A por un ‘sistema de alerta’ del coronavirus


ROSA M. TRISTÁN

¿Podríamos prevenir por dónde y cuándo la expansión del coronavirus que genera el COVID-19 va a ser mayor, igual que ahora podemos predecir, con cierta antelación, cuándo lloverá o nos afectará una ola de calor? Cuando aún nos queda mucho por saber sobre este microorganismo que ha puesto el planeta patas arriba, esta es la posibilidad en la que ya están trabajando investigadores de la Agencia Española de Meteorología y del Instituto de Salud Carlos III: la puesta en marcha de un sistema de alerta temprana que adelante posibles ‘picos’ favorables a su expansión, a tenor de factores como la temperatura, la humedad, la radiación ultravioleta, la contaminación ambiental y el polvo sahariano (mineral) que tan a menudo nos llega del Sáhara.

Apenas se ha iniciado el estudio con los últimos 14 días (a fecha 14 de abril) y ya tienen algunos datos que pueden ser de gran interés porque resulta que confirman que a menor temperatura de promedio en un comunidad autónoma, hay un mayor número de casos de contagio por cada 100.000 habitantes, que son los datos de incidencia que se han proporcionado desde el Carlos III. Es decir, el aumento de temperatura frenaría los contagios, como apuntaban ya algunas investigaciones internacionales. También lo haría el aumento de la humedad ambiental. Sin embargo, tal como ya han señalado otros trabajos en Estados Unidos, la contaminación ambiental aumentaría los riesgos y lo mismo ocurriría con el polvo saharaino, dado que son partículas a las que podrían ‘pegarse’ los diminutos coronavirus para permanecer en el ambiente.

«Hemos buscado indicadores que sean sencillos de explicar como temperatura o humedad, aunque ésta última varía mucho según se viva cerca de un río, pero el objetivo es hacer este diagnóstico para tener modelos y poner en marcha un sistema de alerta temprana trabajando por áreas, como lo hacemos para el sistema de olas de calor mediante la elaboración de mapas de riesgo según las condiciones atmosféricas», me explica Fernando Belda, científico encargado en Aemet de este estudio. En el caso de las olas de calor, Aemet lanza una alerta (verde, amarilla, naranja o roja) según el grado de riesgo que hay para la población.

Aunque de momento, las dos instituciones han comenzado a analizar los datos por comunidades autónomas, tienen previsto iniciar el mismo trabajo en Madrid, Valencia, Barcelona y Vitoria, que son las ciudades que han resultado más afectadas por la pandemia. De este modo, juntando datos ambientales y de salud (también con variables como ingresos hospitalarios, ingresos en UCI y mortalidad) se pueden llegar a identificar las zonas de riesgo en tiempo real  diseñar estrategias de diagnóstico y prevención para la gestión de medidas de actuación adecuadas desde el ámbito de la salud pública.

Por lo pronto, los resultados preliminares apuntan a que a medida que se acerque el verano tendremos menos coronavirus en el entorno, siempre y cuando mantengamos los niveles de contaminación que estos días de confinamiento han bajado como nunca antes.

 

 

Los ‘respiradores’ que necesita el cambio climático


ROSA M. TRISTÁN

Cada día surgen más voces que alertan de la urgencia de poner fin a la crisis climática con tanto ímpetu y esfuerzos como se está poniendo a la pandemia más impactante en la historia de la Humanidad, entre otras cosas, porque nunca hemos sido tantos los afectados. Son voces científicas que, igual que alertaron en el pasado de que podía producirse una crisis global sanitaria como la actual, también vienen avisando de lo que se nos viene encima si no atendemos a los daños que estamos haciendo a la Tierra.

Agobiados por el microscópico coronavirus, que tanta muerte en soledad está provocando, se nos puede olvidar mirar otros sucesos que, no por ser menos inmediatos, serán menos cruentos en vidas y en pérdidas económicas. Me refiero al cambio climático. Es más, ya hay investigaciones (que deberán ser publicadas en revisas de impacto, pero ya son públicas) que nos dicen que a más aire sucio, más posibilidades tendremos de morir por una infección como la del COVID-19 o la del SARS que si habitamos en un entorno saludable. Os lo contaba en Público.

Esta pandemia nos está demostrando que cuando vemos nuestra salud humana amenazada, nos plegamos a mandatos y recomendaciones, invertimos en frenarla, recurrimos a la ciencia en busca de salvación… Ponemos la supervivencia por encima de consideraciones económicas. Sin embargo, cuando vemos que los hielos del Ártico desaparecen, los glaciares en las más altas cordilleras del mundo se diluyen, la biodiversidad corre riesgo de colapsar en 10 años o la Antártida se calienta, la respuesta es, cuando menos, insignificante.

