Hallan un revolucionario ‘kit’ de herramientas de hace 1,7 millones de años


El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai

El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai. @ROSA M. TRISTÁN

Científicos españoles descubren los bifaces de piedra (hachas de mano) más antiguos que se conocen

Un yacimiento de la Garganta de Olduvai contenía más de 2.200 piezas de piedra tallada y fósiles de animales que sirvieron de alimento a los homínidos

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

ROSA M. TRISTÁN

El equipo hispano-tanzano que trabaja en la Garganta de Olduvai, bajo la dirección de los arqueólogo Manuel Dominguez-Rodrigo y Enrique Baquedano, por parte española, sigue haciendo historia. Esta semana han publicado en la revista Nature (ScientificReports) el hallazgo de las herramientas achelenses mejor talladas, más antiguas que se conocen: tienen 1,7 millones de años.

 El achelense, también llamado Modo 2, es fundamental en la historia humana, pues es un modo de tallar la piedras, una tecnología, que supone la aparición de un comportamiento complejo, que es capaz de realizar grandes herramientas en las que se seguía un modelo previo. Su aparición significó un cambio trascendental respecto a lo anterior, el Modo 1 u Olduvayense, en el que ancestros más primitivos se limitaban a hacer utensilios con filo, sin seguir un estándar. Una revolución mayor que la invención de internet.
La especie que los fabricaba era, posiblemente, el Homo erectus, o ergaster africano, aunque también se han encontrado restos de estos humanos primitivos junto a herramientas mucho más sencillas, que habían sido atribuidas hasta ahora a Homo habilis, y que ahora se ha puesto en duda.
Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Los arqueólogos firmantes, del Instituto de Evolución en África (IDEA), creado en 2010, han localizado un total de 2.120 piezas diferentes en un solo yacimiento de Olduvai, el FLK West. Estaban en seis unidades estatigráficas diferentes cuando salieron a la luz en 2012. La inmensa mayoría (más del 73%) son de cuarzo, pero también las hay de materiales volcánicos y de esquistos. Entre ellas, había 28 hachas de mano, algunas bifaciales (que se denominan bifaces) de gran tamaño: una de ellas tiene 30 centímetros de longitud. Algo similar no se ha encontrado hasta 700.000 años más tarde. También había decenas de lascas y los restos que dejaron al fabricarlas. Entre estas últimas, la mayoría no son simétricas, pero si que fueron retocadas varias veces para conseguir cuchillos eficaces . Como  están junto a los bifaces, que si tienen simetría, no hay duda de que la técnica la conocían, aunque no siempre la utilizaban.

Ciertamente, no es la primera vez que se encuentran herramientas achelenses tan antiguas.. Antes de este hallazgo, cuyo trabajo ha dirigido Fernando Díez Martín, ya se habían descubierto algunos utensilios con 1,7 millones en Kokiselei (Kenia) y en Konso (Etiopía), pero las  de FLK West están talladas con más habilidad, lo que demuestra que aquellos humanos desde los inicios tenían la capacidad cognitiva suficiente como para producirlas;  otra cosa es que a unos  erectus les salieran mejor que a otros, como ocurre hoy en día: no todos somos igual de hábiles con los trabajos manuales, aunque nuestro cerebro sea igual. También es posible que hubiera una gran diversidad de formas de hacer las herramientas en función del lugar. “Lo que está claro es que el cerebro complejo ya existía hace 1,7 millones de años y que esta tecnología puede ser incluso anterior”, señala Domínguez Rodrigo a este Laboratorio. Y tiene razón… ¿Por qué iban a haber encontrado justamente las primeras?

Pero si esto es importante, no lo es menos que FLK West es el primer yacimiento en que los utensilios de piedra aparecen junto a los restos de los animales para los que se utilizaron, cosa que no se encontró en Kenia ni en Etiopía, por lo que era difícil saber para qué las habían fabricado.  Es el mismo problema que había en otros yacimiento (como Koobi Fora o Peninj, algo posteriores). Y es que una piedra cortante podía servirles para desmembrar y sacar la carne de la presa, para trabajar la madera, para machacar una planta o para excavar la tierra y conseguir un tubérculo…. En Peninj, se concluyó que las usaban para la madera y en Konso (Etiopía) que el objetivo era cortar la carne. Sólo FLK W no deja lugar a interpretaciones: allí los homínidos se dedican a la explotación de los animales que conseguían; descuartizaban los cadáveres y al hacerlo dejaban marcas de cortes en los huesos.

Entre los animales identificados por sus fósiles, hay un mínimo de 2o bóvidos (antílopes de tamaño grande), jabalíes y équidos, de los que se conservan huesos largos, dientes y costillas. Y son muchos los que tenían cortes, señales de haber sido machacados para sacar el tétano o marcas de dientes. Al menos en dos niveles estatigráficos (el 5 y el 6) se ha confirmado que herramientas y restos de animales estaban juntos. Saber para qué usaban cada pieza es algo que aún no se ha averiguado, pero será objeto de un estudio posterior.

