Cuando una catástrofe climática llega a su puerta.. ¿quién paga?


Alta Verapaz, Guatemala
@Pedro Armestre / Alianza por la Solidaridad

ROSA M. TRISTÁN

Desde hace días, los huracanes y tormentas tropicales que asolan Centroamérica están siendo noticia, más o menos relevante según el medio. Desde hace días vemos casas flotantes, coches flotantes, tierras que son barrizales donde antes había cultivos, gentes desoladas, otras gentes que hacen negocio de la desesperación… Casi todos son pequeños campesinos, muchos indígenas, de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador… No fueron muy visibles en la última Cumbre del Clima, la COP 25 chilena celebrada en Madrid, menos aún que los de Brasil, Colombia o Ecuador. Venden aún menos que la Amazonía. Diría que no existieron, y sin embargo este 2020 nos está demostrando que para ellos el cambio climático no es un futurible del 2050. Cientos de fallecidos, decenas de miles de hogares que se llevó el agua y el viento, cosechas y animales ahogados…

Si hubieran ido a la COP 25 se hubieran enterado que una vez más la comunidad internacional aplazó la decisión sobre la financiación de los daños y pérdidas que ya causa el cambio climático, porque esos 30 huracanes que este año ha habido en el Atlántico (hasta ahora) ha superado todas las previsiones y porque su intensidad de hasta un categoría 5 a finales de la temporada ha sido inesperada. Son fenómenos climáticos extremos y más comunes. Una de las consecuencias de un calentamiento del agua de los mares, que forma parte del calentamiento global.

Pero las víctimas no tienen cómo recuperarse de ello, salvo por unos programas de cooperación internacional, menguante en tiempos de crisis, como la actual, o créditos que salen caros a sus gobiernos. 

Lo que si existe es el Fondo Verde del Clima, que no sirve para pagar esos daños que están ahí, sino para mitigar y adaptarse a un cambio climático que es ya inevitable. Para evitar daños, habría que haberlo puesto en marcha hace muchos años, de forma que ya hubieran ‘mitigado’ lo que está pasando, pero ¿qué líderes de este mundo tienen visión a largo plazo?. El Fondo, la verdad, ha ido a cámara lenta y, lo que es peor, aún cuesta que los países ricos y contaminantes ‘aflojen el bolsillo. Precisamente, días atrás, la junta que decide sobre este Fondo (con representantes de 24 países), en su reunión número 27 -reuniones hay muchas- impulsó algo esta financiación climática para países en desarrollo. Aprobaron 16 proyectos por un total de 1.010 millones de dólares para proyectos de bajas emisiones contaminantes y resistentes/resilientes al clima global cambiante. Con ellos, ya son 7.000 millones los aprobados desde que está en marcha, 2.000 millones este año. Por ponerlo en perspectiva, la marca de vehículos BMW obtuvo en 2018 beneficios netos de 7.000 millones en euros, la misma cantidad. Es evidente que queda un largo camino por recorrer para llegar a los 100.000 millones de dólares que pretendían recaudar cuando se creó en 2010. 

El director ejecutivo de Fondo, Yannick Glemarec, declaraba que “se está brindando más apoyo que nunca a los países en desarrollo”, lo que es cierto dado el poco o nulo que hubo antes. Otra cosa es saber si con tan pocos recursos, y dada la velocidad de la emergencia climática, es realmente un instrumento hoy eficaz. De hecho, al investigar un poco su funcionamiento se comprueba que hay poco más de 100 entidades acreditadas para proponer los proyectos, de los que en estos 10 años se han puesto en marcha 53 relacionados con la adaptación y 35 con la mitigación de los efectos. Otros 32 son transversales. ¿Es esto suficiente para un mundo donde 5.000 millones de humanos no cuentan con recursos suficientes para enfrentarse a 1,5ºC más de media que, recordemos, no han provocado? Cabe señalar que en 102 de estos proyectos, el dinero se ha enviado a entidades públicas y 27 a ONG u otras entidades privadas, como empresas (2.700 millones). Ahora bien, otra pregunta: ¿Qué hacen los gobiernos con ese dinero, sobre todo aquellos en los que la corrupción está muy arraigada? Algunos investigadores de universidades han señalado que lo mejor sería crear comisiones nacionales que controlaran que la financiación acaba donde se necesita realmente. También ha sido una propuesta de escaso eco.

