Los neandertales de Atapuerca, entre “Fantasma y Estatuas”


Yacimiento de Cueva Fantasma, en tareas de limpieza previas a la excavación. @Rosa Tristán

ROSA M. TRISTÁN

Llegar a media mañana a la Sierra de Atapuerca, en plena campaña de excavación, es coincidir con el momento en el que los equipos de todos los yacimientos se reúnen en un descanso que aprovechan para ponerse al día de las primeras novedades de la jornada. Es un buen momento para comentar, entre un café y un bocadillo, el último hallazgo en cualquier punto de la sierra, salvo el Mirador, cuyo enclave está lejos para aprovechar el refrigerio.

Este pasado 22 de julio justo entraba a la Trinchera en ese momento y llevaba el objetivo bien claro: conocer la nueva Cueva Fantasma, llamada así porque realmente su aspecto hoy no es el de una cueva así que, aunque presentían que existía, no la encontraban. Eudald Carbonell ya me había enseñado el año pasado los inicios de los trabajos en ese lugar situado justo encima de la Gran Dolina, otra grande y famosa cueva, lugar de tantos hallazgos importantes para la evolución humana, pero fue después de irme cuando encontraron el fragmento de un cráneo que, por su cronología, debe ser de un neandertal, aunque no se ha confirmado.

Este año ha pasado lo mismo: el último día de excavación, apenas 48 horas después de mi visita, han encontrado otro fósil de neandertal de hace 50.000 años, en este caso un hueso de un pie,  y ha sido en la Galería de las Estatuas, un yacimiento situado al final de la Cueva Mayor en la que un equipo los buscaba desde hace años y que también visité en una ocasión. El hallazgo tuvo lugar en el lugar donde se lavan los sedimentos,  en las orillas del río Arlanzón, donde el equipo dirigido por Gloria Cuenca los criban para que nada escape, mucho menos un hueso de un homínido por pequeño que sea.

Falange de un pie de neandertal hallado en Galería de las Estatuas. @Javier Trueba

Los neandertales eran las piezas que faltaban en Atapuerca para tener completa en la sierra burgalesa toda la historia de la evolución  humana en Europa desde hace 1,2 millones de años hasta nuestros días. “Estamos convencidos de que sus restos aparecerán antes o después. Tenemos sus lugares de asentamiento, sus herramientas. El yacimiento de Fuente Mudarra era un taller al que iban a hacer utensilios de piedra. Sabemos que estaban y los encontraremos”, me han repetido los codirectores a lo largo de los últimos 15 años. Ahora, hay dos yacimientos que seguramente los tienen, el ya confirmado de Galería de las Estatuas y  Cueva Fantasma, donde todo indica que también proporcionará piezas del puzzle neandertal.

Precisamente, tal como quería, Cueva Fantasma fue lo primero que visité después del refrigerio en esa mañana. Su apariencia, para mi sorpresa, es muy distinta a la que recordaba del año anterior. Ante mis ojos había una gran extensión de terreno a cielo abierto, en la que ya en las primeras tareas de limpieza superficial en apenas un mes habían encontrado una gran cantidad de fósiles. Es una nueva mina para excavar durante decenas de años: 12 metros de sedimentos que está en el nivel más alto de las galerías que socavan la sierra. “Si queríamos encontrar neandertales, este es un lugar adecuado por su cronología. El año pasado, entre los restos de limpieza, ya encontramos un trozo de cráneo que seguramente pertenece a esta especie, aunque hay que excavar para confirmarlo”, explicaba Carbonell ante el yacimiento.

En el interior, Ana Isabel Ortega y otros compañeros barrían, con cepillo y recogedor, llenando cubos de tierra de los restos de la antigua cantera. Justo encima de su cabeza, ya asomaba un palimpsesto, todo un amasijo de huesos fosilizados (bóvidos, caballo, quizás de ciervos… ). “Ven a verlo de cerca”, me dijo. Es el tipo de invitación que no se puede rechazar, así que en esa primera parada en Atapuerca acabé junto a un montón de fósiles que aún no se sabe cómo allegaron ahí, ayudándola a cargar y vaciar los cubos. “Esto de trabajar en un yacimiento en Atapuerca no lo habías hecho aún”, me comentaba mientras me iba describiendo el lugar y me dibujaba la inmensa Cueva Fantasma en la cabeza. “Aquí tienes unas costillas y más allá parece un húmero”, explicaba Anai mientras el polvo se me metía en la piel y mi temor a pisar algo importante iba en aumento.

Yacimiento de la Gran Dolina, donde han aparecido 8 bifaces achelenses. @ROSA TRISTÁN

Después de pasar un buen rato en lo que fue una caverna hace decenas de miles de años, me ‘enganché’ a José María Bermúdez de Castro para que me llevara hasta la cercana Gran Dolina, donde entramos por su parte superior para bajar a la excavación por una de los laterales. También es una cueva sin techo, pero en este caso fue el equipo quien lo quitó hace décadas para poder descubrir lo que ocultaba.

La Gran Dolina desde arriba, con su infinidad de cuadrículas y las cabezas agachadas sobre ellas sacando restos del pasado, y al fondo la Trinchera del Ferrocarril, es una imagen fascinante. “Estamos en el final del nivel 10 y en contacto con el nivel 9 hemos encontrado ocho bifaces achelenses este año. De hecho, íbamos a bajar más rápido pensando que no había ya nada importante, pero al encontrar los bifaces hemos ralentizado el ritmo” , me contaba Bermúdez de Castro entre la incesante percusión de los martillos machacando grandes moles de piedra, la música permanente de Atapuerca. La arqueóloga Marina Mosquera, en una pausa entre golpe  y golpe me reconocía que están “encantados” de acabar de excavar este duro nivel 10: “Hemos quitado aquí toneladas de piedras y ya estamos pensando en lo que hay abajo; queremos acabar con la dinámica de tantos bloques de piedra”.

Unos cuantos niveles más abajo, se encuentra TD4, con restos fósiles y herramientas de casi un millón de años. Allí, como esperaba, se encontraban Jordi Rosell y María Martinón-Torres, junto con un equipo de excavadores  que se ha traído María del University College of London, donde da clase e investiga desde 2015. Este año en TD4 han sacado restos de hienas manchadas, de las que han encontrado un cráneo entero. “Esto es importante, porque nos confirma que hace un millón de años ya estaba esta especie en Europa, una prueba más de que comenzaba la modernidad”, me explicaba Rosell.

Seguí por la Trinchera hasta el yacimiento de La Galería para saludar a Isabel Cáceres y comprobar que ya han logrado unir toda la superficie del yacimiento, esa trampa o ‘supermercado’ como le gusta llamarle, que antes estaba dividido en dos partes por un bloque de piedra, y ahora parece mucho más grande. Toda una remodelación. Y como excavar en Atapuerca ‘engancha’, concentrada sobre una cuadrícula trabajaba Aurora Martín, directora del Museo de la Evolución Humana, dándole al cincel y al martillo. “Todos los años lo hago. Me desconecto de las tareas del museo. Y por cierto, vente por allí, que hay una excelente exposición nueva sobre las montañas”.

Ya apretaba el Sol de mediodía cuando abandoné la Trinchera, no sin antes visitar a Rosa Huguet y a Xose Pedro Rodríguez en la Sima del Elefante, conocer el socavón que han hecho enfrente del yacimiento-agujero en el que se encuentra la Sima y ser presentada a su mascota del día: un simpático ratoncillo de campo que había amanecido entre las cuadrículas. No hubo tiempo para acercarse hasta El Portalón, ni al Mirador para conocer de primera mano los nuevos cadáveres canibalizados que han encontrado este año, pero es que Atapuerca es demasiado grande para abarcarlo en un día.

Aurora Martín excavando en La Galería. @Rosa Tristán

Por la tarde, mientras sabía que los excavadores limpiaban, restauraban y clasificaban todo lo que han encontrado en la residencia Gil de Siloé, en el Museo de la Evolución me esperaba Aurora y la exposición ‘Montañas’, un excelente recorrido por lo que han supuesto las montañas para el arte, la ciencia, el misticismo y la exploración que ha contado con la colaboración del catedrático Eduardo Martínez de Pisón y que reúne 200 piezas, algunas realmente sorprendentes. Hasta mediados de diciembre se puede visitar, así que hay tiempo. Y como era un día de fortuna, dio la casualidad que Juan Luis Arsuaga estaba recorriendo en ese momento la muestra, que era el único codirector de Atapuerca al que no había visto en esa intensa jornada.

Él me dio la pista de un colofón de lujo para la jornada: un concierto audiovisual que tuvo lugar ese mismo día 22 en el Museo dedicado a Einstein con diferentes piezas de música clásica ‘ilustradas’ con obras audivisuales muy ‘especiales’, muchas del fotógrafo José Latova. Utilizando pigmentos en agua, con diferentes densidades y con técnicas previas a la digitalización, según me contó Latova, el artista había conseguido generar movimientos que recordaban a las imágenes de galaxias, supernovas y agujeros negros del telescopio Hubble.

Y así pasé de lo más terrenal a lo cósmico en tan unas horas. No se puede pedir más.

 

España, la vida sobre un ‘polvorín’ forestal


ROSA M. TRISTÁN

Llevo más de 30 años visitando de forma recurrentemente Cantabria. He visto cómo la ganadería ha ido desapareciendo, los prados se van convirtiendo en bosques, la maleza crece desordenada, las fuentes se secan y lo que era un verde luminoso aún en verano… amarillea. Ahora me paseo entre auténticas yescas y aunque recogemos la leña para nuestro hogar, no no damos a basto y temo lo peor. La peor pesadilla: que un día ese maravilloso bosque de robles de la imagen desaparezca.  Y es que comienza la era de los “superincendios“, según avisa la organización WWF España en el informe “Fuego a las puertas” que acaban de publicar, pero no queremos darnos cuenta. También calculan que al año destinamos 300 millones de euros a la prevención de los fuegos forestales. “¿Y cuánto a la limpieza?”. Un misterio. Es la cifra que nadie quiere dar, que ya es para temerse lo peor. En realidad, 300 millones de euros, no me parece caro para salvar los bosques de las llamas. Es lo mismo que la cláusula de rescisión del contrato de un conocido futbolista o lo  recaudado en Madrid en un fin semana gracias a un famoso festival. Sirva esta comparación para ponerlo en su justa medida.


