Los ríos andaluces, ‘invadidos’: adiós a su biodiversidad


Más de 200 especies introducidas de flora y fauna están acabando con la biodiversidad natural de los cauces fluviales en una comunidad cada vez más cálida, mientras los recortes impiden disponer de los medios suficientes  para investigar cómo conseguirlo y acabar con las exóticas

Captura de peces invasores con pesca elétrica en Andalucía. Una gota de agua en el desastre. |Junta de Andalucía.

Captura de peces invasores con pesca elétrica en Andalucía. Una gota de agua en el desastre. |Junta de Andalucía.

ROSA M. TRISTÁN

(Publicado en ESTRATOS). AQUÍ EL PDF

La biodiversidad fluvial andaluza está en la cuerda floja.  Entre 200 y 300 especies exóticas se hacen fuertes en los cauces de los ríos de una comunidad con un clima benigno que juega en su contra, según expertos de la Junta de Andalucía. El catálogo completo de ‘invasores’ de fauna y flora no se conoce, pero tanto desde la Junta, como investigadores y grupos ecologistas alertan de que los seres vivos autóctonos, fruto de millones de años de evolución y en muchas ocasiones únicos en el mundo, están en grave riesgo de sucumbir ante estos indeseables extranjeros. El estudio ‘Distribución y estado de conservación de los peces dulceacuícolas del río Guadalquivir‘, elaborado por el Grupo Aphanius de la Universidad de Córdoba (UCO), y presentado recientemente por la consejera andaluza de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, constata que en este río ya hay más especies exóticas que autóctonas.

Una de las últimas en ‘aterrizar’ a lo grande ha sido una almeja asiática (Corbicula fluminea), que está asentada en el Guadalquivir y ya ha sido vista en la cuenca Guadalete-Barbate (Cádiz). Se trata de molusco que se detectó por primera vez en 2007, que tapiza los fondos y que puede acabar con la almeja local. Pero erradicarla, como ocurre también con el temible mejillón-cebra (Dreissena polymorpha) del Mar Negro, que afecta gravemente los embalses de Iznájar (Córdoba) y Bermejales (Granada), es un reto nada fácil.

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Almejas asiáticas como éstas, que ya colonizan el Ebro, ya se dejan ver en Barbate.. @IsmaelSanz

 

Como en el resto del país, en Andalucía las confederaciones hidrográficas tienen las competencias sobre el control en sus cuencas. En septiembre de 2014, la del Guadalquivir y la Diputación de Córdoba firmaron un convenio destinado a acabar con el mencionado mejillón-cebra, del que cada ejemplar tiene hasta un millón de larvas al año y destruye los sistemas de riego en tiempo récord. Dos meses después, la Confederación anunciaba la puesta en marcha de un grupo de trabajo para diseñar un plan de erradicación de esta especie y la almeja asiática en todo el cauce, en el que invertirá seis millones de euros en dos años.

Fernando Ortega, responsable de Biodiversidad en la Consejería de Medio Ambiente en la Junta de Andalucía, es consciente de que los recortes de los últimos años no ayudan. Aún sí, mantiene un equipo, mínimo eso sí, en una guerra donde la lucha contra cada enemigo requiere de un arma distinta y que a menudo sólo da la cara cuando ya está bien instalado. “Es el caso de la almeja china, detectada hace unos meses en Cádiz; las únicas soluciones posibles son sacar a la autóctona y llevarla a otro sitio o repoblar el río con bosques tupidos que no gustan a las foráneas y frenar así su expansión”, explica el responsable andaluz.

También hace unos meses, investigadores del mencionado grupo Aphanius de la Universidad de Córdoda alertaron de la presencia de otro peligroso enemigo en los ríos gaditanos Hozgarganta y Guadiaro: la Pseurasbora parva. Se trata de un pequeño pez, también originario de Asia, que se nutre de otras especies y es un foco de parásitos; se introdujo, según Aphanius, como cebo (o pez-pasto) para alimentar a otros peces que son atractivos para la pesca.

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Aphanius lleva 20 años investigando sobre esta lenta e implacable destrucción de los ecosistemas fluviales. “Se podría hacer más, sobre todo en las primeras fases de colonización, cuando es más fácil erradicar a las invasoras. Con la Pseurasbora, deberían haber comenzado en abril del año pasado; ahora es cuestión de tiempo que esté en todas las partes, como el mejillón-cebra, si no se actúa”, alerta su responsable, el zoólogo Carlos Fernández-Delgado.

image-0001 (2)Pero ¿a qué se debe este trasiego de vida de una punta a otra del planeta? La primera palabra que a los expertos les viene a la cabeza es la de “globalización”. Hasta el 80% de las intrusas llegan en barcos o en aparejos y redes de pesca, a los que se adhieren con gran éxito. Es así como se cree que ‘inmigró’ otro gran enemigo: el cangrejo chino (Eriocheir sinensis), uno más de los que traen de cabeza a Medio Ambiente. “Estuvimos cuatro años erradicándolo porque es muy peligroso. Tan grande como un centollo, hace unas cavernas que socaban hasta los puertos. Llegó al Guadalquivir con el agua de lastre que sueltan los barcos que vienen de China. Es algo que no se ha logrado prohibir a nivel internacional, pese a que ya hemos detectado hasta 50 especies exóticas en este río por culpa de esos desagües”, señala el responsable de Biodiversidad de la Junta.

