La Antártida amenazada: proteger antes de que sea tarde…


@Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Los científicos, políticos y activistas ambientales de todo el mundo se movilizan estos días en busca de lograr una mayor protección del Océano Antártico. Entre ellos, un grupo de investigadoras de diferentes países, que participaron en las expediciones polares Homeward Bound y que han publicado en Nature un artículo que resume la situación, coincidiendo con el inicio de las reuniones de la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), este año on line, que se celebra este mes de Octubre.

La campaña de presión para conseguir proteger uno de los lugares más prístinos y amenazados del planeta no es nueva, pero sigue siendo necesaria dado que hay gobiernos de países que aún no entienden que sin conservación no hay futuro que valga. Organizaciones como la de Philipe Cousteau, Greenpeace o la americana Pew Environment llevan meses reclamando que los mares antárticos dejen de ser expoliados por la infatigable depredación humana. Basta fijarse en el supermercado de al lado de casa para comprobarlo. Fauna antártica a bajo costo, congelada o en píldoras metidas en cajitas.

Un informe firmado, entre otras investigadoras, por Casssandra Brooks en la revista científica PloSOne, recordaba este mismo año que hay un 12% de ese océano calificado entre las Áreas Marinas Protegidas, pero solo un 4,6% (el Mar de Ross) está libre de capturas. Y todo ello en un lugar donde las masacres se han repetido a lo largo de la historia. En concreto, desde que a finales del siglo XVIII llegaron los primeros foqueros (el escritor y científico Javier Cacho cuenta en ‘Héroes de la Antártida’  que se llegaron a cazar tres millones de focas en siete años) y a finales del siglo XIX lo hicieron los balleneros. Pude ver en Isla Decepción los restos de los grandes depósitos en los que se acumulaba su grasa, hoy ruinas entre las que que pasean ceñudos leones marinos y algunos despistados pingüinos.

Pero si bien esa imagen que aún huele a muerte es pasado, el mismo aroma sigue acechando a la fauna antártica. Y con enemigos poderosos y diversos. Para empezar, ahora las víctimas principales de las capturas no son las simpáticas focas y ballenas, pero si otras fundamentales para su futuro. Se trata de una especie de ‘gamba roja’, el krill, que vive bajo los hielos antárticos marinos y es el alimento de sus vecinas mayores. A su vez, sus excreciones alimentan a otros microorganismos. Es decir, está en la base de toda una cadena tejida a lo largo de millones de años.

Y esa cadena se está rompiendo. Desde luego, por el cambio climático: en febrero de este año, cuando yo andaba por allí, las temperaturas alcanzaron los 20,75°C en la Península Antártica, un récord que fue circunstancial pero que se encuadra dentro de una ‘ola de calor’ con medias superiores a las registradas en los 70 años anteriores. Es más, científicos chilenos han comprobado que también el invierno antártico que acaba de terminar ha sido el más cálido en 30 años, y como consecuencia, la mayoría de los glaciares y el hielo marino retrocede, así que el krill pierde su hogar y se desplaza más hacia el Polo Sur buscando frío; con él va el resto de la fauna en busca de su supervivencia. Y, claro, los buques pesqueros…

Pero es que, además, este crustáceo se ha puesto de moda, como un moderno antioxidante, un  suplemento dietético de omega-3 que se vende en tiendas y webs que promocionan ‘la vida natural’. Y también se utiliza como harina de pescado para alimento de nuestras vacas, pollos y cerdos, aunque pocos ganaderos se preguntan por el origen del pienso. ¿Quién va a imaginarse que con un filete está acabando con la vida de los pingüinos? Sólo en 2019, según el artículo de Nature, se capturaron casi 400.000 toneladas de krill, la tercera captura más grande de la historia, y más del 90% se recogió alrededor de la Península Antártica. Como por el deshielo viaja cada vez más al sur, en su búsqueda, como decía, también van los buques pesqueros, que alcanzan zonas donde se reproducen pingüinos, focas y ballenas. A ello se suman otras especies de peces, sobre cuyas poblaciones pocos datos se han conseguido en tan gélidas aguas, aunque si se sabe que la pesca de merluza antártica (también llamado bacalao austral) es un pingüe negocio, y que de merluza austral o de langostinos australes es masiva. Los dos últimos es fácil encontrarlos en supermercados en España ¡Y en oferta a dos euros el kilo!.

Otra amenaza es el turismo. Según este artículo, más de 74.000 personas visitaron en 2019 la Antártida. En algunos sitios hubo hasta 20.000 visitantes, como Isla Rey Jorge. Incluso hay viajes de ida y vuelta en el día desde Punta Arenas por aquello de hacerse el ‘selfie antártico’. Bien es verdad que el coronavirus está poniendo en crisis estos viajes, que ya se resintieron la temporada pasada y aún lo harán más la siguiente, pero todo puede volver a ser lo que era, así que las autoras recuerdan que los barcos contaminan el océano con microplásticos y aceites y que el ruido de motores de naves y aeronaves es también dañino. Eso cuando no hay accidentes porque entre 1981 y 2011, al menos 19 buques encallaron y vertieron petróleo en aguas antárticas. Debo decir que es difícil olvidar el impacto que me produjo encontrarme plásticos mientras paseaba por la costa entre elefantes marinos en Isla Livingston. Los habían llevado las corrientes.

Bien es verdad que hay una Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO), que restringe el número de visitantes, pero también lo es que llegan cada vez más veleros descontrolados, que no son de IAATO y para los que no hay normas obligatorias.

En el recuento de daños, no se obvian los impactos que genera el propio mundillo científico, demasiado concentrado en unas zonas. De hecho, en la Península Antártica tienen bases científicas 18 países, incluido España, en dos islas de las Shetland del Sur, y no todo el mundo es igual de respetuoso con el medio ambiente. A destacar, el impacto de los aviones que llegan a Rey Jorge y los edificios bien cimentados que desplazan a flora y fauna, pero también los residuos que se dejan en forma de hidrocarburos, metales, retardadores de fuego o contaminación microbiana de las aguas residuales. Debo añadir que en Isla Rey Jorge me sorprendió mucho ver tirados por el campo hierros retorcidos, alambres y aparatos herrumbrosos, dejados ahí por algún desaprensivo grupo de investigadores. Son pocos los que actúan así, pero haberlos, haylos.

Critican, además, casos como el de la espectacular y gigantesca base brasileña Comandante Ferraz, que se quemó y se ha reconstruido con el doble de su tamaño original; también la nueva española, Juan Carlos I, es mayor, pero está sobre pilotes. Además, recuerdan que Australia planea construir una pista asfaltada de 2,7 kilómetros en la Antártida Oriental. Y que China está construyendo otra estación de investigación en la bahía Terra Nova Bay, la quinta en el continente de este país, precisamente junto al único santuario, el Mar de Ross. Una base para 80 personas, justo en el lugar más protegido, que por cierto en su día no querían proteger.

