Daniel Lieberman: “Evolucionamos para correr cuatro horas al día”


 

Daniel Lieberman, haciendo un experimento en la Universidad de Harvard. @Havard University

ROSA M. TRISTÁN

“Es el epicentro del conocimiento sobre la evolución de la fisiología humana”. Con estas palabras presentó, hace unos días, al profesor de la Universidad de Harvard Daniel E. Lieberman su colega y amigo, el arqueólogo español Manuel Dominguez-Rodrigo, del Instituto de Evolución en África. Fue la introducción a una fascinante conferencia sobre cómo nuestro cuerpo humano evolucionó para correr a lo largo de cientos de miles de años, hasta el punto de que somos capaces de correr de fondo más que un caballo.

El hecho de que en la actualidad el sedentarismo sea nuestra forma de vida no hace sino generar patologías que nuestros antepasados no padecieron, explicó Lieberman en el Museo Arqueológico Regional. Domínguez-Rodrigo, que co-dirige con Enrique Baquedano, director del museo el único yacimiento de un equipo europeo en Olduvai (Tanzania), reconocía que fue una de sus cobayas en sus experimentos. “Solamente desde la era industrial, el esqueleto humano se ha debilitado mucho y es algo que hay que tener en cuenta porque es cierto que vivimos más tiempo, pero con más enfermedades”, aseguró el científico norteamericano.

Lieberman, cada día que ha pasado en Madrid, se ha levantado al amanecer para correr por el parque de El Retiro. Ya no puede no hacerlo cada día, señaló. El autor del artículo  ‘Born to run‘, que fue portada en ‘Nature’ en 2004,  comenzó a interesarse por esta capacidad humana y su relación con la salud a raíz de sus investigaciones sobre la evolución de nuestra cabeza y su relación con el sistema locomotor. “En los libros de medicina se habla muy poco de evolución humana cuando creo que estos estudios pueden utilizarse para mejorar nuestra salud”, argumentó.

Con este afán, Lieberman viajó a México y a África, donde el español estudia a los primeros cazadores humanos de hace unos dos millones de años. Además, comenzó a diseñar infinidad de experimentos de biomecánica en su laboratorio de Harvard. En su charla en Alcalá de Henares, recordaba que ya hace 7 millones de años el homínido Sahelantrophus tchadensis (conocido como Toumai)  era bípedo; que hace 4,4 millones de años, también lo era el Ardipithecus ramidus; y que hace 3 millones de años,  el Australophitecus afarensis (‘Lucy’) ya caminaba bastante erguida. Aún así, ese caminar suponía un gran esfuerzo para estos primates, que aún no corrían, así que ¿por qué lo hacían?

“Unas hipótesis dicen que  así podían llevar más cosas en las manos, como herramientas, o coger más frutas de los árboles, pero es algo que hacen los chimpancés; mi hipótesis es que al final de Mioceno hubo un gran enfriamiento en la Tierra y eso les obligaba a ir más lejos a encontrar comida. Los chimpancés, al ir agachados, gastan más energía que los que van erguidos. Si un chimpancé gasta 165 calorías en 4 kms, un humano sólo consume 80, como hemos visto en algunos experimentos de laboratorio”, señaló Lieberman. “Ya los primeros bípedos, como los Australipithecus eran capaces de andar de forma eficiente.

Otra cosa es el correr. En velocidad, evidentemente la especie es muy inferior a otras (Usain Bolt logra los 35,5 km/h y un guepardo los 112 kms/h) . Pero si comparamos con un chimpancé salimos ganando: este pariente no corre más de 100 metros hasta agotarse, mientras que un ‘sapiens’  puede correr entre 10-15 kms/día sin grandes problemas. Y los hay que corren 100. En esas carreras de fondo, asegura, somos grandes campeones, incluso por encima de perros o caballos: “Los cuadrúpedos trotan, pero corriendo en largas distancias no tiene nuestra resistencia”. Y es que estamos llenos de adaptaciones para correr: tenemos las piernas cargadas de muelles que nos ayudan, tenemos grandes glúteos, el tamaño de las articulaciones y un sistema de termoregulación que tiene entre 5 y 10 millones de glándulas sudoríparas para eliminar el calor sudando. Son adaptaciones que tienen casi dos millones de años, que aparecen con la especie humana”, aseguró.

Lieberman, en medio, con Manuel Domínguez-Rodrigo y la autora de la crónica.

Lieberman, aludiendo al trabajo de Manuel Domínguez-Rodrigo en Tanzania, mencionó que hace más de millón y medio de años, los Homo erectus o ergaster ya cazaban grandes animales en cooperación.  Y para eso tenían que correr mucho. “Cuando un cuadrúpedo galopa no puede jadear y se agota pronto. Aquellos primeros homínidos los hacían correr hasta que superaban su velocidad normal y gastaban más energía. Los acosaban hasta que desfallecían, y los cazaban. En el Kalahari, los san también utilizan esta técnica”, mencionaba. De los Homo habilis, añadió, no hay pruebas de que fueran capaces de correr, dada la escasez de fósiles postcraneales que se han encontrado.

Tras múltiples experimentos, Lieberman ha concluido que aquellos primitivos cazadores/recolectores corrían una media de 4 horas al día, que es para lo que evolucinó nuestro organismo. Sin embargo, en la actualidad hacemos un 20% menos que aquellos ancestros africanos, y muchos ni eso, lo que supone que quemamos 400 calorías menos que para lo que fuimos deiseñados. “Este desajuste”, afirmó, “genera cardiopatías, hipertensión síndrome metabólico, diabetes, osteoporosis, ansiedad, Alzheimer e incluso algunos cánceres, pero si hacemos 30 minutos de ejercicio, cinco días por semana, reducimos un 50% la media de padecer enfermedades porque hemos evolucionado para ser atletas de resistencia, no para que nos guste estar sentados”.

Apuntó, no obstante, que igualmente importante es mantener una dieta que evite el sobrepeso, una vez comprobado que los que lo tienen mueren un 90% más pronto que los que no lo tienen.

Y como colofón, nos habló del calzado:  “Tiene ventajas, porque protege del terreno, pero también muchos costes, porque genera lesiones. El pie no evolucionó para estar calzado y por ello hay menos casos de pies planos en África, donde van más descalzos, que en EEUU, donde un tercio de las personas tienen este problema.