Hace pocas semanas, como sabéis, volví de la Antártida tras un mes y medio de viaje con científicos españoles. Quizás todo es casualidad, pero en esta campaña, en el continente de hielo, que acumula más del 80% del agua dulce terrestre, se vivió una ola de calor en enero en su parte oriental (registraron una media de más de 7ºC en una base australiana a finales de ese mes y hasta un día 9ºC), luego un récord de 18,3ºC en febrero en una base argentina de la Península Antártida (eso fue a mi llegada)y, ahora, en abril,me llegan noticias desde esa misma base de que están a 2,51ºC cuando a estas alturas, según sus propios datos, debían estar siempre a bajo cero… Todos los investigadores con los que estuve allí detectaron más deshielo glaciar y del permafrost, menos nieve, más agua vertiéndose en los mares…

Mientras veo esta urgencia,  resulta que debido a la pandemia, la Cumbre del Clima se aplaza, Donald Trump elimina las leyes restrictivas a vehículos más contaminantes y en España la Junta de Andalucía aprovecha para ‘cepillarse’ la normativa ambiental… y, aunque ya se ha dicho, no puedo por menos que reincidir en que tenemos, no una, sino dos crisis abiertas y que deberíamos aprovechar para mitigar esa contaminación que está colapsando los pulmones de la Tierra como el COVID-19 colapsa los nuestros. También en este caso, tener ‘respiradores’ se hace imprescindible y no se fabrican en China, sino que son medidas de mitigación del cambio climático -como las energías renovables o un consumo energético más eficiente o, mejor, menos consumo- que podrían generar beneficios.

Así lo cree un grupo de científicos chinos que acaba de publicar un artículo en Nature,. En el fondo, lo que buscan con su trabajo es equilibrar los beneficios que a largo plazo se tienen con la mitigación climática con los costos de reducción de la contaminación a corto plazo para cada país, teniendo en cuenta el reparto equitativo del esfuerzo entre todos los países. Es decir, cuantifican los beneficios directos que se perderían si no se hace nada o muy poco para no superar un aumento global de temperatruas de entre 1.5ºC y 2°C. Es la visión ‘economicista’ del calentamiento global.

La investigación, cuyo primer firmante es Yi-Ming We, estima que habrá una pérdida global entre 50.000 y 792.000 millones de dólares en  2100 si las naciones no cumplen con lo que se comprometieron en sus planes nacionales para frenar el cambio climático (conocidas como NDCs), es decir, lo que van a reducir en las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, indican que con una estrategia de cooperación global para esa misma fecha, en lugar de esas pérdidas, podría haber un beneficio económico de entre 127.000 y 616.000 millones de dólares. ¿Qué queremos dejar a nuestros nietos y bisnietos? ¿Pérdidas o ganancias?

Los investigadores recuerdan que las temperaturas globales pueden aumentar en 1.5ºC entre 2030 y 2052. Siempre conviene recordar que es una media, así que en muchos sitios será mucho más y que los daños causados tendrá unos costes que ya quedaron en evidencia en la Cumbre celebrada en Madrid, en el intento de que se aprobara un fondo para ayudar a los países en desarrollo en esos trances.  Pero es que, además, Yi-Ming Wei, Biying Yu concluyen que se pueden alcanzar los objetivos de limitación de temperatura por debajo de 2ºC y a la vez aumentar en el ingreso neto de un país. Es más, todos los del mundo tendrían beneficios en apenas 80 años si no se superan los 2ºC. Eso si, para ello hay un grupo que debe hacer una inversión inicial, que son para las economías del G20, de entre 16.300 y 103.530 miles de millones de dólares. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, entre 5.410  y 33.270 millones y para  Canadá y Australia, la inversión inicial también es relativamente más alta que otras economías del G20. En 80 años, lo habrían recuperado.

Ahora bien, ¿cómo conseguirlo? Pues para no llegar a esos 2°C, señalan que la mayoría de los países necesitan mejorar al menos modestamente sus planes de reducción de emisiones actuales, si bien el problema es que ni siquiera estos planes se están cumpliendo y que, además, cada uno los ha elaborado con criterios que no son reales. Para alcanzar el objetivo de 1.5 ° C, se requieren 28-30 reducciones adicionales de GEI de GtCO2-eq en 2030, a nivel mundial.

Hespérides día 3: ¡concierto sobre el Antártico!


ROSA M. TRISTÁN

Hoy el BIO Hespérides ha tenido un día más tranquilo que ayer. Estamos en el Estrecho Bransfield (o mar de la Flota), esa parte del océano Antártico que se encuentra entre las islas Shetland del Sur, al norte, y la península Antártica y el archipiélago de Joinville al sur. Sus 120 km de anchura media nos impiden ver las costas, pues vamos alejados de ellas, pero se intuyen. Esta mañana el espectáculo era inconmensurable, con la imagen de algunas de las islas de este archipiélago e el horizonte. Y esta mañana comenzó a hacerse ciencia polar con ese paisaje de fondo. (SIGUE)

 

 

 

 

Hespérides día 1: Calma chicha en el Mar de Hoces


@Rosa Tristán

ROSA M. TRISTÁN

El día ha sido realmente tranquilo en alta mar. Ahora si que estoy rumbo a la Antártida, hacia donde partimos ayer a las 23 horas, dos horas después de embarcar en el buque oceanográfico Hespérides, un barco de Estado con 55 tripulantes de la Armada a bordo y 36 pasajeros más, todos científicos o técnicos de la Unidad de Tecnología Marina (UTM); también algunos estudiantes americanos, incluidos en el proyecto de vulcanología Bravoseis (acrónimo del área BRAndsfield VOcanology SEismology) y una periodista… Vamos, no queda ni una cama libre en una campaña antártica que cuenta este barco para logística y ciencia. (SIGUE)

Próxima estación…. ¡la Antártida!


