Científicas: ¿Techo de cristal o de “cemento armado”?


ROSA M. TRISTÁN

Tengo la fortuna de conocer excelentes biólogas, arqueólogas, geólogas, astrofísicas o filólogas. Sin embargo, ninguna ocupa un alto cargo de responsabilidad en su centro. Una cosa es que veamos muchas ‘batas blancas’ con rostro de mujer cuando visitamos un centro de investigación, o muchas esforzadas doctorandas en las universidades, y otra muy distinta que estén en puestos desde los que se ejerce una dirección efectiva. De ahí que a la que le toca, como María Blasco, por ejemplo, se la requiera continuamente para cumplir la cuota en los medios (sin detrimento de su valía) o que se busque a Margarita Salas, que lleva décadas ocupando ese papel mediático. El resto, parece no existir. Digo todo esto al hilo de los datos del informe “Científicas en Cifras 2015”, presentado por la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela.

Para empezar, resulta cuando menos curioso que ella solita represente el 75% de mujeres en el cargo de la presidencia o dirección de consejos rectores en centros de investigación, mediante la fórmula de ocupar varios puestos de ese calibre a la vez  y que ese sea el único una significativa presencia femenina). Los otros datos, lejos de ser positivos, en general son sonrojantes. (SIGUE)

El grado A es el de mayor categoría profesional, y donde más diferencia hay entre sexos. Informe ‘Científicas en cifras”

Y es que el porcentaje de científicas respecto a científicos no está mal, y ronda el 39% (incluso más que en Europa, que anda por el 33% por culpa de Alemania) pero también resulta que es un porcentaje que sigue estancado desde hace una década. Si es cierto que, como Vela señalaba, se cumple “la norma del 60-40”, es decir 60% de hombres y 40% de mujeres, si bien en nuestra población general los primeros son el 49% y las segundas el 51%. Luego es una norma que parece poco igualitaria, aunque quiero entender que es un pasito más en una brecha que viene de siglos. Ahora bien, este 39% se refiere a los organismos públicos de investigación (OPIS) y las universidades porque lo que es la empresa privada es puro patriarcado: menos de un tercio de sus investigadoras en áreas de innovación y ciencia es mujer, el 31%.

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Este panorama empeora a medida que subimos en el escalafón. Si bien el informe refleja que las doctorandas leen ahora muchas más tesis que antes (ya son el 50% del total) -luego hay un aumento del interés por seguir la carrera investigadora-, lo cierto es que esta carrera se topa con un techo, no ya “de cristal”, sino de cemento armado, porque parece que no hay forma de acabar con él desde hace décadas ni a corto plazo.  A estas alturas del siglo XXI, tenemos  tres rectoras de 50 universidades públicas (en las privadas van mejor, y llegan a ser el 29%), ni una sola directora de un OPI (leasé, CSIC, INTA, CIEMAT, IGME) y un escuálido 18% en las direcciones del centenar centros o institutos de investigación pública o en los de las universidades. Además, sólo 2 de cada 10 investigadores de alto rango son mujeres en esos OPIS, aunque sin embargo son inmensa mayoría entre técnicas, auxiliares y becarias.

Si acercamos más la ‘lupa’ a la universidad nos encontramos otro dato para la reflexión:  si bien el informe refleja que el 50% de las tesis aprobadas las firman “ellas”, apenas suponen el 27% de las directoras de departamentos universitarios públicos o de las directoras de escuelas. ¿Está ahi el primer  gran ‘agujero negro’ que las succiona hacia el ostracismo?. Ana Guil, investigadora de género de la Universidad de Sevilla, en un estudio reciente señalaba: “De seguir la evolución en este sentido, habríamos de esperar hasta casi el 2040 para llegar al 50% no ya de catedráticas, sino tan sólo de docentes universitarias. Ello siempre que no sucediera algo que ralentizara su crecimiento, como parece que ya ha empezado a pasar con la crisis económica. Pues las crisis siempre han perjudicado en mayor medida a las mujeres y por diversos motivos, que no pasan necesariamente –aunque también- por la pérdida de empleo femenino”.

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Efectivamente, son ellas las que acaban dejando su empelo aunque sean investigadoras de primera, al mismo nivel que sus compañeros, porque otro dato nos dice que presentaron la mitad de las solicitudes de ayudas públicas para sus proyectos y las consiguieron con éxito en el mismo ratio que sus colegas, un buen dato que nos indica que eran buenos proyectos y que al menos ahí no hay un sesgo de sexo.

Pero otro cantar es contar con esas excelentes científicas para dirigir equipos. Ana Puy, de la Unidad de Mujeres y Ciencia y coordinadora de esta trabajo, me reconocía que “hay mucho catedrático que no se mueve del sitio” y Carmen Vela argumentaba que debido a las pocas plazas convocadas en los últimos años para el sistema científico, no ha sido posible que cambie la tendencia, y lanzaba al aire una pregunta: ¿Son pocas porque no se selecciona a mujeres o porque no se presentan a esos puestos?”. La propia Puy me diría luego que “lo normal es que a ‘ellos’ sus compañeros les animen a presentarse a un cargo y lo hacen conscientes del apoyo que tienen, lo que no ocurre al contrario”. “La respuesta es complicada. Hay casos en los que la mujer decide no seguir con su carrera, pero lo cierto es que tiene lastres sociales, personales y del entorno que lo impiden”, apuntaría Carmen Vela. (SIGUE)

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Rosa Huguet, paleobtóloga en el proyecto de Atapuerca, estudiando unos fósiles. @ROSA M. TRISTÁN

Por cierto, de la posición de las investigadoras en el mundo empresarial el informe no cuenta casi nada. No hay datos de la posición que ocupan en esos departamentos de innovación privados, por más que se han pedido. “Las empresas ocultan el género porque saben que el dato es malo”, reconocía  Puy.  No información, si un ostracismo fantasmagórico a nivel social.