 

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Miguelón, protagonista inesperado del estreno del libro #Atapuerca40años


Inesperado invitado en la presentación de “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado”. @Miguel Angel Nieto

ROSA M. TRISTÁN

No estaba previsto. De repente, entre el público alguien sacó un cráneo de una bolsa. “A ver si Eudald Carbonell nos puede decir de quién es”, desafiaron al arqueólogo. Ambos, nos quedamos de piedra. Según me contó después Eudald, no es la primera vez que alguien va a una conferencia o presentación suya con un resto humano, pero un cráneo era demasiado. Ocurrió hace unos días, mientras ‘estrenábamos’ oficialmente el libro “Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA), que hemos escribo a cuatro manos, en la Librería Lé de Madrid.

Fue una tarde especial, cargada de emociones, en la que no faltaron ni la familia ni los amigos. No tengo palabras para describir la sensación que tuve al entrar en el espacio destinado a la presentación y ver tanta gente. Entre la incredulidad y la satisfacción plena, entre el gusanillo de los nervios y el bloqueo por no saber a quien saludar primero. Como el espacio no era muy grande, muchos estaban de pie, entre las columnas, por las escaleras o sentados en el suelo. Había una cámara de televisión y un micrófono de RNE. También algunos colegas tomando notas. ¿Qué más se puede pedir?

Habíamos pensado que aquello fuera como un diálogo entre los dos, que no hablaríamos tanto de lo que es Atapuerca como del libro y que procuraríamos no alargarnos para que hubiera espacio para preguntas del público, que las hubo. Creo que seguimos el plan sin desviarnos, y que algunas de las anécdotas con las que Eudald jalonó su intervención, que recogemos en el libro, pusieron la nota divertida en algo que no queríamos que resultara ‘muy académico’. Entre otras cosas porque, aunque hemos intentado ser rigurosos en el contenido, queríamos que esta obra resultara entretenida para cualquier persona ajena a la materia, que sirviera de resumen de una historia no sólo de los hallazgos, sino también de las personas que han pasado por allí en estas cuatro décadas dejando su huella, algunas ya desaparecidas, otras convirtiéndose en los y las grandes especialistas que hoy son.

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Se me pasó el tiempo volando, así que fue Eudald quien, más consciente del tiempo, puso el colofón: “Somos más de 7.000 millones de individuos en el planeta y en nuestras  manos está el futuro. En otro caso caminamos hacia el colapso de la especie”, dijo.

@Miguel Angel Nieto

Y luego, las firmas… Creo que a cada persona le gusta llevarse algo distinto, una dedicatoria que tenga algo que ver con ella, con el por qué compró ese libro y no otro de los cientos que había alrededor. Así, sin darnos cuenta, entre conversación y conversación, la cola se alargó y hubo gente a la que no puede saludar como hubiera querido.

Ahora, a esperar las opiniones de los lectores y lectoras. Eso es lo importante. Tras cuatro años de trabajo conjunto, mi deseo -y puedo decir que seguramente el de Eudald Carbonell también- es que cada uno de ellos se sienta más cerca de este gran proyecto de la ciencia española, que se acerquen así al fascinante mundo de la investigación, sus dificultades, sus preocupaciones y sus éxitos. A lo mejor así un día tenemos gobernantes en este país que visiten lugares como éste a menudo (por cierto, Rajoy no se ha pasado por Atapuerca, pero creo recordar que un día visitó un laboratorio…), que entiendan que sin ciencia no hay futuro y sin presupuestos no hay ciencia.

Los medios, en la presentación. @Miguel Angel Nieto.

 

Con la editora de RBA, Anna Periago. @Miguel Angel Nieto.

@Miguel Angel Nieto.

 

Las claves de Schöningen en palabras de Nicholas Conard


Nick Conard, en el Congreso de la UISPP. |ROSA M. TRISTAN

Nick Conard, en el Congreso de la UISPP. |ROSA M. TRISTAN

ROSA M. TRISTÁN

El arqueólogo norteamericano Nicholas Conard es de esos científicos que ‘donde ponen el ojo, encuentran un tesoro’. Licenciado en Antropología y Química por la Universidad de Rochester, y doctor por la Universidad de Yale, pronto derivó su carrera hacia la Arqueología como camino para encontrar momentos claves del pasado humano. La historia humana de América es relativamente reciente, apenas 15.000 años, así que Conard se vino a Europa, en concreto a Alemania, donde su equipo ha acabado encontrando objetos e indicios claves del paso de la especie por el Viejo Continente.

En Suavia (Alemania) encontró hace unos años algunas de las primeras y más hermosas expresiones artísticas de los primitivos sapiens, incluso una flauta hecha con el hueso de un buitre de hace 35.000 años. Ahora, su trabajo se centra en el yacimiento de Schöningen, en el mismo país. Hace unas semanas, fue uno de los participantes en el Congreso de UISPP de Burgos, y allí tuve ocasión de que me contara las últimas noticias sobre sus investigaciones.

Lanzas de madera de hace 400.00 años, en Schöningen

Lanzas de madera de hace 400.00 años, en Schöningen

¿En qué momento se encuentran ahora los trabajos en Schöningen?

Es un proyecto muy dinámico, en el que trabajan equipos de todo el mundo, con mucha gente, pero  dos centros principales en Tübigen, que es donde se realizan las excavaciones acutales y el Centro Monrepós del Museo Central Romano-Germánico de Mainz, que se encarga del estudio de toda la fauna. Estamos ahora en plena actividad.

En Suavia su equipo encontró lo que se consideró la primera expresión artística compleja de nuestra especie. En este Congreso se ha presentado una obra hecha por neandertales ¿En qué cambia este hallazgo lo que se sabía?

El yacimiento de Schöningen es un lugar idóneo, por el estado de conservación de las piezas, para analizar este tipo de cuestiones relacionadas con diferencias entre homínidos antiguos, entre Homo heildebergensis tardíos o neandertales primitivos. Y lo que vemos es que tienen comportamientos con estrategias de subsistencia, de caza, de la forma de fabricar herramientas que son muy similares a las que se observan más tarde en el Pleistonceo Superior en los neandertrales recientes y en los humanos modernos. Un buen ejemplo son las lanzas de madera que encontramos allí, que son de hace 400.00 años, unos útiles muy complejos, que están muy bien realizado y  que funcionan perfectamente.

