Multa de 90€ por el robo de un cocodrilo fósil único en el mundo


ROSA M. TRISTÁN

“Se  me quedó cara de pasmo cuando llegamos a la excavación y el fósil perfecto que íbamos a extraer no estaba”. El paleontólogo Albert G. Selles, del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont, tiene muy grabado ese día. Su perplejidad sólo fue comparable a la que experimentó cuando conoció la ‘condena’ judicial por expoliar y destrozar aquel ‘tesoro’ de precio incalculable: 90 euros.

Pero ¿de qué pieza estamos hablando? Se trata de una nueva especie bautizada como Ogresuchus furatus, un cocodrilo terrestre de tamaño pequeño que pudo alimentarse de las crías de los dinosaurios que ponían sus huevos en la zona de Coll de Nargó, en los Pirineos. Su nombre significa “el cocodrilo-ogro que fue robado“, para que no se olvide el ‘secuestro’ que sufrió el esqueleto, cuyo análisis ha sido ahora publicado en la revista Scientific Reports. Al parecer, esta familia de sebécidos eran muy comunes hace entre 65 y 15 millones de años, pero en este caso se ha calculado que vivió hace 71,5 millones de años, así que a su valor como  nueva especie se suma que es el más antiguo especímen descubierto. “Su hallazgo nos obliga a redefinir la historia evolutiva de esta familia”, explica Sellés, que ha dirigido la investigación.

¿Y un tribunal considera que su valor es de 90 euros?

Recreación cocodrilo prehistórico encontrado en los Pirineos.

Y es que a punto estuvieron que de nada de todo esto fuera descubierto. La historia, con tintes policiacos, se remonta a 2013, cuando una Asociación de Amigos de los Dinosaurios en Coll de Nargó avisó del hallazgo de restos fósiles junto a unos huevos de dinosaurios, que por cierto siempre han sido expoliados en esta rica zona paleontológica. “Enseguida fuimos y empezamos a excavar. Un día apareció por allí un hombre diciendo que aquel terreno era suyo, aunque por lo que sabíamos era comunal. Quería alguna compensación. Nos dijo que si él no sacaba algo de allí, no lo sacaba nadie. No hicimos caso y un jueves dejamos el esqueleto fósil al descubierto para extraerlo al día siguiente. Nos quedamos perplejos el viernes cuando llegamos. No había nada. Inmediatamente avisamos a los Mossos.

Comenzó así una investigación del destacamento de Protección del Patrimonio Histórico de los Mossos. Tomaron muestras, encontraron restos del envoltorio del fósil por los alrededores, identificaron huellas de un vehículo y, un mes después, fueron en busca del expoliador con la certeza de no equivocarse. Le ofrecieron devolver el fósil en un plazo determinado y olvidar lo sucedido, pero no lo hizo y al final hubo que presionar mucho para que entregara el esqueleto del cocodrilo. “Nos lo devolvió hecho trizas, con muchas partes rotas y otras que faltaban, y que han desaparecido, pero que estaban cuando lo excavamos.  Debió sacarlo con un pico. Nos hemos pasado más de año y medio restaurando el destrozo para poder estudiarlo. Una pena”, denuncia el paleontólogo.

 

Pero aún quedaban sorpresas: en la denuncia interpuesta por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña, el propio Selles hizo un peritaje de valoración de daños, lo que no fue fácil: “¿Qué precio poner a un fósil que es único en el mundo? ¿300.000 euros? y a la restauración ¿20.000?. Pues al final, sólo le pusieron una multa de 90 euros. Y, claro, luego reincidió y volvió a ir al yacimiento a romper más cosas, creo recordar que en 2016”, señala el investigador.

Cabe señalar que a nivel nacional, la última ley que protege el patrimonio paleontológico español es de 2015, la Ley de Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que modifica una anterior de 2007. También hay otra previa de 1985.  Otra cosa son las sanciones, que a tenor de este fallo judicial parecen dejar mucho que desear: al culpable del expolio le costó menos el robo y destrozo que una multa de tráfico por mal aparcamiento. “Si que hay normativas que protegen este patrimonio, pero la gente no las conoce, no que no se pueden coger fósiles legalmente porque no se sabe qué información puede contener. En este caso era muy valiosa”, comenta Selles.

Este extraño cocodrilo prehistórico, de menos de un metro de largo, se diferenciaba de los actuales en que tenía sus patas situadas debajo del cuerpo, lo que les permitía moverse como cuadrúpedos, como los mamíferos actuales. Sus dientes curvos y esas patas gráciles hacen pensar que eran grandes cazadores de presas pequeñas también en tierra. También su cráneo es distinto a otros similares que ya se conocían, razón por la que es nueva especie.

Dado que estaba tan cerca de un nido de huevos de titanosaurio (animales que podían medir hasta 12 metros de largo) y que había muchas cáscaras de estos huevo, se especula que podría haberse alimentado de sus crías. Según comenta Selles “las crías de dinosaurio probablemente no eran su principal fuente de alimento pero habrían sido una presa fácil para un cocodrilo de estas características que no habría desperdiciado la oportunidad de depredarlos”.

Hay que tener en cuenta que entonces la actual cordillera de los Pirineos no era tal como la conocemos. Su proceso de formación comenzó hace unos 80 millones de años, pero no terminó hasta hace 24 millones de años, así que aún era una llanura de vegetación tropical con humedales salobres en los que habitaba una gran diversidad de fauna, incluyendo dinosaurios titanosaurios y hadrosáurios, así como numerosas especies de cocodrilos, tortugas, peces, lagartos, ranas.. De hecho, los dinosaurios de los Pirineos, señalan los científicos catalanes, son los últimos que vivieron en Europa antes de su
extinción en todo el mundo. Durante más de 10 años, han organizado campañas de excavación y sus hallazgos han dado lugar a cientos de publicaciones científicas sobre las faunas del Pirineo durante el Mesozoico.

 

Una huella digital nos descubre a una joven artista neolítica


 

ROSA M. TRISTÁN

A menudo se representa el arte rupestre con una escena en la que un hombre ‘barbado’ y musculoso se esmera en dibujar un animal en una pared rocosa. Es la típica representación científica en la que las mujeres ocupan, salvo contadas excepciones, un papel de menor enjundia intelectual, pero no hay como aplicar técnicas ‘detectivescas’ para revelar que la huella de ellas también está ahí, aunque no siempre se busque… y se encuentre. Esto es lo que ha ocurrido en un abrigo rocoso granadino del cerro Jabalcón, cuya vista desde la cumbre es todo un espectáculo.

Allí, curiosamente en un abrigo bautizado como “Los Machos”, entre más de 32 motivos pintados en dos paneles (uno sobre todo) hace entre 5.000 y 7.000 años, se han identificado dos huellas dactilares y una de ellas tiene un 80% de posibilidades de pertenecer a una mujer joven, según un equipo internacional de científicos que lo ha estudiado, liderado por Francisco Martínez Sevilla, de la Universidad de Granada (UGR). Es, de hecho, la primera vez que se logra determinar el sexo y la edad de los autores de unas pinturas rupestres mediante un análisis que es muy habitual en los trabajos policiales.

