3.000 años transformando cada rincón de la Tierra


 

ROSA M. TRISTÁN

¿Cuándo el ser humano comenzó a transformar el planeta que habita de forma global? La respuesta, según arqueólogos de todo el mundo, se remonta a hace unos 3.000 años, inicio de la expansión de una forma de vida, basada en la agricultura y la ganadería, base desde entonces de la alimentación de la especie, que sigue detrás de los grandes destrozos de la naturaleza, como son los incendios, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el cambio de curso de los ríos o la contaminación de las aguas de los mares.

Han pasado, dicen los investigadores, tres milenios para que todos los continentes y territorios, salvo la Antártida, hayan sido entendidos como un recurso a explotar, dejando al margen tan sólo algunos reductos, los espacios protegidos, de la voracidad de la especie. Así lo certifica el mayor estudio arqueológico jamás realizado a nivel mundial, un intento de globalizar la información conseguida en excavaciones en todos los continentes que llega a la conclusión de que nuestro impacto general en la vida planetaria es anterior a lo que se pensaba. A más tiempo pasado, menos tiempo para reaccionar y dar la vuelta a la situación.

No deja de ser curioso cómo se ha pergeñado el estudio. Los líderes del proyecto ArcheoGlobe (Universidad de Maryland), Lucas Stephens y Erle Ellis, dividieron la Tierra en 146 regiones y contactaron con 1.000 arqueólogos de los cinco continentes ara implicarles en el trabajo. Entre ellos, los españoles Ferrán Borrell y José Antonio López-Saéz (CSIC). Al final, les llegaron respuestas de 255 y un total de 711 cuestionarios.

Todos los interesados debían rellenar unos extensos formularios de las zonas que investigan proporcionando datos que luego se cruzaron para elaborar diferentes ‘mapas-mundi’. En ellos se refleja la evolución del uso del planeta en los últimos 10.000 años, ateniéndose a los ‘restos arqueológicos’ que fuimos dejando. “Es interesante porque hasta ahora los estudios de ciencias ambientales no han incorporado la información arqueológica. Este estudio demuestra que hay que tenerla en cuenta”, señala Borrell, de la Institución Milá y Fontanals (IMF-CSIC) y experto en Próximo Oriente. Esta zona es precisamente desde la que se expandió la agricultura. Borrell, hasta que estalló la guerra en Siria, dirigía excavaciones en Qarassa, la zona neolítica en este país hoy prácticamente destruido.

Borrell explica que las categorías de los formularios que le enviaron eran muy genéricas y que puede haber algunas distorsiones porque hay grandes zonas de Rusia, África Central y Occidental o del Sudeste Asiático que no cuentan con suficientes datos por falta de excavaciones, pero defiende que pese a ello es un primer retrato en movimiento que nos dice cómo hicimos una transformación que se inició desde el primer gran impacto agrícola en Oriente Próximo hasta extenderse también en remotos lugares de Asia, Sudamérica o Australia.

Fue un proceso en el que agricultura y ganadería fueron de la mano. Y no sólo mediante la selección de semillas o animales que fueron transformando las especies de cereales o de la fauna en función de sus características más apreciadas, sino además por el transporte de un lugar a otro cuando ya existían grandes concentraciones humanas.

“No cabe duda de que como especie tuvimos y tenemos un gran impacto que pone en juego nuestra supervivencia misma. Y vemos que es algo que viene de lejos, si bien ahora se acelera la velocidad de la destrucción. Es algo que nos aboca a un estallido final si no cambiamos, pero es un cambio que debe hacerse a nivel planetario, no puede ser la decisión de un Estado”, apunta el científico del IMF.

Y es que en esos inicios, en el 82% de la Tierra los humanos vivíamos de la caza y la recolección, pero para la época del Imperio del Antiguo Egipto (III dinastía) esas cifras habían caído un 63%. De hecho, desde mil años antes cuatro de cada 10 regiones de la Tierra ya tenían implantadas algo de agricultura extensiva. El pastoreo se había ido extendiendo a su vez por zonas cercanas a ecosistemas más áridos, que eran más propicios para esta actividad que para cultivos ante la falta de lluvias.

No es que la caza y la recolección fueran inocuas. Antes de la agricultura ya quemábamos bosques para cazar más fácilmente , cambiando ya los ciclos del agua, pero entonces se conocía profundamente el ecosistema, se sabían los ciclos de vida de todas las plantas y animales; también hubo un periodo en el que el forrajeo y la agricultura convivieron fusionados. A medida que la población creció, se redujeron las posibilidades de ser flexibles en nuestras estrategias de subsistencia, se comenzó a olvidar recurrir a la caza y la recolección en momentos necesario. Y se inició el “proceso que parece en gran medida irracional e irreversible a largo plazo”, en palabras de los autores del trabajo.

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Vera, la pequeña neandertal de Burgos


Diente de Vera, la niña neandertal de Ojos de Guareña de Burgos.

ROSA M. TRISTÁN

Cuando Trino Torres, allá por 1976, se puso a buscar dientes de oso cavernario en las cuevas de Ojos de Guareña, en las Merindades de Burgos, no encontró lo que quería. Los restos recogidos en la conocida como Cueva Prado Vargas quedaron a buen recaudo en el Museo de Burgos, sin que durante décadas nadie intuyera que eran la cerradura que escondía la entrada a la casa de la pequeña neandertal Vera, una criatura de unos ocho años (lo del sexo es imaginación, por cierto) que habitó en esta caverna.

Esa cerradura la encontró un día, allá por el año 2000, la arqueóloga burgalesa Marta Navazo y, sorprendida por la riqueza de los restos guardados, se empeñó en lograr fondos para excavar en el lugar. En 2005, logró por fin algunos recursos para una pequeña excavación de dos metros cuadrados, pero tuvo que esperar hasta 2016 para que la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León le permitiera iniciar un proyecto con un equipo que lleva ya tres años sacando miles de registros de la presencia de aquellos humanos euroasiáticos que dejaron su rastro en nuestro ADN.

Cueva Prado Vargas en plena excavación.

