Los neandertales cazaban palomas de forma ‘sostenible’


La Cueva de Gorham, en Gibraltar. |FNP Clive

La Cueva de Gorham, en Gibraltar. |FNP Clive

ROSA M. TRISTÁN

Hace decenas de miles de años que unos seres humanos primitivos, pero nada tontos, comenzaron a cazar palomas. No se sabe cómo lo hacían, si a pedradas, con rudimentarias trampas o aprovechando las nidadas, pero si se sabe que lo suyo fue una caza ‘sostenible’. Eran neandertales, los últimos de Europa y de la Tierra, y habitaban en la Cueva de Gorham, en Gibraltar. Los restos de aquellos banquetes, en los que se servían las esquivas aves, han sido localizados por el equipo internacional que, desde hace ya muchos años, dirige  Clive Filayson en el Peñón. El mismo que hace seis años nos descubrió que aquellos parientes, que a medida que pasa el tiempo hacemos ‘más listos’, también cazaban mamíferos marinos y que se adornaban con plumas de cuervos, buitres y milanos.

Paloma, descendiente de las que cazaban los neandertales con tanto tino.

Paloma, descendiente de las que cazaban los neandertales con tanto tino.

Los detalles del hallazgo acaban de ser publicados en la revista Scientific Reports, y sorprenden no sólo porque no es nada fácil hacerse con aves sin arco, sin flechas, sin escopetas… sino porque, además, lo hicieron durante muchos miles de años en esa cueva, al menos desde hace 68.000 años a hace 28.000, que es cuando dejó de existir la especie por un cúmulo de razones que aún no nos explican del todo el misterio.

Jordi Rosell, arqueólogo del IPHES, que lleva mucho tiempo trabajando en Gorham y es cofirmante del trabajo (con Ruth Blasco, Filayson y otros), es quien me habla de esa sostenibilidad del ecosistema que tenían los neandertales y que, con el tiempo, la especie ha perdido. “Capturaban palomas de forma regular porque sabían que era un recurso sostenible, que tienen tres puestas al año y que con esa alta tasa de reproducción no se iban a acabar. Sabíamos ya que cazaban conejos, tortugas, patos… y que usaban plumas de aves, pero se pensaba que la caza de éstas de forma sistemática, no coyuntural, era muy posterior porque suponía conseguir poca carne para el esfuerzo físico que significaba cada presa”, me explica Rosell.

Si, así se creía…  hasta que  en Gibraltar comenzaron a encontrar  pequeños huesos rotos con marcas de herramientas de piedra musterienses que pertenecían a las Columba livia (palomas salvajes). En total, 1.724 fragmentos fósiles, de los que pocos tienen señales de esa intervención humana pero, como dice Rosell, ¿por qué iban a usar cuchillo para comer un bicho tan pequeño? Lo más fácil, como hoy muchos siguen haciendo, era el consumo directo, vamos limpiar los huesos con los dientes para aprovechar al máximo su carne y su grasa. Y lo que sí hay son marcas de esta forma de comer.

 

Este tipo de marcas en el fósil de una paloma indican que su carne fue 'cortada' por un humano. |Scientist Report

Este tipo de marcas en el fósil de una paloma indican que su carne fue ‘cortada’ por un humano neandertal, en Gorham. |Scientist Report

También han encontrado evidencias de que alguna de estas palomas se pusieron al fuego. Los análisis revelan que quizás fueron asadas en barbacoa antes de su consumo, aunque los investigadores no descartan que los huesos se quemaran después de la comida para limpiar ‘la sala’ de basura, o que hubiera un incendio accidental.

Por otro lado, el hecho de que haya capas del yacimiento sin restos de palomas lo atribuyen a que no se conservaron porque estaban muy desmenuzados, a factores socioculturales  (vamos, que dejaron de gustarles o de saber capturarlas) o a que las huellas que dejó su consumo ya no se diferencian de las de otros animales que, como los neandertales, ocuparon la cueva.

Una de tantas fotos de internet, en las que un cazador se vanagloria de sus capturas.

Una de tantas fotos de internet, en las que un cazador se retrata con sus capturas de palomas. Insostenible.

 

Pero ¿Cómo las cazaban? “No había ninguna tecnología para ello y no se sabe con certeza, pero es probable que aprovecharan los periodos de nidadas, cuando los pichones están inmóviles en sus nidos. Aún hoy los cazadores/recolectores San (en el sur de África) los cazan con sigilo de este modo. Puede que pusieran trampas colocando comida como cebo. Pero son hipótesis difíciles de comprobar con los datos actuales. Lo que está claro es que durante mucho tiempo, 40.000 años, las consumieron habitualmente y que era un recurso sostenible”, afirma Rosell, un experto a la hora de detectar comportamientos humanos en los restos de la comida de los humanos del pasado.

Viendo las fotos de los cazadores actuales, con miles de presas bajo sus pies, desde luego muchas más de las que son capaces de comer, surge la pregunta sobre el proceso evolutivo humano en su relación con el resto de las especies…

PD. Este año no excavará en Gorham, pues andan haciendo tareas de acondicionamiento.

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