La COP 25: ¡’Tiempo de actuar!, que nos queda poco para reaccionar


ROSA M. TRISTÁN

Los preparativos para la Cumbre del Clima COP25, que se celebrará en Madrid (del 2 al 13 de diciembre) van a todo tren en España, toda vez que hace apenas 15 días que se cambió la sede de país (Chile) y de continente. Tan rápidas como lentos están siendo los gobiernos que se reunirán para el evento en aplicar un acuerdo firmado hace ya cuatro años y que, en general, se lo están saltando a la torera, ya sea porque han hecho unos planes de adaptación al cambio climático llenos de irregularidades (lo contaba hace unos días), o porque resulta que sólo la mitad de los países del G-20 se molestan en cumplirlos.

La COP25, con Estados Unidos de retirada del Acuerdo de Paris,  una tremenda crisis política y social en América Latina (véase Bolivia, Chile, Nicaragua, Brasil, Haití, Guatemala… ) y con Rusia y China creciendo en emisiones, no podía aplazarse porque resulta que millones de personas en la Tierra ya están sufriendo el cambio climático, sin esperar al 2030 ni al 2050. Y también resulta que no están recibiendo las ayudas que debieran, mientras ya se sabe que el futuro irá a peor si seguimos por este camino. Para los que ya lo viven (se enteren o no) y para los que están a punto de hacerlo. Así que el reloj del logo de la COP25 y el lema ‘Tiempo de actuar’ (Time for Action) viene como anillo al dedo, un anillo que ojalá sea para un compromiso real y no meramente declarativo, porque las palabras se las lleva el viento, y en este caso puede ser huracanado.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, de quien surgió la idea de proponer España para la cumbre, está ya con su equipo en plena organización de un evento que traerá a más de 20.000 personas a la capital, entre equipos ministeriales, asesores, ONGs y activistas, empresas, etcétera. Más de 113.000 metros cuadrados ya están reservados en Ifema para la Cumbre, de los que 65.000 serán para que la ONU celebre las reuniones oficiales, es decir, de los 174 países más la UE , más otros actores, hasta sumar 197, y otros 13.000 m2 para reuniones en paralelo.

Ribera, en una primera rueda de prensa de contacto, ha asegurado que está previsto invitar al presidente Donald Trump, como a otros Jefes de Estado, aunque ya se sabe que no vendrá porque a Trump es del grupo de los descreídos, como si se tratara de una fe… Y a preguntas sobre la Presidencia que ostentará Chile, dejó claro que “España no trata de competir ni de discutir esa presidencia”. “Es fundamental el respeto y este año le tocaba la COP a América Latina”, aseguró.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. @Rosa M. Tristán

En total, se estima que el costo del evento será de unos 60 millones de euros para los presupuestos del Estado, si bien en Madrid podrían quedarse unos 100 millones por la afluencia de personas, pero son cifras estimativas porque ahora mismo la maquinaria está en marcha y no es fácil organizar a tanta gente. Teniendo en cuenta que un km de autovía cuesta seis millones de euros, no parece mucho.

De momento, se sabe que habrá en Ifema un área azul para las negociaciones oficiales de la ONU y actos paralelos; una zona verde para la sociedad civil (ONGs, sponsors, empresas,  inovadores, jóvenes, científicos… ) y un espacio llamado Ágora para la organización de eventos culturales, presentaciones, exposiciones, etcétera (se pueden presentar ofertas de eventos hasta el 17 de noviembre) . Las ONG que quieran acudir debe darse de alta  AQUI.

Unos días antes tendrá lugar la Cumbre Juventud por el Clima, tal como se preveía en Chile, que reunirá a 1.500 jóvenes de todo el mundo. En este caso, la logística se organiza con las universidades de Madrid.

Además, se prepara un gran eje climático en la ciudad bajo el título de “Castellana Verde”, que vaya desde Atocha hasta la Plaza de Castilla con infinidad de propuestas de empresas, museos, instituciones, ministerios… que están en la zona y que giren en torno al debate climático . “Además, queremos animar a todos los ayuntamientos a que sumen iniciativas”, apuntaba Ribera.

Como apoyo a todos los que vienen de fuera, se ha creado una Central Oficial de Reservas a la que pueden acudir los participantes. Asimismo, se buscan patrocinios para conseguir vuelos para miembros de las ONG latinoamericanas que se han visto sorprendidas con el cambio de continente, y cuya escasez de recursos les pondría complicado venir a Madrid, restando visibilidad a los muchos problemas que acucian a este continente, desde los grandes incendios amazónicos, hasta la situación dramática por desastres en Haití o las sequías en Guatemala.

“Nuestro mensaje es que es tiempo de acción, incluso si alguien retrasa su capacidad de acción se impone la voluntad de actuar del conjunto de la sociedad y ese mensaje es fundamental que sea el eco que quede en España. Vivimos crisis ambientales de todo tipo, porque hemos vivido de espaldas a límites planetarios, pero  hemos identificado los problemas y si queremos un futuro para nuestros hijos y nietos esta es una oportunidad para que España se reposicione y vuelva a identificar con más correcicón lo que se entiende por progreso. Es el sentir de la mayoría de los españoles”, ha concluido la ministra.

 

 

 

 

Biocultura y los riesgo de la masificación de lo ‘eco’


Biocultura, la feria ecológica en Madrid. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Este próximo fin de semana, como desde hace 35 años, vuelve a celebrarse en Madrid la Feria de Biolcultura. Comenzó el jueves y hasta el domingo más de 750 stands buscan acerca a los consumidores a esas iniciativas de consumo que se escapan de los grandes agronegocios y sus monopolios, y que intentan sobrevivir a la velocidad de los cambios, como reconocía en la presentación la directora de la feria, Angeles Parra. En otras palabras ¿Basta consumir ecológico, al margen de cómo se produzca?

Hay que remontarse a los años 80 para recordar aquella pequeña feria de productos, casi todos agrícolas, en la Casa de Campo, en la que  unos pocos jóvenes se reunían a vender sus productos, en plena vorágine de la expansión de pesticidas y herbicidas para aumentar de la producción. Los daños ambientales quedaban en el olvido absoluto. Pero como ‘hormiguitas’, siguieron creciendo y hoy el 8,7 % de la superficie agraria útil en España se dedica a la producción ecológica, frente al 7% de media en la UE. Cataluña gana por goleada, con un 15’8%. En total, 2,2 millones de hectáreas que nos sitúan, según datos proporcionados por la Asociación Vida Sana, a la cabeza de europea.

Instalación de Greenpeace sobre plásticos en Biocultura 2018. @Rosa M. Tristán

En consumo, tampoco vamos mal, y la gran confianza son los jóvenes. El Ministerio de Agricultura señaña que el 30% de los consumidores de productos bio tienen menos de 35 años, los ‘millennials’, más concienciados con hábitos más saludables, como es de esperar que lo sea la generación que sale con Friday For Future a la calle para denunciar el cambio climático y la situación del planeta. El resultado es que el consumo per cápita nacional ronda los 46’5 euros al año por habitante.

