Día Mundial del Medio Ambiente: Historias del despojo que no vemos


ROSA M. TRISTÁN

Da igual mirar hacia dentro o hacia fuera. Al lado de casa que a la cuenca del río Congo. Da igual, aunque no es lo mismo. Se detecta la misma indiferencia con un deje de hastío cuando la queja es por la invasión del plástico en el supermercado de la esquina que en la denuncia por el destrozo del lago Kivu (en República Democrática del Congo) ante una plataforma de gas metano o la apabullante expansión de cultivos de caña de azúcar en una de las zonas con más problemas con el agua del planeta, Centroamérica. La sensación de caer en ‘saco roto’ es muy parecida en cuanto se sale del círculo de los concienciados, pero no es la misma. Aquí estamos en el bando de los que han generado la crisis ambiental, el despojo. Allá, de Filipinas a Guatemala, pasando por Congo o Mozambique, están los despojados.

Hace unos pocos días veía en el cine ‘Antropoceno’, la película de la canadiense Jennifer Baichwal que, aún conociéndolo, me puso los pelos de punta con sus impactantes imágenes. Baichwal, presente en el pase de la película, contaba cómo fue seleccionando aquello que considera que será nuestra huella geológica para el futuro, un estrato lleno de porquería y de agujeros, como si fuéramos topillos gigantescos a la búsqueda del centro de la Tierra.

Poco después conocí a la congoleña Florence Sitwaminya, en un evento de Amigos de la Tierra. Florence, de la organización CREDDHO,contaba como la empresa anglo-francesa Perenco está empeñada en explotar el gas metano que se esconde bajo el lago africano, destrozando así la forma de vida de miles de pescadores y campesinos que viven en su entorno, en uno de los países más pobres y conflictivos del continente. Los expertos aseguran que el gas es peligroso, pero Florence comentaba que también se pone en riesgo así la forma de vida de los miles de pescadores y campesinos que viven en su entorno. “¿Nos contaminarán el agua?, eso nos tememos”, comentaba Sitwaminya.”¿Nos contaminarán el agua?, eso nos tememos”, comentaba Sitwaminya.

Un activista filipino, representante de Amigos de la Tierra, una activista de Mozambique y, a la derecha, la activista de RDCongo . @ROSA TRISTAN

El pasado de RDC, que con tanto detalle describe David Van Rey Brouck en “Congo, una historia épica” (recientemente traducido por Taurus) es, pues, presente. Florence añadía otro expolio más a la lista interminable de África: la petrolera TOTAL (francesa también) ha retomado la idea de perforar junto al Parque Nacional de Virunga, proyecto que se logró parar en 2014 cuando lo promovía la empresa Soco, pero que ha resucitado, saltándose no ya por el acuerdo por el clima (en teoría, la Francia de Macron está comprometida con el Acuerdo de Paris), sino los derechos humanos de los afectados. “Sin un tratado vinculante internacional sobre empresas y derechos humanos, casos como éstos los seguiremos sufriendo en muchos países”, me decía la profesora y activista africana.

Desde Mozambique, la defensora ambiental Ilham Rawoot nos puso al día de la que se está liando en Cabo Delgado, al norte del país, tras el descubrimiento de bolsas de gas y petróleo en la costa, algo que ya conocía por el personal de Alianza por la Solidaridad en la zona. Aquí la empresa beneficiaria era Anadarko, recién comprada por Chevron (Si, la misma que contaminó la Amazonía ecuatoriana con un derrame que no se ha acabado nunca de limpiar ) y también su competidora Exxon Mobile tiene inversiones. También están implicadas empresas de Francia, China, Japón, India… y el Gobierno del país ya ve incrementar sus arcas en decenas de miles de millones de dólares.

Imagen de Anadarko, en la costa de Cabo Delgado (Mozambique).

Pero la realidad es que desde que llegaron las multinacionales, la violencia en la zona se ha incrementado, lo que se atribuye a grupos islamistas que vienen del norte (Tanzania,) y cada vez hay más cuerpos de seguridad, más militares, más poblaciones desplazadas y más muertos. ¿Y qué hacen las empresas implicadas al respecto? Rawoot fue asi de explícita: “Vengo de una reunión en Francia donde en una de las empresas me dijeron directamente que su prioridad era la economía francesa, por encima de los derechos humanos. Siempre culpan a las filiales y esconde su responsabilidad”, afirmaba.

En Filipinas, también el Antropoceno deja huella.

Mina de oro y cobre en Tampakan. Zona indígena B’laan.

René Pamplona, con un apellido muy español que habla del pasado compartido, nos hizo imaginar una mina a cielo abierto (de oro y cobre) de 21.000 hectáreas. La región las minas a cielo abierto que quieren abrirse en la zona indígena de Tampakan, donde viven lo B’laan. Junto con una gran mina de carbón y una central eléctrica en una zona protegida la llaman “la Santa Trinidad de Tampakan”, no sin ironía. Aunque al principio el Tribunal Supremo, tras ocho años de litigio, falló a favor de los indígenas  (el 74% del proyecto está en su tierra ancestral), ahora lo ha hecho a favor de la empresa australiana Indophil, que saca 375.000 toneladas de cobre y 360.000 onzas de oro cada año. “Hay miles de hectáreas agrícolas afectadas, unos 1.800 cultivadores de arroz y santuarios de aves dañados. La empresa ofrece dinero, pero los B’laan quieren su tierra, no quieren dinero. Dede 2017, 17 asesinatos ya están en la cuenta de este proyecto filipino que ya deja una huella humana y ambiental difícil de solucionar.

Y si así estamos en África o Asia, qué decir de América,  donde sólo un pequeño país llamado Guatemala acumula 39 muertes en dos años, que se suman a los de Colombia, Brasil, Nicaragua… Por más que Trump imponga aranceles al vecino del sur para que frene a los migrantes, poco puede hacer México (y tampoco quiere) para evitar que los despojados vayan detrás de los recursos naturales que llenan los bolsillos de los del norte, o de los que están al otro lado del océano. Me lo contaba hace poco Ana Cecilia Tercero, de la asociación nicaragüense APADEIM, que trabaja con Alianza por la Solidaridad: “Tenemos un desastre ambiental y social tremendo en Nicaragua. La caña de azúcar se extiende y con ella la miseria. En Chinandega dos grandes ingenios azucareros que están generando mucha enfermedad. Los acuíferos están contaminados y sufrimos enfermedades sin que a cambio veamos ninguna acción social en las comunidades. Por 200 dólares al mes, se trabajan 12 horas o más al día”, asegura. “¿Cómo no va a irse la gente?”, se pregunta.

Cultivos de caña de azúcar en Nicaragua. @La Voz del Sandinismo

Si miramos dentro, nos vemos en un lugar lleno de cubos de basura que sacamos y no volvemos a ver (a lo mejor acaban en Malasia…), nos vemos llenando de plásticos las compras (y acaban en los mares), nos vemos orgullosos de que haya más turismo del que encementa lo poco que tenemos de costa (sin pensar en cómo afectará a los seres que antes allí estaban), nos vemos en nuestros coches para trayectos absolutamente innecesarios (porque el CO2 no se ve, habría que pintarlo de negro)…. Y aún así, en mitad de toda esta porquería que nos inunda, si sabemos mirarla, no es igual porque aquí nadie tiene que huir de su casa y su país ante un desastre ambiental para no volver jamás, aquí seguimos adelante, con  nuestras compras y nuestras vidas.

Hay alternativas, pero tengo dudas de si las queremos. Mensajes como el del otro día en TVE de un programa científico, que acababa señalando que “la ciencia nos sacará de esto”, son muy poco acertados. ¿Realmente se creen que nos sacará? ¿A todos o sólo a unos pocos privilegiados?, me pregunto. ¿Cómo vamos a querer cambiar con mensajes que, además, son falsos? En cuanto salgo de mi ‘ámbito de confort’, aquel del que forman parte los muchos científicos que me dicen que vamos pro el camino equivocado y no hablan de milagros, y aquel que me sale al encuentro en viajes más allá del mundo de los centros comerciales en el que habitan pueblos indígenas y campesinos, me topo con un inmenso mundo de gentes que no quieren mirar, ni saber, porque molesta. Que miran raro si alguien comenta que es más preocupante ‘robar’ y meter ríos guatemaltecos en tuberías que marcar goles (ya sabréis por quien lo digo), que no se paran a pensar cómo es posible viajar en avión a Amsterdam por 12 euros porque no nos están cobrando el daño que causan esos 250 kilos de CO2…

Feliz Día Mundial del Medio Ambiente… del despojo. Y será inevitable hasta que pidamos y gritemos normas y leyes que lo impidan.

La ciencia quizá un días salve a unos pocos, pero no estamos solos. Ni los humanos solos. Ni los humanos blancos del norte solos. Dejemos de mirarnos el ombligo y pongámonos en marcha, ya sea en con organizaciones, con acciones individuales o solos y solas, transmitiendo a quien aún no lo ve que si es posible evitarlo, pero juntos.

