Las voces de nuestros ancianos sabios


La abuela Margarita, entrevistada por Elena García Quevedo.|@CARLOS PÉREZ MORALES

La abuela Margarita, entrevistada por Elena García Quevedo.|@CARLOS PÉREZ MORALES

ROSA M. TRISTÁN

Pertenezco a esa generación que creció en una gran ciudad, pero cuyas las raíces están bien ancladas en el mundo rural. Una pareja, la de mis padres, nacida y crecida en un pueblo castellano, Fuentenebro (Burgos), que en los años 60 inició la aventura de la migración. Pertenezco pues a esa generación acabó desligándose de la tierra, a veces ocultando ese pasado campesino y pobre tan alejado de la modernidad. No es mi caso. Cuando era cría siempre que tenía ocasión contestaba que era ‘de Fuentenebro’ porque ser de Madrid me resultaba insulso,aburrido, porque donde realmente disfrutaba era en ese pequeño pueblo de la Ribera del Duero en el que pasaba los veranos con mi abuela. Ese lugar donde se iba a por agua a la fuente con un botijo y se montaba en burro.

Por ello, cuando leí el libro de Elena García Quevedo ‘La Voz de los Sabios’ (Editorial Luciérnaga) entendí su mensaje a la primera. Elena es periodista, como yo; ha escrito muchos reportajes sobre ciencia, como yo; y también nació (ella de verdad) en un pequeño municipio burgalés, a escasos kilómetros del ‘mío’. Y sobre todo es una escritora con buena pluma y con una sensibilidad especial hacia ese pasado ‘nada remoto’ que se nos escapa de las manos sin darnos cuenta. Leyendo su libro, no podía dejar de pensar cuántas preguntas hubiera deseado hacer a mis abuelos antes de que no estuvieran, cuántas pequeñas historias de esas que nos ligan a la tierra, y a la Tierra, hecho de menos sin conocerlas siquiera, y sin que sea posible recuperarlas.

Elena García Quevedo.|@ROSA M. TRISTÁN

Elena García Quevedo.|@ROSA M. TRISTÁN

Afortunadamente, Elena ha sido más lista, y en este libro nos hace una esmerada selección de casi una treintena de  ‘abuelos sabios’ que conservan esa sabiduría sobre la naturaleza y la vida labrada a golpes de la experiencia, vidas que nacieron en un mundo muy distinto al nuestro, donde la transmisión era oral porque, como ella dice, existía el tiempo.

Hace unas semanas, para el periódico semanal ESCUELA, le hice esta entrevista que ahora comparto:

ELENA GARCÍA QUEVEDO

“Los abuelos tienen una memoria de la tierra que nadie más posee”

“Se está muriendo una generación sabia, la última anterior a la tecnología”

“Hace dos generaciones que olvidamos la transmisión de la sabiduría de los mayores”. Quien así habla es la escritora y periodista Elena García Quevedo. Acaba de publica ‘La voz de los sabios’ (Editorial Luciérnaga), una obra de varios años en la que recoge una veintena de entrevistas a esos abuelos que nos enraízan con la tierra, y que han ido perdiendo protagonismo en una sociedad donde la juventud es un valor en alza.  García Quevedo es autora también de ‘Viajes que despertaron mis cinco sentidos’, un recorrido por cinco territorios con raíces matriarcales.

¿Cómo surgió ese afán en recoger testimonios de ancianos sabios?

Viene de antes, pero comenzó a tomar forma cuando regresé a España, después de ser corresponsal en Oriente Medio, en Israel e Irak. Eran países con graves conflictos. Volví con el olor de la mantanza de Yenín grabado en los poros de la piel y con las crueles imágenes que ví en Irak.  Las emociones de las personas que conocí entraron en mis venas. Entonces algo cambió en mi forma de reflejar los hechos: empecé a escribir desde el otro lado, el suyo.  En realidad, desde mucho antes siempre que escribía un reportaje quería recoger el testimonio de los mayores.  Ahora, en este libro, recojo testimonios de ancianos que lo han pasado mal, que vivieron la guerra y tuvieron que buscar a sus familiares entre los muertos, pero lo han procesado y de ahí ha salido su sabiduría.

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¿Qué destacaría de todo lo que pueden aportar?

Que tienen una memoria de la tierra que no tiene nadie más. Poseen el hilo que une el tiempo y que se está rompiendo. Con muchos de los que hablé, ni sus hijos ni sus nietos habían sentido interés por mantener su conocimiento ancestral que ellos podían transmitirles. Muchos sabían que no les sobreviviría, y por ello comencé a entrevistarles. Otro detonante fue la muerte de Piedad Isla, una fotógrafa de 80 años, que vivía en un pueblo de Palencia. Durante años retrató la vida de su tierra con su cámara y recogió aperos y utensilios que ya no se usaban. Murió cuando aún teníamos una conversación pendiente. Eso me hizo aún más consciente de que estaba muriendo la última generación que vivió sin tecnología.

