Las minas a cielo abierto en Groenlandia, el futuro que viene…


Un joven adolescente por las calles de Narsaq, en Groenlandia. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Hay lugares tan remotos que se quedan en los márgenes del imaginario colectivo, pero que están sufriendo unas transformaciones aceleradas que tienen mucho que ver con nuestro mundo. Y Groenlandia, la gran isla del hemisferio norte, es uno de ellos, aunque sólo nos acordamos cuando, al final de cada verano, los científicos nos recuerdan que hay menos hielo que en el anterior registro, que sus casas se tambalean y sus mares se templan. El cambio climático deshace el Ártico y ahora el riesgo, irónicamente, puede ser el negocio de la minería, a la que viene muy bien este calentamiento.

Y  es que, al contrario que en el caso de la Antártida, estos territorios del norte, y sus hielos, no están protegidos internacionalmente y se sabe que ocultan las llamadas ‘tierras raras’, minerales de gran valor para la tecnología más puntera. No es de extrañar que desde que en 2009 Groenlandia lograra el autogobierno de Dinamarca, muchos sean los ojos que se han puesto en los ricos depósitos de minerales que oculta, fruto de una historia geológica peculiar que ha generado compuestos con propiedades fisioquímicas en alza en las bolsas. China, Estados Unidos y también Australia quieren su pedazo del pastel y es precisamente este último país de las antípodas el que ha generado el primer gran conflicto.

Protesta en Narsaq contra la mina. @John Rasmussen/ Enviromental Justice Atlas

Se trata de la explotación minera Kuannersuit/Kvanefjeld, a escasos ocho kilómetros de Narsaq, el gran asentamiento del sur del país, un lugar entre fiordos habitado por apenas 1.350 familias de pescadores, cazadores de focas y granjeros, una ciudad que se congela en invierno y que vive del incipiente turismo de naturaleza en el verano. Un paraíso natural.

En realidad, la mina no es nueva. Su hallazgo se remonta a 1956, cuando los daneses comenzaron a explotarla en pleno auge de las centrales nucleares. Cuando pasé por Narsaq en 2012 no sospechaba que cerca de aquellas montañas abruptas ya se planeaba el proyecto. En los años 80, se había cerrado cuando el gobierno danés abandonó sus planes de centrales de nucleares y se aprobó, de hecho, una política de tolerancia cero con la energía nuclear.

Fue en 2007 cuando la compañía Australian Greenland Minerals Ltd. (en adelante GML) obtuvo la licencia para explotar minerales raros en la zona, pero concluyó que el proceso de extracción era demasiado costoso si no le dejaban sacar también el uranio y explotarlo comercialmente. Aquella propuesta llevó a que se votara de nuevo la prohibición de extraer este mineral y, finalmente en 2015, y por un solo voto, salió adelante el proyecto empresarial.

Con 120 kilómetros cuadrados de extensión, se calcula que será una de las minas de uranio a cielo abierto más grandes del mundo. GML ha tenido que presentar, desde 2016, cuatro informes sobre el  impacto ambiental, tres de ellos rechazados por el Gobierno groenlandés y grupos ambientales como Amigos de la Tierra. El cuarto está ahora en proceso de análisis, si bien tampoco gusta a los ecologistas. Como el proceso se alarga, la empresa ha llegado a presionar a ministros de ministerios que no son competentes en el asunto para intentar sacar adelante sus planes. Paralelamente, para finales de este mes prepara consultas con la población de Narsaq y alrededores en encuentros que despiertan muchas suspicacias.

En el otro lado, expertos, científicos, el partido groenlandés Inuit Ataqatigiit (IA) y organizaciones ambientales locales e internacionales señalan las consecuencias que tendrá reabrir esta mina de uranio y otros minerales. Preocupa, según señalan estas fuentes, qué pasará con los materiales de desecho, dado el alto contenido de torio radiactivo del depósito que hay, tal como refleja el informe realizado por un experto holandés. Como la mina será a cielo abierto, también se teme la contaminación del agua, posibles derrames o qué pasará con el polvo que contiene materiales radiactivos, dada la cercanía de poblaciones como Narsaq o de granjas de ovejas y otras producciones agrícolas. De hecho, en la zona hay con frecuencia fuertes vientos árticos, que podrían levantar ese polvo radiactivo y expandirlo, denuncia en un comunicado el grupo ecologista de Narsaq llamado Urani Naamik (No al uranio).  Y por otro lado, recuerdan, ¿qué pasará con los residuos que se congelen y descongelen cada año? 

Otro asunto es que la empresa australiana planifica poner las presas de relaves de la mina en el lago Taseq, que sería el lugar de almacenamiento asignado para los materiales de desecho radiactivo, lo que podría suponer la contaminación de las aguas subterráneas, los ríos y el suelo si estas presas tuvieran fugas. En definitiva, consideran que son demasiados riesgos de contaminación radiactiva, lo que sería un desastre ambiental de grandes dimensiones para el sur de Groenlandia dada la lenta tasa de recuperación del medio ambiente polar.

Como en tantos otros proyectos, al tema ambiental se suman las amenazas a la identidad cultural de la región y las divisiones que la mina genera en la pequeña comunidad afectada, tal como recogió el Relator especial de la ONU sobre derechos humanos tras una visita a Groenlandia en 2017. Es la misma división que se vive en toda Groenlandia respecto a la autorización o no de extraer uranio y tierras raras, asunto sobre los que algunos partidos groenlandeses han planteado un referéndum, aunque no está claro quien ganaría, si a favor o en contra. Para algunos esa riqueza será la panacea de su desarrollo económico, en un lugar de apenas 50.000 habitantes, a medida que los hielos desaparecen y el proceso de extracción se hace más fácil. Otros ven las amenazas. 

El proyecto de la compañía minera australiana, además de la mina en sí, incluye la construcción de una planta de procesamiento, un puerto, instalaciones mineras complementarias, las instalaciones de relaves ya mencionadas, una carretera que conecta el proyecto minero y un sistema para el suministro de energía que incluye una gran presa, con embalse y estación generadora de energía. 

Para intentar frenarlo y darlo a conocer, desde Change.org las organizaciones de Narsaq han lanzado una petición de firmas: AQUÍ. 

 

 

La campaña antártica cercenada: consecuencias del COVID-19 en el Hespérides


ROSA M. TRISTÁN

Pintaba realmente mal desde que el pasado 4 de enero se detectaron los primeros positivos a bordo del Buque Oceanográfico Hespérides. El COVID-19 estaba a bordo y la campaña antártica española, que con tanto esfuerzo se intentó mantener en el máximo posible, podía sufrir esta temporada un batacazo importante. Finalmente, el A-33 Hespérides no podrá ir este año al continente blanco y la XXXIV campaña tendrá que limitarse a los que pueda transportar el otro buque polar español, el Sarmiento de Gamboa, que lentamente se acerca a las costas chilenas.

“Hasta el último momento se ha intentado mantener el viaje pero era imposible. La organización de gestores antárticos [COMNAP] recomienda pasar una cuarentena cuando hay un brote y después otra ya sin brote. Eso hacía inviable que pudiera ir por falta de tiempo. Ahora mismo, hay 18 personas positivas a bordo, otras 17 fuera, dos suboficiales hospitalizados (uno grave) y el resto también están aislados en el buque. Al final ha habido que recortar todo el plan previsto”, reconoce Antonio Quesada, el responsable del Comité Polar Español, que llevaba muchos meses trabajando para que el año, pese a la pandemia global, fuera lo más completa posible. Y no pudo ser.

Al final, casi un 40% de los proyectos que salían estos días hacia la Antártida han tenido que ser aplazados para la siguiente temporada. Es decir, van al final cinco proyectos de los ocho previstos. Entre lo que han quedado para otra ocasión está el de geología antártica que dirige Jerónimo López, del que iba a ir una persona; también uno nuevo de Antonio M. Alvarez (Universidad de Salamanca) sobre el estudio de los gases que emite el volcán Decepción; y un tercero de Manolo Catalán, de la Armada, sobre el estrecho de Brandsfield y el canal del Drake y su geodinámica. “Habrá que hacerlos en en la siguiente, en la que tendremos que llevar los dos buques para completar lo que no se ha hecho este año y lo que está previsto para entonces, dado que son proyectos ya aprobados en los que se incluye la recogida de datos en la Antártida. Afortunadamente, este año también ha ido el otro buque, precisamente porque el Hespérides salía más tarde por unas reparaciones, así que las bases se abrirán, que es muy importante”, confirma Andrés Barbosa, responsable del Programa científico Polar.

