#COP25: Las incertidumbres de un cumbre con demasiados agujeros


 

Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en el plenario de la #COP25 @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Son muchos los que se preguntan para qué sirven las cumbres del clima si las empresas contaminantes siguen contaminando, los gobiernos de los países más ‘sucios’ no vienen y los bancos siguen financiando combustibles fósiles mientras los desastres proliferan por el mundo, sobre todo por el hemisferio sur. Esta cumbre chilena, que tuvo de trasladarse a España precisamente por conflictos sociales generados de una profunda desigualdad social, nació con el pie cambiado. En el fondo, era una cumbre de transición hacia la de Glasgow, en 2020, que es cuando los países que hace cuatro años suscribieron un laborioso Acuerdo de París deberían aumentar sus compromisos con el clima, tomando impulso hacia una descarbonización de la atmósfera terrestre que en su estado actual ya está matando a demasiada gente.

Pues bien, la realidad es que hay poco optimismo en el horizonte. Si algo ha quedado claro estos días en Madrid es que hay un total consenso científico respecto a la emergencia: los investigadores reconocen que sus previsiones se quedaron cortas y nos ‘calentamos’ más de lo esperado. Pero también es evidente que no se frena la contaminación: sólo este año echaremos al aire que respiramos 36.800 millones de toneladas métricas de C02, según un trabajo publicado ayer en ScienceNews. Y es que pese a que aumentan las energías renovables, incluso en Estados Unidos a pesar de Donald Trump, también lo hace el consumo global, un carro que consume mucha energía. “Debemos acordar cómo vamos a ordenar en 2020 nuestros compromisos con arreglo a la ciencia y hay muchas países que dicen que hace falta más ambición, mientras otros quieren que nos quedemos en la letra pequeña, en un paso a paso”, declaraba la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, pocas horas antes del fin de las negociaciones.

En el otro lado de la COP25 ha quedado claro que la presión de la sociedad civil va en alza, y no solo en las manifestaciones. Fuentes oficiales reconocen que ahora los ciudadanos y las empresas quieren estar y quieren tener voz en ella más allá de sus gobiernos. De hecho, es lo que les gritaban unas 200 personas esta semana en una protesta junto a la sala del plenario: ‘Power for people’. Pero es un protagonismo que no todos los dirigentes entienden ni comparten.

Tampoco las gentes del sur comprenden cómo los problemas que les ha generado el cambio climático –provocado por un gas y un petróleo que impulsó el desarrollo en el norte durante el siglo XX- se van a solucionar poniendo precio a la contaminación que otros crean, una ‘suciedad’ que según el mencionado Acuerdo de Paris, firmado en 2015, se venderá en un mercado entre gobiernos y empresas: en otras palabras, permitirá que si alguien contamina más de lo comprometido pueda comprar ‘aire limpio’ (en forma de iniciativas como son reforestaciones, parques eólicos, bosques, etcétera) a quien tiene de sobra. Es el controvertido artículo 6, que se plantea como una alternativa para un mercado de transición. Se trata de resucitar una alternativa que, en términos similares, ya fue aprobada con el Protocolo de Kioto (hace 22 años) que no funcionó porque resulta que los países hacían ‘trampas’ y contaban el ‘aire limpio’ (metafóricamente) dos veces. Ahora se buscaría una mayor transparencia, pero es algo que no gusta a países como Brasil, India o China (por cierto, ahora mismo el más contaminante del planeta), que quieren que les convaliden sus cuentas tal como están.

Pueblos indígenas amazónicos, en la #COP25. @RosaTristán

Este ‘mercado de carbono’ no gusta nada a las organizaciones de la sociedad civil, aunque si a las empresas. Para la mayoría de las primeras, “es una opción que no tienen nada que ver con los derechos humanos y que permitirá seguir contaminando, así que no es una solución real porque ya están echando a la gente con obras como hidroeléctricas o proyectos que se venden como energías limpias”, en palabras de Kwami Kpondzo, de Amigos de la Tierra en Togo. Para las segundas, las compañías, es una oportunidad que se abre ahora que podrían participar en el negocio.

Otro asunto, además, es el precio que se ponga a cada tonelda de carbono porque si es barata, como algunos países pretenden, se desmoronaría el mercado actual en la UE (basado en Kioto), así que parece que tampoco por ahí habrá acuerdo, pese a que desde el primer día el secretario general de la ONU, Antonio Gutérres, lo puso como uno de los objetivos fundamentales de la COP25.

Otro asunto enquistado es el de las ayudas a los países donde ya muere gente, donde ya miles y miles tienen que dejar sus casas por un desastre natural de origen climático. Son millones hoy en África del Sur (impacta ver las cataratas Victoria secas), millones en Haití (la crisis humanitaria arrastrada por la combinación de sequías y corruptelas va en aumento) y más millones en Mozambique, donde los últimos huracanes han generado pérdidas económicas que han endeudado más al país gravemente, aumentando su deuda externa.

El Fondo Verde del Clima que debería servir para que el Sur se adaptara o mitigara los impactos del cambio climático son misérrimos: sus previsiones que tuviera 100.000 millones de dólares en 2020 y no llegan ni a 10.000 (por cierto, España ha aprobado dar 100 millones de euros más). Las críticas a ello han proliferado en la cumbre. Otra cuestión era impulsar otro fondo para esos daños y pérdidas que ya existen (lo llaman mecanismo WIM) que está bloqueado desde 2013. Tampoco en este asunto se ha avanzado, pese que era una de las principales demandas de los países en desarrollo y las organizaciones sociales. En la COP25 se reconoce que es una ‘demanda legítima’ pero todo se quedará en crear otro grupo de trabajo más para hablar del tema.

República de Kiribati, un país del Pacífico en riesgo de inundación total.

Con este panorama, conseguir que ‘las partes’ (vamos, los dirigentes de los países) hagan caso a la ciencia y vayan ‘más allá’ de los insuficientes compromisos de recortes de emisiones (que por cierto no han cumplido y de momento son solo papel) de 2015 es complicado. Algunos, con ese ánimo de retardar el asunto, dicen que es mejor analizar con detalles lo hecho hasta ahora antes de ir hacia adelante y que Paris daba plazo hasta 2023; otros (casi todos europeos) meten prisas ante la emergencia climática, mientras los que quieren retrasarlo no quieren que, de alguna forma, se reconozcan sus frenos para no quedar mal. De momento, tan solo 73 países han anunciado compromisos más firmes de más recortes contaminantes para 2020, pero basta mirar la lista para comprobar que entre ellos faltan casi todos los grandes (EEUU, China, Japon, India…) y ni siquiera está toda la UE (España, si).

A todo esto, y pese a que desde fuera se insiste en soluciones que vayan más allá de estos puntos, y que se incluyan las soluciones que ofrece la biodiversidad natural y las producciones locales, es decir, que se cuente con la naturaleza y los muchos pueblos que la habitan, de momento las menciones son mínimas a estos temas.

La manifestación convocada el viernes frente a Ifema por FRidays For Future y muchas organizaciones más no es sino el espejo de esa doble mirada sobre una misma realidad. Es el grito de protesta de los jóvenes que quieren heredar un planeta como el que algunos conocimos, con luciérnagas en la noche y también los pueblos indígenas acosados por macroproyectos y agronegocios que no son compatibles con sus formas de vida y los pequeños granjeros africanos que abandonan su tierra y cruzan desiertos en migraciones climáticas ocultas bajo la capa de la pobreza. El grito de quienes, una vez más, se sienten decepcionados.