En la investigación, que acaba de publicarse en la revista Antiquity, también se identifican las huellas dactilares de un hombre adulto, mayor de 36 años, junto a las de la posible mujer joven. “Con las huellas de la cerámica ya se han habían hecho estudios muy completos pero no con pinturas. También se habían identificado manos de mujeres pintadas en la Prehistoria en otros lugares, pero lo importante es que ahora se abre la opción de poder identificar a los autores por sus huellas dactilares, algo que no se había hecho antes. Además, el trabajo confirma que la representación en estas pinturas no estaba limitada a un conjunto concreto de edad o sexo, sino que podían participar todos”.

El estudio de los ‘paleodermatoglifos’ fue desarrollado  por el grupo de investigación GROB -Grup de Recerca en Osteobiografia- con la profesora Assumpció Malgosa, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Para determinar el sexo y la edad, se fijaron en las crestas dactilares, porque, como explican, hay diferencias entre sexos en el número de crestas y en la anchura. Son mayores en los hombres que en las mujeres. También hay particularidades por la edad, porque el patrón de huellas dactilares no cambia durante la vida, pero si lo hace durante el crecimiento la distancia entre esas crestas.

Muchas de las obras pintadas en los paneles del abrigo son figuras antropomorfas  que forman parte del estilo llamado ‘arte Esquemático’, una forma de representar que se puede ver por abrigos y cuevas de toda la Península Ibérica y que se extendió desde el Neolítico, con las primeras poblaciones humanas sedentarias, hasta la Edad del Cobre, a mediados del siglo VI antes del presente. Algunas de las figuras tienen falo, lo que se identifica con los varones, y en otras se aprecian bultos bajo los brazos que, según Francisco Martínez y su equipo, serían los senos de las mujeres, si bien hay quien lo identifica con ídolos. También hay figuras circulares y geométricas.

En esta investigación, los autores han realizado un análisis del abrigo rocoso y del panel pictórico, incluyendo su morfología geológica (causante de la conservación y durabilidad de las pinturas a lo largo del tiempo); las técnicas utilizadas en la aplicación de la pintura; el contexto arqueológico regional; la atribución cronológica y la identificación del perfil biológico de los autores de las pinturas a través del análisis de paleodermatoglifos (huellas dactilares antiguas). “Además, el análisis del ancho de los trazos nos ha permitido confirmar que el pigmento se aplicó con los dedos y que las huellas dactilares documentadas pertenecen a una fase 2, la más reciente, de un pigmento ocre oscuro, como un repintado posterior”, apuntan los autores.

El Jabalcón, sobre la cuenca de Baza.

El refugio fue descubierto durante un trabajo de campo realizado entre 2004 y 2005. Es una cavidad con una abertura orientada al este en un muro de piedra caliza casi vertical, de unos 100 metros de altura, que ofrece amplias vistas sobre la cuenca de Baza. Es poco profundo y abierto, unos 13 metros en la parte exterior y cuatro de profundidad. El panel con los dibujos está justamente en la zona más profunda, a resguardo de la erosión del agua y el viento.  Al parecer, la evidencia de actividad prehistórica es escasa en la comarca, pues sólo se han hecho estudios de superficie, pero si se sabe que hay 19 yacimientos arqueológicos en un radio de  unos 10 kms, entre el Neolítico y la Edad del Bronce. “No sabemos en realidad por qué hacían estas representaciones rupestres, si estos abrigos eran santuarios o lugares de reunión de las comunidades. Pero esa huella de un dedo en medio de un trazo es algo físicoy tangible, un vínculo con aquellos humanos que podría investigarse en otros sitios para averiguar más datos sobre los aquellos artistas”, señala el científico. 

En el estudio han participado, además de Francisco Martínez Sevilla, Meritxell Arqués, Xavier Jordana, la mencionada Assumpció Malgosa, José Antonio Lozano Rodríguez, Margarita Sánchez Romero y Javier Carrasco Rus (Universidad de Granada) y Kate Sharpe (Universidad de Durham en el Reino Unido).

 

 

 

Los residuos electrónicos, un virus con tratamiento


ROSA M. TRISTÁN

Televisores, batidoras, viejos ordenadores… Hace escasos días en una ciudad costera y levantina pude observar cómo el reciclaje de la electrónica en algunos lugares aún deja mucho que desear. Hace años que la Fundación Ecolec organiza la recogida, el tratamiento y la eliminación de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en todo el país, pero a nadie escapa que hay agujeros negros en lugares donde, como también he comprobado, resulta todavía una odisea dar el primer paso para evitar que esta basura peligrosa acabe en un vertedero incontrolado. En el caso de Torrevieja, encontrar el teléfono del punto limpio o de la empresa que era responsable de su recogida, en este caso Acciona, puede . Al final, en mi caso, tras marearme en el Ayuntamiento de un lado a otro, conseguí el número en Información Turística. Muy surrealista…

Uno de los jóvenes recicladores de Bangladesh, participantes en el trabajo del IDAEA-CSIC.

Quisiera pensar que son pocos los casos de desperdicios electrónicos en las calles, pero es evidente que aún falta mucho por hacer. Estamos en un país en el que se generan anualmente más de un millón de toneladas de basura electrónica, según datos de estudios oficiales. De ellas, 750.000 se podrían reciclar. Según los últimos datos de Ecolec, en los seis primeros meses de este año han recogido 50.162 toneladas, que son casi 7.000 menos que el año anterior (un 12% menos). Es evidente que una razón es que se  han vendido menos productos porque las tiendas han estado cerradas, pero también es verdad que cerraron los puntos limpios en muchos lugares durante el Estado de Alarma.  Entre Madrid, Andalucía y Cataluña suponen, según sus datos, el 43% del total de esa recogida, menos de lo que les correspondería por su población (las tres autonomía aglutinan casi al 48% de los residentes en España). Les sigue la Comunidad Valenciana.

Volviendo a Torrevieja, un ejemplo paradigmático de la falta de control ambiental es lo habitual que resulta ver ‘recicladores informales’ que con sus furgonetas van recogiendo acá y allá residuos de las calles. ¿Adónde acaban? Conviene no olvidar que, según datos de Naciones Unidas, cada año unas 352.470 toneladas de desechos electrónicos viajan desde Europa a países en vías de desarrollo de África y Asia, fundamentalmente. A nivel mundial, se estima que la mitad de todo ello acaba len zonas de pobreza extrema. El informe internacional detalla que esta basura viaja desde nuestro mundo al suyo en coches de segunda mano o ‘disimulado’ como material para utilizar en países y bajar la brecha digital, aunque la realidad es que son totalmente inservibles y allí se desmontan para sacar el oro u otros minerales valiosos, en condiciones insalubres.

