Regreso desde Uruguay de los miembros de la Campaña Antártica


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Los 37 científicos, técnicos y militares que cerraron la XXXIII Campaña Antártica española 2019-2020 llegan mañana domingo, en un vuelo de Iberia desde Montevideo (Uruguay) a Madrid, tras las gestiones realizadas por los Ministerios de Ciencia y Asuntos Exteriores. Después de cerrar, el pasado 15 de marzo, las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castilla en la Antártida, que se abrieron a finales de diciembre, los últimos miembros de la campaña vieron sus vuelos cancelados desde Argentina (ver noticia más abajo). Si bien se intentó su regreso desde Brasil no fue posible, y finalmente lo harán en un vuelo que llega el domingo 29 de marzo, a las 7.00 horas, al aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas.

El buque oceanográfico Hespérides, que ha suspendido los otros proyectos científicos que iban a desarrollarse en su viaje de vuelta, llegará con sus 55 tripulantes a Cartagena hacia el 22 de abril, con todas las muestras científicas recogidas durante los tres meses de campaña en sus bodegas.

Todos los que han desembarcados en Montevideo lo han hecho siguiendo todos los protocolos de seguridad, con mascarillas y guantes. Llegan del único continente de la Tierra que se encuentra aún libre del coronavirus. Y con severas medidas de seguridad para que no llegue, como ya os conté (también más abajo)

El Hespérides, junto a un crucero turístico en Punta Arenas (Chile) @Rosa M. Tristán

El Ministerio de Ciencia y el Comité Polar organizan la vuelta desde Brasil después de que Chile, Argentina y Uruguay bloquearan los viajes en avión a España

ROSA M. TRISTÁN

La crisis del coronavirus ha llegado hasta la Antártida, donde ha sorprendido a un grupo de 92 militares, investigadores y técnicos españoles que se encontraban en el proceso de cierre de las dos bases que España tiene en este continente, la Juan Carlos I (Isla Livingston) y la Gabriel de Castilla (Isla Decepción). En total, 37 personas de estas bases no podrán regresar en vuelos desde Argentina, como tenían previsto, tras el cierre de los vuelos desde este país, si bien se trabaja desde el Comité Polar para conseguir que viajen en los próximos días desde Sao Paulo (Brasil), adonde llegarían en el buque oceanográfico Hespérides. A ellos se suman las 55 personas de la tripulación del buque, todos de la Armada. Si no fuera posible encontrar vuelos, regresarían navegando desde América tras varias semanas de travesía.

La situación para la XXXIII Campaña Antártica Española comenzó a complicarse la pasada semana, justo después de la salida del continente del sur de casi todos los científicos, llegaron con el BIO Hespérides hasta Punta Arenas (Chile) el pasado 6 de marzo. Desde el miércoles día 11, algunos ya tuvieron problemas con sus vuelos de Iberia desde este país hasta España, si bien a lo largo de la semana casi todos fueron saliendo por diferentes rutas. Este miércoles, regresaban a España desde este municipio magallánico los más rezagados.

Ese mismo día 11, el Hespérides iniciaba el regreso a la Antártida para recoger a los 37 técnicos, científicos y militares que estaban preparando el cierre de ambas bases, que se abren sólo en el verano austral. Se sumaron a los 55 que conforman la tripulación de la Armada. Finalmente, la operación de cierre y retorno se adelantó y el lunes 15 el buque ya estaba cruzando el Mar de Hoces o paso del Drake con todos los españoles a bordo. “Tenemos olas de 10 metros, pero no podíamos esperar a que pasara la tormenta porque cada día disminuyen las posibilidades de poder llegar por avión a España después de tres meses de campaña”, señalaban desde el buque algunos de los embarcados.

El Hespérides, en Ushuaia, en ruta a Brasil, extrema la seguridad de la carga de mercancías para evitar que les ‘aborde’ el coronavirus. @ROSA M. TRISTÁN

En la madrugada de este miércoles, día 18, ya estaban en Ushuaia, pero para entonces Argentina ya había anulado todos los vuelos a España. Allí se encuentran cuando se escribe esta crónica, recargando combustible y víveres, si bien estos los últimos están siendo más difíciles de conseguir debido a la escasez generada por la pandemia también en esta localidad del fin del mundo, a la que llegan y de la que parten numerosos cruceros turísticos.

Desde días antes, el Comité Polar y la comisión de coordinación ya han estado trabajando intensamente en la búsqueda de opciones de vuelos para los 37 que no son miembros de la tripulación, pero no es tarea fácil. “Nuestra intención es que lleguen a Puerto Santos, cerca de Sao Paulo, y que todos juntos puedan volar desde la metrópoli brasileña el 30 de marzo, pero no sabemos qué puede pasar hasta entonces, así que no descartamos la opción de que tengan que regresar en el Hespérides” , señala el secretario técnico del Comité, Antonio Quesada. En este último caso, tendrían que volver a parar en el puerto brasileño de Salvador de Bahía antes de cruzar el Atlántico para no tener problemas de combustible.

Mientras, a bordo, se vive con resignación esta circunstancia. “Al menos tenemos esta opción, cuando hay miles de ciudadanos españoles que no pueden regresar de muchos lugares porque no hay opción posible y aquí todos estamos bien de salud”, apuntan desde el buque, que en estos momentos cuenta con tres médicos y un enfermero a bordo.

Para evitar que el COVID-19 pueda ‘colarse’ en el Hespérides se han extremado las medidas de esterilización de todas las mercancías que se embarcan, siguiendo las recomendaciones y protocolos dictados por el Consejo de Gestores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por sus siglas en inglés). Además, se está adecuando el barco para que se puedan realizar ejercicios físicos ante la probabilidad de que tantas personas tengan que pasar un mes más confinadas en un espacio de 82,5 metros de eslora por 14,3 de manga.

