El libro de la vida y la Tierra en la costa vasca, en piedra


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ROSA M. TRISTÁN

Cuesta encontrar palabras para describir el espectáculo que ofrecen los acantilados de las costa vasca entre los municipios de Zumaya y Mutriku. En realidad, lo más aproximado es describirlo como un gran libro hecho en piedra en el que las páginas, con el paso del tiempo, han ido quedando separadas, arrugadas, algunas rotas, como esos grandes volúmenes que de tanto usarlos no hay forma de que recuperen su forma original. Y en el fondo, eso es un flysch como el que se ofrece la vista a lo largo de varios kilómetros: un gran cúmulo de estratos, que parecen hojas, en las que se ha ido escribiendo la historia de la Tierra desde hace más de 100 millones de años, y lo que es más, donde aún infinidad de seres vivos, algunos microscópicos y otros diminutos, siguen rellenando sus líneas de vida.

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El flysch entre Zumaya y Deba. @ROSA M. TRISTÁN

No voy a extenderme en la historia geológica de este impresionante lugar (pues tengo pendiente una visita con un gran experto en la materia) pero para quienes vean las extrañas formas que dibujan estas paredes será fácil ver los pliegues que nos hablan de que hace más de 50 millones de años el pedazo de tierra que entonces era Iberia (recordemos que la península era una isla) chocó con Eurasia, en un proceso que llevó mucho tiempo.

De aquel tumultuoso encuentro no sólo surgió esta cordillera y los montes vascos, sino que los sedimentos que desde hacía 100 millones de años se habían ido acumulando en el fondo marino, salieron a la superficie y se plegaron como si fueran de plastilina. Son las capas que ahora vemos: unas más duras, que son las de caliza, proceden de los fósiles de conchas, corales y fósiles de animales marinos; y otras más blandas, se corresponden con las  de las arcillas que arrastraban los ríos hasta el mar… Hoy, cada una de ellas nos cuenta la historia de unos 10.000 años en esta zona del planeta (su clima, su vegetación, su fauna…). Como es de suponer, las ‘hojas’ más blandas han sufrido más el paso del tiempo, dando origen a ese aspecto de ‘cama de fakir‘ que se siente cuando se camina sobre su filo, como pude hace hace unos días coincidiendo con una de esas grandes ‘mareas vivas’ que dejaron a la luz durante horas una impresionante extensión de este lugar.

Debo decir que me sorprendió que, pese a que era el momento perfecto para una visita de las que organiza el Geoparkea, tan sólo un pequeño grupo de una decena de personas sintió interés acercarse al flysch, que no sólo es impresionante por su belleza sino que, además, esconde tesoros que enseguida comencé a descubrir:  una i20160821_140725nfinidad de seres  marinos habían quedado atrapados en los charcos que dejó el Cantábrico en su retirada. Bien es verdad que la guía del Geoparkea, era avezada, pero también que la jornada fue especialmente fructífera para quienes, procurando molestar lo menos posible, pudimos observar los esfuerzos de un pequeño pulpo de colores por dejar el charco al que le condenó la marea, la danza de una ofiura sobre una roca, las orejas de una ‘libre de mar’, la belleza de una diminuta estrella, las semitransparentes quisquillas, un pepino y hasta un tomate de mar, ambos ingredientes de la ensalada de la vida en este paraje geológico. Y todo ello, apenas a unos pasos de las ‘icnitas’ o ‘trazas’ dejadas hace decenas de millones de años por otros que, como ellos, se paseaban no lejos del mismo lugar.

 

Es por ello, porque la historia sigue, porque el pasado más remoto (incluido el polvo del meteorito que acabó con los dinosaurios) se encuentra en el pequeño recorrido que hay entre Zumaya, Deba y el pueblo pescador de Mutriku, y porque quiero animar a los lectores a observar la naturaleza, que he querido traer al Laboratorio para Sapiens a estos pequeños ejemplares de vida (el más grande, el pulpo, y era poco mayor que una zapatilla) que hoy se pasean por el libro pétreo que emerge del mar vasco y con los que pasé una mañana de este verano.

Y AQUÍ UN RECORRIDO EN IMÁGENES por esta BIODIVERSIDAD A CONSERVAR

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

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Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Anémona. @RMT

Anémona. @RMT

Erizos de colores...@RMT

Erizos de colores…@RMT

 

 

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Diminuta estrellas de mar, una joyita. @RMT

Aquí la cría de ‘liebre de mar’.. Fíjate en sus orejas! @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenzado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenazado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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STARMUS y los compromisos incumplidos de los políticos


 

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ROSA M. TRISTÁN

Hace unos días estuve en la presentación del Starmus Festival (27 de junio-2 de julio), que vuelve este año a celebrarse en Tenerife por el empeño personal del astrofísico Garik Israelian, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Debo reconocer que tengo debilidad por ese evento que aúna astronomía, música,  cine, literatura… porque hay pocos eventos similares en el mundo y porque se que organizarlo, cada dos años, y superar al Starmus anterior es un reto comparable a la búsqueda de un exoplaneta con una lupa. Lo es porque a las puertas de su tercera convocatoria, este evento único en el mundo, que traerá a España a 11 Premios Nobel, que rendirá tributo a Stephen Hawking, que juntará al astronauta Miguel López Alegría con el astrofísico Roger Penrose y el cosmonauta Alexei Leonov, se convierte un año más en el espejo de lo que importa la ciencia en este país: NADA o CASI NADA.

