Villarejo nos espió a varios periodistas ambientales


ROSA M. TRISTÁN

La noticia me llegó este fin de semana. Por lo visto mi nombre y el de otros periodistas ambientales figuraba en el informe que el comisario Villarejo envió a Iberdrola. Ocurrió cuando trabajaba en la sección de Ciencia y Medio Ambiente de El Mundo y junto al mío está también el nombre de mi compañero Gustavo Catalán Deus. Y junto al de otros cuatro colegas que no menciono porque no tengo su consentimiento.

La cuestión es que, dentro de nuestro trabajo en medios de comunicación, se nos menciona porque  dos sindicalistas de Iberdrola, de su comité de empresa, nos habrían pasado -según este delincuente que entonces era policía-, una auditoria en la que la se enumeraban un buen número de irregularidades a corregir, algunas relacionadas con gestión y control de riesgos, en su central nuclear de Cofrentes, como ha informado El Confidencial. Se dice en este informe que ambos sindicalistas, de CGT, se habrían reunido con periodistas (entre los que me encuentro) en unos encuentros ‘auspiciados’ por Carlos Bravo, que era el responsable de Nucleares en Greenpeace, y por Carles Arnal, que fue portavoz de Els Verds-Esquerra Ecologista del País Valencià, un partido que el mismo creó.

Sinceramente, de aquellas informaciones ya no me acuerdo (llevo ya 30 años escribiendo y entonces no todo se ‘colgaba’ en internet) pero lo que  es incuestionable, visto en informe, es que durante un tiempo, que no se cuánto sería, hubo un personaje siniestro, salido de las más turbias ‘cloacas’ del Estado español que hizo un infame seguimiento de personas por encargo de empresas, controlando sus actividades y llamadas telefónicas. El documento indica también que éramos “periodistas muy significativos que habitualmente informan sesgadamente sobre temas ecológicos”. El adjetivo ‘significativos’, pues mira, me lo tomaré como señal de que lo que contábamos allá por 2007 tenía su impacto. Y lo de ‘sesgadamente’, viniendo de tal Villarejo, casi hay que tomarlo como un halago, porque lo cierto es que la auditoría es real y que, seguramente, Iberdrola dió la callada por respuesta.

Lo que resulta inadmisible es que una gran empresa, como es esta compañía, contratara a tamaño mafioso para espiar a personas que ahora no sabemos hasta qué punto estuvimos bajo el punto de mira de Villarejo, saltándose las leyes y la Constitución ‘a la torera’¿Cuántas llamadas nos interceptó? ¿Hizo alguna acción más, además de ‘pinchar’ teléfonos? ¿Presionarían a alguno de los jefes en estos medios sin que llegáramos a saberlo? Las dudas, desde que lo he conocido, me rondan por la cabeza. Y otras muchas también: ¿pero qué seguridad tenemos en este país? ¿cómo es posible que los dirigentes de Iberdrola no se indignaran al conocer el contenido de estos informes, absolutamente antidemocráticos? ¿Cómo puede ser que se justifiquen diciendo que  no sabían nada de los encargos porque era cosa del Departamento de Seguridad? ¿Es que pedían informes para ellos, sin compartirlos, dejándolos en un cajón?

A aquella ocasión en la que me llamó un ‘mandado’ de Jesús Gil para que dejara de escribir sobre obras ilegales de aquel personaje y otra en la que Jaime Peñafiel presionó para que no escribiera sobre las subvenciones que recibía la Duquesa de Alba del Ayuntamiento de Madrid para renovar sus calderas, ahora tengo que sumar esto como una más de las desagradables situaciones que algunos periodistas tienen que soportar.

Ha pasado tiempo, 13 años, y ya no estoy en El Mundo ni he escrito de Cofrentes (que por cierto está en Valencia) desde hace tiempo, aunque sigo empeñada en informar de medio ambiente, de los impactos sociales de nuestro comportamientos y de lo que nos cuenta la ciencia. La central nuclear sigue abierta y hoy mismo ha comenzado la recarga de combustible en su reactor. Son ya 34 años funcionando, y no sin fallos, como revelaba aquella auditoría.

Está claro que desde el punto de vista de Villarejo y sus secuaces soy ‘sesgadamente ecologista’ porque frente a quienes defienden lo nuclear como energía del futuro frente al cambio climático, no olvido nunca mencionar que sus residuos son indestructibles y que, aunque no lo fueran, que lo son, las centrales son carísimas en su construcción y mantenimiento, lo que deja fuera de juego a tres cuartas partes de la Humanidad. Y, por último, que es peligrosa porque sus accidentes son catástrofes planetarias (Fukusima, Chernóbil, ahí están) y el mundo anda muy revuelto como para tenerlo lleno de estas instalaciones. ¿O es que sólo las queremos en Europa y Norteamérica?

Además, estoy convencida de que si sólo hubiéramos escrito a favor de los intereses empresariales, no nos hubieran puesto ese adjetivo.

Y, por último, si defender nuestra Tierra de nosotros, no es ser objetivo, pues no lo soy. Para saberlo no hace falta espiar.

 

 

 

La dura ‘carta’ del Defensor del Pueblo sobre Madrid Central


 

Respuesta a las quejas ciudadanas por la eliminación o ‘rebaja’ de las restricciones en Madrid Central

ROSA M. TRISTÁN

Soy de una de esas miles de ciudadanas y ciudadanos que al enterarse de que la Corporación municipal de Madrid planeaba eliminar las restricciones de tráfico en Madrid Central envió una queja a la Oficina del Defensor del Pueblo. Ayer, finalmente, recibí una carta de Francisco Fernández Marugán, que ocupa el cargo en funciones, en la que queda claro que la respuesta que ha recibido de la Comunidad de Madrid, a la que ha exigido información dado que tiene una Estrategia de calidad del Aire y Cambio Climático 2013-2020, deja mucho que desear. En la dura misiva, el Defensor del Pueblo recuerda que dicha estrategia, aprobada por un Gobierno del PP, incluye crear “zona de bajas emisiones y áreas de prioridad residencial” en núcleos urbanos y menciona también un decreto de 2017 en el que se insta a los municipios con más de 75.000 habitantes a elaborar protocolos de actuación para ello (protocolos que sólo tienen aprobados Madrid y Alcobendas).

De la carta, sorprende especialmente que la Consejería de Sanidad madrileña considere que la calidad del aire es un asunto es ajeno a sus competencias, si bien según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la contaminación atmosférica provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras en el mundo y que numerosos estudios científicos, como el publicado en ScienceDirect , demuestran sus efectos en la salud respiratoria, sobre todo en los niños, ancianos y enfermos. Por si no lo conoce, Fernández Marugán recuerda al consejero Enrique Ruiz Escudero que el informe del Ministerio de Transición Ecológica analiza con detalle el impacto en la calidad del aire de partículas PM10 y PM2,5, ozono y dióxido de carbono. “Se concluye que numerosos estudios atribuyen un amplio abanico de enfermedades y efectos adversos en la salud por exposición a mala calidad del aire”, indica, por lo que insiste en que “al menos, dicha Consejería debería poner proporcionar estadísticas sobre este asunto”, algo que no hace. Es más, recuerda al consejero que parte de su trabajo es “la vigilancia epidemiológica y la información al sistema sanitario y a la población de las medidas preventivas oportunas a aplicar” cuando se superan los niveles de contaminantes.

