3.000 años transformando cada rincón de la Tierra


 

ROSA M. TRISTÁN

¿Cuándo el ser humano comenzó a transformar el planeta que habita de forma global? La respuesta, según arqueólogos de todo el mundo, se remonta a hace unos 3.000 años, inicio de la expansión de una forma de vida, basada en la agricultura y la ganadería, base desde entonces de la alimentación de la especie, que sigue detrás de los grandes destrozos de la naturaleza, como son los incendios, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el cambio de curso de los ríos o la contaminación de las aguas de los mares.

Han pasado, dicen los investigadores, tres milenios para que todos los continentes y territorios, salvo la Antártida, hayan sido entendidos como un recurso a explotar, dejando al margen tan sólo algunos reductos, los espacios protegidos, de la voracidad de la especie. Así lo certifica el mayor estudio arqueológico jamás realizado a nivel mundial, un intento de globalizar la información conseguida en excavaciones en todos los continentes que llega a la conclusión de que nuestro impacto general en la vida planetaria es anterior a lo que se pensaba. A más tiempo pasado, menos tiempo para reaccionar y dar la vuelta a la situación.

No deja de ser curioso cómo se ha pergeñado el estudio. Los líderes del proyecto ArcheoGlobe (Universidad de Maryland), Lucas Stephens y Erle Ellis, dividieron la Tierra en 146 regiones y contactaron con 1.000 arqueólogos de los cinco continentes ara implicarles en el trabajo. Entre ellos, los españoles Ferrán Borrell y José Antonio López-Saéz (CSIC). Al final, les llegaron respuestas de 255 y un total de 711 cuestionarios.

Todos los interesados debían rellenar unos extensos formularios de las zonas que investigan proporcionando datos que luego se cruzaron para elaborar diferentes ‘mapas-mundi’. En ellos se refleja la evolución del uso del planeta en los últimos 10.000 años, ateniéndose a los ‘restos arqueológicos’ que fuimos dejando. “Es interesante porque hasta ahora los estudios de ciencias ambientales no han incorporado la información arqueológica. Este estudio demuestra que hay que tenerla en cuenta”, señala Borrell, de la Institución Milá y Fontanals (IMF-CSIC) y experto en Próximo Oriente. Esta zona es precisamente desde la que se expandió la agricultura. Borrell, hasta que estalló la guerra en Siria, dirigía excavaciones en Qarassa, la zona neolítica en este país hoy prácticamente destruido.

Borrell explica que las categorías de los formularios que le enviaron eran muy genéricas y que puede haber algunas distorsiones porque hay grandes zonas de Rusia, África Central y Occidental o del Sudeste Asiático que no cuentan con suficientes datos por falta de excavaciones, pero defiende que pese a ello es un primer retrato en movimiento que nos dice cómo hicimos una transformación que se inició desde el primer gran impacto agrícola en Oriente Próximo hasta extenderse también en remotos lugares de Asia, Sudamérica o Australia.

Fue un proceso en el que agricultura y ganadería fueron de la mano. Y no sólo mediante la selección de semillas o animales que fueron transformando las especies de cereales o de la fauna en función de sus características más apreciadas, sino además por el transporte de un lugar a otro cuando ya existían grandes concentraciones humanas.

“No cabe duda de que como especie tuvimos y tenemos un gran impacto que pone en juego nuestra supervivencia misma. Y vemos que es algo que viene de lejos, si bien ahora se acelera la velocidad de la destrucción. Es algo que nos aboca a un estallido final si no cambiamos, pero es un cambio que debe hacerse a nivel planetario, no puede ser la decisión de un Estado”, apunta el científico del IMF.

Y es que en esos inicios, en el 82% de la Tierra los humanos vivíamos de la caza y la recolección, pero para la época del Imperio del Antiguo Egipto (III dinastía) esas cifras habían caído un 63%. De hecho, desde mil años antes cuatro de cada 10 regiones de la Tierra ya tenían implantadas algo de agricultura extensiva. El pastoreo se había ido extendiendo a su vez por zonas cercanas a ecosistemas más áridos, que eran más propicios para esta actividad que para cultivos ante la falta de lluvias.

No es que la caza y la recolección fueran inocuas. Antes de la agricultura ya quemábamos bosques para cazar más fácilmente , cambiando ya los ciclos del agua, pero entonces se conocía profundamente el ecosistema, se sabían los ciclos de vida de todas las plantas y animales; también hubo un periodo en el que el forrajeo y la agricultura convivieron fusionados. A medida que la población creció, se redujeron las posibilidades de ser flexibles en nuestras estrategias de subsistencia, se comenzó a olvidar recurrir a la caza y la recolección en momentos necesario. Y se inició el “proceso que parece en gran medida irracional e irreversible a largo plazo”, en palabras de los autores del trabajo.

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Vera, la pequeña neandertal de Burgos


Diente de Vera, la niña neandertal de Ojos de Guareña de Burgos.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Trino Torres, allá por 1976, se puso a buscar dientes de oso cavernario en las cuevas de Ojos de Guareña, en las Merindades de Burgos, no encontró lo que quería. Los restos recogidos en la conocida como Cueva Prado Vargas quedaron a buen recaudo en el Museo de Burgos, sin que durante décadas nadie intuyera que eran la cerradura que escondía la entrada a la casa de la pequeña neandertal Vera, una criatura de unos ocho años (lo del sexo es imaginación, por cierto) que habitó en esta caverna.

Esa cerradura la encontró un día, allá por el año 2000, la arqueóloga burgalesa Marta Navazo y, sorprendida por la riqueza de los restos guardados, se empeñó en lograr fondos para excavar en el lugar. En 2005, logró por fin algunos recursos para una pequeña excavación de dos metros cuadrados, pero tuvo que esperar hasta 2016 para que la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León le permitiera iniciar un proyecto con un equipo que lleva ya tres años sacando miles de registros de la presencia de aquellos humanos euroasiáticos que dejaron su rastro en nuestro ADN.

Cueva Prado Vargas en plena excavación.

“Comencé el proyecto con ocho alumnos y ya tenemos tres tesis en marcha sobre Prado Vargas. Es asombrosa la calidad y cantidad de los restos que encontramos en el nivel cuatro, de hace 46.000 años. El diente infantil, de un menor neandertal que llamamos Vera porque así se llama la nieta del dueño del prado, Beni, es el más importante, pero sólo este año hemos sacado otros 2.000 registros, unos 6.000 en total en cuatro años. Aquí me jubilo”, asegura una entusiasta Navazo, que también coordina en Atapuerca el yacimiento neandertal de La Paredeja.

