(2) Ushuaia: al borde del fin del mundo


 


ROSA M. TRISTÁN

Estamos en manga corta en Ushuaia. Quien iba a pensar que en la ‘puerta argentina’ de la Antártida, apenas a mil kilómetros del continente de hielo, se diera esta circunstancia, aún en su verano…

Ayer fue un día tan intenso que no hubo tiempo para escribir. El viaje desde Punta Arenas a esta ciudad del fin del mundo, atravesando más de 700 kms de la Patagonia, fue tan largo como inolvidable. Hay quien piensa que es monótono, pero yo encontré un paisaje lleno de vida, con colores cambiantes….y sin un árbol. Desde el mismo autobús pude ver en lagunas que salpicaban el paisaje cientos de flamencos rojos y otras aves que, pese a los prismáticos, no podía distinguir. También, en un parada, pasó sobre mi cabeza un gran ave que creo que era un cóndor. Y decenas de guanacos, ese camélido salvaje que me recuerda a un ciervo de cuello largo, se acercaban hasta el vehículo, a veces atravesando la carretera, otras mirando erguidos desde corta distancia. Toda la Patagonia está llena de vallas… Desde Punta Arenas a Ushuaia. Todo pertenece a grandes terratenientes que si son chilenos tienen ovejas y si son argentinos la ocupan con vacas. (SIGUE) .

(1) Punta Arenas: al borde de un canal de pura vida


Apenas 20 horas en Punta Arenas (Chile, muy al sur) y ya estoy inmersa en la cultura del país. Y eso que llegar ha costado lo suyo. Un total de 26 horas, con tres vuelo (en medio, uno perdido) y cuatro aeropuertos. El primero, de Madrid a Lima, salió a medianoche del domingo. Fue largo y acompañado de unas turbulencias que, a cada rato, convertían el avión en una batidora. No eran fuertes, pero si suficientes para despertar al pasaje, entre otros a una inocente bebé que no paraba de llorar. Tras el paso por Perú, que duró un suspiro, aterricé en Santiago de Chile, con apenas 75 minutos para enlazar con el vuelo a Punta Arenas… (SIGUE LEYENDO)

Próxima estación…. ¡la Antártida!


ROSA M. TRISTÁN

Dentro de dos horas dejaré mi casa para embarcarme en una aventura informativa de las que dejan huella. No se me ocurre otro lugar tan especial como la Antártida, salvo la Estación Espacial Internacional, que para poder contar la ciencia que se está haciendo allí de primera mano. Este viaje al continente de hielo comienza este 2 de febrero y me lleva, vía Lima-Santiago de Chile-Punta Arenas-Ushuaia-Hespérides- Antártida (Base Juan Carlos I).. Acabará el 15 de marzo. Y entre medias, seguro que mil historias que contaros…

Este artículo de Laboratorio para Sapiens tan sólo es para recordaros que podréis seguir mis crónicas periodísticas de lo que allí acontece desde el continente de hielo en el blog :

SOMOS ANTÁRTIDA de EL PAÍS

Y en la página de este BLOG , donde os contaré esa visión más personal de lo que ocurra hasta 15 de marzo.

DIARIO ANTÁRTICO 2019-2020

*Aviso que la página del diario no se envía como noticia cada día, por lo que hay que entrar para verla o seguir mi cuenta de @Twitter: @RosaTristan, donde iré compartiendo el link siempre que la tecnología polar me lo permita.

¡¡Acompáñame a la Antártida!!

 

 

Los misterios del hielo y deshielo en la Antártida


Hielo procedente de la Antártida en el Mar de Weddell, visto desde el Buque Hespérides. @ARMADA ESPAÑOLA

ROSA M. TRISTÁN

Si hay asuntos controvertidos en torno al cambio climático es su impacto en los hielos de los polos y a qué velocidad desaparecen sus glaciares y, en consecuencia, aumenta el nivel de los mares. La conclusión fundamental es que hay que seguir investigando estos lugares, y sobre el terreno, porque de lo que allí pase depende la vida de millones de personas que habitan zonas inundables…

Un reciente estudio del Panel Intergubernamental del Clima (IPCC), presentado en septiembre, concluía que entre 2007 y 2015, la pérdida de hielo en la Antártida por el aumento de la temperatura se ha triplicado respecto a la década anterior, mientras que en Groenlandia se duplicó. Estos días, un nuevo trabajo científico, realizado por un equipo internacional, entre los que está el glaciólogo español Francisco Navarro (Universidad Politécnica de Madrid) nos recuerda que aún queda mucho por saber al respecto. Navarro estudia desde hace años el balance de masas de los glaciares Johnson y Hurd en la Isla Livingston de la Antártida. En estos momentos, está con su equipo en la base Juan Carlos I, recabando nuevos datos que analizará a su regreso.

Con trabajos como el suyo, se hacen estimaciones de masa de hielo ganan o pierden los glaciares a lo largo de un cierto periodo de tiempo. Dado que las nevadas aumentan la masa de los glaciares y la fusión y la liberación de icebergs hacen que el glaciar la pierda, ese balance entre ganancias y pérdidas es crucial para conocer el “estado de salud” de los glaciares. Y lo que se sabe no es suficiente, según el artículo publicado en Earth Science Reviews, por lo que no sabemos tampoco la respuesta necesaria para mitigar los impactos potenciales del cambio climático. Es una tarea nada fácil.

Dado que los glaciares tienen grandes grietas, sobre todo en las zonas más cercanas al mar, durante campañas pasadas tuvieron que colgar el georradar de un helicóptero para tomar mediciones. Lo activaban por control remoto desde la cabina. De momento, la situación en la Antártida genera muchas dudas: “El enfriamiento detectado durante los primeros 15 años de este siglo en la Península Antártica, sumado al aumento de precipitaciones por la intensificación en esta zona de los ciclones, ha llevado a que el balance de masas en la superficie sea positivo durante este periodo”, explica Navarro.  En otras palabras, tenían más hielo pese a que mantenían su pérdida en forma de icebergs y por la fusión submarina del hielo de su frente en el océano. Sin embargo, en los dos últimos años parece que se ha vuelto a una situación de calentamiento y pérdida de masa en superficie, según los investigadores.

