El laboratorio teatral de José Sanchís Sinisterra


ROSA M. TRISTÁN

José Sanchis Sinisterra, en Lavapiés. |Rosa M. Tristán

José Sanchis Sinisterra, en Lavapiés. |Rosa M. Tristán

José Sanchís Sinisterra es un maestro. No sólo en la amplia acepción de la palabra. También en la más pequeña, porque durante muchos años ejerció de docente en institutos de Secundaria y en la Universidad. Hoy no ha perdido esa vocación y sigue empeñado en que el teatro sea, además de entretenimiento, un lugar al que acudir a aprender sobre la vida, a ampliar nuestros conocimientos sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea.

En su Nuevo Teatro Fronterizo, un espacio de experimentación y creatividad en el barrio castizo, multicultural y luchador que es Lavapiés, trabaja ahora en la puesta en escena de una obra en la que Ciencia y Teatro se dan la mano, a través de la historia de tres mujeres científicas. “El teatro no puede vivir de espaldas a la ciencia”, me dice en el transcurso de una entrevista publicada en el periódico ESCUELA.

Y no hay mejor prueba de ello que el ‘laboratorio’  que ha creado en el centro de Madrid. Allí se parte de hipótesis de trabajo, se entremezclan ideas, se experimenta con el público que acude como ‘conejillos de indias’ a disfrutar de sus balbucientes creaciones; luego, a los ‘conejillos’ se les pide que expresen qué ‘efectos secundarios’ han tenido y, en función de ellos, se cambian la dosis de ésto y aquello: un poco más de drama, un poco menos de agresividad contenida, falta pasión o sobra soberbia.

En este laboratorio teatral preparan ahora un ‘fármaco’ especial para los adolescentes. Su objetivo: lograr que en su cabeza se mantenga viva esa ‘conexión neuronal’ que les lleve a las salas de teatro, que les empuje a disfrutar del espectáculo y a la vez les ayude a ponerse en la piel de un personaje en el que se vean reflejados. El nombre comercial: ADOLESCER. Y espero verlo pronto en el escaparate escénico de muchos centros de enseñanza.

De esto y muchas cosas más me habló en la entrevista que ahora comparto con vosotros.

Entrevista ESCUELA

Entrevista José Sanchis Sinisterra

Entrevista José Sanchis Sinisterra

DIRECTOR y AUTOR TEATRAL. PREMIO NACIONAL DE TEATRO.. y muchos otros más

JOSÉ SANCHÍS SINISTERRA

“Mi identidad tiene tres mundos entrelazados: la creación, que se manifiesta en la  escritura y la puesta en escena, el impuso de proyectos alternativos y la pedagogía. Son tres áreas de mi vida que se cruzan continuamente”. José Sanchís Sinisterra nunca ha dejado de ser docente. El dramaturgo valenciano, de los más reconocidos en el panorama español (Premio Nacional de Teatro, Premio Federico García Lorca y tres premios Max como mejor autor en castellano, entre otro muchos) se encuentra desde hace unos años embarcado y navegando en el Nuevo Teatro Fronterizo, un mundo de creación y experimentación teatral que es la vez escuela y laboratorio en el barrio más multicultural de Madrid: Lavapiés. De allí ha salido una propuesta innovadora: ‘Adolescer’, proyecto dirigido a ese público olvidado que son los adolescentes. Durante años, Sanchís Sinisterra fue profesor en institutos de Teruel y Sabadell. Aún no ha echado el telón.

¿Su vocación educativa fue anterior a la teatral?

Creo que la educativa me vino en los genes. Mi madre fue maestra, aunque ejerció poco, y mi padre era catedrático de Matemáticas con la República. El Franquismo le quitó la cátedra, pero siguió dando clases. Y me contagiaba su entusiasmo, así que lo pedagógico formaba parte de mi ecosistema. Empecé a estudiar Filosofía, pero no me gustaba la que se daba entonces y me decanté por la Literatura. En  años 70 fundé el aula de teatro en la Universidad y cuando acabé empecé a enseñar literatura. De hecho, yo he podido hacer el teatro que he querido porque tenía un sueldo como profesor, modesto pero fijo. Más adelante gané una cátedra de instituto y me fui a Teruel, donde conocí a José Antonio Labordeta. Luego, me llamaron del Instituto de Teatro de Barcelona y me trasladé a un centro de Bachillerato de Sabadelll, hasta que en el año 85 pedí la excedencia.

¿Qué recuerda de aquellos años? ¿Les aplicaba técnicas de teatro?

Pues sí, y técnicas de creatividad literaria. Por ejemplo, les encargaba que me relataran lo que hacían un fin de semana desde el punto de vista de un narrador ajeno, porque aprendían Literatura sin necesidad de aprenderse de memoria listas de autores y libros. Pero yo creo que el factor fundamental de la actividad pedagógica es el contagio. Siempre he intentado transmitir mi pasión por la literatura y el teatro como una infección. Es un placer investigar, descubrir e intentar mostrar a los alumnos la pasión por lo que se enseña. Esa es mi metodología, incluso en los cursos de dramaturgia que doy ahora.

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¿Alguno de sus alumnos de enseñanza media terminó haciendo creación literaria?