Entre los que han estado pendientes hasta última hora de su viaje, pero finalmente viajan estos días a Chile para sumarse a los que ya están allí, está el proyecto de seguimiento del permafrost antártico que dirige Miguel Angel de Pablos (Universidad de Alcalá de Henares); uno nuevo que estudiará el papel de los pingüinos en la biogeoquímica antártica, que dirige Antonio Tovar (CSIC) o un proyecto que estudia la contaminación atmosférica en la Antártida a través del estudio de aerosoles. En Punta Arenas deberán hacer cuarentena de 15 días antes de viajar al continente de hielo. Es el plan en el que ahora se encuentra el primer grupo que llegó, con todos sus componentes aislados en habitaciones de hotel desde hace 10 días. Este primer grupo será el encargado de abrir las dos bases, en isla Livingston e isla Decepción.

Pero los cambios no son sólo de proyectos. Hay más consecuencias: la campaña se acorta a un mes, que no da para mucho, pero menos en nada, y que el buque Sarmiento de Gamboa, que llega en breve a Punta Arenas para recoger a ese primer grupo de científicos, técnicos y militares confinados, tendrá que ampliar su estancia polar unos 10 días. Lo malo no puede hacerlo mucho más porque tiene otra apretada agenda de expediciones oceanográficas. Es decir, que las bases Juan Carlos I y Gabriel de Castillas abrirán, que es lo importante, pero tendrán que cerrar, a más tardar, el 20 de febrero.

“Evidentemente, habrá que pedir explicaciones de lo que ha fallado. Si que se ha hecho todo lo posible para atajar el brote pero no ha sido posible y las recomendaciones internacionales son muy estrictas”, señala Quesada.

De hecho, es algo que tendrá que averiguarse desde la Armada para que pueda evitarse en nuevas ocasiones. Hasta ahora,  sólo ha habido tres casos detectados de brotes COVID-19 en relación con la Antártida: dos generados por un buque militar chileno en dos bases  de este país y el del BIO Hespérides. Sin embargo, son muchos los programas polares que estos días envían buques al continente para mantenimiento de sus bases y reemplazo de su personal o suministros. Es una actividad bajo mínimos, respecto a otros años, pero no deja de haber movimiento.

En el caso de España, pese al esfuerzo previo para que todo saliera bien, el plan de campaña se ha frustrado por donde menos se esperaba, que era la parte militar. Y está claro que el coronavirus aprovecha cualquier mínimo resquicio para colarse de polizón indeseable donde menos se le espera. La solución, una vez a bordo, era compleja porque el Hespérides tiene una amplia tripulación (57 personas en total) que han recibido una formación previa muy concreta para poder ir a la Antártida de campaña científica, lo que hacía imposible que pudiera ser, mayoritariamente, reemplazada por otra nueva.

Por otro lado, además de reducirse la presencia científica, el movimiento que si que ha desaparecido del mundo antártico es el turístico. Este año no habrá cruceros transportando miles de personas por la zona de la Península Antártica. Desde la base uruguaya de Artigas, en la isla Rey Jorge, donde está el aeródromo, explican que ya se nota esa baja presencia humana pues apenas han pasado por allí estos últimos días dos yates de ‘mega-ricos’ y barcos de logística. Lo cuenta Andrés Barbosa, que trabaja directamente con ello. Precisamente, este hecho diferencial será analizado por los científicos para ver hasta qué punto es dañina la presencia masiva humana en determinadas áreas antárticas. 

Desde este blog, sólo añadir deseos de pronta recuperación a los afectados del Hespérides y mucha suerte a los que inician la ruta.

#SOMOSANTÁRTIDA

Okavango, un tesoro único amenazado por el petróleo


En Namibia, cerca del Delta del Okavango, uno de los lugares con más concentración de fauna salvaje del planeta. @ROSA M. TRISTÁN

Una compañía canadiense tiene licencia para explotar 25.000 kms2 en la zona del delta africano con mayor biodiversidad de vida salvaje

ROSA M. TRISTÁN

Cada vez quedan menos lugares en la Tierra tan asombrosos como el Delta del Okavango y sus alrededores, en el corazón de África. En realidad, no es un río que desemboca en el mar, como el Ebro, sino que el Kavango lo hace en una inmensa llanura por la que los cinco grandes (león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo), entre otros muchos seres vivos, corren, cazan, se reproducen y viven ajenos a un mundo que cada día les acorrala un poco más. También hay comunidades humanas. La noticia de que en las cercanías de ese majestuoso lugar se preparan explotaciones petrolíferas, por parte de una compañía canadiense, ha desencadenado una campaña internacional que pretende ponerle freno y que viene a confirmar que ningún espacio natural está a salvo por más que sea Patrimonio de la Humanidad.

El PNUMA señalaba en un informe que el 15% de las tierras del planeta están protegidas, de uno u otro modo, un porcentaje que excluye la Antártida, que es inmensa pero que, por cierto, también esconde valiosos minerales y recursos naturales, al igual que Groenlandia, la Amazonía o las selvas de Centroáfrica. 

En este caso, se trata de la compañía canadiense Reconnaissance Energy (Recon Africa), que según su página web “descubrió’ una cuenca sedimentaria en el río Kavango y ha conseguido el 90% de una licencia de explotación otorgada por el Gobierno de Namibia para un área de 25.341 km2. Cuando se hace un seguimiento, es sorprendente la cantidad de minas que los canadienses tienen abiertas por el mundo, ya sea conbre en el Congo o Zambia, oro en Perú o plata en Guatemala.

La licencia de Recon África, en realidad fue traspasada por otra empresa que la consiguió en 2015 y se suma a una segunda sobre el mismo río en el noreste de Botsuana, con otros 8,990 km2 para explotar durante un cuarto de siglo cualquier descubrimiento comercial. En total, un poco menos del tamaño de Suiza. ¿Y qué es lo que han ‘descubierto’ ? Pues un “sistema de petróleo activo’ a nueve kilómetros de profundidad en la cuenca, que dicen tiene condiciones óptimas. Seria, según los expertos, la única cuenca que aún queda por explotar a esa profundidad en el planeta y se estima que contiene 18,2 mil millones de barriles de petróleo. La comparan con la cuenca pérmica que se encontró en Texas.

Justo este mes de enero, la empresa canadiense acaba de anunciar que iniciará las consultas públicas ambientales para que se presenten alegaciones, pero informaciones en medios de la zona indican que ya han iniciado las obras paras las perforaciones de prueba en al menos en uno de los tres pozos que el gobierno de Namibia ya ha autorizado a 55 km al sur de la ciudad de Rundu y en la primera mitad de enero, según un comunicado de la empresa, comenzarán a perforar.

Como en tantas otras ocasiones la población local no ha sido consultada ante del inicio de las prospecciones. Es mas, aseguran que o tiene ni idea del proyecto, que implica cientos de pozos de petróleo. “La comunidad local está en la oscuridad, no tiene pistas sobre lo que está pasando”, denuncia en Mogaby News Max Muyemburuko, presidente de Muduva Nyangana Conservancy, “y quieren que se escuche su voz”. Muyemburuko niega contacto alguno con Recon o el gobierno de Namibia y recuerda que la población vive del turismo y los recursos naturales de la tierra, medios de vida que desaparecerían ante una contaminación por la producción de petróleo y gas, a lo que se añaden los daños ambientales. “Kavango es la única tierra que tenemos”, asegura. “Queremos guardarlo para la generación venidera”.

La respuesta del Ministerio de Minas del país africano es que las actividades de exploración de petróleo no dañarán el Okavango “de ninguna manera”, ni ningún parque nacional, y destaca los beneficios económicos que se obtendrán. Claro que si incluye parte de la iniciativa de conservación KAZA (Kavango–Zambezi Transfrontier Conservation Area), que aglutina áreas con diferente protección en varios países en torno a los ríos Kavango y Zambeze. Según las organizaciones de la zona, la mayor parte del área que cubre la licencia de exploración petrolera en Namibia se encuentra en precisamente en Kaza, en total, 520.000 kilómetros cuadrados repartidos entre Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue. Allí vive la mayor población de elefantes africanos y es una de las últimas fortalezas del perro salvaje  (Lycaon pictus).

Portada del informe de Recon Africa sobre explotación en Kalahari.

Y las dos áreas de exploración de Recon Africa tanto en Botsuana como en Namibia se encuentran en gran parte dentro de la cuenca del río Kavango, que desemboca en el delta del mismo nombre, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los conservacionistas están especialmente preocupados por el impacto potencial que la perforación de petróleo y gas podría tener en los cursos de agua interconectados de la cuenca del río. “Existe una grave falta de conocimiento sobre los recursos de agua subterránea en el área objetivo de extracción de petróleo y gas”, dijo Surina Esterhuyse, geohidróloga de la Universidad del Estado Libre, Sudáfrica en una entrevista. “En Botsuana, la cuenca del río Okavango todavía es relativamente prístina, pero la exploración y extracción planificadas podrían tener graves impactos en el delta y en los recursos hídricos en Namibia y Botsuana, dos zonas de gran escasez de agua”, añadía Esterhuyse, cuya investigación se centra en el impacto de la extracción de petróleo y gas en los recursos de agua subterránea. Como en otras extracciones de recursos similares, para convencer a la población más cercana de las bondades de la actividad minera, la compañía ha anunciado que ya han acondicionado un pozo de agua potable, en una zona de gran carestía de este recurso.