“Comencé el proyecto con ocho alumnos y ya tenemos tres tesis en marcha sobre Prado Vargas. Es asombrosa la calidad y cantidad de los restos que encontramos en el nivel cuatro, de hace 46.000 años. El diente infantil, de un menor neandertal que llamamos Vera porque así se llama la nieta del dueño del prado, Beni, es el más importante, pero sólo este año hemos sacado otros 2.000 registros, unos 6.000 en total en cuatro años. Aquí me jubilo”, asegura una entusiasta Navazo, que también coordina en Atapuerca el yacimiento neandertal de La Paredeja.

Si el primer año en Prado Vargas lo dedicaron a eliminar restos superficiales -el padre de Beni usaba la cueva para guardar ganado – al siguiente ya abrieron la entrada original y comprobaron que había hasta nueve metros de sedimentos repletos de vida de hace decenas de miles de años. “En el primer nivel excavamos 40 m2, pero en total queremos abrir más de 100 m2. Ya sabemos que este era un lugar de referencia para los neandertales  de hace 46.000 años -en el momento en el que los ‘sapiens’ llegaban a Europa- porque aquí tenían refugio, fuentes de agua, materia prima para sus herramientas, animales que cazar… y estaban entre la costa y la meseta”, comenta la arqueóloga.

Raedera de sílex de Prado Vargas.

Por si no bastara con el diente humano, que certifica sin duda la presencia humana y familiar, también han localizado un hogar en el centro de la cueva de unos 25 centímetros de diámetro donde aquellos neandertales castellanos hacían fuego, como, por otro lado, ya se sabía por los huesos y las herramientas (raederas, puntas, denticulados y retocadores de huesos musterieneses) que habían encontrado quemados. Pocas dudas quedan de que controlaban el fuego…

Siguiendo el ejemplo ‘socializador’ de los yacimientos de Atapuerca,  también aquí Navazo, junto con Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana, han abierto desde el principio la vía de la divulgación e implicación social en los trabajos, con cursos de formación y actividades de voluntariado en las que participan los habitantes de la zona. Este verano, muchos fueron los que participaron en el lavado de los sedimentos de Prado Vargas en el río Trema. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos, que han recuperado con su trabajo restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

En concreto, de momento, entre los huesos y dientes recuperados en esta excavación ya se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros. Son huesos muy fragmentados, sobre todo de de radios, húmeros, metatarsos y tibias. Es decir, que los neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaban para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos, que les permitían obtener y consumir su médula. Eran las partes más apreciadas de las presas. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

En definitiva, un proyecto en Ojo de Guareña que dará mucho que hablar…

 

 

 

 

Aumenta la familia de los Australopithecus con un “abuelo” con 3,8 millones de años


Cráneo MRD, el más completo de un ‘Australopithecus anamensis’ @Nature

ROSA M. TRISTÁN

Hace casi un cuarto de siglo (1995) que la paleoantropóloga Meave Leakey describió con unos pocos fósiles una especie de primate bípeda de la que quedan muchos misterios por descubrir: los Australopithecus anamensis, extraños ‘monos sureños del lago’. Desde entonces, algunos científicos han defendido que este primitivo ancestro, que vivió hace entre 4,2 y 3,8 millones de años en el este de África, había sido un ‘abuelo’ directo de la famosa ‘Lucy‘, la Australophitecus afarensis, que a su vez ha sido considerada la ‘abuela’ lejana de nuestro género humano.

Yohannes Haile-Selassie con el fósil en sus manos. @NATURE

Ahora, la revista Nature publica en dos artículos el hallazgo del cráneo más completo de un ‘A. anamensis‘, datado hace 3,8 millones de años y descubierto en Woranso-Mille, la reseca región de Afar (Etiopia) por un equipo de científicos entre los que figura un español.

El primer pedazo del cráneo fue encontrado en 2016 por un pastor afar. En un área de unos 30 m2 aparecieron más fragmentos, medio ocultos bajo una capa de excrementos de cabra acumulados durante muchos años. Estaban algo alejados del campamento que el proyecto norteamericano WORMILL tiene en la zona desde que se inició, allá por 2005.

Bautizado con el poco glamuroso nombre de MRD, el cráneo es espectacular. Los autores, dirigidos por Yohannes Haile-Selassie,  afirman que es de un macho adulto y que proporciona nuevas ideas sobre los primeros Australopithecus y sus orígenes. Entre otras cuestiones,  confirma que las especies de MRD y de ‘Lucy’ convivieron durante 100.000 años, por lo que la afarensis no puede ser descendiente lineal del primero, aunque quizás si tengan el mismo origen. “El árbol evolutivo cada vez se complica más y más porque vemos, con pocas piezas del puzzle, que hubo muchas especies de homininos que convivieron. Cráneos como éste son inusuales pero indican que el registro es dicontinuo y que siempre debemos estar dispuestos a cambiar paradigma”, cuenta desde la Universidad de Berkely (California),  y vía Skype, el geólogo Luis Gibert (Universidad de Barcelona), que es coautor de uno de los artículos.

Por tanto, MRD bien podría haberse paseado con otros Australopithecus por los alrededores del lago que existía donde fue encontrado, lago que tuvo entre 5 y 8 metros de profundidad, explica Gibert, y que estaba rodeado de bosque, si bien no lejos había praderas de arbustos por las que caminarían aquellos primates.

 

Gibert reconoce que le sorprendió mucho el método de trabajo de Haile-Selassie, Museo de Historia Natural de Cleveland) . “En los 15 años que lleva el proyecto Woranso-Mille ya han localizado 230 restos de diferentes homininos”, explica Gibert y lo hacen con la técnica de ‘recolección’ en superficie. “El pastor afar encontró el maxilar y se lo llevó a Yohannes; luego fueron a ‘peinar’ el territorio en superficie, sin ninguna excavación. Allí, la erosión cada año deja al aire los materiales y luego se recogen. Yo mismo encontré un esqueleto de elefante fosilizado y no les interesó recogerlo porque hay tanto que sólo quieren los restos humanos. Tampoco hay espacio en el museo de Addis Abeba para todo”, argumenta Gibert. Eso sí, aunque no los guardan, si que saben que en el entorno que recorría MRD habitaban al menos 24 especies de vertebrados. “En el fondo, es más productivo que centrarse en sólo 200 m2”, apunta el geólogo.