Y es que, a un mes del comienzo del festival, con las reservas de sus prestigiosos participantes, incluida la de Hawking y sus asistentes, ya hechas, resulta que ni instituciones públicas ni empresas privadas muestran interés suficiente en tamaño evento, aunque por otro lado no tardan en ponerse en la foto para figurar junto a los científicos o cantantes más famosos cuando la ocasión se presta. Y si es Hawking, miel sobre hojuelas. Ahora bien, ¿cumplir los compromisos financieros? ¿interesarse por patrocinar el encuentro, aún a costa de unas carreras de coches o un torneo de golf? No, no. ¡Dónde vamos a parar!

Recomiendo ver en el programa de Starmus 2016 lo que por 700 euros (350€ para canarios y estudiantes) se puede disfrutar durante cuatro días (y eran 500 para quienes reservaron con antelación). Por sólo mencionar algunos: el físico Premio Putlizer Brian Green, el divulgador de la BBC Brian Cox, el Nobel David Gross, el experto en virus informáticos Eugene Kaspersky, Roger Penrose, Jill Tarter del SETI, el cantante Brian Eno (que estrena una composición dedicada de Hawking), el Premio Mundial Albert Eisnstein Martin Rees, Joseph Stiglitz , Brian May, Rick Wakeman, Kip Thorne… Por cierto, para quienes les puede parecer caro: una entrada para la final Atlético-Real Madrid costó unos 400 euros, hora y media de partido, sin incluir viaje a Milán.

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Algunos se preguntarán como se paga todo esto. Pues bien, hagamos memoria. El primer Starmus, que congregó en España al mayor número de astrónomos y astronautas jamás reunidos, se financió en un 90% gracias a un premio recibido por el propio Israelian y ayudas de conocidos suyos, incluido algún préstamo. Para el segundo, recibió apoyo público y privado por 400.000 euros (del Gobierno central ni un duro, por cierto) para un presupuesto de 700.000, que pagó con las entradas. Y para este año, con un evento aún más grandioso, el primer tributo a Hawking, el astrofísico consiguió el compromiso del Cabildo de Tenerife y del Gobierno de Canarias de poner 330.000 euros cada uno (660.000, suma la cuenta), además de que le buscarían patrocinios por otros 330.000. Así lo explicó en la rueda de prensa.

Pues bien, tanto el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, como el viceconsejero del Gobierno, Cristóbal de la Rosa, reconocieron en ese mismo encuentro informativo que iban a poner unos 400.000€ entre las dos instituciones, por cierto que el Cabildo aún no ha desembolsado. Y que el resto, se abonaría en servicios, pero ¿qué servicios? es una pregunta sin respuesta. Alonso incluso mencionó que “no sólo se trata de dinero, sino de creatividad”, como si con creatividad se pagaran billetes de avión y hoteles. A menos de un mes del Starmus 2016, ¿el compromiso firmado se cumplirá? ¿Han logrado los patrocinios prometidos? Todo indica que no. Curiosamente, los mismos políticos reconocían que la repercusión mundial de Starmus 2014 generó 171 millones de euros de retorno a las Islas Canarias, un dinero en publicidad que seguro que dará pingües beneficios a muchos empresarios de los que construyen hoteles en zonas protegidas.

Garik Israelian, que en algún momento antes del anterior acuerdo pensó en llevarse el festival a otros lares,  recordó que “un festival como Starmus, aunque muchos de los ponentes vienen sin cobrar, es costoso, si bien compensa porque tiene eco en todo el mundo, como demuestra esa reciente página en The New York Times”. “Tampoco tenemos empresas de alto nivel que nos apoyen. Debemos estar en otro planeta y no nos ven, porque ninguna ha querido patrocinar el evento”, señaló a modo de metáfora. Y tiene razón, porque es patético que entre  los patrocinadores no haya ninguna gran empresa del IBEX, aunque me consta que las han visitado todas en busca de apoyo. Ni Telefónica, ni la Fundación BBVA, ni La Caixa, ni Iberdrola…. Es más, incluso alguna de las que ya tienen su logo en los paneles no han puesto nada, pero ya se llevan la publicidad.

Debo reconocer que en 2014 hubo errores de organización, y que algunos colegas  se cebaron en ellos sin parar a preguntarse cómo era posible que Starmus Festival fuera posible en este país de mentecatos políticos y empresarios (en lo que se refiere a la ciencia) , donde escasean los eventos para atraer al público hacia la investigación. Por mi parte, considero un privilegio que traigan a “mi casa” a tanto cerebro de primera, porque igual con tanto conocimiento algo se queda pegado en este territorio de fiesta de Toros de la Vega y tomatinas.

Pero igual que Garik es consciente de que no se puede encontrar un exoplaneta con una lupa, presiento que en la España de los que manejan los dineros (públicos y privados) hay una superficie en la que resbala todo lo que huele a ciencia.

A LA CONQUISTA DE LAS TIERRAS POLARES COLGADOS DE UNA COMETA


ROSA M. TRISTÁN

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De las muchas fotos que he visto de las expediciones del Trineo de Viento, el Inuit WindSed de Ramón Larramendi, ésta me gusta especialmente. Está hecha a medianoche, en mayo de 2014. En medio del desolador desierto de hielo de Groenlandia de cuya permanencia depende tanta vida en este planeta. Me identifico con ese explorador que mira al horizonte sin fin, no se si el propio Ramón, o Manuel Olivera, o la danesa Karin Moe Bojsen, y quiero imaginar que por mente pasaba una reflexión sobre la belleza del vacío, sobre la Tierra y el Universo. Quizás pensaba en ese afán de exploración y aventura que le llevó hasta ese lugar, con esa seguridad que a otros humanos les impulsó a saltar de su sabana a un continente, y de éste (África) al resto del mundo, para luego explorar en naves espaciales la Luna. O Marte.


