Supercomputación para prever el impacto de un desastre


Volcán islandés Grimsvötn en erupción.

ROSA M. TRISTÁN

¿Es posible detectar con tiempo una catástrofe natural y evitar, en lo posible, su impacto? ¿Y qué utilidad puede tener en el caso de una pandemia como la provocada por el SARS-COV-2, que no supimos ver, pese a las alertas que lanzaron hace tiempo algunos científicos? Esas son dos preguntas a las que una pequeña empresa española, Mitiga Solutions, una ‘spin off’ surgida en la Universidad Autónoma de Barcelona, está dando respuesta gracias a un innovador sistema que es capaz de anticipar el impacto de los peligros naturales antes de que se materialicen, además de hacer un seguimiento en tiempo real, gracias a la utilización de grandes supercomputadores.

Estas últimas semanas, los creadores de este sistema están volcando sus esfuerzos en una plataforma de prevención temprana de pandemias en países en desarrollo, una iniciativa con la que comenzaron a trabajar en octubre con Cruz Roja en África y que ahora centran en el COVID-19 . “Se trata de extrapolar el sistema que utilizamos en catástrofes naturales a riesgos sociales, generando modelos por supercomputación que ayuden a conocer la expansión del coronavirus, en principio en Kenia”, comenta Alejandro Martí, su director ejecutivo.

Cruz Roja, en Kenia.

La empresa comenzó con el desarrollo de un software que permitía la detección temprana de catástrofes como la erupción de un volcán. Gracias a su sistema, es posible saber cómo y por dónde se moverán las columnas de partículas que se emiten a la atmósfera, algo especialmente importante en el caso de las compañías de aviación -hay que recordar que hubo 100 000 vuelos cancelados con la erupción del Eyjafjallajökull en 2010 en Islandia- que se han convertido en sus grandes clientes, junto con las aseguradoras. “Estamos en contacto continuo con todos los centros de vulcanología del mundo y una vez que sabemos la altura de la columna que emite un volcán podemos ver hacia dónde irán las partículas de las 48 horas a los siguientes siete días. Es algo fundamental para las rutas de vuelo porque puede conocerse con antelación si tendrá que cerrar un aeropuerto”, explica Marti.

El asunto también es importante para las empresas que fabrican las turbinas de los aviones, dado que pueden predecir cuánto durarán en función del tiempo que estén expuestas a partículas como el polvo del desierto, las provenientes de grandes incendios, como los que el pasado año hubo en Australia o el Amazonas, e incluso la sal marina. “En este caso hacemos mapas de riesgos, modelos y diagnósticos de daños”, señala.

Martí comenta como ahora, gracias a la supercomputación, también realizan para aseguradoras modelos de riesgo de incendios forestales de grandes dimensiones, utilizando para ello datos de fuegos de años anteriores, meteorológicos y de estado de la vegetación, mediante el uso de datos satelitales. “Con ello hacemos un índice de riesgo por kilómetro”, comenta el directivo de Migita Solutions.

Pero también lo hacían ya antes con un objetivo social. En países volcánicos como Guatemala, Filipinas o México, Cruz Roja necesita saber con antelación el riesgo para las poblaciones aledañas a una erupción, es decir, si las cenizas y demás partículas van a afectarlas o no, para poder disponer de medios económicos que permitan su evacuación previa, en lugar de disponer de fondos a posteriori cuando el daño ya está hecho.

Extrapolar este trabajo previo a pandemias era algo en lo que ya trabajaban y que ahora ha tomado una nueva relevancia. Se trata de desarrollar una aplicación para móviles, pero también a través de la web o formularios en centros de salud, a través de las cuales se puedan recabar datos de personas con síntomas de coronavirus, de forma que en Mitiga Solutions puedan realizar modelos de movilidad del COVID-19 según las regiones. “Como la dispersión no es por el aire, sino de persona a persona, hacemos modelos teniendo en cuenta que se transite en torno a metro o metro y medio, de forma que podamos tener la imagen de un brote en una fase temprana”, explica.

De momento se ha iniciado una fase piloto en Sudáfrica y Kenia, en colaboración con Cruz Roja, que utiliza para llegar a la población un sistema de criptomonedas utilizado en otros proyectos: para animar a la gente a participar se les ofrece una cantidad de ciptomonedas, en colaboración con las autoridades, que luego pueden canjear por alimentos o equipamiento agrícola. Alejandro Marti es consciente de que para el brote actual no llegan a tiempo de ponerlo en marcha, pero confía en que ya esté disponible en caso de que hubiera otro e incluso otro tipo de infección general, como hubo en el pasado con el ébola. “Toda la información recabada se envía al sistema de salud, que es donde tendrán que hacer la gestión correspondiente según la información”, añade.

 

 

Regreso desde Uruguay de los miembros de la Campaña Antártica


ULTIMAS NOTICIAS!!

Los 37 científicos, técnicos y militares que cerraron la XXXIII Campaña Antártica española 2019-2020 llegan mañana domingo, en un vuelo de Iberia desde Montevideo (Uruguay) a Madrid, tras las gestiones realizadas por los Ministerios de Ciencia y Asuntos Exteriores. Después de cerrar, el pasado 15 de marzo, las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castilla en la Antártida, que se abrieron a finales de diciembre, los últimos miembros de la campaña vieron sus vuelos cancelados desde Argentina (ver noticia más abajo). Si bien se intentó su regreso desde Brasil no fue posible, y finalmente lo harán en un vuelo que llega el domingo 29 de marzo, a las 7.00 horas, al aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas.