Es un  ‘negocio’ que no sólo tiene un grave impacto ambiental, sino también un elevado riesgo para la salud de quienes lo reciclan sin ninguna medida de seguridad. Así lo ha confirmado un estudio publicado recientemente en la revista ‘Science of The Total Environment’ por un grupo de científicos de varios países, entre los que estaba Ethel Eljarrat, del IDEAE-CSIC. “Durante el desmantelamiento de esos aparatos se generan residuos que contienen componentes peligrosos y muy contaminantes; es el caso de ciertos aditivos químicos de los plásticos, retardantes de llama y metales pesados, como el plomo, mercurio o cromo. Para la mayoría de estos compuestos no se cuenta con un control de reciclado adecuado, con el daño que supone para el medio ambiente y la salud humana”, explica Eljarrat.

En su investigación se centraron en el trabajo de 15 recicladores de Bangladesh, en Dhaka. El trabajo revela que encontraron en sus camisetas y pulseras hasta 23 compuestos químicos que se usan en aislamiento de cables, carcasas de plástico, paneles LCD y tableros de circuitos de equipos eléctricos y electrónicos. Incluso tenían el difeniléter prolibromado, un retardante de llama prohibido internacionalmente por la Convención de Estocolmo, pero que aún esta´en equipos antiguos. “Algunos estudios nos dicen que son compuestos cancerígenos y neurotóxicos, así que está claro que su reciclaje es peligroso cuando no se hace en las condiciones de seguridad adecuadas. Incluso en plantas de reciclaje de Canadá se han detectado porque son espacios cerrados, donde el riesgo es alto, pero cuando los trabajadores van con mascarilla no pasa nada. El problema es que estos residuos llegan a lugares donde no existen esas medidas y la realidad es que seguimos exportando una gran parte de estos desperdicios”, asegura Eljarrat.

Una vez en países como Bangladesh, Nigeria o Sierra Leona, además, se contrata a niños de 14 años o menos porque resulta que sus manos son más pequeñas para desmontar las minúsculas piezas de la electrónica actual; son menores que enferman al mismo ritmo que aquí consumimos televisores, móviles o aires acondicionados.

Desde la Fundación Ecolec lanzan campañas para conseguir que más establecimientos recojan lo viejo y estropeado en cada nueva compra y que más municipios entren en el sistema… pero demasiadas toneladas aún andan sueltas.

Mientras los municipios no pongan las cosas fáciles y mientras la ciudadanía no sea penalizada por tirar basuras fuera de los puntos blancos oficiales, es una epidemia que seguirá infectando el mundo. Y hay tratamiento y vacuna.

 

 

De Armenia a Marte, un viaje para 2021 con Starmus


ROSA M. TRISTÁN

Cuando el festival Starmus nació en Canarias en 2011, su promotor, el astrónomo Garik Israelian, no imaginaba que se convertiría en un evento de fama mundial y vocación itinerante. Diez años después, la próxima parada de Starmus, nacido para aunar ciencia y cultura, será Armenia, lugar de origen de su fundador y punto de partida de un viaje que nos trasladará a los misterios y los retos que supone para la Humanidad conocer nuestro planeta vecino: Marte. La exploración de ese mundo, situado a 54 millones de kilómetros de la Tierra, cuando se encuentra más cerca, forma del imaginario humano desde que Galileo Galilei lo descubriera allá por 1610 con su rudimentario telescopio y ahora más que nunca parece estar de moda.

El Starmus VI Festival fue anunciado oficialmente hace escasos días, con pocas horas de diferencia del lanzamiento de la nave espacial china ‘Tianwen-1’ hacia el planeta rojo. Llegará en febrero de 2021 si nada falla antes.  Mientras la sonda, con un orbitador, un módulo de aterrizaje y un rover, iniciaba su aventura, a miles de kilómetros se presentaba lo que pretende ser un homenaje a quienes desde hace cinco décadas han puesto su mirada en ese mundo gélido y árido. La primera misión desde la Tierra que tocó su superficie sin estrellarse fue la Mars 3 de la URSS, en 1971, que nos envió los primeros datos e imágenes desde tan inhóspito lugar que soñabamos lleno de ‘hombrecillos verdes’. Apenas dos semanas antes, en plena carrera espacial, alentada por la Guerra Fría, se había lanzado la misión Mariner 9 de la NASA (Estados Unidos), que se convertiría en el primer satélite marciano. En realidad, desde entonces sólo 26 de las 56 misiones enviadas a Marte han sido un éxito, entre ellas las cuatro americanas que llevaban rovers a bordo (Sojourner, Spirit, Opportunity y Curiosity).

“Estoy muy contento de que el próximo año Starmus se celebre en Yerevan, gracias al total apoyo de las autoridades de mi país, muy comprometidas para que sea un éxito y dedicarlo a los 50 años de exploración de Marte será un imán para quienes quieren mirar más allá de la Tierra”, explica Israelian, que ya está en marcha para ofrecer muchas sorpresas entre el 6 y el 11 de septiembre del próximo año. Para entonces, si se cumplen las previsiones, se da por seguro que las vacunas contra la COVID-19 nos habrán alejado la amenaza de la pandemia con la que el mundo brega desde comienzos de este año y viajar a Marte, con escala en Armenia, será una oportunidad de acercarnos a ese mundo.

Entre los que ya han confirmado su asistencia al próximo Starmus VI están varios premios Nobel, como el noruego Edvard Moser (quien descubrió con May Britt Moser las células que componen el sistema de posicionamiento en el cerebro humano) y el  astrónomo suizo Michel Mayor, que reveló que en el Cosmos había planetas más allá de nuestro Sistema Solar. Además, están convocados muchos de los que más saben de este planeta, de cómo se podría vivir allí, de las misiones pasadas y de las que están en marcha. Y es que, además de la nave China, el pasado 20 de Julio despegó hacia la atmósfera marciana la misión Hope Mars de los Emiratos Árabes Unidos y este 30 de Julio ha salido la misión Mars 2020 de la NASA, en la que participan varios proyectos punteros españoles destinados a encontrar vestigios de vida marciana, si la hubo. De todo ello se hablará en Armenia, y de otros proyectos tan ambiciosos como el de SpaceX, que trabaja ya en preparar una misión tripulada a este planeta rojizo. Es más, como las tres misiones llegarán a su destino en febrero de 2021, para septiembre es más que posible que ya nos cuenten novedades de todas ellas.

Y no sólo habrá mucho debate científico, sino que investigadores de las más diversas áreas del conocimiento compartirán espacio con músicos como Brian May, del grupo Queen, astronautas como Charles Duke, que viajó en el Apollo 16 y se paseó por la Luna, creadores como el padre del iPod y fundador de NEST, Tone Fadell.  El resto de ponentes, artistas y músicos invitados los dará a conocer el Consejo Consultor de Starmus en los próximos meses. 

