La ‘quijotesca’ España rural se enfrenta a los molinos


Paisaje desde las almenas del Castillo de Olite (Navarra) este verano. @ROSA M. TRISTÁN

Hace casi un año, en noviembre de 2020, escribía en Ecologismo de Emergencia un artículo sobre la fórmula elegida para la expansión de la expansión de la energía eólica y fotovoltáica en el territorio español. Poco antes, había acabado la COP25, en Madrid, y si algo quedó claro es que íbamos de cabeza a un planeta caliente e inhabitable en muchas zonas por ir “muy lentos” en la necesaria transición hacia unos ‘combustibles’ que no cambiaran el clima planetario.

Desde entonces hemos vivido incendios devastadores en el Mediterráneo, en California, en Rusia… y sequías terribles en Madagascar o Etiopía mientras se han ahogado en inundaciones en China, Alemania o Guatemala.
La cuestión es: ¿Estamos haciendo bien esa imprescindible transición? ¿no hemos vuelto a repetir los errores del pasado para no mover un dedo por cambiar la causa última del cambio climático, que no es otra la dinámica de un motor de ‘desarrollo’ basado únicamente en el consumo de productos?


Basta salir a las zonas rurales para sentir que la transición energética se apodera de montes y llanos, que el horizonte es otro pero los atascos son los mismos, como lo son los miles de camiones que llevan las mercancías. Basta andar por los pueblos de Castilla, Cantabria, Navarra, Extremadura o Aragón para ver cómo se ha transformado el paisaje que sus habitantes vienen a reivindicar a Madrid este sábado, convocados por 170 organizaciones, casi todas locales o comarcales.


Luis Bolonio, portavoz de la plataforma Aliente que las agrupa, recordaba que el Plan Nacional Integral de Energía y Clima (PNIEC) del Gobierno indica que para 2030 debía haber una producción de 89 gigavatios ‘verdes’ pero que ya habría más de 200 GW en marcha, pese a lo cual se ha dado desde el verano luz verde a otros 17 proyectos nuevos. “Se está alimentando la especulación energética con grandes compañías que, al final, acaban amenazando hasta a los miembros del Gobierno, que ahora vemos que no son soberanos. Si juegas con tiburones, al final te muerden”, denuncia Bolonio.

En realidad, cuando se viaja los pueblos y se habla con sus gentes son muchos los testimonios que indican los fallos en este proceso. Lo he podido comprobar ‘in situ’ directamente. Más que informar sobre los polígonos eólicos o parques solares que van a instalarse, de sus impactos y sus ventajas, los pros y los contras, y de forma independiente para que participen en la decisión, todo indica que se les ocultan datos. Me recuerda a lo visto con grandes proyectos hidroeléctricos en países como Guatemala o Etiopía, donde las decisiones se toman al margen de los pueblos indígenas afectados. Aquí es la España vacía quien alza su voz.

Bolonio asegura tener pruebas de personas que son engañadas e incluso amenazadas con expropiaciones si no aceptan ceder sus terrenos para instalar eólicos o torres de salida de la energía generada. “Una oportunidad histórica como eran las renovables, la hemos convertido en un error histórico al no haber potenciado que se instalaran renovables en las casas, sobre los tejados, como autoconsumo, evitando así impactos en el medio natural y agrícola y lo que supone llevar la energía a larga distancia, ahorrando el 35% que se pierde en el camino y democratizando el sistema”.


En su opinión, se ha olvidado la ventaja que tanto energía eólica como fotovoltaica tienen de ser modulables para “escapar del poder que ejercen las grandes empresas en busca del beneficio a corto plazo” y se obvia que “no queda otra que decrecer para tener futuro”, entendido este decrecimiento no como algo negativo que nos lleve de vuelta a las cavernas, sino como una solución al exacerbado e insostenible nivel de consumo, y por tanto de energía necesaria, en el que vivimos inmersos. Incluso el comedido IPCC lo reconoce en su último informe: el crecimiento perpetuo que conlleva el capitalismo nos lleva al colapso.


“La transición requiere un orden lógico que pasa por rebajar el uso de energía, aumentar la eficiencia para no derrochar tanto y apostar por instalar energías renovables en zonas que ya están impactadas, porque no negamos la necesidad de instalar plantas eólicas o fotovoltáicas a gran escala, pero en zonas ya degradadas y que las decisiones sobre ellas sean democráticas, con participación ciudadana. Ahora, los municipios afectados se enteran por el BOE de turno de lo que les afectará y tienen 30 días para hacer alegaciones y si platean un recurso les cuesta entre 10.000 y 14.000 euros”, denuncia Bolonio.


Mapa con las zonas de sensibilidad ambiental para instalar energía eólica @MITECO

En realidad, no hay un mapa oficial que recoja todas las instalaciones y propuestas sobre la mesa, si bien si existe una zonificación realizada en el Ministerio de Transición Ecológica (MITECO) donde se especifican las zonas en las que el impacto ambiental sería muy elevado. Se excluyen zonas de alta biodiversidad que están protegidas, de impacto en poblaciones, áreas de paso como el Camino de Santiago o vías pecuarias, zonas de agua o inundables y zonas de impacto visual en el paisaje, si bien este último indicador no es excluyente, sino un impacto a ponderar. Es una zonificación orientativa y no obligatoria. “Lo que vemos son lugares destrozados y es verdad que la UE y los compromisos internacionales obligan a reducir emisiones, porque no somos negacionistas del cambio climático, pero lo que no se puede hacer es socializar impactos y centralizar beneficios. De los 400.000 millones de los fondos de la UE para la recuperación post-Covid, 70.000 millones son para autoconsumo, pero para potenciarlo hay que cambiar leyes y normativas porque tienen fallos graves”, asegura el portavoz de Aliente.


Hoy, explica, cualquiera que quiera instalar su propio sistema de autoconsumo en su casa, hace una inversión (unos 3.000 euros de media) pero tarda entre 10 y 12 meses en que su instalación sea reconocida, un tiempo en el que el usuario no puede utilizar esa energía, que se vierte a la red de una compañía distribuidora. “También el excedente que se produce al día debe ir a la red, aunque luego cuando lo necesite, le cobran tres veces más de lo que le han pagado”, denuncia Bolonio.


Conviene recordar al respecto, el informe que en mayo de año pasado hizo el Observatorio de la Sostenibilidad, poco antes de que estallara la burbuja renovable. Según este trabajo, en 2025 se podrían tener en España un millón de de tejados solares (17.603 hectáreas) que producirían 15.400 GWh, suficientes para abastecer a más de la sexta parte de la población (unos 7,5 millones de personas). Sus datos apuntan que, además, se crearían 15.532 empleos y se evitarían 4,2 millones de toneladas de CO2. Es una alternativa por la que han apostado en firme en Alemania, donde ya hay 1,4 millones de tejados solares, en Reino Unido con 800.000 o en Italia con 600.000. Aquí, en el país que vende sol y playa al resto del mundo, se calcula que hay unos 10.000. Incluso, recuerdan en Aliente, a los tejados podrían sumarse placas fotovoltaicas sobre todas las autopistas, que sumadas suponen otros muchos miles de hectáreas.


“El cambio climático está aquí y también la oportunidad de hacer las cosas bien, en lugar de generar malestar e incluso conflictos entre unos pueblos y otros porque unos reciben algunos beneficios y otros solo los impactos. Por ello reivindicamos un cambio de rumbo”, concluye Bolonio.


Las cinco grandes ONG ambientales del país (WWF, SEO/BirdLife, Greenpeace, Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra recuerdan, en un comunicado conjunto que apoyan la transición energética, pero a la vez demandan una zonificación vinculante (no como la actual) que garantice que su desarrollo proteja la biodiversidad y ponga en el centro a las comunidades locales. Vender que se genera empleo ya ha quedado claro en muchos lugares que no es cierto, dado que el mantenimiento es muy especializado y requiere poca fuerza de trabajo.

A la voz de esa España vacía que llena su paisaje de infraestructuras, se han sumado además numerosas personas con mensajes de apoyo (Carlos Taibo, César Vea, David Serrano, Gustavo Duch, Javier Sierra, Jorge Reichmann, Joaquín Araujo, Luis Pastor, Marta Bordons, Odile Rodríguez de la Fuente o Yayo Herrero, entre otros.

Es urgente cambiar el sistema energético. Si no, es verdad, el cambio climático arramblará con todo, incluida la biodiversidad que ahora amenazan estos ‘molinos de viento’ contra los que batallan ‘quijotescos’ habitantes del mundo rural. Pero es urgente también apostar por otras vías, que existen, para que el impacto en nuestra rica naturaleza sea el menor posible, aunque las grandes compañías privadas se revuelvan y tengamos que adaptarnos, todos, a un modelo de vida mucho menos derrochador. Nos va en ello el futuro.

