad suficiente para llevarla a cabo, y a la vez que la sociedad se entere de ello. Y, la verdad, es que no se me ocurre ninguna. Aquí los proyectos científicos innovadores, rompedores o de exploración lo tienen crudo. Pueden intentar conseguir patrocinios de empresas (y en ello están muchos científicos del CSIC), que  los apoyarán si tienes intereses especiales en el sector o en el país concreto donde se desarrollen -hay que quedar bien con el país anfitrión, que la ciencia ya es otro asunto-, pero la verdad es que, como no se trata de  fútbol, motos, coches o tenis, lo tienen ‘crudo’; pueden intentar conseguir alguna de las escasas ayudas públicas, y si son demasiado innovadores y no tienen una institución detrás, también lo tienen ‘crudo’; y pueden buscar fondos en el extranjero, con el riesgo de que proyecto y emprendedor, explorador o científico se vayan detrás del dinero que le permitirá seguir trabajando.

Es lo que hay.

“Deben buscarse a las mujeres en los libros escolares, recuperarlas del olvido”


Las autoras en la Residencia de Estudiantes. @ROSA TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

PUBLICADO EN ‘Periódico ESCUELA’)

La catedrática y filósofa Eulalia Pérez Sedeño y la profesora de Psicología Silvia García Dauder llevan décadas detrás del estudio del papel de las mujeres en la sociedad española. Ahora, han decidido poner sobre la mesa las falsedades que rodean a las mujeres en la historia de la ciencia; quieren visibilizar un sesgo que va desde los libros de texto a las investigaciones más punteras.

De todo ello hablan en un último libro que firman conjuntamente: “Las mentiras científicas sobre las mujeres”, editado por Catarata después de tres largos años de trabajo. Nos citamos en la emblemática Residencia de Estudiantes, lugar de encuentro desde hace más de un siglo del conocimiento y ligada, en su versión femenina, Residencia de Señoritas, a nombres tan emblemáticos como los de Victoria Kent, María Zambrano, Gabriela Mistral o Clara Campoamor.

Ambas llevan muchos tiempo investigando el ámbito de la ciencia y las mujeres ¿qué ha cambiado en estas últimas décadas?

Eulalia Pérez Sedeño: A nivel sociológico sí ha cambiado, ya que ahora hay muchas más mujeres en la investigación y también más conciencia de que existe desigualdad en este campo, pero estamos igual respecto a la idea de que la ciencia es una institución meritocrática en la que los sesgos de género no tienen cabida, de que los contenidos científicos son puros, sin valores, y no es cierto: sí que los hay.

Silvia García Dauder: Digamos que no hay un avance lineal, sino avances y retrocesos. A menudo, en seminarios que imparto de Psicología invito al alumnado a buscar nombres de mujeres en los manuales y enseguida se dan cuenta de que no hay ni una, aun siendo una profesión muy feminizada. Es un ejercicio que debería hacerse también en los institutos y colegios porque un grave problema es la invisibilización. La costumbre de hacer manuales que repiten lo mismo que los anteriores impide que las mujeres salgan a la luz.

EPS: Y es algo que pasa en casi todas disciplinas. En Física, en Química, en Historia de la Ciencia… Y, si, también en los textos escolares. Hace años se hizo un estudio y se demostró que las mujeres son casi invisibles en lo que se enseña. Más recientemente, se repitió este trabajo por un grupo de la Universidad de Salamanca y aparecemos algo más, pero siempre en segundo plano. En el fondo, es un problema que se muerde la cola, porque la transformación hacia la igualdad debe empezar desde la infancia. El mes pasado, un estudio publicado en Science, realizado con niños y niñas, concluyó que a los 5 años ambos sexos se ven igual de brillantes, pero a los 6 y los 7 las niñas ya no se consideraban brillantes como sus compañeros, sino trabajadoras. Recuerdo que en los 80, había unos programas del Ministerio de Educación en los que las investigadoras íbamos a los centros de formación del profesorado para hablar de estas cuestiones. Tuve experiencias buenas, y también desagradables con algunos docentes muy machistas, pero desde hace 30 años no los hay.

SGD. A los alumnos de primero en mi universidad [la Rey Juan Carlos], recién aterrizados de los institutos, a veces les he pedido que pusieran en un cartel alguien conocido de la Filosofía, de la Psicología y alguien de quien se desconoce la profesión. En el primer y segundo caso siempre me describen a un varón mayor, barbudo y blanco; en Medicina, a veces alguna mujer; pero en alguien sin profesión siempre dibujan una mujer joven. Y eso que en Psicología ellas son el 90%. Pero esos hombres son sus modelos de referencia, la autoridad. Es algo que influye en sus aspiraciones personales.

EPS: Curiosamente, yo a los docentes también les mostraba un ejercicio para hacer con los alumnos, que consistía en dibujar una persona dedicada a la ciencia. Luego me los enviaban y la mayoría dibujaba a un científico loco, como el de Regreso al futuro. En una ocasión, una niña dibujó una científica ¡que había inventado una máquina que la volvía guapa! Entraba desastrada y salía como una princesa. Esos son los imaginarios con los que crecen. Pese a ello, va aumentando el número de mujeres dedicadas a la investigación. Aunque luego se encuentren con un “techo de cristal” que les impida alcanzar puestos de dirección.

EPS: Esa presencia está aumentando en carreras femeninas, de cuidados: Medicina, Biomedicina, Tecnología de Alimentos, Químicas… pero en ingenierías no. Y hay casos curiosos, como el de Informática. Mientras fue Licenciatura Informática se matricularon bastantes alumnas, en torno al 40%, y desde que pasó a denominarse Ingeniería Informática han bajado y ahora son en torno al 12%. Sólo por cambiar el nombre, porque una ingeniería es cosa de chicos.