Bien es verdad, y así lo reconocía Angeles Parra, que todo indica que las grandes cadenas de alimentación han visto el negocio y se han lanzado de lleno al mercado ‘ecológico’, lo que ha dejado a las pequeñas empresas que iniciaron este mercado muy ‘tocadas’ al no poder competir en precios. Conozco varias que han tenido que cerrar… “No hemos estado preparados evolucionar en el sector agroecológico y ahora viene la gran empresa y se come el pastel . A ver superamos este paso porque ahora nos arrastra velocidad del sector”, señalaba la directora de Biolcultura.

Todo indica que el salto diferencial debería llegar desde el concepto de soberanía alimentaria, de cumplimiento de los ODS (Objetivos de Desarrollo del Milenio) para la Agenda 2030, un paso más allá en el que a la salud ambiental se sume la justicia social. “Tenemos principios que con las grandes empresas pueden perderse porque ven los productos ecológicos sólo como una oportunidad de negocio. Un craso error. Cada uno de nosotros, con sus hábitos de compra, puede decantar el mundo hacia una sociedad más justa y respetuosa con la  naturaleza. El carro de la compra ya es una forma de carro de combate, como dicen algunos, que sirve para plantarle cara a un sistema que está destrozando el planeta y las sociedades humanas”, argumentaba Parra, para quien ser consumidores conscientes implica proteger la biodiversidad, repoblar los entornos rurales, cuidar la salud propia y la ajena, proteger al campesinado, conservar tradiciones y economías locales “.

Con más de 400 actividades programadas, estos días Biocultura (en Ifema, pabellones 8 y 10) el escaparate es inmenso y unas 75.000 personas se espera que se asomen por allí. Esta edición, con especial dedicación al peliagudo asunto de los envases, pero  también a la moda sostenible y los cosméticos.

Inevitable será este año mi visita  al stand de La Rueda Natural, porque es mi objetivo adquirir productos 100% limpios para mi próximo viaje a la Antártida. Y también por los ‘ShowCooking’, la presentación del libro ‘Libérate de Tóxicos’ del científico Nicolás Olea, el espacio del supermercado participativo de La OSA o la cata de cerveza artesana.

 

Debate sobre medio ambiente en el #10N: nos sobran los motivos


Debate en ese de EFE. Arturo Larena (EFE), Pilar Liébana (Cs), José Juan Sanz (PP), Salvador Sierra (PSOE), Víctor Lasa (UP) @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

A las puerta de la Cumbre del Clima, COP 25 de Naciones Unidas, que se celebrará en Madrid en diciembre, y apenas unos días antes de que se celebren elecciones generales en España, el tema ambiental, como el científico, sigue en los márgenes de la actualidad electoral y ni siquiera el anuncio de que Estados Unidos abandona los Acuerdos de Paris sobre reducción de emisiones contaminantes parece que anime, salvo excepciones, a nuestros políticos a profundizar en lo que se viene encima. Desde luego, no es el objetivo de Vox, que son del bando negacionista, pero en el imprescindible debate organizado por APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) y la agencia EFE, al que VOX no quiso ir (y tampoco se le echó en falta), el nivel de los presentes dejó mucho que desear. Era la ocasión para conocer a fondo sus programas electorales ambientales y poco se sacó en claro.

Bajo la batuta de María García de la Fuente, presidenta de APIA, y Arturo Larena, director de EFE Verde, la inmensa cantidad de cuestiones que abordar se distribuyeron en cuatro bloques, que resumo en tres.

@Rosa M. Tristán

CAMBIO CLIMÁTICO Y ENERGÍA

Desde el inicio del debate, quedó claro que la estrategia del PP se basa en que las medidas para frenar el cambio climático no debe ‘molestar’ al crecimiento económico. Juan José Sanz, senador por Segovia de este partido, señaló que “la mejor forma de garantizar el mantenimiento del medio ambiente es que su protección sea compatible el desarrollo social y económico, protección que no debe ser una lista de prohibiciones arbitrarias”. También se mostró a favor de la economía circular, aunque sin detenerse mucho en ella, y defendió, eso si, “la gestión solidaria del agua entre territorios” donde es escasa, o lo que es lo mismo, los trasvases, que evidentemente tienen mucho que ver con economía pero poco con la preservación de la naturaleza tal cual. A nivel energético, el PP sigue defendiendo un ‘mix energético’ que tenga en cuenta los combustibles fósiles, aunque eso nos aleje de los Acuerdos de Paris de 2015. De hecho, Sanz no dudó en rechazar  “cualquier prohibición a los vehículos de combustión” porque, señaló, eso afectaría a un millón de empleos y al 10% del PIB nacional, el 25% en el caso de Castilla y León, según sus palabras en este debate. Y tampoco dudó en poner por delante la importancia de tener energía más barata, al margen de su coste ambiental. En definitiva, pese a declarar su preocupación ambiental, cumplió su papel en la línea de su partido.

Mas decepcionante fue el senador socialista Salvador Sierra, que centró su discurso más en lo  que se ha hecho en esta corta legislatura desde el Ministerio de Transición Ecológica (MITECO) que lo que se plantea el PSOE para la siguiente. Si bien remarcó la apuesta total por las energías renovables y los vehículos eléctricos, no aportó novedades a lo sabido o lo que ya está en marcha en lo que se refiere a reducción de emisiones. Fue una pena que no aportara dato alguno del impacto de las renovables en la reducción de emisiones según el MITECO, que los hay. o que aportara novedades sobre la esperada Ley de Cambio Climático, que no acaba de ser realidad.

Pero lo de la  senadora de Ciudadanos, Pilar Liébana, fue sin duda la más sorprendente. El programa energético de Ciudadanos se basa en la rehabilitación de viviendas para que sean más eficientes energéticamente, que se calcula que generan el 7% de las emisiones, muy lejos de las del transporte, del que dijo que su partido promoverá “el cambio a los coches eléctricos para 2040 o 2050”, que no lo tenía muy claro.  También mencionó que triplicarían la inversión en I+D para la transición energética.

Por parte de Unidas Podemos, el senador Víctor Lasa aprovechó su intervención para señalar que “los sectores competitivos a nivel económico tienen que ver con lo nuevo y no con lo obsoleto”, porque si no se avanzara “estaríamos aún con el telégrafo, aunque el cambio afectara a los fabricantes de telégrafos” y recordó la apuesta de su partido por las energías renovables y las cooperativas energéticas frente a grandes empresas, así como la creación de una gran empresa pública de energía. También defendió más leyes que obliguen a un menor uso de combustibles fósiles y una fiscalidad que apueste por energías limpias. “Sin acciones desde el Gobierno, no hay soluciones”, dijo, no sin antes recordar lo ocurrido con Madrid Central. “Nosotros vamos a aumentar al 25% los coches eléctricos para 2025”, aseguró, una promesa que dada la situación actual (0,78%) no parece muy realista.

BIODIVERSIDAD

Sobre biodiversidad, el senador popular no dudó en salir en defensa de la caza como alternativa para fomentar la biodiversidad, asegurando que ‘fija población’ rural y mantiene el ‘equilibrio de los ecosistemas’ y destacando que genera 8.000 empleos en una población castellano-leonesa de 2,19 millones de personas, es decir el 0,3%.