También ha respondido al Consorcio Regional de Transportes, que le había indicado que no tiene datos sobre impacto de Madrid Central porque lleva poco tiempo en activo y que se queja de que el anterior Consistorio no pidió un informe sobre cómo afectaban las restricciones en el centro de la capital al conjunto de la movilidad regional. Dado que el alcalde José Luis Martínez-Almeida insiste en ‘rebajar’ las restricciones, el Defensor del Pueblo cree que habrá que esperar a ver qué pasa. Por lo pronto, se sabe que sigue habiendo menos contaminación que años anteriores, aunque la bajada se ha frenado desde que se lanzaron dudas sobre su eficacia, por cierto, sin datos objetivos de ningún tipo.

Más crítico es con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Si bien valora positivamente que exista una estrategia de calidad del aire, critica que se base en simulaciones en lugar de datos reales, que si existen en la Red de Calidad del Aire, “como sería lo deseable”. Y recuerda, en este caso a la consejera Paloma Martín, que según su propia estrategia, su responsabilidad es coordinar la implatación de medidas para limitar el tráfico de coches muy contaminantes en municipios de más de 100.000 habitantes, entre los que está Madrid, pero también otros nueve (Móstoles, Fuenlabrada, Alcalá de Henares, Leganés, Getafe, Alcorcón, Torrejón de Ardoz y Alcobendas). ¿Y qué hace la Comunidad? Pues, según el Defensor del Pueblo sólo recoger información, pero de coordinar nada, por lo que le exige un informe al respecto.

En resumen, que Fernández Marugán vuelve a pedir a la Consejería de Presidencia que haga el favor de ordenar al resto de consejerías del gobierno madrileños que informen de forma adecuada, porque no lo hacen.

En todo caso, en la carta queda en evidencia que tenemos en la Comunidad de Madrid una estrategia que es evidente que no se toma en serio. Que esta Comunidad, en cuya ciudad capital, además de eliminar restricciones al tráfico rodado (que generan el 41% de las emisiones), se supriman carriles-bici, se eliminen zonas peatonales para poner más coches y se tiene amenazas de multas de la UE por ello, vaya a ser sede de la COP 25 , la cita mundial para luchar contra el cambio climático, no deja de ser irónico. No se sabe si el alcalde Martínez-Almeida y la presidenta Isabel Díaz Ayuso se pasarán por allí, si finalmente España es la sede, aunque igual les venía bien.

Mientras, mi queja , como la de miles y miles de residentes en Madrid, sigue su trámite…. y seguiremos informando.

La silla vacía del PP en un debate sobre la ciencia


Unidas Podemos, silla vacía del PP, Cosce, PSOE. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Se le esperó pero no apareció. Ningún representante del PP acudió a la cita convocada por la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España), que agrupa a más de 40.000 científicos, para que expusiera cuál serían sus prioridades en el maltratado sector de la ciencia española si ganaran las elecciones. Ahí estuvo el cartel, en la mesa, de Alberto Casero, diputado por Cáceres y secretario nacional de Medio Ambiente del Partido Popular, decorando su silla vacía. Los de VOX declinaron la invitación a participar desde el principio (lo de la ciencia les viene grande, parece ser) pero este diputado popular se había comprometido a asistir, y al final ni fue ni envió a un sustituto o sustituta. Grupos nacionalistas, también declinaron.. pero también previamente. 

Los que si estaban fueron PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos, que intentaron, aunque sin mucho éxito, convencer a los asistentes de las bondades de sus próximas medidas si llegan al Gobierno. Sin mucho éxito porque eran las mismas, prácticamente, que en anteriores convocatorias y la realidad es que el panorama poco ha cambiado, en general, en los últimos años de desesperanza para los que siguen batallando por el I+D contra viento y marea. Lo más destacable de la legislatura terminada ha sido el Real Decreto de Medidas Urgentes para la ciencia que fue aprobado por unanimidad, pero por lo demás, la propia presidenta de COSCE, Perla Wahnón Benarroch (Real Sociedad Española de Física) recibió a los políticos afeándoles que no hubieran cumplido los compromisos asumidos en el debate electoral anterior, ni en el anterior al anterior.

Desde luego, tanto Juan José Moreno (portavoz de Ciencia, Innovación y Universidades en la Asamblea de Madrid del PSOE) como Noelia López Montero (diputada en la Asamblea de Madrid de Ciudadanos) y Gemma Heras-Juaristi (coordinadora en Unidas Podemos del área estatal de políticas científicas de I+D+i) se esforzaron durante más de una hora en destacar la importancia que tiene este sector para sus partidos y coincidieron en la importancia de llegar a un Pacto de Estado sobre el asunto y en aumentar presupuestos, pero la realidad es que cuando llegan al poder lo del pacto queda olvidado… y que, además de presupuestos, los científicos reclaman medidas que no requieren tanto dinero como disposición política real.

Desde el PSOE, su portavoz destacó lo importante que ha sido tener un Ministerio de Ciencia para ‘tener voz’ en el Consejo de Ministros, pero reconoció que las peculiaridades de este ámbito no se tienen en cuenta en leyes que lo afectan y convierten en un viacrucis (perdón por la referencia religiosa) sacar un proyecto adelante. En concreto, se refería a las leyes de subvenciones públicas, de contratos del Estado o de Competitividad. “Es muy necesario el asesoramiento científico en el Congreso de los Diputados”, reconocía su representante. Otra cosa es que luego se les haga caso, porque luego vemos casos como el del Mar Menor en el que se crean comités científicos para no tener en cuenta sus conclusiones cuando no gustan. También mencionó la necesidad de tener una nueva Ley de Ciencia porque, dijo, al ser un sector muy innovador “enseguida se quedan obsoletas”y defendió una reforma de la Agencia Estatal de Investigación, ligada a un aumento de los presupuestos, si es que algún día tenemos nuevos presupuestos.

Unidas Podemos, por su parte, destacó de su programa, además del aumento presupuestario, la creación de un banco de inversión para la transición tecnológica (con el ICO, CDTI, ENISA…) para estimular la inversión privada en I+D y la misma apuesta por tener una nueva ley de ciencia y crear comités sectoriales a nivel estatal y en comunidades autónomas como asesores. En todo momento,  Heras-Juaristi dejó claro que la guía ha sido un documento realizado por científicos del CSIC en un encuentro hace unos meses, donde hicieron diagnóstico de sus necesidades más urgentes.

Por su parte, desde Ciudadanos se recordó la importancia de sacar adelante la Ley de Mecenazgo para el I+D y por convertir la Agencia Estatal en una fundación “para mejorar su independencia”, además de insistir en la necesidad de un pacto entre partidos como paso previo a cualquier modificación legal, por urgente que sea.

