Ríos de mercurio con el deshielo de Groenlandia


ROSA M. TRISTÁN

Si hay un elemento en la Tierra que se ha demostrado peligroso para la salud neurológica es el mercurio (Hg), un metal que forma parte del planeta y cuyos más importantes yacimientos están en China, Indonesia o Tayakistán, aunque también en España hay una gran mina, en Almadén, que nos sitúa en el mapa. Lo que no estaba en los ‘presupuestos’ globales de mercurio era la tierra bajo los hielos de Groenlandia, que a través de las cuencas glaciares está llegando al Océano Ártico, alterando su composición y suponiendo un grave peligro, dada su toxicidad, para la fauna que allí habita y, por tanto, para las poblaciones humanas.

La voz de alarma la han lanzado esta semana en la revista Nature Geoscience una veintena de investigadores de diferentes instituciones americanas y europeas, en un trabajo donde detectan “concentraciones extremadamente altas de mercurio disuelto que se encuentran en los ríos de agua de deshielo”.

Los científicos habían detectado ya un incremento llamativo de mercurio, que es bioacumulativo, en organismos marinos. De ahí que se iniciara una investigación en los cerca de 4.000 kilómetros cuadrados que cubren tres cuencas glaciales: la del Glaciar Russell, el Glaciar Leverett y el Isunnguata Sermia, además de los tres sistemas de fiordos (Nuup Kangerlua, Ameralik Fjord  y Søndre Strømfjord, que reciben entradas sustanciales de agua de deshielo). Todos ellos están en la zona suroeste de la capa de hielo de la gran isla helada, donde se recogieron muestras del agua en temporadas de verano de diferentes campañas.

Los resultados no dejan lugar a dudas: las concentraciones de mercurio disuelto que se encuentran en las aguas naturales y los rendimientos de mercurio de estas cuencas glaciales son dos órdenes de magnitud más altos que los de los ríos árticos de otras zonas. Se estima que el mercurio disuelto de la región suroeste de Groenlandia representan aproximadamente el 10% del flujo fluvial mundial estimado para este elemento, en concreto 42 toneladas al año, incluyendo la exportación de metilmercurio bioacumulable.

Liderados por el norteamericano John Hawkings, el equipo encontró también altas concentraciones a través de los gradientes de salinidad de los fiordos, llegando a ser las más altas registradas hasta ahora, mucho más elevadas que en otros glaciares de cordilleras como el Himalaya. “Los resultados sugieren una fuente geológica de mercurio en el lecho de la capa de hielo. Son altas concentraciones de mercurio y su gran exportación a los fiordos río abajo tienen importantes implicaciones para los ecosistemas árticos, lo que destaca la necesidad urgente de comprender mejor dinámica del mercurio en la escorrentía de la capa de hielo bajo el calentamiento global”, afirman en el artículo publicado ahora.

La urgencia de que se realicen más estudios está en la elevada toxicidad del mercurio, que podría estar en la capa de hielo, y en que esa capa se está derritiendo cada vez a mayor ritmo en los últimos años debido al cambio climático. Es más, según otro trabajo publicado también estos días en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), este derretimiento del Ártico está llegando ya al peligroso “punto de no retorno” , es decir, el punto en el que la nieve caída es menor que la cantidad de hielo que se derrite. Es un proceso que se da fundamentalmente en las áreas más bajas, que son las más cercanas a los fiordos.

La cuestión es que ahora no sólo se sabe que ese hielo hecho agua podría aumentar hasta siete metros el nivel del mar, desplazando a millones de personas, sino que además llegará contaminada por cientos de toneladas de mercurio, que no se destruye sino que se acumula en los organismos vivos, ya sea de peces o de los humanos que se comen esos peces. Usando una palabra más técnica, se biomagnifica en las redes alimentarias acuáticas, sobre todo a través del consumo de mariscos. Incluso se ha cuantificado el costo socioeconómico de sus impactos en más de 5.000 millones de dólares al año, cifras que pueden dispararse al aumentar el deshielo, como está pasando.

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