El guardián q’eqchí de los ríos mayas: Bernardo Caal, encarcelado


FIRMA EN ESTE LINK: POR LA LIBERTAD DE BERNARDO CAAL

ROSA M. TRISTÁN

Llegó con su camisa blanca ribeteada de los colores mayas y su mirada inquieta. Y comenzó a hablar sin parar, y a la vez sin dejar de compartir mensajes en su Facebook, donde tiene miles de seguidores. “Soy maestro, pero no puedo con la injusticia y la corrupción que campa en mi país”, me dijo como tarjeta de presentación. Fue Julio González, uno de los responsables del Colectivo Madreselva, quien me me había hablado de él: “Tengo a la persona perfecta para que nos acompañe a ver qué está pasando en el río Cahabón”. Era Bernardo Caal Xol, el guardián maya q’eqchí de los ríos de su tierra guatemalteca.

El río Cahabón, preso en un canal. @RosaTristán

En mi viaje, quería documentar para la ONG Alianza por la Solidaridad lo que estaba pasando en ese río salvaje y hermoso de Alta Verapaz, qué obras hacía allí una empresa española, ACS, comandada por el omnipresente Florentino Pérez.

Se había investigado la construcción de algunas fases para una hidroeléctrica pero la información no era completa. También quería saber qué pensaban las gentes q’eqchí que vivían a sus orillas. “Bernardo ha luchado mucho contra la hidroeléctrica Oxec, más arriba en este mismo río y conoce bien la zona”, me comentó Julio antes de partir hacia Alta Verapaz. Para él, también sería su primer contacto con un proyecto, Renace, que no había tenido ocasión de conocer. Las ONG en Guatemala no disponen de dinero para andar viajando a tanto desastre ambiental y social como se diseminan por el territorio…

Desde el principio, enganché con el discurso de Bernardo, tan ligado a la tierra, a las raíces culturales de un pueblo que se resiste a ser absorbido por el entorno dominante, me enganché a su conocimiento de la riqueza natural que entraba por mis ojos. Y presentí que era un líder nato, capaz de movilizar y organizar a quienes no eran conscientes de lo que ocurría ante sus ojos. De ‘empoderar’, esa palabra que cada vez se usa más y no es otra cosa que hacer conscientes a las gentes de los derechos que se tienen para frenar los abusos que viven del desconocimiento. (Sigue)

Bernardo Caal Xol, en una comunidad afectada por Renace, a orillas del río Cahabón. @Rosa Tristán

En aquel viaje, gracias a Bernardo los vecinos y vecinas q’eqchí nos abrían las puertas de sus míseras viviendas. Él habla su idioma, porque es uno de ellos. También los líderes de las juntas comunitarias nos enseñaban sus papeles, firmados con los pulgares de los dedos. Íbamos con uno de los suyos. Con Bernardo subimos montes para ver aquellas obras que aún hace el Grupo Cobra, destrozando el río, bajo la coraza de que lo suyo es una ‘subcontrata’ en la que los derechos de los pueblos no figuran en las cláusulas del contrato. Con Bernardo bajamos valles, cruzamos bosques y nos bañamos en el río Cahabón ‘virgen’, el que aún no sabe de las cadenas de hormigón que lo apresarán unos kilómetros más adelante. Y con Bernardo vimos a gentes pescando en la parte del río que aún está viva. Y acompañamos a quienes iban con sus cántaros a coger agua. Siempre dispuesto a escuchar, siempre dispuesto a seguir adelante para no dejar ningún rincón sin ver, pese al calor, pese al polvo, pese al cansancio. (sigue)

Semuc Champey, un parque natural que ya ha sido afectado por las hidroeléctricas del río Cahabón. Lo conocí con Bernardo Caal, que quiso mostrar la belleza de su tierra que´qchí. @Rosa Tristán

Después de aquella aventura, hemos seguido en contacto. Hasta el jueves pasado, el día que entró en la cárcel. Me enviaba fotos de cómo se estaban organizando, de las manifestaciones que se hacían en la ciudad para parar los pies a las hidroeléctricas en Alta Verapaz, donde para más ‘inri’ el 66% de la población no tiene acceso a la electricidad (eso si, la energía que sale de sus ríos es para exportar) y también me hacía llegar documentos de las denuncias que estaban poniendo, porque todo ello se hacía sin contar con las comunidades, sin los adecuados informes de impacto socio-ambiental.

Pronto comenzaron a llegarme, además, las noticias de las amenazas, la criminalización. Primero pasquines, pagados por quien no se atreve a firmarlos, y vídeos de gentes de ciudad donde se le insultaba y acusaba de estafador por un conflicto con un sindicato de profesores en el que trabajó que sigue coleando; y otros vídeos que le grababan a escondidas en su casa, para intimidarle a él y a su familia. “Lo estoy pasando mal”, me confesó una noche en un chat. También a mí me llegaron mensajes insultantes, acusándome de ‘hacerme rica’ por mis artículos en la prensa sobre Renace.

Y yo, desde mi cómoda casa en mi cómodo país, a miles de kilómetros, sin saber qué decirle a Bernardo, sin saber cómo se podía proteger sin abandonar su vida y a los suyos más que dándole a conocer al otro lado del Atlántico con Alianza por la Solidaridad. Criminalizar y criminalizar, ese el es el camino que eligen los que se saben poderosos para manejar los hilos. Cuando ‘tocas’ de cerca el poder que tienen las grandes empresas sobre los líderes de pequeñas comunidades, tendemos a pensar: “No se atreverán”. Hasta que ocurre. Hasta que Berta Cáceres muere en su casa de un balazo. Hasta que acribillan al colombiano Temístocles Machado en la calle porque luchaba contra la apropiación de terrenos para la ampliación de un puerto en Buenaventura (por cierto, de este puerto es propietaria mayoritaria la empresa catalana de contenedores TCB). Hasta que un maestro de un pueblo, que ama su tierra, es hecho preso porque se ha enfrentado a gigantes para los que su lucha es como una ‘mosca cojonera’ que hay que pisotear.

Finalmente, Bernardo se marchó, huyó a las montañas, escapó a una aldea para poder reunir pruebas que limpiaran su nombre de la podredumbre con la que lo mancharon ‘los del negocio’. Y así estuvo unos meses, en silencio total, recopilando documentos para probar que él no estuvo cobrando ilegalmente en un colegio, pero que era la excusa perfecta para desacreditar toda su lucha. Y yo preocupada de que no contestara a los mensajes, de que no hubiera en su muro más novedades que una despedida.

Pedro Armestre incluyó una gran foto suya en la exposición “Madre TieRRRa en Maliaño, en noviembre pasado.

Cuando tuvo todo preparado, regresó a su vida. El fotógrafo Pedro Armestre fue el pasado verano a Guatemala con Alianza y trajo un testimonio en el que le ví más triste, temeroso de acabar como Berta Cáceres, pero aún batallador. De cuando en cuando, seguí disfrutando de las imágenes que publicaba de los cultivos q’eqchí , de las fiestas en Cahabón, de nuevas protestas. No dí crédito cuando la Cámara de Comercio de España en Guatemala hizo un comunicado exigiendo que se detuviera a los manifestantes porque perjudicaban al tráfico rodado… ¿A eso se dedican nuestras empresas?

Y justo cuando Bernardo iba a presentarse en el juzgado de Cobán para defenderse, justo cuando había denunciado que la Justicia en su país no era tal porque a la empresa OXEC, que él denuncio, la condenaron hace escasos días con una multa, pero la permitieron seguir destrozando el río, justamente entonces, digo, le detienen. En el mismo juzgado. Por nuevos presuntos delitos. Y veo su detención casi en directo, en un vídeo que deja en su Facebook mientras la policía le pone las esposas, o eso parece. Eso también sería impensable en España.