Como medidas para paliar estas cifras, Vela señaló que su ‘hoja de ruta’ incluye recomendaciones para que todos los tribunales cumplan la regla del 60% hombres y 40% mujeres (los de la Secretaria de Estado ya lo son, pero en otros no tiene una competencia), revisar que no haya sesgos de género en las convocatorias de ayudas a proyectos científicos (y parece que ahí no está el problema), continuar investigando sobre el tema y elaborar directrices de buenas prácticas, a ver si universidades, centros de investigación y empresas tienen a bien ponerlas en marcha. (SIGUE)

Jóvenes investigadoras, en una manifestación de apoyo a la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Jóvenes investigadoras, en una manifestación por la ciencia. @ROSA M. TRISTÁN

Pero lucha contra esos lastres que las mantienen “pegadas al suelo”, como señala Guil, también esta relacionada con liberarlas de su labores de cuidados (familia, allegados, enfermos…) gracias a un mayor apoyo de servicios que están de capa caída, o canales efectivos de denuncia de las ‘microdiscriminaciones sexistas’ a las que muchas se ven sometidas, así como de esas presiones para elegir entre la familia y la ‘carrera científica’ que suelen darse dentro de los despachos.

Mientras no haya más investigadoras en cargos de responsabilidad, el sistema científico español estará cojo. “La mayor incorporación de las mujeres a las más altas posiciones académicas, sin duda redundaría en la calidad de la docencia y la investigación, al aportar éstas no sólo su demostrada excelencia, sino también nuevos puntos de vista que ayuden a construir un conocimiento menos androcéntrico y en consecuencia más universal”, afirma Guil en su informe.

Pues bien, eso es lo que estamos perdiendo.

INFORME COMPLETO: “CIENTÍFICAS EN CIFRAS 2015”

INFORME SOBRE SALARIO DE LAS MUJERES RESPECTO A LOS HOMBRES (CCOO): “BRECHA SALARIAL: EL PEAJE DE LA DISCRIMINACIÓN

 

S.O.S: crisis en los humedales españoles


Delta del Ebro. @Carlos Montserrat /SEO7Birdlife

Delta del Ebro. @Carlos Montserrat /SEO7Birdlife

ROSA M. TRISTÁN

Hace 10 años visité con WWF los pozos ilegales que hay en el entorno del Parque Nacional de Doñana. Estaban a la vista, impunes; junto a unos de los principales humedales de Europa, un ecosistema único que es parque nacional; rodeados de invernaderos de las fresas que se venden a un euro el kilo en nuestros supermercados. Inolvidable cómo los agentes de la autoridad de la zona echaron a las cámaras de malos modos, en defensa del propietario de la finca fresera cercana, donde tomaban unos planos, dentro de un mar de plásticos entre los pinos.

Una década después, hay mil pozos ilegales. Y a las fresas se han sumado los arándanos, que resulta que ahora están de moda porque son antioxidantes, aunque no se dice con tanta frecuencia que su consumo de agua aún es mayor que el de la fresa. Por algo es un fruto de las montañas, donde llueve, y no de las marismas cercanas a África.

Este caso de Doñana es uno de los que acontecen en esas áreas inundables extremadamente frágiles y a la vez imprescindibles para decenas de miles de aves y para nuestra especie, dado que nos protegen en caso de desastres naturales. Solamente en España el 80% que nos queda está en una situación muy preocupante, como denuncia la directora de SEO/Birlife, Asunción Ruíz. Esta organización acaba de lanzar la alerta por los tres más importantes de nuestro país: el mencionado de Doñana, el Delta del Ebro y la Albufera de Valencia. Los tres se encuentran a las puertas de “un punto de no retorno”, en palabras de Roberto González, también de SEO (la Sociedad Ornitológica Española). Y los tres son el hogar de unas 600.000 aves acuáticas invernantes (de las que 60.000 serían reproductoras, según también los datos de SEO).

Bien es verdad que el cambio climático, con su consecuente disminución de lluvias, no favorece la situación, pero es que, además, en lugar de paliarse, el problema se agrava. Así, en el Ebro hay 125 embalses que han impedido la llegada de entre 40.000 y 200.000 toneladas de sedimentos al Delta en las últimas décadas (aún se pierden unas 1.600 toneladas al año), lo que sumado a los que se pierden por la costa (otros 110.000 m3) da como resultado que el Delta desaparece a ojos vista. Evidentemente, ello perjudica a quienes viven del mejillón o la anchoa, pero también a las muchas aves que habitan este lugar.

La "sopa" verde de la Albufera de Valencia. @Pablo Vera/ SEO Birdlife

La “sopa” verde de la Albufera de Valencia. @Pablo Vera/ SEO Birdlife

Otro caso distinto es el de la Albufera, que en el pasado recorrí en una piragua, reflejándose el sol en sus cristalinas aguas. Hoy es una “sopa” verdusca, un lago costero en el que se acumulan 2.800 toneladas de fosfatos procedentes de los vertidos ilegales y de las depuradoras. Sólo el nivel de clorofila es de 120 mg por litro, cuando debieran ser 20 mg. En dos décadas se han multiplicado por 12 los hectómetros de estos vertidos que llegan a la Albufera. “Una consecuencia directa es el impacto en las aves. Hoy, por ejumplo, el pato colorado ha desaparecido de la laguna”, afirma González.

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Y, como no, Doñana. Cuando se vea una oferta de fresas, conviene recordar que seguramente proceden de ese lugar que la Junta de Andalucía dice defender mientras mira para otro lado, sin impedir que campe a sus anchas la ilegalidad más fragante. Nadie sabe con certeza cuánta agua se extrae del acuífero de Doñana, entre los pozos ilegales y los que no lo son, pero lo cierto es que ni las advertencias de la Comisión Europea  han conseguido cambiar el panorama, no vaya a ser que se pierdan votos por eso de la biodiversidad. Y como resultado, tenemos 1.500 hectáreas de cultivos ilegales reconocidos (que podrían ser 3.000) que están ‘chupando’ la sangre de la marisma, donde han desaparecido ya el 85% de los humedales que había hace 60 años.

Como el domingo es el DÍA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES, la ong conservacionista ha querido recordar que las soluciones están a mano, porque una ventaja de estos lugares es que recuperan con rapidez con unos pocos ‘mimos’, eso sí, antes de secarse del todo. Por ejemplo, podría hacerse con un plan de gestión que movilice los sedimentos hacia el Delta del Ebro; prohibiendo todos los vertidos ilegales en la Albufera, a la vez que se asegura que entra agua nueva que renueve la que ya está sucia; y, por último, cerrando todos los pozos legales e ilegales que están dañando al Parque Nacional de Doñana.

La campaña ‘Mójate por los humedales’ quiere recabar el apoyo de todos aquellos que pensamos que es importante que no desaparezcan,  que ninguno de estos tres emblemáticos espacios pasen a ser fotos del pasado, una película antigua que recordar.