Una cuestión añadida es que en ese momento África vivía un momento de grandes cambios climáticos, como han revelado los estudios que también ha realizado los investigadores. El paisaje tendía a la aridez, abriendo grandes espacios en los bosques, tanto en Olduvai como en otros lugares, como la cuenca etíope del río Omo. Para los autores “la coincidencia en el tiempo de estos cambios y la aparición de las primeras industrias achelenses sugiere que hubo un disparador climático para esta innovación tecnológica y su impacto en la evolución humana”.

 

La mano ‘humana’ que cambia dos millones de años de evolución humana


La falange Olduvai Hominin 86 (OH86), comparada con la nuestra. |Nature Communication

La falange Olduvai Hominin 86 (OH86), comparada con la nuestra. |Nature Communications

ROSA M. TRISTÁN

Un hueso de apenas dos centímetro de longitud, enterrado en una fina capa de lodos carbonatados, pueden dar la vuelta a la historia de la Humanidad. Perteneció a una mano, la izquierda, de un individuo que vivió hace casi dos millones de años en África, un primate que podría medir más de 1,70 de altura y que era capaz de fabricar herramientas con cierta soltura y, posiblemente, cazar animales que eran cientos de kilos más pesados que su cuerpo. Todo ello podría no significar nada, si no fuera porque hasta ahora se pensaba que en ese pasado remoto sólo vivía en este planeta un ser ‘habilidoso’ con las piedras, que precisamente fue bautizado como el Homo habilis; la verdad es que era más bien bajito -apenas 1,60-  y que aún tenía querencia por andar por los árboles, pero fue el primero en clasificarse como ‘humano’.

Manuel Domínguez-Rodrigo, junto a los excavadores del yacimiento PTK. | Javier Trueba

Manuel Domínguez-Rodrigo, junto a los excavadores del yacimiento PTK. | Javier Trueba

Hace dos años, un equipo español, que trabaja en la Garganta de Olduvai (Tanzania) desde hace unos años, se topó en un nuevo yacimiento con un pequeño fósil que resultó ser la falange proximal (la primera) de un meñique y, con tan poco material, los científicos dirigidos por Manuel Domínguez-Rodrigo, Enrique Baquedano y Audax Mabulla, quizás revolucionen nuestro pasado: ¿Quienes eran aquellos seres con manos tan similares a las nuestras, tan esbeltos y fuertes que habitaron esas tierras tanzanas hace 1.840.000 años? “No sabemos, nunca se encontró un hueso similar tan antiguo, pero sólo hay dos posibilidades: o era un Homo erectus o era de otra especie que no conocemos aún. Fuera quien fuera, revoluciona lo que sabemos de evolución humana”, me asegura Domínguez-Rodrigo, uno de los firmantes del hallazgo en la revista Nature Communications.

Tengo fresco en la memoria el viaje que hice en 2010 a este proyecto científico del Instituto de Evolución en África (IDEA), un tanto maltratado en este país por las administraciones. Por ello, a medida que el arqueólogo me relata cómo se encontró, puedo imaginarme al geólogo David Uribelarrea prospectando la Garganta en busca de sedimentos ricos en fósiles, con su pico en ristre y su sombrero de alas, y también el momento en el que tropezó -en el punto donde se une esta garganta con otra secundaria- con el yacimiento PTK,  un lugar que escondía “una orgía de fósiles”, como la describe ahora. Sabía que tenía la misma antigüedad que otro yacimiento bien conocido: el ZINJ, en el que Mary Leakey en 1969 y otros después que ella, localizaron restos del famoso habilis, a no más de 500 metros de distancia.

La falange OH86, en sus diferentes caras: de frente, de lado y por abajo. |Nature Communications

La falange OH86, en sus diferentes caras: de frente, de lado y por abajo. |Nature Communications

Enseguida se pusieron a excavar. Entre huesos de waterbucks y otros grandes antílopes, en un sedimento donde también había utensilios de piedra de la tecnología Olduvayense (o Modo 1), estaba la falange. Indiscutiblemente era de un primate. Y un primate muy parecido a nosotros.

En el trabajo publicado, que no fue aceptado en Nature por considerar que no es de interés general, según uno de los editores, diseccionan meticulosamente cada rasgo de ese pequeño fósil y lo comparan con los de otros simios bípedos que por entonces vivían en la sabana. Y es distinto: “Los dedos del Paranthropus boisei, del Australopithecus afansesis, incluso del Homo habilis, son alargados, estrechos y curvos porque hace dos millones de años todos subían y bajaban de los árboles y necesitaban esos dedos para agarrarse bien. Pero los de este individuo son más cortos, y más anchos, y rectos. Son manos para manipular objetos, no para trepar. Hasta ahora, la falange moderna más antigua de una mano era la que se encontró en la Sima del Elefante de Atapuerca, con 1,2 millones de años. Esta tiene casi 1,9 millones”, explica Domínguez-Rodrigo.