Edward Hanna, profesor de Ciencias del Clima y Meteorología de la Universidad de Lincoln, en Reino Unido, ha coordinado esta investigación realizada por un grupo de expertos internacionales en glaciología del que forma parte Francisco Navarro, Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.

Según el profesor Hanna: “Los glaciares y mantos de hielo son indicadores muy sensibles de los cambios de clima, pero, a pesar de mejoras recientes en disponibilidad de datos y conocimiento, todavía no comprendemos suficientemente bien la rapidez con la que perderán hielo durante el siglo actual y los venideros. Se necesita mejorar las observaciones, especialmente desde satélite, para refinar las predicciones de aumento futuro del nivel del mar resultantes del cambio climático sostenido. Estas estimaciones mejoradas se requieren con urgencia para conocer con mejor precisión los impactos esperados del cambio climático en todo el mundo y poder planificar adecuadamente las medidas concretas de adaptación al mismo.”

Tal y como señala el profesor Francisco Navarro: “En la última década, los grandes mantos de hielo de la Antártida y Groenlandia han sobrepasado la contribución a la subida del nivel del mar producida por la fusión de los más de doscientos mil pequeños glaciares distribuidos a lo largo del planeta, que hasta hace poco eran las masas de hielo dominantes en la contribución al aumento del nivel de los océanos. Sin embargo, mientras ciertas estimaciones proyectan para finales del siglo XXI una contribución de hasta un metro y medio por parte del manto de hielo Antártico, otras sugieren tan sólo unas pocas decenas de centímetros”.

Los investigadores indican que hay una necesidad acuciante de estudios adicionales que lleven consigo observaciones de satélite mejoradas, calibradas y validadas con observaciones sobre el terreno, así como modelos de ordenador más sofisticados, que combinen las masas de hielo y la atmósfera, los océanos y los sistemas terrestres en un auténtico modelo del sistema Tierra.

 

El trabajo ahora publicado analiza las estimaciones recientes del balance de masa de glaciares y mantos de hielo, detectando las limitaciones que tienen las simulaciones con modelos de ordenador. Prueba de su importecia es que ha sido cofinanciada por el Programa Mundial de Investigación del Clima (World Climate Research Programme, WCRP), el Comité Internacional de Investigación en la Antártida (Scientific Committee on Antarctic Research, SCAR) y el Comité Internacional de Ciencia Ártica (International Arctic Science Committee, IASC), junto con los programas de investigación de los países participantes y las universidades e instituciones de investigación de los científicos involucrados.

Los estudios que los investigadores de la UPM realizan en el marco de la XXXIIII campaña antártica contribuirán a mejorar el conocimiento de la respuesta de los glaciares al cambio climático y ayudarán a estimar la contribución de la pérdida de masa de estos glaciares al aumento del nivel del mar.

El monitoreo continuo es vital para resolver estas preguntas abiertas. Además de garantizar la continuidad de los datos satelitales clave proporcionados por misiones como GRACE Follow On (gravimetría) e ICESat2 (altimetría), y llevar a cabo evaluaciones integrales de comparación más frecuentes (anuales) del balance de masas de la capa de hielo, la ciencia criosférica y climática las comunidades necesitan mejorar las colaboraciones existentes para mejorar el modelo climático regional y las simulaciones SMB de la Antártida y Groenlandia (SMB_MIP es un ejemplo clave), y también realizar mejoras significativas adicionales a los modelos GIA, ya que estas son algunas de las fuentes clave de incertidumbre residual subyacente estimaciones actuales del equilibrio de masas de la capa de hielo.

#COP25: Las incertidumbres de una cumbre con demasiados agujeros


 

Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en el plenario de la #COP25 @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Son muchos los que se preguntan para qué sirven las cumbres del clima si las empresas contaminantes siguen contaminando, los gobiernos de los países más ‘sucios’ no vienen y los bancos siguen financiando combustibles fósiles mientras los desastres proliferan por el mundo, sobre todo por el hemisferio sur. Esta cumbre chilena, que tuvo de trasladarse a España precisamente por conflictos sociales generados de una profunda desigualdad social, nació con el pie cambiado. En el fondo, era una cumbre de transición hacia la de Glasgow, en 2020, que es cuando los países que hace cuatro años suscribieron un laborioso Acuerdo de París deberían aumentar sus compromisos con el clima, tomando impulso hacia una descarbonización de la atmósfera terrestre que en su estado actual ya está matando a demasiada gente.

Pues bien, la realidad es que hay poco optimismo en el horizonte. Si algo ha quedado claro estos días en Madrid es que hay un total consenso científico respecto a la emergencia: los investigadores reconocen que sus previsiones se quedaron cortas y nos ‘calentamos’ más de lo esperado. Pero también es evidente que no se frena la contaminación: sólo este año echaremos al aire que respiramos 36.800 millones de toneladas métricas de C02, según un trabajo publicado ayer en ScienceNews. Y es que pese a que aumentan las energías renovables, incluso en Estados Unidos a pesar de Donald Trump, también lo hace el consumo global, un carro que consume mucha energía. “Debemos acordar cómo vamos a ordenar en 2020 nuestros compromisos con arreglo a la ciencia y hay muchas países que dicen que hace falta más ambición, mientras otros quieren que nos quedemos en la letra pequeña, en un paso a paso”, declaraba la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, pocas horas antes del fin de las negociaciones.

En el otro lado de la COP25 ha quedado claro que la presión de la sociedad civil va en alza, y no solo en las manifestaciones. Fuentes oficiales reconocen que ahora los ciudadanos y las empresas quieren estar y quieren tener voz en ella más allá de sus gobiernos. De hecho, es lo que les gritaban unas 200 personas esta semana en una protesta junto a la sala del plenario: ‘Power for people’. Pero es un protagonismo que no todos los dirigentes entienden ni comparten.