¿Cuáles son las preguntas pendientes de Schöningen, las hipótesis sobre las que están trabajando en estos momentos?

Schöningen tiene una gran ventaja y es que es un lugar único en el mundo para responder a interesantes respuestas sobre la organización social, para aclarar cuestiones específicas económicas y el link entre esas estructuras sociales y económicas en aquel momento. En definitiva, para tener una visión clara de cómo vivían los heidelbergensis hace 400.00 años. La ventaja de este yacimiento es que allí podemos documentar acciones muy específicas y, por tanto, se pueden hacer preguntas muy concretas.

Cnn el 'sapiens' Nick Conard, en la sede del Congreso de la UISPP, en el campus de Burgos.

Cnn el ‘sapiens’ Nick Conard, en el campus de Burgos.

¿Se está diluyendo las diferencias entre las especies que habitaron Europa?

Es cierto que se diluyen las diferencias, pero depende de la perspectiva que tengamos. Analizando las formas de vida, estrategias subsistencia, no son muchas, pero si hay grandes diferencias en el campo pensamientos simbólico y en el uso de objetos de arte, como instrumentos musicales, estatuillas con representaciones de figuras, adornos personales. Todo ello lo han hecho los Homo sapiens sapiens, lo que supone una gran capacidad de expresión abstracta, de comunicación, de lenguaje. Puede que los homínidos antiguos tuvieran algún tipo de simbolismo en el Pleistoceno Medio, un pensamiento complejo, pero no en el mismo nivel y de la misma manera que vemos más adelante. Y esa es una de las razones por las que nosotros estamos aquí y ellos no. Como decía, depende de lo que busques, encuentras. Uno puede centrarse en las diferencias o hacerlo en lo que tenemos en común; son dos punto de vista diferentes. En mi opinión, la diferencia entre los humanos europeos de hace 400.000 años y los sapiens modernos es clara. Si pudiésemos viajar al pasado de hace 40.000 años, cualquiera de nosotros podría relacionarse con nuestros antepasados. Bastaría con aprender su lenguaje porque seríamos muy similares. Pero si retrocediéramos más en el tiempo y viajásemos a hace 300.000 años a Schöningen, posiblemente nos relacionaríamos también, porque tendríamos que cazar o hacer fuego como ellos, pero la forma de afrontar las necesidades sería muy diferente.

En su opinión ¿qué llevó a la extinción a los neandertales?

En cierto modo, Schöningen ayuda a responder porque permite comprobar que, a pesar de tener comportamientos y tecnología compleja hace 400.000 años, no había elementos que si aparecen en Paleolítico Superior, con los sapiens, con los que se extiende rápidamente el arte rupestre. Hace 40.o00 años, en Alemania tenemos arte mueble como la Venus de Hohle Fels, el Hombre-León… Y todo ello, surge con los humanos modernos. Eso puede ser un factor que explique por qué etamos aquí y ellos no: la creatividad, esa capacidad de plasmar el pensamiento simbólico. Desde luego que la creatividad no es el único factor que explica su desaparición. También influye la demografía, porque los humanos modernos tienen un ratio de reproducción mayor y eso es fundamental. Pero arte y creatividad permitió tener a nuestra especie un pegamento social que les hizo ser más eficientes.

 

 

 

 

Una gran aventura: “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (RBA)



ROSA M. TRISTÁN

Hay veces que la vida te pone delante oportunidades que no puedes dejar escapar. Recuerdo que iba en el coche cuando un domingo, a esa hora en la que casi todo el mundo sestea, me llamó Eudald Carbonell, uno de los tres codirectores de Atapuerca. “¿Quieres escribir un libro conmigo sobre el proyecto?”. Han pasado cuatro años desde esa llamada y el libro que ahora tengo en mis manos. Muchos días de buscar documentación, de confirmar datos, de entrevistas,  de visitas a los yacimientos para ‘empaparme’ bien de todo lo que allí se cuece, siempre de la mano de Eudald, a veces de José María Bermúdez de Castro, o de Juan Luis Arsuaga, pero también de otros muchos y muchas que están ahora aquí, en mis manos, en estas 400 páginas envueltas en el cráneo de ‘Miguelón’. A todos ellos les dedico mi parte en este trabajo “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA).

Aquel día tuve que parar el coche. Atapuerca. Desde que conocí esa grieta en la sierra me atrapó entre sus entrañas, no sólo porque era el primer yacimiento paleontológico que visitaba sino porque las gentes que por allí pululaban, piqueta en mano, me acogieron desde el principio como alumna novata pero aplicada. Después, he visitado muchas otras excavaciones, en España, en África, en América Latina… Todas fascinantes, con historias que contar que van mucho más allá que la mera noticia. Historias de humanos de hoy y de un ayer que se remonta al origen de nuestros tiempos como especie. Quien le iba a decir al Homo antecessor que sus parientes acabarían viviendo apiñados en gigantescos y extraños montículos cuadrados que se llaman rascacielos, que se incendiarían los bosques llenos de caza por placer o, lo que es casi peor, para que unos fueran superiores a otros por sus riquezas, que sería cada día más difícil respirar el aire que da la vida, que no se podría beber el agua turbia de los ríos porque alguien la envenenó, que hablarían mis mirarse a los ojos y se reproducirían tras depositar sus ‘semillas’ en extraños objetos transparentes.

Con Eudald, Emiliano Aguirre y su mujer, en su despacho. @ROSATRISTAN

Pero también, quien le iba a decir que alguien mimaría sus huesos como un tesoro, y los estudiaría con mil y una técnicas para descubrirnos lo que comía, lo que le enfermaba, lo que hacía con sus manos, lo que sentía por los demás…

Aparqué y contesté a Eudald que sí, que contara conmigo para contar la historia de esos 40 años de trabajo, de dificultades y éxitos espectaculares. Y decidimos que él, como no podía ser menos, sería el hilo de un relato hecho en primera persona, porque sus experiencias vitales son intransferibles, como lo es su visión del proyecto.

