Yanacocha: la mina que envenena la tierra


Yanacocha, en Cajamarca (Perú): |R.M.T.

Yanacocha, en Cajamarca (Perú): |R.M.T.

ROSA M. TRISTÁN

Hace justo 10 años que visité la mina de oro más grande de América Latina y una de las mayores del mundo a cielo abierto: Yanacocha, en Perú. La había olvidado, hasta que estos días recibí una petición de firma de Salva la Selva, contra la condena a una campesina. Máxima rescató de mi memoria ese negocio dorado que agujerea y envenena la tierra y la sangre peruana, y que lava su turbia imagen en una página web que se prodiga en noticias sobre su responsabilidad ambiental y social (como tantas).

En 2004, un grupo de periodistas españoles viajábamos por Cajamarca, conociendo los proyectos de la ONG Ayuda en Acción, cuando nos topamos con la mina. No tuvimos grandes problemas para acceder, pero la persona de la empresa que intentó ‘vendernos’ sus maravillas no hizo sino incrementar la sensación de que estábamos en un lugar podrido por dentro, por más que en las ‘zonas restauradas’ se vislumbraran unos endebles árboles y unos pastos en los que ningún ganadero informado llevaría sus vacas. Muchas de las preguntas sobre la gestión que les hicimos quedaron sin respuesta y la información prometida nunca llegó a ser enviada.

Máxima Acuña Chaupe, en su tierra.

Máxima Acuña Chaupe, en su tierra.

También hablamos con los campesinos que sobrevivían a su alrededor, aquellos que no habían vendido su tierra a la mina, aquellos cuyos hijos tenían la piel enferma, el hígado afectado, las vacas medio muertas por un agua que parece cristalina y no lo es. Sacando casi medio millón de toneladas de tierra al día, con monstruosos camiones que devoran las entrañas de la tierra, era de prever que pronto se les acabaran las propiedades.

Por ello, cuando he recibido la petición de ayuda para Máxima Chaupe Acuña he rescatado aquella historia, publicada en EL MUNDO.  Quien sabe si uno de aquellos campesinos que nos atendieron eraN Máxima, o su marido, o sus hijos… Uno de los que en su pequeño terreno cultivaban habas y papas, de los que se resistían vender a Yanacocha su parcela. Quien sabe si visitamos su parcela Tragadero Grande, apenas de 30 hectáreas.

Así son los camiones de Yanacocha. |R.M.T.

Así son los camiones de Yanacocha. |R.M.T.

Dice la empresa, en un comunicado, que ese terreno lo compró la compañía Minas Conga S.R.L. en los años 90 a la Comunidad Campesina de Sorochuco, con consentimiento del padre del marido, Samuel Chaupe. Pero por lo visto hay dudas sobre si aquel acuerdo incluida el Tragadero Grande y Yanacocha nunca hizo nada en él hasta que en 2011 la familia campesina retornó a su tierra para cultivarla. Entonces, comenzó el acoso, que ha acabado con una condena para Máxima y su familia de dos años y ocho meses de prisión y una multa de 1.500 euros. Un fallo que quieren recurrir, a la vez que han iniciado la campaña de recogida de firmas.

Cuentan los Chaupe que han sido agredidos, que su casa fue destruida y sus animales asesinados a balazos.  Cuenta la empresa que los cuatro Chaupe y sus dos niños agredieron a 20 guardas de seguridad para entrar ilegalmente y que en una carta osaron pedir objetividad al juez de Cajamarca, lo que consideran “una intromisión en la Justicia”.

Valgan los vídeos y el reportaje de hace una década para constatar que hay tesoros envenenados que destrozan vidas y tierras. ¿Merece la pena?



REPORTAJE 2004

YANACOCHA, EL TESORO ENVENENADO DE PERÚ (publicado en EL MUNDO, 18-6-2004)

Yanacocha se escribe con letras doradas. Cada día, esta herida en la tierra peruana supura 200 kilos de metales preciosos, un 70% de oro puro y el resto de plata. Cada día, los montes de la región nortena de Cajamarca son arrasados por camiones que remueven 480.000 toneladas de tierra, segú el testimonio del ingeniero de operaciones Isidro Oyola.

Yanacocha, o Laguna Negra (en quechua), es la segunda mina de oro mas grande del mundo y la primera de América. Desde que se abrió, en 1992,
de sus entrañas han salido millones de onzas del metal mas deseado, una riqueza que, paradójicamente, ha arruinado a muchos de sus pobres vecinos campesinos. Ayuda en Accion, con las aportaciones de sus socios españoles, intenta poner en marcha en esta provincia programas que, lejos de destruir, ayuden a sacar adelante el futuro sostenible.

No muy lejos de Yanacocha, a 45 kilometros, aun se conserva, en los aledaños de la Plaza de Armas de Cajamarca, el lugar donde Francisco Pizarro encerro al inca Atahualpa y reclamo su rescate en oro. El pago no evito su muerte.

Uno de los campesinos afectados por Yanacocha, al fondo. |R.M.T.