Las finanzas ‘anti-ambientales’ de China por el mundo


Un estudio en ‘Nature’ revela gran parte de los créditos de bancos chinos, por valor de casi 500.000 millones de dólares, se destina a obras de ‘desarrollo’ que dañan la biodiversidad y las tierras indígenas

ROSA M. TRISTÁN

Raro es visitar hoy un país del hemisferio sur, especialmente de América Latina o África, donde China no tenga presencia. Si en el pasado fueron Europa y luego los Estados Unidos quienes pusieron el mundo del sur a su servicio, permitiendo así el desarrollo económico del que aún gozan, ahora el gigante de Asia se ha convertido en uno de los mayores prestamistas de mundo de carreteras, ferrocarriles, centrales eléctricas o grandes presas allá donde le llaman.

Un estudio publicado en la revista científica Nature ha examinado cómo estos proyectos tienen lugar en zonas de alto riesgo para la biodiversidad y las tierras de los pueblos indígenas, sin que los impactos ambientales y los derechos vulnerados sean tenidos en cuenta. En definitiva, el ‘modus operandi’ sigue siendo el mismo desde el siglo XIX para las ‘nuevas’ potencias económicas.

El trabajo, dirigido por Kevin Gallagher, de la Universidad de Boston, se centra en los proyectos de desarrollo financiados por China entre 2008 y 2019 fuera de sus fronteras. En total, han rastreado 859 préstamos internacionales en 93 países otorgados por los dos principales bancos chinos, el CDB y CHEXIM, por valor de 462.000 millones de dólares. En 594 de estos préstamos se han cartografiado las zonas donde tienen lugar (marcados con puntos, líneas o polígonos en el mapa que acompaña esta noticia).


Pues bien, en esa década, el 63% de los proyectos financiados por China están en hábitats críticos, protegidos o de tierras indígenas, con hasta un 24% de las aves, mamíferos, reptiles y anfibios amenazados del mundo potencialmente afectados. Son proyectos que se concentran, principalmente, en África Central, el sudeste asiático y partes de América del Sur, especialmente la cuenca amazónica. Apuntan los científicos que “en general, estos proyectos de desarrollo de China plantean mayores riesgos que los del Banco Mundial, particularmente los del sector energético”, aunque éste tampoco se libra de las críticas. “Estos resultados proporcionan una perspectiva global de los riesgos socioecológicos que existen y pueden servir para orientar estrategias para ecologizar la financiación del desarrollo de China en todo el mundo”, proponen Gallagher y sus colegas. El hecho de que China ya cuente con instrumentos aprobados que, supuestamente, defienden el desarrollo sostenible, no da alas al optimismo de que vayan a hacerlo.


Los territorios indígenas, a tenor de estos resultados, están siendo especialmente afectados. Ocupan el 28% del planeta, el 40% de las áreas protegidas terrestres y el 37% de los bosques intactos, pero a falta de ser reconocidos sus derechos de forma eficaz (en realidad, el convenio 169 de la OIT habla de esos derechos), los proyectos de desarrollo se implantan sin su consentimiento generando no sólo conflictos sociales, económicos y políticos, como señala la investigación, sino persecución y muerte de sus líderes.


En Nature demuestran que los bancos de China están atrayendo a los proyectos de más riesgo, evidentemente porque tienen menos reparos éticos que otros, y les recomiendan tomar medidas que eviten estos impactos, como sería proporcionar asistencia técnica a los países anfitriones que no pueden evaluar y monitorear los riesgos ambientales y sociales de los proyectos. Es más, señalan que aunque pudieran tenerse en cuenta algunas medidas de mitigación o algún beneficio a las comunidades, hay que tener en cuenta consecuencias menos visibles y muy graves en áreas con riesgos excepcionales. Incluso denuncian que aumentan a tal ritmo estos proyectos de desarrollo que los daños a la biodiversidad o los conflictos sólo se documentan después de realizados. De hecho, ni siquiera los bancos tienen personal para ello. El CHEXIM’s, con más activos que el Banco Mundial, sólo cuenta con 3.000 empleados, menos de la quinta parte que el BM.

Pero además de más personal, proponen otras soluciones, como contar con los conservacionistas a la hora de identificar proyectos y, si ya están en marcha, monitorizar y mitigar los impactos, como es el caso de una carretera que pueda expandir la frontera agrícola en zona boscosas. También apuntan que debieran utilizarse herramientas como el mapa global de riesgos que ha elaborado este grupo de científicos, si bien reconocen que es precisa una evaluación in situ para comprobar los riesgos no visibles, y considerar factores como qué se construye, cómo se gestiona o que medios de vida o prácticas culturales hay en la zona.

No deja de ser llamativo que el 38% de los proyectos financiados por China estén a menos de un kilómetro de hábitats críticos, protegidos o indígenas (70.000 km2 ) y si ampliamos el círculo a 25 kms, son 1.710. 000 km2. De todo ello, las tierras indígenas son el área más grande en riesgo (el 20%) mientras que las protegidas son el 6%. Al margen del impacto humano, habría 1.114 especies de las 7.000 amenazadas en el planeta que están en estas zonas de potenciales impactos.


Por continentes, señalan que las zonas más amenazadas (un 4,6% de la superficie terrestre) se concentran en el sudeste asiático, la cuenca del Amazonas y la zona al sur del Sáhara. Incluso en países donde, en general, el riesgo para los pueblos indígenas sería bajo, como Mali, Nigeria, Chad , Irán, Egipto o Namibia, los prestamos chinos están justamente en zonas de alto riesgo. Y lo mismo ocurre con áreas de gran biodiversidad en Benin o Bolivia.

La comparativa con el Banco Mundial en esta década, indican que en lo que se refiere a los indígenas, ambos mecanismos financieros les ponen igualmente en riesgo, salvo si son proyectos energéticos, donde China parece que es más dañina.

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Una ‘Arabia verde’ fue ruta de los humanos en su viaje a Asia hace 400.000 años


Tormenta de arena durante los trabajos de excavación. @Palaeodeserts Project (Klint Janulis).

ROSA M. TRISTÁN

Siempre se dice que es importante saber lo que ocurrió en el pasado y que la experiencia que debería servir para acumular conocimiento de lo que, inevitablemente, se repite. Durante años, escuché hablar sobre una ruta de migración humana de salida de África más allá de la hoy conocida de Oriente Próximo, un camino que estaba en buena parte oculto bajo el mar por la costa arábiga, y por tanto difícil de estudiar. Pero si algo tiene la ciencia es que rompe fronteras (al menos del conocimiento) y ahora un estudio fascinante, publicado en Nature, nos habla de cómo el interior de esa península de emires y beduinos hoy desértica -si acaso habitada en su interiro por altas torres petrolíferas que exprimen CO2 de la Tierra -, fue también un corredor de migrantes humanos primitivos que se movían al albur del clima, es decir, no de forma muy distinta a como ocurre hoy en muchas zonas del planeta.

La evidencia de que hubo especies de Homo en esas tierras desde hace 400.000 años es una pieza del rompecabezas del viaje de la evolución que nos faltaba para entender cómo nuestra especie y nuestros antepasados se movieron por el mundo hasta habitar casi todos los rincones (y el casi es la Antártida). También lo es haber descubierto que en todo ese largo tiempo hubo periodos de aumento de las lluvias que hacían que la Península Arábiga fuera un buen camino para salir de África hacia el suroeste asiático, pese al aspecto inhóspito que hoy presenta. En lugares del desierto del Nefud, sin agua ni alimentos en miles de kilómetros, hubo lagos y ríos que transformaban la región en pastizales, atrayendo a unos seres que, curiosamente, llevaban culturas diferentes con ellos, como revelan ahora los científicos del Instituto Max Planck de Alemania, en colaboración con la Comisión del Patrimonio del Ministerio de Cultura de Arabia Saudita y muchos otros investigadores saudíes e internacionales, incluidos los Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH) de España.

Para el Dr. Huw Groucutt, autor principal de este trabajo, del Max Planck , no hay duda de que las dunas de arena escondían un gran secreto de nuestra Prehistoria. En concreto, en un lugar ya conocido como Khall Amayshan 4 (KAM 4) del Nefud, donde han constatado que hubo hasta seis fases en el pasado en las que se formó un lago de agua dulce y que en cinco de ellas, entre los sedimentos, quedaron atrapadas herramientas de piedra hechas por primitivos humanos hace 400.000, 300.000, 200.000, 100.000 y 55.000 años. Todo un botín que va desde un hacha de mano achelense propia del Paleolítico Inferior, hasta lascas típicas del Paleolítico Medio, en Eurasia neandertal y también otras hechas por los ‘sapiens’. No lejos, en un oasis situado a 150 kms de estas dunas el Oasis de Jubbah, había utensilios de factura humana con 200.000 y 75.000 años.

Stone axe. The Palaeodeserts Project

Llama la atención cómo fue posible encontrar algo en ese mundo infinito, casi uniforme, cambiante al albur del viento. Mathieu Duval, un investigador del programa Ramón y Cajal en el CENIEH que colabora en este trabajo, me cuenta que hace tiempo alguien dió una pista sobre alguna pieza lítica por esa zona del Nefud y hace 10 años, un equipo del Max Planck se lanzó a la búsqueda. “Nadie había buscado ahí antes. Se hacía en la costa, y por eso se encontraban restos allí . Pero la realidad es que si se busca en el desierto también aparecen, sea el Kalahari, el sur de Argelia o el norte de África. Eso nos habla de la cantidad de piezas que aún están por descubrirse sobre el pasado de nuestro género” , comenta Duval.

