La campaña antártica cercenada: consecuencias del COVID-19 en el Hespérides


ROSA M. TRISTÁN

Pintaba realmente mal desde que el pasado 4 de enero se detectaron los primeros positivos a bordo del Buque Oceanográfico Hespérides. El COVID-19 estaba a bordo y la campaña antártica española, que con tanto esfuerzo se intentó mantener en el máximo posible, podía sufrir esta temporada un batacazo importante. Finalmente, el A-33 Hespérides no podrá ir este año al continente blanco y la XXXIV campaña tendrá que limitarse a los que pueda transportar el otro buque polar español, el Sarmiento de Gamboa, que lentamente se acerca a las costas chilenas.

“Hasta el último momento se ha intentado mantener el viaje pero era imposible. La organización de gestores antárticos [COMNAP] recomienda pasar una cuarentena cuando hay un brote y después otra ya sin brote. Eso hacía inviable que pudiera ir por falta de tiempo. Ahora mismo, hay 18 personas positivas a bordo, otras 17 fuera, dos suboficiales hospitalizados (uno grave) y el resto también están aislados en el buque. Al final ha habido que recortar todo el plan previsto”, reconoce Antonio Quesada, el responsable del Comité Polar Español, que llevaba muchos meses trabajando para que el año, pese a la pandemia global, fuera lo más completa posible. Y no pudo ser.

Al final, casi un 40% de los proyectos que salían estos días hacia la Antártida han tenido que ser aplazados para la siguiente temporada. Es decir, van al final cinco proyectos de los ocho previstos. Entre lo que han quedado para otra ocasión está el de geología antártica que dirige Jerónimo López, del que iba a ir una persona; también uno nuevo de Antonio M. Alvarez (Universidad de Salamanca) sobre el estudio de los gases que emite el volcán Decepción; y un tercero de Manolo Catalán, de la Armada, sobre el estrecho de Brandsfield y el canal del Drake y su geodinámica. “Habrá que hacerlos en en la siguiente, en la que tendremos que llevar los dos buques para completar lo que no se ha hecho este año y lo que está previsto para entonces, dado que son proyectos ya aprobados en los que se incluye la recogida de datos en la Antártida. Afortunadamente, este año también ha ido el otro buque, precisamente porque el Hespérides salía más tarde por unas reparaciones, así que las bases se abrirán, que es muy importante”, confirma Andrés Barbosa, responsable del Programa científico Polar.

Entre los que han estado pendientes hasta última hora de su viaje, pero finalmente viajan estos días a Chile para sumarse a los que ya están allí, está el proyecto de seguimiento del permafrost antártico que dirige Miguel Angel de Pablos (Universidad de Alcalá de Henares); uno nuevo que estudiará el papel de los pingüinos en la biogeoquímica antártica, que dirige Antonio Tovar (CSIC) o un proyecto que estudia la contaminación atmosférica en la Antártida a través del estudio de aerosoles. En Punta Arenas deberán hacer cuarentena de 15 días antes de viajar al continente de hielo. Es el plan en el que ahora se encuentra el primer grupo que llegó, con todos sus componentes aislados en habitaciones de hotel desde hace 10 días. Este primer grupo será el encargado de abrir las dos bases, en isla Livingston e isla Decepción.

Pero los cambios no son sólo de proyectos. Hay más consecuencias: la campaña se acorta a un mes, que no da para mucho, pero menos en nada, y que el buque Sarmiento de Gamboa, que llega en breve a Punta Arenas para recoger a ese primer grupo de científicos, técnicos y militares confinados, tendrá que ampliar su estancia polar unos 10 días. Lo malo no puede hacerlo mucho más porque tiene otra apretada agenda de expediciones oceanográficas. Es decir, que las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castillas abrirán, que es lo importante, pero tendrán que cerrar, a más tardar, el 20 de febrero.

“Evidentemente, habrá que pedir explicaciones de lo que ha fallado. Si que se ha hecho todo lo posible para atajar el brote pero no ha sido posible y las recomendaciones internacionales son muy estrictas”, señala Quesada.

De hecho, es algo que tendrá que averiguarse desde la Armada para que pueda evitarse en nuevas ocasiones. Hasta ahora,  sólo ha habido tres casos detectados de brotes COVID-19 en relación con la Antártida: dos generados por un buque militar chileno en dos bases  de este país y el del BIO Hespérides. Sin embargo, son muchos los programas polares que estos días envían buques al continente para mantenimiento de sus bases y reemplazo de su personal o suministros. Es una actividad bajo mínimos, respecto a otros años, pero no deja de haber movimiento.

En el caso de España, pese al esfuerzo previo para que todo saliera bien, el plan de campaña se ha frustrado por donde menos se esperaba, que era la parte militar. Y está claro que el coronavirus aprovecha cualquier mínimo resquicio para colarse de polizón indeseable donde menos se le espera. La solución, una vez a bordo, era compleja porque el Hespérides tiene una amplia tripulación (57 personas en total) que han recibido una formación previa muy concreta para poder ir a la Antártida de campaña científica, lo que hacía imposible que pudiera ser, mayoritariamente, reemplazada por otra nueva.

Por otro lado, además de reducirse la presencia científica, el movimiento que si que ha desaparecido del mundo antártico es el turístico. Este año no habrá cruceros transportando miles de personas por la zona de la Península Antártica. Desde la base uruguaya de Artigas, en la isla Rey Jorge, donde está el aeródromo, explican que ya se nota esa baja presencia humana pues apenas han pasado por allí estos últimos días dos yates de ‘mega-ricos’ y barcos de logística. Lo cuenta Andrés Barbosa, que trabaja directamente con ello. Precisamente, este hecho diferencial será analizado por los científicos para ver hasta qué punto es dañina la presencia masiva humana en determinadas áreas antárticas. 

Desde este blog, sólo añadir deseos de pronta recuperación a los afectados del Hespérides y mucha suerte a los que inician la ruta.

#SOMOSANTÁRTIDA

El COVID-19 en el Hespérides pone en jaque la campaña antártica española


Cubierta del BIO Hespérides, durante la pasada campaña. En el aire si pude ir esta por un brote de COVID-19 @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Desde el Comité Polar Español se pusieron estrictos protocolos anti-COVID-19 antes de iniciar la XXXIV Campaña Antártica en una temporada que se preveía compleja, pero está claro que el coronavirus no da tregua y al final se ‘ha colado’ en ella entre el personal que depende de la Armada, convertido en un polizón indeseable que puede desbaratar los planes que llevaban fraguándose muchos meses y que va a afectar a parte de proyectos científicos que este año ya tenían billlete al continente. Ya son 17 los casos positivos detectados a bordo y podrían ser más tras los test PCR de hoy.

El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides había salido de Cartagena el pasado día 30 de diciembre, en teoría con toda su tripulación sana porque habían pasado un confinamiento y se habían hecho pruebas PCR, pero está claro que algún eslabón de los 57 miembros a bordo falló porque apenas cuatro días después de su salida, el lunes tuvo que volver a Las Palmas de Gran Canaria, isla que habían dejado atrás, tras detectarse un brote a bordo con cuatro afectados por COVID-19. Ese 10%, que no parecía mucho dadas las condiciones de cercanía personal que se viven en el buque, al día siguiente, día 5, el Ministerio de Defensa lo ascendía ya a 10 positivos y el día 6, a 17 casos. Pero pueden ser más: para hoy se ha planificado una nueva tanda de PCR para todos los embarcados que podría sacar a la luz nuevos casos. Ante este brote, la campaña antártica tal como estaba planeada por el Comité Polar Español pende del frágil hilo de la incertidumbre. Lo único positivo es  que ya hay otro buque en ruta… y sin problemas, lo que permitirá abrir las dos bases antárticas.

Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español, en la Antártida.

