Svalbard: nuestro seguro alimentario en unas cajas congeladas


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ROSA M. TRISTÁN

Reportaje en PDF 

La tumba de Tutankamón, muerto hace más de 3.500 años, es el primer banco de germoplasma conocido, a decir de algunos, pues cuando se encontró intacta aún guardaba en su interior semillas destinadas a la vida futura del faraón. Hoy, mas de mil bancos de semillas distribuidos por el planeta intentan conservar, también para el futuro, una biodiversidad que se está perdiendo a pasos agigantados y que, podría decirse, tienen su sede ‘central’ en una remota isla cercana del Polo Norte, Spitsbergen, perteneciente al archipiélago noruego de las Svalbard. Es un seguro de vida ante la posibilidad de una catástrofe, una guerra nuclear o un desarrollo agro-industrial que puede acabar con las plantas que desde hace más de 10.000 años nos han permitido alimentarnos adaptándose, y adaptándolas, a las necesidades humanas.

La ‘Bóveda Global de Semillas’, como se la conoce oficialmente, por fuera apenas es un bloque de hormigón hincado en una montaña de arenisca, siempre nevada, en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra y también más seguros. Su sismicidad es mínima, nunca se inundara y el permafrost mantiene un frío glaciar perfecto que la convierte en la mayor nevera del mundo.

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Inaugurada en 2008 en lo que una antigua mina excavada a 130 metros de profundidad, su pequeña entrada exterior da paso a un espectacular túnel que acaba en tres grandes salas selladas con capacidad para albergar más de 4,5 millones de muestras, un total de más de 2.000 millones de semillas. Todas, metidas en cajas negras de 500 unidades y perfectamente identificadas.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

En los ocho años que lleva construida, ya son 104 los países que han aportado a este gélido banco muestras de los cultivos que a lo largo de milenios brotaron en sus territorios, dando lugar a una biodiversidad que parecía no tener límites hasta mediados del siglo pasado. Pero ya no es así y después de haber confirmar la pérdida del 90% de la diversidad agrícola en apenas unas décadas, la comunidad internacional optó por conservar todas las simientes posibles rebajando su actividad biológica con menos temperatura, humedad y oxígeno, es decir, congelándolas a 18ºC bajo cero. A día de hoy, sus depósitos subterráneos acumulan más de 860.000 muestras diferentes, cada una en su caja.

 

Hasta 2015, no había sido preciso abrir la bóveda para extraer parte de su tesoro, pero la guerra que asola Siria ha dado pie a esa primera ocasión, después de que se destruyera el valioso banco de semillas que el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) tenía cerca de la ciudad de Alepo, no lejos del llamado Creciente Fértil, justo donde se cree que el ser humano dio origen a la agricultura. En septiembre, los científicos sirios, refugiados en Marruecos, pidieron a centro de Svalbard parte del material que habían depositado allí hacía unos años para poder seguir investigando sus propiedades: “El valor de este almacén no es solo una previsión para una teórica crisis alimentaria, sino también nos permite seguir analizando las características de la biodiversidad cuando desaparece”, señaló entonces el creador y responsable de la Bóveda, Cary Fowler.

MÁS COMIDA, MENOS GENES

Pero conviene hacer un repaso al origen de este proyecto. El afán por conservar semillas con fines científicos, conservacionistas y alimentarios surgió en las últimas décadas del siglo pasado. Fue tras la II Guerra Mundial cuando el aumento de la población mundial hizo necesario incrementar la producción alimentaria gracias a lo que se llamó la Revolución Verde, que logró su objetivo pero que tuvo como consecuencia una pérdida tremenda de especies al potenciar sólo las más productivas. Cultivos como el trigo o el arroz llegaron a duplicar sus cosechas en tiempo récord, eso sí con un coste muy elevado. “Perdimos en un siglo el 90% de la diversidad agrícola y con ella genes que podían ser útiles para la adaptación, la calidad nutricional o la resistencia a enfermedades de muchas plantas con un larga historia”, apunta a Estratos el catedrático José Esquinas, ex secretario de la Comisión sobre Recursos Genéticos para los Alimentos y la Agricultura de la FAO y uno de los mayores expertos mundiales en la materia. De hecho, fue Esquinas quien promovió la firma de un tratado internacional vinculante que pusiera remedio a esta oculta extinción: el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), aprobado por la FAO en el 2001 y ratificado por el Parlamento español en el 2004.

De las nefastas consecuencias de la pérdida de biodiversidad agrícola ya había pruebas históricas: entre 1840 y 1850 murieron de hambre en Irlanda dos millones de personas y otras muchas emigraron a Estados Unidos, después de las patatas traídas de América se vieran afectadas por una plaga. Si hubiera habido más especies, aquella hambruna no hubiera vaciado un país en tan poco tiempo.

También había evidencias del interés que representaban los bancos de semillas, como lo que ocurrió con la colección del Instituto Vavílov durante la ocupación nazi en Rusia: el biólogo y genetista Nikolài Vavílov había iniciado una colección de semillas que llegó a tener 300.000 muestras y los invasores incluso crearon un comando para apropiarse de esos recursos fitogenéticos.

Frutos colombianos,

Frutos colombianos llamados lulos.

Por último, se había detectado que la pérdida iba ‘in crescendo’: si en 1949 los chinos cultivaban 10.000 variedades de trigo, en 20 años habían pasado a menos de mil; México había perdido el 20% de sus variedades de maíz y en Estados Unidos quedaba apenas el 5% de las especies de manzanos que tenían a comienzos de siglo. “Alimentarnos con buenas y uniformes semillas acababa extinguiendo aquellas útiles para el propio mejoramiento agrícola”, argumenta Esquinas.

Si bien en los años 40 la FAO ya había mostrado su preocupación por este asunto, hasta los años 70 y 80 no comenzaron las negociaciones para recolectar, conservar e intercambiar germoplasma a nivel mundial. La cuestión era que la mayor diversidad estaba en países en desarrollo (zonas tropicales y subtropicales) pero los bancos de semillas estaban solamente en los países desarrollados. Esquinas recuerda bien aquellas discusiones: “El problema era a quien pertenecía el material. Fue entonces cuando España propuso desarrollar un tratado internacional y un banco bajo jurisdicción de la FAO en donde las semillas se conservaran mucho tiempo”.

El Tratado, que promovió el experto español, tardó décadas en ser aprobado y ratificado por 30 los países, hasta que entró en vigor en 2004 (ahora son 136), y el banco abierto en Svalbard también tuvo un largo recorrido hasta ser realidad bajo las nieves permanentes del Ártico.