En el debate posterior con los asistentes, que eran pocos, algunos de los científicos dejaron claro su poco convencimiento de que su trabajo fuera a mejorar con lo anunciado, sobre todo en lo referente a la burocracia que les ‘acogota’ (en el sentido de inmovilizar), a la recuperación de los grandes científicos que se fueron de España o a los incentivos para aumentar la inversión privada. Y les dijeron que para qué otra ley de ciencia con principios muy generales, si luego no se ponen en marcha soluciones a los problemas concretos que nos hacen perder posiciones a nivel científico.

Pero de todo ello no se enteraron los del PP porque no estuvieron. Teniendo en cuenta que en sus gobiernos tuvieron lugar los mayores recortes en ciencia de la historia y que ya en 2013 se negaron a firmar un simbólico Pacto por  la Ciencia , no debería extrañar su desinterés en aquello que no es desarrollo económico a base de ‘ladrillazo inmobiliario’ o agricultura extensiva e insostenible para un país con tantos problemas de agua o el turismo masificado de ‘infracalidad’ que inunda costas y ciudades…

Esa silla vacía en el debate de la COSCE es el ejemplo.

(Por cierto, que miré a ver si le había pasado algo a Alberto Casero, pero ayer puso unos cuantos tuits y retuits, así que activo si que estaba)

 

 

 

El veneno de los monocultivos, en el carro de la compra


Biodiversidad del maíz en Alta Verapaz, Guatemala… Ahora sólo nos venden del amarillo. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Hubo un tiempo en el que la Tierra era tan biodiversa que varias especies de humanos la habitaban. Y así fue cientos de miles de años, hasta que en un pasado reciente quedó solo una y, tras un lento caminar, comenzó a domesticar cultivos. Los ‘sapiens’ cambiamos nuestra alimentación, comenzó a crecer nuestra población y sin pausa, y en el último siglo con prisa, llegamos a un nuevo ciclo en el que decidimos cambiar cada rincón del planeta: era un mundo de ‘recursos’ o, en su defecto, molestos seres vivos. En ese nuevo ciclo, el sistema creado no tiene como objetivo aquello que nos movió en nuestro pasado, COMER; de hecho, muchos cientos de millones de humanos no pueden garantizar su digna subsistencia. Nos movió, en realidad movió a unos pocos, obtener beneficios. Hoy, metidos en esa vorágine se arrasan selvas, se permite cazar impunemente cientos de lobos, se contaminan aguas de nitratos, se esquilman acuíferos de agua dulce y se socavan tierras en busca de minerales, que tampoco se comen.

Son tantos los impactos a diestro y siniestro que cada nueva investigación científica, deprime, y cada estudio de los impacto sociales que se generan, desesperan. Pero hay que saber, como me decía en una entrevista reciente el autor del libro “El planeta inhóspito’, David Wallace-Well. No podemos mirar a otro lado.

Campesinas de Kenia, cultivando té para exportar. Apenas subsisten con lo que ganan. |ROSA M. TRISTÁN

Campesinas de Kenia, cultivando té para exportar.  |ROSA M. TRISTÁN

Y precisamente ‘saber’ en profundidad es lo que movío a las tres periodistas que componen el equipo de Carro de Combate: Nazaret Castro (que vive en Argentina), Aurora Moreno (ha vivido en varios países de África) y Laura Villadiego (en Tailandia). Acaban de publicar con la editorial Akal un compendio de todo su trabajo bajo el título de “Los monocultivos que conquistaron el mundo”, un retrato de esa historia en la que un día dejamos de cultivar lo que nos daba la tierra que pisábamos para hacerlo a nivel industrial, de lo que venía de lejos, y así exportar lo que manda el ‘mercado’. Eso si, bajo ese argumento ‘paraguas’ de que aquello acabaría con el hambre en el mundo, tristemente irónico porque resulta que sigue habiendo hambre pero gran parte de esa comida ‘industrial’ (más de un 30%) va a la basura y otra gran parte a alimentar coches, no estómagos.

El libro de Nazaret, Aurora y Laura, que os recomiendo, se centra en tres de los cultivos más dañinos a nivel socioambiental: la caña de azúcar, la soja y la palma aceitera. Aportan muchos datos, y mucha historia, pero también numerosos testimonios de quienes padecen las consecuencias estos ‘mono-desastres’ de los que como consumidores no tenemos fácil escapar. “Ni siquiera los certificados de ecológico son completos si no incluyen el impacto social de usar mano de obra esclava o del cambio del uso del suelo”, como recordaba Laura.

Bien es cierto que da apuro demonizar lo poco que hay que se sale de la explotación más impune (léase, etiquetas que garantizan cierto nivel de sostenibilidad del consumo) pero los humanos somos especialistas en pensar más en el bolsillo que en las consecuencias, así que comparto la idea de que habría que mejorar un sistema para que calibre los impactos reales de los productos.

De lo que no hay duda, visto su exhaustivo trabajo de investigación, es que estos tres cultivos son tres graves problemas. Nazaret, que ha vivido en Brasil antes de llegar a Argentina, recordaba el día de la presentación que el 60% de los cultivos en el Cono Sur ya son de soja y un 90% de soja transgénica, es decir, que a su alrededor la biodiversidad de insectos y aves que comen insectos ha desaparecido… Los llaman ‘fitosanitarios’, explica Nazaret en su capítulo, pero son ‘agrotóxicos’ porque envenenan. ¿Y adónde va tanta soja? En realidad, va a alimentar al ganado (carne) cuyo consumo es cada día más exagerado y cuestionado, pero sin visos de cambiar pese a la alarma lanzada por el IPCC en su último informe. Y también va a alimentar vehículos, como biocombustible. “Pero no se exporta sola, con la soja Argentina exporta también agua, biodiversidad, nutrientes de la tierra…”, recordaba la periodista.

Lo mismo ocurre con la palma aceitera africana. Su cultivo se ha extendido por muchos países, como personalmente he podido ver en Ecuador (sobre todo en Esmeraldas), en Colombia (500.000 hectáreas hay ya en este país), en Guatemala (165.000 hectáreas)… Hoy está en casi todo lo que comemos y, además, se ‘vendió’ como un energía renovable, hasta que ocurrio lo que algunos predecían: un brutal aumento de la deforestación de bosques tropicales: Malasia e Indonesia son el gran ejemplo, pues producen el 86% del aceite de palma, pero también aumenta en Camerún. En los tres países, las selvas viajan en camiones para convertirse en plantaciones. En marzo de este mismo año, visto lo visto, la UE decidió poner medio-freno a las importaciones de este producto, pero no basta y su ‘plaga’ sigue extendiéndose a diestro y siniestro por el mapamundi.

Deforestación en Borneo @Forest News

Y qué decir de la caña de azúcar. Los ‘ingenios’ (así se llamaban las fábricas en las plantaciones decimonónicas) han generado capital desde los tiempos de las colonias europeas porque españoles, portugueses e ingleses enseguida vieron las ventajas de producir el preciado endulzante a precio de ganga con mano de obra esclava. Hoy, como señalan las autoras, es una ‘amarga dulzura’ porque es un monocultivo más en pocas manos y las condiciones de sus trabajadores siguen siendo de esclavismo. Da igual que sea en Latinoamérica o en Camboya, que de ese país también dan muchos detalles.