Así, nos pusimos manos a la obra, interrumpida a veces por otros asuntos, pero nunca olvidada. Durante muchos fines de semana nos reunimos en una casa rural cercana a Burgos, familiar, acogedora (El Molino), acompañados por una chimenea y los buenos guisos de Mila y Maxi. Otras, en la sede de la Fundación Atapuerca, en Ibeas de Juarros, más formal, pero donde el equipo de allí nos apoyaba para buscar un dato, una imagen..  Luego, para ordenar ideas, también hice alguna escapada ultramar, hasta Fuerteventura, la isla de la tranquilidad, y sobre todo muchas visitas a la sierra, casi siempre en campaña estival, pero también en el frío invierno, compartiendo una carne asada en una hoguera, de forma no muy distinta a como lo harían los neandertales que la habitaron. Y así hasta ‘empaparme’ bien, del pasado y del presente.

Ahora aquí está el resultado. Y no sería lo mismo sin las ilustraciones de Mauricio Antón, sin las fotos de Javier Trueba, Jordi Mestre y muchos más, sin la cuidada edición de National Geographic (RBA) y, sobre todo, sin los fantásticos prólogos que nos han hecho Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez de Castro, codirectores del proyecto con Eudald Carbonell en esos 40 años.

El libro desde ya está a la venta ‘on line’ y en las librerías. En breve, también en versión digital para quien prefiera leerlo en ebook. Pero, la verdad, es una edición tan hermosa que merece la pena tenerlo entre las manos.

Sólo deseo, como coautora, que disfrutéis tanto leyéndolo como Eudald  y yo lo hemos hecho al escribirlo. Puedo decir que desde que colgué aquella llamada, un domingo invernal, a la hora de la siesta,hasta hoy, con “Atapuerca : 40 años inmersos en el pasado” ya en mis manos, no he dejado de aprender ni un sólo día.

UN ÁLBUM PARA EL RECUERDO

Y FIN….

Los neandertales de Atapuerca, entre “Fantasma y Estatuas”


Yacimiento de Cueva Fantasma, en tareas de limpieza previas a la excavación. @Rosa Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Llegar a media mañana a la Sierra de Atapuerca, en plena campaña de excavación, es coincidir con el momento en el que los equipos de todos los yacimientos se reúnen en un descanso que aprovechan para ponerse al día de las primeras novedades de la jornada. Es un buen momento para comentar, entre un café y un bocadillo, el último hallazgo en cualquier punto de la sierra, salvo el Mirador, cuyo enclave está lejos para aprovechar el refrigerio.

Este pasado 22 de julio justo entraba a la Trinchera en ese momento y llevaba el objetivo bien claro: conocer la nueva Cueva Fantasma, llamada así porque realmente su aspecto hoy no es el de una cueva así que, aunque presentían que existía, no la encontraban. Eudald Carbonell ya me había enseñado el año pasado los inicios de los trabajos en ese lugar situado justo encima de la Gran Dolina, otra grande y famosa cueva, lugar de tantos hallazgos importantes para la evolución humana, pero fue después de irme cuando encontraron el fragmento de un cráneo que, por su cronología, debe ser de un neandertal, aunque no se ha confirmado.

Este año ha pasado lo mismo: el último día de excavación, apenas 48 horas después de mi visita, han encontrado otro fósil de neandertal de hace 50.000 años, en este caso un hueso de un pie,  y ha sido en la Galería de las Estatuas, un yacimiento situado al final de la Cueva Mayor en la que un equipo los buscaba desde hace años y que también visité en una ocasión. El hallazgo tuvo lugar en el lugar donde se lavan los sedimentos,  en las orillas del río Arlanzón, donde el equipo dirigido por Gloria Cuenca los criban para que nada escape, mucho menos un hueso de un homínido por pequeño que sea.

Falange de un pie de neandertal hallado en Galería de las Estatuas. @Javier Trueba

Los neandertales eran las piezas que faltaban en Atapuerca para tener completa en la sierra burgalesa toda la historia de la evolución  humana en Europa desde hace 1,2 millones de años hasta nuestros días. “Estamos convencidos de que sus restos aparecerán antes o después. Tenemos sus lugares de asentamiento, sus herramientas. El yacimiento de Fuente Mudarra era un taller al que iban a hacer utensilios de piedra. Sabemos que estaban y los encontraremos”, me han repetido los codirectores a lo largo de los últimos 15 años. Ahora, hay dos yacimientos que seguramente los tienen, el ya confirmado de Galería de las Estatuas y  Cueva Fantasma, donde todo indica que también proporcionará piezas del puzzle neandertal.

Precisamente, tal como quería, Cueva Fantasma fue lo primero que visité después del refrigerio en esa mañana. Su apariencia, para mi sorpresa, es muy distinta a la que recordaba del año anterior. Ante mis ojos había una gran extensión de terreno a cielo abierto, en la que ya en las primeras tareas de limpieza superficial en apenas un mes habían encontrado una gran cantidad de fósiles. Es una nueva mina para excavar durante decenas de años: 12 metros de sedimentos que está en el nivel más alto de las galerías que socavan la sierra. “Si queríamos encontrar neandertales, este es un lugar adecuado por su cronología. El año pasado, entre los restos de limpieza, ya encontramos un trozo de cráneo que seguramente pertenece a esta especie, aunque hay que excavar para confirmarlo”, explicaba Carbonell ante el yacimiento.

En el interior, Ana Isabel Ortega y otros compañeros barrían, con cepillo y recogedor, llenando cubos de tierra de los restos de la antigua cantera. Justo encima de su cabeza, ya asomaba un palimpsesto, todo un amasijo de huesos fosilizados (bóvidos, caballo, quizás de ciervos… ). “Ven a verlo de cerca”, me dijo. Es el tipo de invitación que no se puede rechazar, así que en esa primera parada en Atapuerca acabé junto a un montón de fósiles que aún no se sabe cómo allegaron ahí, ayudándola a cargar y vaciar los cubos. “Esto de trabajar en un yacimiento en Atapuerca no lo habías hecho aún”, me comentaba mientras me iba describiendo el lugar y me dibujaba la inmensa Cueva Fantasma en la cabeza. “Aquí tienes unas costillas y más allá parece un húmero”, explicaba Anai mientras el polvo se me metía en la piel y mi temor a pisar algo importante iba en aumento.

