El futuro y presente de la ciencia polar, a examen en Madrid


 

ROSA M. TRISTÁN

Hacía siete años que no se reunían los científicos polares españoles. La ocasión de ‘ponerse al día’ para compartir y debatir tuvo lugar, por fin, la semana pasada en el marco del IX Simposio de Estudios Polares, organizado por el CSIC y el IGME. En total, 170 científicos de los, más o menos, 500 que conforman esta comunidad de los hielos acudieron al evento, tres jornadas en las que se aprendió de ciencia (hubo 20 conferencias sobre los temas más diversos), pero también de política científica, de legislación, de los cambios que están teniendo lugar por el cambio climático, de las dificultades de investigar donde no hay bases (recordemos que España tiene dos en sendas islas de la Península Antártica: Livingston y Decepción).

Durante el primer día, el responsable de las grandes instalaciones científico-técnicas (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), José Ignacio Doncel, aterrizó con un dato que enseguida puso sobre la mesa “Ciencia y logística polar”, moderada por José Miguel Viñas. “El coste de cada campaña para el Ministerio es de 7,5 millones de euros, sin contar lo que pone la Armada o el Ejército de Tierra, así que cada proyecto nos cuesta al año entre 300.000 y 400.000 euros, de lo que casi todo se va en la infraestructura (bases y buques). La investigación polar está garantizada pero estas cifras nos recuerdan que requiere un gran esfuerzo”, señaló.  Y añadió: “Necesitamos un nuevo buque logístico y oceanográfico que sustituya al Hespérides para 2025, y ya estamos hablando sobre ello, pero hay que priorizar y para ello debe cuajar en unos presupuestos donde todas las áreas de investigación compiten”.

Todo ello vino a cuento de lo que Doncel quería dejar claro: que falta ‘retorno’ de los resultados científicos para que el Ministerio defienda con argumentos esta ciencia polar: “He intentado recuperar resultados de cada infraestructura a lo largo de los años y no es fácil porque cada científico se lleva los suyos y a la instalación no llegan y esa información es importante para luego obtener fondos”, les aseguró en lo que sonó como una regañina.. A ello le respondió el investigador Francisco Navarro (UPM), que el exceso de burocracia les quita tiempo para luego poder divulgar e informar adecuadamente. Andrés Barbosa, gestor del Programa Polar Español, añadía que en el último año se desarrollaron en la campaña antártica 11 proyectos por dos millones de euros y se congratuló de que haya “nuevos tiempos en la ciencia española, más lentos de lo que nos gustaría pero ya se nota en que hay más oferta de plazas”.

Por otro lado, aunque salga caro, Miguel Angel Ojeda, de la Unidad de Tecnología Marina (UTM-CSIC) recordó que en la última campaña antártica participaron 200 personas entre investigadores y técnicos, que son muchos, e hizo hincapié en la necesidad de buscar otros soportes de modelos con otros programas polares.

En esta mesa también salió a relucir el asunto de si España debe tener o participar en instalaciones en el Ártico (el 8% de los 110 pósters sobre proyectos científicos presentados se referían a esa región, el 11% a los dos polos y el 81%  a la Antártida), a lo que se respondió desde el Comité Polar que no se plantea esa opción porque “no hay demanda” y de momento seguirá el modelo actual, según el cual los investigadores contactan con universidades o centros extranjeros a nivel individual para poder investigar allí. Un modelo que por los comentarios no convence a todos por igual. “Si no estás en las bases españolas, no tienes el mismo apoyo, nos encontramos con más problemas”, decían en los pasillos.

En este sentido, se comentó una posible expansión más allá de nuestras dos bases hacia el interior del continente antártico, donde ya trabajan algunos en colaboración con otros países, pero para hacerlo de forma continúa algunos reclaman medios de transporte, como un helicóptero, cuyo mantenimiento, recordó Doncel, sería caro. Otros platearon propuestas más innovadoras. Miguel Ramos, de la Universidad de Alcalá de Henares, recordó que si se quiere estar en la zona continental, hay que contar con el Trineo de Viento de Ramón Larramendi, una opción que les permitirá recorrer miles de kilómetros. Ojeda, por su parte, destacó que de cara a la colaboración internacional “lo importante es ir con el bolsillo lleno de cosas para intercambiar”, mientras que Barbosa argumentó que es la ciencia la que debe tirar de la logística y no al contrario (“Para alternativas como el Trineo de Viento habría que generar un consorcio de proyectos coordinados que lo incluyan en sus presupuestos y, si se consolida, podrá tener cabida como una infraestructura más”).  Otros científicos, como Miguel Angel de Pablo,  apuntarían después que los proyectos científicos hoy se adaptan a lo que se les ofrece, dado que no sobran los recursos, por lo que apostaba por el camino inverso: incluirlo como infraestructura y ofrecerlo. Lo cierto es que el pionero eco-vehículo estuvo muy presente en este IX Simposio, en cuya edición irrumpió por primera vez, y no sólo con un póster o con la presencia del propio Larramendi, sino que se explicaron varios proyectos en las sesiones plenarias en los que ya ha participado o participarán en la próxima expedición antártica, en diciembre de este año.

Este asunto sobre la presencia de España en ambos polos volvería a estar presente en la mesa “Conexiones Antártida-Ártico”, en la que participaron Francisco Aguilera (responsable de la diplomacia polar), la profesora de Derecho Elena Conde, el secretario general del Comité Polar, Antonio Quesada, y los científicos Francisco Navarro y Carlos Pedrós. Como era de esperar, se habló mucho de las dificultades para proteger el Ártico como lo está la Antártida, debido a la cantidad de países implicados en ello y de los intereses económicos en la región, pero también de los problemas que tienen los científicos españoles para trabajar en las cercanías del Polo Norte por la mencionada falta de apoyo para su logística.

Así era la Antártida en el Cretácico, según explicó Jane Francis en el IX Simposio..

Otro conclusión en esta mesa fue la necesidad de mejorar la divulgación de la ciencia polar española, aprovechando  el interés que los territorios polares despiertan. Ello ayudaría a eliminar las “fake news” científicas que se lanzan en algunas campañas mediáticas sobre cambio climático e incrementaría el apoyo a unas investigaciones que son costosas, pero también necesarias. De hecho, España ocupa el décimo lugar en cuanto a producción científica de este área, puesto que ha mantenido pese a los recortes en I+D+i de los últimos años. Lourdes Armesto, del Ministerio de Ciencia,  añadiría un importante al día siguiente: explicó que a la hora de aprobar un proyecto científico se tiene muy en cuenta cómo se divulgará socialmente y que no hacerlo ‘baja la nota’, así que aprovechó para darles un pequeño tirón de orejas: “Dedicáis poco tiempo a ello pero es fundamental”.

El último día, en otro debate moderado por Valentín Carrera, se centró en las perspectivas de la investigación y la posibilidad de crear un Instituto Polar que la aglutine, al estilo de Gran Bretaña o Alemania. La opinión general de la mesa fue que no es necesario (así lo  destacaron Antonio Quesada, Jerónimo López, Miguel Ramos y la representante de la Agencia Estatal de Investigación Lourdes Armestro), si bien casi todos destacaron la importancia de mejorar la coordinación entre los proyectos, algo de lo que se encarga el Comité Polar Español, con muy pocos recursos humanos para ello.

Asimismo, se habló de la necesidad de contar con un Plan Estratégico para la investigación polar española y de incluir los Objetivos de Desarrollo del Milenio como parte del trabajo científico, algo que no se hace. Si es verdad que existen unas directrices generales polares y un plan estratégico general de I+D+i, pero para algunos como el representante español en el SCAR, Jerónimo López, es preciso contar con un plan específico que ordene lo que alguien calificó de “guerra de guerrillas”, en el sentido científico, evidentemente, con el fin de hacerse un hueco.