 

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África en el Neolítico: el ‘reino’ de pastores que no bebían leche


ROSA M. TRISTÁN

“Sabemos más de los humanos africanos de hace dos o un millón de años que de los que hace unos milenios”. La frase me la dice la arqueóloga Mary Prendergast, de la Universidad de Sant Louis (en Madrid), una de las mayores expertas en el Neolítico africano. Es un ‘agujero’ antropológico que, ahora, trata de llenar gracias a un estudio genético que lidera y que publica hoy la revista ‘Science’. Junto a un nutrido grupo de especialistas, nos descubre un retrato de hace 5.000 años de África oriental en el que los pastores iban viajando desde el norte hacia el sur por la reseca sabana con sus vacas, cabras y ovejas. Y no se sabe bien cómo las aprovechaban, porque aún tenían intolerancia a la lactosa. Es fácil imaginarles nomadeando de un lado a otro, no de forma muy distinta a como hoy siguen haciendo ahora los fulani (o peul), los turkanas o los masais que habitan al sur del Sáhara y por el Este del continente. Pero ¿son los mismos que en el pasado? Es precisamente la genética, nueva gran herramienta para los arqueólogos, quien ahora nos da nuevas pistas…

Pastor de origen nilótico, masai, en pastos en Kenia. @Rosa M. Tristán

Gracias al ADN antiguo de 41 individuos del Neolítico (unos 5.500 años) de Kenia y Tanzania han descubierto que los pastores que comenzaron a llegar desde el norte sudanés se mezclaban con los cazadores/recolectores que habitaban el Valle del Rift hasta formar un grupo genético homogéneo, en un proceso que duró unos mil aós. Más tarde, ya en la Edad de Hierro, hace unos 1.200 años, llegaría una nueva oleada de migrantes ganaderos, que también se fundieron con las poblaciones ya asentadas. Son los pueblos nilóticos (masai, samburu, luos, datooga, dinka…) que hoy habitan buena parte del Rift y que siguen siendo, sobre todo lo demás, pastores.

El estudio también detecta ya en aquellos nómadas la huella genética de los bantúes que llegaban del oeste, aunque aún en poca proporción: en el yacimiento de Deloraine Farm  hallaron ADN de un niño con ascendencia occidental, confirmando así la propagación (más tardía) de la agricultura y de las lenguas bantúes.

Sin embargo, pese a esta fusión biológica, aquellos primeros ganaderos se organizaron en grupos que se aislaron totalmente, quizás con fuertes barreras sociales que los hiciron imnunes a intercambios culturales. Sus cerámicas, los materiales que usaban en sus herramientas de piedra, sus asentamientos e incluso sus prácticas de entierro eran diferentes, dando lugar a la  espectacular riqueza cultural en esta inmensa África oriental que aún permanece, aunque cada vez más en lucha contra la uniformidad global y con visos de acabar siendo una ‘curiosidad turística’ que retratar. 

Gishimangeda cueva en Lago Eyasi de Tanzania donde se han encontrado secuencias de ADN. @Mary Prendergast

Desde Dar es Salam, vía telefónica, Prendergast, me explica con detalle cómo surgió la idea de hacer un trabajo tan complejo en el contexto africano. “Para empezar, aquí todo lo que no es Pleistoceno, no interesa demasiado. Pero en 2016, estando un laboratorio de ADN antiguo en Harvard, comprendí que había muchas preguntas pendientes en la arqueología que podíamos descubrir con el ADN, así que contacté con la antropóloga Elizabeth Sawchuk (co-autora), que es una gran especialista. Sabía que en Kenia teníamos más de 100 restos de individuos neolíticos, fósiles que procedían de excavaciones de los Leakey y de grupos de investigadores japoneses de los años 60 que llevaban más de medio siglo sin estudiar, conservados de cualquier manera… Lo sorprendente fue que encontramos ADN antiguo de 41 individuos en perfectas condiciones”, señala la investigadora. Y apostilla: “Tuvimos que llevarnos las muestras a Boston porque, por desgracia, en todo ´África no hay ni un laboratorio para ADN antiguo. Es tremenda la situación de la ciencia los países pobres”.  

Pueblo hadzabe de cazadores-recolectores, en Lago Eyasi, Tanzania. @Rosa M. Tristán

Me sorprende al contarme que de aquellos restos, 15 se localizaron en el Lago Eyasi de Tanzania, uno de los lugares más espectaculares que he visitado, en cuyos alrededores pude conocer a los cazadores/recolectores hadzabe y ver cómo conviven hoy con pastores datooga. “El ADN nos mostró la relación de estos pastores, enterrados bajo sus casas, con otros de Kenia, aunque hace unos 4.000 años todavía tenían más de cazadores/recolectores que los de más al norte. Es muy interesante detectar, por vez primera con datos fiables, este viaje del pasado”, reconoce.

Sobre el misterio de que fueran pastores y a la vez intolerantes a la leche, que les causaba graves problemas digestivos, aún no hay respuesta. De hecho, de los 41 sólo un individuo de hace unos 2.000 años tenía la mutación que permitía tomarla sin consecuencias. “¿Que si la fermentaban?. Es algo que no sabemos, pero pudiera ser”, comenta la arqueóloga. Tampoco cree que cuidaran de los animales únicamente por el consumo de carne, algo que hoy sigue siendo algo excepcional en los pueblos pastores africanos. Los surma de Etiopía o los masai de Kenia, por ejemplo, aún mezclan la leche con sangre como bebida energética ¿una fórmula para evitar un daño?

Respecto a la diversidad cultural que surgió entre los neolíticos africanos, en un territorio en el que no había fronteras geográficas como si las hay en Europa, Perdrengast explica que “de momento hay datos muy dispersos en cientos de kilómetros para sacar conclusiones”, y remite a futuros trabajos que, si la financiación continúa, deberán realizarse.

Otro asunto interesante es que, si bien los pastores viajaron  de norte a sur, la arqueóloga comenta que “no hay certeza de que entraran por Oriente Próximo con el ganado, no se sabe si hubo intercambio o  un centro independiente de domesticación de animales africano. De hecho, el pastoreo es algo totalmente asentado las raíces culturales de estas regiones, aunque ahora es una actividad amenazada por el cambio climático:  se están quedando sin tierras de pastos.

La investigación también confirma que la ganadería se expandió con más rapidez que la agricultura por este continente, sobre todo en una región donde el clima no lo ponía fácil: salvo en las zona alta de Etiopía o Kenia, cuando no hay lluvias y hay que buscar agua, es más fácil moverse con animales en busca de fuentes y manantiales, explica la arqueóloga. También ese movimiento favorecen las redes sociales, así que los cultivadores no se extenderían hasta hace unos 2.000 años, y se sabe que domesticaron sus propias plantas endémicas, como son el sorgo, el mijo, el cereal teff etíope o el ñame.

El trabajo menciona también al arqueólogo tanzano Audax Mabulla, actual director general de los Museos Nacionales de Tanzania, coautor del estudio, y uno de mis guías en mi último e inolvidable viaje a la Garganta de Olduvai. Mabulla es consciente de que “los resultados de este estudio tendrán un impacto a largo plazo porque los hallazgos importantes tienden a dibujar nuevos generaciones de investigadores regresan a colecciones antiguas de museos”. 

Si esas nuevas generaciones, ademas, lo son cada vez más de científicos africanos, será una buena señal para este continente que, sin duda, dio lugar al género ‘Homo’ y que tiene mil historias por descubrir.

 

Manu San Félix: “¿Quién ‘siembra’ en los mares? Nadie. Y se vacían de vida”


Manu San Félix @NATIONAL GEOGRAPHIC

El biólogo Manu San Félix @NATIONAL GEOGRAPHIC

ROSA M TRISTÁN

Hace año y medio coincidía con el biólogo marino Manu San Félix en Formentera… Se celebraban las jornadas #SavePosidonia y él estaba junto a Pierre-Ives Cousteau, buceando, registrando la situación de una planta milenaria amenazada por los yates de lujo . San Félix, como todos aquellos que se asoman a las profundidades para ver y mostrar lo que no vemos, salvo si miramos dentro del agua, con los años está cada vez más alarmado. El Mar Mediterráneo, cuna de civilizaciones, se vacía a pasos agigantados de vida. En estos dos millones y medio de kilómetros cuadrados se suman tantos desastres ambientales que prácticamente no entran en los 45 minutos que dura el documental que ha realizado para el canal de National Geographic: “Salvemos el Mediterráneo” (estreno el 3 de junio, a las 22 horas). Pero Manu también quiere dejar claro que hay soluciones y estamos a tiempo.  Y se va a visitar a quienes están trabajando en ellas, como Carlos Duarte (proyecto Pristina), Enric Sala o el chef sevillano Angel León, que aprovecha en sus cocinas los descartes de pesca.

El biólogo asegura que si lo dejamos el paz, nuestro Mare Nostrum volverá a ser lo que era hace apenas unas décadas, cuando comenzó a sumergirse en las aguas verdiazules que son si segundo hogar.

En este documental se tocan muchos de los temas que más preocupan sobre los mares: sobrepesca, plásticos, destrucción de la posidonia… ¿Algo se cree que se ha quedado en el tintero?

Creo que hemos tocado lo principal. En el Mediterráneo, para mí lo más grave es la sobrepesca y la contaminación. No podemos seguir sacando y sacando sin fin. Hay que crear verdaderas áreas protegidas y veremos que se recuperará enseguida. También se notará enseguida la explosión de vida si dejamos de intoxicarlo, porque lo estamos intoxicando cada día del año con nuestras aguas residuales. Tiramos de la cadena y nadie piensa donde van ese agua, pero ese agua, insuficientemente depurada o lo que es peor, sin depurar, acaba en los mares como el Mediterráneo. Es un problema que he visto crecer. Llevo viviendo en Baleares 30 años y conozco aeropuertos mejoras, más los hospitales, más puertos…pero las  instalaciónes de depuración del agua siguen igual aunque la población es mucho mayor.   Si mañana mismo dejáramos de echar nuestras aguas residuales al mar, en meses florecería la vida. Lo malo es que hablamos de algo que no se ve, que la mayoría de la gente no verá en toda su vida. Pero hay que parar. El mar es como una persona que fuma, bebe, no hace deporte, come mal… Si lo deja todo, su organismo mejora.

