Denegados dos proyectos ‘bandera’ de la ciencia española en África


 

ROSA M. TRISTÁN

La arqueología y la paleontología están de capa caída en los Proyectos Nacionales de I+D aprobados a finales del pasado año, la convocatoria del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, tanto en la categoría de ‘excelencia’, como en la de ‘Retos para la Sociedad’. Al menos, así es para dos de los proyectos ‘bandera’ a nivel internacional, uno en Tanzania y otro en Egipto. Ni los investigadores que llevan 30 años trabajando en la Garganta de Olduvai (Tanzania) en busca de las raíces de nuestra especie humana, hace dos millones de años, ni los investigadores del Proyecto Djehuty, que en Luxor (Egipto) están sacando a la luz una necrópolis entera de hace 3.800 años, las raíces de nuestra cultura occidental, han merecido recibir fondos públicos para seguir haciendo ciencia, según criterio de los responsables de esta decisión en el Ministerio. Para otros responsables, los de ambos proyectos, esta falta de recursos pone su continuidad  en peligro, por tanto podría echar por tierra el esfuerzo y el trabajo de muchos años en el continente africano.

Empecemos por el más ‘primitivo’, tanto por los hallazgos como por el tiempo que lleva en marcha.

Sin fondos para el proyecto español en la Cuna de la Humanidad

Hace ya 30 años que el arqueólogo Manuel Domínguez-Rodrigo desembarcó en la Cuna de la Humanidad, en el corazón de Tanzania, un lugar que he tenido el privilegio de visitar de su mano hace cinco años. En la zona que excava, y donde con mucho esfuerzo se ha hecho un hueco con su equipo entre las grandes universidades anglosajonas, ha logrado duplicar el número de yacimientos que se conocían. Fue allí donde los famosos Leakey encontraron en los años 60 los primeros restos de ‘Homo habilis‘, de hace dos millones de años. Desde que llegó Domínguez-Rodrigo, en 2006, el número de yacimiento abiertos ha pasado de cuatro a ocho y con ello no sólo han hecho nuevos y sorprendentes hallazgos sino que ha logrado abrir una superficie tan extensa que puede recrear cómo era el paisaje en aquel pasado remoto. “Queremos reconstruir el ecosistema del lugar, los riachuelos que había, las plantas, los animales, ubicar donde estaban nuestros ancestros, que hacían y cómo lo hacían”, explica el arqueólogo.

La Garganta de Olduvai en el fondo es como una foto fija. Hace dos millones de años un volcán entró en erupción y cubrió todo lo que había bajo más de medio metro de cenizas. Y se selló. En muchos lugares, así estuvo hasta que llegó este arqueólogo español, que codirige el yacimiento con el también arqueólogo Enrique Baquedano. Gracias a tan especial circunstancia, están averiguando cómo los homínidos se movían por el lugar, incluso cómo era su organización social, su comportamiento: “Vemos que no se organizaban por familias, sino como lo hacen las manadas de leones: cazaban un antílope y en vez de repartirse en trozos para cada grupo familiar, se lo comían juntos”, afirma. Hay un yacimiento en el que se han identificado claramente ese patrón.

Otro, curiosamente, les ha permitido averiguar que la gran migración del Serengueti no comenzó hace 200.000 años, como se pensaba hasta ahora, sino que tiene casi dos millones de años. Por ello, en algunas capas encuentran ñús y en otras no los hay; varía según la estación. También han descubierto que la dieta de los homínidos se basaba en carne de animales similares a las gacelas steenbock o antílopes waterbuck o ñús, pero nunca mas grandes. Como ya saben que era una zona con mucho bosque, se cree que los cazaban emboscados en los árboles, quizás después de haberles perseguido corriendo hasta allí.

No menos fascinante es el ‘tesoro’ de  fósiles de homínidos que han encontrado, en total una docena entre restos de ‘habilis‘ ‘parantropos’ y una especie que podría ser un ancestro del Homo erectus . “Estos tres primates convivían en el espacio sin hacerse competencia. No está claro que los ‘habilis‘ comieran carne de animales de 300 kilos, como un antílope grande, más bien lo hacía el  primitivo ‘erectus‘, que ya medía 1,80 y que tenía un pie como el nuestro y una mano capaz de hacer herramientas”, apunta el arqueólogo. La cuestión es que para estudiar todos los fósiles que han encontrado precisan tiempo, dado que no se los pueden traer a España, y tiempo es dinero, así que allí están, a la espera de sacarles toda la información.

Un gran paso para el proyecto ha sido la creación  del Instituto de Evolución en África (IDEA)  . Tan importante es su prestigio en el país africano que el equipo ha sido el responsable de la nueva gran exposición en el nuevo Museo de Olduvai, por el que pasan todos los turistas , y de todo el mundo, que visitan el Parque Nacional del Serenguetti para descubrir dónde están sus raíces.

En total, cada campaña 60 personas participan en las excavaciones, un tercio de ellas, alumnado de la Universidad de Carolina del Sur que paga por ir, como vía que se ha encontrado para ayudar a financiar los gastos. Y luego está el ‘surrealismo’ del sistema: en todos estos años no ha podido comprar ni un vehículo para el proyecto, porque no está autorizado, pero si alquilarlo, lo que sale mucho más caro. Desde 2001, además, el equipo contaba con financiación del Programa Nacional de I+D,+i ,pero este año alguien decidió que no merecía la pena: “El último recurso que nos queda es dejar el proyecto en manos de la Universidad de Carolina del Sur, que lo quiere, pero dejaría de ser español después de tanto trabajo y esfuerzo por estar aquí”, se  desespera Domínguez-Rodrigo. De momento, con una ayuda del Ministerio de Cultura y algunos ahorros, tiene para la campaña de este año. El siguiente, está en el aire, ¿quizás volando hacia USA?

Crisis financiera en la necrópolis de Tebas

Djehuty, el tesorero de Hatshepsut, fue la puerta de entrada del equipo de José Manuel Galán, del CSIC, en Luxor, y tras asomarse por ella se topó con la necrópolis de Dra Abu El Naga frente al Nilo de la antigua Tebas, en la que lleva ya 17 años excavando. Desde entonces, el proyecto no ha dejado de crecer y crecer, como pude comprobar ‘in situ’ hace unos años. La presentación de sus hallazgos cada temporada son objeto de rueda de prensa en el CSIC, la última sobre un espectacular jardín de unos 4.000 años de antigüedad, en el que esta campaña están centrando sus esfuerzos. Son noticias que dan la vuelta al mundo, en publicaciones como National Geographic y hallazgos que se exponen en museos, en concreto, en el de Luxor.

Por ello sorprende, como en el caso anterior, que el Proyecto Djehuty  no sea considerado de interés para el Plan Nacional de I+D+i como ‘Reto para la Sociedad’. El Ministerio también lo ha dejado fuera de la financiación pública. Un batacazo, como reconocía Galán pocas horas antes de salir para Egipto, del que no saben cómo van a salir en los años siguientes…

No hay que olvidar que ya este año tuvieron que lanzar un crowdfunding para poder tener fondos y realizar la actual campaña. En ella, al equipo de investigadores nacionales e internacionales se unen 100 trabajadores egipcios, sin los que sería imposible su desarrollo. Tampoco hay que olvidar que su iniciativa de recurrir a la financiación ciudadana fue mal vista en el CSIC, cuando es una institución que no apoya a la hora de conseguir patrocinadores. Vamos, como si a los científicos les divirtiera hacer ‘crowdfunding’.

Si este año optó por presentar el proyecto en la categoría de ‘Retos de la Sociedad’ fue, asegura, porque le comentaron que tendría más posibilidades de conseguir fondos públicos para su proyecto. Pero ha dado igual. “No nos lo esperábamos porque estamos convencidos de que hay interés en nuestro trabajo, pero no sabemos cómo vamos a continuar si no tenemos apoyo ni para excavar ni para investigar; el colmo es que me echen en cara que parte del dinero lo iba a utilizar para contratar a una persona, como si eso fuera algo negativo”, explicaba el egiptólogo. “El dinero que nos da el Ministerio de Cultura  y las aportaciones de empresas como Técnicas Reunidas o Indra no es suficiente para un proyecto de esta envergadura”, añadía.