Tampoco las gentes del sur comprenden cómo los problemas que les ha generado el cambio climático –provocado por un gas y un petróleo que impulsó el desarrollo en el norte durante el siglo XX- se van a solucionar poniendo precio a la contaminación que otros crean, una ‘suciedad’ que según el mencionado Acuerdo de Paris, firmado en 2015, se venderá en un mercado entre gobiernos y empresas: en otras palabras, permitirá que si alguien contamina más de lo comprometido pueda comprar ‘aire limpio’ (en forma de iniciativas como son reforestaciones, parques eólicos, bosques, etcétera) a quien tiene de sobra. Es el controvertido artículo 6, que se plantea como una alternativa para un mercado de transición. Se trata de resucitar una alternativa que, en términos similares, ya fue aprobada con el Protocolo de Kioto (hace 22 años) que no funcionó porque resulta que los países hacían ‘trampas’ y contaban el ‘aire limpio’ (metafóricamente) dos veces. Ahora se buscaría una mayor transparencia, pero es algo que no gusta a países como Brasil, India o China (por cierto, ahora mismo el más contaminante del planeta), que quieren que les convaliden sus cuentas tal como están.

Pueblos indígenas amazónicos, en la #COP25. @RosaTristán

Este ‘mercado de carbono’ no gusta nada a las organizaciones de la sociedad civil, aunque si a las empresas. Para la mayoría de las primeras, “es una opción que no tienen nada que ver con los derechos humanos y que permitirá seguir contaminando, así que no es una solución real porque ya están echando a la gente con obras como hidroeléctricas o proyectos que se venden como energías limpias”, en palabras de Kwami Kpondzo, de Amigos de la Tierra en Togo. Para las segundas, las compañías, es una oportunidad que se abre ahora que podrían participar en el negocio.

Otro asunto, además, es el precio que se ponga a cada tonelda de carbono porque si es barata, como algunos países pretenden, se desmoronaría el mercado actual en la UE (basado en Kioto), así que parece que tampoco por ahí habrá acuerdo, pese a que desde el primer día el secretario general de la ONU, Antonio Gutérres, lo puso como uno de los objetivos fundamentales de la COP25.

Otro asunto enquistado es el de las ayudas a los países donde ya muere gente, donde ya miles y miles tienen que dejar sus casas por un desastre natural de origen climático. Son millones hoy en África del Sur (impacta ver las cataratas Victoria secas), millones en Haití (la crisis humanitaria arrastrada por la combinación de sequías y corruptelas va en aumento) y más millones en Mozambique, donde los últimos huracanes han generado pérdidas económicas que han endeudado más al país gravemente, aumentando su deuda externa.

El Fondo Verde del Clima que debería servir para que el Sur se adaptara o mitigara los impactos del cambio climático son misérrimos: sus previsiones que tuviera 100.000 millones de dólares en 2020 y no llegan ni a 10.000 (por cierto, España ha aprobado dar 100 millones de euros más). Las críticas a ello han proliferado en la cumbre. Otra cuestión era impulsar otro fondo para esos daños y pérdidas que ya existen (lo llaman mecanismo WIM) que está bloqueado desde 2013. Tampoco en este asunto se ha avanzado, pese que era una de las principales demandas de los países en desarrollo y las organizaciones sociales. En la COP25 se reconoce que es una ‘demanda legítima’ pero todo se quedará en crear otro grupo de trabajo más para hablar del tema.

República de Kiribati, un país del Pacífico en riesgo de inundación total.

Con este panorama, conseguir que ‘las partes’ (vamos, los dirigentes de los países) hagan caso a la ciencia y vayan ‘más allá’ de los insuficientes compromisos de recortes de emisiones (que por cierto no han cumplido y de momento son solo papel) de 2015 es complicado. Algunos, con ese ánimo de retardar el asunto, dicen que es mejor analizar con detalles lo hecho hasta ahora antes de ir hacia adelante y que Paris daba plazo hasta 2023; otros (casi todos europeos) meten prisas ante la emergencia climática, mientras los que quieren retrasarlo no quieren que, de alguna forma, se reconozcan sus frenos para no quedar mal. De momento, tan solo 73 países han anunciado compromisos más firmes de más recortes contaminantes para 2020, pero basta mirar la lista para comprobar que entre ellos faltan casi todos los grandes (EEUU, China, Japon, India…) y ni siquiera está toda la UE (España, si).

A todo esto, y pese a que desde fuera se insiste en soluciones que vayan más allá de estos puntos, y que se incluyan las soluciones que ofrece la biodiversidad natural y las producciones locales, es decir, que se cuente con la naturaleza y los muchos pueblos que la habitan, de momento las menciones son mínimas a estos temas.

La manifestación convocada el viernes frente a Ifema por FRidays For Future y muchas organizaciones más no es sino el espejo de esa doble mirada sobre una misma realidad. Es el grito de protesta de los jóvenes que quieren heredar un planeta como el que algunos conocimos, con luciérnagas en la noche y también los pueblos indígenas acosados por macroproyectos y agronegocios que no son compatibles con sus formas de vida y los pequeños granjeros africanos que abandonan su tierra y cruzan desiertos en migraciones climáticas ocultas bajo la capa de la pobreza. El grito de quienes, una vez más, se sienten decepcionados.

Pero también están en la COP25 empresas que anuncian a bombo y platillo grandes reconversiones, como es el caso de Endesa; o bancos como el Santander que, según el informe Banking on climate change: fossil fuel finance report card 2019 , entre los años 2016 y 2018 aumentó un 566% la financiación a empresas que extraen gas y petróleo en el Ártico. El Santander está presidido por Ana Botín, quien ante el secretario general de la ONU recordaba en esta COP25 el impacto que sufrió al ver con sus ojos el cambio climático en Groenlandia (sólo allí se han perdido 3.800 millones de toneladas desde 1992). “La buena noticia es que las grandes empresas han comprendido que no pueden quedarse atrás en la transición ecológica, y eso ya es un gran paso respecto al pasado. Son lentas y les cuesta, pero saben que no queda otra”, reconocen los más optimistas.

Y en medio, lugares como la República de Kiribati, un país entero que podría desaparecer con la subida del nivel del mar. Su presidente Taneti Mamau ha estado en la COP25 para recordar que existen y precisan apoyo. Ya están comprando terreno en las isla Fiji para emigrar en bloque si todo sigue como parece.