Volviendo a esta última reunión, se dió via libre a proyectos que conviene conocer (recordemos que es el único fondo que ayuda a países que ya están sufriendo impactos): 23 millones de dólares para comunidades rurales en Mongolia (beneficiará, señalan, a casi un millón de pastores), 82 millones destinados a un plan forestal en Argentina (país de la ganadería extensiva por excelencia, con 53,8 millones de vacas que son las que más emisiones generan) o 99 millones para que una agencia de la ONU (la International Fund for Agricultural Development, IFAD) lo invierta en apoyos al nordeste de Brasil, mientras Bolsonaro sigue promoviendo la deforestación.

Para la maltratada Centroamérica, el Fondo Verde ha destinado 54 millones a Costa Rica, para un proyecto contra la deforestación, 30 millones para el Corredor Seco de Guatemala a través de la FAO (ayudas a la agricultura) y otros 64 millones para la reserva de Bosawás  y la biosfera de Rio San Juan de Nicaragua. A ello se suman otros 100 millones para financiación ‘verde’ al Banco de Desarrollo de América Latina, que no llegará a las comunidades. Desde luego no basta. Sólo en Guatemala ha habido 1,3 millones de afectados, la inmensidad de ellos pequeños campesinos indígenas, tras el paso de dos huracanes en 15 días -Eta e Iota-. Su presidente, Alejandro Giammattei, ha pedido ayudas para crear seguros agrarios (que no podrán pagar los damnificados, porque no tienen nada), pero el suyo es un claro ejemplo de una realidad que está ahí: mientras la FAO consigue dinero para los guatemaltecos, el Congreso del país recorta en 21 millones de euros su presupuesto en 2021 para un programa de desnutrición mientras aumenta el del propio parlamento. Por cierto que ese presupuesto se aprobó a puerta cerrada y ha desencadenado la rebelión popular contra lo que llaman ‘pacto de corruptos’ entre gobierno y empresarios que suman al cambio climático el expolio de los pocos recursos naturales que quedan. Ese Congreso ha ardido en llamas.

No menos sorprendente es el reducido tamaño de las partidas aprobadas por el Fondo Verde Del Clima para África en este encuentro: se destinan a alimentación adaptada al cambio climático en Burundi unos 10 millones de dólares, en sistemas de información climática que pueden ayudar en la prevención para Liberia otros 10 millones y para ampliar en Sudán la ‘Gran Muralla Verde de África’, como sumidero de carbono con árboles de goma arábiga, 10 millones más. En total, 30.  

Por contra, el gran beneficiado ha sido una institución financiera de Bangladesh, el IDCOL, que recibirá 256 millones de dólares para promover la inversión ‘a gran escala’ del sector privado textil del país asiático en tecnologías y equipos de ahorro de energía, un sector privado que por cierto tiene pingües beneficios, dado que en todo el mundo se vende ropa ‘low cost’ con origen en sus fábricas a través de grandes multinacionales… 

En definitiva, que en este momento no hay fondos para reconstruirse tras una debacle climática en esa parte del mundo que las sufre en soledad (y más que se avecinan…), pero tampoco los suficientes como para mantener a las poblaciones arraigadas en sus tierras en un contexto de cambio climático, sin olvidar que en muchos casos esas tierras y su agua son codiciadas para explotación minera, cultivos extensivos como la palma africana o grandes hidroeléctricas sobre ríos que en un contexto de calentamiento global o llevan cada vez menos agua o se desbordan en grandes crecidas. 

Eso si: a quienes lo han perdido todo, que no se les ocurra venir a llamar a nuestra puerta, que les devolveremos a sus tierras resecas, sus comunidades devastadas, sus casas hundidas y o sus campos inundados. Eso tiene un nombre: INJUSTICIA CLIMÁTICA. Y no podemos cerrar los ojos.