“Estamos contemplando cuatro o cinco escenarios posibles y uno de ellos puede ser el de anular el viaje del Hespérides a la Antártida. También barajamos otras opciones, porque queremos hacer el máximo posible de ciencia, pero con cada nuevo caso detectado hay que ‘resetear’ el periodo de cuarentena y empezar de nuevo, lo que alarga los plazos. Con al menos 17 fuera de servicio, no se se si será posible que sea operativo el buque”, reconoce Antonio Quesada, responsable técnico del Comité Polar Español. Respecto a las posibilidades de retrasar el calendario, apunta que “tampoco se podría alargar mucho hacia abril porque las condiciones climáticas empeoran mucho en la Antártida”.

De momento, la Armada ya informó de que deberán permanecer al menos 10 días en el puerto canario desde la fecha de los últimos PCR, lo que aplaza su salida hasta, al menos, el 17 de enero, así que su llegada a Punta Arenas (Chile), que estaba prevista para finales de mes -y dado que la travesía dura un mes-, ya no será posible. Allí el buque debía recoger a los científicos que habrían llegado en vuelos a mediados de este mes para pasar una cuarentena de dos semanas antes de embarcar hacia la Antártida. La cuestión es que con este nuevo calendario, deberían pasar un mes encerrados en una habitación de hotel, esperando a un Hespérides que no está claro si llegará. Esta es la cuestión a la que se enfrenta el Comité Polar, pendiente de reestructurar todos sus planes.

Y es que no se trata únicamente de que se bajen los ya infectados, sino que todos ellos deben ser sustituidos por otros tripulantes que, a su vez, deben pasar PCR y hacer sus cuarentenas. Después de meses de preparación para el viaje, es de imaginar que la moral a bordo no debe ser muy buena.

Los que si irán al continente, aunque conviene no olvidar esa incertidumbre que rodea al COVID-19, son los tripulantes del otro buque español que participa en esta campaña, el Sarmiento de Gamboa, gestionado por el CSIC. El lunes pasado desde mitad del Atlántico, el científico Jordi Dachs, que dirige el proyecto Antom que se realiza durante la travesía hasta el sur de Chile, me aseguraba que están todos perfectamente. Y ya estaban a la altura de Brasil. Antes de salir, explicaba que los 17 científicos a bordo hicieron una estricta cuarentena de 14 días en un hotel de Vigo, mientras que la tripulación la hizo en la propia nave. Hasta ahora, no han sufrido “ni un resfriado”.

El Sarmiento de Gamboa, ayer, navegando por el Atlántico camino de Chile. @Jordi Dachs

Una vez en Punta Arenas, el equipo de Dachs regresará a España y el Sarmiento de Gamboa recogerá a los 28 científicos y técnicos que este lunes aterrizaron en esta ciudad del sur chileno. “Nos esperan 15 días confinados en la habitación del hotel”, decía desde su encierro Rafael Abella, geofísico del Instituto Geográfico Nacional. En este primer grupo están todos los encargados de la apertura de las dos bases científicas españolas (en Isla Livingston e Isla Decepción) y los investigadores con proyectos fundamentales para mantener series de datos recogidos en ambas instalaciones desde hace más de 30 años. Al parecer, incluso están divididos en dos plantas diferentes por lugar de destino.

Para el Comité Polar Español es una prioridad abrir tanto la base Juan Carlos I como la Gabriel de Castilla. Por un lado, porque “no es bueno que estén dos inviernos cerradas, dado se deterioran y puede que cuando fuéramos dos años después no funcionaran elementos básicos, como los generadores”, argumenta Quesada; por otro lado, sería nefasto perder la información de todo un año en series que son de las más antiguas recopiladas en todo el continente. Y no hay que olvidar que han sido meses con muchos seísmos en esa zona de la Península Antártica. La cuestión es que el buque Sarmiento de Gamboa tenía previsto regresar inmediatamente a España tras la llegada del Hespérides porque tiene una apretada agenda con otras expediciones oceanográficas. 

Aunque la decisión final sobre el viaje del BIO Hespérides sigue pendiente, desde el Comité barajan seriamente la opción de que no pueda ir. En este caso, posiblemente tendrían que anular los proyectos de los científicos que salían en el segundo grupo, que ya estaban muy recortados en una campaña que iba a ser corta (febrero y marzo) y con menos gente (160 investigadores y técnicos frente a los más de 200 de otras campañas) de 13 proyectos científicos diferentes. “Esto tendrá un gran impacto científico y económico. Sólo el sobrecoste de esta campaña por el COVID-19 ya era de unos 350.000 euros”, reconoce Quesada.

Jorge Cáceres, del proyecto sobre caracterización de aerosoles, señala que si no pudiera ir este año su compañero César Marina (con ambos coincidí la pasada campaña en Isla Decepción), parte de los datos se los podrían recoger militares de la base de Gabriel de Castilla, pero no en la Juan Carlos I. “Una opción sería que el buque Sarmiento de Gamboa pudiera quedarse más tiempo en la zona, haciendo más traslados de Chile a la Antártida, pero trastocaría también sus planes. Nuestro compañero está pendiente de las noticias. Y ya no era un viaje fácil. Tuvimos que contratar un seguro especial por si durante la cuarentena en Punta Arenas daba positivo para que pudiera regresar”, comenta Cáceres. 

En todo caso, el objetivo principal sigue siendo que el COVID-19 no regrese a la Antártida, un continente que había sido el único en evitarlo hasta días antes de la pasada Navidad. El primer brote ocurrió en la base antártica chilena Bernardo O’Higgins, donde dieron positivo 26 militares y 10 civiles, que fueron evacuados . También hubo contagios en otra instalación chilena de la fuerza aérea, la base Teniente Rodolfo Marsh Martin, en Isla Rey Jorge, que es donde se encuentra la pista que recibe los vuelos desde Punta Arenas y por tanto un lugar con mucho tráfico. Ambas habían sido visitadas por un buque militar de este país, el Sargento Aldea.

 

Proteger el Océano Antártico en 2020, una oportunidad perdida


-La falta de apoyo de Rusia y China frustra la declaración de tres áreas marinas protegidas pese al impuso de países como España, quedando aplazada para 2021.

-Numerosos reacciones en contra de organizaciones ambientalistas de todo el mundo y representantes de la ONU 

-No se ha logrado sancionar al buque ruso Palmer por pesca ilegal en el Mar de Ross por la oposición de Rusia.

Océano Antártico, desde el BIO Hespérides. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

No estaba fácil, pero la necesidad de impulsar la protección del Océano Antártico en un contexto de cambio climático, que parece acelerarse en algunas zonas del continente de hielo, daba alas de esperanza a quienes confiaban (científicos, activistas ambientales, algunos gobiernos..) en que se diera algún paso importante en la reunión de la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), celebrada de forma virtual este año. Pero no ha sido posible, pese al impulso de España, que presidía el encuentro.

Rusia y China siguen empeñados en poner trabas para que tres nuevas áreas de ese océano del sur del mundo (Mar de Weddell, oeste de la Península Antártica y zonas de la Antártida Oriental, en total cuatro millones de kms2) puedan tener un estatus de conservación que proteja a la fauna polar de acciones comerciales, cuando ya se detectan cambios importantes en los hábitats. Y sin unanimidad no hay posibilidad de avances. 

“Vamos a paso de hormiga”, reconocen fuentes cercanas a las negociaciones, que este 2020 partían con el hándicap de no ser presenciales debido a la COVID-19, pero con una presidencia española, con la ministra y vicepresidenta Teresa Ribera muy implicada, dispuesta a potenciar un mayor compromiso. Tras una semana de deliberaciones, ha quedado de nuevo aplazado para 2021. De hecho, la propuesta de sumar estas tres áreas al ya protegido Mar de Ross (desde 2017), ya se debatió en el pasado, también sin éxito. En 2018, se aplazó a esta reunión que acaba de terminar el 31 de octubre.