Con este panorama, la propuesta en discusión estos días es aumentar en tres las Areas Marinas Protegidas (MAP, en inglés). Actualmente, está el mencionado santuario del Mar de Ross, desde 2016 (con 1,55 millones de km2) y hay otra reserva al norte de las Islas Orcadas del Sur (desde 2009, con 94.000 km2) . Ahora se quieren sumar una reserva en torno a la Península Antártica, otra más en el Mar de Wedell y la tercera en la Antártida Oriental . “Va a ser difícil que se aprueben las tres, pero es fundamental que se consiga proteger al menos el área de la Península Antártida”, explica Ana Payo, una de las dos científicas españolas firmantes en Nature. Se refiere a un área de 670.000 kms que se divide en dos zonas. En la del norte, se permitiría pescar cupos de krill, pero no en la del sur, que sería otro santuario. Con ello, estiman que el número de ballenas subiría en torno a un 5% y el de pingüinos en un 10%. También proponen que no se revisen estos límites cada 35 años, como ahora, sino cada 70 años.

La cuestión es que se va el tiempo… Sólo las negociaciones para proteger el Mar de Ross llevaron cinco largos años de tira y afloja y, recuerdan, en la CCAMLR hay “algunos miembros que ignoran la ciencia y niegan las amenazas a la vida silvestre y el cambio climático, un movimiento totalmente político”. Es la forma diplomática de mencionar a China y a Rusia, los más reticentes. Lo malo es que sin unanimidad, no habrá acuerdo.

Pingüinera en Isla Decepción. @Rosa M. Tristán

Por cierto que  defienden que la tierra antártica requiere mejorar también su protección más allá de lo que ya establece el Tratado Antártico. Ahora lo está un escaso 1,5% de la tierra libre de hielo (el 0,005% del área continental total), cuando la Convención por la Diversidad Biológica indica que debería protegerse el 17% del total.

En todo caso, la reunión en marcha de la Comisión se refiere al mar y este año, bajo presidencia española, no lo tiene fácil. Como es ‘on line’, no habrá oportunidad de negociaciones y encuentros en cócteles y cenas, donde tantas veces se dirimen estas cuestiones… Aún así, hay esperanzas de convencer a los países reticentes. La ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ya considera un éxito que se haya mantenido el tema en la agenda. “No será fácil pero continuaremos trabajando duro para lograr un consenso. Europa, América Latina, Australia, Rusia y China son claves para un resultado.. La Antártida y el Océano Austral están en primera línea de los impactos del cambio climático y es hora de aumentar la resiliencia de la Antártida“, comentaba hace pocos días en Twitter. “Sería un gran legado que bajo la presidencia española se consiguiera incluir al menos una de las áreas propuestas, la Península Antártica. Ojalá se consiga ya, antes de que sea demasiado tarde“, concluye la oceanógrafa Ana Payo. La otra española firmante es Marga Gual Soler.

Los residuos electrónicos, un virus con tratamiento


ROSA M. TRISTÁN

Televisores, batidoras, viejos ordenadores… Hace escasos días en una ciudad costera y levantina pude observar cómo el reciclaje de la electrónica en algunos lugares aún deja mucho que desear. Hace años que la Fundación Ecolec organiza la recogida, el tratamiento y la eliminación de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en todo el país, pero a nadie escapa que hay agujeros negros en lugares donde, como también he comprobado, resulta todavía una odisea dar el primer paso para evitar que esta basura peligrosa acabe en un vertedero incontrolado. En el caso de Torrevieja, encontrar el teléfono del punto limpio o de la empresa que era responsable de su recogida, en este caso Acciona, puede . Al final, en mi caso, tras marearme en el Ayuntamiento de un lado a otro, conseguí el número en Información Turística. Muy surrealista…

Uno de los jóvenes recicladores de Bangladesh, participantes en el trabajo del IDAEA-CSIC.

Quisiera pensar que son pocos los casos de desperdicios electrónicos en las calles, pero es evidente que aún falta mucho por hacer. Estamos en un país en el que se generan anualmente más de un millón de toneladas de basura electrónica, según datos de estudios oficiales. De ellas, 750.000 se podrían reciclar. Según los últimos datos de Ecolec, en los seis primeros meses de este año han recogido 50.162 toneladas, que son casi 7.000 menos que el año anterior (un 12% menos). Es evidente que una razón es que se  han vendido menos productos porque las tiendas han estado cerradas, pero también es verdad que cerraron los puntos limpios en muchos lugares durante el Estado de Alarma.  Entre Madrid, Andalucía y Cataluña suponen, según sus datos, el 43% del total de esa recogida, menos de lo que les correspondería por su población (las tres autonomía aglutinan casi al 48% de los residentes en España). Les sigue la Comunidad Valenciana.

Volviendo a Torrevieja, un ejemplo paradigmático de la falta de control ambiental es lo habitual que resulta ver ‘recicladores informales’ que con sus furgonetas van recogiendo acá y allá residuos de las calles. ¿Adónde acaban? Conviene no olvidar que, según datos de Naciones Unidas, cada año unas 352.470 toneladas de desechos electrónicos viajan desde Europa a países en vías de desarrollo de África y Asia, fundamentalmente. A nivel mundial, se estima que la mitad de todo ello acaba len zonas de pobreza extrema. El informe internacional detalla que esta basura viaja desde nuestro mundo al suyo en coches de segunda mano o ‘disimulado’ como material para utilizar en países y bajar la brecha digital, aunque la realidad es que son totalmente inservibles y allí se desmontan para sacar el oro u otros minerales valiosos, en condiciones insalubres.

Es un  ‘negocio’ que no sólo tiene un grave impacto ambiental, sino también un elevado riesgo para la salud de quienes lo reciclan sin ninguna medida de seguridad. Así lo ha confirmado un estudio publicado recientemente en la revista ‘Science of The Total Environment’ por un grupo de científicos de varios países, entre los que estaba Ethel Eljarrat, del IDEAE-CSIC. “Durante el desmantelamiento de esos aparatos se generan residuos que contienen componentes peligrosos y muy contaminantes; es el caso de ciertos aditivos químicos de los plásticos, retardantes de llama y metales pesados, como el plomo, mercurio o cromo. Para la mayoría de estos compuestos no se cuenta con un control de reciclado adecuado, con el daño que supone para el medio ambiente y la salud humana”, explica Eljarrat.

En su investigación se centraron en el trabajo de 15 recicladores de Bangladesh, en Dhaka. El trabajo revela que encontraron en sus camisetas y pulseras hasta 23 compuestos químicos que se usan en aislamiento de cables, carcasas de plástico, paneles LCD y tableros de circuitos de equipos eléctricos y electrónicos. Incluso tenían el difeniléter prolibromado, un retardante de llama prohibido internacionalmente por la Convención de Estocolmo, pero que aún esta´en equipos antiguos. “Algunos estudios nos dicen que son compuestos cancerígenos y neurotóxicos, así que está claro que su reciclaje es peligroso cuando no se hace en las condiciones de seguridad adecuadas. Incluso en plantas de reciclaje de Canadá se han detectado porque son espacios cerrados, donde el riesgo es alto, pero cuando los trabajadores van con mascarilla no pasa nada. El problema es que estos residuos llegan a lugares donde no existen esas medidas y la realidad es que seguimos exportando una gran parte de estos desperdicios”, asegura Eljarrat.