A la escasez de agua, que requerírían los pozos,  investigadores y ecologistas suman el riesgo de que se contaminen los recursos hídricos, aumente la deforestación y desertificación, se incrementen los niveles de ruido causados ​​por perforaciones, afectando a personas y a la vida silvestre y haya más caza furtiva e incluso más actividad sísmica, que puede persistir mucho tiempo después de la perforación. Chris Brown, director ejecutivo de la Cámara de Medio Ambiente de Namibia, ya dijo el año pasado que un proyecto de esta naturaleza debía pasar por revisiones ambientales y procesos de permiso y Recon África asegura que habrá jornadas informativas y consultas en las poblaciones ma´s cercanas, Rundu y Nkurenkuru y sus autoridades tradicionales, pero no incluye a otras zonas más alejadas que también podrían ser afectadas y también debieran tener voz y voto.

Mapa de la zona donde está la futura explotación petrolífera

Por otro lado, los riesgos que plantea la extracción de petróleo y gas podrían ser aún mayores si se utilizan técnicas de fracturación hidráulica no convencionales, comúnmente conocidas ‘fracking’, algo que ha suscitado otra preocupación añadida tras la contratación de ingenieros experimentados en está técnica, si bien tanto Recon como el gobierno de Nambia lo han desmentido.

Llama la atención que la misma Recon Africa que quiere sacar a la atmósfera muchos miles de millones de toneladas de CO2, colaborando en incrementar el cambio climático global, afirme en su web que los camiones que se utilicen serán “eficientes, de huella limitada y ecológicos”, una etiqueta que va a dejar de tener sentido con tanto uso fuera de lugar. También lo llama que el Gobierno canadiense, muy comprometido con los compromisos del Acuerdo de Paris (recientemente anunció un sustancial aumento del impuesto de carbono para reducir un 40% las emisiones hasta 2030), no ponga cortapisas a explotaciones que contradicen estos objetivos.

El COVID-19 en el Hespérides pone en jaque la campaña antártica española


Cubierta del BIO Hespérides, durante la pasada campaña. En el aire si pude ir esta por un brote de COVID-19 @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Desde el Comité Polar Español se pusieron estrictos protocolos anti-COVID-19 antes de iniciar la XXXIV Campaña Antártica en una temporada que se preveía compleja, pero está claro que el coronavirus no da tregua y al final se ‘ha colado’ en ella entre el personal que depende de la Armada, convertido en un polizón indeseable que puede desbaratar los planes que llevaban fraguándose muchos meses y que va a afectar a parte de proyectos científicos que este año ya tenían billlete al continente. Ya son 17 los casos positivos detectados a bordo y podrían ser más tras los test PCR de hoy.

El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides había salido de Cartagena el pasado día 30 de diciembre, en teoría con toda su tripulación sana porque habían pasado un confinamiento y se habían hecho pruebas PCR, pero está claro que algún eslabón de los 57 miembros a bordo falló porque apenas cuatro días después de su salida, el lunes tuvo que volver a Las Palmas de Gran Canaria, isla que habían dejado atrás, tras detectarse un brote a bordo con cuatro afectados por COVID-19. Ese 10%, que no parecía mucho dadas las condiciones de cercanía personal que se viven en el buque, al día siguiente, día 5, el Ministerio de Defensa lo ascendía ya a 10 positivos y el día 6, a 17 casos. Pero pueden ser más: para hoy se ha planificado una nueva tanda de PCR para todos los embarcados que podría sacar a la luz nuevos casos. Ante este brote, la campaña antártica tal como estaba planeada por el Comité Polar Español pende del frágil hilo de la incertidumbre. Lo único positivo es  que ya hay otro buque en ruta… y sin problemas, lo que permitirá abrir las dos bases antárticas.

Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español, en la Antártida.

“Estamos contemplando cuatro o cinco escenarios posibles y uno de ellos puede ser el de anular el viaje del Hespérides a la Antártida. También barajamos otras opciones, porque queremos hacer el máximo posible de ciencia, pero con cada nuevo caso detectado hay que ‘resetear’ el periodo de cuarentena y empezar de nuevo, lo que alarga los plazos. Con al menos 17 fuera de servicio, no se se si será posible que sea operativo el buque”, reconoce Antonio Quesada, responsable técnico del Comité Polar Español. Respecto a las posibilidades de retrasar el calendario, apunta que “tampoco se podría alargar mucho hacia abril porque las condiciones climáticas empeoran mucho en la Antártida”.

De momento, la Armada ya informó de que deberán permanecer al menos 10 días en el puerto canario desde la fecha de los últimos PCR, lo que aplaza su salida hasta, al menos, el 17 de enero, así que su llegada a Punta Arenas (Chile), que estaba prevista para finales de mes -y dado que la travesía dura un mes-, ya no será posible. Allí el buque debía recoger a los científicos que habrían llegado en vuelos a mediados de este mes para pasar una cuarentena de dos semanas antes de embarcar hacia la Antártida. La cuestión es que con este nuevo calendario, deberían pasar un mes encerrados en una habitación de hotel, esperando a un Hespérides que no está claro si llegará. Esta es la cuestión a la que se enfrenta el Comité Polar, pendiente de reestructurar todos sus planes.

Y es que no se trata únicamente de que se bajen los ya infectados, sino que todos ellos deben ser sustituidos por otros tripulantes que, a su vez, deben pasar PCR y hacer sus cuarentenas. Después de meses de preparación para el viaje, es de imaginar que la moral a bordo no debe ser muy buena.

Los que si irán al continente, aunque conviene no olvidar esa incertidumbre que rodea al COVID-19, son los tripulantes del otro buque español que participa en esta campaña, el Sarmiento de Gamboa, gestionado por el CSIC. El lunes pasado desde mitad del Atlántico, el científico Jordi Dachs, que dirige el proyecto Antom que se realiza durante la travesía hasta el sur de Chile, me aseguraba que están todos perfectamente. Y ya estaban a la altura de Brasil. Antes de salir, explicaba que los 17 científicos a bordo hicieron una estricta cuarentena de 14 días en un hotel de Vigo, mientras que la tripulación la hizo en la propia nave. Hasta ahora, no han sufrido “ni un resfriado”.

El Sarmiento de Gamboa, ayer, navegando por el Atlántico camino de Chile. @Jordi Dachs

Una vez en Punta Arenas, el equipo de Dachs regresará a España y el Sarmiento de Gamboa recogerá a los 28 científicos y técnicos que este lunes aterrizaron en esta ciudad del sur chileno. “Nos esperan 15 días confinados en la habitación del hotel”, decía desde su encierro Rafael Abella, geofísico del Instituto Geográfico Nacional. En este primer grupo están todos los encargados de la apertura de las dos bases científicas españolas (en Isla Livingston e Isla Decepción) y los investigadores con proyectos fundamentales para mantener series de datos recogidos en ambas instalaciones desde hace más de 30 años. Al parecer, incluso están divididos en dos plantas diferentes por lugar de destino.

Para el Comité Polar Español es una prioridad abrir tanto la base Juan Carlos I como la Gabriel de Castilla. Por un lado, porque “no es bueno que estén dos inviernos cerradas, dado se deterioran y puede que cuando fuéramos dos años después no funcionaran elementos básicos, como los generadores”, argumenta Quesada; por otro lado, sería nefasto perder la información de todo un año en series que son de las más antiguas recopiladas en todo el continente. Y no hay que olvidar que han sido meses con muchos seísmos en esa zona de la Península Antártica. La cuestión es que el buque Sarmiento de Gamboa tenía previsto regresar inmediatamente a España tras la llegada del Hespérides porque tiene una apretada agenda con otras expediciones oceanográficas. 

Aunque la decisión final sobre el viaje del BIO Hespérides sigue pendiente, desde el Comité barajan seriamente la opción de que no pueda ir. En este caso, posiblemente tendrían que anular los proyectos de los científicos que salían en el segundo grupo, que ya estaban muy recortados en una campaña que iba a ser corta (febrero y marzo) y con menos gente (160 investigadores y técnicos frente a los más de 200 de otras campañas) de 13 proyectos científicos diferentes. “Esto tendrá un gran impacto científico y económico. Sólo el sobrecoste de esta campaña por el COVID-19 ya era de unos 350.000 euros”, reconoce Quesada.