Gibert, que lleva desde 2010 involucrado en el proyecto, participó en este trabajo en el estudio del contexto ambiental del cráneo. Al año siguiente del hallazgo, en 2017, hizo un primer intento de recogida de muestras en Woranso-Mille, pero la intensa lluvia les impidió acceder al área del yacimiento, así que tuvo que regresar el año pasado para recoger muestras de polen, de biomarcadores, de sedimentos….

De su análisis, se descubrió que MRD se encontró en lo que fue un delta que desembocaba en un lago salino. También que el bosque circundante le podía proporcionar hojas, frutos y huevos para alimentarse, aunque será el futuro estudio de los dientes lo que confirmará su dieta. Además, se sabe que aquel no era un lugar fácil para la vida. En el área se juntan tres placas tectónicas, por tanto, con muchos movimientos que hacen que los lagos aparezcan y desaparezcan en diferentes lugares, que coladas de lava rellenaran valles y metros de cenizas cubrieran el paisaje, obligando a migraciones de la fauna, incluidos los Australopithecus como MRD.

El geólogo Luis Gibert, coautor del trabajo.

Gibert asegura que continuará en el Woranso-Mille, pero también  tiene ya un pie científico en Kenia, a orillas del lago Baringo, donde hay restos de hace entre 2,2 y 3,5 millones de años y ya está trabajando también con un equipo de la Universidad e Michigan. “Comencé en Orce, con mi padre, e hice mi tesis sobre sedimentos lacustres. En ello sigo”, apunta el científico desde el otro lado del océano.

“Parece que este cráneo se convertirá en otro icono célebre de la evolución humana”, reconoce Fred Spoor, del Museo de Historia Natural de Londres, en un artículo adjunto de News & Views de la misma revista. Concluye que el descubrimiento “afectará sustancialmente nuestro pensamiento […] sobre el árbol genealógico evolutivo de los primeros homínidos”. De momento, ya es otra pieza para el rompecabezas de nuestro pasado más remoto de las que pasarán a formar parte del álbum familiar. 

 

 

 

Zona del hallazgo en Etiopía. @Luis Gibert

¿Adiós a la Amazonía en sólo 245 años?


@Victor Moriyama (Greenpeace Brasil): PORTO VELHO, RONDONIA,

ROSA M. TRISTÁN

Hace más de 15 años, cuando aún se financiaban en TVE grandes documentales, hubo una serie que me dejó huella: “Amazonía, la última llamada“, de Luis Miguel Domínguez. Ahora, tras casi un mes de incendios en la selva que oxigena este planeta, y cientos de miles de hectáreas quemadas, está claro que la llamada quedó sin respuesta. La situación es hoy mucho más dramática, hasta el punto de que podría desaparecer en sólo 245 años de seguir los actuales niveles de degradación, dejando a la Tierra sin el 20% de oxígeno que nos proporciona esta selva. De hecho, ya ha dejado de ser el sumidero de CO2 que era en el pasado, debido a la muerte prematura de millones de árboles y la quema actual no hace sino empeorar la situación. O los derrames de petróleo. ..

La dramática fecha del año 2.264 que se avecina en la Amazonía sudamericana no dirá nada a los políticos de hoy, empeñados en estrellar la nave Tierra que pilotan, ni a los millones de ciudadanos que les votan, incapaces de pensar en la herencia carbonizada que dejarán, pero está en el horizonte según las previsiones de una investigación liderada por el geógrafo Mark Mulligan, del King’s College de Londres, basándose en el histórico ratio de degradación de las áreas protegidas de esta zona del planeta. Según sus resultados, si la deforestación no se detiene, el bosque amazónico desaparecerá en unos dos siglos y, además, justo antes de su fin, ya dejará de proporcionar servicios ambientales que ayuden a mantener la vida en el planeta, como el almacenamiento de carbono almacenamiento para la regulación climática (algo que ya disminuye), el suministro de agua o el control de erosión, entre otros relacionados con la biodiversidad, de la que no se habla lo suficiente, pero está también en crisis. “Tener más áreas protegidas de forma eficaz es vital. Con  áreas de protección ineficaces, el bosque amazónico, con 55 millones de años, tiene este futuro muy corto”, ha señalado Mulligan a través de Twitter al hilo de los incendios, activos en este momento.

Y es que son más de 72.800 focos los detectados entre enero y agosto  de 2019 en la Amazonia, según los datos recogidos vía satélites por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, el mismo del que ha sido despedido su director, Ricardo Galvao, por tener el atrevimiento de denunciar el brutal deterioro de la selva desde que Jair Bolsonaro llegó al Gobierno, hace apenas unos meses. Ciertamente, la deforestación para uso agrícola siempre ha existido en este país y aledaños (Bolivia, Colombia, Ecuador..) pero datos de satélites indican que el pasado mes de julio se duplicaron las tasas de fuegos registradas, hasta suponer unos 60 km cuadrados de destrucción al día. Un kilómetro mientras lee este artículo..

En la revista científica ‘Nature Sustainability‘ se publicaba a finales de julio una investigación de la Universidad de Oklahoma que ya alertaba de pérdidas insostenibles antes de la ‘era Bolsonaro. El estudio, con datos satelitales entre los años 2000 a 2017 del área amazónica brasileña, señalaba que si bien había un 15% más de masa forestal que lo que decían fuentes oficiales del PRODES (Brasil), se reflejaban uno tasas de deforestación duplicaban lo que este mismo PRODES decía años antes, sobre todo desde 2013. El Niño y la sequía de un año en 2015/2016 incrementaron, según este estudio, las  pérdidas forestales,  que eran de un 11%  ‘áreas protegidas’. ¿Medidas del nuevo Gobierno? Desmantelar el sistema de protección y control sobre la deforestación, mientras anima a los grandes  intereses agroindustriales y mineros a expandirse hacia la selva amazónica. El indigenista Sydney Possuelo denunciaba en una entrevista en este blog lo que se avecinaba para los pueblos indígenas.