¿Y qué podemos hacer?

Alianza por la Solidaridad, con el apoyo de Greenpeace España, han lanzado una campaña exigiendo la libertad de Bernardo al Gobierno de Guatemala. Miles de firmas que deberían inundar la Embajada de ese país, decenas miles de apoyos que demuestren a los empresarios guatemaltecos y españoles implicados que Bernardo no está solo; firmas que hagan visible la lucha de los q’eqchí por su territorio frente al expolio de sus dirigentes, también del de compañías que miran para otro lado porque lo que importa es la cuenta de resultados; firmas que presionen para poner freno a la persecución de quienes en todo el mundo defienden ríos, bosques, mares o lagos de hidroeléctricas, minerías y agronegocios industriales, y que lo hacen poniendo en riesgo su libertad y su vida. Y las pierden.

Sólo puedo añadir.

#LibertadParaBernardo YA!

Anuncios

Daniel Lieberman: “Evolucionamos para correr cuatro horas al día”


 

Daniel Lieberman, haciendo un experimento en la Universidad de Harvard. @Havard University

ROSA M. TRISTÁN

“Es el epicentro del conocimiento sobre la evolución de la fisiología humana”. Con estas palabras presentó, hace unos días, al profesor de la Universidad de Harvard Daniel E. Lieberman su colega y amigo, el arqueólogo español Manuel Dominguez-Rodrigo, del Instituto de Evolución en África. Fue la introducción a una fascinante conferencia sobre cómo nuestro cuerpo humano evolucionó para correr a lo largo de cientos de miles de años, hasta el punto de que somos capaces de correr de fondo más que un caballo.

El hecho de que en la actualidad el sedentarismo sea nuestra forma de vida no hace sino generar patologías que nuestros antepasados no padecieron, explicó Lieberman en el Museo Arqueológico Regional. Domínguez-Rodrigo, que co-dirige con Enrique Baquedano, director del museo el único yacimiento de un equipo europeo en Olduvai (Tanzania), reconocía que fue una de sus cobayas en sus experimentos. “Solamente desde la era industrial, el esqueleto humano se ha debilitado mucho y es algo que hay que tener en cuenta porque es cierto que vivimos más tiempo, pero con más enfermedades”, aseguró el científico norteamericano.

Lieberman, cada día que ha pasado en Madrid, se ha levantado al amanecer para correr por el parque de El Retiro. Ya no puede no hacerlo cada día, señaló. El autor del artículo  ‘Born to run‘, que fue portada en ‘Nature’ en 2004,  comenzó a interesarse por esta capacidad humana y su relación con la salud a raíz de sus investigaciones sobre la evolución de nuestra cabeza y su relación con el sistema locomotor. “En los libros de medicina se habla muy poco de evolución humana cuando creo que estos estudios pueden utilizarse para mejorar nuestra salud”, argumentó.

Con este afán, Lieberman viajó a México y a África, donde el español estudia a los primeros cazadores humanos de hace unos dos millones de años. Además, comenzó a diseñar infinidad de experimentos de biomecánica en su laboratorio de Harvard. En su charla en Alcalá de Henares, recordaba que ya hace 7 millones de años el homínido Sahelantrophus tchadensis (conocido como Toumai)  era bípedo; que hace 4,4 millones de años, también lo era el Ardipithecus ramidus; y que hace 3 millones de años,  el Australophitecus afarensis (‘Lucy’) ya caminaba bastante erguida. Aún así, ese caminar suponía un gran esfuerzo para estos primates, que aún no corrían, así que ¿por qué lo hacían?

“Unas hipótesis dicen que  así podían llevar más cosas en las manos, como herramientas, o coger más frutas de los árboles, pero es algo que hacen los chimpancés; mi hipótesis es que al final de Mioceno hubo un gran enfriamiento en la Tierra y eso les obligaba a ir más lejos a encontrar comida. Los chimpancés, al ir agachados, gastan más energía que los que van erguidos. Si un chimpancé gasta 165 calorías en 4 kms, un humano sólo consume 80, como hemos visto en algunos experimentos de laboratorio”, señaló Lieberman. “Ya los primeros bípedos, como los Australipithecus eran capaces de andar de forma eficiente.

Otra cosa es el correr. En velocidad, evidentemente la especie es muy inferior a otras (Usain Bolt logra los 35,5 km/h y un guepardo los 112 kms/h) . Pero si comparamos con un chimpancé salimos ganando: este pariente no corre más de 100 metros hasta agotarse, mientras que un ‘sapiens’  puede correr entre 10-15 kms/día sin grandes problemas. Y los hay que corren 100. En esas carreras de fondo, asegura, somos grandes campeones, incluso por encima de perros o caballos: “Los cuadrúpedos trotan, pero corriendo en largas distancias no tiene nuestra resistencia”. Y es que estamos llenos de adaptaciones para correr: tenemos las piernas cargadas de muelles que nos ayudan, tenemos grandes glúteos, el tamaño de las articulaciones y un sistema de termoregulación que tiene entre 5 y 10 millones de glándulas sudoríparas para eliminar el calor sudando. Son adaptaciones que tienen casi dos millones de años, que aparecen con la especie humana”, aseguró.

Lieberman, en medio, con Manuel Domínguez-Rodrigo y la autora de la crónica.

Lieberman, aludiendo al trabajo de Manuel Domínguez-Rodrigo en Tanzania, mencionó que hace más de millón y medio de años, los Homo erectus o ergaster ya cazaban grandes animales en cooperación.  Y para eso tenían que correr mucho. “Cuando un cuadrúpedo galopa no puede jadear y se agota pronto. Aquellos primeros homínidos los hacían correr hasta que superaban su velocidad normal y gastaban más energía. Los acosaban hasta que desfallecían, y los cazaban. En el Kalahari, los san también utilizan esta técnica”, mencionaba. De los Homo habilis, añadió, no hay pruebas de que fueran capaces de correr, dada la escasez de fósiles postcraneales que se han encontrado.

Tras múltiples experimentos, Lieberman ha concluido que aquellos primitivos cazadores/recolectores corrían una media de 4 horas al día, que es para lo que evolucinó nuestro organismo. Sin embargo, en la actualidad hacemos un 20% menos que aquellos ancestros africanos, y muchos ni eso, lo que supone que quemamos 400 calorías menos que para lo que fuimos deiseñados. “Este desajuste”, afirmó, “genera cardiopatías, hipertensión síndrome metabólico, diabetes, osteoporosis, ansiedad, Alzheimer e incluso algunos cánceres, pero si hacemos 30 minutos de ejercicio, cinco días por semana, reducimos un 50% la media de padecer enfermedades porque hemos evolucionado para ser atletas de resistencia, no para que nos guste estar sentados”.

Apuntó, no obstante, que igualmente importante es mantener una dieta que evite el sobrepeso, una vez comprobado que los que lo tienen mueren un 90% más pronto que los que no lo tienen.

Y como colofón, nos habló del calzado:  “Tiene ventajas, porque protege del terreno, pero también muchos costes, porque genera lesiones. El pie no evolucionó para estar calzado y por ello hay menos casos de pies planos en África, donde van más descalzos, que en EEUU, donde un tercio de las personas tienen este problema.