Jorge Cáceres, del proyecto sobre caracterización de aerosoles, señala que si no pudiera ir este año su compañero César Marina (con ambos coincidí la pasada campaña en Isla Decepción), parte de los datos se los podrían recoger militares de la base de Gabriel de Castilla, pero no en la Juan Carlos I. “Una opción sería que el buque Sarmiento de Gamboa pudiera quedarse más tiempo en la zona, haciendo más traslados de Chile a la Antártida, pero trastocaría también sus planes. Nuestro compañero está pendiente de las noticias. Y ya no era un viaje fácil. Tuvimos que contratar un seguro especial por si durante la cuarentena en Punta Arenas daba positivo para que pudiera regresar”, comenta Cáceres. 

En todo caso, el objetivo principal sigue siendo que el COVID-19 no regrese a la Antártida, un continente que había sido el único en evitarlo hasta días antes de la pasada Navidad. El primer brote ocurrió en la base antártica chilena Bernardo O’Higgins, donde dieron positivo 26 militares y 10 civiles, que fueron evacuados . También hubo contagios en otra instalación chilena de la fuerza aérea, la base Teniente Rodolfo Marsh Martin, en Isla Rey Jorge, que es donde se encuentra la pista que recibe los vuelos desde Punta Arenas y por tanto un lugar con mucho tráfico. Ambas habían sido visitadas por un buque militar de este país, el Sargento Aldea.

 

Cuando una catástrofe climática llega a su puerta.. ¿quién paga?


Alta Verapaz, Guatemala
@Pedro Armestre / Alianza por la Solidaridad

ROSA M. TRISTÁN

Desde hace días, los huracanes y tormentas tropicales que asolan Centroamérica están siendo noticia, más o menos relevante según el medio. Desde hace días vemos casas flotantes, coches flotantes, tierras que son barrizales donde antes había cultivos, gentes desoladas, otras gentes que hacen negocio de la desesperación… Casi todos son pequeños campesinos, muchos indígenas, de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador… No fueron muy visibles en la última Cumbre del Clima, la COP 25 chilena celebrada en Madrid, menos aún que los de Brasil, Colombia o Ecuador. Venden aún menos que la Amazonía. Diría que no existieron, y sin embargo este 2020 nos está demostrando que para ellos el cambio climático no es un futurible del 2050. Cientos de fallecidos, decenas de miles de hogares que se llevó el agua y el viento, cosechas y animales ahogados…

Si hubieran ido a la COP 25 se hubieran enterado que una vez más la comunidad internacional aplazó la decisión sobre la financiación de los daños y pérdidas que ya causa el cambio climático, porque esos 30 huracanes que este año ha habido en el Atlántico (hasta ahora) ha superado todas las previsiones y porque su intensidad de hasta un categoría 5 a finales de la temporada ha sido inesperada. Son fenómenos climáticos extremos y más comunes. Una de las consecuencias de un calentamiento del agua de los mares, que forma parte del calentamiento global.

Pero las víctimas no tienen cómo recuperarse de ello, salvo por unos programas de cooperación internacional, menguante en tiempos de crisis, como la actual, o créditos que salen caros a sus gobiernos. 

Lo que si existe es el Fondo Verde del Clima, que no sirve para pagar esos daños que están ahí, sino para mitigar y adaptarse a un cambio climático que es ya inevitable. Para evitar daños, habría que haberlo puesto en marcha hace muchos años, de forma que ya hubieran ‘mitigado’ lo que está pasando, pero ¿qué líderes de este mundo tienen visión a largo plazo?. El Fondo, la verdad, ha ido a cámara lenta y, lo que es peor, aún cuesta que los países ricos y contaminantes ‘aflojen el bolsillo. Precisamente, días atrás, la junta que decide sobre este Fondo (con representantes de 24 países), en su reunión número 27 -reuniones hay muchas- impulsó algo esta financiación climática para países en desarrollo. Aprobaron 16 proyectos por un total de 1.010 millones de dólares para proyectos de bajas emisiones contaminantes y resistentes/resilientes al clima global cambiante. Con ellos, ya son 7.000 millones los aprobados desde que está en marcha, 2.000 millones este año. Por ponerlo en perspectiva, la marca de vehículos BMW obtuvo en 2018 beneficios netos de 7.000 millones en euros, la misma cantidad. Es evidente que queda un largo camino por recorrer para llegar a los 100.000 millones de dólares que pretendían recaudar cuando se creó en 2010. 

El director ejecutivo de Fondo, Yannick Glemarec, declaraba que “se está brindando más apoyo que nunca a los países en desarrollo”, lo que es cierto dado el poco o nulo que hubo antes. Otra cosa es saber si con tan pocos recursos, y dada la velocidad de la emergencia climática, es realmente un instrumento hoy eficaz. De hecho, al investigar un poco su funcionamiento se comprueba que hay poco más de 100 entidades acreditadas para proponer los proyectos, de los que en estos 10 años se han puesto en marcha 53 relacionados con la adaptación y 35 con la mitigación de los efectos. Otros 32 son transversales. ¿Es esto suficiente para un mundo donde 5.000 millones de humanos no cuentan con recursos suficientes para enfrentarse a 1,5ºC más de media que, recordemos, no han provocado? Cabe señalar que en 102 de estos proyectos, el dinero se ha enviado a entidades públicas y 27 a ONG u otras entidades privadas, como empresas (2.700 millones). Ahora bien, otra pregunta: ¿Qué hacen los gobiernos con ese dinero, sobre todo aquellos en los que la corrupción está muy arraigada? Algunos investigadores de universidades han señalado que lo mejor sería crear comisiones nacionales que controlaran que la financiación acaba donde se necesita realmente. También ha sido una propuesta de escaso eco.

Volviendo a esta última reunión, se dió via libre a proyectos que conviene conocer (recordemos que es el único fondo que ayuda a países que ya están sufriendo impactos): 23 millones de dólares para comunidades rurales en Mongolia (beneficiará, señalan, a casi un millón de pastores), 82 millones destinados a un plan forestal en Argentina (país de la ganadería extensiva por excelencia, con 53,8 millones de vacas que son las que más emisiones generan) o 99 millones para que una agencia de la ONU (la International Fund for Agricultural Development, IFAD) lo invierta en apoyos al nordeste de Brasil, mientras Bolsonaro sigue promoviendo la deforestación.

Para la maltratada Centroamérica, el Fondo Verde ha destinado 54 millones a Costa Rica, para un proyecto contra la deforestación, 30 millones para el Corredor Seco de Guatemala a través de la FAO (ayudas a la agricultura) y otros 64 millones para la reserva de Bosawás  y la biosfera de Rio San Juan de Nicaragua. A ello se suman otros 100 millones para financiación ‘verde’ al Banco de Desarrollo de América Latina, que no llegará a las comunidades. Desde luego no basta. Sólo en Guatemala ha habido 1,3 millones de afectados, la inmensidad de ellos pequeños campesinos indígenas, tras el paso de dos huracanes en 15 días -Eta e Iota-. Su presidente, Alejandro Giammattei, ha pedido ayudas para crear seguros agrarios (que no podrán pagar los damnificados, porque no tienen nada), pero el suyo es un claro ejemplo de una realidad que está ahí: mientras la FAO consigue dinero para los guatemaltecos, el Congreso del país recorta en 21 millones de euros su presupuesto en 2021 para un programa de desnutrición mientras aumenta el del propio parlamento. Por cierto que ese presupuesto se aprobó a puerta cerrada y ha desencadenado la rebelión popular contra lo que llaman ‘pacto de corruptos’ entre gobierno y empresarios que suman al cambio climático el expolio de los pocos recursos naturales que quedan. Ese Congreso ha ardido en llamas.

No menos sorprendente es el reducido tamaño de las partidas aprobadas por el Fondo Verde Del Clima para África en este encuentro: se destinan a alimentación adaptada al cambio climático en Burundi unos 10 millones de dólares, en sistemas de información climática que pueden ayudar en la prevención para Liberia otros 10 millones y para ampliar en Sudán la ‘Gran Muralla Verde de África’, como sumidero de carbono con árboles de goma arábiga, 10 millones más. En total, 30.  

Por contra, el gran beneficiado ha sido una institución financiera de Bangladesh, el IDCOL, que recibirá 256 millones de dólares para promover la inversión ‘a gran escala’ del sector privado textil del país asiático en tecnologías y equipos de ahorro de energía, un sector privado que por cierto tiene pingües beneficios, dado que en todo el mundo se vende ropa ‘low cost’ con origen en sus fábricas a través de grandes multinacionales… 

En definitiva, que en este momento no hay fondos para reconstruirse tras una debacle climática en esa parte del mundo que las sufre en soledad (y más que se avecinan…), pero tampoco los suficientes como para mantener a las poblaciones arraigadas en sus tierras en un contexto de cambio climático, sin olvidar que en muchos casos esas tierras y su agua son codiciadas para explotación minera, cultivos extensivos como la palma africana o grandes hidroeléctricas sobre ríos que en un contexto de calentamiento global o llevan cada vez menos agua o se desbordan en grandes crecidas. 