Yacimiento de la Gran Dolina, donde han aparecido 8 bifaces achelenses. @ROSA TRISTÁN

Después de pasar un buen rato en lo que fue una caverna hace decenas de miles de años, me ‘enganché’ a José María Bermúdez de Castro para que me llevara hasta la cercana Gran Dolina, donde entramos por su parte superior para bajar a la excavación por una de los laterales. También es una cueva sin techo, pero en este caso fue el equipo quien lo quitó hace décadas para poder descubrir lo que ocultaba.

La Gran Dolina desde arriba, con su infinidad de cuadrículas y las cabezas agachadas sobre ellas sacando restos del pasado, y al fondo la Trinchera del Ferrocarril, es una imagen fascinante. “Estamos en el final del nivel 10 y en contacto con el nivel 9 hemos encontrado ocho bifaces achelenses este año. De hecho, íbamos a bajar más rápido pensando que no había ya nada importante, pero al encontrar los bifaces hemos ralentizado el ritmo” , me contaba Bermúdez de Castro entre la incesante percusión de los martillos machacando grandes moles de piedra, la música permanente de Atapuerca. La arqueóloga Marina Mosquera, en una pausa entre golpe  y golpe me reconocía que están “encantados” de acabar de excavar este duro nivel 10: “Hemos quitado aquí toneladas de piedras y ya estamos pensando en lo que hay abajo; queremos acabar con la dinámica de tantos bloques de piedra”.

Unos cuantos niveles más abajo, se encuentra TD4, con restos fósiles y herramientas de casi un millón de años. Allí, como esperaba, se encontraban Jordi Rosell y María Martinón-Torres, junto con un equipo de excavadores  que se ha traído María del University College of London, donde da clase e investiga desde 2015. Este año en TD4 han sacado restos de hienas manchadas, de las que han encontrado un cráneo entero. “Esto es importante, porque nos confirma que hace un millón de años ya estaba esta especie en Europa, una prueba más de que comenzaba la modernidad”, me explicaba Rosell.

Seguí por la Trinchera hasta el yacimiento de La Galería para saludar a Isabel Cáceres y comprobar que ya han logrado unir toda la superficie del yacimiento, esa trampa o ‘supermercado’ como le gusta llamarle, que antes estaba dividido en dos partes por un bloque de piedra, y ahora parece mucho más grande. Toda una remodelación. Y como excavar en Atapuerca ‘engancha’, concentrada sobre una cuadrícula trabajaba Aurora Martín, directora del Museo de la Evolución Humana, dándole al cincel y al martillo. “Todos los años lo hago. Me desconecto de las tareas del museo. Y por cierto, vente por allí, que hay una excelente exposición nueva sobre las montañas”.

Ya apretaba el Sol de mediodía cuando abandoné la Trinchera, no sin antes visitar a Rosa Huguet y a Xose Pedro Rodríguez en la Sima del Elefante, conocer el socavón que han hecho enfrente del yacimiento-agujero en el que se encuentra la Sima y ser presentada a su mascota del día: un simpático ratoncillo de campo que había amanecido entre las cuadrículas. No hubo tiempo para acercarse hasta El Portalón, ni al Mirador para conocer de primera mano los nuevos cadáveres canibalizados que han encontrado este año, pero es que Atapuerca es demasiado grande para abarcarlo en un día.

Aurora Martín excavando en La Galería. @Rosa Tristán

Por la tarde, mientras sabía que los excavadores limpiaban, restauraban y clasificaban todo lo que han encontrado en la residencia Gil de Siloé, en el Museo de la Evolución me esperaba Aurora y la exposición ‘Montañas’, un excelente recorrido por lo que han supuesto las montañas para el arte, la ciencia, el misticismo y la exploración que ha contado con la colaboración del catedrático Eduardo Martínez de Pisón y que reúne 200 piezas, algunas realmente sorprendentes. Hasta mediados de diciembre se puede visitar, así que hay tiempo. Y como era un día de fortuna, dio la casualidad que Juan Luis Arsuaga estaba recorriendo en ese momento la muestra, que era el único codirector de Atapuerca al que no había visto en esa intensa jornada.

Él me dio la pista de un colofón de lujo para la jornada: un concierto audiovisual que tuvo lugar ese mismo día 22 en el Museo dedicado a Einstein con diferentes piezas de música clásica ‘ilustradas’ con obras audivisuales muy ‘especiales’, muchas del fotógrafo José Latova. Utilizando pigmentos en agua, con diferentes densidades y con técnicas previas a la digitalización, según me contó Latova, el artista había conseguido generar movimientos que recordaban a las imágenes de galaxias, supernovas y agujeros negros del telescopio Hubble.

Y así pasé de lo más terrenal a lo cósmico en tan unas horas. No se puede pedir más.

 

Las 8 piezas con historia que Atapuerca 2016 desveló


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ROSA M. TRISTÁN

La campaña en Atapuerca de este año se presentó excelente desde los primeros días. Al final, lo más fascinante, sin duda, son esos restos de hace 400.000 años que aparecieron al final en la Cueva El Fantasma, en la que este año se ha empezado a excavar. “Hay que estudiar ese trozo de parietal, pero estoy casi seguro que será de neandertal primitivo”, me asegura Eudald Carbonell, transcurridas ya varias semanas desde aquel momento, y recién acabadas las excavaciones en su otro ‘niño mimado’, el yacimiento neandertal del Abríc Romaní.

Ese hallazgo me pilló a muchos miles de kilómetros de Burgos, pero ya antes de producirse, el equipo de esta sierra castellana había sacado a la luz piezas que escondían grandes historias, como las ocho que, tras ser escogidas por los coordinadores de cada uno de los yacimientos,  he relatado en una serie publicada en el Diario de Burgos. Un pequeño fósil de águila, una gran mandíbula de caballo, un cráneo humano o un toro salvaje son la excusa perfecta para viajar del Neolítico al Pleistoceno sin salir de este pequeño Laboratorio para Sapiens. En cada link, un capítulo de la serie..

