Pregunta: ¿Qué opinas de la caza en España?


 

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Cacería en Llanas de Cabrera, marzo de 2016. @DIARIO DE LEÓN

ROSA M. TRISTÁN  

Si hay un tema que levante ‘ampollas’ en España es el de la caza. En unas comunidades autónomas más que en otras, léase Castilla-La Mancha, pero en general en todas. Por ello, la decana de las organizaciones conservacionistas del país, SEO/BirdLife, ha lanzado una encuesta (lo denomina proceso participativo) para poder fijar una posición en torno a esta actividad directamente relacionada con la protección de la naturaleza, proceso al que invita a participar a toda la ciudadanía en una primera fase, y que también a sus muchos miles de socios. Para participar basta con rellenar este CUESTIONARIO.

Para no partir de cero, desde la organización han consultado a los 13  investigadores y expertos, que componen su  Comité Científico, que han elaborado un documento de referencia. Y la conclusión es la siguiente: “En resumen, entendemos que para que el ejercicio de la caza sea compatible con la conservación de los recursos naturales, ésta debe basarse en la explotación sostenible de poblaciones silvestres, integrada con otros usos en forma de sistemas de uso múltiple en los que participen todos los sectores interesados, como los cazadores, los propietarios, los gestores de caza y otros usuarios potenciales del medio natural, incluyendo la sociedad en general representada por gobiernos y ONGs…  Finalmente, la planificación de la actividad cinegética debe realizarse a las escalas espaciales y temporales relevantes (comarcas cinegéticas y planes plurianuales) para que esta gestión sea eficaz y socialmente justa, y basarse en la evidencia disponible sobre la fenología de las especies y sus tendencias poblacionales, evitando la caza de animales en época de reproducción, propia o de la de otras especies sensibles, o la explotación de poblaciones en declive hasta que éste no remita”. El documento entero se puede leer  AQUÍ.

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Según lo estaba leyendo, escuchaba de fondo en mi cabeza la barbaridad de disparos que, como si fuera una feria, hace unas semanas escuchaba en el entorno del embalse de Los Morales, donde celebraba una cacería entre un gran empresario y sus amigos, según me comentaron en el pueblo cercano. O no atinaban o no dejaron nada vivo. Luego, ví salir una furgoneta frigorífica de la finca.

El cuestionario en cuestión es la primera de las cuatro fases que se espera tener terminadas al final de 2017.  “Se trata de un barómetro de opinión sobre cuestiones relacionadas con la caza y la conservación de aves y de sus hábitats que permitirá determinar cuál es la percepción de la ciudadanía sobre las actividades cinegéticas. No se trata, por tanto, de una votación o de un referéndum, sino de una herramienta que fijará los elementos clave para abrir el posterior diálogo y la reflexión”, apuntan desde SEO/Birdlife.

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Con sus resultados, se convocarán talleres y debates por todo el país y otras iniciativas que les servirán para elaborar un documento, que votarán sus más de 12.000 socios. “Después de décadas de trabajo a favor de la conservación de la naturaleza y dialogando con todos los sectores, es el momento de dar un paso hacia adelante. Fuimos la primera organización ambiental de España y ahora somos los primeros en abrir el debate en la sociedad sobre la caza”, explica la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz.

Una lectura del documento científico propuesto deja claro que la caza por diversión, si no es sostenible, perjudica a la conservación de naturaleza, dado que produce daños irreversibles en las poblaciones explotadas, provoca daños en las poblaciones de especies no cinegéticas, y utiliza métodos ilegales aplicados fuera de las temporadas permitidas. Sin olvidar lo que ocurre con los galgos.. En otro día en el aeropuerto me encontré a un buen grupo de ellos que “emigraba” a Alemania tras ser rescados en Andalucía.

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Aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas. @ROSA M. TRISTÁN

 

Descubren trilobites de patas espinosas de hace 478 millones de años


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ROSA M. TRISTÁN

Los hallazgos del paleontólogo Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del Instituto de Geociencias (UCM-CSIC), en el borde del desierto del Sáhara, y más en concreto en Fezouata, al sur de Marruecos, nos trasladan ‘ipso-facto’ a ese momento en el que nuestro planeta, hace 478 millones de años, en pleno Ordovícico, en el que los días tenían 21 horas, los continentes aún estaban juntos, los animales vivían todos en los océanos (por escasez de oxígeno en la atmósfera, quien sabe si volveremos a ello) y se formaban los yacimientos de gas y petróleo que en los últimos 100 años explotamos sin pensar en las consecuencias… En ese entorno, vivían los trilobites en zonas poco profundas de los mares de Europa, Asia, África y Sudamérica, que a falta de huesos casi lo único que dejaron fueron sus huellas, en las que Gutiérrez-Marco es capaz de leer  la historia de ese pasado remoto.

El investigador comienza 2017 con la publicación de un artículo en la revista Scientific Reports que tiene su origen en sus fructíferos viajes a la llamada “biota de Fezouata”, una mina de restos de ese pasado marino del desierto en el que ex pastores marroquíes, reconvertidos en restauradores de piezas que venden a como “souvenirs” o a los museos de medio mundo, no dejan de cometer destrozos irreparables dada la espectacular cantidad de fósiles de estos invertebrados que se encuentran.

Yacimiento de Fezouata (a la derecha, Juan Carlos Gutiérrez-Marco).

Yacimiento de Fezouata (a la derecha, Juan Carlos Gutiérrez-Marco).

Conviene recordar que los trilobites fueron un grupo común de artrópodos marinos que habitaron los mares de la Tierra durante la friolera de 300 millones de años (más del doble que los dinosaurios, aunque sean menos ‘peliculeros’). En ese tiempo llegaron a diversificarse en al menos 20.000 especies distintas (y seguro que más que aún no se conocen) con todo tipo de formas, como recuerda el investigador “Los había lisos, espinosos, de pocos milímetros y de hasta un metro de longitud. Pero casi todo se perdió porque sólo solían fosilizar su caparazón dorsal, mientras que sus patas y otras partes blandas de organismo han desaparecido. Sólo en una docena de sitios en el mundo hay trilobites  que preservan apéndices y partes de su anatomía interna, como es Fezouata”, explica el paleontólogo. De hecho, muchas veces sólo se encuentran sus huellas, llamadas “cruzianas”, de las que hay una buena muestra en el Parque Nacional de Cabañeros, por cierto.

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En este último trabajo, que publica con Diego García-Bellido, Isabel Rábano y el portugués Artur Sa , nos describe las patas y las estructuras digestivas de una especie llamada Megistaspis (Ekeraspis) hammondi, un trilobites de hasta 30 cm de longitud que tenía una larga espina caudal. “Los apéndices conservan las dos ramas (locomotora y respiratoria) típicas de los trilobites, pero sorprende que por vez primera se detecte que los tres pares de patas locomotoras situados bajo la cabeza son espinosos, en tanto que las patas torácicas y pigidiales son lisas. Hasta ahora sólo se conocían ejemplares con ellas iguales, tan sólo diferentes por el tamaño. Esta diferenciación es la que dio lugar a la generación de pistas fósiles del tipo Cruziana rugosa por parte de muchos trilobites asáfidos que, según nuestra hipótesis, excavarían con sus patas anteriores manteniendo la cabeza inclinada hacia abajo, dejando tras de sí un doble surco con los arañazos impresos por las espinas de estos apéndices anteriores. Hay muchas “cruzianas rugosas” pero se sabía poco de cómo se producían esas marcas que se alinean en sets de hasta 12 arañazos paralelos, como si ‘peinaran’ el terreno y que están interrumpidos por ondulaciones transversas debidas a las maniobras de avance del organismo”, señala el investigador.

Juan Carlos Gutiérrez-Marco, con un ayudante en Fezouata.