Ese proceso de recuperación, entonces, es mucho más rápido en el mar que en la tierra

Si, porque el mar tiene una capacidad de absorción y disolución mayor.  Las recuperación de poblaciones de peces es espectacular, mucho más rápida que con animales o flora terrestres porque los ciclos de reproducción son más rápidos y, además, la contaminación se elimina a más velocidad.. Quizás no es así con la posidonia porque es de crecimiento lento. Pero, en general, así como un bosque primario tarda décadas o siglos en recuperarse, los mares son más agradecidos.

¿Y de todo ello, qué es lo más urgente?

Que para el año 2020, España cumpla el compromiso que firmó y tenga el 10% de sus áreas marinas protegidas. Nosotros no estamos ni en 1%, en Baleares aún menos, en el 0,16%. Pero protegido es tener zonas donde no se pueda pescar, #NoTake, y en España hacemos reservas protegidas pero sin prohibir la pesca. Entonces ¿Cuál es la protección?. Ninguna. Es una figura de papel. Nos engañamos a nosotros mismos y es ridículo. Es preciso una protección que permita la recuperación, para que luego se pueda pescar. Recuerda lo que pasó con la veda de la anchoa: cuando finalmente se abrió en un día capturaron toda la anchoa que podían.

Hay muchas presiones contra las vedas del sector pesquero..

Si, pero es como con minería: todos sabían que era un barco que se hundía, que era una economía de ficción. Se cobraba por subvenciones. Y lo mismo pasa con la pesca, es ruinosa,. Si quitaran todas las subvenciones que reciben, muchos barcos dejarían de salir a pescar. Pero es ruinosa porque hay pocos peces en el mar. Esa es la verdad.

¿La solución es la acuicultura?

Es una solución, pero no única. Tendrían que aparecer otras formulas para sacar alimentos del mar. Pero es que somos muchos. Y si llegamos a los 20.000 millones, no habrá ni mar para tanta acuicultura. Hay que poner un límite. El planeta tiene un tamaño. Y la acuicultura también requiere del mar y tiene su impacto. Igual pasa en tierra, que a medida que somos más necesitamos más cultivos y se arrasan los bosques cuando falta superficie. Pero al menos con la agricultura se abona, se siembra, se riega… Pero en el mar ¿quién siembra? Nadie. Todo el mundo tiene derecho a sacar y sacar y  lo único que ponemos dentro son plásticos. Está claro que no puede funcionar sólo recolectar donde nadie ingresa. Es insostenible.

Llevas 40 años buceando, ¿qué sensación tienes ahora cuando te sumerges?

Me siento profundamente triste. Sobre todo en temporada de verano. Tengo la percepción de ver cómo algo bellísimo se muere y es deprimente. En el mundo no hay nada mejor que la naturaleza. Y es porque genere recursos económicos o porque nos de oxígeno, sino porque nos hace felices. Siempre buscamos intereses materiales en lo que nos rodea, pero lo cierto es que cuando vemos naturaleza somos más felices. Estás en una playa y sale una tortuga a desovar  y todo el que lo ve se emociona y se va feliz a casa. Podríamos vivir en un planeta asfaltado, pero está claro que eso no seduce a nadie. Hasta en nuestras casas ponemos plantas como decoración.

Plásticos recogidos con un filtro desde un barco en el Mediterráneo. @ROSA M. TRISTÁN

Ahora que por fin se habla del tema los plásticos, en un mar cerrado como éste, ¿cómo se ve desde abajo? Estuve en el barco Toftevaag, del Centro Alnitak, y parece una sopa de plástico.

Efectivamente, el Mediterráneo es un mar cerrado y muy poblado alrededor, lo que favorece la concentración. Pero con ser muy preocupante , soy optimista porque veo que la respuesta está siendo muy potente y creo que hay ya presiones sociales importantes para que se solucione. Cada vez somos más los que nos horrorizamos con acumulación de envases, así que creo que habrá cambios, que saldrán nuevos materiales biodegradables. Ayer mismo, en un restaurante balear ya me dieron todos los utensilios para comer, que me llevaba, con materiales de fécula de maíz. No dudo de que aparecerá la alternativa sustitutiva y se impondrá. Pero hay que reaccionar ya. Cada litro de agua mineral tiene 15.000 micropartículas de plástico, según la OMS. Y nos las estamos bebiendo. La ventaja es que el plástico es algo que tocamos cada día, que podemos ver alrededor, pero la gente no ve cómo nuestras heces van por grandes tuberías, llamadas ‘emisarios’, y acaban en el mar, y no ve los efectos de la sobrepesca.

En la batalla por la posidonia se ha implicado mucho y parece que hay esperanza también. 

En este tema he trabajado mucho y estoy muy contento. Ya hay un cambio en Ibiza y Formentera unánime. Todo el mundo sabe  que hay que cuidarla y protegerla. De hecho, fue por este tema que comencé el proyecto Posidonia Maps, para identificar las áreas donde está y protegerla. Es una aplicación para el móvil que permite saber dónde hay posidonia para no fondear el barco o el yate sobre ella. Ahora Google Maps y el Govern Balear la va a copiar, así que he inspirado una solución. Y creo que se va a extender por todo el Mediterráneo. En todo caso, creo que en 10 años los barcos no usaran anclas para fondear. Ya muchos llevan ya una hélice en el medio, eléctricas, con placa solar, y el barco se queda quieto.

¿Y cuánto tiempo nos queda para reaccionar? 

Pues muy poco tiempo. La filosofía del documental es positiva, no quedarse en lo malo y recoger propuestas, pero yo no soy optimista respecto al tiempo. Hay que actuar ya porque tenemos ahí la espada sobre la cabeza y nos saltan las alarmas. Desde hace un par de años, casi el 100% de las nacras han muerto por una epidemia, y no se sabe bien la causa, pero estoy casi seguro que detrás estamos nosotros. Hemos creado un ambiente marino insano que favorece que virus y bacterias que proliferen. Si unes el calentamiento del agua con materia orgánica estás creando el caldo de virus y bacterias.

A nivel europeo ¿hay propuestas para salvar el Mediterráneo?

No he visto casi nada y lo que he visto, no me ha gustado. No se habla de protección, ni de sobrepesca. La atención de los partidos está en la economía, y no son conscientes de que detrás  de ella está la buena gestión ambiental. Por ejemplo, en España tenemos mucho turismo porque tenemos la suerte de que las naturaleza nos ha dado un clima, playas… Para mi el tema ambiental es fundamental y yo me veo muy preocupado y a los demás muy tranquilos.

 

La ‘guerra invisible’ contra 370 millones de personas: los indígenas


Entrevista con el indigenista brasileño Sydney Possuelo, que denuncia el desmantelamiento de la protección de los indígenas que sobrevivieron 500 años aislados en unos meses

ROSA M. TRISTÁN

La ‘guerra invisible’ no es noticia aunque causa miles de muertes directas, e indirectas. La ‘guerra invisible’ nunca es portada aunque en uno de sus bandos hay más de 370 millones de personas. Y ‘la guerra invisible’ la perdemos todos, más de 8.000 millones, porque somos nuestro peor enemigo. Esa ‘guerra invisible’ nos llega, si acaso, como un goteo de muertes que cae por el grifo abierto de la indiferencia globalizada. También, muy de cuando en cuando, como un susurro inaudible cuyas voces se pierden en el ‘ruido’ de sociedades inmersas en su abrumador ego. Rara vez, como el grito de desesperación de quien ya no puede más. La ‘guerra invisible’ es por la Tierra, y sus guardianes desaparecen a ojos vista en batallas que no se ven porque habitan un mundo paralelo: el de la conservación ambiental porque si. Cada asesinato de líderes y lideresas indígenas en Colombia, cada apresamiento en Guatemala, cada agresión, cada expolio, cada gran empresa con grandes proyectos que llega a sus tierras, son heridas de una batalla contra el futuro de los que ya, desde su juventud, nos gritan ‘basta’.

Hace ya muchos años que conocí a Sydney Possuelo. Es un indigenista brasileño de referencia en el mundo. Gracias a él han sobrevivido hasta nuestros días un grupo de esos indígenas que apenas suman unos miles: los pocos indígenas aislados que existen (porque así lo quieren) al margen del mundo que hemos creado. Con casi 80 años, Possuelo sigue transmitiendo la misma energía que hace décadas le llevó a la selva amazónica. Ahora lo hace desde los bosques tropicales del río Yavarí, donde ejerce aún de altavoz de esos grupos y comunidades indígenas, aislados o no, cuyas voces no se escuchan más allá de la tierra que pisan y que, día a día, desaparece bajo sus pies por ‘un agujero negro’, que no es otro que la avaricia del mundo.

Hoy, Sydney Possuelo es director del Instituto Brasileño Indigenista, pero si miran su historial figura que fue quien creó hace más de 30 años, el departamento de Indios Isolados (aislados) en la Fundación Nacional del Indio (FUNAI). Hasta la selva, en la que pasó décadas, se fue siguiendo los pasos de los hermanos Vilas Boas, los sertanistas que crearon la reserva del Parque Nacional Xingú en 1960, a quienes acompañó en infinidad de expediciones. No sin esfuerzo, Possuelo consiguió que el Gobierno brasileño comenzara a demarcar territorios para que nadie pudiera entrar en una Amazonía que les pertenece y que, por más que algunos se empeñen, no quieren abandonar. Hoy, cuando alguno es detectado, con sus flechas y sus pinturas de guerra o de paz, siguen siendo noticia mundial, como si fueran una anacronía de un espacio/tiempo que, sin embargo, también les pertenece. Ahora, este indigenista incansable presencia, entre la perplejidad y la indignación, como a su alrededor se desmorona todo lo que se preservó durante décadas con un gobierno, el de Jair Bolsonaro. Donde él ve futuro, cultura y vida, el presidente y su equipo sólo vislumbran ‘salvajes’ a evangelizar y tierras por cultivar.

