Gran bacanal de buitres en Iruelas, carroñeros al ataque (con VÍDEO)


ROSA M. TRISTÁN (Valle de Iruelas, Ávila)

(Vídeo: Rosa M. Tristán. Edición del vídeo: Miguel Angel Nieto)

La señal la dio un cuervo pequeño.  Se acercó a la carne fresca que, ya llena de moscas, había sido dejado hace casi tres horas a escasos metros del observatorio. Llegó, olió y no se lo pensó mucho para aprovechar la comida. En segundos, un revuelo de más de 250 buitres se lanzaron al banquete. Buitres leonados y buitres negros. El cuervo hizo ‘mutis por el foro’ mientras comenzaba un espectáculo apabullante, cargado de agresividad, a la vez hermoso y salvaje. Ocurrió el 10 de septiembre en la reserva natural del Valle de Iruelas, en Ávila, quizás pronto conocido como el ‘Valle de los Buitres’ porque allí se encuentra una de las colonias de buitre negro más importante de España, y del mundo.

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El cuervo que se enfrentó a los buitres leonados. |ROSA M. TRISTÁN

Se trata de una iniciativa de la empresa Náyade, del fotógrafo naturalista Carlos Sánchez, que ha puesto en marcha 13 observatorios de aves (hide) en lugares privilegiados de Castilla y León para que fotógrafos, ornitólogos y aficionados de todo el mundo disfruten de uno de esos momentos que se repiten desde hace millones de años, que los humanos vimos desde nuestros orígenes y que ahora escasean porque los buitres están siendo envenenados, electrocutados, heridos de muerte.

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La gran llegada! 250 buitres a por la carroña. |ROSA M. TRISTÁN

En el hide de Iruelas hay un “cristal espía” de los que se ven en  las comisarías de película para identificar a asesinos y ladrones. Al fondo, el valle entero. Al poco de llegar, decenas de buitres rodeaban el pequeño caseto, recubierto de hierba, en el que se ha tenido la precaución de instalar un servicio porque no se puede salir en muchas horas. “Así las rapaces no pueden vernos, aunque a veces nos intuyen… Hay muy pocos hide como éste en el mundo”, apuntaba Carlos.

En esta ocasión, también le acompañaba el fotógraro británico Roger Tidman, su esposa, y la periodista de RNE Josefina Maestre, para retransmitir lo que ocurría en el Reserva Natural de Radio 5 de ese día, además de este Laboratorio para Sapiens.

En un momento, se lío una buena 'buitrada'. |ROSA M. TRISTÁN

En un momento, se lío una buena ‘buitrada’. |ROSA M. TRISTÁN

 

Y la espera fue larga. A las nueve de la mañana, Carlos y su socio, el biólogo Luis Enrique Serrano, que además es el propietario de la finca, ya andaban repartiendo carne por la zona, desechos conseguidos en una carnicería de El Barraco a bajo precio. “A ver si tenemos suerte y se animan”… Durante un tiempo que se hizo largo, se vió venir a los buitres volando, se quedaban en unas piedras situadas a 20 metros, o sobre un árbol… y se marchaban. Una hora, dos… La naturaleza es lenta, tarda en decidirse, y los humanos ya no estamos acostumbrados.

Algunos buitres leonados hacían demostración de su espectacular envergadura. |R.M.T.

Algunos buitres leonados hacían demostración de su espectacular envergadura. |R.M.T.

Sánchez , mientras tanto, iba explicando como se estaban agrupando: “Vuelan separados por un kilómetro y se van viendo. Es una comunicación visual. De este modo, van batiendo el territorio hasta que ven la carne. Entonces comienzan a juntarse, aunque tardan en decidirse a bajar. Son temerosos. Además, entre agosto y noviembre están más dispersos, porque ya han tenido las crías”.

Otros vigilaban desde una buena posición para lanzarse a la mejor tajada.|R.M.T.

Otros vigilaban desde una buena posición para lanzarse a la mejor tajada.|R.M.T.

Rondaba el mediodía cuando la carne, cada vez más olorosa, más negra de moscas, se convirtió en un manjar irresistible para el cuervo. Y desencadenó una batalla campal que fue brutal, pero en la que no hubo víctimas. Los primeros en hacerse con el lugar fueron los buitres leonados (Gyps fulvus), decenas de ellos aterrizaron en tropel, atropellándose entre s Resultaban intimidadores aún estando detrás del cristal.Los adultos no tenían compasión con los más jóvenes, a los que espantaban a aletazos y con las garras. “Los leonados se comen cualquier cosa, pero  los negros son más exquisitos porque no le gustan las vísceras. Tienen nichos alimentarios diferentes. Normalmente, son los últimos en comer”, comenta Carlos.