 

Vandana Shiva: “Con los transgénicos el hambre no se ha acabado”


ROSA M. TRISTÁN

La cola daba la vuelta a la calle, inmensa desde dos horas antes de que comenzara la conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha pasado un año desde la última vez que escuché a la activista eco-feminista india Vandana Shiva y casi 10 desde mi segunda entrevista con ella. La primera no he podido localizarla. “La gente que hoy cultiva la tierra son hoy la mayoría de los hambrientos del mundo, se destruye sus tierras, se roban sus semillas. Y no es admisible”. El 80% del público, ya en el Salón de Columnas, eran mujeres, dispuestas a no perderse a quien se ha convertido en el azote de los transgénicos, vilipendiada por unos y aclamada por muchos otros.  “En mi lengua, comida es ‘lo que nos sostiene’, pero ahora la comida ya no es lo que era”. 

Vandana Shiva, con un shari naranja y morado, comenzó puntual y su último libro, ¿Quién alimenta realmente al mundo? (editorial Swing), ya estaba debajo del brazo de muchos asistentes. “Mi primer recuerdo quiero que sea para los 312 líderes asesinados en 2017 por defender el medio ambiente y para las mujeres que siguen defendiendo el agua, la tierra, frente a proyectos en los territorios que son masculinizados por la agroindustria y su trabajo asalariado”, señaló nada más  comenzar la activista.

@RosaTristán

A continuación, haciendo un repaso a su propia historia, recordó cómo comenzó la batalla contra las semillas patentadas y modificadas genéticamente en 1994, hace casi 25 años, cuando una compañía de Estados Unido (WR Grace Corporation) patentó el árbol neem como algo propio, una patente que fue revocada en el año 2000 tras la denuncia de grupos relacionados con Shiva que demostraron que era un cultivo ancestral en el Himalaya. Poco después, en 1997, fue la empresa RiceTec, Inc., con sede en Texas, la que patentó el arroz indio basmati y Shiva inició otra batalla. “Hoy las empresas cambian de nombre. Monsanto se fusiona con Bayer, Singenta con ChemChina, pero todas siguen conectadas y en el mundo todo sigue igual”, señaló.

La autora con Vandana Shiva.

Vandana Shiva siempre ha denunciado las consecuencias que tuvo la Revolución Verde en la India que, si bien duplicó las producción de alimentos, explica que “se basó en el consumo de petróleo, en grandes explotaciones agrícolas y en los fertilizantes y pesticidas”. “Ahora, los campesinos indios se suicidan con esos mismos pesticidas porque contraen deudas que no pueden pagar y más por el cambio climático”, mientras nos cuentan (Oxfam) que un 1% de los más ricos del mundo acabaran el 82% de la riqueza mundial generada en 2017 y la mitad de los más pobres no vio nada de ella”.

En realidad, no hay más que darse una vuelta por el mundo en desarrollo (por Haití, Senegal, Guatemala, Mozambique o Perú, por poner ejemplos que conozco) para comprobar donde están los 815 millones de hambrientos que hay en el mundo, según datos de la FAO y cómo son las grandes empresas agro-industriales las que les expulsan de sus tierras o esquilman sus recursos naturales. “La industria agroquímica decía que  había que controlar las semillas para acabar con el hambre, pero eso no ha ocurrido. Lo que si ha pasado es que patentan inventos de semillas con el único cambio de un gen. Eso no es crear una semilla. Y además la gente no quería transgénicos, así que al final solo se han extendido en países donde se ha pagado a los gobiernos para legalizarlos porque son un gran lobby dedicado a vender tóxicos, veneno con el que algunos se matan y que no da el rendimiento prometido“. “Así que -añadía- vemos grandes desplazamiento de pequeños agricultores, mientras el 90% del grano se convierte en combustibles y piensos, y vemos también cómo se destruye el suelo y desaparece la biodiversidad”.

Shiva mencionó el caso del arroz dorado, aprobado este mismo mes para el consumo humano en Australia y Nueva Zelanda  porque “puede salvar de la ceguera a millones de niños” al introducirle más vitamina A. “Esto es otro fraude porque patentan un producto que tiene 300 menos vitamina A que una sencilla zanahoria. ¿No será mejor darles esa zanahoria a los niños para evitar la ceguera? Y lo mismo pasa con el plátano. Quieren ponerle hierro con un gen de tamarindo , un árbol muy común en mi país” [añado otro caso similar: látanos con vitamina A que se investigaban como novedosos, con ayuda de 15 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates, cuando resulta que eran plátanos rojos típicos de Micronesia. Muchas miles de pequeñas granjas habrían salido adelante con esa inversión].

img_0084-e1517069507687.jpg

 

Otra cuestión que abordó la activista india en su conferencia fue cómo “grandes empresas como Monsanto conectan las crisis climáticas con el negocio de los seguros” . “Y ahora se habla de inteligencia artificial para alimentar al mundo. Empresas como Facebook tienen toda nuestra información y la utilizan para vendernos porquerías según nuestros gustos”.

CAMBIO CLIMÁTICO

“Pero el cambio climático no es sólo por un aumento del CO2, lo que pasa es que la Tierra está enfadada con nosotros y así nos muestra su poder. Nos dice que cambiemos de paradigmas, que debemos conservar y negarnos a extinguirnos, que los paradigmas de la información y los datos son menos importantes que los paradigmas de la vida, que nos han comprado la mente diciendo que hay que ser eficientes, pero lo importante es la libertad que crece de abajo a arriba, la revolución de lo pequeño”.

Ante un auditorio en silencio absoluto, Shiva insistió en que “el camino no es más dióxido de carbono y más huella ecológica para conseguir más desarrollo”. “Ahora estoy ayudando al Gobierno de Bután para que su agricultura sea 100% ecológica, para proteger su naturaleza y llevar esa protección a las ciudades porque es posible”.

Pero ¿cómo lograr que iniciativas, pequeñas como ésta, no se fragmenten? ¿es posible que se hagan grandes? “Si, uniéndonos. Necesitamos un cambio democrático en la Tierra, donde todo está interconectado. Hay que partir de que la vida no es ingeniería, y hay que resistir a cada intento de división, a la política del odio que nos hará la vida imposible. Y eso va más allá de la comunicación virtual de una sociedad vigilada…Democracia es un término vacío en un sistema en el que un 1% se opone a la descentralización económica. Democracia es el camino de abajo a arriba”, repitió. “Y volver a la cultura de nuestros ancestros para aprender de ellos, al cultivo en la comunidad, como en los pueblos originarios”.

 

 

El astronauta Scott Kelly: “Explorar nos ha hecho los humanos que hoy somos”


ROSA M. TRISTÁN

Una rueda de prensa con un astronauta en la que se le pregunta si ha visto  OVNIS o si dependía de la tecnología para sobrevivir en el espacio. Y Scott Kelly ha resistido estoicamente, aunque bien es cierto que en ciertos momentos, se notaba cierta sorna. “¿Me está preguntando usted si he visto OVNIS?”. Kelly es el segundo ser humano que más tiempo ha estado de seguido en el espacio: 340 días (el ruso Valeri Poliakov estuvo 437); una experiencia que le ha marcado y que describe en el libro autobiográfico ‘Resistencia” (Debate) que ha venido a presentar a España. Es una obra conjunta con la escritora Margaret Lazarus Dean, aunque ella no figura en la portada, ni en la contraportada, ni en la versión inglesa ni en la española. Valga mi reconocimiento desde aquí.