 

 

 

 

#COP25: “Las soluciones basadas en la naturaleza suponen el 30% de soluciones las climáticas”


Entrevista a Patricia Zurita, directora de BirdLife International, en la que reclama más protagonismo a la naturaleza en la Cumbre del Clima

ROSA M TRISTÁN

La biodiversidad no está muy presente en la negociaciones de la Cumbre del Clima que estos días se celebra en Madrid, bajo presidencia chilena. Y lo que es peor, ni está ni se la espera, pese a que cada vez son más voces las que reclaman soluciones al cambio climático ligadas a la naturaleza, la misma que, no lo olvidemos, ha sido el escenario en el que surgió nuestra especie. Pero mientras los dirigentes políticos reunidos en la COP 25 se centran en llegar a un acuerdo de un artículo, el número 6, de los 29 artículos que contiene el Acuerdo de Paris (en concreto, el que se refiere a crear un mercado de carbono con precios para la contaminación que se intercambie por dinero países que no contaminan), las voces exigiendo otro tipo de medidas proliferan entre científicos y organizaciones ambientalistas.

Una de estas voces es la de la ecuatoriana Patricia Zurita, presidenta de la organización BirdLife International –SEO/BirdLife en España- , uno de los países que hace apenas dos meses ha pasado por una grave crisis social, precisamente ante una posible subida de la gasolina, mientras zonas de su Amazonía se conceden para la explotación petrolífera.

¿Qué mensaje trasladaría a los dirigentes políticos reunidos en la Cumbre del Clima respecto al cambio climático?

Antes que todo, querría agradecer a España haber organizado esta cumbre en tres semanas, que es algo titánico. Y les recodaría que, como dice el lema, el tiempo de la acción, pero que no podemos permitirnos fiarnos en las soluciones tecnológicas. Tenemos un planeta y es la naturaleza la que nos va a permitir desarrollarnos y cumplir los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles). Ahora mismo toda la conversación en la COP25 deja de lado la naturaleza, como si fuera otra crisis. Pero es la misma: la climática y la ecológica y para resolverla hay que integrarlas. Tenemos que resolver juntas las agendas de la naturaleza, la climática y la de la gente y los derechos humanos. El mensaje de Birdlife y de nuestros socios en 115 países es: ‘Es hora de la acción, pero con la naturaleza como parte de la solución’.

¿Y eso cómo se traduce en medidas concretas que unan naturaleza y clima?


En el momento que restauras humedales, que los proteges, ya estás haciendo secuestro de carbono, pero a la vez das trabajo y se propicia un entorno que genera agua, previene el impacto de las tormentas, proporciona pesquerías y turismo.. Lo mismo pasa con la conservación de los bosques, que son la mejor forma de mantener y capturar carbono. Hay que restaurarlos. Y los océanos, que tienen una salud paupérrima debido a la sobrepesca, a la destrucción de zonas de algas, cuando también mantienen el carbono capturado, o los pastizales no extensivos. Humedales, bosques, océanos y pastizales en buen estado son soluciones naturales. El planeta es como el cuerpo humano: si te quitan una oreja, dejas de escuchar bien y sufrirá todo el cuerpo. Por ello debemos pensar soluciones para todo el sistema.

Siendo tan importante ¿Cree que está teniendo el protagonismo que le corresponde?

Pues no, pero es aquí que pisamos la Tierra, y los de ahí dentro (zona azul) parece que pisan sobre las nubes, creen que la naturaleza es la parte de ‘green-washing’, lo adicional. Y están equivocados. Como dice Greta Thunberg, “es una crisis climática y ecológica”. Deberían considerar que las soluciones basadas en la naturaleza suponen más del 30% de las soluciones climáticas y son más infinitamente más baratas que las tecnológicas, pero además son socialmente más justas y más efectivas. ¿Cuánto cuesta desalinizar agua para llevarla a la gente? ¿Y cuánto cuestas conservar un bosque? Yo vengo de una zona de los Andes donde el agua nos llega porque hay bosques de niebla. En España hay sequía porque los sistemas ambientales no funcionan bien.

Es de una zona andina, donde ya se nota el cambio climático…

Efectivamente, las cadenas montañosas sufren mismo efectos que en los polos y los glaciares se están encogiendo a gran velocidad. Eso impacta en la producción de agua, en las especies, erosiona el suelo. Lo mejor para adaptarnos al cambio climático es tener barreras naturales, pero esos bosques andinos también son deforestados y cuando los hay tormentas, cada vez más torrenciales, todos los sedimentos de la erosión de las morrenas son arrastrados hasta las poblaciones. Cuando los bosques están en buen estado, sirven de frontera, son como esponjas. A finales de los 80, ya hubo grandes inundaciones en el Río Amarillo en China y millones fueron desplazados por culpa de la desforestación. Si restauramos con especies nativas, aseguraremos que los sistemas vuelven a funcionar y generan servicios ambientales.

Su país, Ecuador, es paradigmático, porque sufre el cambio climático, produce petróleo y ha habido recientes protestas sociales por la subida precio combustibles. Sin tiempo suficiente parece la cuadratura del círculo?

 El problema en Ecuador es que quisieron eliminar ayudas a los combustibles, pero sin que hubiera opción alguna, sin coches eléctricos, ni siquiera un buen transporte publico, que ni existe en las zonas rurales. No se ha impulsado ninguna economía basada en energías renovables, cuando podríamos mover el país con energía solar. Y debería contarse con un transporte eficiente, que apoyara a las comunidades rurales para que puedan transportar sus productos. Ecuador vive de la agricultura de las sierras centrales, no pueden dejarse de lado. En definitiva, se trata de pensar en comunidad y de que es la responsabilidad de todos juntos. De hecho, en Chile ha pasado lo mismo. La protección de la naturaleza y la justicia social son claves para enfrentar el cambio climático.

Una Cumbre del Clima de ‘emergencia’ ¿Dónde están los líderes?