ROSA M. TRISTÁN

Dentro de dos horas dejaré mi casa para embarcarme en una aventura informativa de las que dejan huella. No se me ocurre otro lugar tan especial como la Antártida, salvo la Estación Espacial Internacional, que para poder contar la ciencia que se está haciendo allí de primera mano. Este viaje al continente de hielo comienza este 2 de febrero y me lleva, vía Lima-Santiago de Chile-Punta Arenas-Ushuaia-Hespérides- Antártida (Base Juan Carlos I).. Acabará el 15 de marzo. Y entre medias, seguro que mil historias que contaros…

Este artículo de Laboratorio para Sapiens tan sólo es para recordaros que podréis seguir mis crónicas periodísticas de lo que allí acontece desde el continente de hielo en el blog :

SOMOS ANTÁRTIDA de EL PAÍS

Y en la página de este BLOG , donde os contaré esa visión más personal de lo que ocurra hasta 15 de marzo.

DIARIO ANTÁRTICO 2019-2020

*Aviso que la página del diario no se envía como noticia cada día, por lo que hay que entrar para verla o seguir mi cuenta de @Twitter: @RosaTristan, donde iré compartiendo el link siempre que la tecnología polar me lo permita.

¡¡Acompáñame a la Antártida!!

 

 

Los misterios del hielo y deshielo en la Antártida


Hielo procedente de la Antártida en el Mar de Weddell, visto desde el Buque Hespérides. @ARMADA ESPAÑOLA

ROSA M. TRISTÁN

Si hay asuntos controvertidos en torno al cambio climático es su impacto en los hielos de los polos y a qué velocidad desaparecen sus glaciares y, en consecuencia, aumenta el nivel de los mares. La conclusión fundamental es que hay que seguir investigando estos lugares, y sobre el terreno, porque de lo que allí pase depende la vida de millones de personas que habitan zonas inundables…

Un reciente estudio del Panel Intergubernamental del Clima (IPCC), presentado en septiembre, concluía que entre 2007 y 2015, la pérdida de hielo en la Antártida por el aumento de la temperatura se ha triplicado respecto a la década anterior, mientras que en Groenlandia se duplicó. Estos días, un nuevo trabajo científico, realizado por un equipo internacional, entre los que está el glaciólogo español Francisco Navarro (Universidad Politécnica de Madrid) nos recuerda que aún queda mucho por saber al respecto. Navarro estudia desde hace años el balance de masas de los glaciares Johnson y Hurd en la Isla Livingston de la Antártida. En estos momentos, está con su equipo en la base Juan Carlos I, recabando nuevos datos que analizará a su regreso.

Con trabajos como el suyo, se hacen estimaciones de masa de hielo ganan o pierden los glaciares a lo largo de un cierto periodo de tiempo. Dado que las nevadas aumentan la masa de los glaciares y la fusión y la liberación de icebergs hacen que el glaciar la pierda, ese balance entre ganancias y pérdidas es crucial para conocer el “estado de salud” de los glaciares. Y lo que se sabe no es suficiente, según el artículo publicado en Earth Science Reviews, por lo que no sabemos tampoco la respuesta necesaria para mitigar los impactos potenciales del cambio climático. Es una tarea nada fácil.

Dado que los glaciares tienen grandes grietas, sobre todo en las zonas más cercanas al mar, durante campañas pasadas tuvieron que colgar el georradar de un helicóptero para tomar mediciones. Lo activaban por control remoto desde la cabina. De momento, la situación en la Antártida genera muchas dudas: “El enfriamiento detectado durante los primeros 15 años de este siglo en la Península Antártica, sumado al aumento de precipitaciones por la intensificación en esta zona de los ciclones, ha llevado a que el balance de masas en la superficie sea positivo durante este periodo”, explica Navarro.  En otras palabras, tenían más hielo pese a que mantenían su pérdida en forma de icebergs y por la fusión submarina del hielo de su frente en el océano. Sin embargo, en los dos últimos años parece que se ha vuelto a una situación de calentamiento y pérdida de masa en superficie, según los investigadores.

Edward Hanna, profesor de Ciencias del Clima y Meteorología de la Universidad de Lincoln, en Reino Unido, ha coordinado esta investigación realizada por un grupo de expertos internacionales en glaciología del que forma parte Francisco Navarro, Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.

Según el profesor Hanna: “Los glaciares y mantos de hielo son indicadores muy sensibles de los cambios de clima, pero, a pesar de mejoras recientes en disponibilidad de datos y conocimiento, todavía no comprendemos suficientemente bien la rapidez con la que perderán hielo durante el siglo actual y los venideros. Se necesita mejorar las observaciones, especialmente desde satélite, para refinar las predicciones de aumento futuro del nivel del mar resultantes del cambio climático sostenido. Estas estimaciones mejoradas se requieren con urgencia para conocer con mejor precisión los impactos esperados del cambio climático en todo el mundo y poder planificar adecuadamente las medidas concretas de adaptación al mismo.”