Bien es verdad que no sólo la Amazonía arde. Pero lo triste es que en este planeta donde sabemos quien marcó un gol al segundo a la otra punta del globo, nos enteramos del desastre dos semanas tarde. Y lo triste es que sólo por ello descubrimos que también África arde, que los bosques de Angola, República Democrática del Congo,  Zambia o  Mozambique desaparecen. Son lugares que habitan una extraordinaria fauna salvaje y, si bien es cierto que los incendios de sabana son habituales para regenerar pastos en este continente, la NASA detecta que también se está quemando la cada vez más escasa y rala selva africana por el mismo afán agrícola que mueve los hilos al otro lado del Océano Atlántico.

Por desgracia, nada indica que la tendencia vaya a cambiar porque desde que el ser humano se hizo campesino dejó de ver la naturaleza como un bien para verla como un recurso a explotar dentro de unas fronteras determinadas que nada tienen que ver con la vida planetaria ni con nuestra propia evolución biológico, como nos recuerda en ‘Sapiens‘ el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Ahora bien, no basta quejarse. A comienzos de agosto el Panel Intergubernamental de expertos en Cambio Climático (IPCC) alertaba de cómo el consumo de carne está generando esta deforestación global catastrófica. La soja que consumen en pienso las vacas españolas (y muchas otras) sale en gran medida de este mismo Brasil que se carboniza: en 2018, este país batió su récord con más de 82 millones de toneladas exportadas de este cultivo , un 22% más que el año anterior. El 80% fue para una China cada vez más carnívora. Pero no hace falta irse tan lejos: España recibe el 40% de su soja de Brasil, según el reciente informe de Greenpeace “Enganchados a la carne“. De hecho, somos el segundo país de la UE que más carne consume, alimentada con piensos que destruyen los bosques.

No deja de ser llamativo que el Gobierno en funciones español haya sido uno de los principales impulsores de un acuerdo comercial de la UE con Mercosur que favorece, precisamente, importaciones agrícolas y ganaderas de países como Brasil y Argentina hacia Europa. También es llamativo su silencio frente al G-7. Los dirigentes de Francia, Irlanda o Luxemburgo ya han dicho que no ratificarán ese acuerdo si Bolsonaro no hace más por proteger la Amazonía.

Otros prefieren el estómago lleno por delante de los pulmones.

Lo irónico es que sin aire que respirar apenas sobrevivimos cinco minutos.

 

 

 

La Sierra de Guadarrama: la ‘piel’ de la Tierra después del fuego


ROSA M. TRISTÁN

7-8-2019.- Aún humea el fuego en el Parque Nacional de Guadarrama y en Rascafría (800 hectáreas arrasadas) y ya comienza el triste balance de lo destruido y de lo que puede acontecer en el futuro. En el balance, los árboles perdidos, los arbustos masacrados, los nidos desaparecidos, los arroyuelos contaminados, la fauna grande que habrá huido y la pequeña que habrá resultado incinerada. En el balance, también, la incapacidad que algunos tienen para relacionar nuestro utópico amor a la naturaleza (así, en general, nadie lo niega) con una actitud altiva frente a ella, que demuestra la reivindicación del derecho a disfrutarla sin respetarla, a explotarla sin respetarla, a vivir en ella o junto a ella sin respetarla. Y, por último, en el balance la sospecha de que será otro incendio-delito impune.

Con los incendios que han quemado más de 55.000 hectáreas en lo que va de año en este reseco y semi-desértico país, se va nuestro tesoro.  Y se va sean árboles o arbustos, nidos de biodiversidad que, como señalan los expertos, permiten que la tierra siga en su sitio evitando un desastre.

Bosque de Rascafría, el pasado sábado, un día antes del incendio. @Esperanza Fuertes

SEO/Birdlife informa de que, por suerte, el grueso de la colonia de buitre negro de la zonas de Rascafría (153 parejas)  y de La Granja segoviana (93 parejas), parece haberse salvado de la quema, salvo alguna excepción. Pero es que a los buitres negros se suman otras 132 especies diferentes de aves, desde águilas reales y halcones peregrinos, pasando por los alcaudones y los mirlos acuáticos, hasta búhos reales o los pequeños gorriones. Y reptiles, anfibios o insectos como la maravillosa mariposa isabelina (Graellsia isabelae), que alcanza los 10 centímetros de tamaño. ¡Y  los peces! Truchas o lamprehuelas (entre otras especies), que no sobrevivirán en las aguas contaminadas con cenizas de arroyos como los del Chorro Grande, las Flores, Morete y Carneros, todos ellos tributarios del río Cambrones.

¿Cuánto tiempo llevará recuperarlo en esas 800 hectáreas de ‘piel arrancada a la Tierra’ que hoy luce de luto? Según los expertos de la organización conservacionista, podría tardarse medio siglo, 50 largos años para volver a tener lo que existía hace apenas unos días rebosante de vida.

Pero el daño no ha sido sólo en la epidermis exterior. También las piedras sufren el daño del fuego, como han querido recordar los investigadores del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Si bien los Lugares de Interés Geológico catalogados en la sierra -en Madrid (desde 1995) y en Segovia (desde 2005)- no han sido afectados gravemente, los geólogos no están tranquilos. Las llamas -que no olvidemos que todo apunta a que fueron provocadas intencionadamente – han dañado y mucho pequeños manantiales fisurales y coluviales (mencionan la subida a Fuente Infante) y han deteriorado relieves en gneises pseudograníticos, como son lanchares, berruecos y peñas.