Kelly recordaba cómo su afán por ir al espacio no llegó hasta los 18 años, tras leer “Elegidos para la gloria” de Tom Wolfe. No comentó si su hermano gemelo, Mark E. Kelly, también astronauta, leyó la misma historia. Se sabe que no fue buen estudiante y que le tocó nacer en una familia con un padre maltratador y alcohólico. Dice mucho de su fortaleza personal que decidiera regresar a la Estación Espacial Internacional (ISS) en marzo de 2015, después de que tras una estancia anterior de 159 días (2007) sufriera un cáncer de próstata. Y es que la radiación es 30 veces mayor fuera de nuestra atmósfera, un riesgo que ya saben que deben asumir todos los que la abandonan. “Al principio, cuando me hicieron la propuesta me negué, pero luego me di cuenta de que quería más retos y que eso significaba ir más tiempo, así que acepté”, reconocía Kelly. El objetivo de la misión era probar cómo resistía el cuerpo humano fuera de la Tierra en la que evolucionó a lo largo de millones de años, de cara a un futuro viaje a Marte. Así que al regreso se comparó su estado con el de su hermano Mark.

Poco ha contado Kelly de los cambios físicos que experimento tras casi un año sin gravedad y 5.440 vueltas a la Tierra. Si nos ha dicho que volvió con una modificación en el ADN, los telómeros más largos, que es como decir que volvío rejuvenecido. También algo más alto por la falta de gravedad, aunque pronto recuperó la suya con la gravedad. Nada nos ha hablado de sus dolores musculares, su poco volumen de sangre o su mala puntería. “Lo que más me preocupaba era la radiación y de hecho es el reto de cara a viajar a Marte: o vas muy rápido o te proteges mejor para sobrevivir”, ha dicho. A nivel psicológico, ha asegurado que no detectó ningún cambio, aunque ya se intuye una personalidad fuerte, resiliente, con pocas concesiones al relajo de una sonrisa. De hecho, no ha habido ni una en la hora de rueda de prensa, pero si muchas interpelaciones porque no entendía las preguntas.

Evidentemente, una de ellas ha sido sobre la propuesta de Donald Trump de volver a la Luna. “Tenemos que volver para practicar antes de ir a Marte, pero Trump dice que vamos a regresar y luego recorta el dinero de la NASA o la deja sin administrador todo un año (seguimos sin tenerlo) así que no es una propuesta seria, es solo publicidad, no me lo tomo en serio”.

Kelly ha repetido lo que otros muchos astronautas han compartido públicamente antes que él, empezando por Neil Armstrong: “Sentí más fuerte la relación con el medio ambiente, del precio que se pagará con el cambio climático. El planeta es hermoso y los que pasamos mucho tiempo fuera vemos que somos parte de un todo y hay que buscar soluciones conjuntas”.

Como anécdota, reconoció que lo que más echó de menos durante tantos meses, al margen de la familia,  fue la sensación de ducharse y sentir el agua correr por el cuerpo,  pero también ver el sol y mojarse con la lluvia, incluso sentarse en una silla.

Yo le pregunté por su libro de cabecera en esa aventura espacial, “El legendario viaje de Shackleton” de Alfred Lansing: “Los astronautas tienen muchas características comunes con los exploradores: la curiosidad, la capacidad de manejar situaciones complejas, de lidiar con la soledad. Así ha sido en la exploración del siglo XIX y XX y será en la de Marte”. “A Shackleton se le rompía todo y salía adelante, así que cuando estaba algo bajo de ánimo, abría el libro y me hacía sentir mejor. Me inspiraba su coraje. De hecho, “Resistencia” es un homenaje a Shackleton”, ha explicado después de resumir la aventura antártica del ‘Endurance’ a comienzos del pasado siglo.

Kelly, que envío y compartió más de mil maravillosas fotos de la Tierra desde la ISS, comentó que en pocos años el turismo espacial organizado será una realidad con compañías como Space X o Virgin. “Igual en 100 años hay una aero-línea galáctica que va de Madrid a Nueva York en 20 minutos”, aventuró.

Y respondió a otra pregunta inevitable: ¿por qué invertir en exploración espacial con los problemas que hay dentro del planeta? La respuesta fue la lógica-previsible: “Si el ser humano no fuera un explorador curioso no habría salido nunca de la selva porque es el afán con conocer lo que nos ha hecho ser lo que somos. Las civilizaciones que no viajaron, desaparecieron. Además, los programas de la NASA atraen a millones de niños a la ciencia. Y, por último, si tenemos un presupuesto de 19.000 millones pero gracias a él se desarrollan nuevas tecnologías útiles para todos. En total, he estado 50o días en la ISS y allí no había dinero, todo se gastó en la Tierra, en mejorar la sociedad”.

Por cierto… ¿Y si le propusieran ir a Marte? “Sólo iría a Marte si está garantizado el viaje de vuelta”.

 

 

 

 

 

 

 

Miguelón, protagonista inesperado del estreno del libro #Atapuerca40años


Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

ROSA M. TRISTÁN

No estaba previsto. De repente, entre el público alguien sacó un cráneo de una bolsa. “A ver si Eudald Carbonell nos puede decir de quién es”, desafiaron al arqueólogo. Ambos, nos quedamos de piedra. Según me contó después Eudald, no es la primera vez que alguien va a una conferencia o presentación suya con un resto humano, pero un cráneo era demasiado. Ocurrió hace unos días, mientras ‘estrenábamos’ oficialmente el libro “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA), que hemos escribo a cuatro manos, en la Librería Lé de Madrid.

Fue una tarde especial, cargada de emociones, en la que no faltaron ni la familia ni los amigos. No tengo palabras para describir la sensación que tuve al entrar en el espacio destinado a la presentación y ver tanta gente. Entre la incredulidad y la satisfacción plena, entre el gusanillo de los nervios y el bloqueo por no saber a quien saludar primero. Como el espacio no era muy grande, muchos estaban de pie, entre las columnas, por las escaleras o sentados en el suelo. Había una cámara de televisión y un micrófono de RNE. También algunos colegas tomando notas. ¿Qué más se puede pedir?

Habíamos pensado que aquello fuera como un diálogo entre los dos, que no hablaríamos tanto de lo que es Atapuerca como del libro y que procuraríamos no alargarnos para que hubiera espacio para preguntas del público, que las hubo. Creo que seguimos el plan sin desviarnos, y que algunas de las anécdotas con las que Eudald jalonó su intervención, que recogemos en el libro, pusieron la nota divertida en algo que no queríamos que resultara ‘muy académico’. Entre otras cosas porque, aunque hemos intentado ser rigurosos en el contenido, queríamos que esta obra resultara entretenida para cualquier persona ajena a la materia, que sirviera de resumen de una historia no sólo de los hallazgos, sino también de las personas que han pasado por allí en estas cuatro décadas dejando su huella, algunas ya desaparecidas, otras convirtiéndose en los y las grandes especialistas que hoy son.

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fcristina.rubiobastida%2Fvideos%2F10212652786128016%2F&show_text=0&width=560

Se me pasó el tiempo volando, así que fue Eudald quien, más consciente del tiempo, puso el colofón: “Somos más de 7.000 millones de individuos en el planeta y en nuestras  manos está el futuro. En otro caso caminamos hacia el colapso de la especie”, dijo.

@Miguel Angel Nieto

Y luego, las firmas… Creo que a cada persona le gusta llevarse algo distinto, una dedicatoria que tenga algo que ver con ella, con el por qué compró ese libro y no otro de los cientos que había alrededor. Así, sin darnos cuenta, entre conversación y conversación, la cola se alargó y hubo gente a la que no puede saludar como hubiera querido.

