Surcando mares con Greenpeace, una aventura


A punto de partir con el Artic Sunrise, de Dénia. R:M.T.

A punto de partir con el Artic Sunrise, de Dénia. R:M.T.

ROSA M. TRISTÁN

La costa es ya una nebulosa en el horizonte. Vuelan pardelas a ras del agua. Navego desde el puerto de Dénia (Valencia) en el Arctic Sunrise, el barco que Greenpeace ‘recicló’ de cazador de focas a rompehielos ‘verde’, activista del arco iris. Poco antes del desatraque, los nuevos a bordo recibimos una ‘clase’ sobre emergencias e incluso tuvimos un simulacro de naufragio. El capitán, el argentino Daniel Rizzotti, no quiere cabos sueltos.

Viajar a bordo de un barco de Greenpeace es una aventura. Pero organizada. En total, 27 personas a bordo, entre tripulación y personal de la organización, todos volcados en la campaña por una pesca artesanal sostenible. Aquí no hay pasajeros de primera, aunque unos tienen trabajos más duros. Como mi compañera de camarote, Fernanda, con horarios de guardias noctunas, necesarias pero agotadoras. El mío es muy fácil: limpiar pasillos con una fregona, que por cierto pocos aquí saben que es un invento español.

Desde que embarqué, no he parado un momento. Es curioso cómo horas se convierten en días. Atrás queda la emoción de ver llegar el Arctic Sunrise a Dénia desde Barcelona, subir a bordo y recorrer sus vericuetos de la mano de sus tripulantes. Ahora ya me manejo por los estrechos pasillos y las empinadas escaleras, aunque el primer día no era raro que abriera un armario en lugar de una puerta, que tropezara con un saliente imprevisto, o que se me saliera a cubierta por donde menos pensaba.

La primera tarde el barco estuvo lleno de gente. Una larga cola se quemaba al sol por la emoción de subir al barco de Greenpeace (más de 800). Muchos, escolares, pero también familias enteras. Y un poco más tarde, la bodega se llenó de pescadores y políticos, convocados para hablar de problemas de la pesca artesanal y soluciones.

Ese es el objetivo de un viaje que el Arctic Sunrise inició en Rumanía: hacer visibles a esas pequeñas empresas, las de los patrones de barcos que siguen pescando con trasmallo, con nasas o con palangres. Miles de familias que pescan ‘rico’ pero poco, y eso no les da votos en las cofradías, donde aseguran que les ningunean frente a los grandes, así que no logran ayudas ni cuotas de pesca, como me contaba Salvatore, un pescador italiano que salió huyendo de la mafia y al que acompañé a su pequeño barco de pesca con palangre antes de la salida.

Ya en alta mar, el capitán puso rumbo al sur, siempre con el horizonte a la derecha, por donde van desfilando acantilados, playas, montañas que parecen ‘carcomidas’ por las canteras, rascacielos que recuerdan que hay más de un Benidorm… Y por la izquierda, cargueros mastodónticos llenos de contenedores que van y vienen moviendo alimentos, ropas, coches y hasta patitos de goma; y grandes trasatlánticos cargados de turistas, que Thilo, el responsable alemán de la campaña, llama hoteles-flotantes; también algún que otro pesquero pequeño.

Entre unas cosa y otras, conexión con Reserva Natural, en RNE5, para contar estas y muchas otras en el programa que dirige Josefina Maestre, con intervención del capitan y Celia Ojeda, responsable de la campaña por la pesca artesanal sostenible de la ONG, que cuando escribo ya puede estar en la web.

Y desde entonces, poco a poco se va instalando la rutina en el ‘Arctic Sunrise’, pero es frágil: unos delfines avistados junto al barco, una barbacoa en cubierta, unas cervezas al atardecer, una charla con una joven que durante años trabajó en un barco arrastrero y ahora es una activista ‘bien informada’ de lo que se destroza. Nunca se sabe qué puede pasar.

Hoy Íbamos a bajar en Cabo de Gata, para hablar con algunos pescadores que esperaban el barco, pero las autoridades no lo han permitido. Obligaban a dar un rodeo de ocho horas para llegar a un punto que teníamos al lado. ¿Acaso temían una acción sorpresa, de esas que Greenpeace lanza de vez en cuando, por la aprobación de la Ley de Costas en el Congreso, precisamente hoy? No se sabe. Pero metieron la pata, la montaron en el Congreso de los Diputados.

Seguiremos informando. De momento calma chicha a bordo…..

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  1. Pingback: El sueño de Fernanda, y la pesadilla de Greenpeace en Siberia | Laboratorio para Sapiens

  2. Supongo que el rodeo que os han hecho dar las autoridades es para cumplir con el dispositivo de separación de tráfico de Cabo de Gata (http://bit.ly/13kRFZG). Todos los buques de más de 20 metros de eslora (como supongo que es el Artic Sunrise) deben cumplirlo. Aparte de ordenar el tráfico para una mayor seguridad, evita que los barcos se acerquen demasiado a Cabo de Gata en su ruta.

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  3. Rosa, un saludo de este que estuvo durante años disfrutando y trabajando duro a bordo de esos barquitos de Greenpeace … y que hoy baila contigo en Tabacalera 🙂
    Juanfe

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  4. Rosita: disfruta de tu experiencia y cuéntanos a los de tierra adentro todas las tropelías que ocurren antes de que el pescaíto llegue a nuestro plato. Desgraciadamente son muchos más los que trabajan para taparlas. Saludos a todos los de Greenpeace y felicitaciones por su acción de hoy en el Congreso y un beso grande para tí.

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  5. 27 personas a bordo…. y yo os acompaño con la mente y con todo mi apoyo.
    ¡Que sigan haciendo acciones necesarias!! Abrazos a toda la tripulación!
    Renata

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