Las claves de Schöningen en palabras de Nicholas Conard


Nick Conard, en el Congreso de la UISPP. |ROSA M. TRISTAN

Nick Conard, en el Congreso de la UISPP. |ROSA M. TRISTAN

ROSA M. TRISTÁN

El arqueólogo norteamericano Nicholas Conard es de esos científicos que ‘donde ponen el ojo, encuentran un tesoro’. Licenciado en Antropología y Química por la Universidad de Rochester, y doctor por la Universidad de Yale, pronto derivó su carrera hacia la Arqueología como camino para encontrar momentos claves del pasado humano. La historia humana de América es relativamente reciente, apenas 15.000 años, así que Conard se vino a Europa, en concreto a Alemania, donde su equipo ha acabado encontrando objetos e indicios claves del paso de la especie por el Viejo Continente.

En Suavia (Alemania) encontró hace unos años algunas de las primeras y más hermosas expresiones artísticas de los primitivos sapiens, incluso una flauta hecha con el hueso de un buitre de hace 35.000 años. Ahora, su trabajo se centra en el yacimiento de Schöningen, en el mismo país. Hace unas semanas, fue uno de los participantes en el Congreso de UISPP de Burgos, y allí tuve ocasión de que me contara las últimas noticias sobre sus investigaciones.

Lanzas de madera de hace 400.00 años, en Schöningen

Lanzas de madera de hace 400.00 años, en Schöningen

¿En qué momento se encuentran ahora los trabajos en Schöningen?

Es un proyecto muy dinámico, en el que trabajan equipos de todo el mundo, con mucha gente, pero  dos centros principales en Tübigen, que es donde se realizan las excavaciones acutales y el Centro Monrepós del Museo Central Romano-Germánico de Mainz, que se encarga del estudio de toda la fauna. Estamos ahora en plena actividad.

En Suavia su equipo encontró lo que se consideró la primera expresión artística compleja de nuestra especie. En este Congreso se ha presentado una obra hecha por neandertales ¿En qué cambia este hallazgo lo que se sabía?

El yacimiento de Schöningen es un lugar idóneo, por el estado de conservación de las piezas, para analizar este tipo de cuestiones relacionadas con diferencias entre homínidos antiguos, entre Homo heildebergensis tardíos o neandertales primitivos. Y lo que vemos es que tienen comportamientos con estrategias de subsistencia, de caza, de la forma de fabricar herramientas que son muy similares a las que se observan más tarde en el Pleistonceo Superior en los neandertrales recientes y en los humanos modernos. Un buen ejemplo son las lanzas de madera que encontramos allí, que son de hace 400.00 años, unos útiles muy complejos, que están muy bien realizado y  que funcionan perfectamente.

¿Cuáles son las preguntas pendientes de Schöningen, las hipótesis sobre las que están trabajando en estos momentos?

Schöningen tiene una gran ventaja y es que es un lugar único en el mundo para responder a interesantes respuestas sobre la organización social, para aclarar cuestiones específicas económicas y el link entre esas estructuras sociales y económicas en aquel momento. En definitiva, para tener una visión clara de cómo vivían los heidelbergensis hace 400.00 años. La ventaja de este yacimiento es que allí podemos documentar acciones muy específicas y, por tanto, se pueden hacer preguntas muy concretas.

Cnn el 'sapiens' Nick Conard, en la sede del Congreso de la UISPP, en el campus de Burgos.

Cnn el ‘sapiens’ Nick Conard, en el campus de Burgos.

¿Se está diluyendo las diferencias entre las especies que habitaron Europa?

Es cierto que se diluyen las diferencias, pero depende de la perspectiva que tengamos. Analizando las formas de vida, estrategias subsistencia, no son muchas, pero si hay grandes diferencias en el campo pensamientos simbólico y en el uso de objetos de arte, como instrumentos musicales, estatuillas con representaciones de figuras, adornos personales. Todo ello lo han hecho los Homo sapiens sapiens, lo que supone una gran capacidad de expresión abstracta, de comunicación, de lenguaje. Puede que los homínidos antiguos tuvieran algún tipo de simbolismo en el Pleistoceno Medio, un pensamiento complejo, pero no en el mismo nivel y de la misma manera que vemos más adelante. Y esa es una de las razones por las que nosotros estamos aquí y ellos no. Como decía, depende de lo que busques, encuentras. Uno puede centrarse en las diferencias o hacerlo en lo que tenemos en común; son dos punto de vista diferentes. En mi opinión, la diferencia entre los humanos europeos de hace 400.000 años y los sapiens modernos es clara. Si pudiésemos viajar al pasado de hace 40.000 años, cualquiera de nosotros podría relacionarse con nuestros antepasados. Bastaría con aprender su lenguaje porque seríamos muy similares. Pero si retrocediéramos más en el tiempo y viajásemos a hace 300.000 años a Schöningen, posiblemente nos relacionaríamos también, porque tendríamos que cazar o hacer fuego como ellos, pero la forma de afrontar las necesidades sería muy diferente.

En su opinión ¿qué llevó a la extinción a los neandertales?

En cierto modo, Schöningen ayuda a responder porque permite comprobar que, a pesar de tener comportamientos y tecnología compleja hace 400.000 años, no había elementos que si aparecen en Paleolítico Superior, con los sapiens, con los que se extiende rápidamente el arte rupestre. Hace 40.o00 años, en Alemania tenemos arte mueble como la Venus de Hohle Fels, el Hombre-León… Y todo ello, surge con los humanos modernos. Eso puede ser un factor que explique por qué etamos aquí y ellos no: la creatividad, esa capacidad de plasmar el pensamiento simbólico. Desde luego que la creatividad no es el único factor que explica su desaparición. También influye la demografía, porque los humanos modernos tienen un ratio de reproducción mayor y eso es fundamental. Pero arte y creatividad permitió tener a nuestra especie un pegamento social que les hizo ser más eficientes.

 

 

 

 

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Españolas en una expedición mundial antártica sólo para investigadoras del cambio climático


@Horneward Bond Project

ROSA M. TRISTÁN

Crear una red mundial de 1.000 científicas que trabajen globalmente y lideren políticas y proyectos sobre el cambio climático. En definitiva, reivindicar el papel de la mujer en este asunto de impacto global que afecta, sobre todo, a madres, hijas, nietas. A mujeres. Este es el reto que busca la plataforma australiana Homeward Bound. Un reto al que se han sumado tres científicas españolas y una francesa que vive en Córdoba. Las cuatro han sido seleccionadas entre cientos de candidatas para formar parte de una expedición polar muy especial: la Homeward Bound Antarctic Expedition, el viaje de tres semanas en el que buscarán el liderazgo femenino en el ámbito de la ciencia climática.

Entre los apoyos a esta iniciativa figuran científicas de renombrado prestigio –como la primatóloga Jane Goodall o la oceanógrafa Sylvia Earle–, así como tinfluyentes mujeres en el mundo de la comunicación, la diplomacia y los negocios–como la diplomática Christiana Figueres, la actriz Amy Poehler o Chelsea Clinton.

Expedición Homeward Bound 2016. @HomewardBound

Desde España se embarcarán (aunque una lo haga literalmente desde Estados Unidos) Alicia Pérez Porro, Ana Payo Payo, Uxua López y la francesa Alexandra Dubini. Las cuatro compartirán navegación entre icebergs y verán de cerca los impactos del calentamiento,  con otras 76 participantes llegadas de los cinco continentes (Estados Unidos, Kenia, China, Colombia, Venezuela… y así hasta 13 países) Su meta: el ‘sexto’, el continente de hielo. Se trata de una travesía de seis semanas que comenzará en febrero de 2018 y les llevará de ruta por varios enclaves científicos cercanos a la costa. Aún no saben si se incluye el paso por alguna base española, la Base Juan Carlos I o la Gabriel de Castilla.