#SOSHumedales 

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Un peligroso ángulo ‘ciego’ frente a un asteoride destructor


ROSA M. TRISTÁN

“Tenemos un ángulo de unos 50º o 60º en el que, debido a la luz solar, no podemos ver el cielo, así que  se nos escapan los asteroides que puedan estar en esa zona, no sabemos si son peligrosos”, asegura el físico Josep María Trigo Rodríguez, del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC). “Sería necesario tener telescopios de infrarrojo enfocando esa zona, pero no los hay y los científicos no sabemos cuándo puede haber un gran impacto en la Tierra como el de Tunguska, en 1908, o el de Cheliábinsk, en 2013, o  incluso más destructor”. Trigo-Rodríguez es uno de los firmantes de una investigación, publicada en la revista Astrophysical Journal, en el que se ha dado un gran avance en un asunto tan recurrente de la ciencia-ficción como es el desvió premeditado de un asteroide que amenace la vida en la Tierra.  Sin embargo, sería la única opción real.

16/Enero/2017 Barcelona. Josep María Trigo estudiando meteoritos en el Instituto de Ciencia Espacial, ICE del CSIC en Barcelona. © JOAN COSTA/CSIC

Josep Mª Trigo estudiando meteoritos en el Instituto de Ciencia Espacial. © JOAN COSTA/CSIC

Desde el año 2010, Josep María Trigo lidera el  grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias en el IEEC  y estudia la formación de cometas y asteroides y la composición de los fragmentos (meteoritos) que llegan a nuestro planeta. Además, acaba de publicar un libro (“Assessment and mitigation of asteroid impact hazards”, con Springer, Nueva York) con las últimas novedades científicas en la materia.

En este trabajo, en el que también colaboran otros científicos españoles, como Carles Moyano, han analizado precisamente la composición del meteorito Cheliabinsk, esa bola de fuego que sorprendió a los rusos hace casi cuatro años y de cuyos restos se han recuperado 1.000 kilos. Hoy se sabe que aquella roca espacial medía unos 18 metros de diámetro, muy lejos de los 1.ooo metros que pueden causar una destrucción masiva, y aún así causó heridas a más de 1.500 personas al desintegrarse en fragmentos sus 11.000 toneladas de peso.

Josep María Trigo, en la rueda de prensa @ROSA M. TRISTÁN

Josep María Trigo, en la rueda de prensa @ROSA M. TRISTÁN

Pero ¿en qué ayuda saber su composición para desviarlos? Esto es lo que han descubierto los científicos españoles, junto con otros colegas europeos. Ahora ya sabemos que la composición de las rocas del Cinturón Principal de Asteroides, esos restos que vagan por el Sistema Solar (entre Marte y Júpiter) desde que se formó, no es invariable. Han descubierto que se va modificando a medida que colisionan con otros cuerpos estelares. Carles Moyano, también el IEEC y cofirmante del trabajo, comentaba en la rueda de prensa dónde se presentó, cómo gracias a nanoimplantaciones en una muestra del Cheliábinsk y a estudios con microscopio, se ha sabido que las zonas más claras de los meteoritos son las mejores para recibir un impacto y poder desviarlo de su trayectoria, dado que las oscuras son demasiado duras. Es un factor fundamental para tener en cuenta, como indicó Trigo, en un supuesto lanzamiento de un misil misil cinético, es decir, una sonda que hubiera que lanzar para estrellarse contra  un supuesto y amenazante asteroide .

La cuestión es que de todos los objetos próximos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés), se conocen 15.573, y de ellos unos 1.000 son “potencialmente peligrosos”, pero hay un “ángulo ciego” en el espacio del que no sabemos lo que hay porque el Sol nos impide ver con telescopios ópticos y en estos momentos no hay ni un solo telescopio infrarrojo inspeccionando  en todas las direcciones del espacio en busca de asteroides. “El problema  es que debemos descubrir los asteroides peligrosos con suficiente antelación como para poder desviarlos. Imaginen si un objeto como Tunguska, que en 1908 destruyó en la taiga siberiana en más de de 2.000 km2, cae en una cuidad. Y es algo que puede ocurrir en cualquier momento, lo sabemos porque la Tierra ya ha sido golpeada en el pasado. Pero para poder lanzar una misión y desviarlos de su trayectoria se requiere saberlo con meses de antelación”.  “Hay poca sensibilidad para apostar por este tema, somos incapaces de entender que no es ciencia-ficción”, argumentaba el científico.

Sus palabras me recuerdaron a las que escuché al astronauta Neil Armstrong en el primer Starmus Festival (2012) al que acudí: “La Tierra es preciosa, está en la situación perfecta; pero yo la he visto de lejos, y he visto  meteoritos cayendo bien cerca como una lluvia, he visto tormentas nocturnas iluminadas por rayos y he visto huracanes gigantes y ‘tsunamis’. Si viniera de un planeta de la estrella Vega diría que es un lugar muy peligroso“. Esa esa la imagen con las que nos encogió en el asiento a los presentes.

Neil Armstrong y Alexei Leonov, en Starmus 2012. @ROSA M. TRISTÁN

Neil Armstrong y Alexei Leonov, en Starmus 2012. @ROSA M. TRISTÁN

Sin embargo, la mejor prueba de esa insensibilidad de la que habla el científico español es el finiquito de la Agencia Espacial Europea al programa AIMS  (Mision de Impacto en Asteroide) conocido en diciembre pasado. Entonces el consejo ministerial de la ESA, que precisamente presidía Luis de Guindos, decidió no invertir más en un proyecto para estudiar cómo afectaba a dos asteroides  (uno de 800 metros y otro de 150 metros) un impacto recibido desde nuestro planeta, enviado por la NASA.  Se prefirió apostar por seguir explorando Marte, con la misión ExoMars, cuya primera sonda se estrelló sobre la superficie del planeta rojo. De nada sirvió que más de 100 científicos europeos lanzaran una campaña para intentar que AIMS no fuera enterrado, al menos de momento.

Más importancia se le da en Naciones Unidas, donde consideran que no es un tema baladí y, aunque nada pueden hacer al respecto, si que han decidido declarar el 30 de junio como Día de los Asteroides, coincidiendo con aquel día de 1908 en el que Tunguska arrasó parte de nuestro pequeño planeta.

Ciertamente,  son habituales las noticias en medios especializados de nuevos hallazgos de meteoritos, y que hasta ahora ninguno que cause la alarma que podría generar escenas del tipo de la película “Deep Impact“.