Tras estar desconectados varios años, recientemente nos reencontramos para mantener una entrevista, vía Skype, que ha puesto en conexión mi mundo y el suyo.

Sydney, veo que es imposible jubilarse de la defensa del mundo indígena.

Si, lo es. Yo en teoría estoy jubilado de la FUNAI pero sigo trabajando en el Instituto Brasileño Indigenista (IBI) que creé tras dejar la Fundación. Ahora tengo proyectos en el Valle de Yavarí, entre Perú y Colombia, centrados en la defensa de la tierra y empoderamiento de los pueblos, porque hay quye reforzarles para que puedan decidir sobre su vida frente a las amenazas externas.

Apenas cinco meses después de la llegada al poder del presidente Jair Bolsonaro, ¿en qué se nota ya el deterioro de la situación para ellos en Brasil?

Para empezar han destrozado la Fundación Nacional del Indio. La han puesto al servicio del agronegocio y de los protestantes. Nunca ví algo tan peligroso para los pueblos indígenas y el medio ambiente global, pues ambas cosas son lo mismo. Debo decir que históricamente los militares fueron favorables a los indígenas. El primer servicio de protección indígenas en Brasil lo organizó el mariscal Rondó en 1910. Por desgracia, a su muerte el servicio se deterioró y llegó a convertirse en algo terrible, corrompido. En 1967, los militares lo extinguieron y crearon la FUNAI. Fue el periodo más prolífico y lo comandaban generales, por increíble que parezca. Teníamos recursos, dinero y autoridad. Pero ya no es así. Muchos militares que apoyan ahora a Bolsonaro son contrarios a los indígenas. No comprendo por qué una tradición de protección que demostró al mundo el interés del Gobierno de Brasil con todos sus pueblos, de repente cambió del blanco al negro.

¿A qué atribuye este cambio?

Es verdad que siempre hubo militares, principalmente de la Escuela Superior de Guerra, que tenían una visión negativa de la tierra indígena y de su participación en nuestra sociedad, así que creo que los de hoy vienen de esta línea militar. Pero yo trabajé más de 40 años en la Amazonía y hubo oficiales me ayudaron en mis expediciones, en proteger la tierra… El cambio es desconcertante. Y los indígenas también están perplejos. En su día, la FUNAI demarcó mucha tierra indígena. Y ahora esa Fundación está dividida en trozos que dirigen ideologías, que no personas, contrarias a sus intereses. Es impresentable que la cuestión de las tierras indígenas sea competencia del Ministerio de Agricultura, que es el enemigo, el agronegocio. Y la cuestión de los indios aislados, que requieren de especial protección, está en manos de los protestantes.. Quieren desmontar todo un complejo de protección que existía.

¿Cómo la Amazonía ha ido a parar a parar a los protestantes?

Porque con el Gobierno de Bolsonaro, los aislados han pasado a depender del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que dirige Damares Alves, una pastora protestante, que da sermones cada domingo y que dice claramente que no hay que tener indios aislados, que les llegó el momento de la Iglesia, de evangelizarlos. Es muy triste ver que quieren destruir todo lo que se conservó durante 500 años y  lo que se construyó hasta convertir a Brasil en un faro de la defensa del mundo  indígena. Ahora no somos nada. Acabamos con ellos y, de paso, con la Amazonía.

¿Cómo, en cuatro meses, lo notan en sus vidas?

En todo. De hecho, a finales de abril han comenzando a movilizarse con los pocos medios que tienen. Son conscientes de los cambios, que quieren revertir. Y es difícil, pero no imposible. Al menos, a ver si podemos reducir el impacto del Gobierno. Un ejemplo claro de lo que está pasando es que el Ministro de la Salud quiere acabar con departamento de salud especial para los indígenas. Dicen que deben ser atendidos como los demás ciudadanos, pero eso es una falacia porque ellos viven en comunidades distantes, en la selva; es más, incluso en las ciudades necesitan grupos de atención especiales, una conquista que tenían, que se va a terminar y que para ellos es muy importante.

¿Están llegando invasores de tierras indígenas?

Ya antes de tomar posesión Bolsonaro hubo agresiones. En el valle del Yavari tuvimos ataques de hombres armados y también en Mato Grosso. Imagínese ahora que está en el poder. La situación se ha agravado. Nosotros hacemos reuniones, campañas y hay entidades internacionales que nos apoyan. Pero es patético. Pasé toda mi vida tratando de protegerlos,  evitar contactos, que pudieran vivir con su cultura, su lengua y su forma de vida tradicional, y ahora miro para atrás y veo todo destruido, como en una guerra. Como si fuera una ciudad bombardeada. Y es verdad: es una guerra contra los pueblos indígenas y contra el medio ambiente invisible al mundo.

¿Hay alguna respuesta de la sociedad brasileña?

De un modo general, a la sociedad brasileña no le importan nada los indígenas amazónicos. Y respecto a los gobiernos, hubo alguno menos malo, pero ninguno bueno. Nunca se les respetó históricamente. Igual aquí que en el resto del mundo. En realidad, la visión de la sociedad occidental va contra ellos. Muchos hablan en su apoyo pero no hacen ni la mitad de lo que se podría hacer. Bartolomé de las Casas si que luchó toda su vida por los indígenas, pero sus pensamientos se perdieron. Ahora hay un ‘agujero negro’ que hace desaparecer todas las conquistas. Aún así creo que nunca es tarde para recomenzar. Bolsonaro apenas lleva unos meses, así que aún puede humanizarse.

¿La solución puede venir con presiones desde el exterior? Recientemente, científicos y activistas reclamaron en la UE el cese de determinadas importaciones…

Con la globalización, sabemos la implicaciones que tienen los cambios ambientales, que todo funciona con interdependencia. Pero tengo claro que sólo si pones la mano en la parte más sensible del ser humano, el bolsillo, la gente se preocupa. Brasil exporta mucha carne al resto de la humanidad y grano para ganado. Y es verdad que se pueden hacer presiones comerciales, disminuyendo compra de carne que viene de estas zonas. A mí me gustaría que Brasil retomara su protección a los bosques sin presiones externas pero ¿será posible? Hasta ahora, se que es un sueño fuera de la realidad. Y lo cierto es que tenemos 8,5 millones de kilómetros cuadrados, que hay espacio para todo: ganado, cereales, cerdos y tierras de protección permanente, porque esas tierras no están vacías sino habitadas por personas con una forma de ver el mundo y sentirlo mucho menos invasiva que la nuestra. Los indígenas no destruyen nada ni nos amenazan. Al contrario, su presencia demuestra que existen porque se les dejó en paz. Pero el proceso económico va avanzando cada vez más lejos y está llegando adonde están ellos. Los demás, no somos conscientes de que con su fin, nos perjudicamos todos. Los jóvenes del Friday for Futuro si lo están viendo y ojalá lleguen a ser activos en Brasil. Yo miro atrás y no veo que seamos más felices que padres y abuelos, veo que la tecnología que debiera haber servido para tener más tiempo para pensar, amar, estudiar, escuchar música, al final nos ha hecho menos humanos. Y eso es algo que tenemos que combatir globalmente.

¿Cómo logra en ese contexto que el Instituto Brasileiro Indigenista salga adelante?

En Yavarí estamos en cuatro puntos de interés, con un convenio UNIVALLA, la organización que representa a las comunidades indígenas del valle. El dinero lo pone una Ong norteamericana. Gracias a ello, hacemos proyectos en la tierra, de refuerzo institucional y también les ayudamos en temas de salud.

Por esa zona está habiendo problemas entre indios contactados y aislados ¿Este tipo de casos están aumentando?

Fue algo que provocó la FUNAI y al final envió una expedición diciendo que iban a arreglarlo. Yo personalmente estoy en contra del contacto que han efectuado porque es consecuencia de errores anteriores de la FUNAI. El contacto, una vez que se hace, es irreversible, modifica para siempre a los pueblos, y a peor en el caso de la vida de los aislados, creando una dependencia que acaba con ellos. Sigo defendiendo que lo mejor es que estén en su espacio y si un día quieren contactarnos, ya saben donde estamos. Ir a ellos no es bueno; sólo les ofrecemos una sociedad deshumanizada. En ese caso, hablé con la FUNAI para  encaminar el problema de otra forma, pero los que ahora están en el departamento que yo creé tienen visiones distintas. Si que es bueno que se sepa lo que aquí está pasando, a ver si reaccionamos.

 

 

Reflexión para : VOTAR POR LO IMPORTANTE


ROSA M. TRISTÁN

Si. Lo reconozco. Tengo miedo a que este 28 de Abril este país se ponga ‘patas arriba’ y salga a la luz un resultado con el que los valores que deberían cimentar esta sociedad se desmoronen. Reconozco que lo tengo porque, ganen o no los que no creen en el cambio climático, ni en la justicia social, ni en la solidaridad internacional, ni siquiera en la evolución de las especies (porque está claro que se creen fruto de un ‘diseño inteligente’, que no lo debía ser tanto), se ha abierto un agujero negro del que, a día de hoy, sabemos menos que del Messier-87, aunque si le hemos visto la cara.