EL DEDO QUE SEÑALA LA SIMA DE LOS HUESOS 

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BANQUETE NEOLÍTICO DE UN TORO SALVAJE

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UN CRÁNEO HERVIDO Y CANIBALIZADO 

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LA SONRISA DE UN CABALLO DE ATAPUERCA 

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ATAQUE DE CUERNOS EN LA GRAN DOLINA

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UN NUEVO KIT DE HERRAMIENTAS 

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AGUILAS PESCADORAS DEL PLEISTOCENO

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EL PUERCO ESPÍN Y LOS CUERVOS DE LA TRINCHERA

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Hallan un revolucionario ‘kit’ de herramientas de hace 1,7 millones de años


El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai

El arqueólogo Manuel Domínguez Rodrigo en Olduvai. @ROSA M. TRISTÁN

Científicos españoles descubren los bifaces de piedra (hachas de mano) más antiguos que se conocen

Un yacimiento de la Garganta de Olduvai contenía más de 2.200 piezas de piedra tallada y fósiles de animales que sirvieron de alimento a los homínidos

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

Impresionante bifaz de hace 1,7 millones de años, encontrado en Olduvai por un equipo español. @FERNANDO DÍEZ MARTIN

ROSA M. TRISTÁN

El equipo hispano-tanzano que trabaja en la Garganta de Olduvai, bajo la dirección de los arqueólogo Manuel Dominguez-Rodrigo y Enrique Baquedano, por parte española, sigue haciendo historia. Esta semana han publicado en la revista Nature (ScientificReports) el hallazgo de las herramientas achelenses mejor talladas, más antiguas que se conocen: tienen 1,7 millones de años.

 El achelense, también llamado Modo 2, es fundamental en la historia humana, pues es un modo de tallar la piedras, una tecnología, que supone la aparición de un comportamiento complejo, que es capaz de realizar grandes herramientas en las que se seguía un modelo previo. Su aparición significó un cambio trascendental respecto a lo anterior, el Modo 1 u Olduvayense, en el que ancestros más primitivos se limitaban a hacer utensilios con filo, sin seguir un estándar. Una revolución mayor que la invención de internet.
La especie que los fabricaba era, posiblemente, el Homo erectus, o ergaster africano, aunque también se han encontrado restos de estos humanos primitivos junto a herramientas mucho más sencillas, que habían sido atribuidas hasta ahora a Homo habilis, y que ahora se ha puesto en duda.
Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Otro de los bifaces, en diferentes posiciones. @FDIEZMARTIN

Los arqueólogos firmantes, del Instituto de Evolución en África (IDEA), creado en 2010, han localizado un total de 2.120 piezas diferentes en un solo yacimiento de Olduvai, el FLK West. Estaban en seis unidades estatigráficas diferentes cuando salieron a la luz en 2012. La inmensa mayoría (más del 73%) son de cuarzo, pero también las hay de materiales volcánicos y de esquistos. Entre ellas, había 28 hachas de mano, algunas bifaciales (que se denominan bifaces) de gran tamaño: una de ellas tiene 30 centímetros de longitud. Algo similar no se ha encontrado hasta 700.000 años más tarde. También había decenas de lascas y los restos que dejaron al fabricarlas. Entre estas últimas, la mayoría no son simétricas, pero si que fueron retocadas varias veces para conseguir cuchillos eficaces . Como  están junto a los bifaces, que si tienen simetría, no hay duda de que la técnica la conocían, aunque no siempre la utilizaban.

Ciertamente, no es la primera vez que se encuentran herramientas achelenses tan antiguas.. Antes de este hallazgo, cuyo trabajo ha dirigido Fernando Díez Martín, ya se habían descubierto algunos utensilios con 1,7 millones en Kokiselei (Kenia) y en Konso (Etiopía), pero las  de FLK West están talladas con más habilidad, lo que demuestra que aquellos humanos desde los inicios tenían la capacidad cognitiva suficiente como para producirlas;  otra cosa es que a unos  erectus les salieran mejor que a otros, como ocurre hoy en día: no todos somos igual de hábiles con los trabajos manuales, aunque nuestro cerebro sea igual. También es posible que hubiera una gran diversidad de formas de hacer las herramientas en función del lugar. “Lo que está claro es que el cerebro complejo ya existía hace 1,7 millones de años y que esta tecnología puede ser incluso anterior”, señala Domínguez Rodrigo a este Laboratorio. Y tiene razón… ¿Por qué iban a haber encontrado justamente las primeras?

Pero si esto es importante, no lo es menos que FLK West es el primer yacimiento en que los utensilios de piedra aparecen junto a los restos de los animales para los que se utilizaron, cosa que no se encontró en Kenia ni en Etiopía, por lo que era difícil saber para qué las habían fabricado.  Es el mismo problema que había en otros yacimiento (como Koobi Fora o Peninj, algo posteriores). Y es que una piedra cortante podía servirles para desmembrar y sacar la carne de la presa, para trabajar la madera, para machacar una planta o para excavar la tierra y conseguir un tubérculo…. En Peninj, se concluyó que las usaban para la madera y en Konso (Etiopía) que el objetivo era cortar la carne. Sólo FLK W no deja lugar a interpretaciones: allí los homínidos se dedican a la explotación de los animales que conseguían; descuartizaban los cadáveres y al hacerlo dejaban marcas de cortes en los huesos.

Entre los animales identificados por sus fósiles, hay un mínimo de 2o bóvidos (antílopes de tamaño grande), jabalíes y équidos, de los que se conservan huesos largos, dientes y costillas. Y son muchos los que tenían cortes, señales de haber sido machacados para sacar el tétano o marcas de dientes. Al menos en dos niveles estatigráficos (el 5 y el 6) se ha confirmado que herramientas y restos de animales estaban juntos. Saber para qué usaban cada pieza es algo que aún no se ha averiguado, pero será objeto de un estudio posterior.

Una cuestión añadida es que en ese momento África vivía un momento de grandes cambios climáticos, como han revelado los estudios que también ha realizado los investigadores. El paisaje tendía a la aridez, abriendo grandes espacios en los bosques, tanto en Olduvai como en otros lugares, como la cuenca etíope del río Omo. Para los autores “la coincidencia en el tiempo de estos cambios y la aparición de las primeras industrias achelenses sugiere que hubo un disparador climático para esta innovación tecnológica y su impacto en la evolución humana”.