Viviendas que contaminan: el reto pendiente


ROSA M. TRISTÁN

Siete millones de casas por rehabilitar para que dejen de derrochar energía. La sociedad está muy lejos de conocer y valorar lo que supone habitar en hogares con ventanas que no cierran bien, paredes que no aislan y agujeros por los que se escapa una energía que es cara, tanto para el bolsillo como para el medio ambiente. Y las instituciones tienen planes y propuestas, pero no acaban de llegar y convencer. Falta comunicación y falta formación entre nosotros, los ‘habitantes’. Esta es la principal conclusión de una jornada (Vivienda, Energía y Sostenibilidad) organizada por CECU (Confederación Española de Consumidores y Usuarios) a la que fue invitada como ‘relatora’ y en la que estuvieron presentes representantes de administraciones pero también de la ciudadanía.

Empezaré por lo más positivo. Es gran noticia la apuesta del Gobierno -que explicó Paula Santos, asesora del Ministerio de Transición Ecológica- por la eficiencia energética de las viviendas. Allí, en casa, consumimos el 30% de la energía y, por tanto, es muy positivo que por fin haya un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que, entre otras cosas, pretender reformar casi 500.000 viviendas en tres años para que contaminen lo menos posible. Otra cosa es cómo conseguirlo, porque de momento son muy pocos los concienciados que quieran invertir en un cambio que, efectivamente, puede ser muy bueno para el planeta, pero que ahora no ven tan claro que lo sea para sus bolsillos. Eva García Sempere, asesora en el Ministerio de Consumo, destacaba que sólo entre los jóvenes (de 25 a 35 años) se considera un aspecto positivo tener una casa menos ‘derrochona’ de energía, aunque otra cosa es que quieran gastar los ahorros en aislarla convenientemente cuando la que se tiene es vieja. Una reforma para hacerla más bonita, si. Ahora, meterse en obras para que sea más sostenible es otra cosa.

Quienes vivimos en una comunidad de vecinos conocemos bien lo difícil que resulta llegar a consensos hasta para reformas imprescindibles cuando se trata de poner dinero. Y más en tiempos de crisis. Koldo Navascués, de la asociación de consumidores EKA-CECU, en Euskadi, puso un ejemplo que resume las dificultades: “En mi edificio somos 25 hogares, con 14 ancianos de más de 70 años. En la cubierta podríamos poner paneles solares, y se revalorizaría la casa, pero son inversiones que no van a hacer. Se necesitan ayudas, y no sólo subvenciones, sino para hacer estudios, presupuestos de cada caso, porque son distintos. En general, el 90% de los edificios son anteriores a las certificaciones vigentes sobre eficiencia. No estamos preparados y según la UE para el 31 de diciembre de este año las emisiones contaminantes de las viviendas debería ser casi nula”, destacaba.

Por contra, ese mercado de la rehabilitación de viviendas para que quienes las habitan utilicen energías limpias o al menos gasten menos en sus facturas de gas y luz, sería un gran mercado que generaría muchos puestos de trabajo en la construcción, como destaca Inés Leal, de la consultora especializada Tecmared. Leal defendía que “los usuarios son inteligentes si les explican las cosas” pero también comentó que “falta valentía” para obligar por normativa a hacer las reparaciones que son imprescindibles si queremos descarbonizar nuestra vida antes de 2030: la realidad, señaló, es que ahora no hay demanda de los ciudadanos. ¿Y no habría que provocarla, como cuando nos ‘meten por los ojos’ el último modelo de coche o de ordenador?

Aurora Blanco, de la empresa Ecoo, explicó que el paso hacia una tercera revolución renovable está dando sus primeros pasos. “La primera llegó con las primeras placas solares en 2005; la segunda, con la expansión del autoconsumo en casas individuales en 2017, pero la tercera es ahora implantarse en las ciudades con ‘comunidades energéticas’, es decir, que se compartan las cubiertas de los edificios para poner placas solares y se creen redes entre vecinos”. Leal recordaba que, precisamente, en los presupuestos para 2021 (si se aprueban como están) hay 1.690 millones de euros para estos temas. Pero es un reto complejo, porque como recordaba el científico Fernando Martín-Consuegra (CSIC), “la demanda de energía hoy es tan alta que no hay azotea que soporte tanta calefacción como usamos (es el 55% de todo el consumo en el hogar), así que el primer paso sería acabar con el derroche”.

