Vera, la pequeña neandertal de Burgos


Diente de Vera, la niña neandertal de Ojos de Guareña de Burgos.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Trino Torres, allá por 1976, se puso a buscar dientes de oso cavernario en las cuevas de Ojos de Guareña, en las Merindades de Burgos, no encontró lo que quería. Los restos recogidos en la conocida como Cueva Prado Vargas quedaron a buen recaudo en el Museo de Burgos, sin que durante décadas nadie intuyera que eran la cerradura que escondía la entrada a la casa de la pequeña neandertal Vera, una criatura de unos ocho años (lo del sexo es imaginación, por cierto) que habitó en esta caverna.

Esa cerradura la encontró un día, allá por el año 2000, la arqueóloga burgalesa Marta Navazo y, sorprendida por la riqueza de los restos guardados, se empeñó en lograr fondos para excavar en el lugar. En 2005, logró por fin algunos recursos para una pequeña excavación de dos metros cuadrados, pero tuvo que esperar hasta 2016 para que la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León le permitiera iniciar un proyecto con un equipo que lleva ya tres años sacando miles de registros de la presencia de aquellos humanos euroasiáticos que dejaron su rastro en nuestro ADN.

Cueva Prado Vargas en plena excavación.

“Comencé el proyecto con ocho alumnos y ya tenemos tres tesis en marcha sobre Prado Vargas. Es asombrosa la calidad y cantidad de los restos que encontramos en el nivel cuatro, de hace 46.000 años. El diente infantil, de un menor neandertal que llamamos Vera porque así se llama la nieta del dueño del prado, Beni, es el más importante, pero sólo este año hemos sacado otros 2.000 registros, unos 6.000 en total en cuatro años. Aquí me jubilo”, asegura una entusiasta Navazo, que también coordina en Atapuerca el yacimiento neandertal de La Paredeja.

Si el primer año en Prado Vargas lo dedicaron a eliminar restos superficiales -el padre de Beni usaba la cueva para guardar ganado – al siguiente ya abrieron la entrada original y comprobaron que había hasta nueve metros de sedimentos repletos de vida de hace decenas de miles de años. “En el primer nivel excavamos 40 m2, pero en total queremos abrir más de 100 m2. Ya sabemos que este era un lugar de referencia para los neandertales  de hace 46.000 años -en el momento en el que los ‘sapiens’ llegaban a Europa- porque aquí tenían refugio, fuentes de agua, materia prima para sus herramientas, animales que cazar… y estaban entre la costa y la meseta”, comenta la arqueóloga.

Raedera de sílex de Prado Vargas.

Por si no bastara con el diente humano, que certifica sin duda la presencia humana y familiar, también han localizado un hogar en el centro de la cueva de unos 25 centímetros de diámetro donde aquellos neandertales castellanos hacían fuego, como, por otro lado, ya se sabía por los huesos y las herramientas (raederas, puntas, denticulados y retocadores de huesos musterieneses) que habían encontrado quemados. Pocas dudas quedan de que controlaban el fuego…

Siguiendo el ejemplo ‘socializador’ de los yacimientos de Atapuerca,  también aquí Navazo, junto con Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana, han abierto desde el principio la vía de la divulgación e implicación social en los trabajos, con cursos de formación y actividades de voluntariado en las que participan los habitantes de la zona. Este verano, muchos fueron los que participaron en el lavado de los sedimentos de Prado Vargas en el río Trema. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos, que han recuperado con su trabajo restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

En concreto, de momento, entre los huesos y dientes recuperados en esta excavación ya se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros. Son huesos muy fragmentados, sobre todo de de radios, húmeros, metatarsos y tibias. Es decir, que los neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaban para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos, que les permitían obtener y consumir su médula. Eran las partes más apreciadas de las presas. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

En definitiva, un proyecto en Ojo de Guareña que dará mucho que hablar…

 

 

 

 

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Aumenta la familia de los Australopithecus con un “abuelo” con 3,8 millones de años


Cráneo MRD, el más completo de un ‘Australopithecus anamensis’ @Nature

ROSA M. TRISTÁN

Hace casi un cuarto de siglo (1995) que la paleoantropóloga Meave Leakey describió con unos pocos fósiles una especie de primate bípeda de la que quedan muchos misterios por descubrir: los Australopithecus anamensis, extraños ‘monos sureños del lago’. Desde entonces, algunos científicos han defendido que este primitivo ancestro, que vivió hace entre 4,2 y 3,8 millones de años en el este de África, había sido un ‘abuelo’ directo de la famosa ‘Lucy‘, la Australophitecus afarensis, que a su vez ha sido considerada la ‘abuela’ lejana de nuestro género humano.

Yohannes Haile-Selassie con el fósil en sus manos. @NATURE

Ahora, la revista Nature publica en dos artículos el hallazgo del cráneo más completo de un ‘A. anamensis‘, datado hace 3,8 millones de años y descubierto en Woranso-Mille, la reseca región de Afar (Etiopia) por un equipo de científicos entre los que figura un español.

El primer pedazo del cráneo fue encontrado en 2016 por un pastor afar. En un área de unos 30 m2 aparecieron más fragmentos, medio ocultos bajo una capa de excrementos de cabra acumulados durante muchos años. Estaban algo alejados del campamento que el proyecto norteamericano WORMILL tiene en la zona desde que se inició, allá por 2005.

Bautizado con el poco glamuroso nombre de MRD, el cráneo es espectacular. Los autores, dirigidos por Yohannes Haile-Selassie,  afirman que es de un macho adulto y que proporciona nuevas ideas sobre los primeros Australopithecus y sus orígenes. Entre otras cuestiones,  confirma que las especies de MRD y de ‘Lucy’ convivieron durante 100.000 años, por lo que la afarensis no puede ser descendiente lineal del primero, aunque quizás si tengan el mismo origen. “El árbol evolutivo cada vez se complica más y más porque vemos, con pocas piezas del puzzle, que hubo muchas especies de homininos que convivieron. Cráneos como éste son inusuales pero indican que el registro es dicontinuo y que siempre debemos estar dispuestos a cambiar paradigma”, cuenta desde la Universidad de Berkely (California),  y vía Skype, el geólogo Luis Gibert (Universidad de Barcelona), que es coautor de uno de los artículos.

Por tanto, MRD bien podría haberse paseado con otros Australopithecus por los alrededores del lago que existía donde fue encontrado, lago que tuvo entre 5 y 8 metros de profundidad, explica Gibert, y que estaba rodeado de bosque, si bien no lejos había praderas de arbustos por las que caminarían aquellos primates.

 

Gibert reconoce que le sorprendió mucho el método de trabajo de Haile-Selassie, Museo de Historia Natural de Cleveland) . “En los 15 años que lleva el proyecto Woranso-Mille ya han localizado 230 restos de diferentes homininos”, explica Gibert y lo hacen con la técnica de ‘recolección’ en superficie. “El pastor afar encontró el maxilar y se lo llevó a Yohannes; luego fueron a ‘peinar’ el territorio en superficie, sin ninguna excavación. Allí, la erosión cada año deja al aire los materiales y luego se recogen. Yo mismo encontré un esqueleto de elefante fosilizado y no les interesó recogerlo porque hay tanto que sólo quieren los restos humanos. Tampoco hay espacio en el museo de Addis Abeba para todo”, argumenta Gibert. Eso sí, aunque no los guardan, si que saben que en el entorno que recorría MRD habitaban al menos 24 especies de vertebrados. “En el fondo, es más productivo que centrarse en sólo 200 m2”, apunta el geólogo.