No menos culpables son los ciudadanos que, en tiendas o en internet, compran especies extrañas en la Península -peces como el carpín rojo (Carassius auratus) o la tortugas de Florida (Trachemys scripta elegans)- que acaban soltando en un cauce o un embalse. Para capturar 575 ejemplares de estas últimas en la Laguna del Portil (Huelva), hubo que idear un sistema de piedras artificiales y redes que, de momento, parece haberlas controlado. Pero ahora han aparecido en las orillas de los ríos andaluces mapaches, capaces de competir con el precario lince, y hasta se han visto serpientes pitón.

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Más si difícil es pillar ‘in fraganti’ este tipo de sueltas ilegales, tampoco son fáciles de probar los escapes de industrias y piscifactorías, como el que se sospecha que hubo en un río granadino con el indeseable cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus). “Esta especie acaba con nuestro cangrejo porque trae un hongo contra el que el nuestro no tiene defensa. En ese caso, logramos quitar los grandes con redes, pero los pequeños se quedaron. Y no se pudo probar el escape”, reconoce Garrido.

Peligrosos son también los pescadores interesados en introducir peces grandes para pescar donde les viene bien y lo que quieren , lo que históricamente ha causado estragos en la fauna fluvial. Es el caso de los siluros (Silurus glanis,) un pez de Centroeuropa muy voraz y ahora muy común en Iznájar (Córdoba), o el black bass (Micropterus salmoides). Ante la falta de control, estos depredadores que acaban con los peces locales en poco tiempo, así que luego, según señalan los expertos consultados, introducen otros exóticos que actúan de cebo, como el alburno (Alburnus alburnu). “El problema es que los pescadores presionan a las Administraciones para que no los eliminen. De hecho el black bass, originario de Norteamérica, lograron sacarlo del catálogo de especies invasoras”, denuncia Miguel Clavero, de la Estación Biológica de Doñana (ETB-CSIC), que durante muchos años investigó sobre este problema.

Si el clima favorece que una vez en Andalucía los foráneos se adapten, no menos ventaja encuentran en el cambio que los embalses han generado en el ecosistema fluvial mediterráneo. Para Fernández Delgado es un factor fundamental: “En el Mediterráneo, en verano hay menos agua en los ríos y en primavera y otoño más; en ese medio evolucionaron nuestras especies, pero con los embalses hemos cambiado ese flujo, y eso también favorece a las exóticas, así que cada dos o tres años prolifera una”.

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Desde Aphanius logró un gran éxito hace unos años en la Laguna natural de Zóñar, al sur de Córdoba, donde se había introducido la carpa para la pesca. Muy voraces, en poco tiempo acabaron con todos los peces de la laguna y las algas, y con ellos desaparecieron los macro-invertebrados y los patos que se alimentaban de ellos. “Dieron la vuelta al ecosistema. Como era una laguna cerrada, usamos veneno, matamos a todas y en unos meses volvió a su ser, pero no siempre es posible recurrir a ese sistema”, reconoce el biólogo. De hecho, en la Laguna de Medina también lo intentaron, pero a la larga no funcionó porque las carpas volvieron por un arroyo.

Prueba de que en estas guerras es más fácil prevenir que curar es el caso de la gambusia o pez mosquito (Gambusia affinis), que se introdujo en Andalucía desde Estados Unidos hacia 1920 porque se comía las larvas de los mosquitos que transmiten la malaria. Paludismo ya no hay, pero la gambusia está por todas las partes un siglo después. Fernando Ortega reconoce que la única forma de luchar contra ella es desecando tramos de los ríos y llenándolos de nuevo. Una tarea ímproba que, reconoce, no logra su extinción total.

Gambusia dibujada por @Joseph Tomelleri

Gambusia dibujada por @Joseph Tomelleri

Estos trabajos, como otros de control y erradicación de invasoras, se enmarcan dentro del Plan que en 2012 aprobó la Junta para impulsar medidas de recuperación y conservación de peces e invertebrados de medios acuáticos andaluces, que  incluye ocho especies en peligro de extinción y seis vulnerables y que trata de mejorar los hábitats degradados. Además, cuenta con dos centros de crías de especies autóctonas, dedicados a las que tienen interés comercial: la anguila plateada y la trucha común, esta última catalogada en peligro de extinción.