En el libro mencionan investigaciones que se han hecho y concluyen que las mujeres no están capacitadas para las Matemáticas o las ciencias ¿Qué hay de cierto?

EPS: No es verdad. Demostramos en el libro que son estudios muy concretos. El SAT [examen de admisión universitaria] de Estados Unidos, por ejemplo, es una prueba muy específica. Y los informes PISA demuestran que hay diferencias en determinadas pruebas de Matemáticas, pero no en la resolución de problemas científicos. También es cierto que en países como Corea del Sur o Finlandia estas diferencias han desaparecido, lo cual nos dice que las pruebas, más que las capacidades innatas, miden cómo se enseñan las Matemáticas.

SGD: Y es difícil distinguir capacidad de motivación. También hay un estudio reciente que revela que las chicas juegan mejor al ajedrez cuando no saben el sexo de su contrincante que cuando conocen que es un varón, y es por la amenaza del estereotipo. Si te motivan a estudiar unas asignaturas, congruentes con tu identidad de género, tendrás más capacidad en ellas. Y tendrás menos en otras que te dicen que son complicadas para ti.

¿El cerebro es exactamente igual en ambos sexos?

EPS: No es exactamente igual, pero ello no quiere decir que haya diferencias innatas en aptitudes y comportamientos. De hecho, hay más diferencias entre unas mujeres y otras, o entre unos hombres y otros, que entre hombres y mujeres. Hoy sabemos, gracias a otra reciente investigación, que cerebros masculinos 100% y femeninos 100% son los menos y que el resto es cuestión de grado.

SGD: Además, no hay que olvidar que el cerebro es flexible y que las diferencias no tienen por qué ser fijas para siempre. Por ello, es intolerable que el presidente de la Universidad de Harvard dijera hace unos pocos años que era absurdo invertir en formar mujeres en Matemáticas si iba a ser mediocres; aunque así fuera, más habría que invertir porque la resistencia al cambio no es biológica, es psicosocial y depende de las sinergias que se van generando en el entorno.

En el libro mencionan casos de grandes científicas cuyos trabajos han quedado ocultos. El “efecto Matilda” . ¿En qué consiste y cómo afecta?

EPS: En realidad tocamos pocos casos para los que hay. El ‘efecto Matilda” surge a raíz de que el sociólogo Robert Merton, en los años 60, identificara como un mecanismo positivo que cuando hay descubrimientos simultáneos de dos personas, es lógico que se le reconozca más a la persona con más prestigio. Lo llamó “efecto Mateo”, por un versículo del Evangelio Mateo que dice: ‘al que más tiene, más se le dará”. En contrapartida, Margaret Rossi identificó el “efecto Matilda”, nombre de una sufragista del siglo XIX, fijándose en la segunda parte del proverbio: ‘y al que menos tiene, se le quitará hasta lo poco que tiene”. Y es lo que pasa con las mujeres. El caso más famoso es el de Rosalind Franklin, a la que robaron el hallazgo del ADN, pero hay muchísimos en todos los campos.

¿Y ese “efecto Matilda” sigue vivo?

EPS: Por supuesto. El año pasado la astrofísica Jocelyne Bell vino a España y nos contó que encontró los púlsares cuando hacía su tesis doctoral, pero el Nobel se lo dieron a su director de tesis, Antony Hewish. Para ella, ni una mención. Ella informaba a su profesor de lo que veía y él le decía ¡que las mediciones estaban mal! En realidad, Bell llevaba bien ese ocultamiento. Es lo que llamamos el ‘síndrome de las hojas verdes”, es decir, mejor dejar lo que se puede conseguir. Yo he entrevistado a brillantes profesoras de Universidad que dicen que no merece la pena aspirar a ser catedráticas, pero escarbas y descubres que no lo hacen porque lo tienen difícil. Es un mecanismo de defensa.

SGD: Defender que si no hay negros o mujeres en la ciencia es por falta de méritos es un mito. Hay que ser conscientes de que no partimos de lo mismo y sin políticas que compensen las desigualdades, no hay solución.

EPS: A las mujeres que me dicen: “Yo no quiero estar en esa comisión por ser mujer, sino por lo que valgo”, les digo que si no están es precisamente por serlo. Por ello defiendo las cuotas, que nos ayudarán a llegar a un nivel adecuado.

Ese sesgo masculino de la ciencia, comentáis que incluso afecta a la salud.

SGD: Efectivamente. Si las mujeres no son sujeto de conocimiento, tampoco lo son de estudio, así que siempre lo ha sido el cuerpo de un hombre. Y si luego algo diferente ocurría en el de la mujer, se infravaloraba. No se utilizaba a mujeres en ensayos clínicos, ni se estudiaban los efectos de los fármacos en ellas. En salud mental incluso se han utilizado teorías sexistas para probar la inferioridad de las mujeres. Con más científicas, habría habido otro punto de vista.

EPS: Además, la salud de las mujeres se ha centrado en los aspectos reproductivos, que era lo considerado importante. Por el contrario, sabemos poco de la menstruación o la menopausia.

¿Qué recomendaciones harían a los docentes a la hora de tratar estos temas?

EPS: En general que traten igual a todos, porque hay una tendencia a educar de forma diferente a niños y niñas. Y que lean el libro, que es un comienzo a abrirse a otra perspectiva. No es sólo que no haya mujeres en los libros, sino que ni el profesorado ni el alumnado son conscientes de que no están. Que las busquen, que sean conscientes de su ausencia y las rescaten del olvido.