Las visiones más generalistas de la jornada las aportaron el catedrático Carlos Montes (UAM) y Fidel García Berlanga, de la plataforma Mundo Rural. Para el primero, las viviendas conforman ciudades y es fundamental que esas ciudades “sean más verdes y más humanas, porque en ese reencuentro con la naturaleza puede cambiar el estilo de vida”, mientras que Fidel mencionaba que en este camino de transición cada pueblo requiere un plan específico, en el que es importante contar con los materiales tradicionales de construcción (como el adobe, la madera…) y añadía que debe ser un cambio energético “en alianza con la conservación de la biodiversidad” y no la contra, mencionando a empresas locales, pequeñas, frente a grandes corporaciones como las que están creando la actual ‘burbuja eólica’ en algunas comunidades autónomas (recomiendo leer mi artículo en Público.es) .

Conclusión: Hay posibilidades de que nuestras viviendas sean menos contaminantes, pero vamos muy lentos. Mucho más lentos que en el mundo transporte (que ya es decir) y a este ritmo mucho me temo que llegaremos a 2050 con los indeseables 1,5ºC más de temperatura media global en la puerta. Un 1,5º que en el caso de España supondrán muchas más olas de calor, más sequías, más megaincendios, más inundaciones en Levante, más conflictos por la cada vez más escasa agua de los ríos, más gasto público que saldrá de nuestros impuestos… Y pese a todo: ¿seguiremos con nuestra casa vieja, la ventana que no encaja, las puertas sin burletes y en mangas de camisa en invierno o con chaqueta en casa en el infernal verano?

Para que algo cambie, y así quedó claro en esta jornada, hace falta invertir mucho en grandes campaña de comunicación, con datos claros que expliquen factura en mano las ventajas del cambio, y también serán precisas muchas ayudas públicas para convencer de lo que se puede conseguir poniendo placas solares en azoteas que están desaprovechadas. Y también en las de los edificios públicos (colegios, centros culturales, oficinas…), como la iniciativa que ECODES está promoviendo en un barrio de Zaragoza (El Asombrario, julio 2020).

Tampoco conviene obviar las presiones que las grandes compañías eléctricas harán a medida que este modelo avance para no perder clientes por el autoconsumo, porque a fin de cuentas la energía es el gran negocio. Pero estamos en ruta a la transición. No queda otra para afrontar este reto pendiente.

El Ártico se vuelve negro por un ‘combustible alquitrán’


ROSA M. TRISTÁN

Hasta hace unos días no había oído hablar del fuel oil HFO. Es un combustible de consistencia similar al alquitrán, conocido como combustible búnker, o fuel oil residual, porque es el resultado de la destilación y craqueo del petróleo. Esta contaminante sustancia es el carburante que utiliza la mayoría del transporte marítimo, ya sea en las transparentes aguas del Caribe o en el impoluto Ártico. Y es ahí, en el norte de la Tierra, donde es en parte culpable de la aparición de ese ‘hielo negro’ que tanto preocupa a los científicos porque, por si no bastara con el impacto de la contaminación atmosférica global, su efecto local favorece aún más el cambio climático. Pero ¿se está haciendo algo para impedirlo?

Glaciar Qaleraliq en Groenlandia. @Rosa M. Tristán

 

Para dar respuesta a esta pregunta, la organización Ecología y Sociedad (Ecodes), reunió el otro día a varios expertos, que comenzaron haciendo un retrato desalentador de la situación en el Ártico, cuando es un regulador clave del clima planetario. La encargada de recordar cómo está el Ártico fue la física Mar Gómez, responsable de ElTiempo.es, quien mostró los funestos datos de su deshielo. Entre otros, que en 30 años se han perdido tres cuartas partes de hielo marino, que este verano ha sido de nuevo récord y que, además, la temperatura de su océano está en ascenso.