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

Para empezar había que decidir donde construirlo. Esquinas recuerda que en los años 90 visitó varios posibles emplazamientos: en Jujuy (norte de Argentina), algunas cuevas bajo los glaciares de Perú y Svalbard, donde el Gobierno noruego cedía una antiguas minas, finalmente elegidas. Ahora bien, aunque la construcción la financió Noruega -9 millones de euros- estaba además la complicación del pago a perpetuidad de su mantenimiento, pues la FAO no tenía dinero para ello. La solución fue optar por un instrumento financiero: los países o empresas depositantes prestan dinero al Global Corps Trust, que lo gestiona, y con los intereses generados se pagan los gastos.

“La idea original era que todo lo depositado allí fuera Patrimonio de la Humanidad, aunque al final es sólo un depósito de semillas de cada uno de los países, pues siguen siendo suyas. De hecho, según el Tratado hay 64 géneros de plantas que está en un sistema multilateral, lo que implica que están a libre disposición, pero otras están en un sistema bilateral en el que los países propietarios deciden para quien están disponibles. En Svalbard también hay semillas de países que no han firmado el Tratado y que no están disponibles para otros, o de empresas. Es decir, son como las cajas negras de seguridad de un banco, una copia de seguridad con dueños”, señala el catedrático.

Como experto hace hincapié en que, con o sin banco bajo los hielos, el mejor método para conservar la diversidad agraria mundial es “in situ”, en la tierra, porque “es fruto de la adaptación al ambiente y ella no se puede congelar”. Allí las semillas permanecen inalterables, incluso cientos de años. Pero es consciente de que Svalbard y otros bancos son un seguro necesario.

Ya en los años 60 se descubrió que la vida de las simientes, que es de entre cuatro y 15 años, se duplica por cada 5ºC menos y cada 1% menos de humedad. En ello se basa el banco polar y muchos otros. Una alternativa sería conservarlas en nitrógeno (-196ºC) pero es un sistema demasiado costoso. También se sabe que hay semillas “recalcitrantes” que no pueden congelarse, y que requieren una conservación ‘in vitro’.

En España, el frío también es la opción más aceptada. Así lo comenta Isaura Martín, investigadora del Centro de Recursos Fitogenéticos (INIA-CSIC), cuya sede en Alcalá de Henares es el mayor banco de semillas de España, con unas 70.000 muestras congeladas y , de ellas, unas 40.000 variedades españolas. La inmensa mayoría ya no crecen en este país. Sólo de trigo, hay en el banco del INIA más de mil especies diferentes, si bien hoy se cuentan con el dedo de la mano las que se cultivan.

El INIA es uno de los 30 bancos de semillas que hay en todo el territorio, dependientes de instituciones y comunidades autónomas. Es en este centro donde se lleva el inventario nacional, tal como precisó el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, aprobado por el Gobierno en 1993. Además, mantiene importantes colecciones activas y duplicados de seguridad de todas las colecciones de la red.

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Parte de su colección de cereales y leguminosas fueron recogidas en la primer mitad del siglo XX, pero hace décadas que ya no existen ‘in situ’; otras muchas se las envían y también las recogen en expediciones que aún realizan los investigadores al mundo rural a “la caza” de ese agricultor que guarda unas semillas tradicionales para su autoconsumo, porque ese tomate o las acelgas del abuelo son únicas. “En el banco tenemos semillas de más de mil tomates y mil lechugas diferentes y, como todas, están documentadas e inventariadas por si alguien nos las pide, que cada vez hay más solicitudes”, señala Isaura Martín.

Y es que en los últimos tiempos, tras años de uniformidad, el impulso de la agricultura ecológica ha traído la puesta en valor de aquel producto tradicional que se quiere recuperar, y los eco-agricultores acuden en busca de las semillas al INIA. “Les damos 50 o 100, lo suficiente para que puedan multiplicarlas. Además, aquí también hacemos multiplicación de las semillas, poniendo cuidado en que tengan las mismas condiciones que en el pasado y en que nos se crucen genes de varias”, precisa la investigadora.

Otras muchas peticiones llegan de empresas interesadas en la mejora genética de las especies, así como de científicos de diversas instituciones que trabajan en este mismo área de la ciencia agrícola en busca de genes y propiedades.

Cabe mencionar que una copia de todas estas semillas españolas no han sido enviadas aún a la Bóveda Global de Svalbard, para cuyo mantenimiento España aportó únicamente un millón y medio de euros, pero si que existe la intención de hacerlo cuando los organismos científicos implicados en la tarea cuenten con recursos para ello.

En todo caso, el valor de estas iniciativas está hoy fuera de toda duda: “No debemos olvidar que de las semillas comemos cada día de nuestra vida y que con el cambio climático necesitaremos de ellas para adaptarnos a las nuevas condiciones. Tenemos que contar para el futuro con otras plantas que aguanten y si perdemos esa diversidad genética vamos a estar mal preparados para adaptarnos”, aduce Martín.

José Esquinas, por su parte, recuerda que él llevo su cajita con 360 semillas, recogidas en los años 70, al INIA hace ya algún tiempo. “Ojalá un día, una copia de seguridad de todas ellas acaben en Svalbard y ojalá también que las semillas certificadas por ley no acaben con esos 10 milenios de esfuerzo de la Humanidad”.

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

APOYO.

La situación geográfica, su geología y el estar a orillas de un mar de cruce de culturas, como es el Mediterráneo, han convertido a España en uno de los 25 puntos calientes de biodiversidad del mundo que se refleja en la producción agraria. Sin embargo, como en el resto del planeta, la uniformidad de la agricultura moderna amenaza la variabilidad de especies y por ello fue preciso crear un instrumento que promoviera su protección, el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, que ya lleva 23 años aprobado, pero que aún tiene algunos puntos por desarrollar.

Uno de los componentes del Programa es la red de 33 bancos de germoplasma y colecciones que existe y financia en parte el Programa Nacional para mantener las colecciones activas españolas en adecuado estado de conservación, documentadas y disponibles para los usuarios potenciales, tanto para investigación como para uso directo por parte de los agricultores.

No fue hasta 2006 que se aprobó la Ley 30/2006, de 26 de julio, de Semillas y Plantas de Vivero y de Recursos Fitogenéticos, según los agricultores, no se ha avanzado mucho en materia de conservación y utilización sostenible de estos recursos ni se ha potenciado sus derechos a producir, intercambiar y vender sus propias semillas o estrategias para poderlas conservar ‘in situ’. Más recientemente, se ha presentado un Proyecto de Real Decreto por el que se aprueba el reglamento del Programa Nacional, en el que se especificarán los derechos y deberes de los operadores de semillas, incluidos los agricultores a pequeña escala. En estos momentos, los responsables están negociando con el sector este reglamento, en el que éstos últimos quieren incorporar algunas

-El respeto del derecho de los agricultores para utilizar, intercambiar y vender sus propias semillas. Los agricultores que hacen venta directa de semillas como complemento de su actividad deben estar exentos de las mismas exigencias que el resto de operadores.