Gibert, que lleva desde 2010 involucrado en el proyecto, participó en este trabajo en el estudio del contexto ambiental del cráneo. Al año siguiente del hallazgo, en 2017, hizo un primer intento de recogida de muestras en Woranso-Mille, pero la intensa lluvia les impidió acceder al área del yacimiento, así que tuvo que regresar el año pasado para recoger muestras de polen, de biomarcadores, de sedimentos….

De su análisis, se descubrió que MRD se encontró en lo que fue un delta que desembocaba en un lago salino. También que el bosque circundante le podía proporcionar hojas, frutos y huevos para alimentarse, aunque será el futuro estudio de los dientes lo que confirmará su dieta. Además, se sabe que aquel no era un lugar fácil para la vida. En el área se juntan tres placas tectónicas, por tanto, con muchos movimientos que hacen que los lagos aparezcan y desaparezcan en diferentes lugares, que coladas de lava rellenaran valles y metros de cenizas cubrieran el paisaje, obligando a migraciones de la fauna, incluidos los Australopithecus como MRD.

El geólogo Luis Gibert, coautor del trabajo.

Gibert asegura que continuará en el Woranso-Mille, pero también  tiene ya un pie científico en Kenia, a orillas del lago Baringo, donde hay restos de hace entre 2,2 y 3,5 millones de años y ya está trabajando también con un equipo de la Universidad e Michigan. “Comencé en Orce, con mi padre, e hice mi tesis sobre sedimentos lacustres. En ello sigo”, apunta el científico desde el otro lado del océano.

“Parece que este cráneo se convertirá en otro icono célebre de la evolución humana”, reconoce Fred Spoor, del Museo de Historia Natural de Londres, en un artículo adjunto de News & Views de la misma revista. Concluye que el descubrimiento “afectará sustancialmente nuestro pensamiento […] sobre el árbol genealógico evolutivo de los primeros homínidos”. De momento, ya es otra pieza para el rompecabezas de nuestro pasado más remoto de las que pasarán a formar parte del álbum familiar. 

 

 

 

Zona del hallazgo en Etiopía. @Luis Gibert

Atapuerca, a las puertas de ‘abrir’ un Penal


 

Pisando sobre el futuro yacimiento de El Penal en Atapuerca. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

No hay visita a los yacimiento de Atapuerca que no traiga consigo una sorpresa… Este año, la planificación de la apertura de un nuevo yacimiento, que no es sino la continuación, al otro lado de la Trinchera del Ferrocarril, del espectacular de la Gran Dolina, una gran cueva de la sierra burgalesa que el tiempo rellenó de restos del pasado y que la vía de un partió por la mitad para dejar al descubierto lo que escondía. Ahora ya sabemos que había en el margen derecho, pero ¿Y al otro lado?

Por un camino entre encinas y hojas con forma de corazón, Eudald Carbonell, María Martinón-Torres y Jordi Rosell llegan al punto, casi enfrende de la Gran Dolina en la que tienen previsto comenzar a excavar la próxima campaña. “Nos esperan aquí muchas sorpresas, y mucho trabajo”, les dice Carbonell, mientras les hago una foto, quien sabe si histórica, de esa primera visita a lugar del equipo que dirigirá los trabajos, este año inmerso en el nivel TD4 del yacimiento de enfrente sacando fósiles de hace casi un millón de años…

Palmira Saladié me muestra una de las estalagmitas de TD8, Gran Dolina de Atapuerca. @ROSA M. TRISTÁN

En realidad, ya queda poco para llegar a la base del TD4 . “La calidad de los huesos grandes que hay, es de los mejores sitios de Atapuerca. Este años seguimos sacando osos que venían a invernar a la cueva, rinocerontes, cérvidos (seguimos con el ataque de cuernos, muchos de desmogue) y también era una trampa natural. Sólo de cuernos hemos sacado seis o siete enteros”, explica entre el ‘toc toc toc’ permanente de los martillos, entre otros el de Martinón-Torres. “Son seis metros de capas lo que llevamos excavado, pero ya nos queda poco, aunque aún puede haber sorpresas”, comenta Jordi, quizás pensando en esa herramienta de piedra que encontraron en 2013.

Aprovecho para  preguntar a la directora del CENIEH por el sorprendente trabajo científico que afirma que hubo ‘Homo sapiens’ en Europa hace 210.000 años. “No creo que fuera una colonización, si acaso un individuo o pequeño grupo que salió de Africa con antelación, pero hasta hace unos 50.000 años no fue cuando la especie se extendió en el continente”, explica, expresando dudas que comparten otros muchos colegas expertos en el tema. “Pero está publicado en Science Advance’, no podemos obviarlo”, puntualiza.

Sobre sus cabezas, el panorama es este año increíblemente distinto. Donde hasta 2018 se veían decenas de cuadrículas y huesos surgiendo entre los sedimentos, ahora salen estalagmitas como hongos… El pasado año ya dijeron adiós a la capa TD10, que es la que habitaron los ‘Homo heidelbergensis’ de la Sima de los Huesos hace entre 500.000 y 200.000  años, y que tanta información ha proporcionado sobre su forma de vida y sus estrategias de caza. “El TD9 era un nivel pequeño que no tenía casi nada y ha sido fácil eliminarlo. Ahora en la parte superior del TD8 nos encontramos estalagmitas, pero estamos en un nivel que sabemos que tiene restos paleontológicos y cuando lleguemos más abajo, habra´mucho material”,  me dice Antonio Rodríguez, que se define como uno más de los ‘nómadas paleontólogos’ que cada año participa en las campañas en este baúl de fósiles de la sierra.

El hoyo de la Sima del Elefante, cada año más profundo. @Rosa M. Tristán

Debajo de los andamios de La Galería, otro de los yacimientos de la Trinchera, se ‘esconde’ Josep Maria Vergués, el arqueólogo experto en dataciones. Anda buscando hierro para determinar la datación exacta del yacimiento que en su día fue una trampa, un auténtico ‘paleo-supermercado’ para los humanos que rondaban estas tierras. “Mira esta zona más oscura. Creo que pueden ser niveles con materia orgánica”, me dice.

Ya en La Galería, Isabel Cáceres, sigue al pie del cañón. Me lleva hasta el punto exacto en el que acaba de asomar un bifaz de piedra, que parece clavado en el suelo, con la punta hacia arriba. Es el cuarto a día de hoy de la campaña. “Si es que, claro, preferían llevarse la carne y dejar aquí las herramientas, que no tenían bolsillos donde guardarlas”, comenta con meridiano sentido común. ¿Y qué más dejaban? Pues cotillas y cabezas, como las de los caballos que han encontrado no lejos de los bifaces.