La invitación para su celebración en Armenia surgió el pasado año durante el Starmus V, celebrado en Zürich. Fue realizada por el propio presidente del país, Armen Sarkissian, y de hecho la organización será bajo su Alto Patronazgo, con el apoyo del Ministerio Educación, Ciencia, Cultura y Deporte y del Ministerio de Altas Tecnologías armenios.

Para terminar, la autora con Alexei Leonov. Fue  la segunda foto con él. Y la última..

Haciendo historia, conviene recordar que Starmus Festival nació en Tenerife (Canarias), con la intención de convertirse en un evento español de referencia científica y cultural mundial. Lo segundo lo consiguió, y logró hitos como que Neil Armstrong, Alexei Leonov  o Stephen Hawking (hoy los tres fallecidos) visitaran nuestro país, en el caso del último logrando ilusionar tanto al famoso astrofísico que pasó a formar parte de su comité. Hoy la Medalla Hawking a la divulgación científica recuerda ese compromiso. Pero Israelian no consiguió lo primero, que Starmus se quedara en España, ante una falta de apoyo institucional y empresarial a nivel nacional y autonómico que dice mucho de lo que se ha valorado la divulgación de la ciencia en este país. Finalmente, después de tres festivales canarios, y ante las invitaciones para llevarlo a otros países, Israelian y su equipo optaron por celebrarlo en 2017 en Noruega, en concreto a Trondheim, donde contó con la presencia de los príncipes herederos y las autoridades del país. Sirva de prueba del compromiso con el festival.

El último Starmus V tampoco regresó a España. Fue en 2019 y conmemoraba un momento único en la historia de la Humanidad: los 50 años de la llegada a la Luna.  Se convocó en Zürich (Suiza), ciudad donde logró reunir a casi todos los astronautas vivos que participaron en las misiones Apollo de la NASA. Ahora, el siguiente será en Armenia… y surge la pregunta inevitable: ¿Regresará algún día al país que lo vio nacer? De momento, todo indica que mucho tiene que cambiar el panorama.

Respecto a la Medalla de Hawking, recordar que ya ha sido recibida por Elon Musk, Jean-Michel Jarre, Neil deGrasse Tyson, Brian Eno, Hans Zimmer y el documental Loco por las partículas (The Particle Fever), dirigido por Mark Levinson.

Os animo a seguir de cerca las futuras incorporaciones a un plantel que, sin duda, de nuevo será estelar y muy marciano.

El “comienzo del futuro” en los yacimientos de Atapuerca


 

ROSA M. TRISTÁN

Antes de aparcar en la entrada de la Trinchera del Ferrocarril ya se nota que es un año raro. Apenas hay dos coches aparcados. Es 12 de Julio de 2020, casi en la mitad de la actual campaña de excavaciones en la paleo-sierra burgalesa, Atapuerca, a cuyos pies los trigales aún están a medio segar y las amapolas visten de color los campos. Este año, no hay visitas en julio en los yacimientos, ni de turistas ni de invitados especiales. Tampoco hay estudiantes. “Sólo han venido doctores, investigadores que llevan 20 o 30 años aquí trabajando y la productividad está siendo altísima para los pocos que somos”, me cuenta el codirector del proyecto, Eudald Carbonell.

María Martinón-Torres, con mascarilla, excavando en el Yacimiento Exterior Estatuas (Atapuerca). @Rosa M. Tristán

Al Eudald ‘enmascarado’ se le distingue bien por su altura y por el ‘salacot’ que forma parte de su identidad desde hace tantos años, pero no resulta tan fácil con otras personas, todas ocultas tras los ‘tapabocas’ siguiendo el estricto protocolo de seguridad que este año se ha impuesto en la campaña. Por un año, adiós al ‘almuerzo’ de las 11, cuando los grupos de los distintos yacimientos se reunían en torno a un bocadillo para compartir hallazgos. Estas semanas, cada grupo evita el contacto a toda costa. Por otro lado, la productividad aumenta y por donde el año pasado paseaba entre encinas y carrascos ha surgido, en unas pocas jornadas, un nuevo yacimiento de este inagotable laberinto de historias que es Atapuerca. Se llama ‘Estatuas Exterior’, porque en el fondo no es sino la continuación del que hay en la Galería de las Estatuas, dentro de la Cueva Mayor, un lugar donde ya se sabe que estuvieron los neandertales.

En medio del bosquecillo, Nacho Martínez-Mendizábal, que comparte trabajo este año mano a mano con María Martinón-Torres, me cuenta lo que se sabe de este lugar: “Aquí estaba la entrada de la cueva que se derrumbó y cayó a la Galería de las Estatuas. Abajo hemos encontrado un resto fósil de neandertal y algunas de sus herramientas, pero la cueva estaba aquí arriba y esperamos encontrar ocupaciones neandertales importantes. Es el comienzo del futuro porque aquí habrá para muchas generaciones de científicos”, asegura el investigador.

En realidad, ya saben que hay hasta 16 metros de sedimentos de relleno de cueva a sacar de este enclave. “Es como la Gran Dolina para que te hagas idea. Forma parte de una nueva generación de yacimientos, junto con la Cueva Fantasma. Como no está cortada como en La Trinchera, no tenemos la estratigrafía a la vista, pero esto será enorme y todo indica que hemos dado con la entrada”, explica junto a Carbonell.

Cueva Fantasma está muy cerca de este lugar. Tampoco existe porque en su día se derrumbó y porque después una cantera de cal cambió la fisonomía del lugar. Como en Estatuas, allí estuvieron los neandertales que tanto cuesta encontrar en Atapuerca, pero que van dando la cara poco a poco. En lo primero que pienso al llegar es lo que ha cambiado este lugar en sólo tres años. Ahora, un techado para evitar que la lluvia lo deteriore y que se ‘deterioren’ los excavadores a pleno sol. La responsable del yacimiento, Ana Isabel Ortega, me recuerda que en el lugar donde el primer año la ayudaba a recoger escombros, ahora ha aparecido un nivel con una gran concentración de fósiles de caballos, bóvidos, hienas… en lo que podría ser un cubil de hienas. Como además hay herramientas, pequeñas lascas de sílex, se sabe que en la cueva también se refugiaban puntualmente los neandertales, de los que ya se encontró un fragmento de un cráneo. Todo de hace entre 90.000 y 50.000 años aproximadamente, aunque también hay una zona que podría tener hasta 200.000 años. “Es la cavidad más grande. La cantera nos quitó el techo y no tocó los sedimentos. Tenemos toda la planta.