El buque oceanográfico Hespérides, que ha suspendido los otros proyectos científicos que iban a desarrollarse en su viaje de vuelta, llegará con sus 55 tripulantes a Cartagena hacia el 22 de abril, con todas las muestras científicas recogidas durante los tres meses de campaña en sus bodegas.

Todos los que han desembarcados en Montevideo lo han hecho siguiendo todos los protocolos de seguridad, con mascarillas y guantes. Llegan del único continente de la Tierra que se encuentra aún libre del coronavirus. Y con severas medidas de seguridad para que no llegue, como ya os conté (también más abajo)

El Hespérides, junto a un crucero turístico en Punta Arenas (Chile) @Rosa M. Tristán

El Ministerio de Ciencia y el Comité Polar organizan la vuelta desde Brasil después de que Chile, Argentina y Uruguay bloquearan los viajes en avión a España

ROSA M. TRISTÁN

La crisis del coronavirus ha llegado hasta la Antártida, donde ha sorprendido a un grupo de 92 militares, investigadores y técnicos españoles que se encontraban en el proceso de cierre de las dos bases que España tiene en este continente, la Juan Carlos I (Isla Livingston) y la Gabriel de Castilla (Isla Decepción). En total, 37 personas de estas bases no podrán regresar en vuelos desde Argentina, como tenían previsto, tras el cierre de los vuelos desde este país, si bien se trabaja desde el Comité Polar para conseguir que viajen en los próximos días desde Sao Paulo (Brasil), adonde llegarían en el buque oceanográfico Hespérides. A ellos se suman las 55 personas de la tripulación del buque, todos de la Armada. Si no fuera posible encontrar vuelos, regresarían navegando desde América tras varias semanas de travesía.

La situación para la XXXIII Campaña Antártica Española comenzó a complicarse la pasada semana, justo después de la salida del continente del sur de casi todos los científicos, llegaron con el BIO Hespérides hasta Punta Arenas (Chile) el pasado 6 de marzo. Desde el miércoles día 11, algunos ya tuvieron problemas con sus vuelos de Iberia desde este país hasta España, si bien a lo largo de la semana casi todos fueron saliendo por diferentes rutas. Este miércoles, regresaban a España desde este municipio magallánico los más rezagados.

Ese mismo día 11, el Hespérides iniciaba el regreso a la Antártida para recoger a los 37 técnicos, científicos y militares que estaban preparando el cierre de ambas bases, que se abren sólo en el verano austral. Se sumaron a los 55 que conforman la tripulación de la Armada. Finalmente, la operación de cierre y retorno se adelantó y el lunes 15 el buque ya estaba cruzando el Mar de Hoces o paso del Drake con todos los españoles a bordo. “Tenemos olas de 10 metros, pero no podíamos esperar a que pasara la tormenta porque cada día disminuyen las posibilidades de poder llegar por avión a España después de tres meses de campaña”, señalaban desde el buque algunos de los embarcados.

El Hespérides, en Ushuaia, en ruta a Brasil, extrema la seguridad de la carga de mercancías para evitar que les ‘aborde’ el coronavirus. @ROSA M. TRISTÁN

En la madrugada de este miércoles, día 18, ya estaban en Ushuaia, pero para entonces Argentina ya había anulado todos los vuelos a España. Allí se encuentran cuando se escribe esta crónica, recargando combustible y víveres, si bien estos los últimos están siendo más difíciles de conseguir debido a la escasez generada por la pandemia también en esta localidad del fin del mundo, a la que llegan y de la que parten numerosos cruceros turísticos.

Desde días antes, el Comité Polar y la comisión de coordinación ya han estado trabajando intensamente en la búsqueda de opciones de vuelos para los 37 que no son miembros de la tripulación, pero no es tarea fácil. “Nuestra intención es que lleguen a Puerto Santos, cerca de Sao Paulo, y que todos juntos puedan volar desde la metrópoli brasileña el 30 de marzo, pero no sabemos qué puede pasar hasta entonces, así que no descartamos la opción de que tengan que regresar en el Hespérides” , señala el secretario técnico del Comité, Antonio Quesada. En este último caso, tendrían que volver a parar en el puerto brasileño de Salvador de Bahía antes de cruzar el Atlántico para no tener problemas de combustible.

Mientras, a bordo, se vive con resignación esta circunstancia. “Al menos tenemos esta opción, cuando hay miles de ciudadanos españoles que no pueden regresar de muchos lugares porque no hay opción posible y aquí todos estamos bien de salud”, apuntan desde el buque, que en estos momentos cuenta con tres médicos y un enfermero a bordo.

Para evitar que el COVID-19 pueda ‘colarse’ en el Hespérides se han extremado las medidas de esterilización de todas las mercancías que se embarcan, siguiendo las recomendaciones y protocolos dictados por el Consejo de Gestores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por sus siglas en inglés). Además, se está adecuando el barco para que se puedan realizar ejercicios físicos ante la probabilidad de que tantas personas tengan que pasar un mes más confinadas en un espacio de 82,5 metros de eslora por 14,3 de manga.

En general, la situación en torno a la Antártida es preocupante, dado que la pandemia y el consecuente cierre de vuelos y fronteras ha pillado a muchos programas en activo y con dificultades logísticas por falta de buques para sacar a su personal. Respecto a las bases antárticas, a COMNAP preocupa mucho la situación de aquellas que se mantienen abiertas en el invierno antártico.