¿Esa ruptura generacional puede recomponerse?
Soy optimista, porque me he encontrado algunos jóvenes que si van a escucharles, que quieren aprender, pero son pequeños oasis en este mundo consumista, donde priman valores que son como ‘la cueva de Platón’, el  ‘tanto tienes, tanto vales’; y ahí estos ancianos sabios tienen poco que decir. Y no hay tiempo para escucharles. La forma que tenían de transmitir sus saberes tiene mucho que ver con tener tiempos muertos para la transmisión oral, que es la que va tejiendo la memoria, pero ahora todo va demasiado deprisa. Ni siquiera los hay en los pueblos pequeños. En una pequeña escuela de Perú, un ‘mamo’, un chamán consejero, se quejaba ante el maestro de lo mismo. Y  esos tiempos muertos que quedan se llenan demasiado con la televisión.

Volver al pasado, sin televisión por ejemplo, ¿es posible y recomendable?

No, no se trata de eso, no hay que apagar la televisión, sino que hay que cambiar lo que transmite. Si niños y mayores pensamos que la felicidad es comprar, el éxito, la eterna juventud, algo va mal. Educamos a los niños en valores donde lo que saben los abuelos no cuentan, y llevamos así las tres ´últimas generaciones. Es más, se ha dado mucho poder a quienes esculpen las mentes, cuando la paz y la energía nos viene de la tierra. Por ello, hay que abrir la puerta de conexión con ella, y ahí están los mayores.

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En el fondo está la educación ¿cómo articular esa conexión en un sistema educativo como el actual?

Creo que a los niños les puede cambiar la vida si acercamos a los abuelos a las aulas.  Abuelos de los que puedan aprender, claro, y creo también que en ello pueden ayudar las nuevas tecnologías. Los ancianos están ahí para contar sus experiencias vitales, y tienen tiempo para hacerlo. Es cuestión de querer.

¿Qué valores podrían adquirir los niños de ese pasado?

Tienen mucho que aprender. Sobre todo, lo importante que es creer en uno mismo para salir adelante, o cómo sobreponerse a las dificultades. Cualquier anciano tiene cosas que contar, aunque todos son conscientes de ello. Algunos están como dormidos. En mi libro, he buscado a los más despiertos, a pequeños héroes que  han ido superándose y han encontrado una dirección clara en su vida. Eso es un aprendizaje. Y también lo es la cooperación, la ayuda mutua, la perseverancia.

Agustín, el campesino que entrevista, es un buen ejemplo de perseverancia.

Cierto.  A los 80 años, después de pasar mucho tiempo cuidando una huerta, que mimaba, se la tiraron. Pero eso no le hundió. Se fue a otro lugar y sigue peleando por otra nueva. De él aprendí mucho, de la importancia de la biodiversidad, de que para hacer algo en la vida hay que tener una base sólida e ir poco a poco, como las plantas.

Vivimos momentos de crisis ¿Cómo lo ven los mayores?

Son conscientes de que nos estamos separando de las raíces, pero a la vez es un momento interesante, de cambio, en el que todos podemos hacer algo. Y ellos también. Tener su memoria presente nos puede ayudar porque una crisis no es el fin del mundo y hay costumbres que anteriores a la era tecnológica que eran válidas. Ahora ya hay jóvenes que están volviendo al campo, pero no como antes, sino con los avances tecnológicos actuales porque no se trata de ir hacia atrás, sino de fluir con nuestro tiempo.

Eso me recuerda el caso de la alemana Marianne, otra entrevistada, que vive en un pueblo de Granada donde ahora es una institución y ha innovado mucho por allí. .

Si, Marianne comenzó poco a poco. Puso una semilla y se ha ido extendiendo. Al principio en el pueblo pensaban que estaba loca, porque no cultivaba como los demás, lo hacía de forma ecológica; ahora son muchos los que la siguen. Y como ella, hay otros. A algunos los busqué, fui preguntando aquí y allá hasta dar con ellos. En otros casos, me llevaron hasta sus hogares. Entrevisté a José Luis Sampedro, poco antes de morir, al hilo de un documental llamado ‘Generación Perdida’, precisamente sobre la situación de la juventud debido a la crisis. En el caso del Consejo de las 13 Abuelas Indígenas, fui  su encuentro.

Mariana, una abuela 'sabia' que vive en La Alpujarra (Granada). |@ELENA GARCÍA QUEVEDO

Mariana, una abuela ‘sabia’ que vive en La Alpujarra (Granada). |@ELENA GARCÍA QUEVEDO

Hay ancianos de Israel, América Latina, Egipto, pueblos españoles… ¿No hay claves culturales muy diferentes?

Hay culturas diferentes pero la raíz de la que parten es la misma, quizás porque lo que yo buscaba era personas que me hablaran de la ligazón con la tierra. Y en eso, no hay una gran diferencia entre lo que me contaron los campesinos arhuacos de Perú y mi abuelo, que también era agricultor. Hablan de la biodiversidad, del equilibrio que se está rompiendo. Hay gente aquí que son auténticas bibliotecas y cada uno que se muere es como un incendio. Pero este libro es la primera parte de un proyecto más ambicioso, hacer un documental-película sobre los abuelos de nuestra tierra. Ahora estoy llamando a puertas para que salga adelante y ayudar a que el hilo con el pasado se mantenga.

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