La campaña antártica cercenada: consecuencias del COVID-19 en el Hespérides


ROSA M. TRISTÁN

Pintaba realmente mal desde que el pasado 4 de enero se detectaron los primeros positivos a bordo del Buque Oceanográfico Hespérides. El COVID-19 estaba a bordo y la campaña antártica española, que con tanto esfuerzo se intentó mantener en el máximo posible, podía sufrir esta temporada un batacazo importante. Finalmente, el A-33 Hespérides no podrá ir este año al continente blanco y la XXXIV campaña tendrá que limitarse a los que pueda transportar el otro buque polar español, el Sarmiento de Gamboa, que lentamente se acerca a las costas chilenas.

“Hasta el último momento se ha intentado mantener el viaje pero era imposible. La organización de gestores antárticos [COMNAP] recomienda pasar una cuarentena cuando hay un brote y después otra ya sin brote. Eso hacía inviable que pudiera ir por falta de tiempo. Ahora mismo, hay 18 personas positivas a bordo, otras 17 fuera, dos suboficiales hospitalizados (uno grave) y el resto también están aislados en el buque. Al final ha habido que recortar todo el plan previsto”, reconoce Antonio Quesada, el responsable del Comité Polar Español, que llevaba muchos meses trabajando para que el año, pese a la pandemia global, fuera lo más completa posible. Y no pudo ser.

Al final, casi un 40% de los proyectos que salían estos días hacia la Antártida han tenido que ser aplazados para la siguiente temporada. Es decir, van al final cinco proyectos de los ocho previstos. Entre lo que han quedado para otra ocasión está el de geología antártica que dirige Jerónimo López, del que iba a ir una persona; también uno nuevo de Antonio M. Alvarez (Universidad de Salamanca) sobre el estudio de los gases que emite el volcán Decepción; y un tercero de Manolo Catalán, de la Armada, sobre el estrecho de Brandsfield y el canal del Drake y su geodinámica. “Habrá que hacerlos en en la siguiente, en la que tendremos que llevar los dos buques para completar lo que no se ha hecho este año y lo que está previsto para entonces, dado que son proyectos ya aprobados en los que se incluye la recogida de datos en la Antártida. Afortunadamente, este año también ha ido el otro buque, precisamente porque el Hespérides salía más tarde por unas reparaciones, así que las bases se abrirán, que es muy importante”, confirma Andrés Barbosa, responsable del Programa científico Polar.

Entre los que han estado pendientes hasta última hora de su viaje, pero finalmente viajan estos días a Chile para sumarse a los que ya están allí, está el proyecto de seguimiento del permafrost antártico que dirige Miguel Angel de Pablos (Universidad de Alcalá de Henares); uno nuevo que estudiará el papel de los pingüinos en la biogeoquímica antártica, que dirige Antonio Tovar (CSIC) o un proyecto que estudia la contaminación atmosférica en la Antártida a través del estudio de aerosoles. En Punta Arenas deberán hacer cuarentena de 15 días antes de viajar al continente de hielo. Es el plan en el que ahora se encuentra el primer grupo que llegó, con todos sus componentes aislados en habitaciones de hotel desde hace 10 días. Este primer grupo será el encargado de abrir las dos bases, en isla Livingston e isla Decepción.

Pero los cambios no son sólo de proyectos. Hay más consecuencias: la campaña se acorta a un mes, que no da para mucho, pero menos en nada, y que el buque Sarmiento de Gamboa, que llega en breve a Punta Arenas para recoger a ese primer grupo de científicos, técnicos y militares confinados, tendrá que ampliar su estancia polar unos 10 días. Lo malo no puede hacerlo mucho más porque tiene otra apretada agenda de expediciones oceanográficas. Es decir, que las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castillas abrirán, que es lo importante, pero tendrán que cerrar, a más tardar, el 20 de febrero.

“Evidentemente, habrá que pedir explicaciones de lo que ha fallado. Si que se ha hecho todo lo posible para atajar el brote pero no ha sido posible y las recomendaciones internacionales son muy estrictas”, señala Quesada.