Ahora, a esperar las opiniones de los lectores y lectoras. Eso es lo importante. Tras cuatro años de trabajo conjunto, mi deseo -y puedo decir que seguramente el de Eudald Carbonell también- es que cada uno de ellos se sienta más cerca de este gran proyecto de la ciencia española, que se acerquen así al fascinante mundo de la investigación, sus dificultades, sus preocupaciones y sus éxitos. A lo mejor así un día tenemos gobernantes en este país que visiten lugares como éste a menudo (por cierto, Rajoy no se ha pasado por Atapuerca, pero creo recordar que un día visitó un laboratorio…), que entiendan que sin ciencia no hay futuro y sin presupuestos no hay ciencia.

Los medios, en la presentación. @Miguel Angel Nieto.

 

Con la editora de RBA, Anna Periago. @Miguel Angel Nieto.

@Miguel Angel Nieto.

 

Crowdfunding ‘Proyecto Djehuty’: el tesorero se queda sin dinero


ROSA M. TRISTÁN

LINK A CROWDFUNDING: EXCAVACIÓN EN EGIPTO

Djehuty, un proyecto puntero de la investigación arqueológica española en el extrajero, capitaneado por el egiptólogo José Manuel Galán, el munir, ha lanzado un “crowdfunding” (una iniciativa de captación de fondos colectiva) para poder sacar adelante las excavaciones que cada año realiza en Luxor (Egipto) desde 2001. El equipo ha recurrido a este sistema ante la falta de suficientes recursos económicos públicos (no hay más que ver los presupuestos del Gobierno para la ciencia) y también de empresas ‘mecenas’. En concreto, el proyecto Djehuty necesita 20.000 euros para continuar rescatando el pasado de la colina de Dra Abu el-Naga, que se eleva justo en frente del templo de Amón-Ra en Karnak, el santuario más importante de la civilización faraónica  en Tebas. Djehuty, el tesorero de Hatshepsut, se ha quedado sin dinero (por cierto, un título que me han ‘cedido’ para este artículo).

Con José Manuel Galán, a la entrada de la excavación.

El proyecto, que se dirige desde el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y es tutelado por el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, es sin duda uno de los más emblemáticos en España. Sus impresionantes resultados en forma de piezas únicas figuran ya en varias vitrinas del Museo de Luxor, donde las misiones arqueológicas de medio mundo se pelean por estar. A lo largo de los años, bajo esa colina junto al Nilo, el equipo (en la foto superior) ha sacado a la luz hallazgos tan relevantes como el primer jardín funerario conocido, tumbas de príncipes y ministros de hace 3.500 años, cientos de momias de animales y también unas cuantas de humanos, ataúdes con flechas y arcos… Y, por supuesto, la espectacular tumba de Djehuty, el tesorero de la reina Hatshepsut, que era su primer objetivo cuando hace ya 17 años se encontraron en mitad de un espectacular cementerio lleno de tesoros. También la de Hery, otro noble de la época.

Hace ya algún tiempo que tuve la suerte de visitar ese lugar. Una foto con Galán de aquel viaje encabeza este blog desde que fue creado. Desde entonces, cuando veo las fotos de cada campaña, compruebo lo mucho que ha cambiado su aspecto, fruto de un esfuerzo que ha seguido adelante pese a las dificultades para la ciencia española en el último decenio. Aquel 2012, las excavaciones las patrocinaba Unión Fenosa Gas (UFG), que lo hizo hasta 2016. La empresa dejó de interesarse por el negocio del gas en Egipto. Este año, tras la salida de UFG, Galán consiguió ayuda de Técnicas Reunidas (empresa especializada en infraestructuras para petróleo y gas y también con presencia en Egipto) y de Indra. Con ellas, financió las excavaciones, justo en las que se descubrió el jardín milenario, pero el acuerdo era por una temporada  y proyectos como Djehuty no tienen fecha a corto plazo. Cuanto más excavan, más encuentran.

Lo cierto es que el patrocinio empresarial que lograron daba para pagar la campaña de excavación, en la que tienen que contratar cada año a un centenar de trabajadores de la zona, pero no bastaba para mantener a un equipo de investigadores activo, algo necesario, como recogí en 2014 en un artículo titulado “Apadrina un egiptólogo”.  Ya entonces mucha gente valiosa había tenido que dejar el proyecto, y en algunos casos la ciencia, por falta de recursos para pagarles.

Para 2018, tras mucho buscar y poco encontrar (Indra acaba de comprometerse por otra temporada, pero no basta), Galán finalmente se ha decidido por pedir a la sociedad el apoyo que no consigue de las instituciones, porque no se rinde y porque está dispuesto a regresar en enero y febrero de este año a Dra Abu El Naga para acabar el trabajo, para seguir encontrando piezas maravillosas y para que un día las tumbas de esa colina, que restauran con esmero un buen puñado de investigadores, sea visitada por millones de turistas. “Tenemos algo de ayuda del Plan Nacional y del Ministerio de Cultura, pero nos encontramos problemas porque hay muchos gastos que no podemos justificar y existen, como el pago a los egipcios, y también porque esos fondos exigen co-financiación de los contratos con la institución, y el CSIC no tiene dinero. Algunos investigadores se han quedado sin contrato por esa razón”.

Su idea es conseguir fondos por ‘suscripción popular’ que luego la Asociación Djehuty done al CSIC, una fórmula que permite sacar adelante el proyecto a falta de que el CSIC logre atraer empresas para el mismo. “Lo bueno es que socializas Djehuty, que abres la puerta a que la gente se sienta partícipe. No somos los primeros en hacer un crownfunding científico, aunque no conozco otro en Arqueología en el CSIC”.

Si se piensa, parece increíble lo poco que necesita: ¡20.000 euros! Como comprarse un coche nuevo, y no de alta gama. Comparado con lo que cuesta patrocinar cualquier evento deportivo  o una gala de famoseo o un programa de televisión  basura, sinceramente parece una nimiedad, pero es la diferencia entre que España siga con un proyecto arqueológico puntero en Egipto o acabe en otras manos.

Lo gastarán, dicen, en cosas tan imprescindibles como:

  • Sueldo de los más de 100 trabajadores egipcios implicados en la campaña.
  • Alojamiento y manutención del equipo técnico. Como todos los años, en el pequeño hotel rural Marsam, justo detrás de los colosos de Memnón, a 3 Km del yacimiento  (corroboro que nada lujoso, pero acogerdor).
  • Material arqueológico y de restauración comprado en el mercado de Luxor, que así es más barato.

Y su plan de trabajo es intenso para los dos meses (enero y febrero de 2018) que tienen previsto ir:

  • Excavación y estudio exhaustivo del jardín funerario encontrado este año y sus alrededores.
  • Excavación de la gran tumba del año 2000 a. C. asociada al jardín
  • Excavación de las cámaras donde se depositaron centenares de momias de animales en el siglo II a. C., además de radiografiar una selección de ellas y estudiarlas en detalle.
  • Radiografiar y estudiar las momias humanas halladas en campañas anteriores.
  • Trabajos de conservación de los objetos hallados.
  • Restauración de las tumbas de Djehuty y Hery y su acondicionamiento para ser abiertas al público.

Si sacan más, hay toda una lista de asuntos en los que gastarlo, sobre todo en contratos. A cambio de las aportaciones, ofrecen diferentes materiales del proyecto: libros, documentales, cuadernos, calendarios.. Pero es lo de menos. Lo de más es que, ante la falta de interés en proyectos que sitúan a la ciencia española en el mundo, la sociedad, al menos una parte, tenga que colaborar para que el trabajo de tantos años no quede en la estacada por unos presupuestos para la ciencia tan pobres que ni siquiera le llegan enteros.

