Un ‘balón desinflado’ en la Antártida que resultó ser un huevo gigante


Fósil del huevo gigante encontrado en la Antártida. @Legendre et al.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando conocí a Julia A. Clarke en Punta Arenas, en el Instituto Antártico Chileno donde estaba de visita, el director de este centro, Marcelo Leppe, me dijo: “Tiene un gran hallazgo que contarte”. Y lo hizo, aunque no es hasta ahora que, tras ser publicado en Nature, podía publicarse: el descubrimiento de un gigantesco huevo de lagarto que se ha conservado en la Antártida desde el Cretácico, hace 66 millones de años, que nos recuerda que ese continente de hielo entonces no lo estaba -de hecho, el cambio comenzó hace unos 35 millones de años.

Este huevo, el primero encontrado en la Antártida, fue descubierto en el año 2011 por científicos chilenos en una formación llamada López de Bertodano, en la Isla Seymour  o Isla de Marambio, que es uno de esos casos antárticos en los que el mismo lugar tiene dos nombres distintos. Los investigadores se quedaron perplejos ante lo que parecía un balón de fútbol desinflado, así que lo guardaron sin etiquetar ni estudiar en las colecciones del Museo Nacional de Historia Natural de Chile. Para ellos era “La Cosa”, apodo inspirado en la película de ciencia-ficción de 1982. Y ahí siguió acumulando polvo hasta que un día Julia Clarke, de la Universidad de Texas, pasó por el Museo y lo ‘redescubrió’. En realidad, David Rubilar-Rogers, del Museo Nacional de Chile de Historia Natural, que había sido uno de los científicos que descubrió el fósil, se lo mostraba a cuanto geólogo visitaba el museo, esperando que alguien tuviera una idea, pero no encontró a nadie que diera con ello, hasta que Clarke, profesora de la Escuela Jackson Departamento de Ciencias Geológicas, apareció por allí en 2018. “Se lo mostré y, después de unos minutos, Julia me dijo que podría ser un ¡huevo desinflado!”, recuerda Rubilar-Rogers. “Si, debo reconocer que tengo buen ojo para ver lo que para otros pasa desapercibido”.

Recreación del posible mosasaurio poniendo huevos. @Legendre et al.

Junto con su equipo, la geóloga inició entonces un análisis que ha revelado que era un fósil gigante del caparazón blando de un huevo con 66 millones de años. Mide 29,7 centímetros de largo por 17,7 de ancho, lo que hace del fósil de huevo blando el más grande jamás descubierto hasta ahora y el segundo mayor de cualquier otro huevo conocido. Además, es el primero encontrado en el continente de hielo, un lugar nada fácil donde escasean estos hallazgos debido a su cobertura blanca.

“No nos podíamos imaginar que existiera un huevo tan grande, y menos con una cáscara blanda, pero cuando lo ví, pensé que no podía ser otra cosa”, me comentaba Julia en el despacho de Punta Arenas el pasado mes de marzo.

Pero si su tamaño es una sorpresa, no lo es menos la especie a la que podría pertenecer, porque creen que era un reptil marino gigante, ya extinto, similar a lo que eran los mosasaurios, que recuerdan a gigantescos cocodrilos de hasta 19 metros de largo. Lo que pasa es que este descubrimiento desafía el pensamiento predominante de que tales criaturas no ponían huevos. “Lo que está claro es que pertenece a un animal del tamaño de un dinosaurio grande, pero es completamente diferente a un huevo de dinosaurio”, señala Lucas Legendre, un postdoc que figura como primer fimanante, en un comunicado de la Universidad de Texas.  “Más bien, es muy similar a los huevos de lagartos y serpientes, pero de un pariente verdaderamente gigantesco”.

Legendre fue el encargado de estudiar las muestras utilizando un conjunto de microscopios y encontró varias capas de membrana que confirmaron que era un huevo y con una estructura parecida a la que requiere la incubación rápida y transparente de algunas serpientes y lagartos  actuales. Como el huevo está eclosionado y no contiene esqueleto, tuvo que recurrir a otros medios para ver qué tipo de animal podía poner un huevo así, así que recopiló datos para comparar el tamaño del cuerpo de 259 reptiles vivos con el tamaño de sus huevos y así descubrió que ‘La Cosa’ medía más de seis metros de largo desde la punta del hocico hasta el final del cuerpo, y sin contar una cola. Todo encajaba con un reptil marino.