                                                          Cantabria @Rosa Tristán 

No es que la extinción funcione mal. ¡Qué va! Según WWF, el 74% de los incendios se apagó en 2016 antes de que se quemara una sóla hectárea, y eso es un gran éxito. El problema es que están proliferando fuegos que resultan incontrolables (caso Doñana, o Río Tinto, o la Sierra Calderona… por decir los últimos ocurridos estos días). Son incendios ‘explosivos’, como los calificaba Lourdes Hernández, autora del informe que no sólo seguimos provocándolos (el 96% se deben a la acción humana), sino que aumentan exponencialmente el riesgo para las vidas humanas en la medida que ‘colonizamos’ o ‘urbanizamos’ los bosques sin ningún tipo de conciencia de donde estamos. Desde luego,  es evidente que esos ‘superincendios’ requieren ‘supermedidas’ para evitarlos, y  ‘super-presupuestos’ para poder trabajar en ellas. Si ahora se estima que hay una media de 19 al año (de los 12.500 fuegos forestales que sufre nuestro territorio al año), WWF ha constatado que están en aumento y augura que así seguirán mientras la yesca se hace dueña de unos parajes cada año más secos, con menos lluvias y con aún más escasa gestión.

“Hemos comprobado que los grandes incendios aumentan un 25% su tamaño y un 50% la superficie afectada. Esto no son sólo es un problema forestal o rural sino de emergencia civil, porque cada vez hay más personas que ponen en riesgo su vida, que tienen que ser desalojadas. Son incendios más difíciles de apagar y los servicios de extinción también arriesgan su seguridad”, recordaba Hernández.

Tres son las causas que convierten los bosques en ‘polvorines’ : un cambio climático que nos hace batir récords de temperatura cada año y enferma los bosques; un abandono del campo, del mundo rural que antes gestionaba los recursos madereros manteniendo la salud de la masa forestal, como compruebo en la cornisa cantábrica; y un caótico desarrollo de urbanizaciones, en medio de pinares, robledales o encinares, que ‘lucen’ estupendas en los folletos promocionales, pero que no sólo no tienen en cuenta que están en zona de riesgo de incendio, como señala WWF, sino que incrementan la posibilidad de que se produzcan ya sea por descuidos o accidentes. “Sin embargo, no hay una cartografía que indique cuáles son las zonas de alto riesgo de incendio. Los últimos datos son del año 2000 y señalan que había un 4% de zonas periurbanas forestales (zonas de riesgo)” , recordaban en WWF.

Si a ello se suma que, según denuncia la organización, la normativa de prevención está descoordinada (por un lado va la Ley de Montes, por otro las normas de urbanismo y por su lado las de Protección Civil) y que las construcciones ilegales acaban por legalizarse (del mismo modo que pozos ilegales, como los del entorno del Parque Nacional Doñana, siguen explotándose como si no fueran una barbaridad), ya tenemos la cerilla sobre la yesca. Y para evitar que prenda y la llama se extienda, apenas un gasto de 12 euros por hectárea ¡al año¡, que sería lo que se gastaría en limpiar, mantener, gestionar, informar para prevenir, etcétera. Y digo sería porque, por lo visto, de esos 300 millones de euros un buen pellizco se van en abrir pistas contra-incendios o dejar depósitos de agua, algo más relacionado con la extinción del fuego que con evitarlo.

Enrique Segovia, coordinador de Conservación en WWF, comentó algunas de las soluciones evidentes a este “fuego a las puertas”, pocas pero algunas a largo plazo y, por tanto, poco ‘rentables’ en votos y muy rentables ‘a futuros’. La primera, dar a conocer el riesgo real de las zonas, que todo el que tiene una casita como la del cuento sepa que está en un área de posible incendio y, a ser posible, cuidarlo (muy impopular entre los constructores). La segunda, no permitir que las zonas forestales se urbanicen (aún más impopular que la anterior). La tercera, realizar una buena gestión de los bosques, y ello pasa por su explotación controlada, por fomentar el retorno al ámbito rural y apoyar a los productores locales (¿para qué pudiendo ser camareros a 8 euros la hora?). Y la última, informar y comunicar del riesgo, más allá de ponerlo en los paneles de las autovías, que ya se me ha olvidado el último anuncio televisivo sobre el tema.

Yo añadiría otra: denunciar a quien consiente esas urbanizaciones, a quien recorta los presupuestos, a quien permite que exista una carbonera junto a un Parque Nacional (Doñana) sea o no culpable del incendio, a quien no protege estos bosques que nos dan la vida mientras nosotros se la quitamos.

Mirador de Piedrasluengas @Rosa Tristán

 

 

Becas National Geographic, ayuda a la ciencia sin burocracia


ROSA M. TRISTÁN

Hace unos días visitaba España David Schacht, vicepresidente de la National Geographic Society y quien desarrolla las estrategias de futuro de una institución que tiene ya 129 años de historia y que está relacionada con todo aquello que tiene que ver con la exploración y la ciencia en el amplio sentido de la palabra. En ese tiempo, nos contó Schacht a un grupo de periodistas, National Geographic ha otorgado 12.500 becas para diferentes investigaciones. “La premisa para conseguirlas es que nos presentes ideas transformadoras y audaces, que sirvan para un mejor entendimiento del mundo y que supongan avances hacia los desafíos que tenemos para conseguir un planeta más sostenible”, explicaba.

Todo aquello que tenga que ver con el cambio del planeta, el viaje humano y la vida salvaje es susceptible de conseguir unos fondos que están disponibles a lo largo de todo el año (cuatro veces al año un tribunal revisa los proyectos recibidos y se seleccionan) y, de hecho, en España 122 proyectos los han conseguido a lo largo de la historia, 13 de ellos en los últimos cinco años (por valor de 1,7 millone de euros).

Schacht también nos contó que hay ayudas de tres tipos (para estudiantes, las llamadas ‘standard’ de unos 30.000 dólares al año, y las de ‘repuesta rápida’ , de unos 15.000 dólares, destinadas a catástrofes naturales. Eso si, si National Geographic puede pedir que los exploradore y científicos se conviertan a cambio en reporteros y fotógrafos para que sus trabajos lleguen al público a través de su revista, que tiene 750 millones de seguidores en 130 países. De hecho, me encuentro entre ellos, y es la única publicación, junto con Quercus, que he guardado durante años acumulando polvo en las estanterías.

Pero lo que más me llamó la atención son las diferencias entre la forma de conseguir una ayuda para la investigación en Estados Unidos y en España. Para explicarlo, reunieron a cuatro españoles que han conseguido una de estas ‘golosas’ becas.

Una de ellas es la geóloga Soledad Domingo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), a la que conocí hace algún tiempo, cuando visité el yacimiento de Cerro Batallones, en Torrejón de Velasco (Madrid), un lugar que fue África en Madrid, como podéis leer en ese reportaje. “Conseguí la beca en 2016 para estudiar cómo se había formado este yacimiento. Lo mejor de todo fue que pude ir adaptando aquello para lo que había pedido el dinero a medida que surgían nuevos hallazgos y necesidades. Eso es algo que en España es imposible. Ellos, sin embargo, adaptaban la burocracia a la ciencia, y no al contrario”, comentaba Domingo.

Yacimiento Cerro Batallones. @RosaTristán

Curiosamente, otra de las becadas fue su hermana Laura Domingo, también geóloga del CSIC, en su caso para el estudo de un yacimiento argentino de hace entre 18.000 y 10.000 años. “Es un lugar con un gran registro fósil y se trataba de entender cómo fue la invasión de especies de Norteamérica a Suramérica, incluida la especie humana.

También el biólogo David Velázquez, de la Universidad Autónoma de Madrid, consiguió ser seleccionado con un proyecto polar que dirige Antonio Quesada: el estudio de las comunidades microbianas en las zonas polares, tanto el Ártico como la Antártida. Gracias al dinero de National Geographic, en 2012 pudo viajar a Resolute Bay y otros puntos del Ártico en un helicóptero, único modo de transporte posible para su trabajo. “Ahora estamos pensando presentar un nuevo proyecto para desarrollarlo en una expedición a la Antártida en 2018 con el Trineo de Viento que ha diseñado el explorador Ramón Larramendi. De hecho, ya colaboramos en la expedición Río de Hielo Groenlandia 2017 y queremos seguir adelante”.

El cuarto proyecto español seleccionado, entre el 10% de los más de 5.000 que se presentan al año, del que nos hablaron fue el de la ingeniera de Montes Reyes Alejano, que es capaz extraer información de la madera de gran utilidad para la historia. En este caso, su proyecto consistía en averiguar lo acontecido en la ribera del Guadalquivir estudiando la madera utilizada en edificios antiguos, dado que nos hemos cargado buena parte de los bosques antiguos. Alejano descubrió, por ejemplo, que había inmuebles en Sevilla construidos con madera del Báltico, lo que da idea de las rutas comerciales en la zona.

Después de este encuentro, me puse a pensar a qué institución nacional puede acudir un científico español para pedir este tipo de ayuda o beca, en competencia con otros colegas y en una cantidad suficiente para llevarla a cabo, y a la vez que la sociedad se entere de ello. Y, la verdad, es que no se me ocurre ninguna. Aquí los proyectos científicos innovadores, rompedores o de exploración lo tienen crudo. Pueden intentar conseguir patrocinios de empresas (y en ello están muchos científicos del CSIC), que  los apoyarán si tienes intereses especiales en el sector o en el país concreto donde se desarrollen -hay que quedar bien con el país anfitrión, que la ciencia ya es otro asunto-, pero la verdad es que, como no se trata de  fútbol, motos, coches o tenis, lo tienen ‘crudo’; pueden intentar conseguir alguna de las escasas ayudas públicas, y si son demasiado innovadores y no tienen una institución detrás, también lo tienen ‘crudo’; y pueden buscar fondos en el extranjero, con el riesgo de que proyecto y emprendedor, explorador o científico se vayan detrás del dinero que le permitirá seguir trabajando.