Entre los firmantes, un gran especialista en autópodos de homínidos, el paleontólogo Segio Almécija, que hizo su tesis doctoral sobre estas las manos y pies de los primates del Mioceno de Cataluña, que tuvo una beca postdoctoral en el American Museum of Natural History de Nueva York y que desde este verano tiene ya plaza fija en la Universidad George Washington, con Bernard Wood. ¿Otro cerebro fugado?

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Excavando en PTK con ‘palillos chinos’. O eso parecen. | Nature Communications

La pregunta siguiente respecto a este hallazgo es inevitable. ¿Y a quién pertenece esa mano izquierda que de un sopetón puede cambiar lo que sabemos de nuestro pasado? Pues como pasa con el fósil de Atapuerca, este “tercer hombre” (en alusión al Parántropos y al H. habilis con los que convivió) es un misterio. Un nuevo agujero negro que fue bípedo, alto y fuerte, con una mano similar a la del Niño de Turkana, casi medio millón de años más joven. Así que quizás es un Homo erectus, como él, o algo nuevo, desconocido, relacionado con ese otro pedazo de humano hallado en Etiopía con 2,8 millones de años (una mandíbula), o con esas discutidas herramientas aún más primitivas datadas hace la friolera de 3,3 millones de años. Esa es la disyuntiva del arqueólogo.

Así que, ¿y si el Homo habilis, con ese pequeño cerebro de 600 gramos, poco más que un chimpancé, no era tan listo como lo hemos pintado? ¿Y si fue otro homínido el autor de las herramientas que estaban cerca de sus fósiles y se le atribuyeron por error? A Manuel nunca le cuadró que aparecieran animales cazados por habilis de 300 kilos de peso. Esa caza requería estrategia de grupo, armas eficaces.. ¿Podía hacerlo ese animal pequeño y de pocas neuronas, aunque ya supiera caminar como nosotros? “Yo tenía muchas dudas”, me reconoce, aunque entonces, hace cinco años, cuando paseábamos por Olduvai recorriendo la Garganta, me argumentaba explicaciones que aún andaban bajo tierra.

¡Y lo que queda por sacar! Porque, aunque tardará en estar publicado, en la campaña de este año, que aún continúa en Tanzania, han descubierto otro yacimiento aún mejor que el PTK, y también con restos humanos de la misma cronología. Son fósiles de un pie. “Es otro lugar que ocuparon los homínidos y en el que también dejaron herramientas de Modo 1 y restos de animales. Lo encontramos porque lo afloraron las lluvias, así que tuvimos que ponernos a sacar lo que había para que no se deteriorara. Es espectacular. Si en Zinj el 80% de los fósiles están en 20 metros cuadrados, aquí tenemos esa misma concentración en 30o. Hay para muchos años de trabajo”, apunta.

Afortunadamente, el proyecto cuenta, además de con la escasa ayuda pública española, con financiación privada de EEUU, a través de la Universidad de Carolina del Norte, cuyos alumnos pagan cada verano por ir a aprender a Olduvai con el equipo. En total, unas 50 personas desplazadas y unas dos decenas de africanos han colaborado este año en una campaña que no deja de crecer año tras año. Ese ‘tercer hombre, o mujer, africano’ va a dar mucho que hablar.

Hace 8.000 años todos éramos negros


La autora y un joven masai, en Tanzania. Pieles distintas, pero desde hace sólo 8.000 años. |R.M.T.

La autora y un joven masai, en Tanzania. Pieles distintas, pero desde hace sólo 8.000 años. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN
Una reciente investigación ha vuelto a poner sobre el tapete un asunto que adquiere importancia mucho más allá de la ciencia para situarnos en un escenario que deja al racismo en el limbo del absurdo que supone su mera existencia; la piel blanca de los europeos, con la que luego colonizamos buena parte del planeta, tiene apenas 8.000 años de existencia. Ya antes de darse a conocer este trabajo, hace unos días en la 84ª reunión anual de la Asociación Americana de Antropología, se sabía que la piel humana ha sido negra durante el 95% de nuestra historia, o más, pero sólo ahora, gracias a los estudios genéticos, se ha podido confirmar. Si, hasta antes de ayer éramos negros y no podemos asegurar que volvamos a serlo en el futuro.

Para llegar a la conclusión de que lo que nos diferencia es algo muy reciente, un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard secuenció los genomas de antiguas poblaciones de toda Europa. En concreto compararon las parte del ADN implicadas en el color de la piel de 83 individuos encontrados en diferentes yacimientos arqueológicos del continente. Este estudio, como publica en Science Ann Gibson, reveló que los europeos actuales son una mezcla de tres antiguas poblaciones de cazadores-recolectores y de agricultores que llegaron hasta el continente de hace 8.000 años y que hace unos 4.500 años hubo una masiva migración de pastores de Yamnaya, las estepas al norte del Mar Negro, que probablemente trajeron las lenguas indoeropeas.

Pero ¿qué genes eran tan favorables como para expandirse con rapidez en estas tierras? Para averiguarlo el genetista de la población Ian Mathieson, de Harvard, decidió comparar los genomas de esos 83 europeos antiguos con los de europeos de hoy en día, utilizando para ello la base de datos del 1000 Genoma Project, una iniciativa científica lanzada en 2008 a nivel internacional para catalogar las diferencias genéticas humanas. Y Mathieson encontró cinco genes  asociados con cambios en la pigmentación de la piel, y también con la dieta, que experimentaron una fuerte selección natural.