En general, la situación en torno a la Antártida es preocupante, dado que la pandemia y el consecuente cierre de vuelos y fronteras ha pillado a muchos programas en activo y con dificultades logísticas por falta de buques para sacar a su personal. Respecto a las bases antárticas, a COMNAP preocupa mucho la situación de aquellas que se mantienen abiertas en el invierno antártico.

Ahora ya exige a todos los que tengan pensado ir a la Antártida que pasen 14 días de cuarentena en el puerto de entrada al continente antes de poder viajar hasta allí. Pero el problema es cómo van a llegar, sobre todo a las bases que hay en el interior del continente, algunas de Italia y de Francia, si no hay vuelos. “Lo más probable es que no se pueda hacer el recambio y que los que han ido para el verano se tengan que quedar el invierno. Además, les han pedido que cada base sea independiente, que no contacten físicamente aunque estén cerca. En estos momentos me alegra mucho que España no abra sus bases en el invierno austral”, reconoce el responsable técnico del Comité.

En un documento, el COMNAP reconoce que hay que evitar a toda costa que el virus llegue a un continente en el que la respuesta médica sería muy complicada y en el que se dan las condiciones de frío y clima seco que favorece al coronavirus. Asimismo, da una serie de recomendaciones por si se detecta algún caso sospechoso de contagio entre las personas que ya se encuentran allí.

A ello se suma los problemas de los cruceros turísticos. IAATO, la organización que aglutina al turismo antártico, ha reconocido que hay miles de personas atrapadas en los buques de muchos países, que aún no saben cómo podrán regresar a sus casas. A las bases se les ha recomendado que no acepten turistas para evitar riesgos.

Durante esta XXXIII Campaña Antártica, España ha desarrollado 13 proyectos científicos en ambas bases, a los que se suman otros cuatro de otros países que se han llevado a cabo en las instalaciones españolas. En total, un centenar de científicos han pasado por la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla desde finales de diciembre, tres meses de intensa actividad científica.

En el regreso, el BIO Hespérides tenía previsto realizar el proyecto científico SAGA 1 de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, para recabar medidas entre los 23º y los 27º Sur sobre la contribución del Océano Índico al Atlántico, para lo cual una veintena de investigadores iban a embarcar en Río de Janeiro. Este proyecto ha sido suspendido.

 

 

¿Te vienes a la Antártida sin salir a la calle?: UN DIARIO POLAR


 

ROSA M. TRISTÁN

Un intenso mes en la Antártida, pisando uno de los lugares más hermosos y frágiles del planeta, un primer retorno a un país, Chile, inmerso en un grave conflicto social y, para terminar, la llegada al punto de salida, una España muy distinta a la que dejé a comienzos de febrero. En todo este tiempo, si algo he traído en la maleta, además de ropa sucia, un disco duro lleno de fotos y miles de anotaciones entremezcladas con recuerdos imborrables, es otra constatación más de que el ser humano lo está cambiando todo, hasta los lugares más inhóspitos para la vida están cambiando.. y nuestra mano está detrás, con ese empeño en destruir y colonizar ecosistemas en donde antes extraños virus no podían atacarnos. Si eso lo sumamos a nuestra inmensa capacidad de movernos de un lado a otro del globo en pocas horas, el cóctel está preparado.

Si algo espero de esta circunstancia es que entendamos, por fin, la importancia de no creernos al margen de la naturaleza o, lo que es peor, por encima de ella. Y, además, espero que se entienda que ante las amenazas globales, como una pandemia o como el cambio climático o como la deforestación global…, sólo la unión nos hace fuertes.

Haz click para leer el diario completo: Diario Antártico

 

Los ventisqueros, glaciares chilenos entre montañas


ROSA M. TRISTÁN

El BIO Hespérides, cargado de científicos y de las muestras que han recolectado durante dos meses largos de campaña en la Antártida, vuelve a cruzar el Mar de Hoces o Paso del Drake con destino a Punta Arenas. Pese a que el comandante del buque, José Emilio Regodón, ha evitado las tormentas para que la travesía sea leve, olas de más de cuatro metros afectan a buena parte del pasaje, sobre todo entre los menos acostumbrados a navegar, y durante dos largos días el barco parece ‘tomado por fantasmas’ que aparecen y desaparecen…. (SIGUE)

 

Antártida: día entre lobos marinos en Isla Livingston


ROSA M. TRISTÁN

Si hay un protagonista de este domingo, desde luego es este lobo marino (o león marino). Estaba cómodamente tumbado en Caleta Argentina, un enclave en la costa de Isla Livingston, justo al pie de uno de las lenguas de glaciar Hurd, que por cierto ya no llega al mar debido a su retroceso. Era un animal enorme, comparado con las focas que ví en el pasado, que es lo más parecido a este mamífero pinnípedo que he visto en mi vida. Y, sin embargo, me ha despertado una gran  ternura su mirada, su gesto, esa sensación de vulnerabilidad que transmitía. 

(SIGUE)

(1) Punta Arenas: al borde de un canal de pura vida


Apenas 20 horas en Punta Arenas (Chile, muy al sur) y ya estoy inmersa en la cultura del país. Y eso que llegar ha costado lo suyo. Un total de 26 horas, con tres vuelo (en medio, uno perdido) y cuatro aeropuertos. El primero, de Madrid a Lima, salió a medianoche del domingo. Fue largo y acompañado de unas turbulencias que, a cada rato, convertían el avión en una batidora. No eran fuertes, pero si suficientes para despertar al pasaje, entre otros a una inocente bebé que no paraba de llorar. Tras el paso por Perú, que duró un suspiro, aterricé en Santiago de Chile, con apenas 75 minutos para enlazar con el vuelo a Punta Arenas… (SIGUE LEYENDO)

#COP25: Las incertidumbres de una cumbre con demasiados agujeros


 

Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en el plenario de la #COP25 @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Son muchos los que se preguntan para qué sirven las cumbres del clima si las empresas contaminantes siguen contaminando, los gobiernos de los países más ‘sucios’ no vienen y los bancos siguen financiando combustibles fósiles mientras los desastres proliferan por el mundo, sobre todo por el hemisferio sur. Esta cumbre chilena, que tuvo de trasladarse a España precisamente por conflictos sociales generados de una profunda desigualdad social, nació con el pie cambiado. En el fondo, era una cumbre de transición hacia la de Glasgow, en 2020, que es cuando los países que hace cuatro años suscribieron un laborioso Acuerdo de París deberían aumentar sus compromisos con el clima, tomando impulso hacia una descarbonización de la atmósfera terrestre que en su estado actual ya está matando a demasiada gente.