Desde luego, el COVID-19 no ha ayudado. A España ya le costó arduas negociaciones que el tema de las áreas marinas protegidas (MPA, en inglés) no cayera de la agenda de trabajo. Eso si, acabó en el apartado de “asuntos varios” o equivalente, lo que no auguraba grandes progresos, si bien la urgencia de dar pasos adelante, como se ha venido manifestando desde el mundo de la ciencia, y la mala imagen internacional de defender lo contrario en un lugar tan emblemático de la Tierra, podría haber jugado a favor de un cambio en los que vetan los avances.  

La intervención, el jueves día 30 de octubre, de la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores Cristina Gallach fue claramente a favor. “España felicita a los proponentes de las Áreas Marinas Protegidas para la Antártida Oriental, Mar de Weddell y Dominio 1 de la Península Antártica por su esfuerzo y constante trabajo para que dichas áreas sean adoptadas dentro de la red de la CCAMLR”. Y añadía que apostar por estas áreas “representa lo mejor de la diplomacia internacional, la ciencia y el esfuerzo de los países para conservar la biodiversidad y cooperar en mitigar los impactos del cambio climático”. 

Buque ruso Palmer acusado de pesca ilegal @ WEB de CCAMLR

¿Qué hay detrás para que Rusia y China no permitan avanzar en este asunto, en el que los otros 22 países miembros y la UE están de acuerdo? Por un lado, como señalaba en otro artículo, los intereses económicos en un negocio en auge: el krill, una especie muy vulnerable al cambio climático. De hecho, en estas reuniones de CCAMLR ha habido denuncias de pesca ilegal de un buque ruso que los representantes rusos se negaron a reconocer. En concreto, del barco F/V Palmer, que Nueva Zelanda aseguraba que estaba pescando ilegalmente en las aguas protegidas del Mar de Ross. Pero Rusia dijo que según sus datos no era cierto, así que no se incluyó entre los buques ilegales y podrá seguir con su actividad . “La CCAMLR está retrocediendo en la lucha contra la pesca ilegal al permitir que Palmer continúe pescando”, ha denunciado al respecto Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición del Océano Antártico y Austral.

También China anda detrás del krill, aunque fuentes polares españolas apuntan que, dado que esta especie no sólo existe en las áreas que se quieren proteger, quizás ambos países también están utilizando este asunto “como moneda de cambio para conseguir otros objetivos, en una estrategia que tendría mucho más que ver con la política que con lo que dice la ciencia”.

De hecho, los representantes de ambos países este 2020 volvieron a recurrir en las negociaciones al argumento de que “no hay información científica suficiente” que avale la necesidad de protección esas tres áreas. Ni siquiera en la región de la Península Antártica, el lugar del continente donde se concentran casi todas las bases científicas. Esta zona fue propuesta por Chile y Argentina y donde se ha incrementado más el calentamiento (casi 3ºC en 50 años) y donde este 2020 se han alcanzado temperaturas récords . “Al menos, sería deseable que se lograra proteger la Península”, comentaba días antes Ana Payo Payo, oceanógrafa española que participó en la expedición Homeward Bound en 2018. “Los chinos se escudan en que desde 2017 no hay un plan de gestión aprobado para el área ya protegida del Mar de Ross [la más grande de las dos existentes ahora], pero lo que eso pone en evidencia es que se tarda mucho en llegar a acuerdos y por eso hay que avanzar”, señalan fuentes gubernamentales españolas. Hay que recordar que la propuesta para proteger el Mar de Weddell partió de Alemania, allá por 2012 y la de la Antártida Oriental, de Australia y la UE, un año después. Es evidente el paso de hormiga… Respecto a la posición de España, en CCAMLR se ha posicionado en la defensa de las tres y se también se han ofrecido datos de las investigaciones realizadas por científicos españoles, especialmente en la zona de la Península. 

Finalmente, en sus conclusiones, la CCAMLR ha vuelto a aplazar el asunto y, además. se han aprobado las mismas cuotas pesqueras antárticas que ya estaban vigentes. En el caso de España, se mantiene la autorización para realizar actividades de pesquería con fines científicos, del Instituto Español de Oceanografía. 

Las reacciones de diferentes organizaciones de conservación ambiental  a nivel global no se han hecho esperar: 

PEW CHARITABLE: “En general, el fracaso del liderazgo global para proteger este ecosistema crítico es profundamente preocupante. En el 200 aniversario del descubrimiento de la Antártida y en vísperas del 60 aniversario de la entrada en vigor del Tratado Antártico, un acuerdo alcanzado en el apogeo de la Guerra Fría para proteger todo un continente, estableciendo nuevas áreas marinas protegidas en el Océano Austral debería haber sido una decisión fácil”, ha señalado Andrea Kavanagh, directora de Antártida y Océano Austral,que  trabaja con la ONG norteamericana Pew Charitable Trusts.

WWF: “El cambio climático y la crisis de la biodiversidad no van a desaparecer. La pesca ilegal debe ser erradicada. Tenemos las soluciones y los compromisos para proteger el Océano Austral y su icónica vida silvestre. En 2021, instamos a todos los gobiernos a demostrar colaboración y liderazgo en beneficio de las personas y la naturaleza”, ha declarado su responsable de océanos Chris Johnson.

GREENPEACE: “¿Cuántas veces más estos gobiernos presionarán el botón de posponer y pospondrán la decisión de proteger el océano Antártico? El fracaso constante en asumir la responsabilidad de esta frágil naturaleza salvaje, mientras que al mismo tiempo continúa permitiendo que los intereses comerciales la exploten más, está poniendo el destino de la humanidad está en peligro. Nuestro planeta está dando vueltas, los países deben tomar medidas urgentes si quieren abordar seriamente las emergencias climáticas y naturales. A pesar de los mejores esfuerzos de muchos delegados nacionales en la lucha por la protección de la Antártida, está claro que el próximo año necesitamos políticos de alto nivel y jefes de estado para hacer de la protección de los océanos una prioridad. Simplemente no podemos permitirnos ver la misma falta de progreso en 2021”, comentó al término del CCAMLR Will McCallum, director de océanos de Greenpeace Reino Unido.

PETER THOMSON (ONU): El enviado especial del Secretario General de la ONU para los Océanos ha enviado un mensaje en el que se declara decepcionado: “Me uno a los que expresaron su gran decepción porque las tres AMP antárticas propuestas no fueran aprobadas en la reunión. Esto no ha servido bien al ODS 14.5. Ahora debemos poner nuestra esperanza y determinación en una decisión positiva en 2021. No nos rendimos”.

VARDA GROUP (consultor ambiental internacional): Remi Parmentier, director de esta consultora y en su día fundador de organizaciones ambientales internacionales, ha criticado en su Twitter que “este año que no había vuelos para correr a casa tras la reunión, los miembros podían haberse tomado en serio su mandato de proteger el Océano Austral y haber continuado el encuentro virtual el tiempo que fuera necesario para alcanzar un consenso”.

PHILIPPE COUSTEAU Y ASHLAN COUSTEAU (periodistas y exploradores): “Estamos sumamente decepcionados por la oportunidad perdida de la CCAMLR de lograr el acto de conservación más grande de la historia mediante el establecimiento de las tres áreas vitales en la Antártida. Las devastadoras consecuencias del cambio climático ya están afectando a innumerables millones y la Antártida está en primera línea, cualquier demora en protegerla es inconcebible. Sin embargo, continuaremos luchando incansablemente por la protección del sistema de soporte vital de nuestro planeta, nuestro océano”.

También el oceanógrafo Carlos Duarte ha compartido en un mensaje por las redes sociales su decepción: “Poco liderazgo y miopía espantosa. La pregunta es ¿cómo se utilizará entonces el Océano Austral?”.

