Antártida, crónica de una frustración anunciada


Hoy comienza la COP26 ¿Habrá más suerte?

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ROSA M. TRISTÁN


El Océano Antártico no será protegido, tampoco este año. Con ser una decisión que se preveía en casi todas las esferas diplomáticas, políticas y científicas, no deja de ser una frustración, anunciada, que la decisión de crear nuevas áreas marinas con protección sea de nuevo aplazada otros 12 meses.


Frustración porque si no somos de capaces de considerar una prioridad dejar sin explotar un mar al que los humanos llegamos hace apenas 150 años, ¿cómo pensar en conseguirlo para ese 30% de todo el planeta, con sus minerales, sus maderas, sus ríos, sus plantas y animales, que ya está inmerso, de un modo u otro, en algún negocio, algún consumo, algo que alguien considera fundamental para ‘seguir creciendo’?


En el juego de la diplomacia internacional, la baza dependía de China y Rusia, dos países que se han quedado solos en la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos (CCAMLR, en inglés) que se ha reunido las pasadas dos semanas y que se cerró el pasado viernes con sus posturas inamovibles. China y Rusia, precisamente dos grandes implicados en el cambio climático –el uno por ser uno de los mayores contaminantes al acaparar buena parte de la producción mundial- y otro por ser quien tiene grandes reservas de gas natural (combustible fósil como el petróleo, por si alguien no lo sabe) con las que ‘chantajea’ a diestro y siniestro. Pues bien, la biodiversidad antártica no les preocupa, y lo dicen justo los días que en el gigante asiático se celebraba una reunión preliminar de la Cumbre de la Biodiversidad…. Ver para creer.


No ha bastado el impulso internacional que se intentó dar el asunto en España, coincidiendo con el 30 aniversario del Protocolo de Madrid, este ‘anexo’ al Tratado Antártico que sirvió para proteger la tierra de la minería y otro impactos. En realidad, pocos de los presentes –políticos, ministros, científicos y activistas- confiaban que hubiera el necesario consenso; que el millón y medio de firmas recogidas en el mundo para que cuatro millones de kilómetros cuadrados de turbulentas y ricas aguas (en el Mar de Weddell, la Península Antártica y la Antártida Oriental) dejaran de ser visitadas por grandes buques pesqueros que rompen sus frágil equilibrio.


“Estamos muy decepcionados al presenciar una vez más esta oportunidad perdida de asegurar lo que podría han sido el acto más grande de protección de los océanos en la historia mediante el establecimiento de tres AMP en la Antártida. El planeta y las preciosas aguas de la Antártida no pueden permitirse un año más de inacción ”, ha declarado después Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición Antártica y del Océano Austral (ASOC), que también estuvo en Madrid recientemente. Similares declaraciones se han hecho desde WWF y Greenpeace.


Es más, para ASOC esta demora en las negociaciones y la incapacidad de avanzar “pone en riesgo la credibilidad internacional de la CCAMLR”, porque resulta que esta Convención habla de desarrollar recomendaciones científicas y la ciencia ya ha hablado hace tiempo, señalando la imperiosa necesidad de proteger el Austral y hacerlo cuanto antes.


Destaca, eso si, que de los 26 países que forman parte de CCAMLR, este año a la iniciativa de la protección de estas tres áreas se sumaron como co-patrocinadores otros cuatro países (India, Corea del Sur, Ucrania, Uruguay e incluso Noruega, éste último aunque tiene importantes empresas que capturan el krill). Pero no bastó. Al menos si se llegó a un consenso para evitar la sobrepesca de ese crustáceo, que proporciona el 96% de las calorías de todos los mamíferos y aves marinas de la Antártida (pingüinos, focas, ballenas…).


La cuestión es que estamos hablando de un lugar lejano, frío, inhóspito, de cuyos recursos no depende la alimentación humana. Si no somos capaces de consensuar este asunto ¿qué pasará con los retos que la COP26 tiene por delante? ¿Qué acciones serán capaces los líderes del mundo de iniciar? ¿cómo conseguir un compromiso firme y real de que se van a recortar emisiones contaminantes cuando resulta que líderes fundamentales para ello ni siquiera van a ir a Glasgow?


Las soluciones las tenemos, como también sabemos qué hay que hacer para no esquilmar ecosistemas que ni siquiera conocemos bien, como los antárticos. Sabemos que hay que reducir la presión del consumo a mansalva, que hay que cortar una globalización comercial que marea productos de acá para allá a bordo de ‘chimeneas de CO2’ flotantes, que las renovables están aquí para quedarse –a ser posible sin generar más destrozo- , que aunque está cara (y cada vez más) seguimos derrochando energía fósil y que, con todo ello, hemos generado un cambio climático que ya está causando miles de muertos, millones de desplazados, miles de millones de pérdidas económicas.


Uno de los temas fundamentales de esta cumbre será la financiación climática para mitigar, adaptarse y pagar los daños del cambio climático. Mitigar es invertir en tratar de que no vaya a más, adaptarse es prepararse para los impactos que ya están llegando y que, todo indica, que se agravarán, y pagar daños es asumir la responsabilidad de quien ha generado catástrofes climáticas que afectan más a quienes menos tienen, los países del sur global. Hasta ahora, no se han cumplido los compromisos de dotar de dinero estos fondos, y de lo que hay el 80% son créditos a devolver por quienes los pidan, aumentando así su deuda externa.


Otro tema es el de los mercados de carbono, es decir, crear un mecanismo que permita a los países más contaminantes compensar sus emisiones comprando ‘créditos de carbono” que pueden venir de acciones de reforestación, captura de CO2, proyectos de renovables y de países que tienen de sobra. Pero la cuestión es que ya existe en mecanismo puesto en marcha en Kioto y que unos países quieren mantener esos derechos ya adquirios (China, India y Corea el Sur) mientras la UE quiere partir de cero.

También está el riesgo de que en esa compraventa, los dos países implicados se apunten el tanto, lo que en el fondo es ‘trucar’ la cuenta de carbono. En definitiva, si bien según algunos aseguran que sin mercado de carbono es muy difícil que los grandes contaminadores cumplan el Acuerdo de Paris de 2015, según otros no deja de ser una ‘trampa’ para seguir contaminando a costa de pagar, mientras el clima en la Tierra sigue calentándose, con el grave riesgo de superar los 1,5ºC marcados.


Según el IPCC, de seguir así, las emisiones aumentarán un 16% más para 2030 y la temperatura subirá hasta 2,7ºC. Con esas temperaturas los hielos antártico y árticos acelerarían exponencialmente su derretimiento, el nivel del mar subiría inundando tierras donde viven millones de personas, países como España sufrirían olas de calor cada vez más intensas, superando quizás muchos días los 47ºC que ya hubo el pasado verano en Egipto, escasearía la comida y las migraciones climáticas serían un flujo continuo…


Comienzan dos semanas que son claves para la vida en la Tierra, la nuestra también. Visto lo ocurrido con la Antártida y la protección de su océano, no parece que vivamos tiempos de consensos… Ojalá me equivoque.

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