Juan Carlos Gutiérrez-Marco, con un ayudante en Fezouata.

En resumidas cuentas, se trata de una especie de trilobites cuyas “partes blandas” presentan unas características únicas, que se conocían por separado en ejemplares raros de Norteamérica y Centroeuropa y aquí se ven con claridad, si bien será difícil saber si sus extrañas patas eran un rasgo muy extendido entre aquellos artrópodos que reinaban en los mares.

Otra curiosidad es que en otro ejemplar del mismo trilobites, descubrieron que conserva un  buche y un tubo digestivo en el que desembocan varios pares de glándulas digestivas, que les sirven para alimentarse. Esta combinación de caracteres es nueva para los trilobites, donde las formas con glándulas aparejadas nunca estaban asociadas con un buche entre la boca y el resto del tubo digestivo. “Hasta ahora, los trilobites con un buche detrás de la boca no tenían glándulas digestivas, sino un tubo digestivo simple, pero esta especie combina ambos, además de que posiblemente tuviera esas glándulas digestivas a lo largo de todo el cuerpo, algo único y difícil de concebir. Se pensaba que estos trilobites no se movían para comer, pero esta proliferación de glándulas nos hace pensar en que tal vez fueran algo carroñeros”, señala Gutiérrez-Marco.

Este mismo yacimiento de la Biota de Fezouata, al norte de la ciudad de Zagora,  ya ha sido objeto de varios artículos en este Laboratorio para Sapiens, pues allí se han encontrado fósiles espectaculares, similares a los de la “Biota de Burgess Shale” en Canadá, como son artrópodos nadadores gigantes (anomalocáridos, de hasta dos metros de longitud) y otros muchos seres de cuerpo blando que en condiciones normales nunca perdurarían. Su datación en 478 millones de años la publicó el mismo Gutiérrez-Marco con  fósiles de graptolitos (plancton colonial) en dos artículos aparecidos en 2016.

El equipo investigador lo han formado, además de Juan Carlos Gutiérrez-Marco, el investigador Diego García-Bellido (cuyo exilio científico os relato en este link) de la Universidad de Adelaida; Arturo Sá, de la Universidad de Trás-os-Montes e Alto Douro (Portugal) e Isabel Rábano, directora del Museo Geominero (Instituto Geológico y Minero de España). 

 

 

Canfranc: en busca del silencio “cósmico”


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ROSA M. TRISTÁN

Estratos_Nº 115. PDF 

Sólo hay una docena de lugares en la Tierra comparables al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un puñado de recónditos espacios en los que es posible conseguir el ‘silencio cósmico’. Es la condición necesaria para llevar cabo sofisticados experimentos de la denominada física de Astropartículas. En otras palabras, para tratar de resolver algunas de las grandes preguntas que traen de cabeza a los investigadores de medio mundo: ¿qué es la materia oscura que compone un cuarto del Cosmos y que no vemos? ¿cómo son esas partículas llamadas neutrinos que nos atraviesan y somos incapaces de atrapar?

El Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC) está situado en las cercanías de la estación de esquí pirenaica de Huesca, enterrado bajo monte de pura roca, el Tobazo, que es muy apreciado por escaladores y cabras montesas. Hasta allí viajan cada año, de media, 300 científicos de una veintena de países que escapan así del ‘ruido’ que genera la radiactividad cósmica y que sólo calla en escogidas cavidades bajo tierra. En lo que fue un túnel ferroviario hasta los años 80 del siglo pasado, desarrollan en la actualidad siete proyectos que buscan respuestas en el corazón de los Pirineos aragoneses. “Es un lugar excepcional para ampliar nuestro conocimiento sobre cuestiones claves como la expansión y el origen del Universo”, apunta Luciano Romero, del CIEMAT (CSIC), miembro de uno de los equipos que precisan de este peculiar laboratorio.

La física de “sucesos raros”

Para hacer historia de LSC, hoy perteneciente a un consorcio del que forman parte el Ministerio de Economía y Competitividad, el Gobierno de Aragón y la Universidad de Zaragoza, hay que remontarse tres décadas atrás, cuando la física de Astropartículas se denominaba ‘física de Sucesos Poco Probables o Sucesos Raros’; el nombre tenía su razón de ser: estudia eventos que se producen muy excepcionalmente en la Naturaleza, y por tanto muy complejos de estudiar. Y sin embargo, asegura Romero, son fundamentales “para ampliar el conocimiento del pasado y del futuro”.

Entre estos eventos están los que implican a los neutrinos, partículas cuya existencia se descubrió a mediados del siglo XX, pero tan esquivos que aún se desconocen sus propiedades. La dificultad de su estudio estriba en que, si bien cada pequeña parte de materia es atravesada por miles de millones de neutrinos provenientes del espacio exterior, tan sólo uno de ellos por millón interacciona con un átomo. Además, las últimas hipótesis señalan que esta partícula podría coincidir con su anti-partícula (la anti-materia).

Todo ello pone en evidencia la dificultad que entraña detectarlos y caracterizarlos, objetivo que precisamente está en el origen de la creación del LSC dentro del Monte Tobazo, situado en la frontera entre España y Francia.

Buscando neutrinos…

Los primeros pasos los dio un grupo de físicos de la Universidad de Zaragoza. Habían realizado unas pruebas para la búsqueda de neutrinos en un laboratorio subterráneo en Francia (el Laboratorio de Modane), construido en el túnel abandonado de una carretera. El actual director adjunto del LSC, José Ángel Villar, formaba parte del equipo. “La señal que emiten estas partículas es tan débil que cualquier interferencia de radiactividad impide detectarla. Los rayos cósmicos, los materiales e incluso nosotros mismos emitimos radiactividad, así que solamente en lugares subterráneos que hagan de pantalla o muro, puede reducir ese ‘ruido’ hasta niveles aceptables para nuestras investigaciones. Por ello existen estas instalaciones y por ello nos trasladamos a Francia. Pero cuando regresamos comprobamos que necesitábamos realizar más pruebas y decidimos buscar un lugar en España que fuera propicio sin necesidad de viajar al extranjero”, recuerda.

En un principio, aquel grupo de jóvenes físicos, bajo la batuta del fallecido catedrático Ángel Morales, se inclinó en utilizar para sus experimentos unas cuevas de sal que hay en el municipio zaragozano de Remolinos, pero no reunían condiciones. Entonces recordaron aquel túnel ferroviario que cruzaba el monte Tobazo para enlazar con Francia y que llevaba en desuso 15 años. “Es un túnel de unos siete kilómetros que tiene encima 850 metros de roca. Las pruebas nos indicaron que allí dentro las partículas radiactivas, los muones de los rayos cósmicos, se reducen en un factor de entre 80.000 y 100.000 veces respecto a las que hay al aire libre. Era un lugar perfecto para nuestro experimento”, comenta Villar.

En realidad, la profundidad de este tipo de instalaciones subterráneas se mide por metros de agua, aunque estén bajo tierras, y según este criterio internacional, el túnel del Tobazo estaba a 2.400 metros de agua de profundidad, más que suficiente para evitar indeseables interferencias llegadas desde el espacio exterior y el terrestre. El más ‘profundo’ del mundo, en Canadá, está a 6.000 metros.

Tras solicitar los permisos correspondientes al Ministerio de Transportes, en 1986 los investigadores instalaron en el interior un primer laboratorio aprovechando un pequeño espacio lateral del túnel y comenzaron a obtener unos resultados “razonablemente aceptables”, en palabras del catedrático. Pronto se supo entre la comunidad científica internacional que había un nuevo lugar donde ir a practicar la física de astropartículas, y comenzaron a enviar solicitudes a los investigadores de Zaragoza y a publicar resultados científicos relevantes.