Claro que Sierra (PSOE) no hizo mejor papel en este capítulo, pues se limitó a enumerar algunas iniciativas legislativas que el Gobierno ya tiene en marcha (como la Estrategia de Infraestructura Verde) o planes de conservación de especies polinizadoras, lo que supo a poco en un país donde proliferan los grandes incendios, se sigue destruyendo la costa virgen con ladrillazos, se cazan lobos y atropellan linces y donde los pesticidas acaban con las aves y no hay control de las especies invasoras destrozan ríos, entre otros muchos males.

Pero aquí quien quien dio ‘el campanazo’ fue de nuevo la senadora de Ciudadanos, que luego me reconocería que lo del medio ambiente no es tu tema. Estaba claro, aunque prepararse un poco no viene mal. Y es que las medidas para fomentar la biodiversidad en los territorios tienen tanto que ver con el asunto como la velocidad con el tocino: limitar el uso de plásticos de un solo uso para que no lleguen al mar, un plan de adaptación al cambio climático (que eso sirve para todo, y más si no explicas en qué consiste) y lo más ‘original‘: plantar 10 árboles per cápita, 465.00 hectáreas de flora (sic), para solucionar el tema de las especies invasoras “porque con especies de árboles propias de la zona, las invasoras huirían de esos entornos”. 

Lasa, de Unidas Podemos, mencionó la reforma las leyes de Patrimonio Natural y Biodiversidad para adaptarlas a las consecuencia del cambio climático, si bien tampoco no se extendió en explicar cómo ni dio algún detalle de la estrategia contra especies invasoras que mencionó.

SISTEMA RETORNO DE ENVASES Y RESIDUOS

Márgenes del río Jarama, a su paso por Rivas, octubre de 2019. @Rosa M. Tristán

En este bloque, tampoco hubo propuestas novedosas. Liébana (Cs)  volvió a sacar a relucir su medida antiplásticos de un solo uso, pero se quedó muda a la pregunta sobre su postura en torno al Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), que funciona en varios países europeos. Tampoco tenía ni idea de qué era el senador socialista, Salvador Sierra, que prefirió volver al asunto del Mar Menor al hablar de residuos. El mejor informado resultó ser  Lasa (UP), que si conocía el SDDR, apoyado por su partido y que también mencionó medidas contra los plásticos de un uso (conviene recordar que desde 2021, en plena legislatura, será obligatorio en la UE eliminarlos), mientras que el PP habló de la importancia de fomentar la economía circular y la divulgación.

Como conclusiones del debate, Ciudadanos se quedó con su propuesta de inversiones en I+D para la transición energética, el PP con la necesidad de divulgar medidas sostenibles, el PSOE recordó que se creará un Ministerio contra la Despoblación (anunciado por Pedro Sánchez el día anterior en TVE, sin explicar en qué favorecería al medio ambiente) y Unidas Podemos destacó el fomento de la movilidad eléctrica.

Los asistentes al encuentro, muy de agradecer a EFE Verde y APIA, nos quedamos con la idea general de que muchos de los partidos políticos no tienen en una institución pública tan cercana a los territorios como es el Senado a representantes con suficiente formación en temas ambientales. En algunos casos, las carencias llegan a límites vergonzosos.

Pocas horas después de este debate, el ex director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, recordaba en una conferencia de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) que con el cambio climático “hemos pasado de la alerta a la alarma y ahora estamos en la emergencia, y debemos saber que no podemos llegar al punto de no retorno”. Recordaba también que “la UE ya no tiene el liderazgo”, al menos en temas como la migración, la seguridad o la economía.. Pero en temas ambientales aún va por delante y España tiene un papel que jugar.

Ahora toca esperar a este #10N para saber si por fin tenemos un Gobierno que sepa actuar frente al futuro que se nos avecina. Los científicos de todo el mundo (11.000 de una última atacada) tienen un diagnóstico desolador, pero hay tiempo aún para revertir lo peor.

Votar teniendo en la cabeza que estamos en emergencia climática y las acciones deben urgentes, pese a quien pese, es lo que marcará la diferencia.

 

Villarejo nos espió a varios periodistas ambientales


ROSA M. TRISTÁN

La noticia me llegó este fin de semana. Por lo visto mi nombre y el de otros periodistas ambientales figuraba en el informe que el comisario Villarejo envió a Iberdrola. Ocurrió cuando trabajaba en la sección de Ciencia y Medio Ambiente de El Mundo y junto al mío está también el nombre de mi compañero Gustavo Catalán Deus. Y junto al de otros cuatro colegas que no menciono porque no tengo su consentimiento.

La cuestión es que, dentro de nuestro trabajo en medios de comunicación, se nos menciona porque  dos sindicalistas de Iberdrola, de su comité de empresa, nos habrían pasado -según este delincuente que entonces era policía-, una auditoria en la que la se enumeraban un buen número de irregularidades a corregir, algunas relacionadas con gestión y control de riesgos, en su central nuclear de Cofrentes, como ha informado El Confidencial. Se dice en este informe que ambos sindicalistas, de CGT, se habrían reunido con periodistas (entre los que me encuentro) en unos encuentros ‘auspiciados’ por Carlos Bravo, que era el responsable de Nucleares en Greenpeace, y por Carles Arnal, que fue portavoz de Els Verds-Esquerra Ecologista del País Valencià, un partido que el mismo creó.

Sinceramente, de aquellas informaciones ya no me acuerdo (llevo ya 30 años escribiendo y entonces no todo se ‘colgaba’ en internet) pero lo que  es incuestionable, visto en informe, es que durante un tiempo, que no se cuánto sería, hubo un personaje siniestro, salido de las más turbias ‘cloacas’ del Estado español que hizo un infame seguimiento de personas por encargo de empresas, controlando sus actividades y llamadas telefónicas. El documento indica también que éramos “periodistas muy significativos que habitualmente informan sesgadamente sobre temas ecológicos”. El adjetivo ‘significativos’, pues mira, me lo tomaré como señal de que lo que contábamos allá por 2007 tenía su impacto. Y lo de ‘sesgadamente’, viniendo de tal Villarejo, casi hay que tomarlo como un halago, porque lo cierto es que la auditoría es real y que, seguramente, Iberdrola dió la callada por respuesta.

Lo que resulta inadmisible es que una gran empresa, como es esta compañía, contratara a tamaño mafioso para espiar a personas que ahora no sabemos hasta qué punto estuvimos bajo el punto de mira de Villarejo, saltándose las leyes y la Constitución ‘a la torera’¿Cuántas llamadas nos interceptó? ¿Hizo alguna acción más, además de ‘pinchar’ teléfonos? ¿Presionarían a alguno de los jefes en estos medios sin que llegáramos a saberlo? Las dudas, desde que lo he conocido, me rondan por la cabeza. Y otras muchas también: ¿pero qué seguridad tenemos en este país? ¿cómo es posible que los dirigentes de Iberdrola no se indignaran al conocer el contenido de estos informes, absolutamente antidemocráticos? ¿Cómo puede ser que se justifiquen diciendo que  no sabían nada de los encargos porque era cosa del Departamento de Seguridad? ¿Es que pedían informes para ellos, sin compartirlos, dejándolos en un cajón?