El equipo encontró que en ese cambio de color hubo implicados tres genes diferentes que dan lugar a la piel clara, según las zonas, lo que implica una evolución en mosaico según el lugar a lo largo de esos ocho milenios. Aunque los fósiles muy antiguos no guardan restos de piel, se presume que los humanos que salieron de África hace 40.000 años para llegar a Europa tenían la piel oscura, que es ventajosa en donde hay mucho sol.  Y es una característica que perduró 31.500 años, pues cazadores y recolectores de ese periodo encontrados en España, Luxemburgo Hungría no tuvieron en todo ese tiempo la palidez que nos proporcionan las versiones de los genes SLC24A5 y SLC45A2.

Sin embargo, en el norte del Europa, donde hay poca luz, los cazadores-recolectores de casi el mismo periodo (hace unos 7.700 años) eran ya muy distintos: siete individuos de un yacimiento al sur de Suecia ya tenían esas mutaciones genéticas de la piel blanca, e incluso uno más (la del gen HERC2/OCA2) que proporciona los ojos azules y el pelo rubio. Fue por entonces que llegaron los primeros agricultores de Cercano Oriente, que también traían los genes de piel clara y poco a poco también en el sur comenzamos a ‘aclararnos’, aunque hasta hace 5.800 años aún nos faltaba mutar un gen para ‘barrer’ definitivamente los rastros de negritud.

Los científicos también han encontrado explicación genética a la más baja estatura de los mediterráneos, respecto a los nórdicos. Afirman que con la llegada de los pastores esteparios, en el norte y centro de Europa se extendieron la variantes genéticas de estas poblaciones relacionadas con su mayor estatura, mientras que la selección hizo que en Italia y España, sobre todo en nuestro país, hace 6.000 años, la esbeltez se contrajo debido, apuntan, a unas temperaturas más frías y a una dieta pobre.

Además, en el mismo trabajo han confirmado que los cazadores-recolectores y los primeros agricultores europeos no podían digerir los azúcares de la leche hace 8.000 años, pues carecían de la versión del gen (el LCT) que nos permite tomar este producto cuando somos adultos, una tolerancia que no llegó a Europa hasta hace 4.300 años.
Es muy triste que con este pasado a nuestras espaldas aún haya blancos que sigan pensando que son superiores. Son los mismos que cada día paran en la calle a los negros para comprobar su identidad, los que los tirotean en las calles de Estados Unidos, los que relegan matanzas como la de Kenia a segundo plano en los medios (142 jóvenes asesinados de una tacada) y los que les echan a golpes de vuestras fronteras.
Todos venimos de su tierra africana.. Y hasta antes de ayer todos éramos negros. No lo olvidemos

12.000 manuscritos del Fondo Kati siguen en la estacada


Ismail-Diadie-y-fondo-Kati

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Ismael Diadié Haidara se empeño en que España fuera quien disfrutara del tesoro heredado de sus antepasados no podía imaginarse que se las veía con un Estado, unos responsables políticos, unas empresas y una sociedad que no iban a saber valorar lo que se le ofrecía: 12.714 manuscritos con 550 años de historia, los mismos que salieron de Toledo en 1467 y que Ismael quería que fueran digitalizados para su estudio en el mismo país donde comenzó su andadura. Pero, por sorprendente que parezca, la realidad es que en este país no se ha valorado su oferta. Quince años después, Diadié aún no tiene salida clara para el FONDO KATI y algunas fuentes señalan que ya hay importantes instituciones extranjeras (en Francia, en Suiza…) que están tanteando cómo hacerse con la versión electrónica para que “sus” investigadores y “sus” expertos tengan acceso a lo que aquí tan alegremente se rechaza.

Hace un par de años  dediqué un artículo a este Fondo. Entonces, un grupo de personas, con más ánimo que capacidad financiera, nos constituimos en Círculo de Amigos del Fondo Kati. Entonces, aún coleaba el conflicto islamista en el norte de Mali, en Tombuctú, la ciudad donde los antepasados de Ismael recalaron tras ser expulsados de España, como recordaba él mismo el otro día en el centro cultural Conde Duque, en el ciclo “El viaje y sus culturas” organizado por Pilar Rubio Remiro.

Ismael  Diadié, durante la conferecia en el Centro Cultural Conde Duque. |R.M.T.

Ismael Diadié, durante la conferecia en el Centro Cultural Conde Duque. |R.M.T.