En su caso, hay que mencionar que hubo un tiempo que disfrutó de una financiación privada cuantiosa, de Unión Fenosa Gas, pero acabó al tiempo del interés de la compañía en el gas egipcio y no ha sido sustituida por otra porque ya se sabe que a las grandes empresas del IBEX, apostar por la ciencia, salvo excepciones, parece crearles urticaria.

Si en Tanzania buscamos los orígenes de la especies humana, gracias a Djehuty sabemos hoy mucho más de cómo era aquella civilización milenaria que sentó las bases de la nuestra, conocemos la fauna y la flora que había en aquel momento, hace casi cuatro milenios, las relaciones de poder, las redes comerciales, sabemos más de su sistema educativo y las relacione de poder. No en vano, muchos de los hallazgos del equipo español están, como ya se mencionaba, en el Museo de Luxor, un lugar que se disputan los arqueólogos más prestigiosos del mundo. “No sabemos que pasará en 2019, pero no hay muchas posibilidades si las cosas no cambian”, reconoce Galán.

Un vistazo a las resoluciones de ambas convocatorias da idea de cual ha sido el criterio en Humanidades: mejor repartir ‘a poquitos’ , proyectos pequeños, unipersonales y poco ambiciosos sobre asuntos como el estudio de “la variación diastrática en las variedades habladas del árabe vernáculo de Marruecos” o de “la memoria e historia en el contexto de la literatura contemporánea en inglés“. El documento de resolución de los proyectos  está plagado de ejemplos de este tipo, con repartos de 10.000 o 15.000 euros para tres años, un dinero que no dan para casi nada, desde luego para nada de impacto real a nivel internacional, y que parece basarse más en el criterio de dar un poco a todos y NADA  a proyectos como éste que en promover una real “ciencia de excelencia”. Es, como señala Galán, “justo lo contrario de lo nos que dicen en público”, condenando a las Humanidades, a medio plazo, a la mediocridad y al localismo.

Así nos va…

 

 

 

 

Anuncios

Miguelón, protagonista inesperado del estreno del libro #Atapuerca40años


Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

ROSA M. TRISTÁN

No estaba previsto. De repente, entre el público alguien sacó un cráneo de una bolsa. “A ver si Eudald Carbonell nos puede decir de quién es”, desafiaron al arqueólogo. Ambos, nos quedamos de piedra. Según me contó después Eudald, no es la primera vez que alguien va a una conferencia o presentación suya con un resto humano, pero un cráneo era demasiado. Ocurrió hace unos días, mientras ‘estrenábamos’ oficialmente el libro “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA), que hemos escribo a cuatro manos, en la Librería Lé de Madrid.

Fue una tarde especial, cargada de emociones, en la que no faltaron ni la familia ni los amigos. No tengo palabras para describir la sensación que tuve al entrar en el espacio destinado a la presentación y ver tanta gente. Entre la incredulidad y la satisfacción plena, entre el gusanillo de los nervios y el bloqueo por no saber a quien saludar primero. Como el espacio no era muy grande, muchos estaban de pie, entre las columnas, por las escaleras o sentados en el suelo. Había una cámara de televisión y un micrófono de RNE. También algunos colegas tomando notas. ¿Qué más se puede pedir?

Habíamos pensado que aquello fuera como un diálogo entre los dos, que no hablaríamos tanto de lo que es Atapuerca como del libro y que procuraríamos no alargarnos para que hubiera espacio para preguntas del público, que las hubo. Creo que seguimos el plan sin desviarnos, y que algunas de las anécdotas con las que Eudald jalonó su intervención, que recogemos en el libro, pusieron la nota divertida en algo que no queríamos que resultara ‘muy académico’. Entre otras cosas porque, aunque hemos intentado ser rigurosos en el contenido, queríamos que esta obra resultara entretenida para cualquier persona ajena a la materia, que sirviera de resumen de una historia no sólo de los hallazgos, sino también de las personas que han pasado por allí en estas cuatro décadas dejando su huella, algunas ya desaparecidas, otras convirtiéndose en los y las grandes especialistas que hoy son.

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fcristina.rubiobastida%2Fvideos%2F10212652786128016%2F&show_text=0&width=560

Se me pasó el tiempo volando, así que fue Eudald quien, más consciente del tiempo, puso el colofón: “Somos más de 7.000 millones de individuos en el planeta y en nuestras  manos está el futuro. En otro caso caminamos hacia el colapso de la especie”, dijo.

@Miguel Angel Nieto

Y luego, las firmas… Creo que a cada persona le gusta llevarse algo distinto, una dedicatoria que tenga algo que ver con ella, con el por qué compró ese libro y no otro de los cientos que había alrededor. Así, sin darnos cuenta, entre conversación y conversación, la cola se alargó y hubo gente a la que no puede saludar como hubiera querido.

Ahora, a esperar las opiniones de los lectores y lectoras. Eso es lo importante. Tras cuatro años de trabajo conjunto, mi deseo -y puedo decir que seguramente el de Eudald Carbonell también- es que cada uno de ellos se sienta más cerca de este gran proyecto de la ciencia española, que se acerquen así al fascinante mundo de la investigación, sus dificultades, sus preocupaciones y sus éxitos. A lo mejor así un día tenemos gobernantes en este país que visiten lugares como éste a menudo (por cierto, Rajoy no se ha pasado por Atapuerca, pero creo recordar que un día visitó un laboratorio…), que entiendan que sin ciencia no hay futuro y sin presupuestos no hay ciencia.

Los medios, en la presentación. @Miguel Angel Nieto.

 

Con la editora de RBA, Anna Periago. @Miguel Angel Nieto.

@Miguel Angel Nieto.

 

La ‘resurrección’ del satélite PAZ tras 5 años ‘aparcado’


ROSA M. TRISTÁN

Ya va camino de seis años que me encargaron la realización de un exhaustivo informe sobre un satélite español, el satélite PAZ, que iba a ser la gran apuesta aeroespacial del país. Un proyecto de más 160 millones de euros. Aquel mes de septiembre de 2012 me apremiaban porque el lanzamiento iba a ser “prácticamente ya”. Pero no fue. Es ahora, acabando 2017 , cuando se ha anunciado  que finalmente hay fecha para su lanzamiento: el 30 de enero de 2018. En todo este tiempo, por mis manos han pasado (debido a la obsolescencia programada) tres móviles y dos tablets, cada cual más moderno, pero el satélite PAZ sigue siendo prácticamente idéntico al diseñado en 2008. Me reconforta saber que el informe que hice no tendrá demasiados cambios si es que lo utilizan.

La autora con PAZ, en noviembre de 2017.

Para quienes les resulte nuevo el satélite PAZ, baste recordar que es un satélite de observación tanto para actividades comerciales como militares, y que está previsto que tome 100 fotografías al día a 514 kilómetros de altura en un recorrido de unos 300.000 kilómetros por jornada. Esas imágenes las enviará a diferentes estaciones de recepción  (alguna en Svalbard, Noruega), y de ahí, a sus clientes. PAZ vigilará desde arriba eventos como catástrofes naturales (terremotos, erupciones de volcanes, movimientos de tierra), pero también puede ser útil para asuntos medioambientales, la cartografía y la planificación de infraestructuras. Se dijo en su día que, además, controlaría a los barcos de pesca piratas y también a los piratas que secuestraban pesqueros españoles. Entonces eran tiempos del Alakrana, allá por 2009. Muchos más detalles técnicos e históricos los encontraréis AQUI,   el link al informe completo, porque todo lo anterior reconozco que lo he contado tantas veces que me suena a viejo, aún estando sin estrenar…

Y es que PAZ ha andado un tanto olvidado, a la espera de tiempos mejores; menos para el personal de Astrium, que lo tienen ocupando espacio en una sala limpia desde hace más de un lustro, un ‘okupa’ de tales dimensiones que cualquiera estaría deseando de perderlo de vista… Por fin, parece que el 30 de enero del año que viene se librarán de él, aunque para ello se haya tenido que recurrir a la empresa SpaceX, de EEUU, que cobra entre 50 y 90 millones de dólares por lanzamiento. En la última presentación de este satélite (he perdido la cuenta de cuántas llevo), me resultó sorprendente que no se diera el dato exacto de ese precio alegando que es un contrato confidencial. A fin de cuentas, ese dinero es público. Y lo digo porque las cifras las he encontrado en noticias sobre otros lanzamientos,   pero igual nos han hecho una rebaja.