Es lo que hay.

Luis Arranz: Un encuentro único con dos gorilas gemelos en el corazón de África


-El biólogo Luis Arranz dirige el Parque Nacional de Dzanga Sangha en República Centroafricana, una de las pocas selvas vírgenes del planeta

-Apenas 8.000 pigmeos baaka se mantienen en una región afectada por la deforestación y amenazada por el furtivismo de traficantes de marfil

-Retrata para este Laboratorio la realidad de un continente donde el expolio de especies salvajes continúa imparable.

El parque le ‘recibió’ tras el nacimiento de dos gorilas gemelos, un acontecimiento especial.

ROSA M. TRISTÁN

Inguka e Inganda son gemelos. Y viajan sobre el lomo de su madre. Son bebés gemelos de gorila, una extraña circunstancia para todos los primates (en el caso humano, hasta la llegada de la inseminación artificial). Inguka e Inganda nacieron en enero de 2016, así que apenas tienen un año. Aún no pueden defenderse en la vida solos. Su padre es un impresionante macho de espalda plateada llamado Macumba. Toda la familia vive en la reserva Dzanga Shanga (República Centroafricana), 4.000 kilómetros cuadrados de selva virgen en la frontera de este país con Camerún y la República del Congo. Allí también habita desde hace unos meses,  el español Luis Arranz, director de este gigantesco espacio gestionado por WWF. También lo hacen sus vecinos, los pigmeos, que llevan miles de años adaptados a vivir en las frondosos bosques tropicales que desaparecen por doquier. “Realmente es un pueblo fascinante”, asegura Arranz en una conversación por Skype en la que se escuchan de fondo extraños sonidos de la naturaleza difíciles de identificar. La selva llega a través del altavoz en todo su esplendor.

Hace ya muchos años que Luis Arranz anda ‘vagabundeando’ por África. Guinea Ecuatorial, Chad, República Democrática del Congo y ahora República Centroafricana. Hoy, en su nuevo destino se encuentra feliz. “Aquí no hay tanto furtivismo como en otros parques nacionales que he dirigido en África, al menos de momento. Estoy aterrizando, esperando a que la familia venga a vivir conmigo ahora que veo que todo está tranquilo. Pero ya he comprobado que esto es impresionante. Un gran bosque tropical del que los pigmeos tienen un conocimiento sorprendente”, explica al otro lado de la pantalla.

A finales del año pasado, aún andaba por el centro de Madrid con destino incierto, en un interludio de poco más de un año tras su salida del Parque Nacional de Garamba (RDC) en 2015, un lugar que le dejó una tremenda huella. Allí fue testigo de cómo los furtivos tiroteaban a sus rangers, rescató a niños torturados que huían de la guerrilla ugandesa para toparse con los leones del parque, se topó con animales asesinados. Ahora , vecino de Igunka, de Inganda, de Macumba… sólo piensa en poner Dzanga Shanga al mismo nivel que el Parque Nacional de Virunga (Uganda) , donde miles de turistas se pelean cada año por ver de cerca esa mirada humana de esos lejanos ‘primos’ de los que nos separamos hace 10 millones de años pero con los que aún compartimos un 15% de nuestro genoma (más que con los chimpancés).

En realidad, habitan en lo que es una impresionante selva repartida entre tres países. Al parque que dirige el biólogo canario, se suma la reserva camerunesa de Lobeke y la congoleña de Nouabalé-Ndoki. “Es increíble la fauna que hay. He visto más animales en una tarde que en Guinea Ecuatorial en 14 años. ¿Elefantes? Pues es difícil hacer un censo porque son de bosque, pero una investigadora americana que trabaja aquí desde hace 25 años identificó en su día más de 4.000 y en un nuevo recuente lleva ya unos 2.000. Me intriga ver este parque tan tranquilo, cuando en otros países del entorno hay tanto furtivismo”.

Desde luego, pocos lugares se conocen en los que uno pueda encontrarse cada día con algunos de los escasos 5.000 ejemplares de gorilas silvestres que hay en el planeta. En Dzanga Shanga, explica Arranz, tiene ya cuatro grupos habituados a los humanos, es decir, que se dejan ver sin atacar ni salir huyendo, lo que para Arranz es un imán para quienes desean disfrutar de su visión sin aglomeraciones. “Al año vienen unos 200 turistas, pocos porque para llegar hay que venir desde la capital, Bangui, a varias horas en coche, o desde Yaundé (Camerún) con una avioneta. Pero esa cifra quiero que aumente”, asegura, “para garantizar su conservación”.

Hasta que la deforestación llegó a las fronteras de la reserva, los pigmeos baaka habitaban el bosque y los sangha sangha vivían del río Sangha prácticamente como hace miles de años, integrados plenamente en la naturaleza. “Pero se abrió la carretera para sacar madera, empezaron a llegar bantués y ahora ya son la mitad de la población. Los baaka poco a poco van perdiendo sus tradiciones, se van sedentarizando; vivir en la selva es duro, así que prefieren vivir cerca de los poblados. Ya son pocos los que pasan meses en el bosque, aunque entre las zonas de parques hay amplias zonas que les han dejado para que vivan y cacen al modo tradicional, como desde hace miles de años”, apunta Luis.

Uno de los proyectos del Parque Nacional que más le entusiasma tiene que ver con ellos: el programa Dima-Kali (bosque, en baaka, y río, en sangha) . “Se trata de que los mayores enseñen a los jóvenes las costumbres de una étnia de la que quedan  entre 7.000 y 8.000 en este territorio. Con ellos, desaparece su conocimiento del bosque, su habilidad de subir a los árboles a coger miel, su forma de hacer cabañas en media hora, sus técnicas de pesca… Por ello tratamos de que perduren”, señala el biólogo. “Es fascinante como conocen el bosque, como identifican todas las plantas medicinales, el comportamiento de los animales. Saben exactamente por donde pasan y cuándo. De hecho, muchos trabajan con nosotros en los seguimientos a gorilas”.

Per la deforestación en el extrarradio del parque que menciona, no sólo ha traído a étnias de fuera. Para Arranz abre la puerta a  un peligro en el horizonte: “La tala va trasladando a los elefantes, gorilas y otros animales hacia el sur, así que tendremos más animales, pero me temo que un día los furtivos no los encontrarán vendrán aquí a matarlos”, augura.

Luis Arranz, en Dazanga Shanga. Entre elefantes…

De momento, reconoce que lo único que echa en falta es volar. En Garamba cada día cogía su avioneta para recorrer la inmensa sabana, pero en una selva frondosa no tendría sentido. “Aquí hay salinas y agua y es fácil ver elefantes, rinocerontes, iloceros. Van y vienen para beber. eEn Zacouma [Chad] era sahel, más desértico, y también en Garamba, con más espacios abiertos para ver, pero estaban los furtivos, había tiros cada semana. Aquí nunca los ha habido, aunque los guardas están poco armados y si llegaran podría ser un desastre, por ello hay que prepararse”, asegura.

Su gran reto ahora es “dar a conocer el Dzanga Shanga a los turistas”. “También debemos trabajar más con los pigmeos, mejorar la educación ambiental en la zona y, a nivel de conservación, formar a los guardas. En Zakouma, cuando me fui en 2007 había 3.885 elefantes y era buena cifra; ahora quedan 500. Se cargaron casi todos. En Garamba en años 60 había 15.000 y el último censo eran 2.000. Aquí queremos que no bajen. Es triste y deprimente cuando ocurre. El comercio de marfil cada vez se paga más y mientras no se corte el tráfico en Asia y Europa, nada que hacer. No hemos acabado con tráfico drogas, ni de armas, ni de mujeres, ni de esto. Hay que prohibir exportación de marfil. Es inmoral pero el precio kilo de rinoceronte pasó al precio de kilo de oro en 2016. Y eso les proporciona a los furtivos helicópteros, armas, de todo. Otro ejemplo: ya no nos queda un rinoceronte blanco del norte en libertad. Ni uno. De hecho, se llevan rinocerontes a reservas en Australia porque creen que es la única forma de salvarlos, ahora que quedan unos 15.000. En países como Kenia o Tanzania, incluso en el Parque Nacional de Kruger (Sudáfrica) se los están cargando, al ritmo de dos al día. Creen que si la situación cambia en el futuro en África se podrá reintroducir de nuevo”.

El retrato de Arranz es desolador: ” Ahora se han puesto de moda los pangolines y los están matando. Dicen que sus escamas curan enfermedades, en medicina asiática fundamentalmente. El otro día en Camerún descubrieron un contenedor con toneladas de escamas de pangolines”.

“Animo a todo el mundo a venir porque sitios así, os digo que en unos años no van a quedar. Llegará un día que a este ritmo no veamos elefantes, gorilas, pigmeos… Venid si os gusta  la naturaleza. Discotecas no hay”.

 

José Latova: el investigador de la luz en el Arqueológico


ROSA M. TRISTÁN

Si por algo me resisto a dejar mi profesión, pese a tantas trabas como hay en el camino, es porque me permite conocer a personas de la talla de José Latova, más que un fotógrafo, un investigador de la imagen, un científico de la luz. Hace cinco años que nos encontramos en Luxor (Egipto), en las excavaciones del Proyecto Djehuty en las que trabaja desde hace años con el egiptólogo José Manuel Galán. Estábamos muy lejos de nuestro entorno habitual en Madrid, donde acaba de inaugurar una exposición de su obra en el Museo Arqueológico Nacional con más de 100 fotografías, audiovisuales y hasta un interactivo que permite pasearse 360º por algunas piezas especiales. Hasta mediados de agosto hay ocasión de verla, y disfrutarla.