“En 2018, además queremos doblar en el equipo para estudiar y reconstruir el medio ambiente de la antigua Tebas, con el estudio del jardín. No se ha hecho antes nada así. Hemos pedido a Europa un proyecto que se llama EDEN para ello, pero tardará en decidirse y el jardín puede deteriorarse. Hay que estudiarlo ya. Y tenemos semillas, polén, momias de aves, de serpientes, musarañas. Tengo una reponsabilidad con el equipo y hay que hacerlo bien”, me asegura Galán.

Resulta una irónica coincidencia que el mismo día que se inaugura una gran exposición en el Museo Arqueológico Nacional, titulada “El Poder del  Pasado”, sobre los 150 años de historia de la Arqueología en ese país, un proyecto de este calibre no logre el apoyo de los grandes para seguir adelante. Esperemos que si lo tenga de quienes lean esto. Su nombre figurará para siempre entre los mecenas de la Egiptología, al más puro estilo de Lord Carnavon, que pagó a Howard Carter las excavaciones en las que se encontró la tumba intacta de  Tutankamón. Quién sabe lo que nos puede deparar esa reseca y agujereada colina de Luxor…

LINK A CROWDFUNDING: EXCAVACIÓN EN EGIPTO

 

El niño neandertal de El Sidrón, un ‘aprendiz’ canibalizado


 

ROSA M. TRISTÁN

Un niño. Apenas levantaba un metro del suelo, exactamente 1,11 metros. Pesaba 26 kilos, por encima de lo que marca la media en una criatura actual para su edad. Tenía exactamente 7 años y 7 meses al morir y estaba enterrado en una cueva asturiana, El Sidrón, entre los restos de otros 13 individuos, algunos hermanos suyos, que fueron canibalizados, quien sabe si por venganza, hambre, por un rito o por nada especial. Como ellos, también algunos de sus huesos fueron ‘rebañados’ a cuchillo de piedra. Ese niño, pese a estar aún en edad de los juegos, ya hacía trabajos de adulto, cortando pieles, usando su boca como una herramienta más.  Había pasado hambre o una enfermedad en algún momento de su vida. Y crecía como todos a su alrededor, prácticamente igual que como los que llegaron después con sus innovadoras formas de vida, aunque él nunca llegó a conocerlos. Ese ‘Juvenil 1’ (su nombre) era neandertal y vivió hace 49.000 años, cuando ya su especie estaba en clara decaída.

 

Sabemos que su desarrollo era muy parecido al nuestro, salvo en dos partes importantes de su cuerpo: el cerebro y la columna vertebral, que crecían más lentamente, aunque no sepamos la razón. ¿Sencillamente por que eran más grandes? ¿Afectaba ello a su comportamiento? ¿A su capacidad cognitiva? ¿Tiene algo que ver con el consumo de energía, tan difícil de obtener en aquellos tiempos? Estas son algunas de las preguntas que se abren tras el trabajo, publicado esta semana en ‘Science’, del equipo del paleontólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) Antonio Rosas, que nos ha desvelado cómo crecían aquellos parientes extintos con los que llegamos a cruzarnos y tener descendencia.

La autora, en el yacimiento de El Sidrón, en 2012. @ROSA M. TRISTÁN

Hace unos años tuve el privilegio de conocer el yacimiento mientras estaban en activo las excavaciones con Rosas y el arqueólogo Marco de la Rasilla. Entonces, posiblemente, andaban sacando las piezas del puzzle que ha acabado siendo el esqueleto de niño neandertal más completo que se conoce, y de sus congéneres. “Ha sido un trabajo muy exhaustivo en el que hemos comprobado las similitudes en los patrones de crecimiento de nuestra especie y de los neandertales, comprobando su edad y su ritmo de desarrollo por tres caminos diferentes. La conclusión es que es similar, algo que no se sabía”, explica Luis de Ríos, otro de los autores de este trabajo, del que también han participado Rosa Huguet, Marcus Bastir y Antonio García-Tabernero, entre otros. “Eso nos dice que ese ritmo lo comparten por un ancestro común, una especie que puede ser el Homo antecessor. El Homo ergaster africano, sin embargo, maduraba más rápidamente, de forma más primitiva”, puntualiza Rosas.

Todos los huesos rescatados del niño neandertal de El Sidrón. @CSIC

Esas diferencias en la maduración de las vértebras (que corresponde a la de un niño moderno de unos cinco años) y,  del cerebro, tienen que tener una causa, pero no está clara. Rosas lo explica así: “En el caso del cerebro, en  el Homo sapiens requiere mucha energía para crecer y por ello se desarrolla totalmente [hasta los 1.350 cc de un ser adulto] en los primeros años mientras el cuerpo lo hace más lentamente hasta el ‘estirón’ de la adolescencia. En este niño neandertal su cerebro estaba al 87,5% del total cuando murió [de un volumen adulto de 1.520 cc en su especie]. No sabemos la razón por qué aún. Quizás sencillamente porque cerebro y tórax eran más grandes en su especie  pero debemos ser cautos. Tampoco sabemos si eso afectaba a su desarrollo cognitivo porque, de hecho, hacía tareas de adulto”, reconoce Rosas.

Por lo demás, el niño crecía como un ‘sapiens’ cualquiera (por cierto, el sexo lo ha inferido de un diente canino).  Al parecer, rodeado de su familia, como han desvelado los estudios de ADN, en los que El Sidrón es un yacimiento de referencia a nivel mundial:  entre los 13 individuos hallados está un hermano menor y también se sabe de dónde viene su madre. Los 138 fósiles encontrados de su esqueleto y su dentadura (un total de 30 piezas dentales) fueron arrastrados por una avalancha de lodo hacia el interior de la cueva

Antonio Rosas, entrando a El Sidrón, lugar de difícil acceso. @ROSA M. TRISTÁN

Me gusta pensar que esa criatura, que tan dura vida tuvo, y tan dura muerte, estaba aquel día sobre esa mesa bajo tierra en la que Antonio Rosas y su equipo intentaban recomponer una historia del pasado de la que ahora tenemos nuevas pistas… Y las que quedan: ahora tienen como meta estudiar la difícil etapa de la adolescencia neandertal gracias a los restos de tres jóvenes en esa edad, etapa de una masa gris en ebullición que por desgracia no fosiliza. Todo un reto.

Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), con una reproducción del cráneo del niño neandertal. @ROSA M. TRISTÁN

 

 

 

Los neandertales de Atapuerca, entre “Fantasma y Estatuas”


Yacimiento de Cueva Fantasma, en tareas de limpieza previas a la excavación. @Rosa Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Llegar a media mañana a la Sierra de Atapuerca, en plena campaña de excavación, es coincidir con el momento en el que los equipos de todos los yacimientos se reúnen en un descanso que aprovechan para ponerse al día de las primeras novedades de la jornada. Es un buen momento para comentar, entre un café y un bocadillo, el último hallazgo en cualquier punto de la sierra, salvo el Mirador, cuyo enclave está lejos para aprovechar el refrigerio.

Este pasado 22 de julio justo entraba a la Trinchera en ese momento y llevaba el objetivo bien claro: conocer la nueva Cueva Fantasma, llamada así porque realmente su aspecto hoy no es el de una cueva así que, aunque presentían que existía, no la encontraban. Eudald Carbonell ya me había enseñado el año pasado los inicios de los trabajos en ese lugar situado justo encima de la Gran Dolina, otra grande y famosa cueva, lugar de tantos hallazgos importantes para la evolución humana, pero fue después de irme cuando encontraron el fragmento de un cráneo que, por su cronología, debe ser de un neandertal, aunque no se ha confirmado.