Dentro de apenas unos días, el mismo extraño vehículo que se ve en la imagen surcará navegando los hielos del Ártico, otra vez. Propulsado por los vientos polares, arrastrará tras de sí dos toneladas de peso en un recorrido de más de 2.000 kilómetros para demostrar, llevándolo a condiciones extremas, que este convoy tirado por cometas puede ser una gran apuesta para la ciencia polar española. La aventura comienza el próximo domingo, día 15 de mayo, y durará al menos un mes y medio. Como en la anterior, en la de la foto, cada día trataré de contactar con ellos para saber qué pasó, o qué no pasó, y transmitirlo a miles de kilómetros.

Me gusta la foto porque se que poco antes de tomarse, en ese día que no acababa nunca, un hilo invisible me unía a ese lugar gracias a los satélites artificiales que flotan navegando sobre mi cabeza. La complejidad de la tecnología espacial hermanada con la sencillez de la tradición inuit para seguir explorando, conociendo, buscando. De estas cosas hablaba el otro día Larramendi con el arqueólogo Eudald Carbonell, en la Trinchera del Ferrocarril.”El ‘antecessor’  era un explorador y por ello le pusimos ese nombre”, le explicaba Eudald mientras le mostraba los yacimientos en los que él y todo el equipo de Atapuerca navegan entre los sedimentos para encontrar nuestro pasado.

Con Eudald Cabonell y Ramón Larramendi, en una visita en mayo de 2016 a la Trinchera de Atapuerca.

Con Eudald Cabonell y Ramón Larramendi, en una visita en mayo de 2016 a la Trinchera de Atapuerca.

Cuando escucho a Larramendi contar cómo surgió la idea de diseñar un trineo capaz de llevar carga, tras una agotadora travesía al Polo Norte, y cuando veo las fotos de sus primeras expediciones a Groenlandia en aquel precario prototipo, no deja de sorprenderme cómo ha evolucionado a lo largo de estos últimos 16 años, hasta convertirse en una alternativa real para la ciencia polar española. Sorprende porque ha sido posible sólo gracias a su empeño personal, tal cual un Quijote polar en solitaria pelea con otros vientos. ¿Seremos capaces de aprovechar este creativo ingenio antes de que desde fuera de nuestras fronteras alguien venga que lo haga suyo? Quien sabe porque a estas alturas no deja de ser inquietante que el explorador tenga que pagar de su bolsillo una iniciativa que ideó para la ciencia  y que ha ido mejorando a base de viajes a los territorios polares (no existen simuladores del WindSled como los hay de las naves espaciales) que son costosos y con riesgo.

Sin embargo, cada vez más científicos lo ven como una oportunidad. En Esapaña y fuera. Y es que poco a poco va tomándose en serio el proyecto, porque estuve en la primera reunión de 2012  en la Universidad Autónoma de Madrid, y entonces ví mucha incredulidad en las caras. Ahora prestigiosos investigadores españoles y extranjeros se han embarcado con él en su Inuit WindSled. No irán a bordo, tirando de los mandos de las cometas que llevarán a los expedicionarios a la cima de hielo de la gran isla helada, pero sobre ese laboratorio móvil si que viajarán sus proyectos y los nueve expedicionarios que participan en la aventura y recogerán datos sobre la nieve y el hielo, sobre la temperatura, sobre radiaciones cósmicas o sobre posibles microorganismos en el aire del Ártico que ayudarán a conocer mejor un lugar que sigue siendo de los más desconocidos del planeta.

83d54efd-a0dc-478b-8eb9-0ed6b296041aSi, Groenlandia es una gran desconocida porque según nos cuenta el investigador norteamericano Jason Box, que por cierto avala las posibilidades del Trineo de Viento, apenas hay medio centenar de puntos donde se han podido recoger datos dentro de su inmenso ‘inlandsis’ interior, pero a la vez es uno de los lugares de la Tierra que más interés despiertan porque su deshielo total supondría una subida de seis metros del nivel del mar, ahogándonos a millones de seres humanos. ¿Por qué no utilizar un vehículo eólico que es barato, que no contamina, que puede recorrer miles de kilómetros recogiendo información, que es fácil de manejar y que puede llevar hasta 2.000 kilos de carga?

La ruta que este año plantea el explorador va más allá de lo que requeriría su utilización para la ciencia. Nadie antes que él y su equipo ha intentado ascender hasta el Summit Camp, una base científica americana, situada a 3.207 metros de altitud, con tamaña carga y sin combustibles fósiles. “Queremos llevarlo a situaciones extremas para demostrar que hasta en las condiciones más complicadas funciona, que no nos deja tirados porque en su propio diseño sencillo están las ventajas respecto a convoyes tradicionales, que cuestan 10 veces más. Nuestro Trineo de Viento, evidentemente, no puede hacer toda la ciencia, pero si conseguir mucha información necesaria. Por ello creemos que puede ser el eje de un programa nacional en torno al cual se articulen diferentes proyectos. Ese es nuestro objetivo”, argumenta Larramendi.