De hecho, es algo que tendrá que averiguarse desde la Armada para que pueda evitarse en nuevas ocasiones. Hasta ahora,  sólo ha habido tres casos detectados de brotes COVID-19 en relación con la Antártida: dos generados por un buque militar chileno en dos bases  de este país y el del BIO Hespérides. Sin embargo, son muchos los programas polares que estos días envían buques al continente para mantenimiento de sus bases y reemplazo de su personal o suministros. Es una actividad bajo mínimos, respecto a otros años, pero no deja de haber movimiento.

En el caso de España, pese al esfuerzo previo para que todo saliera bien, el plan de campaña se ha frustrado por donde menos se esperaba, que era la parte militar. Y está claro que el coronavirus aprovecha cualquier mínimo resquicio para colarse de polizón indeseable donde menos se le espera. La solución, una vez a bordo, era compleja porque el Hespérides tiene una amplia tripulación (57 personas en total) que han recibido una formación previa muy concreta para poder ir a la Antártida de campaña científica, lo que hacía imposible que pudiera ser, mayoritariamente, reemplazada por otra nueva.

Por otro lado, además de reducirse la presencia científica, el movimiento que si que ha desaparecido del mundo antártico es el turístico. Este año no habrá cruceros transportando miles de personas por la zona de la Península Antártica. Desde la base uruguaya de Artigas, en la isla Rey Jorge, donde está el aeródromo, explican que ya se nota esa baja presencia humana pues apenas han pasado por allí estos últimos días dos yates de ‘mega-ricos’ y barcos de logística. Lo cuenta Andrés Barbosa, que trabaja directamente con ello. Precisamente, este hecho diferencial será analizado por los científicos para ver hasta qué punto es dañina la presencia masiva humana en determinadas áreas antárticas. 

Desde este blog, sólo añadir deseos de pronta recuperación a los afectados del Hespérides y mucha suerte a los que inician la ruta.

#SOMOSANTÁRTIDA

El COVID-19 en el Hespérides pone en jaque la campaña antártica española


Cubierta del BIO Hespérides, durante la pasada campaña. En el aire si pude ir esta por un brote de COVID-19 @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Desde el Comité Polar Español se pusieron estrictos protocolos anti-COVID-19 antes de iniciar la XXXIV Campaña Antártica en una temporada que se preveía compleja, pero está claro que el coronavirus no da tregua y al final se ‘ha colado’ en ella entre el personal que depende de la Armada, convertido en un polizón indeseable que puede desbaratar los planes que llevaban fraguándose muchos meses y que va a afectar a parte de proyectos científicos que este año ya tenían billlete al continente. Ya son 17 los casos positivos detectados a bordo y podrían ser más tras los test PCR de hoy.

El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides había salido de Cartagena el pasado día 30 de diciembre, en teoría con toda su tripulación sana porque habían pasado un confinamiento y se habían hecho pruebas PCR, pero está claro que algún eslabón de los 57 miembros a bordo falló porque apenas cuatro días después de su salida, el lunes tuvo que volver a Las Palmas de Gran Canaria, isla que habían dejado atrás, tras detectarse un brote a bordo con cuatro afectados por COVID-19. Ese 10%, que no parecía mucho dadas las condiciones de cercanía personal que se viven en el buque, al día siguiente, día 5, el Ministerio de Defensa lo ascendía ya a 10 positivos y el día 6, a 17 casos. Pero pueden ser más: para hoy se ha planificado una nueva tanda de PCR para todos los embarcados que podría sacar a la luz nuevos casos. Ante este brote, la campaña antártica tal como estaba planeada por el Comité Polar Español pende del frágil hilo de la incertidumbre. Lo único positivo es  que ya hay otro buque en ruta… y sin problemas, lo que permitirá abrir las dos bases antárticas.

Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español, en la Antártida.

“Estamos contemplando cuatro o cinco escenarios posibles y uno de ellos puede ser el de anular el viaje del Hespérides a la Antártida. También barajamos otras opciones, porque queremos hacer el máximo posible de ciencia, pero con cada nuevo caso detectado hay que ‘resetear’ el periodo de cuarentena y empezar de nuevo, lo que alarga los plazos. Con al menos 17 fuera de servicio, no se se si será posible que sea operativo el buque”, reconoce Antonio Quesada, responsable técnico del Comité Polar Español. Respecto a las posibilidades de retrasar el calendario, apunta que “tampoco se podría alargar mucho hacia abril porque las condiciones climáticas empeoran mucho en la Antártida”.