“Estamos entusiasmadas. Por el viaje, pero sobre todo es lo que hay detrás, por la posibilidad de hacer co-working para para poner el tema del género sobre la mesa respecto a políticas y proyectos relacionados con el cambio climático global, un asunto que lideran sobre todo los hombres pero que afecta a las mujeres. El objetivo es que el proyecto dure 10 años y logre reunir a 1.000 mujeres con formación académica. Nosotras somos el segundo gran paso para conseguirlo, tras la expedición del año pasado”, comenta vía Skype Alicia Pérez desde Nueva York, donde trabaja en el  National Museum of Natural History, como investigadora asociada. Alicia es especialista en esponjas de mar y estudia mediante herramientas genómicas cómo el cambio climático puede afectarlas y cambiar los ecosistemas en los que viven.

La idea surgió de dos australianas, la activista Fabian Dattner y la científica polar Jess Melbourne Thomas, cansadas de que fueran hombres quienes ‘llevaban la voz cantante’ en el asunto del cambio climático. “Faltaba una perspectiva de género, cuando los estudios señalan que cuando hay mujeres liderando proyectos se consiguen más cosas, que son ellas quienes más sufren los impactos más graves del calentamiento global y no sólo en los países en desarrollo. Aquí  nos van a enseñar a ejercer ese liderazgo que nos falta”, argumenta Alicia Pérez.

 

Ana Payo Payo.

Participar en el proyecto, una vez seleccionada, les exige ya estar todo un año recibiendo formación ‘on line’ en diversos temas relacionados con ese liderazgo, desde ‘coaching’ hasta  cómo tener presencia en los medios, a lo que hay que sumar el atractivo viaje a la Antártida. Eso si, la investigadoras deben costeárselo las investigadoras en un 40% (unos 20.000 euros).

Para esta edición, se presentaron 300 candidatas, entre las que hay también ingenieras, economistas y periodistas especializadas en cambio climático. “Todas somos mujeres que podemos ejercer de líderes de lo local a lo global”, señala Ana Payo Payo, bióloga y experta en el estudio de las aves marinas y el impacto de la contaminación sobre sus poblaciones, otra de las participantes. Su investigación ha ayudado a desarrollar estrategias de gestión para la conservación de especies amenazadas bajo las nuevas políticas ambientales europeas.

Para poder conseguir esa cuantiosa cantidad de dinero algunas participantes, como Alicia Pérez Porro, han lanzado un crowndfunding con el que esperan conseguir los fondos que les faltan todavía, con el lema de la expedición: “La naturaleza necesita a sus hijas”. “Vamos a ver lo que pasa en tiempo real, pero no queremos hacer ciencia, ni recoger muestras, no vamos en un barco científico, sino que queremos constituir esa red mundial y mejorar nuestra capacidad de divulgación”, argumenta. “Queremos dejar de ser de segunda, así que la inversió merece la pena” asegura.

Alexandra Dubini

Alexandra Dubini trabaja en la Universidad de Córdoba como investigadora. Es una gran experta en algas verdes y su función ‘biorremediadora’ a la hora de limpiar aguas sucias. También lo es en el campo de las energías renovables.  “Estoy encantada de participar en la Homeward Bound Antarctic Expedition . Me apunté porque conocía una mujer que participó el año anterior y voy con el objetivo de que pueda salir un plan de acción internacional conjunto respecto al cambio climático que puede ser diferente a los que hay ahora y dirigen los hombres”. También Alexandra ha lanzado su crowdfunding particular.

La zamorana Ana Payo Payo, por su parte, trabaja en el IMEDEA-CSIC en Mallorca. Oceanógrafa y licenciada en Ciencias Ambientales lo suyo son los estudios demográficos de aves marina, pero en su caso también es una buena divulgadora a través de Big Van. “La figura de la mujer científica está olvidada. Si le dices a un niño que dibuje a alguien que haga ciencia, siempre hacen un hombre con barba y gafas. Es fundamental tener contacto con otras mujeres para que eso cambie en el futuro. Volveremos enriquecidas de esta experiencia”, afirma. Como sus compañeras también cuenta con un crowdfunding en marcha, y ya ha recaudado el 70%.

Uxua López

La cuarta es la vasca Uxua López, ingeniera de telecomunicaciones en Acciona Energía , con una experiencia de más de una década en el campo de las energías renovables.

Con ellas, España es uno de los países mejor representados en la expedición. La mayoría de las 76, no obstante, proceden de Estados Unidos y, sobre todo, de Australia, que es el país de lanzamiento.

En octubre se cerró el plazo para presentarse a la expedición del 2019, pero todavía quedan años por delante para participar y en unos meses volverá a estar vigente la convocatoria. Para entonces, estas cuatro científicas ya estarán de vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

El misterioso palacio-santuario de los tartesos en Turuñuelo


PUBLICADO EN REVISTA ESTRATOS

 ROSA M. TRISTÁN

 Un equipo de arqueólogos descubren un yacimiento cerca de Mérida que esconde un edificio de hace 2.500 años con miles de objetos en los que descubrir su cultura

Un paraje como conocido como Turuñuelo, en el municipio de Guareña, cerca de Mérida (Bajadoz) escondía entre los campos de maíz un auténtico tesoro: los de un palacio-santuario que fue ocupado en el siglo V a. de C por los tartesos, pueblo que desciende de los fenicios que llegaron hasta el sur de la Península unos siglos antes y acabó por desaparecer tras la invasiones del norte.

Bañera encontrad en Turuñuelo @EstherRodríguez

El yacimiento de Turuñuelo, aún en sus primeras fases de excavación ha demostrado ya su espectacular riqueza. Cada día aparecen nuevas piezas de un ‘ajuar’ que va a ayudar a revelar muchos de los misterios que aún rodean a esta cultura y seguramente a abrir la puerta a otros nuevos. Jarras, copas, calderos gigantescos, pinchos morunos, platos y hasta una bañera de grandes dimensiones son parte de lo que los arqueólogos de Extremadura han encontrado en las dos únicas salas excavadas hasta la fecha de las muchas que podría tener. En total, de momento, en los laboratorios ya hay más de 2.000 piezas que están en restauración por parte del equipo del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM), que dirige Sebastián Celestino, también responsable del yacimiento junto a su compañera y arqueóloga Esther Rodríguez.

El hecho de que el equipo acabara picando de sol a sol en Turuñuelo en la primavera de 2014 tiene mucho que ver precisamente con la tesis que estaba realizando Rodríguez sobre los tartesos. La investigadora había identificado, basándose en el estudio de documentación histórica previa, una decena de enclaves en los que podría haber restos tartésicos como los ya conocidos de los yacimientos de Cancho Roano y La Mata (ambos en el municipio extremeño de Villanueva de la Serena).

“Uno de esos 10 puntos era el pequeño cerro artificial que había en mitad de una llanura en una finca en el paraje de Turuñuelo, un túmulo que quedó aislado en mitad de una finca cuando en los años 50, durante el Plan Badajoz, se hicieron muchas tierras de regadío en torno al río Guadiana. Pero el túmulo, de unas dos hectáreas de superficie, no podían ararlo debido a la pendiente así que -aunque sufrió un recorte importante, quedándose en una hectárea-, estaba intacto. De hecho, debido a los trabajos agrícolas, ya en los años 80 se habían encontrado materiales arqueológicos que habían despertado el interés. “Como mi tesis era sobre el poblamiento tartésico en el Valle Medio del Guadiana, era un buen lugar para empezar y lo elegimos”, recuerda Esther.

Conviene recordar que “Tartessos” es el nombre que los griegos dieron a la civilización que encontraron al Occidente de Europa, en concreto en lo que hoy son las provincias de Cádiz, Huelva, Málaga y Badajoz. El historiador Herodoto ya habla en sus textos del siglo V a. de C. de un rey llamado Argantonio, ‘El hombre de plata’, de gran riqueza y muy generoso, que habitaba esas lejanas tierras. Esta cultura tartésica había surgido de la fusión entre la que trajeron los fenicios hasta las costas españolas tres siglos antes de la referencia de Herodoto, y los pueblos indígenas que habitaban la península.