Ahora bien, ¿y en ese ángulo muerto? ¿quién sabe lo que esconde?

Los fármacos ‘falsificados’ que intoxican en África


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Puesto callejero en el que se venden fármacos en Senegal. @ROSA M. TRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

Una investigación publicada en la revista The Lancet Global Health (17 de enero de 2017), y divulgada por Médicos Sin Fronteras (MSF) ha revelado que entre finales de 2014 y 2015, más de un millar de personas en el remoto distrito de Ituri (República Democrática del Congo, RDC) fueron intoxicadas por fármacos que eran falsificados o que tenían mal su etiquetado. En  concreto, los médicos, sin saberlo, les estaban suministrando un tratamiento contra la esquizofrenia en lugar de un medicamento contra la ansiedad o los trastornos del sueño, patologías extendidas en una zona azotada por una guerra civil desde 1997, donde proliferan los casos de ‘niños soldados’ y una minería del oro que solamente genera miseria y destrucción.

En ese contexto, fue a finales de 2014 cuando comenzaron a llegar a los centros de salud de Ituri personas con el cuello rígido y con contracciones musculares incontroladas que alertaron a los profesionales de la ONG MSF y del Ministerio de Salud congoleño. De los 930 pacientes con los síntomas, 11 acabaron muriendo, entre ellos cinco menores de cinco años. Por los síntomas, al principio pensaron que se trataba de un brote de meningitis, pero más tarde comprobaron que se debía a que habían ingerido una sustancia tóxica.

El pediatra Nicolas Peyraud, examinando a un niño en Berberati, República Centroafricana. @MSF

MSF Paediatrician Nicolas Peyraud examining kid at Berberati Regional University Hospital

¿Cómo lo descubrieron? Algunos facultativos detectaron síntomas de intoxicación (como son espasmos faciales o retracción de la lengua) en los enfermos, por lo que decidieron analizar algunas muestras de su orina y también de los 39 medicamentos que eran prescritos con más frecuencia en las farmacias de Ituri. Para sus sorpresa, detectaron un compuesto farmacológico denominado haloperidol, un antipsicótico que se emplea para tratar la esquizofrenia, pero en unos comprimidos que se vendían como diazepam.  “El diazepam se usa generalmente para tratar una serie de patologías relacionadsa con la ansiedad y convulsiones, pero en la región de Ituri su uso está aún más extendido. Con mucha frecuencia, los pacientes reciben este fármaco para tratar una amplia gama de enfermedades, desde trastornos del sueño a dolores de cabeza e incluso malaria”, explica Nicolas Peyraud, pediatra de MSF. Por contra, el haloperidol causa reacciones distónicas graves.  “Aunque estas contracciones musculares del rostro, los ojos, la lengua, el cuello o los brazos rara vez suponen un riesgo para la vida, a menudo causan angustia, pánico y vergüenza para los pacientes”, afirma el Dr. Peyraud de MSF.

Los investigadores descubrieron que los fármacos falsificados se comercializaban en botes bajo dos nombres comerciales: AGOG “Centaur Solina” y AGOG ‘Diazpam’. En África es muy frecuente que los medicamentos se entreguen por unidades a los pacientes, lo que abarata el coste. En este caso, los investigadores detectaron que en Uganda y otros países de la región también se estaban distribuyendo ambos productos y que había relación con una empresa de la India llamada  AGOG Pharma Ltd, si bien sus responsables señalaron que no fabrica diazepam, sino haloperidol en ampollas etiquetadas como “AGOHAL, Haloperidol tableta BP 10 mg”. La otra empresa india relacionada con esos nombres, Centaur Pharmaceuticals (Mumbai), confirmó, a su ve, que ellos si fabrican diazepam, pero no el otro compuesto.  Está claro que alguien falseo ambas marcas, si bien no se señala al culpable.

El estudio de Lancet recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe de 2010, ya detectó que de los 26 reglamentos sobre medicamentos en países africanos, 14 carecían de un programa de control de la calidad. De hecho, no hay más que viajar por África para comprobar cómo las medicinas se venden en cualquier puesto callejero, expuestas al sol o la lluvia, sin ningún tipo de prospecto ni control. “La existencia de medicamentos deficientes daña tanto a pacientes individuales como a sistemas de salud en su conjunto. Los débiles sistemas de regulación de los medicamentos, combinados con sanciones inadecuadas, corrupción y fronteras porosas, exponen a especialmente a comunidades pobres, extremadamente vulnerables, a fármacos tóxicos y de mala calidad.Hay una gran necesidad de apoyo nacional e internacional para la autoridades reguladoras de medicamentos  en países económicamente pobres. Este brote toxicidad grave debe ser un llamado de atención porque todo el mundo tiene derecho a recibir medicamentos de calidad”, denuncian los autores de este trabajo.

 

Pregunta: ¿Qué opinas de la caza en España?


 

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Cacería en Llanas de Cabrera, marzo de 2016. @DIARIO DE LEÓN

ROSA M. TRISTÁN  

Si hay un tema que levante ‘ampollas’ en España es el de la caza. En unas comunidades autónomas más que en otras, léase Castilla-La Mancha, pero en general en todas. Por ello, la decana de las organizaciones conservacionistas del país, SEO/BirdLife, ha lanzado una encuesta (lo denomina proceso participativo) para poder fijar una posición en torno a esta actividad directamente relacionada con la protección de la naturaleza, proceso al que invita a participar a toda la ciudadanía en una primera fase, y que también a sus muchos miles de socios. Para participar basta con rellenar este CUESTIONARIO.

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Descubren trilobites de patas espinosas de hace 478 millones de años


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ROSA M. TRISTÁN

Los hallazgos del paleontólogo Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del Instituto de Geociencias (UCM-CSIC), en el borde del desierto del Sáhara, y más en concreto en Fezouata, al sur de Marruecos, nos trasladan ‘ipso-facto’ a ese momento en el que nuestro planeta, hace 478 millones de años, en pleno Ordovícico, en el que los días tenían 21 horas, los continentes aún estaban juntos, los animales vivían todos en los océanos (por escasez de oxígeno en la atmósfera, quien sabe si volveremos a ello) y se formaban los yacimientos de gas y petróleo que en los últimos 100 años explotamos sin pensar en las consecuencias… En ese entorno, vivían los trilobites en zonas poco profundas de los mares de Europa, Asia, África y Sudamérica, que a falta de huesos casi lo único que dejaron fueron sus huellas, en las que Gutiérrez-Marco es capaz de leer  la historia de ese pasado remoto.