Una vez en países como Bangladesh, Nigeria o Sierra Leona, además, se contrata a niños de 14 años o menos porque resulta que sus manos son más pequeñas para desmontar las minúsculas piezas de la electrónica actual; son menores que enferman al mismo ritmo que aquí consumimos televisores, móviles o aires acondicionados.

Desde la Fundación Ecolec lanzan campañas para conseguir que más establecimientos recojan lo viejo y estropeado en cada nueva compra y que más municipios entren en el sistema… pero demasiadas toneladas aún andan sueltas.

Mientras los municipios no pongan las cosas fáciles y mientras la ciudadanía no sea penalizada por tirar basuras fuera de los puntos blancos oficiales, es una epidemia que seguirá infectando el mundo. Y hay tratamiento y vacuna.

 

 

Objetivo: Crear el ‘Santuario de las Abejas’


Alvaro Marcos Martín con sus colmenas.

ROSA M. TRISTÁN

Cuenta la historia que en excavaciones egipcias con más de 2.000 años han sido encontradas muestras de miel perfectamente conservadas en vasijas. Incluso hay pinturas rupestres de hace más de 5.000 años en las que quedó registrada la utilización de la miel, tal como la siguen consumiendo numerosos pueblos indígenas en la Tierra. Los mursi de Etiopía, por ejemplo, la recolectan de panales hechos de troncos que cuelgan de las acacias espinosas de las tierras del sur por las que descansan los leones. Es una escena del presente que nos lleva al pasado, y eso es lo que quiere hacer el joven apicultor Alvaro Marcos Martín, que busca recuperar esa práctica ancestral y aún viva para ayudar a unos inteligentes y hacendosos insectos que están en crisis.

La contaminación, la proliferación de plagas y patógenos, como la varroa, la llegada del ‘avispón asiático’, los insecticidas… Las pequeñas abejas, polinizadoras ‘estrella’ del planeta, tienen demasiados enemigos y detrás casi todos se oculta el ser humano. Hace tiempo ya que la ciencia viene alertando de que casi el 10% están desaparecidas y también de que no podremos vivir en un planeta sin ellas. Alvaro, que lleva ya ocho años de apicultor ecológico y tiene unas 200 colmenas, las ha visto morir muchas veces. Por ello, ha decidido crear ‘un santuario’ en el que estén plenamente integradas en su entorno natural. Será un espacio en la Sierra Norte de Madrid desde donde investigar y hacer educación ambiental sobre tan pequeño y necesario ser vivo. “Con el tiempo he aprendido que las colmenas cuadradas de madera y metal les generan estrés. Además, no se les deja suficiente miel para tener una vida tranquila en invierno, les faltan nutrientes y todo ello les afecta. En este ‘santuario’ se trata de volver a la apicultura artesanal y natural para mejorar su bienestar y poder comparar su estado con las colmenas habituales. Determinar qué es lo mejor para ellas”, explica Alvaro.

Para conseguir los fondos que necesita, como mínimo 9.780 euros (pero lo óptimo son 13.780 euros) , acaba de lanzar una campaña de crowdfunding en la plataforma Goteo.org, gracias a la cual espera poder ver cumplido el sueño de su santuario con al menos 60 colmenas-tronco, o ‘dujos’, que es como se llaman en el norte de España. Esos fondos también servirán para alquilar la finca en Rascafría (Sierra de Madrid), en un lugar a resguardo de productos químicos y otras interferencias, para ponerles un techado que proteja los ‘dujos’ durante el invierno y, por supuesto, para comprar los 60 enjambres. “Se que la producción, totalmente ecológica, será mínima y tardará, porque al menos les llevará un año construir ‘su casa’ en el tronco, pero mi objetivo no es sacar producción, sino ver qué pasa cuando están en colmenas naturales como antes, tranquilas. En un intento experimental con troncos, ya comprobó que las abejas tienen más fuerza para matar a los ácaros y se protegen mejor de la varroa”, explica.

Alvaro aprendió la técnica hace años de un apicultor ecológico que lleva muchos años en el negocio en Palencia, Aurelio González. Especializado ahora en la producción de jalea real, tiene su propio negocio, especializado en la jalea real, el alimento de la abeja reina. Se llama  EntreAbejas. Como no le falta experiencia, sabe bien que la paciencia es clave apicultura.  “La realidad es que la falta de conocimiento sobre un animal tan sensible como la abeja y la lógica ansiedad por aumentar la producción en un mundo consumista, nos ha llevado a generar mucho  estrés a las abejas y eso está detrás también de su alta mortandad”, asegura. En realidad ¿cómo no estresarse si por un kilo de miel una abeja debe hacer  200.000 vuelos?

Según su experiencia, ese ‘estrés’ en un insecto con un millón de neuronas no es natural:  “Para empezar, la poca ventilación de las colmenas cuadradas, hace que dentro lleguen a sufrir un intenso calor; tampoco les favorece que se les suministre azúcares para estimular la producción porque empeoran su alimentación y acortan su vida; además, hay una manipulación excesiva que rompe el equilibrio de las colmenas y a menudo se recolecta la miel en otoño, dejándolas con pocas reservas para el frío. Si además les orientan los panales y la cera, cuando ellas lo hacen muy bien, y no les dejan seleccionar a su reina, aumenta su debilidad”, argumenta. En su ‘santuario’, asegura, serán totalmente libres.

En el crowdfunding se puede participar desde 10 euros, pero con 20 euros ya tienes derecho a recibir más de un kilo de esa miel, que tardará en llegar pero será muy especial. También se puede participar en la reforestación de la finca con árboles melíferos autóctonos que suministren alimento a las abejas, en  jornadas de divulgación que tiene previsto organizar, visitas guiadas para familias y colegios o disfrutando de cursos y talleres sobre apicultura ecológica y artesanal, de la que sabe mucho. “Se trata de difundir la situación de las abejas y lograr que si esta técnica funciona, pueda recuperarse y con ellas tengamos abejas más fuertes frente a las amenazas a las que se enfrentan”, asegura.

Lo dicho, para ayudar a crear este Santuario de las Abejas, puedes hacer una aportación en GOTEO.ORG.

 

200 científicos revelan que la Amazonía y otros bosques tropicales se secan


ROSA M. TRISTÁN

Hay unos umbrales para los seres vivos más allá de los cuales la vida es imposible. Y no hay retorno posible. Ese es el punto al que están llegando los bosques tropicales debido a unas temperaturas máximas diarias que ya están situándose por encima de los 32,2ºC, según un reciente estudio publicado en la revista ‘Science’ , en el que han participado 178 instituciones de todo el mundo. A esas temperaturas, aseguran casi 200 investigadores de cuatro continentes, los árboles pierden el carbono que almacenan más rápidamente, no ya porque a más calor más riesgo de incendios, que también, sino por la propia fisiología de una vegetación que evolucionó en zonas donde las olas de calor eran esporádicas y las lluvias más continuas.