Ese temor surge porque he podido comprobar que seguimos sin darnos cuenta de lo que es parte fundamental de LO IMPORTANTE. Y esa parte fundamental, desde luego, pasa por entender que sin un medio ambiente sano, sin naturaleza, no vamos a ninguna parte, como los jóvenes (por fin impulsados por el discurso de la pequeña y grande Greta Thunberg) recuerdan cada viernes. Y esa parte importante pasa por comprender que en la Tierra no había fronteras hasta hace dos milenios de sus 4.700 millones de años en los que nuestro pequeño planeta llegó a ser lo que es y, ademas, a albergarnos. De hecho, no las hay para aquello que también es LO IMPORTANTE y que requiere soluciones urgentes: el expolio absoluto e inmisericorde (por usar un término cristiano) de aquellos territorios de donde salen voces que son acogidas con un  “silencio” que algunos si escuchamos, el cambio climático galopante, la destrucción de la biodiversidad a fuerza de transformar lo que tardó millones de años en evolucionar (ríos con trasvases, costas con más ladrillos, animales salvajes asesinados,) o  la porquería con la que mancillamos su belleza.

Durante esta campaña he pensado mucho en amigos como el qu’eqchí Bernardo, en la cárcel, condenado por defender un río indígena de las fauces de empresarios como Florentino Pérez; en mujeres y hombres que se juegan la vida en Centroamérica, en Colombia, en México defendiendo la Madre Tierra del ansia sin fin de ‘crecimiento sostenible’ al que, como decía la catedrática María Novo recientemente, le sobra el apellido. Si estamos en un planeta finito ¿Es de seres inteligentes pensar en crecer y crecer?

He esperado que se hablara algo de todos ellos en esta campaña, de la solidaridad internacional necesaria en sus luchas, de nuestra posición como país frente al expolio, pero o no se ha hablado o los medios no lo han recogido, que no se qué me da más pena. Si acaso, si se ha mencionado la inmigración, de madres, hijas, abuelas, padres, adolescentes… En defintiva, de personas trabajadoras la mayoría, que se han utilizado como arma arrojadiza a través de las vallas con concertinas, de los barcos ‘salvavidas’ varados en puertos. Qué vergüenza. Pocas referencias he escuchado al origen de esta huida hacia delante que es la inmigración, a esa parte de LO IMPORTANTE de la que sólo algunos candidatos se han hecho eco. Como pocas, como ya se ha dicho, hubo al medio ambiente, que no ha interesado a los principales candidatos lo suficiente para merecer una referencia clara y concisa en los debates y que, salvo en el caso de Cristina Narbona, enviaron a un debate sobre el tema ambiental organizado por Greenpeace (el único que yo sepa, al menos en Madrid) a personas, no de segunda, sino de cuarta fila o quinta, para soltar mensajes vacuos, incongruentes, algunos rayando la hipocresía.

Durante esta campaña también me han venido a la cabeza amigos más cercanos: la joven que reconoce que sufre acoso sexual en el trabajo y no lo denuncia para no perder el empleo, la mujer maltratada que aún ni sabe que lo es, el repartidor senegalés que trabaja en Amazon sin festivos, subiendo y bajando escaleras a destajo (sin fines de semana) y 10 horas diarias a sus 58 años y por 900 euros, la cuidadora que ha dejado su trabajo en una residencia de ancianos privada-concertada en Madrid porque no soportaba el maltrato a los ancianos (Clece, ACS, por cierto), el científico que aún sueña con volver a España con una plaza digna y la investigadora que ahora trabaja en una agencia de viajes; también la vecina anciana que este año se quedó sin calefacción porque la pensión no le llegaba. Y aún más cerca, mi padre, que se quedó tuerto en una operación de cataratas hecha mal y a toda prisa en una clínica privada concertada en la Comunidad de Madrid.

Hoy, me he despertado pensando en la gente que  conozco que defiende los mismos valores que yo y que se escuda en el ‘ninguno me convence’ para no participar mañana. Por ello, ante un avance de los nostálgicos de políticas, no ya del franquismo, sino de hace 200 años -que no consigo entender en personas a las que se supone formación, inteligencia, empatía humana- me he sentido impelida a escribir este artículo para animaros a ir votar por aquello que creáis que represente a la vida en la Tierra que es nuestro hogar, por la justicia social que debiera ser la norma en las relaciones económicas entre unos y otros (individuos y estados), por la ‘solidaridad sostenible’ en este mundo global, imprescindible para un futuro humano compartido, por el multiculturalismo que conforma esta Humanidad, incluso desde hace muchas decenas de miles de años, antes de que evolucionáramos a ‘sapiens’ y, en definitiva, porque sin todo ello el agujero negro MS-97 nos absorberá y lo que hay al otro lado pinta muy oscuro.

 

 

Amazonía: NO TODO VALE


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Fernando Trujillo, en el Amazonas, con un delfín rosado.

ROSA M. TRISTÁN

No todo vale para salvar la Amazonía. Y, a la vez, la estamos perdiendo… poco a poco, ante la indiferencia general. Perdemos sus árboles, la biodiversidad de sus ríos, perdemos las gentes que la habitan y no quieren saber nada de nosotros, porque no les interesa nuestra forma de vida. Y ahí estamos, quietos. Sin mirar para no ver.

Yo el otro día me asomé a una ventana. Y descubrí el documental ‘Río Abajo’, de Mark Grieco, un cineasta independiente norteamericano que ya se hizo famoso con su película sobre el impacto de una minera canadiense en Colombia, ‘Marmato’. Ahora, de la mano del biólogo colombiano Fernando Trujillo, se adentraba en el dilema de si todo vale para salvar a una especie de la depredación humana. En concreto, el delfín rosado que habita los ríos amazónicos, el boto como le llaman en Brasil, y que hoy es carnaza para un pez carroñero, la dañina piracatinga, mota o blanquillo, según estemos en Brasil, Colombia o Bolivia. Unos 1.500 ejemplares de delfin rosado son muertos cada año porque para las comunidades que habitan a orillas del Amazonas, este hermoso mamífero es su herramienta para ‘pescar’ el pez omnívoro que les sacó de la miseria.

La UICN calculaba en diciembre pasado que los delfines rosados podrían desaparecer en tan solo 50 años porque cada década su población disminuye entre un 30% y un 50%, otra especie más en crisis por un sistema, hoy descontrolado, que nos lleva a la deriva.

Trujillo, que durante 30 años ha investigado la especie, ahora a través de su Fundación Omacha, quería acabar con las matanzas, pero…. ¿todo vale? En la Asociación de Amigos del Manatí (AMPA) en Brasil, por cierto patrocinada por la petrolera Petrobras, según se desprende del documental, no se hicieron la misma pregunta. Y contactaron con Richard Rassmusen, un famoso presentador a lo Frank de la Jungla (sin palabras), de programas sobre naturaleza (y con ocho demandas judiciales por delitos ambientales) que se comprometió a conseguir las imágenes de un asesinato de delfín rosado para que fuera prohibida la pesca de piracatinga en su país. “Basta de bla, bla , bla… Hay  que actuar”, afirma en la película.

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Y Richard se fue a unas comunidades amazónicas y pagó a unos pescadores y les animó a matar a un ejemplar, una hembra embarazada de delfín rosafo, para poder grabarlo con su cámara. “¿Pero no lo publicarán, verdad?”, le pidieron los comunitarios. Pero si. Lo publicaron. AMPA envió el vídeo al programa de televisión estrella del país y se aprobó una moratoria y las comunidades se quedaron sin una alternativa para seguir viviendo, acusados además por el resto de aldeas vecinas de ser los culpables de aquello,  amenazados por los intermediarios por haberse prestado a algo así. “Al pagar para grabarlo, en mi opinión traspasó la línea ética, aunque no lo hizo por su imagen porque hasta dos años después no se supo que él estaba detrás de aquel vídeo”, recordaba hace unos días Trujillo durante el estreno de “Río abajo” en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Trujillo reconoce que el objetivo ambiental se consiguió, aunque aún se matan botos, pero recuerda también que en la Amazonía viven hoy 34 millones de seres humanos, de los que 3,5 millones son indígenas. Y no olvida que otras amenazas que disminuyen la pesca de otras especies, como son las grandes hidroeléctricas, la minería, los cultivos de soja. “El pescador amazónico jamás habría tenido interés en la mota, pero era lo que le pedía el mercado. Y aún lo siguió pidiendo en Colombia hasta hace dos años y aún se consume en Bolivia”.

El biólogo descubrió, además, que esa especie carroñera, de la que se consumían en su país 1.300 toneladas al día, acumulaba índices de mercurio que estaban minando la salud humana en silencio. Aquella investigación también a él le supuso amenazas de muerte en la Amazonía, en países (Brasil y Colombia) donde casi cada día matan a un defensor o defensora de derechos. Muchos ambientales. Tuvieron que pasar dos años para que, en 2017, el Gobierno de José Manuel Santos aprobara una veda permanente para la mota que protegiera a su población y de paso a los delfines rosados.

Pero Fernando Trujillo sabe que son necesarias la alternativas, porque sin ellas no hay futuro para el Amazonas. Opciones que no están en esa pesca carroñera, pero tampoco en las minas, que vierten más de un kilo de mercurio por kilo de oro conseguido, ni en las hidroeléctricas, de las que hay 178 grandes en marcha y otras 270 en proyectos en la región. “¡Sólo dejarán tres ríos libres en el Amazonas! Sin migraciones tampoco habrá peces. Morirán en las turbinas mientras los amazónicos no verán esa electricidad”, denunciaba en Madrid.