En este desierto, empezaron haciendo una prospección con fotos satélite buscando depósitos con potencial. Luego se pasó a la fase de hacer sondeos y luego comenzaron las excavaciones, que son muy complejas porque lo que ves un año, desaparece al siguiente. No hay hallazgo que resista la fuerza de una tormenta como la que ilustra la foto superior. “Hace un par de años descubrimos huellas fósilizadas de ‘sapiens’ y otros animales de hace 120.000 años en lo que había sido un lago y hubo que hacer todo el estudio en pocos días en una campaña porque sabíamos que a la siguiente habrían desaparecido”, señala el joven científico, que participó en su datación. Un par de años antes también habían encontrado el hueso de un dedo de esas mismas fechas en el yacimiento de Al Wusta.

Pero ahora hablan de episodios muy anteriores y para conseguir estas fechas han utilizado una técnica llamada datación por luminiscencia que se aplica sobre los sedimentos, es decir, registra el tiempo transcurrido desde que los pequeños granos de arena fueron expuestos por última vez a la luz solar, mostrando así las breves fases en las que el desierto se convertía casi en sabana, con miles de lagos, humedales y ríos en los huecos entre las dunas, momentos aprovechados para migraciones tanto humanas como de otros animales – los hipopótamos, por ejemplo- pues la realidad, como tantas veces he escuchado al paleontólogo español Bienvenido Martínez, nunca viajamos solos y lo hicimos siempre que hubo oportunidad, sin más fronteras, vallas ni concertinas que las impuestas por la geografía y el clima. El trabajo de Mathieu desde el CENIEH ha consistido, precisamente, en datar un diente de bóvido mediante otra técnica, denominada de uranio-torio, para comprobar que concordaban las fechas.

La investigación, publicada el 1 de septiembre de 2021, nos descubre, además, una gran variedad de grupos humanos a lo largo del tiempo, poblaciones que podían llegar de diferentes sitios, a tenor de las diferentes formas en las que hacían sus objetos durante los cortos periodos de tiempo que estaban en Arabia. Esto indica, según los arqueólogos, que provenían de lugares diferentes y por tanto certificaría la existencia de grupos muy divididos incluso de especies humanas distintas que eran contemporáneas. Es más ¿Y si Arabia fue otra zona de cruce para homínidos originarios de África y Eurasia? Son muchas las preguntas que surgen al hilo de esta nueva ‘pieza’ enterradas en el desierto. Lo que si parece es que las herramientas halladas son del mismo tipo de las que permanecieron más tiempo en uso en África. También los fósiles de animales que han encontrado muestran características más africanas que provenientes de Oriente Medio, apuntando más a una salida africana hacia Asia del sur que otras opciones.

Falange de ‘sapiens’ @Nature 2018

Y más preguntas ¿Quiénes eran esas especies que pasaron por allí? Ese es el gran misterio, todavía, porque hasta ahora en toda Arabia sólo se había encontrado el mencionado dedo humano de hace unos 85.000 años y las huellas de hace 102.000 y 130.000 que son claramente de Homo sapiens.

“Arabia ha sido vista durante mucho tiempo como un lugar vacío en el pasado”, ha señalado el doctor Groucutt en un comunicado. “Nuestro trabajo muestra que todavía sabemos muy poco sobre la evolución humana en vastas áreas del mundo y destaca el hecho de que aún hay muchas sorpresas”. “Este mapa coloca a Arabia en el mapa mundial de la Prehistoria humana”, agrega su colega, Michael Petraglia, también del Instituto Max Planck. Y es que, como explica el arqueólogo Robin Dennell (Universidad de Exeter), en un articulo paralelo en Nature, resulta que ahora sabemos que hubo más de una ruta de salida de África: una por la pequeña puerta que hoy es Israel, para los ‘sapiens’ abierta desde hace casi 200.000 años; y otra mucho más grande, pero inconstante, que fue la Península de Arabia, más al albur de los monzones y los periodos interglaciares que abrían el camino. Y dado que éste también fue lugar de paso, bien pudo ser que los neandertales que andaban por Oriente Próximo se cruzaran en Arabia con nosotros ‘sapiens’ en ese viaje. Dennell apunta que si hace entre 50.000 y 65.000 años ya estábamos en Australia, está claro que nuestra colonización de la Tierra tuvo que comenzar mucho antes.

Mathieu Duval

También concuerda ese vía árabe con las herramientas de hace entre 172.000 años (Paleolítico Medio) que se encontraron en India y otras , de hace 385.000, en el sudeste asiático. Algunas, como demuestran algunos estudios, probarían que los humanos ya estábamos por aquellas lejanas tierras antes de la gran erupción del volcán Toba en Indonesia (hace 74.000 años) e incluso hay dientes humanos en Sumatra que han sido datados por esas fechas.

El consorcio internacional de científicos que han trabajado en en Nefud incluye miembros de organizaciones y universidades e instituciones de Arabia Saudita, Alemania, Australia, Pakistán, el Reino Unido y España. En nuestro caso, Mathieu Duval, un investigador del programa Ramón y Cajal que trabaja en el CENIEH, que está especializado en geocronología y lleva años vinculado a este proyecto. “Estamos hablando de cientos de miles de años de presencia esporádica en ese desierto. No sabemos cuánto duraba cada fase de estancia, igual unos pocos años o unos pocos miles de años. En los sedimentos no podemos ver periodos tan pequeños, pero se han identificado decenas de yacimientos en el Nefud y hay trabajo para mucho tiempo”, asegura.

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Los microplásticos: del Ártico a la Antártida llenando estómagos


ROSA M. TRISTÁN

Un pinguino papúa y otro barbio en Isla Livingston. En sus estómagos es posible que haya microplásticos. @Rosa M. Tristán

La invasión plástica es de tal calibre que cada vez resulta más difícil encontrar un lugar de este planeta adonde no llega para dejar su huella. “Ser conscientes de los microplásticos nos abrió los ojos. Antes de saber de su existencia, veíamos desaparecer una bolsa o envase y creíamos que se había diluido, que ya no estaba, pero no es así, sigue ahí, presente, en lo inerte y lo vivo”, comenta el biólogo español Andrés Barbosa. Su último territorio conquistado: los estómagos de los pingüinos antárticos, según un estudio que acaba de ser publicado por científicos españoles y portugueses en la revista Science of the Total Environment.

Este trabajo científico hace recordar otro que hace justo un año multiplicó de un ‘plumazo’ los datos que teníamos sobre esa ‘basura invisible’ que es el resultado de lo que llevamos décadas vertiendo a los mares descontroladamente: la masa de microplásticos que se encuentran en las aguas superiores del Océano Atlántico, desde Gran Bretaña hasta las islas Malvinas, oscila entre los 12 y los 21 millones de toneladas, según una investigación que salió publicada en la revista Nature Communications por el equipo liderado por Katsiaryna Pabortsava, del National Oceanography Centre (NOC). Es decir, que sólo de diminutos plásticos habría tanta basura como la que pensábamos que era el total acumulado en los últimos 65 años, unos 17 millones de toneladas. Diez veces más de lo que se pensaba. Y aún hay más:  “Si se asumimos que la concentración de microplásticos que han medido a 200 metros de profundidad es representativa de toda la masa de agua hasta el fondo marino a una media de 3.000 metros , entonces sólo el Atlántico podría contener alrededor de 200 millones de toneladas de basura plástica de pequeño tamaño”, declaraba el coautor Richard Lampitt, también del NOC.

Con este panorama, podría no ser extraño que los plásticos y microplásticos presentes en la Antártida vengan de más allá de la corriente circumpolar que rodea al continente, aunque no se sabe con certeza. En realidad, basta pasearse por algunas playas de la Península Antártica para tropezarse con algún objeto del insidioso material ‘duradero’, y sin necesidad de microscopio ni espectroscopio alguno. Lo que se investiga ahora es cómo afecta a una fauna polar que, en principio, habita un lugar prístino, alejado y protegido.

Por ello alarma a los científicos descubrir que tres de las especies de pingüinos del continente (adelia, barbijos y papúa) ya los tienen incorporados a sus dietas y en unos porcentajes muy elevados: hay microplásticos en un 15% de las muestras de las heces de los adelia, en el 28% de los barbijos y el  29% de las de los papúa.

Basura plásticas recogida en la Antártida en la campaña 2020. @RosaTristán

Para esta investigación se han utilizado heces recogidas en siete campañas polares, entre 2006 y 2016. Algunas llevaban tres lustros congeladas por Andrés Barbosa, experto en pingüinos del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC. “Nunca se sabe para qué pueden servir en el futuro”, asegura. De las 317 muestras analizadas, se extrajeron 92 partículas contaminantes y el 35%  resultaron ser microplásticos (un 80% polietileno y un 10% poliéster). También identificaron otras partículas de origen humano en el 55% de ellas, como fibras de celulosa. “Es el primer estudio con esta gran amplitud geográfica y de especies que se realiza en el continente antártico. Ahora sabemos que desde 2006 había microplásticos, aunque entonces no se buscaran. Lo que no hay es una variación llamativa por zonas. Ojalá este trabajo sirva para concienciar del impacto tremendo que tienen los plásticos y para seguir mejorando las reglamentaciones que debemos tener quienes vamos a la Antártida, ya sea para investigar, visitar o pescar”, afirma el biólogo.