Si el primer año en Prado Vargas lo dedicaron a eliminar restos superficiales -el padre de Beni usaba la cueva para guardar ganado – al siguiente ya abrieron la entrada original y comprobaron que había hasta nueve metros de sedimentos repletos de vida de hace decenas de miles de años. “En el primer nivel excavamos 40 m2, pero en total queremos abrir más de 100 m2. Ya sabemos que este era un lugar de referencia para los neandertales  de hace 46.000 años -en el momento en el que los ‘sapiens’ llegaban a Europa- porque aquí tenían refugio, fuentes de agua, materia prima para sus herramientas, animales que cazar… y estaban entre la costa y la meseta”, comenta la arqueóloga.

Raedera de sílex de Prado Vargas.

Por si no bastara con el diente humano, que certifica sin duda la presencia humana y familiar, también han localizado un hogar en el centro de la cueva de unos 25 centímetros de diámetro donde aquellos neandertales castellanos hacían fuego, como, por otro lado, ya se sabía por los huesos y las herramientas (raederas, puntas, denticulados y retocadores de huesos musterieneses) que habían encontrado quemados. Pocas dudas quedan de que controlaban el fuego…

Siguiendo el ejemplo ‘socializador’ de los yacimientos de Atapuerca,  también aquí Navazo, junto con Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana, han abierto desde el principio la vía de la divulgación e implicación social en los trabajos, con cursos de formación y actividades de voluntariado en las que participan los habitantes de la zona. Este verano, muchos fueron los que participaron en el lavado de los sedimentos de Prado Vargas en el río Trema. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos, que han recuperado con su trabajo restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

En concreto, de momento, entre los huesos y dientes recuperados en esta excavación ya se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros. Son huesos muy fragmentados, sobre todo de de radios, húmeros, metatarsos y tibias. Es decir, que los neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaban para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos, que les permitían obtener y consumir su médula. Eran las partes más apreciadas de las presas. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

En definitiva, un proyecto en Ojo de Guareña que dará mucho que hablar…

 

 

 

 

Atapuerca, a las puertas de ‘abrir’ un Penal


 

Pisando sobre el futuro yacimiento de El Penal en Atapuerca. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

No hay visita a los yacimiento de Atapuerca que no traiga consigo una sorpresa… Este año, la planificación de la apertura de un nuevo yacimiento, que no es sino la continuación, al otro lado de la Trinchera del Ferrocarril, del espectacular de la Gran Dolina, una gran cueva de la sierra burgalesa que el tiempo rellenó de restos del pasado y que la vía de un partió por la mitad para dejar al descubierto lo que escondía. Ahora ya sabemos que había en el margen derecho, pero ¿Y al otro lado?

Por un camino entre encinas y hojas con forma de corazón, Eudald Carbonell, María Martinón-Torres y Jordi Rosell llegan al punto, casi enfrende de la Gran Dolina en la que tienen previsto comenzar a excavar la próxima campaña. “Nos esperan aquí muchas sorpresas, y mucho trabajo”, les dice Carbonell, mientras les hago una foto, quien sabe si histórica, de esa primera visita a lugar del equipo que dirigirá los trabajos, este año inmerso en el nivel TD4 del yacimiento de enfrente sacando fósiles de hace casi un millón de años…

Palmira Saladié me muestra una de las estalagmitas de TD8, Gran Dolina de Atapuerca. @ROSA M. TRISTÁN

En realidad, ya queda poco para llegar a la base del TD4 . “La calidad de los huesos grandes que hay, es de los mejores sitios de Atapuerca. Este años seguimos sacando osos que venían a invernar a la cueva, rinocerontes, cérvidos (seguimos con el ataque de cuernos, muchos de desmogue) y también era una trampa natural. Sólo de cuernos hemos sacado seis o siete enteros”, explica entre el ‘toc toc toc’ permanente de los martillos, entre otros el de Martinón-Torres. “Son seis metros de capas lo que llevamos excavado, pero ya nos queda poco, aunque aún puede haber sorpresas”, comenta Jordi, quizás pensando en esa herramienta de piedra que encontraron en 2013.

Aprovecho para  preguntar a la directora del CENIEH por el sorprendente trabajo científico que afirma que hubo ‘Homo sapiens’ en Europa hace 210.000 años. “No creo que fuera una colonización, si acaso un individuo o pequeño grupo que salió de Africa con antelación, pero hasta hace unos 50.000 años no fue cuando la especie se extendió en el continente”, explica, expresando dudas que comparten otros muchos colegas expertos en el tema. “Pero está publicado en Science Advance’, no podemos obviarlo”, puntualiza.

Sobre sus cabezas, el panorama es este año increíblemente distinto. Donde hasta 2018 se veían decenas de cuadrículas y huesos surgiendo entre los sedimentos, ahora salen estalagmitas como hongos… El pasado año ya dijeron adiós a la capa TD10, que es la que habitaron los ‘Homo heidelbergensis’ de la Sima de los Huesos hace entre 500.000 y 200.000  años, y que tanta información ha proporcionado sobre su forma de vida y sus estrategias de caza. “El TD9 era un nivel pequeño que no tenía casi nada y ha sido fácil eliminarlo. Ahora en la parte superior del TD8 nos encontramos estalagmitas, pero estamos en un nivel que sabemos que tiene restos paleontológicos y cuando lleguemos más abajo, habra´mucho material”,  me dice Antonio Rodríguez, que se define como uno más de los ‘nómadas paleontólogos’ que cada año participa en las campañas en este baúl de fósiles de la sierra.

El hoyo de la Sima del Elefante, cada año más profundo. @Rosa M. Tristán

Debajo de los andamios de La Galería, otro de los yacimientos de la Trinchera, se ‘esconde’ Josep Maria Vergués, el arqueólogo experto en dataciones. Anda buscando hierro para determinar la datación exacta del yacimiento que en su día fue una trampa, un auténtico ‘paleo-supermercado’ para los humanos que rondaban estas tierras. “Mira esta zona más oscura. Creo que pueden ser niveles con materia orgánica”, me dice.

Ya en La Galería, Isabel Cáceres, sigue al pie del cañón. Me lleva hasta el punto exacto en el que acaba de asomar un bifaz de piedra, que parece clavado en el suelo, con la punta hacia arriba. Es el cuarto a día de hoy de la campaña. “Si es que, claro, preferían llevarse la carne y dejar aquí las herramientas, que no tenían bolsillos donde guardarlas”, comenta con meridiano sentido común. ¿Y qué más dejaban? Pues cotillas y cabezas, como las de los caballos que han encontrado no lejos de los bifaces.