Pero también están en la COP25 empresas que anuncian a bombo y platillo grandes reconversiones, como es el caso de Endesa; o bancos como el Santander que, según el informe Banking on climate change: fossil fuel finance report card 2019 , entre los años 2016 y 2018 aumentó un 566% la financiación a empresas que extraen gas y petróleo en el Ártico. El Santander está presidido por Ana Botín, quien ante el secretario general de la ONU recordaba en esta COP25 el impacto que sufrió al ver con sus ojos el cambio climático en Groenlandia (sólo allí se han perdido 3.800 millones de toneladas desde 1992). “La buena noticia es que las grandes empresas han comprendido que no pueden quedarse atrás en la transición ecológica, y eso ya es un gran paso respecto al pasado. Son lentas y les cuesta, pero saben que no queda otra”, reconocen los más optimistas.

Y en medio, lugares como la República de Kiribati, un país entero que podría desaparecer con la subida del nivel del mar. Su presidente Taneti Mamau ha estado en la COP25 para recordar que existen y precisan apoyo. Ya están comprando terreno en las isla Fiji para emigrar en bloque si todo sigue como parece.

 

 

 

 

#COP25: “Las soluciones basadas en la naturaleza suponen el 30% de soluciones las climáticas”


Entrevista a Patricia Zurita, directora de BirdLife International, en la que reclama más protagonismo a la naturaleza en la Cumbre del Clima

ROSA M TRISTÁN

La biodiversidad no está muy presente en la negociaciones de la Cumbre del Clima que estos días se celebra en Madrid, bajo presidencia chilena. Y lo que es peor, ni está ni se la espera, pese a que cada vez son más voces las que reclaman soluciones al cambio climático ligadas a la naturaleza, la misma que, no lo olvidemos, ha sido el escenario en el que surgió nuestra especie. Pero mientras los dirigentes políticos reunidos en la COP 25 se centran en llegar a un acuerdo de un artículo, el número 6, de los 29 artículos que contiene el Acuerdo de Paris (en concreto, el que se refiere a crear un mercado de carbono con precios para la contaminación que se intercambie por dinero países que no contaminan), las voces exigiendo otro tipo de medidas proliferan entre científicos y organizaciones ambientalistas.

Una de estas voces es la de la ecuatoriana Patricia Zurita, presidenta de la organización BirdLife International –SEO/BirdLife en España- , uno de los países que hace apenas dos meses ha pasado por una grave crisis social, precisamente ante una posible subida de la gasolina, mientras zonas de su Amazonía se conceden para la explotación petrolífera.

¿Qué mensaje trasladaría a los dirigentes políticos reunidos en la Cumbre del Clima respecto al cambio climático?

Antes que todo, querría agradecer a España haber organizado esta cumbre en tres semanas, que es algo titánico. Y les recodaría que, como dice el lema, el tiempo de la acción, pero que no podemos permitirnos fiarnos en las soluciones tecnológicas. Tenemos un planeta y es la naturaleza la que nos va a permitir desarrollarnos y cumplir los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles). Ahora mismo toda la conversación en la COP25 deja de lado la naturaleza, como si fuera otra crisis. Pero es la misma: la climática y la ecológica y para resolverla hay que integrarlas. Tenemos que resolver juntas las agendas de la naturaleza, la climática y la de la gente y los derechos humanos. El mensaje de Birdlife y de nuestros socios en 115 países es: ‘Es hora de la acción, pero con la naturaleza como parte de la solución’.

¿Y eso cómo se traduce en medidas concretas que unan naturaleza y clima?


En el momento que restauras humedales, que los proteges, ya estás haciendo secuestro de carbono, pero a la vez das trabajo y se propicia un entorno que genera agua, previene el impacto de las tormentas, proporciona pesquerías y turismo.. Lo mismo pasa con la conservación de los bosques, que son la mejor forma de mantener y capturar carbono. Hay que restaurarlos. Y los océanos, que tienen una salud paupérrima debido a la sobrepesca, a la destrucción de zonas de algas, cuando también mantienen el carbono capturado, o los pastizales no extensivos. Humedales, bosques, océanos y pastizales en buen estado son soluciones naturales. El planeta es como el cuerpo humano: si te quitan una oreja, dejas de escuchar bien y sufrirá todo el cuerpo. Por ello debemos pensar soluciones para todo el sistema.

Siendo tan importante ¿Cree que está teniendo el protagonismo que le corresponde?

Pues no, pero es aquí que pisamos la Tierra, y los de ahí dentro (zona azul) parece que pisan sobre las nubes, creen que la naturaleza es la parte de ‘green-washing’, lo adicional. Y están equivocados. Como dice Greta Thunberg, “es una crisis climática y ecológica”. Deberían considerar que las soluciones basadas en la naturaleza suponen más del 30% de las soluciones climáticas y son más infinitamente más baratas que las tecnológicas, pero además son socialmente más justas y más efectivas. ¿Cuánto cuesta desalinizar agua para llevarla a la gente? ¿Y cuánto cuestas conservar un bosque? Yo vengo de una zona de los Andes donde el agua nos llega porque hay bosques de niebla. En España hay sequía porque los sistemas ambientales no funcionan bien.

Es de una zona andina, donde ya se nota el cambio climático…

Efectivamente, las cadenas montañosas sufren mismo efectos que en los polos y los glaciares se están encogiendo a gran velocidad. Eso impacta en la producción de agua, en las especies, erosiona el suelo. Lo mejor para adaptarnos al cambio climático es tener barreras naturales, pero esos bosques andinos también son deforestados y cuando los hay tormentas, cada vez más torrenciales, todos los sedimentos de la erosión de las morrenas son arrastrados hasta las poblaciones. Cuando los bosques están en buen estado, sirven de frontera, son como esponjas. A finales de los 80, ya hubo grandes inundaciones en el Río Amarillo en China y millones fueron desplazados por culpa de la desforestación. Si restauramos con especies nativas, aseguraremos que los sistemas vuelven a funcionar y generan servicios ambientales.

Su país, Ecuador, es paradigmático, porque sufre el cambio climático, produce petróleo y ha habido recientes protestas sociales por la subida precio combustibles. Sin tiempo suficiente parece la cuadratura del círculo?

 El problema en Ecuador es que quisieron eliminar ayudas a los combustibles, pero sin que hubiera opción alguna, sin coches eléctricos, ni siquiera un buen transporte publico, que ni existe en las zonas rurales. No se ha impulsado ninguna economía basada en energías renovables, cuando podríamos mover el país con energía solar. Y debería contarse con un transporte eficiente, que apoyara a las comunidades rurales para que puedan transportar sus productos. Ecuador vive de la agricultura de las sierras centrales, no pueden dejarse de lado. En definitiva, se trata de pensar en comunidad y de que es la responsabilidad de todos juntos. De hecho, en Chile ha pasado lo mismo. La protección de la naturaleza y la justicia social son claves para enfrentar el cambio climático.

Una Cumbre del Clima de ‘emergencia’ ¿Dónde están los líderes?


Sede de la COP 25 en Madrid @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

A punto estuvo de no celebrarse, pero en tiempo récord, la Cumbre del Clima COP 25 comienza y  el mundo se enfrenta a la última posibilidad de que se logre algún compromiso real y contundente para desacelerar la velocidad con la que nos encaminamos a un desastre global. Sin embargo de los 190 países firmantes del Acuerdo de Paris hace apenas cuatro años,  de momento sólo 43 jefes de Estado y Gobierno -junto con altos cargos de instituciones internacionales como ONU, EU, OCDE, etc- anunciado que vendrán a Madrid para fijar sus compromisos reales en reducción de emisiones contaminantes. Conviene recordar que en París, en la COP 21, se reunieron 150 jefes de Estado y de Gobierno, pero lo cierto es que en este tiempo, a medida que los datos científicos empeoran en todos los parámetros y las previsiones tornan más negras, la presencia de los líderes decae. Y eso no es buena noticia.