Ahora ya exige a todos los que tengan pensado ir a la Antártida que pasen 14 días de cuarentena en el puerto de entrada al continente antes de poder viajar hasta allí. Pero el problema es cómo van a llegar, sobre todo a las bases que hay en el interior del continente, algunas de Italia y de Francia, si no hay vuelos. “Lo más probable es que no se pueda hacer el recambio y que los que han ido para el verano se tengan que quedar el invierno. Además, les han pedido que cada base sea independiente, que no contacten físicamente aunque estén cerca. En estos momentos me alegra mucho que España no abra sus bases en el invierno austral”, reconoce el responsable técnico del Comité.

En un documento, el COMNAP reconoce que hay que evitar a toda costa que el virus llegue a un continente en el que la respuesta médica sería muy complicada y en el que se dan las condiciones de frío y clima seco que favorece al coronavirus. Asimismo, da una serie de recomendaciones por si se detecta algún caso sospechoso de contagio entre las personas que ya se encuentran allí.

A ello se suma los problemas de los cruceros turísticos. IAATO, la organización que aglutina al turismo antártico, ha reconocido que hay miles de personas atrapadas en los buques de muchos países, que aún no saben cómo podrán regresar a sus casas. A las bases se les ha recomendado que no acepten turistas para evitar riesgos.

Durante esta XXXIII Campaña Antártica, España ha desarrollado 13 proyectos científicos en ambas bases, a los que se suman otros cuatro de otros países que se han llevado a cabo en las instalaciones españolas. En total, un centenar de científicos han pasado por la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla desde finales de diciembre, tres meses de intensa actividad científica.

En el regreso, el BIO Hespérides tenía previsto realizar el proyecto científico SAGA 1 de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, para recabar medidas entre los 23º y los 27º Sur sobre la contribución del Océano Índico al Atlántico, para lo cual una veintena de investigadores iban a embarcar en Río de Janeiro. Este proyecto ha sido suspendido.

 

 

¿Te vienes a la Antártida sin salir a la calle?: UN DIARIO POLAR


 

ROSA M. TRISTÁN

Un intenso mes en la Antártida, pisando uno de los lugares más hermosos y frágiles del planeta, un primer retorno a un país, Chile, inmerso en un grave conflicto social y, para terminar, la llegada al punto de salida, una España muy distinta a la que dejé a comienzos de febrero. En todo este tiempo, si algo he traído en la maleta, además de ropa sucia, un disco duro lleno de fotos y miles de anotaciones entremezcladas con recuerdos imborrables, es otra constatación más de que el ser humano lo está cambiando todo, hasta los lugares más inhóspitos para la vida están cambiando.. y nuestra mano está detrás, con ese empeño en destruir y colonizar ecosistemas en donde antes extraños virus no podían atacarnos. Si eso lo sumamos a nuestra inmensa capacidad de movernos de un lado a otro del globo en pocas horas, el cóctel está preparado.

Si algo espero de esta circunstancia es que entendamos, por fin, la importancia de no creernos al margen de la naturaleza o, lo que es peor, por encima de ella. Y, además, espero que se entienda que ante las amenazas globales, como una pandemia o como el cambio climático o como la deforestación global…, sólo la unión nos hace fuertes.

Haz click para leer el diario completo: Diario Antártico

 

Antártida: día entre lobos marinos en Isla Livingston


ROSA M. TRISTÁN

Si hay un protagonista de este domingo, desde luego es este lobo marino (o león marino). Estaba cómodamente tumbado en Caleta Argentina, un enclave en la costa de Isla Livingston, justo al pie de uno de las lenguas de glaciar Hurd, que por cierto ya no llega al mar debido a su retroceso. Era un animal enorme, comparado con las focas que ví en el pasado, que es lo más parecido a este mamífero pinnípedo que he visto en mi vida. Y, sin embargo, me ha despertado una gran  ternura su mirada, su gesto, esa sensación de vulnerabilidad que transmitía. 

(SIGUE)

Antártida día1: Desembarco en una noche polar


ROSA M. TRISTÁN

De cuando en cuando se escucha una especie de ruido que recuerda a un disparo, fuerte, profundo, desgarrador. Tardo un rato en percatarme de que no, que aquí no hay caza, que se trata de los glaciares gigantescos que me rodean al otro lado de la bahía en la que me encuentro. Es estremecedor y atrayente al mismo tiempo. Toneladas de hielo caen al mar en un instante y se diluyen en mil pedazos que se ven flotando sobre las aguas. No veo como caen, pero el rugido se siente en las entrañas. Como un volcán. A los pingüinos que tengo cerca, apenas unos seis y siete, no les afecta. Les veo ahí, inmutables, en la pedregosa y gris playa de Isla Livingston en la que desde hace 33 años España tiene una base científica llamada Juan Carlos I. (SIGUE)

(1) Punta Arenas: al borde de un canal de pura vida


Apenas 20 horas en Punta Arenas (Chile, muy al sur) y ya estoy inmersa en la cultura del país. Y eso que llegar ha costado lo suyo. Un total de 26 horas, con tres vuelo (en medio, uno perdido) y cuatro aeropuertos. El primero, de Madrid a Lima, salió a medianoche del domingo. Fue largo y acompañado de unas turbulencias que, a cada rato, convertían el avión en una batidora. No eran fuertes, pero si suficientes para despertar al pasaje, entre otros a una inocente bebé que no paraba de llorar. Tras el paso por Perú, que duró un suspiro, aterricé en Santiago de Chile, con apenas 75 minutos para enlazar con el vuelo a Punta Arenas… (SIGUE LEYENDO)