Impresionante montaje en la Cueva Fantasma, donde esperan encontrarse neandertales. @Rosa M. Tristán

El cambio de panorama más espectacular, no obstante, me espera en Cueva Fantasma. Es espectacular el panorama con un gran techado que cubre lo que en su dia fue una caverna y hoy en un espacio donde el sol machaca las neuronas. Aún andan limpiando las zonas removidas, bajo la batuta de Josep Vallderdú y Ana Isabel Ortega. También aquí están encontrando restos de caballos para aburrir… “Parece que debía ser una galería con muchas bifurcaciones, no una sala grande, pero aún estamos comenzando el trabajo”, me explican. El mirador que han hecho para que las visitas puedan asomarse al yacimiento es impresionante. Por un lado, vistas a toda la sierra y alrededores; por otro, al espacio que, quizás, un lejano día habitaron los neandertales de Atapuerca.

Con Eudald Carbonell, Marta Navazo y miembros del equipo en La Paredeja.

Como el año pasado no pude visitar Cueva Mayor, este año me acerco al Portalón, donde no dejan de aparecer restos del Neolítico, ya sea un molino primitivo, hogares, restos de adornos… Es uno de los lugares más frescos para excavar en un año que está siendo duro por el calor, y que sobrellevan con lo que llaman el ‘año hippy’, por aquello que fomentar el ‘buen rollo’ entre todo el equipo. Aún más fría y húmeda es la Sima de los Huesos donde no llegó, pero imagino al equipo de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal dándole al buril.

Sin tiempo para pasar por la Sima del Elefante, otro yacimiento a punto de llegar al final de su recorrido y donde se halló el resto humano más antiguo de Europa (el s.p.), Eudald Carbonell me acerca a conocer el más reciente, hasta que El Penal (o ‘Papillon’, que así quieren llamarle algunos) inicie su andadura. Es La Paredeja, que ya conocí el año pasado y que dirige Marta Navazo. En lo que va de campaña ya han encontrado 240 piezas de piedra elaboradas por neandertales. El equipo ansía que llegue el día en el que aparezcan restos fósiles, pero aún está por llegar..

 

 

 

 

 

 

África en el Neolítico: el ‘reino’ de pastores que no bebían leche


ROSA M. TRISTÁN

“Sabemos más de los humanos africanos de hace dos o un millón de años que de los que hace unos milenios”. La frase me la dice la arqueóloga Mary Prendergast, de la Universidad de Sant Louis (en Madrid), una de las mayores expertas en el Neolítico africano. Es un ‘agujero’ antropológico que, ahora, trata de llenar gracias a un estudio genético que lidera y que publica hoy la revista ‘Science’. Junto a un nutrido grupo de especialistas, nos descubre un retrato de hace 5.000 años de África oriental en el que los pastores iban viajando desde el norte hacia el sur por la reseca sabana con sus vacas, cabras y ovejas. Y no se sabe bien cómo las aprovechaban, porque aún tenían intolerancia a la lactosa. Es fácil imaginarles nomadeando de un lado a otro, no de forma muy distinta a como hoy siguen haciendo ahora los fulani (o peul), los turkanas o los masais que habitan al sur del Sáhara y por el Este del continente. Pero ¿son los mismos que en el pasado? Es precisamente la genética, nueva gran herramienta para los arqueólogos, quien ahora nos da nuevas pistas…

Pastor de origen nilótico, masai, en pastos en Kenia. @Rosa M. Tristán

Gracias al ADN antiguo de 41 individuos del Neolítico (unos 5.500 años) de Kenia y Tanzania han descubierto que los pastores que comenzaron a llegar desde el norte sudanés se mezclaban con los cazadores/recolectores que habitaban el Valle del Rift hasta formar un grupo genético homogéneo, en un proceso que duró unos mil aós. Más tarde, ya en la Edad de Hierro, hace unos 1.200 años, llegaría una nueva oleada de migrantes ganaderos, que también se fundieron con las poblaciones ya asentadas. Son los pueblos nilóticos (masai, samburu, luos, datooga, dinka…) que hoy habitan buena parte del Rift y que siguen siendo, sobre todo lo demás, pastores.

El estudio también detecta ya en aquellos nómadas la huella genética de los bantúes que llegaban del oeste, aunque aún en poca proporción: en el yacimiento de Deloraine Farm  hallaron ADN de un niño con ascendencia occidental, confirmando así la propagación (más tardía) de la agricultura y de las lenguas bantúes.

Sin embargo, pese a esta fusión biológica, aquellos primeros ganaderos se organizaron en grupos que se aislaron totalmente, quizás con fuertes barreras sociales que los hiciron imnunes a intercambios culturales. Sus cerámicas, los materiales que usaban en sus herramientas de piedra, sus asentamientos e incluso sus prácticas de entierro eran diferentes, dando lugar a la  espectacular riqueza cultural en esta inmensa África oriental que aún permanece, aunque cada vez más en lucha contra la uniformidad global y con visos de acabar siendo una ‘curiosidad turística’ que retratar. 

Gishimangeda cueva en Lago Eyasi de Tanzania donde se han encontrado secuencias de ADN. @Mary Prendergast

Desde Dar es Salam, vía telefónica, Prendergast, me explica con detalle cómo surgió la idea de hacer un trabajo tan complejo en el contexto africano. “Para empezar, aquí todo lo que no es Pleistoceno, no interesa demasiado. Pero en 2016, estando un laboratorio de ADN antiguo en Harvard, comprendí que había muchas preguntas pendientes en la arqueología que podíamos descubrir con el ADN, así que contacté con la antropóloga Elizabeth Sawchuk (co-autora), que es una gran especialista. Sabía que en Kenia teníamos más de 100 restos de individuos neolíticos, fósiles que procedían de excavaciones de los Leakey y de grupos de investigadores japoneses de los años 60 que llevaban más de medio siglo sin estudiar, conservados de cualquier manera… Lo sorprendente fue que encontramos ADN antiguo de 41 individuos en perfectas condiciones”, señala la investigadora. Y apostilla: “Tuvimos que llevarnos las muestras a Boston porque, por desgracia, en todo ´África no hay ni un laboratorio para ADN antiguo. Es tremenda la situación de la ciencia los países pobres”.  

Pueblo hadzabe de cazadores-recolectores, en Lago Eyasi, Tanzania. @Rosa M. Tristán

Me sorprende al contarme que de aquellos restos, 15 se localizaron en el Lago Eyasi de Tanzania, uno de los lugares más espectaculares que he visitado, en cuyos alrededores pude conocer a los cazadores/recolectores hadzabe y ver cómo conviven hoy con pastores datooga. “El ADN nos mostró la relación de estos pastores, enterrados bajo sus casas, con otros de Kenia, aunque hace unos 4.000 años todavía tenían más de cazadores/recolectores que los de más al norte. Es muy interesante detectar, por vez primera con datos fiables, este viaje del pasado”, reconoce.

Sobre el misterio de que fueran pastores y a la vez intolerantes a la leche, que les causaba graves problemas digestivos, aún no hay respuesta. De hecho, de los 41 sólo un individuo de hace unos 2.000 años tenía la mutación que permitía tomarla sin consecuencias. “¿Que si la fermentaban?. Es algo que no sabemos, pero pudiera ser”, comenta la arqueóloga. Tampoco cree que cuidaran de los animales únicamente por el consumo de carne, algo que hoy sigue siendo algo excepcional en los pueblos pastores africanos. Los surma de Etiopía o los masai de Kenia, por ejemplo, aún mezclan la leche con sangre como bebida energética ¿una fórmula para evitar un daño?