La ‘habitación 100’

La buena disposición de los propietarios de la finca de Turuñuelo para dejarles hacer un sondeo, hizo que poco tiempo después de plantearlo, en la primavera de 2014, los arqueólogos se pusieran manos a la obra con algunos fondos de un proyecto del Programa Estatal de I+D. Fue tal la cantidad de restos de cerámica y otros materiales que salieron en esa primera campaña que para el año siguiente presentaron ya un proyecto específico de excavación a la Consejería de Patrimonio y Cultura de la Junta de Extremadura. “En esa segunda campaña pudimos contar con un equipo de casi 30 estudiantes y un arquitecto que nos ayudó a interpretar lo que encontrábamos”, añade Celestino.

Y el resultado fue espectacular. Salió a la luz la que llaman “Habitación 100”, por su posición en la cuadrícula. Es una sala de 70 metros cuadrados, un gran espacio con paredes encaladas en la que encontraron un banco corrido, una gran bañera de cerámica hecha pedazos y también una pileta excavada en el suelo, forrada de cal. En el suelo, justo en el centro de la sala, tenía como decoración el dibujo de una piel de toro, que según los arqueólogos podría ser el lugar donde se situaba un altar. Aún no se sabe, pero el codirector del yacimiento aventura que el edificio bajo el cerro podría tener forma de “U” con 12 o 14 habitaciones en torno al patio central, siguiendo el modelo de otros enclaves similares en Andalucía.

Los trabajos desde entonces continúan y también los hallazgos. “En 2016 encontramos una puerta de dos metros de ancho, con dos pilastras, que comunicaba la ‘Habitación 100’ con una segunda sala, en las que ya estamos excavando y donde hemos hallado hasta ahora unos bronces magníficos, como los que se utilizarían en un gran banquete. En realidad, tenemos lo que podría ser todo el menaje necesario para un banquete de muchas personas”, señala el arqueólogo.

Gran parte de este ‘tesoro’ se encuentra ahora en el laboratorio de restauración de la Universidad Autónoma de Madrid, con el que el IAM colabora. Más de 100 piezas reconstruidas de cerámica, jarros de bronce, braserillos, una barbacoa, coladores, un gran caldero de un metro de diámetro, ‘quemaperfumes’ (candelabros altos con un plato para aromatizar el lugar) se acumulan en las mesas de reconstrucción y análisis. “Probablemente, los tartesos comerían ovejas, cabras, miel, aceite, y beberían vino. Era un pueblo que vivía de la agricultura, pero también comerciaba; en la costa. con la plata de las minas de Rio Tinto y Aznalcóllar y en el interior con el estaño”, recuerda del director del IAM.

Entre tantos tesoros arqueológicos, Celestino y Rodríguez destacan la belleza de unas piezas que fueron de importación: cajas de marfil con leones labrados y copas griegas. “Su presencia en el valle medio del Guadiana nos habla de que este pueblo tenían relaciones con Ática, que entonces estaba en su apogeo”, apuntan.

Para el equipo del IAM no hay duda de que el palacio-santuario de Turuñuelo era un lugar importante de la cultura tartésica. De hecho, no descartan que debajo de este edificio pudiera haber otros anteriores, que se fueron quedando pequeños con el tiempo. “Esta cultura surgió en torno al Guadalquivir. En el entorno de Doñana ya se han excavado edificios que eran también santuarios, pero que además de una función religiosa tenían también otra económica, política y comercial. En estos lugares vivían las personas que controlaban el territorio y eran asentamientos en los que no había murallas porque era sobre todo una cultura de paz, sin armas. De hecho se conoce como la época de la Paz Tartésica”, explica la codirectora del yacimiento. “Algunos subieron hacia el norte y se extendieron hacia la zona en la que trabajamos nosotros”.

Precisamente su desconocimiento de las estrategias de guerra está en el origen de la desaparición de este pueblo rico y sabio, pues a partir del siglo V a de. C. comenzaron a llegar hasta hasta su territorio extremeño invasores celtas que venían del norte, con un buen entrenamiento bélico. Todo indica que los tartesos no pudieron resistir la invasión y acabaron por desaparecer.

Pero antes de huir de lugares como Turuñuelo, y al igual que hicieron de todo el Guadiana, quemaron todas sus propiedades y derrumbaron todas las paredes de lo que habían sido sus centros de poder y sus lugares de culto, para sellarlos a continuación con arcilla con objeto de que el enemigo que llegaba no pudiera mancillar su cultura. Celestino explica que “esta forma de actuar ha permitido que encontráramos el yacimiento en unas condiciones de conservación que son realmente excepcionales. Tenemos fotos de los años 50 y ahí vemos que el túmulo era más grande, pero con solamente esta hectárea fácilmente tenemos para trabajar 10 años, siempre que haya fondos disponibles. Cada campaña de excavación de un mes supone unos 30.000 euros en gastos, así que para tener excavado el túmulo necesitamos unos 400.000 .

De momento, su objetivo inmediato es esta segunda habitación de los bronces en la que ya están excavando y una tercera, a las dedican la campaña de este año, previsiblemente con fondos de la Junta de Extremadura y con el apoyo del alcalde del cercano municipio de Guareña, que se ha comprometido a buscar alojamiento gratuito para las dos decenas de alumnos que participan en los trabajos.

Algunas piezas ya lucen en el Museo de Mérida. La “bañera” ya restaurada, y de una tonelada de peso, de momento sigue en el yacimiento. Esther reconoce que en realidad ese gran recipiente de cal de unos 70 centímetros de alto y 1, 70 m de largo, podría ser para acumular agua. “No hay otra igual en la Península. Hay algunas de dos siglos más tarde, pero con desagüe, y ésta no tiene, así que es en realidad no tenemos la certeza de para qué la utilizaban, aunque le hayamos puesto ese nombre por la forma que tiene. Estamos seguro de que este túmulo aún nos deparará muchas sorpresas”, concluye.

Los tartesos y la misteriosa Atlántida 

La leyenda del continente perdido de la Atlántida se ha intentado relacionar a lo largo de la historia con la cultura de Tartesos de la Península Ibérica. Su abrupta desaparición, en pocos años, algunos han querido relacionarla con esa gran isla perdida que parece que sólo existió en la imaginación del filósofo griego Platón. A raíz de sus indicaciones sobre la existencia de una civilización rica y poderosa “en una isla delante de las columnas de Hércules (el Estrechos de Gibraltar), muchos investigadores han buscado en el suroeste peninsular sus restos sin encontrarlos.

En 2011, el arqueólogo estadounidense Richard Freund, con el apoyo de la National Geographic Society, llegó a las marismas del río Guadalquivir y, en poco tiempo, concluyó que la supuesta Atlántida y Tartessos eran lo mismo, dejando su hipótesis plasmada en el documental “Encontrando la Atlántida”. Freud concluía que aquella gran isla frente a Doñana había desaparecido por un tsunami hace unos 2.500 años, justo con el fin de los tartesos.

Pero toda esta argumentación ha sido tajantemente desmentida por los investigadores españoles, entre ellos el director del Instituto Arqueológico de Mérdida, Sebastián Celestino, que en 2009 buscó restos arqueológicos en el punto del Parque Nacional de Doñana donde Freund había detectado supuestos restos de templos en fotos de satélite. Y no encontró nada. Otros trabajos también han descartado la conexión Atlántida-Tartessos, dejando a la Atlántida de nuevo en el capítulo de las leyendas.

 

 

Desayuno con ministra.. de un Medio Ambiente muy ‘económico’


ROSA M. TRISTÁN

El recinto no podía ser más espectacular: la antigua biblioteca del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, ese conglomerado de temas que tan a menudo se contraponen pero que el Gobierno aunó en un ‘todos a una’ en el que el tema que no ocupa quedó a/para la cola. Rodeados de libros hasta el techo, allí tuvo lugar en el primer encuentro de la ministra Isabel García Tejerina de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental. Para la ocasión – ‘a la tercera va la vencida’ tras dos anulaciones previas – una expectación que, como en estas citas políticas, trajo pocas novedades y muchos circunloquios.