Una ‘caja negra made in Spain’ para estudiar el cambio climático polar


ROSA M. TRISTÁN

Apenas hace nueve meses que la expedición polar ‘Antártida Inexplorada’ del Trineo de Viento regresó del continente más desconocido de la Tierra cuando la prestigiosa revista científica de la American Meteorological Society, ya ha publicado uno de los inventos que se diseñaron para la ocasión: una estación meteorológica móvil única en el mundo, la M-AWS, que fue creada por el equipo del proyecto MicroAirPolar de la Universidad Autónoma de Madrid y el grupo Aemet Antártica  con motivo de esta travesía pionera a nivel internacional. Este proyecto fue dirigido por la científica Ana Justel, de MicroAirPolar.  “En un escenario de cambio climático, es fundamental tener datos ‘in situ’ sobre el clima de la Antártida”, afirma Antonio Quesada, codirector de MicroAirPolar. Ambos ya habían colaborado con el eco-vehículo español en expediciones en el Ártico. “Estoy muy orgullosa de los resultados que hemos obtenidos con la M-AWS después de tanto esfuerzo”, afirma Justel, una de las pocas mujeres que dirige una investigación polar en España.

Durante los meses previos a esta aventura científica y de exploración, los investigadores de ambos equipos trabajaron conjuntamente, bajo la dirección de Justel, para que pudiera llevarse a bordo una estación móvil que registrara la temperatura, humedad y dirección del viento que los cuatro expedicionarios (Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Manuel Olivera e Ignacio Oficialdegui) se encontrarían en su recorrido, una inmensa región sobre la que existe un gran vacío en cuanto a las observaciones en superficie.

Esta falta de datos contrasta con la importancia de conocer las condiciones climatológicas de la Antártida, de lo que depende en buena medida nuestro futuro en el planeta: estudios científicos prevén que si su hielo desapareciera, el nivel del mar aumentaría 57 metros. De momento, ese deshielo afecta más al Ártico, pero tener información precisa sobre el terreno se sabe que es fundamental para saber qué esta pasando: el último estudio en Nature Comunications indica que para mediados de siglo, con sólo medio metro de aumento del nivel del mar, 300 millones de personas se verán amenazados, entre ellos 200.000 españoles, por inundaciones costeras. “El creciente interés en las regiones polares, debido a los desafíos impuestos por el cambio climático,  requiere introducir mejoras en los modelos y las predicciones meteorológicas en la Antártida”, afirma, asimismo, Sergi González, de AEMET, que figura como firmante del artículo Weather Observations of Remote Polar Areas Using an AWS Onboard a Unique Zero-Emissions Polar Vehicle“.

Pero el reto que tenían por delante los investigadores de Microairpolar y Aemet no era fácil. “Teníamos que diseñar una estación meteorológica capaz de trabajar a temperaturas próximas a -50 °C, con materiales que resistieran el frío y los golpes que sufriría cuando el Trineo de Viento navegara sobre el hielo. Nada podía fallar. Un solo componente inadecuado y nos quedábamos sin los preciados datos”, explica Ana Justel, de Microairpolar (UAM), que fue su responsable y dedicó muchas horas al ‘invento’. A ello se suma que el dispositivo debía utilizar la menor energía posible, dado que el  suministro del eco-vehículo depende de placas fotovoltáicas, que tenía que geolocalizar los datos con un GPS y que su manejo debía se fácil para los expedicionarios.

Ana Justel y parte del equipo de investigadores haciendo pruebas de conexión de la M-AWS aprovechando su participación el IX Simposio Polar de 2018. @RosaTristán

Tras muchas pruebas y ensayos, en la Mobile Automatic Weather Station se colocó un datalogger y un GPS dentro de un contenedor isotérmico acolchado de polietileno expandido. Su suministro de energía se solucionó con una batería de litio hecha a medida con capacidad suficiente para soportar dos meses sin tener que recambiarse pese a las bajas temperaturas, que llegaron a ser de menos 42,2ºC.  Con este fin, se incorporó una resistencia eléctrica  alimentada por dos celdas solares de 10 W. Asimismo, se configuró con un sensor de viento (anemómetro) y una sonda de temperatura y humedad relativa, si bien los autores señalan que pueden incorporarse más  instrumentos. Con todo ello, cada 30 minutos, en automático, recogería los datos.

Y así lo hizo. El M-AWS funcionó a lo largo de los 2.538 kilómetros recorridos en ‘Antártida Inexplorada 2018-2019’, recopilando y almacenando la información la mayor parte del transecto pese a que los cables que enlazaban la resistencia eléctrica con los paneles solares se rompieron al octavo día debido al frío y los bruscos movimientos del vehículo eólico. Por contra, el interior de la ‘caja negra’ se mantuvo indenme y funcionando. Más problemas, irresolubles, hubo con el anemómetro, dado que no pudo colocarse en el trípode diseñado con este fin en el Trineo de Viento al resultar muy pesado, algo que, apuntan, deberá mejorarse para futuras expediciones con el Trine de Viento.