Si que hay que destacar como positivo que, frente al veto de dos, el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Convención para proteger el océano Antártico se afianza.  Australia y Uruguay se inscribieron para copatrocinar la área protegida del Mar de Weddell, mientras que Noruega y Uruguay se han sumado a los que proponen la Antártida Oriental. También la mayoría  (incluso Corea y Brasil) acordaron suscribir una declaración que respalda la importancia de la designación de AMP, presentada por la UE . “Agradecemos a los países que han impulsado estos esfuerzos y hacemos un llamamiento a su diplomacia de alto nivel para asegurar designaciones en 2021. Confiamos en que la CCAMLR logre este importante hito para la conservación el próximo año”, señala Kavanagh, de PEW.

También lo esperaba así la representante española, Cristina Gallach, que en su discurso final señaló: “2021 será un año especial en el que conmemoramos los 40 años de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, y los 30 años del Protocolo de Madrid sobre Protección del Medio Ambiente Antártico. España desea contribuir con acción movilizadora a generar un creciente entendimiento que permita dar pasos decisivos en la protección de la Antártida”. 

A ver si para entonces es posible dejar de ser hormigas para ser gacelas…

El cambio climático no va a esperar.

ANEXO:

Dominio1: Western Peninsula – South Scotia Arc
Domonio 2: North Scotia Arc
Dominio 3: Weddell Sea
Dominio 4: Bouvet Maud
Dominio 5: Crozet – del Cano
Dominio 6: Kerguelen Plateau
Domimio 7: Eastern Antarctica
Dominio 8: Ross Sea
Dominio 9: Amundsen – Bellingshausen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Música de del Cosmos para un desconfinamiento terrestre


ROSA M. TRISTÁN

¿A qué suenan las estrellas? Eso se preguntó un día el astrofísico armenio Garik Israelian, del Instituto de Astrofísica de Canarias, y como no hallaba respuesta decidió ‘traducir’ las ondas que nos envían y con ello creó una ‘blibioteca de sonidos’ única. El músico británico Brian Eno, un visionario  que inició su carrera con Roxy Music y que ha conseguido a lo largo de su carrera seis Grammys, un día de 2016, escuchó esos mensajes estelares y el resultado acaba de salir ahora, precisamente durante el confinamiento, como obra para el Starmus Festival, esa convocatoria nómada que lleva a la ciencia y la cultura por el mundo desde que se creó en Canarias, en 2011.

La historia tiene su anecdotario. Fue precisamente un 8 de enero de 2016, durante la fiesta de cumpleaños de Stephen Hawking, cuando Israelian mostró a Eno su tesoro musical. De hecho, en el primer Starmus, el grupo Tangerine Dreams había utilizado alguno de los registros de las estrellas en el concierto de cierre en Tenerife, algo que pude disfrutar en directo, pero se quedó en algo anecdótico que no tuvo más recorrido. Hasta que llegó Eno -por cierto, la música de inicio de Windows es suya- y decidió meterse de lleno en aquella extraña biblioteca.

Hace unos días, mientras españoles y británicos estábamos confinados, Garik recibió una llamada: “Soy Brian Eno. Ahora que todo son noticias tristes, he pensado que es buen momento de sacar algo que no sea del coronavirus, que sea distinto y he hecho una composición con tus grabaciones”. Me lo cuenta Garik, que está entusiasmado con el resultado y que me explica, además, que Eno ha utilizado el sonido de cuatro estrellas que están muy lejos, a muchos años luz, pero que aquí nos traslada al auténtico más allá de nuestro pequeño mundo terrestre.

Una ‘supertierra’ junto a su estrella enana roja. @Weiss/ Cfa

El proyecto se ha llamado “Stardsounds” y en esta orquesta cósmica, además de Israelian y Eno, han participado Paul Franklin, Oliver James y DNEG.

Mientras lo escucho, leo que acaban de ser descubiertos dos planetas ‘supertierras’ en torno a una estrella enana roja que también nos envía música como ésta desde un lugar en el Universo a 10,7 años luz. Se llama GJ887 (un nombre muy poco atractivo) y por lo visto es 2.100ºC más fría que nuestro Sol. Los planetas que giran en torno a  ella, GJ887b y GJ887c, tienen una masa mínima de unas cuatro y siete veces la de la Tierra. Según el investigador Eloy Rodríguez, del CSIC, que ha participado en el hallazgo, uno podría tener agua líquida en su superficie y si hay agua quizás exista algún tipo de vida… De momento, imposible confirmarlo. Pero lo que si tiene es música.

Quién sabe en cuantos lugares del Cosmos esos sonidos que Brian Eno ha modulado en su obra podrían ser escuchados, o quizás se pierdan en el infinito. Gracias al artista y al astrónomo hoy podemos disfrutarlo y sentir que el desconfinamiento nos lleva más allá de lo que habíamos imaginado.

 

Regreso desde Uruguay de los miembros de la Campaña Antártica


ULTIMAS NOTICIAS!!

Los 37 científicos, técnicos y militares que cerraron la XXXIII Campaña Antártica española 2019-2020 llegan mañana domingo, en un vuelo de Iberia desde Montevideo (Uruguay) a Madrid, tras las gestiones realizadas por los Ministerios de Ciencia y Asuntos Exteriores. Después de cerrar, el pasado 15 de marzo, las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castilla en la Antártida, que se abrieron a finales de diciembre, los últimos miembros de la campaña vieron sus vuelos cancelados desde Argentina (ver noticia más abajo). Si bien se intentó su regreso desde Brasil no fue posible, y finalmente lo harán en un vuelo que llega el domingo 29 de marzo, a las 7.00 horas, al aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas.

El buque oceanográfico Hespérides, que ha suspendido los otros proyectos científicos que iban a desarrollarse en su viaje de vuelta, llegará con sus 55 tripulantes a Cartagena hacia el 22 de abril, con todas las muestras científicas recogidas durante los tres meses de campaña en sus bodegas.

Todos los que han desembarcados en Montevideo lo han hecho siguiendo todos los protocolos de seguridad, con mascarillas y guantes. Llegan del único continente de la Tierra que se encuentra aún libre del coronavirus. Y con severas medidas de seguridad para que no llegue, como ya os conté (también más abajo)

El Hespérides, junto a un crucero turístico en Punta Arenas (Chile) @Rosa M. Tristán

El Ministerio de Ciencia y el Comité Polar organizan la vuelta desde Brasil después de que Chile, Argentina y Uruguay bloquearan los viajes en avión a España

ROSA M. TRISTÁN

La crisis del coronavirus ha llegado hasta la Antártida, donde ha sorprendido a un grupo de 92 militares, investigadores y técnicos españoles que se encontraban en el proceso de cierre de las dos bases que España tiene en este continente, la Juan Carlos I (Isla Livingston) y la Gabriel de Castilla (Isla Decepción). En total, 37 personas de estas bases no podrán regresar en vuelos desde Argentina, como tenían previsto, tras el cierre de los vuelos desde este país, si bien se trabaja desde el Comité Polar para conseguir que viajen en los próximos días desde Sao Paulo (Brasil), adonde llegarían en el buque oceanográfico Hespérides. A ellos se suman las 55 personas de la tripulación del buque, todos de la Armada. Si no fuera posible encontrar vuelos, regresarían navegando desde América tras varias semanas de travesía.

La situación para la XXXIII Campaña Antártica Española comenzó a complicarse la pasada semana, justo después de la salida del continente del sur de casi todos los científicos, llegaron con el BIO Hespérides hasta Punta Arenas (Chile) el pasado 6 de marzo. Desde el miércoles día 11, algunos ya tuvieron problemas con sus vuelos de Iberia desde este país hasta España, si bien a lo largo de la semana casi todos fueron saliendo por diferentes rutas. Este miércoles, regresaban a España desde este municipio magallánico los más rezagados.