A aquella ocasión en la que me llamó un ‘mandado’ de Jesús Gil para que dejara de escribir sobre obras ilegales de aquel personaje y otra en la que Jaime Peñafiel presionó para que no escribiera sobre las subvenciones que recibía la Duquesa de Alba del Ayuntamiento de Madrid para renovar sus calderas, ahora tengo que sumar esto como una más de las desagradables situaciones que algunos periodistas tienen que soportar.

Ha pasado tiempo, 13 años, y ya no estoy en El Mundo ni he escrito de Cofrentes (que por cierto está en Valencia) desde hace tiempo, aunque sigo empeñada en informar de medio ambiente, de los impactos sociales de nuestro comportamientos y de lo que nos cuenta la ciencia. La central nuclear sigue abierta y hoy mismo ha comenzado la recarga de combustible en su reactor. Son ya 34 años funcionando, y no sin fallos, como revelaba aquella auditoría.

Está claro que desde el punto de vista de Villarejo y sus secuaces soy ‘sesgadamente ecologista’ porque frente a quienes defienden lo nuclear como energía del futuro frente al cambio climático, no olvido nunca mencionar que sus residuos son indestructibles y que, aunque no lo fueran, que lo son, las centrales son carísimas en su construcción y mantenimiento, lo que deja fuera de juego a tres cuartas partes de la Humanidad. Y, por último, que es peligrosa porque sus accidentes son catástrofes planetarias (Fukusima, Chernóbil, ahí están) y el mundo anda muy revuelto como para tenerlo lleno de estas instalaciones. ¿O es que sólo las queremos en Europa y Norteamérica?

Además, estoy convencida de que si sólo hubiéramos escrito a favor de los intereses empresariales, no nos hubieran puesto ese adjetivo.

Y, por último, si defender nuestra Tierra de nosotros, no es ser objetivo, pues no lo soy. Para saberlo no hace falta espiar.

 

 

 

La dura ‘carta’ del Defensor del Pueblo sobre Madrid Central


 

Respuesta a las quejas ciudadanas por la eliminación o ‘rebaja’ de las restricciones en Madrid Central

ROSA M. TRISTÁN

Soy de una de esas miles de ciudadanas y ciudadanos que al enterarse de que la Corporación municipal de Madrid planeaba eliminar las restricciones de tráfico en Madrid Central envió una queja a la Oficina del Defensor del Pueblo. Ayer, finalmente, recibí una carta de Francisco Fernández Marugán, que ocupa el cargo en funciones, en la que queda claro que la respuesta que ha recibido de la Comunidad de Madrid, a la que ha exigido información dado que tiene una Estrategia de calidad del Aire y Cambio Climático 2013-2020, deja mucho que desear. En la dura misiva, el Defensor del Pueblo recuerda que dicha estrategia, aprobada por un Gobierno del PP, incluye crear “zona de bajas emisiones y áreas de prioridad residencial” en núcleos urbanos y menciona también un decreto de 2017 en el que se insta a los municipios con más de 75.000 habitantes a elaborar protocolos de actuación para ello (protocolos que sólo tienen aprobados Madrid y Alcobendas).

De la carta, sorprende especialmente que la Consejería de Sanidad madrileña considere que la calidad del aire es un asunto es ajeno a sus competencias, si bien según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la contaminación atmosférica provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras en el mundo y que numerosos estudios científicos, como el publicado en ScienceDirect , demuestran sus efectos en la salud respiratoria, sobre todo en los niños, ancianos y enfermos. Por si no lo conoce, Fernández Marugán recuerda al consejero Enrique Ruiz Escudero que el informe del Ministerio de Transición Ecológica analiza con detalle el impacto en la calidad del aire de partículas PM10 y PM2,5, ozono y dióxido de carbono. “Se concluye que numerosos estudios atribuyen un amplio abanico de enfermedades y efectos adversos en la salud por exposición a mala calidad del aire”, indica, por lo que insiste en que “al menos, dicha Consejería debería poner proporcionar estadísticas sobre este asunto”, algo que no hace. Es más, recuerda al consejero que parte de su trabajo es “la vigilancia epidemiológica y la información al sistema sanitario y a la población de las medidas preventivas oportunas a aplicar” cuando se superan los niveles de contaminantes.

También ha respondido al Consorcio Regional de Transportes, que le había indicado que no tiene datos sobre impacto de Madrid Central porque lleva poco tiempo en activo y que se queja de que el anterior Consistorio no pidió un informe sobre cómo afectaban las restricciones en el centro de la capital al conjunto de la movilidad regional. Dado que el alcalde José Luis Martínez-Almeida insiste en ‘rebajar’ las restricciones, el Defensor del Pueblo cree que habrá que esperar a ver qué pasa. Por lo pronto, se sabe que sigue habiendo menos contaminación que años anteriores, aunque la bajada se ha frenado desde que se lanzaron dudas sobre su eficacia, por cierto, sin datos objetivos de ningún tipo.

Más crítico es con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Si bien valora positivamente que exista una estrategia de calidad del aire, critica que se base en simulaciones en lugar de datos reales, que si existen en la Red de Calidad del Aire, “como sería lo deseable”. Y recuerda, en este caso a la consejera Paloma Martín, que según su propia estrategia, su responsabilidad es coordinar la implatación de medidas para limitar el tráfico de coches muy contaminantes en municipios de más de 100.000 habitantes, entre los que está Madrid, pero también otros nueve (Móstoles, Fuenlabrada, Alcalá de Henares, Leganés, Getafe, Alcorcón, Torrejón de Ardoz y Alcobendas). ¿Y qué hace la Comunidad? Pues, según el Defensor del Pueblo sólo recoger información, pero de coordinar nada, por lo que le exige un informe al respecto.

En resumen, que Fernández Marugán vuelve a pedir a la Consejería de Presidencia que haga el favor de ordenar al resto de consejerías del gobierno madrileños que informen de forma adecuada, porque no lo hacen.

En todo caso, en la carta queda en evidencia que tenemos en la Comunidad de Madrid una estrategia que es evidente que no se toma en serio. Que esta Comunidad, en cuya ciudad capital, además de eliminar restricciones al tráfico rodado (que generan el 41% de las emisiones), se supriman carriles-bici, se eliminen zonas peatonales para poner más coches y se tiene amenazas de multas de la UE por ello, vaya a ser sede de la COP 25 , la cita mundial para luchar contra el cambio climático, no deja de ser irónico. No se sabe si el alcalde Martínez-Almeida y la presidenta Isabel Díaz Ayuso se pasarán por allí, si finalmente España es la sede, aunque igual les venía bien.

Mientras, mi queja , como la de miles y miles de residentes en Madrid, sigue su trámite…. y seguiremos informando.