De momento, la Armada ya informó de que deberán permanecer al menos 10 días en el puerto canario desde la fecha de los últimos PCR, lo que aplaza su salida hasta, al menos, el 17 de enero, así que su llegada a Punta Arenas (Chile), que estaba prevista para finales de mes -y dado que la travesía dura un mes-, ya no será posible. Allí el buque debía recoger a los científicos que habrían llegado en vuelos a mediados de este mes para pasar una cuarentena de dos semanas antes de embarcar hacia la Antártida. La cuestión es que con este nuevo calendario, deberían pasar un mes encerrados en una habitación de hotel, esperando a un Hespérides que no está claro si llegará. Esta es la cuestión a la que se enfrenta el Comité Polar, pendiente de reestructurar todos sus planes.

Y es que no se trata únicamente de que se bajen los ya infectados, sino que todos ellos deben ser sustituidos por otros tripulantes que, a su vez, deben pasar PCR y hacer sus cuarentenas. Después de meses de preparación para el viaje, es de imaginar que la moral a bordo no debe ser muy buena.

Los que si irán al continente, aunque conviene no olvidar esa incertidumbre que rodea al COVID-19, son los tripulantes del otro buque español que participa en esta campaña, el Sarmiento de Gamboa, gestionado por el CSIC. El lunes pasado desde mitad del Atlántico, el científico Jordi Dachs, que dirige el proyecto Antom que se realiza durante la travesía hasta el sur de Chile, me aseguraba que están todos perfectamente. Y ya estaban a la altura de Brasil. Antes de salir, explicaba que los 17 científicos a bordo hicieron una estricta cuarentena de 14 días en un hotel de Vigo, mientras que la tripulación la hizo en la propia nave. Hasta ahora, no han sufrido “ni un resfriado”.

El Sarmiento de Gamboa, ayer, navegando por el Atlántico camino de Chile. @Jordi Dachs

Una vez en Punta Arenas, el equipo de Dachs regresará a España y el Sarmiento de Gamboa recogerá a los 28 científicos y técnicos que este lunes aterrizaron en esta ciudad del sur chileno. “Nos esperan 15 días confinados en la habitación del hotel”, decía desde su encierro Rafael Abella, geofísico del Instituto Geográfico Nacional. En este primer grupo están todos los encargados de la apertura de las dos bases científicas españolas (en Isla Livingston e Isla Decepción) y los investigadores con proyectos fundamentales para mantener series de datos recogidos en ambas instalaciones desde hace más de 30 años. Al parecer, incluso están divididos en dos plantas diferentes por lugar de destino.

Para el Comité Polar Español es una prioridad abrir tanto la base Juan Carlos I como la Gabriel de Castilla. Por un lado, porque “no es bueno que estén dos inviernos cerradas, dado se deterioran y puede que cuando fuéramos dos años después no funcionaran elementos básicos, como los generadores”, argumenta Quesada; por otro lado, sería nefasto perder la información de todo un año en series que son de las más antiguas recopiladas en todo el continente. Y no hay que olvidar que han sido meses con muchos seísmos en esa zona de la Península Antártica. La cuestión es que el buque Sarmiento de Gamboa tenía previsto regresar inmediatamente a España tras la llegada del Hespérides porque tiene una apretada agenda con otras expediciones oceanográficas. 

Aunque la decisión final sobre el viaje del BIO Hespérides sigue pendiente, desde el Comité barajan seriamente la opción de que no pueda ir. En este caso, posiblemente tendrían que anular los proyectos de los científicos que salían en el segundo grupo, que ya estaban muy recortados en una campaña que iba a ser corta (febrero y marzo) y con menos gente (160 investigadores y técnicos frente a los más de 200 de otras campañas) de 13 proyectos científicos diferentes. “Esto tendrá un gran impacto científico y económico. Sólo el sobrecoste de esta campaña por el COVID-19 ya era de unos 350.000 euros”, reconoce Quesada.