Los científicos que publicaban estas conclusiones señalan la urgencia de tomar medidas inmediatas para conservar estos bosques tropicales y estabilizar el clima global. Y lo explicaban así: el dióxido de carbono, como sabemos gas de efecto invernadero, es absorbido por los árboles a medida que crecen y se va almacenando como madera. Pero cuando se calientan demasiado y se secan (como cualquier planta) van cerrando los poros de sus hojas para ahorrar agua, algo que han comprobado que les impide absorber más carbono. Al morir, vuelven a liberar ese carbono almacenado a la atmósfera. Un dato a no olvidar es que los bosques tropicales contienen aproximadamente el 40% de todo el carbono almacenado por las plantas terrestres.

Vista aérea del bosque tropical en la Isla Barro, Panama. @Smithsonian Tropical Research Institute

Para este estudio, los investigadores midieron la capacidad que tienen a gran escala porque  “crecen en una amplia gama de condiciones climáticas”, según explica Stuart Davies, director de los Observatorios de la Tierra Global del Bosque del Smithsonian (ForestGEO), una red mundial en la que participan 70 espacios de 27 países para realizar estudios forestales. En esta investigación participan, además,científicos de Brasil, Ghana, Liberia, Congo, Colombia, Venezuela… “Queríamos evaluar su resistencia y sus respuestas a los cambios en las temperaturas y explorar las implicaciones de las condiciones térmicas, lo que es algo muy novedoso”, señala Davies, del Instituto Smithsonian. 

En la actualidad, el almacenamiento de carbono en los árboles en casi 600 lugares en todo el mundo se conoce gracias a diferentes iniciativas de monitoreo, como RAINFOR, AfriTRON, T-FORCES y la mencionada ForestGEO. En este caso, con el equipo de investigación dirigido por Martin Sullivan de la Universidad de Leeds y la de Manchester, primer firmante del trabajo, se monitorearon más de medio millón de árboles de 10.000 especies en un total de 813 áreas de bosques tropicales. En total, hicieron más de dos millones de mediciones del diámetro de estos árboles en 24 países distintos. 

En su análisis posterior, detectaron grandes diferencias en la cantidad de carbono almacenado por los bosques tropicales en América del Sur, África, Asia y Australia. Los de Sudamérica, fundamentalmente la Amazonía, según sus conclusiones almacenan menos carbono que los bosques del Viejo Mundo, tal vez debido a las diferencias evolutivas en las especies de árboles. También encontraron que los dos factores que predicen cuánto carbono pierden los bosques son la temperatura máxima diaria a la que están sometidos y la cantidad de lluvia que reciben en las épocas más secas del año. La buena noticia es que estos bosques siguen almacenando altos niveles de carbono aún cuando hace calor y que se pueden adaptar a las altas temperaturas, pero la mala es que tienen un umbral crítico de tolerancia, que es un máximo de 32ºC durante el día. El aumento de la temperatura en las noches lo llevan mejor…

Como explican en ‘Science’, a medida que las temperaturas alcanzan los 32,2ºC, liberan el carbono que almacenan mucho más rápido. Y predicen, además, que los bosques de América del Sur serán los más afectados por si no frenamos el calentamiento global porque, de hecho, las temperaturas allí ya son más altas que en otros continentes y las proyecciones de futuro también son más altas para esta región. Steve Paton, director del programa de monitoreo físico de STRI, señala que en 2019 ya hubo 32 días con temperaturas máximas de más de 32º en una estación meteorológica en Panamá y un primer vistazo a sus datos indica que los días excepcionalmente calurosos se están volviendo más comunes.

¿Y qué puede pasar? Pues, por un lado, el aumento de carbono en la atmósfera puede exacerbar el calentamiento pero, por otro, los bosques podrían adaptarse a temperaturas más altas, es decir, podría pasar que las especies de árboles que no pueden soportar el calor mueran y sean reemplazadas gradualmente por otras más tolerantes. Lo que pasa es que eso puede llevar varias generaciones humanas y no tenemos tiempo para tanto. Además, habría que mantener los bosques intactos, cuando estamos en la senda de la deforestación y los incendios.

El autor principal de este gran estudio global, Martin Sullivan, insiste sobre el hecho de que los bosques tropicales “son sorprendentemente resistentes a pequeñas diferencias de temperatura” y que podrían continuar almacenando una gran cantidad de carbono en un mundo más cálido, pero también en que eso pasa porque tengan tiempo para adaptarse y, sobre todo, no alcanzar esa frontera de los 32ºC, algo a lo que parece que se acercan cada día un poco más: “Si llegamos a temperaturas promedio globales de 2°C por encima de los niveles preindustriales, casi tres cuartas partes de los bosques tropicales estarían por encima de ese umbral y cualquier aumento adicional conduciría a pérdidas rápidas del carbono forestal que acumulan”, augura. La cuenta para la vida en la Tierra sería muy negativa: el carbono que liberarían los bosques a la atmósfera por la muerte y descomposición de los árboles sería mucho mayor que el que captan por su crecimiento.

Para Jefferson Hall, también coautor del trabajo y director del Proyecto Agua Salud del Smithsonian en Panamá, la solución pasa por conservar y por encontrar nuevas formas de restaurar la tierra ya degradada, como es plantar especies de árboles que ayuden a que los bosques tropicales sean más resistentes a las realidades del siglo XXI. Es lo que se hace desde este proyecto que busca especies nativas que pueden utilizarse para administrar el agua, almacenar carbono y promover la conservación de la biodiversidad en ese punto crítico que es Panamá, donde se conectan América del Norte y del Sur. Curiosamente, por culpa del COVID-19, se ha suspendido por primera vez en 40 años el monitoreo de su estación de investigación en la isla panameña de Barro Colorado.

Desde Brasil, Beatriz Marimon, de la Universidad Estatal de Mato Grosso, destaca que “cada aumento de un solo grado por encima de este umbral de 32ºC  libera cuatro veces más dióxido de carbono que el que se hubiera liberado por debajo del umbral” y lanza un mensaje sobre la imperiosa necesidad de “proteger y conectar los bosques que quedan”. Lo hace desde un país amazónico donde últimamente la deforestación ha aumentado su ritmo de destrucción un 54% en sólo 10 meses y donde el fuego ya campa a sus anchas. 

“Primavera con una esquina rota”, un vídeo para el recuerdo


Se estrena un vídeo colectivo con imágenes de la naturaleza durante el confinamiento en todo el mundo

Diagrama Producciones acaba de estrenar en las redes sociales y con acceso libre su última producción, con el título de ‘Primavera con una esquina rota’, en referencia al poema del escritor uruguayo Mario Benedetti, que pretende ser un canto poético al resurgir de la naturaleza durante el confinamiento de esta primavera y a una llamada a la generación que lo ha vivido desde la niñez y la juventud.

El vídeo, de 10 minutos de duración, ha sido realizado con aportaciones de cientos de grabaciones realizadas con cámaras de móviles alrededor el mundo por un centenar de personas. La idea original de ‘Primavera con una esquina rota’ es del director y productor de documentales Miguel Angel Nieto, que tiene en su haber numerosos premios por sus producciones, y surgió tras ver cómo las redes sociales se inundaban de imágenes en las que los cielos lucían transparentes, las calles silenciosas, la fauna se adueñaba de espacios de los que habían sido desplazados… Pero también aquellos que nos mostraban cómo en los hospitales y morgues se acumulaba el dolor humano, la metafórica ‘esquina rota’ en el renacer de una vida que en esta primavera se ha hecho más patente que nunca en este siglo.