Javier Trueba, José Latova, José Manuel Galán, Asunción Rivera, Pía Frade, David García, Kamal Helmy, José Miguel Parra y Gema Menéndez, el Proyecto Djehuty al fondo, en una imagen de Latova. @ROSATRISTÁN

Y es que Pito Latova (como le llaman los amigos) lleva 40 años retratando el Patrimonio Nacional, es decir, nuestros tesoros del pasado. Nadie como él ha estado presente en tantas excavaciones arqueológicas con sus cámaras a cuestas para documentar los trabajos con una precisión y belleza que no pueden dejar indiferente. Si no hubiera sido por  él, no dispondríamos hoy de las imágenes de gran parte del proceso de trabajo que ha llevado a hallazgos en Altamira (cuyo ‘Techo de los Polícromos’ preside una de las salas), en Atapuerca, en Luxor (Egipto) y en toda la Península Ibérica, por donde ha buceado en cuevas, abrigos, ruinas y museos. Ahora, esas  imágenes nos miran desde las paredes del Museo Arqueológico Nacional, que por cierto ha tenido que recurrir a la Bolsa de Madrid para financiar la muestra (de ahí que figure su logo).

Dice el MAN en su web: “Latova ha aportado a la fotografía arqueológica soluciones técnicas y fotográficas punteras, como el uso y aplicación de la tecnología digital, de la fotogrametría, o de los escaneados tridimensionales y el análisis y toma de imágenes multiespectrales, que se aplican en la actualidad en proyectos de investigación del arte rupestre, restauración, conservación preventiva”. Cierto, pero es que además su pasión por la ciencia le ha llevado más lejos: a aplicar esas técnicas para descubrir lo oculto, como las 450 pinturas rupestres que escondía la cueva cántabra de El Castillo, o que la cueva de Altamira era un 20% más grande de lo que se creía.

Con Pito y con Luciano Municio, conocí el arte rupestre que se escondía en la Cueva de la Fuente Nueva (en Segovia), uno de los lugares más sorprendentes que he conocido, pero también que todas las cuevas de la Meseta esconden otros cientos de obras de arte primitivas que sólo el empeño de este fotógrafo ha sacado en parte a la luz.  Y digo en parte porque, pese a su valía, es un proyecto que ha tenido que abandonar por falta de fondos. Municio, por cierto, que estuvo en la inauguración, me comentaba que la Fuente Nueva se ha inundado este año (tampoco se pudo trabajar en ella por falta de dinero)  y está a la espera de poder entrar a ver lo que se ha perdido…

Extraña forma de sujetar una pieza en un museo, que documentó Latova con su cámara.

Desde luego, no podían faltar los miembros y ex miembros del equipo del Proyecto Djehuty, que tiene un gran espacio dedicado en la exposición. Es uno de los grandes proyectos arqueológicos de España en el extranjero, de esos por los que merece la pena apostar sí o sí, y que dirige José Manuel Galán. Triste ver que algunos arqueólogos de la talla de Gema Menéndez han tenido que dejar su trabajo y no encuentran donde seguir ejerciendo. Otros, como Pía Frade, siguen en la brecha. Y los hay que se dedican a escribir libros, como José Miguel Parra, que acaba de publicar “Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo Egipto”.

Sobre el mundo de la Arqueología recibí otra buena noticia: el documentalista José Manuel Novoa va a hacer una serie en TVE sobre los más importantes yacimientos arqueológicos en la Península Ibérica. Desde luego, excelente novedad para quienes estamos cansados de programas de cocina, citas a ciegas, faranduleo y casposidad. Un poquito de ciencia entretenida, como la que nos ofrece Novoa desde hace años (más fuera del país que dentro) suena de maravilla.

 

 

 

“Deben buscarse a las mujeres en los libros escolares, recuperarlas del olvido”


Las autoras en la Residencia de Estudiantes. @ROSA TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

PUBLICADO EN ‘Periódico ESCUELA’)

La catedrática y filósofa Eulalia Pérez Sedeño y la profesora de Psicología Silvia García Dauder llevan décadas detrás del estudio del papel de las mujeres en la sociedad española. Ahora, han decidido poner sobre la mesa las falsedades que rodean a las mujeres en la historia de la ciencia; quieren visibilizar un sesgo que va desde los libros de texto a las investigaciones más punteras.

De todo ello hablan en un último libro que firman conjuntamente: “Las mentiras científicas sobre las mujeres”, editado por Catarata después de tres largos años de trabajo. Nos citamos en la emblemática Residencia de Estudiantes, lugar de encuentro desde hace más de un siglo del conocimiento y ligada, en su versión femenina, Residencia de Señoritas, a nombres tan emblemáticos como los de Victoria Kent, María Zambrano, Gabriela Mistral o Clara Campoamor.

Ambas llevan muchos tiempo investigando el ámbito de la ciencia y las mujeres ¿qué ha cambiado en estas últimas décadas?

Eulalia Pérez Sedeño: A nivel sociológico sí ha cambiado, ya que ahora hay muchas más mujeres en la investigación y también más conciencia de que existe desigualdad en este campo, pero estamos igual respecto a la idea de que la ciencia es una institución meritocrática en la que los sesgos de género no tienen cabida, de que los contenidos científicos son puros, sin valores, y no es cierto: sí que los hay.

Silvia García Dauder: Digamos que no hay un avance lineal, sino avances y retrocesos. A menudo, en seminarios que imparto de Psicología invito al alumnado a buscar nombres de mujeres en los manuales y enseguida se dan cuenta de que no hay ni una, aun siendo una profesión muy feminizada. Es un ejercicio que debería hacerse también en los institutos y colegios porque un grave problema es la invisibilización. La costumbre de hacer manuales que repiten lo mismo que los anteriores impide que las mujeres salgan a la luz.

EPS: Y es algo que pasa en casi todas disciplinas. En Física, en Química, en Historia de la Ciencia… Y, si, también en los textos escolares. Hace años se hizo un estudio y se demostró que las mujeres son casi invisibles en lo que se enseña. Más recientemente, se repitió este trabajo por un grupo de la Universidad de Salamanca y aparecemos algo más, pero siempre en segundo plano. En el fondo, es un problema que se muerde la cola, porque la transformación hacia la igualdad debe empezar desde la infancia. El mes pasado, un estudio publicado en Science, realizado con niños y niñas, concluyó que a los 5 años ambos sexos se ven igual de brillantes, pero a los 6 y los 7 las niñas ya no se consideraban brillantes como sus compañeros, sino trabajadoras. Recuerdo que en los 80, había unos programas del Ministerio de Educación en los que las investigadoras íbamos a los centros de formación del profesorado para hablar de estas cuestiones. Tuve experiencias buenas, y también desagradables con algunos docentes muy machistas, pero desde hace 30 años no los hay.

SGD. A los alumnos de primero en mi universidad [la Rey Juan Carlos], recién aterrizados de los institutos, a veces les he pedido que pusieran en un cartel alguien conocido de la Filosofía, de la Psicología y alguien de quien se desconoce la profesión. En el primer y segundo caso siempre me describen a un varón mayor, barbudo y blanco; en Medicina, a veces alguna mujer; pero en alguien sin profesión siempre dibujan una mujer joven. Y eso que en Psicología ellas son el 90%. Pero esos hombres son sus modelos de referencia, la autoridad. Es algo que influye en sus aspiraciones personales.

EPS: Curiosamente, yo a los docentes también les mostraba un ejercicio para hacer con los alumnos, que consistía en dibujar una persona dedicada a la ciencia. Luego me los enviaban y la mayoría dibujaba a un científico loco, como el de Regreso al futuro. En una ocasión, una niña dibujó una científica ¡que había inventado una máquina que la volvía guapa! Entraba desastrada y salía como una princesa. Esos son los imaginarios con los que crecen. Pese a ello, va aumentando el número de mujeres dedicadas a la investigación. Aunque luego se encuentren con un “techo de cristal” que les impida alcanzar puestos de dirección.

EPS: Esa presencia está aumentando en carreras femeninas, de cuidados: Medicina, Biomedicina, Tecnología de Alimentos, Químicas… pero en ingenierías no. Y hay casos curiosos, como el de Informática. Mientras fue Licenciatura Informática se matricularon bastantes alumnas, en torno al 40%, y desde que pasó a denominarse Ingeniería Informática han bajado y ahora son en torno al 12%. Sólo por cambiar el nombre, porque una ingeniería es cosa de chicos.

En el libro mencionan investigaciones que se han hecho y concluyen que las mujeres no están capacitadas para las Matemáticas o las ciencias ¿Qué hay de cierto?

EPS: No es verdad. Demostramos en el libro que son estudios muy concretos. El SAT [examen de admisión universitaria] de Estados Unidos, por ejemplo, es una prueba muy específica. Y los informes PISA demuestran que hay diferencias en determinadas pruebas de Matemáticas, pero no en la resolución de problemas científicos. También es cierto que en países como Corea del Sur o Finlandia estas diferencias han desaparecido, lo cual nos dice que las pruebas, más que las capacidades innatas, miden cómo se enseñan las Matemáticas.

SGD: Y es difícil distinguir capacidad de motivación. También hay un estudio reciente que revela que las chicas juegan mejor al ajedrez cuando no saben el sexo de su contrincante que cuando conocen que es un varón, y es por la amenaza del estereotipo. Si te motivan a estudiar unas asignaturas, congruentes con tu identidad de género, tendrás más capacidad en ellas. Y tendrás menos en otras que te dicen que son complicadas para ti.

¿El cerebro es exactamente igual en ambos sexos?

EPS: No es exactamente igual, pero ello no quiere decir que haya diferencias innatas en aptitudes y comportamientos. De hecho, hay más diferencias entre unas mujeres y otras, o entre unos hombres y otros, que entre hombres y mujeres. Hoy sabemos, gracias a otra reciente investigación, que cerebros masculinos 100% y femeninos 100% son los menos y que el resto es cuestión de grado.

SGD: Además, no hay que olvidar que el cerebro es flexible y que las diferencias no tienen por qué ser fijas para siempre. Por ello, es intolerable que el presidente de la Universidad de Harvard dijera hace unos pocos años que era absurdo invertir en formar mujeres en Matemáticas si iba a ser mediocres; aunque así fuera, más habría que invertir porque la resistencia al cambio no es biológica, es psicosocial y depende de las sinergias que se van generando en el entorno.