¿Y qué puede pasar en el futuro? Pues que sin esa piel de verde-vida que recubría el terreno, las lluvias y tormentas generarán procesos geológicos en el futuro entre los que se mencionan la erosión por arroyada en la zona incendiada, con pérdida de suelos fértiles; el arrastre de cenizas y carbones de vegetación a los pequeños cauces que cruzan la sierra que, a su vez,  pueden ver colmatadas sus pozas y azudes; y también, al ser un suelo más impermeable por falta de vegetación, el aumento de la escorrentía y con ella las inundaciones, aunque llueva lo mismo. Además, con menos raíces (aunque sean de pequeños arbustos) es posible que en la granítica zona quemada de la sierra tengan lugar más desprendimientos de esas rocas que llevan ahí, deteriorándose al albur del agua y el viento, más de 500 millones de años.

Imagen del fuego el pasado domingo, desde las cercanías de Guadarrama.

En resumen, si bien afortunadamente el balance de afecciones al patrimonio geológico de este espacio natural es favorable, el impacto de los procesos geológicos activos que pueden desencadenarse producirán daños y perjuicios a corto y medio plazo. Todos estos procesos potencialmente activos deberían ser monitorizados y articularse medidas correctoras y preventivas, para evitar mayores daños futuros.

Parece evidente que todo ello va a requerir un gran esfuerzo de monitorización, recuperación y vigilancia que deberán ser asumidas por las comunidades autónomas que gestionan el Parque Nacional, Madrid (que presidirá Isabel Díaz-Ayuso, PP) y Castilla y León (PP y Ciudadanos). En esta última, por cierto, Medio Ambiente y Fomento (es decir, construcción e infraestructuras)  están en la misma Consejería. A destacar que ni Díaz-Ayuso ni ningún líder del PP o Ciudadanos que se sepa (ni siquiera el senador por Segovia Javier Maroto, reciente ‘residente’ en el cercano municipio de Sotosalbos) se acercaron al lugar del incendio a interesarse por lo que ocurría en la sierra.

 

 

 

Epidemia de grandes ‘charcos’ en Groenlandia


ROSA M. TRISTÁN

Desde hace días, fotos de turistas que pasean por Groenlandia en manga corta hacían presagiar lo peor: una vez más la capa de hielo ártica alcanza límites de deshielo insospechados hace apenas una década. Hace unos días, el 31 de julio, tuvo lugar en la gran isla blanca del hemisferio norte el deshielo más grande registrado en un solo día: hasta el 56% de su superficie blanca perdió al menos un milímetro de hielo. Esa fusión superficial, según el Polar Portal de Dinamarca, que monitoriza la situación vía satélite, han llegado al mar ese día 10.000 millones de toneladas de hielo, cantidad que no incluye la masa generada cuando se desprenden icebergs de los glaciares. Al día siguiente, ayer día 1 de agosto, la situación ha vuelto a repetirse, como indican las estaciones meteorológicas PROMICE, que se han establecido para monitorear los procesos de fusión. Los inmensos ‘charcos’ (en realidad grandes lagos), proliferan por el ‘plateau’ ártico como una plaga. 

El científico danés Jason Box, desde el suroeste de Groenlandia, informa que ha detectado un 1,3 veces más deshielo que en 2010 en el mismo punto y 1,4 veces más que en 2012. Los expertos creían que derretimientos de este tipo sólo se daban cada 150 años. “A medida que el CO2 continúe aumentando, cada paso en la escalera de calor causará una nueva normalidad”, ha señalado Box en sus redes sociales. Podría ser, según Box, el segundo episodio de deshielo más grave desde 1950, tras del de 2012, cuando el 97% de la superficie sufrió deshielo

Muchos son los modelos climáticos que auguran lo que pasará en el planeta con ese deshielo, pero se van quedando obsoletos con una rapidez pasmosa. El último estudio publicado, en junio en Science Advance, por científicos del Geophysical Institute at the University of Alaska Fairbanks , indica que en 200 años el nivel de los océanos podría subir entre 48 centímetros y 1,60 metros sólo por el deshielo de Groenlandia, un espectro tan grande como desolador que aumentan al menos en un 80% las estimaciones previas, que atribuían a Groenlandia un futuro aumento del nivel del mar de 89 centímetros como máximo.

VIDEO: https://twitter.com/i/status/1157015875276464129

El equipo prevé tres escenarios climáticos según la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en los próximos años. En el escenario sin reducción de emisiones, toda la capa de hielo de Groenlandia probablemente se derretirá en un milenio, causando un aumento del nivel del mar de 5 a 7 metros. En el escenario dos, donde las emisiones se estabilizan para fines de siglo, la pérdida de hielo para el año 3000 sería del entre el 26% y el 57% . Y si hay una limitación drástica de las emisiones podría limitarse entre el 8% y el 25% (dos metros de aumento del nivel del mar). Piensen el el mapamundi, e incluso más cerca: piensen en el mapa español e imaginen a qué quedará reducido el territorio habitable. 

Sin embargo, ante esta emergencia climática, el mundo aún discute las reducciones de emisiones contaminantes aprobadas en el Acuerdo de Paris de 2016, con previsiones más favorables que las actuales.

Es más, aumentan la presiones a nivel internacional de gobiernos de grandes países como el de Donald Trump (EEUU) o Jair Bolsonaro (Brasil), negacionistas de lo evidente, como también lo son partidos europeos, como el de Marie Le Pen (Francia), Matteo Salvini (Italia) o Vox (España). Incluiría a políticos del PP , como el alcalde de Madrid, José Luis Rodríguez-Almeida, incapaz de ver la relación entre el uso del transporte privado en grandes ciudades (que no quiere limitar) y los ‘inmensos charcos’ que proliferan por el Ártico.

Y mientras todo esto ocurre, a la vez grandes incendios han asolado este mes de julio el norte de Canadá y Siberia, e incluso en Groenlandia (ver foto inferior) fruto de olas de calor que, por repetidas, son ya tempestades. Es más combustible para el ennegrecimiento de la impoluta nieve que tanto me sorprendió cuando visité Groenlandia hace unos años.