No, él defiende proyectos locales de acuicultura con especies nativas, cultivos orgánicos, incluso un turismo sostenible en el que la belleza sea el imán, pero cuidando que no genere destrucción. ¿Utopía estando en manos de dirigentes como Jair Bolsonaro o Iván Duque? Realmente, no son tiempos para el optimismo.

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Miembros de la FUNAI con los indígenas korobo no contactados, el pasado mes de marzo. FUNAI

Río más abajo, las cosas tampoco son mejor. En Brasil, los indígenas hoy sedentarizados en comunidades agrícolas, entran en tensión con los indígenas no contactados, cada vez más acosados por presencias que no quieren. Estos días, la Fundación Nacional del Indio ( Funai ) ha explicado que tuvo que salir de expedición para localizar a un grupo de aislados korubo que podían tener un conflicto con otros de étnia matis en el entorno del río Coari, afluente del Amazonas. Ya en 2014-2015 hubo guerra entre ambos y varios korubo, que no llevan armas de fuego, murieron en los enfrentamientos. Otros se quedaron con los matis a vivir, pero cuatro años después querían un reencuentro con los suyos. ¿Cómo hacerlo sin que resultaran de nuevo afectados?

Finalmente, la expedición de FUNAI salió desde el Río Ituí compuesta por 30 personas. El pasado 19 de marzo, encontraron en total a 34 korubo de tres familias, con dos embarazadas y tres bebés. Lo primero fue vacunarles, como marca el Programa Nacional de Inmunización para Indígenas, y luego propiciaron el encuentro. 

Pero si la FUNAI aún guarda como lema el no contacto que propició Sydney Possuelo, que por cierto me cuenta que sigue activo y al que espero reencontrar algún día, otros no tienen tantos reparos . Después de que Bolsonaro tomara el poder, decenas de hombres armados han asaltado aldeas en reservas indígenas, como la de de la tribu Uru-yo-wau-wau, animados por los discursos de su presidente, que recordemos está en el poder gracias al apoyo de las fortunas del agronegocio.

No, no todo vale. Con la Amazonía perdemos todos.

 

La sombra de un ‘agujero negro’, en un telescopio tan grande como la Tierra


  • La ciencia española, protagonista con un telescopio andaluz y tres algoritmos que permiten reconstruir la imagen
  • Sólo un 11% de los  participantes en este proyecto es mujer, ejemplo del camino que queda por recorrer

ROSA M. TRISTÁN

Necesitaban un telescopio tan grande como la misma Tierra. Los científicos sabían que solamente así podían intentar sacar la foto de la sombra de un agujero negro, que por otra parte es imposible de captar. Y 100 años después de que la privilegiada cabeza de Albert Einstein intuyera su existencia, los humanos, desde un pequeño planeta azul en una esquina de su galaxia, la Vía Láctea, llegaron hasta otra situada a  55 millones de años luz y sacaron la foto de su centro, donde se encuentra el agujero negro de la M87. Como un gran ojo, rodeado de un intenso halo de fuego, que son gases atraídos por la poderosa fuerza de gravedad, la imagen de este agujero supermasivo, hasta 6.5000 veces más que nuestra estrella el Sol, ha dado la vuelta al mundo en apenas unos segundos.

Para conseguirla, han sido necesarios años de trabajo de 200 científicos en todo el mundo, muchas horas de observación, y más de análisis y, sobre todo, aunar en uno solo ocho telescopios tan potentes como el ALMA de Chile con sus 66 antenas o el IRAM-30 del Observatorio Astronómico de Andalucía. De esas piezas surgió d el gran telescopio planetario (Telescopio Horizonte de Eventos, EHT) que la misión requería. Por ello, la presentación en sí de la imagen se preparó como un acontecimiento, al estilo de los grandes anuncios de la NASA, con conferencias de prensa simultáneas en varios países de tres continentes y con un emocionado comisario Europeo de Investigación, Ciencia e Innovación, Carlos Moedas, como maestro de ceremonias.

En Madrid, la sede del CSIC fue el lugar escogido para mostrar la histórica foto. Entre los científicos españoles participantes, cuatro hombres y una mujer. “En realidad, las mujeres sólo somos el 11% de todo el proyecto a nivel mundial, un número escaso”, me comenta Rebecca Azulay,  de la Universidad de Valencia. Rebecca revelaba así otro ‘agujero negro’ científico, el que engulle a las mujeres en algunos campos de la ciencia. Ella fue una de las personas que pasó muchas horas de observación en los 10 días de 2017 que sirvieron para fotografiar al esquivo fenómeno astronómico y con su presencia en el acto ponía de manifiesto el largo camino que queda por recorrer a la científicas.

Rebecca Azulay, de la Universidad de Valencia.

Volviendo, a la foto, los científicos habían escogido la galaxia Messier 87(M87) porque, aún estando lejos, su agujero negro era grande y lo que ocurría a su alrededor se veía mucho más estable que en nuestra Vía Láctea. El EHT, en realidad, captó una película y no una foto fija, en la que se veía un anillo de luz con 42 microsegundos de arco, luz que era 10 veces menos hacia el centro, justo hacia el agujero negro, donde se produce la absorción de los gases. “Esa imagen concuerda con la Teoría de la Relatividad de Einsein”, explicaba José Luis Gómez, investgador del CSIC (Instituto de Astrofísica de Andalucía) que no sólo ha desarrollado tres algoritmos para reconstruir las imágenes, sino que ha sido uno de los coordinadores el artículo científico publicado en Asfrophysical Journal Letters.

Pero tener la imagen del EHT no bastaba. Había que comprobar que era real. Y en ello, la participación española ha sido clave. Una de las cuestiones en las que España, con José Luis López, ha participado ha sido el desarrollo de unos algoritmos que permitieron reconstruir las imágenes de la sombra del agujero. Hasta  72.000 simulaciones han sido necesarias para comprobar que las cuatro ‘tomas’ del EHT en abril de 2017 eran lo que esperaban, porque cumplía además con las predicciones teóricas que se tenían.

Iván Martín-Vélez, del Instituto Geográfico Nacional, descataba que lo logrado era “como ver esta pelota de tenis desde la Luna o como ver el grosor de un cabello desde la Estación Espacial”. De ahi la necesidad de ‘construir’ un telescopio gigante combinando ocho, algo que ha sido posible gracias a otros algoritmos que él desarrollo. “ALMA, con sus más de 50 antenas, equivale a un telescopio de 70 centímetros de diámetro”, dijo. Pero también el granadino IRAM-30 ha tenido su papel.

Una vez conseguido este hito, los científicos ya miran más allá. No sólo quieren saber qué es ese chorro de eyección de material que sale del agujero negro, y quien sabe si saber qué hay y que ocurre dentro, sino que ha tienen hasta cinco agujeros negros tienen ya ‘en su radar’ para intentar sacarles la foto.

Para ello ya están pensando en incorporar un telescopio cercano al Polo Norte (en Groenlandia), porque en la Antártida ya lo tienen en la red (South Pole Telescope) y otros dos más: en Arizona y en los Alpes franceses (Noema). Incluso quieren colocar antenas del EHT en el espacio para multiplicar su nitidez. “No es la primera vez que se trabajaría con ellas. La agencia espacial rusa ya trabaja con el Telescopio Millimetron, que sería el más grande jamás puesto en el espacio y podría coordinarse con el EHT e menos de una década”, comentó José Luis López. Con ello, la capacidad de observación se multiplicaría en varios grados.

Todo apunta a que se ha abierto una nueva etapa en el conocimiento del Universo en el que somos una pequeña pieza marcada por una leyes de la física que un visionario llamado Einstein supo ver cuando ni siquiera podía imaginar que algún día la foto de la sombra del agujero de una galaxia vecina daría la vuelta al mundo en cuestión de segundos.

 

 

El último kilómetro virgen de costa “violado” con 1.500 viviendas


 

Los monstruos de Gomendio en Punta Prima. Orihuela @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

Un kilómetro.… Esto es todo lo que queda de costa virgen en Orihuela (Alicante). Se trata de Cala Mosca, un lugar pedrogoso y sin playa que permitía tomar un respiro y disfrutar de un pedazo de paisaje sin cemento, de alguna garza, de un paseo en bici junto al mar sin las sombras del ladrillazo… Pero pronto ese kilómetro será historia porque, inexplicablemente, el Consell Valenciano ha dado el visto bueno ambiental a la construcción de ¡¡1.500 viviendas nuevas!! en apenas esos 1.000 metros que pasarán de vírgenes a violados por obra y gracia del grupo constructor Gomendio.

En realidad, son un suma y sigue a las otras tantas torres que ha levantado el mismo grupo Gomendio, horrorosos edificios de hasta 11 plantas junto a Cala Mosca, en Punta Prima. Edificios que han dejado la costa sin sol y el interior sin brisa del mar, mamotretos de hormigón que he visto crecer como monstruos en el horizonte, al mismo tiempo que aumenta la mierda que flota en el agua (y no es metáfora, fijaros en la esquina izda de la foto, el pasado verano). Edificios que se publicitan en ruso porque rusos han sido los ‘nuevos ricos’ a captar, mientras las basuras que dejan se acumulan por doquier (sin reciclaje, por cierto, en muchas de las zonas). Edificios que superan lo recomendable en zona sísmica, como ya publiqué hace unos años,  porque allí se siguen produciendo terremotos un día si y otro también (casi todos menores, pero nunca se sabe).