Respecto a la diversidad cultural que surgió entre los neolíticos africanos, en un territorio en el que no había fronteras geográficas como si las hay en Europa, Perdrengast explica que “de momento hay datos muy dispersos en cientos de kilómetros para sacar conclusiones”, y remite a futuros trabajos que, si la financiación continúa, deberán realizarse.

Otro asunto interesante es que, si bien los pastores viajaron  de norte a sur, la arqueóloga comenta que “no hay certeza de que entraran por Oriente Próximo con el ganado, no se sabe si hubo intercambio o  un centro independiente de domesticación de animales africano. De hecho, el pastoreo es algo totalmente asentado las raíces culturales de estas regiones, aunque ahora es una actividad amenazada por el cambio climático:  se están quedando sin tierras de pastos.

La investigación también confirma que la ganadería se expandió con más rapidez que la agricultura por este continente, sobre todo en una región donde el clima no lo ponía fácil: salvo en las zona alta de Etiopía o Kenia, cuando no hay lluvias y hay que buscar agua, es más fácil moverse con animales en busca de fuentes y manantiales, explica la arqueóloga. También ese movimiento favorecen las redes sociales, así que los cultivadores no se extenderían hasta hace unos 2.000 años, y se sabe que domesticaron sus propias plantas endémicas, como son el sorgo, el mijo, el cereal teff etíope o el ñame.

El trabajo menciona también al arqueólogo tanzano Audax Mabulla, actual director general de los Museos Nacionales de Tanzania, coautor del estudio, y uno de mis guías en mi último e inolvidable viaje a la Garganta de Olduvai. Mabulla es consciente de que “los resultados de este estudio tendrán un impacto a largo plazo porque los hallazgos importantes tienden a dibujar nuevos generaciones de investigadores regresan a colecciones antiguas de museos”. 

Si esas nuevas generaciones, ademas, lo son cada vez más de científicos africanos, será una buena señal para este continente que, sin duda, dio lugar al género ‘Homo’ y que tiene mil historias por descubrir.

 

El meñique de los neandertales de Atapuerca


@JavierTrueba

@JavierTrueba

ROSA M. TRISTÁN

La certeza de que los neandertales pasaron por la sierra de Atapuerca se tenía desde hacía muchos años. No sólo habían dejado sus campamentos de caza en los alrededores, abandonando sus herramientas en lugares como Fuente Mudarra, Hotel California… como bien saben Marta Navazo y Juan Carlos Díez (que dedicaron a su estudio mucho tiempo), sino que también las dejaron dentro en la Galería de las Estatuas. Pero durante mucho tiempo sus fósiles se resistieron.

Esto cambio cuando en 2017 se encontró una falange de un dedo meñique del pie de un  neandertal en este último lugar, al que también se sumó durante esa campaña un fragmento de cráneo en la cueva Fantasma, si bien en ese caso fuera de contexto, lo que dificultará su estudio.

El trozo de dedo, sin embargo, acaba de publicarse en la revista American Journal of Physical Anthropology , bajo la dirección de  Adrián Pablos, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y ya no quedan dudas de que se corresponde con esa especie que habitó la cueva, según el estudio de datación, hace unos 100.000 años. Serían, así, los restos neandertales más antiguos de toda la Península Ibérica, donde, por cierto, también vivieron los últimos antes de su extinción: en el Peñón de Gibraltar, como señala el equipo de Clive Finlayson.

Volviendo al neandertal de Atapuerca, poco se puede saber con un hueso de un dedo (si fuera un diente habría muchas más pistas) pero los investigadores han logrado averiguar que se trata de la falange de un dedo meñique del pie derecho de un individuo adulto. Comenta la nota del CENIEH que no ha sido fácil el análisis antropológico, pues en el registro no hay muchos meñiques con el que compararlo dado que son huesos pequeños y su conservación es difícil. Afortunadamente, se encontró en un yacimiento que lleva años de excavación sistemática (desde 2008) y en el que, como señalaba, ya habían aparecido las típicas herramientas musterienses.

“El hecho de que solamente se hayan recuperado falanges distales del dedo meñique del pie en yacimientos con enterramientos o grandes acumulaciones de fósiles deja abierta la puerta a la esperanza de encontrar más restos humanos neandertales en futuras campañas de excavación en este y en otros yacimientos d Atapuerca”, ha señalado Adrián Pablos, en cuyo estudio .han participado también investigadores del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos y de la Universidad del País Vasco.

Tras este hallazgo y el comienzo de las excavaciones  en Cueva Fantasma y, este mismo año, en el yacimiento de La Paredeja, también ya con pruebas de su presencia, todo parede indicar que la Sierra burgalesa fue un lugar muy atractivo para aquellos humanos conlos que llegamos a compartir tiempo y espacio hace decenas de miles de años y que podrían haberla habitado en diferentes momentos, como lo hicieron otras cuatro especies humanas. Han sido necesarios 40 años de excavaciones, que os recuerdo que podéis conocer en el libro “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” , publicado por National Geographic (RBA), para que los neandertales salieran a la luz en este lugar. Si estuvieron sus ancestros (los pre-neandertales ), no debían andar lejos…

Atapuerca ‘estrena’ cueva: ‘La Paredeja’ neandertal


Yacimiento neandertal “Cueva de La Paredeja” @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Cuando los andamios de la Trinchera del Ferrocarril de la Sierra de Atapuerca se ven en el horizonte, intuyo que una jornada especial va a comenzar. Y así fue este año una vez más, porque ponerme el casco (que se me caía, por cierto) y comenzar un paseo hacia nuestros orígenes del que creía saber mucho, después de escribir “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado”, con Eudald Carbonell (National Geographic, RBA), para descubrir que cada campaña hay una gran novedad este año tiene un extraño nombre: ‘La Paredeja’, un nuevo yacimiento en una cueva por la que anduvieron los neandertales.

Eudald Carbonell, desde lo alto de La Paredeja @RosaTristán

La Paredeja, que en la zona significa ‘pared pequeña’, aunque no lo es tanto, se encuentra en el mismo complejo que la cueva de El Mirador. Hace tiempo que estaba identificado este lugar, pero fue hace unos cinco años cuando Carbonell, arqueólogo y codirector de Atapuerca, paseando por el lugar, encontró algunas herramientas de piedra. Este año, por fin, bajo la coordinación de Marta Navazo -que antes trabajaba en los yacimiento neandertales al aire libre de los alrededores- se decidió a ‘atacar’ la pared, o ‘paredeja’ y apenas dos semanas después ya han encontrado unas fantásticas  lascas musterienses, es decir, pruebas de que allí estuvieron  los ‘Homo neanderthalensis‘, así como fósiles de algún animal y hasta un pequeño carbón, éste último minutos antes de que yo  llegara y aún por estudiar para saber su origen.