Eso si: a quienes lo han perdido todo, que no se les ocurra venir a llamar a nuestra puerta, que les devolveremos a sus tierras resecas, sus comunidades devastadas, sus casas hundidas y o sus campos inundados. Eso tiene un nombre: INJUSTICIA CLIMÁTICA. Y no podemos cerrar los ojos.

Las fundaciones quieren ser más ‘verdes’


@Sofia de Juan

ROSA M. TRISTÁN

Las fundaciones españolas quieren ser más ‘verdes’, desde el punto de vista ambiental, colaborar de forma más directa en la reducción de emisiones contaminantes en su propia actividad. Y para conseguirlo acaban de firmar un pacto (el Pacto Fundaciones por el Clima) que pretende llegar a más de 8.000 fundaciones de todo tipo, algunas relacionadas con el tema en cuestión, pero otras muchas que tienen que ver con temas sanitarios, el arte, la tecnología, ONG de desarrollo, económicas… Un mundo de instituciones sin ánimo de lucro que, hasta ahora, han participado más o menos en sus propias instituciones en el asunto del cambio climático, pero que ahora quieren dar un paso al frente y hacerlo juntas.

La firma de este pacto tuvo lugar ayer en directo, vía ‘on line’ (como ahora casi todo) entre las 40 ‘pioneras’ que se han sumado a esta iniciativa, promovida por la Asociación Española de Fundaciones (AEF) y la Fundación Daniel y Nina Carasso, muy centrada en la alimentación sostenible y el arte. Isabel Le Gallo, directora de esta última, señalaba que, según una encuesta realizada, ocho de cada 10 fundaciones en España creen que la emergencia climática está ahí y hay que actuar y un 93% se comprometerían a firmar un pacto para actuar en consecuencia, frente al 40% que ya lo tiene en cuenta. “Se trata de construir sinergias entre todos, de facilitar, inspirar y sensibilizar”, señalaba Le Gallo.

El pacto se basa en siete pilares, que habrá que ir concretando con el tiempo en medidas específicas, como recordaba el director de la AEF, Juan Andrés García, y facilitará que se puedan compartir recursos como seminarios, formación, aprendizaje (ahora lo llaman ‘mentoring’), modelos de encuestas, informes, herramientas de medición de huella de carbono, guías, operaciones de inversiones, etcétera, en una iniciativa que es “colaborativa”. “Se trata de un cambio de hábitos en actividades cotidianas. Por poner un ejemplo, en eventos que se realicen y deberán generar las menos emisiones posibles, hay que integrar la lucha contra el cambio climático en nuestro día a día. Nosotros en la AEF tenemos un próximo evento y lo vamos a revisar con ese enfoque”, señalaba García, cuya asociación representa a unas 800 fundaciones, un 10% del total.

Pero su intención es no quedarse en la AEF, sino llegar a ese 93% que mostró interés y que, pudiera ser, que no tuvieran claro cómo afrontar los cambios. Todas las que se apunten (a través de la web: AQUÍ) podrán tener acceso a recursos, pero también compartir sus materiales con el objetivo común de que todos recortes sus emisiones contaminantes. Ese compromiso quedará visible con el logo de Fundaciones por el Clima.

Por cierto, la artista Sofía de Juan ha realizado los materiales con los que que los promotores de este pacto quieren visibilizar su unión, un trabajo creativo que resume el trabajo colectivo, el esfuerzo, el compromiso y el deseo de romper los límites del cuerpo, como la propia Sofía explicó, representados a través del deporte.

Viviendas que contaminan: el reto pendiente


ROSA M. TRISTÁN

Siete millones de casas por rehabilitar para que dejen de derrochar energía. La sociedad está muy lejos de conocer y valorar lo que supone habitar en hogares con ventanas que no cierran bien, paredes que no aislan y agujeros por los que se escapa una energía que es cara, tanto para el bolsillo como para el medio ambiente. Y las instituciones tienen planes y propuestas, pero no acaban de llegar y convencer. Falta comunicación y falta formación entre nosotros, los ‘habitantes’. Esta es la principal conclusión de una jornada (Vivienda, Energía y Sostenibilidad) organizada por CECU (Confederación Española de Consumidores y Usuarios) a la que fue invitada como ‘relatora’ y en la que estuvieron presentes representantes de administraciones pero también de la ciudadanía.

Empezaré por lo más positivo. Es gran noticia la apuesta del Gobierno -que explicó Paula Santos, asesora del Ministerio de Transición Ecológica- por la eficiencia energética de las viviendas. Allí, en casa, consumimos el 30% de la energía y, por tanto, es muy positivo que por fin haya un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que, entre otras cosas, pretender reformar casi 500.000 viviendas en tres años para que contaminen lo menos posible. Otra cosa es cómo conseguirlo, porque de momento son muy pocos los concienciados que quieran invertir en un cambio que, efectivamente, puede ser muy bueno para el planeta, pero que ahora no ven tan claro que lo sea para sus bolsillos. Eva García Sempere, asesora en el Ministerio de Consumo, destacaba que sólo entre los jóvenes (de 25 a 35 años) se considera un aspecto positivo tener una casa menos ‘derrochona’ de energía, aunque otra cosa es que quieran gastar los ahorros en aislarla convenientemente cuando la que se tiene es vieja. Una reforma para hacerla más bonita, si. Ahora, meterse en obras para que sea más sostenible es otra cosa.

Quienes vivimos en una comunidad de vecinos conocemos bien lo difícil que resulta llegar a consensos hasta para reformas imprescindibles cuando se trata de poner dinero. Y más en tiempos de crisis. Koldo Navascués, de la asociación de consumidores EKA-CECU, en Euskadi, puso un ejemplo que resume las dificultades: “En mi edificio somos 25 hogares, con 14 ancianos de más de 70 años. En la cubierta podríamos poner paneles solares, y se revalorizaría la casa, pero son inversiones que no van a hacer. Se necesitan ayudas, y no sólo subvenciones, sino para hacer estudios, presupuestos de cada caso, porque son distintos. En general, el 90% de los edificios son anteriores a las certificaciones vigentes sobre eficiencia. No estamos preparados y según la UE para el 31 de diciembre de este año las emisiones contaminantes de las viviendas debería ser casi nula”, destacaba.

Por contra, ese mercado de la rehabilitación de viviendas para que quienes las habitan utilicen energías limpias o al menos gasten menos en sus facturas de gas y luz, sería un gran mercado que generaría muchos puestos de trabajo en la construcción, como destaca Inés Leal, de la consultora especializada Tecmared. Leal defendía que “los usuarios son inteligentes si les explican las cosas” pero también comentó que “falta valentía” para obligar por normativa a hacer las reparaciones que son imprescindibles si queremos descarbonizar nuestra vida antes de 2030: la realidad, señaló, es que ahora no hay demanda de los ciudadanos. ¿Y no habría que provocarla, como cuando nos ‘meten por los ojos’ el último modelo de coche o de ordenador?

Aurora Blanco, de la empresa Ecoo, explicó que el paso hacia una tercera revolución renovable está dando sus primeros pasos. “La primera llegó con las primeras placas solares en 2005; la segunda, con la expansión del autoconsumo en casas individuales en 2017, pero la tercera es ahora implantarse en las ciudades con ‘comunidades energéticas’, es decir, que se compartan las cubiertas de los edificios para poner placas solares y se creen redes entre vecinos”. Leal recordaba que, precisamente, en los presupuestos para 2021 (si se aprueban como están) hay 1.690 millones de euros para estos temas. Pero es un reto complejo, porque como recordaba el científico Fernando Martín-Consuegra (CSIC), “la demanda de energía hoy es tan alta que no hay azotea que soporte tanta calefacción como usamos (es el 55% de todo el consumo en el hogar), así que el primer paso sería acabar con el derroche”.

Las visiones más generalistas de la jornada las aportaron el catedrático Carlos Montes (UAM) y Fidel García Berlanga, de la plataforma Mundo Rural. Para el primero, las viviendas conforman ciudades y es fundamental que esas ciudades “sean más verdes y más humanas, porque en ese reencuentro con la naturaleza puede cambiar el estilo de vida”, mientras que Fidel mencionaba que en este camino de transición cada pueblo requiere un plan específico, en el que es importante contar con los materiales tradicionales de construcción (como el adobe, la madera…) y añadía que debe ser un cambio energético “en alianza con la conservación de la biodiversidad” y no la contra, mencionando a empresas locales, pequeñas, frente a grandes corporaciones como las que están creando la actual ‘burbuja eólica’ en algunas comunidades autónomas (recomiendo leer mi artículo en Público.es) .