Estos debates fueron parte de una radiografía en la que, en las conferencias de los proyectos, quedó en evidencia que las investigaciones tienen resultados, aunque a veces no nos lleguen a los ciudadanos, y que éstos nos están ayudando a saber cómo son los impactos en la flora de los cambios climáticos (Leopoldo García-Sancho), cómo se están transformando los glaciares (Francisco Navarro), qué microorganismos  hay y cómo vuelan por el aire polar (Antonio Quesada), cómo han evolucionado los pasos del Drake y Tamania en la Antártida (Carlota Escutia y Fernando Bohoyo), qué contaminantes ya han llegado hasta los territorios polares (Jordi Dachs)  o cómo está la capa de ozono (Margarita Yela), entre una larga lista de cuestiones. También que todo ello tiene futuro porque hay jóvenes científicos polares empeñados en ello, tanto que ya están agrupados en APECS SPAIN.

Ah, y como apostilla final, se echaron en falta más mujeres en las mesas de debate, dado el nivel elevado de científicas polares que tenemos en este país. De hecho, estaban presentes en el 35% de los pósters (aún falta para el 50%), pero es un porcentaje que no se alcanzó en dichas mesas.

 

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‘RAICEX’ : la voz de los científicos españoles en el extranjero


ROSA M. TRISTÁN

Cuando la crisis económica, generada fundamentalmente por movimientos bursátiles y la burbuja inmobiliaria, estalló en España, fueron muchos los jóvenes científicos de este país que tuvieron que hacer las maletas… y se desperdigaron por los cinco continentes. Es un tema que he tratado a menudo en este espacio. Ahora, muchos de ellos, se han organizado en una red, a la que han denominado RAICEX (Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior) porque, regresen o no si las condiciones mejoran en este país, que está por ver, están convencidos de que pueden aportar conocimiento y sus experiencias en el exterior. Y no son pocos: RAICEX agrupa a organizaciones de 15 países y más de 3.500 investigadores.

 

Durante su visita a España, fueron recibidos en el plenario del Congreso de los Diputados con una gran ovación, incluso desde la bancada del PP, que con sus recortes en ciencia han obligado al exilio a muchos de ellos. Y también hicieron su presentación ‘oficial’ en la Fundación Ramón Areces, donde conocí a Javier Escudero, presidente de Raicex y de la Asociación de Investigadores Españolas en Reino Unido (SRUK CERU). “Hace ya tiempo que hablamos de ello y hace ya 3 años que las asociaciones de todo el mundo nos reunimos por primera vez. Sabíamos que la voz hace la ciencia y que unidas tendríamos más fuerza ante las autoridades españolas, porque buscamos que la red un punto de encuentro, si bien fue el año pasado cuando le dimos el gran impulso”.

Aquel encuentro tuvo , en septiembre pasado, tuvo como telón de fondo el ánimo del Gobierno de considerarles ‘embajadores’ de la ciencia española, aun cuando hubiera sido más adecuado llamar a muchos ‘exiliados’ por falta de recursos en su país. Así se recogió en este Laboratorio para Sapiens.

“Lo que queremos es poner en relevancia la ciencia, partiendo de la base de que algunos queremos volver y otros no, pero en todo caso todos queremos contribuir a mejorar el sistema de I+D+i español y a fomentar colaboraciones internacionales y multisectoriales entre nosotros y los que están aquí. Queremos aportar nuestro conocimiento de medidas que existen fuera y pueden ser aplicables en España”, explicaba Escudero.

Paula Fernández, que vive en Dinamarca, destacaba que hay cosas que funcionan en otros lugares exportables. “En el caso de México, la mitad de los socios somos de ciencias sociales y humanidades, pero todo es ciencia, y por otro lado, queremos facilitar las vías a quienes quieren irse fuera de España, dado que nosotros ya hemos pasado por esa experiencia.

Ya por la tarde fue la reunión con la recién estrenada Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades para presentarles RAICEX , iniciar canales de comunicación y poner sobre la mesa la necesidad de impulsar un Pacto por la Ciencia, como el que ya se firmó en 2013 (lo firmaron todos los partidos menos del PP). “Queremos políticas a largo plazo para la ciencia, al margen de quien estén en el poder, porque será la forma de saber si estamos de acuerdo en que la ciencia debe ser el motor del crecimiento económico, del bienestar social, de mejoras en salud, etcétera”, añadió Escudero.

En la presentación estuvo también el científico Emilio Muñoz representando a la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), de la que formo parte. “Creo que ambas somos complementarias. Ellos tienen ahora una asociación paraguas para científicos en el extranjero y nosotros hemos creado una asociación paraguas para toda la ciudadanía española. De hecho, hay algunos de sus miembros que están en ambas. Lo importante es que no sean corporativos, sino que colaboren en hacer sociedad con la ciencia. Nosotros lo que queremos es llegar a ser 40.000 personas que demuestren que hay apoyo social a la ciencia”.

Tras unos años de sequía en políticas científicas, con un nuevo y flamente

Starmus de luto: Brian May, Leonov, Israelian, Dawkins… dicen adiós a Stephen Hawking



ROSA M. TRISTÁN

“Hoy, el 14 de marzo de 2018, la raza humana ha sufrido una pérdida inconmensurable”. Así comienza el mensaje que los amigos de Stephen Hawking en el Festival Starmus han lanzado hoy al conocer la noticia de su fallecimiento. Pareciera que a nadie debiera extrañar, dado que casi su vida entera ha sido un regalo, para él mismo y para el resto de la Humanidad, pero aún así deja un hueco que ha unido a astronautas, científicos y estrellas de la música en un adiós que refleja en si mismo la pasión por divulgar del astrofísico más famoso del mundo. Quien tuvo ocasión de estar con él saben que es alguien a quien no se olvidará nunca, por su obra y por su inmensa capacidad de supervivencia. Tampoco se olvidará que este país dejó marchar un festival único en el mundo que él defendió hasta el final. 

En la misiva, que me llega desde el Festival Starmus, el guitarrista Brian May (Queen), Peter Gabriel, el fundador y director de Starmus, el astrómomo Garik Israelian, el cosmonauta ruso Alexei Leonov, la directora del SETI (institución para la búsqueda de vida inteligente extraterrestre en EEUU) Jill Tarter, el biólogo Richard Dawkins, el astrónomo Robert Williams, el Nobel de Medicina en 2009 Jack Szostak y  el escritor y divulgador David J. Eicher, señalan que “ no fue solo uno de los mejores científicos de todos los tiempos y una de las personas más influyentes del planeta, también un modelo e inspiración para muchos de nosotros”.

“Stephen Hawking” -continúan – “cambió la forma en que percibimos nuestro Universo, nuestro tiempo y nosotros mismos y lo hizo con su talento único de comunicación y su suave sentido del humor Hawking. Aunque dejó un rico legado de ambos académicos y textos de popularización de la ciencia, extrañaremos su personalidad hilarante y su destacada habilidad para hacer de este mundo un lugar mejor”. 

Y es que Stephen Hawking fue miembro de la Junta Asesora de Starmus, y además un miembro activo porque encontró en este evento, creación de Garik Israelian (astrónomo en el Instituto de Astrofísica de Canarias), un espacio idóneo para su afán de atraer a los jóvenes hacia la ciencia, y hacerlo a través de su otra gran pasión: la música. Así que participó siempre que pudo, desde que en 2014 fuera su principal estrella (en el último Starmus 2017 en Noruega por Skype porque sus médicos no le dejaron viajar, pero quería estar) y también siempre estuvo dispuesto a enviar cartas de apoyo, a estar presente ante los medios para los grandes anuncios. 