Ese mismo día 11, el Hespérides iniciaba el regreso a la Antártida para recoger a los 37 técnicos, científicos y militares que estaban preparando el cierre de ambas bases, que se abren sólo en el verano austral. Se sumaron a los 55 que conforman la tripulación de la Armada. Finalmente, la operación de cierre y retorno se adelantó y el lunes 15 el buque ya estaba cruzando el Mar de Hoces o paso del Drake con todos los españoles a bordo. “Tenemos olas de 10 metros, pero no podíamos esperar a que pasara la tormenta porque cada día disminuyen las posibilidades de poder llegar por avión a España después de tres meses de campaña”, señalaban desde el buque algunos de los embarcados.

El Hespérides, en Ushuaia, en ruta a Brasil, extrema la seguridad de la carga de mercancías para evitar que les ‘aborde’ el coronavirus. @ROSA M. TRISTÁN

En la madrugada de este miércoles, día 18, ya estaban en Ushuaia, pero para entonces Argentina ya había anulado todos los vuelos a España. Allí se encuentran cuando se escribe esta crónica, recargando combustible y víveres, si bien estos los últimos están siendo más difíciles de conseguir debido a la escasez generada por la pandemia también en esta localidad del fin del mundo, a la que llegan y de la que parten numerosos cruceros turísticos.

Desde días antes, el Comité Polar y la comisión de coordinación ya han estado trabajando intensamente en la búsqueda de opciones de vuelos para los 37 que no son miembros de la tripulación, pero no es tarea fácil. “Nuestra intención es que lleguen a Puerto Santos, cerca de Sao Paulo, y que todos juntos puedan volar desde la metrópoli brasileña el 30 de marzo, pero no sabemos qué puede pasar hasta entonces, así que no descartamos la opción de que tengan que regresar en el Hespérides” , señala el secretario técnico del Comité, Antonio Quesada. En este último caso, tendrían que volver a parar en el puerto brasileño de Salvador de Bahía antes de cruzar el Atlántico para no tener problemas de combustible.

Mientras, a bordo, se vive con resignación esta circunstancia. “Al menos tenemos esta opción, cuando hay miles de ciudadanos españoles que no pueden regresar de muchos lugares porque no hay opción posible y aquí todos estamos bien de salud”, apuntan desde el buque, que en estos momentos cuenta con tres médicos y un enfermero a bordo.

Para evitar que el COVID-19 pueda ‘colarse’ en el Hespérides se han extremado las medidas de esterilización de todas las mercancías que se embarcan, siguiendo las recomendaciones y protocolos dictados por el Consejo de Gestores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por sus siglas en inglés). Además, se está adecuando el barco para que se puedan realizar ejercicios físicos ante la probabilidad de que tantas personas tengan que pasar un mes más confinadas en un espacio de 82,5 metros de eslora por 14,3 de manga.

En general, la situación en torno a la Antártida es preocupante, dado que la pandemia y el consecuente cierre de vuelos y fronteras ha pillado a muchos programas en activo y con dificultades logísticas por falta de buques para sacar a su personal. Respecto a las bases antárticas, a COMNAP preocupa mucho la situación de aquellas que se mantienen abiertas en el invierno antártico.

Ahora ya exige a todos los que tengan pensado ir a la Antártida que pasen 14 días de cuarentena en el puerto de entrada al continente antes de poder viajar hasta allí. Pero el problema es cómo van a llegar, sobre todo a las bases que hay en el interior del continente, algunas de Italia y de Francia, si no hay vuelos. “Lo más probable es que no se pueda hacer el recambio y que los que han ido para el verano se tengan que quedar el invierno. Además, les han pedido que cada base sea independiente, que no contacten físicamente aunque estén cerca. En estos momentos me alegra mucho que España no abra sus bases en el invierno austral”, reconoce el responsable técnico del Comité.

En un documento, el COMNAP reconoce que hay que evitar a toda costa que el virus llegue a un continente en el que la respuesta médica sería muy complicada y en el que se dan las condiciones de frío y clima seco que favorece al coronavirus. Asimismo, da una serie de recomendaciones por si se detecta algún caso sospechoso de contagio entre las personas que ya se encuentran allí.

A ello se suma los problemas de los cruceros turísticos. IAATO, la organización que aglutina al turismo antártico, ha reconocido que hay miles de personas atrapadas en los buques de muchos países, que aún no saben cómo podrán regresar a sus casas. A las bases se les ha recomendado que no acepten turistas para evitar riesgos.

Durante esta XXXIII Campaña Antártica, España ha desarrollado 13 proyectos científicos en ambas bases, a los que se suman otros cuatro de otros países que se han llevado a cabo en las instalaciones españolas. En total, un centenar de científicos han pasado por la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla desde finales de diciembre, tres meses de intensa actividad científica.

En el regreso, el BIO Hespérides tenía previsto realizar el proyecto científico SAGA 1 de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, para recabar medidas entre los 23º y los 27º Sur sobre la contribución del Océano Índico al Atlántico, para lo cual una veintena de investigadores iban a embarcar en Río de Janeiro. Este proyecto ha sido suspendido.

 

 

Antártida día1: Desembarco en una noche polar


ROSA M. TRISTÁN

De cuando en cuando se escucha una especie de ruido que recuerda a un disparo, fuerte, profundo, desgarrador. Tardo un rato en percatarme de que no, que aquí no hay caza, que se trata de los glaciares gigantescos que me rodean al otro lado de la bahía en la que me encuentro. Es estremecedor y atrayente al mismo tiempo. Toneladas de hielo caen al mar en un instante y se diluyen en mil pedazos que se ven flotando sobre las aguas. No veo como caen, pero el rugido se siente en las entrañas. Como un volcán. A los pingüinos que tengo cerca, apenas unos seis y siete, no les afecta. Les veo ahí, inmutables, en la pedregosa y gris playa de Isla Livingston en la que desde hace 33 años España tiene una base científica llamada Juan Carlos I. (SIGUE)

(1) Punta Arenas: al borde de un canal de pura vida


Apenas 20 horas en Punta Arenas (Chile, muy al sur) y ya estoy inmersa en la cultura del país. Y eso que llegar ha costado lo suyo. Un total de 26 horas, con tres vuelo (en medio, uno perdido) y cuatro aeropuertos. El primero, de Madrid a Lima, salió a medianoche del domingo. Fue largo y acompañado de unas turbulencias que, a cada rato, convertían el avión en una batidora. No eran fuertes, pero si suficientes para despertar al pasaje, entre otros a una inocente bebé que no paraba de llorar. Tras el paso por Perú, que duró un suspiro, aterricé en Santiago de Chile, con apenas 75 minutos para enlazar con el vuelo a Punta Arenas… (SIGUE LEYENDO)

Michel Mayor, el sabio que nos abrió la ventana a otros mundos


Festival Starmus 2017 @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Hay seres humanos que se nos quedan prendidos dentro, personas que irradian sabiduría y sencillez a partes iguales y que con las que merece la pena mantener el fino hilo que un día surgió y que, si bien no crece si que permanece ahí, a la espera de nuevos encuentros. En mi caso, uno de esos hilos me une al nuevo Nobel de Física, Michel Mayor, el científico suizo que hace ya casi 25 años nos descubrió, junto con su alumno Didier Queloz, que más allá de nuestro Sistema Solar había mundos, miles, millones de mundos quizás, a la espera de ser descubiertos. Michel y Didier, un día de 1995 encontraron que cierto movimiento en la velocidad radial de la lejana estrella 51 Pegasi (también llamada Helvetios) era, sin duda, un pequeño planeta, un exoplaneta porque está fuera de nuestro Sistema Solar. Nuestro mundo, con este hallazgo, dejó de ser tan especial. Si a 50 años luz de la Tierra, en la constelación de Pegaso, había un planeta orbitando otra estrella ¿por qué iba a ser el único?