Pues bien, la realidad es que hay poco optimismo en el horizonte. Si algo ha quedado claro estos días en Madrid es que hay un total consenso científico respecto a la emergencia: los investigadores reconocen que sus previsiones se quedaron cortas y nos ‘calentamos’ más de lo esperado. Pero también es evidente que no se frena la contaminación: sólo este año echaremos al aire que respiramos 36.800 millones de toneladas métricas de C02, según un trabajo publicado ayer en ScienceNews. Y es que pese a que aumentan las energías renovables, incluso en Estados Unidos a pesar de Donald Trump, también lo hace el consumo global, un carro que consume mucha energía. “Debemos acordar cómo vamos a ordenar en 2020 nuestros compromisos con arreglo a la ciencia y hay muchas países que dicen que hace falta más ambición, mientras otros quieren que nos quedemos en la letra pequeña, en un paso a paso”, declaraba la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, pocas horas antes del fin de las negociaciones.

En el otro lado de la COP25 ha quedado claro que la presión de la sociedad civil va en alza, y no solo en las manifestaciones. Fuentes oficiales reconocen que ahora los ciudadanos y las empresas quieren estar y quieren tener voz en ella más allá de sus gobiernos. De hecho, es lo que les gritaban unas 200 personas esta semana en una protesta junto a la sala del plenario: ‘Power for people’. Pero es un protagonismo que no todos los dirigentes entienden ni comparten.

Tampoco las gentes del sur comprenden cómo los problemas que les ha generado el cambio climático –provocado por un gas y un petróleo que impulsó el desarrollo en el norte durante el siglo XX- se van a solucionar poniendo precio a la contaminación que otros crean, una ‘suciedad’ que según el mencionado Acuerdo de Paris, firmado en 2015, se venderá en un mercado entre gobiernos y empresas: en otras palabras, permitirá que si alguien contamina más de lo comprometido pueda comprar ‘aire limpio’ (en forma de iniciativas como son reforestaciones, parques eólicos, bosques, etcétera) a quien tiene de sobra. Es el controvertido artículo 6, que se plantea como una alternativa para un mercado de transición. Se trata de resucitar una alternativa que, en términos similares, ya fue aprobada con el Protocolo de Kioto (hace 22 años) que no funcionó porque resulta que los países hacían ‘trampas’ y contaban el ‘aire limpio’ (metafóricamente) dos veces. Ahora se buscaría una mayor transparencia, pero es algo que no gusta a países como Brasil, India o China (por cierto, ahora mismo el más contaminante del planeta), que quieren que les convaliden sus cuentas tal como están.

Pueblos indígenas amazónicos, en la #COP25. @RosaTristán

Este ‘mercado de carbono’ no gusta nada a las organizaciones de la sociedad civil, aunque si a las empresas. Para la mayoría de las primeras, “es una opción que no tienen nada que ver con los derechos humanos y que permitirá seguir contaminando, así que no es una solución real porque ya están echando a la gente con obras como hidroeléctricas o proyectos que se venden como energías limpias”, en palabras de Kwami Kpondzo, de Amigos de la Tierra en Togo. Para las segundas, las compañías, es una oportunidad que se abre ahora que podrían participar en el negocio.

Otro asunto, además, es el precio que se ponga a cada tonelda de carbono porque si es barata, como algunos países pretenden, se desmoronaría el mercado actual en la UE (basado en Kioto), así que parece que tampoco por ahí habrá acuerdo, pese a que desde el primer día el secretario general de la ONU, Antonio Gutérres, lo puso como uno de los objetivos fundamentales de la COP25.

Otro asunto enquistado es el de las ayudas a los países donde ya muere gente, donde ya miles y miles tienen que dejar sus casas por un desastre natural de origen climático. Son millones hoy en África del Sur (impacta ver las cataratas Victoria secas), millones en Haití (la crisis humanitaria arrastrada por la combinación de sequías y corruptelas va en aumento) y más millones en Mozambique, donde los últimos huracanes han generado pérdidas económicas que han endeudado más al país gravemente, aumentando su deuda externa.

El Fondo Verde del Clima que debería servir para que el Sur se adaptara o mitigara los impactos del cambio climático son misérrimos: sus previsiones que tuviera 100.000 millones de dólares en 2020 y no llegan ni a 10.000 (por cierto, España ha aprobado dar 100 millones de euros más). Las críticas a ello han proliferado en la cumbre. Otra cuestión era impulsar otro fondo para esos daños y pérdidas que ya existen (lo llaman mecanismo WIM) que está bloqueado desde 2013. Tampoco en este asunto se ha avanzado, pese que era una de las principales demandas de los países en desarrollo y las organizaciones sociales. En la COP25 se reconoce que es una ‘demanda legítima’ pero todo se quedará en crear otro grupo de trabajo más para hablar del tema.

República de Kiribati, un país del Pacífico en riesgo de inundación total.