JEFES DE ESTADO

  1. 2015 en Paris: 150
  2. 2016 en Marrquech: 80 
  3. 2017 en Bonn: 25;
  4. 2018 en Katowice: 40
  5. 2019 en Madrid: 43

Para la COP 25 chilena (española por delegación) no esperamos a los presidentes ni de Estados Unidos (si que vendrá Nancy Pelosi), Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, México, Canadá, Reino Unido, Alemania. Sólo unos ocho de países de Latinoamérica y Caribe de 42 existentes; siete de los 54 africanos y de Asia el único muy poblado que acude es Bangladesh. Es decir, más del 80% de la población global no tendrá a sus máximos dirigentes ‘empapándose’ de la que se viene encima y de cómo evitarlo. Y, sin embargo, todo indica que esta COP 25 es clave porque si algo ha pasado en estos cuatro años es la verificación científica de que el cambio climático ya está aquí, que el tope de aumento de 1,5º C previsto en Paris es una quimera y que los impactos están siendo ya brutales en muchas zonas del planeta, incluido nuestro país. ¿Hasta cuándo la ceguera de los dirigentes políticos? ¿Hasta cuando la ceguera de quienes les votan?

Precisamente, coincidiendo con la Cumbre que ahora comienza el Observatorio de la Sostenibilidad (OS) hizo público un informe, otro más, con muchos datos que nos retratan donde estamos. Es uno de los muchos de estos últimos días, pero pone números interesantes de lo que ocurre, como recordaba el científico Jorge Lobo (Museo Nacional de Ciencias Naturales) en esa “fina capa de vida de apenas unos pocos metros que tiene el planeta”. Del exhaustivo documento, me quedo con el dato de que en España tenemos hoy 1,57º más de temperatura que cuando nací (recordemos que eso es la media y hay temporadas en la que es mucho más) y que en mi ciudad (Madrid) mis veranos son nueve días más largos. Pero también llama la atención que tengamos 850 grandes instalaciones de emisiones de gases con efecto invernadero (los que generan el cambio climático) pero que sólo 10 grandes empresas generen un 25% de las emisiones de España, empezando por Endesa y siguiendo por Repsol, Naturgy o Acelor Mittal. No parecen muchas. “Lo importante no es acabar con estas empresas, sino que haya el marco adecuado para cambiar el consumo y cubrirlo con energías renovables”, apuntaba Fernando Prieto, del OS.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto del Observatorio de la Sostenibilidad. Junao al científico Jorge Lobo. @Rosa M. Tristán

Pese a la alarma que ello debiera generar, el propio presidente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, señalaba el pasado viernes  en Madrid que hoy hay más carbón en el mundo que en el año 2000, en concreto 2.250 GW más, pero que el consumo en Asia no deja de aumentar y además sus centrales térmicas tienen 12 años, cuando su vida útil es de más de 40. Son décadas que no tenemos. Y por si fuera poco el carbón, los investigadores del informe  ‘The Production Gap’ del PNUD nos dicen que los productores de gas y petróleo esperan aumentar su producción ¡¡un 120%!! A destacar que este informe (con 50 científicos implicados) se ha llevado cabo con las proyecciones de 10 países y que los máximos dirigentes de siete de los principales productores (China, EE.UU., Rusia, India, Australia, Indonesia y Canadá) no tiene previsto pisar la COP 25.

Federico Mayor Zaragoza, en el acto de Observatorio de la Sostenibilidad, recordaba la frase de que “los presidentes van de cumbre en cumbre y los pueblos de valle en valle” y mencionaba que ya en 1972 (hace medio siglo) el Club de Roma hablaba de futuros impactos del cambio climático, para denunciar a continuación que la UE, aún siendo aún el motor de un posible cambio, está perdiendo su relevancia a medida que ganan votos los negacionistas…. ¿Cómo es posible?, cabría preguntarse. Y a su lado,  la inmensa indignación que transmitía Nicolás Elíades, de Extincion Rebellion, sobre el planeta que vamos a dejar a las generaciones futuras y el hartazgo de quienes no se creen los compromisos: “En los 35 años de mi vida he visto como desaparecían las luciérnagas de mi vida”, comentó Elíades trayéndome del pasado esa imagen de mi infancia en la que las veía brillar.

Y junto a las quejas de estos nuevos grupos de rebeldes y jóvenes de Friday For Future o Greta Thunberg, están los pueblos y gentes que no vienen a la cumbre, pero que ya tienen su vida ‘patas arriba’ porque ya viven en el caos climático. Y sus vidas no son números. Es Christine, en Haití, a la que un huracán seguido de la sequía que se prolongó meses dejó sin hogar, sin cosecha y sin semillas; es Anjou Mbaye, de Guinea Bissau, a la que conocí cuando desesperaba porque los pozos cada vez son más profundos  tienen menos agua; es la guatemalteca Ana Rutilia Ical, criminalizada y acosada porque no quiere que el agua de su río acabe en una hidroeléctrica mientras las comunidades alrededor se quedan secas; es Honorio Souza, de Mozambique, que un día me contó cómo se quedó sin nada tras el paso del ciclón Idai…

¿Y quién paga estos desastres? Uno de los temas que la COP 25 pondrá en la mesa es la creación de un fondo para pagar ya las pérdidas y los daños, que se calculan en unos 300.000 millones de dólares para 2030 que ya están pagando los estados y que los países en desarrollo no pueden asumir sin endeudarse aún más. Más de 150 ONGs de todo el mundo, entre ellas Action Aid (en España, Alianza por la Solidaridad) lanzan estos días una propuesta bien conocida: quien contamina, paga, en este caso a través de tasas que penalicen a las empresas más contaminantes. No puede ser que la cuenta afectada sea la de  Anjoy ni la de Christine, mientras seguimos sin ver, volcados en los ‘black friday’ y las lucecitas navideñas.

Pese a todo, deberíamos estar y estamos, a tiempo de dar un giro espectacular. Por ello es importante que los compromisos que salgan de estos 11 días de cumbre sean grandes, globales y personales, económicos y financieros, y sobre todo en las urnas cuando toca. La gran parte de la humanidad cuyos líderes no estarán en Madrid no se lo merecen. El millón de especies que ahora sabemos que están en riesgo de extinción, tampoco.

 

Una ‘caja negra made in Spain’ para estudiar el cambio climático polar


ROSA M. TRISTÁN

Apenas hace nueve meses que la expedición polar ‘Antártida Inexplorada’ del Trineo de Viento regresó del continente más desconocido de la Tierra cuando la prestigiosa revista científica de la American Meteorological Society, ya ha publicado uno de los inventos que se diseñaron para la ocasión: una estación meteorológica móvil única en el mundo, la M-AWS, que fue creada por el equipo del proyecto MicroAirPolar de la Universidad Autónoma de Madrid y el grupo Aemet Antártica  con motivo de esta travesía pionera a nivel internacional. Este proyecto fue dirigido por la científica Ana Justel, de MicroAirPolar.  “En un escenario de cambio climático, es fundamental tener datos ‘in situ’ sobre el clima de la Antártida”, afirma Antonio Quesada, codirector de MicroAirPolar. Ambos ya habían colaborado con el eco-vehículo español en expediciones en el Ártico. “Estoy muy orgullosa de los resultados que hemos obtenidos con la M-AWS después de tanto esfuerzo”, afirma Justel, una de las pocas mujeres que dirige una investigación polar en España.

Durante los meses previos a esta aventura científica y de exploración, los investigadores de ambos equipos trabajaron conjuntamente, bajo la dirección de Justel, para que pudiera llevarse a bordo una estación móvil que registrara la temperatura, humedad y dirección del viento que los cuatro expedicionarios (Ramón Larramendi, Hilo Moreno, Manuel Olivera e Ignacio Oficialdegui) se encontrarían en su recorrido, una inmensa región sobre la que existe un gran vacío en cuanto a las observaciones en superficie.