Tras dos horas de encuentro, si algo me quedó claro es que la Economía, con y sin mayúscula, es la excusa perfecta para que esa parte de la responsabilidad del Gobierno con la naturaleza siga siendo vista como un recurso, no como un bien a preservar. Fueron muchos los temas que salieron a la luz, si bien muchos se quedaron en la cartera porque las respuestas se alargaban y alargaban, total para no decir mucho. A trancas y barrancas, logramos saber que un primerísimo borrador de Ley contra el Cambio Climático se presentará “en el primer trimestre de 2018”, o sea que como pronto a finales de próximo año aún no estará aprobado. Una velocidad que contrasta con la que sentimos en nuestro territorio sus impactos. También está pendiente la estrategia para una economía circular, que potenciará el reciclaje (del que por cierto reconoció que no se sabe bien cuánto se recicla),  y el Plan de Calidad del Aire, que se supone que debería mejorar la porquería con la que llenamos los pulmones en ciudades como Madrid.

De los   problemas de agua, causados por la sequía, causada por ese cambio climático, la solución comentada por García Tejerina pasa por  hacer más “infraestructuras hidrológicas” (embalses), aunque dijo que tampoco hay que olvidar  lo de ser más eficientes en el gasto de agua para la agricultura, el no abusar de fertilizantes, el usar nuevas tecnologías agrarias… Ahora, también embalses o trasvases (40 tenemos, recordó).

En el asunto de la biodiversidad, hizo un “pasa palabra” al director general de Calidad, Evaluación Ambiental del Medio Natural, Javier Cancho, que justificó que se saquen a especies invasoras del catálogo de especies invasoras para permitir que  se cacen y pesquen. ¿Y por qué? Pues porque, señala, de la pesca y la caza viven muchos en el medio rural y tampoco les vamos a quitar el negocio. Eso si, hay que recordar que algunos de los invasores llegaron precisamente para favorecer esas actividades. En fin, que seguiremos con los ríos infectados de especies extrañas que en muchos casos acaban con las que debían estar.

Tampoco se atisba solución para las costosas desaladoras que siguen paradas o bajo mínimos, 15 ni más ni menos, porque resulta que el anterior gobierno lo hizo mal, pero la ministra reconoce que para éste subvencionarlas  sale muy caro. Como tampoco parece que esté clara la apuesta por las energías renovables, que recalcó que cuestan 5.000 millones de euros al año al erario público, aunque imagino (mal pensada) que ahí no resta el coste ambiental, ni en la salud, ni en sequías, ni en inundaciones que tiene el ya mencionado cambio climático generado por combustibles fósiles. Igual si lo hace resulta que son una ‘ganga’.  Además, García Tejerina nos recordó que  dependen del sol y el viento, que no son constantes, aunque el primero ya nos gustaría que no lo fuera tanto.

Ahora bien, si entre sorbo y sorbo de café algo me quedó claro es el repetido latiguillo de “eso depende de las comunidades autónomas”, hasta el punto que una piensa que la política ambiental de Estado no es la cola, sino una quimera. Y así, si se pregunta: ¿Proteger las dehesas extremeñas? ¡Pero si nadie lo ha pedido! A ver, dónde se ha visto que se haga algo sin que antes tenga que ser la sociedad quien lo demande. O si se  interpela ¿Y que pasa con el lobo? Pues que se va extendiendo y debe convivir con la ganadería”, lo que viene a significar que seguirán consintiéndose las matanzas. ¿Y respecto a la gestión de los montes y los incendios? Tremendo, la culpa es de la mala gente, las mafias, de quienes encubren a incendiarios, pese a que les puedan quemar las casas y abrasar la vida. Ah, sobre la gestión: “Eso depende de las comunidades”. Eso si,  sacando pecho de nuestros excelentes bomberos, que son la bomba y pueden con todo.

Al final, no hubo ningún ‘off the record’, como tampoco ninguna noticia.

¡¡PERDÓN!! Si, una: que un día no muy lejano se prohibirán las bolsas de plástico. ¿Fecha?

 

 

Antonio Quesada (Comité Polar): España en el reto geoestratégico del Ártico (entrevista)


ROSA M. TRISTÁN

El biólogo Antonio Quesada ha sido nombrado, recientemente, secretario técnico del Comité Polar Español, máximo responsable ejecutivo de un organismo poco conocido pero en cuyas manos está la presencia de España en los territorios polares del Ártico y la Antártida. Llega a este puesto tras encargarse durante los últimos años del Programa Polar, subdirección desde la que se coordinan los proyectos científicos. Ahora, desde su nuevo puesto quiere dar un impulso a la actividad polar española, especialmente en el Ártico, una zona que considera que está en una situación “muy peligrosa” desde el punto de vista de la política geoestratégica mundial.

¿Qué es exactamente el Comité Polar Español?

Es un organismo que depende administrativamente del Ministerio de Economía y Hacienda pero del que forman parte el de Exteriores, Defensa, Medio Ambiente y también la Armada, el Ejército de Tierra, el CSIC, la Unidad de Tecnología Marina (UTM), el IGME, del que depende el Centro Nacional de Datos Polares, el IEO. La presidenta es la secretaria de Estado Carmen Vela, si bien ejerce Marina Villegas, directora de la Agencia Estatal de Investigación. Todos sus miembros se reunían dos veces al año, pero desde ahora lo hará cuatro porque hay mucho trabajo ejecutivo que hacer. El Comité coordina toda la actividad polar española, en tres partes: la ciencia, la logística y la legislación. Es un organismo técnico, aunque tiene influencia política, sobre todo a nivel internacional. Somos miembros como observadores del Arctic Council (https://www.arctic-council.org/index.php/en/), el organismo del que forman parte todos los países árticos para promover su cooperación y coordinación en esta zona polar. Y para mantener ese status no sólo hay que hacer una ciencia de calidad, sino tener presencia. No se trata de tener infraestructuras en el Ártico, como las bases que tenemos en la Antártida, sino de llegar a acuerdos con otros países para que nuestros científicos puedan utilizar las suyas y estar presentes en foros internacionales. Estamos ya preparando acuerdos con Canadá, Noruega y Japón.

¿Y su papel en la Antártida?

España es miembro del Tratado Antártico y tenemos dos bases allí: la Juan Carlos I y la Gabriel de Castilla. El Comité Polar es el responsable de dar los permisos para que funcionen, de los protocolos que deben seguir. En general, de hacer que se cumpla la ley e informar al sistema antártico, especialmente en todo lo que se refiere al impacto ambiental. También coordinamos las inversiones en las infraestructuras. Ahora, por ejemplo, en la base Gabriel de Castilla hay que arreglar un módulo científico que está en muy malas condiciones. El Comité lo comunica al Ejército, que es quien lleva la gestión, a la UTM y a las instituciones deben poner el dinero. Y lo mismo en cuanto a los buques. Necesitamos dos: un nuevo buque oceanográfico como el Hespérides, que en unos años cumplirá su vida útil, y otro para la logística, como el que hubo que jubilar (Las Palmas). El Hespérides es un buque muy caro y debes ser utilizado para hacer ciencia, no funciones de taxi. Estoy contento porque la comisión de trabajo sobre este tema va para adelante.

¿Cree que el Comité requiere un cambio respecto a lo que ha venido siendo?

Ha funcionado, pero ahora quiero que sea más participativo. Antes el secretario técnico, que además no vivía en Madrid, se tenía que encargar de todo y creo que es preciso crear un comité de gestión, otro ejecutivo… Implicar a más miembros, más allá de las reuniones. Veo que hay interés en mejorarlo y en destinar recursos para que los técnicos y profesionales que trabajan para este organismo lo vean remunerado, no puede ser algo altruista, como hasta ahora porque hasta ahora no hemos tenido ningún presupuesto. Así es difícil mantener el nivel que deseo, para el que requiero colaboradores cuyo trabajo se reconozca. También es importante mejorar la difusión de nuestras actividades y crear un Observatorio Antártico Español.