Ante una embelesada audiencia, Ismael fue relatando cómo un 2 de julio de 1467, tras una cruenta reyertas entre  cristianos,judías y musulmanes, el joven jurista Ali Ben Ziyad al-Quti,  de origen visigodo y una familia islamizada, salió de Toledo con su biblioteca a cuestas. El camino del exilio le llevó a Granada, Sevilla, al sur de Argelia, Siria, Bagdag, Jerusalén, Mauritania… para acabar en Malí, donde se casó con la sobrina del rey. Fue su hijo, Mohamed Kuti, el verdadero artífice de la biblioteca, comprando manuscritos en sus largos viajes, para acabar instalándose en Tombuctú. Casualidades de la Historia, estando en Fez se encontró con León el Africano (Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi), cuya familia también había sido expulsada de Granada por los Reyes Católicos. Kuti, el primer historiador, y León, el primer geógrafo, cruzaron sus pasos…

Desde entonces, la biblioteca, de siglo en siglo, fue sufriendo bandazos, como la propia familia Kuti, que iba escribiendo en los márgenes de los manuscritos sus avatares. Siglos en los que turcos, ingleses y españoles se disputaron aquellos legajos, siglos en los que se dispersaron para volver a reunirse y de nuevo perderse en un espacio que iba del Sáhara a El Escorial. Hasta que el padre de Ismael, en los años 80 del siglo pasado, comenzó a trabajar para que volviera a ser el gran tesoro bibliográfico con el que soñó Mohame Kuti. “Lamento profundamente que al final no llegara a ver su tarea totalmente terminada”, afirma Ismael.

 

Manuscritos del Fon.do Kati

Manuscritos del Fon.do Kati

Fue a finales de los 90, cuando el heredero comenzó a moverse para que aquel legado único fuera protegido, para que, ya en el siglo XXI, encontrara acomodo en el que asentarse para ser investigada. Se habló de llevar el Fondo, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, a la Biblioteca de Alejandría, traerlo a España… Pero un grupo de intelectuales (Jose Ángel Valente, José Saramago, Juan Goitisolo, etcétera) firmaron un manifiesto defendiendo que su lugar Tombuctú. Y el guante lo recogió la Junta de Andalucía, que financió en la ciudad del desierto un edificio para albergarla. Aquel convenio (firmado en el año 2002) preveía, además, la microfilmación de los manuscritos para su consulta por los investigadores.

El edificio, por cierto una construcción bastante deficiente, se hizo. La microfilmación nunca existió.

Diez años más tarde, Tombuctú había cambiado su mito medieval de “ciudad de oro” por el de “ciudad de la tinta”, en palabras de  Diadié Haidara. A la Bilioteca Nacional se unía la del Fondo Kati  y sus 12.714 manuscritos, con más de 7.000 textos marginales, todo un imán turístico. Antologías poéticas, actas de compra-venta de judíos, cartas a reyes… John Hunwick, de la Northwestern University de Chicago, llegó a asegurar que su contenido, aún por desvelar, “puede cambiar la historia de África”.

Sin embargo, la Humanidad no aprende y la religión se cruzó de nuevo en el camino de los Kati, y en abril de ese año, 2012, los islamistas entraron en Tombuctú. A Ismael no le quedó más remedio que volver a dispersar la biblioteca para que no fuera quemada por los fanáticos. “Es triste que, 545 años más tarde, el mismo fanatismo religioso que la obligó a dejar Toledo, la alejara de Tombuctú”, afirma.

Absurdo el fanatismo, pero no lo es menos que a estas alturas el Fondo siga guardado en cajas de metal (unas en el desierto, otras en Bamako y algunas en Andalucía), sin investigar y sin digitalizar. Y ya van para tres años que la situación no ha cambiado, pese a que la empresa de seguros DKV, desde finales de 2012,  asegura que trabaja para que puedan ser consultados. “A día de hoy, digitalizado no está”, afirma  el bibliógrafo y escritor maliense.

DKV ha anunciado la organización exposiciones en varias ciudades con los manuscritos, eventos que pueden costar un millón de euros, como ha salido publicado,  en Toledo, Jerez de la Frontera o Tarifa, con motivo del 550 aniversario de la salida del Fondo Kati de su lugar de origen. Ahora bien, con ello no se avanzará en lo importante, que es agrupar el material para que pueda ser restaurado y puesto a disposición de la investigación, una vez que sea accesible digitalmente. Y a todo esto: ¿ dónde está el Ministerio de Cultura, y dónde  la Biblioteca Nacional? Es muy triste que a final tengan más recursos en Malí, donde hay manuscritos de su bibilioteca ya accesibles en la red, que en España.

Por cierto,  la Sociedad Geográfica Española otorga este año su premio Iniciativa/ Empresa precisamente a DKV por “digitalizar” el Fondo Kati. Un premio que, de momento, se adelanta a la realidad.

Ismael Diadié acaba de publicar un hermoso libro titulado “ZIMMA”, de la editorial Vaso Roto.