Sede de la COP 25 en Madrid @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

A punto estuvo de no celebrarse, pero en tiempo récord, la Cumbre del Clima COP 25 comienza y  el mundo se enfrenta a la última posibilidad de que se logre algún compromiso real y contundente para desacelerar la velocidad con la que nos encaminamos a un desastre global. Sin embargo de los 190 países firmantes del Acuerdo de Paris hace apenas cuatro años,  de momento sólo 43 jefes de Estado y Gobierno -junto con altos cargos de instituciones internacionales como ONU, EU, OCDE, etc- anunciado que vendrán a Madrid para fijar sus compromisos reales en reducción de emisiones contaminantes. Conviene recordar que en París, en la COP 21, se reunieron 150 jefes de Estado y de Gobierno, pero lo cierto es que en este tiempo, a medida que los datos científicos empeoran en todos los parámetros y las previsiones tornan más negras, la presencia de los líderes decae. Y eso no es buena noticia.

JEFES DE ESTADO

  1. 2015 en Paris: 150
  2. 2016 en Marrquech: 80 
  3. 2017 en Bonn: 25;
  4. 2018 en Katowice: 40
  5. 2019 en Madrid: 43

Para la COP 25 chilena (española por delegación) no esperamos a los presidentes ni de Estados Unidos (si que vendrá Nancy Pelosi), Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, México, Canadá, Reino Unido, Alemania. Sólo unos ocho de países de Latinoamérica y Caribe de 42 existentes; siete de los 54 africanos y de Asia el único muy poblado que acude es Bangladesh. Es decir, más del 80% de la población global no tendrá a sus máximos dirigentes ‘empapándose’ de la que se viene encima y de cómo evitarlo. Y, sin embargo, todo indica que esta COP 25 es clave porque si algo ha pasado en estos cuatro años es la verificación científica de que el cambio climático ya está aquí, que el tope de aumento de 1,5º C previsto en Paris es una quimera y que los impactos están siendo ya brutales en muchas zonas del planeta, incluido nuestro país. ¿Hasta cuándo la ceguera de los dirigentes políticos? ¿Hasta cuando la ceguera de quienes les votan?

Precisamente, coincidiendo con la Cumbre que ahora comienza el Observatorio de la Sostenibilidad (OS) hizo público un informe, otro más, con muchos datos que nos retratan donde estamos. Es uno de los muchos de estos últimos días, pero pone números interesantes de lo que ocurre, como recordaba el científico Jorge Lobo (Museo Nacional de Ciencias Naturales) en esa “fina capa de vida de apenas unos pocos metros que tiene el planeta”. Del exhaustivo documento, me quedo con el dato de que en España tenemos hoy 1,57º más de temperatura que cuando nací (recordemos que eso es la media y hay temporadas en la que es mucho más) y que en mi ciudad (Madrid) mis veranos son nueve días más largos. Pero también llama la atención que tengamos 850 grandes instalaciones de emisiones de gases con efecto invernadero (los que generan el cambio climático) pero que sólo 10 grandes empresas generen un 25% de las emisiones de España, empezando por Endesa y siguiendo por Repsol, Naturgy o Acelor Mittal. No parecen muchas. “Lo importante no es acabar con estas empresas, sino que haya el marco adecuado para cambiar el consumo y cubrirlo con energías renovables”, apuntaba Fernando Prieto, del OS.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto del Observatorio de la Sostenibilidad. Junao al científico Jorge Lobo. @Rosa M. Tristán

Pese a la alarma que ello debiera generar, el propio presidente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, señalaba el pasado viernes  en Madrid que hoy hay más carbón en el mundo que en el año 2000, en concreto 2.250 GW más, pero que el consumo en Asia no deja de aumentar y además sus centrales térmicas tienen 12 años, cuando su vida útil es de más de 40. Son décadas que no tenemos. Y por si fuera poco el carbón, los investigadores del informe  ‘The Production Gap’ del PNUD nos dicen que los productores de gas y petróleo esperan aumentar su producción ¡¡un 120%!! A destacar que este informe (con 50 científicos implicados) se ha llevado cabo con las proyecciones de 10 países y que los máximos dirigentes de siete de los principales productores (China, EE.UU., Rusia, India, Australia, Indonesia y Canadá) no tiene previsto pisar la COP 25.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto de Observatorio de la Sostenibilidad, recordaba la frase de que “los presidentes van de cumbre en cumbre y los pueblos de valle en valle” y mencionaba que ya en 1972 (hace medio siglo) el Club de Roma hablaba de futuros impactos del cambio climático, para denunciar a continuación que la UE, aún siendo aún el motor de un posible cambio, está perdiendo su relevancia a medida que ganan votos los negacionistas…. ¿Cómo es posible?, cabría preguntarse. Y a su lado,  la inmensa indignación que transmitía Nicolás Elíades, de Extincion Rebellion, sobre el planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras y el hartazgo de quienes no se creen los compromisos: “En los 35 años de mi vida he visto como desaparecían las luciérnagas de mi vida”, comentó Elíades trayéndome del pasado esa imagen de mi infancia en la que las veía brillar.

Y junto a las quejas de estos nuevos grupos de rebeldes y jóvenes de Friday For Future o Greta Thunberg, están los pueblos y gentes que no vienen a la cumbre, pero que ya tienen su vida ‘patas arriba’ porque ya viven en el caos climático. Y sus vidas no son números. Es Christine, en Haití, a la que un huracán seguido de la sequía que se prolongó meses dejó sin hogar, sin cosecha y sin semillas; es Anjou Mbaye, de Guinea Bissau, a la que conocí cuando desesperaba porque los pozos cada vez son más profundos  tienen menos agua; es la guatemalteca Ana Rutilia Ical, criminalizada y acosada porque no quiere que el agua de su río acabe en una hidroeléctrica mientras las comunidades alrededor se quedan secas; es Honorio Souza, de Mozambique, que un día me contó cómo se quedó sin nada tras el paso del ciclón Idai…

¿Y quién paga estos desastres? Uno de los temas que la COP 25 pondrá en la mesa es la creación de un fondo para pagar ya las pérdidas y los daños, que se calculan en unos 300.000 millones de dólares para 2030 que ya están pagando los estados y que los países en desarrollo no pueden asumir sin endeudarse aún más. Más de 150 ONGs de todo el mundo, entre ellas Action Aid (en España, Alianza por la Solidaridad) lanzan estos días una propuesta bien conocida: quien contamina, paga, en este caso a través de tasas que penalicen a las empresas más contaminantes. No puede ser que la cuenta afectada sea la de  Anjoy ni la de Christine, mientras seguimos sin ver, volcados en los ‘black friday’ y las lucecitas navideñas.