La verdad es que es que lo sucedido con PAZ -al que una de la veces visité con Carme Chacón como ministra de Defensa- es de cuando menos sorprendente. Sobre todo porque su vida útil se estima que es de poco más de 5 años, menos de lo que lleva varado. Ya en 2007, en pleno boom del ‘nos sobra el dinero’, se anunció a bombo y platillo que este proyecto formaría parte del Programa Nacional de Observación de la Tierra (PNOT). Algunos ya entonces preguntaban que ¿para qué hacía falta?, como en esta entrevista en El País,  y que  si no sería mejor alquilar estos servicios a otros, pero el PNOT siguió adelante…

Luego empezaron los retrasos. Las últimas veces que pregunté por PAZ me comentaban que la culpa era de la crisis, que con tanto recorte no había dinero para lanzamientos espaciales. Ahora bien, resulta que ese lanzamiento ya había sido contratado a la compañía rusa International Space Company Kosmotras y se le habían adelantado ya 15 millones de euros de los 18 millones totales. Pero se pospuso, sin razones que lo expliquen más allá de los recortes, en 2013, en 2014…. Y así llegamos a 2015, cuando Vladimir Putin suspendió los lanzamientos con el cohete DNPER (precisamente el modelo elegido para poner en órbita a PAZ) porque resulta que era de origen ucraniano y Rusia estaba conflicto con ese país. España reclamó entonces su dinero a la agencia rusa y comenzó el lío: Kosmotras se negó a devolverlo aduciendo que tampoco era culpa suya este retraso, que ya podían haberlo lanzado antes y que esperaran a ver si Putin cambiaba de opinión. El asunto acabó este año con el caso en un tribunal de arbitraje de París, con el PAZ  estacionado en Astrium y con los posibles clientes del satélite, posiblemente, buscando otras alternativas.

Finalmente, la empresa pública Hisdesat, la propietaria, la pasada primavera contrató el lanzamiento con la compañía californiana SPACE X, del fundador de la empresa de coches eléctricos Tesla, Elon Musk, que utiliza cohetes FALCON 9, algunos incluso ‘reutilizados’. Así que, si no hay más imprevistos, antes de finales de este año PAZ será enviado a la base de la fuerza aérea norteamericana de Vandenberg, en California, y esperará que se ‘abra la ventana’ para su lanzamiento.

Algunos se preguntarán si con tanto tiempo de espera, el satélite más importante con el que contará España en el espacio, ha tenido que ser actualizado. Pues no: lo único que se ha cambiado es su sistema de anclaje al cohete, dado que no es lo mismo un ruso DNPER que un yanqui FALCON. Por lo demás, es idéntico.

Una vez en órbita, PAZ deberá encontrar clientes dispuestos a alquilar sus servicios, además del Ministerio de Defensa, para que esa inversión que ronda los 200 millones euros (unos 100.000 euros al día de actividad) y con fecha de caducidad prevista en 5,5 años . Hay que tener en cuenta que todo el sistema científico público dispone de un presupuesto anual de unos 6.500 millones.  Un dinero del que ni siquiera le llega todo y que no parece mucho en esta comparativa…

Pero claro… alguna salida hay que dar.

Por cierto, del satélite Ingenio, el otro del PNOT, se sabe que 10 años después, sigue en construcción y de momento su fecha prevista de lanzamiento oscila entre 2019 y 2020.

 

 

 

 

 

 

 

Españolas en una expedición mundial antártica sólo para investigadoras del cambio climático


@Horneward Bond Project

ROSA M. TRISTÁN

Crear una red mundial de 1.000 científicas que trabajen globalmente y lideren políticas y proyectos sobre el cambio climático. En definitiva, reivindicar el papel de la mujer en este asunto de impacto global que afecta, sobre todo, a madres, hijas, nietas. A mujeres. Este es el reto que busca la plataforma australiana Homeward Bound. Un reto al que se han sumado tres científicas españolas y una francesa que vive en Córdoba. Las cuatro han sido seleccionadas entre cientos de candidatas para formar parte de una expedición polar muy especial: la Homeward Bound Antarctic Expedition, el viaje de tres semanas en el que buscarán el liderazgo femenino en el ámbito de la ciencia climática.

Entre los apoyos a esta iniciativa figuran científicas de renombrado prestigio –como la primatóloga Jane Goodall o la oceanógrafa Sylvia Earle–, así como tinfluyentes mujeres en el mundo de la comunicación, la diplomacia y los negocios–como la diplomática Christiana Figueres, la actriz Amy Poehler o Chelsea Clinton.

Expedición Homeward Bound 2016. @HomewardBound

Desde España se embarcarán (aunque una lo haga literalmente desde Estados Unidos) Alicia Pérez Porro, Ana Payo Payo, Uxua López y la francesa Alexandra Dubini. Las cuatro compartirán navegación entre icebergs y verán de cerca los impactos del calentamiento,  con otras 76 participantes llegadas de los cinco continentes (Estados Unidos, Kenia, China, Colombia, Venezuela… y así hasta 13 países) Su meta: el ‘sexto’, el continente de hielo. Se trata de una travesía de seis semanas que comenzará en febrero de 2018 y les llevará de ruta por varios enclaves científicos cercanos a la costa. Aún no saben si se incluye el paso por alguna base española, la Base Juan Carlos I o la Gabriel de Castilla.

“Estamos entusiasmadas. Por el viaje, pero sobre todo es lo que hay detrás, por la posibilidad de hacer co-working para para poner el tema del género sobre la mesa respecto a políticas y proyectos relacionados con el cambio climático global, un asunto que lideran sobre todo los hombres pero que afecta a las mujeres. El objetivo es que el proyecto dure 10 años y logre reunir a 1.000 mujeres con formación académica. Nosotras somos el segundo gran paso para conseguirlo, tras la expedición del año pasado”, comenta vía Skype Alicia Pérez desde Nueva York, donde trabaja en el  National Museum of Natural History, como investigadora asociada. Alicia es especialista en esponjas de mar y estudia mediante herramientas genómicas cómo el cambio climático puede afectarlas y cambiar los ecosistemas en los que viven.

La idea surgió de dos australianas, la activista Fabian Dattner y la científica polar Jess Melbourne Thomas, cansadas de que fueran hombres quienes ‘llevaban la voz cantante’ en el asunto del cambio climático. “Faltaba una perspectiva de género, cuando los estudios señalan que cuando hay mujeres liderando proyectos se consiguen más cosas, que son ellas quienes más sufren los impactos más graves del calentamiento global y no sólo en los países en desarrollo. Aquí  nos van a enseñar a ejercer ese liderazgo que nos falta”, argumenta Alicia Pérez.

 

Ana Payo Payo.

Participar en el proyecto, una vez seleccionada, les exige ya estar todo un año recibiendo formación ‘on line’ en diversos temas relacionados con ese liderazgo, desde ‘coaching’ hasta  cómo tener presencia en los medios, a lo que hay que sumar el atractivo viaje a la Antártida. Eso si, la investigadoras deben costeárselo las investigadoras en un 40% (unos 20.000 euros).