Conclusión: Hay posibilidades de que nuestras viviendas sean menos contaminantes, pero vamos muy lentos. Mucho más lentos que en el mundo transporte (que ya es decir) y a este ritmo mucho me temo que llegaremos a 2050 con los indeseables 1,5ºC más de temperatura media global en la puerta. Un 1,5º que en el caso de España supondrán muchas más olas de calor, más sequías, más megaincendios, más inundaciones en Levante, más conflictos por la cada vez más escasa agua de los ríos, más gasto público que saldrá de nuestros impuestos… Y pese a todo: ¿seguiremos con nuestra casa vieja, la ventana que no encaja, las puertas sin burletes y en mangas de camisa en invierno o con chaqueta en casa en el infernal verano?

Para que algo cambie, y así quedó claro en esta jornada, hace falta invertir mucho en grandes campaña de comunicación, con datos claros que expliquen factura en mano las ventajas del cambio, y también serán precisas muchas ayudas públicas para convencer de lo que se puede conseguir poniendo placas solares en azoteas que están desaprovechadas. Y también en las de los edificios públicos (colegios, centros culturales, oficinas…), como la iniciativa que ECODES está promoviendo en un barrio de Zaragoza (El Asombrario, julio 2020).

Tampoco conviene obviar las presiones que las grandes compañías eléctricas harán a medida que este modelo avance para no perder clientes por el autoconsumo, porque a fin de cuentas la energía es el gran negocio. Pero estamos en ruta a la transición. No queda otra para afrontar este reto pendiente.

El Ártico se vuelve negro por un ‘combustible alquitrán’


ROSA M. TRISTÁN

Hasta hace unos días no había oído hablar del fuel oil HFO. Es un combustible de consistencia similar al alquitrán, conocido como combustible búnker, o fuel oil residual, porque es el resultado de la destilación y craqueo del petróleo. Esta contaminante sustancia es el carburante que utiliza la mayoría del transporte marítimo, ya sea en las transparentes aguas del Caribe o en el impoluto Ártico. Y es ahí, en el norte de la Tierra, donde es en parte culpable de la aparición de ese ‘hielo negro’ que tanto preocupa a los científicos porque, por si no bastara con el impacto de la contaminación atmosférica global, su efecto local favorece aún más el cambio climático. Pero ¿se está haciendo algo para impedirlo?

Glaciar Qaleraliq en Groenlandia. @Rosa M. Tristán

 

Para dar respuesta a esta pregunta, la organización Ecología y Sociedad (Ecodes), reunió el otro día a varios expertos, que comenzaron haciendo un retrato desalentador de la situación en el Ártico, cuando es un regulador clave del clima planetario. La encargada de recordar cómo está el Ártico fue la física Mar Gómez, responsable de ElTiempo.es, quien mostró los funestos datos de su deshielo. Entre otros, que en 30 años se han perdido tres cuartas partes de hielo marino, que este verano ha sido de nuevo récord y que, además, la temperatura de su océano está en ascenso.

Basta dar una vuelta a las noticias para comprobar que las inundaciones en el Levante español cada vez son más frecuentes y destructivas, y en eso la subida del nivel del mar es determinante… Es más, aquellos que habitan cerca de la Albufera, el delta del Ebro o Doñana, debieran ir pensando en dejar otra herencia a sus descendientes porque la suya tiene muchas papeletas de acabar sumergida. O emparedada. Gómez recordaba a quien no se ha dado cuenta aún que ahora tenemos cinco semanas más de tiempo de verano que cuando yo iba a la universidad, en los no tan lejanos finales de los años 80. 

Y la cuestión es que el Ártico no está protegido. Parece que coordinar intereses de ocho países (EEUU, Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia y Finlandia) es un imposible, algo que al menos en tierra antártica no sucede (eso si, proteger el océano antártico es otro cantar, como se ha visto recientemente en CCAMLR). Así que, si bien en las cercanías del Polo Sur se ha prohibido totalmente el uso de este peligroso combustible HFO, en las del Polo Norte, su impacto cada vez es mayor, toda vez que lo usan el 66% de los barcos que por allí transitan y que cada vez son más porque, a su vez, la falta de hielo favorece su llegada a más recursos, sea pesca o turismo, y más adelante quizás minería. 

La impactante imagen de llegar a un glaciar de Groenlandia y pisar hielo negruzco debo decir que es deprimente. Ya la he tenido. El científico americano Jason Box lleva años estudiando este fenómeno, que atribuye en parte a la quema de madera por incendios, pero también se debe, aunque no se puede precisar en qué porcentaje, al uso en las cercanías del infumable HFO. Box me explicaba cómo por culpa de esa ‘suciedad’ que tanto me impactó, el hielo pierde su capacidad de reflejar el calor que recibe la Tierra (albedo), lo que favorece aún más su calentamiento y pérdida de hielo.  

@Tierras Polares

En el evento de Ecodes me enteré de que la Organización Marítima Internacional decidió en febrero pasado que para julio de 2024 se prohibirá totalmente el uso y transporte de este HFO por el vulnerable Ártico, pero que algunos barcos tendrían exenciones y también habría excepciones hasta 2029. ¿Y qué excepciones y exenciones hay? Pues Brian Comer, investigador del ICCT (Comité Internacional para un Transporte Limpio), explicó que no deberán cumplir la prohibición en cuatro años todos los buques que lleven banderas de países árticos. “Es evidente que muchos que no lo son, cambiarán de bandera y seguirán usándolo, sobre todo teniendo en cuenta que su uso ha aumentado entre 2015 y 2019 un 75%”, comentó. Una investigación de su comité, de hecho, ha concluido que sólo se reducirá en la década un 16% del total de barcos que lo consumen y, por tanto, sólo se reducirá un 5% de las emisiones que genera. Entre otras cosas, porque Rusia es un país ártico y responsable del tres cuartas partes del uso del HFO. “Rusia apoya la prohibición pero sólo con la cláusula de excepción. Veremos si su posición cambia en el MEPC 75, que será del 16 al 20 de noviembre”, añade Comer.

La autora en un glaciar ennegrecido por la contaminación en Groenlandia. @Rosa M. Tirstán

Es decir, pese a ser una especie de ‘alquitrán’ muy peligroso, aún hay una década por delante para que se utilice y siga en aumento, con el riesgo de que los hielos árticos sigan ennegreciéndose, y el peligro de que, a medida que aumenta el tráfico marítimo en la zona, dado que cada vez es más fácil el paso, haya un accidente y un derrame de consecuencias catastróficas para la vida ártica ¿Por qué entonces no prohibirlo de una vez por todas? 

Esta es la apuesta también de la abogada norteamericana Danielle Gabriel, del equipo Wildlife Team. “Esta relajación sobre los estándares del HFO es un precedente peligroso, porque la realidad es que la comunidad internacional ha reconocido el riesgo que existe y exige a los estados un control rígido de la contaminación, pero luego incluye excepciones que socavan el espíritu de protección, plantean dificultades y dejan a discreción de los países si se adaptan o no”, concluía en el encuentro. 

Para el director de Ecodes, Víctor Viñuales, está claro que este es otro ejemplo de que aunque siempre es mejor, y además más barato, actuar para prevenir que esperar a que el desastre esté encima, no siempre somos capaces de verlo. “Esas excepciones y exenciones son vías de agua a tapar, porque en otro caso el impacto de la prohibición será tardío y pequeño”, afirmaba.

 

 

 

 

Proteger el Océano Antártico en 2020, una oportunidad perdida


-La falta de apoyo de Rusia y China frustra la declaración de tres áreas marinas protegidas pese al impuso de países como España, quedando aplazada para 2021.

-Numerosos reacciones en contra de organizaciones ambientalistas de todo el mundo y representantes de la ONU 

-No se ha logrado sancionar al buque ruso Palmer por pesca ilegal en el Mar de Ross por la oposición de Rusia.

Océano Antártico, desde el BIO Hespérides. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

No estaba fácil, pero la necesidad de impulsar la protección del Océano Antártico en un contexto de cambio climático, que parece acelerarse en algunas zonas del continente de hielo, daba alas de esperanza a quienes confiaban (científicos, activistas ambientales, algunos gobiernos..) en que se diera algún paso importante en la reunión de la Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), celebrada de forma virtual este año. Pero no ha sido posible, pese al impulso de España, que presidía el encuentro.

Rusia y China siguen empeñados en poner trabas para que tres nuevas áreas de ese océano del sur del mundo (Mar de Weddell, oeste de la Península Antártica y zonas de la Antártida Oriental, en total cuatro millones de kms2) puedan tener un estatus de conservación que proteja a la fauna polar de acciones comerciales, cuando ya se detectan cambios importantes en los hábitats. Y sin unanimidad no hay posibilidad de avances. 

“Vamos a paso de hormiga”, reconocen fuentes cercanas a las negociaciones, que este 2020 partían con el hándicap de no ser presenciales debido a la COVID-19, pero con una presidencia española, con la ministra y vicepresidenta Teresa Ribera muy implicada, dispuesta a potenciar un mayor compromiso. Tras una semana de deliberaciones, ha quedado de nuevo aplazado para 2021. De hecho, la propuesta de sumar estas tres áreas al ya protegido Mar de Ross (desde 2017), ya se debatió en el pasado, también sin éxito. En 2018, se aplazó a esta reunión que acaba de terminar el 31 de octubre.