Un robot, diseñado por una congoleña, revoluciona las calles africanas (VÍDEO)


Thérése Izay Kirongozi. |@ROSA TRISTAN

Thérése Izay Kirongozi. |@ROSA TRISTAN

ROSA M. TRISTÁN
(Vídeo del robot al final)

Un robot, desarrollado por una investigadora africana, se está haciendo con las calles en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo. No tiene nombre, pero se está convirtiendo en un héroe en un país donde las muertes por el tráfico son un problema nacional. Su fama ya ha traspasado las fronteras congoleñas y Thérèse Izay Kirongozi, la ingeniera que le ha dado vida (artificial, claro), está empeñada en que triunfe en todo el mundo. Y va camino de conseguirlo. Días atrás ha estado en Madrid, invitada por la Fundación Mujeres por África, que presentaba su proyecto Ellas Investigan, del que ya se ha hablado en este Laboratorio para Sapiens. De sus palabras se deduce el ímpetu con el que nuevas generaciones de mujeres de ese continente están entrando en el mundo la de la ciencia africana e internacional, conscientes de  su: realidad:  “Los africanos debemos ser quienes transformemos nuestros recursos en desarrollo”.

En un país donde la situación y los derechos de las mujeres se violan continuamente ¿Cómo ha sido su carrera hasta aquí, y más en una profesión como la electrónica, donde también en Europa hay pocas mujeres? 

Yo era la mayor de seis hermanos. Mi padre era ingeniero electromecánico y fue  él quien me animó mucho a estudiar nuevas tecnologías, pues pensaba que ahí estaba el futuro. Tiene razón que es un profesión muy masculina. De hecho, en mi promoción éramos sólo tres mujeres entre 15.000 hombres. Era un grano de arena. Luego su número han aumentado y ahora somos un 5%, poco pero un gran avance. En mi caso, estudiar estudiar sólo con chicos me vino muy bien para romper la timidez y me demostró que las mujeres podemos hacer todo lo que nos propongamos, exactamente lo mismo que los hombres.

¿Cómo nació este robot? ¿Se había hecho algo similar antes?

Pues no, no se había hecho nada parecido en ningún sitio. El robot nació porque constaté que en África el tráfico era un gran problema. Según informes de la OMS, cada hora mueren 26 personas en accidentes en África, y únicamente tenemos el 2% del parque automovilístico mundial. Eso es lo convierte en la causa principal de fallecimiento. Además, las víctimas más comunes son niños y mujeres. En Kinshasa en 2012 hubo más de 5.500 accidentes en 10 meses, con más de 3.000 muertos. Al conocer estos datos, se me ocurrió diseñar un robot para el control del tráfico, porque hay señales pero no son suficientes porque mucha gente no las entiende. Y porque en mi país hay muchos conductores que no han estudiado y no saben interpretarlas. Respecto a los guardas, no siempre están cuando se necesitan. Por ello, diseñamos un robot que todo el mundo puede entender. En realidad tenemos dos generaciones. Uno que ayuda a los niños a cruzar calles y otro que ayuda a aclararse en las rotondas o cruces, donde hay muchas señales. Y le hemos dado voz: si un niño quiere cruzar, da a un botón y el robot le dice cuando puede cruzar, y le habla para que  aprenda. Incluso canta. Desde que está, la población se siente cercana a la máquina. Antes, nadie les hablaba para informarles. Nuestro robot lo hace.

¿Y qué ocurre cuando alguien comete una infracción?

También tenemos un sistema de vigilancia con cámaras instaladas en el autómata que registra todo lo que pasa y saca fotos de los que van a demasiada velocidad o se saltan una señal. Tiene una visión de 360 grados, que es mucho más que una persona. Incluso en Europa las cámaras tienen un ángulo de visión de 180 grados, así que es una gran innovación. Pero nuestra meta es tener un autómata perfecto, y estamos en ello. Le hemos hecho de 2,5 metros de alto, y sobre una peana, para que infunda respeto a los conductores. Ante un robot, se piensan si cometer una infracción. Otra característica es que, como en Congo hay problemas de suministro eléctrico, funciona con paneles solares. Y como tiene inteligencia artificial, se apaga cuando hay poco tráfico. Todo ésto está conectado con un Centro de Control de Operaciones.

Este desarrollo surgió de una coopeerativa de mujeres ¿Cómo lograron sacarlo adelante?

Efectivamente, es fruto de un diseño que surgió en la cooperativa Women Technology, un grupo que comenzó siendo únicamente de mujeres ingenieras, aunque ahora hemos incorporado a hombres. Nuestro objetivo es crear empleo. De hecho, ya tenemos seis robots instalados en RD Congo y a partir de enero habrá otros 20, que estamos fabricando ahora. Incluso tenemos pedidos en Angola, en Abuya (Nigeria), en Brazzaville (República del Congo) y en Abidjan (Costa de Marfin). En Europa, Bélgica quiere apoyar esta iniciativa y comprará un robot para la ciudad de Namur; también en Paris, la asociación Color de África quieren uno para presentarlo en su país.

¿Cuánto cuesta un robot así? A ver si nos ponen uno en Madrid…

Lo vendemos entre 20.000 y 25.000 euros. Por eso quiero dar las gracias a la Fundación Mujeres por África, que nos ha invitado a venir y darnos a conocer. Su visión de la mujer es como la nuestra. Es la de una mujer que está en el origen del desarrollo. Y queremos que las jóvenes, a través de la ciencia y de las nuevas tecnologías, puedan avanzar. Mi país es el pulmón de África, tenemos muchos minerales, ningún otro país africano tiene tantos recursos, pero sin embargo somos de los más pobres. Y si conseguimos que las mujeres tengan espíritu de empresa e innovación se podrán conseguir cambios de verdad en África, y sobre todo en mi país.