Impresionante montaje en la Cueva Fantasma, donde esperan encontrarse neandertales. @Rosa M. Tristán

El cambio de panorama más espectacular, no obstante, me espera en Cueva Fantasma. Es espectacular el panorama con un gran techado que cubre lo que en su dia fue una caverna y hoy en un espacio donde el sol machaca las neuronas. Aún andan limpiando las zonas removidas, bajo la batuta de Josep Vallderdú y Ana Isabel Ortega. También aquí están encontrando restos de caballos para aburrir… “Parece que debía ser una galería con muchas bifurcaciones, no una sala grande, pero aún estamos comenzando el trabajo”, me explican. El mirador que han hecho para que las visitas puedan asomarse al yacimiento es impresionante. Por un lado, vistas a toda la sierra y alrededores; por otro, al espacio que, quizás, un lejano día habitaron los neandertales de Atapuerca.

Con Eudald Carbonell, Marta Navazo y miembros del equipo en La Paredeja.

Como el año pasado no pude visitar Cueva Mayor, este año me acerco al Portalón, donde no dejan de aparecer restos del Neolítico, ya sea un molino primitivo, hogares, restos de adornos… Es uno de los lugares más frescos para excavar en un año que está siendo duro por el calor, y que sobrellevan con lo que llaman el ‘año hippy’, por aquello que fomentar el ‘buen rollo’ entre todo el equipo. Aún más fría y húmeda es la Sima de los Huesos donde no llegó, pero imagino al equipo de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal dándole al buril.

Sin tiempo para pasar por la Sima del Elefante, otro yacimiento a punto de llegar al final de su recorrido y donde se halló el resto humano más antiguo de Europa (el s.p.), Eudald Carbonell me acerca a conocer el más reciente, hasta que El Penal (o ‘Papillon’, que así quieren llamarle algunos) inicie su andadura. Es La Paredeja, que ya conocí el año pasado y que dirige Marta Navazo. En lo que va de campaña ya han encontrado 240 piezas de piedra elaboradas por neandertales. El equipo ansía que llegue el día en el que aparezcan restos fósiles, pero aún está por llegar..

 

 

 

 

 

 

Los males de la ciencia en España: entre la endogamia y la vejez


Presentación del informe con Isabel Álvarez, Mariano Barbacid, Rosa M. Tristán, Vicente Larraga y Paola Bovolento. @FundaciónAlternativas

ROSA M. TRISTÁN

La situación del sistema científico español no mejora en lo sustancial. Acogotada por la burocracia, la endogamia, la falta de fondos y una gestión inadecuada, sigue en un preocupante impass que no ha cambiado en su anquilosada estructura con la creación de un Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Así lo asegura el segundo informe sobre “La ciencia y la tecnología en España 2019’ de la Fundación Alternativas, que fue presentado en la Residencia de Estudiantes y en el que han participado 15 investigadores y expertos en diagnosis de esta ya endémica enfermedad investigadora.

En realidad, decir que la ciencia está de capa caída no es nuevo. Desde 2009 ha sufrido recortes y más recortes que la han dejado tiritando, pero mientras vemos resurgir de sus cenizas sectores tan peligrosos como la construcción o un turismo insostenible, las inversiones en I+D+i, tanto públicas como privadas, andan lejos de la sociedad del conocimiento que nos aleje de más crisis laborales y ambientales, y por lo tanto económicas y sociales. Si a ellos sumamos normativas y leyes que no tuvieron en cuenta las peculiaridades del sistema científico, es fácil comprender la frustración de quienes en lugar de buscar soluciones a enfermedades, atender impactos en nuestro entorno o buscar tecnologías punteras, están sumidos en un marasmo burocrático que en febrero pasado se intentó paliar, pero que, visto lo visto en este informe, no es suficiente.

(sigue leyendo AQUÍ EN EL HUFFINGTON POST)

 

RECOMENDACIONES

  1. 1-Plantear áreas prioritarias de acción con apoyo Parlamento y con un Pacto de Estado que garantice el largo plazo.
  2. Mejorar la gobernanza del sistema implicando a los investigadores
  3. 3.Eliminar sistema funcionarial exclusivo y apostar por contratos estables y competitivos.
  4. 4.Combatir la endogamia
  5. Cambiar la elección de la dirección de los OPIS y universidades para primar la calidad científica sobre la gestión.
  6. Dotar a los centros de más autonomía de gestión de equipamiento y personal
  7. 7.Aumentar el gasto en I+D+i
  8. Un plan de choque de salvamento del sistema.
  9. Eliminar trabas en la gestión para que la Administración General del Estado no asfixie el sistema.

Amazonía: NO TODO VALE


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Fernando Trujillo, en el Amazonas, con un delfín rosado.

ROSA M. TRISTÁN

No todo vale para salvar la Amazonía. Y, a la vez, la estamos perdiendo… poco a poco, ante la indiferencia general. Perdemos sus árboles, la biodiversidad de sus ríos, perdemos las gentes que la habitan y no quieren saber nada de nosotros, porque no les interesa nuestra forma de vida. Y ahí estamos, quietos. Sin mirar para no ver.

Yo el otro día me asomé a una ventana. Y descubrí el documental ‘Río Abajo’, de Mark Grieco, un cineasta independiente norteamericano que ya se hizo famoso con su película sobre el impacto de una minera canadiense en Colombia, ‘Marmato’. Ahora, de la mano del biólogo colombiano Fernando Trujillo, se adentraba en el dilema de si todo vale para salvar a una especie de la depredación humana. En concreto, el delfín rosado que habita los ríos amazónicos, el boto como le llaman en Brasil, y que hoy es carnaza para un pez carroñero, la dañina piracatinga, mota o blanquillo, según estemos en Brasil, Colombia o Bolivia. Unos 1.500 ejemplares de delfin rosado son muertos cada año porque para las comunidades que habitan a orillas del Amazonas, este hermoso mamífero es su herramienta para ‘pescar’ el pez omnívoro que les sacó de la miseria.

La UICN calculaba en diciembre pasado que los delfines rosados podrían desaparecer en tan solo 50 años porque cada década su población disminuye entre un 30% y un 50%, otra especie más en crisis por un sistema, hoy descontrolado, que nos lleva a la deriva.

Trujillo, que durante 30 años ha investigado la especie, ahora a través de su Fundación Omacha, quería acabar con las matanzas, pero…. ¿todo vale? En la Asociación de Amigos del Manatí (AMPA) en Brasil, por cierto patrocinada por la petrolera Petrobras, según se desprende del documental, no se hicieron la misma pregunta. Y contactaron con Richard Rassmusen, un famoso presentador a lo Frank de la Jungla (sin palabras), de programas sobre naturaleza (y con ocho demandas judiciales por delitos ambientales) que se comprometió a conseguir las imágenes de un asesinato de delfín rosado para que fuera prohibida la pesca de piracatinga en su país. “Basta de bla, bla , bla… Hay  que actuar”, afirma en la película.