Esta falta de datos contrasta con la importancia de conocer las condiciones climatológicas de la Antártida, de lo que depende en buena medida nuestro futuro en el planeta: estudios científicos prevén que si su hielo desapareciera, el nivel del mar aumentaría 57 metros. De momento, ese deshielo afecta más al Ártico, pero tener información precisa sobre el terreno se sabe que es fundamental para saber qué esta pasando: el último estudio en Nature Comunications indica que para mediados de siglo, con sólo medio metro de aumento del nivel del mar, 300 millones de personas se verán amenazados, entre ellos 200.000 españoles, por inundaciones costeras. “El creciente interés en las regiones polares, debido a los desafíos impuestos por el cambio climático,  requiere introducir mejoras en los modelos y las predicciones meteorológicas en la Antártida”, afirma, asimismo, Sergi González, de AEMET, que figura como firmante del artículo Weather Observations of Remote Polar Areas Using an AWS Onboard a Unique Zero-Emissions Polar Vehicle“.

Pero el reto que tenían por delante los investigadores de Microairpolar y Aemet no era fácil. “Teníamos que diseñar una estación meteorológica capaz de trabajar a temperaturas próximas a -50 °C, con materiales que resistieran el frío y los golpes que sufriría cuando el Trineo de Viento navegara sobre el hielo. Nada podía fallar. Un solo componente inadecuado y nos quedábamos sin los preciados datos”, explica Ana Justel, de Microairpolar (UAM), que fue su responsable y dedicó muchas horas al ‘invento’. A ello se suma que el dispositivo debía utilizar la menor energía posible, dado que el  suministro del eco-vehículo depende de placas fotovoltáicas, que tenía que geolocalizar los datos con un GPS y que su manejo debía se fácil para los expedicionarios.

Ana Justel y parte del equipo de investigadores haciendo pruebas de conexión de la M-AWS aprovechando su participación el IX Simposio Polar de 2018. @RosaTristán

Tras muchas pruebas y ensayos, en la Mobile Automatic Weather Station se colocó un datalogger y un GPS dentro de un contenedor isotérmico acolchado de polietileno expandido. Su suministro de energía se solucionó con una batería de litio hecha a medida con capacidad suficiente para soportar dos meses sin tener que recambiarse pese a las bajas temperaturas, que llegaron a ser de menos 42,2ºC.  Con este fin, se incorporó una resistencia eléctrica  alimentada por dos celdas solares de 10 W. Asimismo, se configuró con un sensor de viento (anemómetro) y una sonda de temperatura y humedad relativa, si bien los autores señalan que pueden incorporarse más  instrumentos. Con todo ello, cada 30 minutos, en automático, recogería los datos.

Y así lo hizo. El M-AWS funcionó a lo largo de los 2.538 kilómetros recorridos en ‘Antártida Inexplorada 2018-2019’, recopilando y almacenando la información la mayor parte del transecto pese a que los cables que enlazaban la resistencia eléctrica con los paneles solares se rompieron al octavo día debido al frío y los bruscos movimientos del vehículo eólico. Por contra, el interior de la ‘caja negra’ se mantuvo indenme y funcionando. Más problemas, irresolubles, hubo con el anemómetro, dado que no pudo colocarse en el trípode diseñado con este fin en el Trineo de Viento al resultar muy pesado, algo que, apuntan, deberá mejorarse para futuras expediciones con el Trine de Viento.

En todo caso, se recopilaron datos meteorológicos que están siendo utilizados por varios de los proyectos científicos participantes en la expedición que, además, ya sirvieron para que el equipo de Aemet Antártida elaborara los boletines de previsiones que cada día enviaban a los expedicionarios vía satélite.

Prueba de la importancia de esta estación móvil, una auténtica ‘caja negra’ de la meteorología, es que la revista ha publicado este desarrollo español coincidiendo con el Año Polar Predicción Período Especial de Observación del Hemisferio Sur (YOPP) y que se hayan incorporado sus observaciones a la base de datos de YOPP en PANGEA. Para futuras expediciones, su objetivo es integrarlos datos en el Sistema Mundial de Telecomunicaciones de la OMM (Organización Meteorológica Mundial).

En todo caso, conviene hacer un poco la historia. La recogida de datos meteorológicos sobre el terreno antártico comenzó a principios del siglo XX con grandes exploradores, como Ernst Shackleton, Amundsen, Scott o Fuchs… Una vez conseguidos los retos geográficos, se olvidó ese inhóspito lugar, del que ningún recurso natural podía sacarse a simple vista, hasta que en el Año Geofísico Internacional en 1957/58, la comunidad internacional decidió construir estaciones de investigación científica en el continente y, en ellas, se instalaron las primeras estaciones meteorológicas, todas fijas.

Desde entonces, entre los esfuerzos por aumentar la cantidad de datos que estas pocas estaciones pueden proporcionar destacan los del Centro de Investigación Meteorológica Antártica de la Universidad de Wisconsin–Madison, que desde finales de la década de los 70 mantienen una red de estaciones meteorológicas automáticas (AWS), hoy 63 según su web, en la plataforma de hielo Ross y la capa de hielo antártica occidental (de hecho Larramendi estuvo en mayo de 2019 reunido con este equipo para ver posibilidades de colaboración con el Trineo de Viento).

Equipo del Trineo de Viento en Antártida Inexplorada, con la M-AWS en primer plano.

Pero la Antártida tiene 14 millones de kilómetros cuadrados, así que ese centenar aproximado de AWS fijas son como unos pocos granos en una inmensa paella. Bien es verdad que también hay registros de  aviones o satélites, con los que se realizan modelos meteorológicos, pero los investigadores recuerdan que lo más preciso es recogerlos sobre el terreno. Por ello, en los últimos años se ha retomado la importancia de realizar trayectos interiores (transectos), sobre todo por la Antártida Oriental, de donde menos información se tiene.

El problema es el coste de estas expediciones polares, algo en lo que el Trineo de Viento de Larramendi aporta una alternativa económica y no contaminante, al estar impulsado por cometas gigantes de entre 30 y 150 metros cuadrados, ser desmontable totalmente y capaz de recorrer miles de kilómetros sin problemas. En estos momentos, una comisión del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades está analizando la posibilidades de incorporar el eco-vehículo al programa polar español. El ministro Pedro Duque confirmó esta misma semana a este blog que el proyecto sigue adelante, tras realizar una consulta sobre su idoneidad a los investigadores españoles. 

De momento, la expedición ‘Antártida Inexplorada’ de este año ya  ha dado lugar a un innovador dispositivo, que podrá ser utilizado por científicos polares de todo el mundo. Para los firmantes, “el creciente interés en las regiones polares, que ha surgido recientemente debido a los desafíos impuestos por el cambio climático, requiere un aumento en la cantidad y calidad de datos siempre que sea posible a través de métodos económicos y sostenibles para el medio ambiente”.

 

 

 

Indígenas amazónicos: “En Europa hemos sembrado semillas, tenéis que regarlas”


“Reforestar el corazón de las personas”. Las palabras de la indígena Sonia Guajajara quiero pensar que aún resuenan en el Congreso de los Diputados. Ayer, junto a otros 11 indígenas, venidos de diferentes zonas de Brasil, las dejó colgadas de las bancadas junto a otro mensaje muy claro para la sociedad, pero también los políticos españoles y europeos: no podemos poner el grito en el cielo porque se quema la Amazonía y luego firmar acuerdos como el de la UE con Mercosur que promueve su destrucción, tan ligada a la ganadería y productos como la soja que la alimenta.

Con este mensaje, la delegación de ‘Ni una gota más’, en referencia a la sangre indígena derramada -tres asesinatos a la semana van este año-, ha recorrido 12 países europeos y 20 ciudades (entre ellas, Madrid, Barcelona y Valencia), pasando un frío que no forma parte de su cultura y su vida y que decian tardarán en olvidar. Sobre todo el de algunos corazones. “Nosotros representamos a todos los biomas de Brasil, de la mata atlántica al Amazonas, de la pampa a la catinga. En 12 países hemos plantado semillas para descarbonizar las mentes y ahora tienen que regarlas”, nos dijo Sonia Guajarara, del pueblo de los guajarara de Maranhao. Ella sabe bien lo que es perder gotas de sangre: su pariente Paulo Paulino Guajajara, uno de los Guardianes de la Biodiversidad, fue tiroteado mientras ella y sus compañeros recorrían el otro lado del mundo clamando por apoyos contra la violencia. A su regreso, Paulo Paulino ya no estará.