 

Una campaña preparando el futuro…para rescatar el pasado en Atapuerca


Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

Vista del yacimiento Gran Dolina,en la Trinchera del Ferrcarril, en plena actividad. |@RosaMTristán

ROSA M. TRISTÁN

Una máquina con un enorme taladro va extrayendo de las entrañas de la tierra un perfecto cilindro de arcillas de diferentes tonalidades. Estamos a las puertas de lo que fue la Cueva Fantasma, llamada así, probablemente, porque se sabe que existió, pero lleva hundida mucho tiempo y nadie la ha visto. El trabajo, cuando ya el sol cae, tiene lugar en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, justo encima de la Gran Dolina, en el repecho que hay a su espalda. El Equipo de Investigación, en este caso bajo la batuta del arqueólogo Eudald Carbonell, quiere saber en potencial de sedimentos que tiene este lugar hasta la base de roca.

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Edudald Carbonell, en el sondeo en la Cueva Fantasma| @RosaMTristán

Estamos a 35ªC en la sierra. No recuerdan un verano con estas temperaturas, hasta el punto que días antes de mi llegada hubo algunas bajas por un “golpe de calor”. A medida que salen catas del agujero, aumenta la euforia de Carbonell. El arqueólogo Josep Valverdú y la geóloga Ana Isabel Ortega van recogiendo en cajas las ristras de material, anotando sus características para su análisis posterior. El taladro toca fondo a los 11 metros, que sumados a los casi cuatro que hay en la parte superior, suponen 15 metros de relleno a los que un día habrá que meter mano, pues corresponden con la parte superior de Gran Dolina, con unos 400.000 años de antigüedad. ¿Esconde Fantasma pistas de quienes fueron los sucesores de los caníbales de ese yacimiento emblemático?

Un merecido descanso de los 'paleo-guerreros" en la Trinchera. |@RosaMTristán

Un merecido descanso de los ‘paleo-guerreros” en la Trinchera. |@RosaMTristán

No es la única novedad de la campaña de 2015, en la que no han dejado de salir fósiles. “No tenemos ningún fósil humano espectacular, como los que buscan las cámaras, y sin ellos parece que entonces no ha sido buena campaña, pero no es así. ¡Todo es muy valioso! Hay años más de transición que son fundamentales”, reconoce José María Bermúdez de Castro, codirector del proyecto con Carbonell y Juan Luis Arsuaga, al que no se le ve el pelo: pasa la mañana en el interior de la Sima de los Huesos, a 14 metros de profundidad bajo la sierra. Ignacio Martínez, su compañero desde casi media vida, si tiene tiempo para compartir un café. “Estar ahí abajo une mucho, es algo especial”, confiesa.

Mandíbula de oso de la Gran Dolina, TD4, un millón de años casi, con su colmillo y todo. |@RosaMTristán

No son huesos humanos, como los restos craneales que Arsuaga ha presentado al final de la campaña (un más para el puzzle que cada vez tiene más piezas) pero los restos de un oso ‘Ursus dolinensis’ y un cérvido, que asoman entre los sedimentos del nivel TD4 de la Gran Dolina, me llaman poderosamente la atención. Tienen casi un millón de años, como la herramienta que apareció en 2013 en el mismo lugar. Jordi Rosell, que coordina al equipo de este yacimiento, me lo enseña con entusiasmo. Allí, encorvados, picando con extremo cuidado, están los paleontólogos Jan Van der Made y María Martinón-Torres, que anda preparando ya su equipaje para su traslado a Gran Bretaña. “Esto era una cavidad con pendiente a la que los osos venían a hibernar, pero también entraban otros animales y homínidos, quizás para conseguir comida. Este año sacamos fósiles fantásticos, incluso en conexión anatómica. Ya nos queda trabajo para poco tiempo, después de años de trabajo”, me explica Rosell.

Su interés en las marcas que se encuentran en los fósiles de los animales, y muy especialmente los osos, le ha llevado a participar en un grupo pirenáico de seguimiento de estos animales. Les dejan carnaza y luego recogen lo que dejan para analizar sus señales y compararlas con las que aparecen en Atapuerca. Pero para cuando acabe con TD4, ya tiene el ojo en otro lado, justo en el espacio hoy sin actividad junto a este nivel, espacio que hace años que no tocan.

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Preparación del terreno para excavar en Penal, frente a Gran Dolina. @RosaMTristán

Por otro lado, Gran Dolina fue partida en dos por la Trinchera, así que en la pared de enfrente sigue la cueva rellena, quien sabe con qué tesoros prehistóricos. El Equipo este año ha empezado a preparar el terreno para instalar andamios y un puente que de acceso a ese lugar. Es el yacimiento “Penal”, que nunca se ha excavado en la larga historia de este proyecto. “Estamos seguros de que ahí está la entrada a la cueva y que habrá trabajo para muchos años”, me explica Carbonell, mientras unos obreros alrededor colocan las chapas que ponen suelo al gran agujero donde en 2014 localizaron el subcrón Olduvai.

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

La Galería, iluminada por la luz del atardecer. |@RosaMTristán

“Para eso necesitamos mucha gente joven en el equipo y ahora mismo las perspectivas no son buenas”, me comenta Bermúdez de Castro durante el descanso de las 11, cuando el equipo cesa por 30 minutos la tarea para hacerse con las vituallas que Jimmy les prepara desde hace décadas, y hasta este año, que se jubila con desgana.

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

El laberinto de andamios en El Portalón de Cueva Mayor. |@RosaMTristán

No puedo dejar de visitar la Cueva Mayor, hoy un gran foso en el que, como hormigas con casco, el personal labora sin cesar… Quizás algún día pueda traspasar esa puerta metálica que da acceso a la Cueva del Sílex, aunque José Miguel Carretero me explica que hay que retorcese por una estrecha garita para llegar a la gran sala. Como consuelo, me enseña el famoso caballo en ocre que dio origen a todo lo que veo a mi alrededor, y que resultó ser falso. A decir verdad, no logro distinguirlo entre las sombras y oquedades de la roca.

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

La Sima del Elefante, trabajando en el nivel de 1,2 millones de años. |@RosaMTristán

Tampoco puedo evitar bajar a la Sima del Elefante, fascinada con el tremendo boquete que , año tras años, ahora nos lleva a hace 1,2 millones de años, y aún más atrás. “¿Qué? ¿Impresiona verdad?”, pregunta la paleontóloga Rosa Huguet. Cómo no, respondo, porque aún recuerdo que nada de esto existía la primera vez que visité ese lugar, hace ahora 10 años.