Arauca 2010

Y Richard se fue a unas comunidades amazónicas y pagó a unos pescadores y les animó a matar a un ejemplar, una hembra embarazada de delfín rosafo, para poder grabarlo con su cámara. “¿Pero no lo publicarán, verdad?”, le pidieron los comunitarios. Pero si. Lo publicaron. AMPA envió el vídeo al programa de televisión estrella del país y se aprobó una moratoria y las comunidades se quedaron sin una alternativa para seguir viviendo, acusados además por el resto de aldeas vecinas de ser los culpables de aquello,  amenazados por los intermediarios por haberse prestado a algo así. “Al pagar para grabarlo, en mi opinión traspasó la línea ética, aunque no lo hizo por su imagen porque hasta dos años después no se supo que él estaba detrás de aquel vídeo”, recordaba hace unos días Trujillo durante el estreno de “Río abajo” en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Trujillo reconoce que el objetivo ambiental se consiguió, aunque aún se matan botos, pero recuerda también que en la Amazonía viven hoy 34 millones de seres humanos, de los que 3,5 millones son indígenas. Y no olvida que otras amenazas que disminuyen la pesca de otras especies, como son las grandes hidroeléctricas, la minería, los cultivos de soja. “El pescador amazónico jamás habría tenido interés en la mota, pero era lo que le pedía el mercado. Y aún lo siguió pidiendo en Colombia hasta hace dos años y aún se consume en Bolivia”.

El biólogo descubrió, además, que esa especie carroñera, de la que se consumían en su país 1.300 toneladas al día, acumulaba índices de mercurio que estaban minando la salud humana en silencio. Aquella investigación también a él le supuso amenazas de muerte en la Amazonía, en países (Brasil y Colombia) donde casi cada día matan a un defensor o defensora de derechos. Muchos ambientales. Tuvieron que pasar dos años para que, en 2017, el Gobierno de José Manuel Santos aprobara una veda permanente para la mota que protegiera a su población y de paso a los delfines rosados.

Pero Fernando Trujillo sabe que son necesarias la alternativas, porque sin ellas no hay futuro para el Amazonas. Opciones que no están en esa pesca carroñera, pero tampoco en las minas, que vierten más de un kilo de mercurio por kilo de oro conseguido, ni en las hidroeléctricas, de las que hay 178 grandes en marcha y otras 270 en proyectos en la región. “¡Sólo dejarán tres ríos libres en el Amazonas! Sin migraciones tampoco habrá peces. Morirán en las turbinas mientras los amazónicos no verán esa electricidad”, denunciaba en Madrid.

No, él defiende proyectos locales de acuicultura con especies nativas, cultivos orgánicos, incluso un turismo sostenible en el que la belleza sea el imán, pero cuidando que no genere destrucción. ¿Utopía estando en manos de dirigentes como Jair Bolsonaro o Iván Duque? Realmente, no son tiempos para el optimismo.

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Miembros de la FUNAI con los indígenas korobo no contactados, el pasado mes de marzo. FUNAI

Río más abajo, las cosas tampoco son mejor. En Brasil, los indígenas hoy sedentarizados en comunidades agrícolas, entran en tensión con los indígenas no contactados, cada vez más acosados por presencias que no quieren. Estos días, la Fundación Nacional del Indio ( Funai ) ha explicado que tuvo que salir de expedición para localizar a un grupo de aislados korubo que podían tener un conflicto con otros de étnia matis en el entorno del río Coari, afluente del Amazonas. Ya en 2014-2015 hubo guerra entre ambos y varios korubo, que no llevan armas de fuego, murieron en los enfrentamientos. Otros se quedaron con los matis a vivir, pero cuatro años después querían un reencuentro con los suyos. ¿Cómo hacerlo sin que resultaran de nuevo afectados?

Finalmente, la expedición de FUNAI salió desde el Río Ituí compuesta por 30 personas. El pasado 19 de marzo, encontraron en total a 34 korubo de tres familias, con dos embarazadas y tres bebés. Lo primero fue vacunarles, como marca el Programa Nacional de Inmunización para Indígenas, y luego propiciaron el encuentro. 

Pero si la FUNAI aún guarda como lema el no contacto que propició Sydney Possuelo, que por cierto me cuenta que sigue activo y al que espero reencontrar algún día, otros no tienen tantos reparos . Después de que Bolsonaro tomara el poder, decenas de hombres armados han asaltado aldeas en reservas indígenas, como la de de la tribu Uru-yo-wau-wau, animados por los discursos de su presidente, que recordemos está en el poder gracias al apoyo de las fortunas del agronegocio.

No, no todo vale. Con la Amazonía perdemos todos.

 

2019: 50 años desde que pisamos la Luna en Starmus


Los miembros del Apolo 11, 50 años antes. @NASA

ROSA M. TRISTÁN

Hay fechas de la historia humana que han quedado para siempre en la memoria de sucesivas generaciones. Una de ellas es, sin duda, el 20 de julio de 1969. Me recuerdo, con apenas siete años, junto a mis padres y mi abuela viendo en una televisión en blanco y negro aquellos primeros pasos fuera de nuestro planeta. Recuerdo sobre todo a mi abuela mirando hacia el cielo, tan incrédula como todos. Quien me iba a decir entonces que un día conocería a los protagonistas.. En 2019 se cumplen 50 años de aquel casi mítico momento y por primera vez en mucho tiempo se van a reunir siete de los astronautas que protagonizaron la aventura de las misiones Apolo de la NASA, un acontecimiento mundial que tendrá lugar en el marco de Starmus

Este año que viene, Starmus, que nació en Canarias por iniciativa del astrónomo Garik Israelian y que celebrará su quinta edición, se traslada al corazón de Europea,  Zurich (Suiza), donde tendrá lugar entre el 24 y el 29 de junio con la presencia de grandes personajes de la música, la ciencia y la cultura universal, pero sobre todo con las pocas personas aún vivas que vieron la bola azul que es la Tierra desde la pequeña bola blanca que vemos en las noches. A Israelian le hace especial ilusión la presencia de Michael Collins (Apolo 11): “Ha sido todo un éxito convencerle de que venga a Starmus porque es una persona que nunca acude a conferencias, pero en Zurich quienes vengan tendrán esa oportunidad”, señalaba el director de Starmus a este Laboratorio para Sapiens. A mí también, pues es el tercero de los tres que aún no ha escuchado en persona.

Con Charlie Duke en Starmus.