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Canfranc: en busca del silencio “cósmico”


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ROSA M. TRISTÁN

Estratos_Nº 115. PDF 

Sólo hay una docena de lugares en la Tierra comparables al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un puñado de recónditos espacios en los que es posible conseguir el ‘silencio cósmico’. Es la condición necesaria para llevar cabo sofisticados experimentos de la denominada física de Astropartículas. En otras palabras, para tratar de resolver algunas de las grandes preguntas que traen de cabeza a los investigadores de medio mundo: ¿qué es la materia oscura que compone un cuarto del Cosmos y que no vemos? ¿cómo son esas partículas llamadas neutrinos que nos atraviesan y somos incapaces de atrapar?

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Starmus… una patada en España y acaba en Noruega


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Participantes en Starmus 2016. Algunos de los más grandes científicos del mundo, poniendo el nombre de Canarias y España por lo más alto.

ROSA M. TRISTÁN

No encuentro palabras para definir lo que ha ocurrido con el Festival Starmus en España. No las encuentro porque me produce una tremenda tristeza que este país haya dado una patada a un evento de estas características, tan potente que lo ha lanzado hasta Noruega. Allí, ha caído en blando, sobre unos brazos abiertos, porque allí no tienen políticos ni empresas tan cerriles como las que tenemos aquí. Pero no sólo maltratamos, es que encima culpamos al organizador,  el astrofísico Garik Israelian, de que se fiara de los compromisos contractuales, de que pensara que no le iban a dejar en la estacada.

No voy a recordar todo lo que ya conté a un mes antes del evento, celebrado a finales de junio, cuando quedó patente que de nuevo algo no iba bien a nivel financiero con Starmus durante la rueda de prensa de presentación. Podéis leerlo aquí lo que se dijo entonces. Lo único que he sabido después es que fue un éxito de afluencia, que todos los asistentes quedaron encantados  y que el Cabildo de Tenerife, presidido por Carlos Alonso, no consiguió los patrocinios de algunas grandes empresas por 350.000 euros como había dicho y no ha negado. En concreto, me refiero a las grandes empresas ITER y  ATOS, de las que si han quedado fotos en las que se ve a los empresarios con el científico Stephen Hawking. Mira que bien..  “Salir en la foto” parece ser lo único que importa, pero gratis.

Me sorprende  que ningún medio español se preocupara, salvo de pasada, de unos problemas financieros conocidos desde entonces y que ponían en riesgo su continuidad, al menos en España; que en sus tres ediciones, no tuviera apoyo del Gobierno central (salvo también para ir a hacerse la foto con grandes genios del planeta); y que ninguna de las grandes empresas de este país quisiera ligar su marca a un encuentro de este nivel, que no ha dejdo de crecer y pasará a la historia de la divulgación científica. Guste a unos su formato o no guste.  Y parece que a los noruegos sí les parece estupendo.

Desde luego, ninguno de los grandes empresarios del IBEX35 podrá decir que no se les contactó, pero unos quisieron aprovecharse de la presencia de algunos famosos (como Hawking) sin poner un euro  y otros ni se molestaron en abrir la puerta, en contestar a una carta, a una llamada o a un email. Quiero pensar que cuando veían el plantel , políticos y empresarios o conocían a los protagonistas, pero no tengo la certeza. Así de patético es este país. Así de triste.

Leo en los medios que el Cabildo de Tenerife dice  en torno al 80% de la financiación de Starmus ha sido pública. Y Starmus lo niega (en su Facebook ha hecho un comunicado). Más del 50% se ha financiado con las entradas, asegura. También leo que resulta que  el festival tiene deudas en Canarias por pagar. Y vamos a ver, si alguien se compromete por contrato a hacer algo que no hace (como se dijo en rueda de prensa con los patrocinios) y eso afecta al balance final ¿de quién es la culpa? Así se hunden iniciativas en este país de pandereta.

Con todo lo anterior, no me sorprende que el Festival Starmus tuviera otras ‘novias’ más cariñosas. Más de una, según tengo entendido. No sólo por la resonancia mundial del evento que pone el nombre de cualquier lugar en el candelero internacional (incluyendo páginas en el New York Times o National Geographic, por sólo mencionar algunas publicaciones), sino porque eran muchos los jóvenes (mayoritariamente canarios) que esperaban cada año la oportunidad de acercarse a la ciencia de más  alto nivel durante una semana. Los canarios, por 350 euros, y los demás por 500 (si se sacaban con antelación). Si hubieran costado 1.000 euros seguramente se habría financiado sin ese apoyo público, pero en ese caso ¿qué jóvenes hubieran ido?

Como ciudadana que paga impuestos, prefiero que se financien estos eventos con ‘mi’ dinero antes de que vaya para las ayudas públicas al fútbol, mucho más millonarias, a la banca (de las que hemos recuperado el 5%) o  ‘mordidas’ de partidos políticos corruptos. Puestos a elegir.

No se si Starmus 2018 será o no en España, o en Canarias. Pero tal como van las cosas, mucho me temo que no.

Pero vamos, es sólo otra gran iniciativa española que se va fuera.

Con políticos y empresarios como los de ahora, Colón no habría descubierto América para el resto del mundo. Fijo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Vandana Shiva: “Vamos a denunciar a Monsanto en el Tribunal de La Haya”


Vandana Shiva, en Madrid. @ROSATRISTÁN

Vandana Shiva, en Madrid. @ROSATRISTÁN

ROSA M. TRISTÁN

La activista hindú Vandana Shiva anunció hace unos días que entre los días 15 y 16 de octubre  de 2016 su organización (que forma parte de la International Monsanto Tribunal) llevará a esta compañía estadounidense ante la Corte Penal Internacional (el Tribunal de La Haya), apenas unas semanas después de que esta institución señalara que a partir de ahora tomará en consideración los delitos socio-ambientales como delitos de “lesa humanidad”.

Shiva lo anunció hace unos días, en un acto de la Fundación Mujeres por África, que trajo a Madrid una de las activistas más conocidas del movimiento ecologista mundial, promotora del ‘ecofeminismo’ y látigo contra las grandes corporaciones agro-industriales del momento. Su conferencia, en la Fundación Ramón Areces, com0 el resto del ciclo de conferencias, tenía como eje la desigualdad en el mundo, una ocasión que la líder ecologista aprovechó para ‘tirar a dar’, con la palabra, a quienes defienden que la solución a la alimentación mundial pasa únicamente por el desarrollo tecnológico.

