El día que conocí a Nelson Mandela…


EL DÍA QUE CONOCÍ A NELSON MANDELA

Ocurrió hace muchos años, 22 nada menos. Entonces me iniciaba en esto del periodismo. En el periódico donde trabajaba, EL MUNDO, me enviaron al Hotel Reina Victoria, en el centro de la capital. Allí iba a estar Nelson Mandela, el hombre que había pasado 27 años en la cárcel porque no aceptaba que negros y blancos no somos lo mismo, no tenemos derecho a una misma vida digna. Apenas llevaba un año fuera de los barrotes.

No he logrado recuperar la noticia que escribí aquel día, en la era pre-digital, pero tengo bien grabado que nada más entrar en este hotel de lujo, una multitud africana, algunos con sus mejores galas al estilo occidental, otros según sus países de origen, trataban de acercarse a ese hombre espigado, bien trajeado pero muy envejecido, para tocarle, para sentir su calor y cerciorarse que estaba allí, a su lado. Entonces aún era extraño ver inmigrantes subsaharianos en España, apenas comenzaba su huida de la miseria hacia Europa. Pero los que había allí estaban, emocionados, llorando a lágrima viva de alegría porque le veían libre. Y yo, que en esa marabunta de emociones trataba de mantener mi ‘profesionalidad’, indagar con mis preguntas a unos y otros por sentimientos que eran evidentes, me sentí arrastrada por ese oleaje de humanidad que despedía Mandela, porque no evitó a su gente sino que fue a su encuentro, porque intentó tener unas palabras para todos y daba manos a diestro y siniestro, porque evitó a los guardas que trabajaban para protegerle. Y también lloré.

Mandela, en 1991, 'Honoris causa' en Valencia.

Mandela, en 1991, ‘Honoris causa’ en Valencia.

Veinte años después viajé a su país, Sudáfrica. Hace dos ahora. Me encontré una sociedad que sigue estando dividida con un ‘apartheid’ económico que no pudo eliminar Mandela en sus años de Gobierno. Blancos y negros en dos mundos paralelos, el de los ricos y el de los pobres. Dos universos unidos por la fina cadena de un hombre que ya entonces estaba enfermo; unos y otros temerosos de que su desaparición, que ya ha ocurrido, abriera de nuevo grietas que no han terminado de cerrarse y que la crisis económica ha azuzado aún más: los negros porque, pese a las mejoras, aún siguen viviendo en la miseria en un país rico en recursos, carentes de muchos servicios elementales; los blancos, porque también se estaban empobreciendo (aunque aún el 90% de las tierras está en sus manos) y denunciaban a una ‘élite’ negra corrupta e incapaz de gestionar bien esa riqueza natural. Me encontré colegios donde la división de razas sigue siendo una constante, perpetuando un modelo que Mandela eliminó de las leyes.

Colegio de blancos y de negros, visitando la fortaleza de Ciudad del Cabo en 2011 . |Rosa M. Tristán

Colegio de blancos y de negros, visitando la fortaleza de Ciudad del Cabo en 2011 . |Rosa M. Tristán

En ese caldo de cultivo, supe que surgían ya entonces nuevas figuras dentro de su partido, el Congreso Nacional Africano, mucho menos conciliadoras que las de Madiba, como Julius Malema, un extremista de la élite adinerada que no augura un futuro tranquilo para Sudáfrica. Regresé con la convicción de que el día que Mandela desapareciera, un negro nubarrón se instalaría sobre la hermosura de esa tierra, en la que los primeros ‘sapiens’ inventaron la belleza del arte.

Isla de Robben. Allí está la cárcel donde Mandela estuvo 27 años.| R.M.T.

Isla de Robben. Allí está la cárcel donde Mandela estuvo 27 años.| R.M.T.

En España, en esos 20 años cambiaron también mucho las cosas. Decenas de miles de africanos se jugaron, y se juegan, la vida por traspasar nuestras fronteras, entonces de opulencia, hoy de decadencia social, política, económica.
En el pasado les recibíamos medio ahogados en  playas a las que llegaban en pateras, hoy les evitamos con cuchillas que les abren las carnes, heridas que no podrán curar porque les negamos el derecho a una atención médica gratuita. Vivimos tiempos en los que no está permitida la emigración humana que nos permitió colonizar el mundo desde la tierra africana.

Conocí la noticia de la muerte de Mandela mientras cenaba con unos amigos, todos periodistas, todos colegas. Desde ese momento, aquella imagen de hace 20 años, color sepia ya en mi memoria, regresa una y otra vez. Me hace sentir afortunada por haberle tenido cerca. Es un recuerdo que quiero mantener limpio.

Así que absténgansen políticos corruptos, ministros de medio pelo que ‘recortan’ libertades, empresarios explotadores, tertulianos manipuladores, antirrevolucionarios, racistas y xenófobos…Defensores de las ‘mayorías que se quedan en casa’, de los que no pelean por lo que creen justo y no se arriesgan a ser detenidos por ello…. Absténganse de ‘ensuciar’ el nombre de Madiba con sus alabanzas. No se las merece.

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