@Rosa M. Tristán

La Trinchera está bajo mínimos. Veo poca gente en la Gran Dolina, para lo grande que es, aunque distingo entre las mascarillas a la arqueóloga Palmira Saladié, nadie en el yacimiento de La Galería, cerrado totalmente, y ya de salida, me asomo al foso de la Sima del Elefante y ahí están Rosa Huguet e Isabel Cáceres, ésta última dándole a una pared con un pequeño pico. Me cuentan que tampoco hay nadie cribando sedimentos en el río Arlanzón. Todo se guardará para próximas campañas. “Es raro trabajar tan pocos, pero nos está cundiendo”, asegura Huguet.

El esfuerzo por haber mantenido abierto el trabajo, sorteando las dificultades, es evidente. “Esta es la campaña que ha llevado más tiempo preparar para tenerlo todo controlado, en total tres meses entre cambios de andamios, protocolos, etcétera. Pero no podíamos parar totalmente la máquina y al final está siendo muy productiva porque están solos los doctores, investigadores con una larga trayectoria que no paran de trabajar”, comenta Carbonell, preocupado por la cantidad de personas cuyos empleos dependen de Atapuerca y sus hallazgos en el Museo de la Evolución Humana (que justo el día de mi visita cumple 10 años), el Parque Arqueológicos, las visitas, los centros de interpretación…

Mientras hablamos, casi debajo de nuestros pies, está la Sima de los Huesos, donde este año el equipo de Juan Luis Arsuaga también excava. Al lado, una tapa recuerda la ‘Operación Mariscal”, allá por 1987. Para detalles como éste y otros más, os recomiendo leer ‘Atapuerca, 40 años inmersos en el pasado“, de RBA, que sigue en el ‘top’ de las ventas sobre este fascinante lugar….

 

Objetivo: Crear el ‘Santuario de las Abejas’


Alvaro Marcos Martín con sus colmenas.

ROSA M. TRISTÁN

Cuenta la historia que en excavaciones egipcias con más de 2.000 años han sido encontradas muestras de miel perfectamente conservadas en vasijas. Incluso hay pinturas rupestres de hace más de 5.000 años en las que quedó registrada la utilización de la miel, tal como la siguen consumiendo numerosos pueblos indígenas en la Tierra. Los mursi de Etiopía, por ejemplo, la recolectan de panales hechos de troncos que cuelgan de las acacias espinosas de las tierras del sur por las que descansan los leones. Es una escena del presente que nos lleva al pasado, y eso es lo que quiere hacer el joven apicultor Alvaro Marcos Martín, que busca recuperar esa práctica ancestral y aún viva para ayudar a unos inteligentes y hacendosos insectos que están en crisis.

La contaminación, la proliferación de plagas y patógenos, como la varroa, la llegada del ‘avispón asiático’, los insecticidas… Las pequeñas abejas, polinizadoras ‘estrella’ del planeta, tienen demasiados enemigos y detrás casi todos se oculta el ser humano. Hace tiempo ya que la ciencia viene alertando de que casi el 10% están desaparecidas y también de que no podremos vivir en un planeta sin ellas. Alvaro, que lleva ya ocho años de apicultor ecológico y tiene unas 200 colmenas, las ha visto morir muchas veces. Por ello, ha decidido crear ‘un santuario’ en el que estén plenamente integradas en su entorno natural. Será un espacio en la Sierra Norte de Madrid desde donde investigar y hacer educación ambiental sobre tan pequeño y necesario ser vivo. “Con el tiempo he aprendido que las colmenas cuadradas de madera y metal les generan estrés. Además, no se les deja suficiente miel para tener una vida tranquila en invierno, les faltan nutrientes y todo ello les afecta. En este ‘santuario’ se trata de volver a la apicultura artesanal y natural para mejorar su bienestar y poder comparar su estado con las colmenas habituales. Determinar qué es lo mejor para ellas”, explica Alvaro.

Para conseguir los fondos que necesita, como mínimo 9.780 euros (pero lo óptimo son 13.780 euros) , acaba de lanzar una campaña de crowdfunding en la plataforma Goteo.org, gracias a la cual espera poder ver cumplido el sueño de su santuario con al menos 60 colmenas-tronco, o ‘dujos’, que es como se llaman en el norte de España. Esos fondos también servirán para alquilar la finca en Rascafría (Sierra de Madrid), en un lugar a resguardo de productos químicos y otras interferencias, para ponerles un techado que proteja los ‘dujos’ durante el invierno y, por supuesto, para comprar los 60 enjambres. “Se que la producción, totalmente ecológica, será mínima y tardará, porque al menos les llevará un año construir ‘su casa’ en el tronco, pero mi objetivo no es sacar producción, sino ver qué pasa cuando están en colmenas naturales como antes, tranquilas. En un intento experimental con troncos, ya comprobó que las abejas tienen más fuerza para matar a los ácaros y se protegen mejor de la varroa”, explica.

Alvaro aprendió la técnica hace años de un apicultor ecológico que lleva muchos años en el negocio en Palencia, Aurelio González. Especializado ahora en la producción de jalea real, tiene su propio negocio, especializado en la jalea real, el alimento de la abeja reina. Se llama  EntreAbejas. Como no le falta experiencia, sabe bien que la paciencia es clave apicultura.  “La realidad es que la falta de conocimiento sobre un animal tan sensible como la abeja y la lógica ansiedad por aumentar la producción en un mundo consumista, nos ha llevado a generar mucho  estrés a las abejas y eso está detrás también de su alta mortandad”, asegura. En realidad ¿cómo no estresarse si por un kilo de miel una abeja debe hacer  200.000 vuelos?

Según su experiencia, ese ‘estrés’ en un insecto con un millón de neuronas no es natural:  “Para empezar, la poca ventilación de las colmenas cuadradas, hace que dentro lleguen a sufrir un intenso calor; tampoco les favorece que se les suministre azúcares para estimular la producción porque empeoran su alimentación y acortan su vida; además, hay una manipulación excesiva que rompe el equilibrio de las colmenas y a menudo se recolecta la miel en otoño, dejándolas con pocas reservas para el frío. Si además les orientan los panales y la cera, cuando ellas lo hacen muy bien, y no les dejan seleccionar a su reina, aumenta su debilidad”, argumenta. En su ‘santuario’, asegura, serán totalmente libres.

En el crowdfunding se puede participar desde 10 euros, pero con 20 euros ya tienes derecho a recibir más de un kilo de esa miel, que tardará en llegar pero será muy especial. También se puede participar en la reforestación de la finca con árboles melíferos autóctonos que suministren alimento a las abejas, en  jornadas de divulgación que tiene previsto organizar, visitas guiadas para familias y colegios o disfrutando de cursos y talleres sobre apicultura ecológica y artesanal, de la que sabe mucho. “Se trata de difundir la situación de las abejas y lograr que si esta técnica funciona, pueda recuperarse y con ellas tengamos abejas más fuertes frente a las amenazas a las que se enfrentan”, asegura.

Lo dicho, para ayudar a crear este Santuario de las Abejas, puedes hacer una aportación en GOTEO.ORG.