¿Y qué papel tienen las instituciones, el Ministerio de Educación?

EPS: Me contentaría con que aplicaran la Ley de Igualdad. Es buena, pero no se aplica. Ahora mismo, en la Residencia de Estudiantes, en un acto sobre educación, no hay ni una mujer en el estrado.

¿Cómo se imaginan la sociedad en otros 30 años?

EPS: No me preguntes, porque las perspectivas son nefastas. En 2006, se decía que la sociedad sería igualitaria para 2050 y el otro día la investigadora María Blasco decía que para 2090.

Los científicos ‘exiliados’ ¿diplomáticos de España en el extranjero?


Embajada española en Estados Unidos.

ROSA M. TRISTÁN

Varios miembros de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECyT) han publicado un artículo en la revista Science&Diplomacy hace unos días que ha tenido una contundente respuesta en otra revista, Nature, por parte de una científica española en el exilio, que considera el contenido del primero “hechos alternativos”, al estilo Trump, dado que señala que los investigadores en el extranjero son  diplomáticos españoles de la ciencia, cuando en realidad, asegura, la inmensa mayoría han tenido que dejar este país por falta de oportunidades. Por contra, una de las asociaciones aludidas en Science@Diplomacy, ECUSA, considera “muy positivo que los agentes políticos en España muestren interés por nuestras actividades”. En definitiva, la polémica está servida. ECUSA es la asociación de investigadores en EEUU. Y en similares términos se ha manifestado CERFA (su equivalente en Alemania), si bien con matices.

Los siete autores del primer artículo, todos ellos personal de FECYT, afirman que el Gobierno de España se esfuerza en  “autorizar un sistema de jugadores en este juego internacional: asociaciones de investigadores españoles al exterior”, de forma que los científicos españoles que trabajan en instituciones extranjeras y proyectos extranjeros, sean la “diplomacia de la ciencia” ya que muchos mantienen contactos con investigadores en nuestro país. “Con la ayuda de estas redes preexistentes de científicos, España ha podido consolidar su diplomacia de la ciencia en el país y en el extranjero, reforzar su presencia científica en países estratégicos y fomentar las oportunidades de la carrera para los investigadores españoles”, señalan los autores.

Añaden que “con la reciente turbulencia económica en España, se requerían  perspectivas alternativas para implementar y aprovechar un enfoque centrado en la “circulación de cerebros”….Esta red de diplomáticos-científicos permitiría a España relacionarse con los países de acogida de los científicos españoles  y ampliaría la presencia de la ciencia en la agenda de la política exterior española”. “Este enfoque combinado también contribuiría a mantener a los investigadores españoles en el extranjero involucrados en el ecosistema nacional español de ciencia e innovación, asegurando a los científicos en el extranjero un papel continuo en el desarrollo de la ciencia dentro de su país de origen” . 

Amaya Moro-Martin @ROSA M. TRISTÁN

El artículo recuerda que existen al menos 13 asociaciones de investigadores españoles en el extranjero. Pero se aboga por mejorar los canales que tienen con las instituciones, así que por ello se ha llamado a los científicos exiliados en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania para, ya que conocen sus países anfitriones y España, asesoren a las partes interesadas. 

Una de ellas es ECUSA, que reúne a 60 investigadores españoles en Estados Unidos y que se define como totalmente apolítica y apartidista. Entre sus principales sponsors (como en CEFA) figura el Gobierno, la FECYT y la Fundación Ramón Areces. ECUSA, en un comunicado, explica que entre sus miembros hay científicos y otros profesionales de la ciencia y la tecnología emigrados por la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo de calidad en España. Para ECUSA es “muy válido” el reconocimiento mencionado en el artículo en Science&Diplomacy sobre el papel jugado por esta asociación en la escena científica actual porque “los científicos españoles en el extranjero debemos ser tenidos muy en cuenta a la hora de fijar las políticas científicas en España, las cuales deben, entre otras cosas, facilitar el retorno de aquellos que deseen volver y fomentar el desarrollo de colaboraciones con otros países”. De ahí que feliciten a FECYT por la iniciativa. “Es el momento de aunar esfuerzos si queremos hacer de la ciencia un elemento fundamental para el desarrollo de las sociedades española y estadounidense”, concluyen. El comunicado de CERFA es similar.

Pero no todos opinan igual y el mismo artículo de FECYT ha sido respondido en Nature por la astrofísica española Amaya Moro Martín, que trabaja en el Instituto Científico del Telescopio Espacial de la NASA desde que se vio obligada a dejar España: “Nunca me consideré una diplomática, así que es una sorpresa ser etiquetada como tal por el Gobierno español.  Oficialmente, los científicos emigrantes españoles como yo, obligados a abandonar España debido a las terribles circunstancias que rodean la investigación en nuestro país, no existían previamente.Nos dijeron que éramos  una “leyenda urbana.Ahora, resulta que no sólo soy real, sino que también soy parte de una estrategia política deliberada y astuta del Gobierno español para enviar a científicos extranjeros para sembrar la colaboración internacional y para fortalecer, no debilitar, la ciencia española”, afirma en su respuesta.

Moro-Martín, que tuvo un contrato Ramón y Cajal y luego fue despedida, considera que es otra forma de generar “hechos alternativos”, al estilo del nuevo presidente de EEUU: “El Gobierno español es un líder mundial en incorporarlos en el tejido de su política científica, ya que recorta los fondos y el apoyo…Por lo tanto, los científicos de todo el mundo deben estar en guardia y deben desafiar declaraciones engañosas que intentan ocultar la degradación política de la ciencia”. La investigadora denuncia que  “España se jacta de cómo los investigadores que han sido forzados a irse son ahora parte de su esfuerzo por reforzar su presencia científica en países estratégicos”.