Uno de los campesinos afectados por Yanacocha, al fondo. |R.M.T.

Tampoco ahora la famosa mina rescata a la region andina de la miseria. Familias presionadas para vender sus chacras (parcelas), expropiaciones, ríos contaminados, cauces secos, conflictos sociales y delincuencia son algunas de las enfermedades que el alcalde de Huambocancha Baja, Gomer Vargas, achaca a este tesoro envenenado.

Nada que ver, asegura, con el eslogan que vende la empresa: Forjando progreso. Hace 12 años que la compañía de Denver Newmont Mining
Corporation (con el 51% de las acciones), el grupo Benavides (43%) y el Banco Mundial (5%) comenzaron a comprar tierras a los campesinos, bajo
la premisa de que lo que habia en el subsuelo era del Estado y, por tanto, tenían permiso oficial para explotarlo.Mas de 350 agricultores dejaron sus cultivos; según fuentes de Yanacocha “a buen precio”; según la asociación ecologista Grufides, que trabaja en la zona,  “por unos soles que son pan para hoy y hambre para mañana”.

Camiones arrancando tierra en Yanacocha en 2004.|ROSA M. TRISTÁN

Camiones arrancando tierra en Yanacocha en 2004.|ROSA M. TRISTÁN

No son vetas doradas las que se encuentran en las 10.500 hectáreas en explotación (la concesión minera les autoriza a taladrar un total de 150.000); el preciado metal se encuentra entremezclado con la tierra. Para extraerlo, primero retiran la capa verde que recubre el cerro; después se vuela con petróleo. A continuación, camiones que cargan hasta 240 toneladas por viaje trasladan la tierra a unas canchas, recubiertas con plásticos. Es haí donde comienza el proceso de lixiviacion, que consiste en regar por goteo esas inmensas terrazas con una solución de cianuro y agua que disuelve el metal. Posteriormente, mediante otro proceso de filtración, el oro se hace sólido.

Se calcula que por cada tonelada removida se consigue un gramo de oro.

Fuentes de Yanacocha aseguran que todo su circuito productivo es cerrado, que el agua se descontamina antes de soltarse al medio ambiente, que hay detectores de fugas y que en los cerros ‘revegetados’ los pastos vuelven a crecer. Ademas, insisten en la riqueza que Yanacocha ha generado en Cajamarca, dando empleo a 8.000 personas (de los que 6.000 son subcontratados temporales), abriendo escuelas y construyendo carreteras.

La proxima herida que preven abrir se situa en el cerro Qilish, que encierra tres millones de onzas de oro, según los técnicos.

Lo malo, para su negocio, es que las comunidades campesinas les han negado el permiso para explotar este cerro, una decisión  que ya ha sido recurrida por la compañía. De hecho, pocos dudan de que el Qilish tiene sus días contados, como otros muchos cerros. El ingeniero Oyola comenta que los planes de explotación de Yanacocha alcanzan hasta el ano 2014, aunque confiesa que allí hay tajo para otras tres décadas.

Su balance positivo, con un claro reflejo en la cuenta de resultados de los accionistas, no tiene nada que ver con el relato del sacerdote Marco Arana, quien insiste en que gran parte de los 28.000 campesinos de la zona saben que el Quilish es cabecera de cuenca y “motor de su vida”. “Aquí  no sabemos de estudios técnicos, pero vemos que todo el agua viene de manantiales del cerro que quieren volar”, argumenta.

La tierra se recubre con plásticos para que el cianuro no se filtre, aunque se reconocen fugas. |R.M.T.

La tierra se recubre con plásticos para que el cianuro no se filtre, aunque se reconocen fugas. |R.M.T.

Y mientras Marco Morales, del laboratorio de Yanacocha, reconoce que hay dos derrames al año y un “escaso margen de error del 0,3%”, el campesino Gomes Vargas solo sabe que “cada día los pastos de los aledaños a la mina tienen menos agua y mas sucia, que los animales se quedan sin pelo y que a los hombres les salen ronchas en la piel, que dicen que son alergias”.

Cuenta que de los 3.500 habitantes de la zona baja, solo siete trabajan en la gran mina y que para comer no basta que construyan aulas. “Más necesaria que estas escuelitas es la tierra improductiva que nos dejará Yanacocha en herencia”. El alcalde campesino recuerda que a muchos compañeros les
compraron la hectárea a 50 soles (unos tres euros), aunque ahora sacan de allí filones dorados a base de cianuro, y relata cómo la inmigración a la
costa está siendo una realidad para muchas familias. “¿Dónde está el empleo que prometieron?”, se pregunta.

Sin embargo, la mina aporta casi el 20% de los ingresos por exportaciones del Perú, una cantidad nada desdeñable para la maltrecha economía andina. El dolor campesino por las cicatrices que deja en la tierra no se refleja en su cuenta de resultados.

La autora en Yanacocha en 2004. Junto al camión más grande que he visto en mi vida.

La autora en Yanacocha en 2004. Junto al camión más grande que he visto en mi vida.

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