Esta investigación es una colaboración conjunta con un equipo científico de la Universidad de Coimbra, dirigidos por Joana Fragao. Entre las neveras de Barbosa y las muestras recogidas ‘in situ’ en diferentes lugares de la Península Antártica y las Islas Georgia tenían heces más que suficientes para estudiar una dieta que se basa, fundamentalmente, en el krill.  “Los niveles de microplásticos son similares en todos, algo más altos en el pingüino papúa. Su dieta es más variada y al comer más peces y calamares tienen menos riesgo de ser afectados por el cambio climático, que disminuye el krill, pero más por los plásticos”, señala el científico español, que ya ha detectado contaminantes orgánicos, algunos procedentes del plástico, en huevos, tejidos, corazón y hasta el cerebro de los pingüinos que lleva investigando desde hace muchos años.

Incineradora de basura en la base Juan Carlos I de la Antártida. Sólo emite vapor de agua.

Antes de este estudio, ya se habían encontrado microplásticos en lugares antárticos tan protegidos como la península Byers, en aguas superficiales del Océano Austral y hasta en los sedimentos del continente del sur. Pero, en un lugar tan poco habitado, lo que no se sabe es lo que llega de fuera, sea el Pacífico y sus islas de polietileno o de la ‘sopa plástica’ del Atlántico, y cuánto se genera allí mismo. “En las playas de Byers he visto mucho plástico y su origen es incierto; puede que venga de lejanos territorios tras cruzar el canal del Drake o de cerca. No olvidemos que hay bases científicas, cruceros turísticos y barcos de pesca. La legislación ambiental antártica, fijada en el Protocolo de Madrid, es clara y se cumple, pero siempre se puede mejorar”, reconoce Barbosa, que es también coordinador científico del Programa Polar Español, cargo que dejará en breve.

Gran parte de las partículas que había en las heces de los pingüinos son fibras que provienen de los modernos tejidos que utilizamos para vestirnos en todo el mundo, también allí. Además, había fibras naturales de algodón y lana, que son asimismo parte de nuestro vestuario. Ciertamente, algunas bases modernas, como la española Base Juan Carlos I, en Isla Livingston, han incorporado lavadoras con filtros especiales para retener esas microfibras, que pude ver acumuladas en cubos, pero hasta ahora no es obligatorio para todas y muchas instalaciones antárticas, algunas habitadas durante todo el año, en cada lavado expulsan estos diminutos residuos plásticos que acaban en los estómagos de la fauna. De hecho, en la misma investigación se reclaman nuevos filtros de lavado, además de la implementación de nuevos materiales para las redes de captura de pesca que ahora se utilizan. En realidad, es una medida que, dado el volumen de lavados que diariamente realiza la humanidad, resulta evidente que debiera se adoptada en todo el mundo.

“Lo importante es que artículos como éste sirvan para concienciar de la necesidad de reducir la oferta y demanda de plásticos. Incluso a los concienciados nos resulta complicado no adquirir más de la cuenta. Si los encontramos en lugares como éste, dentro del cuerpo de los pingüinos, pensemos lo que hay en los peces que nos comemos. Si no lo hacemos por los pingüinos y otros animales, debemos hacerlo por nosotros”, argumenta Barbosa.

Entre esos otro animales, por cierto, están también aves marinas como los petreles o las gaviotas. Otro estudio dado a conocer esta misma semana apunta que el 93% de los petreles tienen plásticos en sus estómagos y que algunos aditivos que llevan estos plásticos (como retardantes de llama) se quedan en sus aparatos digestivos hasta al menos tres meses. En el caso de las gaviotas, científicos de la Universidad de Exeter acaban de encontrar que los huevos que ponen ya llevan ftalatos, un componente de los plásticos que tendrán los polluelos que vendrán al mundo.

Pero aún hay más noticias esta semana, que si tienen que ver con nuestra salud, porque resulta que se ha visto que los microplásticos pueden ser el caldo de cultivo perfecto para genes resistentes a los antibióticos (ARG), como se informa en Enviromental Science and Technology: científicos chinos han analizado estos ARG en cinco tipos de microplásticos encontrados a lo largo del río chino de Beilun y concluyen que son mucho más abundantes en regiones urbanas (hasta mil veces más) que en las rurales, donde hay menos contaminación de este tipo. Los autores del trabajo, que recogieron muestras en todo el río, señalan que los microplásticos son una superficie favorable para que las bacterias los colonicen y se conviertan en biopelículas, donde pueden propagar esa bacterias resistentes a casi todos los antibióticos utilizados en humanos y animales. Además, comprobaron que aumentaba la diversidad de ARG. De los cinco tipos de plásticos, el polipropileno era el que más riesgo tiene de propagar estos genes, posiblemente debido a su mayor superficie y capacidad para liberar materia orgánica disuelta.

Todo ello pone de manifiesto, en primer lugar, cómo la ciencia dedicada a la contaminación plástica va en aumento y a medida que se investiga más, salen a la luz los impactos que genera en el conjunto de la biosfera, mientras las medidas para limitar el uso de este material son muy limitadas y los lobbies productores, así como el poderoso sector de la industria alimentaria, lejos de atajarlo, promueven un consumo que, a la vista está, no desaparecerá de la Tierra por más que no lo veamos.

P:D: En Madrid incluso se hizo recientemente un museo temporal dedicado al plástico, con la excusa de que sería reciclado. En su presentación decía que “era sostenible”.

La pendiente ‘descolonización’ de África


La ex ministra maliense Aminata Traoré explicó en La Casa Encendida su visión de la violencia en el Sahel africano y su relación con el cambio climático

Aminata Traoré, escritora, ex ministra e intelectual de Malí @ROSA M. TRISTÁN (on line)

ROSA M. TRISTÁN

Aminata Traoré es todo un personaje en la política del continente africano. Escritora, ensayista y en el pasado (1997-2000) ministra de Cultura en Mali, uno de los países más fascinantes y de compleja historia del Sahel, Traoré se ha convertido en una de las voces más contundentes contra el papel de Europa en esa zona del mundo, sacudida por el yidahismo  y machacada por un cambio climático que no concede tregua al filo del Sáhara, condenando a su población a una huida hacia un norte que los recibe con un portazo, cuando no con violencia.

Justo cuando era ministra, recorrí su país en un viaje inolvidable que me llevó en pinaza hasta la curva del Níger, antes de que el mundo cambiara de siglo y se propusieran unos objetivos, remozados en 2015 con la sostenibilidad, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y una Agenda 2030 que camina hacia su fin con visos de ser incumplida. “La idea de la Agenda 2030 era no dejar atrás a nadie pero se está dejando atrás a mucha gente, como los inmigrantes que mueren el desierto o al cruzar el Mediterráneo o las mujeres, que se han olvidado. El problema en el Sahel no es de seguridad. Está generado por el cambio climático y el endeudamiento de  los países africanos… Los yihadistas africanos han instrumentalizado el sufrimiento de los olvidados por las políticas neoliberales”, señalaba la intelectual maliense en una conferencia organizada ‘on line’ por La Casa Encendida, el pasado 22 de junio.

Sus reflexiones sobre la postura de Occidente en la zona, capitaneado por Francia, son un ‘golpe en la mesa’ que, insiste, refleja el hartazgo de la población africana por ser tratados como en tiempos de las colonias que hasta hace tan sólo seis décadas marcaban la vida de cientos de millones de personas. “En Francia ha habido una cumbre en mayo pasado sobre África y su recuperación post-COVID donde las grandes potencias europeas expresaron sus planes colosales para el relanzamiento africano y plantearon el tema del terrorismo como justificación para darnos el dinero [la cumbre marcó el objetivo de ‘inyectar’ 100.000 millones en la economía de África], pero debemos debatir antes sobre el papel de las empresas extranjeras. Nuestros países aún están condenados a exportar recursos naturales para multinacionales a las que luego compramos las cosas. Eso es lo que nos genera la deuda: un proceso de desarrollo que empobrece y que nos encadena”, argumentó.

Traoré explicó también que la población africana tiene el sentimiento “de que las grandes potencias vienen al asalto de tierras que parecen no tener propietarios en las que hay habitantes maleables, un racismo sistémico que debe eliminarse al hablar de África”.  Respecto al yihadismo, frente al discurso de la ultraderecha francesa de que están muriendo jóvenes soldados en Malí en su lucha contra él y, más recientemente, frente a la decisión de Francia de sacar de Malí a sus militares tras el último golpe de Estado en su país, recordaba que “en un día en Burkina Fasso han asesinado a 160 personas, tres  veces más que franceses en ocho años” , es decir, que hay muchas más víctimas africanas del terrorismo que de otro continente. “Además, Francia no quiere perder su papel, justificándose en que Mali es su ex colonia y, por ello dice, aunque anuncia que se va, en realidad se queda para europeizar la lucha antiyihadista… Pero mientras estamos a mil leguas de cumplir la Agenda 2030 porque esa lucha antierrorista no es contra el cambio climático que nos atenaza. Y resulta que una guerra que iba a ser rápida en el norte, lleva ocho años y ya ocupa dos tercios del país, con miles de muertos, pueblos incendiados, mujeres violadas…”, enumeraba.