– Las microempresas artesanales que producen y comercializan semillas de variedades locales necesitan reglas adaptadas a su actividad, completamente diferente a la que realizan las grandes empresas de semillas de producciones deslocalizadas y distribución kilométrica.

– Son necesarias reglas adaptadas para el registro de las variedades para la agricultura ecológica y para la agricultura a pequeña escala.

– Los agricultores y consumidores deben tener la posibilidad de elegir los alimentos que consumen y las plantas que cultivan. Demandamos transparencia en los métodos de selección utilizados para generar las variedades y la propiedad intelectual que gestiona su uso. Esta información debe constar obligatoriamente en el etiquetado.

 

Un millón de ‘pajaritos fritos’, alta tensión en la naturaleza


Un busardo ratonero electrocutado yace bajo un tendido. Foto: SIECE.

Un busardo ratonero electrocutado yace bajo un tendido. @SIECE.

ROSA M. TRISTÁN

En un profundo pueblo castellano recordaban un grupo de ancianos “lo ricos” que estaban los “pajaritos fritos”. Mientras les escuchaba, no podía por menos de pensar que, afortunadamente, ese gusto gastronómico, por ley, entró en desuso. Si embargo, y aunque hoy es una anomalía que alguien dispare a un gorrión o un jilgero, y aún menos a un quebrantahuesos o un águila perdicera, unos días después de esta conversación me cuentan que cada año cientos de miles de aves mueren “fritas” en este país, achicharradas por tendidos eléctricos que están cómo y dónde no debieran.

Lo cuentan los miembros de la nueva Plataforma SOS Tendidos Eléctricos, la unión de nueve organizaciones ambientales que cansadas de esperar que las leyes se cumplan y se desarrollen, han decidido lanzar una campaña conjunta para que nos enteremos de que las compañías eléctricas, además de inflarnos la factura mensual, del misterioso déficit tarifario y de ser refugio de ex políticos en paro,  se pasan las leyes de protección por alto, tan alto como cada uno de los 25.000 postes peligrosos que tienen repartidos por el territorio español, y tan de largo como los 3.500 kilómetros de cable que son una trampa mortal para nuestras aves.

Los cadáveres de dos cigüeñas blancas yacen junto al apoyo de un tendido eléctrico. @SIECE.

Los cadáveres de dos cigüeñas blancas yacen junto al apoyo de un tendido eléctrico. @SIECE.

La Plataforma no pudo dar una cifra de víctimas, si bien dijo que en Francia se habla de un millón, y aquí tenemos muchas más aves migratorias, así que esa cifra es más que conservadora. El Real Decreto de 2008, donde se habla de medidas de protección para insralar en los tendidos, habla de decenas de miles, que bien pueden ser cientos. Y es esa normativa, precisamente, la que no se cumple porque resulta que las comunidades autónomas, salvo excepciones honrosas y escasas (y la de Madrid no está entre ellas) no la han desarrollado. “Se ha abandonado la solución al problema”, comentaban los ecologistas en la presentación de la Plataforma.

Sólo al centro de recuperación de Grefa llegan un millar de ejemplares heridos al año, pero como precisaban son una minoría los que son localizados, pues casi todos los cadáveres desaparecen en muy poco tiempo entre las fauces de algún depredador, o sencillamente nadie los encuentra. “En Madrid, en un solo tendido ya han muerto 12 cigüeñas blancas y algún milano real. Es escandaloso y por eso queremos movilizar a la población”, señalaba Iván Rodríguez, representante de los Agentes Forestales. Y otro dato: en Jaén, el grupo SIECE puso en marcha una campaña de sensibilización (‘PON UN TENDIDO EN TU PUNTO DE MIRA’) que permitió localizar 1.850 años en lo que va de 2016.

Precisamente, esta es  una campaña que ahora la Plataforma extiende a todo el territorio nacional, así que si encuentra algún animal con claros signos de haber muerto electrocutado o colisionado junto a un tendido eléctrico, puede colaborar enviando a sostendidos@gmail.com las coordenadas de la ubicación del tendido o animal y algunas fotos.

Pero ¿por qué las eléctricas no se ponen manos a la obra? ¿acaso es demasiada inversión lo que se pide? Según las estimaciones de la Plataforma, arreglar cada apoyo para evitar estas muertes, o minimizarlas en lo posible, cuesta entre 900 y 1.200 euros, que multiplicado por los puntos que están mal dan como resultado 30 millones de euros (las grandes compañías eléctricas rondan los 1.000 millones de beneficios al año). 

De hecho, cuando se les presiona lo hacen: en Baleares una compañía ha corregido ya la mitad de los apoyos por mandato del gobierno balear ante el riesgo que suponían para las águilas pescadoras y en Mallorca, desde 20o2, todos los nuevos tendidos son soterrados o de cable trenzado, también por una normativa. “No tiene sentido que por un lado estemos protegiendo y reintroduciendo especies y por otro mueran electrocutadas o por impactos que son evitables debido a la desidia de las empresas. Si las eléctricas causan las muertes, también deben poner el dinero para solucionarlo”, argumentó Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción en la presentación de la campaña. Y en similares términos se expresaron los representantes de SEO Birdlife, WWF España, AMUS, la Fundación para la Conservación de los Quebrantahuesos y el resto de las ongs, a las que se suma la revista Quercus.

Las peticiones para poner fin a esta desidia con nuestras aves son cinco e “inaplazables” para la Plataforma. La primera, mejorar la normativa que protege las aves, porque parece ser que la actual las protege poco; la segunda, que sean las compañías quienes paguen los costes de adecuar sus instalaciones; la tercera, que las administraciones se impliquen y presionen para que se solucione el problema; la cuarta, evitar que se instalen postes en lugares de paso de aves, porque aunque no se posen pueden colisionar; y por último, que no se coloque ni una nueva línea sin tener en cuenta a la avifauna, como por ejemplo las 300 torres de 50 metros de alto que se proyectan instalar en Fuerteventura, de momento parado pero no olvidado, una isla donde hubaras y guirres son potenciales víctimas, o no tan potenciales.

En definitiva, mejor volando o revoloteando (como en el vídeo) que fritas….