LOS ‘CHANCHULLOS’ DE LOS PAÍSES CON EL ACUERDO DE PARIS


ROSA M. TRISTÁN

Hace tres años que se firmaron los Acuerdos de Paris sobre reducciones de emisiones. Lo han firmado 195 países y hoy es el único instrumento que trata de poner freno a una #EmergenciaClimática global que moviliza a millones de personas estos días. Fue de lo más nombrado en la Asamblea General de la ONU esta semana…

Pero ¿cómo se controla lo que cada país hace con el mismo acuerdo? Esto es lo que se preguntaron dos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaban de publicar la respuesta en la revista Environmental Research Letters. En su trabajo, los dirigentes que hemos visto en la ONU hablando de cambio climático quedan bastante mal parados. Y es que de seguir así, apuntan, como otros mucho miles, estos científicos, vamos de cabeza a una nefasta subida de la temperatura global de más de 2ºC para 2050, con todo lo que implica. La falta de trasparencia en los datos, las manipulaciones interesadas de lo que se contabiliza como emisiones, en definitiva, los ‘chanchullos’ para quedar bien en los foros mientras se hace poco, o nada, están convirtiendo el que fuera esperado Acuerdo de Paris en papel mojado. ‘Inoperante’, indican.

El análisis, firmado por Lewis King y Jeroen van den Bergh, es exhaustivo. Para empezar, niegan la mayor: con los compromisos nacionales de emisiones fijados en Paris no se impedirá que la temperatura suba 2ºC. ¿Y cómo lo han hecho? Porque han recogido las emisiones de CO2 que cada país tenía en 2015 y han comprobado las que, según los compromisos adoptados por cada país, tendrán en 2030. De hecho, ya estudios previos indicaban que si todos esos compromisos se cumplieran, la temperatura global subiría entre 2,6º y 3,1ºC, según fuéramos capaces, no ya de no contaminar, sino de recoger de nuestra atmósfera lo que ya está ahí, es decir, capturando el CO2, algo aún más teórico que práctico. ¿Demasiado poca ambición?. Eso parece…

Las manipulaciones o disfunciones detectadas son variopintas, si bien King y Bergh las clasifican en cuatro categorías, según los compromisos nacionales de emisiones (NDC). Hay que recordar que cuando elaboraban la investigación, un total de 147 firmantes (incluidos los 28 de la UE) tenían ya sus NDC concretos.

Lo primero que encontraron es que casi el 80% de los compromisos nacionales de reducción de emisiones están condicionados a factores como el acceso a las finanzas internacionales, la transferencia de tecnología y la cooperación internacional, y ni aunque esto fuera favorable, que ya es difícil, sería probable que las emisiones permitieran mantenernos bajo esos 2ºC. Ademas, ocurre que como los países pueden elegir qué gases del Protocolo de Kyoto incluyen en sus descuentos, los hay que excluyen de sus cuentas contaminantes gases como hidrofluorocarburos, perfluorocarbonos e incluso el metano y el óxido de nitrógeno. China, por ejemplo, sólo incluye el CO2 en sus compromisos, lo que significa que excluye al 4.9% de las emisiones globales con efecto invernadero. El Acuerdo también permite que los países decidan qué sectores económicos incluyen en sus NDC, y ahí están los que suelen excluir el uso de la tierra y la silvicultura (explotación de bosques). Es otro 1% de las emisiones globales sin contabilizar.

Con todo ello, la primera categoría para los científicos de la UAB serían la de los países que presentan reducciones absolutas de emisiones para un año objetivo en términos porcentuales en relación con un año base histórico. La cuestión es que ese base lo establece el país y oscila entre 1990 y 2014, mientras que el año objetivo es típicamente 2030 y, en algunos casos, 2025. Ahí está la UE.

Luego están los países que indican que la reducción estará al albur ‘un escenario de negocios habitual’, escenario que cada cual decide y que causará una gran variación en las emisiones. Son categoría 2 e incluye también a unos pocos países  (Bután, Etiopía, Omán y Sudáfrica) que se han fijado un objetivo de emisión fija.

El tercer grupo sería el que se ha fijado en el PIB para hablar de reducir su contaminación, es decir, si su PIB crece, disminuirán sus objetivos . Y, por último, los que ni siquiera  fijan un límite de emisiones determinado, aunque mencionen programas de energías verdes a poner en marcha.

Con este ‘batiburrillo’, los dos investigadores optaron por unificar y tomar como año base de contaminación para todos el año 2015, que es el anterior a la firma del Acuerdo, y compararlo con porcentajes emisiones previstas para 2030. Comprobaron así que las promesas de los de la categoría 1 (reducción absoluta de emisiones con condicionantes) son más ambiciosos que el resto (ahí están Norteamérica y la UE), mientras que se esperan aumentos de contaminación en Oriente Medio, Norte de África y el sur de Asia. Bien es verdad que también recuerdan que  aún con esos ‘recortes’ los de categoría 1 contaminarán más que los demás e incluso más que los que ni siquiera marcan un límite (la 4).

Resultado: en términos globales, auguran un aumento de las toneladas de CO2 de un 23.8% entre 2015 y 2030 . Es decir, en nuestra atmósfera terrestre habría en 10 años más unas 892 gigatoneladas de CO2, suficiente para un calentamiento global superior a los 2ºC, teniendo en cuanta la estimación máxima de los compromisos de los países, que si no se cumplen aún sería peor…

Toman como ejemplo cinco países para ver cómo ha hecho las cuentas:  Australia, India, México, Pakistán y Rusia. Australia y Rusia presentaron promesas similares de límites pero resulta que Rusia habla de reducciones de un 25% respecto a 1990, cuando contaminaba mucho más que ahora comparable. Australia, por su parte, se compromete una reducción de 26% a 28%, pero en relación con 2005. Al unificar los datos de ambos, tomando como base 2015, se descubre que las emisiones de Australia caerán el 9%, mientras que aumentarán en Rusia en un 13%, por más que Putin acabe de ratificar este acuerdo en Nueva York.

Y otro caso más: México y Pakistán, que han anunciado que reducirán emisiones según les vaya la economía, parecen en situación similar (20% y 22%, respectivamente) pero con la referencia del 2015, resulta que las emisiones en México disminuirán un 11%, mientras que en Pakistán aumentarían en un 182%, dado su escenario de crecimiento económico

Algo parecido pasa con países de la categoría 3 (emisiones según PIB), donde están China e India, entre ambas un tercio de las emisiones globales. Los investigadores reconocen que “el resultado de sus objetivos es difícil de predecir porque a más crecimiento, mayores son las emisiones”, pero usando proyecciones económicas de la OCDE, estiman que  sólo la India aumentaría un 229% las emisiones desde 2015.

Los autores mencionan también algunos fenómenos que pueden darse para ‘escurrir el bulto’, como es trasladar las empresas contaminantes a países en desarrollo con políticas climáticas menos rígidas, o un mayor trasiego mundial de importaciones de productos que son más baratos de unas zonas que en otras, sobre todo en países donde no han fijado ningún límite.

En vista de esto, nuestro consejo sería evitar que los países presenten sus promesas en un marco que parece más ambicioso que su verdadero efecto. Probablemente sea un desafío lograrlo políticamente, ya que uno de los factores que atrajo a los países al Acuerdo de París fue la libertad de poder establecer sus propios objetivos en un formato de su elección. Sin embargo, lo que estamos proponiendo no es un cambio radical. Para la mayoría de los países  esto implicaría una conversión simple basada en datos ya disponibles, como lo hemos hecho en este análisis. En cambio, será importante lograr el objetivo del Acuerdo de París”, apuntan.