Ante esta demanda, y tras más de una década funcionando con precariedad de medios y espacio -una caseta les servía de cobijo en el exterior y apenas se utilizaban 12 metros cuadrados en el interior-, en 2003, el grupo de Física Nuclear y Astropartículas logró que se decidiera construir el actual Laboratorio Subterráneo de Canfranc, en una galería nueva que se encuentra entre el viejo túnel ferroviario y el túnel para una carretera (el de Somport) que se había construido la década anterior. En total, con una inversión de 3,7 millones de euros, se multiplicó por 16 su superficie dedicada a la ciencia dentro de la montaña, hasta los 1.600 m2, y por 50 su volumen, excavando una nueva sala abovedada de 600 m2. Para las obras, hubo que tener especial cuidado para que los materiales utilizados no incrementaran la mínima radiactividad de la cavidad.

Diez años en marcha

Este nuevo LSC se inauguró oficialmente en marzo de 2006, pero posteriores defectos en su cobertura impidieron que se pusiera en marcha hasta 2009. Ese año, comenzaron a llegar los primeros proyectos científicos sobre neutrinos y, posteriormente, sobre materia oscura, geodinámica e incluso biología. En definitiva, trabajos que requieren ‘limpieza’ de radiactividad. “En la actualidad, además de la instalación en el túnel, el LSC cuenta con un edificio con despachos y laboratorios en Canfranc. El futuro de la instalación está asegurado porque hace unos meses se renovó por otros seis años el consorcio que garantiza los fondos que se requieren para mantener las instalaciones y el personal, que son 12 trabajadores”, apunta Villar.

Las solicitudes de científicos que necesitan del LSC, hasta el momento, no han parado de llegar. Un comité científico, reunido cada seis meses, asesora al comité ejecutivo y al consejo rector sobre aquellas propuestas que son susceptibles de necesitar de la instalación, calificada como una de las Infraestructuras Científico y Técnica Singulares del país y que está considerada la tercera más profunda de Europa, después de la de Francia (Modane) y otro laboratorio subterráneo en los Apeninos italianos (Gran Sasso).

Para Villar, que en tan pocos años haya conseguido situarse entre los laboratorios mejor considerados, es una gran noticia. “No somos el CERN, pero tenemos instrumentos muy sofisticados y no hemos parado de crecer desde su apertura”, asegura. Los siete proyectos en marcha -ha habido uno más, sobre viabilidad de unos materiales, que ya terminó- son un ejemplo de las diferentes posibilidades científicas que tiene el LSC.

Desde su grupo de la Universidad de Zaragoza, se inició en 2008 el proyecto ANAIS para la búsqueda de la materia oscura, ese misterioso 25% del Universo del que se buscan partículas y que puede encerrar el misterio de dónde venimos y hacia dónde vamos. ANAIS utiliza la modulación anual del ritmo de interacciones en unos cristales de yoduro de sodio, un material que produce pequeños destellos cuando una partícula interactúa con él y deposita su energía. De momento, no han encontrado nada “pero son trabajos que requieren muchos años”, recuerda el científico.

Paralelamente, la Universidad de Zurich (Suiza), trabaja también en el mismo túnel con otro proyecto, ArDM, que también quiere detectar esta materia oscura, pero utilizando argón líquido con un detector que se está montando ahora. En este caso, utilizan una toneladas de argón líquido para tratar de detectar alguna señal de la materia oscura, alguna interacción. “Tampoco hemos encontrado nada aún, pero tener resultados negativos también nos permite mejorar la detección. Si ha habido unos 20 sucesos, pero todos tienen que ver con el fondo radiactivo, no con la materia oscura”, reconoce.

Una cámara de 100 kilos de gas

Como no podía ser menos, los neutrinos que llevaron a crear el LSC también son objeto de búsqueda en Canfranc, en este caso dentro del proyecto NEXT, en el que participan 80 científicos de diferentes instituciones internacionales y nacionales. Se enfoca a descubrir si un neutrino es, a la vez, una partícula y su antipartícula, lo que explicaría por qué el Universo está hecho de materia y no de antimateria, que en teoría también se creó en el momento del Big Bang. Para ello, NEXT, aún en fase de instalación, empleará una cámara de 100 kilos de gas xenón enriquecido.

Otros dos proyectos en marcha destinados a estas inivisibles partículas son BiPO, de un equipo francés, y Super K-GD, éste último en colaboración con científicos japoneses del conocido observatorio subterráneo de Kamioka (Japón), el lugar donde se descubrieron las primeras oscilaciones en neutrinos que proceden de colisiones de rayos cósmicos en la atmósfera. De momento, en Canfranc se están realizando experimentos complementarios sobre materiales que son necesarios en Kamioka.

Pero no tiene que ver con las astropartículas en el laboratorio pirenaico. Y es que, además de ser casi inmune a las radiciones, está ubicado en una de las zonas sísmicas más activas del oeste de Europa, en la franja Pirenaica que marca el límite entre la placa Europea y la micro placa Ibérica. Es un sitio perfecto para monitorizar, como se hace con el proyecto Geoodyn, la actividad sísmica y las deformaciones que produce.

La última área de investigación en aterrizar en Canfranc ha sido la Biología, gracias a los investigadores del proyecto Gollum, que han iniciado una excavación en la roca en busca de una posible existencia de vida microbiana a gran profundidad.

Villar es optimista respecto a lo que puede suponer este antiguo túnel ferroviario para la ciencia: “De momento no hay resultados de ninguno de estos trabajos, porque casi todos son proyectos en los que los plazos son de varios años para la recogida de datos, pero nuestro reto es que algún experimento encuentre en el LSC algo que sea relevante a nivel mundial y sabemos que ello llevará tiempo”.

Por lo pronto, seguirá creciendo. Ya está prevista la instalación de un pequeño acelerador para el estudio de procesos nucleares…. El túnel del ‘silencio cósmico’ …

 

 

 

Starmus… una patada en España y acaba en Noruega


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Participantes en Starmus 2016. Algunos de los más grandes científicos del mundo, poniendo el nombre de Canarias y España por lo más alto.

ROSA M. TRISTÁN

No encuentro palabras para definir lo que ha ocurrido con el Festival Starmus en España. No las encuentro porque me produce una tremenda tristeza que este país haya dado una patada a un evento de estas características, tan potente que lo ha lanzado hasta Noruega. Allí, ha caído en blando, sobre unos brazos abiertos, porque allí no tienen políticos ni empresas tan cerriles como las que tenemos aquí. Pero no sólo maltratamos, es que encima culpamos al organizador,  el astrofísico Garik Israelian, de que se fiara de los compromisos contractuales, de que pensara que no le iban a dejar en la estacada.

No voy a recordar todo lo que ya conté a un mes antes del evento, celebrado a finales de junio, cuando quedó patente que de nuevo algo no iba bien a nivel financiero con Starmus durante la rueda de prensa de presentación. Podéis leerlo aquí lo que se dijo entonces. Lo único que he sabido después es que fue un éxito de afluencia, que todos los asistentes quedaron encantados  y que el Cabildo de Tenerife, presidido por Carlos Alonso, no consiguió los patrocinios de algunas grandes empresas por 350.000 euros como había dicho y no ha negado. En concreto, me refiero a las grandes empresas ITER y  ATOS, de las que si han quedado fotos en las que se ve a los empresarios con el científico Stephen Hawking. Mira que bien..  “Salir en la foto” parece ser lo único que importa, pero gratis.

Me sorprende  que ningún medio español se preocupara, salvo de pasada, de unos problemas financieros conocidos desde entonces y que ponían en riesgo su continuidad, al menos en España; que en sus tres ediciones, no tuviera apoyo del Gobierno central (salvo también para ir a hacerse la foto con grandes genios del planeta); y que ninguna de las grandes empresas de este país quisiera ligar su marca a un encuentro de este nivel, que no ha dejdo de crecer y pasará a la historia de la divulgación científica. Guste a unos su formato o no guste.  Y parece que a los noruegos sí les parece estupendo.