Esa ‘europeización’ considera que se debe a la necesidad del presidente Macron de implicar a la UE en el envío de tropas a un lugar donde son las continuas sequías por el mencionado cambio climático, que se viven allí como en ningún otro lugar del mundo, las que alimentan de seguidores a los extremistas. Y añadía otro factor más: “Este aumento yihadista tiene mucho que ver con los ajustes estructurales que pidió Occidente a África en el pasado, condenando a la gente a la pobreza, tras venderse a pedazos sus servicios públicos a las empresas, muchas de ellas extranjeras”. “Hoy -añadía- se considera a Mali responsable de un terrorismo que llegó de una situación generada desde fuera, mientras sus pueblos son invisibles e inaudibles”.

Traoré no comparte tampoco la visión de democracia que se exige desde Europa: “Nos hacen creer que unas elecciones transparentes son suficientes para que todos tengamos derechos, pero la realidad es que en Mali tenemos 226 partidos políticos sin ideología, sin debate de ideas o proyectos, que es lo que quiere la oligarquía internaciona… El neoliberalismo ha vaciado el Estado y hoy los jóvenes africanos, desde el norte hasta Mozambique, están dispuestos a coger el kalashnikov para vengarse”.

Aminata Traoré recordaba, asimismo, que Francia ya tuvo que pedir perdón en el pasado por su responsabilidad en el genocidio de Ruanda o con lo que ha pasó en Argelia y en Libia. Ahora, dijo, es el Sahel. “Para Francia es insoportable que le pidamos que se vaya, que solucionemos nuestros problemas. Cuando los malienses le pedimos los contactos para hablar con los jefes yihadistas, que son de Mali, nos los negaron. No nos dejan buscar soluciones, cuando las armas que tenemos ahora aquí salieron precisamente de Libia. Nosotros en Mali no queremos solo elecciones transparentes, sino una sociedad civil organizada. Frente a las tres ‘D’ francesas (Diplomacia, Defensa y Desarrollo) yo propongo desmilitarización, descolonización y desglobalización”, afirmó.

En otras palabras, Traoré apuesta por lo que definió como “malianización’ de ideas y acciones. “Hoy la mayor amenaza que tenemos es la vuelta de Francia, que quiere convencer a Europa y a la comunidad internacional de sus proyectos, pero es una recolonización y se utiliza con una explicación humillante de lo que supone el terrorismo. Sin embargo, en el fondo de la cuestión del Sahel siguen estando las sequías provocadas por el cambio climático, que es lo que obligan a la gente a emigrar forzosamente”. Y en ese asunto, concluyó “no se avanza”.

¿Lágrimas de sirena? No, pélets de plástico fuera de control


Foto del impacto en Sri Lanka del accidente de un portacontenedores hace unas semanas. Eso son pélets. FIRMA: S. KODIKARA AFP

ROSA M. TRISTÁN

Hay quien las llama ‘lágrimas de sirena’ pero el poético nombre oculta una de las contaminaciones plásticas marinas más desconocida: la invasión de pélets, esas bolitas blancas procedentes del petróleo que son la materia prima de infinidad de objetos de plástico y que se mueven por millones de toneladas por el mundo, con estratosféricas previsiones de consumo para la próxima década. En el caso del Mediterráneo, su presencia es visible en infinidad de playas y ahora una expedición oceanográfica trata de determinar algunas de las ‘rutas’ que siguen desde costas españolas.

El volumen de pélets en movimiento es exorbitado. Un reciente informe, realizado por UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), señala que el 5% del comercio mundial son hoy objetos de plástico (cifras que no incluyen el que contienen incorporado coches, ordenadores, etcétera)  y que suponen ya UN TRILLÓN de dólares al año, un 40% más de lo que decían estimaciones previas. Pues bien, en su exhaustivo documento, UNCTAD señala que el material primario (es decir, pellets y fibras para fabricarlos) suponen hasta el 56% de ese volumen comercial, seguido de formas intermedias (11%),  bienes manufacturados intermedios (5%), productos finales (21%) y, finalmente, los residuos plásticos, que al final del ciclo viajan de nuevo de un país a otro (el 2% de ese comercio). A destacar que sólo entre los textiles sintéticos y los neumáticos ya suponen el 60% de la producción mundial plástica que se comercializa fuera de las fronteras nacionales.

La economista de UNCTAD y coautora del informe, Diana Barrowclough, destaca que era importante estudiar el comercio de todo el ciclo del plástico para tener un retrato más fiel de la realidad y “promover el cambio hacia una producción, un consumo y un comercio más sostenibles ” que reconoce que “excede con mucho la capacidad de gestión de los residuos”.

Pélets en playa La Pineda . Foto de Vila Nova Comú

Si nos centramos en el pélet, sólo en la UE, según datos de la Comisión, al año se pierden en el medio ambiente unas 160.000 toneladas de estas bolitas, un buen pellizco de las 250.000 toneladas desaparecidas a nivel global. ¿Y dónde van? A los mares, en un alto porcentaje, hasta acabar en el estómago de la fauna oceánica, incorporarse en los músculos de las tortugas y sardinas. Es más, hoy su posible impacto en la salud humana es una de las mayores preocupaciones de los europeos y australianos, como ha determinado un estudio de la Universidad de Exeter, pero sigue siendo un asunto pendiente. “Si bien ya conocemos bastante de los impactos ambientales se sabe poco de cómo afecta a nuestra salud humana y es algo que preocupa y se debería investigarse más”, reconoce la científica Sophie Davison, cuyo trabajo ha sido publicado este mes en la revista Global Environmental Change.

La realidad es que es raro visitar una playa sin tropezarse con plásticos. Y, si nos fijamos más, lo es también no ver estas bolitas blancas que para la mayoría son ‘objetos no identificados’ y están en la base de la fabricación de bolsas, envases o zapatos. En algunos casos son auténticas ‘granizadas’, eso si, no se deshacen, como reflejan las imágenes que días pasados han llegado de las playas de Sri Lanka, tras el incendio en un buque portacontenedores que llevaba más de 1.800 apilados, 80 de ellos con sustancias peligrosas como los pélets. Todo ha acabado en el océano en lo que, según la ONU, ha sido un accidente de impacto planetario, con escaso impacto mediático a este lado del mundo.

Mucho más cerca, en la costa catalana, estas pandemias plásticas flotantes son recurrentes, al albur de las corrientes y el viento, en lugares como la playa de La Pineda, de Vila-seca (Tarragona), según denuncia la ONG Good Karma Projects . La organización catalana señala que, con toda probabilidad, estas ‘no lágrimas’ provienen del Polígono Industrial tarraconense, dado que las han visto en el río Francolí y en barrancos a más de 20 kilómetros tierra adentro. También el Seprona apunta a este lugar en una investigación iniciada tras una gran fuga de pélets plásticos, por más que la  Associación Empresarial Química de Tarragona (AEQT) asegura que todas las empresas están adheridas a un compromiso de control de los microplásticos. La realidad refleja poco de ese compromiso. “Es el complejo petroquímico más grande de Europa, con el 0,7% de la producción mundial de pélets, dos millones de toneladas al año. A las dos semanas de la tormenta Filomena, la playa de La Pineda estaba llena de bolitas. Con el viento mistral, que sopla hacia el Mediterráneo, la mayoría van mar adentro, en dirección a Mallorca y Menorca, donde ya se han visto en cuatro calas”, señalaba Jordi Oliva, cofundador de Good Karma Projects.

El compromiso al que se refiere la asociación empresarial es el certificado de Operation Clean Swepp, una iniciativa mundial que deja en manos de las empresas fabricantes tanto la prevención como la solución a escapes de microplásticos . Para Surfrider Foundation Europe, que colabora con Good Karma Projects, el problema es la falta de una normativa sobre el asunto y un control muy sui géneris.

En todo caso, como no se ha podido constatar fehacientemente que el pélet que inunda el Mediterráneo tenga origen en Tarragona, ambas organizaciones se han unido en una expedición oceanográfica bautizada como #ChasingPellets, para buscar las pruebas. Con un velero de 9,5 metros de eslora, y durante diez días, recogerán los pélets de las aguas entre Tarragona y Baleares, utilizando una manta trawl.  “Surfrider estamos en 12 países de la UE y en otros continentes para la defensa de los océanos y hemos hecho numerosas campañas Cost Defenders desde 2008, de las que 14 están en activo, y esta expedición forma parte de ello”, recordaba Simon Witt, responsable del programa Coastal Defenders de Surfrider Europe, y uno de los miembros de la tripulación.

Según el estudio de la UNCTAD, Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudí y Corea del Sur son los mayores exportadores de estas formas primarias de plástico mientras que China figura como el principal exportador de productos manufacturados, intermedios y finales. Para ello, el país asiático necesita importar muchos pélets y fibras, que viajan de acá para allá cruzando océanos. También hay países -como los de la UE, Alemania y Estados Unidos- que a la vez importan y exportan, en un ir y venir sin tregua. “Otros países destacan sólo en ciertas partes del ciclo de vida de los plásticos o en sectores específicos”, señala Julien Christen, investigador asociado del Graduate Institute y otro coautor del trabajo.