Tal y como señala el profesor Francisco Navarro: “En la última década, los grandes mantos de hielo de la Antártida y Groenlandia han sobrepasado la contribución a la subida del nivel del mar producida por la fusión de los más de doscientos mil pequeños glaciares distribuidos a lo largo del planeta, que hasta hace poco eran las masas de hielo dominantes en la contribución al aumento del nivel de los océanos. Sin embargo, mientras ciertas estimaciones proyectan para finales del siglo XXI una contribución de hasta un metro y medio por parte del manto de hielo Antártico, otras sugieren tan sólo unas pocas decenas de centímetros”.

Los investigadores indican que hay una necesidad acuciante de estudios adicionales que lleven consigo observaciones de satélite mejoradas, calibradas y validadas con observaciones sobre el terreno, así como modelos de ordenador más sofisticados, que combinen las masas de hielo y la atmósfera, los océanos y los sistemas terrestres en un auténtico modelo del sistema Tierra.

 

El trabajo ahora publicado analiza las estimaciones recientes del balance de masa de glaciares y mantos de hielo, detectando las limitaciones que tienen las simulaciones con modelos de ordenador. Prueba de su importecia es que ha sido cofinanciada por el Programa Mundial de Investigación del Clima (World Climate Research Programme, WCRP), el Comité Internacional de Investigación en la Antártida (Scientific Committee on Antarctic Research, SCAR) y el Comité Internacional de Ciencia Ártica (International Arctic Science Committee, IASC), junto con los programas de investigación de los países participantes y las universidades e instituciones de investigación de los científicos involucrados.

Los estudios que los investigadores de la UPM realizan en el marco de la XXXIIII campaña antártica contribuirán a mejorar el conocimiento de la respuesta de los glaciares al cambio climático y ayudarán a estimar la contribución de la pérdida de masa de estos glaciares al aumento del nivel del mar.

El monitoreo continuo es vital para resolver estas preguntas abiertas. Además de garantizar la continuidad de los datos satelitales clave proporcionados por misiones como GRACE Follow On (gravimetría) e ICESat2 (altimetría), y llevar a cabo evaluaciones integrales de comparación más frecuentes (anuales) del balance de masas de la capa de hielo, la ciencia criosférica y climática las comunidades necesitan mejorar las colaboraciones existentes para mejorar el modelo climático regional y las simulaciones SMB de la Antártida y Groenlandia (SMB_MIP es un ejemplo clave), y también realizar mejoras significativas adicionales a los modelos GIA, ya que estas son algunas de las fuentes clave de incertidumbre residual subyacente estimaciones actuales del equilibrio de masas de la capa de hielo.

Una Cumbre del Clima de ‘emergencia’ ¿Dónde están los líderes?


Sede de la COP 25 en Madrid @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

A punto estuvo de no celebrarse, pero en tiempo récord, la Cumbre del Clima COP 25 comienza y  el mundo se enfrenta a la última posibilidad de que se logre algún compromiso real y contundente para desacelerar la velocidad con la que nos encaminamos a un desastre global. Sin embargo de los 190 países firmantes del Acuerdo de Paris hace apenas cuatro años,  de momento sólo 43 jefes de Estado y Gobierno -junto con altos cargos de instituciones internacionales como ONU, EU, OCDE, etc- anunciado que vendrán a Madrid para fijar sus compromisos reales en reducción de emisiones contaminantes. Conviene recordar que en París, en la COP 21, se reunieron 150 jefes de Estado y de Gobierno, pero lo cierto es que en este tiempo, a medida que los datos científicos empeoran en todos los parámetros y las previsiones tornan más negras, la presencia de los líderes decae. Y eso no es buena noticia.

JEFES DE ESTADO

  1. 2015 en Paris: 150
  2. 2016 en Marrquech: 80 
  3. 2017 en Bonn: 25;
  4. 2018 en Katowice: 40
  5. 2019 en Madrid: 43

Para la COP 25 chilena (española por delegación) no esperamos a los presidentes ni de Estados Unidos (si que vendrá Nancy Pelosi), Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, México, Canadá, Reino Unido, Alemania. Sólo unos ocho de países de Latinoamérica y Caribe de 42 existentes; siete de los 54 africanos y de Asia el único muy poblado que acude es Bangladesh. Es decir, más del 80% de la población global no tendrá a sus máximos dirigentes ‘empapándose’ de la que se viene encima y de cómo evitarlo. Y, sin embargo, todo indica que esta COP 25 es clave porque si algo ha pasado en estos cuatro años es la verificación científica de que el cambio climático ya está aquí, que el tope de aumento de 1,5º C previsto en Paris es una quimera y que los impactos están siendo ya brutales en muchas zonas del planeta, incluido nuestro país. ¿Hasta cuándo la ceguera de los dirigentes políticos? ¿Hasta cuando la ceguera de quienes les votan?