Desde luego, ninguno de los grandes empresarios del IBEX35 podrá decir que no se les contactó, pero unos quisieron aprovecharse de la presencia de algunos famosos (como Hawking) sin poner un euro  y otros ni se molestaron en abrir la puerta, en contestar a una carta, a una llamada o a un email. Quiero pensar que cuando veían el plantel , políticos y empresarios o conocían a los protagonistas, pero no tengo la certeza. Así de patético es este país. Así de triste.

Leo en los medios que el Cabildo de Tenerife dice  en torno al 80% de la financiación de Starmus ha sido pública. Y Starmus lo niega (en su Facebook ha hecho un comunicado). Más del 50% se ha financiado con las entradas, asegura. También leo que resulta que  el festival tiene deudas en Canarias por pagar. Y vamos a ver, si alguien se compromete por contrato a hacer algo que no hace (como se dijo en rueda de prensa con los patrocinios) y eso afecta al balance final ¿de quién es la culpa? Así se hunden iniciativas en este país de pandereta.

Con todo lo anterior, no me sorprende que el Festival Starmus tuviera otras ‘novias’ más cariñosas. Más de una, según tengo entendido. No sólo por la resonancia mundial del evento que pone el nombre de cualquier lugar en el candelero internacional (incluyendo páginas en el New York Times o National Geographic, por sólo mencionar algunas publicaciones), sino porque eran muchos los jóvenes (mayoritariamente canarios) que esperaban cada año la oportunidad de acercarse a la ciencia de más  alto nivel durante una semana. Los canarios, por 350 euros, y los demás por 500 (si se sacaban con antelación). Si hubieran costado 1.000 euros seguramente se habría financiado sin ese apoyo público, pero en ese caso ¿qué jóvenes hubieran ido?

Como ciudadana que paga impuestos, prefiero que se financien estos eventos con ‘mi’ dinero antes de que vaya para las ayudas públicas al fútbol, mucho más millonarias, a la banca (de las que hemos recuperado el 5%) o  ‘mordidas’ de partidos políticos corruptos. Puestos a elegir.

No se si Starmus 2018 será o no en España, o en Canarias. Pero tal como van las cosas, mucho me temo que no.

Pero vamos, es sólo otra gran iniciativa española que se va fuera.

Con políticos y empresarios como los de ahora, Colón no habría descubierto América para el resto del mundo. Fijo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Vandana Shiva: “Vamos a denunciar a Monsanto en el Tribunal de La Haya”


Vandana Shiva, en Madrid. @ROSATRISTÁN

Vandana Shiva, en Madrid. @ROSATRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

La activista hindú Vandana Shiva anunció hace unos días que entre los días 15 y 16 de octubre  de 2016 su organización (que forma parte de la International Monsanto Tribunal) llevará a esta compañía estadounidense ante la Corte Penal Internacional (el Tribunal de La Haya), apenas unas semanas después de que esta institución señalara que a partir de ahora tomará en consideración los delitos socio-ambientales como delitos de “lesa humanidad”.

Shiva lo anunció hace unos días, en un acto de la Fundación Mujeres por África, que trajo a Madrid una de las activistas más conocidas del movimiento ecologista mundial, promotora del ‘ecofeminismo’ y látigo contra las grandes corporaciones agro-industriales del momento. Su conferencia, en la Fundación Ramón Areces, com0 el resto del ciclo de conferencias, tenía como eje la desigualdad en el mundo, una ocasión que la líder ecologista aprovechó para ‘tirar a dar’, con la palabra, a quienes defienden que la solución a la alimentación mundial pasa únicamente por el desarrollo tecnológico.

“La ciencia es explorar, y he estudiado física, así que algo se de ello. Pero hubo un momento en el que parte de la ciencia se hizo jerárquica y patriarcal y se convirtió en el método para explotar la Tierra, para extraer sus recursos naturales de forma lineal, cuando los ciclos de vida siempre son circulares. La Naturaleza no genera residuos, como el CO2 o como el nitrógeno [generado por fertilizantes químicos en un alto porcentaje] que se acumulan en la atmósfera y generan el cambio climático. Hoy, los ríos están contaminados o secos y las mujeres, que antes tenían un pozo cerca, ahora caminan 10 millas al día para coger agua. Son 10.000 millones de días de vida de las mujeres del mundo”, señaló a los oyentes. “Y las mujeres si que saben del ciclo de la vida, no son ‘pobres mujeres’ a empoderar, deben ser las tutoras del cambio hacia una igualdad feminista que no es sólo suya, sino de toda la sociedad”, comentó en su versión más feminista.

Shiva, que nació de la unión de un guardabosques y una granjera en una aldea del norte de la India, recordó que muchos conflictos actuales, y quizás futuros, tienen su origen en un medio ambiente en crisis. Y puso algunos ejemplos: “Hasta 2009, Siria era un país estable, pero se sucedieron las sequías y un millón de agricultores tuvieron que dejar el campo y llegaron a las ciudades; la inestabilidad creció y estalló la violencia, que se tornó política y religiosa. En Chad, hoy el 80% del gran lago se utiliza para regadío y se instalan agroindustrias, aunque nueve millones de personas dependen de su agua ¿Qué pasará cuando se seque? Habrá conflicto, y no se considerará ambiental, sino religioso. Pero es la excusa”, denunció.

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No todo fue denuncia en su conferencia. La activista hindú también ve alternativas: “En África, las mujeres que cultivan pequeñas tierras generan más alimentos que las grandes fincas. Los poderes económicos sólo piensan en los alimentos como materia prima, el trigo el maíz, la soja, el arroz, el algodón, el mijo, la cebaba y la avena. Pero luego, el 90% del maíz o la soja es para biocombustibles o piensos para el ganado. En consecuencia, se está abandonando el campo, cuando la pequeña agricultura ayuda a fijar nitrógeno al suelo y da de comer”.

Como no podía ser de otro modo, también criticó a los cultivos bajo patente de las granas compañías. “Nos venden productos transgénicos con más propiedades. Ahora en la India quieren meternos plátanos transgénicos con más hierro. Pero ¿por qué, si ya sus propiedades son excelentes y tenemos verduras, y cúrmuma  otros alimentos con mucho hierro? Por negocio. Y lo mismo con el caso del ‘arroz dorado’, diseñado con más vitamina A. En junio, 109 premios Nobel han firmado a favor de los beneficios de este cultivo, pero sólo dos son biólogos. ¿No deberían reclamar que la alimentación sea equilibrada cuando hay tantos cultivos que proporcionan vitamina A sin necesidad de crear otros?”, se preguntaba.

Un vivero en República Dominicana para replantar bosques. @ROSATRISTÁN

Un vivero en República Dominicana para replantar bosques. @ROSATRISTÁN

Shiva anunció entonces una denuncia contra el gigante Monsanto: “Hoy cuatro compañías transnacionales quieren patentarlo todo. Monsanto actúa contra los gobiernos de Argentina o la India porque quiere que las plantas se consideren inventos. Aquí en la UE, ustedes cuentan con leyes restrictivas que impiden que los OGM inunden el mercado, pero con el Tratado TTIP se promoverá también una agricultura como fuente de materias primas. Y no puede ser. Nosotros, mi organización, este mes de octubre llevaremos a Monsanto al tribunal de La Haya (Corte Penal Internacional) por ecocidio y vulnerar los derechos Humanos”.  Y añadió: “La globalización corporativa es la que ha dado origen al fundamentalismo religioso, que crea nuevas reglas, la mayoría contra las mujeres. En Bangladesh hace 15 años se vestía como en la India y ahora van con burka. Sin embargo, se evitaría con una agricultura ecológica, que es capaz de alimentar a dos Indias, porque produce el doble de alimentos que la industrial, que consume 10 veces menos energía y no daña el clima. Y luego está el coste: 1.300 millones de dólares en daño ambiental y otros 1.000 millones a la salud en mi país”.