En todo caso, no es culpa del producto, como insisten Nazaret, Laura y Aurora. Es culpa de un sistema que premia la concentración de la producción y penaliza a los pequeños agricultores, en contra de lo que dicen los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de lo que se defiende desde el ámbito científico, de lo que viven en el terreno los líderes sociales y comunitarios, que pierden la vida y la libertad si se niegan a entrar en ‘la rueda’, de lo que denuncian infinidad de ONGs. No es culpa ni de una caña, ni de una palmera o ni de una planta con vainas.

Pero como consumidores debemos saber lo que esconden nuestros alimentos y por ello, ese libro de Carro de Combate es necesario. Y seguir apoyando su trabajo, también.

Libro editado por Foca (Akal)

 

 

Michel Mayor, el sabio que nos abrió la ventana a otros mundos


Festival Starmus 2017 @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Hay seres humanos que se nos quedan prendidos dentro, personas que irradian sabiduría y sencillez a partes iguales y que con las que merece la pena mantener el fino hilo que un día surgió y que, si bien no crece si que permanece ahí, a la espera de nuevos encuentros. En mi caso, uno de esos hilos me une al nuevo Nobel de Física, Michel Mayor, el científico suizo que hace ya casi 25 años nos descubrió, junto con su alumno Didier Queloz, que más allá de nuestro Sistema Solar había mundos, miles, millones de mundos quizás, a la espera de ser descubiertos. Michel y Didier, un día de 1995 encontraron que cierto movimiento en la velocidad radial de la lejana estrella 51 Pegasi (también llamada Helvetios) era, sin duda, un pequeño planeta, un exoplaneta porque está fuera de nuestro Sistema Solar. Nuestro mundo, con este hallazgo, dejó de ser tan especial. Si a 50 años luz de la Tierra, en la constelación de Pegaso, había un planeta orbitando otra estrella ¿por qué iba a ser el único?

Con Michel Mayor y el astronauta Claude Nicollier en Starmus 2017 @RosaTristán

 

Hoy ya se han localizado 4.031 confirmados y otros 2.420 potenciales y es un número que no deja de aumentar, pero la brecha que abrieron Michel y Didier con el abrasador planeta Dimidio (antes se conocía como 51 Pegasus B) fue clave  y por ello cuando hace 10 años le entrevisté por primera vez el tiempo se me hizo infinitamente corto para tanto como podía aprender con ese hombre tímido y discreto, de los que parece que no tienen más vida que mirar por un telescopio (en realidad las pantallas del telescopio) hacia el mucho más allá de nuestra mirada. Y de repente descubres que no, que esa persona es, además, un sabio, un filósofo de la vida.

En 2011, nos volvimos a encontrar en el Starmus Festival de Tenerife, adonde acudió con su mujer Francoise y en los años siguientes repetimos citas en las nuevas ediciones de ese festival de ciencia, divulgación y música, organizado por su amigo y colega Garik Israelian, al que nunca ha querido faltar. Con ellos, recuerdo una fría y mágica noche mirando las estrellas por un telescopio de aficionados en las cercanías del Teide. “No entiendo como no le han dado ya el Nobel”, le dije entonces. Y Michel Mayor se reía mientras me explicaba que, en realidad, poco sabía de constelaciones, que lo suyo era de buscar lo que no somos capaces de ver, de hacer visible lo invisible.

Y tenía que llegar… porque antes del Nobel ya tenía la Medalla Albert Einstein (2004), era Caballero de la Legión de Honor francesa (2004), el Premio Shaw de Astronomía (2005), la Medalla de Oro de la Real Sociedad Astronómica del Reino Unido (2015) y el Premio Wolf de Física (2017), considerado el más prestigioso del área tras el Premio Nobel. Junto con Isaelian, con el que ha publicado más de 40 artículos científicos, también recibió el prestigioso Premio Viktor Ambartsumian, en Rusia. Hoy, por fin, el ansiado premio de la Academia sueca.

La última vez que nos encontramos fue en el Starmus de 2017 en Trondheim. Llegamos a la vez al aeropuerto, aunque la pareja venía de recoger el mencionado Premio Wolf de la calurosa Israel. Les perdieron las maletas y el clima en Noruega no era para andar desabrigados. De aquellos días en Starmus tengo infinidad de recuerdos; desde luego las conferencias de otros Nobel sobre temas apasionantes, las meteduras de pata machistas de algunos, el compartir canapés y cerveza con el mediático periodista Larry King y el no menos mediático Oliver Stone, la recepción con los príncipes noruegos, el concierto de Steve Vai, para el que nos dieron tapones para los oídos…

Con Francoise y Michel Mayor, en Tenerife.

Pero de todo ahora me vienen a la mente las tertulias improvisadas en torno a un café con Michel Mayor, con Francoise, que habla un excelente español, por cierto, y con su amigo de aventuras, el astronauta suizo Claude Nicollier, el primer europeo en viajar al espacio.

Ahí descubrí a un ser humano pegado a la Tierra, a un viajero cuya curiosidad es tan infinita en nuestro planeta como en el Universo, eso sí, siempre con el empuje, a su lado, de una mujer tan fuerte como discreta e imprescindible. Y donde menos lo esperaba encontramos un hilo que nos unía y que pasaba por África subsahariana, que habían recorrido, para viajar desde allí a las estrellas. Tampoco olvido el cariñoso mensaje que Michel me envió cuando se enteró, hace ya más de siete años, de que había dejado de trabajar en El Mundo (en este caso, bien terrenal) a través del cual nos habíamos conocido.

Por eso, cuando hoy supe que este sabio y el que fuera su doctorando, Didier Queloz, son los nuevos Nobel de Física 2019, junto con el norteamericano, James Peebles, he sentido muy cerca la alegría: llega el reconocimiento global que hace tiempo pienso que lo merecía. Así que, desde este Laboratorio para Sapiens, gracias Michel por habernos ‘empequeñecido’ en el Universo. Para los seres humano nos debiera sacudir de soberbia saber que, muy muy probablemente, no somos tan especiales…

Otros muchos mundos están ahí fuera y esa ventana la abristeis Didier y tú a la Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS ‘CHANCHULLOS’ DE LOS PAÍSES CON EL ACUERDO DE PARIS


ROSA M. TRISTÁN

Hace tres años que se firmaron los Acuerdos de Paris sobre reducciones de emisiones. Lo han firmado 195 países y hoy es el único instrumento que trata de poner freno a una #EmergenciaClimática global que moviliza a millones de personas estos días. Fue de lo más nombrado en la Asamblea General de la ONU esta semana…

Pero ¿cómo se controla lo que cada país hace con el mismo acuerdo? Esto es lo que se preguntaron dos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaban de publicar la respuesta en la revista Environmental Research Letters. En su trabajo, los dirigentes que hemos visto en la ONU hablando de cambio climático quedan bastante mal parados. Y es que de seguir así, apuntan, como otros mucho miles, estos científicos, vamos de cabeza a una nefasta subida de la temperatura global de más de 2ºC para 2050, con todo lo que implica. La falta de trasparencia en los datos, las manipulaciones interesadas de lo que se contabiliza como emisiones, en definitiva, los ‘chanchullos’ para quedar bien en los foros mientras se hace poco, o nada, están convirtiendo el que fuera esperado Acuerdo de Paris en papel mojado. ‘Inoperante’, indican.

