El COVID-19 en el Hespérides pone en jaque la campaña antártica española


Cubierta del BIO Hespérides, durante la pasada campaña. En el aire si pude ir esta por un brote de COVID-19 @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Desde el Comité Polar Español se pusieron estrictos protocolos anti-COVID-19 antes de iniciar la XXXIV Campaña Antártica en una temporada que se preveía compleja, pero está claro que el coronavirus no da tregua y al final se ‘ha colado’ en ella entre el personal que depende de la Armada, convertido en un polizón indeseable que puede desbaratar los planes que llevaban fraguándose muchos meses y que va a afectar a parte de proyectos científicos que este año ya tenían billlete al continente. Ya son 17 los casos positivos detectados a bordo y podrían ser más tras los test PCR de hoy.

El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides había salido de Cartagena el pasado día 30 de diciembre, en teoría con toda su tripulación sana porque habían pasado un confinamiento y se habían hecho pruebas PCR, pero está claro que algún eslabón de los 57 miembros a bordo falló porque apenas cuatro días después de su salida, el lunes tuvo que volver a Las Palmas de Gran Canaria, isla que habían dejado atrás, tras detectarse un brote a bordo con cuatro afectados por COVID-19. Ese 10%, que no parecía mucho dadas las condiciones de cercanía personal que se viven en el buque, al día siguiente, día 5, el Ministerio de Defensa lo ascendía ya a 10 positivos y el día 6, a 17 casos. Pero pueden ser más: para hoy se ha planificado una nueva tanda de PCR para todos los embarcados que podría sacar a la luz nuevos casos. Ante este brote, la campaña antártica tal como estaba planeada por el Comité Polar Español pende del frágil hilo de la incertidumbre. Lo único positivo es  que ya hay otro buque en ruta… y sin problemas, lo que permitirá abrir las dos bases antárticas.

Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español, en la Antártida.

“Estamos contemplando cuatro o cinco escenarios posibles y uno de ellos puede ser el de anular el viaje del Hespérides a la Antártida. También barajamos otras opciones, porque queremos hacer el máximo posible de ciencia, pero con cada nuevo caso detectado hay que ‘resetear’ el periodo de cuarentena y empezar de nuevo, lo que alarga los plazos. Con al menos 17 fuera de servicio, no se se si será posible que sea operativo el buque”, reconoce Antonio Quesada, responsable técnico del Comité Polar Español. Respecto a las posibilidades de retrasar el calendario, apunta que “tampoco se podría alargar mucho hacia abril porque las condiciones climáticas empeoran mucho en la Antártida”.

De momento, la Armada ya informó de que deberán permanecer al menos 10 días en el puerto canario desde la fecha de los últimos PCR, lo que aplaza su salida hasta, al menos, el 17 de enero, así que su llegada a Punta Arenas (Chile), que estaba prevista para finales de mes -y dado que la travesía dura un mes-, ya no será posible. Allí el buque debía recoger a los científicos que habrían llegado en vuelos a mediados de este mes para pasar una cuarentena de dos semanas antes de embarcar hacia la Antártida. La cuestión es que con este nuevo calendario, deberían pasar un mes encerrados en una habitación de hotel, esperando a un Hespérides que no está claro si llegará. Esta es la cuestión a la que se enfrenta el Comité Polar, pendiente de reestructurar todos sus planes.

Y es que no se trata únicamente de que se bajen los ya infectados, sino que todos ellos deben ser sustituidos por otros tripulantes que, a su vez, deben pasar PCR y hacer sus cuarentenas. Después de meses de preparación para el viaje, es de imaginar que la moral a bordo no debe ser muy buena.