Con Michel Mayor y el astronauta Claude Nicollier en Starmus 2017 @RosaTristán

 

Hoy ya se han localizado 4.031 confirmados y otros 2.420 potenciales y es un número que no deja de aumentar, pero la brecha que abrieron Michel y Didier con el abrasador planeta Dimidio (antes se conocía como 51 Pegasus B) fue clave  y por ello cuando hace 10 años le entrevisté por primera vez el tiempo se me hizo infinitamente corto para tanto como podía aprender con ese hombre tímido y discreto, de los que parece que no tienen más vida que mirar por un telescopio (en realidad las pantallas del telescopio) hacia el mucho más allá de nuestra mirada. Y de repente descubres que no, que esa persona es, además, un sabio, un filósofo de la vida.

En 2011, nos volvimos a encontrar en el Starmus Festival de Tenerife, adonde acudió con su mujer Francoise y en los años siguientes repetimos citas en las nuevas ediciones de ese festival de ciencia, divulgación y música, organizado por su amigo y colega Garik Israelian, al que nunca ha querido faltar. Con ellos, recuerdo una fría y mágica noche mirando las estrellas por un telescopio de aficionados en las cercanías del Teide. “No entiendo como no le han dado ya el Nobel”, le dije entonces. Y Michel Mayor se reía mientras me explicaba que, en realidad, poco sabía de constelaciones, que lo suyo era de buscar lo que no somos capaces de ver, de hacer visible lo invisible.

Y tenía que llegar… porque antes del Nobel ya tenía la Medalla Albert Einstein (2004), era Caballero de la Legión de Honor francesa (2004), el Premio Shaw de Astronomía (2005), la Medalla de Oro de la Real Sociedad Astronómica del Reino Unido (2015) y el Premio Wolf de Física (2017), considerado el más prestigioso del área tras el Premio Nobel. Junto con Isaelian, con el que ha publicado más de 40 artículos científicos, también recibió el prestigioso Premio Viktor Ambartsumian, en Rusia. Hoy, por fin, el ansiado premio de la Academia sueca.

La última vez que nos encontramos fue en el Starmus de 2017 en Trondheim. Llegamos a la vez al aeropuerto, aunque la pareja venía de recoger el mencionado Premio Wolf de la calurosa Israel. Les perdieron las maletas y el clima en Noruega no era para andar desabrigados. De aquellos días en Starmus tengo infinidad de recuerdos; desde luego las conferencias de otros Nobel sobre temas apasionantes, las meteduras de pata machistas de algunos, el compartir canapés y cerveza con el mediático periodista Larry King y el no menos mediático Oliver Stone, la recepción con los príncipes noruegos, el concierto de Steve Vai, para el que nos dieron tapones para los oídos…

Con Francoise y Michel Mayor, en Tenerife.

Pero de todo ahora me vienen a la mente las tertulias improvisadas en torno a un café con Michel Mayor, con Francoise, que habla un excelente español, por cierto, y con su amigo de aventuras, el astronauta suizo Claude Nicollier, el primer europeo en viajar al espacio.

Ahí descubrí a un ser humano pegado a la Tierra, a un viajero cuya curiosidad es tan infinita en nuestro planeta como en el Universo, eso sí, siempre con el empuje, a su lado, de una mujer tan fuerte como discreta e imprescindible. Y donde menos lo esperaba encontramos un hilo que nos unía y que pasaba por África subsahariana, que habían recorrido, para viajar desde allí a las estrellas. Tampoco olvido el cariñoso mensaje que Michel me envió cuando se enteró, hace ya más de siete años, de que había dejado de trabajar en El Mundo (en este caso, bien terrenal) a través del cual nos habíamos conocido.

Por eso, cuando hoy supe que este sabio y el que fuera su doctorando, Didier Queloz, son los nuevos Nobel de Física 2019, junto con el norteamericano, James Peebles, he sentido muy cerca la alegría: llega el reconocimiento global que hace tiempo pienso que lo merecía. Así que, desde este Laboratorio para Sapiens, gracias Michel por habernos ‘empequeñecido’ en el Universo. Para los seres humano nos debiera sacudir de soberbia saber que, muy muy probablemente, no somos tan especiales…

Otros muchos mundos están ahí fuera y esa ventana la abristeis Didier y tú a la Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

África en el Neolítico: el ‘reino’ de pastores que no bebían leche


ROSA M. TRISTÁN

“Sabemos más de los humanos africanos de hace dos o un millón de años que de los que hace unos milenios”. La frase me la dice la arqueóloga Mary Prendergast, de la Universidad de Sant Louis (en Madrid), una de las mayores expertas en el Neolítico africano. Es un ‘agujero’ antropológico que, ahora, trata de llenar gracias a un estudio genético que lidera y que publica hoy la revista ‘Science’. Junto a un nutrido grupo de especialistas, nos descubre un retrato de hace 5.000 años de África oriental en el que los pastores iban viajando desde el norte hacia el sur por la reseca sabana con sus vacas, cabras y ovejas. Y no se sabe bien cómo las aprovechaban, porque aún tenían intolerancia a la lactosa. Es fácil imaginarles nomadeando de un lado a otro, no de forma muy distinta a como hoy siguen haciendo ahora los fulani (o peul), los turkanas o los masais que habitan al sur del Sáhara y por el Este del continente. Pero ¿son los mismos que en el pasado? Es precisamente la genética, nueva gran herramienta para los arqueólogos, quien ahora nos da nuevas pistas…

Pastor de origen nilótico, masai, en pastos en Kenia. @Rosa M. Tristán

Gracias al ADN antiguo de 41 individuos del Neolítico (unos 5.500 años) de Kenia y Tanzania han descubierto que los pastores que comenzaron a llegar desde el norte sudanés se mezclaban con los cazadores/recolectores que habitaban el Valle del Rift hasta formar un grupo genético homogéneo, en un proceso que duró unos mil aós. Más tarde, ya en la Edad de Hierro, hace unos 1.200 años, llegaría una nueva oleada de migrantes ganaderos, que también se fundieron con las poblaciones ya asentadas. Son los pueblos nilóticos (masai, samburu, luos, datooga, dinka…) que hoy habitan buena parte del Rift y que siguen siendo, sobre todo lo demás, pastores.

El estudio también detecta ya en aquellos nómadas la huella genética de los bantúes que llegaban del oeste, aunque aún en poca proporción: en el yacimiento de Deloraine Farm  hallaron ADN de un niño con ascendencia occidental, confirmando así la propagación (más tardía) de la agricultura y de las lenguas bantúes.

Sin embargo, pese a esta fusión biológica, aquellos primeros ganaderos se organizaron en grupos que se aislaron totalmente, quizás con fuertes barreras sociales que los hiciron imnunes a intercambios culturales. Sus cerámicas, los materiales que usaban en sus herramientas de piedra, sus asentamientos e incluso sus prácticas de entierro eran diferentes, dando lugar a la  espectacular riqueza cultural en esta inmensa África oriental que aún permanece, aunque cada vez más en lucha contra la uniformidad global y con visos de acabar siendo una ‘curiosidad turística’ que retratar. 

Gishimangeda cueva en Lago Eyasi de Tanzania donde se han encontrado secuencias de ADN. @Mary Prendergast

Desde Dar es Salam, vía telefónica, Prendergast, me explica con detalle cómo surgió la idea de hacer un trabajo tan complejo en el contexto africano. “Para empezar, aquí todo lo que no es Pleistoceno, no interesa demasiado. Pero en 2016, estando un laboratorio de ADN antiguo en Harvard, comprendí que había muchas preguntas pendientes en la arqueología que podíamos descubrir con el ADN, así que contacté con la antropóloga Elizabeth Sawchuk (co-autora), que es una gran especialista. Sabía que en Kenia teníamos más de 100 restos de individuos neolíticos, fósiles que procedían de excavaciones de los Leakey y de grupos de investigadores japoneses de los años 60 que llevaban más de medio siglo sin estudiar, conservados de cualquier manera… Lo sorprendente fue que encontramos ADN antiguo de 41 individuos en perfectas condiciones”, señala la investigadora. Y apostilla: “Tuvimos que llevarnos las muestras a Boston porque, por desgracia, en todo ´África no hay ni un laboratorio para ADN antiguo. Es tremenda la situación de la ciencia los países pobres”.  