Con este panorama, conseguir que ‘las partes’ (vamos, los dirigentes de los países) hagan caso a la ciencia y vayan ‘más allá’ de los insuficientes compromisos de recortes de emisiones (que por cierto no han cumplido y de momento son solo papel) de 2015 es complicado. Algunos, con ese ánimo de retardar el asunto, dicen que es mejor analizar con detalles lo hecho hasta ahora antes de ir hacia adelante y que Paris daba plazo hasta 2023; otros (casi todos europeos) meten prisas ante la emergencia climática, mientras los que quieren retrasarlo no quieren que, de alguna forma, se reconozcan sus frenos para no quedar mal. De momento, tan solo 73 países han anunciado compromisos más firmes de más recortes contaminantes para 2020, pero basta mirar la lista para comprobar que entre ellos faltan casi todos los grandes (EEUU, China, Japon, India…) y ni siquiera está toda la UE (España, si).

A todo esto, y pese a que desde fuera se insiste en soluciones que vayan más allá de estos puntos, y que se incluyan las soluciones que ofrece la biodiversidad natural y las producciones locales, es decir, que se cuente con la naturaleza y los muchos pueblos que la habitan, de momento las menciones son mínimas a estos temas.

La manifestación convocada el viernes frente a Ifema por FRidays For Future y muchas organizaciones más no es sino el espejo de esa doble mirada sobre una misma realidad. Es el grito de protesta de los jóvenes que quieren heredar un planeta como el que algunos conocimos, con luciérnagas en la noche y también los pueblos indígenas acosados por macroproyectos y agronegocios que no son compatibles con sus formas de vida y los pequeños granjeros africanos que abandonan su tierra y cruzan desiertos en migraciones climáticas ocultas bajo la capa de la pobreza. El grito de quienes, una vez más, se sienten decepcionados.

Pero también están en la COP25 empresas que anuncian a bombo y platillo grandes reconversiones, como es el caso de Endesa; o bancos como el Santander que, según el informe Banking on climate change: fossil fuel finance report card 2019 , entre los años 2016 y 2018 aumentó un 566% la financiación a empresas que extraen gas y petróleo en el Ártico. El Santander está presidido por Ana Botín, quien ante el secretario general de la ONU recordaba en esta COP25 el impacto que sufrió al ver con sus ojos el cambio climático en Groenlandia (sólo allí se han perdido 3.800 millones de toneladas desde 1992). “La buena noticia es que las grandes empresas han comprendido que no pueden quedarse atrás en la transición ecológica, y eso ya es un gran paso respecto al pasado. Son lentas y les cuesta, pero saben que no queda otra”, reconocen los más optimistas.

Y en medio, lugares como la República de Kiribati, un país entero que podría desaparecer con la subida del nivel del mar. Su presidente Taneti Mamau ha estado en la COP25 para recordar que existen y precisan apoyo. Ya están comprando terreno en las isla Fiji para emigrar en bloque si todo sigue como parece.

 

 

 

 

#COP25: “Las soluciones basadas en la naturaleza suponen el 30% de soluciones las climáticas”


Entrevista a Patricia Zurita, directora de BirdLife International, en la que reclama más protagonismo a la naturaleza en la Cumbre del Clima

ROSA M TRISTÁN

La biodiversidad no está muy presente en la negociaciones de la Cumbre del Clima que estos días se celebra en Madrid, bajo presidencia chilena. Y lo que es peor, ni está ni se la espera, pese a que cada vez son más voces las que reclaman soluciones al cambio climático ligadas a la naturaleza, la misma que, no lo olvidemos, ha sido el escenario en el que surgió nuestra especie. Pero mientras los dirigentes políticos reunidos en la COP 25 se centran en llegar a un acuerdo de un artículo, el número 6, de los 29 artículos que contiene el Acuerdo de Paris (en concreto, el que se refiere a crear un mercado de carbono con precios para la contaminación que se intercambie por dinero países que no contaminan), las voces exigiendo otro tipo de medidas proliferan entre científicos y organizaciones ambientalistas.

Una de estas voces es la de la ecuatoriana Patricia Zurita, presidenta de la organización BirdLife International –SEO/BirdLife en España- , uno de los países que hace apenas dos meses ha pasado por una grave crisis social, precisamente ante una posible subida de la gasolina, mientras zonas de su Amazonía se conceden para la explotación petrolífera.

¿Qué mensaje trasladaría a los dirigentes políticos reunidos en la Cumbre del Clima respecto al cambio climático?

Antes que todo, querría agradecer a España haber organizado esta cumbre en tres semanas, que es algo titánico. Y les recodaría que, como dice el lema, el tiempo de la acción, pero que no podemos permitirnos fiarnos en las soluciones tecnológicas. Tenemos un planeta y es la naturaleza la que nos va a permitir desarrollarnos y cumplir los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles). Ahora mismo toda la conversación en la COP25 deja de lado la naturaleza, como si fuera otra crisis. Pero es la misma: la climática y la ecológica y para resolverla hay que integrarlas. Tenemos que resolver juntas las agendas de la naturaleza, la climática y la de la gente y los derechos humanos. El mensaje de Birdlife y de nuestros socios en 115 países es: ‘Es hora de la acción, pero con la naturaleza como parte de la solución’.

¿Y eso cómo se traduce en medidas concretas que unan naturaleza y clima?


En el momento que restauras humedales, que los proteges, ya estás haciendo secuestro de carbono, pero a la vez das trabajo y se propicia un entorno que genera agua, previene el impacto de las tormentas, proporciona pesquerías y turismo.. Lo mismo pasa con la conservación de los bosques, que son la mejor forma de mantener y capturar carbono. Hay que restaurarlos. Y los océanos, que tienen una salud paupérrima debido a la sobrepesca, a la destrucción de zonas de algas, cuando también mantienen el carbono capturado, o los pastizales no extensivos. Humedales, bosques, océanos y pastizales en buen estado son soluciones naturales. El planeta es como el cuerpo humano: si te quitan una oreja, dejas de escuchar bien y sufrirá todo el cuerpo. Por ello debemos pensar soluciones para todo el sistema.

Siendo tan importante ¿Cree que está teniendo el protagonismo que le corresponde?