Los que si irán al continente, aunque conviene no olvidar esa incertidumbre que rodea al COVID-19, son los tripulantes del otro buque español que participa en esta campaña, el Sarmiento de Gamboa, gestionado por el CSIC. El lunes pasado desde mitad del Atlántico, el científico Jordi Dachs, que dirige el proyecto Antom que se realiza durante la travesía hasta el sur de Chile, me aseguraba que están todos perfectamente. Y ya estaban a la altura de Brasil. Antes de salir, explicaba que los 17 científicos a bordo hicieron una estricta cuarentena de 14 días en un hotel de Vigo, mientras que la tripulación la hizo en la propia nave. Hasta ahora, no han sufrido “ni un resfriado”.

El Sarmiento de Gamboa, ayer, navegando por el Atlántico camino de Chile. @Jordi Dachs

Una vez en Punta Arenas, el equipo de Dachs regresará a España y el Sarmiento de Gamboa recogerá a los 28 científicos y técnicos que este lunes aterrizaron en esta ciudad del sur chileno. “Nos esperan 15 días confinados en la habitación del hotel”, decía desde su encierro Rafael Abella, geofísico del Instituto Geográfico Nacional. En este primer grupo están todos los encargados de la apertura de las dos bases científicas españolas (en Isla Livingston e Isla Decepción) y los investigadores con proyectos fundamentales para mantener series de datos recogidos en ambas instalaciones desde hace más de 30 años. Al parecer, incluso están divididos en dos plantas diferentes por lugar de destino.

Para el Comité Polar Español es una prioridad abrir tanto la base Juan Carlos I como la Gabriel de Castilla. Por un lado, porque “no es bueno que estén dos inviernos cerradas, dado se deterioran y puede que cuando fuéramos dos años después no funcionaran elementos básicos, como los generadores”, argumenta Quesada; por otro lado, sería nefasto perder la información de todo un año en series que son de las más antiguas recopiladas en todo el continente. Y no hay que olvidar que han sido meses con muchos seísmos en esa zona de la Península Antártica. La cuestión es que el buque Sarmiento de Gamboa tenía previsto regresar inmediatamente a España tras la llegada del Hespérides porque tiene una apretada agenda con otras expediciones oceanográficas. 

Aunque la decisión final sobre el viaje del BIO Hespérides sigue pendiente, desde el Comité barajan seriamente la opción de que no pueda ir. En este caso, posiblemente tendrían que anular los proyectos de los científicos que salían en el segundo grupo, que ya estaban muy recortados en una campaña que iba a ser corta (febrero y marzo) y con menos gente (160 investigadores y técnicos frente a los más de 200 de otras campañas) de 13 proyectos científicos diferentes. “Esto tendrá un gran impacto científico y económico. Sólo el sobrecoste de esta campaña por el COVID-19 ya era de unos 350.000 euros”, reconoce Quesada.

Jorge Cáceres, del proyecto sobre caracterización de aerosoles, señala que si no pudiera ir este año su compañero César Marina (con ambos coincidí la pasada campaña en Isla Decepción), parte de los datos se los podrían recoger militares de la base de Gabriel de Castilla, pero no en la Juan Carlos I. “Una opción sería que el buque Sarmiento de Gamboa pudiera quedarse más tiempo en la zona, haciendo más traslados de Chile a la Antártida, pero trastocaría también sus planes. Nuestro compañero está pendiente de las noticias. Y ya no era un viaje fácil. Tuvimos que contratar un seguro especial por si durante la cuarentena en Punta Arenas daba positivo para que pudiera regresar”, comenta Cáceres. 

En todo caso, el objetivo principal sigue siendo que el COVID-19 no regrese a la Antártida, un continente que había sido el único en evitarlo hasta días antes de la pasada Navidad. El primer brote ocurrió en la base antártica chilena Bernardo O’Higgins, donde dieron positivo 26 militares y 10 civiles, que fueron evacuados . También hubo contagios en otra instalación chilena de la fuerza aérea, la base Teniente Rodolfo Marsh Martin, en Isla Rey Jorge, que es donde se encuentra la pista que recibe los vuelos desde Punta Arenas y por tanto un lugar con mucho tráfico. Ambas habían sido visitadas por un buque militar de este país, el Sargento Aldea.