La Medalla Stephen Hawking, otorgada a los comunicadores científicos más  exitosos, y creada por el Festival Starmus, mantendrá su legado y continuará inspirando a los amantes de la ciencia en su nombre. 

“Para muchos de nosotros, Stephen Hawking era un símbolo de las inmensas capacidades del ser humano, de la mente que nunca se rinde y de la ciencia misma”, señalan los firmantes, que recuerdan que Stephen nació el día del cumpleaños de Kepler, pero 300 años después,  y ha fallecido el día del cumpleaños de Einstein, y como Einstein a la edad de 76 años. “Conservaremos este símbolo en nuestros corazones y seguiremos el camino que él anhelaba para nosotros. ¡Descansa en paz, profesor Hawking!”. 

El Starmus 2019 ya no contará con su presencia, pero no dudo de que será el gran homenaje a lo que le ha impulsado los últimos años: que la ciencia ayude a tener un mundo mejor.

Satélite PAZ: un “espía” para vigilar las fronteras desde el espacio


ROSA M. TRISTÁN

Tres, dos, uno, cero…. Y un gran aplauso ha resonado en la sala del Centro de Astrobiología (CAB), donde se ha seguido ‘on line’ del lanzamiento en California del primer satélite 100% español, el satélite PAZ, cuyo radar está destinado fundamentalmente al Ministerio de Defensa. Diez años después de que comenzara su construcción y cuatro desde que se planificara su primer lanzamiento, ha llegado al espacio para ‘vigilar’, desde su órbita polar, lo que acontece en las fronteras y en los mares que nos rodean, pero también, según señalan sus propietarios, para enviar información de utilidad ambiental, en caso de catástrofe natural o sobre infraestructuras de los territorios que sobrevolará 15 veces al día a 514 kilómetros de altura, cubriendo una superficie de 300.000 kms cuadrados. Como de momento no hay a la vista ninguna posible invasión, entiendo que esa vigilancia se centrará sobre todo en los inmigrantes, refugiados de las guerras, desplazados por el hambre que llegan hasta los límites de nuestro territorio nacional.

Sorprende el espectacular seguimiento que ha tenido el evento. Más de 170.000 personas han seguido, vía ‘streming’ su salida desde la base norteamericana de Vanderguer. Exactamente, eran las 15.17 horas y el público no dejaba de crecer por miles. Era, de hecho, el cuarto intento en los últimos días de lanzarlo en el Falcon 9 de la compañía norteamericana Space X, que lo ha llevado abordo junto a otros dos satélites de su propiedad. Ayer miércoles, en los últimos minutos, finalmente tuvo que ser aplazado por fuertes ráfagas de viento, una noticia que cayó como un jarro de agua fría entre el público que había asistido al CAB para seguir desde allí el evento. Entre los asistentes se encontraba la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, y un buen número de altos cargos militares.

Y es el satélite PAZ, que ha costado 160 millones de euros y que se considera sobre todo un ‘satélite espía’, ha tenido un recorrido azaroso desde que en 2007, con el socialista José Antonio Alonso de ministro, se diera luz verde a su construcción, que comenzó al año siguiente. En realidad, es uno de los dos satélites encuadrados dentro del Programa Nacional de Observación de la Tierra (PNOT), del que también forma parte el Ingenio, con un lanzamiento previsto para finales de 2019, en principio. Aquellos eran tiempos de las ‘vacas gordas’ y para ello se presupuestaron 346 millones de euros.

Dolores de Copedal, en el Centro de Astrobiología, el miércoles, en el lanzamiento frustrado del satélite. @ROSATRISTAN

Hisdesat, cuyo capital es en un 30% del Ministerio de Defensa, es la propietaria y operadora del satélite y por tanto fue quien encargó su construcción a Airbus en 2008, si bien han participado un total de 15 empresas y tres universidades españolas. Si, es el primer satélite 100% tecnología nacional, un hito para la investigación espacial española.

Su primera presentación en sociedad, con Carme Chacón al frente, tuvo lugar en 2011. Fue entonces cuando se anunció su lanzamiento para 2014 desde la base ruso-ucraniana de Bailkonur, a bordo de un cohete DNPER de Kosmotras. Sin embargo, el conflicto entre ambos países (Rusia y Ucrania) que estalló en 2013 dio al traste con este plan, según los responsables de Hisdesat, que ya habían pagado unos 15 millones de euros. La empresa rusa Kosmotras, sin embargo, señala que el retraso fue culpa de España, así que el caso llegó al Tribunal de Arbitraje de Paris, donde podría resolverse al final de mes. De momento, de los 15 millones no hay noticias.  “Es normal que intenten responsabilizar a otro para quedarse el dinero”, señalan fuentes de Hisdesat.

Todo ello llevó a que el satélite PAZ estuviera ‘aparcado’ en las instalaciones de EADS/CASA ESPACIO varios años, hasta que finalmente a finales del 2017 se anunció que sería puesto en órbita con Space X a comienzos de 2018, desde California en un Falcon 9 de los que la compañía norteamericana ‘recicla’ en parte y con otros dos satélites para que saliera más económico. Aunque no se ha dicho cuánto ha costado el lanzamiento finalmente, y se asegura que no se ha aumentado el presupuesto de los 160 millones, lo cierto es que el coste de Space X ronda los 20 millones por lanzamiento. Por lo visto Space X no deja decirlo, aunque sea dinero público lo que se gasta.

Simulacion El satelite espia Paz el primer satelite espia espanol HISDESAT

Miguel Angel Serrano, director de operaciones de Hisdesat, es decir, el responsable de que se mantenga en su órbita y envíe unas 100 imágenes diarias al centro de control en el INTA (Torrejón de Ardoz), asegura que pese a estos retrasos, 10 años desde que comenzó su construcción y cuatro de su primer lanzamiento, el satélite no está obsoleto. “Afortunadamente se diseñó con tecnología muy puntera y en estos años se ha mantenido y han ido mejorado prestaciones que puede tener. Se han desarrollado dos modos de imágenes, que se le incorporarán una vez esté en el espacio y permitirán que alcance una precisión de hasta 25 centímetros y en mucho más terreno”, declaraba. En 2014 se hablaba de una precisión de su radar de un metro. Asimismo, y aunque su vida útil está prevista que sea de siete años, que es para los que tiene combustible, en Hisdesat confían en que se mantenga activo mucho tiempo más, al igual que sus gemelos alemanes, TerraSAR y TanDEMX , que ya llevan 10 años en el espacio.

Además de las prestaciones para Defensa, el satélite se espera que tenga un importante papel para ministerios como Interior (lo dicho: vigilancia de fronteras, vigilancia aduanera…), Fomento o Agricultora y Medio Ambiente, entre otras instituciones gubernamentales. Asimismo, podría proporcionar información importante en caso de catástrofes naturales, infraestructuras, vertidos contaminantes, mapeos de cultivos, etcétera. “La antena principal estará en el INTA y los clientes podrán hacer peticiones y acceder a los datos a través de una web, pero si un cliente en concreto requiere mucha información incluso podrá tener su propia antena en su sede para recibir datos del satélite”, según Serrano.

Existe la posibilidad de que en el futuro se consiga otra antena de descarga de los datos en el Ártico, quizás en el archipiélago de Svalbard, lo que permitiría tener más descargas de la información, dada la cantidad de veces al día que Paz va a pasar por allí. Pero es un acuerdo que aún no está cerrado, así que de momento tendrá que esperar a pasar por Torrejón de Ardoz.