Pues no, pero es aquí que pisamos la Tierra, y los de ahí dentro (zona azul) parece que pisan sobre las nubes, creen que la naturaleza es la parte de ‘green-washing’, lo adicional. Y están equivocados. Como dice Greta Thunberg, “es una crisis climática y ecológica”. Deberían considerar que las soluciones basadas en la naturaleza suponen más del 30% de las soluciones climáticas y son más infinitamente más baratas que las tecnológicas, pero además son socialmente más justas y más efectivas. ¿Cuánto cuesta desalinizar agua para llevarla a la gente? ¿Y cuánto cuestas conservar un bosque? Yo vengo de una zona de los Andes donde el agua nos llega porque hay bosques de niebla. En España hay sequía porque los sistemas ambientales no funcionan bien.

Es de una zona andina, donde ya se nota el cambio climático…

Efectivamente, las cadenas montañosas sufren mismo efectos que en los polos y los glaciares se están encogiendo a gran velocidad. Eso impacta en la producción de agua, en las especies, erosiona el suelo. Lo mejor para adaptarnos al cambio climático es tener barreras naturales, pero esos bosques andinos también son deforestados y cuando los hay tormentas, cada vez más torrenciales, todos los sedimentos de la erosión de las morrenas son arrastrados hasta las poblaciones. Cuando los bosques están en buen estado, sirven de frontera, son como esponjas. A finales de los 80, ya hubo grandes inundaciones en el Río Amarillo en China y millones fueron desplazados por culpa de la desforestación. Si restauramos con especies nativas, aseguraremos que los sistemas vuelven a funcionar y generan servicios ambientales.

Su país, Ecuador, es paradigmático, porque sufre el cambio climático, produce petróleo y ha habido recientes protestas sociales por la subida precio combustibles. Sin tiempo suficiente parece la cuadratura del círculo?

 El problema en Ecuador es que quisieron eliminar ayudas a los combustibles, pero sin que hubiera opción alguna, sin coches eléctricos, ni siquiera un buen transporte publico, que ni existe en las zonas rurales. No se ha impulsado ninguna economía basada en energías renovables, cuando podríamos mover el país con energía solar. Y debería contarse con un transporte eficiente, que apoyara a las comunidades rurales para que puedan transportar sus productos. Ecuador vive de la agricultura de las sierras centrales, no pueden dejarse de lado. En definitiva, se trata de pensar en comunidad y de que es la responsabilidad de todos juntos. De hecho, en Chile ha pasado lo mismo. La protección de la naturaleza y la justicia social son claves para enfrentar el cambio climático.

Una Cumbre del Clima de ‘emergencia’ ¿Dónde están los líderes?


Sede de la COP 25 en Madrid @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

A punto estuvo de no celebrarse, pero en tiempo récord, la Cumbre del Clima COP 25 comienza y  el mundo se enfrenta a la última posibilidad de que se logre algún compromiso real y contundente para desacelerar la velocidad con la que nos encaminamos a un desastre global. Sin embargo de los 190 países firmantes del Acuerdo de Paris hace apenas cuatro años,  de momento sólo 43 jefes de Estado y Gobierno -junto con altos cargos de instituciones internacionales como ONU, EU, OCDE, etc- anunciado que vendrán a Madrid para fijar sus compromisos reales en reducción de emisiones contaminantes. Conviene recordar que en París, en la COP 21, se reunieron 150 jefes de Estado y de Gobierno, pero lo cierto es que en este tiempo, a medida que los datos científicos empeoran en todos los parámetros y las previsiones tornan más negras, la presencia de los líderes decae. Y eso no es buena noticia.

JEFES DE ESTADO

  1. 2015 en Paris: 150
  2. 2016 en Marrquech: 80 
  3. 2017 en Bonn: 25;
  4. 2018 en Katowice: 40
  5. 2019 en Madrid: 43

Para la COP 25 chilena (española por delegación) no esperamos a los presidentes ni de Estados Unidos (si que vendrá Nancy Pelosi), Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, México, Canadá, Reino Unido, Alemania. Sólo unos ocho de países de Latinoamérica y Caribe de 42 existentes; siete de los 54 africanos y de Asia el único muy poblado que acude es Bangladesh. Es decir, más del 80% de la población global no tendrá a sus máximos dirigentes ‘empapándose’ de la que se viene encima y de cómo evitarlo. Y, sin embargo, todo indica que esta COP 25 es clave porque si algo ha pasado en estos cuatro años es la verificación científica de que el cambio climático ya está aquí, que el tope de aumento de 1,5º C previsto en Paris es una quimera y que los impactos están siendo ya brutales en muchas zonas del planeta, incluido nuestro país. ¿Hasta cuándo la ceguera de los dirigentes políticos? ¿Hasta cuando la ceguera de quienes les votan?

Precisamente, coincidiendo con la Cumbre que ahora comienza el Observatorio de la Sostenibilidad (OS) hizo público un informe, otro más, con muchos datos que nos retratan donde estamos. Es uno de los muchos de estos últimos días, pero pone números interesantes de lo que ocurre, como recordaba el científico Jorge Lobo (Museo Nacional de Ciencias Naturales) en esa “fina capa de vida de apenas unos pocos metros que tiene el planeta”. Del exhaustivo documento, me quedo con el dato de que en España tenemos hoy 1,57º más de temperatura que cuando nací (recordemos que eso es la media y hay temporadas en la que es mucho más) y que en mi ciudad (Madrid) mis veranos son nueve días más largos. Pero también llama la atención que tengamos 850 grandes instalaciones de emisiones de gases con efecto invernadero (los que generan el cambio climático) pero que sólo 10 grandes empresas generen un 25% de las emisiones de España, empezando por Endesa y siguiendo por Repsol, Naturgy o Acelor Mittal. No parecen muchas. “Lo importante no es acabar con estas empresas, sino que haya el marco adecuado para cambiar el consumo y cubrirlo con energías renovables”, apuntaba Fernando Prieto, del OS.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto del Observatorio de la Sostenibilidad. Junao al científico Jorge Lobo. @Rosa M. Tristán