Precisamente, coincidiendo con la Cumbre que ahora comienza el Observatorio de la Sostenibilidad (OS) hizo público un informe, otro más, con muchos datos que nos retratan donde estamos. Es uno de los muchos de estos últimos días, pero pone números interesantes de lo que ocurre, como recordaba el científico Jorge Lobo (Museo Nacional de Ciencias Naturales) en esa «fina capa de vida de apenas unos pocos metros que tiene el planeta». Del exhaustivo documento, me quedo con el dato de que en España tenemos hoy 1,57º más de temperatura que cuando nací (recordemos que eso es la media y hay temporadas en la que es mucho más) y que en mi ciudad (Madrid) mis veranos son nueve días más largos. Pero también llama la atención que tengamos 850 grandes instalaciones de emisiones de gases con efecto invernadero (los que generan el cambio climático) pero que sólo 10 grandes empresas generen un 25% de las emisiones de España, empezando por Endesa y siguiendo por Repsol, Naturgy o Acelor Mittal. No parecen muchas. «Lo importante no es acabar con estas empresas, sino que haya el marco adecuado para cambiar el consumo y cubrirlo con energías renovables», apuntaba Fernando Prieto, del OS.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto del Observatorio de la Sostenibilidad. Junao al científico Jorge Lobo. @Rosa M. Tristán

Pese a la alarma que ello debiera generar, el propio presidente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, señalaba el pasado viernes  en Madrid que hoy hay más carbón en el mundo que en el año 2000, en concreto 2.250 GW más, pero que el consumo en Asia no deja de aumentar y además sus centrales térmicas tienen 12 años, cuando su vida útil es de más de 40. Son décadas que no tenemos. Y por si fuera poco el carbón, los investigadores del informe  ‘The Production Gap’ del PNUD nos dicen que los productores de gas y petróleo esperan aumentar su producción ¡¡un 120%!! A destacar que este informe (con 50 científicos implicados) se ha llevado cabo con las proyecciones de 10 países y que los máximos dirigentes de siete de los principales productores (China, EE.UU., Rusia, India, Australia, Indonesia y Canadá) no tiene previsto pisar la COP 25.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto de Observatorio de la Sostenibilidad, recordaba la frase de que «los presidentes van de cumbre en cumbre y los pueblos de valle en valle» y mencionaba que ya en 1972 (hace medio siglo) el Club de Roma hablaba de futuros impactos del cambio climático, para denunciar a continuación que la UE, aún siendo aún el motor de un posible cambio, está perdiendo su relevancia a medida que ganan votos los negacionistas…. ¿Cómo es posible?, cabría preguntarse. Y a su lado,  la inmensa indignación que transmitía Nicolás Elíades, de Extincion Rebellion, sobre el planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras y el hartazgo de quienes no se creen los compromisos: «En los 35 años de mi vida he visto como desaparecían las luciérnagas de mi vida», comentó Elíades trayéndome del pasado esa imagen de mi infancia en la que las veía brillar.

Y junto a las quejas de estos nuevos grupos de rebeldes y jóvenes de Friday For Future o Greta Thunberg, están los pueblos y gentes que no vienen a la cumbre, pero que ya tienen su vida ‘patas arriba’ porque ya viven en el caos climático. Y sus vidas no son números. Es Christine, en Haití, a la que un huracán seguido de la sequía que se prolongó meses dejó sin hogar, sin cosecha y sin semillas; es Anjou Mbaye, de Guinea Bissau, a la que conocí cuando desesperaba porque los pozos cada vez son más profundos  tienen menos agua; es la guatemalteca Ana Rutilia Ical, criminalizada y acosada porque no quiere que el agua de su río acabe en una hidroeléctrica mientras las comunidades alrededor se quedan secas; es Honorio Souza, de Mozambique, que un día me contó cómo se quedó sin nada tras el paso del ciclón Idai…

¿Y quién paga estos desastres? Uno de los temas que la COP 25 pondrá en la mesa es la creación de un fondo para pagar ya las pérdidas y los daños, que se calculan en unos 300.000 millones de dólares para 2030 que ya están pagando los estados y que los países en desarrollo no pueden asumir sin endeudarse aún más. Más de 150 ONGs de todo el mundo, entre ellas Action Aid (en España, Alianza por la Solidaridad) lanzan estos días una propuesta bien conocida: quien contamina, paga, en este caso a través de tasas que penalicen a las empresas más contaminantes. No puede ser que la cuenta afectada sea la de  Anjoy ni la de Christine, mientras seguimos sin ver, volcados en los ‘black friday’ y las lucecitas navideñas.

Pese a todo, deberíamos estar y estamos, a tiempo de dar un giro espectacular. Por ello es importante que los compromisos que salgan de estos 11 días de cumbre sean grandes, globales y personales, económicos y financieros, y sobre todo en las urnas cuando toca. La gran parte de la humanidad cuyos líderes no estarán en Madrid no se lo merecen. El millón de especies que ahora sabemos que están en riesgo de extinción, tampoco.