 

El ‘link’ de los genes neandertales y la COVID-19 más grave


Una investigación preliminar revelaría que genes de estos humanos extintos que tenemos en el ADN agravan la infección por el coronavirus

ROSA M. TRISTÁN

Desde que en 2010 (Science), el equipo de Svante Pääbo, en el instituto Max Planck de Alemania, revelara el genoma de los neandertales, y descubriera que los euroasiáticos compartimos con ellos entre un 1% y un 3% de nuestro ADN (quizás más), son muchos los trabajos que han ido relevando cómo los genes que heredamos (los no africanos) de esta especie humana extinta tiene relación con el impacto de algunas enfermedades, como la depresión, la diabetes de tipo 2, el mal de Crohn o la cirrosis biliar, incluso la esquizofrenia. Ahora resulta que también podrían tener que ver con la infección por el SARS-Covid-19, según acaba de publicar The New York Times.

Sin embargo, es una información a coger ‘con pinzas‘ porque si bien el meticuloso Pääbo es uno de los firmantes, junto a Hugo Zeberg (del Instituto Karolinska), se trata de una investigación que aún no ha sido publicada en ninguna revista, y por tanto no ha sido revisada por otros científicos, que deberán dar su visto bueno. De momento, sólo ha sido publicada en un repositorio on line de artículos científicos ‘prepublicados‘, en este caso sobre biología. Es un sistema que, por un lado, permite que otros colegas tengan acceso libre a hacer comentarios a los artículos antes de ser publicados oficialmente, pero que tiene el riesgo de que se den por ciertos resultados que pueden tener cambios.

El pre-artículo en cuestión, titulado “El mayor factor de riesgo genético para la COVID-19 severo, heredado de los neandertales“, viene a decirnos que desde que nuestra especie ‘sapiens‘ salió de África y se hibridó con nuestros parientes prehistóricos euroasiáticos (hace entre 40.000 y 60.000 años), han permanecido en nuestro ADN seis genes en el Cromosoma 3 que coinciden con los que se relacionan con los enfermos más graves por el SARS-CoV-2 . En la investigación de  Ellinghaus y sus colegas también asociaban esa gravedad con una región del Cromosoma 9, que es la que determina el grupo sanguíneo ABO, y que también la tenemos heredada de los neandertales, si bien investigaciones posteriores ha restado protagonismo al grupo sanguíneo. Lo que si parece confirmarse, de momento, es que quien lleva esas variantes genéticas del Cromosoma 3 tiene hasta tres veces más riesgo de enfermar de gravedad.

Ellinghaus hizo su estudio -éste si publicado-, con datos de 3.199 pacientes hospitalizados por coronavirus en Italia y España para averiguar si había componentes genéticos en el hecho de que algunas personas contagiadas sean asintomáticas mientras otras llegan a fallecer o estar muy graves, sobre todo hombres y personas ancianas. Es un asunto en el que muchos grupos de todo el mundo se han puesto a trabajar y que llamó la atención de Zeberg y, a través de él, de Svante Pääbo.  “Demostramos -señalan en el texto- que el riesgo es conferido por un segmento genómico de unos 50 kb que se hereda de los neandertales y que ocurre con una frecuencia de un 30% en el sur de Asia y un 8% en Europa”.

Distribución geográfica de los genes de neandertal que podrían provocar el COVID-19 más grave.

Este fragmento del genoma implicado, consideran improbable que sea fruto de la selección natural y habría permanecido en el ADN porque, especulan, a lo largo de decenas de miles de años nos habrían protegido de virus, pero de virus europeos de hace 60.000 años no de un coronavirus del siglo XXI. Los investigadores alemanes explican que es una variante muy común en Bangladesh, donde la tiene el 63% de la población, y en sur de Asia (en torno al 30%), mientras que en el este de Asia la tiene sólo un 4% y casi no existe en África, dado que el cruce entre las dos especies humanas se produjo a la salida de ese continente de los ‘Homo sapiens‘ y pocos africanos tienen genes neandertales. También, indican, es posible que el segmento genético mejorara la salud de los surasiáticos, quizás favoreciendo una respuesta inmune a los virus en la región. Eso  puede explicar en parte por qué las personas de ascendencia bangladesí están muriendo a una alta tasa de Covid-19 en el Reino Unido”, según una declaración de Pääbo en el diario norteamericano.

Svante Päävo, del Max Planck Institute, en el UISPP en Burgos. @Rosa M. Tristán

Los autores reconocen en The New York Times  que sus conclusiones son ‘pura especulación’, pero como se lee en el ‘preprint‘, han comprobado que 12 de los 14 nucleótidos identificados por Ellinghaus como factores de riesgo están también en los 33 fragmentos de ADN de esta posición en el fósil neandertal de Vindija (Croacia), usado para descifrar el genoma de la especie. Curiosamente, son muchos menos en el ADN de neandertales de Siberia (en los de Altai o de la cueva Chagyrskaya, también secuenciados) y no existen en el de los denisovanos. También los buscaron en el ADN de ancestros comunes a todos estos humanos, de hace unos 500.000 años, pero sin resultado: los genes están más presentes en el fósil croata que en cualquier otro; por otro lado, esa es la población neandertal que más se ha extendido entre nuestra especie.

Actualmente no se sabe qué característica en la región derivada de neandertal confiere riesgo de graves con COVID-19 y si los efectos de cualquiera de estas características son específicos de los coronavirus actuales o, de hecho, de cualquier otro patógeno. Una vez que se aclare esto, es posible especular sobre la susceptibilidad de los neandertales a patógenos relevantes. Sin embargo, en la pandemia actual, está claro que el flujo de genes de los neandertales tienen consecuencias trágicas”, concluyen.

Los mineros del oro asesinan a dos indígenas yanomami


Yanomamis superviviente de la matanza de 1993.

ROSA M. TRISTÁN

Infecciones, malaria, malnutrición, mercurio…. Esto son los males que según un estudio publicado en Science en agosto del año pasado estaban acabando con los yanomamis, ese pueblo amazónico disperso por la mayor selva tropical de la Tierra del que apenas quedan unos miles de representantes (unos 20.000). En realidad, detrás de casi todo ello está el oro, el mismo metal precioso que también es culpable del asesinato, hace unos días, de dos guerreros yanomamis a manos de unos mineros en el norte de Brasil. Ocurrió no lejos de la frontera con Venezuela, un lugar donde ya se viene avisando de que las grandes minas están surgiendo como setas, frente a la indiferencia mundial.

La noticia de estos dos crímenes nos llega de Survival Internacional y de Fiona Watson, investigadora de esta organización que lleva muchos años haciendo campaña para denunciar los abusos a los que se someten a los indígenas amazónicos. Las víctimas, explican, pertenecían a la comunidad de Xaruna, no lejos del río Uraricoera. Hoy es el epicentro de la fiebre del oro en la región. Survival recuerda que hace 27 años ya hubo un conflicto entre este pueblo, contactado pero que sigue viviendo según su cultura y tradiciones, y los mineros. En aquella ocasión, 16 yanomamis fueron asesinados, un auténtico genocidio según dictaminó entonces la Justicia brasileña.