Para esta edición, se presentaron 300 candidatas, entre las que hay también ingenieras, economistas y periodistas especializadas en cambio climático. “Todas somos mujeres que podemos ejercer de líderes de lo local a lo global”, señala Ana Payo Payo, bióloga y experta en el estudio de las aves marinas y el impacto de la contaminación sobre sus poblaciones, otra de las participantes. Su investigación ha ayudado a desarrollar estrategias de gestión para la conservación de especies amenazadas bajo las nuevas políticas ambientales europeas.

Para poder conseguir esa cuantiosa cantidad de dinero algunas participantes, como Alicia Pérez Porro, han lanzado un crowndfunding con el que esperan conseguir los fondos que les faltan todavía, con el lema de la expedición: “La naturaleza necesita a sus hijas”. “Vamos a ver lo que pasa en tiempo real, pero no queremos hacer ciencia, ni recoger muestras, no vamos en un barco científico, sino que queremos constituir esa red mundial y mejorar nuestra capacidad de divulgación”, argumenta. “Queremos dejar de ser de segunda, así que la inversió merece la pena” asegura.

Alexandra Dubini

Alexandra Dubini trabaja en la Universidad de Córdoba como investigadora. Es una gran experta en algas verdes y su función ‘biorremediadora’ a la hora de limpiar aguas sucias. También lo es en el campo de las energías renovables.  “Estoy encantada de participar en la Homeward Bound Antarctic Expedition . Me apunté porque conocía una mujer que participó el año anterior y voy con el objetivo de que pueda salir un plan de acción internacional conjunto respecto al cambio climático que puede ser diferente a los que hay ahora y dirigen los hombres”. También Alexandra ha lanzado su crowdfunding particular.

La zamorana Ana Payo Payo, por su parte, trabaja en el IMEDEA-CSIC en Mallorca. Oceanógrafa y licenciada en Ciencias Ambientales lo suyo son los estudios demográficos de aves marina, pero en su caso también es una buena divulgadora a través de Big Van. “La figura de la mujer científica está olvidada. Si le dices a un niño que dibuje a alguien que haga ciencia, siempre hacen un hombre con barba y gafas. Es fundamental tener contacto con otras mujeres para que eso cambie en el futuro. Volveremos enriquecidas de esta experiencia”, afirma. Como sus compañeras también cuenta con un crowdfunding en marcha, y ya ha recaudado el 70%.

Uxua López

La cuarta es la vasca Uxua López, ingeniera de telecomunicaciones en Acciona Energía , con una experiencia de más de una década en el campo de las energías renovables.

Con ellas, España es uno de los países mejor representados en la expedición. La mayoría de las 76, no obstante, proceden de Estados Unidos y, sobre todo, de Australia, que es el país de lanzamiento.

En octubre se cerró el plazo para presentarse a la expedición del 2019, pero todavía quedan años por delante para participar y en unos meses volverá a estar vigente la convocatoria. Para entonces, estas cuatro científicas ya estarán de vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Una gran aventura: “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (RBA)



ROSA M. TRISTÁN

Hay veces que la vida te pone delante oportunidades que no puedes dejar escapar. Recuerdo que iba en el coche cuando un domingo, a esa hora en la que casi todo el mundo sestea, me llamó Eudald Carbonell, uno de los tres codirectores de Atapuerca. “¿Quieres escribir un libro conmigo sobre el proyecto?”. Han pasado cuatro años desde esa llamada y el libro que ahora tengo en mis manos. Muchos días de buscar documentación, de confirmar datos, de entrevistas,  de visitas a los yacimientos para ‘empaparme’ bien de todo lo que allí se cuece, siempre de la mano de Eudald, a veces de José María Bermúdez de Castro, o de Juan Luis Arsuaga, pero también de otros muchos y muchas que están ahora aquí, en mis manos, en estas 400 páginas envueltas en el cráneo de ‘Miguelón’. A todos ellos les dedico mi parte en este trabajo “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA).

Aquel día tuve que parar el coche. Atapuerca. Desde que conocí esa grieta en la sierra me atrapó entre sus entrañas, no sólo porque era el primer yacimiento paleontológico que visitaba sino porque las gentes que por allí pululaban, piqueta en mano, me acogieron desde el principio como alumna novata pero aplicada. Después, he visitado muchas otras excavaciones, en España, en África, en América Latina… Todas fascinantes, con historias que contar que van mucho más allá que la mera noticia. Historias de humanos de hoy y de un ayer que se remonta al origen de nuestros tiempos como especie. Quien le iba a decir al Homo antecessor que sus parientes acabarían viviendo apiñados en gigantescos y extraños montículos cuadrados que se llaman rascacielos, que se incendiarían los bosques llenos de caza por placer o, lo que es casi peor, para que unos fueran superiores a otros por sus riquezas, que sería cada día más difícil respirar el aire que da la vida, que no se podría beber el agua turbia de los ríos porque alguien la envenenó, que hablarían mis mirarse a los ojos y se reproducirían tras depositar sus ‘semillas’ en extraños objetos transparentes.

Con Eudald, Emiliano Aguirre y su mujer, en su despacho. @ROSATRISTAN

Pero también, quien le iba a decir que alguien mimaría sus huesos como un tesoro, y los estudiaría con mil y una técnicas para descubrirnos lo que comía, lo que le enfermaba, lo que hacía con sus manos, lo que sentía por los demás…

Aparqué y contesté a Eudald que sí, que contara conmigo para contar la historia de esos 40 años de trabajo, de dificultades y éxitos espectaculares. Y decidimos que él, como no podía ser menos, sería el hilo de un relato hecho en primera persona, porque sus experiencias vitales son intransferibles, como lo es su visión del proyecto.

Así, nos pusimos manos a la obra, interrumpida a veces por otros asuntos, pero nunca olvidada. Durante muchos fines de semana nos reunimos en una casa rural cercana a Burgos, familiar, acogedora (El Molino), acompañados por una chimenea y los buenos guisos de Mila y Maxi. Otras, en la sede de la Fundación Atapuerca, en Ibeas de Juarros, más formal, pero donde el equipo de allí nos apoyaba para buscar un dato, una imagen..  Luego, para ordenar ideas, también hice alguna escapada ultramar, hasta Fuerteventura, la isla de la tranquilidad, y sobre todo muchas visitas a la sierra, casi siempre en campaña estival, pero también en el frío invierno, compartiendo una carne asada en una hoguera, de forma no muy distinta a como lo harían los neandertales que la habitaron. Y así hasta ‘empaparme’ bien, del pasado y del presente.

Ahora aquí está el resultado. Y no sería lo mismo sin las ilustraciones de Mauricio Antón, sin las fotos de Javier Trueba, Jordi Mestre y muchos más, sin la cuidada edición de National Geographic (RBA) y, sobre todo, sin los fantásticos prólogos que nos han hecho Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez de Castro, codirectores del proyecto con Eudald Carbonell en esos 40 años.

El libro desde ya está a la venta ‘on line’ y en las librerías. En breve, también en versión digital para quien prefiera leerlo en ebook. Pero, la verdad, es una edición tan hermosa que merece la pena tenerlo entre las manos.

Sólo deseo, como coautora, que disfrutéis tanto leyéndolo como Eudald  y yo lo hemos hecho al escribirlo. Puedo decir que desde que colgué aquella llamada, un domingo invernal, a la hora de la siesta,hasta hoy, con “Atapuerca : 40 años inmersos en el pasado” ya en mis manos, no he dejado de aprender ni un sólo día.

UN ÁLBUM PARA EL RECUERDO

Y FIN….