“La ciencia es explorar, y he estudiado física, así que algo se de ello. Pero hubo un momento en el que parte de la ciencia se hizo jerárquica y patriarcal y se convirtió en el método para explotar la Tierra, para extraer sus recursos naturales de forma lineal, cuando los ciclos de vida siempre son circulares. La Naturaleza no genera residuos, como el CO2 o como el nitrógeno [generado por fertilizantes químicos en un alto porcentaje] que se acumulan en la atmósfera y generan el cambio climático. Hoy, los ríos están contaminados o secos y las mujeres, que antes tenían un pozo cerca, ahora caminan 10 millas al día para coger agua. Son 10.000 millones de días de vida de las mujeres del mundo”, señaló a los oyentes. “Y las mujeres si que saben del ciclo de la vida, no son ‘pobres mujeres’ a empoderar, deben ser las tutoras del cambio hacia una igualdad feminista que no es sólo suya, sino de toda la sociedad”, comentó en su versión más feminista.

Shiva, que nació de la unión de un guardabosques y una granjera en una aldea del norte de la India, recordó que muchos conflictos actuales, y quizás futuros, tienen su origen en un medio ambiente en crisis. Y puso algunos ejemplos: “Hasta 2009, Siria era un país estable, pero se sucedieron las sequías y un millón de agricultores tuvieron que dejar el campo y llegaron a las ciudades; la inestabilidad creció y estalló la violencia, que se tornó política y religiosa. En Chad, hoy el 80% del gran lago se utiliza para regadío y se instalan agroindustrias, aunque nueve millones de personas dependen de su agua ¿Qué pasará cuando se seque? Habrá conflicto, y no se considerará ambiental, sino religioso. Pero es la excusa”, denunció.

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No todo fue denuncia en su conferencia. La activista hindú también ve alternativas: “En África, las mujeres que cultivan pequeñas tierras generan más alimentos que las grandes fincas. Los poderes económicos sólo piensan en los alimentos como materia prima, el trigo el maíz, la soja, el arroz, el algodón, el mijo, la cebaba y la avena. Pero luego, el 90% del maíz o la soja es para biocombustibles o piensos para el ganado. En consecuencia, se está abandonando el campo, cuando la pequeña agricultura ayuda a fijar nitrógeno al suelo y da de comer”.

Como no podía ser de otro modo, también criticó a los cultivos bajo patente de las granas compañías. “Nos venden productos transgénicos con más propiedades. Ahora en la India quieren meternos plátanos transgénicos con más hierro. Pero ¿por qué, si ya sus propiedades son excelentes y tenemos verduras, y cúrmuma  otros alimentos con mucho hierro? Por negocio. Y lo mismo con el caso del ‘arroz dorado’, diseñado con más vitamina A. En junio, 109 premios Nobel han firmado a favor de los beneficios de este cultivo, pero sólo dos son biólogos. ¿No deberían reclamar que la alimentación sea equilibrada cuando hay tantos cultivos que proporcionan vitamina A sin necesidad de crear otros?”, se preguntaba.

Un vivero en República Dominicana para replantar bosques. @ROSATRISTÁN

Un vivero en República Dominicana para replantar bosques. @ROSATRISTÁN

Shiva anunció entonces una denuncia contra el gigante Monsanto: “Hoy cuatro compañías transnacionales quieren patentarlo todo. Monsanto actúa contra los gobiernos de Argentina o la India porque quiere que las plantas se consideren inventos. Aquí en la UE, ustedes cuentan con leyes restrictivas que impiden que los OGM inunden el mercado, pero con el Tratado TTIP se promoverá también una agricultura como fuente de materias primas. Y no puede ser. Nosotros, mi organización, este mes de octubre llevaremos a Monsanto al tribunal de La Haya (Corte Penal Internacional) por ecocidio y vulnerar los derechos Humanos”.  Y añadió: “La globalización corporativa es la que ha dado origen al fundamentalismo religioso, que crea nuevas reglas, la mayoría contra las mujeres. En Bangladesh hace 15 años se vestía como en la India y ahora van con burka. Sin embargo, se evitaría con una agricultura ecológica, que es capaz de alimentar a dos Indias, porque produce el doble de alimentos que la industrial, que consume 10 veces menos energía y no daña el clima. Y luego está el coste: 1.300 millones de dólares en daño ambiental y otros 1.000 millones a la salud en mi país”.

“Debemos dejar de pensar que el planeta es una mina porque es vida circular y las mujeres tenemos mucho que decir para cuidar su salud”, concluyó.

 

Svalbard: nuestro seguro alimentario en unas cajas congeladas


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ROSA M. TRISTÁN

Reportaje en PDF 

La tumba de Tutankamón, muerto hace más de 3.500 años, es el primer banco de germoplasma conocido, a decir de algunos, pues cuando se encontró intacta aún guardaba en su interior semillas destinadas a la vida futura del faraón. Hoy, mas de mil bancos de semillas distribuidos por el planeta intentan conservar, también para el futuro, una biodiversidad que se está perdiendo a pasos agigantados y que, podría decirse, tienen su sede ‘central’ en una remota isla cercana del Polo Norte, Spitsbergen, perteneciente al archipiélago noruego de las Svalbard. Es un seguro de vida ante la posibilidad de una catástrofe, una guerra nuclear o un desarrollo agro-industrial que puede acabar con las plantas que desde hace más de 10.000 años nos han permitido alimentarnos adaptándose, y adaptándolas, a las necesidades humanas.

La ‘Bóveda Global de Semillas’, como se la conoce oficialmente, por fuera apenas es un bloque de hormigón hincado en una montaña de arenisca, siempre nevada, en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra y también más seguros. Su sismicidad es mínima, nunca se inundara y el permafrost mantiene un frío glaciar perfecto que la convierte en la mayor nevera del mundo.

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Inaugurada en 2008 en lo que una antigua mina excavada a 130 metros de profundidad, su pequeña entrada exterior da paso a un espectacular túnel que acaba en tres grandes salas selladas con capacidad para albergar más de 4,5 millones de muestras, un total de más de 2.000 millones de semillas. Todas, metidas en cajas negras de 500 unidades y perfectamente identificadas.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

José Esquinas, en la inauguración del Banco Mundial de Semillas en Svalbard.