En el libro mencionan casos de grandes científicas cuyos trabajos han quedado ocultos. El “efecto Matilda” . ¿En qué consiste y cómo afecta?

EPS: En realidad tocamos pocos casos para los que hay. El ‘efecto Matilda” surge a raíz de que el sociólogo Robert Merton, en los años 60, identificara como un mecanismo positivo que cuando hay descubrimientos simultáneos de dos personas, es lógico que se le reconozca más a la persona con más prestigio. Lo llamó “efecto Mateo”, por un versículo del Evangelio Mateo que dice: ‘al que más tiene, más se le dará”. En contrapartida, Margaret Rossi identificó el “efecto Matilda”, nombre de una sufragista del siglo XIX, fijándose en la segunda parte del proverbio: ‘y al que menos tiene, se le quitará hasta lo poco que tiene”. Y es lo que pasa con las mujeres. El caso más famoso es el de Rosalind Franklin, a la que robaron el hallazgo del ADN, pero hay muchísimos en todos los campos.

¿Y ese “efecto Matilda” sigue vivo?

EPS: Por supuesto. El año pasado la astrofísica Jocelyne Bell vino a España y nos contó que encontró los púlsares cuando hacía su tesis doctoral, pero el Nobel se lo dieron a su director de tesis, Antony Hewish. Para ella, ni una mención. Ella informaba a su profesor de lo que veía y él le decía ¡que las mediciones estaban mal! En realidad, Bell llevaba bien ese ocultamiento. Es lo que llamamos el ‘síndrome de las hojas verdes”, es decir, mejor dejar lo que se puede conseguir. Yo he entrevistado a brillantes profesoras de Universidad que dicen que no merece la pena aspirar a ser catedráticas, pero escarbas y descubres que no lo hacen porque lo tienen difícil. Es un mecanismo de defensa.

SGD: Defender que si no hay negros o mujeres en la ciencia es por falta de méritos es un mito. Hay que ser conscientes de que no partimos de lo mismo y sin políticas que compensen las desigualdades, no hay solución.

EPS: A las mujeres que me dicen: “Yo no quiero estar en esa comisión por ser mujer, sino por lo que valgo”, les digo que si no están es precisamente por serlo. Por ello defiendo las cuotas, que nos ayudarán a llegar a un nivel adecuado.

Ese sesgo masculino de la ciencia, comentáis que incluso afecta a la salud.

SGD: Efectivamente. Si las mujeres no son sujeto de conocimiento, tampoco lo son de estudio, así que siempre lo ha sido el cuerpo de un hombre. Y si luego algo diferente ocurría en el de la mujer, se infravaloraba. No se utilizaba a mujeres en ensayos clínicos, ni se estudiaban los efectos de los fármacos en ellas. En salud mental incluso se han utilizado teorías sexistas para probar la inferioridad de las mujeres. Con más científicas, habría habido otro punto de vista.

EPS: Además, la salud de las mujeres se ha centrado en los aspectos reproductivos, que era lo considerado importante. Por el contrario, sabemos poco de la menstruación o la menopausia.

¿Qué recomendaciones harían a los docentes a la hora de tratar estos temas?

EPS: En general que traten igual a todos, porque hay una tendencia a educar de forma diferente a niños y niñas. Y que lean el libro, que es un comienzo a abrirse a otra perspectiva. No es sólo que no haya mujeres en los libros, sino que ni el profesorado ni el alumnado son conscientes de que no están. Que las busquen, que sean conscientes de su ausencia y las rescaten del olvido.

¿Y qué papel tienen las instituciones, el Ministerio de Educación?

EPS: Me contentaría con que aplicaran la Ley de Igualdad. Es buena, pero no se aplica. Ahora mismo, en la Residencia de Estudiantes, en un acto sobre educación, no hay ni una mujer en el estrado.

¿Cómo se imaginan la sociedad en otros 30 años?

EPS: No me preguntes, porque las perspectivas son nefastas. En 2006, se decía que la sociedad sería igualitaria para 2050 y el otro día la investigadora María Blasco decía que para 2090.

Comedores escolares: Somos lo que comemos pero…¿Qué comemos?


ROSA M. TRISTÁN

(Publicado en Cuadernos de Pedagogía): Número 476

Seis de cada 10 niños y niñas se alimentan cada día, en los centros escolares, con productos elaborados por la industria agroalimentaria, muchos de los cuales contienen residuos químicos y están envueltos (y calentados) en plásticos. Los ecocomedores son una alternativa ecológica y de proximidad que apuesta por la salud y la educación. En ellos, los alumnos descubren el origen de los alimentos y aprenden a comer mejor respetando el medio ambiente. Es la nueva revolución ‘verde’ que llega a los colegios.

Candela da grandes mordiscos a su manzana. “Está buenísima y no le echan pesticidas de esos que matan los bichos y son veneno”. Sobre su cabeza, un cartel que dice: “La fruta está para comérsela. No te la saltes”. Pero Candela, de 8 años, lo tiene claro: “Nos dan comida ecológica, que es buena para el medio ambiente porque no viaja desde lejos y porque no contamina”. “¿A qué no sabes lo que es ser vegano?”, dice un compañero de mesa”. “¡Yo sí, a mí!, se levantan varios brazos.

El escenario es el comedor del Colegio Lourdes de Madrid, un centro concertado de la Fundación Hogar del Empleado (Fuhem), que hace ya cuatro cursos decidió dar “un vuelco” a su comida escolar para que fuera más acorde con un ideario en el que la sostenibilidad es un eje fundamental. Hoy es uno de los referentes de los “eco-comedores escolares”, espacios para alimentarse y, por qué no, aprender. “Aquí no queremos saber nada de caterings”, aseguran.

Su apuesta por los productos ecológicos y de proximidad no es fácil, pero no es exclusiva porque como en los cuatro centros de Fuhem, poco a poco toma cuerpo en España la preocupación por lo que comen los escolares y su futura visión del modelo de consumo alimentario. Así, pese a la trabas de las administraciones autonómicas, que son las que deciden en los centros públicos el modelo de gestión, surgen cada día iniciativas de directivos, personal de la cocina, padres y madres y docentes que tienen claro que “somos lo que comemos” y que en el caso de la infancia, mejorar el sistema actual es básico para ellos y para el planeta, un camino que también se ha iniciado en otros países del entorno.

Ahora estamos en casa de Marcos, que muy al contrario que Candela mira la verdura con desgana. Pasea el tenedor por el plato mientras marea las acelgas con tomate. “Antes le encantaba la verdura, pero ya no hay forma. Le cambió el paladar desde que comenzó a ir al colegio, cinco días a la semana comiendo de catering. Lograr que se la coma es la batalla diaria”. Adela es una de esas madres que reconoce que no sabe qué es un eco-comedor escolar, aunque se muestra dispuesta a impulsarlo en el centro al que acude su hijo, de 8 años, en Boadilla del Monte (Madrid). “¿De qué sirve que en Conocimiento del Medio les hablen de peces si luego no ven ninguno porque los ven empanados en cuadrados?”, se queja.

Los últimos datos disponibles señalan que casi 1, 7 millones de escolares como Marcos -de Educación Infantil, Primaria y ESO- comen en el colegio en España, según el Ministerio de Educación. De ellos, el 61% tienen el servicio subcontratado a una empresa externa, sector que se ha convertido en un sustancioso negocio en manos de unas pocas compañías. Sólo una de ellas, sirve 210.000 comidas al día en diferentes instituciones públicas, como son los hospitales o los colegios, adonde llegan servidas en sus correspondientes bandejas de plástico.

Un cocinero en el colegio Lourdes de FUHEM, trabajo en extinción.

Son datos que proceden de la reciente investigación “La alimentación escolar en España”, realizada por iniciativa de la asociación Del Campo al Cole y del grupo de investigación Carro de Combate. “Con este trabajo queríamos poner sobre la mesa la importancia del comedor escolar. Analizar la situación actual y el abanico de problemas que genera una mala alimentación infantil, cuando existen alternativas para mejorarla y aprovecharlo como recurso educativo”, apunta Andrés Muñoz Rico, de Del Campo al Cole. “Nosotros precisamente trabajamos para poner en contacto a los agroproductores con los colegios, un camino que va a más pero que es lento y tortuoso por las complicaciones administrativas”, reconoce.

Y es que hoy, en España, son aún pocos los colegios, sobre todo públicos, que apuestan por hacer de sus comedores y cocinas un lugar desde la que acercarse a la alimentación, a la educación ambiental; en definitiva, al aprendizaje desde el estómago. Muy al contrario, al albur de la masificación en menús industriales, las cocinas desaparecen y se transforman en salas de “línea fría” destinadas a platos precocinados. “A nadie le gustaría comer durante años comida de hospital, pero es lo que les damos a los niños”, apunta el catedrático de Medicina e investigador Nicolás Olea.

Olea, de la Universidad de Granada, es uno de los científicos que más ha estudiado los efectos de la alimentación en la infancia. En análisis de orina a menores de edad, se han detectado hasta 128 residuos químicos de 81 sustancias, de las cuales 42 pueden provocar cáncer y 37 son disruptores endocrinos que alteran las hormonas del organismo. “Podría decirle que los niños españoles hoy orinan más plástico que ninguno en Europa . Comer cada día en una bandeja de policarbonato está afectando a su desarrollo neuro-conductual, y no lo digo por ser alarmista, sino realista”, señala Olea a Cuadernos de Pedagogía.

En la misma línea, la endocrina Carmen Valls-Llobet, asesora de la Organización Mundial de la Salud, lanza la voz de alarma: “Ya hemos observado cómo los disruptores endocrinos que ingieren desde la primera infancia están provocando una pubertad precoz, hasta el punto de que hay niñas de seis años que ya tienen vello púbico”.