Un peligroso ángulo ‘ciego’ frente a un asteoride destructor


ROSA M. TRISTÁN

“Tenemos un ángulo de unos 50º o 60º en el que, debido a la luz solar, no podemos ver el cielo, así que  se nos escapan los asteroides que puedan estar en esa zona, no sabemos si son peligrosos”, asegura el físico Josep María Trigo Rodríguez, del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC). “Sería necesario tener telescopios de infrarrojo enfocando esa zona, pero no los hay y los científicos no sabemos cuándo puede haber un gran impacto en la Tierra como el de Tunguska, en 1908, o el de Cheliábinsk, en 2013, o  incluso más destructor”. Trigo-Rodríguez es uno de los firmantes de una investigación, publicada en la revista Astrophysical Journal, en el que se ha dado un gran avance en un asunto tan recurrente de la ciencia-ficción como es el desvió premeditado de un asteroide que amenace la vida en la Tierra.  Sin embargo, sería la única opción real.

16/Enero/2017 Barcelona. Josep María Trigo estudiando meteoritos en el Instituto de Ciencia Espacial, ICE del CSIC en Barcelona. © JOAN COSTA/CSIC

Josep Mª Trigo estudiando meteoritos en el Instituto de Ciencia Espacial. © JOAN COSTA/CSIC

Desde el año 2010, Josep María Trigo lidera el  grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias en el IEEC  y estudia la formación de cometas y asteroides y la composición de los fragmentos (meteoritos) que llegan a nuestro planeta. Además, acaba de publicar un libro (“Assessment and mitigation of asteroid impact hazards”, con Springer, Nueva York) con las últimas novedades científicas en la materia.

En este trabajo, en el que también colaboran otros científicos españoles, como Carles Moyano, han analizado precisamente la composición del meteorito Cheliabinsk, esa bola de fuego que sorprendió a los rusos hace casi cuatro años y de cuyos restos se han recuperado 1.000 kilos. Hoy se sabe que aquella roca espacial medía unos 18 metros de diámetro, muy lejos de los 1.ooo metros que pueden causar una destrucción masiva, y aún así causó heridas a más de 1.500 personas al desintegrarse en fragmentos sus 11.000 toneladas de peso.

Josep María Trigo, en la rueda de prensa @ROSA M. TRISTÁN

Josep María Trigo, en la rueda de prensa @ROSA M. TRISTÁN

Pero ¿en qué ayuda saber su composición para desviarlos? Esto es lo que han descubierto los científicos españoles, junto con otros colegas europeos. Ahora ya sabemos que la composición de las rocas del Cinturón Principal de Asteroides, esos restos que vagan por el Sistema Solar (entre Marte y Júpiter) desde que se formó, no es invariable. Han descubierto que se va modificando a medida que colisionan con otros cuerpos estelares. Carles Moyano, también el IEEC y cofirmante del trabajo, comentaba en la rueda de prensa dónde se presentó, cómo gracias a nanoimplantaciones en una muestra del Cheliábinsk y a estudios con microscopio, se ha sabido que las zonas más claras de los meteoritos son las mejores para recibir un impacto y poder desviarlo de su trayectoria, dado que las oscuras son demasiado duras. Es un factor fundamental para tener en cuenta, como indicó Trigo, en un supuesto lanzamiento de un misil misil cinético, es decir, una sonda que hubiera que lanzar para estrellarse contra  un supuesto y amenazante asteroide .

La cuestión es que de todos los objetos próximos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés), se conocen 15.573, y de ellos unos 1.000 son “potencialmente peligrosos”, pero hay un “ángulo ciego” en el espacio del que no sabemos lo que hay porque el Sol nos impide ver con telescopios ópticos y en estos momentos no hay ni un solo telescopio infrarrojo inspeccionando  en todas las direcciones del espacio en busca de asteroides. “El problema  es que debemos descubrir los asteroides peligrosos con suficiente antelación como para poder desviarlos. Imaginen si un objeto como Tunguska, que en 1908 destruyó en la taiga siberiana en más de de 2.000 km2, cae en una cuidad. Y es algo que puede ocurrir en cualquier momento, lo sabemos porque la Tierra ya ha sido golpeada en el pasado. Pero para poder lanzar una misión y desviarlos de su trayectoria se requiere saberlo con meses de antelación”.  “Hay poca sensibilidad para apostar por este tema, somos incapaces de entender que no es ciencia-ficción”, argumentaba el científico.

Sus palabras me recuerdaron a las que escuché al astronauta Neil Armstrong en el primer Starmus Festival (2012) al que acudí: “La Tierra es preciosa, está en la situación perfecta; pero yo la he visto de lejos, y he visto  meteoritos cayendo bien cerca como una lluvia, he visto tormentas nocturnas iluminadas por rayos y he visto huracanes gigantes y ‘tsunamis’. Si viniera de un planeta de la estrella Vega diría que es un lugar muy peligroso“. Esa esa la imagen con las que nos encogió en el asiento a los presentes.

Neil Armstrong y Alexei Leonov, en Starmus 2012. @ROSA M. TRISTÁN

Neil Armstrong y Alexei Leonov, en Starmus 2012. @ROSA M. TRISTÁN

Sin embargo, la mejor prueba de esa insensibilidad de la que habla el científico español es el finiquito de la Agencia Espacial Europea al programa AIMS  (Mision de Impacto en Asteroide) conocido en diciembre pasado. Entonces el consejo ministerial de la ESA, que precisamente presidía Luis de Guindos, decidió no invertir más en un proyecto para estudiar cómo afectaba a dos asteroides  (uno de 800 metros y otro de 150 metros) un impacto recibido desde nuestro planeta, enviado por la NASA.  Se prefirió apostar por seguir explorando Marte, con la misión ExoMars, cuya primera sonda se estrelló sobre la superficie del planeta rojo. De nada sirvió que más de 100 científicos europeos lanzaran una campaña para intentar que AIMS no fuera enterrado, al menos de momento.

Más importancia se le da en Naciones Unidas, donde consideran que no es un tema baladí y, aunque nada pueden hacer al respecto, si que han decidido declarar el 30 de junio como Día de los Asteroides, coincidiendo con aquel día de 1908 en el que Tunguska arrasó parte de nuestro pequeño planeta.

Ciertamente,  son habituales las noticias en medios especializados de nuevos hallazgos de meteoritos, y que hasta ahora ninguno que cause la alarma que podría generar escenas del tipo de la película “Deep Impact“.

Ahora bien, ¿y en ese ángulo muerto? ¿quién sabe lo que esconde?

Canfranc: en busca del silencio “cósmico”


canfranc2

ROSA M. TRISTÁN

Estratos_Nº 115. PDF 

Sólo hay una docena de lugares en la Tierra comparables al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un puñado de recónditos espacios en los que es posible conseguir el ‘silencio cósmico’. Es la condición necesaria para llevar cabo sofisticados experimentos de la denominada física de Astropartículas. En otras palabras, para tratar de resolver algunas de las grandes preguntas que traen de cabeza a los investigadores de medio mundo: ¿qué es la materia oscura que compone un cuarto del Cosmos y que no vemos? ¿cómo son esas partículas llamadas neutrinos que nos atraviesan y somos incapaces de atrapar?

Sigue leyendo

Svalbard: nuestro seguro alimentario en unas cajas congeladas


640px-svalbard_seed_vault_img_8894

ROSA M. TRISTÁN

Reportaje en PDF 

La tumba de Tutankamón, muerto hace más de 3.500 años, es el primer banco de germoplasma conocido, a decir de algunos, pues cuando se encontró intacta aún guardaba en su interior semillas destinadas a la vida futura del faraón. Hoy, mas de mil bancos de semillas distribuidos por el planeta intentan conservar, también para el futuro, una biodiversidad que se está perdiendo a pasos agigantados y que, podría decirse, tienen su sede ‘central’ en una remota isla cercana del Polo Norte, Spitsbergen, perteneciente al archipiélago noruego de las Svalbard. Es un seguro de vida ante la posibilidad de una catástrofe, una guerra nuclear o un desarrollo agro-industrial que puede acabar con las plantas que desde hace más de 10.000 años nos han permitido alimentarnos adaptándose, y adaptándolas, a las necesidades humanas.