Jorge Cáceres, del proyecto sobre caracterización de aerosoles, señala que si no pudiera ir este año su compañero César Marina (con ambos coincidí la pasada campaña en Isla Decepción), parte de los datos se los podrían recoger militares de la base de Gabriel de Castilla, pero no en la Juan Carlos I. “Una opción sería que el buque Sarmiento de Gamboa pudiera quedarse más tiempo en la zona, haciendo más traslados de Chile a la Antártida, pero trastocaría también sus planes. Nuestro compañero está pendiente de las noticias. Y ya no era un viaje fácil. Tuvimos que contratar un seguro especial por si durante la cuarentena en Punta Arenas daba positivo para que pudiera regresar”, comenta Cáceres. 

En todo caso, el objetivo principal sigue siendo que el COVID-19 no regrese a la Antártida, un continente que había sido el único en evitarlo hasta días antes de la pasada Navidad. El primer brote ocurrió en la base antártica chilena Bernardo O’Higgins, donde dieron positivo 26 militares y 10 civiles, que fueron evacuados . También hubo contagios en otra instalación chilena de la fuerza aérea, la base Teniente Rodolfo Marsh Martin, en Isla Rey Jorge, que es donde se encuentra la pista que recibe los vuelos desde Punta Arenas y por tanto un lugar con mucho tráfico. Ambas habían sido visitadas por un buque militar de este país, el Sargento Aldea.

 

Proteger el Océano Antártico en 2020, una oportunidad perdida


-La falta de apoyo de Rusia y China frustra la declaración de tres áreas marinas protegidas pese al impuso de países como España, quedando aplazada para 2021.

-Numerosos reacciones en contra de organizaciones ambientalistas de todo el mundo y representantes de la ONU 

-No se ha logrado sancionar al buque ruso Palmer por pesca ilegal en el Mar de Ross por la oposición de Rusia.

Océano Antártico, desde el BIO Hespérides. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

No estaba fácil, pero la necesidad de impulsar la protección del Océano Antártico en un contexto de cambio climático, que parece acelerarse en algunas zonas del continente de hielo, daba alas de esperanza a quienes confiaban (científicos, activistas ambientales, algunos gobiernos..) en que se diera algún paso importante en la reunión de la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), celebrada de forma virtual este año. Pero no ha sido posible, pese al impulso de España, que presidía el encuentro.

Rusia y China siguen empeñados en poner trabas para que tres nuevas áreas de ese océano del sur del mundo (Mar de Weddell, oeste de la Península Antártica y zonas de la Antártida Oriental, en total cuatro millones de kms2) puedan tener un estatus de conservación que proteja a la fauna polar de acciones comerciales, cuando ya se detectan cambios importantes en los hábitats. Y sin unanimidad no hay posibilidad de avances. 

“Vamos a paso de hormiga”, reconocen fuentes cercanas a las negociaciones, que este 2020 partían con el hándicap de no ser presenciales debido a la COVID-19, pero con una presidencia española, con la ministra y vicepresidenta Teresa Ribera muy implicada, dispuesta a potenciar un mayor compromiso. Tras una semana de deliberaciones, ha quedado de nuevo aplazado para 2021. De hecho, la propuesta de sumar estas tres áreas al ya protegido Mar de Ross (desde 2017), ya se debatió en el pasado, también sin éxito. En 2018, se aplazó a esta reunión que acaba de terminar el 31 de octubre.

Desde luego, el COVID-19 no ha ayudado. A España ya le costó arduas negociaciones que el tema de las áreas marinas protegidas (MPA, en inglés) no cayera de la agenda de trabajo. Eso si, acabó en el apartado de “asuntos varios” o equivalente, lo que no auguraba grandes progresos, si bien la urgencia de dar pasos adelante, como se ha venido manifestando desde el mundo de la ciencia, y la mala imagen internacional de defender lo contrario en un lugar tan emblemático de la Tierra, podría haber jugado a favor de un cambio en los que vetan los avances.  

La intervención, el jueves día 30 de octubre, de la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores Cristina Gallach fue claramente a favor. “España felicita a los proponentes de las Áreas Marinas Protegidas para la Antártida Oriental, Mar de Weddell y Dominio 1 de la Península Antártica por su esfuerzo y constante trabajo para que dichas áreas sean adoptadas dentro de la red de la CCAMLR”. Y añadía que apostar por estas áreas “representa lo mejor de la diplomacia internacional, la ciencia y el esfuerzo de los países para conservar la biodiversidad y cooperar en mitigar los impactos del cambio climático”. 