Este año ha pasado lo mismo: el último día de excavación, apenas 48 horas después de mi visita, han encontrado otro fósil de neandertal de hace 50.000 años, en este caso un hueso de un pie,  y ha sido en la Galería de las Estatuas, un yacimiento situado al final de la Cueva Mayor en la que un equipo los buscaba desde hace años y que también visité en una ocasión. El hallazgo tuvo lugar en el lugar donde se lavan los sedimentos,  en las orillas del río Arlanzón, donde el equipo dirigido por Gloria Cuenca los criban para que nada escape, mucho menos un hueso de un homínido por pequeño que sea.

Falange de un pie de neandertal hallado en Galería de las Estatuas. @Javier Trueba

Los neandertales eran las piezas que faltaban en Atapuerca para tener completa en la sierra burgalesa toda la historia de la evolución  humana en Europa desde hace 1,2 millones de años hasta nuestros días. “Estamos convencidos de que sus restos aparecerán antes o después. Tenemos sus lugares de asentamiento, sus herramientas. El yacimiento de Fuente Mudarra era un taller al que iban a hacer utensilios de piedra. Sabemos que estaban y los encontraremos”, me han repetido los codirectores a lo largo de los últimos 15 años. Ahora, hay dos yacimientos que seguramente los tienen, el ya confirmado de Galería de las Estatuas y  Cueva Fantasma, donde todo indica que también proporcionará piezas del puzzle neandertal.

Precisamente, tal como quería, Cueva Fantasma fue lo primero que visité después del refrigerio en esa mañana. Su apariencia, para mi sorpresa, es muy distinta a la que recordaba del año anterior. Ante mis ojos había una gran extensión de terreno a cielo abierto, en la que ya en las primeras tareas de limpieza superficial en apenas un mes habían encontrado una gran cantidad de fósiles. Es una nueva mina para excavar durante decenas de años: 12 metros de sedimentos que está en el nivel más alto de las galerías que socavan la sierra. “Si queríamos encontrar neandertales, este es un lugar adecuado por su cronología. El año pasado, entre los restos de limpieza, ya encontramos un trozo de cráneo que seguramente pertenece a esta especie, aunque hay que excavar para confirmarlo”, explicaba Carbonell ante el yacimiento.

En el interior, Ana Isabel Ortega y otros compañeros barrían, con cepillo y recogedor, llenando cubos de tierra de los restos de la antigua cantera. Justo encima de su cabeza, ya asomaba un palimpsesto, todo un amasijo de huesos fosilizados (bóvidos, caballo, quizás de ciervos… ). “Ven a verlo de cerca”, me dijo. Es el tipo de invitación que no se puede rechazar, así que en esa primera parada en Atapuerca acabé junto a un montón de fósiles que aún no se sabe cómo allegaron ahí, ayudándola a cargar y vaciar los cubos. “Esto de trabajar en un yacimiento en Atapuerca no lo habías hecho aún”, me comentaba mientras me iba describiendo el lugar y me dibujaba la inmensa Cueva Fantasma en la cabeza. “Aquí tienes unas costillas y más allá parece un húmero”, explicaba Anai mientras el polvo se me metía en la piel y mi temor a pisar algo importante iba en aumento.

Yacimiento de la Gran Dolina, donde han aparecido 8 bifaces achelenses. @ROSA TRISTÁN

Después de pasar un buen rato en lo que fue una caverna hace decenas de miles de años, me ‘enganché’ a José María Bermúdez de Castro para que me llevara hasta la cercana Gran Dolina, donde entramos por su parte superior para bajar a la excavación por una de los laterales. También es una cueva sin techo, pero en este caso fue el equipo quien lo quitó hace décadas para poder descubrir lo que ocultaba.

La Gran Dolina desde arriba, con su infinidad de cuadrículas y las cabezas agachadas sobre ellas sacando restos del pasado, y al fondo la Trinchera del Ferrocarril, es una imagen fascinante. “Estamos en el final del nivel 10 y en contacto con el nivel 9 hemos encontrado ocho bifaces achelenses este año. De hecho, íbamos a bajar más rápido pensando que no había ya nada importante, pero al encontrar los bifaces hemos ralentizado el ritmo” , me contaba Bermúdez de Castro entre la incesante percusión de los martillos machacando grandes moles de piedra, la música permanente de Atapuerca. La arqueóloga Marina Mosquera, en una pausa entre golpe  y golpe me reconocía que están “encantados” de acabar de excavar este duro nivel 10: “Hemos quitado aquí toneladas de piedras y ya estamos pensando en lo que hay abajo; queremos acabar con la dinámica de tantos bloques de piedra”.

Unos cuantos niveles más abajo, se encuentra TD4, con restos fósiles y herramientas de casi un millón de años. Allí, como esperaba, se encontraban Jordi Rosell y María Martinón-Torres, junto con un equipo de excavadores  que se ha traído María del University College of London, donde da clase e investiga desde 2015. Este año en TD4 han sacado restos de hienas manchadas, de las que han encontrado un cráneo entero. “Esto es importante, porque nos confirma que hace un millón de años ya estaba esta especie en Europa, una prueba más de que comenzaba la modernidad”, me explicaba Rosell.

Seguí por la Trinchera hasta el yacimiento de La Galería para saludar a Isabel Cáceres y comprobar que ya han logrado unir toda la superficie del yacimiento, esa trampa o ‘supermercado’ como le gusta llamarle, que antes estaba dividido en dos partes por un bloque de piedra, y ahora parece mucho más grande. Toda una remodelación. Y como excavar en Atapuerca ‘engancha’, concentrada sobre una cuadrícula trabajaba Aurora Martín, directora del Museo de la Evolución Humana, dándole al cincel y al martillo. “Todos los años lo hago. Me desconecto de las tareas del museo. Y por cierto, vente por allí, que hay una excelente exposición nueva sobre las montañas”.

Ya apretaba el Sol de mediodía cuando abandoné la Trinchera, no sin antes visitar a Rosa Huguet y a Xose Pedro Rodríguez en la Sima del Elefante, conocer el socavón que han hecho enfrente del yacimiento-agujero en el que se encuentra la Sima y ser presentada a su mascota del día: un simpático ratoncillo de campo que había amanecido entre las cuadrículas. No hubo tiempo para acercarse hasta El Portalón, ni al Mirador para conocer de primera mano los nuevos cadáveres canibalizados que han encontrado este año, pero es que Atapuerca es demasiado grande para abarcarlo en un día.

Aurora Martín excavando en La Galería. @Rosa Tristán

Por la tarde, mientras sabía que los excavadores limpiaban, restauraban y clasificaban todo lo que han encontrado en la residencia Gil de Siloé, en el Museo de la Evolución me esperaba Aurora y la exposición ‘Montañas’, un excelente recorrido por lo que han supuesto las montañas para el arte, la ciencia, el misticismo y la exploración que ha contado con la colaboración del catedrático Eduardo Martínez de Pisón y que reúne 200 piezas, algunas realmente sorprendentes. Hasta mediados de diciembre se puede visitar, así que hay tiempo. Y como era un día de fortuna, dio la casualidad que Juan Luis Arsuaga estaba recorriendo en ese momento la muestra, que era el único codirector de Atapuerca al que no había visto en esa intensa jornada.