En todo caso, se recopilaron datos meteorológicos que están siendo utilizados por varios de los proyectos científicos participantes en la expedición que, además, ya sirvieron para que el equipo de Aemet Antártida elaborara los boletines de previsiones que cada día enviaban a los expedicionarios vía satélite.

Prueba de la importancia de esta estación móvil, una auténtica ‘caja negra’ de la meteorología, es que la revista ha publicado este desarrollo español coincidiendo con el Año Polar Predicción Período Especial de Observación del Hemisferio Sur (YOPP) y que se hayan incorporado sus observaciones a la base de datos de YOPP en PANGEA. Para futuras expediciones, su objetivo es integrarlos datos en el Sistema Mundial de Telecomunicaciones de la OMM (Organización Meteorológica Mundial).

En todo caso, conviene hacer un poco la historia. La recogida de datos meteorológicos sobre el terreno antártico comenzó a principios del siglo XX con grandes exploradores, como Ernst Shackleton, Amundsen, Scott o Fuchs… Una vez conseguidos los retos geográficos, se olvidó ese inhóspito lugar, del que ningún recurso natural podía sacarse a simple vista, hasta que en el Año Geofísico Internacional en 1957/58, la comunidad internacional decidió construir estaciones de investigación científica en el continente y, en ellas, se instalaron las primeras estaciones meteorológicas, todas fijas.

Desde entonces, entre los esfuerzos por aumentar la cantidad de datos que estas pocas estaciones pueden proporcionar destacan los del Centro de Investigación Meteorológica Antártica de la Universidad de Wisconsin–Madison, que desde finales de la década de los 70 mantienen una red de estaciones meteorológicas automáticas (AWS), hoy 63 según su web, en la plataforma de hielo Ross y la capa de hielo antártica occidental (de hecho Larramendi estuvo en mayo de 2019 reunido con este equipo para ver posibilidades de colaboración con el Trineo de Viento).

Equipo del Trineo de Viento en Antártida Inexplorada, con la M-AWS en primer plano.

Pero la Antártida tiene 14 millones de kilómetros cuadrados, así que ese centenar aproximado de AWS fijas son como unos pocos granos en una inmensa paella. Bien es verdad que también hay registros de  aviones o satélites, con los que se realizan modelos meteorológicos, pero los investigadores recuerdan que lo más preciso es recogerlos sobre el terreno. Por ello, en los últimos años se ha retomado la importancia de realizar trayectos interiores (transectos), sobre todo por la Antártida Oriental, de donde menos información se tiene.

El problema es el coste de estas expediciones polares, algo en lo que el Trineo de Viento de Larramendi aporta una alternativa económica y no contaminante, al estar impulsado por cometas gigantes de entre 30 y 150 metros cuadrados, ser desmontable totalmente y capaz de recorrer miles de kilómetros sin problemas. En estos momentos, una comisión del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades está analizando la posibilidades de incorporar el eco-vehículo al programa polar español. El ministro Pedro Duque confirmó esta misma semana a este blog que el proyecto sigue adelante, tras realizar una consulta sobre su idoneidad a los investigadores españoles. 

De momento, la expedición ‘Antártida Inexplorada’ de este año ya  ha dado lugar a un innovador dispositivo, que podrá ser utilizado por científicos polares de todo el mundo. Para los firmantes, “el creciente interés en las regiones polares, que ha surgido recientemente debido a los desafíos impuestos por el cambio climático, requiere un aumento en la cantidad y calidad de datos siempre que sea posible a través de métodos económicos y sostenibles para el medio ambiente”.

 

 

 

Indígenas amazónicos: “En Europa hemos sembrado semillas, tenéis que regarlas”


“Reforestar el corazón de las personas”. Las palabras de la indígena Sonia Guajajara quiero pensar que aún resuenan en el Congreso de los Diputados. Ayer, junto a otros 11 indígenas, venidos de diferentes zonas de Brasil, las dejó colgadas de las bancadas junto a otro mensaje muy claro para la sociedad, pero también los políticos españoles y europeos: no podemos poner el grito en el cielo porque se quema la Amazonía y luego firmar acuerdos como el de la UE con Mercosur que promueve su destrucción, tan ligada a la ganadería y productos como la soja que la alimenta.

Con este mensaje, la delegación de ‘Ni una gota más’, en referencia a la sangre indígena derramada -tres asesinatos a la semana van este año-, ha recorrido 12 países europeos y 20 ciudades (entre ellas, Madrid, Barcelona y Valencia), pasando un frío que no forma parte de su cultura y su vida y que decian tardarán en olvidar. Sobre todo el de algunos corazones. “Nosotros representamos a todos los biomas de Brasil, de la mata atlántica al Amazonas, de la pampa a la catinga. En 12 países hemos plantado semillas para descarbonizar las mentes y ahora tienen que regarlas”, nos dijo Sonia Guajarara, del pueblo de los guajarara de Maranhao. Ella sabe bien lo que es perder gotas de sangre: su pariente Paulo Paulino Guajajara, uno de los Guardianes de la Biodiversidad, fue tiroteado mientras ella y sus compañeros recorrían el otro lado del mundo clamando por apoyos contra la violencia. A su regreso, Paulo Paulino ya no estará.

Con Sonia Guajajara, en el Congreso. Foto de Alfonso Domingo.