Basta dar una vuelta a las noticias para comprobar que las inundaciones en el Levante español cada vez son más frecuentes y destructivas, y en eso la subida del nivel del mar es determinante… Es más, aquellos que habitan cerca de la Albufera, el delta del Ebro o Doñana, debieran ir pensando en dejar otra herencia a sus descendientes porque la suya tiene muchas papeletas de acabar sumergida. O emparedada. Gómez recordaba a quien no se ha dado cuenta aún que ahora tenemos cinco semanas más de tiempo de verano que cuando yo iba a la universidad, en los no tan lejanos finales de los años 80. 

Y la cuestión es que el Ártico no está protegido. Parece que coordinar intereses de ocho países (EEUU, Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia) es un imposible, algo que al menos en tierra antártica no sucede (eso si, proteger el océano antártico es otro cantar, como se ha visto recientemente en CCAMLR). Así que, si bien en las cercanías del Polo Sur se ha prohibido totalmente el uso de este peligroso combustible HFO, en las del Polo Norte, su impacto cada vez es mayor, toda vez que lo usan el 66% de los barcos que por allí transitan y que cada vez son más porque, a su vez, la falta de hielo favorece su llegada a más recursos, sea pesca o turismo, y más adelante quizás minería. 

La impactante imagen de llegar a un glaciar de Groenlandia y pisar hielo negruzco debo decir que es deprimente. Ya la he tenido. El científico americano Jason Box lleva años estudiando este fenómeno, que atribuye en parte a la quema de madera por incendios, pero también se debe, aunque no se puede precisar en qué porcentaje, al uso en las cercanías del infumable HFO. Box me explicaba cómo por culpa de esa ‘suciedad’ que tanto me impactó, el hielo pierde su capacidad de reflejar el calor que recibe la Tierra (albedo), lo que favorece aún más su calentamiento y pérdida de hielo.  

@Tierras Polares

En el evento de Ecodes me enteré de que la Organización Marítima Internacional decidió en febrero pasado que para julio de 2024 se prohibirá totalmente el uso y transporte de este HFO por el vulnerable Ártico, pero que algunos barcos tendrían exenciones y también habría excepciones hasta 2029. ¿Y qué excepciones y exenciones hay? Pues Brian Comer, investigador del ICCT (Comité Internacional para un Transporte Limpio), explicó que no deberán cumplir la prohibición en cuatro años todos los buques que lleven banderas de países árticos. “Es evidente que muchos que no lo son, cambiarán de bandera y seguirán usándolo, sobre todo teniendo en cuenta que su uso ha aumentado entre 2015 y 2019 un 75%”, comentó. Una investigación de su comité, de hecho, ha concluido que sólo se reducirá en la década un 16% del total de barcos que lo consumen y, por tanto, sólo se reducirá un 5% de las emisiones que genera. Entre otras cosas, porque Rusia es un país ártico y responsable del tres cuartas partes del uso del HFO. “Rusia apoya la prohibición pero sólo con la cláusula de excepción. Veremos si su posición cambia en el MEPC 75, que será del 16 al 20 de noviembre”, añade Comer.

La autora en un glaciar ennegrecido por la contaminación en Groenlandia. @Rosa M. Tirstán

Es decir, pese a ser una especie de ‘alquitrán’ muy peligroso, aún hay una década por delante para que se utilice y siga en aumento, con el riesgo de que los hielos árticos sigan ennegreciéndose, y el peligro de que, a medida que aumenta el tráfico marítimo en la zona, dado que cada vez es más fácil el paso, haya un accidente y un derrame de consecuencias catastróficas para la vida ártica ¿Por qué entonces no prohibirlo de una vez por todas? 