¿Considera que la ciencia polar española se difunde lo suficiente?

Creo que es una de las actividades científicas que más difusión tienen. No obstante, quiero aclarar que el Comité Polar no se encarga de los proyectos científicos. Eso depende del Programa Polar, que tiene su gestor, justo el puesto que antes ocupaba yo. Es ahí donde se envían las propuestas científicas y se evalúa en paneles su calidad, las posibilidades logísticas para realizarlas y su legalidad. Nadie puede ser autorizado a cazar ballenas aunque sea para investigar, por ejemplo. En general, son para la Antártida pero este año ha habido dos solicitudes para el Ártico, así que si se aprueban, el Comité si deberá buscar colaboraciones con otros países que tienen allí instalaciones. Cada año, el Programa, en función del dinero que hay disponible, aprueba más o menos proyectos, pero el Comité no entra en ello, sólo en que el trabajo se desempeñe como debe hacerlo.

Existen unas directrices sobre los objetivos del Comité Polar que hablan de promover la investigación, del seguimiento de las pesquerías, de que la presencia polar sea asunto de Estado. ¿Cuál es su importancia real?

Es un documento que comenzó a trabajarse hace dos años porque no había nada al respecto. Y ha despertado el debate, porque son solo directrices cuando algunos esperaban más. En realidad, no tenemos una estrategia científica polar, algo que me hubiera gustado diseñar con todos los científicos polares españoles, de abajo a arriba. Ahora es un trabajo que depende de mi sucesor en el Programa. Pero estas directrices son importantes y quiero llevarlas a Comisión Parlamentaria para que la estudien, hagan enmiendas y se apruebe. Es el modo de que no dependan de un gobierno y puedan perdurar.

El Comité controla pero ¿quién castiga los delitos en la Antártida?

Nosotros tenemos que salvaguardar que se cumple el Tratado Antártico al que España se adhirió en 1988, pero lo que ocurre es que 30 años después aún no se ha desarrollado en Ley, como debiera. A veces detectamos veleros que atracan sin permiso. Si son de otros países, lo comunicamos al Sistema del Tratado y si no hacen caso o reinciden, pasan a una lista negra. En algunos países, hay penas de cárcel. Pero en España la falta de ley complica la situación.

Mencionaba antes un Observatorio Antártico Español ¿En qué consistirá?

Forma parte de la mejora de la comunicación. Tenemos mucha información que difundir. Llevamos 30 años recogiendo datos en la Antártida, series temporales para las que es difícil conseguir fondos porque generan impacto científico a muy largo plazo, pero que son importantes. Tenemos series de geomagnetismo, geodesia, permafrost y vulcanismo. Me gustaría que todos estos datos estuvieran en un canal, un Observatorio Antártico Español. También es importante la información de vulcanología, pues estamos en una isla antártica, Isla Decepción, donde hay un volcán con actividad. Del Comité Polar depende el ‘semáforo’ que dice cuando se puede ir o no. Ahora es un servicio que realizan los vulcanólogos que van a la Antártida con sus proyectos. Cuando barcos de otros países quieren acceder, llaman y preguntan, pero sería bueno que ese semáforo estuviera disponible como servicio oficial y que se pagara a alguien por mantenerlo. Luego está la divulgación a la sociedad, que debemos mejorarla.

¿Cómo de grande es la comunidad científica polar española?

Cada año van unos 80 científicos a la Antártida y en total seremos unos 200. No es fácil serlo porque para que se apruebe un proyecto hay que tener una buena memoria técnica, presupuesto y hasta siete documentos más, lo que es complejo para los nuevos. Pero es bueno que los haya. En el Ártico somos menos. El Hespérides no puede hacer largas distancias durante seis meses, así que no puede viajar en el verano boreal. Otro problema es que los científicos sólo pueden dirigir un proyecto financiado por el Plan Nacional y si lo tienen en la Antártida no pueden tenerlo en el Ártico, salvo que haya financiación internacional.

Apuntaba antes que hay que estar en el Ártico ¿Cómo ve la situación en esa compleja zona del planeta?

Está cambiando mucho. Ahora los caladeros de pesca están más al norte y en todo el Ártico sólo hay dos pequeños pedazos que son aguas internacionales, y que reclaman Rusia y Noruega. Si se abre con el deshielo el Paso del Nordeste, el transporte entre Asia y Europa llevará menos tiempo y combustible que ahora por el Canal de Suez y el Mediterráneo. Eso nos afecta directamente. Y Rusia ya está haciendo puertos, aunque aún el riesgo para la navegación es alto. Es preocupante. En 2016, Obama convocó una reunión mundial para un Tratado Ártico, para que fuera un lugar para la ciencia y la paz. Este verano, la comisaria de la UE Federica Mogherini reconocía que el problema del Ártico es de seguridad. Es una ‘patata caliente’, con una situación peligrosa. Por ello es importante desde la ‘diplomacia científica’ hacer lo que podamos. A veces la ciencia ayuda a relajar tensiones y abrir puertas y en el Comité Polar Español sabemos que es parte de trabajo.

¿Cómo será la próxima campaña antártica?

Está previsto realizar dos campañas oceanográficas y que vayan 20 proyectos. Esperemos que el Hespérides salga en Noviembre porque tarda un mes en llegar y, así, comenzar hacia el 8 de Diciembre hasta marzo.

YATES CONTRA EL SER VIVO MÁS ANTIGUO DEL PLANETA: POSIDONIA OCEÁNICA


@MANU SAN FÉLIX

ROSA M. TRISTÁN

Hace solamente unos días que fui consciente de que me he bañado sobre el ser vivo más grande y antiguo del planeta: la posidonia mediterránea que se extiende entre Ibiza y Formentera. Es un gigantesco organismo de 8 kilómetros de largo, vivo desde hace 100.000 años. Ese azul verde-turquesa, transparente, que siempre sirve para retratar la belleza del Mediterráneo, es posible gracias a su existencia. Y está en peligro, y con ella la misma belleza que proporciona, que acabaría así devorada por su propio éxito.

Cientos de embarcaciones de recreo, unas por falta de información y otras porque les da igual, están arrasando esa inmensa pradera marina, que no vemos pero que está ahí, en esas sombras oscuras que atisbamos desde la superficie y que son fascinantes escenarios de vida. Sin embargo, en todo el verano pasado apenas ha habido 20 sanciones (10 en Ibiza y 10 en Formentera) a quienes mutilaron parte de ese ser del que, irónicamente, admiraban su obra.


Ante tanto desastre -entre 2008 y 2012 la posidonia ha sufrido una regresión el 44% en áreas como S’Espalmador-, el Consell de Formentera ha lanzado una operación-campaña llamada #SavePosidonia y dentro de ella, un foro científico y social, que tiene por objetivo divulgar el valor de lo que para algunos no es más que ‘un alga fea’, pero que curiosamente es la hacedora de la belleza.

Fue en ese foro donde la consejera de Presidencia del Gobierno balear, Pilar Costa, reconocía que “no es fácil encontrar el equilibrio entre el turismo masivo y la naturaleza”, pero resulta evidente que hay que hacerlo, y así lo dijo, aún cuando se nos siga vendiendo como “buena noticia” la cantidad de turistas que llegan a nuestras costas, da igual a qué precio. Triste foto para el recuerdo la de los grandes yates arramblando con ese fósil vivo mientras se bebe un cóctel en la cubierta.

La investigadora Raquel Valquer-Sunyer, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, UIB-CSIC) fue muy clara al explicar que hay 700 especies ligadas a esa posidonia maltratada, y que son sus organismos los que producen el 70% de esa arena blanca y rosada sobre la que se doran los visitantes; Raquel nos contó que una hectárea de esta sola planta marina produce cinco veces más oxígeno que una de selva amazónica (entre 100.000 y 140.000 litros de oxígeno, según un estudio de Carlos Duarte) y que su presencia protege las costas de la erosión de las olas. Pero en los últimos años, el calentamiento global aumenta su floración (lo que no es bueno para su reproducción asexual), cada día hay más algas que la ocultan el Sol, las aguas residuales en aumento la enferman y los plásticos destruyen su hermosura. Por todo ello fuera poco, su ancianidad es una desventaja: Guillem Roca, de la plataforma Observadores del Mar, recordaba que al ser un solo organismo, que crece un centímetro al año sin ningún tipo de ‘fusión’ genética, tiene muy complicado adaptarse a los cambios que hay a su alrededor.