De él se acordaba en una de las salas del Congreso, a la que sólo se acercaron dos diputados (uno de En Comú Podem y otra de Esquerrra Republicana de Catalunya). Escaso recibimiento de los que toman decisiones que les afectan, porque será en ese lugar donde se ratifique, o no, el acuerdo firmado entre la UE y Mercosur el pasado verano para fomentar la importaciones desde el otro lado del océano, y con ellas, promover la destrucción de más árboles, más selva, más vidas.

La realidad es que la tala en la Amazonia brasileña corre devastadoramente y ha tomado impulso con Jair Bolsonaro en el poder, el mismo personaje que viene a decirnos que es suya, como presidente de Brasil, como si la Tierra le hubiera otorgado ese poder hace decenas de miles de años. Entre agosto del 2018 y julio del 2019, se destruyeron 9.762 kilómetros cuadrados en esa selva que habitan tantos pueblos con más 519 años de muertes acumuladas: “Ya no necesitamos más mártires -clamaba Sonia – y por ello hemos venido a hablar contra el capitalismo y también porque necesitamos solidaridad internacional”. Y recordaba que este año ya se quemó un 82% más de territorio amazónico que el año anterior, mientrras en Bruselas se firmaban acuerdos con un presidente que, denuncian, ha dejado bajo minimos los fondos destinados al control y seguimiento de lo que los madereros hacen en la selva.

Entre las organizaciones presentes en el acto, Greenpeace España y Ecologistas en Acción, y mucha gente de los que ven con preocupación los riesgos de no hacer caso a ese 5% de la humanidad que tanto hace por proteger lo que el resto, mayoritariamente, destruye. Ese 82% de la biodiversidad en la que habitan y que cuidan y protegen con sus vidas. “En Brasil se está cometiendo un genocidio, un etcnocidio y un ecocidio y no podemos permitir que los culpables sigan inmunes. ¿Cómo es que la gente no entiende que el agua que  beben y el aire que respiran viene de nuestros bosques? Nosotros si que sabemos mantener el clima”, decía en relación a la próxima Cumbre del Clima (COP 25).

Con el diputado de En Comú Podem, ayer en el Congreso de los Diputados.

Por ello han venido a Europa. Para decir, a quien quiera escucharles, que ese tratado comercial con Mercosur “es una bala como la que mató a Paulino” y que la UE debería tener leyes que garanticen que no se comercia con productos que provienen de zonas conflictivas, ni de selvas, ni de minas, ni de ríos de donde sacan beneficios de la destrucción. “Y deben crear sanciones a las empresas que no lo cumplan, pero para ello necesitamos vuestro apoyo”, pedía Sonia Guajajara, que es también coordinadora de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) de la que forma parte todo el grupo.

Los diputados presentes recordaron la importancia de trabajar en el Congreso para poner límites a las empresas españolas, que las hay, que participan de ese expolio de recursos naturales, que hay que penalizarlas y excluirlas de los contratos públicos, por más presiones que hagan. Y desde Ecologistas en Acción anunciaron que el 6 de diciembre habrá una movilización con motivo de la COP 25 en España.

El día después, el 7 de diciembre, está previsto que todas las mujeres indígenas del mundo realicen acciones de movilización en defensa del clima y en defensa de la tierra.

“En esta gira que ahora termina, hemos puesto las semillas. Les dejamos la responsabilidad de regarlas”.

Vaya este artículo como una ‘gota de agua’ que ayude a fructificarlas, frente a las ‘gotas de sangre’ indígena.

 

 

 

Brecha de género: A las científicas ‘las suspenden más’ en las revistas


R

ROSA M. TRISTÁN

A pesar de que el papel de las mujeres científicas no deja de aumentar, aún estamos muy lejos del deseable equilibrio. Las investigadoras no sólo tienen más problemas para conseguir una plaza y obtener un puesto de relevancia o un equipo de trabajo, sino que los trabajos que dirigen son menos aceptados en las publicaciones científicas que los de sus colegas. Estos ‘suspensos’ metafóricos son otro ‘agujero’ que tiene más que ver con su género que con otros motivos, según un trabajo publicado en la revista de la Real Sociedad de Química (Royal Society of Chemistry, RSC) recogida por la revista ‘Nature’.

A esta conclusión han llegado en la RSC después de analizar los más de más de 700.000 manuscritos que les han enviado entre enero de 2014 y julio de 2018 para ser publicados en su revista, una de las más prestigiosas que existen en esta materia.  La sociedad comprobó los nombres de pila de los autores  y encontró que casi el 36% de los autores eran mujeres, pero que solo un 23% de los artículos que fueron aceptados para su publicación tenían autores femeninos. 

El informe, (titulado: Is Publishing in the Chemical Sciences Gender Biased?) tenía por objetivo identificar si había un sesgo de género y llega a la conclusión de que existe “una interacción compleja de sesgos sutiles en todo el proceso de publicación, que se combinan para poner a las mujeres en desventaja cuando difunden su investigación”. Se detectó, asimismo, que cuando las mujeres publican, sus documentos obtienen menos citas en trabajos de otros colegas que el promedio de las investigaciones de  autores masculinos y comprobó que aunque los trabajos de autores masculinos tienen más citas que los de las mujeres, es poco probable que sean autoras y no de autores.

Como señala en ‘Nature’ el químico de la Universidad de York David Smitt, “resulta evidente que la brecha de género se manifiesta en cada etapa del proceso de publicación: elección de revista, decisiones editoriales, decisiones de los árbitros e incluso citas, así que se sugiere que algo está sistemáticamente mal”.