También considera inadmisible que los políticos españoles quieran hacer creer que la ciencia que se hace fuera de España es Made in Spain y que se les quiera usar de asesores científicos en las embajadas, a miles de kilómetros de los puntos de decisión sobre la ciencia en su país de origen:  “La realidad es que el ambiente para la investigación en España es preocupante.En este mes (febrero), vimos el desmantelamiento de Abengoa Researc, el buque insignia del sector privado español de I + D, el mayor laboratorio de investigación básica en el país para las energías renovables y un líder mundial en el campo.Su cierre es sintomático: la inversión pública en I + D atrae la inversión privada y ésta no puede prosperar si la primera se arruina”.

Para Martín-Moro “el tiempo para ser diplomático ha desaparecido hace tiempo”, como deja claro en su respuesta.

¿Los científicos españoles en el extranjero quiere ser embajadores de la ciencia española? División de opiniones.

Científicas: ¿Techo de cristal o de “cemento armado”?


ROSA M. TRISTÁN

Tengo la fortuna de conocer excelentes biólogas, arqueólogas, geólogas, astrofísicas o filólogas. Sin embargo, ninguna ocupa un alto cargo de responsabilidad en su centro. Una cosa es que veamos muchas ‘batas blancas’ con rostro de mujer cuando visitamos un centro de investigación, o muchas esforzadas doctorandas en las universidades, y otra muy distinta que estén en puestos desde los que se ejerce una dirección efectiva. De ahí que a la que le toca, como María Blasco, por ejemplo, se la requiera continuamente para cumplir la cuota en los medios (sin detrimento de su valía) o que se busque a Margarita Salas, que lleva décadas ocupando ese papel mediático. El resto, parece no existir. Digo todo esto al hilo de los datos del informe “Científicas en Cifras 2015”, presentado por la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela.

Para empezar, resulta cuando menos curioso que ella solita represente el 75% de mujeres en el cargo de la presidencia o dirección de consejos rectores en centros de investigación, mediante la fórmula de ocupar varios puestos de ese calibre a la vez  y que ese sea el único una significativa presencia femenina). Los otros datos, lejos de ser positivos, en general son sonrojantes. (SIGUE)

El grado A es el de mayor categoría profesional, y donde más diferencia hay entre sexos. Informe ‘Científicas en cifras”

Y es que el porcentaje de científicas respecto a científicos no está mal, y ronda el 39% (incluso más que en Europa, que anda por el 33% por culpa de Alemania) pero también resulta que es un porcentaje que sigue estancado desde hace una década. Si es cierto que, como Vela señalaba, se cumple “la norma del 60-40”, es decir 60% de hombres y 40% de mujeres, si bien en nuestra población general los primeros son el 49% y las segundas el 51%. Luego es una norma que parece poco igualitaria, aunque quiero entender que es un pasito más en una brecha que viene de siglos. Ahora bien, este 39% se refiere a los organismos públicos de investigación (OPIS) y las universidades porque lo que es la empresa privada es puro patriarcado: menos de un tercio de sus investigadoras en áreas de innovación y ciencia es mujer, el 31%.

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Este panorama empeora a medida que subimos en el escalafón. Si bien el informe refleja que las doctorandas leen ahora muchas más tesis que antes (ya son el 50% del total) -luego hay un aumento del interés por seguir la carrera investigadora-, lo cierto es que esta carrera se topa con un techo, no ya “de cristal”, sino de cemento armado, porque parece que no hay forma de acabar con él desde hace décadas ni a corto plazo.  A estas alturas del siglo XXI, tenemos  tres rectoras de 50 universidades públicas (en las privadas van mejor, y llegan a ser el 29%), ni una sola directora de un OPI (leasé, CSIC, INTA, CIEMAT, IGME) y un escuálido 18% en las direcciones del centenar centros o institutos de investigación pública o en los de las universidades. Además, sólo 2 de cada 10 investigadores de alto rango son mujeres en esos OPIS, aunque sin embargo son inmensa mayoría entre técnicas, auxiliares y becarias.

Si acercamos más la ‘lupa’ a la universidad nos encontramos otro dato para la reflexión:  si bien el informe refleja que el 50% de las tesis aprobadas las firman “ellas”, apenas suponen el 27% de las directoras de departamentos universitarios públicos o de las directoras de escuelas. ¿Está ahi el primer  gran ‘agujero negro’ que las succiona hacia el ostracismo?. Ana Guil, investigadora de género de la Universidad de Sevilla, en un estudio reciente señalaba: “De seguir la evolución en este sentido, habríamos de esperar hasta casi el 2040 para llegar al 50% no ya de catedráticas, sino tan sólo de docentes universitarias. Ello siempre que no sucediera algo que ralentizara su crecimiento, como parece que ya ha empezado a pasar con la crisis económica. Pues las crisis siempre han perjudicado en mayor medida a las mujeres y por diversos motivos, que no pasan necesariamente –aunque también- por la pérdida de empleo femenino”.

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Efectivamente, son ellas las que acaban dejando su empelo aunque sean investigadoras de primera, al mismo nivel que sus compañeros, porque otro dato nos dice que presentaron la mitad de las solicitudes de ayudas públicas para sus proyectos y las consiguieron con éxito en el mismo ratio que sus colegas, un buen dato que nos indica que eran buenos proyectos y que al menos ahí no hay un sesgo de sexo.