Pese a todo, deberíamos estar y estamos, a tiempo de dar un giro espectacular. Por ello es importante que los compromisos que salgan de estos 11 días de cumbre sean grandes, globales y personales, económicos y financieros, y sobre todo en las urnas cuando toca. La gran parte de la humanidad cuyos líderes no estarán en Madrid no se lo merecen. El millón de especies que ahora sabemos que están en riesgo de extinción, tampoco.

 

Una ‘caja negra made in Spain’ para estudiar el cambio climático polar


ROSA M. TRISTÁN

Apenas hace nueve meses que la expedición polar ‘Antártida Inexplorada’ del Trineo de Viento regresó del continente más desconocido de la Tierra cuando la prestigiosa revista científica de la American Meteorological Society, ya ha publicado uno de los inventos que se diseñaron para la ocasión: una estación meteorológica móvil única en el mundo, la M-AWS, que fue creada por el equipo del proyecto MicroAirPolar de la Universidad Autónoma de Madrid y el grupo Aemet Antártica  con motivo de esta travesía pionera a nivel internacional. Este proyecto fue dirigido por la científica Ana Justel, de MicroAirPolar.  “En un escenario de cambio climático, es fundamental tener datos ‘in situ’ sobre el clima de la Antártida”, afirma Antonio Quesada, codirector de MicroAirPolar. Ambos ya habían colaborado con el eco-vehículo español en expediciones en el Ártico. “Estoy muy orgullosa de los resultados que hemos obtenidos con la M-AWS después de tanto esfuerzo”, afirma Justel, una de las pocas mujeres que dirige una investigación polar en España.

Durante los meses previos a esta aventura científica y de exploración, los investigadores de ambos equipos trabajaron conjuntamente, bajo la dirección de Justel, para que pudiera llevarse a bordo una estación móvil que registrara la temperatura, humedad y dirección del viento que los cuatro expedicionarios (Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Manuel Olivera e Ignacio Oficialdegui) se encontrarían en su recorrido, una inmensa región sobre la que existe un gran vacío en cuanto a las observaciones en superficie.

Esta falta de datos contrasta con la importancia de conocer las condiciones climatológicas de la Antártida, de lo que depende en buena medida nuestro futuro en el planeta: estudios científicos prevén que si su hielo desapareciera, el nivel del mar aumentaría 57 metros. De momento, ese deshielo afecta más al Ártico, pero tener información precisa sobre el terreno se sabe que es fundamental para saber qué esta pasando: el último estudio en Nature Comunications indica que para mediados de siglo, con sólo medio metro de aumento del nivel del mar, 300 millones de personas se verán amenazados, entre ellos 200.000 españoles, por inundaciones costeras. “El creciente interés en las regiones polares, debido a los desafíos impuestos por el cambio climático,  requiere introducir mejoras en los modelos y las predicciones meteorológicas en la Antártida”, afirma, asimismo, Sergi González, de AEMET, que figura como firmante del artículo Weather Observations of Remote Polar Areas Using an AWS Onboard a Unique Zero-Emissions Polar Vehicle“.

Pero el reto que tenían por delante los investigadores de Microairpolar y Aemet no era fácil. “Teníamos que diseñar una estación meteorológica capaz de trabajar a temperaturas próximas a -50 °C, con materiales que resistieran el frío y los golpes que sufriría cuando el Trineo de Viento navegara sobre el hielo. Nada podía fallar. Un solo componente inadecuado y nos quedábamos sin los preciados datos”, explica Ana Justel, de Microairpolar (UAM), que fue su responsable y dedicó muchas horas al ‘invento’. A ello se suma que el dispositivo debía utilizar la menor energía posible, dado que el  suministro del eco-vehículo depende de placas fotovoltáicas, que tenía que geolocalizar los datos con un GPS y que su manejo debía se fácil para los expedicionarios.

Ana Justel y parte del equipo de investigadores haciendo pruebas de conexión de la M-AWS aprovechando su participación el IX Simposio Polar de 2018. @RosaTristán

Tras muchas pruebas y ensayos, en la Mobile Automatic Weather Station se colocó un datalogger y un GPS dentro de un contenedor isotérmico acolchado de polietileno expandido. Su suministro de energía se solucionó con una batería de litio hecha a medida con capacidad suficiente para soportar dos meses sin tener que recambiarse pese a las bajas temperaturas, que llegaron a ser de menos 42,2ºC.  Con este fin, se incorporó una resistencia eléctrica  alimentada por dos celdas solares de 10 W. Asimismo, se configuró con un sensor de viento (anemómetro) y una sonda de temperatura y humedad relativa, si bien los autores señalan que pueden incorporarse más  instrumentos. Con todo ello, cada 30 minutos, en automático, recogería los datos.

Y así lo hizo. El M-AWS funcionó a lo largo de los 2.538 kilómetros recorridos en ‘Antártida Inexplorada 2018-2019’, recopilando y almacenando la información la mayor parte del transecto pese a que los cables que enlazaban la resistencia eléctrica con los paneles solares se rompieron al octavo día debido al frío y los bruscos movimientos del vehículo eólico. Por contra, el interior de la ‘caja negra’ se mantuvo indenme y funcionando. Más problemas, irresolubles, hubo con el anemómetro, dado que no pudo colocarse en el trípode diseñado con este fin en el Trineo de Viento al resultar muy pesado, algo que, apuntan, deberá mejorarse para futuras expediciones con el Trine de Viento.

En todo caso, se recopilaron datos meteorológicos que están siendo utilizados por varios de los proyectos científicos participantes en la expedición que, además, ya sirvieron para que el equipo de Aemet Antártida elaborara los boletines de previsiones que cada día enviaban a los expedicionarios vía satélite.

Prueba de la importancia de esta estación móvil, una auténtica ‘caja negra’ de la meteorología, es que la revista ha publicado este desarrollo español coincidiendo con el Año Polar Predicción Período Especial de Observación del Hemisferio Sur (YOPP) y que se hayan incorporado sus observaciones a la base de datos de YOPP en PANGEA. Para futuras expediciones, su objetivo es integrarlos datos en el Sistema Mundial de Telecomunicaciones de la OMM (Organización Meteorológica Mundial).