Esta es la apuesta también de la abogada norteamericana Danielle Gabriel, del equipo Wildlife Team. “Esta relajación sobre los estándares del HFO es un precedente peligroso, porque la realidad es que la comunidad internacional ha reconocido el riesgo que existe y exige a los estados un control rígido de la contaminación, pero luego incluye excepciones que socavan el espíritu de protección, plantean dificultades y dejan a discreción de los países si se adaptan o no”, concluía en el encuentro. 

Para el director de Ecodes, Víctor Viñuales, está claro que este es otro ejemplo de que aunque siempre es mejor, y además más barato, actuar para prevenir que esperar a que el desastre esté encima, no siempre somos capaces de verlo. “Esas excepciones y exenciones son vías de agua a tapar, porque en otro caso el impacto de la prohibición será tardío y pequeño”, afirmaba.

 

 

 

 

Proteger el Océano Antártico en 2020, una oportunidad perdida


-La falta de apoyo de Rusia y China frustra la declaración de tres áreas marinas protegidas pese al impuso de países como España, quedando aplazada para 2021.

-Numerosos reacciones en contra de organizaciones ambientalistas de todo el mundo y representantes de la ONU 

-No se ha logrado sancionar al buque ruso Palmer por pesca ilegal en el Mar de Ross por la oposición de Rusia.

Océano Antártico, desde el BIO Hespérides. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

No estaba fácil, pero la necesidad de impulsar la protección del Océano Antártico en un contexto de cambio climático, que parece acelerarse en algunas zonas del continente de hielo, daba alas de esperanza a quienes confiaban (científicos, activistas ambientales, algunos gobiernos..) en que se diera algún paso importante en la reunión de la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), celebrada de forma virtual este año. Pero no ha sido posible, pese al impulso de España, que presidía el encuentro.

Rusia y China siguen empeñados en poner trabas para que tres nuevas áreas de ese océano del sur del mundo (Mar de Weddell, oeste de la Península Antártica y zonas de la Antártida Oriental, en total cuatro millones de kms2) puedan tener un estatus de conservación que proteja a la fauna polar de acciones comerciales, cuando ya se detectan cambios importantes en los hábitats. Y sin unanimidad no hay posibilidad de avances. 

“Vamos a paso de hormiga”, reconocen fuentes cercanas a las negociaciones, que este 2020 partían con el hándicap de no ser presenciales debido a la COVID-19, pero con una presidencia española, con la ministra y vicepresidenta Teresa Ribera muy implicada, dispuesta a potenciar un mayor compromiso. Tras una semana de deliberaciones, ha quedado de nuevo aplazado para 2021. De hecho, la propuesta de sumar estas tres áreas al ya protegido Mar de Ross (desde 2017), ya se debatió en el pasado, también sin éxito. En 2018, se aplazó a esta reunión que acaba de terminar el 31 de octubre.

Desde luego, el COVID-19 no ha ayudado. A España ya le costó arduas negociaciones que el tema de las áreas marinas protegidas (MPA, en inglés) no cayera de la agenda de trabajo. Eso si, acabó en el apartado de “asuntos varios” o equivalente, lo que no auguraba grandes progresos, si bien la urgencia de dar pasos adelante, como se ha venido manifestando desde el mundo de la ciencia, y la mala imagen internacional de defender lo contrario en un lugar tan emblemático de la Tierra, podría haber jugado a favor de un cambio en los que vetan los avances.  

La intervención, el jueves día 30 de octubre, de la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores Cristina Gallach fue claramente a favor. “España felicita a los proponentes de las Áreas Marinas Protegidas para la Antártida Oriental, Mar de Weddell y Dominio 1 de la Península Antártica por su esfuerzo y constante trabajo para que dichas áreas sean adoptadas dentro de la red de la CCAMLR”. Y añadía que apostar por estas áreas “representa lo mejor de la diplomacia internacional, la ciencia y el esfuerzo de los países para conservar la biodiversidad y cooperar en mitigar los impactos del cambio climático”. 