Pero otro cantar es contar con esas excelentes científicas para dirigir equipos. Ana Puy, de la Unidad de Mujeres y Ciencia y coordinadora de esta trabajo, me reconocía que “hay mucho catedrático que no se mueve del sitio” y Carmen Vela argumentaba que debido a las pocas plazas convocadas en los últimos años para el sistema científico, no ha sido posible que cambie la tendencia, y lanzaba al aire una pregunta: ¿Son pocas porque no se selecciona a mujeres o porque no se presentan a esos puestos?”. La propia Puy me diría luego que “lo normal es que a ‘ellos’ sus compañeros les animen a presentarse a un cargo y lo hacen conscientes del apoyo que tienen, lo que no ocurre al contrario”. “La respuesta es complicada. Hay casos en los que la mujer decide no seguir con su carrera, pero lo cierto es que tiene lastres sociales, personales y del entorno que lo impiden”, apuntaría Carmen Vela. (SIGUE)

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Rosa Huguet, paleobtóloga en el proyecto de Atapuerca, estudiando unos fósiles. @ROSA M. TRISTÁN

Por cierto, de la posición de las investigadoras en el mundo empresarial el informe no cuenta casi nada. No hay datos de la posición que ocupan en esos departamentos de innovación privados, por más que se han pedido. “Las empresas ocultan el género porque saben que el dato es malo”, reconocía  Puy.  No información, si un ostracismo fantasmagórico a nivel social.

Como medidas para paliar estas cifras, Vela señaló que su ‘hoja de ruta’ incluye recomendaciones para que todos los tribunales cumplan la regla del 60% hombres y 40% mujeres (los de la Secretaria de Estado ya lo son, pero en otros no tiene una competencia), revisar que no haya sesgos de género en las convocatorias de ayudas a proyectos científicos (y parece que ahí no está el problema), continuar investigando sobre el tema y elaborar directrices de buenas prácticas, a ver si universidades, centros de investigación y empresas tienen a bien ponerlas en marcha. (SIGUE)

Jóvenes investigadoras, en una manifestación de apoyo a la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Jóvenes investigadoras, en una manifestación por la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Pero lucha contra esos lastres que las mantienen “pegadas al suelo”, como señala Guil, también esta relacionada con liberarlas de su labores de cuidados (familia, allegados, enfermos…) gracias a un mayor apoyo de servicios que están de capa caída, o canales efectivos de denuncia de las ‘microdiscriminaciones sexistas’ a las que muchas se ven sometidas, así como de esas presiones para elegir entre la familia y la ‘carrera científica’ que suelen darse dentro de los despachos.

Mientras no haya más investigadoras en cargos de responsabilidad, el sistema científico español estará cojo. “La mayor incorporación de las mujeres a las más altas posiciones académicas, sin duda redundaría en la calidad de la docencia y la investigación, al aportar éstas no sólo su demostrada excelencia, sino también nuevos puntos de vista que ayuden a construir un conocimiento menos androcéntrico y en consecuencia más universal”, afirma Guil en su informe.

Pues bien, eso es lo que estamos perdiendo.

INFORME COMPLETO: “CIENTÍFICAS EN CIFRAS 2015”

INFORME SOBRE SALARIO DE LAS MUJERES RESPECTO A LOS HOMBRES (CCOO): “BRECHA SALARIAL: EL PEAJE DE LA DISCRIMINACIÓN

 

Canfranc: en busca del silencio “cósmico”


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ROSA M. TRISTÁN

Estratos_Nº 115. PDF 

Sólo hay una docena de lugares en la Tierra comparables al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un puñado de recónditos espacios en los que es posible conseguir el ‘silencio cósmico’. Es la condición necesaria para llevar cabo sofisticados experimentos de la denominada física de Astropartículas. En otras palabras, para tratar de resolver algunas de las grandes preguntas que traen de cabeza a los investigadores de medio mundo: ¿qué es la materia oscura que compone un cuarto del Cosmos y que no vemos? ¿cómo son esas partículas llamadas neutrinos que nos atraviesan y somos incapaces de atrapar?

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Una campaña preparando el futuro…para rescatar el pasado en Atapuerca


Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

ROSA M. TRISTÁN

Una máquina con un enorme taladro va extrayendo de las entrañas de la tierra un perfecto cilindro de arcillas de diferentes tonalidades. Estamos a las puertas de lo que fue la Cueva Fantasma, llamada así, probablemente, porque se sabe que existió, pero lleva hundida mucho tiempo y nadie la ha visto. El trabajo, cuando ya el sol cae, tiene lugar en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, justo encima de la Gran Dolina, en el repecho que hay a su espalda. El Equipo de Investigación, en este caso bajo la batuta del arqueólogo Eudald Carbonell, quiere saber en potencial de sedimentos que tiene este lugar hasta la base de roca.

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Estamos a 35ªC en la sierra. No recuerdan un verano con estas temperaturas, hasta el punto que días antes de mi llegada hubo algunas bajas por un “golpe de calor”. A medida que salen catas del agujero, aumenta la euforia de Carbonell. El arqueólogo Josep Valverdú y la geóloga Ana Isabel Ortega van recogiendo en cajas las ristras de material, anotando sus características para su análisis posterior. El taladro toca fondo a los 11 metros, que sumados a los casi cuatro que hay en la parte superior, suponen 15 metros de relleno a los que un día habrá que meter mano, pues corresponden con la parte superior de Gran Dolina, con unos 400.000 años de antigüedad. ¿Esconde Fantasma pistas de quienes fueron los sucesores de los caníbales de ese yacimiento emblemático?