El análisis, firmado por Lewis King y Jeroen van den Bergh, es exhaustivo. Para empezar, niegan la mayor: con los compromisos nacionales de emisiones fijados en Paris no se impedirá que la temperatura suba 2ºC. ¿Y cómo lo han hecho? Porque han recogido las emisiones de CO2 que cada país tenía en 2015 y han comprobado las que, según los compromisos adoptados por cada país, tendrán en 2030. De hecho, ya estudios previos indicaban que si todos esos compromisos se cumplieran, la temperatura global subiría entre 2,6º y 3,1ºC, según fuéramos capaces, no ya de no contaminar, sino de recoger de nuestra atmósfera lo que ya está ahí, es decir, capturando el CO2, algo aún más teórico que práctico. ¿Demasiado poca ambición?. Eso parece…

Las manipulaciones o disfunciones detectadas son variopintas, si bien King y Bergh las clasifican en cuatro categorías, según los compromisos nacionales de emisiones (NDC). Hay que recordar que cuando elaboraban la investigación, un total de 147 firmantes (incluidos los 28 de la UE) tenían ya sus NDC concretos.

Lo primero que encontraron es que casi el 80% de los compromisos nacionales de reducción de emisiones están condicionados a factores como el acceso a las finanzas internacionales, la transferencia de tecnología y la cooperación internacional, y ni aunque esto fuera favorable, que ya es difícil, sería probable que las emisiones permitieran mantenernos bajo esos 2ºC. Ademas, ocurre que como los países pueden elegir qué gases del Protocolo de Kyoto incluyen en sus descuentos, los hay que excluyen de sus cuentas contaminantes gases como hidrofluorocarburos, perfluorocarbonos e incluso el metano y el óxido de nitrógeno. China, por ejemplo, sólo incluye el CO2 en sus compromisos, lo que significa que excluye al 4.9% de las emisiones globales con efecto invernadero. El Acuerdo también permite que los países decidan qué sectores económicos incluyen en sus NDC, y ahí están los que suelen excluir el uso de la tierra y la silvicultura (explotación de bosques). Es otro 1% de las emisiones globales sin contabilizar.

Con todo ello, la primera categoría para los científicos de la UAB serían la de los países que presentan reducciones absolutas de emisiones para un año objetivo en términos porcentuales en relación con un año base histórico. La cuestión es que ese base lo establece el país y oscila entre 1990 y 2014, mientras que el año objetivo es típicamente 2030 y, en algunos casos, 2025. Ahí está la UE.

Luego están los países que indican que la reducción estará al albur ‘un escenario de negocios habitual’, escenario que cada cual decide y que causará una gran variación en las emisiones. Son categoría 2 e incluye también a unos pocos países  (Bután, Etiopía, Omán y Sudáfrica) que se han fijado un objetivo de emisión fija.

El tercer grupo sería el que se ha fijado en el PIB para hablar de reducir su contaminación, es decir, si su PIB crece, disminuirán sus objetivos . Y, por último, los que ni siquiera  fijan un límite de emisiones determinado, aunque mencionen programas de energías verdes a poner en marcha.

Con este ‘batiburrillo’, los dos investigadores optaron por unificar y tomar como año base de contaminación para todos el año 2015, que es el anterior a la firma del Acuerdo, y compararlo con porcentajes emisiones previstas para 2030. Comprobaron así que las promesas de los de la categoría 1 (reducción absoluta de emisiones con condicionantes) son más ambiciosos que el resto (ahí están Norteamérica y la UE), mientras que se esperan aumentos de contaminación en Oriente Medio, Norte de África y el sur de Asia. Bien es verdad que también recuerdan que  aún con esos ‘recortes’ los de categoría 1 contaminarán más que los demás e incluso más que los que ni siquiera marcan un límite (la 4).

Resultado: en términos globales, auguran un aumento de las toneladas de CO2 de un 23.8% entre 2015 y 2030 . Es decir, en nuestra atmósfera terrestre habría en 10 años más unas 892 gigatoneladas de CO2, suficiente para un calentamiento global superior a los 2ºC, teniendo en cuanta la estimación máxima de los compromisos de los países, que si no se cumplen aún sería peor…

Toman como ejemplo cinco países para ver cómo ha hecho las cuentas:  Australia, India, México, Pakistán y Rusia. Australia y Rusia presentaron promesas similares de límites pero resulta que Rusia habla de reducciones de un 25% respecto a 1990, cuando contaminaba mucho más que ahora comparable. Australia, por su parte, se compromete una reducción de 26% a 28%, pero en relación con 2005. Al unificar los datos de ambos, tomando como base 2015, se descubre que las emisiones de Australia caerán el 9%, mientras que aumentarán en Rusia en un 13%, por más que Putin acabe de ratificar este acuerdo en Nueva York.

Y otro caso más: México y Pakistán, que han anunciado que reducirán emisiones según les vaya la economía, parecen en situación similar (20% y 22%, respectivamente) pero con la referencia del 2015, resulta que las emisiones en México disminuirán un 11%, mientras que en Pakistán aumentarían en un 182%, dado su escenario de crecimiento económico

Algo parecido pasa con países de la categoría 3 (emisiones según PIB), donde están China e India, entre ambas un tercio de las emisiones globales. Los investigadores reconocen que “el resultado de sus objetivos es difícil de predecir porque a más crecimiento, mayores son las emisiones”, pero usando proyecciones económicas de la OCDE, estiman que  sólo la India aumentaría un 229% las emisiones desde 2015.

Los autores mencionan también algunos fenómenos que pueden darse para ‘escurrir el bulto’, como es trasladar las empresas contaminantes a países en desarrollo con políticas climáticas menos rígidas, o un mayor trasiego mundial de importaciones de productos que son más baratos de unas zonas que en otras, sobre todo en países donde no han fijado ningún límite.

En vista de esto, nuestro consejo sería evitar que los países presenten sus promesas en un marco que parece más ambicioso que su verdadero efecto. Probablemente sea un desafío lograrlo políticamente, ya que uno de los factores que atrajo a los países al Acuerdo de París fue la libertad de poder establecer sus propios objetivos en un formato de su elección. Sin embargo, lo que estamos proponiendo no es un cambio radical. Para la mayoría de los países  esto implicaría una conversión simple basada en datos ya disponibles, como lo hemos hecho en este análisis. En cambio, será importante lograr el objetivo del Acuerdo de París”, apuntan.

Añaden que este Acuerdo de Paris, que a algunos les parece tan avanzado, tanto que incluso se quieren salir de él, en su forma actual, es “inadecuado en el mejor de los casos y, en el peor, extremadamente ineficaz porque la sociedad civil tiene el derecho de poder comprender y comparar claramente los compromisos de cambio climático de los países, incluso si son justos, ambiciosos y se suman a los objetivos climáticos internacionales”.