Con Sonia Guajajara, en el Congreso. Foto de Alfonso Domingo.

De él se acordaba en una de las salas del Congreso, a la que sólo se acercaron dos diputados (uno de En Comú Podem y otra de Esquerrra Republicana de Catalunya). Escaso recibimiento de los que toman decisiones que les afectan, porque será en ese lugar donde se ratifique, o no, el acuerdo firmado entre la UE y Mercosur el pasado verano para fomentar la importaciones desde el otro lado del océano, y con ellas, promover la destrucción de más árboles, más selva, más vidas.

La realidad es que la tala en la Amazonia brasileña corre devastadoramente y ha tomado impulso con Jair Bolsonaro en el poder, el mismo personaje que viene a decirnos que es suya, como presidente de Brasil, como si la Tierra le hubiera otorgado ese poder hace decenas de miles de años. Entre agosto del 2018 y julio del 2019, se destruyeron 9.762 kilómetros cuadrados en esa selva que habitan tantos pueblos con más 519 años de muertes acumuladas: “Ya no necesitamos más mártires -clamaba Sonia – y por ello hemos venido a hablar contra el capitalismo y también porque necesitamos solidaridad internacional”. Y recordaba que este año ya se quemó un 82% más de territorio amazónico que el año anterior, mientrras en Bruselas se firmaban acuerdos con un presidente que, denuncian, ha dejado bajo minimos los fondos destinados al control y seguimiento de lo que los madereros hacen en la selva.

Entre las organizaciones presentes en el acto, Greenpeace España y Ecologistas en Acción, y mucha gente de los que ven con preocupación los riesgos de no hacer caso a ese 5% de la humanidad que tanto hace por proteger lo que el resto, mayoritariamente, destruye. Ese 82% de la biodiversidad en la que habitan y que cuidan y protegen con sus vidas. “En Brasil se está cometiendo un genocidio, un etcnocidio y un ecocidio y no podemos permitir que los culpables sigan inmunes. ¿Cómo es que la gente no entiende que el agua que  beben y el aire que respiran viene de nuestros bosques? Nosotros si que sabemos mantener el clima”, decía en relación a la próxima Cumbre del Clima (COP 25).

Con el diputado de En Comú Podem, ayer en el Congreso de los Diputados.

Por ello han venido a Europa. Para decir, a quien quiera escucharles, que ese tratado comercial con Mercosur “es una bala como la que mató a Paulino” y que la UE debería tener leyes que garanticen que no se comercia con productos que provienen de zonas conflictivas, ni de selvas, ni de minas, ni de ríos de donde sacan beneficios de la destrucción. “Y deben crear sanciones a las empresas que no lo cumplan, pero para ello necesitamos vuestro apoyo”, pedía Sonia Guajajara, que es también coordinadora de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) de la que forma parte todo el grupo.

Los diputados presentes recordaron la importancia de trabajar en el Congreso para poner límites a las empresas españolas, que las hay, que participan de ese expolio de recursos naturales, que hay que penalizarlas y excluirlas de los contratos públicos, por más presiones que hagan. Y desde Ecologistas en Acción anunciaron que el 6 de diciembre habrá una movilización con motivo de la COP 25 en España.

El día después, el 7 de diciembre, está previsto que todas las mujeres indígenas del mundo realicen acciones de movilización en defensa del clima y en defensa de la tierra.

“En esta gira que ahora termina, hemos puesto las semillas. Les dejamos la responsabilidad de regarlas”.

Vaya este artículo como una ‘gota de agua’ que ayude a fructificarlas, frente a las ‘gotas de sangre’ indígena.

 

 

 

Brecha de género: A las científicas ‘las suspenden más’ en las revistas


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ROSA M. TRISTÁN

A pesar de que el papel de las mujeres científicas no deja de aumentar, aún estamos muy lejos del deseable equilibrio. Las investigadoras no sólo tienen más problemas para conseguir una plaza y obtener un puesto de relevancia o un equipo de trabajo, sino que los trabajos que dirigen son menos aceptados en las publicaciones científicas que los de sus colegas. Estos ‘suspensos’ metafóricos son otro ‘agujero’ que tiene más que ver con su género que con otros motivos, según un trabajo publicado en la revista de la Real Sociedad de Química (Royal Society of Chemistry, RSC) recogida por la revista ‘Nature’.

A esta conclusión han llegado en la RSC después de analizar los más de más de 700.000 manuscritos que les han enviado entre enero de 2014 y julio de 2018 para ser publicados en su revista, una de las más prestigiosas que existen en esta materia.  La sociedad comprobó los nombres de pila de los autores  y encontró que casi el 36% de los autores eran mujeres, pero que solo un 23% de los artículos que fueron aceptados para su publicación tenían autores femeninos. 

El informe, (titulado: Is Publishing in the Chemical Sciences Gender Biased?) tenía por objetivo identificar si había un sesgo de género y llega a la conclusión de que existe “una interacción compleja de sesgos sutiles en todo el proceso de publicación, que se combinan para poner a las mujeres en desventaja cuando difunden su investigación”. Se detectó, asimismo, que cuando las mujeres publican, sus documentos obtienen menos citas en trabajos de otros colegas que el promedio de las investigaciones de  autores masculinos y comprobó que aunque los trabajos de autores masculinos tienen más citas que los de las mujeres, es poco probable que sean autoras y no de autores.

Como señala en ‘Nature’ el químico de la Universidad de York David Smitt, “resulta evidente que la brecha de género se manifiesta en cada etapa del proceso de publicación: elección de revista, decisiones editoriales, decisiones de los árbitros e incluso citas, así que se sugiere que algo está sistemáticamente mal”.

En similares términos se manifiesta Molly King, socióloga de la Universidad de Santa Clara en California, que reconoce que algunos de estos resultados se alinean con su propio trabajo, sobre la desigualdad de género a la hora de ocupar los prestigiosos primeros puestos de una lista de autores, y asegura que los académicos masculinos tienen un 70% más de probabilidades que las  femeninas de citar sus propias publicaciones. “Aunque las brechas de género pueden parecer pequeñas individualmente, suman más de 30 a 40 años de carrera y en todas las etapas de la cartera de publicaciones”, dice King.

En todo caso, no es un problema único de la Real Society of Chemistry. Otro informe similar publicado en 2018 por el Instituto de Física en Bristol (también en Gran Bretaña) encontró que los trabajos con autores femeninos también eran menos aceptados. Y un análisis de 30.000 envíos a la revista biomédica ‘eLife’ encontró que los revisores tienden a favorecer los manuscritos de autores del mismo género. Y, claro como las mujeres están subrepresentadas como editoras de revistas, pues salen perdiendo.

El RSC señala que su análisis es limitado porque sus métodos hacen suposiciones sobre el género de los autores y solo pueden asignar el género en términos binarios, así que las personas con género desconocido fueron eliminadas. Pero la sociedad dice que tomará medidas para abordar los prejuicios de género, incluida la oferta de capacitación sobre prejuicios inconscientes a su personal editorial y la contratación de más revisoras pares y miembros de la junta editorial. De hecho, su responsable, Robert Park, señala en la presentación del informe: “Tenemos que reconocer dónde sucede esto. Estamos comprometidos a seguir analizando nuestros propios procesos en cada etapa y pedimos a otros editores que hagan lo mismo. Queremos trabajar juntos para que la publicación científica, revisada por pares, sea adecuada para la era moderna. Garantizar que la comunidad de la ciencia química fomente de manera justa, permita el acceso equitativo y conserve una gama más diversa de voces conducirá a una mejor ciencia y, por extensión, beneficiará a la sociedad.