Pese a la alarma que ello debiera generar, el propio presidente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, señalaba el pasado viernes  en Madrid que hoy hay más carbón en el mundo que en el año 2000, en concreto 2.250 GW más, pero que el consumo en Asia no deja de aumentar y además sus centrales térmicas tienen 12 años, cuando su vida útil es de más de 40. Son décadas que no tenemos. Y por si fuera poco el carbón, los investigadores del informe  ‘The Production Gap’ del PNUD nos dicen que los productores de gas y petróleo esperan aumentar su producción ¡¡un 120%!! A destacar que este informe (con 50 científicos implicados) se ha llevado cabo con las proyecciones de 10 países y que los máximos dirigentes de siete de los principales productores (China, EE.UU., Rusia, India, Australia, Indonesia y Canadá) no tiene previsto pisar la COP 25.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto de Observatorio de la Sostenibilidad, recordaba la frase de que “los presidentes van de cumbre en cumbre y los pueblos de valle en valle” y mencionaba que ya en 1972 (hace medio siglo) el Club de Roma hablaba de futuros impactos del cambio climático, para denunciar a continuación que la UE, aún siendo aún el motor de un posible cambio, está perdiendo su relevancia a medida que ganan votos los negacionistas…. ¿Cómo es posible?, cabría preguntarse. Y a su lado,  la inmensa indignación que transmitía Nicolás Elíades, de Extincion Rebellion, sobre el planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras y el hartazgo de quienes no se creen los compromisos: “En los 35 años de mi vida he visto como desaparecían las luciérnagas de mi vida”, comentó Elíades trayéndome del pasado esa imagen de mi infancia en la que las veía brillar.

Y junto a las quejas de estos nuevos grupos de rebeldes y jóvenes de Friday For Future o Greta Thunberg, están los pueblos y gentes que no vienen a la cumbre, pero que ya tienen su vida ‘patas arriba’ porque ya viven en el caos climático. Y sus vidas no son números. Es Christine, en Haití, a la que un huracán seguido de la sequía que se prolongó meses dejó sin hogar, sin cosecha y sin semillas; es Anjou Mbaye, de Guinea Bissau, a la que conocí cuando desesperaba porque los pozos cada vez son más profundos  tienen menos agua; es la guatemalteca Ana Rutilia Ical, criminalizada y acosada porque no quiere que el agua de su río acabe en una hidroeléctrica mientras las comunidades alrededor se quedan secas; es Honorio Souza, de Mozambique, que un día me contó cómo se quedó sin nada tras el paso del ciclón Idai…

¿Y quién paga estos desastres? Uno de los temas que la COP 25 pondrá en la mesa es la creación de un fondo para pagar ya las pérdidas y los daños, que se calculan en unos 300.000 millones de dólares para 2030 que ya están pagando los estados y que los países en desarrollo no pueden asumir sin endeudarse aún más. Más de 150 ONGs de todo el mundo, entre ellas Action Aid (en España, Alianza por la Solidaridad) lanzan estos días una propuesta bien conocida: quien contamina, paga, en este caso a través de tasas que penalicen a las empresas más contaminantes. No puede ser que la cuenta afectada sea la de  Anjoy ni la de Christine, mientras seguimos sin ver, volcados en los ‘black friday’ y las lucecitas navideñas.

Pese a todo, deberíamos estar y estamos, a tiempo de dar un giro espectacular. Por ello es importante que los compromisos que salgan de estos 11 días de cumbre sean grandes, globales y personales, económicos y financieros, y sobre todo en las urnas cuando toca. La gran parte de la humanidad cuyos líderes no estarán en Madrid no se lo merecen. El millón de especies que ahora sabemos que están en riesgo de extinción, tampoco.

 

Una ‘caja negra made in Spain’ para estudiar el cambio climático polar


ROSA M. TRISTÁN

Apenas hace nueve meses que la expedición polar ‘Antártida Inexplorada’ del Trineo de Viento regresó del continente más desconocido de la Tierra cuando la prestigiosa revista científica de la American Meteorological Society, ya ha publicado uno de los inventos que se diseñaron para la ocasión: una estación meteorológica móvil única en el mundo, la M-AWS, que fue creada por el equipo del proyecto MicroAirPolar de la Universidad Autónoma de Madrid y el grupo Aemet Antártica  con motivo de esta travesía pionera a nivel internacional. Este proyecto fue dirigido por la científica Ana Justel, de MicroAirPolar.  “En un escenario de cambio climático, es fundamental tener datos ‘in situ’ sobre el clima de la Antártida”, afirma Antonio Quesada, codirector de MicroAirPolar. Ambos ya habían colaborado con el eco-vehículo español en expediciones en el Ártico. “Estoy muy orgullosa de los resultados que hemos obtenidos con la M-AWS después de tanto esfuerzo”, afirma Justel, una de las pocas mujeres que dirige una investigación polar en España.

Durante los meses previos a esta aventura científica y de exploración, los investigadores de ambos equipos trabajaron conjuntamente, bajo la dirección de Justel, para que pudiera llevarse a bordo una estación móvil que registrara la temperatura, humedad y dirección del viento que los cuatro expedicionarios (Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Manuel Olivera e Ignacio Oficialdegui) se encontrarían en su recorrido, una inmensa región sobre la que existe un gran vacío en cuanto a las observaciones en superficie.

