La abuelita que guardaba un meteorito en un cajón


Rosa Gonzale zPerez, de 94 años, que encontró el meteorito con 11. |CSIC

Rosa Gonzalez Perez, de 94 años, que encontró el meteorito con 11. |CSIC

Ocurrió hace mucho tiempo, 83 años, apenas tres meses después de que España estrenara la Segunda República. Rosa González Perez, de 11 años, era una de tantas niñas del mundo rural español. Aquel día, a las 9.3o de la mañana, su madre le encargó hacer un recado en el centro de su pueblo, Ardón (León) y para allá  se encaminaba la criatura cuando un estruendo en el cielo la paró en seco. Era el mismo que escucharon en Boñar y hasta en Cistierna, como recogerían los periódicos de la época. Delante de ella cayó una pequeña piedra humeante y negra. Aún estaba caliente cuando se la guardó en un bolsillo.

Ahora se ha sabido que es uno de los muchos meteoritos que los investigadores suponen que han caído en nuestro territorio y andan desperdigados por los cajones, acumulando polvo, quizá olvidados.

Hace apenas un año, una familia de Retuerta de Bullaque (Ciudad Real) dieron a conocer a los científicos una roca que guardaban desde hacía décadas, utilizándola para prensar jamones, que resultó ser un meteorito metálico de 100 kilos de peso, como publiqué en este Laboratorio para Sapiens y en El Huffington Post. Ahora, ha sido el sobrino de la anciana de 94 años, Antonio González, es el  que ha ayudado a dar a conocer otro caso, aunque este sea de apenas 5,5 gramos de peso y una condrita ordinaria del tipo L6, mucho más común que el anterior. Fue él quien llamó al Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) por si aquella piedra que guardaba su tía Rosa en una cajita tuviera algún interés científico.

Josep María Trigo-Rodríguez, con el meteorito Ardón. |R.M.T.

Josep María Trigo-Rodríguez, con el meteorito Ardón. |Rosa M. Tristán

El hallazgo fue ayer presentado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por el investigador Josep María Trigo-Rodríguez. “Me contactó su sobrino, que suele ver programas de ciencia y pensó que esa piedra que guardaba su tía podía ser un meteorito. Y lo era”, explicaba el geólogo del Instituto de Ciencias del Espacio.

El meteorito Ardón, como se ha bautizado, no va a revolucionar la ciencia, aunque como todos contiene información muy valiosa de cómo era el Universo  hace 4.575 millones de años. “Pensamos que proviene de la desintegración de un asteoroide llamado Gefion, que se fragmentó hace 26 millones de años y estuvo dando vueltas alrededor del Sol hasta que ese 9 de julio de 1931 cayó en la Tierra, casi en las manos de Rosa”, explicaba el investigador.

Meteorito Ardón. |CSIC

Meteorito Ardón. |CSIC

Para poder caracterizarlo (lo que ha requerido diferentes pruebas en el extranjero y en España), la familia consintió en que cortaran dos láminas finísimas, de micras, una de las cuales ha sido legada al Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde se sumará a los 240 ejemplares de su colección (de 60 tipos diferentes).  Ardón, señalaba Trigo, es interesante porque en su composición hay elementos que también participaron en la formación de nuestro planeta, aunque el asteroide se quedó en el camino de serlo porque no llegó a calentarse lo suficiente en esos turbulentos tiempos del origen del Sistema Solar.

Pero más que interés científico, Trillo destacaba que “se estima que cada año cae un meteorito en España de un kilo“. “¿Cómo es posible que en la segunda mitad del siglo XX no haya registrada ninguna caída?”, se preguntaba. “No me lo creo, por ello pensamos que pueden estar, como éste, en manos privadas y es necesario darlos a conocer para preservarlos y que no caigan en manos del mejor postor”, apuntaba.

Y es que, la ley que defiende el Patrimonio Geológico Nacional desde 2007 no especifica ninguna medida que impida la apropiación privada de los meteoritos o su compra-venta, y ya ha ocurrido que meteoritos caídos en la Península han acabado en instituciones científicas extranjeras, a las que los investigadores de aquí han tenido que pedir o comprar una muestra.

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Cuando pregunté por este asunto, Trillo arremetió contra los responsables gubernamentales: “En su día se elaboró un documento para su protección, pero no hay interés por preservarlos en unas instancias que sólo piensan en recortarnos, en quitar tiempo a la investigación, en limitar la posibilidad de contratar jóvenes válidos que ayuden a divulgar y conocer casos como éste. Yo he estado en Estados Unidos y allí tienen claro su incalculable valor científico, pero aquí hemos tenido que hacer algunos de los análisis fuera porque aquí no tenemos instrumentos para ello”. Toda una exposición de la realidad que vive la ciencia.

En definitiva, la familia de Rosa seguirá custodiando el mini-meteorito en la cajita que la ha acompañado su larga vida, como la familia de Retuerta de Bullaque se quedó en su día con los 100 kilos de material extraterrestre con los que se toparon bajo la cebada.  “Hay que darlos a conocer porque en ellos está la historia de nuestro planeta”, insistía Trillo. Y también, pudiera ser, la propia historia de la vida.

 

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