En todo caso, conviene hacer un poco la historia. La recogida de datos meteorológicos sobre el terreno antártico comenzó a principios del siglo XX con grandes exploradores, como Ernst Shackleton, Amundsen, Scott o Fuchs… Una vez conseguidos los retos geográficos, se olvidó ese inhóspito lugar, del que ningún recurso natural podía sacarse a simple vista, hasta que en el Año Geofísico Internacional en 1957/58, la comunidad internacional decidió construir estaciones de investigación científica en el continente y, en ellas, se instalaron las primeras estaciones meteorológicas, todas fijas.

Desde entonces, entre los esfuerzos por aumentar la cantidad de datos que estas pocas estaciones pueden proporcionar destacan los del Centro de Investigación Meteorológica Antártica de la Universidad de Wisconsin–Madison, que desde finales de la década de los 70 mantienen una red de estaciones meteorológicas automáticas (AWS), hoy 63 según su web, en la plataforma de hielo Ross y la capa de hielo antártica occidental (de hecho Larramendi estuvo en mayo de 2019 reunido con este equipo para ver posibilidades de colaboración con el Trineo de Viento).

Equipo del Trineo de Viento en Antártida Inexplorada, con la M-AWS en primer plano.

Pero la Antártida tiene 14 millones de kilómetros cuadrados, así que ese centenar aproximado de AWS fijas son como unos pocos granos en una inmensa paella. Bien es verdad que también hay registros de  aviones o satélites, con los que se realizan modelos meteorológicos, pero los investigadores recuerdan que lo más preciso es recogerlos sobre el terreno. Por ello, en los últimos años se ha retomado la importancia de realizar trayectos interiores (transectos), sobre todo por la Antártida Oriental, de donde menos información se tiene.

El problema es el coste de estas expediciones polares, algo en lo que el Trineo de Viento de Larramendi aporta una alternativa económica y no contaminante, al estar impulsado por cometas gigantes de entre 30 y 150 metros cuadrados, ser desmontable totalmente y capaz de recorrer miles de kilómetros sin problemas. En estos momentos, una comisión del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades está analizando la posibilidades de incorporar el eco-vehículo al programa polar español. El ministro Pedro Duque confirmó esta misma semana a este blog que el proyecto sigue adelante, tras realizar una consulta sobre su idoneidad a los investigadores españoles. 

De momento, la expedición ‘Antártida Inexplorada’ de este año ya  ha dado lugar a un innovador dispositivo, que podrá ser utilizado por científicos polares de todo el mundo. Para los firmantes, “el creciente interés en las regiones polares, que ha surgido recientemente debido a los desafíos impuestos por el cambio climático, requiere un aumento en la cantidad y calidad de datos siempre que sea posible a través de métodos económicos y sostenibles para el medio ambiente”.

 

 

 

Indígenas amazónicos: “En Europa hemos sembrado semillas, tenéis que regarlas”


“Reforestar el corazón de las personas”. Las palabras de la indígena Sonia Guajajara quiero pensar que aún resuenan en el Congreso de los Diputados. Ayer, junto a otros 11 indígenas, venidos de diferentes zonas de Brasil, las dejó colgadas de las bancadas junto a otro mensaje muy claro para la sociedad, pero también los políticos españoles y europeos: no podemos poner el grito en el cielo porque se quema la Amazonía y luego firmar acuerdos como el de la UE con Mercosur que promueve su destrucción, tan ligada a la ganadería y productos como la soja que la alimenta.

Con este mensaje, la delegación de ‘Ni una gota más’, en referencia a la sangre indígena derramada -tres asesinatos a la semana van este año-, ha recorrido 12 países europeos y 20 ciudades (entre ellas, Madrid, Barcelona y Valencia), pasando un frío que no forma parte de su cultura y su vida y que decian tardarán en olvidar. Sobre todo el de algunos corazones. “Nosotros representamos a todos los biomas de Brasil, de la mata atlántica al Amazonas, de la pampa a la catinga. En 12 países hemos plantado semillas para descarbonizar las mentes y ahora tienen que regarlas”, nos dijo Sonia Guajarara, del pueblo de los guajarara de Maranhao. Ella sabe bien lo que es perder gotas de sangre: su pariente Paulo Paulino Guajajara, uno de los Guardianes de la Biodiversidad, fue tiroteado mientras ella y sus compañeros recorrían el otro lado del mundo clamando por apoyos contra la violencia. A su regreso, Paulo Paulino ya no estará.

Con Sonia Guajajara, en el Congreso. Foto de Alfonso Domingo.

De él se acordaba en una de las salas del Congreso, a la que sólo se acercaron dos diputados (uno de En Comú Podem y otra de Esquerrra Republicana de Catalunya). Escaso recibimiento de los que toman decisiones que les afectan, porque será en ese lugar donde se ratifique, o no, el acuerdo firmado entre la UE y Mercosur el pasado verano para fomentar la importaciones desde el otro lado del océano, y con ellas, promover la destrucción de más árboles, más selva, más vidas.

La realidad es que la tala en la Amazonia brasileña corre devastadoramente y ha tomado impulso con Jair Bolsonaro en el poder, el mismo personaje que viene a decirnos que es suya, como presidente de Brasil, como si la Tierra le hubiera otorgado ese poder hace decenas de miles de años. Entre agosto del 2018 y julio del 2019, se destruyeron 9.762 kilómetros cuadrados en esa selva que habitan tantos pueblos con más 519 años de muertes acumuladas: “Ya no necesitamos más mártires -clamaba Sonia – y por ello hemos venido a hablar contra el capitalismo y también porque necesitamos solidaridad internacional”. Y recordaba que este año ya se quemó un 82% más de territorio amazónico que el año anterior, mientrras en Bruselas se firmaban acuerdos con un presidente que, denuncian, ha dejado bajo minimos los fondos destinados al control y seguimiento de lo que los madereros hacen en la selva.