Buque ruso Palmer acusado de pesca ilegal @ WEB de CCAMLR

¿Qué hay detrás para que Rusia y China no permitan avanzar en este asunto, en el que los otros 22 países miembros y la UE están de acuerdo? Por un lado, como señalaba en otro artículo, los intereses económicos en un negocio en auge: el krill, una especie muy vulnerable al cambio climático. De hecho, en estas reuniones de CCAMLR ha habido denuncias de pesca ilegal de un buque ruso que los representantes rusos se negaron a reconocer. En concreto, del barco F/V Palmer, que Nueva Zelanda aseguraba que estaba pescando ilegalmente en las aguas protegidas del Mar de Ross. Pero Rusia dijo que según sus datos no era cierto, así que no se incluyó entre los buques ilegales y podrá seguir con su actividad . “La CCAMLR está retrocediendo en la lucha contra la pesca ilegal al permitir que Palmer continúe pescando”, ha denunciado al respecto Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición del Océano Antártico y Austral.

También China anda detrás del krill, aunque fuentes polares españolas apuntan que, dado que esta especie no sólo existe en las áreas que se quieren proteger, quizás ambos países también están utilizando este asunto “como moneda de cambio para conseguir otros objetivos, en una estrategia que tendría mucho más que ver con la política que con lo que dice la ciencia”.

De hecho, los representantes de ambos países este 2020 volvieron a recurrir en las negociaciones al argumento de que “no hay información científica suficiente” que avale la necesidad de protección esas tres áreas. Ni siquiera en la región de la Península Antártica, el lugar del continente donde se concentran casi todas las bases científicas. Esta zona fue propuesta por Chile y Argentina y donde se ha incrementado más el calentamiento (casi 3ºC en 50 años) y donde este 2020 se han alcanzado temperaturas récords . “Al menos, sería deseable que se lograra proteger la Península”, comentaba días antes Ana Payo Payo, oceanógrafa española que participó en la expedición Homeward Bound en 2018. “Los chinos se escudan en que desde 2017 no hay un plan de gestión aprobado para el área ya protegida del Mar de Ross [la más grande de las dos existentes ahora], pero lo que eso pone en evidencia es que se tarda mucho en llegar a acuerdos y por eso hay que avanzar”, señalan fuentes gubernamentales españolas. Hay que recordar que la propuesta para proteger el Mar de Weddell partió de Alemania, allá por 2012 y la de la Antártida Oriental, de Australia y la UE, un año después. Es evidente el paso de hormiga… Respecto a la posición de España, en CCAMLR se ha posicionado en la defensa de las tres y se también se han ofrecido datos de las investigaciones realizadas por científicos españoles, especialmente en la zona de la Península. 

Finalmente, en sus conclusiones, la CCAMLR ha vuelto a aplazar el asunto y, además. se han aprobado las mismas cuotas pesqueras antárticas que ya estaban vigentes. En el caso de España, se mantiene la autorización para realizar actividades de pesquería con fines científicos, del Instituto Español de Oceanografía. 

Las reacciones de diferentes organizaciones de conservación ambiental  a nivel global no se han hecho esperar: 

PEW CHARITABLE: “En general, el fracaso del liderazgo global para proteger este ecosistema crítico es profundamente preocupante. En el 200 aniversario del descubrimiento de la Antártida y en vísperas del 60 aniversario de la entrada en vigor del Tratado Antártico, un acuerdo alcanzado en el apogeo de la Guerra Fría para proteger todo un continente, estableciendo nuevas áreas marinas protegidas en el Océano Austral debería haber sido una decisión fácil”, ha señalado Andrea Kavanagh, directora de Antártida y Océano Austral,que  trabaja con la ONG norteamericana Pew Charitable Trusts.

WWF: “El cambio climático y la crisis de la biodiversidad no van a desaparecer. La pesca ilegal debe ser erradicada. Tenemos las soluciones y los compromisos para proteger el Océano Austral y su icónica vida silvestre. En 2021, instamos a todos los gobiernos a demostrar colaboración y liderazgo en beneficio de las personas y la naturaleza”, ha declarado su responsable de océanos Chris Johnson.