Algunos, como el propio Jason Box (que es miembro del IPCC), Antonio Quesada (gestor del programa estatal de investigaciones polares), Miguel Ramos (habitual de las campañas españolas en la Antártida), Nacho López Moreno (del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC) y otros muchos ya han comprendido que es una oportunidad. Y en ciencia es importante saber verlas. López Moreno, de hecho, ya colaboró con la expedición de 2014, la Circunnavegación a Groenlandia, y los de los datos obtenidos ya han sido publicados.

No deja de ser llamativo que ninguna institución pública o empresa privada, más que la agencia Tierras Polares (del propio Larramendi) se haya implicado en una aventura que conlleva ciencia, exploración, aventura, medio ambiente… Repito: ¿Acaso esperamos a que alguna fundación internacional se  haga con ello?

La expedición completa se podrá seguir desde el día 15 de mayo en la web del proyecto Trineo de Viento, donde habrá un diario de lo que ocurre cada día, así como resúmenes semanales en el digital El Huffington Post. Y es que cada interminable jornada es diferente en ese lugar donde, en mayo y junio, nunca se pone el Sol, donde el paisaje parece el mismo, pero oculta dunas de hielo, grietas, tormentas que van y vienen, instalaciones fantasma abandonadas hace décadas y quien sabe qué más.

Tierra de misterios que, impulsados por ese combustible invisible que es el viento, estos expedicionarios españoles recorrerán durante semanas para adentrarnos en ella a través de sus ojos. No los perdamos de vista.

Twitter: @RamonLarramendi

Facebook: Ramón Larramendi

Starmus 2016, el primer homenaje a Stephen Hawking


Stephen Hawking, y su ordenador... en Starmus 2014. @RosaTristán

Stephen Hawking, y su ordenador… en Starmus 2014. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Cuando el astrónomo de origen armenio Garik Israelian, en 2011, organizó el primer festival ‘Starmus’ en Tenerife no pensó que aquello pudiera generar tanta adicción entre algunas de las más prominentes mentes pensantes de las últimas décadas. Pero así es. Recientemente, el científico del Instituto de Astrofísica de Canarias volvió a sorprender con una nueva edición, la tercera, de un evento que volverá a marcar un hito en la historia de este país, y del mundo. Y si son muchos los que repiten en el programa respecto a las anteriores, y es la mejor prueba de que Starmus ‘engancha’, tampoco son pocos los que van aumentando la ‘nómina’ de notables de la ciencia que no quieren perderse la celebración.

Entre los primeros, ni más ni menos que el físico británico Stephen Hawking, al que rendirá homenaje el festival Starmus 2016 y que pese a sus problemas de movilidad no ha dudado en ir a la presentación oficial del mismo, por cierto, el primer homenaje que se le hace a nivel internacional por increíble que parezca. Y entre los segundos, ni más ni menos que 12 premios nobel que han confirmado su asistencia del 27 de junio al 2 de julio en la isla canaria. Otros, como Neil Armstrong, lo hicieron una vez, dejando su primera y única huella en este país.

Garik Israelian, fundador del Festival Starmus. @RosaTristán

Garik Israelian, fundador del Festival Starmus. @RosaTristán

Hace unos días, Israelian habló con este Laboratorio para Sapiens, que ha estado en las dos ediciones anteriores,  sobre Starmus 2016 y sobre esa necesaria “divulgación científica” que quiere conseguir aunándola con el arte, pues ambas, ciencia y arte, son facetas intrínsecas de nuestra especie desde sus orígenes más tempranos. En su visita, la primera pregunta sale sola:

¿Y por qué un homenaje a Stephen Hawking, cuando en 2014 ya fue, indiscutiblemente, la figura central del festival?

“Conocerle fue una gran experiencia vital. Es un símbolo de lucha por la vida, el ejemplo de un ser positivo. A todos nos emocionó en 2014 y me sorprendió que nunca antes hubiera tenido un homenaje. Soy de los que piensan que deben hacerse cuando las personas están vivas, y así se lo dije a Alexei Leonov (el cosmonauta ruso) y a Brian May (guitarrista de Queen), que forman parte del consejo asesor, que les pareció una idea excelente. Cuando se lo contamos a Hawking, también le emocionó. Él es científico, pero también un fenómeno social y homenajearle es hacerlo al cerebro humano, a la voluntad, al sentido del humor. No se mueve, pero lo analiza todo, no deja sin terminar una sola frase. Una vez decidido, pensé en que era una gran responsabilidad, que tenía que tener un gran nivel.

Así es la pantalla que Hawking utiliza para comunicarse con el mundo. @RosaTristán

Así es la pantalla que Hawking utiliza para comunicarse con el mundo. @RosaTristán

¿Cómo ha conseguido reunir a 12 premios Nobel, y algunos de los últimos años?

Algunos los elegí yo y otros fueron sugerencias, incluso del propio Hawking. Y dijeron que sí, lo que es un gran satisfacción. Tendremos a Francois Englert, nobel con el Peter Higgs por el estudio de la masa de las partículas elementales;l matrimonio noruego formado por May Britt Moser y Edvard I. Moser; a Adam Riess, que probó la aceleración de la expansión del Universo, y a muchos otros, como Robert Wilson, a la bióloga Carol Greider, etcétera. Pero no será un serio congreso científico, sino dinámico, rápido, con humor. Con charlas de no más de 30 minutos, y entre ellas vídeos, música… Porque también vendrán artístas, cantantes, directores de cine. 