¿Fue fácil implicar a más mujeres en la cooperativa?

La creé hace 10 años porque ví que no teníamos trabajo en las empresas y que al final, pese a tener formación, las tituladas acababan despachando en una tienda. No se si nos subestimaban por ser mujeres o si se debe a que hay mucho desempleo. Pero yo soy muy  emprendedora, así que comencé organizando talleres de electrónica para enseñarles cómo arreglar ordenadores o móviles y, poco a poco, surgieron pequeñas empresas. Más adelante, organicé ferias en las que se mostraban las innovaciones tecnológicas que hacían estas mujeres y los jóvenes, pero no había interés en las empresas. Una de esas innovaciones que se presentaron fue un robot de madera, que me dió la idea de transformarlo en un sistema de tráfico inteligente, puesto yo había hecho la especialización en autómatas; pensé que se podía desarrollar la idea a través de una cooperativa de mujeres, en las que se implicaron muchas.

¿Tienen otros proyectos en mente?

Tenemos los cajones llenos de proyectos, pero uno de los más interesantes es el desarrollo de un sistema mecánico que ayude a las mujeres que cargan peso sobre la cabeza. En Congo hay dos o tres provincias donde llegan a acarrear casi 200 kilos de este modo. Las llamamos las ‘mujeres transportistas’ y queremos buscar una solución. Algo sencillo, sin piezas electrónicas, que encaje en el medio ambiente porque se trata de una zona montañosa.  Además, con el dinero que consigo a través de Womens Technology también tenemos en marcha proyectos sociales de ayuda a mujeres y niños. En Madrid he visto que también podemos desarrollar otros ámbitos importantes para las mujeres. Y todo lo financiamos vendiendo robots, aunque al principio pagué la formación de las mujeres con tres restaurantes que tengo abiertos. Porque en mi país no hay subvenciones y desde que tuvimos dos prototipos en la calle, tardamos dos años en tener el primer pedido.Pero siempre fuimos optimistas. Ahora tenemos seis en acción, además de los 20 que estarán en marcha en enero.

Es una auténtica fábrica

(Risas) Prefiero llamarlo laboratorio. Fabricamos de forma artesanal. Somos sólo 15 personas de momento, pero pienso que podemos llegar a ser más de mil. Una parte para fabricación, otra mantenimiento y también para el centro de control. Además, es un sistema que permitirá al Estado recaudar mucho dinero a través de las multas; si el Estado nos financiara con un 5% de esa cantidad, ayudaría a que la cooperativa sobreviva. En Sudáfrica, el 17% del presupuesto nacional se consigue por las sanciones  de tráfico y en Zambia, hasta un tercio. Pero en mi país, con 70 millones habitantes, es una aportación irrisoria. Quiero decir con ello que no sólo aportamos nueva tecnología, sino también podemos generar ingresos. Y también trabajo para los jóvenes, en un país donde hay un 80% paro juvenil con una tecnología propia. Tendremos que importar los paneles o las cámaras, pero lo demás es diseñado en RD Congo.

¿Qué factor diferencial aporta que sea investigación hecha en África frente a que les llegue de fuera para África?

El padecimiento que tiene este continente es su incapacidad para la transformación. Siempre digo que conseguiremos salir adelante cuando seamos capaces de aprovechar nuestros recursos, como por ejemplo los minerales. Ya hemos dado un primer paso al fabricar algo en el Congo, un país que valora poco la inteligencia humana. En general, en África se tiene en cuenta la riqueza en recursos, pero se olvida que la inteligencia humana es fundamental para el desarrollo, que es algo que si se entiende en Europa. No sirve de nada tener  minerales valiosos si no hacemos nada con ellos. Mientras África no sepa transformar sus materias primas, no se podrá desarrollar.

¿Tiene algo que hacer al respecto la comunidad internacional?

Debemos ser nosotros mismos los que nos demos cuenta. En mi país hay gente viviendo en casas en las que crece el algodón, o en las que se ve el cobalto. Pero lo que hacemos es venderlo y otros se hacen ricos transformándolo. Somos los africanos los que debemos ser conscientes de lo que pasa. Podemos desarrollar África solos.

¿Hay contactos entre investigadoras africanas en los que comparten sus trabajos?

Si, pero no muchos. Ha habido reuniones en Angola o Nigeria. Y en todas animamos a las jóvenes a implicarse en las nuevas tecnologías. Prefieren la medicina, la docencia, incluso el periodismo, pero intentamos que amplíen su escenario porque aquí hay mucho futuro. Desde las instituciones públicas también hablan de ello, pero en África se habla mucho y se hace poco.

¿Está satisfecha con el eco internacional de su robot?