Añaden que este Acuerdo de Paris, que a algunos les parece tan avanzado, tanto que incluso se quieren salir de él, en su forma actual, es “inadecuado en el mejor de los casos y, en el peor, extremadamente ineficaz porque la sociedad civil tiene el derecho de poder comprender y comparar claramente los compromisos de cambio climático de los países, incluso si son justos, ambiciosos y se suman a los objetivos climáticos internacionales”.

Aseguran que cada país debería convertir sus promesas en objetivos claros de emisión en relación con el año más reciente disponible en los datos, pero sin trampas: incluyendo todos los gases y sectores importantes, no los que les vengan bien. Apuntan que, en el futuro, a medida que los países actualicen sus NDC, este año base debe actualizarse para mantener las promesas relevantes para el próximo período.

Con ello creen que se ayudará a producir objetivos de mayor ambición y más abiertos al escrutinio externo, a la vez que, una vez uniformizadas las promesas de todos, habrá más presión para ser más ambiciosos  cada cinco años bajo el mecanismo del Acuerdo de París.

3.000 años transformando cada rincón de la Tierra


 

ROSA M. TRISTÁN

¿Cuándo el ser humano comenzó a transformar el planeta que habita de forma global? La respuesta, según arqueólogos de todo el mundo, se remonta a hace unos 3.000 años, inicio de la expansión de una forma de vida, basada en la agricultura y la ganadería, base desde entonces de la alimentación de la especie, que sigue detrás de los grandes destrozos de la naturaleza, como son los incendios, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el cambio de curso de los ríos o la contaminación de las aguas de los mares.

Han pasado, dicen los investigadores, tres milenios para que todos los continentes y territorios, salvo la Antártida, hayan sido entendidos como un recurso a explotar, dejando al margen tan sólo algunos reductos, los espacios protegidos, de la voracidad de la especie. Así lo certifica el mayor estudio arqueológico jamás realizado a nivel mundial, un intento de globalizar la información conseguida en excavaciones en todos los continentes que llega a la conclusión de que nuestro impacto general en la vida planetaria es anterior a lo que se pensaba. A más tiempo pasado, menos tiempo para reaccionar y dar la vuelta a la situación.

No deja de ser curioso cómo se ha pergeñado el estudio. Los líderes del proyecto ArcheoGlobe (Universidad de Maryland), Lucas Stephens y Erle Ellis, dividieron la Tierra en 146 regiones y contactaron con 1.000 arqueólogos de los cinco continentes ara implicarles en el trabajo. Entre ellos, los españoles Ferrán Borrell y José Antonio López-Saéz (CSIC). Al final, les llegaron respuestas de 255 y un total de 711 cuestionarios.

Todos los interesados debían rellenar unos extensos formularios de las zonas que investigan proporcionando datos que luego se cruzaron para elaborar diferentes ‘mapas-mundi’. En ellos se refleja la evolución del uso del planeta en los últimos 10.000 años, ateniéndose a los ‘restos arqueológicos’ que fuimos dejando. “Es interesante porque hasta ahora los estudios de ciencias ambientales no han incorporado la información arqueológica. Este estudio demuestra que hay que tenerla en cuenta”, señala Borrell, de la Institución Milá y Fontanals (IMF-CSIC) y experto en Próximo Oriente. Esta zona es precisamente desde la que se expandió la agricultura. Borrell, hasta que estalló la guerra en Siria, dirigía excavaciones en Qarassa, la zona neolítica en este país hoy prácticamente destruido.

Borrell explica que las categorías de los formularios que le enviaron eran muy genéricas y que puede haber algunas distorsiones porque hay grandes zonas de Rusia, África Central y Occidental o del Sudeste Asiático que no cuentan con suficientes datos por falta de excavaciones, pero defiende que pese a ello es un primer retrato en movimiento que nos dice cómo hicimos una transformación que se inició desde el primer gran impacto agrícola en Oriente Próximo hasta extenderse también en remotos lugares de Asia, Sudamérica o Australia.

Fue un proceso en el que agricultura y ganadería fueron de la mano. Y no sólo mediante la selección de semillas o animales que fueron transformando las especies de cereales o de la fauna en función de sus características más apreciadas, sino además por el transporte de un lugar a otro cuando ya existían grandes concentraciones humanas.

“No cabe duda de que como especie tuvimos y tenemos un gran impacto que pone en juego nuestra supervivencia misma. Y vemos que es algo que viene de lejos, si bien ahora se acelera la velocidad de la destrucción. Es algo que nos aboca a un estallido final si no cambiamos, pero es un cambio que debe hacerse a nivel planetario, no puede ser la decisión de un Estado”, apunta el científico del IMF.

Y es que en esos inicios, en el 82% de la Tierra los humanos vivíamos de la caza y la recolección, pero para la época del Imperio del Antiguo Egipto (III dinastía) esas cifras habían caído un 63%. De hecho, desde mil años antes cuatro de cada 10 regiones de la Tierra ya tenían implantadas algo de agricultura extensiva. El pastoreo se había ido extendiendo a su vez por zonas cercanas a ecosistemas más áridos, que eran más propicios para esta actividad que para cultivos ante la falta de lluvias.

No es que la caza y la recolección fueran inocuas. Antes de la agricultura ya quemábamos bosques para cazar más fácilmente , cambiando ya los ciclos del agua, pero entonces se conocía profundamente el ecosistema, se sabían los ciclos de vida de todas las plantas y animales; también hubo un periodo en el que el forrajeo y la agricultura convivieron fusionados. A medida que la población creció, se redujeron las posibilidades de ser flexibles en nuestras estrategias de subsistencia, se comenzó a olvidar recurrir a la caza y la recolección en momentos necesario. Y se inició el “proceso que parece en gran medida irracional e irreversible a largo plazo”, en palabras de los autores del trabajo.

¿Adiós a la Amazonía en sólo 245 años?


@Victor Moriyama (Greenpeace Brasil): PORTO VELHO, RONDONIA,

ROSA M. TRISTÁN

Hace más de 15 años, cuando aún se financiaban en TVE grandes documentales, hubo una serie que me dejó huella: “Amazonía, la última llamada“, de Luis Miguel Domínguez. Ahora, tras casi un mes de incendios en la selva que oxigena este planeta, y cientos de miles de hectáreas quemadas, está claro que la llamada quedó sin respuesta. La situación es hoy mucho más dramática, hasta el punto de que podría desaparecer en sólo 245 años de seguir los actuales niveles de degradación, dejando a la Tierra sin el 20% de oxígeno que nos proporciona esta selva. De hecho, ya ha dejado de ser el sumidero de CO2 que era en el pasado, debido a la muerte prematura de millones de árboles y la quema actual no hace sino empeorar la situación. O los derrames de petróleo. ..