Aseguran que cada país debería convertir sus promesas en objetivos claros de emisión en relación con el año más reciente disponible en los datos, pero sin trampas: incluyendo todos los gases y sectores importantes, no los que les vengan bien. Apuntan que, en el futuro, a medida que los países actualicen sus NDC, este año base debe actualizarse para mantener las promesas relevantes para el próximo período.

Con ello creen que se ayudará a producir objetivos de mayor ambición y más abiertos al escrutinio externo, a la vez que, una vez uniformizadas las promesas de todos, habrá más presión para ser más ambiciosos  cada cinco años bajo el mecanismo del Acuerdo de París.

3.000 años transformando cada rincón de la Tierra


 

ROSA M. TRISTÁN

¿Cuándo el ser humano comenzó a transformar el planeta que habita de forma global? La respuesta, según arqueólogos de todo el mundo, se remonta a hace unos 3.000 años, inicio de la expansión de una forma de vida, basada en la agricultura y la ganadería, base desde entonces de la alimentación de la especie, que sigue detrás de los grandes destrozos de la naturaleza, como son los incendios, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el cambio de curso de los ríos o la contaminación de las aguas de los mares.

Han pasado, dicen los investigadores, tres milenios para que todos los continentes y territorios, salvo la Antártida, hayan sido entendidos como un recurso a explotar, dejando al margen tan sólo algunos reductos, los espacios protegidos, de la voracidad de la especie. Así lo certifica el mayor estudio arqueológico jamás realizado a nivel mundial, un intento de globalizar la información conseguida en excavaciones en todos los continentes que llega a la conclusión de que nuestro impacto general en la vida planetaria es anterior a lo que se pensaba. A más tiempo pasado, menos tiempo para reaccionar y dar la vuelta a la situación.

No deja de ser curioso cómo se ha pergeñado el estudio. Los líderes del proyecto ArcheoGlobe (Universidad de Maryland), Lucas Stephens y Erle Ellis, dividieron la Tierra en 146 regiones y contactaron con 1.000 arqueólogos de los cinco continentes ara implicarles en el trabajo. Entre ellos, los españoles Ferrán Borrell y José Antonio López-Saéz (CSIC). Al final, les llegaron respuestas de 255 y un total de 711 cuestionarios.

Todos los interesados debían rellenar unos extensos formularios de las zonas que investigan proporcionando datos que luego se cruzaron para elaborar diferentes ‘mapas-mundi’. En ellos se refleja la evolución del uso del planeta en los últimos 10.000 años, ateniéndose a los ‘restos arqueológicos’ que fuimos dejando. “Es interesante porque hasta ahora los estudios de ciencias ambientales no han incorporado la información arqueológica. Este estudio demuestra que hay que tenerla en cuenta”, señala Borrell, de la Institución Milá y Fontanals (IMF-CSIC) y experto en Próximo Oriente. Esta zona es precisamente desde la que se expandió la agricultura. Borrell, hasta que estalló la guerra en Siria, dirigía excavaciones en Qarassa, la zona neolítica en este país hoy prácticamente destruido.

Borrell explica que las categorías de los formularios que le enviaron eran muy genéricas y que puede haber algunas distorsiones porque hay grandes zonas de Rusia, África Central y Occidental o del Sudeste Asiático que no cuentan con suficientes datos por falta de excavaciones, pero defiende que pese a ello es un primer retrato en movimiento que nos dice cómo hicimos una transformación que se inició desde el primer gran impacto agrícola en Oriente Próximo hasta extenderse también en remotos lugares de Asia, Sudamérica o Australia.

Fue un proceso en el que agricultura y ganadería fueron de la mano. Y no sólo mediante la selección de semillas o animales que fueron transformando las especies de cereales o de la fauna en función de sus características más apreciadas, sino además por el transporte de un lugar a otro cuando ya existían grandes concentraciones humanas.

“No cabe duda de que como especie tuvimos y tenemos un gran impacto que pone en juego nuestra supervivencia misma. Y vemos que es algo que viene de lejos, si bien ahora se acelera la velocidad de la destrucción. Es algo que nos aboca a un estallido final si no cambiamos, pero es un cambio que debe hacerse a nivel planetario, no puede ser la decisión de un Estado”, apunta el científico del IMF.

Y es que en esos inicios, en el 82% de la Tierra los humanos vivíamos de la caza y la recolección, pero para la época del Imperio del Antiguo Egipto (III dinastía) esas cifras habían caído un 63%. De hecho, desde mil años antes cuatro de cada 10 regiones de la Tierra ya tenían implantadas algo de agricultura extensiva. El pastoreo se había ido extendiendo a su vez por zonas cercanas a ecosistemas más áridos, que eran más propicios para esta actividad que para cultivos ante la falta de lluvias.

No es que la caza y la recolección fueran inocuas. Antes de la agricultura ya quemábamos bosques para cazar más fácilmente , cambiando ya los ciclos del agua, pero entonces se conocía profundamente el ecosistema, se sabían los ciclos de vida de todas las plantas y animales; también hubo un periodo en el que el forrajeo y la agricultura convivieron fusionados. A medida que la población creció, se redujeron las posibilidades de ser flexibles en nuestras estrategias de subsistencia, se comenzó a olvidar recurrir a la caza y la recolección en momentos necesario. Y se inició el “proceso que parece en gran medida irracional e irreversible a largo plazo”, en palabras de los autores del trabajo.

Vera, la pequeña neandertal de Burgos


Diente de Vera, la niña neandertal de Ojos de Guareña de Burgos.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Trino Torres, allá por 1976, se puso a buscar dientes de oso cavernario en las cuevas de Ojos de Guareña, en las Merindades de Burgos, no encontró lo que quería. Los restos recogidos en la conocida como Cueva Prado Vargas quedaron a buen recaudo en el Museo de Burgos, sin que durante décadas nadie intuyera que eran la cerradura que escondía la entrada a la casa de la pequeña neandertal Vera, una criatura de unos ocho años (lo del sexo es imaginación, por cierto) que habitó en esta caverna.

Esa cerradura la encontró un día, allá por el año 2000, la arqueóloga burgalesa Marta Navazo y, sorprendida por la riqueza de los restos guardados, se empeñó en lograr fondos para excavar en el lugar. En 2005, logró por fin algunos recursos para una pequeña excavación de dos metros cuadrados, pero tuvo que esperar hasta 2016 para que la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León le permitiera iniciar un proyecto con un equipo que lleva ya tres años sacando miles de registros de la presencia de aquellos humanos euroasiáticos que dejaron su rastro en nuestro ADN.

Cueva Prado Vargas en plena excavación.

“Comencé el proyecto con ocho alumnos y ya tenemos tres tesis en marcha sobre Prado Vargas. Es asombrosa la calidad y cantidad de los restos que encontramos en el nivel cuatro, de hace 46.000 años. El diente infantil, de un menor neandertal que llamamos Vera porque así se llama la nieta del dueño del prado, Beni, es el más importante, pero sólo este año hemos sacado otros 2.000 registros, unos 6.000 en total en cuatro años. Aquí me jubilo”, asegura una entusiasta Navazo, que también coordina en Atapuerca el yacimiento neandertal de La Paredeja.