Un merecido descanso de los 'paleo-guerreros" en la Trinchera. |@RosaMTristán

Un merecido descanso de los ‘paleo-guerreros” en la Trinchera. |@RosaMTristán

No es la única novedad de la campaña de 2015, en la que no han dejado de salir fósiles. “No tenemos ningún fósil humano espectacular, como los que buscan las cámaras, y sin ellos parece que entonces no ha sido buena campaña, pero no es así. ¡Todo es muy valioso! Hay años más de transición que son fundamentales”, reconoce José María Bermúdez de Castro, codirector del proyecto con Carbonell y Juan Luis Arsuaga, al que no se le ve el pelo: pasa la mañana en el interior de la Sima de los Huesos, a 14 metros de profundidad bajo la sierra. Ignacio Martínez, su compañero desde casi media vida, si tiene tiempo para compartir un café. “Estar ahí abajo une mucho, es algo especial”, confiesa.

Mandíbula de oso de la Gran Dolina, TD4, un millón de años casi, con su colmillo y todo. |@RosaMTristán

No son huesos humanos, como los restos craneales que Arsuaga ha presentado al final de la campaña (un más para el puzzle que cada vez tiene más piezas) pero los restos de un oso ‘Ursus dolinensis’ y un cérvido, que asoman entre los sedimentos del nivel TD4 de la Gran Dolina, me llaman poderosamente la atención. Tienen casi un millón de años, como la herramienta que apareció en 2013 en el mismo lugar. Jordi Rosell, que coordina al equipo de este yacimiento, me lo enseña con entusiasmo. Allí, encorvados, picando con extremo cuidado, están los paleontólogos Jan Van der Made y María Martinón-Torres, que anda preparando ya su equipaje para su traslado a Gran Bretaña. “Esto era una cavidad con pendiente a la que los osos venían a hibernar, pero también entraban otros animales y homínidos, quizás para conseguir comida. Este año sacamos fósiles fantásticos, incluso en conexión anatómica. Ya nos queda trabajo para poco tiempo, después de años de trabajo”, me explica Rosell.

Su interés en las marcas que se encuentran en los fósiles de los animales, y muy especialmente los osos, le ha llevado a participar en un grupo pirenáico de seguimiento de estos animales. Les dejan carnaza y luego recogen lo que dejan para analizar sus señales y compararlas con las que aparecen en Atapuerca. Pero para cuando acabe con TD4, ya tiene el ojo en otro lado, justo en el espacio hoy sin actividad junto a este nivel, espacio que hace años que no tocan.

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Por otro lado, Gran Dolina fue partida en dos por la Trinchera, así que en la pared de enfrente sigue la cueva rellena, quien sabe con qué tesoros prehistóricos. El Equipo este año ha empezado a preparar el terreno para instalar andamios y un puente que de acceso a ese lugar. Es el yacimiento “Penal”, que nunca se ha excavado en la larga historia de este proyecto. “Estamos seguros de que ahí está la entrada a la cueva y que habrá trabajo para muchos años”, me explica Carbonell, mientras unos obreros alrededor colocan las chapas que ponen suelo al gran agujero donde en 2014 localizaron el subcrón Olduvai.

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

“Para eso necesitamos mucha gente joven en el equipo y ahora mismo las perspectivas no son buenas”, me comenta Bermúdez de Castro durante el descanso de las 11, cuando el equipo cesa por 30 minutos la tarea para hacerse con las vituallas que Jimmy les prepara desde hace décadas, y hasta este año, que se jubila con desgana.

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

No puedo dejar de visitar la Cueva Mayor, hoy un gran foso en el que, como hormigas con casco, el personal labora sin cesar… Quizás algún día pueda traspasar esa puerta metálica que da acceso a la Cueva del Sílex, aunque José Miguel Carretero me explica que hay que retorcese por una estrecha garita para llegar a la gran sala. Como consuelo, me enseña el famoso caballo en ocre que dio origen a todo lo que veo a mi alrededor, y que resultó ser falso. A decir verdad, no logro distinguirlo entre las sombras y oquedades de la roca.

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

Tampoco puedo evitar bajar a la Sima del Elefante, fascinada con el tremendo boquete que , año tras años, ahora nos lleva a hace 1,2 millones de años, y aún más atrás. “¿Qué? ¿Impresiona verdad?”, pregunta la paleontóloga Rosa Huguet. Cómo no, respondo, porque aún recuerdo que nada de esto existía la primera vez que visité ese lugar, hace ahora 10 años.

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Y, así, entre idas y venidas. Entre capítulo y capítulo de esa historia que poco a poco va tomando forma, se acaba el viaje, un año más. En esta ocasión, con la certeza de que he presenciado los primeros mimbres del futuro de Atapuerca, que es su pasado.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

 

 

¿Debe la ciencia financiarse por crowdfunding?


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ROSA M. TRISTÁN

El auditorio de CaixaForum en Madrid estaba muy vacío para el interés que tiene el tema que se planteaba: ¿Debe la ciencia financiarse por crowdfunding, por financiaciones colectivas y solidarias? ¿Es sólo un recurso que se ha hecho necesario ante el brutal agujero causado por la crisis en el I+D español? ¿Ayuda a la divulgación científica? Muchas preguntas por responder en el debate organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC) entre quienes defienden esta nueva fórmula de financiarse al margen del Estado para tapar “agujeros”  y quienes creen que se están pervirtiendo las obligaciones de “lo público” promoviendo la precariedad de lo voluntario.