“Debemos dejar de pensar que el planeta es una mina porque es vida circular y las mujeres tenemos mucho que decir para cuidar su salud”, concluyó.

 

Svalbard: nuestro seguro alimentario en unas cajas congeladas


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ROSA M. TRISTÁN

Reportaje en PDF 

La tumba de Tutankamón, muerto hace más de 3.500 años, es el primer banco de germoplasma conocido, a decir de algunos, pues cuando se encontró intacta aún guardaba en su interior semillas destinadas a la vida futura del faraón. Hoy, mas de mil bancos de semillas distribuidos por el planeta intentan conservar, también para el futuro, una biodiversidad que se está perdiendo a pasos agigantados y que, podría decirse, tienen su sede ‘central’ en una remota isla cercana del Polo Norte, Spitsbergen, perteneciente al archipiélago noruego de las Svalbard. Es un seguro de vida ante la posibilidad de una catástrofe, una guerra nuclear o un desarrollo agro-industrial que puede acabar con las plantas que desde hace más de 10.000 años nos han permitido alimentarnos adaptándose, y adaptándolas, a las necesidades humanas.

La ‘Bóveda Global de Semillas’, como se la conoce oficialmente, por fuera apenas es un bloque de hormigón hincado en una montaña de arenisca, siempre nevada, en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra y también más seguros. Su sismicidad es mínima, nunca se inundara y el permafrost mantiene un frío glaciar perfecto que la convierte en la mayor nevera del mundo.

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Inaugurada en 2008 en lo que una antigua mina excavada a 130 metros de profundidad, su pequeña entrada exterior da paso a un espectacular túnel que acaba en tres grandes salas selladas con capacidad para albergar más de 4,5 millones de muestras, un total de más de 2.000 millones de semillas. Todas, metidas en cajas negras de 500 unidades y perfectamente identificadas.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

En los ocho años que lleva construida, ya son 104 los países que han aportado a este gélido banco muestras de los cultivos que a lo largo de milenios brotaron en sus territorios, dando lugar a una biodiversidad que parecía no tener límites hasta mediados del siglo pasado. Pero ya no es así y después de haber confirmar la pérdida del 90% de la diversidad agrícola en apenas unas décadas, la comunidad internacional optó por conservar todas las simientes posibles rebajando su actividad biológica con menos temperatura, humedad y oxígeno, es decir, congelándolas a 18ºC bajo cero. A día de hoy, sus depósitos subterráneos acumulan más de 860.000 muestras diferentes, cada una en su caja.

 

Hasta 2015, no había sido preciso abrir la bóveda para extraer parte de su tesoro, pero la guerra que asola Siria ha dado pie a esa primera ocasión, después de que se destruyera el valioso banco de semillas que el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) tenía cerca de la ciudad de Alepo, no lejos del llamado Creciente Fértil, justo donde se cree que el ser humano dio origen a la agricultura. En septiembre, los científicos sirios, refugiados en Marruecos, pidieron a centro de Svalbard parte del material que habían depositado allí hacía unos años para poder seguir investigando sus propiedades: “El valor de este almacén no es solo una previsión para una teórica crisis alimentaria, sino también nos permite seguir analizando las características de la biodiversidad cuando desaparece”, señaló entonces el creador y responsable de la Bóveda, Cary Fowler.

MÁS COMIDA, MENOS GENES

Pero conviene hacer un repaso al origen de este proyecto. El afán por conservar semillas con fines científicos, conservacionistas y alimentarios surgió en las últimas décadas del siglo pasado. Fue tras la II Guerra Mundial cuando el aumento de la población mundial hizo necesario incrementar la producción alimentaria gracias a lo que se llamó la Revolución Verde, que logró su objetivo pero que tuvo como consecuencia una pérdida tremenda de especies al potenciar sólo las más productivas. Cultivos como el trigo o el arroz llegaron a duplicar sus cosechas en tiempo récord, eso sí con un coste muy elevado. “Perdimos en un siglo el 90% de la diversidad agrícola y con ella genes que podían ser útiles para la adaptación, la calidad nutricional o la resistencia a enfermedades de muchas plantas con un larga historia”, apunta a Estratos el catedrático José Esquinas, ex secretario de la Comisión sobre Recursos Genéticos para los Alimentos y la Agricultura de la FAO y uno de los mayores expertos mundiales en la materia. De hecho, fue Esquinas quien promovió la firma de un tratado internacional vinculante que pusiera remedio a esta oculta extinción: el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), aprobado por la FAO en el 2001 y ratificado por el Parlamento español en el 2004.

De las nefastas consecuencias de la pérdida de biodiversidad agrícola ya había pruebas históricas: entre 1840 y 1850 murieron de hambre en Irlanda dos millones de personas y otras muchas emigraron a Estados Unidos, después de las patatas traídas de América se vieran afectadas por una plaga. Si hubiera habido más especies, aquella hambruna no hubiera vaciado un país en tan poco tiempo.

También había evidencias del interés que representaban los bancos de semillas, como lo que ocurrió con la colección del Instituto Vavílov durante la ocupación nazi en Rusia: el biólogo y genetista Nikolài Vavílov había iniciado una colección de semillas que llegó a tener 300.000 muestras y los invasores incluso crearon un comando para apropiarse de esos recursos fitogenéticos.

Frutos colombianos,

Frutos colombianos llamados lulos.

Por último, se había detectado que la pérdida iba ‘in crescendo’: si en 1949 los chinos cultivaban 10.000 variedades de trigo, en 20 años habían pasado a menos de mil; México había perdido el 20% de sus variedades de maíz y en Estados Unidos quedaba apenas el 5% de las especies de manzanos que tenían a comienzos de siglo. “Alimentarnos con buenas y uniformes semillas acababa extinguiendo aquellas útiles para el propio mejoramiento agrícola”, argumenta Esquinas.

Si bien en los años 40 la FAO ya había mostrado su preocupación por este asunto, hasta los años 70 y 80 no comenzaron las negociaciones para recolectar, conservar e intercambiar germoplasma a nivel mundial. La cuestión era que la mayor diversidad estaba en países en desarrollo (zonas tropicales y subtropicales) pero los bancos de semillas estaban solamente en los países desarrollados. Esquinas recuerda bien aquellas discusiones: “El problema era a quien pertenecía el material. Fue entonces cuando España propuso desarrollar un tratado internacional y un banco bajo jurisdicción de la FAO en donde las semillas se conservaran mucho tiempo”.

El Tratado, que promovió el experto español, tardó décadas en ser aprobado y ratificado por 30 los países, hasta que entró en vigor en 2004 (ahora son 136), y el banco abierto en Svalbard también tuvo un largo recorrido hasta ser realidad bajo las nieves permanentes del Ártico.

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

Para empezar había que decidir donde construirlo. Esquinas recuerda que en los años 90 visitó varios posibles emplazamientos: en Jujuy (norte de Argentina), algunas cuevas bajo los glaciares de Perú y Svalbard, donde el Gobierno noruego cedía una antiguas minas, finalmente elegidas. Ahora bien, aunque la construcción la financió Noruega -9 millones de euros- estaba además la complicación del pago a perpetuidad de su mantenimiento, pues la FAO no tenía dinero para ello. La solución fue optar por un instrumento financiero: los países o empresas depositantes prestan dinero al Global Corps Trust, que lo gestiona, y con los intereses generados se pagan los gastos.