DOSSIER SATÉLITE PAZ CON TODO SU EQUIPAMIENTO

 

El astronauta Scott Kelly: “Explorar nos ha hecho los humanos que hoy somos”


ROSA M. TRISTÁN

Una rueda de prensa con un astronauta en la que se le pregunta si ha visto  OVNIS o si dependía de la tecnología para sobrevivir en el espacio. Y Scott Kelly ha resistido estoicamente, aunque bien es cierto que en ciertos momentos, se notaba cierta sorna. “¿Me está preguntando usted si he visto OVNIS?”. Kelly es el segundo ser humano que más tiempo ha estado de seguido en el espacio: 340 días (el ruso Valeri Poliakov estuvo 437); una experiencia que le ha marcado y que describe en el libro autobiográfico ‘Resistencia” (Debate) que ha venido a presentar a España. Es una obra conjunta con la escritora Margaret Lazarus Dean, aunque ella no figura en la portada, ni en la contraportada, ni en la versión inglesa ni en la española. Valga mi reconocimiento desde aquí.

Kelly recordaba cómo su afán por ir al espacio no llegó hasta los 18 años, tras leer “Elegidos para la gloria” de Tom Wolfe. No comentó si su hermano gemelo, Mark E. Kelly, también astronauta, leyó la misma historia. Se sabe que no fue buen estudiante y que le tocó nacer en una familia con un padre maltratador y alcohólico. Dice mucho de su fortaleza personal que decidiera regresar a la Estación Espacial Internacional (ISS) en marzo de 2015, después de que tras una estancia anterior de 159 días (2007) sufriera un cáncer de próstata. Y es que la radiación es 30 veces mayor fuera de nuestra atmósfera, un riesgo que ya saben que deben asumir todos los que la abandonan. “Al principio, cuando me hicieron la propuesta me negué, pero luego me di cuenta de que quería más retos y que eso significaba ir más tiempo, así que acepté”, reconocía Kelly. El objetivo de la misión era probar cómo resistía el cuerpo humano fuera de la Tierra en la que evolucionó a lo largo de millones de años, de cara a un futuro viaje a Marte. Así que al regreso se comparó su estado con el de su hermano Mark.

Poco ha contado Kelly de los cambios físicos que experimento tras casi un año sin gravedad y 5.440 vueltas a la Tierra. Si nos ha dicho que volvió con una modificación en el ADN, los telómeros más largos, que es como decir que volvío rejuvenecido. También algo más alto por la falta de gravedad, aunque pronto recuperó la suya con la gravedad. Nada nos ha hablado de sus dolores musculares, su poco volumen de sangre o su mala puntería. “Lo que más me preocupaba era la radiación y de hecho es el reto de cara a viajar a Marte: o vas muy rápido o te proteges mejor para sobrevivir”, ha dicho. A nivel psicológico, ha asegurado que no detectó ningún cambio, aunque ya se intuye una personalidad fuerte, resiliente, con pocas concesiones al relajo de una sonrisa. De hecho, no ha habido ni una en la hora de rueda de prensa, pero si muchas interpelaciones porque no entendía las preguntas.

Evidentemente, una de ellas ha sido sobre la propuesta de Donald Trump de volver a la Luna. “Tenemos que volver para practicar antes de ir a Marte, pero Trump dice que vamos a regresar y luego recorta el dinero de la NASA o la deja sin administrador todo un año (seguimos sin tenerlo) así que no es una propuesta seria, es solo publicidad, no me lo tomo en serio”.

Kelly ha repetido lo que otros muchos astronautas han compartido públicamente antes que él, empezando por Neil Armstrong: “Sentí más fuerte la relación con el medio ambiente, del precio que se pagará con el cambio climático. El planeta es hermoso y los que pasamos mucho tiempo fuera vemos que somos parte de un todo y hay que buscar soluciones conjuntas”.

Como anécdota, reconoció que lo que más echó de menos durante tantos meses, al margen de la familia,  fue la sensación de ducharse y sentir el agua correr por el cuerpo,  pero también ver el sol y mojarse con la lluvia, incluso sentarse en una silla.

Yo le pregunté por su libro de cabecera en esa aventura espacial, “El legendario viaje de Shackleton” de Alfred Lansing: “Los astronautas tienen muchas características comunes con los exploradores: la curiosidad, la capacidad de manejar situaciones complejas, de lidiar con la soledad. Así ha sido en la exploración del siglo XIX y XX y será en la de Marte”. “A Shackleton se le rompía todo y salía adelante, así que cuando estaba algo bajo de ánimo, abría el libro y me hacía sentir mejor. Me inspiraba su coraje. De hecho, “Resistencia” es un homenaje a Shackleton”, ha explicado después de resumir la aventura antártica del ‘Endurance’ a comienzos del pasado siglo.

Kelly, que envío y compartió más de mil maravillosas fotos de la Tierra desde la ISS, comentó que en pocos años el turismo espacial organizado será una realidad con compañías como Space X o Virgin. “Igual en 100 años hay una aero-línea galáctica que va de Madrid a Nueva York en 20 minutos”, aventuró.

Y respondió a otra pregunta inevitable: ¿por qué invertir en exploración espacial con los problemas que hay dentro del planeta? La respuesta fue la lógica-previsible: “Si el ser humano no fuera un explorador curioso no habría salido nunca de la selva porque es el afán con conocer lo que nos ha hecho ser lo que somos. Las civilizaciones que no viajaron, desaparecieron. Además, los programas de la NASA atraen a millones de niños a la ciencia. Y, por último, si tenemos un presupuesto de 19.000 millones pero gracias a él se desarrollan nuevas tecnologías útiles para todos. En total, he estado 50o días en la ISS y allí no había dinero, todo se gastó en la Tierra, en mejorar la sociedad”.

Por cierto… ¿Y si le propusieran ir a Marte? “Sólo iría a Marte si está garantizado el viaje de vuelta”.

 

 

 

 

 

 

 

Investigadores españoles convierten el aliento en un detector de salud


ROSA M. TRISTÁN

Descubrir nuevos biomarcadores que nos sirvan para diagnosticar de manera poco invasiva, precoz y precisa algunas enfermedades, constituye hoy uno de los retos de la ciencia para poder poner en marcha los tratamientos los primeros síntomas. Y conseguir que un simple soplo de aliento nos de esa información parecería imposible si no fuera porque es una tecnología que ya existe gracias a la investigación y el desarrollo realizado por la pionera empresa  Fossil Ion Technology, una iniciativa de tres jóvenes investigadores españoles que no se han rendido ante las dificultades el sistema científico nacional y están cosechando grandes éxitos en  todo el mundo.

Se trata de un potente sistema de análisis del aliento que es capaz de detectar en cada soplido, y en una décima de segundo, un espectro de más de 2.000 moléculas o especies químicas diferentes, que son las que hay en el aire que exhalamos en cada respiración. En realidad, consisten en la mezcla de las moléculas procedentes del metabolismo humano: de los alveolos de los pulmones, de las vías respiratorias y de las bacterias de la boca, entre otras. El dispositivo, bautizado como SUPER SESI, permite identificar si hay moléculas que se hallan sobre-expresadas en pacientes que tienen patologías concretas, revelando así  determinados estados biológicos.

Foto del equipo. En el centro, Guillermo Vidal de Miguel y Miriam Macía.

Se trata de una patente de Guillermo Vidal de Miguel, ingeniero aeronáutico y responsable del proyecto junto con Miriam Macía Santiago y Gabriel Jauma Gómez. Vidal de Miguel tiene ya 12 patentes en su haber y pese a su juventud ya ha estado investigando en la Universidad de Yale (EEUU), en Suiza y en Valladolid, antes de aterrizar en Málaga.