La primera historia que presentó la periodista y moderadora Natalia Ruiz Zelmanovitch es la de la bióloga Luisa Botella, del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC), que tuvo que acudir al programa de Antena 3 “Atrapa un millón” para financiar su investigación sobre una enfermedad rara (la Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria, HHT. “En esta enfermedad lo que ha sacado adelante la investigación es que las asociaciones de pacientes afectados se han empoderado, a medida que los fondos públicos diminuían. Antes de la crisis, en el laboratorio éramos cuatro personas, pero en 2012 ya estaba yo sola y fueron los pacientes los que impulsaron la búsqueda de fondos en concursos, con conciertos, con lotería… Ahora tengo un técnico y una investigadora doctora de nuevo y han sido pagados así”, señalaba.

También el investigador Joan Cornella, del Hospital Vall d’Hebrón, ha recurrido a la financiación colectiva, por crowdfunding, como sistema para captar fondos. Y su satisfacción era absoluta: “Debería hacerse siempre, al margen de las crisis, porque nos obliga a ser más transparentes e implica a la sociedad en nuestro trabajo”, aseguraba.

Similares argumentos a los que expuso Belén Gilarranz, de la plataforma Precipita, de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología, del Ministerio de Economía y Competitividad, que en sólo ocho meses ha recaudado 190.000 euros para 25 proyectos, de los que 13 han cumplido sus objetivos en 90 días gracias a donaciones de particulares. “La salud gana por goleada”, reconocía Belén. “Con otras áreas de la ciencia es más difícil”.

Por terminar con el bando del SI a esta fórmula que busca el dinero solidario de las donaciones, las palabras de Daniel Oliver, presidente de la Asociación Española de Crowdfunding, que lo defendió como “el sistema mas participativo que hay, porque cada individuo decide donde va su dinero,  y eso es casi más importante que el voto” en unas elecciones. Bien es cierto que plataformas como la suya, Creoentuproyecto.com, cobran una comisión que oscila entre el 5% y el 10% por cada proyecto promocionado.

Pero frente a esta avalancha de positivismo, estaba la voz de Angel Goñi, del colectivo Ciencia para el Pueblo, quien rechaza tajantemente que este sistema pueda tener espacio en la ciencia. “Defiendo el crowdfundig para determinadas iniciativas particulares, pero no para la ciencia porque lo que se consigue es poco, quizás para un año o dos de un salario, y a cambio perpetúa la precariedad laboral investigadora; también porque la financiación no puede ser sólo para quien la pueda pagar; y porque de este modo la ciencia se banaliza, se convierte en mercancía para poder vender el proyecto más atractivo, en detrimento de los que tienen menos posibilidad de márketing. Pero sobre todo me opongo porque la ciencia se paga con los impuestos, como la sanidad o la educación. Que una Fundación pública promueva el crowdfunding  científico (dijo en alusión a Precipita) suena como el repago farmacéutico”, argumentó Goñi. “¿Se imaginan recaudando fondos de la solidaridad social para operar a alguien en un hospital?”, denunció.

Encendió así la forma en el que salió a relucir la necesidad de un código ético que regule este tipo de financiación privada, algo por lo que también abogó Roi Villar, de la plataforma ILoveScience.

Por su parte, algunos de los científicos presentes reconocieron que en general, lo que consiguen financiándose con crownfunding “son migajas”, algo simbólico en proyectos de gran envergadura. De hecho, en el Hospital Vall  d’Hebron, por ejemplo, se han conseguido 50.000 euros de un presupuesto total de 40 millones. Suficiente para financiar algunas tesis, eso sí. Otros, como Enrique de la Rosa (compañero de Luisa Redondo en el CIB-CSIC) mostraba su preocupación por la creación de faltas expectativas entre la población a la que se dirigen los mensajes, porque se le vende que con poco dinero se pueden conseguir mucho. “Si usamos el márketing para decir que con 25.000 euros solucionamos un problema grave, mal favor hacemos a ciencia, porque cuando pide mucho más pueden decirle: ¿y para qué quiere tanto?”, indicó.

“¿Realmente es necesario que sepamos bailar y cantar para tener financiación para nuestro trabajo?”, señaló otro de los presentes, en relación al exitoso vídeo del Institut de Recerca Biomédica (IRB) .“En el fondo más que conseguir fondos, el sistema sirve para visibilizar lo que hacen los científicos, genera conocimiento sobre la investigación entre la sociedad, que es el objetivo de FECYT”, argumentaba Gilarranz ante las críticas.

En definitiva, un tema controvertido en cuyo debate quedó claro que pedir donaciones a los ciudadanos, como lo hacen las ONG, no es el camino para financiar el desarrollo científico de un país. Muy al contrario, debe ser una apuesta del Gobierno, aunque del actual no lo ha sido, por lo cual coyunturalmente el sistema “tapa agujeros” que genera esa falta de interés oficial.

Por otro lado, una pregunta me quedó en el aire. ¿la visibilización de la ciencia española debe hacerse pidiendo dinero a quienes queremos que la conozca? ¿No hay otros caminos?  Ahí lo dejo…

Una cosa más:  en el debate participó también Sara Acosta, de la revista Ballena Blanca, un medio de comunicación de información ambiental independiente, que se ha puesto en marcha gracias a la financiación de los lectores que quieren información de calidad y apuestan por ella con sus suscripciones. Pero el encuentro tomó otros derroteros distintos.

 

 

 

 

 

 

 

Reabrir o no la cueva de Altamira, una historia para no dormir…


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ROSA M. TRISTÁN

Leo estupefacta una nota de prensa del Ministerio de Educación, CULTURA y Deportes de este país, el departamento en manos de José Ignacio Wert. En este PDF adjunto en mi correo se indica que las investigaciones realizadas por el equipo del ingeniero suizo Gäel de Guichen, desde agosto
de 2012, y que han costado UN MILLÓN DE EUROS, trataban de “garantizar su conservación sostenible” y que aunque se ha estudiado la influencia de la presencia humana en la cueva, cerrada desde 2002, “por ello no se puede deducir que el estudio estuviera dirigido a abrir la cueva al público”.