¿Dónde se celebrará este Starmus? La edición pasada, el auditorio Magma de Tenerife se quedó pequeño…

Esta vez queremos que venga más gente, así que será en la Pirámide de Arona, que tiene 1.700 asientos. Está en Playa de las Américas,  y allí se desarrollará todo el programa. En anteriores ediciones se realizaban actividades en un hotel costoso y alejado; organizar la logística era complicado. En la próxima edición el público tendrá más fácil acudir, pues la oferta de alojamiento en Playa de las Américas es más variada. 

Además del homenaje a Hawking, hay un lema: “Más allá del horizonte” ¿A qué se refiere? ¿Cuál será el tema?

No habrá un solo tema. Por ello contaremos con químicos, biólogos, físicos, astronautas [entre ellos, Michael López Alegría] y hasta economistas. Al nobel Joseph Stiglitz (2001) le he pedido que nos traiga a todos del cielo a la Tierra, que hable de los problemas en este planeta, de las dificultades que tenemos y hacia dónde vamos. Todo en la ciencia tiene relación, y a la vez lo tiene con la música y las artes. De hecho, además de May, contamos con el apoyo de Peter Gabriel. 

Brian May en concierto en Starmus 2014. @RosaTristán

Buzz Aldrin, Alexei Leonov y Brian May, en el Starmus 2011@RosaTristán

Buzz Aldrin, Alexei Leonov y Brian May, en el Starmus 2011@RosaTristán

Comenzó el primer festival casi sin apoyo, financiándolo con el Premio Ambartsumian que recibió en 201o. En 2011, hubo más ayuda del Gobierno canario, que no del central…¿Con qué presupuesto cuenta para esta ocasión?

En principio, el presupuesto es de un millón de euros, pero no lo se con exactitud. Cuando se organiza algo así, es difícil saberlo, pues los ponentes son de primera y aunque no cobran, sí que piden cuestiones que no se les puede negar. Es preciso mantener un nivel adecuado. Eso no quiere decir que sea caro para el público. Para los estudiantes y los canarios, la inscripción a todo el programa serán 250 euros y para el público en general 500 euros por los cinco días, incluidos los conciertos. Por mil euros, puede venirse a todo el festival desde la Península y muchos lugares de Europa. Creo que más de 1.800 personas pueden permitirse venir a escuchar a Hawking, a Richard Dawkins, a David Gross o Jill Tarter… 

¿Cree que, en esta ocasión y por primera vez, recibirá apoyo del Gobierno central, al ser un evento único en el mundo que se celebra en España?

De momento no hemos contactado, pero sí que espero su apoyo, pues como dices es un evento internacional, el primer homenaje al personaje del siglo XXI que es Stephen Hawking. De manera informal saben que se va a realizar y creo que si lo apoyarán, aunque de momento hay elecciones en el horizonte y no creo que se pronuncien.

Ahora que va por la organización de la tercera edición, ¿Qué ha supuesto Starmus en su vida?

Estoy feliz de que cada vez sea más famoso. También es cierto que ha aumentado las complicaciones en mi vida, pero cada vez veo más claro que es necesario, que los científicos debemos llegar a la población que no llegábamos antes y Starmus lo consigue. Así lo ha visto el Cabildo de Tenerife, que lo apoya porque ha visto que además de vender playas se puede vender la ciencia que se hace en las islas con las estrellas. Y con la ventaja de que el control de la organización es mío, con total libertad de elegir el programa y los ponentes. 

 

 

Un día en el taller de restauración del Museo del Prado


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Una docena de profesionales de la restauración de pintura revelan los secretos del trabajo que permite “resucitar” obras que forman parte del patrimonio cultural universal y están en los fondos de la pinacoteca. Es uno de los talleres más pretigiosos del mundo.

ROSA M. TRISTÁN

Una luz suave, nada estridente, que va adquiriendo los matices del atardecer, se cuela por los grandes ventanales del taller de restauración de pintura del Museo del Prado. Situado sobre el antiguo claustro del Monasterio de los Jerónimos, integrado en la pinacoteca, el gran espacio transpira la tranquilidad que el equipo de restauradores precisa para trabajar sobre obras que forman parte del imaginario cultural universal. A simple vista, nadie diría que han pasado los siglos. Los mismos pinceles, los mismos botes con pinturas, los mismos lienzos, idénticas posturas al enfrentarse a las obras…Pero, hasta cierto punto, es engañoso.

Cuando se explora se descubre que la tarea que trata de remendar el paso del tiempo  también ha experimentado transformaciones en las últimas décadas, al albur de las nuevas tecnologías, si bien su esencia sigue siendo la misma: un trabajo delicado en el que son necesarios profesionales capaces de “resucitar” aquellas obras humanas que, por avatares de todo tipo, están llenas de achaques.

Radiografía de las obras, utilizadas por los restauradores. @RosaTristán

Radiografía de las obras, utilizadas por los restauradores. @RosaTristán

Enrique Quintana, jefe del taller de restauración, tiene claro cómo debe ser la intervención: “La forma de aproximarnos a las pinturas en el Prado siempre busca  devolver la vida a la pintura, que es la que nos dice lo que necesita. El objetivo es que siga comunicándose con el espectador y para ello hay que romper las barreras que se instalan entre ellos. Si el problema es que amarillea el barniz, porque se oxida, lo vamos eliminando para que recuperen profundidad; y lo mismo si es una grieta, o si se ha perdido pintura. Nosotros restablecemos vida interior obra hasta donde es posible”, explica a ESTRATOS.