Pero, dicen los técnicos de Ximo Puig (presidente del Consell de la Generalitat Valenciana) que no hay impacto ambiental  con estas 1.500 viviendas junto al mar y por ello en febrero dieron su dictamen ambiental favorable, como publico Alicante Plaza, para acabar con los 456.000 metros cuadrados bien hormigonados. El último kilómetro. 

Los edificios Gomendio desde Cala Ferris. @Rosa M. Tristán

Como no podía faltar cuando el PP anda cerca, también en este caso se hace presente la corrupción, porque resulta que esta finca era de uso público, pero en 2001 el señor ex alcalde de Orihuela, José Manuel Medina (PP), autorizó permutar unos terrenos que la constructora tenia en el interior del término municipal por estos costeros, mucho más suculentos, y encima por la mitad de su precio real (pagaron unos 30 euros por m2 cuando cinco años antes se valoraron en 60). Vamos, un chollo para Gomendio Construcciones, que por cierto es de la familia de Montserrat Gomendio, ex secretaria de Estado del mismo PP y esposa del inolvidable ex ministro del PP José Ignacio Wert. Y conviene recordar que esta corruptela con el último kilómetro fue denunciada ante la Fiscalía Anticorrupción por la oposición (Cambiemos Orihuela), fiscalía que en marzo de 2018 dijo apreciar “indicios de delito”, aunque por desgracia habían prescrito….Prescrito si, pero indicio de delito también.

 

Zona Cala Mosca, el pasado verano. @Rosa M. Tristán

Con todo, no es poco sorprendente que el único impacto ambiental que encuentra la Generalitat Valencia en este ‘pelotazo’ en el último kilómetro, sea que la urbanización afecta a un caracol (Tudorella mauretanica) y una planta (jarilla cabeza de gato) detectados únicamente en tres de las parcelas de apenas 1.500 m2, como si tamaña cantidad de hormigón, aguas residuales, basuras y gentes no impactaran a los otros seres humanos (vecinos y ecologistas llevan mucho tiempo con protestas), ni a las aves que visitan la zona, ni a las aguas del mar donde acabarán los desperdicios de sus tazas de váter, ni a la acumulación de desperdicios que se acumularán (irremisiblemente) con, pongamos, unas 7.000 personas más habitando en ese lugar. Sin olvidar que como no hay playas en ese último kilómetro para ‘tanta gente’, estas 1.500 familias, sumadas a las otras miles de ‘viviendas GOMENDIO’ de la cercana Punta Prima tendrán que coger coches para moverse de un lado a otro, porque lo que les venden como primera linea de  playa es una farsa, pues no hay más playa que unas pequeñas calas rocosas e inaccesibles. Ah, y ahora en sombra desde media tarde.

Todo indica que para el Gobierno de Ximo Puig ese impacto no cuenta. Sólo tiene ojos para el caracol y el ojo de gato (que por otra parte se extiende por toda la zona pese a que nadie se ocupa de limpiarla), así que a los Gomendio no les importa no construir en uno de los terrenitos. A fin de cuentas les han ‘compensado’ dejándoles’tirar’ más hacia lo alto y aunque aún no han empezado las obras, ya tienen pista para despegar cuando quieran.

¿Adiós a un palmeral histórico?

Y si seguimos por la costa y pasamos la ‘frontera’ a Torrevieja… llegamos a otro paraje en vías de extinción. Se trata del palmeral de Cala Ferris, apenas a 500 metros de la Cala Mosca.. En la zona acaba de aprobarse una reserva marina, pero justo en tierra hay un palmeral único, y por desgracia privado, que se deteriora día a día. Resulta que sus propietarios tienen ganas de enladrillar también este paraje y como no les dejan han decidido no cuidarlo. ¿No suena a chantaje puro y duro? Y si así fuera, me pregunto: ¿No hay forma de que ese terreno, no muy grande, pase a ser público antes de firmar su defunción? Total, si rescatamos bancos y autopistas, seguro que este pequeño palmeral es una ganga. Porque es bochornoso ver cómo palmeras con más de 100 años enferman tras un vallado que, además de dificultar el acceso a la costa de los vecinos, ha colaborado en la destrucción de las dunas de la cala, por más que ahora se traten de regenerar desde el Ayuntamiento. A quien quiera saber más de quienes son estos dueños tan preocupados por sus ‘bienes naturales’, le animo a visitar la web de Ferris Hills.

Para colmo, esta empresa, que maneja el patrimonio de una familia murciana según su web, se ha querellado contra la plataforma conservacionista (todos vecinos de la zona) que ya en 2014 denunció que el muro de cemento ocupa parte de una vía pecuaria pública que no está deslindada. Se llama Plataforma Salvemos Lo Ferris y este año tuvo que convocar un crowdfunding porque tras varias manifestaciones junto a la valla, en las que pude ver a decenas de vecinos, les impusieron una fianza tan desorbitada que no podían pagarla. Es algo que me suena a criminalización de una defensa ambiental. Curiosamente, la Justicia ha sido rápida frente a la denuncia de la empresa Ferris Hills, que les acusó de ‘injurias’ por lo dicho en estas manifestaciones, pero el expediente abierto contra su vallado en el municipio ahí está sin resolver.

Por desgracia, que sean Los Verdes quienes gobiernan en Torrevieja hasta ahora no ha servido de mucho en este caso. La valla sigue y las palmeras, que durante años me hicieron soñar que estaba en otro lugar, mueren. Y estando en Cala Ferris, si una levanta la vista hacia la derecha, los monstruos de Gomendio, en la vecina Orihuela, amenazan con engullirme.

Y así acaba la historia del último kilómetro virgen, que pronto será historia.

(Aprovecho para recomendar leer sobre otro ‘pelotazo’ urbanístico, en este caso en la maravillosa playa de El Cotillo de Fuerteventura, por Sofía Menéndez)

No tenemos remedio.

Starmus: de Davos a la Luna con las misiones Apolo


Michel Mayer, Jean-Michel Jarre y Garik Israelian, presentando Starmus en Davos.

ROSA M. TRISTÁN

Entre líderes políticos (este años con sonadas ausencias), empresarios de postín y financieros de primera línea, el World Economic Forum que un año más se celebra en esa ciudad perdida en los Alpes suizos llamada Davos, este año se han visto a algunos científicos astrofísicos y a músicos de los que figuran entre las estrellas. Ocurrió durante una presentación especial del Festival Starmus, esa cita bianual que reúne a grandes de la investigación con grandes de la cultura para atraer a los jóvenes, hoy tan esquivos, en general, de lo que es la ciencia.

Durante una mesa redonda, los grandes líderes económicos, así como medios de todo el mundo, pudieron escuchar al Dr. Brian May (guitarrista de Queen y astrofísico), al músico y compositor francés  Jean-Michel Jarre y al científico del Instituto de Astrofísica de Canarias, y director y fundador del Starmus, Garik Israelian, hablar de la especial conexión que existe entre entre la ciencia y la música.

Flanqueado por un panel de científicos de renombre, de astronautas de la Agencia Espacial Europea y de premios Nobel, Jean-Michel Jarre presentó su innovador homenaje a las misiones Apolo de la NASA, que este año celebran su 50 aniversario. Entre los participantes estaban el astronauta suizo Claude Nicollier, Israelian, Jean-Michel Jarre, Brian May y el también astrofísico Michel Mayor, quien nos descubrió hace ya muchos años que no habitábamos en la única estrella con planetas, sino que había otros muchos más allá, ampliando infinitamente las posibilidades de encontrar vida fuera de nuestra pequeña Tierra.

El evento atrajo a muchos de los máximos responsables de empresas presentes en Davos y también a  fanáticos de la música que querían conocer el nuevo tributo musical al 50 aniversario de las misiones Apollo de Jean-Michel Jarre, en el que ha incorporado investigaciones del propio Israelian. “Por primera vez, la biblioteca de ‘sonidos de estrellas’ desarrollada por Garik Israelian se incorporará a una composición musical. Si bien es un fenómeno relativamente desconocido, es real y estoy emocionado de incluir los sonidos reales de los planetas y las estrellas en esta innovadora oda a las misiones de Apolo “, señaló Jean-Michel Jarre, según la nota de prensa envida por Starmus.

Este año, el festival STARMUS V se traslada a  Zurich  Suiza, donde tendrá lugar entre el 24 al 29 de junio de 2019 con uno de los programas más potentes de su historia, si bien cada dos años es una auténtica sorpresa. En esta ocasión, coincidiendo con el 50 aniversario de los aterrizajes lunares, contará con siete miembros del equipo original de las misiones Apolo de la NASA, entre los que se encontrará el esquivo Michael Collins, dos astronautas de la ESA (Tim Peake y Samantha Cristoforetti), la leyenda de la divulgación científica en Estados Unidos Bill Nye, junto con las estrellas de rock Brian May, Brian Eno, Steve Vai y Rick Wakeman. Además, como homenaje especial a las misiones a la Luna, Hans Zimmer (compositor de bandas sonoras como la de ‘El Rey León’, ‘Thelma y Louise’ o ‘Batman’) tocará un concierto muy especial:  “Once Upon a Time on The Moon”.