Y con Collins estarán Charlie Duke (Apolo 16), Harrison Schmitt (Apolo 17), Jame McDivitt (Apolo 9 ), Russel Schweickart (Apolo 9) , Walter Cunningham (Apolo 7), Alfred Worden (Apolo 15) . A ellos se sumará la presencia del cosmonauta ruso Alexei Leonov (Soyuz 19), que a sus 84 años es un veterano apoyo de este festival y de otros muchos viajeros espaciales (Claude Nicollier, Yuri Baturin, Tim Peak, Gennady Padalka, Sandra Magnus, Nicole Stott, Helen Sharmann, Garrett Reisman, Samantha Chrisforetti y Chris Hadfield, de momento). Todo un homenaje a quienes iniciaron el camino. 

Pero además de una ocasión para escuchar y disfrutar de la presencia de tantos astronautas, Starmus aunará una vez más la ciencia, con la presencia de al menos 12 premios Nobel, con la música y la cultura, porque es el camino que han escogido sus promotores para ‘atrapar’ a los jóvenes hacia unos temas que no suelen estar en la agenda juvenil pero que van a necesitar de su presencia. Garik Israelian lo tiene claro: “Para nosotros es fundamental que los jóvenes vengan a Starmus y por ello mantenemos precios muy asequibles para ellos, 400 euros todo el festival, con la posibilidad de ver a artistas de la talla de Brian May (Queen), Peter Gabriel, Brian Eno, Steve Vai o Rick Wakeman. Son todos grandes músicos que han sabido entender lo importante que es la ciencia para tener un futuro mejor”.

Este año será el primero sin Stephen Hawking,  un gran inspirador y gran promotor de Starmus, en el que estuvo presente dede su segunda edición y que ya en 2017 no pudo acudir a Trondheim (Noruega) por problemas de salud, aunque si que estuvo conectado con el festival. En su honor se ha creado la Medalla Stephen Hawking a la Comunicación Científica, con el apoyo de Omega, que se entregará en un gran acto en el mayor auditorio de Zurich, con capacidad para 3.000 personas.

El festival, que también cuenta este año con el patrocinio de Kaspersky Lab y ETH Zurich, ha cambiado la sede anunciada en un principio en Berna por Zurich precisamente para poder contar con un espacio que tuviera las dimensiones adecuadas para el evento. Entre los presentes estarán personalidades como Richard Dawkins, Jill Tarter, Robert Williams, David Eicher, Emmanuelle Charpentier o el propio fundador, Garik Israelian.  “En un momento en que el mundo se retira hacia el  aislacionismo, se necesita la colaboración para presentar estratégicamente las ideas, las pruebas y los desafíos que enfrentamos colectivamente. Creemos que los mayores y mejores logros de la raza humana son el resultado de esa colaboración científica”, ha declarado.

Las entradas para Starmus V se ponen a  la venta a partir del 23 de enero de 2019 y se pueden comprar en http://www.starmus.com. Para más información visite http://www.starmus.com.

El francés de hielo, a la deriva en los mares antárticos


ROSA M. TRISTÁN

El día que el Jean Louis Etienne, con ocho años, hizo la primera expedición al jardín de su casa, donde acampó, sus padres entendieron que su hijo tenía un indomable espíritu aventurero. Hoy, a sus 72 años, este médico francés, el primer ser humano en llegar al Polo Norte Geográfico en solitario, además de otras muchas hazañas, es un firme convencido de que la lucha contra el cambio climático es inevitable . De todo ello, y de su intensa vida, nos habló hace unos días en un evento en el Instituto Francés de Madrid en el que conocimos su próximo proyecto : el Polar Pod, una plataforma oceánica con la que quiere dar la vuelta a la Antártida.

Etienne, de 64 años, recordaba que no fue un buen estudiante en su pueblo cerca de Toulousse, así que de adolescente estudió un curso de fresador en FP. Descubrió así que le gustaba hacer cosas con las manos y cuando se decidió por estudiar medicina, hizo todo lo posible por acabar en un quirófano: “Fue allí donde comenzaron a pedirme colaborar como médico en expediciones, algo en lo que trabajé durante 12 años, hasta que un día, en un campamento cerca de la cima del Everest, decidí que quería ser la primera persona en llegar sola a un sitio”. Ese lugar sería el Polo Norte que alcanzó en solitario en 1986, avanznado una media de 20 kilómetros al día y soportando temperaturas de hasta 52º bajo cero.

“Cuando fui había dos metros de espesura del hielo donde hoy hay 1,2 metros. Iba con un trineo, tirando de él, con esquís sobre un hielo que se mueve porque en realidad es la banquisa. Cuando te despiertas de madrugada no sientes pies ni manos. El cuerpo sacrifica la circulación de la periferia para mantener la temperatura a 37º. Pero tenía ganas de llegar al Polo Norte y fue superando límites que no sabes que tienes hasta que llegas a ellos”, señalaba Etienne ante una audiciencia entregada, entre la que había científicos polares de la talla de Jerónimo López o Ana Justel o montañeros aventureros como Sebastián Alvaro.

“Y luego llegas y no hay nada. Sólo hielo que se mueve entre 5 kms al día, pero es un gran momento”, reconocía el explorador, que no tardó en iniciar otra aventura: la expedición Trasantártica, que atravesó de lado a lado (6.300 kilómetros pasando por el Polo Sur) el continente y que realizó con cinco hombres de otras tantas nacionalidades. Viajaban con trineos de perros porque entonces aún se podían llevar animales. “En 1989 era el final de la primera parte del Tratado Antártico y quisimos ser embajadores en ese momento de la necesidad de seguir protegiendo la Antártida, que no se comenzaran a explotar sus recursos naturales. Fue un momento de grandes cambios, porque mientras duró cayó el Muro de Berlín, se hundió la URSS. El ruso salió de un país y volvió a otro”, recordaba. Unos años después, en 2005, un español, Ramón Larramendi, haría otra famosa expedición Trasantártica, en este caso con uno de sus primeros modelos del Trineo de Viento que estos días vuelve al corazón de ese continente en otra gran aventura, ésta totalmente científica.

Entre 1991 y 1996, el explorador francés estuvo inmerso en una serie de expediciones científicas a la Antártida,a bordo de la goleta Antarctica ( actualmente la Tara). Su última gran gesta, en 2010, fue convertirse en el primer humano en realizar la travesía del Polo Norte en globo aerostático, también en solitario, un viaje que no estuvo exento de problemas (incluido un incendio y con el que quiso llamar la atención sobre un mundo que desaparece a ojos vista: el del hielo del Ártico.

Cuando a Etienne le preguntan que es lo más difícil de realizar una expedición de este calibre responda, sin dudarlo, que es conseguir financiación. Es algo que también conoce bien Larramendi. “Esa es la verdadera prueba de resistencia, porque requiere estar activado, proactivo, con llamadas, cartas, visitas.. La gente con dinero que puede apoyar siempre están muy ocupados, pero hay que insistir”, señalaba el aventurero francés.