 

 

 

Las 8 piezas con historia que Atapuerca 2016 desveló


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ROSA M. TRISTÁN

La campaña en Atapuerca de este año se presentó excelente desde los primeros días. Al final, lo más fascinante, sin duda, son esos restos de hace 400.000 años que aparecieron al final en la Cueva El Fantasma, en la que este año se ha empezado a excavar. “Hay que estudiar ese trozo de parietal, pero estoy casi seguro que será de neandertal primitivo”, me asegura Eudald Carbonell, transcurridas ya varias semanas desde aquel momento, y recién acabadas las excavaciones en su otro ‘niño mimado’, el yacimiento neandertal del Abríc Romaní.

Ese hallazgo me pilló a muchos miles de kilómetros de Burgos, pero ya antes de producirse, el equipo de esta sierra castellana había sacado a la luz piezas que escondían grandes historias, como las ocho que, tras ser escogidas por los coordinadores de cada uno de los yacimientos,  he relatado en una serie publicada en el Diario de Burgos. Un pequeño fósil de águila, una gran mandíbula de caballo, un cráneo humano o un toro salvaje son la excusa perfecta para viajar del Neolítico al Pleistoceno sin salir de este pequeño Laboratorio para Sapiens. En cada link, un capítulo de la serie..

EL DEDO QUE SEÑALA LA SIMA DE LOS HUESOS 

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BANQUETE NEOLÍTICO DE UN TORO SALVAJE

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UN CRÁNEO HERVIDO Y CANIBALIZADO 

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LA SONRISA DE UN CABALLO DE ATAPUERCA 

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ATAQUE DE CUERNOS EN LA GRAN DOLINA

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UN NUEVO KIT DE HERRAMIENTAS 

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AGUILAS PESCADORAS DEL PLEISTOCENO

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EL PUERCO ESPÍN Y LOS CUERVOS DE LA TRINCHERA

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Un viaje por el mundo en busca de siete ‘maestros salvajes’


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ROSA M. TRISTÁN

La película documental ‘El viaje de Unai’, de Andoni Canela, no es solamente una hermosa ocasión para disfrutar de las bellezas de los cinco continentes. Es, sobre todo, una oportunidad de disfrutar de la mirada de un niño, Unai, de 10 años, que tiene la oportunidad única de viajar por el planeta. Y lo mejor: sabe transmitirla desde la emoción, la aventura y el aprendizaje que le supuso esa experiencia. Son 70 minutos en los que quedan resumidos los 15 meses que el fotógrafo Andoni Canela pasó con su familia (su mujer, Meritxell Margarit, su hijo Unai y la más pequeña, Miriam) buscando a siete emblemáticos animales de la Tierra, que fueron siete ‘maestros’. Setenta minutos en los que los niños, los hijos, se convierten en protagonistas, sin un guión previo, sin ensayos, sin casting de por medio.

 

El estreno  tuvo lugar en la Cineteca de Matadero, por cierto a rebosar de público, y nadie salió decepcionado con esas fantásticas imágenes de los elefantes de Namibia (los únicos de los siete que he tenido la suerte de ver en directo); la búsqueda del puma en la Patagonia, que casi les da un susto; el bisonte americano entre las nieves; los pingüinos rey de la Antártida; los cocodrilos australianos o los cálao bicorne que lograron ver en Tailandia.  Pero sobre todo, más allá de las imágenes de la naturaleza, de la belleza que debemos PROTEGER, con mayúsculas, a mí personalmente me caló otro mensaje: ¿qué estamos enseñando a los niños? ¿por qué no es posible salirse del estrecho margen que marcan las directrices oficiales?

Resulta penoso que la familia de Unai tuviera tantos problemas porque decidieron compartir un curso escolar y medio con Unai nomadeando por diferentes culturas, que la burocracia les pusiera trabas a la educación a distancia, que no haya hueco para el aprendizaje de la vida en mitad de la naturaleza, la más sabia maestra. Resulta patético que nadie pida responsabilidades a los padres y madres por las horas que se pasan sus hijos ante una pantalla viendo basura, pero que Andoni y Meritxell tuvieran que andar rogando que les dejaran vivir a sus hijos la experiencia de viajar por desiertos, selvas y glaciares, de conocer niños de los cinco continentes. “Al final, lo conseguimos, pero nos costó y lo cierto es que luego aprobó todo con unas notas muy buenas. Un inspector de Educación lo pudo comprobar él mismo”, señalaba la madre. Y comentaron como no tuvieron problemas para escolarizar a Unai en Estados Unidos y en Australia de un día para otro, sin ningún problema, los tres meses que pasaron en cada lugar.

Pero, más allá de que Unai fuera o no a clase, ¿qué libro, qué maestro hubiera sido capaz de transmitirle esa pasión por la naturaleza, de despertarle esa curiosidad que es la base del aprendizaje? ¿qué mejores notas que las que se consiguen aprendiendo de los árboles, de los pájaros o de un ciclón? Es verdad que no todos somos expertos conocedores de nuestro entorno, ni padres ni docentes, como sí lo es el Andoni Canela, pero también es verdad que no es preciso. Basta tener empeño en abrir esa puerta a la naturaleza y mostrársela con emoción, que es el aderezo necesario en estas lides. Tampoco hay que irse a Bostwana, ni a los Andes o las Montañas Rocosas. Siempre tenemos un campo a mano por descubrir, como contaba luego el pequeño Unai, que ahora pasa sus días recorriendo las cercanías de su casa, al pie de los Pirineos, disfrutando del avistamiento de culebras, buitres leonados y quizás algún jabalí.

Por ello creo que ‘El viaje de Unai’ es una película que debería ponerse en todos los colegios, por norma. Esa mirada infantil y hermosa de la Tierra que habitamos permite sacar el cerebro del constreñimiento intelectual al que sometemos a los niños cada día, en cada clase. No es suficiente sacarlos de visita a ‘granjas-escuela’ en las que ver también animales igualmente encerrados y constreñidos. Este film debería ser obligatorio porque libera  convierte en posible un sueño de aventura que ahora la mayoría sólo puede jugar en la ‘playstation’.

Hace unos días en Zumaya comprobé cómo otros niños, como Unai, se emocionaban al ver un pulpo en un charco tanto como el hijo de Andoni lo hizo con un león. También a ellos se les abrió la puerta esa mañana de excursión geo-biológica, que sus padres eligieron en vez de un chapuzón playero. Seguramente ya no verán el mar con los mismos ojos.

Estamos a tiempo de cambiar el rumbo al que dirigimos a los niños-futuro de este planeta.

El dinosaurio ‘cervantino’ que se paseó por Cuenca


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El paleontólogo de la UNED Francisco Ortega, posando en el yacimiento junto a los fósiles del dinosaurio.