Para que los resultados obtenidos permitan a los científicos seguir ese rastro y concluir si la substancia o substancias encontradas son una llave para detectar una enfermedad, deben medir la composición del aliento del mayor número de pacientes posibles y así poder comparar los datos con los de personas sanas. Aunque prestigiosos prestigiosos hospitales en varios países, como  el Hospital Infantil de Zúrich, el Hospital Infantil de Basilea o el Instituto Nacional de Investigación del Tumor de Italia, ya están utilizando esta tecnología, el problema está en que sólo pueden acceder a los resultados estadísticos que ellos mismos generan.

Ahora, gracias  al apoyo económico de PROMALAGA, la empresa del Ayuntamiento de Málaga que promueve iniciativas tecnológica, y de la Asociación Española de la Industria de la Ciencia  (INEUSTAR), Fossil Ion Technology va a poder desarrollar una sofisticada herramienta para el procesamiento de los datos con potentes algoritmos del CERN,  la Organización Europea para la Investigación Nuclear. “Esta red permitirá acelerar el proceso de encontrar biomarcadores y que los pacientes y la sociedad en su conjunto se beneficien cuanto antes de estos avances”, apunta Guillermo Vidal de Miguel.

Esta pequeña empresa innovadora es un ejemplo del potencial que tienen algunos jóvenes investigadores españoles. En este caso, unos que se fueron del país y han logrado retornar para poner en marcha su innovadoras iniciativas. Una prueba de su impacto internacional es la visita que, recientemente, realizó a su sede un grupo de científicos de la Ciudad de la Ciencia de Daejeon (Corea del Sur), entre los que se encontraban representantes de las más importantes universidades y centros de investigación coreanos, muy interesados por esta innovadora tecnología

2017: De los fósiles al Cosmos, el mundo en un laboratorio


Imagen de la @NASA

ROSA M. TRISTÁN

Una historia cada 10 días… Sobre la vida, la Tierra y el Universo, el pasado y el presente, que se entremezclan en mi mundo y en el que este Laboratorio para Sapiens es una vía de escape para seguir contando, para no tirar la toalla cuando la realidad levanta un muro. Así nació este blog hace ya cinco años y 350 historias. A veces, a medio gas cuando el tiempo se encoge o abierto sin vacaciones cuando la necesidad de contar apremia. Ahora, acabando otro año, es un buen momento para hacer balance, agradecer a los casi 500 suscriptores, a los cerca de 30.000 visitantes de los últimos 12 meses, a los 260.000 ese lustro, que sigan siendo fieles a un lugar que está hecho para descubrir lo que hacen los sabios ‘sapiens’ y los que no lo son tanto, para relatar y denunciar cuando es preciso.

Desde luego, si algo ha marcado el devenir de este año, ha sido la publicación de “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado“, el libro del que soy coautora con Eudadl Carbonell, editado con National Geographic (RBA). Hoy, ya está en todas las librerías, incluso entre los más vendidos en algunas listas. Como podéis imaginar, a este acontecimiento personal, en el que estoy acompañada de un científico y arqueólogo de primer orden a nivel mundial, ha sido objeto de varios artículos en un blog donde los ‘vistazos al pasado’ son habituales.

Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

Recordaros que 2017 ha sido el del hallazgo de aquel extraño trilobites con patas espinosas de hace 487 millones de años, un descubrimiento de quien siempre será para mí el ‘paleontólogo de Cabañeros’ Juan Carlos Gutiérrez-Marco, aunque tiene pateados muchos otros lugares de este planeta; y el de este otro más reciente, con Enrique Peñalver a la cabeza, de unas garrapatas que parasitaban dinosaurios hace 100 millones de años.

Vayamos a nuestra familia.  Este año, a los preneadertales de Atapuerca, les apareció un primo desconocido en Portugal, mientras que en la sierra burgalesa encontraban entre ‘estatuas’ un pedazito del pie de unos de sus ‘nietos’, un neandertal tan deseado como esquivo había sido hasta ahora. También en Cataluña dieron con otros parientes de la misma especie, en este caso asentados junto al Torrente del Mal en lo que fue un ‘cobijo de tejones’. Destacar que en el libro de honor de este Laboratorio ya figura Nick Connard, que dirige el fascinante yacimiento de Schönningen, donde los ‘sapiens’ primitivos nos dejaron tantas muestras de su arte. Y también el fotógrafo de nuestro patrimonio cultura, José Latova (Fito para los amigos), el investigador de la luz.

(sigue debajo de la imagen)

Recogiendo basura en Menorca. @Rosa Tristán

Ya en el presente, el medio ambiente, nuestro escenario de vida, dispone de un gran armario en este el Laboratorio para Sapiens. Un cuatro puertas, lleno de belleza, como la de los gorilas gemelos que me mostró Luis Arranz, pero también de desastres. En un frasco, una muestra de la ‘sopa de plástico’ que son los oceános y que puedes ver desde tu móvil, y denunciarla; en otro, el SOS de los humedales españoles, algunos ya prácticamente desaparecidos ante la falta de lluvia de este año más que seco, deshidratado; al lado un ‘desecador de cristal’ con un fragmento de esa posidonia con 100.000 años que habita entre Ibiza y Formentera que arrasó uno yate. Y el último estante, una colección de rescoldos de esos incendios monstruosos que ya en julio se vaticinaban y que superaron los peores presagios durante el verano pasado. De estas cosas y muchas otras quisimos hablar un grupo de periodistas de APIA con la ministra del ramo, Isabel García Tejerina, aunque al final la ministra nos habló mucho más de cuestiones económicas que de la conservación de la naturaleza, de la necesidad de contar con ella, aunque para muchos no sea más que por el egoísmo de nuestra propia supervivencia como especie. ¿Cuándo nos pararemos a reflexionar, como dice mi amigo Eudald Carbonell, sobre el peliagudo asunto de hacia dónde queremos ir en el futuro?

Prueba de que cada vez hay más gente preocupada por el rumbo que tomamos en algunas cuestiones fundamentales, porque el camino que tomamos nos aleja de lo que nos ofrece la naturaleza y nos hizo tal como somos, es el éxito del reportaje titulado “Somos lo que comemos“, que se publicó primero en la revista ‘Cuadernos de Pedagogía’ y que se centraba en la alimentación ‘antinatura’ de los escolares españoles en la actualidad. Desde la infancia, cómo les alejamos de ella.

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Con Michel Mayor (descubrirdor del primer exoplaneta) y el astronauta suizo Claude Nicollier en Starmus 2017.

De ahí, permitidme este salto a la más alta tecnología. La que es capaz de ver un garbanzo en la Luna, la que busca el silencio cósmico, la que nos permite detectar un asteroide peligroso para la Tierra o la que nos ‘resucita’ un satélite español llamado PAZ que creíamos olvidado y que en enero, dicen, saldrá al espacio, 10 años después de cuando comenzó a diseñarse. Así como hemos ido vaciando nuestros bosques, mares, campiñas y ríos, hemos ido llenando huecos con objetos que nos permiten aumentar el conocimiento de lo que está más allá de nuestros ojos, y también diagnosticar los males que provocamos. De todo ello se habló también en el Starmus Festival, al que tuve la suerte de acudir este año como invitada.

El equipo de Djehuty, en parte, en el Museo Arqueológico Nacional.