Durante cuatro semanas, Diagrama Producciones, con la colaboración de Rosa M. Tristán (co-guionista) lanzó la petición pública para recibir imágenes de cómo se veía esa primavera desde las ventanas, los jardines y balcones y comenzó a recibirlas de todo el mundo, en más de una veintena de países de cuatro continentes: muchos provenían de rincones naturales de España libres de presencia humana. También las hay de Taipei, Estambul, Paris, Nueva York, Washington, Boston, Bloomington, Minneapolis, Buenos Aires, Lisboa, Oporto, Ciudad del Cabo, Tanzania, Senegal, Roma, Bologna, Moscú, Krasnodar, Stepanakert (Nagorno Karabaj), Yerevan (Armenia), Ciudad de México, Los Ángeles, Alemania, Tokio, etcétera.

Todas las imágenes y la música han sido cedidas gratuitamente a la productora y también todos los derechos de autor que se devengan del vídeo serán destinados a la Fundación Española de Cooperación sanitaria, una organización solidaria que dedicada a la atención en países en desarrollo, que tanto apoyo necesitan en estos momentos. El guión se ha centrado en textos escogidos de Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Claribel Alegría, leídos por ellos mismos, pero también de Albert Camus o Pedro Salinas, entre otros, buscan reflejar, gracias a su poesía, esos sentimientos y emociones que han acompañado a millones de personas.

Según su productor y realizador, Miguel Ángel Nieto, “se trata de dejar un mensaje a las generaciones de los niños y jóvenes que han vivido esta situación excepcional, transmitirles que ellos son el relevo para el resurgir de la vida en este planeta porque esta primavera ha dejado claro que es posible” .

Para más información dejar COMENTARIO en este artículo y nos pondremos en contacto.

 

SOS: el virus corona-sapiens se extiende


 

Mapa de incendios en la Amazonía en 2019. @INPE

ROSA M. TRISTÁN

Durante días y días, desde las ventanas de casa, desde la azotea, pero también en las imágenes que inundaban mis redes sociales, observé, como tantos y tantas, que la naturaleza urbana, se limpiaba a pasos agigantados del virus humano. Durante semanas absorbí ese resurgir de la vida en una gran ciudad y atendí a cuantos mensajes llegaban de que era el momento de hacer un punto y aparte y comenzar a pensar como sociedad, y no solamente en los círculos concéntricos de siempre, que otro mundo es posible, pero ya con la certeza de haber visto el cambio.

Esos días de confinamiento extremo escuché a muchos científicos que, como Fernando Valladares, nos dejaban claro que la pandemia no vino sola, sino que salimos en su busca  a fuerza de destruir la biodiversidad de la Tierra, de ocupar espacios que no eran nuestros, de no hacer caso a las señales de alarma… Es verdad que estos científicos han tenido un espacio ínfimo entre tanta información como los periodistas y medios hemos dedicado al COVID-19. Desde One Ocean (Reino Unido) me envían cada semana un informe global de medios en los que he ido comprobando cómo en abril, a nivel global, el medio ambiente tenía una presencia hermosa, centrado en el resurgir de la vida, que ha ido perdiendo a lo largo de las últimas semanas.

Río Manzanares, tramo renaturalizado. @Rosa M. Tristán

En pocas jornadas, hemos dejado de hablar de las oportunidades del parón (provocado por una tragedia) para repensar el modelo económico, de la fascinación de ver ciervos por las calles y escuchar el silencio… Y algunas personas, creo que no las suficientes, comenzamos a intuir que el futuro va a ir por otros derroteros que huelen a rancio, que por más que queramos ser optimistas y hablar soluciones factibles, el mismo saco se abre bajo los pies: el esclavismo del consumo para seguir en movimiento… Como si no hubiera un mañana.

El primer desasosiego comencé a sentirlo en el estómago cuando escuchaba las recomendaciones de utilizar transporte privado, de usar más objetos de usar y tirar para protegernos, del consumo de alimentos envasados en plásticos… En definitiva, de una ‘nueva normalidad’ que se centraba en distanciamiento social entre las personas, pero no en el distanciamiento de un sistema que no piensa que habitamos un mundo finito. Luego, ese desasosiego se me fue extendiendo por el cuerpo con las noticias que llegaban de Estados Unidos y hablaban del desmantelamiento de las leyes que recortan emisiones contaminante; o China, el país que primero ha salido de la crisis del COVID-19, que recuperaba rápidamente sus niveles de contaminación anteriores a la pandemia (pronto ocurrirá aquí) o que en Colombia se dejaba la puerta abierta a extraer hidrocarbunos de la Amazonía que les toca.

Indios amazónicos en Brasil. Foto cedida por @Sydney Possuelo.

Y así, mientras estábamos encerrados y escuchábamos embelesados los pájaros, resulta que en esa misma Amazonía, pero en Brasil, el río se convertía en vía de contagio para pueblos indígenas que podrían desaparecer en un visto y no visto porque no se han tomado ninguna medida para evitarlo, y a la vez aumentaba (y aumenta) la deforestación, aprovechándose del descontrol: ha habido en marzo casi un 30% más de alertas según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de este país (un 51% más que en tres meses que en el mismo periodo en 2019). Y en el centro de África, los furtivos se aprovechaban para masacrar fauna salvaje porque no hay turistas y tampoco dinero para tener guardas forestales. Lo leía y la inquietud se hacía cada vez más grande ante ese virus mortífero de la biodiversidad global que igual asesina que cambia el clima de todo un planeta. Por cierto, que desde Groenlandia y Siberia, los científicos avisaban también en ese confinamiento sin fin de que hay señales de que este año se avecina otro deshielo espectacular, justamente el mismo año en el que hubo una ‘ola de calor’ en la Antártida, que por cierto coincidió con mi viaje y que puede ser puntual, pero es la primera.

Claro que si miramos al panorama nacional, el desasosiego ya me sale por los poros hasta con la mascarilla puesta, tal es el olor a cemento que me llega. Bien es verdad que por fin se ha aprobado la Ley de Cambio Climático que deberá marcar la pauta, si, aunque ello conlleve el cierre de fábricas de coches que no se adapten al cambio (y digo yo que no será porque no han tenido tiempo), pero sinceramente no parece que sea suficiente para la que, ojalá me equivoque, se avecina.

Río Manzanares, también en tramo renaturalizado. @Rosa M. Tristán

Y es que en cuatro días, como quien dice, muchas comunidades autónomas han decidido que para salir de la crisis no les vienen bien las propuestas más sostenibles, y querría recordar en ese punto el informe que ha presentado WWF sobre empleo verde, sino que es mejor lanzarse a degüello contra el medio ambiente para su ‘nueva normalidad’, que a mi me apesta a rancia y vieja: es decir, a construir y construir, que no es sino destruir . ¿Para qué vamos a darle vueltas a eso del empleo verde, o la necesidad de reforzar el sector de los cuidados, especialmente de los ancianos, o promover la investigación o apostar por la agroecología? Paparruchas frente a un ladrillazo, que deja pingües beneficios a grandes empresas.