Mesa redonda del Fórum Save Posidonia @ROSA M. TRISTÁN

#SavePosidonia denuncia que hay días en los que hasta 700 yates y otros barcos arrastran sus anclas por el fondo destrozando la inmensa pradera. El hijo del mítico, por pionero, Jacques Cousteau, Pierre Ives Cousteau, nos recordaba que no haría falta más razón que su mera belleza para cuidarla, pero como ya estamos acostumbrados a ‘monetarizar’ la vida, me quedé también con el testimonio de la bióloga Clara Calatayud, que ha emprendido un proyecto de eco-turismo con tiburones en Baja California. Clara defendía que “la posidonia debe ser más protegida y que debe atraerse a visitantes más concienciados”; seguramente menos, pero mejores que los que fondean sobre ella arrancando de cuajo lo que ha tardado siglos en crecer.

La política también habló. Alejandra Ferrer, consejera de Turismo de Formentera, reconocía que se ha hecho mal uso de la ‘sostenibilidad’ en los últimos años, pero que no basta con pone normativas que prohíban si luego no hay medios para que saber si se cumplen, porque el reto es ese turismo responsable. “La posidonia es el PIB de Formentera, pero si no conseguimos el equilibro, perdemos el negocio; aquí no podemos limitar las visitas, que se concentran todas en la zona de protegida de Iletes, si desde otras instancias se vanaglorian de que llegan 70 vuelos al día aquí al lado”, concluyó.

No hace falta saber bucear, para comprobar de qué estaban hablando. En superficie se ven las pocas boyas donde amarrarse que hay (78), pero basta ponerse unas gafas para nadar sobre los rastros de las anclas, que se mueven con las olas y las corrientes. “Tenemos ahora un proyecto de Regulación de Fondos que abarcará toda la isla; con la implantación de pago por fondear y más vigilancia mejorará la situación”, avanzaba Daisee Aguilera, consejera de Medio Ambiente de la pitiusa. Por su parte, el vicepresidente del Govern balear, Miquel Barceló, cruzó a Formentera para anunciar un “decreto de la posidonia” que, dijo, va ser pionero en la protección de la planta y que iba a estar “la semana que viene”, aunque eso fue hace 15 días.

Ahora mismo ya hay 92.000 euros fruto del apadrinamiento promovido por #SavePosidonia (un euro por cada metro cuadrado apadrinado), fondos que se destinarán a proyectos de investigación y protección de este ser vivo.

Gráfico sobre la regresión de la posidonia oceánica en diferentes zonas de Formentera, de IMEDEA

Ancla sobre la posidonia en aguas entre Ibiza y Formentera.

Pierre Ives Cousteau, hijo de Cousteau @Rosa M. Tristán

Un grupo de los participantes en el Foro Save Posidonia en Formentera. @ROSA M. TRISTÁN

 

 

Semana de la Ciencia: Los plásticos, la vida, los mares… ¿Te apuntas?


Con motivo de la Semana de la Ciencia en Madrid he organizado, en colaboración con el Ateneo de Madrid, un encuentro sobre el impacto de los plásticos en la biodiversidad del Mar Mediterráneo y otros mares y océanos, bajo el título “Cambios biológicos y daños en los ecosistemas generados por los vertidos plásticos en el Mediterráneo”.

¿POR QUÉ TE INTERESA VENIR?

Porque tras un siglo de ‘plastificación’ es hora de hacer balance de cómo destruyendo nuestro entorno con unos materiales que nos rodean por todas las partes, que vestimos, comemos, respiramos… Es importante conocer hasta dónde llegan los cambios para actuar en consecuencia. ¿Sabes lo que ocurre con las redes que caen en el fondo del mar? ¿Qué impacto tiene un globo? ¿Echas plásticos por el desagüe?

Pero hay alternativas y soluciones a la era del plástico-ceno.

¿QUIÉNES ESTAREMOS?

José Templado es biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Lleva más de 30 años especializado en la investigación de la biodivdersidad marina, la conservación y estudio de especies y espacios marinos protegidos, el estudio de especies invasoras. Vamos, que sabe muchísimo.

Elvira Jiménez, bióloga y responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace España desde hace ocho años. Con anterioridad trabajó en reservas naturales en México y Costa Rica. Una luchadora.

Vicente Leal es submarinista y camarógrafo. Primer premio Barandilla de Oro en el Ciclo Internacional de Cine Submarino  de San Sebastián 2015 con su corto “Tiny World” y Barandilla de Plata en 2017 con ‘Khelone’ sobre el impacto de la contaminación de los océanos en la vida subterránea. Desde luego, el que mejor conoce la profundidad de los mares de todos…

Rosa M. Tristán, yo misma, periodista ambiental y de divulgación científica con más de 30 años de profesión en diferentes medios. Últimamente he navegado por el Mediterráneo y he podido ver que ese mar es como una ‘sopa’ de polietileno.

¿CUÁNDO Y DÓNDE?

14 de Noviembre de 2017 (martes) en la Sala Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid (Calle Prado, 21).  19 horas. Entrada libre. Para todos los públicos.

COPIAR INVITACIÓN Y COMPARTID.

¡¡¡OS ESPERAMOS!!!

Una gran aventura: “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (RBA)



ROSA M. TRISTÁN

Hay veces que la vida te pone delante oportunidades que no puedes dejar escapar. Recuerdo que iba en el coche cuando un domingo, a esa hora en la que casi todo el mundo sestea, me llamó Eudald Carbonell, uno de los tres codirectores de Atapuerca. “¿Quieres escribir un libro conmigo sobre el proyecto?”. Han pasado cuatro años desde esa llamada y el libro que ahora tengo en mis manos. Muchos días de buscar documentación, de confirmar datos, de entrevistas,  de visitas a los yacimientos para ‘empaparme’ bien de todo lo que allí se cuece, siempre de la mano de Eudald, a veces de José María Bermúdez de Castro, o de Juan Luis Arsuaga, pero también de otros muchos y muchas que están ahora aquí, en mis manos, en estas 400 páginas envueltas en el cráneo de ‘Miguelón’. A todos ellos les dedico mi parte en este trabajo “Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado” (National Geographic, RBA).

Aquel día tuve que parar el coche. Atapuerca. Desde que conocí esa grieta en la sierra me atrapó entre sus entrañas, no sólo porque era el primer yacimiento paleontológico que visitaba sino porque las gentes que por allí pululaban, piqueta en mano, me acogieron desde el principio como alumna novata pero aplicada. Después, he visitado muchas otras excavaciones, en España, en África, en América Latina… Todas fascinantes, con historias que contar que van mucho más allá que la mera noticia. Historias de humanos de hoy y de un ayer que se remonta al origen de nuestros tiempos como especie. Quien le iba a decir al Homo antecessor que sus parientes acabarían viviendo apiñados en gigantescos y extraños montículos cuadrados que se llaman rascacielos, que se incendiarían los bosques llenos de caza por placer o, lo que es casi peor, para que unos fueran superiores a otros por sus riquezas, que sería cada día más difícil respirar el aire que da la vida, que no se podría beber el agua turbia de los ríos porque alguien la envenenó, que hablarían mis mirarse a los ojos y se reproducirían tras depositar sus ‘semillas’ en extraños objetos transparentes.