Desde luego, las quejas no han faltado. Denuncias de investigadores de las más diversas áreas del saber. Y es que pese a todo lo anterior, y muchísimo más que no está en el este Laboratorio, el Gobierno de España sigue apostando por el turismo de masas, la construcción, los chiringuitos playeros y las minas, mientras la ciencia continúa un año más languideciendo en los presupuestos , los científicos de centros  públicos tienen que recurrir crowdfunding y a los que se marcharon ‘exiliados’ por los recortes se les quiere ‘captar’ como diplomáticos en el extranjero de una ciencia que pagan otros. A destacar la cada vez más visible cara de las mujeres que hacen ciencia y que ya no se callan para reivindicar el techo de hormigón con el que se encuentran. Algunas, con libros destinados a los jóvenes y otras con largas expediciones a la Antártida.

No se qué deparará el 2018. Sólo tengo claro que este Laboratorio seguirá abierto. Contra viento y marea.

 

Garrapatas feroces, ‘chupópteras’ de dinosaurios


ROSA M. TRISTÁN

Quienes acostumbran a pasear campos es probable que alguna vez se hayan encontrado con una sin percatarse, hasta que comienza a picar al pierna y se ve un pequeño punto negro  ‘enganchado’ en la piel, un bicho que no es fácil de arrancar y que es portavoz de algunas enfermedades graves. Son las garrapatas, supervivientes de un pasado que al menos se remonta 105 millones de años, como acaba de descubrir un equipo de investigadores del Instituto Geológico y Minero (IGME), y que no sólo convivieron con los dinosaurios sino que se alimentaron, probablemente, de su sangre como hoy lo hacen de cuanto animal se pone a tiro de su minúsculo cuerpo.

Los científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), con Enrique Peñalver a la cabeza, llevan muchos años revelando los secretos que esconde el ámbar. Han descubierto ya 150 especies de insectos, algunos con unas peculiaridades que los hacen especiales. En 2011, encontraron una chicharrilla en el yacimiento turolense de Just (Utrillas), en 2011 nos descubrieron unos insectos polinizadores con 110 millones de años en el yacimiento de Peñaferrada (Álava) y más recientemente han estado volcados con las garrapatas, tanto las nacionales (una nueva especie rescatada del ámbar de El Soplao, en Cantabria), como las internacionales (de Birmania).

La garrapata española con 105 millones de años, en el original (mano de Enrique Peñalver) y su recreación aumentada. @Rosa Tristán

Con éstas últimas, las conocidas por los dinosaurios, se ‘tropezaron’ en un congreso internacional, donde se las presentó el investigador norteamericano Scott R. Anderson. “Le pedimos varias piezas de ámbar para investigarlas porque eran muy interesantes”, señala Peñalver. Ese interés provenía, fundamentalmente, de que en una de ellas  se veía una pluma, que no podía ser de otra cosa que de un dinosaurio ‘emplumado’ (los ancestros de las aves) con una garrapata. Con una antigüedad de unos 99-100 millones de años, aquello era una escena excepcional. “La garrapata no tiene sangre del dinosaurio en su interior, así que todo indica que quedó atrapada en la resina con la pluma sobre la que estaba antes de comer. Es asombroso que se haya conservado así”. En este caso, la familia de la garrapata, Ixodoidea, era conocida, y de hecho aún existe. “¿Y la habrá con sangre de dinosaurios?”, es la pregunta inevitable. Pues de momento, no, aunque no se descartar que se encuentre en el futuro.

Pero no es el único descubrimiento que han realizado en el IGME porque en otras piezas de ámbar birmano han encontrado hasta cuatro ejemplares del diminuto parásito que pertenecieron a una familia nueva y hoy desaparecida, que ha sido bautizada como ‘Deinocrotonidae‘ (deino=feroz y croto=garrapata) y ‘draculi (en homenaje al Conde con similar afición gastronómica). “Es algo extraordinario, no sólo hemos podido relacionar las garrapatas con los dinosaurios sino que hemos descubierto una cuarta familia que era desconocida y quizá se extinguió cuando cayó el meteorito”, explica Peñalver. Las garrapatas  en cuestión tenían pegadas algunos pelos con larvas de escarabajos y otros restos, unas pruebas de las que infieren, al más puro estilo CSI, que estos parásitos estaban en nidos de dinosaurios, de los que se alimentaban. 

Excavación en yacimiento de ámbar de Rábago-El Soplao en octubre de 2008. @IGME

Todo ello ha sido publicado en un artículo en Nature Communications  por Peñalver, Antonio Arillo, Xavier Declós, David Peris, David A. Griamaldi y Anderson. Ahí detallan cómo con  potentes microscopios detectaron algunas diferencias biológicas entre los organismos de unas y otras garrapatas, aunque las variaciones han sido mínimas. “En la nueva familia hay cambios, pero en general hace 100 millones de años ya eran prácticamente como ahora, lo que quiere decir que son mucho más antiguas, que existen desde hace mucho tiempo. El ámbar precisamente nos permite ver esa evolución, aunque de momento es una larga película de la que tenemos solo unos fotogramas”, reconoce.

De momento, por tanto, habrá que esperar a ver si algún día se encuentra un ejemplar que tenga sangre de dinosaurio en su interior, lo que podría determinarse por la existencia de elementos como el hierro o comparándola con la de las actuales aves, si bien de momento, no deja de ser una posibilidad, como reconocían los científicos.

El equipo de investigadores del IGME, del trabajo sobre las garrapatas . @Rosa Tristán

El otro  hallazgo del IGME, aún pendiente de publicar, es la garrapata más antigua descubierta hasta ahora en el planeta, con una antigüedad de 105 millones de años. Este insecto quedó atrapado en el ámbar de El Soplao y es otra nueva especie. En realidad, será una más de las 150 encontradas en España por el equipo de Peñalver. Sólo el ‘fotograma’ de ámbar,  de unos 3×2 cm2, que tiene en la mano en la imagen y en el que murió está ‘garrapata cretácica española” (aún por bautizar) asegura que quedaron encapsulados otros 40 insectos, por lo que en aquel bosque debía hacer calor, con una biodiversidad en efervescencia, cuando aquella resina cayó del árbol. “Para describir todo lo nuevo que encontramos en un único pedazo de ámbar como éste tendremos años de trabajo”, reconocen.

En todo caso, de momento las campañas de excavación en El Soplao están paradas desde hace ya seis años Se realizaron entre 2008 y 2012, pero la crisis económica, que ha tenido un tremendo impacto en la ciencia en España, las paralizó totalmente. Ahora parece que hay de nuevo interés por parte del Gobierno de Cantabria para reactivarlas. No hay que olvidar que El Soplao es un atractivo recurso turístico para la comunidad cántabra dada su espectacular belleza. Además, esconde minúsculos paleo-tesoros, como esa garrapata que aún no ha sido bautizada. Eso si, cuando lo haga será la más vieja de las garrapatas conocida, al menos hasta que aparezcan sus ancestros. (Dicen que en Líbano hay ámbar de 130 millones de años, así que igual es el lugar, pero hasta ahora no ha aparecido ninguna).

Garrapata del ámbar de Rábago-El Soplao. @IGME

 

 

 

Españolas en una expedición mundial antártica sólo para investigadoras del cambio climático


@Horneward Bond Project

ROSA M. TRISTÁN

Crear una red mundial de 1.000 científicas que trabajen globalmente y lideren políticas y proyectos sobre el cambio climático. En definitiva, reivindicar el papel de la mujer en este asunto de impacto global que afecta, sobre todo, a madres, hijas, nietas. A mujeres. Este es el reto que busca la plataforma australiana Homeward Bound. Un reto al que se han sumado tres científicas españolas y una francesa que vive en Córdoba. Las cuatro han sido seleccionadas entre cientos de candidatas para formar parte de una expedición polar muy especial: la Homeward Bound Antarctic Expedition, el viaje de tres semanas en el que buscarán el liderazgo femenino en el ámbito de la ciencia climática.