Pero incluso sin contaminantes, ¿es la comida escolar equilibrada? La normativa de las autonomías recoge un exhaustivo índice de calorías, de minerales, de lípidos o proteínas que hay que ingerir, eso sí, al precio más bajo posible. Pero eso tiene su coste y la bióloga Mercedes Aguirre, autora del libro “Nutrición, salud y complementos”, detecta un déficit de elementos esenciales para el desarrollo del cerebro en los menús infantiles. “El Omega 3 DHA, que encontramos en el pescado blanco, no existe en el panga, tan habitual en esos menús, pero se sabe que es importante para el cerebro de niños con Transtornos con Déficit de Atención (TDA). Por el contrario, se come exceso de pollo hormonado, de carbohidratos (pasta, arroces…) que se convierten en azúcares y generan excitación y obesidad, pero que son más económicos que los integrales”, denuncia la investigadora.

Pero no todo es salud. Aprender a comer mal es aprender un modelo de vida insostenible que colisiona con la educación ambiental. “Esa dimensión educativa de los comedores está muy olvidada, aunque es un recurso excelente para aprender de dónde viene la comida o qué impactos tiene en la naturaleza. No se trata de dar clases en el comedor, sino de que la alimentación escolar se incorpore como un tema más en las aulas, en actividades y juegos, en las excursiones que se programan desde el colegio”, explica Abel Esteban, de Ecologistas en Acción, una organización que participa en la Plataforma Comedores Responsables (http://comedoresresponsables.org/) creada en junio de 2016 con otras organizaciones, como CEAPA y Veterinarios Sin Fronteras (VSF), para promover ese cambio de enfoque.

Nani Moré, desde mucho antes, es un referente en esta batalla. Desde su primer trabajo, en la cocina de una guardería de Mallorca, se interesó en mejorar lo que ponía en los platos de las criaturas. “Para mí comer no es sólo llenar el estómago, es educación ambiental y es salud. Y en ello estoy, demostrando que mejorar la comida escolar con productos ecológicos y de proximidad no cuesta mucho más si se compara con sus beneficios”. Fruto de ese convencimiento surgió el documental que financió en 2012 con un crownfunding, El plato o la vida, que desembocó en la pionera Asociació Menjadors Ecologics de Cataluña, hoy lugar de encuentro para quienes inician el camino. “Desde 2013 hacemos estudios de viabilidad de proyectos de eco-comedores escolares. La cuestión es que no hay reglas, porque cada centro y cada territorio es un mundo”, asegura Moré. “En general, se trata de que al menos el 50% de la comida sea ecológica o de proximidad sin subir los precios, pero también se trata de enseñar a los niños a conectar la vida con la comida, a tener un huerto escolar, a cocinar cosas sencillas, a visitar los campos. Y ello requiere que los docentes se impliquen. Y los cocineros. Ahora estamos preparando un recetario con un grupo de chefs para aprender a provechar lo que ofrece cada temporada”, explica la ex cocinera.

En el Colegio Lourdes de la Fuhem, el aula de 1º de Primaria que imparte Paula Manrique a veces se convierte en un huerto. “A ver, ¿Qué sembramos hoy? ¿Un tomate? ¿aceitunas? ¿lapiceros? ¿Y qué hacemos para que no haya bichos que se coman nuestra comida?”. Es una de las muchas actividades pedagógicas que complementan los nuevos platos que cada día prepara el cocinero Javier Ventura, a quien ahora le llegan las patatas con tierra, en vez de cortadas en bolsas. “Hace poco fuimos a un mercado para que hicieran su lista de la compra, otras veces hacemos zumos con frutas de temporada. Los mensajes de lo bueno y lo malo para el cuerpo y la Tierra van calando”, explica Paula, rodeada de dibujos de extraños personajes hechos con frutas y verduras.

Fuhem es el ejemplo de una transformación impulsada desde la dirección, un proyecto ecosocial denominado “Alimentando otros modelos”. Hoy, prácticamente todo lo que consumen sus 2.500 diarios comensales es ecológico o de proximidad. “Llevamos ya tres cursos y la transición requiere reajustes, pero es imparable. El precio del menú es prácticamente el mismo y ya no hay queja entre los escolares porque se han acostumbrado a los sabores. Pero es que además hemos introducido temas relacionados con el sistema alimentario desde 2º de Infantil a 1º de ESO, recogidos en una “Guía Educativa” que utilizan los profesores como Paula. Y aún hay más: hemos incluido en el cambio a las familias”, explica Luis González Reyes, coordinador de la iniciativa.

Se refiere al impulso que se ha dado a la creación de grupos de consumo ecológico entre los progenitores de sus alumnos. “El colegio es el punto de entrega y recogida de la compra una vez a la semana y estamos encantados. Es verdad que al principio costó introducir algunos alimentos con los niños, pero ahora se van acostumbrando. Cada curso se les da un alimento nuevo al menos ocho veces. Luego, pueden comer en casa lo mismo, gracias a los grupos de consumo. Ya somos 40 familias implicadas”, señala Irene Domínguez, madre de una niña de 14 años y un niño de 8 del Lourdes. “Desde que se creó el comedor ecológico, es más habitual que mis hijos hablen de dónde viene la comida o qué es mejor cuando comemos juntos”, explica Irene.

Huerto del Colegio Montserrat de FUHEM.

En el Colegio Pere Roselló Oliver de Alaró (Mallorca), la idea de apostar por un eco-comedor surgió de la AMPA. Tras convencer al Gobierno balear de que podían hacerse las cosas de un modo alternativo al catering, este curso llegó el cambio. “El documental “El plato o la vida” de Nani Moré fue motivador para nosotros. Ahora, el AMPA gestionamos el comedor ecológico sin encarecer la cuota. Pero, además, hemos implicado a los docentes en un proyecto que se llama Alimentación, eje de las actividades extraescolares. Queremos que el niño conozca su relación con el alimento, que el personal de cocina les explique el origen de lo que tienen en el plato, que la comida no sea sólo un trámite”, explica Tomeu Noguera, padre e impulsor de una iniciativa que ya exporta a otros centros. En torno a ese cambio, además, el huerto escolar ha reverdecido, se organizan talleres eco-gastronómicos para las familias e incluso se ha abierto una pequeña cocina para talleres en los que los alumnos aprenden a preparar galletas.

“Es un aprendizaje. Comer más verdura se les hace cuesta arriba, pero si se empieza desde muy pequeños es más fácil. Mayor problema es que las familias se resistan al cambio, porque sus hijos también lo harán, pero si están convencidas, es posible. Ahora queremos que nuestro proyecto se extienda, que la Administración balear favorezca a las pequeñas empresas que tienen productos ecológicos, no sólo a las que ofrecen un precio menor, y que se pongan en valor las acciones educativas desde el comedor y la cocina”, recalca Noguera.

Actividades similares son las que desarrollan desde 2010 Veterinarios Sin Fronteras en colegios de toda España, dentro de su campaña Alimentacción. La mayoría de carácter extraescolar para el alumnado, pero también organizan talleres con docentes y familias para crear conciencia sobre los impactos del actual modelo alimentario. A menudo organizan funciones de teatro, excursiones y ofrecen materiales didácticos sobre productos concretos, como el aceite de oliva o las legumbres. “Este curso trabajamos con 90 centros de toda España, siempre con el mensaje de revalorizar el campo y dar a conocer cómo afecta nuestra alimentación en el Tercer Mundo y la naturaleza. A veces, los profesores son reticentes porque ha aumentado mucho la carga docente, pero es cuestión de sembrar para que se vaya difundiendo”, explica Jordi Menéndez, al cargo de la campaña.

Otro de los referentes en eco-innovación en comedores escolares es el cocinero José Luis Cabrero, del Colegio Público Asunción Pañart de Aínsa (Huesca). Es el autor de otro vídeo, “El comedor, un aula más”, donde explica cómo fue el proceso del cambio en su pequeño centro. Cabrero, como Nani en Mallorca, fue quien echó a andar la transformación del proceso de compra de lo que llegaba al centro. “Ese cambio a lo ecológico fue paulatino, pero tan importante como ese paso, fue la introducción del programa Alimentacción de VSF, a través del cual les doy información de lo que es el consumo responsable. No hay que olvidar que el tiempo de comedor es de descanso, pero hay que buscar el equilibro para que a la vez sean conscientes del modelo de consumo”, apunta Cabrero.

Un paso más allá es el que lleva tiempo proponiendo un afamado cocinero inglés, Jamie Oliver. Oliver puso en marcha a comienzos de esta década la ‘Food Revolution”, una lucha la que ha tratado de involucrar a los países del G-20. En 2015, lanzó una campaña global para que la alimentación fuera una asignatura obligatoria en los colegios de los 20 países y obtuvo 1,6 millones de firmas. Oliver defiende que niños no sólo deben aprender de dónde viene la comida, sino todo el proceso, del cultivo a la cocina, incluyendo el aprendizaje a guisar, aunque resulte un tanto complicado su puesta en marcha. “Vivimos en un mundo en el que la obesidad infantil es un problema, pero generaciones de padres se alimentan de comida rápida porque no saben cocinar. Con una asignatura obligatoria, los niños aprenderían”, señalaba entonces.

En esa línea trabajan, hasta cierto punto, en el Colegio Público Espartidero de Zaragoza, donde además de contar con un eco-comedor autogestionado por los padres y madres, los niños entran en la cocina durante talleres extraescolares. Nacho Corral, padre de dos de los alumnos, muy implicado en el proyecto, tiene claro que por ahí debe ir el futuro: “La alimentación debe formar parte del proceso educativo. Con cuidado, porque las cocinas son lugares que requieren una seguridad especial cuando hay muchos niños, pero animándoles a aprender, como lo hacen programas televisivos como Master Chef Junior, de TVE. Y, eso si, nosotros siempre con el lema ‘ni un bocado desperdiciado’. Ese el camino hacia un mundo más saludable y más justo”, concluye.