En taller, durante la visita, reina una de las grandes obras del museo: “La Inmaculada Concepción” de Francisco de Zurbarán. Está en manos de Rafael Alonso, Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales del año 2010. Junto al lienzo, que va para 400 años de historia, una pequeña mesa llena de pinceles, buriles, gafas-anteojos… Y también una radiografía y una espectrografía  infrarroja, realizadas por el Laboratorio de Análisis, que le permiten ver exactamente donde están las lagunas. “Es algo con lo que no contaban los restauradores anteriores. Esta obra, por ejemplo, ha sufrido muchas restauraciones y ahora, gracias a estas tecnologías, vemos mejor dónde nos metemos. El infrarrojo nos ha mostrado, por ejemplo, que esta pintura tiene un daño causado en el pasado por una vela, de la que debía estar cerca y que degradó el color en una zona”, explica la restauradora Lucía Martínez Valverde.

Instrumental de los restauradores. @RosaTristán

Instrumental de los restauradores. @RosaTristán

Ella es una de los 12 profesionales que tiene la pinacoteca para trabajar en las 8.200 obras pictóricas que acumula en paredes y sótanos. A ellos se suman otros tres especializados en escultura, tres para obra gráfica y papel (grabados, fotografías…), tres destinados en exclusiva a los marcos y un experto en los soportes. Es uno de los pocos museos del mundo con un equipo tan amplio, comparable al Hermitage de Moscú que cuenta con 18, y duplicando al Metropolitan de Nueva York. “Somos un gran equipo. Por ejemplo, tener un especialista en soportes, como José de la Fuente, es fundamental; pocos lo tienen, pese a que hasta el siglo XVI se pintaba en tabla, que es un material vivo y sufre alteraciones con la humedad que requieren un trabajo muy concreto. De hecho, le reclaman de fuera cuando precisan de sus servicios”, explica Quintana.

El responsable de restauración reconoce que cada institución tiene su propia forma de acercarse a las obras, su ‘escuela’, y la del Museo del Prado es muy conservadora. “Para nosotros lo más importante es aquello que dejamos, no lo que quitamos, como ocurre en otros enfoques. Para nosotros una pintura es como una persona. Sólo actuamos si podemos mejorar sus condiciones de vida, si es posible que un espectador se adentre gracias a nuestra actividad en ese espacio mágico y real que es el arte. El problema al que nos enfrentamos puede ser físico o debido a que ha perdido su capacidad de diálogo con el observador, porque no hay que olvidar que son piezas con una gran carga didáctica y emocional”, argumenta.

Materiales utilizados en el pasado en el taller de restauración del Museo del Prado. @RosaTristán

Materiales utilizados en el pasado en el taller de restauración del Museo del Prado. @RosaTristán

Tomar estas decisiones requieren un proceso que se inicia en el momento que un conservador detecta ese daño o esa incomunicación.  A continuación, la obra en cuestión pasa al  Laboratorio de Análisis del museo, donde se realizan pruebas con rayos x, las espectografías con infrarrojos, microscopías ópticas con luz ultravioleta y cromatografías que permiten analizar sus componentes orgánicos (aglutinantes, adhesivos, consolidantes, colorantes, etcétera). Es un lugar con un ambiente muy distinto al taller, más aséptico. Trabajan otras cuatro personas (dos en análisis de imagen y dos en los de química), encargadas del diagnóstico técnico del “paciente”.

Eso sí, siguiendo el símil médico, los suyos no son análisis definitivos. “Es la obra la que nos dice: ‘Si me tocas aquí, me duele’; la analítica es fría, y nos dice si hay una falta en un punto, pero a veces no lo que pasa en toda la superficie; evidentemente, ayuda, pero hace falta ponerse delante del cuadro para saber por dónde tirar, que puede ser lo difícil. A veces requiere un debate entre todos”, apunta el restaurador jefe.

Con toda la información disponible, incluida la histórica, sólo queda ponerse manos a la obra. Prácticamente con los mismos productos que se utilizaban hace más de 100 años, porque, aseguran, ya están muy testados y se sabe que son poco dañinos. Martínez Valverde abre el armario en el que guardan los ingredientes con los que aún hacen artesanalmente muchos de los productos. “Se han mejorado las gelatinas de los animales, que suelen ser de pescado o de conejo, pero en el fondo son lo mismo desde que los restauradores del XIX descubrieron que había que desengrasar los pigmentos para se pudieran eliminar fácilmente. También nos hacemos los barnices, en proporciones que sabemos que se podrán disolver en el futuro, y por supuesto disolventes. Dicen que cada restaurador tiene su receta secreta que no comparte, pero en el Prado no es así.”, asegura.

Un cambio importante de las últimas décadas ha sido la eliminación de los reentelados, es decir, añadidos de tela por el reverso de los lienzos, algo que era habitual hace unas décadas, pero que ya no se practica, salvo excepciones, porque altera los colores.

En general, la postura reacia a las novedades, que caracteriza al Taller de Restauración del Museo del Prado, afirman que les ha evitado cometer errores importantes. Por ejemplo, hace unos años se puso de moda el uso de unos filtros que evitaban los daños de la luz ultravioleta de las bombillas incandescentes. “Ahora usamos la tecnología LED, que no emite calor. Si hubiéramos utilizado esos filtros en la restauración no servirían de nada”, comenta la restauradora.