Además, en la formación rocosa donde se descubrió el huevo también hay esqueletos de bebés mosasaurios y plesiosaurios, junto con especímenes adultos, que no sufrieron el triste destino del huevo. El documento no discute cómo el antiguo reptil podría haber puesto los huevos. Pero los investigadores tienen dos ideas en competencia.

Por cierto, ‘La Cosa’ antártica ya tiene nombre y apellido: se llama ,Antarcticoolithus bradly, en una referencia al lugar donde fue encontrado y por otro a la palabra del griego antiguo “oolithus’ que se refiere a huevo y a piedra y la palabra ‘bradús’ que significa tardanza, en referencia a los 160 años que han pasado desde la descripción del primer huevo mesozoico en depósitos marinos. Es decir, “huevo de piedra antártico tardío”. 

 

Una Cumbre del Clima de ‘emergencia’ ¿Dónde están los líderes?


Sede de la COP 25 en Madrid @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

A punto estuvo de no celebrarse, pero en tiempo récord, la Cumbre del Clima COP 25 comienza y  el mundo se enfrenta a la última posibilidad de que se logre algún compromiso real y contundente para desacelerar la velocidad con la que nos encaminamos a un desastre global. Sin embargo de los 190 países firmantes del Acuerdo de Paris hace apenas cuatro años,  de momento sólo 43 jefes de Estado y Gobierno -junto con altos cargos de instituciones internacionales como ONU, EU, OCDE, etc- anunciado que vendrán a Madrid para fijar sus compromisos reales en reducción de emisiones contaminantes. Conviene recordar que en París, en la COP 21, se reunieron 150 jefes de Estado y de Gobierno, pero lo cierto es que en este tiempo, a medida que los datos científicos empeoran en todos los parámetros y las previsiones tornan más negras, la presencia de los líderes decae. Y eso no es buena noticia.

JEFES DE ESTADO

  1. 2015 en Paris: 150
  2. 2016 en Marrquech: 80 
  3. 2017 en Bonn: 25;
  4. 2018 en Katowice: 40
  5. 2019 en Madrid: 43

Para la COP 25 chilena (española por delegación) no esperamos a los presidentes ni de Estados Unidos (si que vendrá Nancy Pelosi), Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, México, Canadá, Reino Unido, Alemania. Sólo unos ocho de países de Latinoamérica y Caribe de 42 existentes; siete de los 54 africanos y de Asia el único muy poblado que acude es Bangladesh. Es decir, más del 80% de la población global no tendrá a sus máximos dirigentes ‘empapándose’ de la que se viene encima y de cómo evitarlo. Y, sin embargo, todo indica que esta COP 25 es clave porque si algo ha pasado en estos cuatro años es la verificación científica de que el cambio climático ya está aquí, que el tope de aumento de 1,5º C previsto en Paris es una quimera y que los impactos están siendo ya brutales en muchas zonas del planeta, incluido nuestro país. ¿Hasta cuándo la ceguera de los dirigentes políticos? ¿Hasta cuando la ceguera de quienes les votan?

Precisamente, coincidiendo con la Cumbre que ahora comienza el Observatorio de la Sostenibilidad (OS) hizo público un informe, otro más, con muchos datos que nos retratan donde estamos. Es uno de los muchos de estos últimos días, pero pone números interesantes de lo que ocurre, como recordaba el científico Jorge Lobo (Museo Nacional de Ciencias Naturales) en esa “fina capa de vida de apenas unos pocos metros que tiene el planeta”. Del exhaustivo documento, me quedo con el dato de que en España tenemos hoy 1,57º más de temperatura que cuando nací (recordemos que eso es la media y hay temporadas en la que es mucho más) y que en mi ciudad (Madrid) mis veranos son nueve días más largos. Pero también llama la atención que tengamos 850 grandes instalaciones de emisiones de gases con efecto invernadero (los que generan el cambio climático) pero que sólo 10 grandes empresas generen un 25% de las emisiones de España, empezando por Endesa y siguiendo por Repsol, Naturgy o Acelor Mittal. No parecen muchas. “Lo importante no es acabar con estas empresas, sino que haya el marco adecuado para cambiar el consumo y cubrirlo con energías renovables”, apuntaba Fernando Prieto, del OS.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto del Observatorio de la Sostenibilidad. Junao al científico Jorge Lobo. @Rosa M. Tristán