ROSA M. TRISTÁN

Va para 10 años que las obras del AVE a Valencia nos descubrieron, a su paso por el municipio de Fuentes (en Cuenca) uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de la Península Ibérica, en lo que a dinosaurios del Cretácico se refiere. Es el tiempo que ha tenido que pasar el Lohuecotitan pandafilandi pudiera ser bautizado y registrado oficialmente para la ciencia como el gigantesco titanosaurio que fue, por cierto uno de los últimos grandes saurios que habitaron la Tierra. Durante todo este tiempo, buena parte lo pasó guardado en los cajones de aquel gigantesco almacén de huesos que visité en 2008 en las cercanías del yacimiento de Lo Hueco, lugar en el que fue encontrado y al que debe su nombre. Fue una visita que no olvidaré porque mientras el paleontólogo Francisco Ortega me enseñaba el lugar, mis manos tropezaron con una piedra que resultó ser un pedazo de fósil de aquellos seres del pasado. A saber si era uno de los restos que ahora se presentan…

El apellido del gigante le viene de otro manchego, el monstruo Pandafilando de la Fosca Vista al que dió vida la imaginación de Miguel de Cervantes en su incomparable ‘Don Quijote de la Mancha’. 

El 'Lohuecotitan', un gigante del Cretácico nacido en Cuenca.

El ‘Lohuecotitan’, un gigante del Cretácico nacido en Cuenca.

El investigador de la UNED, que anda detrás de tan peculiar bautismo, reconoce que la crisis económica, y los subsiguientes y brutales recortes en los fondos para la investigación científica, paralizaron la posibilidad de poder estudiar a fondo los restos de los espectaculares ejemplares de dinosaurios que se habían encontrado…. hasta ahora. Eso sí, aún sin nombre, los fósiles han viajado en una exposición por el mundo (han llegado hasta Japón) porque  ya  se tenía claro que esos dos dinosaurios que ‘desenterraron’ unas vías, entre otros muchos animales, eran espectaculares. Todos vivieron en el Cretácico Superior, hace unos 75 millones de años, así que fueron de los últimos en habitar el planeta  antes de que un meteorito acabara con su ecosistema y les llevara a la extinción, o les ‘reconvirtiera’ en las aves que hoy surcan los cielos.

Localizo a Ortega cuando anda en Morella (Castellón) desenterrando un iguanodón en una mina de arcilla. Los paleontólogos no paran ni en agosto. Ya sabe que le llamo porque acaba de publicarse on line en ScienceDirect este saurópodo pandafilandi del que se ha recuperado más del 50% de su esqueleto (teniendo en cuenta que hay partes simétricas), un monstruo que llegó a medir 16 metros de largo y a pesar entre tres y cuatro toneladas. Es, me explica, el ejemplar de titanosaurio más completo encontrado en Europa Occidental. Y pese a sus dimensiones, Ortega comenta que “era muy grácil, mucho más que sus parientes del Jurásico”.

El yacimiento que sacó a la luz un AVE.

El yacimiento que sacó a la luz un AVE.

Otra de sus peculiaridades es, además de esa gracilidad, la especie de armadura que, como el mismísimo Don Quijote, llevaba sobre la parte superior de su cuerpo, unas placas que se cree que debían llevar espinas y que le servirían para protegerse y mantener la distancia con otros dinosaurios. “Desde luego, aunque no es el primer titanosaurio que tenemos, pues se han encontrado otros, si que tiene rasgos que nos permiten decir que es una especie que no se conocía”.  En concreto, se conocen otros dos en Francia y uno más en España, pero con rasgos diferentes al cervantino.

Ortega, antes de volver a la mina, me recuerda que “aún nos quedan muchos otros restos de Lo Hueco por publicar, lo que esperamos hacer en los próximos meses” y que, seguramente, darán muchas sorpresas. Desde luego, después de ver lo que había en aquel almacén, de un polígono industrial, puedo constatar que Francisco Ortega y su equipo tienen trabajo para mucho tiempo, si los ‘recortes’ no lo impiden. Gran parte del material se encuentra ahora en el Museo de Paleontología  de Cuenca. También en el municipio de Fuentes se ha creado un centro de interpretación con réplicas de los fósiles y vídeos e información para conocer el que se califica como segundo yacimiento más importante de Europa de aquella remota época.

 

 

 

El libro de la vida y la Tierra en la costa vasca, en piedra


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ROSA M. TRISTÁN

Cuesta encontrar palabras para describir el espectáculo que ofrecen los acantilados de las costa vasca entre los municipios de Zumaya y Mutriku. En realidad, lo más aproximado es describirlo como un gran libro hecho en piedra en el que las páginas, con el paso del tiempo, han ido quedando separadas, arrugadas, algunas rotas, como esos grandes volúmenes que de tanto usarlos no hay forma de que recuperen su forma original. Y en el fondo, eso es un flysch como el que se ofrece la vista a lo largo de varios kilómetros: un gran cúmulo de estratos, que parecen hojas, en las que se ha ido escribiendo la historia de la Tierra desde hace más de 100 millones de años, y lo que es más, donde aún infinidad de seres vivos, algunos microscópicos y otros diminutos, siguen rellenando sus líneas de vida.

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El flysch entre Zumaya y Deba. @ROSA M. TRISTÁN

No voy a extenderme en la historia geológica de este impresionante lugar (pues tengo pendiente una visita con un gran experto en la materia) pero para quienes vean las extrañas formas que dibujan estas paredes será fácil ver los pliegues que nos hablan de que hace más de 50 millones de años el pedazo de tierra que entonces era Iberia (recordemos que la península era una isla) chocó con Eurasia, en un proceso que llevó mucho tiempo.

De aquel tumultuoso encuentro no sólo surgió esta cordillera y los montes vascos, sino que los sedimentos que desde hacía 100 millones de años se habían ido acumulando en el fondo marino, salieron a la superficie y se plegaron como si fueran de plastilina. Son las capas que ahora vemos: unas más duras, que son las de caliza, proceden de los fósiles de conchas, corales y fósiles de animales marinos; y otras más blandas, se corresponden con las  de las arcillas que arrastraban los ríos hasta el mar… Hoy, cada una de ellas nos cuenta la historia de unos 10.000 años en esta zona del planeta (su clima, su vegetación, su fauna…). Como es de suponer, las ‘hojas’ más blandas han sufrido más el paso del tiempo, dando origen a ese aspecto de ‘cama de fakir‘ que se siente cuando se camina sobre su filo, como pude hace hace unos días coincidiendo con una de esas grandes ‘mareas vivas’ que dejaron a la luz durante horas una impresionante extensión de este lugar.