Pueblo hadzabe de cazadores-recolectores, en Lago Eyasi, Tanzania. @Rosa M. Tristán

Me sorprende al contarme que de aquellos restos, 15 se localizaron en el Lago Eyasi de Tanzania, uno de los lugares más espectaculares que he visitado, en cuyos alrededores pude conocer a los cazadores/recolectores hadzabe y ver cómo conviven hoy con pastores datooga. “El ADN nos mostró la relación de estos pastores, enterrados bajo sus casas, con otros de Kenia, aunque hace unos 4.000 años todavía tenían más de cazadores/recolectores que los de más al norte. Es muy interesante detectar, por vez primera con datos fiables, este viaje del pasado”, reconoce.

Sobre el misterio de que fueran pastores y a la vez intolerantes a la leche, que les causaba graves problemas digestivos, aún no hay respuesta. De hecho, de los 41 sólo un individuo de hace unos 2.000 años tenía la mutación que permitía tomarla sin consecuencias. “¿Que si la fermentaban?. Es algo que no sabemos, pero pudiera ser”, comenta la arqueóloga. Tampoco cree que cuidaran de los animales únicamente por el consumo de carne, algo que hoy sigue siendo algo excepcional en los pueblos pastores africanos. Los surma de Etiopía o los masai de Kenia, por ejemplo, aún mezclan la leche con sangre como bebida energética ¿una fórmula para evitar un daño?

Respecto a la diversidad cultural que surgió entre los neolíticos africanos, en un territorio en el que no había fronteras geográficas como si las hay en Europa, Perdrengast explica que “de momento hay datos muy dispersos en cientos de kilómetros para sacar conclusiones”, y remite a futuros trabajos que, si la financiación continúa, deberán realizarse.

Otro asunto interesante es que, si bien los pastores viajaron  de norte a sur, la arqueóloga comenta que “no hay certeza de que entraran por Oriente Próximo con el ganado, no se sabe si hubo intercambio o  un centro independiente de domesticación de animales africano. De hecho, el pastoreo es algo totalmente asentado las raíces culturales de estas regiones, aunque ahora es una actividad amenazada por el cambio climático:  se están quedando sin tierras de pastos.

La investigación también confirma que la ganadería se expandió con más rapidez que la agricultura por este continente, sobre todo en una región donde el clima no lo ponía fácil: salvo en las zona alta de Etiopía o Kenia, cuando no hay lluvias y hay que buscar agua, es más fácil moverse con animales en busca de fuentes y manantiales, explica la arqueóloga. También ese movimiento favorecen las redes sociales, así que los cultivadores no se extenderían hasta hace unos 2.000 años, y se sabe que domesticaron sus propias plantas endémicas, como son el sorgo, el mijo, el cereal teff etíope o el ñame.

El trabajo menciona también al arqueólogo tanzano Audax Mabulla, actual director general de los Museos Nacionales de Tanzania, coautor del estudio, y uno de mis guías en mi último e inolvidable viaje a la Garganta de Olduvai. Mabulla es consciente de que “los resultados de este estudio tendrán un impacto a largo plazo porque los hallazgos importantes tienden a dibujar nuevos generaciones de investigadores regresan a colecciones antiguas de museos”. 

Si esas nuevas generaciones, ademas, lo son cada vez más de científicos africanos, será una buena señal para este continente que, sin duda, dio lugar al género ‘Homo’ y que tiene mil historias por descubrir.

 

La ‘guerra invisible’ contra 370 millones de personas: los indígenas


Entrevista con el indigenista brasileño Sydney Possuelo, que denuncia el desmantelamiento de la protección de los indígenas que sobrevivieron 500 años aislados en unos meses

ROSA M. TRISTÁN

La ‘guerra invisible’ no es noticia aunque causa miles de muertes directas, e indirectas. La ‘guerra invisible’ nunca es portada aunque en uno de sus bandos hay más de 370 millones de personas. Y ‘la guerra invisible’ la perdemos todos, más de 8.000 millones, porque somos nuestro peor enemigo. Esa ‘guerra invisible’ nos llega, si acaso, como un goteo de muertes que cae por el grifo abierto de la indiferencia globalizada. También, muy de cuando en cuando, como un susurro inaudible cuyas voces se pierden en el ‘ruido’ de sociedades inmersas en su abrumador ego. Rara vez, como el grito de desesperación de quien ya no puede más. La ‘guerra invisible’ es por la Tierra, y sus guardianes desaparecen a ojos vista en batallas que no se ven porque habitan un mundo paralelo: el de la conservación ambiental porque si. Cada asesinato de líderes y lideresas indígenas en Colombia, cada apresamiento en Guatemala, cada agresión, cada expolio, cada gran empresa con grandes proyectos que llega a sus tierras, son heridas de una batalla contra el futuro de los que ya, desde su juventud, nos gritan ‘basta’.

Hace ya muchos años que conocí a Sydney Possuelo. Es un indigenista brasileño de referencia en el mundo. Gracias a él han sobrevivido hasta nuestros días un grupo de esos indígenas que apenas suman unos miles: los pocos indígenas aislados que existen (porque así lo quieren) al margen del mundo que hemos creado. Con casi 80 años, Possuelo sigue transmitiendo la misma energía que hace décadas le llevó a la selva amazónica. Ahora lo hace desde los bosques tropicales del río Yavarí, donde ejerce aún de altavoz de esos grupos y comunidades indígenas, aislados o no, cuyas voces no se escuchan más allá de la tierra que pisan y que, día a día, desaparece bajo sus pies por ‘un agujero negro’, que no es otro que la avaricia del mundo.

Hoy, Sydney Possuelo es director del Instituto Brasileño Indigenista, pero si miran su historial figura que fue quien creó hace más de 30 años, el departamento de Indios Isolados (aislados) en la Fundación Nacional del Indio (FUNAI). Hasta la selva, en la que pasó décadas, se fue siguiendo los pasos de los hermanos Vilas Boas, los sertanistas que crearon la reserva del Parque Nacional Xingú en 1960, a quienes acompañó en infinidad de expediciones. No sin esfuerzo, Possuelo consiguió que el Gobierno brasileño comenzara a demarcar territorios para que nadie pudiera entrar en una Amazonía que les pertenece y que, por más que algunos se empeñen, no quieren abandonar. Hoy, cuando alguno es detectado, con sus flechas y sus pinturas de guerra o de paz, siguen siendo noticia mundial, como si fueran una anacronía de un espacio/tiempo que, sin embargo, también les pertenece. Ahora, este indigenista incansable presencia, entre la perplejidad y la indignación, como a su alrededor se desmorona todo lo que se preservó durante décadas con un gobierno, el de Jair Bolsonaro. Donde él ve futuro, cultura y vida, el presidente y su equipo sólo vislumbran ‘salvajes’ a evangelizar y tierras por cultivar.

Tras estar desconectados varios años, recientemente nos reencontramos para mantener una entrevista, vía Skype, que ha puesto en conexión mi mundo y el suyo.

Sydney, veo que es imposible jubilarse de la defensa del mundo indígena.

Si, lo es. Yo en teoría estoy jubilado de la FUNAI pero sigo trabajando en el Instituto Brasileño Indigenista (IBI) que creé tras dejar la Fundación. Ahora tengo proyectos en el Valle de Yavarí, entre Perú y Colombia, centrados en la defensa de la tierra y empoderamiento de los pueblos, porque hay quye reforzarles para que puedan decidir sobre su vida frente a las amenazas externas.