La dramática fecha del año 2.264 que se avecina en la Amazonía sudamericana no dirá nada a los políticos de hoy, empeñados en estrellar la nave Tierra que pilotan, ni a los millones de ciudadanos que les votan, incapaces de pensar en la herencia carbonizada que dejarán, pero está en el horizonte según las previsiones de una investigación liderada por el geógrafo Mark Mulligan, del King’s College de Londres, basándose en el histórico ratio de degradación de las áreas protegidas de esta zona del planeta. Según sus resultados, si la deforestación no se detiene, el bosque amazónico desaparecerá en unos dos siglos y, además, justo antes de su fin, ya dejará de proporcionar servicios ambientales que ayuden a mantener la vida en el planeta, como el almacenamiento de carbono almacenamiento para la regulación climática (algo que ya disminuye), el suministro de agua o el control de erosión, entre otros relacionados con la biodiversidad, de la que no se habla lo suficiente, pero está también en crisis. “Tener más áreas protegidas de forma eficaz es vital. Con  áreas de protección ineficaces, el bosque amazónico, con 55 millones de años, tiene este futuro muy corto”, ha señalado Mulligan a través de Twitter al hilo de los incendios, activos en este momento.

Y es que son más de 72.800 focos los detectados entre enero y agosto  de 2019 en la Amazonia, según los datos recogidos vía satélites por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, el mismo del que ha sido despedido su director, Ricardo Galvao, por tener el atrevimiento de denunciar el brutal deterioro de la selva desde que Jair Bolsonaro llegó al Gobierno, hace apenas unos meses. Ciertamente, la deforestación para uso agrícola siempre ha existido en este país y aledaños (Bolivia, Colombia, Ecuador..) pero datos de satélites indican que el pasado mes de julio se duplicaron las tasas de fuegos registradas, hasta suponer unos 60 km cuadrados de destrucción al día. Un kilómetro mientras lee este artículo..

En la revista científica ‘Nature Sustainability‘ se publicaba a finales de julio una investigación de la Universidad de Oklahoma que ya alertaba de pérdidas insostenibles antes de la ‘era Bolsonaro. El estudio, con datos satelitales entre los años 2000 a 2017 del área amazónica brasileña, señalaba que si bien había un 15% más de masa forestal que lo que decían fuentes oficiales del PRODES (Brasil), se reflejaban uno tasas de deforestación duplicaban lo que este mismo PRODES decía años antes, sobre todo desde 2013. El Niño y la sequía de un año en 2015/2016 incrementaron, según este estudio, las  pérdidas forestales,  que eran de un 11%  ‘áreas protegidas’. ¿Medidas del nuevo Gobierno? Desmantelar el sistema de protección y control sobre la deforestación, mientras anima a los grandes  intereses agroindustriales y mineros a expandirse hacia la selva amazónica. El indigenista Sydney Possuelo denunciaba en una entrevista en este blog lo que se avecinaba para los pueblos indígenas.

Bien es verdad que no sólo la Amazonía arde. Pero lo triste es que en este planeta donde sabemos quien marcó un gol al segundo a la otra punta del globo, nos enteramos del desastre dos semanas tarde. Y lo triste es que sólo por ello descubrimos que también África arde, que los bosques de Angola, República Democrática del Congo,  Zambia o  Mozambique desaparecen. Son lugares que habitan una extraordinaria fauna salvaje y, si bien es cierto que los incendios de sabana son habituales para regenerar pastos en este continente, la NASA detecta que también se está quemando la cada vez más escasa y rala selva africana por el mismo afán agrícola que mueve los hilos al otro lado del Océano Atlántico.

Por desgracia, nada indica que la tendencia vaya a cambiar porque desde que el ser humano se hizo campesino dejó de ver la naturaleza como un bien para verla como un recurso a explotar dentro de unas fronteras determinadas que nada tienen que ver con la vida planetaria ni con nuestra propia evolución biológico, como nos recuerda en ‘Sapiens‘ el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Ahora bien, no basta quejarse. A comienzos de agosto el Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC) alertaba de cómo el consumo de carne está generando esta deforestación global catastrófica. La soja que consumen en pienso las vacas españolas (y muchas otras) sale en gran medida de este mismo Brasil que se carboniza: en 2018, este país batió su récord con más de 82 millones de toneladas exportadas de este cultivo , un 22% más que el año anterior. El 80% fue para una China cada vez más carnívora. Pero no hace falta irse tan lejos: España recibe el 40% de su soja de Brasil, según el reciente informe de Greenpeace “Enganchados a la carne“. De hecho, somos el segundo país de la UE que más carne consume, alimentada con piensos que destruyen los bosques.

No deja de ser llamativo que el Gobierno en funciones español haya sido uno de los principales impulsores de un acuerdo comercial de la UE con Mercosur que favorece, precisamente, importaciones agrícolas y ganaderas de países como Brasil y Argentina hacia Europa. También es llamativo su silencio frente al G-7. Los dirigentes de Francia, Irlanda o Luxemburgo ya han dicho que no ratificarán ese acuerdo si Bolsonaro no hace más por proteger la Amazonía.

Otros prefieren el estómago lleno por delante de los pulmones.

Lo irónico es que sin aire que respirar apenas sobrevivimos cinco minutos.

 

 

 

La Sierra de Guadarrama: la ‘piel’ de la Tierra después del fuego


ROSA M. TRISTÁN

7-8-2019.- Aún humea el fuego en el Parque Nacional de Guadarrama y en Rascafría (800 hectáreas arrasadas) y ya comienza el triste balance de lo destruido y de lo que puede acontecer en el futuro. En el balance, los árboles perdidos, los arbustos masacrados, los nidos desaparecidos, los arroyuelos contaminados, la fauna grande que habrá huido y la pequeña que habrá resultado incinerada. En el balance, también, la incapacidad que algunos tienen para relacionar nuestro utópico amor a la naturaleza (así, en general, nadie lo niega) con una actitud altiva frente a ella, que demuestra la reivindicación del derecho a disfrutarla sin respetarla, a explotarla sin respetarla, a vivir en ella o junto a ella sin respetarla. Y, por último, en el balance la sospecha de que será otro incendio-delito impune.

Con los incendios que han quemado más de 55.000 hectáreas en lo que va de año en este reseco y semi-desértico país, se va nuestro tesoro.  Y se va sean árboles o arbustos, nidos de biodiversidad que, como señalan los expertos, permiten que la tierra siga en su sitio evitando un desastre.

Bosque de Rascafría, el pasado sábado, un día antes del incendio. @Esperanza Fuertes

SEO/Birdlife informa de que, por suerte, el grueso de la colonia de buitre negro de la zonas de Rascafría (153 parejas)  y de La Granja segoviana (93 parejas), parece haberse salvado de la quema, salvo alguna excepción. Pero es que a los buitres negros se suman otras 132 especies diferentes de aves, desde águilas reales y halcones peregrinos, pasando por los alcaudones y los mirlos acuáticos, hasta búhos reales o los pequeños gorriones. Y reptiles, anfibios o insectos como la maravillosa mariposa isabelina (Graellsia isabelae), que alcanza los 10 centímetros de tamaño. ¡Y  los peces! Truchas o lamprehuelas (entre otras especies), que no sobrevivirán en las aguas contaminadas con cenizas de arroyos como los del Chorro Grande, las Flores, Morete y Carneros, todos ellos tributarios del río Cambrones.