Esta falta de datos contrasta con la importancia de conocer las condiciones climatológicas de la Antártida, de lo que depende en buena medida nuestro futuro en el planeta: estudios científicos prevén que si su hielo desapareciera, el nivel del mar aumentaría 57 metros. De momento, ese deshielo afecta más al Ártico, pero tener información precisa sobre el terreno se sabe que es fundamental para saber qué esta pasando: el último estudio en Nature Comunications indica que para mediados de siglo, con sólo medio metro de aumento del nivel del mar, 300 millones de personas se verán amenazados, entre ellos 200.000 españoles, por inundaciones costeras. “El creciente interés en las regiones polares, debido a los desafíos impuestos por el cambio climático,  requiere introducir mejoras en los modelos y las predicciones meteorológicas en la Antártida”, afirma, asimismo, Sergi González, de AEMET, que figura como firmante del artículo Weather Observations of Remote Polar Areas Using an AWS Onboard a Unique Zero-Emissions Polar Vehicle“.

Pero el reto que tenían por delante los investigadores de Microairpolar y Aemet no era fácil. “Teníamos que diseñar una estación meteorológica capaz de trabajar a temperaturas próximas a -50 °C, con materiales que resistieran el frío y los golpes que sufriría cuando el Trineo de Viento navegara sobre el hielo. Nada podía fallar. Un solo componente inadecuado y nos quedábamos sin los preciados datos”, explica Ana Justel, de Microairpolar (UAM), que fue su responsable y dedicó muchas horas al ‘invento’. A ello se suma que el dispositivo debía utilizar la menor energía posible, dado que el  suministro del eco-vehículo depende de placas fotovoltáicas, que tenía que geolocalizar los datos con un GPS y que su manejo debía se fácil para los expedicionarios.

Ana Justel y parte del equipo de investigadores haciendo pruebas de conexión de la M-AWS aprovechando su participación el IX Simposio Polar de 2018. @RosaTristán

Tras muchas pruebas y ensayos, en la Mobile Automatic Weather Station se colocó un datalogger y un GPS dentro de un contenedor isotérmico acolchado de polietileno expandido. Su suministro de energía se solucionó con una batería de litio hecha a medida con capacidad suficiente para soportar dos meses sin tener que recambiarse pese a las bajas temperaturas, que llegaron a ser de menos 42,2ºC.  Con este fin, se incorporó una resistencia eléctrica  alimentada por dos celdas solares de 10 W. Asimismo, se configuró con un sensor de viento (anemómetro) y una sonda de temperatura y humedad relativa, si bien los autores señalan que pueden incorporarse más  instrumentos. Con todo ello, cada 30 minutos, en automático, recogería los datos.

Y así lo hizo. El M-AWS funcionó a lo largo de los 2.538 kilómetros recorridos en ‘Antártida Inexplorada 2018-2019’, recopilando y almacenando la información la mayor parte del transecto pese a que los cables que enlazaban la resistencia eléctrica con los paneles solares se rompieron al octavo día debido al frío y los bruscos movimientos del vehículo eólico. Por contra, el interior de la ‘caja negra’ se mantuvo indenme y funcionando. Más problemas, irresolubles, hubo con el anemómetro, dado que no pudo colocarse en el trípode diseñado con este fin en el Trineo de Viento al resultar muy pesado, algo que, apuntan, deberá mejorarse para futuras expediciones con el Trine de Viento.

En todo caso, se recopilaron datos meteorológicos que están siendo utilizados por varios de los proyectos científicos participantes en la expedición que, además, ya sirvieron para que el equipo de Aemet Antártida elaborara los boletines de previsiones que cada día enviaban a los expedicionarios vía satélite.

Prueba de la importancia de esta estación móvil, una auténtica ‘caja negra’ de la meteorología, es que la revista ha publicado este desarrollo español coincidiendo con el Año Polar Predicción Período Especial de Observación del Hemisferio Sur (YOPP) y que se hayan incorporado sus observaciones a la base de datos de YOPP en PANGEA. Para futuras expediciones, su objetivo es integrarlos datos en el Sistema Mundial de Telecomunicaciones de la OMM (Organización Meteorológica Mundial).

En todo caso, conviene hacer un poco la historia. La recogida de datos meteorológicos sobre el terreno antártico comenzó a principios del siglo XX con grandes exploradores, como Ernst Shackleton, Amundsen, Scott o Fuchs… Una vez conseguidos los retos geográficos, se olvidó ese inhóspito lugar, del que ningún recurso natural podía sacarse a simple vista, hasta que en el Año Geofísico Internacional en 1957/58, la comunidad internacional decidió construir estaciones de investigación científica en el continente y, en ellas, se instalaron las primeras estaciones meteorológicas, todas fijas.

Desde entonces, entre los esfuerzos por aumentar la cantidad de datos que estas pocas estaciones pueden proporcionar destacan los del Centro de Investigación Meteorológica Antártica de la Universidad de Wisconsin–Madison, que desde finales de la década de los 70 mantienen una red de estaciones meteorológicas automáticas (AWS), hoy 63 según su web, en la plataforma de hielo Ross y la capa de hielo antártica occidental (de hecho Larramendi estuvo en mayo de 2019 reunido con este equipo para ver posibilidades de colaboración con el Trineo de Viento).

Equipo del Trineo de Viento en Antártida Inexplorada, con la M-AWS en primer plano.

Pero la Antártida tiene 14 millones de kilómetros cuadrados, así que ese centenar aproximado de AWS fijas son como unos pocos granos en una inmensa paella. Bien es verdad que también hay registros de  aviones o satélites, con los que se realizan modelos meteorológicos, pero los investigadores recuerdan que lo más preciso es recogerlos sobre el terreno. Por ello, en los últimos años se ha retomado la importancia de realizar trayectos interiores (transectos), sobre todo por la Antártida Oriental, de donde menos información se tiene.

El problema es el coste de estas expediciones polares, algo en lo que el Trineo de Viento de Larramendi aporta una alternativa económica y no contaminante, al estar impulsado por cometas gigantes de entre 30 y 150 metros cuadrados, ser desmontable totalmente y capaz de recorrer miles de kilómetros sin problemas. En estos momentos, una comisión del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades está analizando la posibilidades de incorporar el eco-vehículo al programa polar español. El ministro Pedro Duque confirmó esta misma semana a este blog que el proyecto sigue adelante, tras realizar una consulta sobre su idoneidad a los investigadores españoles. 