Así que en Madrid, el Gobierno autonómico ya han dicho que liberará suelo y que relajará else asunto de las licencias urbanísticas, todo un estorbo. En Murcia, más de lo mismo, con reformas en un visto y no visto de la Ley de Puertos, la Ley del Suelo, la Ley de Vivienda y la Ley de Protección Ambiental Integrada, algo que ya han  denunciado las cinco ONGs ambientalistas. Es más, de propina otro decreto permite aumentar un 25% los vertidos en tierra y mar. Imaginen cómo quedará el Mar Menor, que conocí como un paraíso y hoy da verdadero repelús. ¿Y qué me dicen de la eliminación de trabas burocráticas para promotores inmobiliarios en Andalucía? Claro, que en Extremadura también ha entrado en vigor el día 25 de Mayo un Decreto Ley que ‘flexibiliza’ mucho el asunto del cemento en aras del progreso económico.

Pero me faltaba el remate, en lo local y cercano, lo de al lado de casa… Por si alguna duda me quedaba de que este virus no hay vacuna que lo cure, cuando por fin pude salir a pasear, primero me encontré el suelo sembrado aquí y allá de guantes y mascarillas… Y días después, ya en Madrid Río, a orillas del Manzanares, con el derribo de un estadio que, a simple vista, me ha dejado sin palabras: Cascotes y cristales cayendo sobre los patos a cascoporro. Como soy malpensada, intuyo en el desastre las prisas por acabar antes de que los ciudadanos pudiéramos asomarnos a ver lo que ocurría, por comenzar a construir los pisos de lujo que veremos crecer en breve. ¿Culpables? La empresa, si, pero sobre todo las autoridades que debieran haberlos controlado. Una desafección así ante un espacio natural tan singular y cercano me dice que la infección de este virus humano está lejos de ‘aplanar la curva’.

Vamos de cabeza a la siguiente gran epidemia y con los ojos cerrados. Y dadas las características del virus que la provoca sólo puedo denominarla corona-sapiens. Como veis, el corona-sapiens tiene unas características muy definidas: se transmite en la distancia, incluso a miles de kilómetros hasta llegar a los polos, se contagia tanto a fauna como a flora, incluso a microorganismos que crecen a su amparo para dañarlo, destruye la calidad del aire y infecta las aguas de ríos, mares, lagos, incluso las subterráneas. Tiene mutaciones ‘multirresistentes’ a cualquier intento de control. Se conocen tratamiento eficaces y vacuna, pero no se utilizan.

POSTDATA: Aún así, desasosegada, y bastante deprimida con todo ello, comparto con algunos mensajes recibidos que no hay que tirar la toalla. Que hay esperanza porque no todos los humanos somos de la especie corona-sapiens y que los hay resistentes a ese virus destructor. Y como muestra, ahí están las movilizaciones de los jóvenes por el clima, las muchas iniciativas locales que como hormiguitas socavan sus defensas, las ongs ambientalistas y esa ciudadanía que tiene claro el rumbo y es consciente de que es importante saber a quien se vota cuando se vota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nostalgia de una ‘misión’ antártica


 

ROSA M. TRISTÁN

Cuando dejaba atrás la Antártida y, lentamente, los icebergs fueron desapareciendo de mi vista no imaginaba cuánto echaría de menos ese espacio en el que todo es grandioso, indomablemente salvaje. La mano invisible de nuestra especie está también ahí, echando un maleficio que viene cargado de destrucción y muerte para quien allí habitan, pero lo que llena los ojos y todos los sentidos es la belleza. En estado puro. Hoy, confinada, con el solo respiro de una pequeña terraza, la nostalgia por lo vivido a veces se presenta como un torbellino.

Esa nostalgia viene a acompañada de dos sentimientos contrapuestos que luchan entre si: el entusiasmo por haber conocido un pedazo más de este asombroso hogar que es nuestra Tierra y haberlo hecho de la mano de quienes mejor lo conocen, y la tristeza de comprobar que ni siquiera una amenaza contundente y mortal a nuestra propia vida como es el coronavirus, provocado por nuestra estupidez humana, puede hacernos cambiar el rumbo. Y me pregunto… ¿Qué pasará si volvemos a usar coches privados para todo? ¿Habrá un repunte del uso de plásticos por un aumento de objetos de usar y tirar? ¿Volvemos a la tentación de invertir en construcción (en Madrid) o en turismo (el campo de golf de Nerja) que aumentará el desastre ambiental? ¿Nos olvidaremos de limpiar la casa que ahora nos parece más limpia en aras de un modelo económico que regresará al absurdo del crecimiento infinito?

Os quería compartir aquí, en el Laboratorio para Sapiens, el artículo publicado el domingo día 26 en EL PAÍS SEMANAL. MISIÓN ANTÁRTICA: SALVAR LA TIERRA. Os aconsejo escuchar el podcast y ver el vídeo que lo acompaña de Pepe Molina. Y sobre todo disfrutar con las fotos de Fernando Moreles, todo un artista de la cámara.  Y me gusta el título, que yo no escogí, porque estoy convencida de que para salvar la Tierra primero hay que conocer al detalle qué es lo que allí está ocurriendo, algo que no sería posible si no fuera por los científicos, técnicos y militares, miles en estos 33 años, que participan en las campañas antárticas. Convivir con algunos de ellos, comprender las dificultades a las que se enfrentan, compartir los riesgos, que los hay, y sobre todo ‘absorber’ su conocimiento es algo que no tiene precio. Me pesa no haber podido mencionar los trabajos de todos y cada uno de ellos en el reportaje, pero eran tantos…. ¡Es algo que da para un libro! No me extraña que otros colegas, como Valentín Carrera, hayan terminado escribiéndolos. Yo lo estoy pensando…

Porque, al final, ahí están sus resultados. Como todo en la ciencia, lentos pero contundentes. Estos días de atrás me dejaba perpleja la inmediatez que desde la sociedad se exigía a los investigadores del SARS-CoV19.  Me llegaban comentarios del tipo: necesitamos ya una vacuna, debemos tener test fiables al 100% o ¿qué pasa con los tratamientos?. Pero también veo que ahora ya comenzamos a comprender que este es un trabajo que lleva su tiempo porque no se basa en la magia, ni en creencias religiosas. Se basa en datos que hay que corroborar muchas veces. En el caso de la ciencia antártica además, implica un compromiso personal muy grande: dejar a la familia durante meses, realizar un viaje de casi 14.000 kilómetros del que no puedes volver fácilmente, trabajar a destajo de la mañana a la noche para aprovechar al máximo el tiempo compartido en tan asombroso lugar…

A cambio, la belleza.

Parémonos a reflexionar: basta ya de apoyar a quienes la destruyen, basta de escuchar a quienes en su inconsciencia premeditada nos condenan a un mundo sin futuro habitado por una humanidad sin abrazos.