“Era una antigua cantera y queríamos ver si tiene un gran potencial porque hay 10 metros de sedimentos en la pared, que hemos escalonado en cinco niveles; y en los cinco hay herramientas, como lascas.  Así que estamos limpiando  y al año que viene se excavará”, me explicaba Marta a pie de obra. “Hemos hecho también un sondeo estatigráfico con un camión y tenemos hasta 20 metros más de potencial; intuyo que hemos encontrado otro complejo tan importante como la Trinchera de Ferrocarril en el complejo 3, que se completa con El Mirador y Cueva Ciega, que están cerca. Los neandertales igual estuvieron por aquí hace entre 70.000 y 200.000 años, una antigüedad de la que no los hemos encontrado en otro sitio de la sierra. La Paredeja es una cueva enorme, en total con 30 metros de estatigrafía, como la Gran Dolina, así que tenemos trabajo para décadas”, añadía Eudald mientras me mostraba desde arriba la inmensa tarea:

Eudald Carbonell: “Nuestros nietos científicos aún excavaran aquí”.

Antes de que conocer esta novedad de la campaña, visité la Trinchera del Ferrocarril (“El Portalón” estaba cerrado, una pena) que me pareció demasiado silenciosa.  El jueves fue un día de cambio de turno de los excavadores ‘temporales’ y estaba solamente el ‘núcleo duro’. A pocos metros de la entrada, la Sima del Elefante, que cada año me parece un agujero más insondable… Pero no. Rosa Huguet me dijo que están a punto de llegar a la ‘roca madre’, vamos al fondo, y desde luego que han bajado metros desde la primera vez que estuve, tantos que han dejado sin suelo a la propia Trinchera, instalándose una pasarela metálica sobre las cabezas de los que excavan abajo..”Aún podemos encontrar más restos del ‘Homo sp” porque todo entraba de fuera y sería fantástico porque ya estamos en 1,3 millones de años”, decía la coordinadora de la Sima.

Isabel Cáceres, una de las dos coordinadoras del yacimiento La Galería, andaba recortando plásticos para clasificar fósiles cuando llegué al yacimiento de La Galería. Este año, un inmenso agujero a la izquierda, justo donde estaba la Covacha de los Zarpazos, me ha llamado la atención. “Han vaciado esta zona para ver la estatigrafía porque no había fósiles”, me explicó. Ante su cuadrícula, desde luego que los hay. Llevan más de 500 en esta campaña en lo que fue un agujero desde la sierra, sobre todo de ciervos y caballos, como el dueño de la excelente dentadura que me muestra,  pero también de bisontes o bóvidos. “Estamos empezando unos niveles de sedimento de cuando la trampa para animales era más efectiva porque era más profunda, hace unos 300.000 años.  Y no sabemos cuanto tiempo estaremos. Aquí el que manda es el yacimiento. Siempre mandan las cuevas”. (Sigue)

Exvacación en TD10 de la Gran Dolina. @RosaTristán

Siguiendo por la Trinchera llegué a la Gran Dolina y por el andamio subí hasta TD4, donde Jordi Rosell y María Martinón-Torres me pusieron al tanto de lo que está sacando su equipo en esta  ‘casa’ de humanos de hace un millón de años (más antiguos que los ‘Homo antecessor’, de TD6). Y parece que compartían el espacio con los grandes osos ‘Ursus dolinensis’. “Eran los abuelos del ‘oso de las cavernas’, que se pelearían más tarde con los neandertales”, me cuenta Jordi. La directora del CENIEH añade que precisamente este yacimiento nos dice que allí hubo humanos (dejaron herramientas) pero también “nos ayudará a saber cómo eran, si eran los mismos que hay en tiempos más recientes de TD6, más antiguos (Homo sp) o si llegaron por oleadas quizás debido a cambios climáticos”.

Encima de sus cabezas, en TD10, tras 22 años de trabajo y más de 500.000 restos fósiles encontrados, que se dice pronto, Palmira Saladié dejó sus buriles de trabajo para explicarme que les quedaban cuatro días para llegar a TD9, los sedimentos de hace 500.000 años, un momento en el que se dice que Europa estaba despoblada (entre 500.000 y 800.000). “Estamos excavando 85 metros cuadrados, en el nivel que coincide con la Sima de los Huesos, pero ya no vamos para atrás, a ver que encontramos”, me explica desde un lugar que nunca me cansa: desde Gran Dolina la vista de la Trinchera es espectacular.

Cueva Fantasma ¿o del Fantasma?

Un poco más arriba hay una buena salida para Cueva Fantasma, o ‘del Fantasma’, como algunos prefieren llamarla. Fantasma fue la noticia del año pasado y nos obligó a modificar un capítulo del libro cuando casi estaba ‘en máquinas’. No podíamos no incluirlo. Este años,  Ana Isabel Ortega y su equipo han  cambiado totalmente el aspecto que ví en 2017. Hay andamios y este año hacen un sondeo en un recoveco de la  hundida cueva. A pocos metros de conde se encontró el  fósil de neandertal que tanto se esperaba. Se estima que Fantasma tiene una secuencia de entre 100.000 y 40.000 años, que no aparece en otro lugar. “En el sondeo sacamos restos de caballos y otra fauna de hace 40.000 años, pero son apenas 15 días de trabajo. ¡Estamos empezando!”, me recordaba una entusiasta Ana Isabel.

Josep Mª Vergès muestra los sondeos en Cueva El Compresor. @RosaTristán

Como colofón, de vuelta a la Trinchera, Josep María Verguès me mostró lo que ocultan en la Cueva del Compresor, un espacio oscuro y frío. Ahí es donde guardan, al fresco, “las entrañas de todo el sistema de cuevas”, según sus palabras. “Son testigos de sondeos que realizamos para corroborar a qué distancia están los suelos y techos de las cuevas. Unos son sedimentos finos, otros más gruesos, y es importante para acceder al relleno de las cuevas. Luego hacemos muestras, estudiamos minerales y cronología, a veces incluso en un testigo han salido fósiles”.

Hay decenas de cajas azules que se acumulan pendientes de la infinidad de análisis que Vergés y sus colaboradores tienen pendientes de realizar. Aquí todo son ‘contenedores de historias’.

“Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado”

Para terminar la visita, Eudald Carbonell me lleva por el camino, lleno de baches y charcos debido a las últimas tormentas, por el que iban hace ya muchos años hacia los yacimientos, cuando eran los jóvenes que retrata, junto a José María Bermúdez de Castro, en “Perdidos en la colina”. Desde que todo esto se inició han pasado cuatro décadas, que este año conmemorarán con numerosas actividades. Entre otras, una exposición en el Museo de la Evolución Humana de Burgos que se inaugura a finales de julio y que os animo a visitar.

Y, aprovecho, si queréis conocer la historia al completo de este proyecto, sus anécdotas y hallazgos, os recomiendo:

“Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA Libros).

 

 

 

 

 

 

Daniel Lieberman: “Evolucionamos para correr cuatro horas al día”


 

Daniel Lieberman, haciendo un experimento en la Universidad de Harvard. @Havard University

ROSA M. TRISTÁN

“Es el epicentro del conocimiento sobre la evolución de la fisiología humana”. Con estas palabras presentó, hace unos días, al profesor de la Universidad de Harvard Daniel E. Lieberman su colega y amigo, el arqueólogo español Manuel Dominguez-Rodrigo, del Instituto de Evolución en África. Fue la introducción a una fascinante conferencia sobre cómo nuestro cuerpo humano evolucionó para correr a lo largo de cientos de miles de años, hasta el punto de que somos capaces de correr de fondo más que un caballo.