De momento, la expedición ‘Antártida Inexplorada’ de este año ya  ha dado lugar a un innovador dispositivo, que podrá ser utilizado por científicos polares de todo el mundo. Para los firmantes, “el creciente interés en las regiones polares, que ha surgido recientemente debido a los desafíos impuestos por el cambio climático, requiere un aumento en la cantidad y calidad de datos siempre que sea posible a través de métodos económicos y sostenibles para el medio ambiente”.

 

 

 

La COP 25: ¡’Tiempo de actuar!, que nos queda poco para reaccionar


ROSA M. TRISTÁN

Los preparativos para la Cumbre del Clima COP25, que se celebrará en Madrid (del 2 al 13 de diciembre) van a todo tren en España, toda vez que hace apenas 15 días que se cambió la sede de país (Chile) y de continente. Tan rápidas como lentos están siendo los gobiernos que se reunirán para el evento en aplicar un acuerdo firmado hace ya cuatro años y que, en general, se lo están saltando a la torera, ya sea porque han hecho unos planes de adaptación al cambio climático llenos de irregularidades (lo contaba hace unos días), o porque resulta que sólo la mitad de los países del G-20 se molestan en cumplirlos.

La COP25, con Estados Unidos de retirada del Acuerdo de Paris,  una tremenda crisis política y social en América Latina (véase Bolivia, Chile, Nicaragua, Brasil, Haití, Guatemala… ) y con Rusia y China creciendo en emisiones, no podía aplazarse porque resulta que millones de personas en la Tierra ya están sufriendo el cambio climático, sin esperar al 2030 ni al 2050. Y también resulta que no están recibiendo las ayudas que debieran, mientras ya se sabe que el futuro irá a peor si seguimos por este camino. Para los que ya lo viven (se enteren o no) y para los que están a punto de hacerlo. Así que el reloj del logo de la COP25 y el lema ‘Tiempo de actuar’ (Time for Action) viene como anillo al dedo, un anillo que ojalá sea para un compromiso real y no meramente declarativo, porque las palabras se las lleva el viento, y en este caso puede ser huracanado.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, de quien surgió la idea de proponer España para la cumbre, está ya con su equipo en plena organización de un evento que traerá a más de 20.000 personas a la capital, entre equipos ministeriales, asesores, ONGs y activistas, empresas, etcétera. Más de 113.000 metros cuadrados ya están reservados en Ifema para la Cumbre, de los que 65.000 serán para que la ONU celebre las reuniones oficiales, es decir, de los 174 países más la UE , más otros actores, hasta sumar 197, y otros 13.000 m2 para reuniones en paralelo.

Ribera, en una primera rueda de prensa de contacto, ha asegurado que está previsto invitar al presidente Donald Trump, como a otros Jefes de Estado, aunque ya se sabe que no vendrá porque a Trump es del grupo de los descreídos, como si se tratara de una fe… Y a preguntas sobre la Presidencia que ostentará Chile, dejó claro que “España no trata de competir ni de discutir esa presidencia”. “Es fundamental el respeto y este año le tocaba la COP a América Latina”, aseguró.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. @Rosa M. Tristán

En total, se estima que el costo del evento será de unos 60 millones de euros para los presupuestos del Estado, si bien en Madrid podrían quedarse unos 100 millones por la afluencia de personas, pero son cifras estimativas porque ahora mismo la maquinaria está en marcha y no es fácil organizar a tanta gente. Teniendo en cuenta que un km de autovía cuesta seis millones de euros, no parece mucho.

De momento, se sabe que habrá en Ifema un área azul para las negociaciones oficiales de la ONU y actos paralelos; una zona verde para la sociedad civil (ONGs, sponsors, empresas,  inovadores, jóvenes, científicos… ) y un espacio llamado Ágora para la organización de eventos culturales, presentaciones, exposiciones, etcétera (se pueden presentar ofertas de eventos hasta el 17 de noviembre) . Las ONG que quieran acudir debe darse de alta  AQUI.

Unos días antes tendrá lugar la Cumbre Juventud por el Clima, tal como se preveía en Chile, que reunirá a 1.500 jóvenes de todo el mundo. En este caso, la logística se organiza con las universidades de Madrid.

Además, se prepara un gran eje climático en la ciudad bajo el título de “Castellana Verde”, que vaya desde Atocha hasta la Plaza de Castilla con infinidad de propuestas de empresas, museos, instituciones, ministerios… que están en la zona y que giren en torno al debate climático . “Además, queremos animar a todos los ayuntamientos a que sumen iniciativas”, apuntaba Ribera.

Como apoyo a todos los que vienen de fuera, se ha creado una Central Oficial de Reservas a la que pueden acudir los participantes. Asimismo, se buscan patrocinios para conseguir vuelos para miembros de las ONG latinoamericanas que se han visto sorprendidas con el cambio de continente, y cuya escasez de recursos les pondría complicado venir a Madrid, restando visibilidad a los muchos problemas que acucian a este continente, desde los grandes incendios amazónicos, hasta la situación dramática por desastres en Haití o las sequías en Guatemala.

“Nuestro mensaje es que es tiempo de acción, incluso si alguien retrasa su capacidad de acción se impone la voluntad de actuar del conjunto de la sociedad y ese mensaje es fundamental que sea el eco que quede en España. Vivimos crisis ambientales de todo tipo, porque hemos vivido de espaldas a límites planetarios, pero  hemos identificado los problemas y si queremos un futuro para nuestros hijos y nietos esta es una oportunidad para que España se reposicione y vuelva a identificar con más correcicón lo que se entiende por progreso. Es el sentir de la mayoría de los españoles”, ha concluido la ministra.