En los ocho años que lleva construida, ya son 104 los países que han aportado a este gélido banco muestras de los cultivos que a lo largo de milenios brotaron en sus territorios, dando lugar a una biodiversidad que parecía no tener límites hasta mediados del siglo pasado. Pero ya no es así y después de haber confirmar la pérdida del 90% de la diversidad agrícola en apenas unas décadas, la comunidad internacional optó por conservar todas las simientes posibles rebajando su actividad biológica con menos temperatura, humedad y oxígeno, es decir, congelándolas a 18ºC bajo cero. A día de hoy, sus depósitos subterráneos acumulan más de 860.000 muestras diferentes, cada una en su caja.

 

Hasta 2015, no había sido preciso abrir la bóveda para extraer parte de su tesoro, pero la guerra que asola Siria ha dado pie a esa primera ocasión, después de que se destruyera el valioso banco de semillas que el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) tenía cerca de la ciudad de Alepo, no lejos del llamado Creciente Fértil, justo donde se cree que el ser humano dio origen a la agricultura. En septiembre, los científicos sirios, refugiados en Marruecos, pidieron a centro de Svalbard parte del material que habían depositado allí hacía unos años para poder seguir investigando sus propiedades: “El valor de este almacén no es solo una previsión para una teórica crisis alimentaria, sino también nos permite seguir analizando las características de la biodiversidad cuando desaparece”, señaló entonces el creador y responsable de la Bóveda, Cary Fowler.

MÁS COMIDA, MENOS GENES

Pero conviene hacer un repaso al origen de este proyecto. El afán por conservar semillas con fines científicos, conservacionistas y alimentarios surgió en las últimas décadas del siglo pasado. Fue tras la II Guerra Mundial cuando el aumento de la población mundial hizo necesario incrementar la producción alimentaria gracias a lo que se llamó la Revolución Verde, que logró su objetivo pero que tuvo como consecuencia una pérdida tremenda de especies al potenciar sólo las más productivas. Cultivos como el trigo o el arroz llegaron a duplicar sus cosechas en tiempo récord, eso sí con un coste muy elevado. “Perdimos en un siglo el 90% de la diversidad agrícola y con ella genes que podían ser útiles para la adaptación, la calidad nutricional o la resistencia a enfermedades de muchas plantas con un larga historia”, apunta a Estratos el catedrático José Esquinas, ex secretario de la Comisión sobre Recursos Genéticos para los Alimentos y la Agricultura de la FAO y uno de los mayores expertos mundiales en la materia. De hecho, fue Esquinas quien promovió la firma de un tratado internacional vinculante que pusiera remedio a esta oculta extinción: el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), aprobado por la FAO en el 2001 y ratificado por el Parlamento español en el 2004.

De las nefastas consecuencias de la pérdida de biodiversidad agrícola ya había pruebas históricas: entre 1840 y 1850 murieron de hambre en Irlanda dos millones de personas y otras muchas emigraron a Estados Unidos, después de las patatas traídas de América se vieran afectadas por una plaga. Si hubiera habido más especies, aquella hambruna no hubiera vaciado un país en tan poco tiempo.

También había evidencias del interés que representaban los bancos de semillas, como lo que ocurrió con la colección del Instituto Vavílov durante la ocupación nazi en Rusia: el biólogo y genetista Nikolài Vavílov había iniciado una colección de semillas que llegó a tener 300.000 muestras y los invasores incluso crearon un comando para apropiarse de esos recursos fitogenéticos.

Frutos colombianos,

Frutos colombianos llamados lulos.

Por último, se había detectado que la pérdida iba ‘in crescendo’: si en 1949 los chinos cultivaban 10.000 variedades de trigo, en 20 años habían pasado a menos de mil; México había perdido el 20% de sus variedades de maíz y en Estados Unidos quedaba apenas el 5% de las especies de manzanos que tenían a comienzos de siglo. “Alimentarnos con buenas y uniformes semillas acababa extinguiendo aquellas útiles para el propio mejoramiento agrícola”, argumenta Esquinas.

Si bien en los años 40 la FAO ya había mostrado su preocupación por este asunto, hasta los años 70 y 80 no comenzaron las negociaciones para recolectar, conservar e intercambiar germoplasma a nivel mundial. La cuestión era que la mayor diversidad estaba en países en desarrollo (zonas tropicales y subtropicales) pero los bancos de semillas estaban solamente en los países desarrollados. Esquinas recuerda bien aquellas discusiones: “El problema era a quien pertenecía el material. Fue entonces cuando España propuso desarrollar un tratado internacional y un banco bajo jurisdicción de la FAO en donde las semillas se conservaran mucho tiempo”.

El Tratado, que promovió el experto español, tardó décadas en ser aprobado y ratificado por 30 los países, hasta que entró en vigor en 2004 (ahora son 136), y el banco abierto en Svalbard también tuvo un largo recorrido hasta ser realidad bajo las nieves permanentes del Ártico.

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

En Colombia hay una gran variedad de cacao. @RosaTristán

Para empezar había que decidir donde construirlo. Esquinas recuerda que en los años 90 visitó varios posibles emplazamientos: en Jujuy (norte de Argentina), algunas cuevas bajo los glaciares de Perú y Svalbard, donde el Gobierno noruego cedía una antiguas minas, finalmente elegidas. Ahora bien, aunque la construcción la financió Noruega -9 millones de euros- estaba además la complicación del pago a perpetuidad de su mantenimiento, pues la FAO no tenía dinero para ello. La solución fue optar por un instrumento financiero: los países o empresas depositantes prestan dinero al Global Corps Trust, que lo gestiona, y con los intereses generados se pagan los gastos.

“La idea original era que todo lo depositado allí fuera Patrimonio de la Humanidad, aunque al final es sólo un depósito de semillas de cada uno de los países, pues siguen siendo suyas. De hecho, según el Tratado hay 64 géneros de plantas que está en un sistema multilateral, lo que implica que están a libre disposición, pero otras están en un sistema bilateral en el que los países propietarios deciden para quien están disponibles. En Svalbard también hay semillas de países que no han firmado el Tratado y que no están disponibles para otros, o de empresas. Es decir, son como las cajas negras de seguridad de un banco, una copia de seguridad con dueños”, señala el catedrático.

Como experto hace hincapié en que, con o sin banco bajo los hielos, el mejor método para conservar la diversidad agraria mundial es “in situ”, en la tierra, porque “es fruto de la adaptación al ambiente y ella no se puede congelar”. Allí las semillas permanecen inalterables, incluso cientos de años. Pero es consciente de que Svalbard y otros bancos son un seguro necesario.