 

GUÍA PARA QUE EL COMEDOR ESCOLAR SE ‘PINTE DE VERDE’

  1. Contactar con el AMPA y formar parte de la comisión de comedor del centro escolar; sino hay AMPA o comisión de comedor, empezar por promover su constitución.
  2. Conocer la situación aplicable en cada escuela (contrato, competencias, etcétera), hablar con la empresa actual sobre la gestión del servicio. Una opción es consultar a la plataforma de Comedores Responsables, que funciona como asesoría: http://comedoresresponsables.org/
  3. Buscar escuelas de la comarca o de la ciudad que ya dispongan de un comedor ecológico y de proximidad para que faciliten información y contactos.
  4. Una vez identificada la normativa y constatado que se puede cambiar la gestión del comedor, organizar una charla para conocer la opinión de la comunidad educativa. Es importante que haya consenso. Existen dos vídeos en Youtube que ayudarán a plantear el tema: “El comedor escolar: un aula más” y “El plato o la vida” .
  5. Estudiar la viabilidad económica hablando con proveedores. Incluir en lo scosts el aumento de personal de cocina, cuando sea preciso.
  6. Redactar un proyecto de comedor: los menús, el proyecto educativo, los alimentos, etc, con la participación de una representación de padres/madres y docentes. Se puede consultar a otras escuelas, a la Plataforma de Comedores Escolares de Calidad, a Menjadors Ecologics, etc. Este proyecto se presentará al Consejo Escolar para su aprobación.
  7. La empresa actual y la comisión implantarán el nuevo comedor ecológico de forma progresiva. Si la empresa no acepta, hay que buscar otra o autogestionarlo desde el AMPA. Para esto último, se puede recurrir al asesoramiento mencionado.

Los científicos ‘exiliados’ ¿diplomáticos de España en el extranjero?


Embajada española en Estados Unidos.

ROSA M. TRISTÁN

Varios miembros de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECyT) han publicado un artículo en la revista Science&Diplomacy hace unos días que ha tenido una contundente respuesta en otra revista, Nature, por parte de una científica española en el exilio, que considera “hechos alternativos”, al estilo Trump, dado que el primero señala que los investigadores son  diplomáticos españoles de la ciencia, cuando en realidad, asegura, la inmensa mayoría han tenido que dejar este país por falta de oportunidades. Sin embargo, una de las asociaciones aludidas en Science@Diplomacy afirma, ECUSA, considera “muy positivo que los agentes políticos en España muestren interés por nuestras actividades”. En definitiva, la polémica está servida. ECUSA es la asociación de investigadores en EEUU. Y en similares términos se ha manifestado CERFA (su equivalente en Alemania).

Los siete autores del primer artículo, todos ellos personal de FECYT, afirman que el Gobierno de España se esfuerza en  “autorizar un sistema de jugadores en este juego internacional: asociaciones de investigadores españoles al exterior”, de forma que los científicos españoles que trabajan en instituciones extranjeras y proyectos extranjeros, sean la “diplomacia de la ciencia” ya que muchos mantienen contactos con investigadores en nuestro país. “Con la ayuda de estas redes preexistentes de científicos, España ha podido consolidar su diplomacia de la ciencia en el país y en el extranjero, reforzar su presencia científica en países estratégicos y fomentar las oportunidades de la carrera para los investigadores españoles”, señalan los autores.

Añaden que “con la reciente turbulencia económica en España, se requerían  perspectivas alternativas para implementar y aprovechar un enfoque centrado en la “circulación de cerebros”….Esta red de diplomáticos-científicos permitiría a España relacionarse con los países de acogida de los científicos españoles  y ampliaría la presencia de la ciencia en la agenda de la política exterior española”. “Este enfoque combinado también contribuiría a mantener a los investigadores españoles en el extranjero involucrados en el ecosistema nacional español de ciencia e innovación, asegurando a los científicos en el extranjero un papel continuo en el desarrollo de la ciencia dentro de su país de origen” . 

Amaya Moro-Martin @ROSA M. TRISTÁN

El artículo recuerda que existen al menos 13 asociaciones de investigadores españoles en el extranjero. Pero se aboga por mejorar los canales que tienen con las instituciones, así que por ello se ha llamado a los científicos exiliados en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania para, ya que conocen sus países anfitriones y España, asesoren a las partes interesadas. 

Una de ellas es ECUSA, que reúne a 60 investigadores españoles en Estados Unidos y que se define como totalmente apolítica y apartidista. Entre sus principales sponsors (como en CEFA) figura el Gobierno, la FECYT y la Fundación Ramón Areces. ECUSA, en un comunicado, explica que entre sus miembros hay científicos y otros profesionales de la ciencia y la tecnología emigrados por la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo de calidad en España. Para ECUSA es “muy válido” el reconocimiento mencionado en el artículo en Science&Diplomacy sobre el papel jugado por esta asociación en la escena científica actual porque “los científicos españoles en el extranjero debemos ser tenidos muy en cuenta a la hora de fijar las políticas científicas en España, las cuales deben, entre otras cosas, facilitar el retorno de aquellos que deseen volver y fomentar el desarrollo de colaboraciones con otros países”. De ahí que feliciten a FECYT por la iniciativa. “Es el momento de aunar esfuerzos si queremos hacer de la ciencia un elemento fundamental para el desarrollo de las sociedades española y estadounidense”, concluyen. El comunicado de CERFA es similar.

Pero no todos opinan igual y el mismo artículo de FECYT ha sido respondido en Nature por la astrofísica española Amaya Moro Martín, que trabaja en el Instituto Científico del Telescopio Espacial de la NASA desde que se vio obligada a dejar España: “Nunca me consideré una diplomática, así que es una sorpresa ser etiquetada como tal por el Gobierno español.  Oficialmente, los científicos emigrantes españoles como yo, obligados a abandonar España debido a las terribles circunstancias que rodean la investigación en nuestro país, no existían previamente. Nos dijeron que éramos  una “leyenda urbana. Ahora, resulta que no sólo soy real, sino que también soy parte de una estrategia política deliberada y astuta del Gobierno español para enviar a científicos extranjeros para sembrar la colaboración internacional y para fortalecer, no debilitar, la ciencia española”, afirma en su respuesta.

Moro-Martín, que tuvo un contrato Ramón y Cajal y luego fue despedida, considera que es otra forma de generar “hechos alternativos”, al estilo del nuevo presidente de EEUU: “El Gobierno español es un líder mundial en incorporarlos en el tejido de su política científica, ya que recorta los fondos y el apoyo…Por lo tanto, los científicos de todo el mundo deben estar en guardia y deben desafiar declaraciones engañosas que intentan ocultar la degradación política de la ciencia”. La investigadora denuncia que  “España se jacta de cómo los investigadores que han sido forzados a irse son ahora parte de su esfuerzo por reforzar su presencia científica en países estratégicos”.

También considera inadmisible que los políticos españoles quieran hacer creer que la ciencia que se hace fuera de España es Made in Spain y que se les quiera usar de asesores científicos en las embajadas, a miles de kilómetros de los puntos de decisión sobre la ciencia en su país de origen:  “La realidad es que el ambiente para la investigación en España es preocupante. En este mes (febrero), vimos el desmantelamiento de Abengoa Researc, el buque insignia del sector privado español de I + D, el mayor laboratorio de investigación básica en el país para las energías renovables y un líder mundial en el campo. Su cierre es sintomático: la inversión pública en I + D atrae la inversión privada y ésta no puede prosperar si la primera se arruina”.

Para Martín-Moro “el tiempo para ser diplomático ha desaparecido hace tiempo”, como deja claro en su respuesta.

¿Los científicos españoles en el extranjero quiere ser embajadores de la ciencia española? División de opiniones.

El ‘primo’ portugués de los humanos de Sima de Atapuerca, un nuevo misterio


Yacimiento de Aroeria.

ROSA M. TRISTÁN

Pocas veces los paleontólogos se encuentran un cráneo de un humano de hace cientos de miles de años. Tan  pocas que es un acontecimiento. Y es lo que acabamos de conocer que ocurrió en Portugal, en el yacimiento Aroeira. De hecho, en toda Europa, además de los cráneos de la Sima de los Huesos, apenas hay unos pocos ejemplares con cronologías de en torno a los 430.000 años de los que tienen los de la sierra de Atapuerca.

Reproducción del cráneo. El agujero no estaba: se hizo con el martillo neumático. Al saltar esquirlas de hueso, se encontró el cráneo.

Por ello, cuando Juan Luis Arsuaga, codirector del proyecto burgalés, recibió una llamada del portugués Joao Zilhao, en plena campaña de exacavación de 2014 en la sierra burgalesa, para contarle que acababan de encontrar fósiles humanos de esa antigüedad, no se lo pensó y junto con la paleontóloga Elena Santos, cogieron el coche y se presentaron en Aroeira.

Cuando llegaron, recuerda Elena, el equipo de Zilhao estaba dentro de la cueva, peleándose con un gran bloque de piedra con una sierra. “Este yacimiento se había excavado hace unos años y habían encontrado dos dientes, pero luego se abandonó hasta que Joao lo reabrió. Llevaba unos cinco años trabajando en él y salían muchas piezas de piedra, huesos de animales quemados…Todo indicaba que la cueva, que está en un sistema kárstico de cinco plantas, había sido ocupada por humanos, pero fue ese verano cuando surgió la sorpresa, mientras taladraban una zona y saltaron esquirlas de huesos”, recuerda Elena.

Finalmente, sacaron el bloque – “que pesaba un quintal”- y lo trasladaron al Centro de Evolución y Comportamiento Humanos que dirige Arsuaga en Madrid, donde durante dos largos años María José Ortega y otros miembros del equipo lograron recuperar hasta 50 piezas grandes y muchas más casi milimétricas de la piedra. “El trabajo de reconstrucción del rompecabezas ha sido espectacular, pero al final, ahí teníamos un cráneo casi completo para estudiar, que finalmente se ha publicado ahora en la revista PNAS. Y es con mucho el humano más antiguo encontrado en Portugal, pues lo anterior, a unos kilómetros, fueron restos de un neandertal de hace 60.000 años, pero estos fósiles tienen 400.000”, recuerda Elena.