La ‘Bóveda Global de Semillas’, como se la conoce oficialmente, por fuera apenas es un bloque de hormigón hincado en una montaña de arenisca, siempre nevada, en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra y también más seguros. Su sismicidad es mínima, nunca se inundara y el permafrost mantiene un frío glaciar perfecto que la convierte en la mayor nevera del mundo.

img_5212

Inaugurada en 2008 en lo que una antigua mina excavada a 130 metros de profundidad, su pequeña entrada exterior da paso a un espectacular túnel que acaba en tres grandes salas selladas con capacidad para albergar más de 4,5 millones de muestras, un total de más de 2.000 millones de semillas. Todas, metidas en cajas negras de 500 unidades y perfectamente identificadas.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

En los ocho años que lleva construida, ya son 104 los países que han aportado a este gélido banco muestras de los cultivos que a lo largo de milenios brotaron en sus territorios, dando lugar a una biodiversidad que parecía no tener límites hasta mediados del siglo pasado. Pero ya no es así y después de haber confirmar la pérdida del 90% de la diversidad agrícola en apenas unas décadas, la comunidad internacional optó por conservar todas las simientes posibles rebajando su actividad biológica con menos temperatura, humedad y oxígeno, es decir, congelándolas a 18ºC bajo cero. A día de hoy, sus depósitos subterráneos acumulan más de 860.000 muestras diferentes, cada una en su caja.

 

Hasta 2015, no había sido preciso abrir la bóveda para extraer parte de su tesoro, pero la guerra que asola Siria ha dado pie a esa primera ocasión, después de que se destruyera el valioso banco de semillas que el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) tenía cerca de la ciudad de Alepo, no lejos del llamado Creciente Fértil, justo donde se cree que el ser humano dio origen a la agricultura. En septiembre, los científicos sirios, refugiados en Marruecos, pidieron a centro de Svalbard parte del material que habían depositado allí hacía unos años para poder seguir investigando sus propiedades: “El valor de este almacén no es solo una previsión para una teórica crisis alimentaria, sino también nos permite seguir analizando las características de la biodiversidad cuando desaparece”, señaló entonces el creador y responsable de la Bóveda, Cary Fowler.

MÁS COMIDA, MENOS GENES

Pero conviene hacer un repaso al origen de este proyecto. El afán por conservar semillas con fines científicos, conservacionistas y alimentarios surgió en las últimas décadas del siglo pasado. Fue tras la II Guerra Mundial cuando el aumento de la población mundial hizo necesario incrementar la producción alimentaria gracias a lo que se llamó la Revolución Verde, que logró su objetivo pero que tuvo como consecuencia una pérdida tremenda de especies al potenciar sólo las más productivas. Cultivos como el trigo o el arroz llegaron a duplicar sus cosechas en tiempo récord, eso sí con un coste muy elevado. “Perdimos en un siglo el 90% de la diversidad agrícola y con ella genes que podían ser útiles para la adaptación, la calidad nutricional o la resistencia a enfermedades de muchas plantas con un larga historia”, apunta a Estratos el catedrático José Esquinas, ex secretario de la Comisión sobre Recursos Genéticos para los Alimentos y la Agricultura de la FAO y uno de los mayores expertos mundiales en la materia. De hecho, fue Esquinas quien promovió la firma de un tratado internacional vinculante que pusiera remedio a esta oculta extinción: el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), aprobado por la FAO en el 2001 y ratificado por el Parlamento español en el 2004.

De las nefastas consecuencias de la pérdida de biodiversidad agrícola ya había pruebas históricas: entre 1840 y 1850 murieron de hambre en Irlanda dos millones de personas y otras muchas emigraron a Estados Unidos, después de las patatas traídas de América se vieran afectadas por una plaga. Si hubiera habido más especies, aquella hambruna no hubiera vaciado un país en tan poco tiempo.

También había evidencias del interés que representaban los bancos de semillas, como lo que ocurrió con la colección del Instituto Vavílov durante la ocupación nazi en Rusia: el biólogo y genetista Nikolài Vavílov había iniciado una colección de semillas que llegó a tener 300.000 muestras y los invasores incluso crearon un comando para apropiarse de esos recursos fitogenéticos.

Frutos colombianos,

Frutos colombianos llamados lulos.

Por último, se había detectado que la pérdida iba ‘in crescendo’: si en 1949 los chinos cultivaban 10.000 variedades de trigo, en 20 años habían pasado a menos de mil; México había perdido el 20% de sus variedades de maíz y en Estados Unidos quedaba apenas el 5% de las especies de manzanos que tenían a comienzos de siglo. “Alimentarnos con buenas y uniformes semillas acababa extinguiendo aquellas útiles para el propio mejoramiento agrícola”, argumenta Esquinas.

Si bien en los años 40 la FAO ya había mostrado su preocupación por este asunto, hasta los años 70 y 80 no comenzaron las negociaciones para recolectar, conservar e intercambiar germoplasma a nivel mundial. La cuestión era que la mayor diversidad estaba en países en desarrollo (zonas tropicales y subtropicales) pero los bancos de semillas estaban solamente en los países desarrollados. Esquinas recuerda bien aquellas discusiones: “El problema era a quien pertenecía el material. Fue entonces cuando España propuso desarrollar un tratado internacional y un banco bajo jurisdicción de la FAO en donde las semillas se conservaran mucho tiempo”.

El Tratado, que promovió el experto español, tardó décadas en ser aprobado y ratificado por 30 los países, hasta que entró en vigor en 2004 (ahora son 136), y el banco abierto en Svalbard también tuvo un largo recorrido hasta ser realidad bajo las nieves permanentes del Ártico.

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

Para empezar había que decidir donde construirlo. Esquinas recuerda que en los años 90 visitó varios posibles emplazamientos: en Jujuy (norte de Argentina), algunas cuevas bajo los glaciares de Perú y Svalbard, donde el Gobierno noruego cedía una antiguas minas, finalmente elegidas. Ahora bien, aunque la construcción la financió Noruega -9 millones de euros- estaba además la complicación del pago a perpetuidad de su mantenimiento, pues la FAO no tenía dinero para ello. La solución fue optar por un instrumento financiero: los países o empresas depositantes prestan dinero al Global Corps Trust, que lo gestiona, y con los intereses generados se pagan los gastos.

“La idea original era que todo lo depositado allí fuera Patrimonio de la Humanidad, aunque al final es sólo un depósito de semillas de cada uno de los países, pues siguen siendo suyas. De hecho, según el Tratado hay 64 géneros de plantas que está en un sistema multilateral, lo que implica que están a libre disposición, pero otras están en un sistema bilateral en el que los países propietarios deciden para quien están disponibles. En Svalbard también hay semillas de países que no han firmado el Tratado y que no están disponibles para otros, o de empresas. Es decir, son como las cajas negras de seguridad de un banco, una copia de seguridad con dueños”, señala el catedrático.

Como experto hace hincapié en que, con o sin banco bajo los hielos, el mejor método para conservar la diversidad agraria mundial es “in situ”, en la tierra, porque “es fruto de la adaptación al ambiente y ella no se puede congelar”. Allí las semillas permanecen inalterables, incluso cientos de años. Pero es consciente de que Svalbard y otros bancos son un seguro necesario.

Ya en los años 60 se descubrió que la vida de las simientes, que es de entre cuatro y 15 años, se duplica por cada 5ºC menos y cada 1% menos de humedad. En ello se basa el banco polar y muchos otros. Una alternativa sería conservarlas en nitrógeno (-196ºC) pero es un sistema demasiado costoso. También se sabe que hay semillas “recalcitrantes” que no pueden congelarse, y que requieren una conservación ‘in vitro’.