Entre los apoyos a esta iniciativa figuran científicas de renombrado prestigio –como la primatóloga Jane Goodall o la oceanógrafa Sylvia Earle–, así como tinfluyentes mujeres en el mundo de la comunicación, la diplomacia y los negocios–como la diplomática Christiana Figueres, la actriz Amy Poehler o Chelsea Clinton.

Expedición Homeward Bound 2016. @HomewardBound

Desde España se embarcarán (aunque una lo haga literalmente desde Estados Unidos) Alicia Pérez Porro, Ana Payo Payo, Uxua López y la francesa Alexandra Dubini. Las cuatro compartirán navegación entre icebergs y verán de cerca los impactos del calentamiento,  con otras 76 participantes llegadas de los cinco continentes (Estados Unidos, Kenia, China, Colombia, Venezuela… y así hasta 13 países) Su meta: el ‘sexto’, el continente de hielo. Se trata de una travesía de seis semanas que comenzará en febrero de 2018 y les llevará de ruta por varios enclaves científicos cercanos a la costa. Aún no saben si se incluye el paso por alguna base española, la Base Juan Carlos I o la Gabriel de Castilla.

“Estamos entusiasmadas. Por el viaje, pero sobre todo es lo que hay detrás, por la posibilidad de hacer co-working para para poner el tema del género sobre la mesa respecto a políticas y proyectos relacionados con el cambio climático global, un asunto que lideran sobre todo los hombres pero que afecta a las mujeres. El objetivo es que el proyecto dure 10 años y logre reunir a 1.000 mujeres con formación académica. Nosotras somos el segundo gran paso para conseguirlo, tras la expedición del año pasado”, comenta vía Skype Alicia Pérez desde Nueva York, donde trabaja en el  National Museum of Natural History, como investigadora asociada. Alicia es especialista en esponjas de mar y estudia mediante herramientas genómicas cómo el cambio climático puede afectarlas y cambiar los ecosistemas en los que viven.

La idea surgió de dos australianas, la activista Fabian Dattner y la científica polar Jess Melbourne Thomas, cansadas de que fueran hombres quienes ‘llevaban la voz cantante’ en el asunto del cambio climático. “Faltaba una perspectiva de género, cuando los estudios señalan que cuando hay mujeres liderando proyectos se consiguen más cosas, que son ellas quienes más sufren los impactos más graves del calentamiento global y no sólo en los países en desarrollo. Aquí  nos van a enseñar a ejercer ese liderazgo que nos falta”, argumenta Alicia Pérez.

 

Ana Payo Payo.

Participar en el proyecto, una vez seleccionada, les exige ya estar todo un año recibiendo formación ‘on line’ en diversos temas relacionados con ese liderazgo, desde ‘coaching’ hasta  cómo tener presencia en los medios, a lo que hay que sumar el atractivo viaje a la Antártida. Eso si, la investigadoras deben costeárselo las investigadoras en un 40% (unos 20.000 euros).

Para esta edición, se presentaron 300 candidatas, entre las que hay también ingenieras, economistas y periodistas especializadas en cambio climático. “Todas somos mujeres que podemos ejercer de líderes de lo local a lo global”, señala Ana Payo Payo, bióloga y experta en el estudio de las aves marinas y el impacto de la contaminación sobre sus poblaciones, otra de las participantes. Su investigación ha ayudado a desarrollar estrategias de gestión para la conservación de especies amenazadas bajo las nuevas políticas ambientales europeas.

Para poder conseguir esa cuantiosa cantidad de dinero algunas participantes, como Alicia Pérez Porro, han lanzado un crowndfunding con el que esperan conseguir los fondos que les faltan todavía, con el lema de la expedición: “La naturaleza necesita a sus hijas”. “Vamos a ver lo que pasa en tiempo real, pero no queremos hacer ciencia, ni recoger muestras, no vamos en un barco científico, sino que queremos constituir esa red mundial y mejorar nuestra capacidad de divulgación”, argumenta. “Queremos dejar de ser de segunda, así que la inversió merece la pena” asegura.

Alexandra Dubini

Alexandra Dubini trabaja en la Universidad de Córdoba como investigadora. Es una gran experta en algas verdes y su función ‘biorremediadora’ a la hora de limpiar aguas sucias. También lo es en el campo de las energías renovables.  “Estoy encantada de participar en la Homeward Bound Antarctic Expedition . Me apunté porque conocía una mujer que participó el año anterior y voy con el objetivo de que pueda salir un plan de acción internacional conjunto respecto al cambio climático que puede ser diferente a los que hay ahora y dirigen los hombres”. También Alexandra ha lanzado su crowdfunding particular.

La zamorana Ana Payo Payo, por su parte, trabaja en el IMEDEA-CSIC en Mallorca. Oceanógrafa y licenciada en Ciencias Ambientales lo suyo son los estudios demográficos de aves marina, pero en su caso también es una buena divulgadora a través de Big Van. “La figura de la mujer científica está olvidada. Si le dices a un niño que dibuje a alguien que haga ciencia, siempre hacen un hombre con barba y gafas. Es fundamental tener contacto con otras mujeres para que eso cambie en el futuro. Volveremos enriquecidas de esta experiencia”, afirma. Como sus compañeras también cuenta con un crowdfunding en marcha, y ya ha recaudado el 70%.

Uxua López

La cuarta es la vasca Uxua López, ingeniera de telecomunicaciones en Acciona Energía , con una experiencia de más de una década en el campo de las energías renovables.

Con ellas, España es uno de los países mejor representados en la expedición. La mayoría de las 76, no obstante, proceden de Estados Unidos y, sobre todo, de Australia, que es el país de lanzamiento.

En octubre se cerró el plazo para presentarse a la expedición del 2019, pero todavía quedan años por delante para participar y en unos meses volverá a estar vigente la convocatoria. Para entonces, estas cuatro científicas ya estarán de vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Antonio Quesada (Comité Polar): España en el reto geoestratégico del Ártico (entrevista)


ROSA M. TRISTÁN

El biólogo Antonio Quesada ha sido nombrado, recientemente, secretario técnico del Comité Polar Español, máximo responsable ejecutivo de un organismo poco conocido pero en cuyas manos está la presencia de España en los territorios polares del Ártico y la Antártida. Llega a este puesto tras encargarse durante los últimos años del Programa Polar, subdirección desde la que se coordinan los proyectos científicos. Ahora, desde su nuevo puesto quiere dar un impulso a la actividad polar española, especialmente en el Ártico, una zona que considera que está en una situación “muy peligrosa” desde el punto de vista de la política geoestratégica mundial.

¿Qué es exactamente el Comité Polar Español?

Es un organismo que depende administrativamente del Ministerio de Economía y Hacienda pero del que forman parte el de Exteriores, Defensa, Medio Ambiente y también la Armada, el Ejército de Tierra, el CSIC, la Unidad de Tecnología Marina (UTM), el IGME, del que depende el Centro Nacional de Datos Polares, el IEO. La presidenta es la secretaria de Estado Carmen Vela, si bien ejerce Marina Villegas, directora de la Agencia Estatal de Investigación. Todos sus miembros se reunían dos veces al año, pero desde ahora lo hará cuatro porque hay mucho trabajo ejecutivo que hacer. El Comité coordina toda la actividad polar española, en tres partes: la ciencia, la logística y la legislación. Es un organismo técnico, aunque tiene influencia política, sobre todo a nivel internacional. Somos miembros como observadores del Arctic Council (https://www.arctic-council.org/index.php/en/), el organismo del que forman parte todos los países árticos para promover su cooperación y coordinación en esta zona polar. Y para mantener ese status no sólo hay que hacer una ciencia de calidad, sino tener presencia. No se trata de tener infraestructuras en el Ártico, como las bases que tenemos en la Antártida, sino de llegar a acuerdos con otros países para que nuestros científicos puedan utilizar las suyas y estar presentes en foros internacionales. Estamos ya preparando acuerdos con Canadá, Noruega y Japón.