Deforestación en el territorio yanomami, junto al río Uraricoera, de Enero de 2016 y Agosto de 2019.

La imagen de satélite que envía Survival lo dice todo: en 2016, selva virgen amazónica; en 2019, en el mismo lugar un agujero que se agranda y en el que el mercurio (que causa graves daños neurológicos en dosis elevadas) no se ve pero se presiente en las aguas de ese río donde los yanomami pescan desde hace siglos.

En realidad, la minería de oro es antigua en la Amazonía, pero a medida que aumenta su demanda -y nuestra electrónica, nuestros móviles y ordenadores tienen mucho que ver- se alcanzan zonas más profundas de los bosques tropicales, lugares donde las autoridades no llegan, aunque resulta evidente que saben de sus existencia. Y no son grandes compañías mineras, sino pequeñas empresas y mineros que ilegalmente se apropian de tierras que consideran libres, cuando no lo están, y que luego ‘blanquean’ su oro ilegal con intermediarios que lo ponen rumbo a nuestro mundo. Según el análisis de un grupo de investigación amazónico, la cuenca recibe al año 150 toneladas de mercurio con esta explotación.

Para protegerse y dar a conocer su realidad, los yanomami fundaron la asociación Hutukara, que desde hace unas semanas venía alertando de que los mineros estaban contagiando la COVID-19 a su étnia, Aseguran que por ello varios murieron y otros están muy enfermos y lanzaron la campaña #ForaGarimpoForaCovid. Ahora, los dos jóvenes que se les enfrentaron, también han perdido la vida: “El asesinato de dos yanomamis más por mineros debe ser investigado rigurosamente, y refuerza la necesidad de que el Estado brasileño actúe con urgencia para expulsar inmediatamente a los garimpeiros [mineros de oro] que están explotando ilegalmente la Tierra Yanomami y acosando y atacando a las comunidades indígenas que viven en ella. Pedimos a las autoridades que adopten todas las medidas necesarias para impedir que la minería siga costando las vidas de yanomamis”, dicen en un comunicado de Hutukara donde han lanzado una recogida de firmas para la expulsión de los 20.000 mineros ilegales que se calcula que hay en sus territorios. Su objetivo es conseguir 350.000 y ya van por 309.000.

Otras étnias amazónicas tampoco se están salvando de la COVID-19 son los  araras del territorio de Cachoeira Seca, en el río Xingú. Allí está la tasa más alta conocida de infección por COVID-19 de la Amazonía brasileña: según datos oficiales, el 46% de los 121 araras que viven en la reserva han contraído el virus, pero quizás cuando escribo esto ya sean más. Los araras son un pueblo contactado recientemente, en 1987, y por tanto muy vulnerable a infecciones, pero es que además su zona está siendo arrasada por madereros, agroganaderos y colonos ilegales a los que tampoco se controla. Es el mismo contexto que sufren los yanomami, coincidiendo con un Gobierno que está desmantelando las políticas indigenistas y recortando los recursos humanos que debían dedicarse a ese control.

De hecho, con la pandemia no sólo ha llegado el coronavirus sino que más mineros ilegales, madereros y demás invasores han aprovechado la circunstancia para llegar a lugares tan alejados como la región del Río Jutaí, territorio de indígenas korubos aislados, el territorio Ituna Itata, el territorio indígena Arariboia de los amenazados awá o la reserva Uru Eu Wau Wau, donde en abril pasado también fue asesinado uno de los guardianes del bosque.

La única buena noticia para los indígenas amazónicos, que por cierto visitaron el Congreso de los Diputados hace un año (querían ‘reforestar el corazón de las personas en Europa’) y luego vinieron a la Cumbre del Clima, es que un juez de Brasil destituyó en mayo al misionero evangélico que el presidente Jair Bolsonaro había puesto al frente de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), como me contó el indigenista Sidney Possuelo en una entrevista. Sarah Shenker, también de Survival, dijo que era como “poner a un zorro al frente de un gallinero”. De hecho, Ricardo Lopes Dias se supo que trabajaba para evangelizar a los indios no contactados y de este modo tener excusa para que sus tierras fueran explotadas comercialmente, que es lo que busca Bolsonaro según los amazónicos.

Por lo demás, el panorama no es bueno para unos pueblos indígenas, que son muchos millones de personas a nivel global,  que con el cambio climático ven que sus bosques se les secan, como revelaban hace unos días más de 200 científicos, o que viven la pérdida de su biodiversidad, cuando no tienen que escapar de un fuego.

 

 

 

Música de del Cosmos para un desconfinamiento terrestre


ROSA M. TRISTÁN

¿A qué suenan las estrellas? Eso se preguntó un día el astrofísico armenio Garik Israelian, del Instituto de Astrofísica de Canarias, y como no hallaba respuesta decidió ‘traducir’ las ondas que nos envían y con ello creó una ‘blibioteca de sonidos’ única. El músico británico Brian Eno, un visionario  que inició su carrera con Roxy Music y que ha conseguido a lo largo de su carrera seis Grammys, un día de 2016, escuchó esos mensajes estelares y el resultado acaba de salir ahora, precisamente durante el confinamiento, como obra para el Starmus Festival, esa convocatoria nómada que lleva a la ciencia y la cultura por el mundo desde que se creó en Canarias, en 2011.

La historia tiene su anecdotario. Fue precisamente un 8 de enero de 2016, durante la fiesta de cumpleaños de Stephen Hawking, cuando Israelian mostró a Eno su tesoro musical. De hecho, en el primer Starmus, el grupo Tangerine Dreams había utilizado alguno de los registros de las estrellas en el concierto de cierre en Tenerife, algo que pude disfrutar en directo, pero se quedó en algo anecdótico que no tuvo más recorrido. Hasta que llegó Eno -por cierto, la música de inicio de Windows es suya- y decidió meterse de lleno en aquella extraña biblioteca.

Hace unos días, mientras españoles y británicos estábamos confinados, Garik recibió una llamada: “Soy Brian Eno. Ahora que todo son noticias tristes, he pensado que es buen momento de sacar algo que no sea del coronavirus, que sea distinto y he hecho una composición con tus grabaciones”. Me lo cuenta Garik, que está entusiasmado con el resultado y que me explica, además, que Eno ha utilizado el sonido de cuatro estrellas que están muy lejos, a muchos años luz, pero que aquí nos traslada al auténtico más allá de nuestro pequeño mundo terrestre.

Una ‘supertierra’ junto a su estrella enana roja. @Weiss/ Cfa

El proyecto se ha llamado “Stardsounds” y en esta orquesta cósmica, además de Israelian y Eno, han participado Paul Franklin, Oliver James y DNEG.