Al mismo tiempo, se reconoce que algunos de los países más afectados por la contaminación del plástico son los que menos contribuyen a su producción, consumo y comercio, especialmente los pequeños estados insulares en desarrollo donde hasta las sirenas lloran.. pero lágrimas de agua salada.

#SomosAntártida: ¡Alerta! Se aceleran cambios que afectarán a miles de kilómetros


Un informe alerta de la situación crítica en el continente del Polo Sur y la necesidad de tomar medidas de protección y conservación ligadas al cambio climático, coincidiendo con una reunión del Tratado Antártico

Orcas en el mar de hielo @John Weller

ROSA M. TRISTÁN

Punto de inflexión inminente. Umbrales críticos para un cambio irreversible y rápido.  La vida del planeta, en línea directa de los efectos cascada que se pueden provocar. Las frases están en el informe sobre la Antártida que científicos polares líderes en sus áreas acaban de hacer público mientras se celebra, un año más, la Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA), entre los días 14 y 24 de junio, que reúne a los 54 estados firmantes (entre ellos España) de este convenio internacional.

Crisis Climática y Resiliencia del Océano Austral”, publicado por el Instituto Polar del Wilson Center y la ONG The Pew Charitable Trusts, revisa las presiones climáticas, todas de origen humano, en un continente que está cambiando rápidamente y cómo a su vez, su transformación afectará globalmente a esa misma crisis climática que la provoca y, por tanto a la vida en la Tierra. También la nuestra. Su objetiv es  no  olvidarnos de que este casquete de hielos del sur y el Océano Austral que lo circunda tienen un rol fundamental en la red de la vida y hay que aumentar sus áreas protegidas.  

“La protección de las áreas que están en más riesgo debido a la crisis climática, como la Península Antártica, no sólo nos ayudará a revivir la biodiversidad allí, sino que también a estimular la resiliencia de los ecosistemas marinos lejanos. Además, nos permitirá monitorear los efectos a largo plazo de actividades humanas, como la pesca. De esta manera, al nutrir su salud, estamos nutriendo la nuestra. Al desarrollar su resiliencia a la crisis climática, estamos estimulando la nuestra”. Lo ha dicho Andrea Capurro, investigadora chilena en la Universidad de Boston y co-autora del informe. Toda una llamada de atención a los firmantes de un Tratado que entró en vigor hace 60 años, en unas circunstancias muy distintas.

Preguntada sobre si la situación es irreversible, Capurro, en comunicación ‘on line’ desde EEUU, comenta que “volver atrás es casi imposible” porque “en unas décadas el continente ha cambiado, la mayoría de los glaciares ha desaparecido, las barreras de hielo colapsan y si seguimos con más emisiones, como parece, llegaremos a ese punto de inflexión”.

En realidad el trabajo de estos expertos en ciencias sociales, gobernanza, biogeografía, oceanografía y biología  es un compendio de lo mucho que ya se sabe a nivel científico pero tanto cuesta trasladar a nivel social. No ayuda que sea un territorio tan lejano, inhóspito. “Por eso es importante aumentar su visibilidad, comprender que lo que allí ocurre no nos es ajeno porque forma parte de un micro-planeta, que el tema del calor, los nutrientes, el CO2… Y soy optimista pese a que hay que decir que estamos en un momento clave de récords en temperaturas, en calentamiento del permafrost, y lo más grave es la velocidad de los cambios, que conocemos gracias a la cantidad de ciencia que se hace mejor que en el pasado”, señala la investigadora.

@John Weller

Entre las señales de alerta destaca cómo las aguas cálidas alrededor de la Antártida pueden estar provocando una inestabilidad irreversible de la plataforma de hielo que la rodea, lo que, a su vez, puede provocar el colapso de la capa helada interior que la cubre y que ya se adelgaza. El impacto será devastador para las regiones costeras de todo el mundo, con aumentos del nivel de mar de varios metros que los últimos estudios triplican respecto a previsiones previas. Una amenaza, dicen, sobre 1.000 millones de personas. La última investigación en Science Direct, hace unos días, sobre el glaciar Pine Island certificaba esta situación crítica: el Pine Island, que contiene suficiente hielo (5 trillones de toneladas) como para subir medio metro el nivel oceánico global, se está acelerando a medida que se requebraja y se rompe la plataforma helada que tiene delante.

Pero no es sólo deshielo lo que está pasando, avisan. Los océanos absorben el 40% del CO2, pero en Austral, desde la superficie hasta los 2.000 metros de profundidad, ha aumentado ese porcentaje hasta situarse entre el 45% y el 62% entre 2005-2017. Es más, por debajo de esos dos kilómetros, almacena hasta un tercio del calor que hemos generado desde 1992. A más CO2 acumulado, más se acidifica, lo que podría llevar a cambios en el ecosistema marino.   

Se menciona, en concreto, el colapso al krill austral, básico en la cadena de la vida antártica, pero también las alteraciones en comunidades de fitoplancton que generan impactos en cascada en ecosistemas regionales pero también lejanos. De hecho, los nutrientes que afloran en este Océano Austral sustentan ¾ partes de la producción marina mundial. Si disminuye la cantidad de peces y cambia la distribución de especies, la pesca global disminuirá, afectando la seguridad alimentaria y otros servicios de los ecosistemas fuera de la Antártida. Todo ello ocurre, además, en ecosistemas aún tienen impactos de las pesquerías de finales de los años 90 y de la demanda creciente de nuevos productos derivados del krill.

Los expertos dejan claro que todos estos cambios son dinámicos en un lugar que contiene el 70% del agua dulce del planeta, con un hielo marino flotante que cubre 1,5 millones de kms2 y conecta el continente con su océano, con glaciares que pierden masa rápidamente, drenando el hielo occidental y oriental. Y hay muchas dudas sobre cómo responderá el hielo interior al inestable hielo marino en el que se sustenta.. “La inestabilidad de la capa de hielo marino, podría causar 4 o 5 metros de aumento del nivel del mar para 2300 en escenarios de altas emisiones contaminantes”, auguran sus modelos. Atrás está quedando ese ciclo de enfriamiento antártico en el que ganaba masa helada. Ahora todo son pérdidas.

“Los científicos nos están diciendo que la Antártida juega un papel vital en el futuro de nuestro planeta y tienen un argumento convincente para que las organizaciones que gestionan la diplomacia antártica incorporen las consideraciones climáticas a su trabajo”, asegura Evan Bloom, del Instituto Polar del Wilson Center y antiguo jefe para Política Exterior Antártica de Estados Unidos.

Esta diplomacia, en la que el Tratado Antártico tiene mucho que ver pero también la CCAMLR (la convención para la conservación de la vida marina antártica), en palabras de Andrea Capurro, “tiene que incorporar el cambio climático en su toma de decisiones: identificar las especies afectadas, preservar hábitats únicos”.

Ahí se encuadra la petición de aumentar la proteccion de áreas marinas antárticas, que se tratan de ampliar y se encuentran con el veto (dado que se require unanimidad) de Rusia y China en el seno de la CCAMLR. “Ha quedado claro que, como parte del manejo de la crisis climática, el establecimiento de una red circumpolar de áreas marinas protegidas en el Océano Austral, entre otras acciones de gestión, contribuirá de gran manera a la ciencia climática y ayudará a desarrollar políticas relacionadas con el clima para todo el planeta”, asegura Mike Sfraga, director del Instituto Polar del Wilson Center.

“El sistema de consenso”, explica Capurro, “es una fortaleza porque las decisiones deben ser adoptadas por todos los países o no servirán, pero eso require negociación, y tiempo”. “Ahora hay una gran presión diplomática de la UE, EEEUU, Argentina y Chile para seguir negociando”.

¿Y de qué sirve proteger si el cambio climático continúa? “Será mejor si reducimos emisiones de CO2, pero esas nuevas áreas generarán mayor resilencia en la Antártida, controlando más la pesca, donde ahora no se tiene en cuenta el cambio climático”, responde.

Y es que ddemás de nuevas áreas protegidas (en el Mar de Weddell, la Antártida Oriental y la Península Antártica) proponen incorporar la crisis climática en las políticas de gestión de pesca y apostar por “una estrategia preventiva” para prevenir cambios irreversibles en las especies, en lugar de tratar de arreglar a posteri lo desastres. Afiman los científicos que la CCAMLR no puede basarse sólo en poblaciones de peces para aprobar cuotas de pesca, sin contar con variable climática. Y ponen de nuevo de ejemplo el krill: la normativa actual puede esatr omitiendo presiones pesqueras en lugares localizados donde ya tienen el impacto de sus depredadores (pingüinos, ballenas y focas).

“Los gobiernos tienen la oportunidad de promover estrategias de mitigación del cambio climático con la conservación de la Antártida. Debido a la importancia que tiene para toda la vida en la Tierra, hacemos un llamado a los estados miembros de la CCAMLR para proteger nuestro futuro estableciendo esa red globalmente coordinada de áreas marinas protegidas alrededor de la Antártida”, ha señalado por su parte Andrea Kavanagh, directiva de The Pew Charitable Trusts.