Buque ruso Palmer acusado de pesca ilegal @ WEB de CCAMLR

¿Qué hay detrás para que Rusia y China no permitan avanzar en este asunto, en el que los otros 22 países miembros y la UE están de acuerdo? Por un lado, como señalaba en otro artículo, los intereses económicos en un negocio en auge: el krill, una especie muy vulnerable al cambio climático. De hecho, en estas reuniones de CCAMLR ha habido denuncias de pesca ilegal de un buque ruso que los representantes rusos se negaron a reconocer. En concreto, del barco F/V Palmer, que Nueva Zelanda aseguraba que estaba pescando ilegalmente en las aguas protegidas del Mar de Ross. Pero Rusia dijo que según sus datos no era cierto, así que no se incluyó entre los buques ilegales y podrá seguir con su actividad . “La CCAMLR está retrocediendo en la lucha contra la pesca ilegal al permitir que Palmer continúe pescando”, ha denunciado al respecto Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición del Océano Antártico y Austral.

También China anda detrás del krill, aunque fuentes polares españolas apuntan que, dado que esta especie no sólo existe en las áreas que se quieren proteger, quizás ambos países también están utilizando este asunto “como moneda de cambio para conseguir otros objetivos, en una estrategia que tendría mucho más que ver con la política que con lo que dice la ciencia”.

De hecho, los representantes de ambos países este 2020 volvieron a recurrir en las negociaciones al argumento de que “no hay información científica suficiente” que avale la necesidad de protección esas tres áreas. Ni siquiera en la región de la Península Antártica, el lugar del continente donde se concentran casi todas las bases científicas. Esta zona fue propuesta por Chile y Argentina y donde se ha incrementado más el calentamiento (casi 3ºC en 50 años) y donde este 2020 se han alcanzado temperaturas récords . “Al menos, sería deseable que se lograra proteger la Península”, comentaba días antes Ana Payo Payo, oceanógrafa española que participó en la expedición Homeward Bound en 2018. “Los chinos se escudan en que desde 2017 no hay un plan de gestión aprobado para el área ya protegida del Mar de Ross [la más grande de las dos existentes ahora], pero lo que eso pone en evidencia es que se tarda mucho en llegar a acuerdos y por eso hay que avanzar”, señalan fuentes gubernamentales españolas. Hay que recordar que la propuesta para proteger el Mar de Weddell partió de Alemania, allá por 2012 y la de la Antártida Oriental, de Australia y la UE, un año después. Es evidente el paso de hormiga… Respecto a la posición de España, en CCAMLR se ha posicionado en la defensa de las tres y se también se han ofrecido datos de las investigaciones realizadas por científicos españoles, especialmente en la zona de la Península. 

Finalmente, en sus conclusiones, la CCAMLR ha vuelto a aplazar el asunto y, además. se han aprobado las mismas cuotas pesqueras antárticas que ya estaban vigentes. En el caso de España, se mantiene la autorización para realizar actividades de pesquería con fines científicos, del Instituto Español de Oceanografía. 

Las reacciones de diferentes organizaciones de conservación ambiental  a nivel global no se han hecho esperar: 

PEW CHARITABLE: “En general, el fracaso del liderazgo global para proteger este ecosistema crítico es profundamente preocupante. En el 200 aniversario del descubrimiento de la Antártida y en vísperas del 60 aniversario de la entrada en vigor del Tratado Antártico, un acuerdo alcanzado en el apogeo de la Guerra Fría para proteger todo un continente, estableciendo nuevas áreas marinas protegidas en el Océano Austral debería haber sido una decisión fácil”, ha señalado Andrea Kavanagh, directora de Antártida y Océano Austral,que  trabaja con la ONG norteamericana Pew Charitable Trusts.

WWF: “El cambio climático y la crisis de la biodiversidad no van a desaparecer. La pesca ilegal debe ser erradicada. Tenemos las soluciones y los compromisos para proteger el Océano Austral y su icónica vida silvestre. En 2021, instamos a todos los gobiernos a demostrar colaboración y liderazgo en beneficio de las personas y la naturaleza”, ha declarado su responsable de océanos Chris Johnson.