Si. Todavía me encuentro alguno que sigue escribiendo. Pero sobre todo, tanto en Teruel como en Sabadell, di un impulso al teatro como actividad extraescolar, porque estoy convencido de que es una herramienta muy útil para organizar la vida emocional, la percepción de la realidad. El teatro infantil se borra con la turbulencia hormonal. Pero en la adolescencia, un periodo muy conflictivo,  el teatro ayuda a organizar cuestiones como la percepción de la imagen del cuerpo, porque hay que mostrarlo en escena; el conocimiento de lo diferente, al estudiar otros personajes; y el desarrollo del trabajo en equipo en un momento de tensión entre la identidad singular de quién soy yo y la pertenencia a una pandilla. El teatro permite realizar experimentos imaginarios a través de la acción. Además, ayuda a adquirir visiones del mundo, a tomar posición ante problemas sociales y políticos.

Sin embargo, en España no existe teatro para adolescentes.

Cierto. Lo hay, y muy potente, en Francia, Alemania, Italia, en los países nórdicos, en América Latina. Pero aquí sólo tenemos infantil y adulto. Por ello, un proyecto del Nuevo Teatro Fronterizo es producir textos para actores y públicos adolescentes. Que los institutos lleven a los chavales al teatro clásico, está bien, pero a veces no vuelven porque son obras montadas para otro público. En el ‘Proyecto Adolescer’ queremos convocar a pedagogos, psicólogos y adolescentes a encuentros con los autores teatrales para que éstos últimos tengan una puesta al día de lo que supone tener hoy 16 años. Ese equipo de autores, asesorados, editarán libretos con un cuaderno pedagógico y un manual de instrucciones para el montaje. Luego se distribuirán en el medio centenar de institutos que tienen Bachillerato en Artes Escénicas, que ahora mutilan textos para adaptarlos a los alumnos, y también en otros centros escolares, agrupaciones de teatro amateur, centros culturales…

¿Y en qué fase está el proyecto? ¿Hay interés en las editoriales?

Algunas están interesadas. Yo creo que es un ámbito con futuro, entre la Pedagogía y las Artes Escénicas. Según las obras, incluso  docentes de materias como Historia o Filosofía podrían participar. Y no se trata de hacer textos moralizadores, si no de que actores y público adolescentes debatan temas que les incumben. Ahora hay dos editoriales con interés. También La Caixa podría financiarlo, aunque propone convocar un concurso abierto y yo lo que quiero es reunir autores determinados y darles una lista de 15 géneros teatrales (cómico, ciencia-ficción, multimedia, realista, etcétera) para que cada uno elija. Eso no se puede controlar en una convocatoria abierta. Así que estamos en fase de puesta en marcha y negociación, pero saldrá adelante.

¿Cree que el teatro tiene el papel que le corresponde en los centros educativos?

No lo tiene, o no lo tenía antes. Cuando yo hacía teatro en los institutos, los colegas de otras asignaturas lo percibían como un actividad de la farándula, incluso ‘peligrosa’ porque moviliza en el joven lo contrario a la domesticación. Creo que habría que mentalizar al claustro de que es una actividad integradora en la que se pueden tratar temas de cualquier tipo: ecológicos, históricos, de sexualidad. Incluso muchos de los que se estudian en Educación para Ciudadanía.

A lo mejor los docentes también necesitan aprender técnicas de dramaturgia.

Yo las uso. Y a los docentes les ayudaría mucho aprender sobre expresión corporal, que adquirieran la capacidad de captar la atención con técnicas que usan los actores, saber cómo crear y hacer crecer el interés en el transcurso de la clase, cómo dosificarlo. La realidad es que hay muchos que no saben llegar a sus alumnos  y si los políticos reciben estas clases ¿por qué no ellos?

Visto el panorama, en el futuro ¿Tendrán público los teatros?

Los altos responsables no tienen sensibilidad para estos asuntos. Las iniciativas impulsadas desde el Nuevo Teatro Fronterizo para fomentarlo nunca las han percibido como una necesidad. Y beneficiarían al teatro en su conjunto, porque no sólo sería educativo, sino que los alumnos que tienen experiencias teatrales se sienten más inclinados a ir a las salas cuando son adultos.

¿Por qué eligió Lavapiés para abrir este centro de teatro?

La elección tiene que ver con la característica de este teatro de asumir el fenómeno de la multiculturalidad. Ahora estamos preparando la obra ‘África Si’ con  inmigrantes, un espectáculo en el que los presentamos como sujetos con una rica cultura, no como náufragos y víctimas. También tenemos un proyecto relacionado con la visibilidad de la mujer. Se llama ‘Pioneras de la Ciencia en España’. Ahí hemos reunido a cinco autoras que están escribiendo un texto colectivo en torno a cinco investigadoras de comienzos del siglo XX que intentaron abrirse un camino en la ciencia, férreamente masculina, y tuvieron que exiliarse. Lo presentaremos en La Casa Encendida, en Madrid. Y también quiero poner en marcha una iniciativa sobre Teatro y Ciencia, con Jorge Wagenswerg de CosmoCaixa. Yo he estudiado física cuántica y la teoría del caos y me sirven para organizar la dramaturgia. Incluso hay una estética fractal. Un creador contemporáneo no puede estar al margen de la ciencia porque es ella quien está cambiando la concepción del ser humano, no la filosofía. Como verá, en general éste es un proyecto utópico que quiere sacar al teatro del público pequeño-burgués y de los cuatro temas de siempre. Hay que ensanchar horizontes.

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