¿Y su papel en la Antártida?

España es miembro del Tratado Antártico y tenemos dos bases allí: la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla. El Comité Polar es el responsable de dar los permisos para que funcionen, de los protocolos que deben seguir. En general, de hacer que se cumpla la ley e informar al sistema antártico, especialmente en todo lo que se refiere al impacto ambiental. También coordinamos las inversiones en las infraestructuras. Ahora, por ejemplo, en la base Gabriel de Castilla hay que arreglar un módulo científico que está en muy malas condiciones. El Comité lo comunica al Ejército, que es quien lleva la gestión, a la UTM y a las instituciones deben poner el dinero. Y lo mismo en cuanto a los buques. Necesitamos dos: un nuevo buque oceanográfico como el Hespérides, que en unos años cumplirá su vida útil, y otro para la logística, como el que hubo que jubilar (Las Palmas). El Hespérides es un buque muy caro y debes ser utilizado para hacer ciencia, no funciones de taxi. Estoy contento porque la comisión de trabajo sobre este tema va para adelante.

¿Cree que el Comité requiere un cambio respecto a lo que ha venido siendo?

Ha funcionado, pero ahora quiero que sea más participativo. Antes el secretario técnico, que además no vivía en Madrid, se tenía que encargar de todo y creo que es preciso crear un comité de gestión, otro ejecutivo… Implicar a más miembros, más allá de las reuniones. Veo que hay interés en mejorarlo y en destinar recursos para que los técnicos y profesionales que trabajan para este organismo lo vean remunerado, no puede ser algo altruista, como hasta ahora porque hasta ahora no hemos tenido ningún presupuesto. Así es difícil mantener el nivel que deseo, para el que requiero colaboradores cuyo trabajo se reconozca. También es importante mejorar la difusión de nuestras actividades y crear un Observatorio Antártico Español.

¿Considera que la ciencia polar española se difunde lo suficiente?

Creo que es una de las actividades científicas que más difusión tienen. No obstante, quiero aclarar que el Comité Polar no se encarga de los proyectos científicos. Eso depende del Programa Polar, que tiene su gestor, justo el puesto que antes ocupaba yo. Es ahí donde se envían las propuestas científicas y se evalúa en paneles su calidad, las posibilidades logísticas para realizarlas y su legalidad. Nadie puede ser autorizado a cazar ballenas aunque sea para investigar, por ejemplo. En general, son para la Antártida pero este año ha habido dos solicitudes para el Ártico, así que si se aprueban, el Comité si deberá buscar colaboraciones con otros países que tienen allí instalaciones. Cada año, el Programa, en función del dinero que hay disponible, aprueba más o menos proyectos, pero el Comité no entra en ello, sólo en que el trabajo se desempeñe como debe hacerlo.

Existen unas directrices sobre los objetivos del Comité Polar que hablan de promover la investigación, del seguimiento de las pesquerías, de que la presencia polar sea asunto de Estado. ¿Cuál es su importancia real?

Es un documento que comenzó a trabajarse hace dos años porque no había nada al respecto. Y ha despertado el debate, porque son solo directrices cuando algunos esperaban más. En realidad, no tenemos una estrategia científica polar, algo que me hubiera gustado diseñar con todos los científicos polares españoles, de abajo a arriba. Ahora es un trabajo que depende de mi sucesor en el Programa. Pero estas directrices son importantes y quiero llevarlas a Comisión Parlamentaria para que la estudien, hagan enmiendas y se apruebe. Es el modo de que no dependan de un gobierno y puedan perdurar.

El Comité controla pero ¿quién castiga los delitos en la Antártida?

Nosotros tenemos que salvaguardar que se cumple el Tratado Antártico al que España se adhirió en 1988, pero lo que ocurre es que 30 años después aún no se ha desarrollado en Ley, como debiera. A veces detectamos veleros que atracan sin permiso. Si son de otros países, lo comunicamos al Sistema del Tratado y si no hacen caso o reinciden, pasan a una lista negra. En algunos países, hay penas de cárcel. Pero en España la falta de ley complica la situación.

Mencionaba antes un Observatorio Antártico Español ¿En qué consistirá?

Forma parte de la mejora de la comunicación. Tenemos mucha información que difundir. Llevamos 30 años recogiendo datos en la Antártida, series temporales para las que es difícil conseguir fondos porque generan impacto científico a muy largo plazo, pero que son importantes. Tenemos series de geomagnetismo, geodesia, permafrost y vulcanismo. Me gustaría que todos estos datos estuvieran en un canal, un Observatorio Antártico Español. También es importante la información de vulcanología, pues estamos en una isla antártica, Isla Decepción, donde hay un volcán con actividad. Del Comité Polar depende el ‘semáforo’ que dice cuando se puede ir o no. Ahora es un servicio que realizan los vulcanólogos que van a la Antártida con sus proyectos. Cuando barcos de otros países quieren acceder, llaman y preguntan, pero sería bueno que ese semáforo estuviera disponible como servicio oficial y que se pagara a alguien por mantenerlo. Luego está la divulgación a la sociedad, que debemos mejorarla.

¿Cómo de grande es la comunidad científica polar española?

Cada año van unos 80 científicos a la Antártida y en total seremos unos 200. No es fácil serlo porque para que se apruebe un proyecto hay que tener una buena memoria técnica, presupuesto y hasta siete documentos más, lo que es complejo para los nuevos. Pero es bueno que los haya. En el Ártico somos menos. El Hespérides no puede hacer largas distancias durante seis meses, así que no puede viajar en el verano boreal. Otro problema es que los científicos sólo pueden dirigir un proyecto financiado por el Plan Nacional y si lo tienen en la Antártida no pueden tenerlo en el Ártico, salvo que haya financiación internacional.

Apuntaba antes que hay que estar en el Ártico ¿Cómo ve la situación en esa compleja zona del planeta?

Está cambiando mucho. Ahora los caladeros de pesca están más al norte y en todo el Ártico sólo hay dos pequeños pedazos que son aguas internacionales, y que reclaman Rusia y Noruega. Si se abre con el deshielo el Paso del Nordeste, el transporte entre Asia y Europa llevará menos tiempo y combustible que ahora por el Canal de Suez y el Mediterráneo. Eso nos afecta directamente. Y Rusia ya está haciendo puertos, aunque aún el riesgo para la navegación es alto. Es preocupante. En 2016, Obama convocó una reunión mundial para un Tratado Ártico, para que fuera un lugar para la ciencia y la paz. Este verano, la comisaria de la UE Federica Mogherini reconocía que el problema del Ártico es de seguridad. Es una ‘patata caliente’, con una situación peligrosa. Por ello es importante desde la ‘diplomacia científica’ hacer lo que podamos. A veces la ciencia ayuda a relajar tensiones y abrir puertas y en el Comité Polar Español sabemos que es parte de trabajo.

¿Cómo será la próxima campaña antártica?

Está previsto realizar dos campañas oceanográficas y que vayan 20 proyectos. Esperemos que el Hespérides salga en Noviembre porque tarda un mes en llegar y, así, comenzar hacia el 8 de Diciembre hasta marzo.