Pese a la alarma que ello debiera generar, el propio presidente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, señalaba el pasado viernes  en Madrid que hoy hay más carbón en el mundo que en el año 2000, en concreto 2.250 GW más, pero que el consumo en Asia no deja de aumentar y además sus centrales térmicas tienen 12 años, cuando su vida útil es de más de 40. Son décadas que no tenemos. Y por si fuera poco el carbón, los investigadores del informe  ‘The Production Gap’ del PNUD nos dicen que los productores de gas y petróleo esperan aumentar su producción ¡¡un 120%!! A destacar que este informe (con 50 científicos implicados) se ha llevado cabo con las proyecciones de 10 países y que los máximos dirigentes de siete de los principales productores (China, EE.UU., Rusia, India, Australia, Indonesia y Canadá) no tiene previsto pisar la COP 25.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto de Observatorio de la Sostenibilidad, recordaba la frase de que “los presidentes van de cumbre en cumbre y los pueblos de valle en valle” y mencionaba que ya en 1972 (hace medio siglo) el Club de Roma hablaba de futuros impactos del cambio climático, para denunciar a continuación que la UE, aún siendo aún el motor de un posible cambio, está perdiendo su relevancia a medida que ganan votos los negacionistas…. ¿Cómo es posible?, cabría preguntarse. Y a su lado,  la inmensa indignación que transmitía Nicolás Elíades, de Extincion Rebellion, sobre el planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras y el hartazgo de quienes no se creen los compromisos: “En los 35 años de mi vida he visto como desaparecían las luciérnagas de mi vida”, comentó Elíades trayéndome del pasado esa imagen de mi infancia en la que las veía brillar.

Y junto a las quejas de estos nuevos grupos de rebeldes y jóvenes de Friday For Future o Greta Thunberg, están los pueblos y gentes que no vienen a la cumbre, pero que ya tienen su vida ‘patas arriba’ porque ya viven en el caos climático. Y sus vidas no son números. Es Christine, en Haití, a la que un huracán seguido de la sequía que se prolongó meses dejó sin hogar, sin cosecha y sin semillas; es Anjou Mbaye, de Guinea Bissau, a la que conocí cuando desesperaba porque los pozos cada vez son más profundos  tienen menos agua; es la guatemalteca Ana Rutilia Ical, criminalizada y acosada porque no quiere que el agua de su río acabe en una hidroeléctrica mientras las comunidades alrededor se quedan secas; es Honorio Souza, de Mozambique, que un día me contó cómo se quedó sin nada tras el paso del ciclón Idai…

¿Y quién paga estos desastres? Uno de los temas que la COP 25 pondrá en la mesa es la creación de un fondo para pagar ya las pérdidas y los daños, que se calculan en unos 300.000 millones de dólares para 2030 que ya están pagando los estados y que los países en desarrollo no pueden asumir sin endeudarse aún más. Más de 150 ONGs de todo el mundo, entre ellas Action Aid (en España, Alianza por la Solidaridad) lanzan estos días una propuesta bien conocida: quien contamina, paga, en este caso a través de tasas que penalicen a las empresas más contaminantes. No puede ser que la cuenta afectada sea la de  Anjoy ni la de Christine, mientras seguimos sin ver, volcados en los ‘black friday’ y las lucecitas navideñas.

Pese a todo, deberíamos estar y estamos, a tiempo de dar un giro espectacular. Por ello es importante que los compromisos que salgan de estos 11 días de cumbre sean grandes, globales y personales, económicos y financieros, y sobre todo en las urnas cuando toca. La gran parte de la humanidad cuyos líderes no estarán en Madrid no se lo merecen. El millón de especies que ahora sabemos que están en riesgo de extinción, tampoco.