Debo decir que me sorprendió que, pese a que era el momento perfecto para una visita de las que organiza el Geoparkea, tan sólo un pequeño grupo de una decena de personas sintió interés acercarse al flysch, que no sólo es impresionante por su belleza sino que, además, esconde tesoros que enseguida comencé a descubrir:  una i20160821_140725nfinidad de seres  marinos habían quedado atrapados en los charcos que dejó el Cantábrico en su retirada. Bien es verdad que la guía del Geoparkea, era avezada, pero también que la jornada fue especialmente fructífera para quienes, procurando molestar lo menos posible, pudimos observar los esfuerzos de un pequeño pulpo de colores por dejar el charco al que le condenó la marea, la danza de una ofiura sobre una roca, las orejas de una ‘libre de mar’, la belleza de una diminuta estrella, las semitransparentes quisquillas, un pepino y hasta un tomate de mar, ambos ingredientes de la ensalada de la vida en este paraje geológico. Y todo ello, apenas a unos pasos de las ‘icnitas’ o ‘trazas’ dejadas hace decenas de millones de años por otros que, como ellos, se paseaban no lejos del mismo lugar.

 

Es por ello, porque la historia sigue, porque el pasado más remoto (incluido el polvo del meteorito que acabó con los dinosaurios) se encuentra en el pequeño recorrido que hay entre Zumaya, Deba y el pueblo pescador de Mutriku, y porque quiero animar a los lectores a observar la naturaleza, que he querido traer al Laboratorio para Sapiens a estos pequeños ejemplares de vida (el más grande, el pulpo, y era poco mayor que una zapatilla) que hoy se pasean por el libro pétreo que emerge del mar vasco y con los que pasé una mañana de este verano.

Y AQUÍ UN RECORRIDO EN IMÁGENES por esta BIODIVERSIDAD A CONSERVAR

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

El pulpo, que cambiaba de color/ R.M.T.

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Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Tomate de mar (Actinia equina), una especie de anémona. /R.M.T.

Anémona. @RMT

Anémona. @RMT

Erizos de colores...@RMT

Erizos de colores…@RMT

 

 

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Diminuta estrellas de mar, una joyita. @RMT

Aquí la cría de ‘liebre de mar’.. Fíjate en sus orejas! @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenzado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

Pepino de mar, un equinodermo amenazado. Se considera un manjar en la cocina china. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

El ofiuro, que nos hizo una danza espectacular. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

Y una estrella de mar, mutilada. @RMT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La herramienta paleolítica para hacer sogas


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Hoy no sabríamos vivir sin cuerdas o cables, sean del material más sencillo (fibra vegetal) o el más sofisticado. Las usamos para navegar, para sujetar, para empaquetar, para izarnos a las alturas y descender a los abismos. Y no sigo por solo mencionar algunas posibilidades que hace al menos 40.000 años se abrieron cuando unos ‘Homo sapiens’ idearon, quizás copiando a otros anteriores, unas herramientas que permitían fabricarlas sin grandes complicaciones. Así lo demuestra un reciente hallazgo del equipo de Nicholas Conard, paleontólogo y director del Instituto de Prehistoria en la Universidad de Tubinga(Alemania), que dirige el espectacular yacimiento Paleolítico de Hohle Fels, al suroeste del país.

 Conard, al que ya entrevisté en este Laboratorio, me hace llegar ahora la publicación de su último hallazgo, publicado en la revista alemana Archäologische Ausgrabungen Baden-Württemberg: una pieza hecha en marfil de mamut que mide 20,4 centímetros y que tiene cuatro agujeros entre 7 y 9 milímetros de diámetro. En realidad, parece una flauta. Pero no lo es. Cada uno de los orificios está alineado con incisiones profundas en espiral, que fueron realizadas con gran precisión. El nuevo hallazgo demuestra que estas piezas talladas tenían una utilidad tecnológica: por cada agujero se metían haces de fibras vegetales y luego se iban entrelazando de forma sencilla hasta hacer una cuerda o hilo bramante.
Hasta ahora, se tenían indicios de que hace 40.000 años los cazadores y recolectores nómadas usaban cuerdas porque se habían encontrado impresiones con forma de cadena en restos de barro cocido y en raras ocasiones un dibujo de este tipo fue representado en el arte de la Edad de Hielo, pero eran pruebas poco contundentes, y lo cierto es que cuerda no fosiliza. 
Para probar que la hipótesis sobre el uso de esta extraña pieza era verídica, el colaborador de Conard, Veerle Rot, de la Universidad de Lieja, realizó un sin fin de ensayos experimentales: hizo metros de cuerda con vegetales recogidos en la zona y probó su resistencia. De hecho, no era la primera herramienta de este tipo que se ha localizado, si bien antes fue interpretada como una flauta rota o un objeto de arte decorativo, sin ningún objetivo concreto. “Ahora esta herramienta responde a la pregunta de cómo se hacía la cuerda en el Paleolítico”, dice Veerle. “Y es una pregunta que ha intrigado a los científicos durante décadas”.
Los excavadores encontraron la herramienta en el yacimiento arqueológico muy cerca de la base de los depósitos del periodo Auriñaciense, el mismo lugar donde en campañas anteriores descubrieron unas famosas estatuillas esculpidas de hembras y flautas hechas con huesos de ave, que se consideran entre las primeras obras de arte simbólico, dado que sus fechas coinciden con el momento en el que los humanos modernos allegaron a Europa.
El descubrimiento pone de relieve la importancia de la tecnología hecha con fibra y la importancia de las cuerdas  para los cazadores y recolectores nómadas que tenían que hacer frente a los desafíos de la vida en la Edad de Hielo.
Recordemos que el equipo del Nick Conard excava en Hohle Fels (Suavia) desde hace 20 años , un proyecto a largo plazo que ha convertido ese lugar en uno de los yacimientos paleolíticos más conocidos del mundo. Hohle Fels y otros yacimientos cercanos han sido nominados para ser declarados Patrimonio Mundial Cultural de la UNESCO.

STARMUS y los compromisos incumplidos de los políticos


 

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ROSA M. TRISTÁN

Hace unos días estuve en la presentación del Starmus Festival (27 de junio-2 de julio), que vuelve este año a celebrarse en Tenerife por el empeño personal del astrofísico Garik Israelian, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Debo reconocer que tengo debilidad por ese evento que aúna astronomía, música,  cine, literatura… porque hay pocos eventos similares en el mundo y porque se que organizarlo, cada dos años, y superar al Starmus anterior es un reto comparable a la búsqueda de un exoplaneta con una lupa. Lo es porque a las puertas de su tercera convocatoria, este evento único en el mundo, que traerá a España a 11 Premios Nobel, que rendirá tributo a Stephen Hawking, que juntará al astronauta Miguel López Alegría con el astrofísico Roger Penrose y el cosmonauta Alexei Leonov, se convierte un año más en el espejo de lo que importa la ciencia en este país: NADA o CASI NADA.