Desde luego, el COVID-19 no ha ayudado. A España ya le costó arduas negociaciones que el tema de las áreas marinas protegidas (MPA, en inglés) no cayera de la agenda de trabajo. Eso si, acabó en el apartado de “asuntos varios” o equivalente, lo que no auguraba grandes progresos, si bien la urgencia de dar pasos adelante, como se ha venido manifestando desde el mundo de la ciencia, y la mala imagen internacional de defender lo contrario en un lugar tan emblemático de la Tierra, podría haber jugado a favor de un cambio en los que vetan los avances.  

La intervención, el jueves día 30 de octubre, de la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores Cristina Gallach fue claramente a favor. “España felicita a los proponentes de las Áreas Marinas Protegidas para la Antártida Oriental, Mar de Weddell y Dominio 1 de la Península Antártica por su esfuerzo y constante trabajo para que dichas áreas sean adoptadas dentro de la red de la CCAMLR”. Y añadía que apostar por estas áreas “representa lo mejor de la diplomacia internacional, la ciencia y el esfuerzo de los países para conservar la biodiversidad y cooperar en mitigar los impactos del cambio climático”. 

Buque ruso Palmer acusado de pesca ilegal @ WEB de CCAMLR

¿Qué hay detrás para que Rusia y China no permitan avanzar en este asunto, en el que los otros 22 países miembros y la UE están de acuerdo? Por un lado, como señalaba en otro artículo, los intereses económicos en un negocio en auge: el krill, una especie muy vulnerable al cambio climático. De hecho, en estas reuniones de CCAMLR ha habido denuncias de pesca ilegal de un buque ruso que los representantes rusos se negaron a reconocer. En concreto, del barco F/V Palmer, que Nueva Zelanda aseguraba que estaba pescando ilegalmente en las aguas protegidas del Mar de Ross. Pero Rusia dijo que según sus datos no era cierto, así que no se incluyó entre los buques ilegales y podrá seguir con su actividad . “La CCAMLR está retrocediendo en la lucha contra la pesca ilegal al permitir que Palmer continúe pescando”, ha denunciado al respecto Claire Christian, directora ejecutiva de la Coalición del Océano Antártico y Austral.

También China anda detrás del krill, aunque fuentes polares españolas apuntan que, dado que esta especie no sólo existe en las áreas que se quieren proteger, quizás ambos países también están utilizando este asunto “como moneda de cambio para conseguir otros objetivos, en una estrategia que tendría mucho más que ver con la política que con lo que dice la ciencia”.

De hecho, los representantes de ambos países este 2020 volvieron a recurrir en las negociaciones al argumento de que “no hay información científica suficiente” que avale la necesidad de protección esas tres áreas. Ni siquiera en la región de la Península Antártica, el lugar del continente donde se concentran casi todas las bases científicas. Esta zona fue propuesta por Chile y Argentina y donde se ha incrementado más el calentamiento (casi 3ºC en 50 años) y donde este 2020 se han alcanzado temperaturas récords . “Al menos, sería deseable que se lograra proteger la Península”, comentaba días antes Ana Payo Payo, oceanógrafa española que participó en la expedición Homeward Bound en 2018. “Los chinos se escudan en que desde 2017 no hay un plan de gestión aprobado para el área ya protegida del Mar de Ross [la más grande de las dos existentes ahora], pero lo que eso pone en evidencia es que se tarda mucho en llegar a acuerdos y por eso hay que avanzar”, señalan fuentes gubernamentales españolas. Hay que recordar que la propuesta para proteger el Mar de Weddell partió de Alemania, allá por 2012 y la de la Antártida Oriental, de Australia y la UE, un año después. Es evidente el paso de hormiga… Respecto a la posición de España, en CCAMLR se ha posicionado en la defensa de las tres y se también se han ofrecido datos de las investigaciones realizadas por científicos españoles, especialmente en la zona de la Península. 

Finalmente, en sus conclusiones, la CCAMLR ha vuelto a aplazar el asunto y, además. se han aprobado las mismas cuotas pesqueras antárticas que ya estaban vigentes. En el caso de España, se mantiene la autorización para realizar actividades de pesquería con fines científicos, del Instituto Español de Oceanografía. 

Las reacciones de diferentes organizaciones de conservación ambiental  a nivel global no se han hecho esperar: 

PEW CHARITABLE: “En general, el fracaso del liderazgo global para proteger este ecosistema crítico es profundamente preocupante. En el 200 aniversario del descubrimiento de la Antártida y en vísperas del 60 aniversario de la entrada en vigor del Tratado Antártico, un acuerdo alcanzado en el apogeo de la Guerra Fría para proteger todo un continente, estableciendo nuevas áreas marinas protegidas en el Océano Austral debería haber sido una decisión fácil”, ha señalado Andrea Kavanagh, directora de Antártida y Océano Austral,que  trabaja con la ONG norteamericana Pew Charitable Trusts.

WWF: “El cambio climático y la crisis de la biodiversidad no van a desaparecer. La pesca ilegal debe ser erradicada. Tenemos las soluciones y los compromisos para proteger el Océano Austral y su icónica vida silvestre. En 2021, instamos a todos los gobiernos a demostrar colaboración y liderazgo en beneficio de las personas y la naturaleza”, ha declarado su responsable de océanos Chris Johnson.

GREENPEACE: “¿Cuántas veces más estos gobiernos presionarán el botón de posponer y pospondrán la decisión de proteger el océano Antártico? El fracaso constante en asumir la responsabilidad de esta frágil naturaleza salvaje, mientras que al mismo tiempo continúa permitiendo que los intereses comerciales la exploten más, está poniendo el destino de la humanidad está en peligro. Nuestro planeta está dando vueltas, los países deben tomar medidas urgentes si quieren abordar seriamente las emergencias climáticas y naturales. A pesar de los mejores esfuerzos de muchos delegados nacionales en la lucha por la protección de la Antártida, está claro que el próximo año necesitamos políticos de alto nivel y jefes de estado para hacer de la protección de los océanos una prioridad. Simplemente no podemos permitirnos ver la misma falta de progreso en 2021”, comentó al término del CCAMLR Will McCallum, director de océanos de Greenpeace Reino Unido.

PETER THOMSON (ONU): El enviado especial del Secretario General de la ONU para los Océanos ha enviado un mensaje en el que se declara decepcionado: “Me uno a los que expresaron su gran decepción porque las tres AMP antárticas propuestas no fueran aprobadas en la reunión. Esto no ha servido bien al ODS 14.5. Ahora debemos poner nuestra esperanza y determinación en una decisión positiva en 2021. No nos rendimos”.

VARDA GROUP (consultor ambiental internacional): Remi Parmentier, director de esta consultora y en su día fundador de organizaciones ambientales internacionales, ha criticado en su Twitter que “este año que no había vuelos para correr a casa tras la reunión, los miembros podían haberse tomado en serio su mandato de proteger el Océano Austral y haber continuado el encuentro virtual el tiempo que fuera necesario para alcanzar un consenso”.

PHILIPPE COUSTEAU Y ASHLAN COUSTEAU (periodistas y exploradores): “Estamos sumamente decepcionados por la oportunidad perdida de la CCAMLR de lograr el acto de conservación más grande de la historia mediante el establecimiento de las tres áreas vitales en la Antártida. Las devastadoras consecuencias del cambio climático ya están afectando a innumerables millones y la Antártida está en primera línea, cualquier demora en protegerla es inconcebible. Sin embargo, continuaremos luchando incansablemente por la protección del sistema de soporte vital de nuestro planeta, nuestro océano”.

También el oceanógrafo Carlos Duarte ha compartido en un mensaje por las redes sociales su decepción: “Poco liderazgo y miopía espantosa. La pregunta es ¿cómo se utilizará entonces el Océano Austral?”.

Si que hay que destacar como positivo que, frente al veto de dos, el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Convención para proteger el océano Antártico se afianza.  Australia y Uruguay se inscribieron para copatrocinar la área protegida del Mar de Weddell, mientras que Noruega y Uruguay se han sumado a los que proponen la Antártida Oriental. También la mayoría  (incluso Corea y Brasil) acordaron suscribir una declaración que respalda la importancia de la designación de AMP, presentada por la UE . “Agradecemos a los países que han impulsado estos esfuerzos y hacemos un llamamiento a su diplomacia de alto nivel para asegurar designaciones en 2021. Confiamos en que la CCAMLR logre este importante hito para la conservación el próximo año”, señala Kavanagh, de PEW.