Si el primer año en Prado Vargas lo dedicaron a eliminar restos superficiales -el padre de Beni usaba la cueva para guardar ganado – al siguiente ya abrieron la entrada original y comprobaron que había hasta nueve metros de sedimentos repletos de vida de hace decenas de miles de años. “En el primer nivel excavamos 40 m2, pero en total queremos abrir más de 100 m2. Ya sabemos que este era un lugar de referencia para los neandertales  de hace 46.000 años -en el momento en el que los ‘sapiens’ llegaban a Europa- porque aquí tenían refugio, fuentes de agua, materia prima para sus herramientas, animales que cazar… y estaban entre la costa y la meseta”, comenta la arqueóloga.

Raedera de sílex de Prado Vargas.

Por si no bastara con el diente humano, que certifica sin duda la presencia humana y familiar, también han localizado un hogar en el centro de la cueva de unos 25 centímetros de diámetro donde aquellos neandertales castellanos hacían fuego, como, por otro lado, ya se sabía por los huesos y las herramientas (raederas, puntas, denticulados y retocadores de huesos musterieneses) que habían encontrado quemados. Pocas dudas quedan de que controlaban el fuego…

Siguiendo el ejemplo ‘socializador’ de los yacimientos de Atapuerca,  también aquí Navazo, junto con Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana, han abierto desde el principio la vía de la divulgación e implicación social en los trabajos, con cursos de formación y actividades de voluntariado en las que participan los habitantes de la zona. Este verano, muchos fueron los que participaron en el lavado de los sedimentos de Prado Vargas en el río Trema. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos, que han recuperado con su trabajo restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

En concreto, de momento, entre los huesos y dientes recuperados en esta excavación ya se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros. Son huesos muy fragmentados, sobre todo de de radios, húmeros, metatarsos y tibias. Es decir, que los neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaban para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos, que les permitían obtener y consumir su médula. Eran las partes más apreciadas de las presas. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

En definitiva, un proyecto en Ojo de Guareña que dará mucho que hablar…

 

 

 

 

Aumenta la familia de los Australopithecus con un “abuelo” con 3,8 millones de años


Cráneo MRD, el más completo de un ‘Australopithecus anamensis’ @Nature

ROSA M. TRISTÁN

Hace casi un cuarto de siglo (1995) que la paleoantropóloga Meave Leakey describió con unos pocos fósiles una especie de primate bípeda de la que quedan muchos misterios por descubrir: los Australopithecus anamensis, extraños ‘monos sureños del lago’. Desde entonces, algunos científicos han defendido que este primitivo ancestro, que vivió hace entre 4,2 y 3,8 millones de años en el este de África, había sido un ‘abuelo’ directo de la famosa ‘Lucy‘, la Australophitecus afarensis, que a su vez ha sido considerada la ‘abuela’ lejana de nuestro género humano.

Yohannes Haile-Selassie con el fósil en sus manos. @NATURE

Ahora, la revista Nature publica en dos artículos el hallazgo del cráneo más completo de un ‘A. anamensis‘, datado hace 3,8 millones de años y descubierto en Woranso-Mille, la reseca región de Afar (Etiopia) por un equipo de científicos entre los que figura un español.

El primer pedazo del cráneo fue encontrado en 2016 por un pastor afar. En un área de unos 30 m2 aparecieron más fragmentos, medio ocultos bajo una capa de excrementos de cabra acumulados durante muchos años. Estaban algo alejados del campamento que el proyecto norteamericano WORMILL tiene en la zona desde que se inició, allá por 2005.

Bautizado con el poco glamuroso nombre de MRD, el cráneo es espectacular. Los autores, dirigidos por Yohannes Haile-Selassie,  afirman que es de un macho adulto y que proporciona nuevas ideas sobre los primeros Australopithecus y sus orígenes. Entre otras cuestiones,  confirma que las especies de MRD y de ‘Lucy’ convivieron durante 100.000 años, por lo que la afarensis no puede ser descendiente lineal del primero, aunque quizás si tengan el mismo origen. “El árbol evolutivo cada vez se complica más y más porque vemos, con pocas piezas del puzzle, que hubo muchas especies de homininos que convivieron. Cráneos como éste son inusuales pero indican que el registro es dicontinuo y que siempre debemos estar dispuestos a cambiar paradigma”, cuenta desde la Universidad de Berkely (California),  y vía Skype, el geólogo Luis Gibert (Universidad de Barcelona), que es coautor de uno de los artículos.

Por tanto, MRD bien podría haberse paseado con otros Australopithecus por los alrededores del lago que existía donde fue encontrado, lago que tuvo entre 5 y 8 metros de profundidad, explica Gibert, y que estaba rodeado de bosque, si bien no lejos había praderas de arbustos por las que caminarían aquellos primates.

 

Gibert reconoce que le sorprendió mucho el método de trabajo de Haile-Selassie, Museo de Historia Natural de Cleveland) . “En los 15 años que lleva el proyecto Woranso-Mille ya han localizado 230 restos de diferentes homininos”, explica Gibert y lo hacen con la técnica de ‘recolección’ en superficie. “El pastor afar encontró el maxilar y se lo llevó a Yohannes; luego fueron a ‘peinar’ el territorio en superficie, sin ninguna excavación. Allí, la erosión cada año deja al aire los materiales y luego se recogen. Yo mismo encontré un esqueleto de elefante fosilizado y no les interesó recogerlo porque hay tanto que sólo quieren los restos humanos. Tampoco hay espacio en el museo de Addis Abeba para todo”, argumenta Gibert. Eso sí, aunque no los guardan, si que saben que en el entorno que recorría MRD habitaban al menos 24 especies de vertebrados. “En el fondo, es más productivo que centrarse en sólo 200 m2”, apunta el geólogo.

Gibert, que lleva desde 2010 involucrado en el proyecto, participó en este trabajo en el estudio del contexto ambiental del cráneo. Al año siguiente del hallazgo, en 2017, hizo un primer intento de recogida de muestras en Woranso-Mille, pero la intensa lluvia les impidió acceder al área del yacimiento, así que tuvo que regresar el año pasado para recoger muestras de polen, de biomarcadores, de sedimentos….

De su análisis, se descubrió que MRD se encontró en lo que fue un delta que desembocaba en un lago salino. También que el bosque circundante le podía proporcionar hojas, frutos y huevos para alimentarse, aunque será el futuro estudio de los dientes lo que confirmará su dieta. Además, se sabe que aquel no era un lugar fácil para la vida. En el área se juntan tres placas tectónicas, por tanto, con muchos movimientos que hacen que los lagos aparezcan y desaparezcan en diferentes lugares, que coladas de lava rellenaran valles y metros de cenizas cubrieran el paisaje, obligando a migraciones de la fauna, incluidos los Australopithecus como MRD.

El geólogo Luis Gibert, coautor del trabajo.