GREENPEACE: “¿Cuántas veces más estos gobiernos presionarán el botón de posponer y pospondrán la decisión de proteger el océano Antártico? El fracaso constante en asumir la responsabilidad de esta frágil naturaleza salvaje, mientras que al mismo tiempo continúa permitiendo que los intereses comerciales la exploten más, está poniendo el destino de la humanidad está en peligro. Nuestro planeta está dando vueltas, los países deben tomar medidas urgentes si quieren abordar seriamente las emergencias climáticas y naturales. A pesar de los mejores esfuerzos de muchos delegados nacionales en la lucha por la protección de la Antártida, está claro que el próximo año necesitamos políticos de alto nivel y jefes de estado para hacer de la protección de los océanos una prioridad. Simplemente no podemos permitirnos ver la misma falta de progreso en 2021”, comentó al término del CCAMLR Will McCallum, director de océanos de Greenpeace Reino Unido.

PETER THOMSON (ONU): El enviado especial del Secretario General de la ONU para los Océanos ha enviado un mensaje en el que se declara decepcionado: “Me uno a los que expresaron su gran decepción porque las tres AMP antárticas propuestas no fueran aprobadas en la reunión. Esto no ha servido bien al ODS 14.5. Ahora debemos poner nuestra esperanza y determinación en una decisión positiva en 2021. No nos rendimos”.

VARDA GROUP (consultor ambiental internacional): Remi Parmentier, director de esta consultora y en su día fundador de organizaciones ambientales internacionales, ha criticado en su Twitter que “este año que no había vuelos para correr a casa tras la reunión, los miembros podían haberse tomado en serio su mandato de proteger el Océano Austral y haber continuado el encuentro virtual el tiempo que fuera necesario para alcanzar un consenso”.

PHILIPPE COUSTEAU Y ASHLAN COUSTEAU (periodistas y exploradores): “Estamos sumamente decepcionados por la oportunidad perdida de la CCAMLR de lograr el acto de conservación más grande de la historia mediante el establecimiento de las tres áreas vitales en la Antártida. Las devastadoras consecuencias del cambio climático ya están afectando a innumerables millones y la Antártida está en primera línea, cualquier demora en protegerla es inconcebible. Sin embargo, continuaremos luchando incansablemente por la protección del sistema de soporte vital de nuestro planeta, nuestro océano”.

También el oceanógrafo Carlos Duarte ha compartido en un mensaje por las redes sociales su decepción: “Poco liderazgo y miopía espantosa. La pregunta es ¿cómo se utilizará entonces el Océano Austral?”.

Si que hay que destacar como positivo que, frente al veto de dos, el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Convención para proteger el océano Antártico se afianza.  Australia y Uruguay se inscribieron para copatrocinar la área protegida del Mar de Weddell, mientras que Noruega y Uruguay se han sumado a los que proponen la Antártida Oriental. También la mayoría  (incluso Corea y Brasil) acordaron suscribir una declaración que respalda la importancia de la designación de AMP, presentada por la UE . “Agradecemos a los países que han impulsado estos esfuerzos y hacemos un llamamiento a su diplomacia de alto nivel para asegurar designaciones en 2021. Confiamos en que la CCAMLR logre este importante hito para la conservación el próximo año”, señala Kavanagh, de PEW.

También lo esperaba así la representante española, Cristina Gallach, que en su discurso final señaló: “2021 será un año especial en el que conmemoramos los 40 años de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, y los 30 años del Protocolo de Madrid sobre Protección del Medio Ambiente Antártico. España desea contribuir con acción movilizadora a generar un creciente entendimiento que permita dar pasos decisivos en la protección de la Antártida”. 

A ver si para entonces es posible dejar de ser hormigas para ser gacelas…

El cambio climático no va a esperar.

ANEXO:

Dominio1: Western Peninsula – South Scotia Arc
Domonio 2: North Scotia Arc
Dominio 3: Weddell Sea
Dominio 4: Bouvet Maud
Dominio 5: Crozet – del Cano
Dominio 6: Kerguelen Plateau
Domimio 7: Eastern Antarctica
Dominio 8: Ross Sea
Dominio 9: Amundsen – Bellingshausen