También lo esperaba así la representante española, Cristina Gallach, que en su discurso final señaló: “2021 será un año especial en el que conmemoramos los 40 años de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, y los 30 años del Protocolo de Madrid sobre Protección del Medio Ambiente Antártico. España desea contribuir con acción movilizadora a generar un creciente entendimiento que permita dar pasos decisivos en la protección de la Antártida”. 

A ver si para entonces es posible dejar de ser hormigas para ser gacelas…

El cambio climático no va a esperar.

ANEXO:

Dominio1: Western Peninsula – South Scotia Arc
Domonio 2: North Scotia Arc
Dominio 3: Weddell Sea
Dominio 4: Bouvet Maud
Dominio 5: Crozet – del Cano
Dominio 6: Kerguelen Plateau
Domimio 7: Eastern Antarctica
Dominio 8: Ross Sea
Dominio 9: Amundsen – Bellingshausen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Krill, la ‘gamba de oro’ que puede ‘colapsar’ la vida en la Antártida


El mercado en auge de este crustáceo en China y Noruega y una posible entrada de Rusia ponen en riesgo a la fauna antártica. La protección del océano se discute estos días a nivel internacional

Foca sobre un témpano de hielo en la Antártida. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Cuanto más se profundiza en algunas cuestiones relacionadas con la especie humana y su relación con el resto de las especies… más se afianza la sensación de que ciencia (raciocinio) y economía (dinero) son mundos paralelos. Esa es la sensación al investigar sobre el krill antártico, esa especie de gamba/langostino, un crustáceo, que es fundamental para la fauna polar, incluidas las ballenas, y que proporciona nutrientes a los mares, gracias a las corrientes que circulan por los océanos del planeta. Además, los 379 millones de toneladas que existen -dicen algunos informes-, también retienen más de 23 millones de toneladas de CO2, ese gas contaminante que expelen nuestros tubos de escape,  chimeneas, aviones, buques, etc, etc… y que está empañando el futuro, el nuestro y el del krill.

Pues bien. Ese pequeña gamba, tan abundante como imprescindible, que se alimenta de algas que crecen bajo un hielo marino que va a menos, es objeto de deseo de quienes, sin ser conscientes del daño que causan, lo consumen convencidos de que es bueno para su salud porque tiene omega-3 (como las nueces, por cierto)  o para sus vacas, porque también se hace harina de pescado para piensos, o incluso para sus perros.

Una entrevista publicada en el portal SeaFood, de Mark Godfried, proporciona datos reveladores, a través del testimonio de Dmitri Sclabos, un agrónomo de Chile que dirige la empresa Tharos, especializada en pesquería de krill. Dice Sclabos que su empresa es sostenible porque ha ideado un sistema que permite conseguir el codiciado aceite de krill de forma más eficiente y productiva en los mismos buques que lo extraen del océano, que ya no se procesa en tierra. Y es sostenible porque así se consume menos petróleo, pero no porque se capture menos.

A finales de 2019, aventuraba que la demanda china de aceite de krill puede alcanzar hasta 4,5 veces la producción mundial actual y hasta cuatro veces la de harina. De hecho, la empresa china Shen Len ya botó el pasado año el barco más grande del mundo diseñado para pescar krill antártico. Y es el primero de dos.

Por cierto que también en la desarrollada Noruega, la empresa Aker Biomarine está buscando desarrollar alimentos y medicamentos de alto valor a partir del krill antártico. Es verdad que en 2018 se sumó al grupo de grandes compañías pesqueras noruegas que dejaron de pescar krill en la Península Antártica –tras una intensa gran campaña de Greenpeace- pero lo cierto es Aker que siguen haciéndolo en otras zonas del continente, también vulnerables, y que por sus proyectos no parece que vaya a rebajar sus cuotas de captura.

El barco chino Shen Lan, especializado la captura de krill antártico. De Web CCAMLR

En la entrevista, Sclabos apunta que la demanda china puede acabar cambiando la gestión del krill antártico, que ahora depende de la Convención para la Conservación de Recursos Marinos Antárticos (CCAMLR), de la que este país forma parte, y que podría trabajar en los próximos cuatro años hacia un sistema que promueva aumentar la pesca, en lugar de limitarla, que es lo que correspondería en un contexto de cambio climático y que es lo que quiere hacer la mayoría de CCAMLR siguiendo criterios científicos. Además ¿Cómo cuadra este hecho con la defensa de la biodiversidad en los grandes foros de la ONU por su presidente Xi Jinping? Y por otro lado, las cuotas de la CCAMLR, convención aprobada en 1982 de la que forman parte 25 países (con la UE), permite capturar un máximo de 620.000 toneladas… Entonces ¿Por qué seguir fomentando la demanda de ese pequeño y valioso animal marino? ¿Por qué buscarle más y más posibles salidas?

Basta entrar en la web de Aker para ver hacia donde van esos nuevos mercados para el krill: introducir su aceite en la comida para perros, como complemento alimenticio en todo el ejército de Estados Unidos, la acuicultura, nuevos fármacos… 

En el caso de China, además, se subvenciona su captura a través de un proyecto lanzado en 2011 destinado a su procesamiento rápido o apoyando la construcción de estos grandes buques arrastreros o invirtiendo en la ciudad de Haimen, donde se ha anunciando hace unos meses la instalación de una gran factoría que manejará ella sola 50.000 toneladas de krill al año (que se valoran en 773 millones de euros). 

La única esperanza que aporta Stablos es que si China se sale de los límites y por tanto de la CCMALR habría una gran reacción en contra en el mercado internacional, arriesgándose a un boicoteo de sus productos. Por otro lado, está la noruega Aker, que aunque dice ser ahora más sostenible en sus arrastreros, tiene una presencia mayor que China y también con creciente producción. Stablos estima que, pese a que el límite de capturas de krill actual es de 620.000 toneladas, para cubrir demanda anual en pocos años serán necesarias hasta 1,2 millones de toneladas, casi el doble que ahora, lo que puede romper el consenso en CCMALR.

Esta ballena azul come cuatro toneladas de krill al día. @BBC

¿Cómo cuadrar esto con el cambio climático y su impacto en este crustáceo? Porque la ciencia nos dice que ya está siendo afectado en su alimentación, pero es que además, ciclos biológicos que antes tenían lugar en febrero y marzo ahora se pueden ver en noviembre o diciembre. De hecho, estas razones, y la necesidad de proteger a la fauna antártica que vive de la ‘gamba de oro rojo’, están detrás de la propuesta para proteger una gran extensión del Océano Antártico de las pesquerías, hasta cuatro millones de kilómetros cuadrados. La propuesta se discute estos días, como os contaba en “Proteger la Antártida antes de que sea tarde”.

Pero falta hablar de Rusia, que tampoco es muy proclive a proteger nada más de lo que ya está protegido, que es poco. En mayo de este año, Pyotr Savchuk, presidente de la Agencia Federal de Pesca rusa, señalaba que “hay suficiente stock de krill’ para meterse en el mercado a lo grande. Savchuk dijo que tendrán que construir nuevos barcos especializados, además de instalaciones de procesamiento en tierra pero que los altos niveles de omega-3, vitaminas y otros ácidos grasos saludables del krill “lo hacen muy atractivo como recurso para aplicaciones en alimentos, acuicultura, farmacología y productos nutracéuticos”. Toda una declaración de intenciones.

De hecho, en mayo pasado culminó una expedición rusa a la Antártida de cinco meses (de AtlantNIRO) cuyo objetivo era “estudiar su hábitat y su situación” para así hacer ‘recomendaciones sobre cómo los barcos rusos pueden introducirse en este océano para que sea rentable”. A destacar que no se mencionó la palabra sostenibilidad.

Como miembro de la CCMALR, Rusia puede pescar allí. Es más, ya lo hizo en el pasado, llegando a capturar en 1982 un total de 491.000 toneladas, de las 528.000 totales ese año, vamos el 90%. Tras la caída de la URSS, su interés en el krill decayó hasta prácticamente desaparecer de escena hace 10 años. Claro que fue entonces cuando llegaron China, Noruega, Corea del Sur, Ucrania y Chile a tomar el relevo. En todo caso, aún no está claro si el gobierno ruso considera muy rentable invertir en un mercado con límites y con tanto actor presente, pero si ocurre ¿habrá pastel para tantos?

Con este panorama, cabe preguntarse dónde queda la ciencia y sus conclusiones, la sostenibilidad ambiental en un lugar tan especial como frágil, cabe preguntarse qué pasará con la demanda de crear grandes áreas marinas protegidas para, precisamente, entre otras especies, salvar al krill. Sobre todo, cabe preguntárselo porque hoy el mundo mira hacia otro lado.

De epílogo un dato para recordar: sólo una ballena azul necesita 3,4 toneladas de krill al día para su alimentación. Lleva consumiéndolo millones de años. ¿De verdad nuestros perros necesitan ahora un poco de aceite de esa gamba para vivir? ¿Lo necesitamos los humanos? ¿Y nuestras vacas?