Sería interesante tener estudios similares de revistas científicas españolas…

La COP 25: ¡’Tiempo de actuar!, que nos queda poco para reaccionar


ROSA M. TRISTÁN

Los preparativos para la Cumbre del Clima COP25, que se celebrará en Madrid (del 2 al 13 de diciembre) van a todo tren en España, toda vez que hace apenas 15 días que se cambió la sede de país (Chile) y de continente. Tan rápidas como lentos están siendo los gobiernos que se reunirán para el evento en aplicar un acuerdo firmado hace ya cuatro años y que, en general, se lo están saltando a la torera, ya sea porque han hecho unos planes de adaptación al cambio climático llenos de irregularidades (lo contaba hace unos días), o porque resulta que sólo la mitad de los países del G-20 se molestan en cumplirlos.

La COP25, con Estados Unidos de retirada del Acuerdo de Paris,  una tremenda crisis política y social en América Latina (véase Bolivia, Chile, Nicaragua, Brasil, Haití, Guatemala… ) y con Rusia y China creciendo en emisiones, no podía aplazarse porque resulta que millones de personas en la Tierra ya están sufriendo el cambio climático, sin esperar al 2030 ni al 2050. Y también resulta que no están recibiendo las ayudas que debieran, mientras ya se sabe que el futuro irá a peor si seguimos por este camino. Para los que ya lo viven (se enteren o no) y para los que están a punto de hacerlo. Así que el reloj del logo de la COP25 y el lema ‘Tiempo de actuar’ (Time for Action) viene como anillo al dedo, un anillo que ojalá sea para un compromiso real y no meramente declarativo, porque las palabras se las lleva el viento, y en este caso puede ser huracanado.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, de quien surgió la idea de proponer España para la cumbre, está ya con su equipo en plena organización de un evento que traerá a más de 20.000 personas a la capital, entre equipos ministeriales, asesores, ONGs y activistas, empresas, etcétera. Más de 113.000 metros cuadrados ya están reservados en Ifema para la Cumbre, de los que 65.000 serán para que la ONU celebre las reuniones oficiales, es decir, de los 174 países más la UE , más otros actores, hasta sumar 197, y otros 13.000 m2 para reuniones en paralelo.

Ribera, en una primera rueda de prensa de contacto, ha asegurado que está previsto invitar al presidente Donald Trump, como a otros Jefes de Estado, aunque ya se sabe que no vendrá porque a Trump es del grupo de los descreídos, como si se tratara de una fe… Y a preguntas sobre la Presidencia que ostentará Chile, dejó claro que “España no trata de competir ni de discutir esa presidencia”. “Es fundamental el respeto y este año le tocaba la COP a América Latina”, aseguró.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. @Rosa M. Tristán

En total, se estima que el costo del evento será de unos 60 millones de euros para los presupuestos del Estado, si bien en Madrid podrían quedarse unos 100 millones por la afluencia de personas, pero son cifras estimativas porque ahora mismo la maquinaria está en marcha y no es fácil organizar a tanta gente. Teniendo en cuenta que un km de autovía cuesta seis millones de euros, no parece mucho.

De momento, se sabe que habrá en Ifema un área azul para las negociaciones oficiales de la ONU y actos paralelos; una zona verde para la sociedad civil (ONGs, sponsors, empresas,  inovadores, jóvenes, científicos… ) y un espacio llamado Ágora para la organización de eventos culturales, presentaciones, exposiciones, etcétera (se pueden presentar ofertas de eventos hasta el 17 de noviembre) . Las ONG que quieran acudir debe darse de alta  AQUI.

Unos días antes tendrá lugar la Cumbre Juventud por el Clima, tal como se preveía en Chile, que reunirá a 1.500 jóvenes de todo el mundo. En este caso, la logística se organiza con las universidades de Madrid.

Además, se prepara un gran eje climático en la ciudad bajo el título de “Castellana Verde”, que vaya desde Atocha hasta la Plaza de Castilla con infinidad de propuestas de empresas, museos, instituciones, ministerios… que están en la zona y que giren en torno al debate climático . “Además, queremos animar a todos los ayuntamientos a que sumen iniciativas”, apuntaba Ribera.

Como apoyo a todos los que vienen de fuera, se ha creado una Central Oficial de Reservas a la que pueden acudir los participantes. Asimismo, se buscan patrocinios para conseguir vuelos para miembros de las ONG latinoamericanas que se han visto sorprendidas con el cambio de continente, y cuya escasez de recursos les pondría complicado venir a Madrid, restando visibilidad a los muchos problemas que acucian a este continente, desde los grandes incendios amazónicos, hasta la situación dramática por desastres en Haití o las sequías en Guatemala.

“Nuestro mensaje es que es tiempo de acción, incluso si alguien retrasa su capacidad de acción se impone la voluntad de actuar del conjunto de la sociedad y ese mensaje es fundamental que sea el eco que quede en España. Vivimos crisis ambientales de todo tipo, porque hemos vivido de espaldas a límites planetarios, pero  hemos identificado los problemas y si queremos un futuro para nuestros hijos y nietos esta es una oportunidad para que España se reposicione y vuelva a identificar con más correcicón lo que se entiende por progreso. Es el sentir de la mayoría de los españoles”, ha concluido la ministra.

 

 

 

 

Biocultura y los riesgo de la masificación de lo ‘eco’


Biocultura, la feria ecológica en Madrid. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Este próximo fin de semana, como desde hace 35 años, vuelve a celebrarse en Madrid la Feria de Biolcultura. Comenzó el jueves y hasta el domingo más de 750 stands buscan acerca a los consumidores a esas iniciativas de consumo que se escapan de los grandes agronegocios y sus monopolios, y que intentan sobrevivir a la velocidad de los cambios, como reconocía en la presentación la directora de la feria, Angeles Parra. En otras palabras ¿Basta consumir ecológico, al margen de cómo se produzca?

Hay que remontarse a los años 80 para recordar aquella pequeña feria de productos, casi todos agrícolas, en la Casa de Campo, en la que  unos pocos jóvenes se reunían a vender sus productos, en plena vorágine de la expansión de pesticidas y herbicidas para aumentar de la producción. Los daños ambientales quedaban en el olvido absoluto. Pero como ‘hormiguitas’, siguieron creciendo y hoy el 8,7 % de la superficie agraria útil en España se dedica a la producción ecológica, frente al 7% de media en la UE. Cataluña gana por goleada, con un 15’8%. En total, 2,2 millones de hectáreas que nos sitúan, según datos proporcionados por la Asociación Vida Sana, a la cabeza de europea.

Instalación de Greenpeace sobre plásticos en Biocultura 2018. @Rosa M. Tristán

En consumo, tampoco vamos mal, y la gran confianza son los jóvenes. El Ministerio de Agricultura señaña que el 30% de los consumidores de productos bio tienen menos de 35 años, los ‘millennials’, más concienciados con hábitos más saludables, como es de esperar que lo sea la generación que sale con Friday For Future a la calle para denunciar el cambio climático y la situación del planeta. El resultado es que el consumo per cápita nacional ronda los 46’5 euros al año por habitante.

Bien es verdad, y así lo reconocía Angeles Parra, que todo indica que las grandes cadenas de alimentación han visto el negocio y se han lanzado de lleno al mercado ‘ecológico’, lo que ha dejado a las pequeñas empresas que iniciaron este mercado muy ‘tocadas’ al no poder competir en precios. Conozco varias que han tenido que cerrar… “No hemos estado preparados evolucionar en el sector agroecológico y ahora viene la gran empresa y se come el pastel . A ver superamos este paso porque ahora nos arrastra velocidad del sector”, señalaba la directora de Biolcultura.