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Jan Van der Maden y María Martinón-Torres, en plena faena. |@RosaMTristán

Y, así, entre idas y venidas. Entre capítulo y capítulo de esa historia que poco a poco va tomando forma, se acaba el viaje, un año más. En esta ocasión, con la certeza de que he presenciado los primeros mimbres del futuro de Atapuerca, que es su pasado.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

La autora, junto a Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

 

 

Hace 8.000 años todos éramos negros


La autora y un joven masai, en Tanzania. Pieles distintas, pero desde hace sólo 8.000 años. |R.M.T.

La autora y un joven masai, en Tanzania. Pieles distintas, pero desde hace sólo 8.000 años. |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN
Una reciente investigación ha vuelto a poner sobre el tapete un asunto que adquiere importancia mucho más allá de la ciencia para situarnos en un escenario que deja al racismo en el limbo del absurdo que supone su mera existencia; la piel blanca de los europeos, con la que luego colonizamos buena parte del planeta, tiene apenas 8.000 años de existencia. Ya antes de darse a conocer este trabajo, hace unos días en la 84ª reunión anual de la Asociación Americana de Antropología, se sabía que la piel humana ha sido negra durante el 95% de nuestra historia, o más, pero sólo ahora, gracias a los estudios genéticos, se ha podido confirmar. Si, hasta antes de ayer éramos negros y no podemos asegurar que volvamos a serlo en el futuro.

Para llegar a la conclusión de que lo que nos diferencia es algo muy reciente, un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard secuenció los genomas de antiguas poblaciones de toda Europa. En concreto compararon las parte del ADN implicadas en el color de la piel de 83 individuos encontrados en diferentes yacimientos arqueológicos del continente. Este estudio, como publica en Science Ann Gibson, reveló que los europeos actuales son una mezcla de tres antiguas poblaciones de cazadores-recolectores y de agricultores que llegaron hasta el continente de hace 8.000 años y que hace unos 4.500 años hubo una masiva migración de pastores de Yamnaya, las estepas al norte del Mar Negro, que probablemente trajeron las lenguas indoeropeas.

Pero ¿qué genes eran tan favorables como para expandirse con rapidez en estas tierras? Para averiguarlo el genetista de la población Ian Mathieson, de Harvard, decidió comparar los genomas de esos 83 europeos antiguos con los de europeos de hoy en día, utilizando para ello la base de datos del 1000 Genoma Project, una iniciativa científica lanzada en 2008 a nivel internacional para catalogar las diferencias genéticas humanas. Y Mathieson encontró cinco genes  asociados con cambios en la pigmentación de la piel, y también con la dieta, que experimentaron una fuerte selección natural.

El equipo encontró que en ese cambio de color hubo implicados tres genes diferentes que dan lugar a la piel clara, según las zonas, lo que implica una evolución en mosaico según el lugar a lo largo de esos ocho milenios. Aunque los fósiles muy antiguos no guardan restos de piel, se presume que los humanos que salieron de África hace 40.000 años para llegar a Europa tenían la piel oscura, que es ventajosa en donde hay mucho sol.  Y es una característica que perduró 31.500 años, pues cazadores y recolectores de ese periodo encontrados en España, Luxemburgo Hungría no tuvieron en todo ese tiempo la palidez que nos proporcionan las versiones de los genes SLC24A5 y SLC45A2.

Sin embargo, en el norte del Europa, donde hay poca luz, los cazadores-recolectores de casi el mismo periodo (hace unos 7.700 años) eran ya muy distintos: siete individuos de un yacimiento al sur de Suecia ya tenían esas mutaciones genéticas de la piel blanca, e incluso uno más (la del gen HERC2/OCA2) que proporciona los ojos azules y el pelo rubio. Fue por entonces que llegaron los primeros agricultores de Cercano Oriente, que también traían los genes de piel clara y poco a poco también en el sur comenzamos a ‘aclararnos’, aunque hasta hace 5.800 años aún nos faltaba mutar un gen para ‘barrer’ definitivamente los rastros de negritud.

Los científicos también han encontrado explicación genética a la más baja estatura de los mediterráneos, respecto a los nórdicos. Afirman que con la llegada de los pastores esteparios, en el norte y centro de Europa se extendieron la variantes genéticas de estas poblaciones relacionadas con su mayor estatura, mientras que la selección hizo que en Italia y España, sobre todo en nuestro país, hace 6.000 años, la esbeltez se contrajo debido, apuntan, a unas temperaturas más frías y a una dieta pobre.

Además, en el mismo trabajo han confirmado que los cazadores-recolectores y los primeros agricultores europeos no podían digerir los azúcares de la leche hace 8.000 años, pues carecían de la versión del gen (el LCT) que nos permite tomar este producto cuando somos adultos, una tolerancia que no llegó a Europa hasta hace 4.300 años.
Es muy triste que con este pasado a nuestras espaldas aún haya blancos que sigan pensando que son superiores. Son los mismos que cada día paran en la calle a los negros para comprobar su identidad, los que los tirotean en las calles de Estados Unidos, los que relegan matanzas como la de Kenia a segundo plano en los medios (142 jóvenes asesinados de una tacada) y los que les echan a golpes de vuestras fronteras.
Todos venimos de su tierra africana.. Y hasta antes de ayer todos éramos negros. No lo olvidemos

La cueva de Altamira aumenta de tamaño un 20%


Ortoimagen de la Sala de Polícromos de la Cueva de Altamira. |ASFIMAGEN

Ortoimagen de la Sala de Polícromos de la Cueva de Altamira. |ASFIMAGEN

ROSA M. TRISTÁN

PUBLICADO EN EL HUFFINGTON POST

La cueva de Altamira es más grande de lo que se pensaba y su Sala de Polícromos, donde se encuentran las pinturas rupestres, más pequeña.  Así lo concluyen las nuevas técnicas de imagen aplicadas en su interior por el equipo SIGAREP, unos resultados que ayudarán a comprender con más precisión lo que ocurre en la caverna. En concreto, la famosa cueva cántabra tiene un 19% más de superficie de lo que se había topografiado hasta ahora, lo que son 723 metros cuadrados más. Por contra, el espacio en el que está el famoso techo, cuenta con un volumen total de 286 metros cúbicos,  un 15% menos que la cifra utilizada hasta ahora.

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