Posdata:

En este mismo blog encontraréis el DIARIO)

En #SOMOSANTÁRTIDA de El País, muchos artículos por proyectos.

 

 

 

 

 

Supercomputación para prever el impacto de un desastre


Volcán islandés Grimsvötn en erupción.

ROSA M. TRISTÁN

¿Es posible detectar con tiempo una catástrofe natural y evitar, en lo posible, su impacto? ¿Y qué utilidad puede tener en el caso de una pandemia como la provocada por el SARS-COV-2, que no supimos ver, pese a las alertas que lanzaron hace tiempo algunos científicos? Esas son dos preguntas a las que una pequeña empresa española, Mitiga Solutions, una ‘spin off’ surgida en la Universidad Autónoma de Barcelona, está dando respuesta gracias a un innovador sistema que es capaz de anticipar el impacto de los peligros naturales antes de que se materialicen, además de hacer un seguimiento en tiempo real, gracias a la utilización de grandes supercomputadores.

Estas últimas semanas, los creadores de este sistema están volcando sus esfuerzos en una plataforma de prevención temprana de pandemias en países en desarrollo, una iniciativa con la que comenzaron a trabajar en octubre con Cruz Roja en África y que ahora centran en el COVID-19 . “Se trata de extrapolar el sistema que utilizamos en catástrofes naturales a riesgos sociales, generando modelos por supercomputación que ayuden a conocer la expansión del coronavirus, en principio en Kenia”, comenta Alejandro Martí, su director ejecutivo.

Cruz Roja, en Kenia.

La empresa comenzó con el desarrollo de un software que permitía la detección temprana de catástrofes como la erupción de un volcán. Gracias a su sistema, es posible saber cómo y por dónde se moverán las columnas de partículas que se emiten a la atmósfera, algo especialmente importante en el caso de las compañías de aviación -hay que recordar que hubo 100 000 vuelos cancelados con la erupción del Eyjafjallajökull en 2010 en Islandia- que se han convertido en sus grandes clientes, junto con las aseguradoras. “Estamos en contacto continuo con todos los centros de vulcanología del mundo y una vez que sabemos la altura de la columna que emite un volcán podemos ver hacia dónde irán las partículas de las 48 horas a los siguientes siete días. Es algo fundamental para las rutas de vuelo porque puede conocerse con antelación si tendrá que cerrar un aeropuerto”, explica Marti.

El asunto también es importante para las empresas que fabrican las turbinas de los aviones, dado que pueden predecir cuánto durarán en función del tiempo que estén expuestas a partículas como el polvo del desierto, las provenientes de grandes incendios, como los que el pasado año hubo en Australia o el Amazonas, e incluso la sal marina. “En este caso hacemos mapas de riesgos, modelos y diagnósticos de daños”, señala.

Martí comenta como ahora, gracias a la supercomputación, también realizan para aseguradoras modelos de riesgo de incendios forestales de grandes dimensiones, utilizando para ello datos de fuegos de años anteriores, meteorológicos y de estado de la vegetación, mediante el uso de datos satelitales. “Con ello hacemos un índice de riesgo por kilómetro”, comenta el directivo de Migita Solutions.

Pero también lo hacían ya antes con un objetivo social. En países volcánicos como Guatemala, Filipinas o México, Cruz Roja necesita saber con antelación el riesgo para las poblaciones aledañas a una erupción, es decir, si las cenizas y demás partículas van a afectarlas o no, para poder disponer de medios económicos que permitan su evacuación previa, en lugar de disponer de fondos a posteriori cuando el daño ya está hecho.

Extrapolar este trabajo previo a pandemias era algo en lo que ya trabajaban y que ahora ha tomado una nueva relevancia. Se trata de desarrollar una aplicación para móviles, pero también a través de la web o formularios en centros de salud, a través de las cuales se puedan recabar datos de personas con síntomas de coronavirus, de forma que en Mitiga Solutions puedan realizar modelos de movilidad del COVID-19 según las regiones. “Como la dispersión no es por el aire, sino de persona a persona, hacemos modelos teniendo en cuenta que se transite en torno a metro o metro y medio, de forma que podamos tener la imagen de un brote en una fase temprana”, explica.

De momento se ha iniciado una fase piloto en Sudáfrica y Kenia, en colaboración con Cruz Roja, que utiliza para llegar a la población un sistema de criptomonedas utilizado en otros proyectos: para animar a la gente a participar se les ofrece una cantidad de ciptomonedas, en colaboración con las autoridades, que luego pueden canjear por alimentos o equipamiento agrícola. Alejandro Marti es consciente de que para el brote actual no llegan a tiempo de ponerlo en marcha, pero confía en que ya esté disponible en caso de que hubiera otro e incluso otro tipo de infección general, como hubo en el pasado con el ébola. “Toda la información recabada se envía al sistema de salud, que es donde tendrán que hacer la gestión correspondiente según la información”, añade.

 

 

Regreso desde Uruguay de los miembros de la Campaña Antártica


ULTIMAS NOTICIAS!!

Los 37 científicos, técnicos y militares que cerraron la XXXIII Campaña Antártica española 2019-2020 llegan mañana domingo, en un vuelo de Iberia desde Montevideo (Uruguay) a Madrid, tras las gestiones realizadas por los Ministerios de Ciencia y Asuntos Exteriores. Después de cerrar, el pasado 15 de marzo, las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castilla en la Antártida, que se abrieron a finales de diciembre, los últimos miembros de la campaña vieron sus vuelos cancelados desde Argentina (ver noticia más abajo). Si bien se intentó su regreso desde Brasil no fue posible, y finalmente lo harán en un vuelo que llega el domingo 29 de marzo, a las 7.00 horas, al aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas.

El buque oceanográfico Hespérides, que ha suspendido los otros proyectos científicos que iban a desarrollarse en su viaje de vuelta, llegará con sus 55 tripulantes a Cartagena hacia el 22 de abril, con todas las muestras científicas recogidas durante los tres meses de campaña en sus bodegas.

Todos los que han desembarcados en Montevideo lo han hecho siguiendo todos los protocolos de seguridad, con mascarillas y guantes. Llegan del único continente de la Tierra que se encuentra aún libre del coronavirus. Y con severas medidas de seguridad para que no llegue, como ya os conté (también más abajo)

El Hespérides, junto a un crucero turístico en Punta Arenas (Chile) @Rosa M. Tristán

El Ministerio de Ciencia y el Comité Polar organizan la vuelta desde Brasil después de que Chile, Argentina y Uruguay bloquearan los viajes en avión a España

ROSA M. TRISTÁN

La crisis del coronavirus ha llegado hasta la Antártida, donde ha sorprendido a un grupo de 92 militares, investigadores y técnicos españoles que se encontraban en el proceso de cierre de las dos bases que España tiene en este continente, la Juan Carlos I (Isla Livingston) y la Gabriel de Castilla (Isla Decepción). En total, 37 personas de estas bases no podrán regresar en vuelos desde Argentina, como tenían previsto, tras el cierre de los vuelos desde este país, si bien se trabaja desde el Comité Polar para conseguir que viajen en los próximos días desde Sao Paulo (Brasil), adonde llegarían en el buque oceanográfico Hespérides. A ellos se suman las 55 personas de la tripulación del buque, todos de la Armada. Si no fuera posible encontrar vuelos, regresarían navegando desde América tras varias semanas de travesía.