Y es que, a un mes del comienzo del festival, con las reservas de sus prestigiosos participantes, incluida la de Hawking y sus asistentes, ya hechas, resulta que ni instituciones públicas ni empresas privadas muestran interés suficiente en tamaño evento, aunque por otro lado no tardan en ponerse en la foto para figurar junto a los científicos o cantantes más famosos cuando la ocasión se presta. Y si es Hawking, miel sobre hojuelas. Ahora bien, ¿cumplir los compromisos financieros? ¿interesarse por patrocinar el encuentro, aún a costa de unas carreras de coches o un torneo de golf? No, no. ¡Dónde vamos a parar!

Recomiendo ver en el programa de Starmus 2016 lo que por 700 euros (350€ para canarios y estudiantes) se puede disfrutar durante cuatro días (y eran 500 para quienes reservaron con antelación). Por sólo mencionar algunos: el físico Premio Putlizer Brian Green, el divulgador de la BBC Brian Cox, el Nobel David Gross, el experto en virus informáticos Eugene Kaspersky, Roger Penrose, Jill Tarter del SETI, el cantante Brian Eno (que estrena una composición dedicada de Hawking), el Premio Mundial Albert Eisnstein Martin Rees, Joseph Stiglitz , Brian May, Rick Wakeman, Kip Thorne… Por cierto, para quienes les puede parecer caro: una entrada para la final Atlético-Real Madrid costó unos 400 euros, hora y media de partido, sin incluir viaje a Milán.

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Algunos se preguntarán como se paga todo esto. Pues bien, hagamos memoria. El primer Starmus, que congregó en España al mayor número de astrónomos y astronautas jamás reunidos, se financió en un 90% gracias a un premio recibido por el propio Israelian y ayudas de conocidos suyos, incluido algún préstamo. Para el segundo, recibió apoyo público y privado por 400.000 euros (del Gobierno central ni un duro, por cierto) para un presupuesto de 700.000, que pagó con las entradas. Y para este año, con un evento aún más grandioso, el primer tributo a Hawking, el astrofísico consiguió el compromiso del Cabildo de Tenerife y del Gobierno de Canarias de poner 330.000 euros cada uno (660.000, suma la cuenta), además de que le buscarían patrocinios por otros 330.000. Así lo explicó en la rueda de prensa.

Pues bien, tanto el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, como el viceconsejero del Gobierno, Cristóbal de la Rosa, reconocieron en ese mismo encuentro informativo que iban a poner unos 400.000€ entre las dos instituciones, por cierto que el Cabildo aún no ha desembolsado. Y que el resto, se abonaría en servicios, pero ¿qué servicios? es una pregunta sin respuesta. Alonso incluso mencionó que “no sólo se trata de dinero, sino de creatividad”, como si con creatividad se pagaran billetes de avión y hoteles. A menos de un mes del Starmus 2016, ¿el compromiso firmado se cumplirá? ¿Han logrado los patrocinios prometidos? Todo indica que no. Curiosamente, los mismos políticos reconocían que la repercusión mundial de Starmus 2014 generó 171 millones de euros de retorno a las Islas Canarias, un dinero en publicidad que seguro que dará pingües beneficios a muchos empresarios de los que construyen hoteles en zonas protegidas.

Garik Israelian, que en algún momento antes del anterior acuerdo pensó en llevarse el festival a otros lares,  recordó que “un festival como Starmus, aunque muchos de los ponentes vienen sin cobrar, es costoso, si bien compensa porque tiene eco en todo el mundo, como demuestra esa reciente página en The New York Times”. “Tampoco tenemos empresas de alto nivel que nos apoyen. Debemos estar en otro planeta y no nos ven, porque ninguna ha querido patrocinar el evento”, señaló a modo de metáfora. Y tiene razón, porque es patético que entre  los patrocinadores no haya ninguna gran empresa del IBEX, aunque me consta que las han visitado todas en busca de apoyo. Ni Telefónica, ni la Fundación BBVA, ni La Caixa, ni Iberdrola…. Es más, incluso alguna de las que ya tienen su logo en los paneles no han puesto nada, pero ya se llevan la publicidad.

Debo reconocer que en 2014 hubo errores de organización, y que algunos colegas  se cebaron en ellos sin parar a preguntarse cómo era posible que Starmus Festival fuera posible en este país de mentecatos políticos y empresarios (en lo que se refiere a la ciencia) , donde escasean los eventos para atraer al público hacia la investigación. Por mi parte, considero un privilegio que traigan a “mi casa” a tanto cerebro de primera, porque igual con tanto conocimiento algo se queda pegado en este territorio de fiesta de Toros de la Vega y tomatinas.

Pero igual que Garik es consciente de que no se puede encontrar un exoplaneta con una lupa, presiento que en la España de los que manejan los dineros (públicos y privados) hay una superficie en la que resbala todo lo que huele a ciencia.

A LA CONQUISTA DE LAS TIERRAS POLARES COLGADOS DE UNA COMETA


ROSA M. TRISTÁN

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De las muchas fotos que he visto de las expediciones del Trineo de Viento, el Inuit WindSed de Ramón Larramendi, ésta me gusta especialmente. Está hecha a medianoche, en mayo de 2014. En medio del desolador desierto de hielo de Groenlandia de cuya permanencia depende tanta vida en este planeta. Me identifico con ese explorador que mira al horizonte sin fin, no se si el propio Ramón, o Manuel Olivera, o la danesa Karin Moe Bojsen, y quiero imaginar que por mente pasaba una reflexión sobre la belleza del vacío, sobre la Tierra y el Universo. Quizás pensaba en ese afán de exploración y aventura que le llevó hasta ese lugar, con esa seguridad que a otros humanos les impulsó a saltar de su sabana a un continente, y de éste (África) al resto del mundo, para luego explorar en naves espaciales la Luna. O Marte.


Dentro de apenas unos días, el mismo extraño vehículo que se ve en la imagen surcará navegando los hielos del Ártico, otra vez. Propulsado por los vientos polares, arrastrará tras de sí dos toneladas de peso en un recorrido de más de 2.000 kilómetros para demostrar, llevándolo a condiciones extremas, que este convoy tirado por cometas puede ser una gran apuesta para la ciencia polar española. La aventura comienza el próximo domingo, día 15 de mayo, y durará al menos un mes y medio. Como en la anterior, en la de la foto, cada día trataré de contactar con ellos para saber qué pasó, o qué no pasó, y transmitirlo a miles de kilómetros.