Todo indica que el salto diferencial debería llegar desde el concepto de soberanía alimentaria, de cumplimiento de los ODS (Objetivos de Desarrollo del Milenio) para la Agenda 2030, un paso más allá en el que a la salud ambiental se sume la justicia social. “Tenemos principios que con las grandes empresas pueden perderse porque ven los productos ecológicos sólo como una oportunidad de negocio. Un craso error. Cada uno de nosotros, con sus hábitos de compra, puede decantar el mundo hacia una sociedad más justa y respetuosa con la  naturaleza. El carro de la compra ya es una forma de carro de combate, como dicen algunos, que sirve para plantarle cara a un sistema que está destrozando el planeta y las sociedades humanas”, argumentaba Parra, para quien ser consumidores conscientes implica proteger la biodiversidad, repoblar los entornos rurales, cuidar la salud propia y la ajena, proteger al campesinado, conservar tradiciones y economías locales “.

Con más de 400 actividades programadas, estos días Biocultura (en Ifema, pabellones 8 y 10) el escaparate es inmenso y unas 75.000 personas se espera que se asomen por allí. Esta edición, con especial dedicación al peliagudo asunto de los envases, pero  también a la moda sostenible y los cosméticos.

Inevitable será este año mi visita  al stand de La Rueda Natural, porque es mi objetivo adquirir productos 100% limpios para mi próximo viaje a la Antártida. Y también por los ‘ShowCooking’, la presentación del libro ‘Libérate de Tóxicos’ del científico Nicolás Olea, el espacio del supermercado participativo de La OSA o la cata de cerveza artesana.

 

Debate sobre medio ambiente en el #10N: nos sobran los motivos


Debate en ese de EFE. Arturo Larena (EFE), Pilar Liébana (Cs), José Juan Sanz (PP), Salvador Sierra (PSOE), Víctor Lasa (UP) @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

A las puerta de la Cumbre del Clima, COP 25 de Naciones Unidas, que se celebrará en Madrid en diciembre, y apenas unos días antes de que se celebren elecciones generales en España, el tema ambiental, como el científico, sigue en los márgenes de la actualidad electoral y ni siquiera el anuncio de que Estados Unidos abandona los Acuerdos de Paris sobre reducción de emisiones contaminantes parece que anime, salvo excepciones, a nuestros políticos a profundizar en lo que se viene encima. Desde luego, no es el objetivo de Vox, que son del bando negacionista, pero en el imprescindible debate organizado por APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) y la agencia EFE, al que VOX no quiso ir (y tampoco se le echó en falta), el nivel de los presentes dejó mucho que desear. Era la ocasión para conocer a fondo sus programas electorales ambientales y poco se sacó en claro.

Bajo la batuta de María García de la Fuente, presidenta de APIA, y Arturo Larena, director de EFE Verde, la inmensa cantidad de cuestiones que abordar se distribuyeron en cuatro bloques, que resumo en tres.

@Rosa M. Tristán

CAMBIO CLIMÁTICO Y ENERGÍA

Desde el inicio del debate, quedó claro que la estrategia del PP se basa en que las medidas para frenar el cambio climático no debe ‘molestar’ al crecimiento económico. Juan José Sanz, senador por Segovia de este partido, señaló que “la mejor forma de garantizar el mantenimiento del medio ambiente es que su protección sea compatible el desarrollo social y económico, protección que no debe ser una lista de prohibiciones arbitrarias”. También se mostró a favor de la economía circular, aunque sin detenerse mucho en ella, y defendió, eso si, “la gestión solidaria del agua entre territorios” donde es escasa, o lo que es lo mismo, los trasvases, que evidentemente tienen mucho que ver con economía pero poco con la preservación de la naturaleza tal cual. A nivel energético, el PP sigue defendiendo un ‘mix energético’ que tenga en cuenta los combustibles fósiles, aunque eso nos aleje de los Acuerdos de Paris de 2015. De hecho, Sanz no dudó en rechazar  “cualquier prohibición a los vehículos de combustión” porque, señaló, eso afectaría a un millón de empleos y al 10% del PIB nacional, el 25% en el caso de Castilla y León, según sus palabras en este debate. Y tampoco dudó en poner por delante la importancia de tener energía más barata, al margen de su coste ambiental. En definitiva, pese a declarar su preocupación ambiental, cumplió su papel en la línea de su partido.

Mas decepcionante fue el senador socialista Salvador Sierra, que centró su discurso más en lo  que se ha hecho en esta corta legislatura desde el Ministerio de Transición Ecológica (MITECO) que lo que se plantea el PSOE para la siguiente. Si bien remarcó la apuesta total por las energías renovables y los vehículos eléctricos, no aportó novedades a lo sabido o lo que ya está en marcha en lo que se refiere a reducción de emisiones. Fue una pena que no aportara dato alguno del impacto de las renovables en la reducción de emisiones según el MITECO, que los hay. o que aportara novedades sobre la esperada Ley de Cambio Climático, que no acaba de ser realidad.

Pero lo de la  senadora de Ciudadanos, Pilar Liébana, fue sin duda la más sorprendente. El programa energético de Ciudadanos se basa en la rehabilitación de viviendas para que sean más eficientes energéticamente, que se calcula que generan el 7% de las emisiones, muy lejos de las del transporte, del que dijo que su partido promoverá “el cambio a los coches eléctricos para 2040 o 2050”, que no lo tenía muy claro.  También mencionó que triplicarían la inversión en I+D para la transición energética.

Por parte de Unidas Podemos, el senador Víctor Lasa aprovechó su intervención para señalar que “los sectores competitivos a nivel económico tienen que ver con lo nuevo y no con lo obsoleto”, porque si no se avanzara “estaríamos aún con el telégrafo, aunque el cambio afectara a los fabricantes de telégrafos” y recordó la apuesta de su partido por las energías renovables y las cooperativas energéticas frente a grandes empresas, así como la creación de una gran empresa pública de energía. También defendió más leyes que obliguen a un menor uso de combustibles fósiles y una fiscalidad que apueste por energías limpias. “Sin acciones desde el Gobierno, no hay soluciones”, dijo, no sin antes recordar lo ocurrido con Madrid Central. “Nosotros vamos a aumentar al 25% los coches eléctricos para 2025”, aseguró, una promesa que dada la situación actual (0,78%) no parece muy realista.

BIODIVERSIDAD

Sobre biodiversidad, el senador popular no dudó en salir en defensa de la caza como alternativa para fomentar la biodiversidad, asegurando que ‘fija población’ rural y mantiene el ‘equilibrio de los ecosistemas’ y destacando que genera 8.000 empleos en una población castellano-leonesa de 2,19 millones de personas, es decir el 0,3%.

Claro que Sierra (PSOE) no hizo mejor papel en este capítulo, pues se limitó a enumerar algunas iniciativas legislativas que el Gobierno ya tiene en marcha (como la Estrategia de Infraestructura Verde) o planes de conservación de especies polinizadoras, lo que supo a poco en un país donde proliferan los grandes incendios, se sigue destruyendo la costa virgen con ladrillazos, se cazan lobos y atropellan linces y donde los pesticidas acaban con las aves y no hay control de las especies invasoras destrozan ríos, entre otros muchos males.

Pero aquí quien quien dio ‘el campanazo’ fue de nuevo la senadora de Ciudadanos, que luego me reconocería que lo del medio ambiente no es tu tema. Estaba claro, aunque prepararse un poco no viene mal. Y es que las medidas para fomentar la biodiversidad en los territorios tienen tanto que ver con el asunto como la velocidad con el tocino: limitar el uso de plásticos de un solo uso para que no lleguen al mar, un plan de adaptación al cambio climático (que eso sirve para todo, y más si no explicas en qué consiste) y lo más ‘original‘: plantar 10 árboles per cápita, 465.00 hectáreas de flora (sic), para solucionar el tema de las especies invasoras “porque con especies de árboles propias de la zona, las invasoras huirían de esos entornos”. 

