Lyn Wadley y la evolución cerebral de los humanos


La antropóloga sudafrica Lyn Wadley. |ROSA M. TRISTÁN

La antropóloga sudafrica Lyn Wadley. |ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

(Publicado en ESCUELA)

Si hay alguien que sabe sobre los primeros pasos de la inteligencia humana en este planeta es la catedrática emérita de Arqueología Lyn Wadley, en la Universidad de Witwatersrad (Johannesburgo). Sudafricana de origen, durante más de 20 años fue la responsable de dirigir dos de los más importantes yacimientos del mundo relacionados con los primeros ‘sapiens’ de ese continente. Se trata de las cuevas de Sidubu y de Rose Cottage, con cronologías que van desde los 120.000 a los 70.000 años.  Sus trabajos han sido publicados en las mejores revistas científicas internacionales.

Recibe a ESCUELA durante el Congreso de la Unión Internacional de Prehistoria y Protohistoria (UISPP), que en septiembre reunió en Burgos a los más importantes científicos del mundo, los grandes buceadores en el pasado humano.

Wadley, menuda y extremadamente afable, no duda en reconocer que “debemos revisar los atributos que están establecidos para los ‘Homo sapiens’ y trasladarlos a otras especies humanas porque lo que creemos que nos hace únicos, la cognición compleja, existe desde hace 200.00 años y no nos pertenece”. Hallazgos recientes, como el grabado atribuidos a los neandertales que habitaron en Gribraltar hace 42.000 años, confirman sus palabras.

Cada vez se complica más saber qué es lo que nos convierte en humanos inteligentes ¿Dónde está el límite ahora entre unas especies y otras?

Si. Recientemente se ha sabido que los neandertales también hacían grabado simbólicos, y es un hallazgo muy importante. En África no hay neandertales, pero si tenemos ‘sapiens’ muy arcaicos y lo que vemos es que los atributos diferentes entre ellos y nosotros a nivel cognitivo son muy pocos, por lo que es lógico pensar que otras especies también los tengan. En Sudáfrica a estos ‘sapiens’ primitivos preferimos llamarles ‘Homo rudolfensis’, pero en el fondo es nuestra especie ancestral.

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En este camino de la evolución ¿Fuimos dirigidos por mutaciones genéticas?

Mi opinión personal es que ha habido un ‘feed-back’ entre la genética y la cultura. La evolución cultural ha hecho cambiar muchos genes en los organismos humanos, pero también los cambios biológicos han propiciado importantes transformaciones culturales.

Usted ha trabajado en cuatro importantes yacimientos en Sudáfrica: Sidubu, Rose Cottage, que dirigió, y otros dos en los que ha colaborado: Blombos y Pinacle Point. ¿Qué hallazgos importantes se han realizado en estos lugares?

Todos han aportado grandes descubrimientos. En Sidubu descubrimos que hace más de 77.000 años ya se usaban mangos para las herramientas, que se hacían camas de hierbas medicinales antiparásitos y que utilizaban el pegamento. Este último lo hacían mezclando plantas y ocres, que requieren conocimientos muy sofisticados para ese momento. Por primera vez, se ha podido documentar como los seres humanos tenían que planificar diferentes acciones para conseguir un objetivo. Por ejemplo, para hacer el pegamento debían tener un control extremo del fuego, que enterraban hasta conseguir el efecto deseado. Hoy nos pueden parecer cosas muy sencillas, pero suponen un comportamiento muy avanzado. Pegar un objeto requiere la capacidad de rotarlo mentalmente, de usar un razonamiento analógico y de cambiar la atención entre varias tareas de forma casi simultánea. En definitiva, una gran habilidad y flexibilidad mental. También hemos encontrado las primeras flechas, que permitieron tomar distancia respecto a la presa, y objetos decorativos personales que nos indican que existía ya una expresión de la identidad individual.

Parece complicado acercarse a la cognición humana a través de unos pocos objetos.

Sólo nos llegan retazos del pasado, así que es muy importante analizar con mucho detalle los utensilios que se encuentran, las tecnologías que utilizaban para su producción, el tipo de piedras… Por eso, esos descubrimientos deben completarse con la arqueología experimental, en la que reproduces las acciones como las hicieron ellos. Pero no todos los arqueólogos siguen el mismo sistema. Hay otros que tratan de averiguar en qué parte del cerebro humano comenzaron a generarse los cambios que están implicados en una tarea determinada.

Hay quien defiende que el arte complejo no explotó, y con él la creatividad, hasta el ser humano moderno llegó a Europa, quedando plasmado en las pinturas rupestres.

Cada vez somos más los que pensamos que no fue una explosión, sino que tuvo lugar un proceso gradual, lento, en el que fueron apareciendo las aptitudes que hoy tenemos. Los arqueólogos hallamos retazos muy pequeños de nuestro pasado y estamos a la espera de nuevas cosas que nos den información, pero de momento las evidencias indican que los atributos de la cognición humana no aparecieron a la vez, sino que ocurrió en diferentes fases, y algunas de ellas mucho antes de que la especie se expandiera por Europa.

@ROSA M. TRISTÁN

@ROSA M. TRISTÁN

¿Y seguimos aumentando la cognición?

Desde luego. La evolución es un proceso continuo. Ahora mismo estamos experimentando cambios, pero no podemos ser conscientes de ellos mientras están sucediendo, no son apreciables en el transcurso de una vida.

¿Tenemos pistas de en qué dirección va ahora esa evolución?

Realmente no lo sé. Lo evidente es que estamos viviendo desde hace ya años  grandes transformaciones: primero el impacto de la televisión y más tarde el de los ordenadores personales e internet. Tendremos que esperar 20 o 30 años a ver las consecuencias de esta explosión tecnológica en los niños que han nacido inmersos en este entorno. Son ‘niños tecnológicos’ y no sabemos las consecuencias que tendrá. Se supone que debería haber más desarrollo del cerebro entre dos generaciones, pero ahora mismo no podemos saber lo que ocurrirá. Po ejemplo, ahora tenemos utensilios infinitamente más sofisticados que los de Sibudu, pero no es inteligente destrozar el planeta que habitamos. Además, están teniendo lugar importantes cambios sociales. No hay más que mirar alrededor para ver que la gente joven se relaciona de otra forma. Utiliza redes sociales como Facebook o Twitter y están perdiendo la capacidad de actuar cara a cara. Todo es ‘on line’. Se olvidan de interactuar con los demás. Así que, efectivamente, ahora la tecnología es muy sofisticada, pero deberíamos controlar más estos fenómenos extraños que están pasando. Con ello, no quiero decir que toda la tecnología sea mala, pero sí que no podemos dejar que se nos vaya de las manos.

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