 

 

 

 

 

Atapuerca, a las puertas de ‘abrir’ un Penal


 

Pisando sobre el futuro yacimiento de El Penal en Atapuerca. @RosaTristán

ROSA M. TRISTÁN

No hay visita a los yacimiento de Atapuerca que no traiga consigo una sorpresa… Este año, la planificación de la apertura de un nuevo yacimiento, que no es sino la continuación, al otro lado de la Trinchera del Ferrocarril, del espectacular de la Gran Dolina, una gran cueva de la sierra burgalesa que el tiempo rellenó de restos del pasado y que la vía de un partió por la mitad para dejar al descubierto lo que escondía. Ahora ya sabemos que había en el margen derecho, pero ¿Y al otro lado?

Por un camino entre encinas y hojas con forma de corazón, Eudald Carbonell, María Martinón-Torres y Jordi Rosell llegan al punto, casi enfrende de la Gran Dolina en la que tienen previsto comenzar a excavar la próxima campaña. “Nos esperan aquí muchas sorpresas, y mucho trabajo”, les dice Carbonell, mientras les hago una foto, quien sabe si histórica, de esa primera visita a lugar del equipo que dirigirá los trabajos, este año inmerso en el nivel TD4 del yacimiento de enfrente sacando fósiles de hace casi un millón de años…

Palmira Saladié me muestra una de las estalagmitas de TD8, Gran Dolina de Atapuerca. @ROSA M. TRISTÁN

En realidad, ya queda poco para llegar a la base del TD4 . “La calidad de los huesos grandes que hay, es de los mejores sitios de Atapuerca. Este años seguimos sacando osos que venían a invernar a la cueva, rinocerontes, cérvidos (seguimos con el ataque de cuernos, muchos de desmogue) y también era una trampa natural. Sólo de cuernos hemos sacado seis o siete enteros”, explica entre el ‘toc toc toc’ permanente de los martillos, entre otros el de Martinón-Torres. “Son seis metros de capas lo que llevamos excavado, pero ya nos queda poco, aunque aún puede haber sorpresas”, comenta Jordi, quizás pensando en esa herramienta de piedra que encontraron en 2013.

Aprovecho para  preguntar a la directora del CENIEH por el sorprendente trabajo científico que afirma que hubo ‘Homo sapiens’ en Europa hace 210.000 años. “No creo que fuera una colonización, si acaso un individuo o pequeño grupo que salió de Africa con antelación, pero hasta hace unos 50.000 años no fue cuando la especie se extendió en el continente”, explica, expresando dudas que comparten otros muchos colegas expertos en el tema. “Pero está publicado en Science Advance’, no podemos obviarlo”, puntualiza.

Sobre sus cabezas, el panorama es este año increíblemente distinto. Donde hasta 2018 se veían decenas de cuadrículas y huesos surgiendo entre los sedimentos, ahora salen estalagmitas como hongos… El pasado año ya dijeron adiós a la capa TD10, que es la que habitaron los ‘Homo heidelbergensis’ de la Sima de los Huesos hace entre 500.000 y 200.000  años, y que tanta información ha proporcionado sobre su forma de vida y sus estrategias de caza. “El TD9 era un nivel pequeño que no tenía casi nada y ha sido fácil eliminarlo. Ahora en la parte superior del TD8 nos encontramos estalagmitas, pero estamos en un nivel que sabemos que tiene restos paleontológicos y cuando lleguemos más abajo, habra´mucho material”,  me dice Antonio Rodríguez, que se define como uno más de los ‘nómadas paleontólogos’ que cada año participa en las campañas en este baúl de fósiles de la sierra.

El hoyo de la Sima del Elefante, cada año más profundo. @Rosa M. Tristán

Debajo de los andamios de La Galería, otro de los yacimientos de la Trinchera, se ‘esconde’ Josep Maria Vergués, el arqueólogo experto en dataciones. Anda buscando hierro para determinar la datación exacta del yacimiento que en su día fue una trampa, un auténtico ‘paleo-supermercado’ para los humanos que rondaban estas tierras. “Mira esta zona más oscura. Creo que pueden ser niveles con materia orgánica”, me dice.

Ya en La Galería, Isabel Cáceres, sigue al pie del cañón. Me lleva hasta el punto exacto en el que acaba de asomar un bifaz de piedra, que parece clavado en el suelo, con la punta hacia arriba. Es el cuarto a día de hoy de la campaña. “Si es que, claro, preferían llevarse la carne y dejar aquí las herramientas, que no tenían bolsillos donde guardarlas”, comenta con meridiano sentido común. ¿Y qué más dejaban? Pues cotillas y cabezas, como las de los caballos que han encontrado no lejos de los bifaces.

Impresionante montaje en la Cueva Fantasma, donde esperan encontrarse neandertales. @Rosa M. Tristán

El cambio de panorama más espectacular, no obstante, me espera en Cueva Fantasma. Es espectacular el panorama con un gran techado que cubre lo que en su dia fue una caverna y hoy en un espacio donde el sol machaca las neuronas. Aún andan limpiando las zonas removidas, bajo la batuta de Josep Vallderdú y Ana Isabel Ortega. También aquí están encontrando restos de caballos para aburrir… “Parece que debía ser una galería con muchas bifurcaciones, no una sala grande, pero aún estamos comenzando el trabajo”, me explican. El mirador que han hecho para que las visitas puedan asomarse al yacimiento es impresionante. Por un lado, vistas a toda la sierra y alrededores; por otro, al espacio que, quizás, un lejano día habitaron los neandertales de Atapuerca.

Con Eudald Carbonell, Marta Navazo y miembros del equipo en La Paredeja.

Como el año pasado no pude visitar Cueva Mayor, este año me acerco al Portalón, donde no dejan de aparecer restos del Neolítico, ya sea un molino primitivo, hogares, restos de adornos… Es uno de los lugares más frescos para excavar en un año que está siendo duro por el calor, y que sobrellevan con lo que llaman el ‘año hippy’, por aquello que fomentar el ‘buen rollo’ entre todo el equipo. Aún más fría y húmeda es la Sima de los Huesos donde no llegó, pero imagino al equipo de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal dándole al buril.

