Hallan el ‘cementerio’ de la dinastía del príncipe Ahmose


Shabti del ajuar funerario de Ahhotep|CSIC

Shabti del ajuar funerario de Ahhotep|CSIC

ROSA M. TRISTÁN

Salieron rumbo a Luxor esperando encontrar la tumba del príncipe Ahmose, pero han regresado con los restos de una dinastía: los enterramientos de los nobles y personajes reales de la Dinastía XVII, que fue enterrada en la colina de Dra Abu El Nagha hace 3.500 años, justo detrás de la cual se esconde el Sol que sale entre las columnas del gran templo, al otro lado del Nilo. Se trata del equipo del Proyecto Djehuty (CSIC), que dirigido por José Manuel Galán ha vuelto a rescatar fascinantes tesoros del pasado.

 

Galán, que estaba solo en la presentación en el CSIC de sus resultados (recuerdo que otras veces le acompañaba el presidente del Consejo, e incluso algún ministro, o ministra), explicó las sorpresas que escondía la pequeña capilla de adobe que en la campaña pasada tuve la suerte de ver salir a la luz, los últimos días de mi estancia con el equipo, como publiqué en EL MUNDO.

La autora con José Manuel Galán,al fondo la excavación, en 2012

La autora con José Manuel Galán,al fondo la excavación, en 2012

Antes de partir para Luxor, en enero, Galán me contaba que esperaban encontrar allí la tumba del príncipe Ahmose, de la Dinastía XVII, la anterior a la del noble escriba Djehuty, que es su vecino. Algunas figurillas funerarias (shabti) con su nombre inscrito así lo presagiaban. Pero la arqueología es un arte incierto, hasta que no se tienen las piezas del puzzle, así que no encontraron su momia, pero sí nuevos shabti (ya tienen ocho) y linos(cuatro en total) donde figuraba su nombre completo: Ahmose Sapair.

UN PRÍNCIPE ESQUIVO

Este príncipe, un heredero de finales de esa dinastía que murió siendo un niño, durante 300 años se consideró un santo en la necrópolis y recibió ofrendas como los reyes, rituales que podrían tener relación con los miles de fragmentos de cerámica que, un poco más arriba de la capilla, ya salieron a la luz en 2012. ¿Y su tumba? “No se ha localizado. Por registros antiguos, sabemos que en el año 1.000 antes de Cristo estaba intacta. Ahora, tenemos argumentos para pensar que está en esta zona”, apunta el investigador español.

Sin embargo, algo inesperado salió junto a la capilla: el sorprendente ataúd de un niño de unos cuatro años la misma época (3.550 años), que había sido puesto de lado (sujeto con piedras). ¿La razón? Pretendían que su espalda diera con el suelo, como marcaban los cánones, dado que habían tenido que meter el cuerpo de lado al ser la caja muy pequeña. Paradojas del destino, al final por un error acabó boca abajo, y así ha pasado la momia varios milenios. Pero ¿Quién era ese personaje? “Sería hijo de algún dignatario, pero no lo sabemos. Lo curioso es que la momia está en perfecto estado, aunque por dentro ha corrido el agua”, explica el egiptólogo mientras va pasando en una pantalla imágenes de la criatura, radiografías incluidas.

Shabti momificado del ajuar funerario de Ahhotep.

Shabti momificado del ajuar funerario de Ahhotep. CSIC

OTRO PRÍNCIPE EN LA COLINA

Pero lo que no esperaban era encontrar el rastro de otro príncipe!, el príncipe Intefmose, también de la Dinastía XVII. No la tumba, pero si tres inscripciones y un obelisco de caliza roto en el que hay un retrato suyo,  caído en lo que debió ser otra capilla. “Es un personaje muy desconocido, del que sólo había unas figurillas en dos museos”, afirma Galán.

Y menos aún sospechaban que esa pequeña capilla ocultaba otra cámara sepulcral. Me imagino a Ibrahim, uno de los 120 trabajadores egipcios del Proyecto Djehuty, eufórico, con la sonrisa brillando sobre el rostro de polvo, cuando sus manos dieron con una sandalia, y un poco más allá unos linos con dibujos, y pequeños sacos de lino con natrón, y al final nuevos shabtis decorados. ¿A quién podía pertenecer aquello? “Aquella tumba perteneció a un alto dignatario llamado Ahhotep, el portavoz de una región importante, Nején, al sur de Egipto. Y las tres figurillas son una joya. La envidia de la conservadora del Museo Metropolitan de Nueva York, que las pudo ver en una visita”.

Se palpa el entusiasmo de Galán cuando habla de estos pequeños objetos de arte faraónico. “Son de un momento en el que las autonomías tenían mucho poder y cada artista tenía su estilo, por eso son tan originales, diferentes a las otras que tenemos”.

UNA NECRÓPOLIS REAL

No deja de ser curioso que toda esta riqueza arqueológica se conservara en tan buen estado por haber permanecido oculta bajo los cimientos de un poblado que fue desmantelado hace un par de años, lo que permitió ampliar el área de excavación del proyecto. Ahora, reconoce Galán, “todo hacer pensar que debajo estaba la necrópolis de la familia real de la Dinastía XVII y sospechamos que hallaremos más tumbas grabadas como las de Djehuty y Hery cuando nos acerquemos a la zona rocosa, porque esta colina fue el cementerio de familias reales y es un lugar donde no hemos encontrado nada posterior (grecorromano copto o islámico) lo que es una buena señal”.

El capataz Farouk, junto a Galán en la excavación. |Rosa M. Tristán

El capataz Farouk, junto a Galán en la excavación. |Rosa M. Tristán

Cuando se le pregunta por el futuro, en un lugar con trabajo de excavación para 100 años, Galán se muestra optimista. Y es casi otro tesoro encontrar un científico lo sea en estos tiempos turbulentos para la ciencia. Bien es verdad que en su caso se debe a que buscó y encontró financiación privada, de la empresa Unión Fenosa Gas. Es esta compañía, con intereses comerciales en Egipto, la que pone los 150.000 euros anuales que hacen posible la campaña y el pago de dos contratos, además de la compra de material. Esperemos que este año renueven el convenio.

El proyecto también recibe una ayuda del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, pero ese dinero público no daría para casi nada, desde luego no para que casi 20 españoles se desplazaran a Luxor durante cuatro o cinco semanas, para contratar a 120 egipcios y para contar con expertos internacionales.

Ojalá les dure esa ayuda, si no 100 años, al menos lo suficientes para que Ahmose y otros muchos secretos que oculta la colina vean el Nilo.

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