“La idea original era que todo lo depositado allí fuera Patrimonio de la Humanidad, aunque al final es sólo un depósito de semillas de cada uno de los países, pues siguen siendo suyas. De hecho, según el Tratado hay 64 géneros de plantas que está en un sistema multilateral, lo que implica que están a libre disposición, pero otras están en un sistema bilateral en el que los países propietarios deciden para quien están disponibles. En Svalbard también hay semillas de países que no han firmado el Tratado y que no están disponibles para otros, o de empresas. Es decir, son como las cajas negras de seguridad de un banco, una copia de seguridad con dueños”, señala el catedrático.

Como experto hace hincapié en que, con o sin banco bajo los hielos, el mejor método para conservar la diversidad agraria mundial es “in situ”, en la tierra, porque “es fruto de la adaptación al ambiente y ella no se puede congelar”. Allí las semillas permanecen inalterables, incluso cientos de años. Pero es consciente de que Svalbard y otros bancos son un seguro necesario.

Ya en los años 60 se descubrió que la vida de las simientes, que es de entre cuatro y 15 años, se duplica por cada 5ºC menos y cada 1% menos de humedad. En ello se basa el banco polar y muchos otros. Una alternativa sería conservarlas en nitrógeno (-196ºC) pero es un sistema demasiado costoso. También se sabe que hay semillas “recalcitrantes” que no pueden congelarse, y que requieren una conservación ‘in vitro’.

En España, el frío también es la opción más aceptada. Así lo comenta Isaura Martín, investigadora del Centro de Recursos Fitogenéticos (INIA-CSIC), cuya sede en Alcalá de Henares es el mayor banco de semillas de España, con unas 70.000 muestras congeladas y , de ellas, unas 40.000 variedades españolas. La inmensa mayoría ya no crecen en este país. Sólo de trigo, hay en el banco del INIA más de mil especies diferentes, si bien hoy se cuentan con el dedo de la mano las que se cultivan.

El INIA es uno de los 30 bancos de semillas que hay en todo el territorio, dependientes de instituciones y comunidades autónomas. Es en este centro donde se lleva el inventario nacional, tal como precisó el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, aprobado por el Gobierno en 1993. Además, mantiene importantes colecciones activas y duplicados de seguridad de todas las colecciones de la red.

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Parte de su colección de cereales y leguminosas fueron recogidas en la primer mitad del siglo XX, pero hace décadas que ya no existen ‘in situ’; otras muchas se las envían y también las recogen en expediciones que aún realizan los investigadores al mundo rural a “la caza” de ese agricultor que guarda unas semillas tradicionales para su autoconsumo, porque ese tomate o las acelgas del abuelo son únicas. “En el banco tenemos semillas de más de mil tomates y mil lechugas diferentes y, como todas, están documentadas e inventariadas por si alguien nos las pide, que cada vez hay más solicitudes”, señala Isaura Martín.

Y es que en los últimos tiempos, tras años de uniformidad, el impulso de la agricultura ecológica ha traído la puesta en valor de aquel producto tradicional que se quiere recuperar, y los eco-agricultores acuden en busca de las semillas al INIA. “Les damos 50 o 100, lo suficiente para que puedan multiplicarlas. Además, aquí también hacemos multiplicación de las semillas, poniendo cuidado en que tengan las mismas condiciones que en el pasado y en que nos se crucen genes de varias”, precisa la investigadora.

Otras muchas peticiones llegan de empresas interesadas en la mejora genética de las especies, así como de científicos de diversas instituciones que trabajan en este mismo área de la ciencia agrícola en busca de genes y propiedades.

Cabe mencionar que una copia de todas estas semillas españolas no han sido enviadas aún a la Bóveda Global de Svalbard, para cuyo mantenimiento España aportó únicamente un millón y medio de euros, pero si que existe la intención de hacerlo cuando los organismos científicos implicados en la tarea cuenten con recursos para ello.

En todo caso, el valor de estas iniciativas está hoy fuera de toda duda: “No debemos olvidar que de las semillas comemos cada día de nuestra vida y que con el cambio climático necesitaremos de ellas para adaptarnos a las nuevas condiciones. Tenemos que contar para el futuro con otras plantas que aguanten y si perdemos esa diversidad genética vamos a estar mal preparados para adaptarnos”, aduce Martín.

José Esquinas, por su parte, recuerda que él llevo su cajita con 360 semillas, recogidas en los años 70, al INIA hace ya algún tiempo. “Ojalá un día, una copia de seguridad de todas ellas acaben en Svalbard y ojalá también que las semillas certificadas por ley no acaben con esos 10 milenios de esfuerzo de la Humanidad”.

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

APOYO.

La situación geográfica, su geología y el estar a orillas de un mar de cruce de culturas, como es el Mediterráneo, han convertido a España en uno de los 25 puntos calientes de biodiversidad del mundo que se refleja en la producción agraria. Sin embargo, como en el resto del planeta, la uniformidad de la agricultura moderna amenaza la variabilidad de especies y por ello fue preciso crear un instrumento que promoviera su protección, el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, que ya lleva 23 años aprobado, pero que aún tiene algunos puntos por desarrollar.

Uno de los componentes del Programa es la red de 33 bancos de germoplasma y colecciones que existe y financia en parte el Programa Nacional para mantener las colecciones activas españolas en adecuado estado de conservación, documentadas y disponibles para los usuarios potenciales, tanto para investigación como para uso directo por parte de los agricultores.

No fue hasta 2006 que se aprobó la Ley 30/2006, de 26 de julio, de Semillas y Plantas de Vivero y de Recursos Fitogenéticos, según los agricultores, no se ha avanzado mucho en materia de conservación y utilización sostenible de estos recursos ni se ha potenciado sus derechos a producir, intercambiar y vender sus propias semillas o estrategias para poderlas conservar ‘in situ’. Más recientemente, se ha presentado un Proyecto de Real Decreto por el que se aprueba el reglamento del Programa Nacional, en el que se especificarán los derechos y deberes de los operadores de semillas, incluidos los agricultores a pequeña escala. En estos momentos, los responsables están negociando con el sector este reglamento, en el que éstos últimos quieren incorporar algunas

-El respeto del derecho de los agricultores para utilizar, intercambiar y vender sus propias semillas. Los agricultores que hacen venta directa de semillas como complemento de su actividad deben estar exentos de las mismas exigencias que el resto de operadores.

– Las microempresas artesanales que producen y comercializan semillas de variedades locales necesitan reglas adaptadas a su actividad, completamente diferente a la que realizan las grandes empresas de semillas de producciones deslocalizadas y distribución kilométrica.

– Son necesarias reglas adaptadas para el registro de las variedades para la agricultura ecológica y para la agricultura a pequeña escala.

– Los agricultores y consumidores deben tener la posibilidad de elegir los alimentos que consumen y las plantas que cultivan. Demandamos transparencia en los métodos de selección utilizados para generar las variedades y la propiedad intelectual que gestiona su uso. Esta información debe constar obligatoriamente en el etiquetado.

 

Un millón de ‘pajaritos fritos’, alta tensión en la naturaleza


Un busardo ratonero electrocutado yace bajo un tendido. Foto: SIECE.

Un busardo ratonero electrocutado yace bajo un tendido. @SIECE.

ROSA M. TRISTÁN

En un profundo pueblo castellano recordaban un grupo de ancianos “lo ricos” que estaban los “pajaritos fritos”. Mientras les escuchaba, no podía por menos de pensar que, afortunadamente, ese gusto gastronómico, por ley, entró en desuso. Si embargo, y aunque hoy es una anomalía que alguien dispare a un gorrión o un jilgero, y aún menos a un quebrantahuesos o un águila perdicera, unos días después de esta conversación me cuentan que cada año cientos de miles de aves mueren “fritas” en este país, achicharradas por tendidos eléctricos que están cómo y dónde no debieran.