Pero STARMUS V no sólo es música. También es la ocasión para escuchar en directo a científicos de diversas disciplinas, entre los que este año habrá 12 premios Nobel que participarán en debates y mesas redondas de diversos temas, desde microbiología y bioquímica hasta astrofísica y neurociencia.  Entre los oradores, también estarán El programa 2019 reunirá a algunas de las personas más inteligentes, creativas y artísticas del planeta, entre los que estarán  Sir Martin Rees (astrónomo y presidente de la Real Sociedad de Londres), la bioquímica Emmanuelle Charpentier y la ex astronauta británica Helen Sharman. Además, estarán los miembros de la Junta de Starmus, de la que formó parte Stephen Hawking con May-Brit Moser, Elizabeth Blackburn, Linda Buck, Brian May, Peter Gabriel Richard Dawkins, Alexei Leonov, Jill Tarter, Robert Williams, David Eicher, Emmanuelle Charpentier y su fundador, Israelian. De hecho, un momento especial es la ceremonia en la que se entregará la Medalla Stephen Hawking 2019 destinada a  la Comunicación de la Ciencia, un premico que cuenta con el apoyo de Omega y Kaspersky Labs.

Las entradas ya están a la venta en www.starmus.com.

Los top-science 2019: De ‘entizar’ la atmósfera a conocer la ‘biosfera profunda’


Experimento de la tiza en la atmósfera.

ROSA M. TRISTÁN

Nada hay más difícil que aventurar en ciencia qué es lo que deparará el futuro. Los hallazgos y descubrimientos, en general, no se programan, pero si es posible aventurar que grandes proyectos en marcha o planificados con antelación, inevitablemente, nos van a proporcionar sorpresas. Y son de todo tipo, pero con el hilo común que nos enlaza con la vida y con la Tierra, que en el fondo lo que nos interesa, y curiosamente lo que más maltratamos. Es la paradoja humana.

PASADO Y FUTURO DE LA VIDA HUMANA

1 . Humanos con genes manipulados

En 2018, la mayor revolución y polémica científica tuvo lugar cuano el chino He Jiankui anunció que había ayudado a ‘producir’ dos bebés (gemelas) con los genes manipulados para no sufrir determinadas enfermedades, como el sida.  Ahora podría enfrentarse a la pena de muerte en su país, porque no siguió los canales ni los procedimientos legales. Ni siquiera lo sabían en la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur en Shenzhen, donde trabaja. Este año, se ha anunciado que otros científicos intentarán descubrir cualquier efecto secundario potencial del proceso y crearán un marco aún más garantista para controlar este tipo de experimentos, que pueden tener graves efectos secundarios, sin olvidar las consecuencias éticas. No todo vale en ciencia y 2019 puede ser un año importante

Humanos y ‘hobbits’ del pasado 

2. Son muchos los proyectos de excavaciones que están en marcha en el mundo. Entre los más interesantes, desde luego están los yacimientos hallados en Filipinas, en concreto en la isla de Luzón, que fueron publicados el pasado mes de mayo. Un equipo internacional de arqueólogos descubrió que allí vivían humanos hace emás de 700,000 años, cientos de miles de años antes de lo que se pensaba. A 1.200 kilómetros, en la isla de Flores de Indonsia, se encontraron en 2003 restos de humanos muy pequeños, que son conocidos como ‘hobbits’, aunque su nombre oficial es Homo floresiensis. ¿Qué relación hay entre ellos? ¿Serían también enanos los de Luzón? Son misterios que este año, en nuevas excavaciones, pueden tener respuesta. 

3. Ya en clave nacional, mencionaría el proyecto que un equipo español mantiene en la Garganta de Olduvai, en Tanzania, llevado a cabo por el IDEA cada verano, que nos está descubriendo nuestro pasado mucho antes de abandonar el continente africano, que es de donde todos hemos emigrado, algo que conviene recordar. De hecho, la única especie de homínino europea son los neandertales, que precisamente también pueden darnos sorpresas este año cuando comience a excavarse el nuevo yacimiento de La Paredeja de Atapuerca, un programa científico que no deja de crecer.

MIRANDO AL COSMOS O DESDE EL COSMOS

4. Starmus viaja a la Luna. Si algo caracteriza a los humanos es su insaciable curiosidad por saber y conocer el más allá. En 2019 se conmemora el 50 aniversario de uno de los hitos más importantes de esa búsqueda, que fue la llegada a la Luna y con tal motivo el festival bianual Starmus, que avaló Stephen Hawking tras su creación en España,  va a reunir a un elenco inigualable de astronautas de las misiones Apolo, de la NASA, de la Agencia Espacial Europea, cosmonautas rusos… y además estrechas de rock como Brian May (Queen), Steve Vei, Peter Gabriel…. Entre lo más destacado, sin duda, la presencia del esquivo Michael Colins, con el que ya habrán pasado por Starmus los tres astronautas.

5. Los bosques que nos quedan

El pasado 8 de diciembre, la NASA inició un experimento en exterior de la Estación Espacial Internacional con un nuevo instrumento que quiere observar la Tierra. Se trata del GEDI, que estará funcionando hasta 2020, y consiste en obtener datos en 3D de los bosques templados y tropicales de nuestro planeta, como la Amazonía (si es que nos queda algo después del paso de Jair Bolsonaro …). GEDI intentará responder preguntas fundamentales, como la cantidad de carbono almacenado en los árboles y cómo la deforestación podría afectar en el cambio climático. Se podrán hacer estimaciones de cuánto carbono se almacena en los bosques y cómo puede cambiar si  aumentan las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera  terrestre.

VIAJE A LAS PROFUNDIDADES DE LA TIERRA

 6. Explorando la biosfera profunda

Eukariota en la biosfera profunda.

Durante los últimos 10 años, más de mil científicos de todo el mundo, que participan en el llamado Observatorio Deep Carbon, han estado excavando en las profundidades de la Tierra y han descubierto que a cinco kilómetros bajo nuestros pies y bajo los océanos está enterrada lo que han llamado “biosfera profunda”, un reservorio subterráneo de organismos no catalogados que podrían reducir la cantidad de vida en la superficie de nuestro planeta. Estiman que los organismos que han hallado representan entre 15.000 y 23.000 millones de toneladas de carbono, cientos de veces más que el contenido en todos los seres humanos. Son microbios que supondrían en 70% de todos los que hay en la superficie y que son prácticamente desconocidos porque sólo se ven por microscopio. Estos microorganismos, a falta de Sol, obtienen energía, por quemosíntesis para alimentarse (energía química y nutrientes a partir de los minerales) y pueden vivir miles de años. Sin duda, en 2019 seguro que descubrimos muchas más de sus fascinantes características.

7. Perforación en Japón tras un terremoto

Frente a la costa suroeste de Japón, por debajo del Océano Pacífico se encuentra el canal Nankai, una zona de subducción activa donde una placa de la corteza terrestre se desliza debajo de otra. Es uno de los lugares con mayor actividad sísmica del planeta, responsable del terremoto de Tōnankai, de magnitud 8,1 que sacudió a Japón en 1944. En 2018, el Experimento de Zona Sismogénica del Canal de Nankai (NanTroSEIZE) comenzó a perforar la falla en la que es la primera expedición para muestrear la parte causante de un terremoto de la corteza terrestre. Las rocas recolectadas en 2019 se analizarán para ver cómo están de sólidas, lo que permitirá a los investigadores comprender mejor sobre las condiciones que podrían llevar a un terremoto en este tipo de falla.

8. El experimento de la tiza

Este experimento, que se pondrá en marcha en 2019, me ha dejado perpleja. Investigadores de Harvard quieren recrear el enfriamiento que genera en el clima una erupción volcánica al impedir el paso de la energía solar. Pero en lugar de cenizas, utilizarán ¡tizas!. Se trata, aseguran de poner en marcha una técnica de geoingeniería solar a la que han bautizado como Experimento de Perturbación Controlada Estratosférica (SCoPEx), con la que esperan rociar con 100 gramos de partículas de tiza la estratosfera para observar cómo se dispersan por la atmósfera. Tales partículas, dicen, podrían eventualmente enfriar el planeta al reflejar algunos de los rayos del Sol de regreso al espacio, al igual que hacen los hielos. SCoPEx ya ha levantado la polémica entre los escépticos de la geoingeniería, que temen que esta práctica pueda tener consecuencias involuntarias y distraer los imprescindibles esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El equipo de SCoPEx liderado por Estados Unidos está esperando la aprobación de un comité asesor independiente y podría ponerse en marcha en 2019. Como no creo que una tiza solucione el problema del cambio climático, mejor seguir reduciendo emisiones y reforestando. Lo que le sobra a nuestra atmósfera son sustancias que no estaban…

EXPLORANDO LOS HIELOS

9. En busca de grietas en la Antártida

El verano de 2019, una importante expedición se dirigirá al glaciar Thwaites de la Antártida Occidental que parece estar a punto de colapsar y podría cambiar nivel del mar. Costará 25 millones de dólares a la National Science Foundation (NSF) de EEUU y el Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC) del Reino Unido y está previso que participen en el estudio más de 100 científicos de todo el mundo. Dicen que este glaciar gigante actúa como un corcho, tras el que hay otras enormes masas de hielo y su colapsa, toas ellas podrían acabar en el océano y fundirse, aumentando el nivel del mar. Los satélites ya muestran los cambios pero hay que tener datos del terreno.  Para ayudar en ello, en septiembre, la NASA ya lanzó un satélite que mira a los Polos este año proporcionará muchos datos con los mapas más detallados conocidos del hielo de la Antártida .

10. Circunnavegar el hielo antártico en un trineo. 

A finales de 2019 , una gran expedición polar está previsto que salga desde España del Trineo de Viento, que ahora mismo también recorre ese continente. El siguiente reto de este proyecto pionero, en un eco-vehículo polar único, es la primera Circunnavegación de la historia del continente por el hielo: entre 5.000 y 7.000 kms de recorrido por toda la meseta interior de la Antártida recogiendo datos para la ciencia. Todo ello dependerá de si alguien apuesta por apoyar financieramente esta gran aventura científica, ya sea desde instituciones o empresas.