En España, el frío también es la opción más aceptada. Así lo comenta Isaura Martín, investigadora del Centro de Recursos Fitogenéticos (INIA-CSIC), cuya sede en Alcalá de Henares es el mayor banco de semillas de España, con unas 70.000 muestras congeladas y , de ellas, unas 40.000 variedades españolas. La inmensa mayoría ya no crecen en este país. Sólo de trigo, hay en el banco del INIA más de mil especies diferentes, si bien hoy se cuentan con el dedo de la mano las que se cultivan.

El INIA es uno de los 30 bancos de semillas que hay en todo el territorio, dependientes de instituciones y comunidades autónomas. Es en este centro donde se lleva el inventario nacional, tal como precisó el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, aprobado por el Gobierno en 1993. Además, mantiene importantes colecciones activas y duplicados de seguridad de todas las colecciones de la red.

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Parte de su colección de cereales y leguminosas fueron recogidas en la primer mitad del siglo XX, pero hace décadas que ya no existen ‘in situ’; otras muchas se las envían y también las recogen en expediciones que aún realizan los investigadores al mundo rural a “la caza” de ese agricultor que guarda unas semillas tradicionales para su autoconsumo, porque ese tomate o las acelgas del abuelo son únicas. “En el banco tenemos semillas de más de mil tomates y mil lechugas diferentes y, como todas, están documentadas e inventariadas por si alguien nos las pide, que cada vez hay más solicitudes”, señala Isaura Martín.

Y es que en los últimos tiempos, tras años de uniformidad, el impulso de la agricultura ecológica ha traído la puesta en valor de aquel producto tradicional que se quiere recuperar, y los eco-agricultores acuden en busca de las semillas al INIA. “Les damos 50 o 100, lo suficiente para que puedan multiplicarlas. Además, aquí también hacemos multiplicación de las semillas, poniendo cuidado en que tengan las mismas condiciones que en el pasado y en que nos se crucen genes de varias”, precisa la investigadora.

Otras muchas peticiones llegan de empresas interesadas en la mejora genética de las especies, así como de científicos de diversas instituciones que trabajan en este mismo área de la ciencia agrícola en busca de genes y propiedades.

Cabe mencionar que una copia de todas estas semillas españolas no han sido enviadas aún a la Bóveda Global de Svalbard, para cuyo mantenimiento España aportó únicamente un millón y medio de euros, pero si que existe la intención de hacerlo cuando los organismos científicos implicados en la tarea cuenten con recursos para ello.

En todo caso, el valor de estas iniciativas está hoy fuera de toda duda: “No debemos olvidar que de las semillas comemos cada día de nuestra vida y que con el cambio climático necesitaremos de ellas para adaptarnos a las nuevas condiciones. Tenemos que contar para el futuro con otras plantas que aguanten y si perdemos esa diversidad genética vamos a estar mal preparados para adaptarnos”, aduce Martín.

José Esquinas, por su parte, recuerda que él llevo su cajita con 360 semillas, recogidas en los años 70, al INIA hace ya algún tiempo. “Ojalá un día, una copia de seguridad de todas ellas acaben en Svalbard y ojalá también que las semillas certificadas por ley no acaben con esos 10 milenios de esfuerzo de la Humanidad”.

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

APOYO.

La situación geográfica, su geología y el estar a orillas de un mar de cruce de culturas, como es el Mediterráneo, han convertido a España en uno de los 25 puntos calientes de biodiversidad del mundo que se refleja en la producción agraria. Sin embargo, como en el resto del planeta, la uniformidad de la agricultura moderna amenaza la variabilidad de especies y por ello fue preciso crear un instrumento que promoviera su protección, el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, que ya lleva 23 años aprobado, pero que aún tiene algunos puntos por desarrollar.

Uno de los componentes del Programa es la red de 33 bancos de germoplasma y colecciones que existe y financia en parte el Programa Nacional para mantener las colecciones activas españolas en adecuado estado de conservación, documentadas y disponibles para los usuarios potenciales, tanto para investigación como para uso directo por parte de los agricultores.

No fue hasta 2006 que se aprobó la Ley 30/2006, de 26 de julio, de Semillas y Plantas de Vivero y de Recursos Fitogenéticos, según los agricultores, no se ha avanzado mucho en materia de conservación y utilización sostenible de estos recursos ni se ha potenciado sus derechos a producir, intercambiar y vender sus propias semillas o estrategias para poderlas conservar ‘in situ’. Más recientemente, se ha presentado un Proyecto de Real Decreto por el que se aprueba el reglamento del Programa Nacional, en el que se especificarán los derechos y deberes de los operadores de semillas, incluidos los agricultores a pequeña escala. En estos momentos, los responsables están negociando con el sector este reglamento, en el que éstos últimos quieren incorporar algunas

-El respeto del derecho de los agricultores para utilizar, intercambiar y vender sus propias semillas. Los agricultores que hacen venta directa de semillas como complemento de su actividad deben estar exentos de las mismas exigencias que el resto de operadores.

– Las microempresas artesanales que producen y comercializan semillas de variedades locales necesitan reglas adaptadas a su actividad, completamente diferente a la que realizan las grandes empresas de semillas de producciones deslocalizadas y distribución kilométrica.

– Son necesarias reglas adaptadas para el registro de las variedades para la agricultura ecológica y para la agricultura a pequeña escala.

– Los agricultores y consumidores deben tener la posibilidad de elegir los alimentos que consumen y las plantas que cultivan. Demandamos transparencia en los métodos de selección utilizados para generar las variedades y la propiedad intelectual que gestiona su uso. Esta información debe constar obligatoriamente en el etiquetado.

 

El libro de la vida y la Tierra en la costa vasca, en piedra


fotoblog

ROSA M. TRISTÁN

Cuesta encontrar palabras para describir el espectáculo que ofrecen los acantilados de las costa vasca entre los municipios de Zumaya y Mutriku. En realidad, lo más aproximado es describirlo como un gran libro hecho en piedra en el que las páginas, con el paso del tiempo, han ido quedando separadas, arrugadas, algunas rotas, como esos grandes volúmenes que de tanto usarlos no hay forma de que recuperen su forma original. Y en el fondo, eso es un flysch como el que se ofrece la vista a lo largo de varios kilómetros: un gran cúmulo de estratos, que parecen hojas, en las que se ha ido escribiendo la historia de la Tierra desde hace más de 100 millones de años, y lo que es más, donde aún infinidad de seres vivos, algunos microscópicos y otros diminutos, siguen rellenando sus líneas de vida.

20160821_120921

El flysch entre Zumaya y Deba. @ROSA M. TRISTÁN

No voy a extenderme en la historia geológica de este impresionante lugar (pues tengo pendiente una visita con un gran experto en la materia) pero para quienes vean las extrañas formas que dibujan estas paredes será fácil ver los pliegues que nos hablan de que hace más de 50 millones de años el pedazo de tierra que entonces era Iberia (recordemos que la península era una isla) chocó con Eurasia, en un proceso que llevó mucho tiempo.

De aquel tumultuoso encuentro no sólo surgió esta cordillera y los montes vascos, sino que los sedimentos que desde hacía 100 millones de años se habían ido acumulando en el fondo marino, salieron a la superficie y se plegaron como si fueran de plastilina. Son las capas que ahora vemos: unas más duras, que son las de caliza, proceden de los fósiles de conchas, corales y fósiles de animales marinos; y otras más blandas, se corresponden con las  de las arcillas que arrastraban los ríos hasta el mar… Hoy, cada una de ellas nos cuenta la historia de unos 10.000 años en esta zona del planeta (su clima, su vegetación, su fauna…). Como es de suponer, las ‘hojas’ más blandas han sufrido más el paso del tiempo, dando origen a ese aspecto de ‘cama de fakir‘ que se siente cuando se camina sobre su filo, como pude hace hace unos días coincidiendo con una de esas grandes ‘mareas vivas’ que dejaron a la luz durante horas una impresionante extensión de este lugar.