Gibert asegura que continuará en el Woranso-Mille, pero también  tiene ya un pie científico en Kenia, a orillas del lago Baringo, donde hay restos de hace entre 2,2 y 3,5 millones de años y ya está trabajando también con un equipo de la Universidad e Michigan. “Comencé en Orce, con mi padre, e hice mi tesis sobre sedimentos lacustres. En ello sigo”, apunta el científico desde el otro lado del océano.

“Parece que este cráneo se convertirá en otro icono célebre de la evolución humana”, reconoce Fred Spoor, del Museo de Historia Natural de Londres, en un artículo adjunto de News & Views de la misma revista. Concluye que el descubrimiento “afectará sustancialmente nuestro pensamiento […] sobre el árbol genealógico evolutivo de los primeros homínidos”. De momento, ya es otra pieza para el rompecabezas de nuestro pasado más remoto de las que pasarán a formar parte del álbum familiar. 

 

 

 

Zona del hallazgo en Etiopía. @Luis Gibert

¿Adiós a la Amazonía en sólo 245 años?


@Victor Moriyama (Greenpeace Brasil): PORTO VELHO, RONDONIA,

ROSA M. TRISTÁN

Hace más de 15 años, cuando aún se financiaban en TVE grandes documentales, hubo una serie que me dejó huella: “Amazonía, la última llamada“, de Luis Miguel Domínguez. Ahora, tras casi un mes de incendios en la selva que oxigena este planeta, y cientos de miles de hectáreas quemadas, está claro que la llamada quedó sin respuesta. La situación es hoy mucho más dramática, hasta el punto de que podría desaparecer en sólo 245 años de seguir los actuales niveles de degradación, dejando a la Tierra sin el 20% de oxígeno que nos proporciona esta selva. De hecho, ya ha dejado de ser el sumidero de CO2 que era en el pasado, debido a la muerte prematura de millones de árboles y la quema actual no hace sino empeorar la situación. O los derrames de petróleo. ..

La dramática fecha del año 2.264 que se avecina en la Amazonía sudamericana no dirá nada a los políticos de hoy, empeñados en estrellar la nave Tierra que pilotan, ni a los millones de ciudadanos que les votan, incapaces de pensar en la herencia carbonizada que dejarán, pero está en el horizonte según las previsiones de una investigación liderada por el geógrafo Mark Mulligan, del King’s College de Londres, basándose en el histórico ratio de degradación de las áreas protegidas de esta zona del planeta. Según sus resultados, si la deforestación no se detiene, el bosque amazónico desaparecerá en unos dos siglos y, además, justo antes de su fin, ya dejará de proporcionar servicios ambientales que ayuden a mantener la vida en el planeta, como el almacenamiento de carbono almacenamiento para la regulación climática (algo que ya disminuye), el suministro de agua o el control de erosión, entre otros relacionados con la biodiversidad, de la que no se habla lo suficiente, pero está también en crisis. “Tener más áreas protegidas de forma eficaz es vital. Con  áreas de protección ineficaces, el bosque amazónico, con 55 millones de años, tiene este futuro muy corto”, ha señalado Mulligan a través de Twitter al hilo de los incendios, activos en este momento.

Y es que son más de 72.800 focos los detectados entre enero y agosto  de 2019 en la Amazonia, según los datos recogidos vía satélites por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, el mismo del que ha sido despedido su director, Ricardo Galvao, por tener el atrevimiento de denunciar el brutal deterioro de la selva desde que Jair Bolsonaro llegó al Gobierno, hace apenas unos meses. Ciertamente, la deforestación para uso agrícola siempre ha existido en este país y aledaños (Bolivia, Colombia, Ecuador..) pero datos de satélites indican que el pasado mes de julio se duplicaron las tasas de fuegos registradas, hasta suponer unos 60 km cuadrados de destrucción al día. Un kilómetro mientras lee este artículo..

En la revista científica ‘Nature Sustainability‘ se publicaba a finales de julio una investigación de la Universidad de Oklahoma que ya alertaba de pérdidas insostenibles antes de la ‘era Bolsonaro. El estudio, con datos satelitales entre los años 2000 a 2017 del área amazónica brasileña, señalaba que si bien había un 15% más de masa forestal que lo que decían fuentes oficiales del PRODES (Brasil), se reflejaban uno tasas de deforestación duplicaban lo que este mismo PRODES decía años antes, sobre todo desde 2013. El Niño y la sequía de un año en 2015/2016 incrementaron, según este estudio, las  pérdidas forestales,  que eran de un 11%  ‘áreas protegidas’. ¿Medidas del nuevo Gobierno? Desmantelar el sistema de protección y control sobre la deforestación, mientras anima a los grandes  intereses agroindustriales y mineros a expandirse hacia la selva amazónica. El indigenista Sydney Possuelo denunciaba en una entrevista en este blog lo que se avecinaba para los pueblos indígenas.

Bien es verdad que no sólo la Amazonía arde. Pero lo triste es que en este planeta donde sabemos quien marcó un gol al segundo a la otra punta del globo, nos enteramos del desastre dos semanas tarde. Y lo triste es que sólo por ello descubrimos que también África arde, que los bosques de Angola, República Democrática del Congo,  Zambia o  Mozambique desaparecen. Son lugares que habitan una extraordinaria fauna salvaje y, si bien es cierto que los incendios de sabana son habituales para regenerar pastos en este continente, la NASA detecta que también se está quemando la cada vez más escasa y rala selva africana por el mismo afán agrícola que mueve los hilos al otro lado del Océano Atlántico.

Por desgracia, nada indica que la tendencia vaya a cambiar porque desde que el ser humano se hizo campesino dejó de ver la naturaleza como un bien para verla como un recurso a explotar dentro de unas fronteras determinadas que nada tienen que ver con la vida planetaria ni con nuestra propia evolución biológico, como nos recuerda en ‘Sapiens‘ el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Ahora bien, no basta quejarse. A comienzos de agosto el Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC) alertaba de cómo el consumo de carne está generando esta deforestación global catastrófica. La soja que consumen en pienso las vacas españolas (y muchas otras) sale en gran medida de este mismo Brasil que se carboniza: en 2018, este país batió su récord con más de 82 millones de toneladas exportadas de este cultivo , un 22% más que el año anterior. El 80% fue para una China cada vez más carnívora. Pero no hace falta irse tan lejos: España recibe el 40% de su soja de Brasil, según el reciente informe de Greenpeace “Enganchados a la carne“. De hecho, somos el segundo país de la UE que más carne consume, alimentada con piensos que destruyen los bosques.

No deja de ser llamativo que el Gobierno en funciones español haya sido uno de los principales impulsores de un acuerdo comercial de la UE con Mercosur que favorece, precisamente, importaciones agrícolas y ganaderas de países como Brasil y Argentina hacia Europa. También es llamativo su silencio frente al G-7. Los dirigentes de Francia, Irlanda o Luxemburgo ya han dicho que no ratificarán ese acuerdo si Bolsonaro no hace más por proteger la Amazonía.

Otros prefieren el estómago lleno por delante de los pulmones.

Lo irónico es que sin aire que respirar apenas sobrevivimos cinco minutos.