En cuanto a la flora fluvial, la situación también es preocupante. Especies como el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) procedente de América del Sur, o la lechuga de agua (Pistia stratiotes), introducidas para la jardinería, crean auténticas alfombras sobre el agua que impiden el paso del sol y provocan la muerte bajo ellas. El río Bolonia (Cádiz) y el Vélez (Málaga) han sufridos sus estragos, explica Ortega.

Tramo del Guadiana a su paso por Extremadura. |Greenpeace

Tramo del Guadiana a su paso por Extremadura. |Greenpeace

No somos conscientes de que la Península, aislada de Europa, tiene muchas especies únicas, que no se podrán repoblar nunca; incluso hay diferencias genéticas de un río a otro, y eso es una gran riqueza que estamos perdiendo para siempre. Lo mejor es la prevención, y ser conscientes de que el coste económico es muy elevado después”, comenta Alejandro Ramos, de Ecologistas en Acción de Andalucía.

Con este fin preventivo y divulgativo, desde el gobierno andaluz se ha puesto en marcha un correo (exóticas.invasoras.cmaot@juntadedanlaucia.es) para que cualquier ciudadano pueda denunciar la presencia de una especie extraña, o de introducciones ilegales. Además, acaban de estrenar una aplicación informática que permite evaluar el impacto que tendrá cada especie exótica que una empresa quiere traer a la comunidad. “Sabemos que el futuro está complicado porque hoy en cuatro días tienes en casa una especie del otro lado del mundo y Andalucía tiene un clima muy parecido al tropical. Pero no podemos renunciar a la biodiversidad original de nuestros ríos”, concluye Ortega.

Por su parte, el investigador del CSIC, Miguel Clavero, augura un futuro mucho más uniforme a nivel global: “Como consecuencia de la expansión de estas especies alóctonas en ríos como el Guadalquivir, que eran únicos, un día todos los cauces serán iguales, estén en China o aquí. Especies como el jarabugo o la pardilla, que son endémicas de Andalucía, se extinguirán si no ponemos remedio”.

 ENTREVISTA AL CATEDRÁTICO  CARLOS FERNANDEZ DELGADO

Catedrático de la Universidad de Córdoba, el biólogo Carlos Fernández Delgado es uno de los grandes expertos en el estudio de la ecología de los peces continentales andaluces y en el desarrollo de programas de recuperación de especies amenazadas y erradicación de las invasoras. En su haber figuran más de 100 artículos científicos publicados en revistas de impacto y la creación del grupo de investigación Aphanius, en 1992, con el que ha desarrollado hasta ahora 40 proyectos científicos sobre este tema.

 

EN POCO TIEMPO NO QUEDARÁN ESPECIES DE PECES AUTÓCTONAS SI NO SE TOMAN MEDIDAS PREVENTIVAS”

foto_carlos_web¿En qué situación dejan los ríos andaluces las especies exóticas?

Muy mal. Las autóctonas se extinguen porque las nuevas traen parásitos, les quitan el alimento, se las comen…En los cauces, sólo por encima del último embalse se podrán mantener algunas, porque hasta allí es más difícil que lleguen las de fuera y  porque no hemos alterado su ecosistema mediterráneo. Pero en todo lo demás, los ríos se degradan a pasos agigantados y dentro de poco tiempo no quedarán especies de peces autóctonas.

¿Y  hay solución?

Una vez asentada una especie es más complicado erradicarla, aunque se pueden tomar medidas para evitarlo, como controlar el trasiego actual con normativas más expeditivas o aumentar la concienciación ciudadana. En algunos casos, se puede intervenir con veneno que afecte a esas especies invasoras, como hicimos en la laguna  de Zóñar, que ya se ha recuperado. Pero lo más importante es intentar erradicarlas cuando aún no son un problema. Si lo hacemos así, sí que habrá solución.

¿Somos conscientes de la importancia de la biodiversidad autóctona fluvial?

No lo suficiente, pese a que es un problema que aumenta con la globalización. Nuestro equipo llegó a estar formado por 15 personas y ahora somos cinco. Esperemos que cuando se apruebe la nueva normativa europea de control de exóticas, mejore la situación porque se obligue a tomarlo en serio.

¿Hay en la provincia de Córdoba alguna ‘invasora’ especialmente preocupante?

Las especies no saben de límites provinciales y se expanden con rapidez por los cauces. Pero ahora en Córdoba es un gran problema el mejillón-cebra, en la cuenca baja del Genil. Hace 10 años que se sabía que estaba en la cuenca alta, pero ahora está en toda ella. Es una especie muy dañina que causa graves pérdidas biológicas y económicas.

 

 

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  1. Artículo muy interesante porque, entre otras virtudes, pone de relieve una de las principales amenazas a la biodiversidad: las llamadas “especies invasoras”. Algo que el gran público, más preocupado por la caza, suele desconocer.
    Lo utilizaré en mis clases.

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