“El Tratado Antártico es un ejemplo de éxito al dedicar un continente entero a la paz, la ciencia y la cooperación. Ahora la esperanza es que se puede proteger”, concluye Andrea Capurro.

Indígenas: cuidadores de la Amazonía desde hace 5.000 años


Una investigación revela que en el pasado los amazónicos sólo modificaron de forma intensa las zonas fértiles cercanas a los ríos para asentarse

PNAS

Rosa M. Tristán

Son muchos los estudios científicos que nos dicen que los pueblos indígenas son excelentes guardianes de la biodiversidad cuando mantienen su forma de vida tradicional, especialmente en lugares como la Amazonía, donde hay aún grandes espacios sin ‘reconvertir’ en pastos para vacas. Ahora, se ha dado a conocer que esta capacidad de preservar el entorno –eso si, siempre que estos pueblos no sean ‘colonizados’ y atraídos por otros modos de vida – perdura desde hace milenios, al menos 5.000 años en el caso de esa zona del mundo que sigue siendo un lugar privilegiado pese a las amenazas que se ciernen sobre la inmensa selva sudamericana.

Un trabajo liderado por científicos del Instituto Smithsonian de EEUU ha encontrado evidencias de cómo los pueblos amazónicos prehistóricos no alteraron de forma significativa grandes partes de los ecosistemas forestales en la Amazonía occidental, preservándolos de forma efectiva sin cambios en su composición, unas conclusiones que desmiente estudios previos que apuntaban a que en el pasado estos pueblos fueron moldeando la rica biodiversidad actual o que fue reforestada tras un periodo de cambio climático.  

Los autores señalan que sus nuevos datos pueden ser claves para la conservación de los ecosistemas amazónicos, siempre, claro está, que poderes económicos y políticos lo permitan, algo que en Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Colombia o Venezuela no está nada claro. Es más, no hay más que mirar a la web brasileña de Amazonía Sofocada para comprobar que mientras está leyendo esta noticia hay cientos de incendios en gran parte de esa cuenca y se sabe que prácticamente todos son premeditados.

Volviendo a la zona más inalterada, la distribución de las especies de flora había hecho pensar a algunos científicos que la selva había sido “modelada” de forma intensa por los indígenas precolombinos en función de sus intereses; otros mencionaban como origen de su estado actual el impacto de la llamada Pequeña Edad de Hielo o incluso el hecho de que muchos de los amazónicos murieran tras la llegada de los colonizadores europeos. Veían ahí la explicación a unas supuestas transformaciones. Pero se equivocaban en la premisa, según los resultados publicados estos días en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), donde se sugiere que durante al menos los últimos 5.000 años todas las áreas alejadas de las tierras junto a los ríos se quedaron intactas, sin ser prácticamente deforestadas con fuego, el mismo método que ahora las destruye, y sin ser cultivadas intensivamente.

Como explica en un comunicado del Smithsonian la autora principal, Dolores Piperno, “los asentamientos humanos complejos y permanentes en la Amazonia no tuvieron influencia sobre el paisaje en algunas regiones”. “Nuestro estudio añade evidencias de que la mayor parte del impacto ambiental de la población indígena en el medio forestal se concentró en los suelos ricos en nutrientes cercanos a ríos y que su uso de la selva tropical circundante era sostenible, sin causar pérdidas de especies detectables o perturbaciones durante milenios”.

Para explorar la escala de la posible, o no, modificación indígena de la Amazonía, Piperno y sus colegas recogieron 10 núcleos de suelo (perforaciones de aproximadamente un metro de profundidad) en tres lugares remotos de las cuencas hidrográficas del Putumayo-Algodón, al noroeste de Perú. Querían analizar los fitolitos (microfósiles de plantas mineralizadas) y el carbón vegetal u hollín que se ha acumulado a lo largo del tiempo bajo los bosques más antiguos (los alejados de riberas y que no eran inundables). Esos ‘núcleos de tierra’ les permitieron profundizar en un pasado que se remonta unos 5.000 años, según dataron con carbono 14.

Comprobaron, tras comparar los registros de las muestras halladas con un inventario de árboles, que no había nada que indicara que hubo talas ni un uso agrícola anual que hubiera dejado raíces o semillas. Ni siquiera detectaron un aumento importante de especies de palmeras que eran aprovechables y que hoy son muy dominantes en la flora moderna, es decir, que hace cinco milenios nadie las cultivó. Y lo mismo pasa con otros árboles: a lo largo del tiempo encontraban la misma estructura forestal, estable y diversa.

“Nuestros datos respaldan algunas investigaciones anteriores que indican que áreas considerables de algunos bosques de tierra firme amazónicos no fueron impactadas significativamente por las actividades humanas durante la era prehistórica. Más bien parece que durante los últimos 5.000 años, las poblaciones indígenas de esta región coexistieron y ayudaron a mantener grandes extensiones de bosque relativamente sin modificar, como continúan haciéndolo hoy”, apuntan los autores.

Los tres lugares estudiados están ubicados a un kilómetro de los cursos de los ríos y las llanuras aluviales. Son bosques interfluviales que en realidad suponen más del 90% de la superficie del Amazonas y, por lo tanto, cruciales para comprenden la influencia de los asentamientos humanos que los arqueólogos encuentran cerca de los ríos, como, por otro lado, es natural en todas las civilizaciones. En un lugar donde llueve en grandes cantidades, el fuego ha sido casi siempre de origen humano y, de haberse usado para limpiar grandes áreas, para usos como la agricultura y los asentamientos, habría dejado su huella.

Los investigadores también realizaron estudios de los bosques modernos que se encuentran en el entorno de cada muestra extraída, un inventario extraordinario de 550 especies de árboles y 1.300 de otras especies de flora, que dan idea de la biodiversidad amazónica. “Pero no encontramos evidencias de plantas de cultivo o agricultura; no hay evidencia de tala de bosques ni de incendios; no hay prueba alguna del establecimiento de jardines forestales. Es similar a lo que se encuentra en otras regiones amazónicas “, señala Piperno.

A tenor de estos datos, podemos decir que todavía hoy existen regiones en la selva muy parecidas a las que había hace esos 5.000 años, incluso que permanecen totalmente inalteradas. “Esto significa que los ecólogos, científicos del suelo y climatólogos que buscan comprender la dinámica ecológica y la capacidad de almacenamiento de carbono de esta región pueden estar seguros de que están estudiando bosques que no han sido muy modificados por los humanos sustancialmente”, afirma la investigadora.

Pero también alerta de que, por otro lado “no debemos asumir que los bosques alguna vez fueron resilientes frente a perturbaciones importantes”, es decir, que más vale conservarlos con las políticas adecuadas porque su respuesta ante la destrucción y su capacidad de recuperación es desconocida.

La explicación que encuentran para que los precolombinos no usaran ese suelo alejado de ríos es que tiene pocos nutrientes, por lo que es poco agradecido para los cultivos, algo que ahora se solventa con la utilización de fertilizantes en el caso agrícola y robando nuevos espacios al bosque en el caso ganadero. Por desgracia, a ello se suman otras graves amenazas en la región del Putumayo, como es la minería ilegal, que está en aumento en Perú.

Para Piperno es importante hacer más trabajos en otras regiones alejadas de ríos y llanuras aluviales de la Amazonía aún no estudiadas para obtener una visión más amplia de lo sucedido en tiempos remotos. “En todo caso, no se trata de que los indígenas no utilizaran de ninguna forma el bosque, sino de que lo usaron de forma sostenible y no modificaron mucho su composición de especies”, comenta. “Es un lugar donde los humanos parecen haber sido una fuerza positiva en este paisaje y su biodiversidad durante miles de años”.

Desde luego, algo que no podemos decir de muchos otros sitios…

La Cara Invisible del Planeta: una cita para limpiar, tras mucho ensuciar…


Más de 200 grupos en 31 provincias se suman en la recogida de residuos en ríos, playas y montes de toda España bajo el lema “Desplastificar los supermercados”

ROSA M. TRISTÁN

La ‘bola’ ha crecido como si fuera de nieve… hasta fundirse por muchos rincones de este país, desde la Playa de los Genoveses (Almería) a la de Bastiagueiro (en A Coruña). Es la convocatoria de la ‘La Cara Invisible del Planeta’, un movimiento social, independiente y comprometido, que ha logrado reunir a cerca de 200 grupos de activistas ambientales de todo el país en 31 provincias para limpiar, en la jornda próximo sábado12 de junio, los ríos, lagos, pantanos, fondos oceánicos y playas. Celebrarán así el Día Mundial de los Océanos, que en realidad es este día 8.

Para poner el contexto en el que nos movemos, sólo recordaré una de las muchas cifras que dan idea del volumen de plásticos en nuestros mares-vertederos: ocho millones de toneladas de ese material llega cada año a la parte azul del la Tierra, más del 70% a través de los ríos. Ya os he contado que está integrado en los músculos de las tortugas y las sardinas y que es imposible saber cuánto hay en las profundidades. Ni siquiera hay datos fiables de todo lo que flota del Ártico a la Antártida..