Me gusta la foto porque se que poco antes de tomarse, en ese día que no acababa nunca, un hilo invisible me unía a ese lugar gracias a los satélites artificiales que flotan navegando sobre mi cabeza. La complejidad de la tecnología espacial hermanada con la sencillez de la tradición inuit para seguir explorando, conociendo, buscando. De estas cosas hablaba el otro día Larramendi con el arqueólogo Eudald Carbonell, en la Trinchera del Ferrocarril.”El ‘antecessor’  era un explorador y por ello le pusimos ese nombre”, le explicaba Eudald mientras le mostraba los yacimientos en los que él y todo el equipo de Atapuerca navegan entre los sedimentos para encontrar nuestro pasado.

Con Eudald Cabonell y Ramón Larramendi, en una visita en mayo de 2016 a la Trinchera de Atapuerca.

Con Eudald Cabonell y Ramón Larramendi, en una visita en mayo de 2016 a la Trinchera de Atapuerca.

Cuando escucho a Larramendi contar cómo surgió la idea de diseñar un trineo capaz de llevar carga, tras una agotadora travesía al Polo Norte, y cuando veo las fotos de sus primeras expediciones a Groenlandia en aquel precario prototipo, no deja de sorprenderme cómo ha evolucionado a lo largo de estos últimos 16 años, hasta convertirse en una alternativa real para la ciencia polar española. Sorprende porque ha sido posible sólo gracias a su empeño personal, tal cual un Quijote polar en solitaria pelea con otros vientos. ¿Seremos capaces de aprovechar este creativo ingenio antes de que desde fuera de nuestras fronteras alguien venga que lo haga suyo? Quien sabe porque a estas alturas no deja de ser inquietante que el explorador tenga que pagar de su bolsillo una iniciativa que ideó para la ciencia  y que ha ido mejorando a base de viajes a los territorios polares (no existen simuladores del WindSled como los hay de las naves espaciales) que son costosos y con riesgo.

Sin embargo, cada vez más científicos lo ven como una oportunidad. En Esapaña y fuera. Y es que poco a poco va tomándose en serio el proyecto, porque estuve en la primera reunión de 2012  en la Universidad Autónoma de Madrid, y entonces ví mucha incredulidad en las caras. Ahora prestigiosos investigadores españoles y extranjeros se han embarcado con él en su Inuit WindSled. No irán a bordo, tirando de los mandos de las cometas que llevarán a los expedicionarios a la cima de hielo de la gran isla helada, pero sobre ese laboratorio móvil si que viajarán sus proyectos y los nueve expedicionarios que participan en la aventura y recogerán datos sobre la nieve y el hielo, sobre la temperatura, sobre radiaciones cósmicas o sobre posibles microorganismos en el aire del Ártico que ayudarán a conocer mejor un lugar que sigue siendo de los más desconocidos del planeta.

83d54efd-a0dc-478b-8eb9-0ed6b296041aSi, Groenlandia es una gran desconocida porque según nos cuenta el investigador norteamericano Jason Box, que por cierto avala las posibilidades del Trineo de Viento, apenas hay medio centenar de puntos donde se han podido recoger datos dentro de su inmenso ‘inlandsis’ interior, pero a la vez es uno de los lugares de la Tierra que más interés despiertan porque su deshielo total supondría una subida de seis metros del nivel del mar, ahogándonos a millones de seres humanos. ¿Por qué no utilizar un vehículo eólico que es barato, que no contamina, que puede recorrer miles de kilómetros recogiendo información, que es fácil de manejar y que puede llevar hasta 2.000 kilos de carga?

La ruta que este año plantea el explorador va más allá de lo que requeriría su utilización para la ciencia. Nadie antes que él y su equipo ha intentado ascender hasta el Summit Camp, una base científica americana, situada a 3.207 metros de altitud, con tamaña carga y sin combustibles fósiles. “Queremos llevarlo a situaciones extremas para demostrar que hasta en las condiciones más complicadas funciona, que no nos deja tirados porque en su propio diseño sencillo están las ventajas respecto a convoyes tradicionales, que cuestan 10 veces más. Nuestro Trineo de Viento, evidentemente, no puede hacer toda la ciencia, pero si conseguir mucha información necesaria. Por ello creemos que puede ser el eje de un programa nacional en torno al cual se articulen diferentes proyectos. Ese es nuestro objetivo”, argumenta Larramendi.

Algunos, como el propio Jason Box (que es miembro del IPCC), Antonio Quesada (gestor del programa estatal de investigaciones polares), Miguel Ramos (habitual de las campañas españolas en la Antártida), Nacho López Moreno (del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC) y otros muchos ya han comprendido que es una oportunidad. Y en ciencia es importante saber verlas. López Moreno, de hecho, ya colaboró con la expedición de 2014, la Circunnavegación a Groenlandia, y los de los datos obtenidos ya han sido publicados.

No deja de ser llamativo que ninguna institución pública o empresa privada, más que la agencia Tierras Polares (del propio Larramendi) se haya implicado en una aventura que conlleva ciencia, exploración, aventura, medio ambiente… Repito: ¿Acaso esperamos a que alguna fundación internacional se  haga con ello?

La expedición completa se podrá seguir desde el día 15 de mayo en la web del proyecto Trineo de Viento, donde habrá un diario de lo que ocurre cada día, así como resúmenes semanales en el digital El Huffington Post. Y es que cada interminable jornada es diferente en ese lugar donde, en mayo y junio, nunca se pone el Sol, donde el paisaje parece el mismo, pero oculta dunas de hielo, grietas, tormentas que van y vienen, instalaciones fantasma abandonadas hace décadas y quien sabe qué más.

Tierra de misterios que, impulsados por ese combustible invisible que es el viento, estos expedicionarios españoles recorrerán durante semanas para adentrarnos en ella a través de sus ojos. No los perdamos de vista.

Twitter: @RamonLarramendi

Facebook: Ramón Larramendi

LHC: En busca del origen de la materia


ROSA M. TRISTÁN 

Bajo los verdes campos de la frontera franco-suiza, no lejos de los Alpes ni del lago de ginebra, se oculta bajo tierra la mayor fuerza energética de la Tierra. La generan partículas de mínima masa, suba- tómicas, que chocan entre sí dentro de una inmensa circunferencia de 27 kilómetros, el gran Colisionador de hadrones (LhC, por sus siglas en inglés), una infraestructura subterránea que busca la respuesta a grandes preguntas de la Ciencia: el origen de la materia que cono- cemos o de la materia oscura y la energía, que entre ambas ocupan el 95% del Universo y que no somos capaces de ver ni entender. La llaman la ‘máquina de dios’ y es la más grande y compleja construida en el mundo.

(Publicado en la revista Estratos)

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