Ahora está volcado en otro proyecto que bien podría ser complementario del Trineo de Viento de Ramón Larramendi: el Polar Pod, con el que quiere recabar datos científicos de los océanos alrededor de la Antártida del mismo modo que el Trineo de Viento es ya la plataforma para conseguirlos en el interior. Y ambos cero emisiones, gracias a la energía eólica. “Los satélites nos envían información, pero hay que ir allí y hacer las mediciones en el escenario real”, explicó.

La expedición Polar Pod, de 22.000 kilómetros, consistirá en circunnavegar la Antártida con una boya o plataforma flotante que estará a la deriva. Dadas las condiciones extremas del mar en esas latitudes, para escapar del fuerte oleaje en superficie, ha diseñado un gran flotador vertical, cuya parte sumergida descenderá a 80 metros bajo el agua, donde las aguas son más estables. El objetivo es que sea impulsada por la corriente circumpolar y los vientos, a una velocidad de 1, 85 km/h. Se calcula que la expedición durará dos años y que la plataforma llevará a bordo a ocho personas, que se irán relevando cada dos meses. Uno de ellos será Jean Louis Etienne, por supuesto: “El agua fría polar es un importante sumidero de CO2, pero sabemos poco sobre su papel sobre el clima, y queremos descubrirlo, pero también vamos a estudiar la fauna y el impacto de los microplásticos”, adelantaba en su conferencia. El coste de todo ello no es poco: la construcción del Polar Pod costará 15 millones de euros, que financia el Gobierno francés según señaló, pero la expedición costará otros ocho millones de euros que aún está buscando.

Su faceta más controvertida es su defensa absoluta de la energía nuclear para hacer frente a los impactos del carbón. “Desde luego que hay que promover las energías renovables, el papel de las plantas para convertir CO2 en oxígeno, e incluso apoyar la idea de construir un Sol en la Tierra, como es el ITER, pero hoy por hoy la energía nuclear es una opción porque es capaz de generar energía suficiente y el problema de no usarla , que es una subida de las temperaturas, es mayor que el riesgo de hacerlo”, argumentó. Algunos presentes en la conferencia destacaron, a su vez, los problemas que supondría el fomento mundial de esta alternativa, dado que el uranio es un bien escaso, cuya adquisición generaría tantas guerras como el petróleo; aumentarían los residuos radiactivos por todo el mundo; y, añadieron, sería complicado garantizar que determinados países construyan centrales nucleares totalmente y absolutamente seguras, como ya la historia nos ha demostrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Europa camino de Mercurio: el planeta misterioso


@ESA/ATG medialab; Mercury: NASA/JPL

ROSA M. TRISTÁN

Viajara a Mercurio, el planeta más pequeño de nuestro Sistema Solar, el más caliente y de gélidas noches  (más de 450ºC de día y -180ºC de noche), el astro que sufrió auténticos bombardeos de meteoritos y donde es posible ver amaneceres dobles. Ese es el objetivo de la misión BepiColombo que la Agencia Espacial Europea (ESA) y la japonesa (JAXA) inician este mes de octubre en la Guayana Francesa con el lanzamiento de unas naves espaciales que quiere conseguir respuestas donde ahora hay preguntas. “Es la misión más compleja a nivel científico de la ESA, con 83 empresas participando de 12 países, incluida España”, explicaba hace unos días en la sede de la ESAC Mauro Casale, responsable del segmento de tierra de BepiColombo.

f=”https://rosamtristan.com/?attachment_id=5203″ rel=”attachment wp-att-5203″> El Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO) @ESA-JAXA[/capt

La complejidad es lógica si se tiene en cuenta que el artefacto deberá viajar durante siete años y dos meses (llegará el 5 de diciembre de 2025) para llegar a su destino con dos orbitadores diferentes abordo del módulo de transferencia, vamos su vehículo: el MPO (Orbitador Planetario de Mercurio, de la ESA) y el MMO (Orbitador Magnetosférico de Mercurio, de Japón). Su objetivo es recoger datos durante todo un año (quizás prorrogable otro más). Si el MPO europeo observará el planeta desde su órbita para recabar datos de su  composición, su topografía y la morfología de su superficie y su interior, el MMO nipón (más alejado) se centrará en el estudio del entorno del planeta y su magnetosfera. Será la primera vez que dos orbitadores realicen observaciones coordinadas y simultáneas desde puntos diferentes, pero para ello deberán dar un rodeo de 9.000 millones de kilómetros hasta situarse en las órbitas adecuadas del pequeño Mercurio.

¿Y por qué ese interés en el astro abrasador, apenas a 58 millones de kilómetros de nuestra estrella? Pues porque, como explicaba Casale, las dos misiones anteriores a este planeta (Mariner en los años 70 y Messenguer entre 2011 y 2015, ambas de la NASA) han generado más preguntas que respuestas. Tampoco se acercaron tanto: Messenger estaba a 15.000 kilómetros de la superficie pero BepiColombo estará a 1.500 y hará órbitas cada dos horas, pasando todos los días por los polos. “Tenemos muchas dudas sobre su pasado: si se formó más alejado del Sol, donde está Marte, y luego se acercó; o cuestiones por resolver sobre la Teoría General de la Relatividad de Einstein (que igual no cuadra con sus órbitas). Es el planeta más desconocido de nuestro sistema”, señalaba el científico para justificar la importancia de una misión que costará 1.430 millones a la ESA y JAXA.

En total, los dos orbitadores  llevan a bordo 11 instrumentos científicos, entre los que hay tres cámaras para captar imágenes, espectómetros de infrarrojos, altímetros láser, un acelerómetro, detectores de partículas de polvo solar… “Messenger nos dijo que hay hielo y quizás materia orgánica en su Polo Norte. Hay que confirmar si ese hielo es de agua y si su origen está en las cometas. También queremos aclarar por qué su campo magnético es asimétrico en 400 kilómetros y si se movió o no o si su núcleo es más grande que en otros “, explicaba también Santa Martínez, coordinadora del procesamiento científico en la ESAC.