Sin tiempo para pasar por la Sima del Elefante, otro yacimiento a punto de llegar al final de su recorrido y donde se halló el resto humano más antiguo de Europa (el s.p.), Eudald Carbonell me acerca a conocer el más reciente, hasta que El Penal (o ‘Papillon’, que así quieren llamarle algunos) inicie su andadura. Es La Paredeja, que ya conocí el año pasado y que dirige Marta Navazo. En lo que va de campaña ya han encontrado 240 piezas de piedra elaboradas por neandertales. El equipo ansía que llegue el día en el que aparezcan restos fósiles, pero aún está por llegar..

 

 

 

 

 

 

Los males de la ciencia en España: entre la endogamia y la vejez


Presentación del informe con Isabel Álvarez, Mariano Barbacid, Rosa M. Tristán, Vicente Larraga y Paola Bovolento. @FundaciónAlternativas

ROSA M. TRISTÁN

La situación del sistema científico español no mejora en lo sustancial. Acogotada por la burocracia, la endogamia, la falta de fondos y una gestión inadecuada, sigue en un preocupante impass que no ha cambiado en su anquilosada estructura con la creación de un Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Así lo asegura el segundo informe sobre “La ciencia y la tecnología en España 2019’ de la Fundación Alternativas, que fue presentado en la Residencia de Estudiantes y en el que han participado 15 investigadores y expertos en diagnosis de esta ya endémica enfermedad investigadora.

En realidad, decir que la ciencia está de capa caída no es nuevo. Desde 2009 ha sufrido recortes y más recortes que la han dejado tiritando, pero mientras vemos resurgir de sus cenizas sectores tan peligrosos como la construcción o un turismo insostenible, las inversiones en I+D+i, tanto públicas como privadas, andan lejos de la sociedad del conocimiento que nos aleje de más crisis laborales y ambientales, y por lo tanto económicas y sociales. Si a ellos sumamos normativas y leyes que no tuvieron en cuenta las peculiaridades del sistema científico, es fácil comprender la frustración de quienes en lugar de buscar soluciones a enfermedades, atender impactos en nuestro entorno o buscar tecnologías punteras, están sumidos en un marasmo burocrático que en febrero pasado se intentó paliar, pero que, visto lo visto en este informe, no es suficiente.

(sigue leyendo AQUÍ EN EL HUFFINGTON POST)

 

RECOMENDACIONES

  1. 1-Plantear áreas prioritarias de acción con apoyo Parlamento y con un Pacto de Estado que garantice el largo plazo.
  2. Mejorar la gobernanza del sistema implicando a los investigadores
  3. 3.Eliminar sistema funcionarial exclusivo y apostar por contratos estables y competitivos.
  4. 4.Combatir la endogamia
  5. Cambiar la elección de la dirección de los OPIS y universidades para primar la calidad científica sobre la gestión.
  6. Dotar a los centros de más autonomía de gestión de equipamiento y personal
  7. 7.Aumentar el gasto en I+D+i
  8. Un plan de choque de salvamento del sistema.
  9. Eliminar trabas en la gestión para que la Administración General del Estado no asfixie el sistema.

Gran derrame de petróleo en la Amazonía peruana


ROSA M. TRISTÁN

Ocurrió hace unos días y sigue avanzando sin control…. Un gran derrame de petróleo ha tenido lugar en la Amazonía peruana, en concreto en el departamento de Loreto, una de las regiones de más espectacular biodiversidad de este planeta. El origen está en el oleoducto Norperuano que el pasado 18 de junio ha vuelto a sufrir un derrame en su kilómetro 237, en tierras de una comunidad indígena llamada Nuevo Progreso. El derrame ya está llegando al rio Marañón, afluente del Amazonas, a cuyas orillas viven numerosas comunidades en un entorno natural único.

Llama la atención que lo primero que hicieron desde PetroPerú, fue señalar que se trataba de un sabotaje, en un intento de criminalizar a las comunidades de auto-contaminar su propio territorio, pero esta acusación ha sido tajantemente desmentida por sus líderes. Si que es verdad que en un principio no dejaron pasar a los técnicos de PetroPerú a su territorio, pero es que en PetroPerú nadie les informó de lo que había sucedido sino que llegaron sin más. Deberían saber que para entrar en terreno de una comunidad indígena hay que pedir permiso a su líder. Es una forma ancestral de defenderse frente a las agresiones externas.

Lo que si que es cierto es el estado lamentable de este oleoducto de más de 850 kilómetros de recorrido y más de 42 años de existencia, una bomba de relojería que explota demasiado a menudo en este frágil entorno amazónico. En mayo, un reportaje en El País se hacía eco de un informe del Parlamento de Perú que reconocía la existencia de  36 derrames entre los años 2008 y 2016, que afectaron unas 141 hectáreas de terrenos comunales. Según el ex ministro de Medio Ambiente Manuel Pulgar Vidal, eran derrames causados por la falta de mantenimiento y corrosión de una infraestructura por la que circulan 100.000 barriles de petróleo por hora.

Finalmente, las comunidades nativas de Nuevo Progreso y Jerusalén han permitido el ingreso de representantes de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental de Loreto, que sobrevolaron la zona con un dron y comprobaron que el crudo que brota del km 237 del ramal norte del oleducto llegó ya hasta el río Saramiriza, afluente del río Marañón, donde también ya se han visto grandes manchas negras y es patente el olor a petróleo, según los habitantes.

Pocos datos hay ahora de territorio o personas afectadas, y quizás nunca lo sabremos, pero los daños serán incalculables porque, si bien se ha avisado a las poblaciones de que no cojan agua ni de pozos ni del río, ¿de dónde van a sacar entonces el agua para beber o lavarse?  ¿Y los peces para comer? Además, ¿llegará esa información a todos y cada uno de los seres humanos que viven en ese territorio?. El Gobierno de Perú ha aprobado un decreto en el que se reconoce la presencia del combustible en los ríos de la zona y también que “constituye un elevado riesgo epidemiológico para la salud y la vida de la población indígena que se abastece de agua para el consumo humano, así como de los peces, alimento principal de estas familias”. De poco sirve para la que se avecina en contaminación de tierras y agua.