Lo leo y no doy crédito, pues hete aquí que en su misma página web publica lo contrario (Programa de Investigación para la Conservación Preventiva y Régimen de Acceso de la Cueva de Altamira) y porque ya es escandaloso la forma que tiene este Ministerio de tomar el pelo a los ciudadanos, aunque éstos sean prestigiosos investigadores, como los que han  enviado una carta a la Unesco esta semana, o como los que se reunieron en un Workshop sobre Arqueología en abril del año pasado en Sevilla, que ya se quejaban de la posible apertura.

Gäel de Guichen, durante la presentación de los resultados en el Museo Arqueologico Nacional.|ROSA M. TRISTÁN

Gäel de Guichen, en la presentación de  resultados en el Museo Arqueologico Nacional.|ROSA M. TRISTÁN

Es más, ¿a cuenta de qué dejaron entrar en la cueva a cinco personas todas las semanas, desde febrero de 2014 hasta febrero de 2015, si no se quería abrir? Ya entonces publicaba en este blog mi extrañeza ante esa medida, cuando poco antes se me aseguraba desde el Museo de Altamira que no se podía entrar a grabar una película en 3D, una propuesta que se lanzó también en este Laboratorio,  porque con la copia era más que suficiente… Y aumentaba mi extrañeza el hecho de que se contratara a un científico extranjero como director del equipo de investigación, cuando investigadores españoles, del CSIC para más señas, llevaban 10 años dentro de la cueva investigando. Eso sí,  ellos eran firmes defensores de que no se abriera. Había que quitárselos de encima…

Con aquellas primeras visitas experimentales hice la cuenta: a cinco a la semana, para que el 10% de los españoles pudieran entrar en la cueva se necesitarían 800.000 semanas (14.000 años), ni más ni menos. ¡Gran medida para fomentar el turismo a Cantabria! Sin sonrojo alguno, la futura apertura se vendió a “bombo y platillo” en la Feria FITUR 2014, cuando aún faltaba para tener las conclusiones. Es lo que se llama vender la piel del oso antes de cazarlo. A no ser que lo dieran por hecho…

Y llegó la primavera pasada y en una jornada en el Museo Arqueológico Nacional, De Guichen por fin presentó, casi dos años después del inicio de su trabajo, los primeros resultados, que hasta entonces eran un misterio. Allí fuí a ver qué nos contaba. Y allí pude escuchar al  director general de Bellas Artes del Ministerio, Jesús Prieto, asegurar literalmente: “Hay una tensión social grande reclamando la apertura de Altamira“. No hay más que salir a la calle para verlo, es lo que más pide la sociedad española Y añadía que “el Patrimonio debe favorecer el enriquecimiento”, como podéis leer en esa crónica.

Por cierto, ese día el investigador suizo ya adelantaba que el mal de las cuevas, cerradas en 2002 porque las visitas las perjudicaban, se debía a factores naturales, pero a la vez reconocía que faltaban datos para probar el impacto de las visitas.

EL PLAN DE REAPERTURA, ENTREGADO

El caso es que la UNESCO recibió en noviembre pasado el plan del Gobierno de España de reabrir ‘controladamente’ las cuevas, que por cierto son Patrimonio de la Humanidad. Y lo hizo aunque apenas un mes antes la institución de la ONU había avisado que reabrir Altamira era un riesgo  para su conservación. Es la misma razón por la que están cerradas las de Chauvet o Laxcaux (Francia), y curiosamente en la última trabajó De Gäel.

Hace unos días, y temiéndose que las elecciones autonómicas podían acelerar el proceso de apertura, un grupo de prehistoriadores de la Universidad Complutense publicaba una carta dirigida a la UNESCO, que en buena parte recoge todo lo anterior y que abunda en el escaso prestigio científico del suizo, conocido por promover siempre aperturas públicas de monumentos. Esa misiva era la expresión de una indignación monumental, larvada pero real, que desde 2012 he podido captar en cuantos arqueólogos e historiadores he preguntado… Salvo entre los de Cantabria, debo reconocer.

DONDE DIJE DIGO….

Tras la carta, el presidente cántabro no ha tardado en señalar que los científicos españoles son irrespetuosos con sus colegas. Qué patético que trate de conseguir votos jugándose el futuro de algo que no le pertenece…  Y , en todo caso ¿no fue irrespetuoso el Ministerio de Cultura con los investigadores del CSIC que estuvieron 10 años trabajando en la cueva, cuyo informe no ha querido hacerse público, y que fueron desplazados por otros, más proclives a hacer lo que los políticos quieren? ¿Y no lo fue su gobierno cuando en FITUR vendía en el stand de Cantabria la apertura de Altamira a todo trapo, aún antes de tener las conclusiones?

Por eso, cuando leo la nota de prensa con la “Postura Ministerio sobre Altamira“, no doy crédito a tanta desfachatez. Porque ahora resulta, dicen, que los trabajos últimos que, repito, han costado un millón de euros, no se destinaban para abrirlas sino para conocerlas mejor. Y es curioso que con el equipo de Gäel de Guichen igual las conocemos mejor, pero ha sido en el que ha realizado recientemente otro grupo de investigadores españoles donde se ha revelado que Altamira es un 20% más grande de lo que se pensaba, y eso sin llevarse ese dineral.