Lo cuentan los miembros de la nueva Plataforma SOS Tendidos Eléctricos, la unión de nueve organizaciones ambientales que cansadas de esperar que las leyes se cumplan y se desarrollen, han decidido lanzar una campaña conjunta para que nos enteremos de que las compañías eléctricas, además de inflarnos la factura mensual, del misterioso déficit tarifario y de ser refugio de ex políticos en paro,  se pasan las leyes de protección por alto, tan alto como cada uno de los 25.000 postes peligrosos que tienen repartidos por el territorio español, y tan de largo como los 3.500 kilómetros de cable que son una trampa mortal para nuestras aves.

Los cadáveres de dos cigüeñas blancas yacen junto al apoyo de un tendido eléctrico. @SIECE.

Los cadáveres de dos cigüeñas blancas yacen junto al apoyo de un tendido eléctrico. @SIECE.

La Plataforma no pudo dar una cifra de víctimas, si bien dijo que en Francia se habla de un millón, y aquí tenemos muchas más aves migratorias, así que esa cifra es más que conservadora. El Real Decreto de 2008, donde se habla de medidas de protección para insralar en los tendidos, habla de decenas de miles, que bien pueden ser cientos. Y es esa normativa, precisamente, la que no se cumple porque resulta que las comunidades autónomas, salvo excepciones honrosas y escasas (y la de Madrid no está entre ellas) no la han desarrollado. “Se ha abandonado la solución al problema”, comentaban los ecologistas en la presentación de la Plataforma.

Sólo al centro de recuperación de Grefa llegan un millar de ejemplares heridos al año, pero como precisaban son una minoría los que son localizados, pues casi todos los cadáveres desaparecen en muy poco tiempo entre las fauces de algún depredador, o sencillamente nadie los encuentra. “En Madrid, en un solo tendido ya han muerto 12 cigüeñas blancas y algún milano real. Es escandaloso y por eso queremos movilizar a la población”, señalaba Iván Rodríguez, representante de los Agentes Forestales. Y otro dato: en Jaén, el grupo SIECE puso en marcha una campaña de sensibilización (‘PON UN TENDIDO EN TU PUNTO DE MIRA’) que permitió localizar 1.850 años en lo que va de 2016.

Precisamente, esta es  una campaña que ahora la Plataforma extiende a todo el territorio nacional, así que si encuentra algún animal con claros signos de haber muerto electrocutado o colisionado junto a un tendido eléctrico, puede colaborar enviando a sostendidos@gmail.com las coordenadas de la ubicación del tendido o animal y algunas fotos.

Pero ¿por qué las eléctricas no se ponen manos a la obra? ¿acaso es demasiada inversión lo que se pide? Según las estimaciones de la Plataforma, arreglar cada apoyo para evitar estas muertes, o minimizarlas en lo posible, cuesta entre 900 y 1.200 euros, que multiplicado por los puntos que están mal dan como resultado 30 millones de euros (las grandes compañías eléctricas rondan los 1.000 millones de beneficios al año). 

De hecho, cuando se les presiona lo hacen: en Baleares una compañía ha corregido ya la mitad de los apoyos por mandato del gobierno balear ante el riesgo que suponían para las águilas pescadoras y en Mallorca, desde 20o2, todos los nuevos tendidos son soterrados o de cable trenzado, también por una normativa. “No tiene sentido que por un lado estemos protegiendo y reintroduciendo especies y por otro mueran electrocutadas o por impactos que son evitables debido a la desidia de las empresas. Si las eléctricas causan las muertes, también deben poner el dinero para solucionarlo”, argumentó Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción en la presentación de la campaña. Y en similares términos se expresaron los representantes de SEO Birdlife, WWF España, AMUS, la Fundación para la Conservación de los Quebrantahuesos y el resto de las ongs, a las que se suma la revista Quercus.

Las peticiones para poner fin a esta desidia con nuestras aves son cinco e “inaplazables” para la Plataforma. La primera, mejorar la normativa que protege las aves, porque parece ser que la actual las protege poco; la segunda, que sean las compañías quienes paguen los costes de adecuar sus instalaciones; la tercera, que las administraciones se impliquen y presionen para que se solucione el problema; la cuarta, evitar que se instalen postes en lugares de paso de aves, porque aunque no se posen pueden colisionar; y por último, que no se coloque ni una nueva línea sin tener en cuenta a la avifauna, como por ejemplo las 300 torres de 50 metros de alto que se proyectan instalar en Fuerteventura, de momento parado pero no olvidado, una isla donde hubaras y guirres son potenciales víctimas, o no tan potenciales.

En definitiva, mejor volando o revoloteando (como en el vídeo) que fritas….

 

 

 

Las 8 piezas con historia que Atapuerca 2016 desveló


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ROSA M. TRISTÁN

La campaña en Atapuerca de este año se presentó excelente desde los primeros días. Al final, lo más fascinante, sin duda, son esos restos de hace 400.000 años que aparecieron al final en la Cueva El Fantasma, en la que este año se ha empezado a excavar. “Hay que estudiar ese trozo de parietal, pero estoy casi seguro que será de neandertal primitivo”, me asegura Eudald Carbonell, transcurridas ya varias semanas desde aquel momento, y recién acabadas las excavaciones en su otro ‘niño mimado’, el yacimiento neandertal del Abríc Romaní.

Ese hallazgo me pilló a muchos miles de kilómetros de Burgos, pero ya antes de producirse, el equipo de esta sierra castellana había sacado a la luz piezas que escondían grandes historias, como las ocho que, tras ser escogidas por los coordinadores de cada uno de los yacimientos,  he relatado en una serie publicada en el Diario de Burgos. Un pequeño fósil de águila, una gran mandíbula de caballo, un cráneo humano o un toro salvaje son la excusa perfecta para viajar del Neolítico al Pleistoceno sin salir de este pequeño Laboratorio para Sapiens. En cada link, un capítulo de la serie..

EL DEDO QUE SEÑALA LA SIMA DE LOS HUESOS 

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BANQUETE NEOLÍTICO DE UN TORO SALVAJE

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UN CRÁNEO HERVIDO Y CANIBALIZADO 

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LA SONRISA DE UN CABALLO DE ATAPUERCA 

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ATAQUE DE CUERNOS EN LA GRAN DOLINA

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UN NUEVO KIT DE HERRAMIENTAS 

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AGUILAS PESCADORAS DEL PLEISTOCENO

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EL PUERCO ESPÍN Y LOS CUERVOS DE LA TRINCHERA

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Un viaje por el mundo en busca de siete ‘maestros salvajes’


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ROSA M. TRISTÁN

La película documental ‘El viaje de Unai’, de Andoni Canela, no es solamente una hermosa ocasión para disfrutar de las bellezas de los cinco continentes. Es, sobre todo, una oportunidad de disfrutar de la mirada de un niño, Unai, de 10 años, que tiene la oportunidad única de viajar por el planeta. Y lo mejor: sabe transmitirla desde la emoción, la aventura y el aprendizaje que le supuso esa experiencia. Son 70 minutos en los que quedan resumidos los 15 meses que el fotógrafo Andoni Canela pasó con su familia (su mujer, Meritxell Margarit, su hijo Unai y la más pequeña, Amaya) buscando a siete emblemáticos animales de la Tierra, que fueron siete ‘maestros’. Setenta minutos en los que los niños, los hijos, se convierten en protagonistas, sin un guión previo, sin ensayos, sin casting de por medio.

El estreno  tuvo lugar en la Cineteca de Matadero, por cierto a rebosar de público, y nadie salió decepcionado con esas fantásticas imágenes de los elefantes de Namibia (los únicos de los siete que he tenido la suerte de ver en directo); la búsqueda del puma en la Patagonia, que casi les da un susto; el bisonte americano entre las nieves; los pingüinos rey de la Antártida; los cocodrilos australianos o los cálao bicorne que lograron ver en Tailandia.  Pero sobre todo, más allá de las imágenes de la naturaleza, de la belleza que debemos PROTEGER, con mayúsculas, a mí personalmente me caló otro mensaje: ¿qué estamos enseñando a los niños? ¿por qué no es posible salirse del estrecho margen que marcan las directrices oficiales?