Con Eudald, Emiliano Aguirre y su mujer, en su despacho. @ROSATRISTAN

Pero también, quien le iba a decir que alguien mimaría sus huesos como un tesoro, y los estudiaría con mil y una técnicas para descubrirnos lo que comía, lo que le enfermaba, lo que hacía con sus manos, lo que sentía por los demás…

Aparqué y contesté a Eudald que sí, que contara conmigo para contar la historia de esos 40 años de trabajo, de dificultades y éxitos espectaculares. Y decidimos que él, como no podía ser menos, sería el hilo de un relato hecho en primera persona, porque sus experiencias vitales son intransferibles, como lo es su visión del proyecto.

Así, nos pusimos manos a la obra, interrumpida a veces por otros asuntos, pero nunca olvidada. Durante muchos fines de semana nos reunimos en una casa rural cercana a Burgos, familiar, acogedora (El Molino), acompañados por una chimenea y los buenos guisos de Mila y Maxi. Otras, en la sede de la Fundación Atapuerca, en Ibeas de Juarros, más formal, pero donde el equipo de allí nos apoyaba para buscar un dato, una imagen..  Luego, para ordenar ideas, también hice alguna escapada ultramar, hasta Fuerteventura, la isla de la tranquilidad, y sobre todo muchas visitas a la sierra, casi siempre en campaña estival, pero también en el frío invierno, compartiendo una carne asada en una hoguera, de forma no muy distinta a como lo harían los neandertales que la habitaron. Y así hasta ‘empaparme’ bien, del pasado y del presente.

Ahora aquí está el resultado. Y no sería lo mismo sin las ilustraciones de Mauricio Antón, sin las fotos de Javier Trueba, Jordi Mestre y muchos más, sin la cuidada edición de National Geographic (RBA) y, sobre todo, sin los fantásticos prólogos que nos han hecho Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez de Castro, codirectores del proyecto con Eudald Carbonell en esos 40 años.

El libro desde ya está a la venta ‘on line’ y en las librerías. En breve, también en versión digital para quien prefiera leerlo en ebook. Pero, la verdad, es una edición tan hermosa que merece la pena tenerlo entre las manos.

Sólo deseo, como coautora, que disfrutéis tanto leyéndolo como Eudald  y yo lo hemos hecho al escribirlo. Puedo decir que desde que colgué aquella llamada, un domingo invernal, a la hora de la siesta,hasta hoy, con “Atapuerca : 40 años inmersos en el pasado” ya en mis manos, no he dejado de aprender ni un sólo día.

UN ÁLBUM PARA EL RECUERDO

Y FIN….

Crowdfunding ‘Proyecto Djehuty’: el tesorero se queda sin dinero


ROSA M. TRISTÁN

LINK A CROWDFUNDING: EXCAVACIÓN EN EGIPTO

Djehuty, un proyecto puntero de la investigación arqueológica española en el extrajero, capitaneado por el egiptólogo José Manuel Galán, el munir, ha lanzado un “crowdfunding” (una iniciativa de captación de fondos colectiva) para poder sacar adelante las excavaciones que cada año realiza en Luxor (Egipto) desde 2001. El equipo ha recurrido a este sistema ante la falta de suficientes recursos económicos públicos (no hay más que ver los presupuestos del Gobierno para la ciencia) y también de empresas ‘mecenas’. En concreto, el proyecto Djehuty necesita 20.000 euros para continuar rescatando el pasado de la colina de Dra Abu el-Naga, que se eleva justo en frente del templo de Amón-Ra en Karnak, el santuario más importante de la civilización faraónica  en Tebas. Djehuty, el tesorero de Hatshepsut, se ha quedado sin dinero (por cierto, un título que me han ‘cedido’ para este artículo).

Con José Manuel Galán, a la entrada de la excavación.

El proyecto, que se dirige desde el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y es tutelado por el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, es sin duda uno de los más emblemáticos en España. Sus impresionantes resultados en forma de piezas únicas figuran ya en varias vitrinas del Museo de Luxor, donde las misiones arqueológicas de medio mundo se pelean por estar. A lo largo de los años, bajo esa colina junto al Nilo, el equipo (en la foto superior) ha sacado a la luz hallazgos tan relevantes como el primer jardín funerario conocido, tumbas de príncipes y ministros de hace 3.500 años, cientos de momias de animales y también unas cuantas de humanos, ataúdes con flechas y arcos… Y, por supuesto, la espectacular tumba de Djehuty, el tesorero de la reina Hatshepsut, que era su primer objetivo cuando hace ya 17 años se encontraron en mitad de un espectacular cementerio lleno de tesoros. También la de Hery, otro noble de la época.

Hace ya algún tiempo que tuve la suerte de visitar ese lugar. Una foto con Galán de aquel viaje encabeza este blog desde que fue creado. Desde entonces, cuando veo las fotos de cada campaña, compruebo lo mucho que ha cambiado su aspecto, fruto de un esfuerzo que ha seguido adelante pese a las dificultades para la ciencia española en el último decenio. Aquel 2012, las excavaciones las patrocinaba Unión Fenosa Gas (UFG), que lo hizo hasta 2016. La empresa dejó de interesarse por el negocio del gas en Egipto. Este año, tras la salida de UFG, Galán consiguió ayuda de Técnicas Reunidas (empresa especializada en infraestructuras para petróleo y gas y también con presencia en Egipto) y de Indra. Con ellas, financió las excavaciones, justo en las que se descubrió el jardín milenario, pero el acuerdo era por una temporada  y proyectos como Djehuty no tienen fecha a corto plazo. Cuanto más excavan, más encuentran.

Lo cierto es que el patrocinio empresarial que lograron daba para pagar la campaña de excavación, en la que tienen que contratar cada año a un centenar de trabajadores de la zona, pero no bastaba para mantener a un equipo de investigadores activo, algo necesario, como recogí en 2014 en un artículo titulado “Apadrina un egiptólogo”.  Ya entonces mucha gente valiosa había tenido que dejar el proyecto, y en algunos casos la ciencia, por falta de recursos para pagarles.

Para 2018, tras mucho buscar y poco encontrar (Indra acaba de comprometerse por otra temporada, pero no basta), Galán finalmente se ha decidido por pedir a la sociedad el apoyo que no consigue de las instituciones, porque no se rinde y porque está dispuesto a regresar en enero y febrero de este año a Dra Abu El Naga para acabar el trabajo, para seguir encontrando piezas maravillosas y para que un día las tumbas de esa colina, que restauran con esmero un buen puñado de investigadores, sea visitada por millones de turistas. “Tenemos algo de ayuda del Plan Nacional y del Ministerio de Cultura, pero nos encontramos problemas porque hay muchos gastos que no podemos justificar y existen, como el pago a los egipcios, y también porque esos fondos exigen co-financiación de los contratos con la institución, y el CSIC no tiene dinero. Algunos investigadores se han quedado sin contrato por esa razón”.

Su idea es conseguir fondos por ‘suscripción popular’ que luego la Asociación Djehuty done al CSIC, una fórmula que permite sacar adelante el proyecto a falta de que el CSIC logre atraer empresas para el mismo. “Lo bueno es que socializas Djehuty, que abres la puerta a que la gente se sienta partícipe. No somos los primeros en hacer un crownfunding científico, aunque no conozco otro en Arqueología en el CSIC”.

Si se piensa, parece increíble lo poco que necesita: ¡20.000 euros! Como comprarse un coche nuevo, y no de alta gama. Comparado con lo que cuesta patrocinar cualquier evento deportivo  o una gala de famoseo o un programa de televisión  basura, sinceramente parece una nimiedad, pero es la diferencia entre que España siga con un proyecto arqueológico puntero en Egipto o acabe en otras manos.

Lo gastarán, dicen, en cosas tan imprescindibles como:

  • Sueldo de los más de 100 trabajadores egipcios implicados en la campaña.
  • Alojamiento y manutención del equipo técnico. Como todos los años, en el pequeño hotel rural Marsam, justo detrás de los colosos de Memnón, a 3 Km del yacimiento  (corroboro que nada lujoso, pero acogerdor).
  • Material arqueológico y de restauración comprado en el mercado de Luxor, que así es más barato.