Él me dio la pista de un colofón de lujo para la jornada: un concierto audiovisual que tuvo lugar ese mismo día 22 en el Museo dedicado a Einstein con diferentes piezas de música clásica ‘ilustradas’ con obras audivisuales muy ‘especiales’, muchas del fotógrafo José Latova. Utilizando pigmentos en agua, con diferentes densidades y con técnicas previas a la digitalización, según me contó Latova, el artista había conseguido generar movimientos que recordaban a las imágenes de galaxias, supernovas y agujeros negros del telescopio Hubble.

Y así pasé de lo más terrenal a lo cósmico en tan unas horas. No se puede pedir más.

 

Los científicos ‘exiliados’ ¿diplomáticos de España en el extranjero?


Embajada española en Estados Unidos.

ROSA M. TRISTÁN

Varios miembros de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECyT) han publicado un artículo en la revista Science&Diplomacy hace unos días que ha tenido una contundente respuesta en otra revista, Nature, por parte de una científica española en el exilio, que considera el contenido del primero “hechos alternativos”, al estilo Trump, dado que señala que los investigadores en el extranjero son  diplomáticos españoles de la ciencia, cuando en realidad, asegura, la inmensa mayoría han tenido que dejar este país por falta de oportunidades. Por contra, una de las asociaciones aludidas en Science@Diplomacy, ECUSA, considera “muy positivo que los agentes políticos en España muestren interés por nuestras actividades”. En definitiva, la polémica está servida. ECUSA es la asociación de investigadores en EEUU. Y en similares términos se ha manifestado CERFA (su equivalente en Alemania), si bien con matices.

Los siete autores del primer artículo, todos ellos personal de FECYT, afirman que el Gobierno de España se esfuerza en  “autorizar un sistema de jugadores en este juego internacional: asociaciones de investigadores españoles al exterior”, de forma que los científicos españoles que trabajan en instituciones extranjeras y proyectos extranjeros, sean la “diplomacia de la ciencia” ya que muchos mantienen contactos con investigadores en nuestro país. “Con la ayuda de estas redes preexistentes de científicos, España ha podido consolidar su diplomacia de la ciencia en el país y en el extranjero, reforzar su presencia científica en países estratégicos y fomentar las oportunidades de la carrera para los investigadores españoles”, señalan los autores.

Añaden que “con la reciente turbulencia económica en España, se requerían  perspectivas alternativas para implementar y aprovechar un enfoque centrado en la “circulación de cerebros”….Esta red de diplomáticos-científicos permitiría a España relacionarse con los países de acogida de los científicos españoles  y ampliaría la presencia de la ciencia en la agenda de la política exterior española”. “Este enfoque combinado también contribuiría a mantener a los investigadores españoles en el extranjero involucrados en el ecosistema nacional español de ciencia e innovación, asegurando a los científicos en el extranjero un papel continuo en el desarrollo de la ciencia dentro de su país de origen” . 

Amaya Moro-Martin @ROSA M. TRISTÁN

El artículo recuerda que existen al menos 13 asociaciones de investigadores españoles en el extranjero. Pero se aboga por mejorar los canales que tienen con las instituciones, así que por ello se ha llamado a los científicos exiliados en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania para, ya que conocen sus países anfitriones y España, asesoren a las partes interesadas. 

Una de ellas es ECUSA, que reúne a 60 investigadores españoles en Estados Unidos y que se define como totalmente apolítica y apartidista. Entre sus principales sponsors (como en CEFA) figura el Gobierno, la FECYT y la Fundación Ramón Areces. ECUSA, en un comunicado, explica que entre sus miembros hay científicos y otros profesionales de la ciencia y la tecnología emigrados por la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo de calidad en España. Para ECUSA es “muy válido” el reconocimiento mencionado en el artículo en Science&Diplomacy sobre el papel jugado por esta asociación en la escena científica actual porque “los científicos españoles en el extranjero debemos ser tenidos muy en cuenta a la hora de fijar las políticas científicas en España, las cuales deben, entre otras cosas, facilitar el retorno de aquellos que deseen volver y fomentar el desarrollo de colaboraciones con otros países”. De ahí que feliciten a FECYT por la iniciativa. “Es el momento de aunar esfuerzos si queremos hacer de la ciencia un elemento fundamental para el desarrollo de las sociedades española y estadounidense”, concluyen. El comunicado de CERFA es similar.

Pero no todos opinan igual y el mismo artículo de FECYT ha sido respondido en Nature por la astrofísica española Amaya Moro Martín, que trabaja en el Instituto Científico del Telescopio Espacial de la NASA desde que se vio obligada a dejar España: “Nunca me consideré una diplomática, así que es una sorpresa ser etiquetada como tal por el Gobierno español.  Oficialmente, los científicos emigrantes españoles como yo, obligados a abandonar España debido a las terribles circunstancias que rodean la investigación en nuestro país, no existían previamente.Nos dijeron que éramos  una “leyenda urbana.Ahora, resulta que no sólo soy real, sino que también soy parte de una estrategia política deliberada y astuta del Gobierno español para enviar a científicos extranjeros para sembrar la colaboración internacional y para fortalecer, no debilitar, la ciencia española”, afirma en su respuesta.

Moro-Martín, que tuvo un contrato Ramón y Cajal y luego fue despedida, considera que es otra forma de generar “hechos alternativos”, al estilo del nuevo presidente de EEUU: “El Gobierno español es un líder mundial en incorporarlos en el tejido de su política científica, ya que recorta los fondos y el apoyo…Por lo tanto, los científicos de todo el mundo deben estar en guardia y deben desafiar declaraciones engañosas que intentan ocultar la degradación política de la ciencia”. La investigadora denuncia que  “España se jacta de cómo los investigadores que han sido forzados a irse son ahora parte de su esfuerzo por reforzar su presencia científica en países estratégicos”.

También considera inadmisible que los políticos españoles quieran hacer creer que la ciencia que se hace fuera de España es Made in Spain y que se les quiera usar de asesores científicos en las embajadas, a miles de kilómetros de los puntos de decisión sobre la ciencia en su país de origen:  “La realidad es que el ambiente para la investigación en España es preocupante.En este mes (febrero), vimos el desmantelamiento de Abengoa Researc, el buque insignia del sector privado español de I + D, el mayor laboratorio de investigación básica en el país para las energías renovables y un líder mundial en el campo.Su cierre es sintomático: la inversión pública en I + D atrae la inversión privada y ésta no puede prosperar si la primera se arruina”.

Para Martín-Moro “el tiempo para ser diplomático ha desaparecido hace tiempo”, como deja claro en su respuesta.

¿Los científicos españoles en el extranjero quiere ser embajadores de la ciencia española? División de opiniones.

Descubren trilobites de patas espinosas de hace 478 millones de años


ekeraspis_buche_glandulas_magnesio

ROSA M. TRISTÁN

Los hallazgos del paleontólogo Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del Instituto de Geociencias (UCM-CSIC), en el borde del desierto del Sáhara, y más en concreto en Fezouata, al sur de Marruecos, nos trasladan ‘ipso-facto’ a ese momento en el que nuestro planeta, hace 478 millones de años, en pleno Ordovícico, en el que los días tenían 21 horas, los continentes aún estaban juntos, los animales vivían todos en los océanos (por escasez de oxígeno en la atmósfera, quien sabe si volveremos a ello) y se formaban los yacimientos de gas y petróleo que en los últimos 100 años explotamos sin pensar en las consecuencias… En ese entorno, vivían los trilobites en zonas poco profundas de los mares de Europa, Asia, África y Sudamérica, que a falta de huesos casi lo único que dejaron fueron sus huellas, en las que Gutiérrez-Marco es capaz de leer  la historia de ese pasado remoto.

Sigue leyendo