En similares términos se manifiesta Molly King, socióloga de la Universidad de Santa Clara en California, que reconoce que algunos de estos resultados se alinean con su propio trabajo, sobre la desigualdad de género a la hora de ocupar los prestigiosos primeros puestos de una lista de autores, y asegura que los académicos masculinos tienen un 70% más de probabilidades que las  femeninas de citar sus propias publicaciones. “Aunque las brechas de género pueden parecer pequeñas individualmente, suman más de 30 a 40 años de carrera y en todas las etapas de la cartera de publicaciones”, dice King.

En todo caso, no es un problema único de la Real Society of Chemistry. Otro informe similar publicado en 2018 por el Instituto de Física en Bristol (también en Gran Bretaña) encontró que los trabajos con autores femeninos también eran menos aceptados. Y un análisis de 30.000 envíos a la revista biomédica ‘eLife’ encontró que los revisores tienden a favorecer los manuscritos de autores del mismo género. Y, claro como las mujeres están subrepresentadas como editoras de revistas, pues salen perdiendo.

El RSC señala que su análisis es limitado porque sus métodos hacen suposiciones sobre el género de los autores y solo pueden asignar el género en términos binarios, así que las personas con género desconocido fueron eliminadas. Pero la sociedad dice que tomará medidas para abordar los prejuicios de género, incluida la oferta de capacitación sobre prejuicios inconscientes a su personal editorial y la contratación de más revisoras pares y miembros de la junta editorial. De hecho, su responsable, Robert Park, señala en la presentación del informe: “Tenemos que reconocer dónde sucede esto. Estamos comprometidos a seguir analizando nuestros propios procesos en cada etapa y pedimos a otros editores que hagan lo mismo. Queremos trabajar juntos para que la publicación científica, revisada por pares, sea adecuada para la era moderna. Garantizar que la comunidad de la ciencia química fomente de manera justa, permita el acceso equitativo y conserve una gama más diversa de voces conducirá a una mejor ciencia y, por extensión, beneficiará a la sociedad.

Sería interesante tener estudios similares de revistas científicas españolas…

LOS ‘CHANCHULLOS’ DE LOS PAÍSES CON EL ACUERDO DE PARIS


ROSA M. TRISTÁN

Hace tres años que se firmaron los Acuerdos de Paris sobre reducciones de emisiones. Lo han firmado 195 países y hoy es el único instrumento que trata de poner freno a una #EmergenciaClimática global que moviliza a millones de personas estos días. Fue de lo más nombrado en la Asamblea General de la ONU esta semana…

Pero ¿cómo se controla lo que cada país hace con el mismo acuerdo? Esto es lo que se preguntaron dos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaban de publicar la respuesta en la revista Environmental Research Letters. En su trabajo, los dirigentes que hemos visto en la ONU hablando de cambio climático quedan bastante mal parados. Y es que de seguir así, apuntan, como otros mucho miles, estos científicos, vamos de cabeza a una nefasta subida de la temperatura global de más de 2ºC para 2050, con todo lo que implica. La falta de trasparencia en los datos, las manipulaciones interesadas de lo que se contabiliza como emisiones, en definitiva, los ‘chanchullos’ para quedar bien en los foros mientras se hace poco, o nada, están convirtiendo el que fuera esperado Acuerdo de Paris en papel mojado. ‘Inoperante’, indican.

El análisis, firmado por Lewis King y Jeroen van den Bergh, es exhaustivo. Para empezar, niegan la mayor: con los compromisos nacionales de emisiones fijados en Paris no se impedirá que la temperatura suba 2ºC. ¿Y cómo lo han hecho? Porque han recogido las emisiones de CO2 que cada país tenía en 2015 y han comprobado las que, según los compromisos adoptados por cada país, tendrán en 2030. De hecho, ya estudios previos indicaban que si todos esos compromisos se cumplieran, la temperatura global subiría entre 2,6º y 3,1ºC, según fuéramos capaces, no ya de no contaminar, sino de recoger de nuestra atmósfera lo que ya está ahí, es decir, capturando el CO2, algo aún más teórico que práctico. ¿Demasiado poca ambición?. Eso parece…

Las manipulaciones o disfunciones detectadas son variopintas, si bien King y Bergh las clasifican en cuatro categorías, según los compromisos nacionales de emisiones (NDC). Hay que recordar que cuando elaboraban la investigación, un total de 147 firmantes (incluidos los 28 de la UE) tenían ya sus NDC concretos.

Lo primero que encontraron es que casi el 80% de los compromisos nacionales de reducción de emisiones están condicionados a factores como el acceso a las finanzas internacionales, la transferencia de tecnología y la cooperación internacional, y ni aunque esto fuera favorable, que ya es difícil, sería probable que las emisiones permitieran mantenernos bajo esos 2ºC. Ademas, ocurre que como los países pueden elegir qué gases del Protocolo de Kyoto incluyen en sus descuentos, los hay que excluyen de sus cuentas contaminantes gases como hidrofluorocarburos, perfluorocarbonos e incluso el metano y el óxido de nitrógeno. China, por ejemplo, sólo incluye el CO2 en sus compromisos, lo que significa que excluye al 4.9% de las emisiones globales con efecto invernadero. El Acuerdo también permite que los países decidan qué sectores económicos incluyen en sus NDC, y ahí están los que suelen excluir el uso de la tierra y la silvicultura (explotación de bosques). Es otro 1% de las emisiones globales sin contabilizar.