Y su plan de trabajo es intenso para los dos meses (enero y febrero de 2018) que tienen previsto ir:

  • Excavación y estudio exhaustivo del jardín funerario encontrado este año y sus alrededores.
  • Excavación de la gran tumba del año 2000 a. C. asociada al jardín
  • Excavación de las cámaras donde se depositaron centenares de momias de animales en el siglo II a. C., además de radiografiar una selección de ellas y estudiarlas en detalle.
  • Radiografiar y estudiar las momias humanas halladas en campañas anteriores.
  • Trabajos de conservación de los objetos hallados.
  • Restauración de las tumbas de Djehuty y Hery y su acondicionamiento para ser abiertas al público.

Si sacan más, hay toda una lista de asuntos en los que gastarlo, sobre todo en contratos. A cambio de las aportaciones, ofrecen diferentes materiales del proyecto: libros, documentales, cuadernos, calendarios.. Pero es lo de menos. Lo de más es que, ante la falta de interés en proyectos que sitúan a la ciencia española en el mundo, la sociedad, al menos una parte, tenga que colaborar para que el trabajo de tantos años no quede en la estacada por unos presupuestos para la ciencia tan pobres que ni siquiera le llegan enteros.

“En 2018, además queremos doblar en el equipo para estudiar y reconstruir el medio ambiente de la antigua Tebas, con el estudio del jardín. No se ha hecho antes nada así. Hemos pedido a Europa un proyecto que se llama EDEN para ello, pero tardará en decidirse y el jardín puede deteriorarse. Hay que estudiarlo ya. Y tenemos semillas, polén, momias de aves, de serpientes, musarañas. Tengo una reponsabilidad con el equipo y hay que hacerlo bien”, me asegura Galán.

Resulta una irónica coincidencia que el mismo día que se inaugura una gran exposición en el Museo Arqueológico Nacional, titulada “El Poder del  Pasado”, sobre los 150 años de historia de la Arqueología en ese país, un proyecto de este calibre no logre el apoyo de los grandes para seguir adelante. Esperemos que si lo tenga de quienes lean esto. Su nombre figurará para siempre entre los mecenas de la Egiptología, al más puro estilo de Lord Carnavon, que pagó a Howard Carter las excavaciones en las que se encontró la tumba intacta de  Tutankamón. Quién sabe lo que nos puede deparar esa reseca y agujereada colina de Luxor…

LINK A CROWDFUNDING: EXCAVACIÓN EN EGIPTO

 

La ciencia, hermana pobre: no llega ni ‘su’ dinero


ROSA M. TRISTÁN

En la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España), que representa a unos 80.000 investigadores de todo el país, no acaban de ver por ningún lado la cacareada recuperación económica en España (aunque estos días anda en caída libre), al menos en lo que se refiere a la ciencia. Es más, la ven en unos números rojos cada vez más altos, creciendo al mismo ritmo que las grúas-torre en las costas. Esos números rojos son los 20.000 millones de euros que tiene de déficit el sistema científico español. Pero es que, además, constatan un desinterés profundo de los políticos respecto a la realidad que se vive en los laboratorios. “Antes nos veíamos con algunos políticos cuando se planteaba la negociación de los presupuestos, aunque no nos hacían mucho caso. Ahora ni eso”, reconocen.

LINK a “Informe COSCE PGE 2017”

(sigue)

La lista de agravios contra la investigación y el desarrollo de los gobernantes tiene tantos puntos negros que la presentación de su último informe sobre los Presupuestos Generales del Estado 2017 es como un pozo sin fondo. Entre todos los datos, llama la atención que un seis de cada 10 euros públicos (el 61,7%) destinados a la ciencia no se hayan gastado en 2016. Pareciera que los científicos no necesitan dinero. Sin embargo, resulta que un año más (porque esto viene de lejos) la mayoría de los fondos presupuestados eran créditos (en concreto, el 60%) y el minoritario resto son las subvenciones (2.612,11 M€), que son las que realmente utilizan los investigadores. Ahora bien, también sorprende mucho que un 18% de esas subvenciones se quedara en las arcas del Estado (230 millones), cuando tan bien habrían venido a los investigadores. ¿Cómo es posible? Pues porque el año presupuestario 2016  lo cerró el ministro Montoro en  julio, dejando a muchos científicos en la estacada.

El informe también entra en el asunto de si las cifras confirman que la “ciencia es una prioridad” . Si partimos de que el dinero total disponible es de 6.513,7 millones y de que sólo ha habido para este año 84,18 más que el anterior (un 1,3%) es fácil de entender su desesperación. Ese aumento es menos que la inflación prevista (1,9%), por lo que en realidad no es un aumento sino una disminución. “Es otro año perdido”, señalaba José de Nó, tras mostrar una sucesión de gráficos en las que se veían en caída los recursos públicos.

Pero no sólo los proyectos tienen menos, sino que los organismos públicos de investigación (OPIS) también han sufrido recortes. El que más el INIA, de un 32%, pero también el Instituto Español de Oceanografía (un 7%), el IGME (un 4,1%), el Ciemat (un 2,7%)… y otros muchos aparentemente se han quedado como estaban en 2016, lo que quiere decir que también pierden. Crecer en fondo, no crecen en ninguno. Sin ir más lejos, el CSIC, que representa casi la mitad de todos, vió desaparecer este año casi 6 millones de euros (un 0,95%) de su ya escuálida cuenta presupuestaria.

Más allá  de las funestas cifras, COSCE no oculta el desencanto con la ansiada Agencia Estatal de Investigación, que iba a librar a la ciencia de una burocracia con la que casa tan mal la ciencia y la innovación. De momento, parece que no es ese su objetivo. Las sociedades científicas denuncian que el organismo, cuya función es gestionar los fondos y paliar los trámites administrativos al sistema, se ha quedado en  “una sección más de la Administración, con las mismas limitaciones que otros órganos administrativos”. Total, la ciencia sigue como estaba. “El problema es que ni siquiera se detalla cuánto del presupuesto va a gestión de esa agencia y cuánto es para proyectos. Y seguimos sometiendo a la investigación a plazos que van de año en año, sin contar con que hay proyectos financiados a varios años. Si la agencia no sirve y sigue el descontrol, entonces mal vamos”, reconocía otro de los autores del informe en su presentación, José Molero.

La preocupación se extiende al ámbito de la formación de investigadores. “Realmente, no hay forma de saber el presupuesto que se destina a este asunto. En cuanto a la formación de profesorado universitario (FPU) si vemos una caída del 2,2% , que aún es más grave si echamos la vista atrás y vemos de donde venimos”, señalaban los representantes de COSCE tras poner otro gráfico. En él se veía como la formación  de investigadores dispone hoy de  23,46 M€ menos que en 2011. “Tendríamos que recordar que es ahí donde está el futuro del país si queremos ser competitivos. Y también poner mecanismos para atraer a científicos que están fuera y “para contratar a investigadores punteros, pero no es así”, reconocía Molero. “Para solucionar este panorama sería necesario que los presupuestos crecieran al año un 5%, que no es tanto si pensamos que la media del PIB destinado en la OCDE es del 3%”, concluía.

Entre las soluciones, desde COSCE siguen apostando por un pacto por la ciencia, como aquel que se quiso firmar en 2013 y al que no se apuntó el PP, para que se saque a la ciencia del enfrentamiento político. Pero para ello hay que tener políticos que sepan algo de ciencia y de la gestión que lleva detrás, y eso de momento si que es ‘ciencia-ficción’ a tenor de los resultados. Por ello, otra propuesta es que en el Parlamento y en el Gobierno haya asesores científicos, al estilo del que tuvo Barak Obama (seguramente despedido por Trump) y del que tienen otros muchos dirigentes europeos. “España no asiste a foros internacionales porque no tiene esa figura que sería muy necesaria. Nosotros no queremos que los partidos pongan ideología y utilicen la ciencia para enfrentarse, como ocurre a veces, sino de que dispongan soluciones para que ésta avance en nuestro país”, apuntan.

De momento, todo indica que no les tienen en cuenta ni para aquello que les afecta.