El Ministerio Público está ya en la zona de emergencia con biólogos para verificar cómo es el derrame, tomar muestras y evaluar el impacto contra el ecosistema. Pero  los habitantes de la zona aseguran, según medios locales, que siguen sin tomarse medidas de remediación efectivas para evitar que el crudo siga su impacable avance, cuando han pasado más de 15 días desde los hechos. Al parecer, sólo se han puesto unas grapas en el oleoducto sobre el lugar de la fuga que parecen que no han logrado frenar el derrame. Y aseguran que desde PetroPerú siguen bombeando petróleo, que son muchos millones de barriles…

Las 54 federaciones indígenas de Loreto han anunciado ya que este viernes 5 de julio se realizará un paro en contra de la actividad petrolera en la región. Las medidas de protesta incluirán la toma de estaciones, embarcaderos y zonas de reserva petrolera. Los expertos, además, tienen el temor de fundado de que desde el Marañón, uno de los principales tributarios del Amazonas, la presencia del hiddrocarburo afecte al  complejo de humedales del Abanico del Pastaza y la Reserva Nacional Pacaya Samiria, dos grandes zonas de humedales que se abastecen con agua de este gran río.

Quienes hemos visto ‘in situ’ el resultado de un derrame de petróleo décadas después de que tuvo lugar… sabemos que la recuperación de la vida no es fácil. Y sin embargo, la selva amazónica está cruzadas de bombas como ésta por demasiados lugares y en unos cuantos países. Que exploten en un desastre es cuestión de tiempo.

@Imágenes tomadas por técnicos de la Fiscalía de Medio Ambiente de Loreto (Perú)

 

 

Basura a 15 centímetros de profundidad en espacios protegidos


Técnico de SEO/BirdLife recogiendo muestras de agua en el río Jarama. @Rosa M. Tristán

ROSA M. TRISTAN

El calor es abrasador en el mediodía de la Laguna del Campillo, una reserva natural y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) de Madrid. Pese a los 35º a la sombra, un equipo de SEO/Birdlife se afana en sacar muestras del suelo y del agua del río Jarama. Están recabando datos para la mayor base de datos de suelos contaminados en espacios protegidos de España. Cuando acabe la campaña, dentro del proyecto Libera, en colaboración con Ecoembes. De momento ya llevan recogidas muestras en 24 puntos de toda la geografía y en total tienen previsto ir a 140 de las 469 áreas importantes para aves (IBAS, las llaman, por sus siglas en inglés) hasta marzo del año que viene. En realidad, han ecogido los siete ecosistemas más representativos del país.

Técnicos de SEO/Birdlife recogiendo muestras de tierra para estudiar la contaminación. @Rosa Tristán

Cuando el técnico Carlos Ciudad mete la draga en la tierra fangosa del río o en la misma tierra, sorprende la cantidad de porquería que ya hay enterrada a unos 15 centímetros de profundidad. Si en Madeira se ha encontrado ya plástico incrustrado en roca, en las muestras que recogen son visibles restos de toallitas húmedas , posibles colillas…y aún hay que analizar lo que contienen, tarea que se hace desde el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) y el Instituto de Investigación de Recursos Cinegeticos (IREC), ambos del CSIC. “En sus laboratorios buscarán todo tipo de contaminantes que vengan de la basura, de la agricultura o de la ciudad, compuestos de todo tipo como los de medicamentos, pesticidas, hidrocarburos, y con la Asociación Hombre y Territorio, los microplásticos. Se trata de tener un diagnóstico real de suelos, sedimento y agua para luego con esa información poder plantear medidas”, me explica Octavio Infante, coordinador de la parte científica en Libera mientras caminamos junto a la laguna. “Con todo ello tendremos una base de datos real de todo lo que hay encima y debajo de la superficie que será muy eficaz porque si no sabes lo que hay, poco puedes hacer”.

Ya en el Jarama, Carlos comienza a recoger los tipos de muesrtas que necesita: de suelo, de sedimento y del agua del río, también buscan heces de animales. No es lejos de una depuradora de aguas residuales (EDAR). Se supone que el agua debiera salir limpia para verter al río… pero solo se supone. En cada lugar escogido, es preciso recoger tres muestras en una distancia de unos 500 metros para comprobar la dispersión.

Carlos lleva recorridos ya muchos kilómetros con todo el equipamiento a cuestas. No siempre es fácil acceder al punto escogido sobre un mapa y el día no acompaña. Estamos en plena ola de calor. De cuando en cuando, alguno de ellos identifica alguna de las hermosas aves que recorren este lugar. Un martín pescador o una garza real o un milano real… “Recogemos heces porque a veces encuentras también rastros de contaminación”, añade Miguel Muñoz, responsable en SEO/Birdlife de Libera.

“Encontrar colillas o plásticos a 15 centímetros de profundidad da idea de la cantidad de contaminantes que puede haber. La realidad es que se sabe que estamos contaminando pero no tenemos la certeza de lo que hay y de dónde viene si no se analizan las muestras. Y contaminamos porque estamos mal informados. Creemos que compramos cosas biodegradables y que van a desparecer, pero eso no es así. La definición no está clara y no se sabe ni cuánto tiempo necesitará ni en qué conciciones. Puestos así, una colilla es biodegradable, pero en muchos años”, argumenta Miguel.

En Madrid, los puntos elegidos para el muestreo son tres: El Pardo, Rivas y Aranjuez, no lejos del río Tajo. En realidad, en cada uno es una jornada. Cada muestra se recoge, se limpia y se clasifica. Las orgánicas deben seguir una cadena de frío, para lo cual siempre llevan una nevera en la que guardar ‘el botín’. Los protocolos se siguen estrictamente para que no haya peligro de contaminantes aportados por los propios técnicos.

“Es un proyecto que nos ilusiona mucho dentro de este proyecto Libera, que tiene otras muchas iniciativas, como es la de recogida de basuras en la naturaleza o las aplicaciones para móviles en las que los ciudadanos pueden ir introduciendo lo que se van encontrando.

MAPA DE LOCALIZACIONES