El hecho de que en la actualidad el sedentarismo sea nuestra forma de vida no hace sino generar patologías que nuestros antepasados no padecieron, explicó Lieberman en el Museo Arqueológico Regional. Domínguez-Rodrigo, que co-dirige con Enrique Baquedano, director del museo el único yacimiento de un equipo europeo en Olduvai (Tanzania), reconocía que fue una de sus cobayas en sus experimentos. “Solamente desde la era industrial, el esqueleto humano se ha debilitado mucho y es algo que hay que tener en cuenta porque es cierto que vivimos más tiempo, pero con más enfermedades”, aseguró el científico norteamericano.

Lieberman, cada día que ha pasado en Madrid, se ha levantado al amanecer para correr por el parque de El Retiro. Ya no puede no hacerlo cada día, señaló. El autor del artículo  ‘Born to run‘, que fue portada en ‘Nature’ en 2004,  comenzó a interesarse por esta capacidad humana y su relación con la salud a raíz de sus investigaciones sobre la evolución de nuestra cabeza y su relación con el sistema locomotor. “En los libros de medicina se habla muy poco de evolución humana cuando creo que estos estudios pueden utilizarse para mejorar nuestra salud”, argumentó.

Con este afán, Lieberman viajó a México y a África, donde el español estudia a los primeros cazadores humanos de hace unos dos millones de años. Además, comenzó a diseñar infinidad de experimentos de biomecánica en su laboratorio de Harvard. En su charla en Alcalá de Henares, recordaba que ya hace 7 millones de años el homínido Sahelantrophus tchadensis (conocido como Toumai)  era bípedo; que hace 4,4 millones de años, también lo era el Ardipithecus ramidus; y que hace 3 millones de años,  el Australophitecus afarensis (‘Lucy’) ya caminaba bastante erguida. Aún así, ese caminar suponía un gran esfuerzo para estos primates, que aún no corrían, así que ¿por qué lo hacían?

“Unas hipótesis dicen que  así podían llevar más cosas en las manos, como herramientas, o coger más frutas de los árboles, pero es algo que hacen los chimpancés; mi hipótesis es que al final de Mioceno hubo un gran enfriamiento en la Tierra y eso les obligaba a ir más lejos a encontrar comida. Los chimpancés, al ir agachados, gastan más energía que los que van erguidos. Si un chimpancé gasta 165 calorías en 4 kms, un humano sólo consume 80, como hemos visto en algunos experimentos de laboratorio”, señaló Lieberman. “Ya los primeros bípedos, como los Australipithecus eran capaces de andar de forma eficiente.

Otra cosa es el correr. En velocidad, evidentemente la especie es muy inferior a otras (Usain Bolt logra los 35,5 km/h y un guepardo los 112 kms/h) . Pero si comparamos con un chimpancé salimos ganando: este pariente no corre más de 100 metros hasta agotarse, mientras que un ‘sapiens’  puede correr entre 10-15 kms/día sin grandes problemas. Y los hay que corren 100. En esas carreras de fondo, asegura, somos grandes campeones, incluso por encima de perros o caballos: “Los cuadrúpedos trotan, pero corriendo en largas distancias no tiene nuestra resistencia”. Y es que estamos llenos de adaptaciones para correr: tenemos las piernas cargadas de muelles que nos ayudan, tenemos grandes glúteos, el tamaño de las articulaciones y un sistema de termoregulación que tiene entre 5 y 10 millones de glándulas sudoríparas para eliminar el calor sudando. Son adaptaciones que tienen casi dos millones de años, que aparecen con la especie humana”, aseguró.

Lieberman, en medio, con Manuel Domínguez-Rodrigo y la autora de la crónica.

Lieberman, aludiendo al trabajo de Manuel Domínguez-Rodrigo en Tanzania, mencionó que hace más de millón y medio de años, los Homo erectus o ergaster ya cazaban grandes animales en cooperación.  Y para eso tenían que correr mucho. “Cuando un cuadrúpedo galopa no puede jadear y se agota pronto. Aquellos primeros homínidos los hacían correr hasta que superaban su velocidad normal y gastaban más energía. Los acosaban hasta que desfallecían, y los cazaban. En el Kalahari, los san también utilizan esta técnica”, mencionaba. De los Homo habilis, añadió, no hay pruebas de que fueran capaces de correr, dada la escasez de fósiles postcraneales que se han encontrado.

Tras múltiples experimentos, Lieberman ha concluido que aquellos primitivos cazadores/recolectores corrían una media de 4 horas al día, que es para lo que evolucinó nuestro organismo. Sin embargo, en la actualidad hacemos un 20% menos que aquellos ancestros africanos, y muchos ni eso, lo que supone que quemamos 400 calorías menos que para lo que fuimos deiseñados. “Este desajuste”, afirmó, “genera cardiopatías, hipertensión síndrome metabólico, diabetes, osteoporosis, ansiedad, Alzheimer e incluso algunos cánceres, pero si hacemos 30 minutos de ejercicio, cinco días por semana, reducimos un 50% la media de padecer enfermedades porque hemos evolucionado para ser atletas de resistencia, no para que nos guste estar sentados”.

Apuntó, no obstante, que igualmente importante es mantener una dieta que evite el sobrepeso, una vez comprobado que los que lo tienen mueren un 90% más pronto que los que no lo tienen.

Y como colofón, nos habló del calzado:  “Tiene ventajas, porque protege del terreno, pero también muchos costes, porque genera lesiones. El pie no evolucionó para estar calzado y por ello hay menos casos de pies planos en África, donde van más descalzos, que en EEUU, donde un tercio de las personas tienen este problema.

 

2017: De los fósiles al Cosmos, el mundo en un laboratorio


Imagen de la @NASA

ROSA M. TRISTÁN

Una historia cada 10 días… Sobre la vida, la Tierra y el Universo, el pasado y el presente, que se entremezclan en mi mundo y en el que este Laboratorio para Sapiens es una vía de escape para seguir contando, para no tirar la toalla cuando la realidad levanta un muro. Así nació este blog hace ya cinco años y 350 historias. A veces, a medio gas cuando el tiempo se encoge o abierto sin vacaciones cuando la necesidad de contar apremia. Ahora, acabando otro año, es un buen momento para hacer balance, agradecer a los casi 500 suscriptores, a los cerca de 30.000 visitantes de los últimos 12 meses, a los 260.000 ese lustro, que sigan siendo fieles a un lugar que está hecho para descubrir lo que hacen los sabios ‘sapiens’ y los que no lo son tanto, para relatar y denunciar cuando es preciso.

Desde luego, si algo ha marcado el devenir de este año, ha sido la publicación de “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado“, el libro del que soy coautora con Eudadl Carbonell, editado con National Geographic (RBA). Hoy, ya está en todas las librerías, incluso entre los más vendidos en algunas listas. Como podéis imaginar, a este acontecimiento personal, en el que estoy acompañada de un científico y arqueólogo de primer orden a nivel mundial, ha sido objeto de varios artículos en un blog donde los ‘vistazos al pasado’ son habituales.

Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

Recordaros que 2017 ha sido el del hallazgo de aquel extraño trilobites con patas espinosas de hace 487 millones de años, un descubrimiento de quien siempre será para mí el ‘paleontólogo de Cabañeros’ Juan Carlos Gutiérrez-Marco, aunque tiene pateados muchos otros lugares de este planeta; y el de este otro más reciente, con Enrique Peñalver a la cabeza, de unas garrapatas que parasitaban dinosaurios hace 100 millones de años.