Debo decir que me sorprendió que, pese a que era el momento perfecto para una visita de las que organiza el Geoparkea, tan sólo un pequeño grupo de una decena de personas sintió interés acercarse al flysch, que no sólo es impresionante por su belleza sino que, además, esconde tesoros que enseguida comencé a descubrir:  una i20160821_140725nfinidad de seres  marinos habían quedado atrapados en los charcos que dejó el Cantábrico en su retirada. Bien es verdad que la guía del Geoparkea, era avezada, pero también que la jornada fue especialmente fructífera para quienes, procurando molestar lo menos posible, pudimos observar los esfuerzos de un pequeño pulpo de colores por dejar el charco al que le condenó la marea, la danza de una ofiura sobre una roca, las orejas de una ‘libre de mar’, la belleza de una diminuta estrella, las semitransparentes quisquillas, un pepino y hasta un tomate de mar, ambos ingredientes de la ensalada de la vida en este paraje geológico. Y todo ello, apenas a unos pasos de las ‘icnitas’ o ‘trazas’ dejadas hace decenas de millones de años por otros que, como ellos, se paseaban no lejos del mismo lugar.

 

Es por ello, porque la historia sigue, porque el pasado más remoto (incluido el polvo del meteorito que acabó con los dinosaurios) se encuentra en el pequeño recorrido que hay entre Zumaya, Deba y el pueblo pescador de Mutriku, y porque quiero animar a los lectores a observar la naturaleza, que he querido traer al Laboratorio para Sapiens a estos pequeños ejemplares de vida (el más grande, el pulpo, y era poco mayor que una zapatilla) que hoy se pasean por el libro pétreo que emerge del mar vasco y con los que pasé una mañana de este verano.

Y AQUÍ UN RECORRIDO EN IMÁGENES por esta BIODIVERSIDAD A CONSERVAR

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

IMG_6124

Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Anémona. @RMT

Anémona. @RMT

Erizos de colores...@RMT

Erizos de colores…@RMT

 

 

20160821_131503

Diminuta estrellas de mar, una joyita. @RMT

Aquí la cría de ‘liebre de mar’.. Fíjate en sus orejas! @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenzado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenazado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

STARMUS y los compromisos incumplidos de los políticos


 

stamus2016

ROSA M. TRISTÁN

Hace unos días estuve en la presentación del Starmus Festival (27 de junio-2 de julio), que vuelve este año a celebrarse en Tenerife por el empeño personal del astrofísico Garik Israelian, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Debo reconocer que tengo debilidad por ese evento que aúna astronomía, música,  cine, literatura… porque hay pocos eventos similares en el mundo y porque se que organizarlo, cada dos años, y superar al Starmus anterior es un reto comparable a la búsqueda de un exoplaneta con una lupa. Lo es porque a las puertas de su tercera convocatoria, este evento único en el mundo, que traerá a España a 11 Premios Nobel, que rendirá tributo a Stephen Hawking, que juntará al astronauta Miguel López Alegría con el astrofísico Roger Penrose y el cosmonauta Alexei Leonov, se convierte un año más en el espejo de lo que importa la ciencia en este país: NADA o CASI NADA.

Y es que, a un mes del comienzo del festival, con las reservas de sus prestigiosos participantes, incluida la de Hawking y sus asistentes, ya hechas, resulta que ni instituciones públicas ni empresas privadas muestran interés suficiente en tamaño evento, aunque por otro lado no tardan en ponerse en la foto para figurar junto a los científicos o cantantes más famosos cuando la ocasión se presta. Y si es Hawking, miel sobre hojuelas. Ahora bien, ¿cumplir los compromisos financieros? ¿interesarse por patrocinar el encuentro, aún a costa de unas carreras de coches o un torneo de golf? No, no. ¡Dónde vamos a parar!

Recomiendo ver en el programa de Starmus 2016 lo que por 700 euros (350€ para canarios y estudiantes) se puede disfrutar durante cuatro días (y eran 500 para quienes reservaron con antelación). Por sólo mencionar algunos: el físico Premio Putlizer Brian Green, el divulgador de la BBC Brian Cox, el Nobel David Gross, el experto en virus informáticos Eugene Kaspersky, Roger Penrose, Jill Tarter del SETI, el cantante Brian Eno (que estrena una composición dedicada de Hawking), el Premio Mundial Albert Eisnstein Martin Rees, Joseph Stiglitz , Brian May, Rick Wakeman, Kip Thorne… Por cierto, para quienes les puede parecer caro: una entrada para la final Atlético-Real Madrid costó unos 400 euros, hora y media de partido, sin incluir viaje a Milán.

IMG_5744 (2)

Algunos se preguntarán como se paga todo esto. Pues bien, hagamos memoria. El primer Starmus, que congregó en España al mayor número de astrónomos y astronautas jamás reunidos, se financió en un 90% gracias a un premio recibido por el propio Israelian y ayudas de conocidos suyos, incluido algún préstamo. Para el segundo, recibió apoyo público y privado por 400.000 euros (del Gobierno central ni un duro, por cierto) para un presupuesto de 700.000, que pagó con las entradas. Y para este año, con un evento aún más grandioso, el primer tributo a Hawking, el astrofísico consiguió el compromiso del Cabildo de Tenerife y del Gobierno de Canarias de poner 330.000 euros cada uno (660.000, suma la cuenta), además de que le buscarían patrocinios por otros 330.000. Así lo explicó en la rueda de prensa.

Pues bien, tanto el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, como el viceconsejero del Gobierno, Cristóbal de la Rosa, reconocieron en ese mismo encuentro informativo que iban a poner unos 400.000€ entre las dos instituciones, por cierto que el Cabildo aún no ha desembolsado. Y que el resto, se abonaría en servicios, pero ¿qué servicios? es una pregunta sin respuesta. Alonso incluso mencionó que “no sólo se trata de dinero, sino de creatividad”, como si con creatividad se pagaran billetes de avión y hoteles. A menos de un mes del Starmus 2016, ¿el compromiso firmado se cumplirá? ¿Han logrado los patrocinios prometidos? Todo indica que no. Curiosamente, los mismos políticos reconocían que la repercusión mundial de Starmus 2014 generó 171 millones de euros de retorno a las Islas Canarias, un dinero en publicidad que seguro que dará pingües beneficios a muchos empresarios de los que construyen hoteles en zonas protegidas.

Garik Israelian, que en algún momento antes del anterior acuerdo pensó en llevarse el festival a otros lares,  recordó que “un festival como Starmus, aunque muchos de los ponentes vienen sin cobrar, es costoso, si bien compensa porque tiene eco en todo el mundo, como demuestra esa reciente página en The New York Times”. “Tampoco tenemos empresas de alto nivel que nos apoyen. Debemos estar en otro planeta y no nos ven, porque ninguna ha querido patrocinar el evento”, señaló a modo de metáfora. Y tiene razón, porque es patético que entre  los patrocinadores no haya ninguna gran empresa del IBEX, aunque me consta que las han visitado todas en busca de apoyo. Ni Telefónica, ni la Fundación BBVA, ni La Caixa, ni Iberdrola…. Es más, incluso alguna de las que ya tienen su logo en los paneles no han puesto nada, pero ya se llevan la publicidad.

Debo reconocer que en 2014 hubo errores de organización, y que algunos colegas  se cebaron en ellos sin parar a preguntarse cómo era posible que Starmus Festival fuera posible en este país de mentecatos políticos y empresarios (en lo que se refiere a la ciencia) , donde escasean los eventos para atraer al público hacia la investigación. Por mi parte, considero un privilegio que traigan a “mi casa” a tanto cerebro de primera, porque igual con tanto conocimiento algo se queda pegado en este territorio de fiesta de Toros de la Vega y tomatinas.

Pero igual que Garik es consciente de que no se puede encontrar un exoplaneta con una lupa, presiento que en la España de los que manejan los dineros (públicos y privados) hay una superficie en la que resbala todo lo que huele a ciencia.