 

La silla vacía del PP en un debate sobre la ciencia


Unidas Podemos, silla vacía del PP, Cosce, PSOE. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Se le esperó pero no apareció. Ningún representante del PP acudió a la cita convocada por la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España), que agrupa a más de 40.000 científicos, para que expusiera cuál serían sus prioridades en el maltratado sector de la ciencia española si ganaran las elecciones. Ahí estuvo el cartel, en la mesa, de Alberto Casero, diputado por Cáceres y secretario nacional de Medio Ambiente del Partido Popular, decorando su silla vacía. Los de VOX declinaron la invitación a participar desde el principio (lo de la ciencia les viene grande, parece ser) pero este diputado popular se había comprometido a asistir, y al final ni fue ni envió a un sustituto o sustituta. Grupos nacionalistas, también declinaron.. pero también previamente. 

Los que si estaban fueron PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos, que intentaron, aunque sin mucho éxito, convencer a los asistentes de las bondades de sus próximas medidas si llegan al Gobierno. Sin mucho éxito porque eran las mismas, prácticamente, que en anteriores convocatorias y la realidad es que el panorama poco ha cambiado, en general, en los últimos años de desesperanza para los que siguen batallando por el I+D contra viento y marea. Lo más destacable de la legislatura terminada ha sido el Real Decreto de Medidas Urgentes para la ciencia que fue aprobado por unanimidad, pero por lo demás, la propia presidenta de COSCE, Perla Wahnón Benarroch (Real Sociedad Española de Física) recibió a los políticos afeándoles que no hubieran cumplido los compromisos asumidos en el debate electoral anterior, ni en el anterior al anterior.

Desde luego, tanto Juan José Moreno (portavoz de Ciencia, Innovación y Universidades en la Asamblea de Madrid del PSOE) como Noelia López Montero (diputada en la Asamblea de Madrid de Ciudadanos) y Gemma Heras-Juaristi (coordinadora en Unidas Podemos del área estatal de políticas científicas de I+D+i) se esforzaron durante más de una hora en destacar la importancia que tiene este sector para sus partidos y coincidieron en la importancia de llegar a un Pacto de Estado sobre el asunto y en aumentar presupuestos, pero la realidad es que cuando llegan al poder lo del pacto queda olvidado… y que, además de presupuestos, los científicos reclaman medidas que no requieren tanto dinero como disposición política real.

Desde el PSOE, su portavoz destacó lo importante que ha sido tener un Ministerio de Ciencia para ‘tener voz’ en el Consejo de Ministros, pero reconoció que las peculiaridades de este ámbito no se tienen en cuenta en leyes que lo afectan y convierten en un viacrucis (perdón por la referencia religiosa) sacar un proyecto adelante. En concreto, se refería a las leyes de subvenciones públicas, de contratos del Estado o de Competitividad. «Es muy necesario el asesoramiento científico en el Congreso de los Diputados», reconocía su representante. Otra cosa es que luego se les haga caso, porque luego vemos casos como el del Mar Menor en el que se crean comités científicos para no tener en cuenta sus conclusiones cuando no gustan. También mencionó la necesidad de tener una nueva Ley de Ciencia porque, dijo, al ser un sector muy innovador «enseguida se quedan obsoletas»y defendió una reforma de la Agencia Estatal de Investigación, ligada a un aumento de los presupuestos, si es que algún día tenemos nuevos presupuestos.

Unidas Podemos, por su parte, destacó de su programa, además del aumento presupuestario, la creación de un banco de inversión para la transición tecnológica (con el ICO, CDTI, ENISA…) para estimular la inversión privada en I+D y la misma apuesta por tener una nueva ley de ciencia y crear comités sectoriales a nivel estatal y en comunidades autónomas como asesores. En todo momento,  Heras-Juaristi dejó claro que la guía ha sido un documento realizado por científicos del CSIC en un encuentro hace unos meses, donde hicieron diagnóstico de sus necesidades más urgentes.

Por su parte, desde Ciudadanos se recordó la importancia de sacar adelante la Ley de Mecenazgo para el I+D y por convertir la Agencia Estatal en una fundación «para mejorar su independencia», además de insistir en la necesidad de un pacto entre partidos como paso previo a cualquier modificación legal, por urgente que sea.

En el debate posterior con los asistentes, que eran pocos, algunos de los científicos dejaron claro su poco convencimiento de que su trabajo fuera a mejorar con lo anunciado, sobre todo en lo referente a la burocracia que les ‘acogota’ (en el sentido de inmovilizar), a la recuperación de los grandes científicos que se fueron de España o a los incentivos para aumentar la inversión privada. Y les dijeron que para qué otra ley de ciencia con principios muy generales, si luego no se ponen en marcha soluciones a los problemas concretos que nos hacen perder posiciones a nivel científico.

Pero de todo ello no se enteraron los del PP porque no estuvieron. Teniendo en cuenta que en sus gobiernos tuvieron lugar los mayores recortes en ciencia de la historia y que ya en 2013 se negaron a firmar un simbólico Pacto por  la Ciencia , no debería extrañar su desinterés en aquello que no es desarrollo económico a base de ‘ladrillazo inmobiliario’ o agricultura extensiva e insostenible para un país con tantos problemas de agua o el turismo masificado de ‘infracalidad’ que inunda costas y ciudades…

Esa silla vacía en el debate de la COSCE es el ejemplo.