¿Cuánto tiempo llevará recuperarlo en esas 800 hectáreas de ‘piel arrancada a la Tierra’ que hoy luce de luto? Según los expertos de la organización conservacionista, podría tardarse medio siglo, 50 largos años para volver a tener lo que existía hace apenas unos días rebosante de vida.

Pero el daño no ha sido sólo en la epidermis exterior. También las piedras sufren el daño del fuego, como han querido recordar los investigadores del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Si bien los Lugares de Interés Geológico catalogados en la sierra -en Madrid (desde 1995) y en Segovia (desde 2005)- no han sido afectados gravemente, los geólogos no están tranquilos. Las llamas -que no olvidemos que todo apunta a que fueron provocadas intencionadamente – han dañado y mucho pequeños manantiales fisurales y coluviales (mencionan la subida a Fuente Infante) y han deteriorado relieves en gneises pseudograníticos, como son lanchares, berruecos y peñas.

¿Y qué puede pasar en el futuro? Pues que sin esa piel de verde-vida que recubría el terreno, las lluvias y tormentas generarán procesos geológicos en el futuro entre los que se mencionan la erosión por arroyada en la zona incendiada, con pérdida de suelos fértiles; el arrastre de cenizas y carbones de vegetación a los pequeños cauces que cruzan la sierra que, a su vez,  pueden ver colmatadas sus pozas y azudes; y también, al ser un suelo más impermeable por falta de vegetación, el aumento de la escorrentía y con ella las inundaciones, aunque llueva lo mismo. Además, con menos raíces (aunque sean de pequeños arbustos) es posible que en la granítica zona quemada de la sierra tengan lugar más desprendimientos de esas rocas que llevan ahí, deteriorándose al albur del agua y el viento, más de 500 millones de años.

Imagen del fuego el pasado domingo, desde las cercanías de Guadarrama.

En resumen, si bien afortunadamente el balance de afecciones al patrimonio geológico de este espacio natural es favorable, el impacto de los procesos geológicos activos que pueden desencadenarse producirán daños y perjuicios a corto y medio plazo. Todos estos procesos potencialmente activos deberían ser monitorizados y articularse medidas correctoras y preventivas, para evitar mayores daños futuros.

Parece evidente que todo ello va a requerir un gran esfuerzo de monitorización, recuperación y vigilancia que deberán ser asumidas por las comunidades autónomas que gestionan el Parque Nacional, Madrid (que presidirá Isabel Díaz-Ayuso, PP) y Castilla y León (PP y Ciudadanos). En esta última, por cierto, Medio Ambiente y Fomento (es decir, construcción e infraestructuras)  están en la misma Consejería. A destacar que ni Díaz-Ayuso ni ningún líder del PP o Ciudadanos que se sepa (ni siquiera el senador por Segovia Javier Maroto, reciente ‘residente’ en el cercano municipio de Sotosalbos) se acercaron al lugar del incendio a interesarse por lo que ocurría en la sierra.

 

 

 

Epidemia de grandes ‘charcos’ en Groenlandia


ROSA M. TRISTÁN

Desde hace días, fotos de turistas que pasean por Groenlandia en manga corta hacían presagiar lo peor: una vez más la capa de hielo ártica alcanza límites de deshielo insospechados hace apenas una década. Hace unos días, el 31 de julio, tuvo lugar en la gran isla blanca del hemisferio norte el deshielo más grande registrado en un solo día: hasta el 56% de su superficie blanca perdió al menos un milímetro de hielo. Esa fusión superficial, según el Polar Portal de Dinamarca, que monitoriza la situación vía satélite, han llegado al mar ese día 10.000 millones de toneladas de hielo, cantidad que no incluye la masa generada cuando se desprenden icebergs de los glaciares. Al día siguiente, ayer día 1 de agosto, la situación ha vuelto a repetirse, como indican las estaciones meteorológicas PROMICE, que se han establecido para monitorear los procesos de fusión. Los inmensos ‘charcos’ (en realidad grandes lagos), proliferan por el ‘plateau’ ártico como una plaga. 

El científico danés Jason Box, desde el suroeste de Groenlandia, informa que ha detectado un 1,3 veces más deshielo que en 2010 en el mismo punto y 1,4 veces más que en 2012. Los expertos creían que derretimientos de este tipo sólo se daban cada 150 años. “A medida que el CO2 continúe aumentando, cada paso en la escalera de calor causará una nueva normalidad”, ha señalado Box en sus redes sociales. Podría ser, según Box, el segundo episodio de deshielo más grave desde 1950, tras del de 2012, cuando el 97% de la superficie sufrió deshielo

Muchos son los modelos climáticos que auguran lo que pasará en el planeta con ese deshielo, pero se van quedando obsoletos con una rapidez pasmosa. El último estudio publicado, en junio en Science Advance, por científicos del Geophysical Institute at the University of Alaska Fairbanks , indica que en 200 años el nivel de los océanos podría subir entre 48 centímetros y 1,60 metros sólo por el deshielo de Groenlandia, un espectro tan grande como desolador que aumentan al menos en un 80% las estimaciones previas, que atribuían a Groenlandia un futuro aumento del nivel del mar de 89 centímetros como máximo.

VIDEO: https://twitter.com/i/status/1157015875276464129

El equipo prevé tres escenarios climáticos según la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en los próximos años. En el escenario sin reducción de emisiones, toda la capa de hielo de Groenlandia probablemente se derretirá en un milenio, causando un aumento del nivel del mar de 5 a 7 metros. En el escenario dos, donde las emisiones se estabilizan para fines de siglo, la pérdida de hielo para el año 3000 sería del entre el 26% y el 57% . Y si hay una limitación drástica de las emisiones podría limitarse entre el 8% y el 25% (dos metros de aumento del nivel del mar). Piensen el el mapamundi, e incluso más cerca: piensen en el mapa español e imaginen a qué quedará reducido el territorio habitable. 

Sin embargo, ante esta emergencia climática, el mundo aún discute las reducciones de emisiones contaminantes aprobadas en el Acuerdo de Paris de 2016, con previsiones más favorables que las actuales.

Es más, aumentan la presiones a nivel internacional de gobiernos de grandes países como el de Donald Trump (EEUU) o Jair Bolsonaro (Brasil), negacionistas de lo evidente, como también lo son partidos europeos, como el de Marie Le Pen (Francia), Matteo Salvini (Italia) o Vox (España). Incluiría a políticos del PP , como el alcalde de Madrid, José Luis Rodríguez-Almeida, incapaz de ver la relación entre el uso del transporte privado en grandes ciudades (que no quiere limitar) y los ‘inmensos charcos’ que proliferan por el Ártico.

Y mientras todo esto ocurre, a la vez grandes incendios han asolado este mes de julio el norte de Canadá y Siberia, e incluso en Groenlandia (ver foto inferior) fruto de olas de calor que, por repetidas, son ya tempestades. Es más combustible para el ennegrecimiento de la impoluta nieve que tanto me sorprendió cuando visité Groenlandia hace unos años.