Después, ya con la pieza reconstruida, fue ella misma quien puso manos a la obra y empezó a comparar su morfología con otros cráneos del Pleistoceno Medio. “Los junté con varios programas informáticos y vimos que el homínido al que pertenece está entre el cráneo número 4 y cráneo número 5 (Miguelón) de la Sima de los Huesos. Tiene rasgos parecidos y otros que los diferencian, como si fueran poblaciones diferentes. Las herramientas que usaban son achelenses, pero también algo diferentes a las de Atapuerca”, apunta.

Arsuaga cuenta a este Laboratorio para Sapiens que el volumen cerebral de este ‘primo’ de la Sima es el mismo al de su pariente, pero también destaca las diferencias. “Es una prueba de que en aquel momento había una gran diversidad de humanos en Europa, nada que ver con la uniformidad que vemos después en los neandertales o los Homo sapiens”. “Estas dos especies”, recuerda el paleontólogo “pasaron por cuellos de botella que acabaron con la diversidad, pero si hubieran existido 500.000 años antes, su variedad sería también muy alta. Por contra, en el Pleistoceno Medio hubo lo que llamo un ‘Juego de Tronos’, un mundo muy complejo del que salió únicamente el neandertal. Antes, en la época de este nuevo cráneo, había una gran complejidad de poblaciones que desaparecieron”.

Estas son las herramientas de piedra, con la tecnología achelense, que utilizaba el homínido portugués.

Aún queda por estudiar la parte ósea del oído interno del cráneo, para compararlo con el de la Sima, pero Arsuaga apunta que “se parece a sus contemporáneos de la Trinchera del Ferrocarril”, vamos a los que habitaron en la Gran Dolina de Atapuerca. “Es entre estas especies y la de Homo antecessor donde hay más dudas de lo que sucedió. No sabemos aún si estos homínidos vinieron de África con su tecnología achelense o si tienen que ver con el  Homo antecessor [900.000 ], porque no se parecen y hay  más de 400.000 años entre unos y otros. Necesitamos encontrar un fósil de hace unos 650.000 años”.

Todo ello, de nuevo, pone en evidencia que aún nos queda mucho por saber sobre la evolución humana en la Tierra. Cada hallazgo, no hace sino abrir otra puerta al pasado de nuestra historia y la de nuestros ancestros.

 

 

 

 

 

 

 

 

España: ‘Ideas’ para la Expo Universal 2017 sobre renovables


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ROSA M. TRISTÁN

Estos días andará por Madrid un gigantesco autobús para promocionar la Exposición Universal 2017 en Kazajastán, un país ex soviético a caballo entre Asia y Europa al que, según me enteré ayer, debemos mucho aunque sabemos tan poco (entre otras cosa, ¡las manazanas!) La Expo, que comienza el 10 de junio y acaba el 10 de septiembre, está íntegramente dedicada a la energía del futuro, es decir a las renovables. Porque sin ellas no hay futuro. No deja de ser paradójico el tema elegido en un país que vive del petróleo y el carbón, dos recursos que  ha permitido a Kazajastán, tras la independencia de la URSSS, un crecimiento económico espectacular, pero desde luego servirá para su divulgación, y eso es bueno. España, aunque hasta finales de 2016 no confirmó su presencia, en un par de meses ha resuelto el concurso público para ‘decorar’ y llenar de contenido su pabellón. Lo ha ganado Acciona, y parece que nos costará cerca de 1,8 millones de euros.

Dice en su anuncio: “Cuenta con una superficie de 868 m2 distribuidos en una única planta. Con el lema “Energía para el Planeta” el pabellón invita a sus visitantes a un viaje en el espacio y en el tiempo en el que descubrir cómo y por qué nuestro país se ha convertido en líder indiscutible en la utilización de energías renovables, en su implantación, investigación y desarrollo en un proceso de concienciación y compromiso con el medioambiente adquirido”. “Los visitantes del pabellón conocerán… la preocupación, el empeño y los esfuerzos del país por volver, a través de la innovación, a tratar al planeta y sus fuentes de energía de manera responsable, bajo la premisa de la sostenibilidad”.

En realidad, para reflejar la apuesta de España (es decir, sus gobernantes) por las renovables no habría que gastar mucho…Se supone que asesorarq-concurso-pabellon-espan%cc%83a-exposicion-internacional-astana-2017-1024x544un pabellón debe ser un espejo de lo que es el país, esa apuesta por ser ‘líder,’ que  así que tengo aquí algunas ideas para Acciona.

Para empezar propongo que dediquen un amplio espacio a reflejar cómo languidece la energía eólica en España, a pesar de que era un país puntero en el área, tras el castigo que sufrió con la reforma eléctrica del actual Gobierno. Y eso que, aún con palos entre las ‘aspas’, casi cubrió el 20% de la demanda de energía durante 2016. Yo pondría en un gran luminoso (eso si, con leds, porque consumen menos) que durante ese mismo año apenas se instalaron 17 MW en toda España para aprovechar el viento. Son los datos de Red Eléctrica Española, como recuerda el presidente de la Asociación de Empresa de Enegías Renovables (APPA) en ese artículo. En fin, que quien quiera energía eólica que utilice el abanico, debieron pensar en el Ministerio de Industria y Energía, el del inolvidable ex ministro José Manuel Soria.

Como en España vendemos sol y más sol a los turistas, no estaría mal colocar un mapa con ‘rutas’ por algunas de esas plantas fotovoltáicas que han sido abandonadas a raíz del llamado ‘impuesto al Sol’; si,me refiero al que penaliza el autoconsumo de energía. Desde luego, una de ellas podría pasar sobre el techo del polideportivo de Baños de Río Tobía (La Rioja), que se conectó a la red en 2009,  que se arruinó y que ahora quieren recuperar los ‘cooperativistas’ Som Energía y Ecoo (con participación social) dentro de su proyecto Recupera el Sol. De hecho, sería estupendo invitar a sus responsables como guías de los visitantes. Como diversión complementaria, pondría a unos monitores disfrazados de torres de alta tensión haciendo preguntas del estilo:”Adivina quien tiene más potencia solar instalada: el Reino Unidos (con sus nubes casi perpetuas) o España, la reina del sol “. Seguramente que todos los participantes se quedaban de piedra.

Creo que es ineludible que el pabellón promocione  ‘a bombo y platillo’ que en 2016 hubo la increíble cifra de 42 nuevas instalaciones registradas de autoconsumo  energético solar, por aclarar, de las que se ponen en casa. No creo que nadie tenga tan pocas, así que habría que explotarlo. Y desde luego colocar bajo un gran cartel que ponga ‘PELIGRO’ unas cuantas baterías TESLA, que sirven para facilitar ese consumo de energía solar en los hogares, al permitir acumularla en gran cantidad. No están prohibidas, pero se les ha puesto un sobrecoste añadido al sobrecoste del impuesto ya mencionado. No vaya a ser que a la gente le de por comprarlas y se hunda el negocio del gas, el carbón y, de paso, el del petróleo. Porque ¿Y si un día se ponen de moda los coches eléctricos y uno se lo carga en casita con su batería solar? Pero vamos, es imposible. Aquí el coche es diesel y se usa a discreción. Si basta que un día se limite el tráfico y se monta la de ‘San Quintín’…

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Por desgracia, trabajadores en el sector de las renovables, hemos perdido muchos. Acciona lo sabe bien. No se yo si habrá suficientes para exponerlos, aunque últimamente ha mejorado algo el panorama. En eólica trabajan unas 17.000 personas, según su patronal, casi un 30% menos que en 2011; y en fotovoltaica, unas 4.500 frente a los 27.500 que había (un 84% menos) antes de la crisis. De biomasa (vamos, el pellet) no he encontrado datos.

El entorno de la Exposición Universal en la capital kazaja, Astana, será muy propicio para este despliegue nacional. El reciento de la Expo 2017: La energía del futuro, es un modernísimo complejo de 175 hectáreas “enchufado” a todo tipo de energías limpias, desde aerogeneradores y placas solares, hasta energía cinética, es decir la que somos capaces de hacer con nuestro cuerpo al caminar, saltar o pedalear. Realmente, el montaje presentado ayer en Madrid, con Alla Pereskova (Organización Mundial del Turismo) y Baryk Ayossembayer, el embajador de Kazajistán, Baryk Dyusenbayev, espectacular.

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Cuando en septiembre cierre sus puertas, además de un Museo de la Energía del Futuro, los kazajos quieren convertir el complejo en un Centro Financiero Internacional. De hecho,  para atraer empresas a tan exótico país  les ofrecerán las instalaciones gratis durante tres años y les darán ventajas fiscales. Que se prepare la City… En fin, que el objetivo es que no acabe al estilo de los ‘restos ruinosos’ de  otras expos, como las que hubo en Sevilla y Zaragoza.

Una vez paseado por el pabellón eco-español, imbuidos del espíritu por ese futuro limpio que tan bien promueve el Gobierno español, si que recomendaría dar una vuelta por ese gigantesco país que es Kazajistán (como ocho ‘Españas’, dicen), donde habitan tan sólo 18 millones de habitantes. Por desgracia, aún no lo conozco pero desde luego, un lugar perfecto para perderse. Además, ayer me enteré que desde allí nos llegó, no sólo el cultivo de las manzanas, sino también los tulipanes (Holanda es sólo un mercado).

Pero lo que más me sorprendió de las imágenes que me mostraron fue esa fascinante convivencia del presente-pasado nómada de los pastores, que viven en kurdas con sus ovejas, con edificios de diseño espectacular de los mejores arquitectos del mundo, en la capital, Astana. Y sobre todo ello, una naturaleza salvaje, virgen, que hoy es difícil de encontrar en Europa. Espero poder visitarlo (y de paso entrar en la base de lanzamiento de cohetes rusos de Baikonur, asunto que me quedó pendiente en mi paso por EL MUNDO, a ver si aquel satélite español llamado PAZ que nos costó tantos millones de euros ya está en el calendario, o para la chatarra).

Justo después de publicar este blog, ha llegado la propuesta oficial de ACCIONA. para el pabellón a mi correo, así que he incluido alguna frase.

Veo espacio de suficiente para mis sugerencias…infografia-la-plaza-del-pabellon_1