Apenas cinco meses después de la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, ¿en qué se nota ya el deterioro de la situación para ellos en Brasil?

Para empezar han destrozado la Fundación Nacional del Indio. La han puesto al servicio del agronegocio y de los protestantes. Nunca ví algo tan peligroso para los pueblos indígenas y el medio ambiente global, pues ambas cosas son lo mismo. Debo decir que históricamente los militares fueron favorables a los indígenas. El primer servicio de protección indígenas en Brasil lo organizó el mariscal Rondó en 1910. Por desgracia, a su muerte el servicio se deterioró y llegó a convertirse en algo terrible, corrompido. En 1967, los militares lo extinguieron y crearon la FUNAI. Fue el periodo más prolífico y lo comandaban generales, por increíble que parezca. Teníamos recursos, dinero y autoridad. Pero ya no es así. Muchos militares que apoyan ahora a Bolsonaro son contrarios a los indígenas. No comprendo por qué una tradición de protección que demostró al mundo el interés del Gobierno de Brasil con todos sus pueblos, de repente cambió del blanco al negro.

¿A qué atribuye este cambio?

Es verdad que siempre hubo militares, principalmente de la Escuela Superior de Guerra, que tenían una visión negativa de la tierra indígena y de su participación en nuestra sociedad, así que creo que los de hoy vienen de esta línea militar. Pero yo trabajé más de 40 años en la Amazonía y hubo oficiales me ayudaron en mis expediciones, en proteger la tierra… El cambio es desconcertante. Y los indígenas también están perplejos. En su día, la FUNAI demarcó mucha tierra indígena. Y ahora esa Fundación está dividida en trozos que dirigen ideologías, que no personas, contrarias a sus intereses. Es impresentable que la cuestión de las tierras indígenas sea competencia del Ministerio de Agricultura, que es el enemigo, el agronegocio. Y la cuestión de los indios aislados, que requieren de especial protección, está en manos de los protestantes.. Quieren desmontar todo un complejo de protección que existía.

¿Cómo la Amazonía ha ido a parar a parar a los protestantes?

Porque con el Gobierno de Bolsonaro, los aislados han pasado a depender del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que dirige Damares Alves, una pastora protestante, que da sermones cada domingo y que dice claramente que no hay que tener indios aislados, que les llegó el momento de la Iglesia, de evangelizarlos. Es muy triste ver que quieren destruir todo lo que se conservó durante 500 años y  lo que se construyó hasta convertir a Brasil en un faro de la defensa del mundo  indígena. Ahora no somos nada. Acabamos con ellos y, de paso, con la Amazonía.

¿Cómo, en cuatro meses, lo notan en sus vidas?

En todo. De hecho, a finales de abril han comenzando a movilizarse con los pocos medios que tienen. Son conscientes de los cambios, que quieren revertir. Y es difícil, pero no imposible. Al menos, a ver si podemos reducir el impacto del Gobierno. Un ejemplo claro de lo que está pasando es que el Ministro de la Salud quiere acabar con departamento de salud especial para los indígenas. Dicen que deben ser atendidos como los demás ciudadanos, pero eso es una falacia porque ellos viven en comunidades distantes, en la selva; es más, incluso en las ciudades necesitan grupos de atención especiales, una conquista que tenían, que se va a terminar y que para ellos es muy importante.

¿Están llegando invasores de tierras indígenas?

Ya antes de tomar posesión Bolsonaro hubo agresiones. En el valle del Yavari tuvimos ataques de hombres armados y también en Mato Grosso. Imagínese ahora que está en el poder. La situación se ha agravado. Nosotros hacemos reuniones, campañas y hay entidades internacionales que nos apoyan. Pero es patético. Pasé toda mi vida tratando de protegerlos,  evitar contactos, que pudieran vivir con su cultura, su lengua y su forma de vida tradicional, y ahora miro para atrás y veo todo destruido, como en una guerra. Como si fuera una ciudad bombardeada. Y es verdad: es una guerra contra los pueblos indígenas y contra el medio ambiente invisible al mundo.

¿Hay alguna respuesta de la sociedad brasileña?

De un modo general, a la sociedad brasileña no le importan nada los indígenas amazónicos. Y respecto a los gobiernos, hubo alguno menos malo, pero ninguno bueno. Nunca se les respetó históricamente. Igual aquí que en el resto del mundo. En realidad, la visión de la sociedad occidental va contra ellos. Muchos hablan en su apoyo pero no hacen ni la mitad de lo que se podría hacer. Bartolomé de las Casas si que luchó toda su vida por los indígenas, pero sus pensamientos se perdieron. Ahora hay un ‘agujero negro’ que hace desaparecer todas las conquistas. Aún así creo que nunca es tarde para recomenzar. Bolsonaro apenas lleva unos meses, así que aún puede humanizarse.

¿La solución puede venir con presiones desde el exterior? Recientemente, científicos y activistas reclamaron en la UE el cese de determinadas importaciones…

Con la globalización, sabemos la implicaciones que tienen los cambios ambientales, que todo funciona con interdependencia. Pero tengo claro que sólo si pones la mano en la parte más sensible del ser humano, el bolsillo, la gente se preocupa. Brasil exporta mucha carne al resto de la humanidad y grano para ganado. Y es verdad que se pueden hacer presiones comerciales, disminuyendo compra de carne que viene de estas zonas. A mí me gustaría que Brasil retomara su protección a los bosques sin presiones externas pero ¿será posible? Hasta ahora, se que es un sueño fuera de la realidad. Y lo cierto es que tenemos 8,5 millones de kilómetros cuadrados, que hay espacio para todo: ganado, cereales, cerdos y tierras de protección permanente, porque esas tierras no están vacías sino habitadas por personas con una forma de ver el mundo y sentirlo mucho menos invasiva que la nuestra. Los indígenas no destruyen nada ni nos amenazan. Al contrario, su presencia demuestra que existen porque se les dejó en paz. Pero el proceso económico va avanzando cada vez más lejos y está llegando adonde están ellos. Los demás, no somos conscientes de que con su fin, nos perjudicamos todos. Los jóvenes del Friday for Futuro si lo están viendo y ojalá lleguen a ser activos en Brasil. Yo miro atrás y no veo que seamos más felices que padres y abuelos, veo que la tecnología que debiera haber servido para tener más tiempo para pensar, amar, estudiar, escuchar música, al final nos ha hecho menos humanos. Y eso es algo que tenemos que combatir globalmente.

¿Cómo logra en ese contexto que el Instituto Brasileiro Indigenista salga adelante?

En Yavarí estamos en cuatro puntos de interés, con un convenio UNIVALLA, la organización que representa a las comunidades indígenas del valle. El dinero lo pone una Ong norteamericana. Gracias a ello, hacemos proyectos en la tierra, de refuerzo institucional y también les ayudamos en temas de salud.

Por esa zona está habiendo problemas entre indios contactados y aislados ¿Este tipo de casos están aumentando?

Fue algo que provocó la FUNAI y al final envió una expedición diciendo que iban a arreglarlo. Yo personalmente estoy en contra del contacto que han efectuado porque es consecuencia de errores anteriores de la FUNAI. El contacto, una vez que se hace, es irreversible, modifica para siempre a los pueblos, y a peor en el caso de la vida de los aislados, creando una dependencia que acaba con ellos. Sigo defendiendo que lo mejor es que estén en su espacio y si un día quieren contactarnos, ya saben donde estamos. Ir a ellos no es bueno; sólo les ofrecemos una sociedad deshumanizada. En ese caso, hablé con la FUNAI para  encaminar el problema de otra forma, pero los que ahora están en el departamento que yo creé tienen visiones distintas. Si que es bueno que se sepa lo que aquí está pasando, a ver si reaccionamos.