Lasa, de Unidas Podemos, mencionó la reforma las leyes de Patrimonio Natural y Biodiversidad para adaptarlas a las consecuencia del cambio climático, si bien tampoco no se extendió en explicar cómo ni dio algún detalle de la estrategia contra especies invasoras que mencionó.

SISTEMA RETORNO DE ENVASES Y RESIDUOS

Márgenes del río Jarama, a su paso por Rivas, octubre de 2019. @Rosa M. Tristán

En este bloque, tampoco hubo propuestas novedosas. Liébana (Cs)  volvió a sacar a relucir su medida antiplásticos de un solo uso, pero se quedó muda a la pregunta sobre su postura en torno al Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), que funciona en varios países europeos. Tampoco tenía ni idea de qué era el senador socialista, Salvador Sierra, que prefirió volver al asunto del Mar Menor al hablar de residuos. El mejor informado resultó ser  Lasa (UP), que si conocía el SDDR, apoyado por su partido y que también mencionó medidas contra los plásticos de un uso (conviene recordar que desde 2021, en plena legislatura, será obligatorio en la UE eliminarlos), mientras que el PP habló de la importancia de fomentar la economía circular y la divulgación.

Como conclusiones del debate, Ciudadanos se quedó con su propuesta de inversiones en I+D para la transición energética, el PP con la necesidad de divulgar medidas sostenibles, el PSOE recordó que se creará un Ministerio contra la Despoblación (anunciado por Pedro Sánchez el día anterior en TVE, sin explicar en qué favorecería al medio ambiente) y Unidas Podemos destacó el fomento de la movilidad eléctrica.

Los asistentes al encuentro, muy de agradecer a EFE Verde y APIA, nos quedamos con la idea general de que muchos de los partidos políticos no tienen en una institución pública tan cercana a los territorios como es el Senado a representantes con suficiente formación en temas ambientales. En algunos casos, las carencias llegan a límites vergonzosos.

Pocas horas después de este debate, el ex director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, recordaba en una conferencia de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) que con el cambio climático “hemos pasado de la alerta a la alarma y ahora estamos en la emergencia, y debemos saber que no podemos llegar al punto de no retorno”. Recordaba también que “la UE ya no tiene el liderazgo”, al menos en temas como la migración, la seguridad o la economía.. Pero en temas ambientales aún va por delante y España tiene un papel que jugar.

Ahora toca esperar a este #10N para saber si por fin tenemos un Gobierno que sepa actuar frente al futuro que se nos avecina. Los científicos de todo el mundo (11.000 de una última atacada) tienen un diagnóstico desolador, pero hay tiempo aún para revertir lo peor.

Votar teniendo en la cabeza que estamos en emergencia climática y las acciones deben urgentes, pese a quien pese, es lo que marcará la diferencia.

 

Villarejo nos espió a varios periodistas ambientales


ROSA M. TRISTÁN

La noticia me llegó este fin de semana. Por lo visto mi nombre y el de otros periodistas ambientales figuraba en el informe que el comisario Villarejo envió a Iberdrola. Ocurrió cuando trabajaba en la sección de Ciencia y Medio Ambiente de El Mundo y junto al mío está también el nombre de mi compañero Gustavo Catalán Deus. Y junto al de otros cuatro colegas que no menciono porque no tengo su consentimiento.

La cuestión es que, dentro de nuestro trabajo en medios de comunicación, se nos menciona porque  dos sindicalistas de Iberdrola, de su comité de empresa, nos habrían pasado -según este delincuente que entonces era policía-, una auditoria en la que la se enumeraban un buen número de irregularidades a corregir, algunas relacionadas con gestión y control de riesgos, en su central nuclear de Cofrentes, como ha informado El Confidencial. Se dice en este informe que ambos sindicalistas, de CGT, se habrían reunido con periodistas (entre los que me encuentro) en unos encuentros ‘auspiciados’ por Carlos Bravo, que era el responsable de Nucleares en Greenpeace, y por Carles Arnal, que fue portavoz de Els Verds-Esquerra Ecologista del País Valencià, un partido que el mismo creó.

Sinceramente, de aquellas informaciones ya no me acuerdo (llevo ya 30 años escribiendo y entonces no todo se ‘colgaba’ en internet) pero lo que  es incuestionable, visto en informe, es que durante un tiempo, que no se cuánto sería, hubo un personaje siniestro, salido de las más turbias ‘cloacas’ del Estado español que hizo un infame seguimiento de personas por encargo de empresas, controlando sus actividades y llamadas telefónicas. El documento indica también que éramos “periodistas muy significativos que habitualmente informan sesgadamente sobre temas ecológicos”. El adjetivo ‘significativos’, pues mira, me lo tomaré como señal de que lo que contábamos allá por 2007 tenía su impacto. Y lo de ‘sesgadamente’, viniendo de tal Villarejo, casi hay que tomarlo como un halago, porque lo cierto es que la auditoría es real y que, seguramente, Iberdrola dió la callada por respuesta.

Lo que resulta inadmisible es que una gran empresa, como es esta compañía, contratara a tamaño mafioso para espiar a personas que ahora no sabemos hasta qué punto estuvimos bajo el punto de mira de Villarejo, saltándose las leyes y la Constitución ‘a la torera’¿Cuántas llamadas nos interceptó? ¿Hizo alguna acción más, además de ‘pinchar’ teléfonos? ¿Presionarían a alguno de los jefes en estos medios sin que llegáramos a saberlo? Las dudas, desde que lo he conocido, me rondan por la cabeza. Y otras muchas también: ¿pero qué seguridad tenemos en este país? ¿cómo es posible que los dirigentes de Iberdrola no se indignaran al conocer el contenido de estos informes, absolutamente antidemocráticos? ¿Cómo puede ser que se justifiquen diciendo que  no sabían nada de los encargos porque era cosa del Departamento de Seguridad? ¿Es que pedían informes para ellos, sin compartirlos, dejándolos en un cajón?

A aquella ocasión en la que me llamó un ‘mandado’ de Jesús Gil para que dejara de escribir sobre obras ilegales de aquel personaje y otra en la que Jaime Peñafiel presionó para que no escribiera sobre las subvenciones que recibía la Duquesa de Alba del Ayuntamiento de Madrid para renovar sus calderas, ahora tengo que sumar esto como una más de las desagradables situaciones que algunos periodistas tienen que soportar.

Ha pasado tiempo, 13 años, y ya no estoy en El Mundo ni he escrito de Cofrentes (que por cierto está en Valencia) desde hace tiempo, aunque sigo empeñada en informar de medio ambiente, de los impactos sociales de nuestro comportamientos y de lo que nos cuenta la ciencia. La central nuclear sigue abierta y hoy mismo ha comenzado la recarga de combustible en su reactor. Son ya 34 años funcionando, y no sin fallos, como revelaba aquella auditoría.

Está claro que desde el punto de vista de Villarejo y sus secuaces soy ‘sesgadamente ecologista’ porque frente a quienes defienden lo nuclear como energía del futuro frente al cambio climático, no olvido nunca mencionar que sus residuos son indestructibles y que, aunque no lo fueran, que lo son, las centrales son carísimas en su construcción y mantenimiento, lo que deja fuera de juego a tres cuartas partes de la Humanidad. Y, por último, que es peligrosa porque sus accidentes son catástrofes planetarias (Fukusima, Chernóbil, ahí están) y el mundo anda muy revuelto como para tenerlo lleno de estas instalaciones. ¿O es que sólo las queremos en Europa y Norteamérica?

Además, estoy convencida de que si sólo hubiéramos escrito a favor de los intereses empresariales, no nos hubieran puesto ese adjetivo.

Y, por último, si defender nuestra Tierra de nosotros, no es ser objetivo, pues no lo soy. Para saberlo no hace falta espiar.