Entre las organizaciones presentes en el acto, Greenpeace España y Ecologistas en Acción, y mucha gente de los que ven con preocupación los riesgos de no hacer caso a ese 5% de la humanidad que tanto hace por proteger lo que el resto, mayoritariamente, destruye. Ese 82% de la biodiversidad en la que habitan y que cuidan y protegen con sus vidas. “En Brasil se está cometiendo un genocidio, un etcnocidio y un ecocidio y no podemos permitir que los culpables sigan inmunes. ¿Cómo es que la gente no entiende que el agua que  beben y el aire que respiran viene de nuestros bosques? Nosotros si que sabemos mantener el clima”, decía en relación a la próxima Cumbre del Clima (COP 25).

Con el diputado de En Comú Podem, ayer en el Congreso de los Diputados.

Por ello han venido a Europa. Para decir, a quien quiera escucharles, que ese tratado comercial con Mercosur “es una bala como la que mató a Paulino” y que la UE debería tener leyes que garanticen que no se comercia con productos que provienen de zonas conflictivas, ni de selvas, ni de minas, ni de ríos de donde sacan beneficios de la destrucción. “Y deben crear sanciones a las empresas que no lo cumplan, pero para ello necesitamos vuestro apoyo”, pedía Sonia Guajajara, que es también coordinadora de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) de la que forma parte todo el grupo.

Los diputados presentes recordaron la importancia de trabajar en el Congreso para poner límites a las empresas españolas, que las hay, que participan de ese expolio de recursos naturales, que hay que penalizarlas y excluirlas de los contratos públicos, por más presiones que hagan. Y desde Ecologistas en Acción anunciaron que el 6 de diciembre habrá una movilización con motivo de la COP 25 en España.

El día después, el 7 de diciembre, está previsto que todas las mujeres indígenas del mundo realicen acciones de movilización en defensa del clima y en defensa de la tierra.

“En esta gira que ahora termina, hemos puesto las semillas. Les dejamos la responsabilidad de regarlas”.

Vaya este artículo como una ‘gota de agua’ que ayude a fructificarlas, frente a las ‘gotas de sangre’ indígena.

 

 

 

Brecha de género: A las científicas ‘las suspenden más’ en las revistas


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ROSA M. TRISTÁN

A pesar de que el papel de las mujeres científicas no deja de aumentar, aún estamos muy lejos del deseable equilibrio. Las investigadoras no sólo tienen más problemas para conseguir una plaza y obtener un puesto de relevancia o un equipo de trabajo, sino que los trabajos que dirigen son menos aceptados en las publicaciones científicas que los de sus colegas. Estos ‘suspensos’ metafóricos son otro ‘agujero’ que tiene más que ver con su género que con otros motivos, según un trabajo publicado en la revista de la Real Sociedad de Química (Royal Society of Chemistry, RSC) recogida por la revista ‘Nature’.

A esta conclusión han llegado en la RSC después de analizar los más de más de 700.000 manuscritos que les han enviado entre enero de 2014 y julio de 2018 para ser publicados en su revista, una de las más prestigiosas que existen en esta materia.  La sociedad comprobó los nombres de pila de los autores  y encontró que casi el 36% de los autores eran mujeres, pero que solo un 23% de los artículos que fueron aceptados para su publicación tenían autores femeninos. 

El informe, (titulado: Is Publishing in the Chemical Sciences Gender Biased?) tenía por objetivo identificar si había un sesgo de género y llega a la conclusión de que existe “una interacción compleja de sesgos sutiles en todo el proceso de publicación, que se combinan para poner a las mujeres en desventaja cuando difunden su investigación”. Se detectó, asimismo, que cuando las mujeres publican, sus documentos obtienen menos citas en trabajos de otros colegas que el promedio de las investigaciones de  autores masculinos y comprobó que aunque los trabajos de autores masculinos tienen más citas que los de las mujeres, es poco probable que sean autoras y no de autores.

Como señala en ‘Nature’ el químico de la Universidad de York David Smitt, “resulta evidente que la brecha de género se manifiesta en cada etapa del proceso de publicación: elección de revista, decisiones editoriales, decisiones de los árbitros e incluso citas, así que se sugiere que algo está sistemáticamente mal”.

En similares términos se manifiesta Molly King, socióloga de la Universidad de Santa Clara en California, que reconoce que algunos de estos resultados se alinean con su propio trabajo, sobre la desigualdad de género a la hora de ocupar los prestigiosos primeros puestos de una lista de autores, y asegura que los académicos masculinos tienen un 70% más de probabilidades que las  femeninas de citar sus propias publicaciones. “Aunque las brechas de género pueden parecer pequeñas individualmente, suman más de 30 a 40 años de carrera y en todas las etapas de la cartera de publicaciones”, dice King.

En todo caso, no es un problema único de la Real Society of Chemistry. Otro informe similar publicado en 2018 por el Instituto de Física en Bristol (también en Gran Bretaña) encontró que los trabajos con autores femeninos también eran menos aceptados. Y un análisis de 30.000 envíos a la revista biomédica ‘eLife’ encontró que los revisores tienden a favorecer los manuscritos de autores del mismo género. Y, claro como las mujeres están subrepresentadas como editoras de revistas, pues salen perdiendo.

El RSC señala que su análisis es limitado porque sus métodos hacen suposiciones sobre el género de los autores y solo pueden asignar el género en términos binarios, así que las personas con género desconocido fueron eliminadas. Pero la sociedad dice que tomará medidas para abordar los prejuicios de género, incluida la oferta de capacitación sobre prejuicios inconscientes a su personal editorial y la contratación de más revisoras pares y miembros de la junta editorial. De hecho, su responsable, Robert Park, señala en la presentación del informe: “Tenemos que reconocer dónde sucede esto. Estamos comprometidos a seguir analizando nuestros propios procesos en cada etapa y pedimos a otros editores que hagan lo mismo. Queremos trabajar juntos para que la publicación científica, revisada por pares, sea adecuada para la era moderna. Garantizar que la comunidad de la ciencia química fomente de manera justa, permita el acceso equitativo y conserve una gama más diversa de voces conducirá a una mejor ciencia y, por extensión, beneficiará a la sociedad.

Sería interesante tener estudios similares de revistas científicas españolas…