Con todo ello, la primera categoría para los científicos de la UAB serían la de los países que presentan reducciones absolutas de emisiones para un año objetivo en términos porcentuales en relación con un año base histórico. La cuestión es que ese base lo establece el país y oscila entre 1990 y 2014, mientras que el año objetivo es típicamente 2030 y, en algunos casos, 2025. Ahí está la UE.

Luego están los países que indican que la reducción estará al albur ‘un escenario de negocios habitual’, escenario que cada cual decide y que causará una gran variación en las emisiones. Son categoría 2 e incluye también a unos pocos países  (Bután, Etiopía, Omán y Sudáfrica) que se han fijado un objetivo de emisión fija.

El tercer grupo sería el que se ha fijado en el PIB para hablar de reducir su contaminación, es decir, si su PIB crece, disminuirán sus objetivos . Y, por último, los que ni siquiera  fijan un límite de emisiones determinado, aunque mencionen programas de energías verdes a poner en marcha.

Con este ‘batiburrillo’, los dos investigadores optaron por unificar y tomar como año base de contaminación para todos el año 2015, que es el anterior a la firma del Acuerdo, y compararlo con porcentajes emisiones previstas para 2030. Comprobaron así que las promesas de los de la categoría 1 (reducción absoluta de emisiones con condicionantes) son más ambiciosos que el resto (ahí están Norteamérica y la UE), mientras que se esperan aumentos de contaminación en Oriente Medio, Norte de África y el sur de Asia. Bien es verdad que también recuerdan que  aún con esos ‘recortes’ los de categoría 1 contaminarán más que los demás e incluso más que los que ni siquiera marcan un límite (la 4).

Resultado: en términos globales, auguran un aumento de las toneladas de CO2 de un 23.8% entre 2015 y 2030 . Es decir, en nuestra atmósfera terrestre habría en 10 años más unas 892 gigatoneladas de CO2, suficiente para un calentamiento global superior a los 2ºC, teniendo en cuanta la estimación máxima de los compromisos de los países, que si no se cumplen aún sería peor…

Toman como ejemplo cinco países para ver cómo ha hecho las cuentas:  Australia, India, México, Pakistán y Rusia. Australia y Rusia presentaron promesas similares de límites pero resulta que Rusia habla de reducciones de un 25% respecto a 1990, cuando contaminaba mucho más que ahora comparable. Australia, por su parte, se compromete una reducción de 26% a 28%, pero en relación con 2005. Al unificar los datos de ambos, tomando como base 2015, se descubre que las emisiones de Australia caerán el 9%, mientras que aumentarán en Rusia en un 13%, por más que Putin acabe de ratificar este acuerdo en Nueva York.

Y otro caso más: México y Pakistán, que han anunciado que reducirán emisiones según les vaya la economía, parecen en situación similar (20% y 22%, respectivamente) pero con la referencia del 2015, resulta que las emisiones en México disminuirán un 11%, mientras que en Pakistán aumentarían en un 182%, dado su escenario de crecimiento económico

Algo parecido pasa con países de la categoría 3 (emisiones según PIB), donde están China e India, entre ambas un tercio de las emisiones globales. Los investigadores reconocen que “el resultado de sus objetivos es difícil de predecir porque a más crecimiento, mayores son las emisiones”, pero usando proyecciones económicas de la OCDE, estiman que  sólo la India aumentaría un 229% las emisiones desde 2015.

Los autores mencionan también algunos fenómenos que pueden darse para ‘escurrir el bulto’, como es trasladar las empresas contaminantes a países en desarrollo con políticas climáticas menos rígidas, o un mayor trasiego mundial de importaciones de productos que son más baratos de unas zonas que en otras, sobre todo en países donde no han fijado ningún límite.

En vista de esto, nuestro consejo sería evitar que los países presenten sus promesas en un marco que parece más ambicioso que su verdadero efecto. Probablemente sea un desafío lograrlo políticamente, ya que uno de los factores que atrajo a los países al Acuerdo de París fue la libertad de poder establecer sus propios objetivos en un formato de su elección. Sin embargo, lo que estamos proponiendo no es un cambio radical. Para la mayoría de los países  esto implicaría una conversión simple basada en datos ya disponibles, como lo hemos hecho en este análisis. En cambio, será importante lograr el objetivo del Acuerdo de París”, apuntan.

Añaden que este Acuerdo de Paris, que a algunos les parece tan avanzado, tanto que incluso se quieren salir de él, en su forma actual, es “inadecuado en el mejor de los casos y, en el peor, extremadamente ineficaz porque la sociedad civil tiene el derecho de poder comprender y comparar claramente los compromisos de cambio climático de los países, incluso si son justos, ambiciosos y se suman a los objetivos climáticos internacionales”.

Aseguran que cada país debería convertir sus promesas en objetivos claros de emisión en relación con el año más reciente disponible en los datos, pero sin trampas: incluyendo todos los gases y sectores importantes, no los que les vengan bien. Apuntan que, en el futuro, a medida que los países actualicen sus NDC, este año base debe actualizarse para mantener las promesas relevantes para el próximo período.

Con ello creen que se ayudará a producir objetivos de mayor ambición y más abiertos al escrutinio externo, a la vez que, una vez uniformizadas las promesas de todos, habrá más presión para ser más ambiciosos  cada cinco años bajo el mecanismo del Acuerdo de París.