Mientras lo escucho, leo que acaban de ser descubiertos dos planetas ‘supertierras’ en torno a una estrella enana roja que también nos envía música como ésta desde un lugar en el Universo a 10,7 años luz. Se llama GJ887 (un nombre muy poco atractivo) y por lo visto es 2.100ºC más fría que nuestro Sol. Los planetas que giran en torno a  ella, GJ887b y GJ887c, tienen una masa mínima de unas cuatro y siete veces la de la Tierra. Según el investigador Eloy Rodríguez, del CSIC, que ha participado en el hallazgo, uno podría tener agua líquida en su superficie y si hay agua quizás exista algún tipo de vida… De momento, imposible confirmarlo. Pero lo que si tiene es música.

Quién sabe en cuantos lugares del Cosmos esos sonidos que Brian Eno ha modulado en su obra podrían ser escuchados, o quizás se pierdan en el infinito. Gracias al artista y al astrónomo hoy podemos disfrutarlo y sentir que el desconfinamiento nos lleva más allá de lo que habíamos imaginado.

 

Un innovador centro científico en Valencia, cercenado


Día de la inauguración del instituto, con el ex rector de la Universidad de Valencia, Luis Gordillo, y la presidenta del CSIC, Rosa Menéndez

ROSA M. TRISTÁN

Mientras vemos cada día en las noticias hablar de la ‘reconstrucción’ Post-COVID19, la situación de la ciencia sigue en precario en España. Estos días, un centro de investigación puntero, y además uno de los que más proyectos relacionados con la investigación del coronavirus tiene aprobados, está siendo ‘cercenado’ en la Universidad de Valencia (UV) porque, parece ser, no hay mejor opción que ‘empequeñecer’ un proyecto para que crezca otro. La víctima es el Instituto Integrado de Sistemas Biológicos (I2SysBio) un centro mixto del CSIC y la UV, situado en el campus de esta última, al que el Rectorado ha decidido ‘recortar’ parte de su espacio (una planta entera) para destinarlo a otros científicos que nada tienen que ver con el tema. El asunto a indignado sobremanera no sólo a los cerca de 200 investigadores que ya trabajan allí, y que deberán ‘apretarse’ cuando lo que pensaban era crecer, sino también a los que desde el extranjero ya tienen el traslado pedido o se presentan a las plazas que han salido para crear allí sus grupos científicos.

El Instituto de Biología Integrativa de Sistemas, el único que existe en España de esta materia, abrió sus puertas en 2018, tras 10 años en proyecto, gracias a un convenio entre la Universidad levantina y el CSIC. Su objetivo es la investigación de la estructura, función, dinámica, evolución y manipulación de sistemas biológicos complejos, como los virus, y hacerlo en colaboración con la industria. Ha sido el primero mixto (universidad-CSIC) creado en los últimos 25 años y en su diseño y construcción se pensaron todos los detalles para que fuera perfecto para compaginar laboratorios experimentales y grandes equipos informáticos. En apenas dos años, el Instituto ha logrado situarse entre los más potentes de España y sólo durante la crisis del COVID19 presentó proyectos, que han sido aprobados, por los que recibirá tres millones de euros. “Es un centro tan joven que aún le queda mucho recorrido por delante”, señala una fuente  del I2SysBio.

De ahí la  perplejidad de los investigadores cuando les plantearon la necesidad de que dejaran libre toda una planta (la cuerta) para otros grupos de la Universidad de Valencia, debido, según el Rectorado, a los problemas de espacio en el campus. Una decisión, por cierto, que se ha tomado sin convocar a la comisión del convenio, es decir a los representantes del CSIC, que es parte interesada. Al centro les llegó el pasado viernes por email. Según fuentes del Instituto, los responsables no daban crédito porque este año han conseguido cinco plazas más en las próximas oposiciones del CSIC destinadas al este centro, científicos que querrán montar sus grupos de investigación en un lugar donde ya hay 14 funcionando .”Pero ¿Cómo hacerlo cuando no hay espacio? ¿Qué sentido tiene desmontar una planta diseñada para laboratorios que se necesitan para poner ordenadores, que pueden ponerse en cualquier sitio? ¿Cómo vamos a conseguir que los científicos quieran quedarse aquí si no ven unas condiciones mínimas para crecer?”, se preguntan.

Entre los afectados está Javier Buceta, actualmente en la Universidad de Lehigh de Estados Unidos. Es la segunda vez que Buceta se topa con la realidad de la ciencia en este país. En el pasado se fue a California, fue premiado en La Joya, volvió con un contrato Ramón y Cajal con intención de quedarse y se tuvo que volver a ir en 2014 porque le dejaron sin contrato. Por fin, este Instituto mixto le ha recuperado, incluso han comprado un microscopio electrónico para que pueda trabajar en condiciones. Andaba preparando la mudanza cuando le llegó la noticia de que el lugar donde pensaba instalarse ha sido cercenado. “Es tratar de solucionar un problema creando otros, eliminando de un plumazo la planificación y estrategia de este centro; un ejemplo monumental de cortoplacismo en ciencia y una moraleja deprimente. El ultimo que salga que cierre la puerta”, comenta Buceta desde EEUU.

Desde la parte del CSIC, José Luis García asegura no conocer precedentes en los que se rompe así lo pactado en un convenio mixto, justamente cuando lo que se quiere con este tipo de centros es promover la colaboración entre instituciones. “Yo a los investigadores sólo les podía ofrecer espacio, porque no tenemos dinero para contratar técnicos. En septiembre, en las oposiciones salen cuatro plazas porque nuestra estrategia era que el centro creciera hasta 2022, pero ya no habrá donde y, además, se están generando tensiones con grupos de la universidad que no existían”, señala. Todos indica que  el Rectorado está haciendo un uso patrimonial de un edificio sujeto a acuerdos.

¿Y qué opciones tienen? Una de las alternativas que se han planteado es que construya el segundo edificio que aún está pendiente de hacer porque llegó la crisis y se paralizó. Para ello sería necesario que el CSIC pusiera unos 4,5 millones de euros. De hecho, el actual del I2SysBio costó 9 millones y se financió con dinero de la UE y del CSIC. Otra opción se utilicen espacios de facultades que están fuera del campus. Incluso que, coyunturalmente, se queden en una zona del edificio dedicada a la informática, en lugar ocupar un laboratorio de biología. De momento no hay respuesta. “El CSIC hizo una apuesta por Valencia con este centro puntero y ahora corremos el riesgo de que se nos vayan o no vengan los investigadores que queríamos si ven que no hay espacio en el que crecer. Además, se genera un problema de confianza que rompe una política científica. Esa cuarta planta que nos piden desalojar no está vacía porque hay ya dos grupos trabajando allí que habrá que recolocar y para el futuro estaba planificado que habría tres más. Esperemos que reconsideren esta petición”, afirma.

#SinCienciaNoHayFuturo.