Ya en los años 60 se descubrió que la vida de las simientes, que es de entre cuatro y 15 años, se duplica por cada 5ºC menos y cada 1% menos de humedad. En ello se basa el banco polar y muchos otros. Una alternativa sería conservarlas en nitrógeno (-196ºC) pero es un sistema demasiado costoso. También se sabe que hay semillas “recalcitrantes” que no pueden congelarse, y que requieren una conservación ‘in vitro’.

En España, el frío también es la opción más aceptada. Así lo comenta Isaura Martín, investigadora del Centro de Recursos Fitogenéticos (INIA-CSIC), cuya sede en Alcalá de Henares es el mayor banco de semillas de España, con unas 70.000 muestras congeladas y , de ellas, unas 40.000 variedades españolas. La inmensa mayoría ya no crecen en este país. Sólo de trigo, hay en el banco del INIA más de mil especies diferentes, si bien hoy se cuentan con el dedo de la mano las que se cultivan.

El INIA es uno de los 30 bancos de semillas que hay en todo el territorio, dependientes de instituciones y comunidades autónomas. Es en este centro donde se lleva el inventario nacional, tal como precisó el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, aprobado por el Gobierno en 1993. Además, mantiene importantes colecciones activas y duplicados de seguridad de todas las colecciones de la red.

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Mercado en la frontera Haití con República Dominicana. @RosaTristán

Parte de su colección de cereales y leguminosas fueron recogidas en la primer mitad del siglo XX, pero hace décadas que ya no existen ‘in situ’; otras muchas se las envían y también las recogen en expediciones que aún realizan los investigadores al mundo rural a “la caza” de ese agricultor que guarda unas semillas tradicionales para su autoconsumo, porque ese tomate o las acelgas del abuelo son únicas. “En el banco tenemos semillas de más de mil tomates y mil lechugas diferentes y, como todas, están documentadas e inventariadas por si alguien nos las pide, que cada vez hay más solicitudes”, señala Isaura Martín.

Y es que en los últimos tiempos, tras años de uniformidad, el impulso de la agricultura ecológica ha traído la puesta en valor de aquel producto tradicional que se quiere recuperar, y los eco-agricultores acuden en busca de las semillas al INIA. “Les damos 50 o 100, lo suficiente para que puedan multiplicarlas. Además, aquí también hacemos multiplicación de las semillas, poniendo cuidado en que tengan las mismas condiciones que en el pasado y en que nos se crucen genes de varias”, precisa la investigadora.

Otras muchas peticiones llegan de empresas interesadas en la mejora genética de las especies, así como de científicos de diversas instituciones que trabajan en este mismo área de la ciencia agrícola en busca de genes y propiedades.

Cabe mencionar que una copia de todas estas semillas españolas no han sido enviadas aún a la Bóveda Global de Svalbard, para cuyo mantenimiento España aportó únicamente un millón y medio de euros, pero si que existe la intención de hacerlo cuando los organismos científicos implicados en la tarea cuenten con recursos para ello.

En todo caso, el valor de estas iniciativas está hoy fuera de toda duda: “No debemos olvidar que de las semillas comemos cada día de nuestra vida y que con el cambio climático necesitaremos de ellas para adaptarnos a las nuevas condiciones. Tenemos que contar para el futuro con otras plantas que aguanten y si perdemos esa diversidad genética vamos a estar mal preparados para adaptarnos”, aduce Martín.

José Esquinas, por su parte, recuerda que él llevo su cajita con 360 semillas, recogidas en los años 70, al INIA hace ya algún tiempo. “Ojalá un día, una copia de seguridad de todas ellas acaben en Svalbard y ojalá también que las semillas certificadas por ley no acaben con esos 10 milenios de esfuerzo de la Humanidad”.

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

Maíz transgénico en lo que eran pastos asturianos. @RosaTristán

APOYO.

La situación geográfica, su geología y el estar a orillas de un mar de cruce de culturas, como es el Mediterráneo, han convertido a España en uno de los 25 puntos calientes de biodiversidad del mundo que se refleja en la producción agraria. Sin embargo, como en el resto del planeta, la uniformidad de la agricultura moderna amenaza la variabilidad de especies y por ello fue preciso crear un instrumento que promoviera su protección, el Programa Nacional de Conservación y Utilización de los Recursos Fitogenéticos, que ya lleva 23 años aprobado, pero que aún tiene algunos puntos por desarrollar.

Uno de los componentes del Programa es la red de 33 bancos de germoplasma y colecciones que existe y financia en parte el Programa Nacional para mantener las colecciones activas españolas en adecuado estado de conservación, documentadas y disponibles para los usuarios potenciales, tanto para investigación como para uso directo por parte de los agricultores.

No fue hasta 2006 que se aprobó la Ley 30/2006, de 26 de julio, de Semillas y Plantas de Vivero y de Recursos Fitogenéticos, según los agricultores, no se ha avanzado mucho en materia de conservación y utilización sostenible de estos recursos ni se ha potenciado sus derechos a producir, intercambiar y vender sus propias semillas o estrategias para poderlas conservar ‘in situ’. Más recientemente, se ha presentado un Proyecto de Real Decreto por el que se aprueba el reglamento del Programa Nacional, en el que se especificarán los derechos y deberes de los operadores de semillas, incluidos los agricultores a pequeña escala. En estos momentos, los responsables están negociando con el sector este reglamento, en el que éstos últimos quieren incorporar algunas

-El respeto del derecho de los agricultores para utilizar, intercambiar y vender sus propias semillas. Los agricultores que hacen venta directa de semillas como complemento de su actividad deben estar exentos de las mismas exigencias que el resto de operadores.

– Las microempresas artesanales que producen y comercializan semillas de variedades locales necesitan reglas adaptadas a su actividad, completamente diferente a la que realizan las grandes empresas de semillas de producciones deslocalizadas y distribución kilométrica.

– Son necesarias reglas adaptadas para el registro de las variedades para la agricultura ecológica y para la agricultura a pequeña escala.

– Los agricultores y consumidores deben tener la posibilidad de elegir los alimentos que consumen y las plantas que cultivan. Demandamos transparencia en los métodos de selección utilizados para generar las variedades y la propiedad intelectual que gestiona su uso. Esta información debe constar obligatoriamente en el etiquetado.