La función de la ESAC en España será fundamental para su seguimiento, pues es aquí donde se situará el centro de operaciones científicas, se programarán esas acciones y se procesarán datos recogidos antes de distribuirse a la comunidad científica. De hecho, BepiColombo no será una sonda durmiente hasta que llegue, sino que mientras viaje hacia Mercurio, y gracias a grandes paneles solares (sólo el que utilizará cuando llegue no se orientará de forma que no sufra desgaste), estará activo y cada seis meses se chequearán desde la Tierra sus instrumentos, a la vez que se reciben datos de su paso por la Luna, por Venus…

Habrá que espera al 5 de diciembre de 2015 para comprobar si el plan funciona. Entonces, se separa primero el orbitador japonés y entrará en su órbita y luego el módulo europeo, que como orbitará cerca de la superficie ‘mercuriana’ ha tenido que diseñarse con nuevos materiales especiales capaces de soportar 450ºC . “Sólo el 15% de la tecnología de BepiColombo es previa, el resto es toda novedosa”, señalaban los expertos de la ESA.

 

 

El futuro y presente de la ciencia polar, a examen en Madrid


 

ROSA M. TRISTÁN

Hacía siete años que no se reunían los científicos polares españoles. La ocasión de ‘ponerse al día’ para compartir y debatir tuvo lugar, por fin, la semana pasada en el marco del IX Simposio de Estudios Polares, organizado por el CSIC y el IGME. En total, 170 científicos de los, más o menos, 500 que conforman esta comunidad de los hielos acudieron al evento, tres jornadas en las que se aprendió de ciencia (hubo 20 conferencias sobre los temas más diversos), pero también de política científica, de legislación, de los cambios que están teniendo lugar por el cambio climático, de las dificultades de investigar donde no hay bases (recordemos que España tiene dos en sendas islas de la Península Antártica: Livingston y Decepción).

Durante el primer día, el responsable de las grandes instalaciones científico-técnicas (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), José Ignacio Doncel, aterrizó con un dato que enseguida puso sobre la mesa “Ciencia y logística polar”, moderada por José Miguel Viñas. “El coste de cada campaña para el Ministerio es de 7,5 millones de euros, sin contar lo que pone la Armada o el Ejército de Tierra, así que cada proyecto nos cuesta al año entre 300.000 y 400.000 euros, de lo que casi todo se va en la infraestructura (bases y buques). La investigación polar está garantizada pero estas cifras nos recuerdan que requiere un gran esfuerzo”, señaló.  Y añadió: “Necesitamos un nuevo buque logístico y oceanográfico que sustituya al Hespérides para 2025, y ya estamos hablando sobre ello, pero hay que priorizar y para ello debe cuajar en unos presupuestos donde todas las áreas de investigación compiten”.

Todo ello vino a cuento de lo que Doncel quería dejar claro: que falta ‘retorno’ de los resultados científicos para que el Ministerio defienda con argumentos esta ciencia polar: “He intentado recuperar resultados de cada infraestructura a lo largo de los años y no es fácil porque cada científico se lleva los suyos y a la instalación no llegan y esa información es importante para luego obtener fondos”, les aseguró en lo que sonó como una regañina.. A ello le respondió el investigador Francisco Navarro (UPM), que el exceso de burocracia les quita tiempo para luego poder divulgar e informar adecuadamente. Andrés Barbosa, gestor del Programa Polar Español, añadía que en el último año se desarrollaron en la campaña antártica 11 proyectos por dos millones de euros y se congratuló de que haya “nuevos tiempos en la ciencia española, más lentos de lo que nos gustaría pero ya se nota en que hay más oferta de plazas”.

Por otro lado, aunque salga caro, Miguel Angel Ojeda, de la Unidad de Tecnología Marina (UTM-CSIC) recordó que en la última campaña antártica participaron 200 personas entre investigadores y técnicos, que son muchos, e hizo hincapié en la necesidad de buscar otros soportes de modelos con otros programas polares.

En esta mesa también salió a relucir el asunto de si España debe tener o participar en instalaciones en el Ártico (el 8% de los 110 pósters sobre proyectos científicos presentados se referían a esa región, el 11% a los dos polos y el 81%  a la Antártida), a lo que se respondió desde el Comité Polar que no se plantea esa opción porque “no hay demanda” y de momento seguirá el modelo actual, según el cual los investigadores contactan con universidades o centros extranjeros a nivel individual para poder investigar allí. Un modelo que por los comentarios no convence a todos por igual. “Si no estás en las bases españolas, no tienes el mismo apoyo, nos encontramos con más problemas”, decían en los pasillos.

En este sentido, se comentó una posible expansión más allá de nuestras dos bases hacia el interior del continente antártico, donde ya trabajan algunos en colaboración con otros países, pero para hacerlo de forma continúa algunos reclaman medios de transporte, como un helicóptero, cuyo mantenimiento, recordó Doncel, sería caro. Otros platearon propuestas más innovadoras. Miguel Ramos, de la Universidad de Alcalá de Henares, recordó que si se quiere estar en la zona continental, hay que contar con el Trineo de Viento de Ramón Larramendi, una opción que les permitirá recorrer miles de kilómetros. Ojeda, por su parte, destacó que de cara a la colaboración internacional “lo importante es ir con el bolsillo lleno de cosas para intercambiar”, mientras que Barbosa argumentó que es la ciencia la que debe tirar de la logística y no al contrario (“Para alternativas como el Trineo de Viento habría que generar un consorcio de proyectos coordinados que lo incluyan en sus presupuestos y, si se consolida, podrá tener cabida como una infraestructura más”).  Otros científicos, como Miguel Angel de Pablo,  apuntarían después que los proyectos científicos hoy se adaptan a lo que se les ofrece, dado que no sobran los recursos, por lo que apostaba por el camino inverso: incluirlo como infraestructura y ofrecerlo. Lo cierto es que el pionero eco-vehículo estuvo muy presente en este IX Simposio, en cuya edición irrumpió por primera vez, y no sólo con un póster o con la presencia del propio Larramendi, sino que se explicaron varios proyectos en las sesiones plenarias en los que ya ha participado o participarán en la próxima expedición antártica, en diciembre de este año.

Este asunto sobre la presencia de España en ambos polos volvería a estar presente en la mesa “Conexiones Antártida-Ártico”, en la que participaron Francisco Aguilera (responsable de la diplomacia polar), la profesora de Derecho Elena Conde, el secretario general del Comité Polar, Antonio Quesada, y los científicos Francisco Navarro y Carlos Pedrós. Como era de esperar, se habló mucho de las dificultades para proteger el Ártico como lo está la Antártida, debido a la cantidad de países implicados en ello y de los intereses económicos en la región, pero también de los problemas que tienen los científicos españoles para trabajar en las cercanías del Polo Norte por la mencionada falta de apoyo para su logística.

Así era la Antártida en el Cretácico, según explicó Jane Francis en el IX Simposio..