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Pero además de ser alquimistas, ¿qué más es preciso para ser un buen restaurador? Martínez Valderde lo explica en pocas palabras: “Esencialmente tener una formación histórica, estética y sobre todo visual. Es importante tener capacidad técnica para reproducir los colores y dibujar; somos como los arqueros que tensan la cuerda para disparar una flecha en la diana, pero sin margen de error. Por ello, percibir los colores en su justa gradación es fundamental, y en ello hay una parte innata, aunque también se puede practicar”. Otra ‘virtud’ importante es la prudencia “pues es mejor perder la oportunidad de acercarnos lo más posible a lo que era el original de la obra que cometer errores, como los que vemos en cuadros que fueron restaurados en el pasado”.

Entre las anécdotas, lo ocurrido con una copia del ‘Felipe IV Cazador’ de Diego de Velázquez. “Aquel cuadro tenía una veladura amarilla y parecía que se debía a que el barniz se había oxidado, pero no era así. El autor lo había pintado con ese tono porque lo copio del original cuando ya estaba amarillento: era lo que él veía. Por ello hay que tener cuidado.  Y es importante no llegar al fondo de todos los colores; se trata de dejar los cuadros lo mejor posible para que los restauradores del futuro lo encuentren en buenas condiciones”.

En Prado, casi todo el equipo pasó por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Madrid, que lleva casi 40 años formando profesionales. “Es un centro en el que casi toda la formación que recibí fue práctica. Ahora se han diversificado las enseñanzas, que se imparten también en las facultades de Bellas Artes, para introducir otra materias importantes, como la informática, aunque se ha eliminado tiempo para esas prácticas”, explica Martínez Valverde.

Para los  más avezados, el Taller del Prado es ahora también una escuela a la que acuden desde muchos rincones del mundo a aprender, un impulso que se ha dado desde la dirección y de la que se sienten especialmente orgullosos. Actualmente, la Fundación Iberdrola aporta tres becas al año para estudiantes, a las que se suman las del Ministerio de Cultura. Además reciben a profesionales de otros países que quieren conocer de cerca cómo se trabaja en esta pinacoteca. “Es una gran satisfacción para nosotros que vengan a conocer nuestro trabajo”, apunta Quintana.

Difícil les resulta elegir entre las restauraciones realizadas en los últimos tiempos, pero sin duda una de las más complicadas ha sido la de “La Anunciación” de Rogier van der Weyden, el autor flamenco al que el Prado dedica hasta junio una exposición y sobre el que en mayo se celebra un simposio internacional. En 2012 comenzó la preparación de esta obra, que ha tardado tres años en ser expuesta al público, a finales de marzo.

Formada por 13 tablas horizontales, y realizada hace más de 500 años, a lo largo de su larga historia ha sufrido percances que le provocaron grietas, deformaciones, fracturas, desconches…y una desastrosa restauración antigua, en la que la adosaron una estructura de madera atornillada por detrás que acabó por deformarla. Estaba en tal mal estado que, pese a ser la última pintura de Van der Weyden era difícil considerarla como “obra maestra”, reconocen en el museo. Tras pasar por el taller, hoy luce con esplendor.

En este caso, el estudio con luz ultravioleta sacó a la luz todos los repintes anteriores, la radiografía permitió ver todos los injertos que tenía y la fotografía infrarroja ayudó a conocer el diseño previo sobre el que trabajó el autor.

Con todo ello, llegó la restauración propiamente dicha: comenzaron eliminando los añadidos entre las juntas de los paneles, lo que puso en evidencia que había más pérdida de pintura de la que se creía. A continuación, De la Puente restauró el soporte, para lo que hubo que retirar la estructura de madera, separar cada una de las tablas y volver a pegarlas después siguiendo la curvatura que tenía la obra original y cerrando las grietas con cuñas de madera. Como complemento, se creó otro soporte posterior con siete bastidores de una madera flexible que sujeta la tabla. La tarea incluyó el injerto de más de 500 piezas en los cantos del cuadro para ayudar a rectificar las faltas.

Ya con una nueva estructura posterior, se inició el trabajo con la pintura. Primero, limpiando el barniz oxidado y la suciedad superficial; luego, quitando repintes añadidos a lo largo de los siglos; y más tarde, rellenado de estuco las faltas de material, para dejar la superficie enrasada. Los vacíos de pintura fueron desapareciendo con acuarelas, tras lo cual se le dio una capa de resina natural que ayuda a separar el original de la intervención posterior que, como colofón, consistió en matizar las faltas persistentes con pigmentos.

“Desde luego,”- explica Martínez Valverde- “es un trabajo que no podría hacer un robot, una tarea que requiere un cuidado exquisito y la colaboración de todo el equipo. A veces tenemos que parar para saber por dónde seguir, o porque el proceso así lo exige; y por ello no es extraño que el mismo restaurador trabaje sobre dos o tres obras al mismo tiempo. Unas pueden llevar semanas y otras muchos meses. Casi todas las obras antiguas a las que nos enfrentamos ya fueron restauradas en el pasado. Salvo las del siglo XIX o comienzos del XX, que son como una partitura en blanco”

Mientras enseña la gigantesca obra de Simonete Lombardo en la que trabaja, Flevit super illam, reconoce que no entiende cómo se pueden hacer las cosas tan mal en la restauración. “No me refiero a casos tan conocidos como el del “Ecce Homo” de Borja, aquel que repintó una señora del municipio, sino a otros en los me pregunto qué habrán hecho para llegar a ese resultado tan nefasto, de algunos que tenían los ojos torcidos”.