Resulta penoso que la familia de Unai tuviera tantos problemas porque decidieron compartir un curso escolar y medio con Unai nomadeando por diferentes culturas, que la burocracia les pusiera trabas a la educación a distancia, que no haya hueco para el aprendizaje de la vida en mitad de la naturaleza, la más sabia maestra. Resulta patético que nadie pida responsabilidades a los padres y madres por las horas que se pasan sus hijos ante una pantalla viendo basura, pero que Andoni y Meritxell tuvieran que andar rogando que les dejaran vivir a sus hijos la experiencia de viajar por desiertos, selvas y glaciares, de conocer niños de los cinco continentes. “Al final, lo conseguimos, pero nos costó y lo cierto es que luego aprobó todo con unas notas muy buenas. Un inspector de Educación lo pudo comprobar él mismo”, señalaba la madre. Y comentaron como no tuvieron problemas para escolarizar a Unai en Estados Unidos y en Australia de un día para otro, sin ningún problema, los tres meses que pasaron en cada lugar.

Pero, más allá de que Unai fuera o no a clase, ¿qué libro, qué maestro hubiera sido capaz de transmitirle esa pasión por la naturaleza, de despertarle esa curiosidad que es la base del aprendizaje? ¿qué mejores notas que las que se consiguen aprendiendo de los árboles, de los pájaros o de un ciclón? Es verdad que no todos somos expertos conocedores de nuestro entorno, ni padres ni docentes, como sí lo es el Andoni Canela, pero también es verdad que no es preciso. Basta tener empeño en abrir esa puerta a la naturaleza y mostrársela con emoción, que es el aderezo necesario en estas lides. Tampoco hay que irse a Bostwana, ni a los Andes o las Montañas Rocosas. Siempre tenemos un campo a mano por descubrir, como contaba luego el pequeño Unai, que ahora pasa sus días recorriendo las cercanías de su casa, al pie de los Pirineos, disfrutando del avistamiento de culebras, buitres leonados y quizás algún jabalí.

Por ello creo que ‘El viaje de Unai’ es una película que debería ponerse en todos los colegios, por norma. Esa mirada infantil y hermosa de la Tierra que habitamos permite sacar el cerebro del constreñimiento intelectual al que sometemos a los niños cada día, en cada clase. No es suficiente sacarlos de visita a ‘granjas-escuela’ en las que ver también animales igualmente encerrados y constreñidos. Este film debería ser obligatorio porque libera  convierte en posible un sueño de aventura que ahora la mayoría sólo puede jugar en la ‘playstation’.

Hace unos días en Zumaya comprobé cómo otros niños, como Unai, se emocionaban al ver un pulpo en un charco tanto como el hijo de Andoni lo hizo con un león. También a ellos se les abrió la puerta esa mañana de excursión geo-biológica, que sus padres eligieron en vez de un chapuzón playero. Seguramente ya no verán el mar con los mismos ojos.

Estamos a tiempo de cambiar el rumbo al que dirigimos a los niños-futuro de este planeta.

El dinosaurio ‘cervantino’ que se paseó por Cuenca


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El paleontólogo de la UNED Francisco Ortega, posando en el yacimiento junto a los fósiles del dinosaurio.

ROSA M. TRISTÁN

Va para 10 años que las obras del AVE a Valencia nos descubrieron, a su paso por el municipio de Fuentes (en Cuenca) uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Península Ibérica, en lo que a dinosaurios del Cretácico se refiere. Es el tiempo que ha tenido que pasar el Lohuecotitan pandafilandi pudiera ser bautizado y registrado oficialmente para la ciencia como el gigantesco titanosaurio que fue, por cierto uno de los últimos grandes saurios que habitaron la Tierra. Durante todo este tiempo, buena parte lo pasó guardado en los cajones de aquel gigantesco almacén de huesos que visité en 2008 en las cercanías del yacimiento de Lo Hueco, lugar en el que fue encontrado y al que debe su nombre. Fue una visita que no olvidaré porque mientras el paleontólogo Francisco Ortega me enseñaba el lugar, mis manos tropezaron con una piedra que resultó ser un pedazo de fósil de aquellos seres del pasado. A saber si era uno de los restos que ahora se presentan…

El apellido del gigante le viene de otro manchego, el monstruo Pandafilando de la Fosca Vista al que dió vida la imaginación de Miguel de Cervantes en su incomparable ‘Don Quijote de la Mancha’. 

El 'Lohuecotitan', un gigante del Cretácico nacido en Cuenca.

El ‘Lohuecotitan’, un gigante del Cretácico nacido en Cuenca.

El investigador de la UNED, que anda detrás de tan peculiar bautismo, reconoce que la crisis económica, y los subsiguientes y brutales recortes en los fondos para la investigación científica, paralizaron la posibilidad de poder estudiar a fondo los restos de los espectaculares ejemplares de dinosaurios que se habían encontrado…. hasta ahora. Eso sí, aún sin nombre, los fósiles han viajado en una exposición por el mundo (han llegado hasta Japón) porque  ya  se tenía claro que esos dos dinosaurios que ‘desenterraron’ unas vías, entre otros muchos animales, eran espectaculares. Todos vivieron en el Cretácico Superior, hace unos 75 millones de años, así que fueron de los últimos en habitar el planeta  antes de que un meteorito acabara con su ecosistema y les llevara a la extinción, o les ‘reconvirtiera’ en las aves que hoy surcan los cielos.

Localizo a Ortega cuando anda en Morella (Castellón) desenterrando un iguanodón en una mina de arcilla. Los paleontólogos no paran ni en agosto. Ya sabe que le llamo porque acaba de publicarse on line en ScienceDirect este saurópodo pandafilandi del que se ha recuperado más del 50% de su esqueleto (teniendo en cuenta que hay partes simétricas), un monstruo que llegó a medir 16 metros de largo y a pesar entre tres y cuatro toneladas. Es, me explica, el ejemplar de titanosaurio más completo encontrado en Europa Occidental. Y pese a sus dimensiones, Ortega comenta que “era muy grácil, mucho más que sus parientes del Jurásico”.

El yacimiento que sacó a la luz un AVE.

El yacimiento que sacó a la luz un AVE.

Otra de sus peculiaridades es, además de esa gracilidad, la especie de armadura que, como el mismísimo Don Quijote, llevaba sobre la parte superior de su cuerpo, unas placas que se cree que debían llevar espinas y que le servirían para protegerse y mantener la distancia con otros dinosaurios. “Desde luego, aunque no es el primer titanosaurio que tenemos, pues se han encontrado otros, si que tiene rasgos que nos permiten decir que es una especie que no se conocía”.  En concreto, se conocen otros dos en Francia y uno más en España, pero con rasgos diferentes al cervantino.

Ortega, antes de volver a la mina, me recuerda que “aún nos quedan muchos otros restos de Lo Hueco por publicar, lo que esperamos hacer en los próximos meses” y que, seguramente, darán muchas sorpresas. Desde luego, después de ver lo que había en aquel almacén, de un polígono industrial, puedo constatar que Francisco Ortega y su equipo tienen trabajo para mucho tiempo, si los ‘recortes’ no lo impiden. Gran parte del material se encuentra ahora en el Museo de Paleontología  de Cuenca. También en el municipio de Fuentes se ha creado un centro de interpretación con réplicas de los fósiles y vídeos e información para conocer el que se califica como segundo yacimiento más importante de Europa de aquella remota época.