Vayamos a nuestra familia.  Este año, a los preneadertales de Atapuerca, les apareció un primo desconocido en Portugal, mientras que en la sierra burgalesa encontraban entre ‘estatuas’ un pedazito del pie de unos de sus ‘nietos’, un neandertal tan deseado como esquivo había sido hasta ahora. También en Cataluña dieron con otros parientes de la misma especie, en este caso asentados junto al Torrente del Mal en lo que fue un ‘cobijo de tejones’. Destacar que en el libro de honor de este Laboratorio ya figura Nick Connard, que dirige el fascinante yacimiento de Schönningen, donde los ‘sapiens’ primitivos nos dejaron tantas muestras de su arte. Y también el fotógrafo de nuestro patrimonio cultura, José Latova (Fito para los amigos), el investigador de la luz.

(sigue debajo de la imagen)

Recogiendo basura en Menorca. @Rosa Tristán

Ya en el presente, el medio ambiente, nuestro escenario de vida, dispone de un gran armario en este el Laboratorio para Sapiens. Un cuatro puertas, lleno de belleza, como la de los gorilas gemelos que me mostró Luis Arranz, pero también de desastres. En un frasco, una muestra de la ‘sopa de plástico’ que son los oceános y que puedes ver desde tu móvil, y denunciarla; en otro, el SOS de los humedales españoles, algunos ya prácticamente desaparecidos ante la falta de lluvia de este año más que seco, deshidratado; al lado un ‘desecador de cristal’ con un fragmento de esa posidonia con 100.000 años que habita entre Ibiza y Formentera que arrasó uno yate. Y el último estante, una colección de rescoldos de esos incendios monstruosos que ya en julio se vaticinaban y que superaron los peores presagios durante el verano pasado. De estas cosas y muchas otras quisimos hablar un grupo de periodistas de APIA con la ministra del ramo, Isabel García Tejerina, aunque al final la ministra nos habló mucho más de cuestiones económicas que de la conservación de la naturaleza, de la necesidad de contar con ella, aunque para muchos no sea más que por el egoísmo de nuestra propia supervivencia como especie. ¿Cuándo nos pararemos a reflexionar, como dice mi amigo Eudald Carbonell, sobre el peliagudo asunto de hacia dónde queremos ir en el futuro?

Prueba de que cada vez hay más gente preocupada por el rumbo que tomamos en algunas cuestiones fundamentales, porque el camino que tomamos nos aleja de lo que nos ofrece la naturaleza y nos hizo tal como somos, es el éxito del reportaje titulado “Somos lo que comemos“, que se publicó primero en la revista ‘Cuadernos de Pedagogía’ y que se centraba en la alimentación ‘antinatura’ de los escolares españoles en la actualidad. Desde la infancia, cómo les alejamos de ella.

(Sigue debajo de la imagen)

Con Michel Mayor (descubrirdor del primer exoplaneta) y el astronauta suizo Claude Nicollier en Starmus 2017.

De ahí, permitidme este salto a la más alta tecnología. La que es capaz de ver un garbanzo en la Luna, la que busca el silencio cósmico, la que nos permite detectar un asteroide peligroso para la Tierra o la que nos ‘resucita’ un satélite español llamado PAZ que creíamos olvidado y que en enero, dicen, saldrá al espacio, 10 años después de cuando comenzó a diseñarse. Así como hemos ido vaciando nuestros bosques, mares, campiñas y ríos, hemos ido llenando huecos con objetos que nos permiten aumentar el conocimiento de lo que está más allá de nuestros ojos, y también diagnosticar los males que provocamos. De todo ello se habló también en el Starmus Festival, al que tuve la suerte de acudir este año como invitada.

El equipo de Djehuty, en parte, en el Museo Arqueológico Nacional.

Desde luego, las quejas no han faltado. Denuncias de investigadores de las más diversas áreas del saber. Y es que pese a todo lo anterior, y muchísimo más que no está en el este Laboratorio, el Gobierno de España sigue apostando por el turismo de masas, la construcción, los chiringuitos playeros y las minas, mientras la ciencia continúa un año más languideciendo en los presupuestos , los científicos de centros  públicos tienen que recurrir crowdfunding y a los que se marcharon ‘exiliados’ por los recortes se les quiere ‘captar’ como diplomáticos en el extranjero de una ciencia que pagan otros. A destacar la cada vez más visible cara de las mujeres que hacen ciencia y que ya no se callan para reivindicar el techo de hormigón con el que se encuentran. Algunas, con libros destinados a los jóvenes y otras con largas expediciones a la Antártida.

No se qué deparará el 2018. Sólo tengo claro que este Laboratorio seguirá abierto. Contra viento y marea.

 

Garrapatas feroces, ‘chupópteras’ de dinosaurios


ROSA M. TRISTÁN

Quienes acostumbran a pasear campos es probable que alguna vez se hayan encontrado con una sin percatarse, hasta que comienza a picar al pierna y se ve un pequeño punto negro  ‘enganchado’ en la piel, un bicho que no es fácil de arrancar y que es portavoz de algunas enfermedades graves. Son las garrapatas, supervivientes de un pasado que al menos se remonta 105 millones de años, como acaba de descubrir un equipo de investigadores del Instituto Geológico y Minero (IGME), y que no sólo convivieron con los dinosaurios sino que se alimentaron, probablemente, de su sangre como hoy lo hacen de cuanto animal se pone a tiro de su minúsculo cuerpo.

Los científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), con Enrique Peñalver a la cabeza, llevan muchos años revelando los secretos que esconde el ámbar. Han descubierto ya 150 especies de insectos, algunos con unas peculiaridades que los hacen especiales. En 2011, encontraron una chicharrilla en el yacimiento turolense de Just (Utrillas), en 2011 nos descubrieron unos insectos polinizadores con 110 millones de años en el yacimiento de Peñaferrada (Álava) y más recientemente han estado volcados con las garrapatas, tanto las nacionales (una nueva especie rescatada del ámbar de El Soplao, en Cantabria), como las internacionales (de Birmania).

La garrapata española con 105 millones de años, en el original (mano de Enrique Peñalver) y su recreación aumentada. @Rosa Tristán

Con éstas últimas, las conocidas por los dinosaurios, se ‘tropezaron’ en un congreso internacional, donde se las presentó el investigador norteamericano Scott R. Anderson. “Le pedimos varias piezas de ámbar para investigarlas porque eran muy interesantes”, señala Peñalver. Ese interés provenía, fundamentalmente, de que en una de ellas  se veía una pluma, que no podía ser de otra cosa que de un dinosaurio ‘emplumado’ (los ancestros de las aves) con una garrapata. Con una antigüedad de unos 99-100 millones de años, aquello era una escena excepcional. “La garrapata no tiene sangre del dinosaurio en su interior, así que todo indica que quedó atrapada en la resina con la pluma sobre la que estaba antes de comer. Es asombroso que se haya conservado así”. En este caso, la familia de la garrapata, Ixodoidea, era conocida, y de hecho aún existe. “¿Y la habrá con sangre de dinosaurios?”, es la pregunta inevitable. Pues de momento, no, aunque no se descartar que se encuentre en el futuro.