Mucho. Ha sido una sorpresa que esta Fundación española se haya interesado en nuestro proyecto; es la segunda gran sorpresa. La primera la tuvimos cuando la mujer del vicepresidente de Estados Unidos, de visita en Congo, vino a conocer nuestro laboratorio porque la CNN lo había sacado en antena.  Ahora, para mí es un sueño poder haber conocido a alguien como María Teresa Fernández de la Vega y poder colaborar con su programa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mujeres negras en batas blancas: la ciencia en África


La científica congoleña Thérese Kirongozi. |AFP Getty

La científica congoleña Thérese Kirongozi. |AFP Getty

ROSA M. TRISTÁN

África, el continente de la miseria, del expolio y los virus más mortíferos, es también un espacio de crecimiento, de nuevas artes en ebullición, de diseño, y de ciencia. Y eso es lo que quieren descubrir, a quienes solo ven su lado oscuro, en la Fundación Mujeres por África, presidida por María Teresa Fernández de la Vega.  Hacia esa cara luminosa del progreso se dirige su último proyecto: “Ellas investigan”. Y ‘ellas’ son mujeres negras con batas blancas. Astrofísicas, genetistas, expertas en robótica, biomédicas… Africanas que, sin salir de sus países, andan metidas en precarios laboratorios de los que salen hallazgos que ayudan a mejorar la vida subcontinente.  Mujeres negras en batas blancas que saben muy bien qué es lo más urgente y necesario para los africanos.

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La basura electrónica, alta tecnología que envenena


Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos acaban en el mar sin ningún tratamiento. |@ROSA M. TRISTÁN

Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos y electrónicos acaban en el mar Ártico sin ningún tipo de tratamiento. Asi lo ví hace un año. Y así sigue. |@ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Cuando hace un año estuve en Groenlandia hubo una imagen que me dejó tan impactada como su fascinante belleza. Junto a un fiordo espectacular se acumulaban toneladas de residuos: coches, bidones de combustible (cuyos restos fluían hacia el agua por el que navegaban los icebergs) y centenares de aparatos eléctricos (lavadoras, frigoríficos, planchas, ordenadores…) cuyos componentes ensuciaban la prístina majestuosidad del entorno. Casi 12 meses más tarde, conocí a la documentalista Cosima Dannonitzer, pues tuve la suerte de presentar su documental ‘Comprar, tirar, comprar’ sobre la obsolescencia programada en unas jornadas de Mediapro en el Matadero de Madrid. Allí me habló de su último trabajo, sobre el que conversamos en esta entrevista, y la imagen de aquel lugar hermoso y trágico me volvió a la mente.

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El ébola, ese virus que paraliza a los gobiernos


ROSA M. TRISTÁN

COLABORA CON STOP EBOLA DE MSF

Desesperados, colapsados, muy muy preocupados. Los trabajadores de Médicos Sin Fronteras (MSF) ya son saben cómo gritarlo más alto para que les oigan. Para que los gobiernos (empezando por el de España) actúen de una vez por todas para frenar el ébola en África, porque diríase que a ellos no les mata, pero les paraliza. Para que las palabras huecas en los grandes foros (nacionales e internacionales) den paso a medidas urgentes y concretas. Los virus son agentes infecciosos con millones de años de existencia, con un largo historial de mutaciones genéticas. Y no saben de plazos, ni de programas electorales, ni de corruptelas, pero sí de insolidaridad, discriminación, de violencia. Son el caldo de cultivo en el que se hacen fuertes.

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Pirineos Sur: de músicas, montes y mujeres


Stitched Panorama

ROSA M. TRISTÁN

Casi tengo la certeza de que las primeras notas cantadas de la Humanidad salieron de la garganta de una madre acunando a su cría, allá por las lejanas tierras del centro de África, en medio de una naturaleza de pasmosa belleza y llena de peligros. Tengo casi la certeza de que con ese ‘runrún’  tranquilizador la Tierra, también en femenino, sintió que una vibración nueva acababa de nacer para acompañarla en su devenir completando así la música de los trinos de los pájaros y las voces de otros animales y del viento. Por ello, cuando este año anunciaron que el Festival Pirineos Sur se dedicaba a las mujeres, que era ‘Femenino Plural’, tuve claro que, una vez más, repetiría con esta cita veraniega.

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Científicos españoles…camino de África


El equipo, camino de los yacimientos de Olduvai, al fondo. |R.M.T.

El equipo, camino de los yacimientos de Olduvai, al fondo. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

Camino de África… El equipo de investigadores españoles del Olduvai Gorge Project ya han iniciado la ruta a la Garganta en la que el ser humano inició su recorrido. En esta ocasión, 22 científicos de diferentes áreas del saber, bajo la batuta de los arqueólogos españoles Manuel Domínguez-Rodrigo y Enrique Baquedano y el tanzano Ausdax Mabulla, pasarán cuatro largas semanas en el campamento que desde hace ocho años organizan cada verano en la Cuna de la Humanidad, un lugar que les ha deparado tantas sorpresas que ya han publicado un monográfico en la prestigiosa revista ‘Quaternary Internacional’: “La evolución del comportamiento de los homínidos durante la transición del Olduvaiense al Achelense: evidencias recientes de Olduvai Gorge y Peninj (Tanzania)” .

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