Su colega, la también restauradora y profesora Carmen Cueto, que lleva 17 años dedicada a la restauración, en su caso fuera del Museo del Prado, apunta al “intrusismo” que hay en la profesión. “Trabajar en ese taller, con arte clásico o antiguo, debe ser fascinante, muy distinto al arte contemporáneo donde hoy hay muchos más problemas porque los materiales se han diversificado mucho, se han mezclado o ya no tienen repuesto, y no se pueden hacer artesanalmente. Y también hay mucho arte efímero, cuya conservación es un gran dilema”, apunta Cueto.

En un histórico armario de madera del Taller del Prado, los restauradores guardan algunos tesoros que nunca lucirán en las paredes: pinceles, buriles y pigmentos con los que sus antepasados en el puesto hicieron posible que miles de obras llegaran a nuestros días. A escasos metros, en otro de cristal y metal, los tarros, los calentadores de agua y las planchas que forman o han formado parte de su reciente menaje laboral. “Si en el fondo no hemos cambiado tanto”, insisten.

Descubren unos ‘primos’ humanos del Cámbrico de aspecto alinígena


Unos vetulicólidos del Cámbrico, recreados por Katrina Kreny.

Unos vetulicólidos del Cámbrico, recreados por Katrina Kreny.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando hace ahora dos años, el biólogo y paleontólogo Diego García-Bellido tuvo que ‘exiliarse a la antípodas porque aquí no tenía trabajo, España perdió la oportunidad de figurar en trabajos como el que acaba de  liderar este investigador, que nos habla de las extrañas y primitivas criaturas que habitaban la Tierra hace 500 millones de años. En concreto,  su último hallazgo son los fósiles de unos misteriosos animales que vivían en los mares durante el Cámbrico, llamados los Vetulicólidos, que ya tenían una varilla cartilaginosa de la que más adelante se derivaría una columna vertebral, por lo que serían parientes muy lejanos de nuestra especie. “Digamos que son nuestros tíos-abuelo”, precisa García-Bellido, a la sazón investigador en la Universidad de Adelaida.

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Starmus (3): Astronautas contra el cambio climático


Harold Kroto, Walter Cunningham, Charlie Duke y Garik Israelian, en la rueda de prensa. |ROSA M. TRISTÁN

Harold Kroto, Walter Cunningham, Charlie Duke y Garik Israelian, en la rueda de prensa. |ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

La tercera jornada del Festival Starmus no defraudó. Si el lunes fue el día del  biólogo Richard Dawkins y el martes le correspondió, sin duda, a Stephen Hawking (links, noticias), el miércoles estuvo mucho más repartido, entre astronautas de las misiones Apollo, la física más candente del momento con los aceleradores de partículas (John Ellis) y un químico que fue aplaudido a rabiar por los asistentes: en Nobel Harold Kroto. Y de colofón… un viaje al Teide.

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Starmus (1). El día que conocí a Stephen Hawking


 

Garik Israelian con Richard Dawkins, Robert Wilson y Katerina Harvati. |R.M.T.

Garik Israelian con Richard Dawkins, Robert Wilson y Katerina Harvati. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

Algunos días de la vida valen por varios. No sabría decir cuántos, pero con ellos no valen las actuales dimensiones del tiempo. El primer día de la segunda edición del Festival Starmus en Tenerife (Canarias) ha sido uno de ellos. El astrofísico de origen armenio Garik Isreaelian lo ha conseguido de nuevo: ha reunido en la isla que es un volcán a algunas de las figuras más importantes de la historia de la ciencia que hoy vivimos. Es difícil establecer jerarquías en estos niveles de conocimiento pero, sin duda, el físico y catedrático de Cambridge Stephen Hawking es el que más expectación ha levantado. Pocos pueden jactarse de comprender sus teorías sobre cómo funciona el Universo o sobre los agujeros negros, pero su figura incrustrada en una silla de ruedas, con los mecanismos que le permiten comunicar al exterior sus ideas, están ligadas en el imaginario colectivo a la imagen de la sabiduría.

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Una semana cerca de las estrellas: Starmus


Stephen Hawking a su llegada a Tenerife, en una foto de PEPE TORRES /EL MUNDO

Stephen Hawking a su llegada a Tenerife, con Garik Israelian, en una foto de PEPE TORRES /EL MUNDO

ROSA M. TRISTÁN

Cuando hace ya siete meses anunciaba la celebración de una nueva edición del Festival Starmus, el astrónomo Garik Israelian aún andaba pergeñando la lista de invitados a este evento. Ahora, me veo en la obligación de volver sobre este festival porque ‘el cartel’ ha alcanzado un nivel que, si bien creía insuperable, resulta que no lo era.

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Yanacocha: la mina que envenena la tierra


Yanacocha, en Cajamarca (Perú): |R.M.T.

Yanacocha, en Cajamarca (Perú): |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

Hace justo 10 años que visité la mina de oro más grande de América Latina y una de las mayores del mundo a cielo abierto: Yanacocha, en Perú. La había olvidado, hasta que estos días recibí una petición de firma de Salva la Selva, contra la condena a una campesina. Máxima rescató de mi memoria ese negocio dorado que agujerea y envenena la tierra y la sangre peruana, y que lava su turbia imagen en una página web que se prodiga en noticias sobre su responsabilidad ambiental y social (como tantas).

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