GREENPEACE: “¿Cuántas veces más estos gobiernos presionarán el botón de posponer y pospondrán la decisión de proteger el océano Antártico? El fracaso constante en asumir la responsabilidad de esta frágil naturaleza salvaje, mientras que al mismo tiempo continúa permitiendo que los intereses comerciales la exploten más, está poniendo el destino de la humanidad está en peligro. Nuestro planeta está dando vueltas, los países deben tomar medidas urgentes si quieren abordar seriamente las emergencias climáticas y naturales. A pesar de los mejores esfuerzos de muchos delegados nacionales en la lucha por la protección de la Antártida, está claro que el próximo año necesitamos políticos de alto nivel y jefes de estado para hacer de la protección de los océanos una prioridad. Simplemente no podemos permitirnos ver la misma falta de progreso en 2021”, comentó al término del CCAMLR Will McCallum, director de océanos de Greenpeace Reino Unido.

PETER THOMSON (ONU): El enviado especial del Secretario General de la ONU para los Océanos ha enviado un mensaje en el que se declara decepcionado: “Me uno a los que expresaron su gran decepción porque las tres AMP antárticas propuestas no fueran aprobadas en la reunión. Esto no ha servido bien al ODS 14.5. Ahora debemos poner nuestra esperanza y determinación en una decisión positiva en 2021. No nos rendimos”.

VARDA GROUP (consultor ambiental internacional): Remi Parmentier, director de esta consultora y en su día fundador de organizaciones ambientales internacionales, ha criticado en su Twitter que “este año que no había vuelos para correr a casa tras la reunión, los miembros podían haberse tomado en serio su mandato de proteger el Océano Austral y haber continuado el encuentro virtual el tiempo que fuera necesario para alcanzar un consenso”.

PHILIPPE COUSTEAU Y ASHLAN COUSTEAU (periodistas y exploradores): “Estamos sumamente decepcionados por la oportunidad perdida de la CCAMLR de lograr el acto de conservación más grande de la historia mediante el establecimiento de las tres áreas vitales en la Antártida. Las devastadoras consecuencias del cambio climático ya están afectando a innumerables millones y la Antártida está en primera línea, cualquier demora en protegerla es inconcebible. Sin embargo, continuaremos luchando incansablemente por la protección del sistema de soporte vital de nuestro planeta, nuestro océano”.

También el oceanógrafo Carlos Duarte ha compartido en un mensaje por las redes sociales su decepción: “Poco liderazgo y miopía espantosa. La pregunta es ¿cómo se utilizará entonces el Océano Austral?”.

Si que hay que destacar como positivo que, frente al veto de dos, el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Convención para proteger el océano Antártico se afianza.  Australia y Uruguay se inscribieron para copatrocinar la área protegida del Mar de Weddell, mientras que Noruega y Uruguay se han sumado a los que proponen la Antártida Oriental. También la mayoría  (incluso Corea y Brasil) acordaron suscribir una declaración que respalda la importancia de la designación de AMP, presentada por la UE . “Agradecemos a los países que han impulsado estos esfuerzos y hacemos un llamamiento a su diplomacia de alto nivel para asegurar designaciones en 2021. Confiamos en que la CCAMLR logre este importante hito para la conservación el próximo año”, señala Kavanagh, de PEW.

También lo esperaba así la representante española, Cristina Gallach, que en su discurso final señaló: “2021 será un año especial en el que conmemoramos los 40 años de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, y los 30 años del Protocolo de Madrid sobre Protección del Medio Ambiente Antártico. España desea contribuir con acción movilizadora a generar un creciente entendimiento que permita dar pasos decisivos en la protección de la Antártida”. 

A ver si para entonces es posible dejar de ser hormigas para ser gacelas…

El cambio climático no va a esperar.

ANEXO:

Dominio1: Western Peninsula – South Scotia Arc
Domonio 2: North Scotia Arc
Dominio 3: Weddell Sea
Dominio 4: Bouvet Maud
Dominio 5: Crozet – del Cano
Dominio 6: Kerguelen Plateau
Domimio 7: Eastern Antarctica
Dominio 8: Ross Sea
Dominio 9: Amundsen – Bellingshausen