La campaña de este sábado, coordinada por las organizaciones “Ola sin plástico” y “Nasti de plastic Bizkaia”, quiere, según sus promotoras, mostrar la conexión que hay entre todos esos espacios: supermercados, espacios naturales y mares. Comenzó a gestarse el pasado mes de octubre, cuando a las asociaciones vascas se sumaron otros colectivos, como Enmienda Tu Mierda, en el corredor del Henares (Madrid). “El boca a boca corrió como la pólvora. Somos independientes totalmente de otras iniciativas similares y no ha sido fácil conseguir los permisos y materiales, dado que no contamos con financiación, salvo puntual en algunas provincias. Para organizarnos, montamos un canal de Telegram, que echa humo, pero visto el resultado estamos muy felices”, cuenta Nuria Atienza, de Nastic de Plastic Vizcaya.

En su caso, están preparando una recogida de plásticos en Plenztia, un lugar conocido por la cantidad de basura que se acumula, ya sea en la zona de playa, en el puerto bajo el agua o en las orillas de la ría.  En esta ocasión, con la colaboración de una organización de personas con discapacidad. “Lo que muchos no saben es que para ir a limpiar Costas nos cobra 190 euros por el permiso para limpiar”, señala Atienza. No deja de ser surrealista, cuando por tirar residuos no se paga, salvo raras excepciones, como prueba la cantidad de porquería que hay en nuestro medio ambiente. 

Limpieza de Enmienda Tu Mierda en río Jarama. @Rosa M. Tristán

En el caso de Enmienda Limpia Tu Mierda, Esther Moraga cuenta que ya tienen 40 inscritos y que volverán otra vez más al río Jarama, “porque ahí tenemos para sacar y sacar basura mucho tiempo” : los colectores cargados de toallitas, bastoncillos y demás residuos se vierten todavía sin control alguno al cauce de este afluente del Tajo. “Es esa cara invisible que no vemos pero está ahí y creemos que limpiar sirve para recuperar, pero también para concienciar, como también lo hacemos al ir los colegios a contar cómo estamos destruyendo la naturaleza”, comenta Ester.

En el caso de Pleintza, explican que Costas no les deja poner una carpa informativa sobre la actividad, que serviría de divulgación ambiental y para dar a conocer el lema de la recogida y promover la vuelta de los supermercados la venta ‘a granel’ . “Lo importante es dejar el mensaje de que no hay que comprar plásticos innecesarios; pensamos que reciclar es el compromiso más light, necesario pero insuficiente. Mucho plástico que tiramos al contenedor amarillo acaba incinerado; con ello, no se trata de desincentivar el reciclaje pero hay que ser conscientes de que el objetivo es comprar menos y sin esperar al 2050”, señala Atienza.

Basta echar un vistazo al mapa para ‘clickar’ en el punto que interesa e inscribirse. En municipios como El Boálo, incluso se convoca para ir a caballo. En otros, como Badalona o Palma de Mallorca, la cita incluye a buceadores dispuestos a limpiar el fondo marino.  Hay convocatorias a las que se han sumado de grupos locales de Ecologistas en Acción, WWF o Fridays For Future, pero también las hay de otros colectivos más pequeños, escuelas de buceo o surf, pequeñas empresas, proyectos europeos, cofradías de pescadores… Todo un catálogo para elegir el más cercano.

La idea que tienen es sumar el peso de todo lo que se recoja y realizar una clasificación para saber qué tipo de objetos son los más frecuentes en cada zona, para lo cual todos los grupos anotarán los datos en una ficha estandarizada, acordada previamente. Estos datos serán volcados en el programa SurfRider y se incluirán en sus informes anuales. En el caso del País Vasco, además, la empresa Tecnalia quiere utilizar lo recogido para un proyecto de investigación europeo sobre el comportamiento del plástico en los mares.

La Cara invisible del Planeta, señala en un comunicado,  no sólo quiere proponer un cambio en los usos y costumbres de los consumidores, sino también “un replanteamiento y toma de responsabilidades de la generación y del uso por parte de la industria, una mejora en la gestión de los residuos que promueva la reutilización y los envases retornables y una mayor responsabilidad tanto de las administraciones como de las personas individuales con el medio ambiente, en general, y el medio marino, en particular”. 

“Nos ha costado dinero porque hay que comprar guantes, bolsas, y hay ayuntamientos  que ayudan y otros que no nos ponen ni un contenedor para echar lo recogido; pero que quede claro que detrás no tenemos ningún interés lucrativo… La Cara Invisible del Planeta está formada por gente que se deja la piel día a día, la mayoría en su tiempo libre, porque quiere vivir en un planeta más sostenible, libre de plásticos” , insisten.

La realidad es que casi sobrepasadas por el éxito, pero encantadas pese a las trabas en el camino, las promotoras de esta limpieza general de nuestra naturaleza no dan abasto para coordinar a tanta demanda de participación como están teniendo, aunque también han tenido alguna baja porque no pagan nada por participar.

Llegados a este punto, recordar que las limpiezas están abiertas a la participación de toda persona interesada y que para conocer los puntos de limpieza en todo el país hay que entrar e inscribirse en www.lacarainvisibledelplaneta.org. El único requisito es tener muchas ganas de ver el paisaje más limpio.

Ríos de mercurio con el deshielo de Groenlandia


ROSA M. TRISTÁN

Si hay un elemento en la Tierra que se ha demostrado peligroso para la salud neurológica es el mercurio (Hg), un metal que forma parte del planeta y cuyos más importantes yacimientos están en China, Indonesia o Tayakistán, aunque también en España hay una gran mina, en Almadén, que nos sitúa en el mapa. Lo que no estaba en los ‘presupuestos’ globales de mercurio era la tierra bajo los hielos de Groenlandia, que a través de las cuencas glaciares está llegando al Océano Ártico, alterando su composición y suponiendo un grave peligro, dada su toxicidad, para la fauna que allí habita y, por tanto, para las poblaciones humanas.

La voz de alarma la han lanzado esta semana en la revista Nature Geoscience una veintena de investigadores de diferentes instituciones americanas y europeas, en un trabajo donde detectan “concentraciones extremadamente altas de mercurio disuelto que se encuentran en los ríos de agua de deshielo”.

Los científicos habían detectado ya un incremento llamativo de mercurio, que es bioacumulativo, en organismos marinos. De ahí que se iniciara una investigación en los cerca de 4.000 kilómetros cuadrados que cubren tres cuencas glaciales: la del Glaciar Russell, el Glaciar Leverett y el Isunnguata Sermia, además de los tres sistemas de fiordos (Nuup Kangerlua, Ameralik Fjord  y Søndre Strømfjord, que reciben entradas sustanciales de agua de deshielo). Todos ellos están en la zona suroeste de la capa de hielo de la gran isla helada, donde se recogieron muestras del agua en temporadas de verano de diferentes campañas.

Los resultados no dejan lugar a dudas: las concentraciones de mercurio disuelto que se encuentran en las aguas naturales y los rendimientos de mercurio de estas cuencas glaciales son dos órdenes de magnitud más altos que los de los ríos árticos de otras zonas. Se estima que el mercurio disuelto de la región suroeste de Groenlandia representan aproximadamente el 10% del flujo fluvial mundial estimado para este elemento, en concreto 42 toneladas al año, incluyendo la exportación de metilmercurio bioacumulable.

Liderados por el norteamericano John Hawkings, el equipo encontró también altas concentraciones a través de los gradientes de salinidad de los fiordos, llegando a ser las más altas registradas hasta ahora, mucho más elevadas que en otros glaciares de cordilleras como el Himalaya. “Los resultados sugieren una fuente geológica de mercurio en el lecho de la capa de hielo. Son altas concentraciones de mercurio y su gran exportación a los fiordos río abajo tienen importantes implicaciones para los ecosistemas árticos, lo que destaca la necesidad urgente de comprender mejor dinámica del mercurio en la escorrentía de la capa de hielo bajo el calentamiento global”, afirman en el artículo publicado ahora.

La urgencia de que se realicen más estudios está en la elevada toxicidad del mercurio, que podría estar en la capa de hielo, y en que esa capa se está derritiendo cada vez a mayor ritmo en los últimos años debido al cambio climático. Es más, según otro trabajo publicado también estos días en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), este derretimiento del Ártico está llegando ya al peligroso “punto de no retorno” , es decir, el punto en el que la nieve caída es menor que la cantidad de hielo que se derrite. Es un proceso que se da fundamentalmente en las áreas más bajas, que son las más cercanas a los fiordos.

La cuestión es que ahora no sólo se sabe que ese hielo hecho agua podría aumentar hasta siete metros el nivel del mar, desplazando a millones de personas, sino que además llegará contaminada por cientos de toneladas de mercurio, que no se destruye sino que se acumula en los organismos vivos, ya sea de peces o de los humanos que se comen esos peces. Usando una palabra más técnica, se biomagnifica en las redes alimentarias acuáticas, sobre todo a través del consumo de mariscos. Incluso se ha cuantificado el costo socioeconómico de sus impactos en más de 5.000 millones de dólares al año, cifras que pueden dispararse al aumentar el deshielo, como está pasando.