Los buitres negros, más grandes pronto se hicieron hueco.|R.M.T.

Los buitres negros, más grandes pronto se hicieron hueco.|R.M.T.

Distintos o no, ante nuestros ojos unos y otros se disputaban la carroña “sin compasión”. Se empujaban, se atacaban por atrapar una costilla. El revoltijo de polvo y plumas, el ruido de sus resuellos y sus graznidos era apabullante. Al principio, efectivamente, se veían más leonados y luego… poco a poco.. comenzaron a ser sustituidos por los negros (Aegypius monachus), mucho más elegantes en su tétrica oscuridad. Más hermosos.

Éste se encaramó a una piedra para evitar empujones. Qué belleza! |ROSA M. TRISTÁN

Éste se encaramó a una piedra para evitar empujones. Qué belleza! |ROSA M. TRISTÁN

Esa cabeza altiva, ese caminar deprisa que es a saltos, con la alas medio extendidas, como si fuera la capa de un vampiro, esas plumas que quedaban tiesas como dos cuernos sobre la cabeza… Moviéndose de aquí para allá, rebuscando los tejidos musculares y los tendones, que su pico parte con facilidad pasmosa. Más de tres metros de envergadura tienen, según los naturalistas que nos acompañaban en el hide. ¿Se enfrentarían los humanos primitivos, carroñeros como ellos, a grupos de 200 buitres? Cuesta creerlo.

Carlos Sánchez, dentro del observatorio con 'cristal espia'.| ROSA M. TRISTÁN

Carlos Sánchez, dentro del observatorio con ‘cristal espia’.| ROSA M. TRISTÁN

Lo que si se sabe es que en los orígenes de la música melódica está un buitre, pues fue con un hueso de esta especie con la que hace 40.000 años un sapiens hizo la primera flauta conocida. Desde luego, que la debieron coger cuando estaba muerto.

Una hora y media más tarde, enfrente del hide nada quedaba de la carne. Los últimos buitres alzaban su majestuoso vuelo en busca de otras presas. Todos estábamos aún sobrecogidos, cuando salió a colación el tema del diclofenaco, el nombre de un fármaco antiinflamatorio para el ganado que ha sido aprobado en España en 2013 y que en la India ya mató al 99% de sus poblaciones. “Ya no puedo fotografiar buitres en la India, porque no los hay. Espero que aquí no ocurra lo mismo”, declaraba Roger mientras recogía su equipo.

Aquí un buitre leonado y uno negro, disputándose un trozo de carne. |ROSA M. TRISTÁN

Aquí un buitre leonado y uno negro, disputándose un trozo de carne. |ROSA M. TRISTÁN

Y no es la única amenaza porque también lo son los cebos envenenados, las líneas de alta tensión, los aerogeneradores eólicos… En total, según SEO/Birdlife, entre 2005 y 2010 se encontraron cadáveres de 575 buitres leonados, 133 buitres negros, 69 alimoches y 13 quebrantahuesos, y aún aseguran que sólo son capaces de detectar entre el 7% y el 10% de los que son en realidad.

El fotógrafo Roger Tridman, su mujer, la autora, Carlos Sánchez y Luis Enrique Serrano, junto al 'hide'. |JOSEFINA MAESTRE

El fotógrafo Roger Tridman, su mujer, la autora, Carlos Sánchez y Luis Enrique Serrano, junto al ‘hide’. |JOSEFINA MAESTRE

 

A las dos de la tarde, en  tierra no quedaban más que huesos pelados y plumas perdidas en el aquelarre. A lo lejos, en la altura, aún rondaban las alas negras como el tizón, bajo una amenazante tormenta que no llegó a caer.

Mientras se recogían los últimos equipos, el responsable de Náyade recordaba los otros lugares donde tiene observatorios: en las Lagunas de Villafáfila (para las avutardas y grullas), en los Arribes del Duero (para las águilas y otras rapaces), en Tierra de Campiñas (entre Valladolid, Ávila y Salamanca, para otear aves esteparias), en la comarca natural de Sayago… En total, 13 puntos desde los que vivir uno de los grandes espectáculos de la naturaleza. “Soy un convencido de que si se conociera a los buitres, se lucharía más por su conservación”, señalaban Carlos Sánchez. Y en ello está.

Un buitre leonado, haciendo una reverencia de despedida.| ROSA M. TRISTÁN

Un buitre leonado, haciendo una reverencia de despedida.| ROSA M. TRISTÁN

 

 

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