Otro conclusión en esta mesa fue la necesidad de mejorar la divulgación de la ciencia polar española, aprovechando  el interés que los territorios polares despiertan. Ello ayudaría a eliminar las “fake news” científicas que se lanzan en algunas campañas mediáticas sobre cambio climático e incrementaría el apoyo a unas investigaciones que son costosas, pero también necesarias. De hecho, España ocupa el décimo lugar en cuanto a producción científica de este área, puesto que ha mantenido pese a los recortes en I+D+i de los últimos años. Lourdes Armesto, del Ministerio de Ciencia,  añadiría un importante al día siguiente: explicó que a la hora de aprobar un proyecto científico se tiene muy en cuenta cómo se divulgará socialmente y que no hacerlo ‘baja la nota’, así que aprovechó para darles un pequeño tirón de orejas: “Dedicáis poco tiempo a ello pero es fundamental”.

El último día, en otro debate moderado por Valentín Carrera, se centró en las perspectivas de la investigación y la posibilidad de crear un Instituto Polar que la aglutine, al estilo de Gran Bretaña o Alemania. La opinión general de la mesa fue que no es necesario (así lo  destacaron Antonio Quesada, Jerónimo López, Miguel Ramos y la representante de la Agencia Estatal de Investigación Lourdes Armestro), si bien casi todos destacaron la importancia de mejorar la coordinación entre los proyectos, algo de lo que se encarga el Comité Polar Español, con muy pocos recursos humanos para ello.

Asimismo, se habló de la necesidad de contar con un Plan Estratégico para la investigación polar española y de incluir los Objetivos de Desarrollo del Milenio como parte del trabajo científico, algo que no se hace. Si es verdad que existen unas directrices generales polares y un plan estratégico general de I+D+i, pero para algunos como el representante español en el SCAR, Jerónimo López, es preciso contar con un plan específico que ordene lo que alguien calificó de “guerra de guerrillas”, en el sentido científico, evidentemente, con el fin de hacerse un hueco.

Estos debates fueron parte de una radiografía en la que, en las conferencias de los proyectos, quedó en evidencia que las investigaciones tienen resultados, aunque a veces no nos lleguen a los ciudadanos, y que éstos nos están ayudando a saber cómo son los impactos en la flora de los cambios climáticos (Leopoldo García-Sancho), cómo se están transformando los glaciares (Francisco Navarro), qué microorganismos  hay y cómo vuelan por el aire polar (Antonio Quesada), cómo han evolucionado los pasos del Drake y Tamania en la Antártida (Carlota Escutia y Fernando Bohoyo), qué contaminantes ya han llegado hasta los territorios polares (Jordi Dachs)  o cómo está la capa de ozono (Margarita Yela), entre una larga lista de cuestiones. También que todo ello tiene futuro porque hay jóvenes científicos polares empeñados en ello, tanto que ya están agrupados en APECS SPAIN.

Ah, y como apostilla final, se echaron en falta más mujeres en las mesas de debate, dado el nivel elevado de científicas polares que tenemos en este país. De hecho, estaban presentes en el 35% de los pósters (aún falta para el 50%), pero es un porcentaje que no se alcanzó en dichas mesas.

 

‘RAICEX’ : la voz de los científicos españoles en el extranjero


ROSA M. TRISTÁN

Cuando la crisis económica, generada fundamentalmente por movimientos bursátiles y la burbuja inmobiliaria, estalló en España, fueron muchos los jóvenes científicos de este país que tuvieron que hacer las maletas… y se desperdigaron por los cinco continentes. Es un tema que he tratado a menudo en este espacio. Ahora, muchos de ellos, se han organizado en una red, a la que han denominado RAICEX (Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior) porque, regresen o no si las condiciones mejoran en este país, que está por ver, están convencidos de que pueden aportar conocimiento y sus experiencias en el exterior. Y no son pocos: RAICEX agrupa a organizaciones de 15 países y más de 3.500 investigadores.

 

Durante su visita a España, fueron recibidos en el plenario del Congreso de los Diputados con una gran ovación, incluso desde la bancada del PP, que con sus recortes en ciencia han obligado al exilio a muchos de ellos. Y también hicieron su presentación ‘oficial’ en la Fundación Ramón Areces, donde conocí a Javier Escudero, presidente de Raicex y de la Asociación de Investigadores Españolas en Reino Unido (SRUK CERU). “Hace ya tiempo que hablamos de ello y hace ya 3 años que las asociaciones de todo el mundo nos reunimos por primera vez. Sabíamos que la voz hace la ciencia y que unidas tendríamos más fuerza ante las autoridades españolas, porque buscamos que la red un punto de encuentro, si bien fue el año pasado cuando le dimos el gran impulso”.

Aquel encuentro tuvo , en septiembre pasado, tuvo como telón de fondo el ánimo del Gobierno de considerarles ‘embajadores’ de la ciencia española, aun cuando hubiera sido más adecuado llamar a muchos ‘exiliados’ por falta de recursos en su país. Así se recogió en este Laboratorio para Sapiens.

“Lo que queremos es poner en relevancia la ciencia, partiendo de la base de que algunos queremos volver y otros no, pero en todo caso todos queremos contribuir a mejorar el sistema de I+D+i español y a fomentar colaboraciones internacionales y multisectoriales entre nosotros y los que están aquí. Queremos aportar nuestro conocimiento de medidas que existen fuera y pueden ser aplicables en España”, explicaba Escudero.

Paula Fernández, que vive en Dinamarca, destacaba que hay cosas que funcionan en otros lugares exportables. “En el caso de México, la mitad de los socios somos de ciencias sociales y humanidades, pero todo es ciencia, y por otro lado, queremos facilitar las vías a quienes quieren irse fuera de España, dado que nosotros ya hemos pasado por esa experiencia.

Ya por la tarde fue la reunión con la recién estrenada Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades para presentarles RAICEX , iniciar canales de comunicación y poner sobre la mesa la necesidad de impulsar un Pacto por la Ciencia, como el que ya se firmó en 2013 (lo firmaron todos los partidos menos del PP). “Queremos políticas a largo plazo para la ciencia, al margen de quien estén en el poder, porque será la forma de saber si estamos de acuerdo en que la ciencia debe ser el motor del crecimiento económico, del bienestar social, de mejoras en salud, etcétera”, añadió Escudero.

En la presentación estuvo también el científico Emilio Muñoz representando a la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), de la que formo parte. “Creo que ambas somos complementarias. Ellos tienen ahora una asociación paraguas para científicos en el extranjero y nosotros hemos creado una asociación paraguas para toda la ciudadanía española. De hecho, hay algunos de sus miembros que están en ambas. Lo importante es que no sean corporativos, sino que colaboren en hacer sociedad con la ciencia. Nosotros lo que queremos es llegar a ser 40.000 personas que demuestren que hay apoyo social a la ciencia”.

Tras unos años de sequía en políticas científicas, con un nuevo y flamente