(Por cierto, que miré a ver si le había pasado algo a Alberto Casero, pero ayer puso unos cuantos tuits y retuits, así que activo si que estaba)

 

 

 

Vera, la pequeña neandertal de Burgos


Diente de Vera, la niña neandertal de Ojos de Guareña de Burgos.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Trino Torres, allá por 1976, se puso a buscar dientes de oso cavernario en las cuevas de Ojos de Guareña, en las Merindades de Burgos, no encontró lo que quería. Los restos recogidos en la conocida como Cueva Prado Vargas quedaron a buen recaudo en el Museo de Burgos, sin que durante décadas nadie intuyera que eran la cerradura que escondía la entrada a la casa de la pequeña neandertal Vera, una criatura de unos ocho años (lo del sexo es imaginación, por cierto) que habitó en esta caverna.

Esa cerradura la encontró un día, allá por el año 2000, la arqueóloga burgalesa Marta Navazo y, sorprendida por la riqueza de los restos guardados, se empeñó en lograr fondos para excavar en el lugar. En 2005, logró por fin algunos recursos para una pequeña excavación de dos metros cuadrados, pero tuvo que esperar hasta 2016 para que la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León le permitiera iniciar un proyecto con un equipo que lleva ya tres años sacando miles de registros de la presencia de aquellos humanos euroasiáticos que dejaron su rastro en nuestro ADN.

Cueva Prado Vargas en plena excavación.

«Comencé el proyecto con ocho alumnos y ya tenemos tres tesis en marcha sobre Prado Vargas. Es asombrosa la calidad y cantidad de los restos que encontramos en el nivel cuatro, de hace 46.000 años. El diente infantil, de un menor neandertal que llamamos Vera porque así se llama la nieta del dueño del prado, Beni, es el más importante, pero sólo este año hemos sacado otros 2.000 registros, unos 6.000 en total en cuatro años. Aquí me jubilo», asegura una entusiasta Navazo, que también coordina en Atapuerca el yacimiento neandertal de La Paredeja.

Si el primer año en Prado Vargas lo dedicaron a eliminar restos superficiales -el padre de Beni usaba la cueva para guardar ganado – al siguiente ya abrieron la entrada original y comprobaron que había hasta nueve metros de sedimentos repletos de vida de hace decenas de miles de años. «En el primer nivel excavamos 40 m2, pero en total queremos abrir más de 100 m2. Ya sabemos que este era un lugar de referencia para los neandertales  de hace 46.000 años -en el momento en el que los ‘sapiens’ llegaban a Europa- porque aquí tenían refugio, fuentes de agua, materia prima para sus herramientas, animales que cazar… y estaban entre la costa y la meseta», comenta la arqueóloga.

Raedera de sílex de Prado Vargas.

Por si no bastara con el diente humano, que certifica sin duda la presencia humana y familiar, también han localizado un hogar en el centro de la cueva de unos 25 centímetros de diámetro donde aquellos neandertales castellanos hacían fuego, como, por otro lado, ya se sabía por los huesos y las herramientas (raederas, puntas, denticulados y retocadores de huesos musterieneses) que habían encontrado quemados. Pocas dudas quedan de que controlaban el fuego…

Siguiendo el ejemplo ‘socializador’ de los yacimientos de Atapuerca,  también aquí Navazo, junto con Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana, han abierto desde el principio la vía de la divulgación e implicación social en los trabajos, con cursos de formación y actividades de voluntariado en las que participan los habitantes de la zona. Este verano, muchos fueron los que participaron en el lavado de los sedimentos de Prado Vargas en el río Trema. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos, que han recuperado con su trabajo restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

En concreto, de momento, entre los huesos y dientes recuperados en esta excavación ya se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros. Son huesos muy fragmentados, sobre todo de de radios, húmeros, metatarsos y tibias. Es decir, que los neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaban para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos, que les permitían obtener y consumir su médula. Eran las partes más apreciadas de las presas. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

En definitiva, un proyecto en Ojo de Guareña que dará mucho que hablar…

 

 

 

 

¿Adiós a la Amazonía en sólo 245 años?


@Victor Moriyama (Greenpeace Brasil): PORTO VELHO, RONDONIA,

ROSA M. TRISTÁN

Hace más de 15 años, cuando aún se financiaban en TVE grandes documentales, hubo una serie que me dejó huella: «Amazonía, la última llamada«, de Luis Miguel Domínguez. Ahora, tras casi un mes de incendios en la selva que oxigena este planeta, y cientos de miles de hectáreas quemadas, está claro que la llamada quedó sin respuesta. La situación es hoy mucho más dramática, hasta el punto de que podría desaparecer en sólo 245 años de seguir los actuales niveles de degradación, dejando a la Tierra sin el 20% de oxígeno que nos proporciona esta selva. De hecho, ya ha dejado de ser el sumidero de CO2 que era en el pasado, debido a la muerte prematura de millones de árboles y la quema actual no hace sino empeorar la situación. O los derrames de petróleo. ..

