Nuestros parientes siberianos de piel oscura


Esta semana la revista  ‘Science’  nos descubre algunos secretos de una especie humana, ya extinta, que era desconocida para la humanidad hasta hace un par de años. Son los denisovanos, cuyos pocos restos se encontraron en Siberia, en la cueva Denisova, en concreto la falange de un dedo y una muela.

Cueva de Denisova, donde se encontraron los restos. |Science

Cueva de Denisova, donde se encontraron los restos. |Science

Con tan poco material, poco puede saberse de su aspecto externo, aunque la recuperación de ADN en sus tejidos (hasta un 70% en la falange) ha permitido conocer detalles inimaginables hace pocos años.

Hoy sabemos que era una mujer, que tenía la piel muy oscura (¿negra’) y un cabello tan castaño como sus ojos. Sabemos que vivió hace unos 80.000 años y que estaba muy emparentada con los neandertales, que por entonces habitaban Europa y con los que puede compartir un mismo origen, incluso se ha descubierto que tenían problemas con el lenguaje y que se cruzaron con las poblaciones de humanos que vivían en Asia (se han hallado restos de su ADN en los papùes). Poco más, de momento…

Los denisovanos desaparecieron, sin dejar prácticamente ninguna huella física. Menos incluso que los pequeños ‘hobbit’ (‘Homo floresiensis’) de la isla indonesia de Flores, de los que sólo se han encontrado unos pocos huesos. Los expertos del instituto Max Planck de Alemania, dirigidos por Svante Pääbo, al que conocí durante su última visita a España, aseguran que su diversidad genética era muy poca  y también era escasa su población, aunque se extendió por un gran territorio. Es algo que recuerda mucho a lo que hoy pasa con muchas especies animales.

Así, después de cientos de miles de años de evolución, de las cuatro especies humanas que llegaron a compartir el planeta durante decenas de miles de años, sólo quedamos nosotros, los ‘Homo sapiens’, empeñados en la tarea de convertirnos, además, en la única especie, no ya humana, sino animal, de la Tierra, tal es el ritmo de depredación que hemos logrado.

Tan conscientes de ello somos que nuestro cerebro de kilo y medio ha ideado un banco mundial de semillas, bajo los hielos de la isla de Svalbard, con el fin de preservar la flora, y por tanto los alimentos vegetales que ponemos en riesgo. Pero ¿y los animales que no podemos congelar? Hay quien confia plenamente en la reproducción asistida o la clonación, aunque nunca esos animales podrían ser iguales a los que hoy están en riesgo de desaparecer, algunos con tan poca o menos diversidad genética que la que tuvieron aquellos humanos denisovanos que son un misterio.

Que tuvieran la piel oscura, además, indica que, al igual que nuestra especie, durante decenas de miles de años conservaron el rasgo que todo indica que tuvimos en África y que acabamos por perder al alejarnos del trópico. No viene mal recordarlo en unos tiempos en los que a los nuevos emigrantes del sur ponemos tantas trabas.

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  1. Pingback: Eurasia: un pasado de mestizaje humano | Laboratorio para Sapiens

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