La situación para la XXXIII Campaña Antártica Española comenzó a complicarse la pasada semana, justo después de la salida del continente del sur de casi todos los científicos, llegaron con el BIO Hespérides hasta Punta Arenas (Chile) el pasado 6 de marzo. Desde el miércoles día 11, algunos ya tuvieron problemas con sus vuelos de Iberia desde este país hasta España, si bien a lo largo de la semana casi todos fueron saliendo por diferentes rutas. Este miércoles, regresaban a España desde este municipio magallánico los más rezagados.

Ese mismo día 11, el Hespérides iniciaba el regreso a la Antártida para recoger a los 37 técnicos, científicos y militares que estaban preparando el cierre de ambas bases, que se abren sólo en el verano austral. Se sumaron a los 55 que conforman la tripulación de la Armada. Finalmente, la operación de cierre y retorno se adelantó y el lunes 15 el buque ya estaba cruzando el Mar de Hoces o paso del Drake con todos los españoles a bordo. “Tenemos olas de 10 metros, pero no podíamos esperar a que pasara la tormenta porque cada día disminuyen las posibilidades de poder llegar por avión a España después de tres meses de campaña”, señalaban desde el buque algunos de los embarcados.

El Hespérides, en Ushuaia, en ruta a Brasil, extrema la seguridad de la carga de mercancías para evitar que les ‘aborde’ el coronavirus. @ROSA M. TRISTÁN

En la madrugada de este miércoles, día 18, ya estaban en Ushuaia, pero para entonces Argentina ya había anulado todos los vuelos a España. Allí se encuentran cuando se escribe esta crónica, recargando combustible y víveres, si bien estos los últimos están siendo más difíciles de conseguir debido a la escasez generada por la pandemia también en esta localidad del fin del mundo, a la que llegan y de la que parten numerosos cruceros turísticos.

Desde días antes, el Comité Polar y la comisión de coordinación ya han estado trabajando intensamente en la búsqueda de opciones de vuelos para los 37 que no son miembros de la tripulación, pero no es tarea fácil. “Nuestra intención es que lleguen a Puerto Santos, cerca de Sao Paulo, y que todos juntos puedan volar desde la metrópoli brasileña el 30 de marzo, pero no sabemos qué puede pasar hasta entonces, así que no descartamos la opción de que tengan que regresar en el Hespérides” , señala el secretario técnico del Comité, Antonio Quesada. En este último caso, tendrían que volver a parar en el puerto brasileño de Salvador de Bahía antes de cruzar el Atlántico para no tener problemas de combustible.

Mientras, a bordo, se vive con resignación esta circunstancia. “Al menos tenemos esta opción, cuando hay miles de ciudadanos españoles que no pueden regresar de muchos lugares porque no hay opción posible y aquí todos estamos bien de salud”, apuntan desde el buque, que en estos momentos cuenta con tres médicos y un enfermero a bordo.

Para evitar que el COVID-19 pueda ‘colarse’ en el Hespérides se han extremado las medidas de esterilización de todas las mercancías que se embarcan, siguiendo las recomendaciones y protocolos dictados por el Consejo de Gestores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por sus siglas en inglés). Además, se está adecuando el barco para que se puedan realizar ejercicios físicos ante la probabilidad de que tantas personas tengan que pasar un mes más confinadas en un espacio de 82,5 metros de eslora por 14,3 de manga.

En general, la situación en torno a la Antártida es preocupante, dado que la pandemia y el consecuente cierre de vuelos y fronteras ha pillado a muchos programas en activo y con dificultades logísticas por falta de buques para sacar a su personal. Respecto a las bases antárticas, a COMNAP preocupa mucho la situación de aquellas que se mantienen abiertas en el invierno antártico.

Ahora ya exige a todos los que tengan pensado ir a la Antártida que pasen 14 días de cuarentena en el puerto de entrada al continente antes de poder viajar hasta allí. Pero el problema es cómo van a llegar, sobre todo a las bases que hay en el interior del continente, algunas de Italia y de Francia, si no hay vuelos. “Lo más probable es que no se pueda hacer el recambio y que los que han ido para el verano se tengan que quedar el invierno. Además, les han pedido que cada base sea independiente, que no contacten físicamente aunque estén cerca. En estos momentos me alegra mucho que España no abra sus bases en el invierno austral”, reconoce el responsable técnico del Comité.

En un documento, el COMNAP reconoce que hay que evitar a toda costa que el virus llegue a un continente en el que la respuesta médica sería muy complicada y en el que se dan las condiciones de frío y clima seco que favorece al coronavirus. Asimismo, da una serie de recomendaciones por si se detecta algún caso sospechoso de contagio entre las personas que ya se encuentran allí.

A ello se suma los problemas de los cruceros turísticos. IAATO, la organización que aglutina al turismo antártico, ha reconocido que hay miles de personas atrapadas en los buques de muchos países, que aún no saben cómo podrán regresar a sus casas. A las bases se les ha recomendado que no acepten turistas para evitar riesgos.

Durante esta XXXIII Campaña Antártica, España ha desarrollado 13 proyectos científicos en ambas bases, a los que se suman otros cuatro de otros países que se han llevado a cabo en las instalaciones españolas. En total, un centenar de científicos han pasado por la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla desde finales de diciembre, tres meses de intensa actividad científica.

En el regreso, el BIO Hespérides tenía previsto realizar el proyecto científico SAGA 1 de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, para recabar medidas entre los 23º y los 27º Sur sobre la contribución del Océano Índico al Atlántico, para lo cual una veintena de investigadores iban a embarcar en Río de Janeiro. Este proyecto ha sido suspendido.

 

 

¿Te vienes a la Antártida sin salir a la calle?: UN DIARIO POLAR


 

ROSA M. TRISTÁN

Un intenso mes en la Antártida, pisando uno de los lugares más hermosos y frágiles del planeta, un primer retorno a un país, Chile, inmerso en un grave conflicto social y, para terminar, la llegada al punto de salida, una España muy distinta a la que dejé a comienzos de febrero. En todo este tiempo, si algo he traído en la maleta, además de ropa sucia, un disco duro lleno de fotos y miles de anotaciones entremezcladas con recuerdos imborrables, es otra constatación más de que el ser humano lo está cambiando todo, hasta los lugares más inhóspitos para la vida están cambiando.. y nuestra mano está detrás, con ese empeño en destruir y colonizar ecosistemas en donde antes extraños virus no podían atacarnos. Si eso lo sumamos a nuestra inmensa capacidad de movernos de un lado a otro del globo en pocas horas, el cóctel está preparado.

Si algo espero de esta circunstancia es que entendamos, por fin, la importancia de no creernos al margen de la naturaleza o, lo que es peor, por encima de ella. Y, además, espero que se entienda que ante las amenazas globales, como una pandemia o como el cambio climático o como la deforestación global…, sólo la unión nos hace fuertes.

Haz click para leer el diario completo: Diario Antártico