La dramática fecha del año 2.264 que se avecina en la Amazonía sudamericana no dirá nada a los políticos de hoy, empeñados en estrellar la nave Tierra que pilotan, ni a los millones de ciudadanos que les votan, incapaces de pensar en la herencia carbonizada que dejarán, pero está en el horizonte según las previsiones de una investigación liderada por el geógrafo Mark Mulligan, del King’s College de Londres, basándose en el histórico ratio de degradación de las áreas protegidas de esta zona del planeta. Según sus resultados, si la deforestación no se detiene, el bosque amazónico desaparecerá en unos dos siglos y, además, justo antes de su fin, ya dejará de proporcionar servicios ambientales que ayuden a mantener la vida en el planeta, como el almacenamiento de carbono almacenamiento para la regulación climática (algo que ya disminuye), el suministro de agua o el control de erosión, entre otros relacionados con la biodiversidad, de la que no se habla lo suficiente, pero está también en crisis. «Tener más áreas protegidas de forma eficaz es vital. Con  áreas de protección ineficaces, el bosque amazónico, con 55 millones de años, tiene este futuro muy corto», ha señalado Mulligan a través de Twitter al hilo de los incendios, activos en este momento.

Y es que son más de 72.800 focos los detectados entre enero y agosto  de 2019 en la Amazonia, según los datos recogidos vía satélites por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, el mismo del que ha sido despedido su director, Ricardo Galvao, por tener el atrevimiento de denunciar el brutal deterioro de la selva desde que Jair Bolsonaro llegó al Gobierno, hace apenas unos meses. Ciertamente, la deforestación para uso agrícola siempre ha existido en este país y aledaños (Bolivia, Colombia, Ecuador..) pero datos de satélites indican que el pasado mes de julio se duplicaron las tasas de fuegos registradas, hasta suponer unos 60 km cuadrados de destrucción al día. Un kilómetro mientras lee este artículo..

En la revista científica ‘Nature Sustainability‘ se publicaba a finales de julio una investigación de la Universidad de Oklahoma que ya alertaba de pérdidas insostenibles antes de la ‘era Bolsonaro. El estudio, con datos satelitales entre los años 2000 a 2017 del área amazónica brasileña, señalaba que si bien había un 15% más de masa forestal que lo que decían fuentes oficiales del PRODES (Brasil), se reflejaban uno tasas de deforestación duplicaban lo que este mismo PRODES decía años antes, sobre todo desde 2013. El Niño y la sequía de un año en 2015/2016 incrementaron, según este estudio, las  pérdidas forestales,  que eran de un 11%  ‘áreas protegidas’. ¿Medidas del nuevo Gobierno? Desmantelar el sistema de protección y control sobre la deforestación, mientras anima a los grandes  intereses agroindustriales y mineros a expandirse hacia la selva amazónica. El indigenista Sydney Possuelo denunciaba en una entrevista en este blog lo que se avecinaba para los pueblos indígenas.

Bien es verdad que no sólo la Amazonía arde. Pero lo triste es que en este planeta donde sabemos quien marcó un gol al segundo a la otra punta del globo, nos enteramos del desastre dos semanas tarde. Y lo triste es que sólo por ello descubrimos que también África arde, que los bosques de Angola, República Democrática del Congo,  Zambia o  Mozambique desaparecen. Son lugares que habitan una extraordinaria fauna salvaje y, si bien es cierto que los incendios de sabana son habituales para regenerar pastos en este continente, la NASA detecta que también se está quemando la cada vez más escasa y rala selva africana por el mismo afán agrícola que mueve los hilos al otro lado del Océano Atlántico.

Por desgracia, nada indica que la tendencia vaya a cambiar porque desde que el ser humano se hizo campesino dejó de ver la naturaleza como un bien para verla como un recurso a explotar dentro de unas fronteras determinadas que nada tienen que ver con la vida planetaria ni con nuestra propia evolución biológico, como nos recuerda en ‘Sapiens‘ el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Ahora bien, no basta quejarse. A comienzos de agosto el Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC) alertaba de cómo el consumo de carne está generando esta deforestación global catastrófica. La soja que consumen en pienso las vacas españolas (y muchas otras) sale en gran medida de este mismo Brasil que se carboniza: en 2018, este país batió su récord con más de 82 millones de toneladas exportadas de este cultivo , un 22% más que el año anterior. El 80% fue para una China cada vez más carnívora. Pero no hace falta irse tan lejos: España recibe el 40% de su soja de Brasil, según el reciente informe de Greenpeace «Enganchados a la carne«. De hecho, somos el segundo país de la UE que más carne consume, alimentada con piensos que destruyen los bosques.

No deja de ser llamativo que el Gobierno en funciones español haya sido uno de los principales impulsores de un acuerdo comercial de la UE con Mercosur que favorece, precisamente, importaciones agrícolas y ganaderas de países como Brasil y Argentina hacia Europa. También es llamativo su silencio frente al G-7. Los dirigentes de Francia, Irlanda o Luxemburgo ya han dicho que no ratificarán ese acuerdo si Bolsonaro no hace más por proteger la Amazonía.

Otros prefieren el estómago lleno por delante de los pulmones.

Lo irónico es que sin aire que respirar apenas sobrevivimos cinco minutos.