Pero no es el único descubrimiento que han realizado en el IGME porque en otras piezas de ámbar birmano han encontrado hasta cuatro ejemplares del diminuto parásito que pertenecieron a una familia nueva y hoy desaparecida, que ha sido bautizada como ‘Deinocrotonidae‘ (deino=feroz y croto=garrapata) y ‘draculi (en homenaje al Conde con similar afición gastronómica). “Es algo extraordinario, no sólo hemos podido relacionar las garrapatas con los dinosaurios sino que hemos descubierto una cuarta familia que era desconocida y quizá se extinguió cuando cayó el meteorito”, explica Peñalver. Las garrapatas  en cuestión tenían pegadas algunos pelos con larvas de escarabajos y otros restos, unas pruebas de las que infieren, al más puro estilo CSI, que estos parásitos estaban en nidos de dinosaurios, de los que se alimentaban. 

Excavación en yacimiento de ámbar de Rábago-El Soplao en octubre de 2008. @IGME

Todo ello ha sido publicado en un artículo en Nature Communications  por Peñalver, Antonio Arillo, Xavier Declós, David Peris, David A. Griamaldi y Anderson. Ahí detallan cómo con  potentes microscopios detectaron algunas diferencias biológicas entre los organismos de unas y otras garrapatas, aunque las variaciones han sido mínimas. “En la nueva familia hay cambios, pero en general hace 100 millones de años ya eran prácticamente como ahora, lo que quiere decir que son mucho más antiguas, que existen desde hace mucho tiempo. El ámbar precisamente nos permite ver esa evolución, aunque de momento es una larga película de la que tenemos solo unos fotogramas”, reconoce.

De momento, por tanto, habrá que esperar a ver si algún día se encuentra un ejemplar que tenga sangre de dinosaurio en su interior, lo que podría determinarse por la existencia de elementos como el hierro o comparándola con la de las actuales aves, si bien de momento, no deja de ser una posibilidad, como reconocían los científicos.

El equipo de investigadores del IGME, del trabajo sobre las garrapatas . @Rosa Tristán

El otro  hallazgo del IGME, aún pendiente de publicar, es la garrapata más antigua descubierta hasta ahora en el planeta, con una antigüedad de 105 millones de años. Este insecto quedó atrapado en el ámbar de El Soplao y es otra nueva especie. En realidad, será una más de las 150 encontradas en España por el equipo de Peñalver. Sólo el ‘fotograma’ de ámbar,  de unos 3×2 cm2, que tiene en la mano en la imagen y en el que murió está ‘garrapata cretácica española” (aún por bautizar) asegura que quedaron encapsulados otros 40 insectos, por lo que en aquel bosque debía hacer calor, con una biodiversidad en efervescencia, cuando aquella resina cayó del árbol. “Para describir todo lo nuevo que encontramos en un único pedazo de ámbar como éste tendremos años de trabajo”, reconocen.

En todo caso, de momento las campañas de excavación en El Soplao están paradas desde hace ya seis años Se realizaron entre 2008 y 2012, pero la crisis económica, que ha tenido un tremendo impacto en la ciencia en España, las paralizó totalmente. Ahora parece que hay de nuevo interés por parte del Gobierno de Cantabria para reactivarlas. No hay que olvidar que El Soplao es un atractivo recurso turístico para la comunidad cántabra dada su espectacular belleza. Además, esconde minúsculos paleo-tesoros, como esa garrapata que aún no ha sido bautizada. Eso si, cuando lo haga será la más vieja de las garrapatas conocida, al menos hasta que aparezcan sus ancestros. (Dicen que en Líbano hay ámbar de 130 millones de años, así que igual es el lugar, pero hasta ahora no ha aparecido ninguna).

Garrapata del ámbar de Rábago-El Soplao. @IGME

 

 

 

Miguelón, protagonista inesperado del estreno del libro #Atapuerca40años


Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

ROSA M. TRISTÁN

No estaba previsto. De repente, entre el público alguien sacó un cráneo de una bolsa. “A ver si Eudald Carbonell nos puede decir de quién es”, desafiaron al arqueólogo. Ambos, nos quedamos de piedra. Según me contó después Eudald, no es la primera vez que alguien va a una conferencia o presentación suya con un resto humano, pero un cráneo era demasiado. Ocurrió hace unos días, mientras ‘estrenábamos’ oficialmente el libro “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA), que hemos escribo a cuatro manos, en la Librería Lé de Madrid.

Fue una tarde especial, cargada de emociones, en la que no faltaron ni la familia ni los amigos. No tengo palabras para describir la sensación que tuve al entrar en el espacio destinado a la presentación y ver tanta gente. Entre la incredulidad y la satisfacción plena, entre el gusanillo de los nervios y el bloqueo por no saber a quien saludar primero. Como el espacio no era muy grande, muchos estaban de pie, entre las columnas, por las escaleras o sentados en el suelo. Había una cámara de televisión y un micrófono de RNE. También algunos colegas tomando notas. ¿Qué más se puede pedir?

Habíamos pensado que aquello fuera como un diálogo entre los dos, que no hablaríamos tanto de lo que es Atapuerca como del libro y que procuraríamos no alargarnos para que hubiera espacio para preguntas del público, que las hubo. Creo que seguimos el plan sin desviarnos, y que algunas de las anécdotas con las que Eudald jalonó su intervención, que recogemos en el libro, pusieron la nota divertida en algo que no queríamos que resultara ‘muy académico’. Entre otras cosas porque, aunque hemos intentado ser rigurosos en el contenido, queríamos que esta obra resultara entretenida para cualquier persona ajena a la materia, que sirviera de resumen de una historia no sólo de los hallazgos, sino también de las personas que han pasado por allí en estas cuatro décadas dejando su huella, algunas ya desaparecidas, otras convirtiéndose en los y las grandes especialistas que hoy son.

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Se me pasó el tiempo volando, así que fue Eudald quien, más consciente del tiempo, puso el colofón: “Somos más de 7.000 millones de individuos en el planeta y en nuestras  manos está el futuro. En otro caso caminamos hacia el colapso de la especie”, dijo.

@Miguel Angel Nieto

Y luego, las firmas… Creo que a cada persona le gusta llevarse algo distinto, una dedicatoria que tenga algo que ver con ella, con el por qué compró ese libro y no otro de los cientos que había alrededor. Así, sin darnos cuenta, entre conversación y conversación, la cola se alargó y hubo gente a la que no puede saludar como hubiera querido.

Ahora, a esperar las opiniones de los lectores y lectoras. Eso es lo importante. Tras cuatro años de trabajo conjunto, mi deseo -y puedo decir que seguramente el de Eudald Carbonell también- es que cada uno de ellos se sienta más cerca de este gran proyecto de la ciencia española, que se acerquen así al fascinante mundo de la investigación, sus dificultades, sus preocupaciones y sus éxitos. A lo mejor así un día tenemos gobernantes en este país que visiten lugares como éste a menudo (por cierto, Rajoy no se ha pasado por Atapuerca, pero creo recordar que un día visitó un laboratorio…), que entiendan que sin ciencia no hay futuro y sin presupuestos no hay ciencia.

Los medios, en la presentación. @Miguel Angel Nieto.

 

Con la editora de RBA, Anna Periago. @Miguel Angel Nieto.

@Miguel Angel Nieto.